Evento Especial ¡¡¿Whaaaaath?!! [Aleister + Quinn]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por Jull, 12 Jul 2017.

  1. Autor
    Jull

    Jull Whom lives by Hope, will die by Despair. Moderador

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    • Título: ¡¿Whaaaaat?!
      Descripción del trabajo: ¿Te imaginas despertarte en otro cuerpo? ¿En el tuyo, pero cuando han pasado como diez años? ¿Y siendo un Profesor Pokémon? ¿Y por qué estas viendo todo como en blanco y negro, incluso tu imagen en el espejo? Por alguna extraña razón, al irte a dormir y abrir los ojos, te hallas en tu propia casa, una totalmente desconocida, pero que esta repleta de imágenes tuyas y con todo lo que deseaste, acompañado de tus pokémon (los que tenías en el equipo en ese momento) y un diploma en la pared de cuando teconvertiste en Profesor Pokémon.
      Antes de poder asimilar todo, una mujer llama a la puerta y te anuncia que han llegado al Pueblo Paleta dos niños, futuros entrenadores, que irán a visitarte en un rato para recibir sus primeros iniciales. Al parecer, hasta posees un maletín con tres esferas rojas (a elección tuya de cuáles iniciales serán, no se permiten los de Alola)
      Objetivos:
      - Enseña a los jóvenes entrenadores
      - Estate presente en su primer combate pokémon (fuera de tu casa)
      - Contesta a todas sus preguntas
      Datos extras:
      - Te sorprenderá todo lo que digan de ti, pues eres muy famoso. Han pasado diez años de la nada y ni siquiera conoces tus logros.
      - No es obligatorio que ambos niños sean varones, es sólo un ejemplo.
      - En caso de ser en party, ambos seréis Profesores Pokémon que habéis decidido trabajar juntos.
      - Al día siguiente, los jóvenes se irán de Pueblo Paleta.
      - El trabajo continúa en: Primera Medalla

      Recompensas:
      - 750 Pks
      - Mínimo de Posts: 3 [700 palabras C/u] 2 en party
      - 2 niveles para los pokémon participantes [Máx 2]
      - +1 Contador para Huevo
      - Shard Rubí x2

    HydeHyde
    TabaneTabane pueden comenzar, mucha suerte.
     
  2. Hyde

    Hyde Almighty Helix's Prophet

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    Era una mañana como cualquiera, el sol se colaba como fugitivo a través de las cortinas traslúcidas de su habitación, sirviendo como despertador natural, y así como cualquier mañana, Aleister Volkov se resistía a dejar el abrazo de Morfeo para atender sus obligaciones acostumbradas; en cambio, se volteó evadiendo la luz ultravioleta y abrazó su almohada. Esa almohada que expedía el calor suficiente como para reconfortarle, pero no lo necesario como para arruinar la adictiva sensación fresca de la cama; por mero reflejo apretujó un poco la almohada, cosa que le hijo emitir un suave quejido de satisfacción.

    «Las almohadas no emiten sonidos»

    Y fue allí cuando su almohada se acomodó instintivamente más cerca, no podía negar que era una sensación bastante agradable, pero una mezcla del desconcierto por no tener idea de lo que ocurría y la incomodidad de que dicha almohada estuviese a punto de rozar cierta “situación” que naturalmente ocurría en los chicos en horas de la mañana, no le dejó disfrutarlo así nomás. Deslizó su mano suavemente, retrocediendo lo suficiente para que sus -por algún motivo- desgastados ojos pudieran divisar lo ocurrido.

    «Las almohadas no se mueven»

    Tuvo que tallar su vista por unos minutos para chequear que todo lo que su mente procesaba fuera cierto, claramente no era una almohada, y en caso de que usted, fiel lector, no supiese hasta ahora, eso que estaba allí abultado entre las sábanas era un ser humano; una chica, o al menos eso esperaba Volkov. Tras unos instantes, su vista dejó de estar en blanco y negro, eso y unas cuantas cachetadas a si mismo le confirmó al castaño que no estaba soñando; pero la incapacidad de recordar lo ocurrido el día anterior aún le hacía dudar, ¿habrían sido los sándwiches? Siempre intentaba que fueran los de mejor calidad.

    —¿Primo? —Murmuró el bulto, volteando hacia el varón y haciendo un esfuerzo exagerado para sentarse en la cama. Al menos tenía voz de chica, y de hecho tenía un aire conocido—. Aún ha de ser muy temprano para que vengas a despertarme.

    ¿Podía un camisón ser tan transparente? La simple imagen hizo a Volkov tragar fuerte, y de hecho agradeció que sus hormonas adolescentes no hicieran que su “situación” empeorara. Mantuvo la calma sin moverse, como si supiera que al más mínimo movimiento desataría el Armaggedon. Intentó ordenar las ideas en su mente, aquella persona se veía tan desubicada como él, quizá todo fuese un malentendido, algún tipo de experimento social; pero debía mantener la calma.

    —¿Q-qué hace un tipo desnudo en mi habitación? —No, no estaba desnudo, pero la falta de camiseta y la entrepierna escondida con una almohada real daban una muy mala imagen que ver. Al inicio la fémina pareció calmada, pero según su mente iba atando cabos, se le vio mucho más alterada—. ¡¡¡PRIMO!!!
    —Espera, yo tampoco sé qué pasó, no hice nada y no sé cómo apareciste en mi habitación. —
    Observó bien a los alrededores, el sitio parecía bastante ordenado como para ser su base secreta, pero tenía decoraciones propias de él, incluyendo ornamentos en forma de hélice.
    —Oh no, no no no no. —Se repetía la chica, cubriéndose con la sabana nuevamente como si fuera un Taco—. Esta es mi habitación, tiene mis cosas. Mira, tiene fotos mías, de mis Pokémon, de…. ¿mi boda?

    Los mercurios de la mujer se encogieron, allí, en la mesa de noche había una clara foto de ella misma vestida de blanco, junto con un galante castaño con cara de “No quiero esta foto”; uno que por cierto era muy similar al que estaba enfrente suyo, de hecho, era muy parecido a…

    —¿A-a-a-aleister? —Sus labios palidecieron, ahora sí no tenía idea de qué estaba pasando. Su contrario rompió su estado de negación apenas pronunciaron su nombre.
    —¿Qu-inn? —Todo en el universo tenía lógica, algo se debía estar saltando, quizá habían ido a Las Pokevegas, comido unos sándwiches defectuosos que les hicieron casarse y comprar una casa en un poblado desconocido. Quizá los sándwiches les hicieron verse al menos diez años más viejos.
    —¿T-tu y yo…?
    —¿N-nosotros?
    —¡Si este es otro de tus experimentos sociales te juro que-!


    Y allí fue cuando un furibundo Empoleon forcejeó la puerta con una Garra Metal, haciendo todo más confuso. La patada en la espinilla hacia el castaño le confirmó que, de hecho, era el héroe que había sido llamado hacía unos diálogos.


    [. . .]


    Ya vestidos y presentables se dieron cuenta que era imposible que las drogas causaran tanto daño al organismo, realmente habían envejecido, y el calendario en el recibo del hermoso laboratorio (porque sí, por algún motivo habían despertado en un laboratorio) revelaba que habían pasado 15 años desde la última fecha que recordaban. Las fotos distribuidas por la casa también revelaban que no solo todos sus Pokémon habían crecido un montón, sino que además habían llegado a conocer a grandes celebridades del mundo Pokémon, como Cynthia -aún campeona de Sinnoh-, el casi eterno Profesor Samuel Oak, el Profesor Rowan y hasta a Bono de U2. Por algún motivo habían dado una especie de salto temporal en sus vidas.

    —Nada de esto tiene sentido. —El “Profesor Volkov” tuvo que tomar asiento, mientras la “Profesora Volkova” estaba en una esquina, en posición fetal. O al menos así fue hasta que una silueta felina y azulada se le acercó para consolarla—. ¿Selkie?
    —¿Esta es Selkie? —
    Vociferó al salir del trance de manera ilógicamente brusca. Acarició a la Espeon y admiró su bien pulido pelaje variocolor—. La cuidaste muy bien, incluso luego de todos estos años.
    —Siempre. —
    El masculino se acercó a su fiel compañera y la miró con una sonrisa disimulada, de verdad que se le notaban unos cuantos niveles extra, pero seguía igual o más radiante que nunca. Oh, y Selkie también—. Tantos años y sigue igual de afectiva, supongo que no lo hice tan mal.
    —En el fondo sabía que tenías… Algo. —
    Se le escapó, distraída entre caricias hacia la nekomata, pero aquella traición de su inconsciente le hizo darse cuenta de algo, quizá aquel futuro no era tan improbable—. Digo, para los Pokémon.
    —Puede que haya aprendido un poco de ti. —
    Admitió su coparlante, tragándose su orgullo sin darse cuenta. Se hincó para unirse a la ronda de afectos hacia Selkie, cayendo en cuenta en ese instante que, incluso los momentos agradables como esos podían ser mucho mejor cuando aquella slowpoke de ojos plateados estaba allí—. Supongo que algo hice bien.
    —¿Qué?
    —Pues, supongo que si estoy destinado a saltarme quince años de mi vida. Creo que elegí la mejor compañía. —
    Las palabras solo fluían y ya, sin ninguna especie de filtro, y fue allí cuando un leve roce virginal, un ligero toqueteo de sus manos desencadenó un incoherente torrente eléctrico en sus cuerpos, algo estático que activó el magnetismo de sus miradas.


    Y allí estaba, la misma mirada perdida, fría como el acero, pero que en ciertas ocasiones sentía como si de cierto modo pudiese fundir ese metal; podía ser tan fría, pero a su vez sentirse tan blanda. Era tan gélida que le ocasionaba calor, le provocaba la necesidad de tomar un poco de ese fresco para calmarse, y así mismo se acercó para tomarlo. Casi pudo sentir el choque térmico, de no ser porque Selkie se emocionó al escuchar el knock knock de la puerta, y les hizo tocar tierra. Decidieron tácitamente que quizá lo mejor era dejar esa conversación para luego, quizá algún momento cercano a “nunca”.

    Se levantaron al unísono y se dirigieron a la puerta, el toque parecía ansioso, y la persona que lo realizaba mucho más, a pesar de intentar disimularlo al momento de ver al de profesores. Les miró con cierto semblante de soberbia, pero había un toque incomodo de sorna en su mirada, como cierta complicidad. Mientras escudriñaban papeles en busca de algún recuerdo con respecto a los quince años de su vida que no recordaban, notaron que en sus agendas estaba marcado ese día como el día de entrega de dos iniciales a dos chicos distintos. Al parecer aquel había llegado primero.

    —Supongo que vienes por tu inicial. —Soltó Quinn. El chico pasó al laboratorio como perro por su casa, Selkie saltó hacia su hombro al instante y se restregó contra su cara. Acto que fue extraño hasta para Volkov.
    —Bienvenido, chico. —Espetó irónicamente el mayor, sintiendo una horrible incomodidad de “te conozco pero no sé de dónde”—. ¿Cuál es tu nombre?
    —¡Hah! En serio vas a ir con las de “¿Eres chico o chica?” —
    Grandes ojos grises y cabello mocca, quizá de unos once años, pero con cierto estilo rockero adolescente marcado—. Vale, te seguiré el juego “Profesor”, mi nombre es Desmond Volkov y quiero ser el mejor entrenador que alguna vez haya existido y superar a mi padre.
    —¿Desmond, dijiste? —
    Ese nombre, a Quinn le había gustado ese nombre desde siempre, era un placer conocer a alguien con él—. Es lindo nombre.
    —¿Volkov, dijiste? —
    Imitó Aleister, acentuando su propio apellido a ver si su asistenta captaba lo que podía ser la gravedad del asunto.
    —Ustedes siempre con sus bromas. —Murmuró acariciando a Espeon—. Papá, Mamá, ¿podemos ir al grano? Quisiera llegar a la siguiente ciudad antes del anochecer. Dijeron que anoche se quedarían acá en el laboratorio a solas para “arreglar unas cosas”, supuse que ya tendrían los iniciales listos.

    Ambas cejas de Downey se arquearon, cientos de números cruzaban su mente, algunos triángulos y diagramas. La imagen de la boda, el despertar junto a Aleister en poca ropa, las pocas fotos donde se repetía constantemente dos niños, un chico y una chica, el niño se parecía a aquel joven enfrente suyo, que de casualidad tenía un nombre que tanto la gustaba y les llamaba “Mamá y Papá”; incluso la foto con Bono le llegó a la mente, no por relevante, sino porque aquel tipo era genial. A la final solo pudo imaginar un globo llenándose de aire, llenándose y llenándose hasta que hizo “Pop”.

    —¡Mi hijo no va a ir por ahí solo! —Se lanzó a abrazar a Desmond, Selkie tuvo que saltar a otro lugar—. Aún tienes mucho que aprender, no no no, no vas a irte.
    —¡Mamá, ya habíamos hablado de esto! —
    Protestó el menor—. Papá nos dijo a Tarja y a mí que apenas cumpliéramos los once años, podríamos salir a viajar.
    —¡¿Estás loco, Aleister?! —
    Gritoneó como Ursaring a la que le intentan quitar a su Teddiursa que apenas se entera que tiene.
    —Quinn. —Carraspeó, intentando que la chica volviera en sí. De cierto modo funcionó—. Es una edad adecuada para que comience su viaje, míralo, se ve preparado.
    —Lo dices porque te estás viendo en el espejo. —
    Reclamó la mujer, soltando al chico y recuperando la compostura, muchas cosas habían pasado en muy poco tiempo—. Habrá que enseñarte las cosas básicas, Desmond.

    Y fue justo en ese momento cuando otra silueta entró por la puerta. Llamando la atención de todos los presentes.


    ------------------------------

    TabaneTabane Espero que cualquier OoC esté justificado con la gravedad de los hechos, tengo años sin usar a Quinn :c
     
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  3. Tabane

    Tabane Seer of Mind

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    —Mi nombre es Clair Grimaldi de Valentia.

    Una jovencita de largo cabello rubio ondulado, bonitos ojos chocolate y un exagerado y soberbio acento real se había parado en la entrada del laboratorio en una pose que daba a entender “admírenme, les doy permiso”. Acaparaba toda la atención con su elegante vestido azul cielo de elaborados olanes y zapatos de charol, toda una niña bien. Los Volkov la miraron como si ella estuviera mal de la cabeza.

    —Nadie te preguntó —escupió por fin Desmond, acariciando distraídamente la cabeza de Selkie.
    —Ah, lo sé —contestó la niña acomodando sus largas ondas con un movimiento sofisticado de mano—, pero es tu derecho saber el nombre de quien será la próxima campeona pokémon.

    Alguien se carcajeo sonoramente de eso, para sorpresa de Quinn fueron Aleister y Desmond en un tono tan coordinado que parecían la misma persona, al parecer ‘la burla’ y el ‘cinismo’ eran genéticos. Los codeó disimuladamente, lo cual no fue disimulado pues a pesar de los años ella seguía siendo poco sutil.

    —¿Tú eres la otra que viene por su inicial? —Preguntó mientras reñía con la mirada a Aleister, o al menos eso intentaba.
    —Sí, el laboratorio Volkov-Downey es famoso incluso en Valentia, cuando me enteré de su larga trayectoria en la incubación de huevos y su sistema de crianza no dudé en inscribirme en la convocatoria para recibir uno de los dos iniciales que entregan cada seis meses —explicó—, realmente me esforcé en aquel ensayo sobre los efectos del clima en la eclosión de los pokémon… —desvió la mirada a Desmond y luego a Aleister— pero no pensé que le quitarían el lugar a alguien para otorgárselo a su hijo.
    —¿Por qué no? —Inquirió el helixero mayor—.Es bastante normal darle privilegios a tus hijos.

    El niño se ahogó con su propia respiración.

    —¡Yo también participé! —Rectificó el castaño.

    Ubicándose en el laboratorio mejor que los mismos profesores el muchacho abrió un par de cajones y extrajo dos folders que lanzó a un escritorio, miró sobre su hombro a Clair quien tenía una ceja enarcada ante el espectáculo que ella llamaba “infantil”.

    —Es mi teoría sobre una posible novena eeveelution-
    —Esto son sólo dibujos de ese Espeón —señaló Clair revisando el folder con el nombre de Desmond—, sólo que negro y su cola dividida en tres en lugar de dos. Además, ¿tipo cósmico? ¡Eso no existe!
    —Dame eso —arrebató Aleister, seguro de que encontraría una forma de defender tan fantasiosa idea de su hijo, cuando notó toda la influencia helixera en su teoría supo exactamente por qué aprobaron ese ensayo —. Esto es perfecto, Quinn, mira, educamos bien a nuestro hijo.
    —No lo digas en voz alta —susurró la aludida mientras ojeaba el folder de Clair.

    Y ese era el problema, le era fácil aceptar que en un futuro tendría un hijo, quizá dos, incluso hasta su propio equipo de voleibol. ¿Pero Aleister? ¿Aleister? Bien, podría pasar su tiempo con él por motivos profesionales e incluso ociosos, pero para… para…

    —¿Profesora? —Clair la llamó— ¿Se encuentra bien? Su rostro está todo rojo.
    —V-vamos por sus iniciales… —murmuró mientras comenzaba a caminar al fondo del laboratorio.

    No necesitaba ser una conocedora para saber cómo solía distribuirse un laboratorio, de hecho ella había crecido en uno. Desmond se adelantó y encendió las luces dejando ver varias computadoras, papeles, mesas metálicas y tres estaciones contenedoras pokémon totalmente vacías. Ambos profesores se voltearon a ver.

    —¿No los preparaste? —Inquirió Aleister.
    —¿No tenías que hacerlo tú? —Devolvió Downey.
    —Tú eres mi asistenta.
    —Somos colegas ahora.
    —Ah, bien. ¿Y ahora…?

    En un microsegundo examinaron la habitación con los ojos, ¿dónde podrían poner a los iniciales que tenían preparados? Había un maletín con código electrónico en un rincón donde obviamente debían estar los iniciales, sin embargo fue un tablero de ajedrez de plata el que llamó la atención. Las casillas blancas eran de cristal y a través de ella se podía ver que en el interior del tablero había tres pokéballs.

    —Oh, esto es una gran idea —se auto alabó Aleister. Tomó las pokéballs y se las pasó a su… compañera.
    —Hey, Aleister, mira esto —Downey lo jaló de la manga de su bata que en algún momento se habían puesto—, es un Torchic, Mudkip y Treecko. Ah… —sus mejillas se sonrojaron mientras se ponía a la altura de los iniciales—. Las plumas de Torchic son tan brillantes, mira las que tiene en su cabeza, sus colores están alterados lo que significa que pudo haber un cambio significativo durante su eclosión o en su incubación. Y la cola de Treecko —pasó suavemente los dedos por ella—, está tan desarrollada, su largo sobrepasa el promedio, además del color de su piel tiene un brillo magnifico, su absorción de sol debe estar en su cúspide. Ah… ¡la aleta de Mudkip! —lo cargó y restregó su mejilla contra la cabeza del inicial de agua.— Está tan suave. Aleister, ¿de verdad nosotros los hicimos? ¿Son nuestros estos chicos?
    —¿Aún lo dudas? —Posó su mano en la cabeza de Mudkip para disimular el ligero toque a la mejilla de Downey. Sonrió dentro de sí cuando las mejillas de ella se tiñeron aún más de rojo. —La única persona capaz de crear tan excelentes especímenes junto a mí eres tú, nadie más… y también siempre fuiste una gran criadora.

    Hubo tres segundos de silencio.

    —¿Tus padres están coqueteando frente a nosotros o no estoy entendiendo la situación? —Murmuró la rubia hacia el menor de los Volkov.
    —Ya habían superado esto, lo juro —respondió Desmond tapándose el rostro con una mano—. Papá, mamá, ¿pueden darme a mi pokémon ya? No puedo creer que estén perdiendo tanto tiempo cuando siempre alegan que están muy ocupados.
    —Pido a Torchic —se acercó Clair a los iniciales sin esperar una invitación o a que Desmond la acompañara. Ella ya estaba examinando al mismo pollo de pies a cabeza sin permiso, demasiado invasiva para el gusto de cualquiera.
    —No hay problema —concordó Aleister lanzándole la ball a la niña—, me hubiera preocupado de ser Mudkip, porque es tradición de la familia ser Team Water así que-
    —Yo elegiré a Treecko.

    Quinn dejó caer a Mudkip, Aleister sufrió de torticolis y fue la primera vez en toda su vida que se pudo ver total y completamente perplejo.

    —Oh, cosita —Clair rió—, ¿eliges un tipo débil al mío por saber que es imposible sobresalir? Si por algún motivo tenemos un combate, ¿usarás la debilidad de tipo como excusa?
    La expresión del niño se frunció en asco: —¿Quién te toma en cuenta a ti, desconocida? En todo caso, no perdería contra ti.
    —Sí, eso dices ahora, chico de la teoría del espeon variacolor —picó ella.
    —¡Se dice shiny! —Gruñó Desmond ofendido por su lenguaje vulgar. Entonces captó algo más — ¡No era un espeon! Mi teoría sobre la eeveelution tipo cósmico es totalmente… ¿sabes qué? —Arrebató la pokéball de Treecko— Arreglemos las cosas con una batalla pokémon.

    Los profesores como los adultos que eran debieron detener el asunto antes de que se saliera de control, pero todos sabemos que no eran completamente adultos. Ellos fueron los primeros en alentar la sangre pokémon y la insana competencia. En cuestión de minutos los profesores habían descubierto que poseían un espacio especial para combates pokémon, lujos que se podían dar gracias al dinero que no comprendían exactamente de dónde había salido. Cada profesor había acompañado a uno de los niños para analizar a los iniciales antes, durante y después del combate. Quinn acompañaba a su… su… el mini yo de Aleister(¿) de un lado del ring.

    —¿Estás seguro? —Inquirió ella intentando arreglar los desordenados cabellos de Desmond sólo con la mirada, no se sentía capaz de tocarlo—. Mudkip aún está disponible. Treecko no es malo, pero, no sé, ¿no te hemos guiado más por otro camino? Uno más… húmedo.

    Los mercurio del pequeño se endurecieron mientras hurgaba algo en su mochila, sacó un par de caramelos de ella.

    —Treecko es mi decisión, no dejaré que ni tú ni papá influyan en mí.
    —Espera, ¿esos son caramelos raros? —le arrebató la mochila— ¡Son demasiados! ¿De dónde has sacado esto?
    —Es… Mamá, ¿en serio preguntas esto? Alguien podría estar escuchando —susurró él. Ah, el niño de verdad estaba relacionado a Aleister. Estuvo a punto de darle a comer un par de caramelos a su recién conocido Treecko cuando Downey se los arrebató y las lanzó al suelo como si estuvieran a fuego ardiendo. —¡Mamá! ¡¿Qué haces?! ¡Los necesito! Kaiser será tan poderoso que no tendrá rival, mucho menos esa niña tonta engreída que dice variacolor.
    —¿Ah? Desmond, no. Es totalmente innecesario; tener un pokémon ‘fuerte’ no te hará un buen entrenador. Y… —abrió la boca, la cerró, era mala para esas cosas— debes confiar más en ti y en tu pokémon, no depender de esa clase de cosas. Yo sé que hay mucho potencial por explotar en ti; a pesar de lo cínico que puede ser tu padre no es el tipo de persona que te elegiría sólo por ser su hijo, ni yo. Confiamos en ti, tú también confía en… ¿dijiste Kaiser?¿Por qué Kaiser?
    Kaiser, en honor al abuelo, me pareció buena idea antes de que se fuera.

    Antes de que se fuera. Downey sólo pudo asociar esa frase a muerte. Se tratara del padre de Aleister o el suyo, el corazón se le encogió ante la idea de que en algún momento iba a perder a alguien. Tuvo remordimiento por no pasar tiempo suficiente con las personas que amaba, por no decir las cosas directamente, por enfocarse en su profesión pensando que era lo correcto y más importante. No le gustó saber que ella se había convertido en sus padres ausentes científicos.

    Se hincó frente al niño e hizo lo más torpe que había hecho alguna vez: lo abrazó con cuidado y con cariño, acomodó la cabeza de él en su hombro y aprovecho para acomodar sus cabellos.

    —Te amo.

     
  4. Hyde

    Hyde Almighty Helix's Prophet

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    La verdad ese gesto era algo que no le importaba demasiado a Desmond, después de todo su madre se lo había dicho cientos de miles de veces en sus once años de vida. Suspiró con reproche, conteniendo solo por esta vez su rabieta de “Mamá, me avergüenzas”, acto seguido desenfundó su Pokéball, sintiendo un flujo sobrenatural de sangre en ese momento; adrenalina en su más puro estado. No pudo contener una sonrisa mientras sus mercurios centelleaban como recién pulidos, Clair no se quedó atrás; sus movimientos asemejaban al viento danzante, y con ellos tomó una pose tan grácil como delicada en espera del movimiento de su contrincante.


    —¿Tienen alguna experiencia en batallas? —Se vio obligado a preguntar el mayor de la habitación, de manera completamente anticlimática. Todos en la habitación le miraron juzgantes—. Es nuestro trabajo enseñarles, saben.
    —Puede tomar asiento, profesor. Yo puedo sola. —
    Sonrió Grimaldi, Aleister se fijó en la curvatura de su muñeca al sostener la Pokéball y confirmó que no bromeaba, aquella chica no solo sabía de batallas, también tenía un estilo prácticamente de la realeza.
    —Tú también, mamá. —Musitó en un tono que emitía tanta seriedad que hizo retroceder a la aludida, no era hostil, pero inspiraba una increíble madurez.
    —Este niño, tiene eso… —Susurró, al ver que el joven volteó, simplemente se ubicó en una de las bancas a los costados del campo de batalla. Su compañero se incorporó enseguida.


    Si hablaban de poses y estilos, el de Desmond era realmente único, algo que demostraba que ninguno de sus padres tuvo mucho que pintar en el desarrollo de las habilidades de batalla del muchacho. A este punto el de ojos rojizos no pudo dilucidar si era algo bueno o malo, pero era “algo”. Al momento de lanzar sus Pokémon, los movimientos fueron completamente contrastantes, el lanzamiento de Claire provocaba que la Pokéball girara a gran velocidad y recorriera gran perímetro hasta abrirse; algo bastante ansioso y ofensivo, pero hermoso hasta para un jugador de Baseball. Desmond se fue más por un giro simple con caída cercana, mucho más defensivo, y que dejaba bastante qué desear a su padre.


    —Hola Kaiser, soy Desmond, tu entrenador. —El Treecko parecía reconocerlo de hacía unos minutos, se le vio un toque de emoción, y la sonrisa cómplice del muchacho le hizo corresponderle—. ¿Ves ese pollo? Vamos a patearle las plumas.
    —¡No deberías hablar durante las batallas! —
    Cuando subía su tono de voz, el acento extravagante de la rubia se acentuaba—. ¡Clive, utiliza Rasguño!


    El pollo se acercó a gran velocidad, con sus garras resplandecientes, y apenas estuvo a una distancia decente, saltó y respondió a la orden con una estocada vertical; Desmond dio la orden de esquivar y Kaiser la acató, pero una orden subsecuente de Grimaldi provocó que le atestaran unas ascuas traperas. La cara de Volkov mayor se agrió, pero la del menor se mantenía con ese mismo semblante decidido, y con esa misma perseverancia impenetrable ordenó a su compañero recuperarse en el aire y responder con un golpe, luego con otro y otro. Clive se veía atosigado y su entrenadora igual, sabía que en esos momentos podía dedicarse a atacar o defender, pero no ambas.


    —¡Aléjalo con Ascuas! —Ordenó Clair.
    —¡Golpea el suelo con tu cola! —Repicó al instante el varón, como si hubiese estado esperando eso desde hacía rato.
    —¡No te detengas Clive! —Y no tenía intenciones de hacerlo, por ello aspiró con fuerzas para convertir todo ese oxígeno en fuego, sería una lástima que, por la nube de polvo, hubiese aspirado más partículas del suelo que aire. El pollito se ahogó con su propio fuego.
    —¡Ahora golpea! —Justo al torso del naranjo, de manera directa, lo hizo retroceder varios metros. Clair bramó y Desmond volvió a sentir ese chispazo.


    Todos allí podían llegar a la deducción de que Desmond simplemente había aprendido el juego sucio de su padre, pero Downey entendía perfectamente lo que había hecho. Al darle unos segundos de atención a su Pokémon, se había ganado su confianza y por ende reaccionaba mucho mejor que Clive; el estilo de pelea de Clair era impecable, pero esperar que un Pokémon que ni siquiera conoce a su entrenador y solo es lanzado a un campo sin saber qué ocurre era algo inhumano. Miró a su lado y notó el orgullo en la mirada de Aleister, con ello no pudo evitar sonreír y admitir que ella también lo estaba; ese chico había logrado desarrollar el estilo que a ella le hubiese gustado inventar, con su amor por los Pokémon y la táctica de su espo-… Compañero, compañero.


    —¡Carga hacia adelante! —Tan pronto las palabras fueron dichas, el pollo movió sus patitias tan rápido como su cuerpo le permitía.
    —¡Golpe, Kaiser! —Su pretensión era recibirlo con creces, pero Clair no era tonta y le ordenó saltar unos metros antes de encontrarse; desviando el brazo de Treecko hacia el suelo con una pata e impulsándose con su cabeza utilizando la otra.
    —¡Ascuas! —Rugió la de cabellos dorados, las bolas de fuego se dispararon al instante. El despiste de Treecko le hizo un objetivo perfecto, pero Volkov supo cómo aprovechar aquello y le ordenó agacharse, terminando de caerse y saliendo del radio de ataque del fuego—. ¡De nuevo! —Otras tres esferas incineradas se dispararon.
    —¡A la derecha! —Los ojos de Desmond se movieron de un lado a otro, rápidos y ansiosos. Treecko intentó atender, pero igual fue golpeado por una bola de fuego en la pierna—. ¡A la izquierda, Kaiser!


    Con su diestra no herida, el gecko se impulsó con fuerza al lado contrario, directo hacia Torchic que se hizo a un lado; Treecko le desestabilizó con un golpe de su cola, tras lo cual procedió a dar uno con su puño. Los contendientes tomaron distancia una vez más, pero no por mucho, Grimaldi sabía que su contrario estaba debilitado, por lo cual ordenó un ataque directo con rasguño. Un entrenador común querría evitar eso, sin embargo, Desmond no era un entrenador común y le quiso combatir, esperó a que el golpe fuese inminente para ordenar un Golpe del mismo modo, directo al ataque de Clive. La colisión fue tan fuerte y épica como una batalla de dos Pokémon de nivel cinco podía ser, pero para los ojos de los espectadores se vio como el choque de un Dialga y un Palkia.


    Una densa nube de polvo se levantó, ambos entrenadores taparon sus caras para evitar que les pasara lo que más adelante sería nombrado como “La Clive”. La tensión aumentaba y ambos sentían sus manos temblar, no del miedo, sino de la emoción desbordada. Todos aguantaron la respiración, hasta ver el resultado que esperaban, resultado que de hecho sería el menos predecible para ti, lector. Un agotado Treecko se extendía en el suelo cansado, justo al lado de un tambaleante, pero consciente Torchic; Clair exhaló con satisfacción y se sentó en el suelo.


    —Muy bien hecho, Clive. —Murmuró en voz temblorosa, extendiendo su Pokéball y regresando a su compañero a su respectiva esfera—. Debo admitirlo, es incluso más fuerte de lo que esperaba. Ciertamente sus Pokémon no son solo renombre, a diferencia de ti, niño.
    —Tú solo serás renombre, engreída. —
    Respingó Desmond, acercándose a su Pokémon para levantarlo en sus brazos—. Esta será la única batalla que ganes contra mí, Kaiser y yo te derrotaremos cada vez que nuestros caminos se crucen.
    —Son palabras demasiado grandes para un perdedor. —
    Se mofó, levantándose y sintiendo la adrenalina aún recorrer su cuerpo—. Pero acepto tu reto. Un poco más y me haces admitir que eres bueno, pero tienes potencial.


    El de ojos escarlata se levantó de su puesto y aplaudió al par, aún anonadado que en esa época unos simples niños pudiesen llevar a cabo una batalla Pokémon digna de gimnasios de sus tiempos. No pudo negar que en cierto punto sintió escalofríos al ver como su hijo contrarrestaba técnicas dignas de él mismo y de manera tan espontánea, no supo cómo sentirse al notar que aquel jovencito al que apenas conocía tenía todo el potencial para destronarle en unos años, quien sabía en cuanto. E incluso, aquella niña podía fácilmente hacerle competencia a su “yo” del pasado, era cuestión de darle un buen equipo y sería capaz de conquistar todas las ligas. Suspiró largo al notar que esta generación le superaría tarde o temprano.


    —Estuvo decente, para ser su primera batalla. —Mintió, sabiendo de antemano que un comentario así solo haría que aquel par de necios trabajara duro para hacerle comer sus palabras—. Desmond, acompaña a Clair a la máquina de curación, sanen a sus Pokémon. En unos minutos les entrenaremos para que aprendan a capturar.


    Con todo el pesar que podía significar, Volkov junior accedió. El padre escrutó los alrededores con la vista una vez se retiró el par, encontrando los plateados de Quinn.


    —El chico tiene tu “chispa”. —Vociferó en seco, al ver que su coparlante ladeó un poco su cabeza, se vio obligada a explicar—. Sabes, eso que haces cuando peleas, eso con… Los brazos y la sonrisa y los ojos que te hacen bshuuu… —Intentó hacer una especie de interpretación—. Y luego tu cabello se revolotea y parece como si hicieras arder tus alrededores.
    —No, no es eso. Es mejor. —
    El comentario interrumpió la actuación endógena—. No es solo táctica, Desmond tiene algo más. Si lo mío es una “chispa”, lo suyo es… Un relámpago, un rayo. Él ha perfeccionado mi estilo.
    —Es solo un niño. —
    Sonrió con sorna la fémina—. MI niño te va a superar.
    —Nuestro niño. —
    Se vengó, esperando un sonrojo en las mejillas níveas de Downey, no se decepcionó; al contrario, un tumbo en su corazón le avisó que le satisfizo por completo esa expresión.


    Un calambrazo de recuerdo llegó a la mente de Volkov al notar algo en la chica, algo que de cierto modo no estaba allí antes. Acercó su cuerpo y extendió su brazo, y contra todas sus expectativas, no recibió ningún tipo de objeción, aun cuando su mano se posó a la altura de la cintura de Downey, ella solo permanecía expectante, como si no se decidiera qué hacer en el momento. La mano bajó un poco más, mientras el contacto visual se sostenía; conforma se movía, parecía como si estuviese manipulando la intensidad del color de las mejillas de la chica; el objetivo de la diestra de Volkov estaba claro: el bolsillo de la bata de Quinn.


    —Esa bata que usas es un poco grande para ti, en realidad es mía. —Explicó. Por lo planchada que estaba la que estaba usando actualmente, podía deducir que la que utilizaba Downey era la suya de uso diario—. Siempre en el bolsillo izquierdo tengo un objeto muy valioso.
    —¿El peón? —
    Se atrevió a decir, sintiendo como su aliento chocaba con el castaño y se regresaba, cosquilleando sus labios.
    —El único sitio donde podría grabar alguna contraseña importante. —Y en efecto, como si fuese una especie de mago, sacó un peón plateado del bolsillo de la chica, podía detectar como, en el fondo, había un relieve inverso—. Podríamos ver en el maletín secreto.
    —¿Era necesario que te acercaras tanto? —
    Susurró con la mirada aún perdida. Él no respondió, solo dio un paso atrás.


    Un llamado del par de prospectos de entrenadores les hizo caer en cuenta que aún tenían trabajo por cumplir. Tuvieron que acudir a la labor, dejando lo del maletín secreto para otro momento; como era de esperarse, tanto Selkie como el ahora megatón Primo no se hicieron de esperar en el momento en el que ambos profesores pusieron un pie fuera del laboratorio; ciertamente habían cosas que no cambiaban nunca.


    TabaneTabane Termina (?)
     
  5. Tabane

    Tabane Seer of Mind

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    Hasta apenas ese momento ambos profesores no se habían percatado de lo más básico: no habían salido del laboratorio en todo el día, por lo que el pueblo en el que estaban establecidos era por completo un misterio para ellos. No obstante, y para grata sorpresa de ambos, era bastante ameno y civilizado; cuando uno piensa en pueblo se imagina algo rustico y sin pavimento, pero Pueblo Paleta se había modernizado de tal forma que los típicos jardines de las casas eran zonas verdes comunes, allí distintas clases de pokémon reposaban, jugaban y tomaban el sol. Nadie los cuidaba y se daba a entender que eran salvajes, sin embargo…

    —¿Por qué tienen etiquetas? —Las palabras de Quinn salieron en un murmullo hacia Aleister mientras acariciaba un Elekid, este se dejaba como si fueran amigos de toda la vida.
    —¡Oh! —Clair se interpuso frente al Volkov mayor y alzó la mano, entusiasmada, no esperó a que le dieran la palabra cuando comenzó a hablar.— Es parte del programa de Crianza Avanzada. Cuando ustedes llegaron a la región introdujeron diversos pokémon, los criaron de manera que heredaran ciertas habilidades de los padres y después los liberaban. La fauna alrededor del pueblo comenzó a crecer de manera espectacular y los pokémon salvajes que hay en el pueblo y a las afueras son las mayores presas para cualquier entrenador.
    Presas —bufó Volkov Jr. —. Las etiquetas son para llevar un control dentro del pueblo y sus alrededores. Y anula las pokeballs —agregó con sorna hacia Grimaldi —. La captura está prohibida aquí.

    Downey tosió para llamar a Aleister.

    —¿Tú hiciste algo tan noble y desinteresado? —Gesticuló la azabache con los ojos entrecerrados.
    —No —respondió de la misma forma—, es ciencia. Posiblemente con un trasfondo oscuro. Necesitamos revisar el maletín… —lo último lo murmuró de manera audible para sí mismo.

    Y de repente ambos cayeron en cuenta de que si no había una zona de captura cerca, ¿cómo les enseñarían a atrapar un pokémon? ¿Sería muy extraño preguntarle a su propio hijo si sabía desactivar los brazaletes? ¿Tal vez podrían ofrecer un viaje a la próxima zona de captura? Por supuesto. Cuando el entendimiento llegó a ellos volvieron al interior tomaron las pokéballs que estaban en las mesas de noche. Aleister echó un último vistazo a la foto que adornaba la mesa en su lado de la cama y sonrió, aunque estaba muy confundido por toda la situación, realmente sentía que era lo que quería: un buen futuro, un buen laboratorio, una buena compañera y si las marcas en sus pokéballs aún las identificaba, un gran equipo. Se levantó de un salto sintiendo que había perdido demasiado tiempo contemplando su vida cuando notó que Downey aún permanecía sentada en su lado de la cama.

    —¿Quinn?

    Ella pegó un brinco, su rostro pálido y mejillas sin rubor. Se giró hacia el castaño y escondió sus manos en sus bolsillos. Evitó completamente la mirada del varón.

    —Vamos, Desmond quiere llegar al próximo pueblo antes del anochecer.

    Ni tiempo re replicar cuando la mujer ya había abandonado hasta el laboratorio.

    Por increíble que sonara, Downey encabezó la marcha hacia una zona alejada. Ella estaba tan entrada en hablar sobre el cuidado de los pokémon al inicio del viaje que no notó que cada habitante del pueblo saludaba a ambos profesores al pasar. Aleister regresaba el saludo por ambos fingiendo confianza y familiaridad. Desmond sólo prestaba atención a medias, todo aquello era información que ya había escuchado alguna vez en su vida, en cambio Clair lanzaba preguntas a diestra y siniestra; pronto el imponente Empoleon a su lado comenzó a servir de modelo para explicar las partes delicadas de un plumaje. Conforme se alejaban del pueblo prestaban atención a los pokémon salvajes que aparecían, cada uno con un brazalete que los descartaba como ejemplos de capturas. Pasó una hora y las preguntas comenzaron a cesar; dos horas y Aleister tuvo que intervenir para no quedar en silencio; tres horas y los novatos tuvieron que intercambiar comentarios no hostiles para mantenerse despiertos, iniciales al lado de cada uno.

    —¿Cuánto más debemos avanzar? —Se quejó Clair dejándose caer sobre una roca que le sirviera de asiento, no sin antes tender un pañuelo sobre esta para mantener limpias sus ropas.
    —A este paso llegaremos a la siguiente región —ironizó el menor de los Volkov con el rostro entre las manos, sin la suficiente energía para poner una expresión de burla hacia sus progenitores.
    —¿Por qué estudiamos tantos pokémon? —Gimió Quinn mientras abrazaba sus piernas.
    —Cada vez estoy más seguro de que hay algún motivo secreto —comentó el entrenador de Selkie, su diestra acariciando las orejas de su encantadora Espeon.
    —¿Podemos dejarlo? —Preguntó el niño—. Ya sé cómo capturar un pokémon y seguramente la princesa también. —Treecko asintió al lado de Desmond, esa búsqueda sin sentido le estaba cansando.
    —Pero tenemos que enseñarles algo —alegó Downey.
    —Algo útil —aclaró el Helixero maestro.
    —¿Qué tal si nos enseñan un combate? —Sugirió la princesa rubia levantándose de su roca —. Siempre he deseado ver un combate entre ustedes dos, en la actualidad sólo se cuentan leyendas de sus días de juventud al detener a la mafia en Aleria.

    No sabían qué los había shockeado más, si saber una posible lucha contra la mafia o el que tuvieran que ofrecer un combate. Jamás habían combatido entre sí, sólo como equipo. Aleister soltó una risa incómoda y estuvo a punto de ofrecer otra clase de conocimiento cuando notó que tanto Quinn como Primo estaban calentando. El asunto del combate iba extrañamente en serio.

    —Ni creas que después de tantos años Selkie y yo nos ablandamos —dijo mientras se quitaba la bata y se arremangaba su camisa.
    —¿Después de luchar contra la mafia? —Quinn se alzó el cabello en una coleta alta y sus amables mercurios se endurecieron— Pensé que lanzarías a tu mejor opción.
    —¡Empoleon! —Exclamó cual grito de guerra el gran pingüino entrechocando sus aletas metálicas.

    Usualmente no hacía caso a esa clase de comentarios pues sólo eran por para provocar, pero cuando la Slowpoke humana lo decía hablaba en serio, sin una pisca de broma. Dejó a Selkie a manos de Desmond y Scizor la reemplazó en un instante. Las pesadas pinzas del insecto chocaron una con otra a manera de intimidación. Ambos profesores se alejaron varios metros a manera de protección, acción imitada por los novatos quienes dieron la cuenta regresiva para el inicio del combate.

    —¡Inicien! —Exclamaron Clair y Desmond al unisón.
    —¡Dayne, doble equipo!
    —¡Zooor!

    Fue cuestión de un parpadeo para que la imagen del metálico comenzara a difuminarse por la velocidad de su movimiento; Aleister sabía desde siempre que el punto débil de Primo era siempre la velocidad, iba a ser cuestión de esquivar hasta encontrar una abertura, nada complicado. Ordenó un doble golpe directo al rostro del tipo agua, lo que lo obligó a alzar sus aletas para cubrirse.

    —¡Puño Bala a sus costados, Dayne! —Ordenó Volkov con una pose envidiable.
    —¡Protección!

    Así el ataque del pokémon tenaza fuese de alta prioridad, nada era más prioritario que una bóveda de poder repelente de cualquier ataque. Las tenazas chocaron contra el muro traslucido, momento en el que el pingüino intentó agarrar las extremidades del rojo, no obstante no pudo sostenerlo. Scizor saltó hacia atrás coordinado con las órdenes de su entrenador, quien no se iba a detener y ocasionaría otra abertura, fue su sorpresa cuando el equipo Downey-Primo cerró la distancia con un imprevisto Acua Jet que envistió a Dayne. Dio un par de pasos hacia atrás debido al impacto y se apresuró a ubicarse en el terreno para contraatacar, mas Empoleon no se había alejado tanto y logró asestar un poderoso Pico Taladro. El maldito insecto usó sus poderosas tenazas para cruzarlas, detener el impacto y recudir su daño, pero fue en vano, un ataque bien recibido por parte de Primo. Aún con el contacto entre ataque y tenaza, Dayne empujó con sus pinzas al tipo agua para alejarlo, la rotación del pico tambaleó el corto paso de Primo. Ambos contendientes retrocedieron y con ansiedad ambos prepararon distintos ataques: Hibrobomba e Hyperrayo.

    Los ataques especiales se estaban cargando cuando…

    —¡Pi, pi, hoppip!

    Un pequeño bulto rosa se atravesó entre los magnates de acero, era un Hoppip saltarin y alegre, tierno y achuchable. Parecía haber perdido a su grupo y lo buscaba desesperado… lo más desesperado que podía estar un pokémon tan sonriente. Todo se detuvo, Quinn, Aleister, Desmond, Clair e incluso Kaiser y Clive sostuvieron la respiración, no porque un pokémon interrumpiera la batalla, sino porque no poseía un brazalete. Era capturable.

    —¡Atrápalo! —Exclamó Quinn hacia su esposo soltándose el cabello.
    —¡Dayne, interrumpe su paso!
    —Primo, apóyale.
    —¡Zoor!
    —Empoleon.

    Los profesores se acercaron hacia el hoppip quien repentinamente se vio acosado por dos pokémon que le cuadruplicaban el tamaño, ya ni hablar del peso. El tipo planta tragó en seco.

    —Clair, Desmond, la primera parte para atrapar un pokémon es…
    —¡Reducir su salud sin debilitarlo! ¡Ya sabemos! —Exclamaron ambos niños al borde de los nervios.
    —Bien, vamos con ataque rápido, Dayne —ordenó Aleister, pensando que sería una gran idea.

    Tras el golpe de Scizor, el tipo planta salió volando. Literalmente. Los presentes lo perdieron de vista tan rápido como un parpadeo, probablemente es hubiera debilitado sin opción a capturarlo. Definitivamente Dayne era más poderoso de lo que Volkov recordaba. Nadie dijo nada, no hubo reclamos; tal vez porque ya estaban cansados, quizá porque Quinn les dio más de cinco pokéballs a los niños y un par de pociones para que guardaran silencio.

    Clair avanzó primero tras despedirse de ambos profesores y prometerles reportes diarios del crecimiento de Clive, el polluelo bailoteó alrededor de los profesores a modo de despedida, actitud que la princesa rubia desaprobó y prometió corregir. Desmond por su parte se negó a despedirse de sus padres, por lo tanto recibió un abrazo forzoso entre Quinn y Primo, este último sirvió de muro para arrinconar al joven entrenador. Varias quejas se escucharon e incluso Aleister se sintió abochornado. A modo de despedida sólo alborotó los cabellos naturalmente alborotados de su mini yo, característica heredara de él. Secretamente le entregó un par de caramelos raros que antes le habían sido confiscados.

    El cielo se volvió naranja cuando Desmond Volkov se alejó por la ruta acompañado de un orgulloso Treecko. Ninguno volteó atrás.

    —Regresemos al laboratorio, no hemos comido nada y todo esto es… —El profeta del Helix comenzó a caminar cuando notó que no era seguido por su fiel asistenta. Tanto él como Selkie se giraron hacia la azabache—. ¿Quinn?
    —No quiero volver al laboratorio —murmuró la Slowpoke.

    Volkov soltó una risa tosca al borde de nerviosa.

    —¿Sucede algo?

    Quinn se acercó a su ahora esposo y con su izquieda sacó las esferas que guardaba en su bata. Cada una de las esferas poseía un dibujo para identificar a los pokémon dentro.

    —Esta —señaló una de las balls—, es de un Clefable, esta otra de un Salamence, Flygon, Ninetales –muy probablemente sea Eun-, y este es un Absol… en mi mesa había más, pero no había ningún Milotic. En todos estos años no capturé ningún Milotic —susurró ella escondiendo sus pokéball—. Ni siquiera sé qué sucede, pero si esto fuese un sueño seguro tendría un Milotic. ¿Qué he estado haciendo? —Se calló un momento, se giró y le dio la espalda a Aleister indecisa. Volvió a girarse hacía él y se retiró el cabello del rostro, se le veía confundida— ¿Combatimos la mafia? ¿Y qué estamos haciendo con tantos pokémon en el pueblo?

    Aleister alzó los brazos al cielo como si pidiese una respuesta a Lord Helix.

    —¡Es justo lo que yo pregunto! Por eso debemos volver al laboratorio, el maletín debe tener las respuestas —Se dio media vuelta como si no hubiera escuchado lo primero.
    —Cito: No quiero volver al laboratorio. Todo luce increíble pero no es…

    Con parsimonia el castaño se acercó a la muchacha y entrelazó su siniestra con la de ella. Algo no se sentía totalmente cómodo en ese agarre y fue hasta que el varón levantó ambas manos a la altura del rostro de ella que lo pudo notar: dos anillos chocaban en los dedos anulares. Eran las argollas de un matrimonio que en algún momento sucedió.

    —Sé a lo que te refieres, pero también sé que la chica que conocí jamás pensó en tener alguna vez un combate pokémon y hace un rato ni dudaste en enfrentarme sólo por recreación. Las personas cambiamos. Estoy seguro que la razón por la que se creó este laboratorio es por ti, sobre todo sé que jamás haces algo que no quieres. ¿Crees que te arrepientes del futuro, presente, lo que sea que sea esto?
    —…No —respondió al fin—. No me arrepiento. Sólo quiero más, siento que aún vivo en el pasado, siento que no hice suficiente, que no visité lo suficiente… pero no me arrepiento… —apretó la mano de Aleister—… no de este resultado.
    —Lo suponía —dijo mientras exhalaba, extendió la mano de ella y sacó una ball de entre sus ropas para posarla sobre su palma. Los mercurios de Quinn parpadearon confundidos al ver la figura de un Milotic en la esfera—. Estaba en mi mesa. ¿Vamos a casa?

    El que Downey volviera a cerrar su mano en torno a la del profesor era respuesta más que suficiente.

    —Eres mi mejor decisión —sentenció la criadora en el momento que Aleister se distrajo al reñir a Primo por taparle la luz del atardecer a su Espeon.





    shitty post, srry
    JullJull se terminó! ​
     
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  6. Autor
    Jull

    Jull Whom lives by Hope, will die by Despair. Moderador

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  7. Tabane

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    - Velocidad: 84

    Aprende:

    —Brine/Salmuera
     
    Última edición: 23 Jul 2017 a las 15:56

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