Misión C Vicio Asesino

Tema en 'Naruto World' iniciado por Lance, 10 Oct 2017.

  1. Autor
    Lance

    Lance Of the Dark

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    Vicio Asesino (C)

    Descripción: ¿Te parece raro que haya un asesino serial atacando a la gente de Otogakure durante la noche? Bueno, viniendo de una aldea donde hay mucha libertad, la verdad no es tan extraño. No sería un caso importante, de no ser porque el hombre ha dejado muchas víctimas y la cantidad de muertos aumenta cada vez más, más y más. Es necesario actuar ahora antes de que el caso pase a mayores.

    Objetivo:
    ─Atrapar al asesino, o a ellos en caso de ser más de uno.
    ─Averiguar por qué razón están cometiendo dichos delitos (opcional).

    Datos Extra:
    ─El (o los) asesino (s) es (son) de rango Genin. Especialidad (s) desconocida (s).
    ─Tampoco sabemos qué elemento (s) maneja (s).
    ─Es (son) muy escurridizo (s).

    DrNaotoDrNaoto
     
  2. DrNaoto

    DrNaoto Moderador

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    Puedes empezar o/
    Btw, para la próxima misión, puedes empezar sin problemas en el post inicial. Como en este caso, por ejemplo.
     
  3. Autor
    Lance

    Lance Of the Dark

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    No había pasado mucho desde su graduación y Akainuno era asignado a su primera misión solitaria como Genin ¿Su tarea? Perseguir a un asesino en serie y su posible banda. A pesar de lo loco que sonaba esto, era razonable desde un punto de vista maquiavélico el mandar a un ninja novato a por el psicópata; en el mejor de los casos conseguían acabar con la peste; en el peor, sólo perdían a un soldadito menor con la ventaja de medir las capacidades de la amenaza de mejor manera. Fuere cual fuere la razón detrás de decisión de las autoridades de la villa, Eiji sólo tenía una cosa en mente y era el mostrar su valía con una perfecta primera misión.

    El espadachín dedicó la tarde a quedarse en su cuarto y mentalizarse en lo que debía hacer, alimentándose bien y sacando buen filo a su fiel "Chokyori", musitándole canciones para hacerla sentir tranquila. No lo quería admitir, no a sí mismo ni a ningún otro, pero la ansiedad le estaba afectando la mente de manera paulatina, corroyendo sus pensamientos con el inevitable terror del fallo y sus implicancias. Fue mientras que pasaba ceremoniosamente una piedra de afilar por el filo de su katana que realizó lo que le ocurría, cortando sin querer la yema de su índice izquierdo.

    -¡Ngh!- uno de sus párpados reaccionó por reflejo, casi cerrándose ante el agudo dolor que poco a poco crecía. El pelilargo mordió el interior de su labio inferior y de manera temblorosa inhaló antes de soltar un suspiro calmo, confesándose el pecado que había cometido para con su pobre Chokyori mientras que lágrimas carmesí brotaban de su herida -Lo siento... Chokyori, tienes razón- aquél catártico soliloquio comenzaba lentamente a estabilizar los nervios del ninja del sonido -Me mordiste porque tengo ansiedad, porque me olvidé por un momento de lo más importante...- el ojiazul sonrió levemente y levantó su katana, reflejando su mirar en el limpio filo de esta cual si se vieran cara a cara -Somos un equipo invencible, y lo que haremos ahora no es más que el primer verso de un relato que narrarán por el resto de los milenios- su mano y por ende la hoja de la katana comenzaron a tiritar, no temiendo al fallo, sino que impacientes por empezar a escribir su historia con tinta y sangre. Luego de tratar su herida con unguento y resumir su labor para con Chokyori, el shinobi de rojo abandonó su casa con una sonrisa confiada y ojos serenos.

    El cielo estaba coronado por nubes que se teñían de salmón, mientras que la bóveda azul comenzaba a apagarse para develar los hermosos luceros que inspiraban a los románticos. Eiji caminaba por los suburbios de Otogakure, paseando su mirar por todas y cada una de las enpobrecidas casas del sector donde habían acontecido la mayoría de los crímenes, sintiendo miradas incómodas sobre su lujosa persona. Era ridículo, pero en el fondo más inocente de su ser, el genin esperaba toparse con una pista obvia o incluso con una parodia de villano malformado que lo enfrentase cara a cara ¿Ingenuidad o poco realismo? Quien sabía, pero luego de recorrer diez cuadras levemente pobladas sin éxito, el joven decidió comenzar a interrogar a los nativos del lugar.

    "La mejor opción es la familia del genin" concluyó el joven, rememorando el reporte que se le había dado esa mañana. Lo que hizo reaccionar a las autoridades no fue la perdida de simples civiles, lo que rebasó el vaso fue el asesinato de un genin graduado hace un año de la academia, cosa que hizo sospechar a la sombra de la villa y sus jounin que el perpetrador tenía entrenamiento militar de algún tipo, algo que explicaba su modus operandi y el por qué había podido evadir a la ley por tanto tiempo. Asesinar a un ninja quizá fue un logro mayor, pero probablemente también lo que puso precio a la cabeza del psicópata de manera prematura.

    Eventualmente y ya de noche, Eiji se vio frente a la puerta de una casona descuidada, asegurándose con un papel de que la dirección era la correcta ¿Por qué contaba con tal información? Bueno, dado el leve pero privilegiado status del difunto, era de esperarse que de entre todas las familias fuere la de este la que pudiese permitirse pagar por que se hiciese justicia y por ende, quienes ofrecieren su localización para brindar cualquier pista. Golpeando firmemente con el dorso de la mano, el herrero llamó.

    -¡¿Señorita Kurokumo?!-

    La aludida señorita era nadie menos que la hermana menor de Daichi Kurokumo, el fallecido genin. Amablemente pero de manera cabizbaja, la hermosa joven de pelos negros y tomados por palillos abrió la puerta e invitó a pasar al shinobi de rojo una vez este se presentó, gesticulando después que el ninja se hincase sobre uno de los suaves cojines en la sala de estar, situado frente a un kotatsu mientras que ella iba por un poco de té. Eiji esperó de manera solemne y con los ojos cerrados mientras armaba una serie de preguntas en su cabeza, esperando toparse con algo que las incompetentes autoridades de la zona hubiesen ignorado.

    Sintiendo los pasos de la joven sobre el piso de madera, Akainuno abrió los ojos y los fijó en los de esta, sonriendo de manera apacible mientras que ella depositaba una bandeja con dos vasos de té verde humeante. Una vez la veinteañera se sentó al otro extremo del kotatsu, con la fragancia del té acariciando sus narices, el joven procedió a inquirir.

    -Sobre Daichi, hábleme sobre la competencia de él como shinobi del sonido- la señorita Kurokumo tomó su correspondiente vaso de té, calentando sus pálidas manos ante el creciente frío y contestó.

    -Él... siempre decía que ascendería, no era el mejor de su generación ni tampoco el peor, hacía lo que podía sin un Kekkei Genkai- Eiji escuchaba atentamente las palabras que salían de la boca de la damisela, determinando tras lo dicho que Daichi no era muy fuerte y por ende, su asesino quizá tampoco lo era. Tomando el vaso frente a sí, apoyando su herido índice contra la superficie en búsqueda de placentero calor, el herrero preguntó.

    -El día que lo mataron ¿Lo habían mandado a hacer alguna labor?- la mujer abrió los ojos de golpe y luego bajó la mirada, como si la culpa la golpease repentinamente. Tragando saliva para evitar que le temblase la voz, ella respondió.

    -Él iba todos los domingos a comprar la mercadería de la semana, yo solía acompañarlo... pero tenía una cita... le dije que no y...- parecía que la mujer estaba a punto de romper a llorar, algo que no le servía en absoluto al shinobi. Este lentamente procedió a pararse pesadamente, tragándose las ganas de gritarle a la fémina para que se recompusiese por el bien mayor de encontrar a su hermano, caminó para disponerse al lado de ella y se agachó a su nivel antes de hablar.

    -Haré justicia- susurró, depositando su mano sobre la espalda de la joven y el kimono amarillo que vestía para acariciarla -Habrá tiempo para llorar, pero necesito saber a qué hora Daichi y tú solían comprar- cabía la posibilidad de que el asesino los hubiese estado observando durante ese tiempo, no era casualidad que justo atacase el día en que el genin iba sólo, de seguro el malviviente acosaba a sus víctimas y las seguía desde algún punto en la trayectoria que caminaban los hermanos los domingos ¿Pero cual?. Necesitó unos minutos reconfortando a la dama antes de que esta pudiese darle los datos que necesitaba "Daichi salió a las siete de la tarde, siempre seguimos las calles Ryuudo, Tamakii y Arusen de ida y de vuelta... recorremos unas siete cuadras antes de llegar al mercado". Estas palabras hicieron eco en la cabeza del Akainuno el resto de la noche, desde que abandonó el lugar hasta que regresó a su casa luego de patrullar por dichas calles sin suerte.

    Tendido sobre su cama, el joven meditó sobre lo que debía hacer el siguiente día.

    "Debo ir a la morgue y preguntar por la hora de muerte, luego con la policía y encontrar algún patrón entre los asesinatos y estas tres calles" Eiji frunció el ceño y concluyó determinado "Una de estas tres es desde donde está escogiendo a sus víctimas, estoy seguro".
     
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  4. DrNaoto

    DrNaoto Moderador

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    Puedes continuar (?
     
  5. Autor
    Lance

    Lance Of the Dark

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    Al día siguiente Eiji se levantaba lleno de energía, determinado a finalizar con su misión de una vez por todas. Inspirado por los sutiles rayos de sol que se filtraban a través de la ventana de su vivienda, el joven se bañó y arregló por su acostumbrada hora, tiempo durante el cual también hacía ejercicio matutino y se nutría de manera balanceada. Musitando tonadas alegres, el joven concluyó su rutina casera limpiando su katana con un algodón, despojándola de cualquier partícula de polvo que hubiese podido manchar su pureza.

    -Te ves hermosa el día de hoy, Chokyoki- susurró el espadachín, cerrando los ojos satisfecho antes de guardar la reluciente espada en su funda. Así, vestido de rojo y negro, con la mente enfocada y sus ojos brillando de confianza, el genin salió de su hogar para ir a visitar sus dos destinos, la morgue y la estación de policía.

    No fue difícil conseguir los documentos que necesitaba, al menos no dentro de lo que era el ámbito de lo físicamente exhaustivo, fue la cansadora burocracia la que lo mantuvo por horas y horas a la espera. Siendo un genin recién salido de la academia, los oficiales y encargados de los respectivos organismos que visitó no confiaban un ciento porciento en que el princeso fuese lo que decía que era, sobre todo cuando este les contaba que era su primera misión yque estaba a cargo de encontrar a un asesino en serie. Aún con escepticismo en sus miradas y a regañadientes, los oficiales de ambos departamentos accedieron a compartir la información que tenían con respecto al asesinato de Daichi, proporcionando al Akainuno de una copia a escala del mapa con marcas rojas sobre cada sitio donde habían encontrado una víctima del misterioso criminal.

    Con algo tan importante como un mapa para determinar un patrón de localización ¿Qué necesitaba el herrero de la morgue? Dos cosas, un reporte con los detalles específicos de la muerte del genin y pistas que corroboraran su hipótesis a partir del mapa. Sin tomar mucho en cuenta los sentimientos de la hermana de Daichi, el espadachín resolvió ir hacia la casona Kurokumo, convirtiendo el lugar en su base de operaciones a la vez que compartía sus hallazgos. Lo último, más que hacerlo por demostrar progreso en el caso, era para tener a quien presumir su genialidad.

    Una vez en la casona de los Kurokumo, Eiji despejó la mesa del comedor y dispuso el mapa de metro por metro, dibujando por sobre este la trayectoria que siguió Daichi el día de su asesinato. Mientras trazaba con un marcador negro, el de pelos castaños se explicó ante la atenta hermana.

    -Si mi teoría es correcta, podemos encontrar al asesino si patrullo una de estas calles... estoy seguro que el malnacido usa una de estas para seleccionar a sus víctimas- las calles Ryuudo, Arusen y Tamakii resaltaban sobre el claro color del papiro, lo mismo hacían los puntos rojos que manchaban dicha hoja. Levantando su vista del mapa para encontrar la mirada de la confundida joven, el muchacho pidió de forma amable -Si no es mucha molestia ¿Me facilitarías un lápiz de grafito?- la sonrisa emocionada de Eiji perturbaba un poco a la muchacha, quien asintió suavemente antes de dirigirse a su cuarto en búsqueda del lápiz.

    Ese minuto de privacidad fue aprovechado por el Akainuno para concentrarse y analizar las fichas que tenían sobre la mesa, trazando rayas en su mente que conectaran los puntos con una de las calles, al mismo tiempo que su índice derecho viajaba por la línea negra que había descrito con el marcador. Mientras una serie de factores lo aislaban del mundo exterior, el genin del sonido comenzó a murmurar sin querer.

    -Siete.... siete cinco.... siete y diez....- la yema de su dedo continuaba recreando la caminata de Daichi calculando, gracias a su propia experiencia patrullando la zona, la distancia que debía haber recorrido el shinobi -Siete catorce.... quince.... dieciseis- el dedo del genin se detuvo en seco, posándose más allá del lugar donde se encontró el cuerpo de Kurokumo. Confundido, Eiji volvió a trazar con su dedo el recorrido, completamente seguro de que la hora de la muerte y el tiempo que transcurrió caminando eran inconsistentes ¡Algo ralentizó dramáticamente a Daichi! Y si los reportes eran ciertos, él había muerto sin oponer resistencia y en el lugar donde se le encontró, víctima de una eficiente y poderosa puñalada tras el cráneo... "¿Se había encontrado con alguien? ¿Qué pudo haber causado tal desfase?" Akainuno no sólo parecía estar determinando el lugar de los hechos, estaba empezando a dilucidar una pieza escondida en el modus operandi del asesino.

    -Aquí está- la delicada voz de la anfitriona frenó de golpe el tren de pensamiento del pseudo detective, quien sacudió la cabeza en gesto de volver a la realidad y sonrió de manera amable y agradecida a la atractiva fémina, sustrayendo el lápiz de los delicados dedos de ésta. A partir del trazo con marcador, Eiji comenzó a conectar con lápiz grafito los puntos donde encontraron a las víctimas, sonriendo de manera amplia cuando comenzó a notar que cada marca roja era la rama de un tronco común ¡Calle Arusen! Todos los callejones, avenidas y caminos tenían acceso a Arusen, pasarela que debía seguir Daichi todos los días antes de doblar a la calle Tamakii, el último tramo hacia el mercado y donde falleció. Dirigiéndose a la joven sin quitar la vista del mapa, el espadachín de rojo preguntó.

    -¿Qué tanto flujo de gente sueles ver por Arusen, Tamakii y Ryuudo?- Eiji tenía una idea por las caminatas que había hecho el día anterior, pero quería verificar con la nativa del sector si su teoría era correcta. La joven pelinegra, reaccionando al entusiasmo del ninja contestó sin titubeos.

    -Ryuudo es una calle principal, por lo que siempre va a haber gente a casi todas horas. Por otra parte Arusen es un poco menos transitado, sólo la usa la gente como acceso para llegar a Tamakii, la cual es bastante usada por quienes vamos al mercado- tenía sentido, Arusen era predilecta para fijarse en gente que iba sola, no como Tamakii o Ryuudo que probablemente eran frecuentados por familias y grupos de gente. Eiji se sonrió, desde algún punto entre las dos cuadras que cruzó Daichi fue que el asesino lo notó, siguiéndolo hasta Tamakii y ralentizándolo de alguna forma conveniente antes de que se topase con la gente que frecuentaba el lugar. Ahora habían dos cosas que preocupaban al shinobi; en primer lugar ¿Fue obra del psicópata que el genin parase a mitad del camino o fuese más lento? Facilitando el asesinarlo de manera expedita y sin testigos; y por último ¿Cómo podía exponer al asesino sin levantar sospechas?. Tomando en cuenta lo anterior, Akainuno se explicó ante su interlocutora.

    -Ayer cuando paseé por la zona no me pasó nada a pesar de estar solo, pero seguramente fue porque iba armado- comenzó el genin -Tengo una gran sospecha de que nuestro asesino se encuentra buscando gente en calle Arusen, y que parece abordar a sus víctimas de alguna forma- sin aplicar ningún filtro, Eiji continuó -Y creo que aborda a la gente porque la hora de muerte de Daichi no concuerda con el lugar que lo encontraron- el herrero apuntó el mapa -Yo mismo recorrí esas calles, por lo que te aseguro que en quince minutos ya debía de haber llegado al mercado, pero lo encontraron a tres cuartos del camino. Aún si hubiese agonizado por un minuto, no tiene sentido que haya quedado tan atrás- el joven miró a la muchacha, quien asentía concentrada ante la afirmación del shinobi -Y si a eso agregamos que dio la casualidad de que lo asesinaron justo en un lapso de tiempo en que no pasaba gente por un lugar concurrido, puedo decir que no es simple coincidencia que esta inconsistencia haya ocurrido- la azabache sin embargo se quedó pensativa ante la acusación, sólo para luego negar con la cabeza y contra argumentar.

    -Daichi es amistoso, quizá se encontró con un amigo en mitad del camino- el genin del sonido soltó un leve gruñido de escepticismo, sin embargo asintió antes de replicar.

    -En efecto... cabe la posibilidad de que simplemente se topase con un conocido, pero como dije, la casualidad es mucha...- la hermana de Daichi entonces inquirió algo que la mantenía inquieta, al menos algo que no era la desubicada emoción del Akainuno en el juego de gato y ratón.

    -¿Por qué le es tan importante que el asesino aborde a la gente? Ya redujo bastante la zona de búsqueda localizándolo en Arusen, podría reportar esto y dejar que las autoridades se encarguen... pero por como habla, usted parece que desea que el maldito aborde a sus víctimas- el psicoanálisis de la perceptiva joven no estaba errado en absoluto, para el ninja no era suficiente saber donde estaba el criminal ¡Debía atraparlo con sus propias manos! Y si podía tenderle una trampa a este, quería jugarse por la posibilidad aunque fuese remota. Eiji sentía que era un reto, era la oportunidad de ganarle al criminal en su propio juego y demostrarle quien era el mejor. Apretando su puño, el espadachín afirmó con fuego en la mirada.

    -Señorita Kurokumo... yo seré quien lo venza, yo seré quien traiga a ese endemoniado frente a la justicia... aunque tenga que ser yo mismo la carnada-
     
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  6. DrNaoto

    DrNaoto Moderador

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    Lance

    Lance Of the Dark

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    Había pasado una hora desde la extrema afirmación del novato shinobi, quien luego de deliberar pacientemente, se decidió por un rumbo para atrapar al asesino. Lamentablemente, Eiji era consciente de que había cometido un error al transitar por la calle Arusen con sus ropas normales y espada al cinto, cosa que el tipo posiblemente vió ¡Y diablos! Con lo extravagante que se veía Akainuno con respecto al sector demográfico que lo rodeaba, habían aún más razones para sentirse paranoico. Así que ahora se encontraba sentado frente a un espejo, vistiendo un kimono azul que pertenecía a la clienta, mientras que esta lo maquillaba de forma diligente.

    -No es nada grave... es parte del código del shinobi sorprender a tu oponente, hacerte uno con el entorno... la dignidad es algo secundario- recitaba solemnemente el pelilargo, sus rasgos masculinos siendo disfrazados por rubor y polvos mientras tanto. Confundida, la joven replicó.

    -Yo... no le dije nada al respecto, Akainuno-san- el ninja lo sabía, y es que más que justificar esta situación a ella, lo hacía a sí mismo. El trasvestido genin, además del kimono azul, lucía un cinto rojo a la cintura que serviría para esconder a Chokyoki. Al cuello llevaba una cinta del mismo color que escondía su manzana de Adán, mientras que su pelo había sido peinado para que cayese grácil y suelto sobre su espalda y hombros. La trancisión no había resultado tan difícil dado el extremo cuidado con las apariencias que ya tenía de antemano el joven Eiji.

    El plan era sencillo, el joven disfrazado iría sólo por la calle Arusen, fingiendo que estaba a la espera de alguien. Decepcionado de que su cita no apareciere, él se marcharía del lugar y escogería una de las pasarelas menos concurridas por la gente para tentar al asesino. Lamentablemente su plan requería ser un actor reaccionante, no podía develar su identidad a nadie que no fuese el criminal... en pocas palabras, sólo podía atacar en respuesta a verse atacado a matar.

    La situación ponía a Akainuno ansioso, su pie izquierdo pisando constante y rápidamente el piso de madera mientras que la señorita Kurokumo realizaba los ultimos toques sobre los finos labios del ninja del sonido. En su mente el espadachín craneaba diversos escenarios para salir indemne, formas de esquivar y atacar que dejaran al inútil criminal embobado, pero si algo estaba en contra del genin era el innegable factor de que ésta era su primera pelea contra alguien que quisiere matarlo. Esa intención, esa gran apuesta que hacía por primera vez en su vida, marcaba la diferencia contra las mil y una veces en que el shinobi había "jugado a pelear" en la academia.

    -¡Listo!- la muchacha declaró, dando un paso atrás para dejar que Eiji apreciase el trabajo estético de ella. El castaño despertó de su meditación y sonrió automáticamente, mirándose al espejo en búsqueda de esa confianza que sólo él mismo y su espada podían otorgarle. Volteando su mirar hacia la estilista, el espadachín asintió y la felicitó.

    -Muy buen trabajo, gracias a tu invaluable ayuda podremos atrapar a quien te hirió a ti y a tu familia- la hermana del difunto se sonrojó levemente tras el cumplido, para luego brindar una de las pocas sonrisas que había logrado esbozar desde que se conocieron.

    La operación comenzó a las seis y media de la tarde, hora en la cual Akainuno se dispuso en una esquina de la calle Arusen, justo en frente de una licorería de aspecto humilde y algo abandonado. De vez en cuando, en orden de disimular que estaba esperando a alguien, el trasvestido sustraía un reloj de cadena desde su cinto, mecanismo cuidadosamente dispuesto al lado del conciliado mango de Chokyoki. Los ojos del joven se paseaban ansiosos de un lado a otro, visualizando a cada transeúnte como un posible depredador, pero dicha acción le brindaba más realismo a su actuación dada la reciente reputación de la zona.

    Lamentablemente transcurrió una hora sin novedades más allá de uno que otro piropo vulgar, por lo que determinando que quedarse más tiempo levantaría sospechas, el genin decidió retirarse por la pasarela que había planeado usar para atraer al asesino. Mientras caminaba decepcionado, Eiji escuchó unos pasos detrás suyo que hicieron que su corazón casi saltase de entre sus costillas, pasándolo de la ligera depresión a la guardia paranoica. Disimuladamente, el joven se volteó para ver quien era, sólo para llevarse la extraña sorpresa de que se trataba de un empleado de la licorería.

    -¡Disculpe señorita!- llamó el tipo, un joven de lentes y cabello castaño que vestía una típica yukata de servicio de color azul marino con diseños blancos. Eiji dedujo que trabajaba en la licorería no sólo por el uniforme, sino porque también lo había visto ahí mientras esperaba al asesino. Fue con cautela que el pelilargo se volteó completamente hacia el joven, sintiendo su garganta secarse ante la posibilidad de un combate inminente y su brazo derecho tensándose para desenvainar.

    -¿Hmm?- inquirió el trasvestido Eiji, ladeando la cabeza mientras forzaba su más inocente sonrisa y voz femenina, entrecerrando los ojos para amplificar el efecto. El muchacho frente a él se inclinó caballerosamente y dijo.

    -No pude evitar notar que estuvo esperando a alguien la última hora ¿No quisiese pasar a nuestra tienda? Tenemos un muy buen sake importado, aromatizado con esencia de membrillo. Le podemos ofrecer una muestra más un descuento del veinticinco porciento, dado que es su primera compra- Akainuno suspiró suavemente, sus músculos relajandose detrás del disfraz ante la falsa alarma. Lamentablemente para el mozo, el espadachín debía negarse con su forzada voz femenina.

    -Lo siento, yo...- viendo al muchacho a los ojos, notó una luz en el marco de las gafas de este, cosa que distrajo al shinobi por una fracción de segundo antes de que intentase terminar su frase -yo estoy ocupada así que...- el joven sin embargo se mantuvo persistente, cruzando sus manos sobre el pecho antes de insistir.

    -Por favor señorita, le aseguro que no se arrepentirá, dígame ¿Cual es su nombre?- el genin no tenía tiempo para lo que fuere que quisiese el muchacho, pero por otro lado ¿Acaso podía ser él el criminal? De ser así, quizá lo más sabio era seguir el juego hasta que el bastardo mostrara sus verdaderos colores, por lo que con la mente en alerta, el espadachín replicó.

    -Mei...jin- la creatividad no era lo suyo en ese momento de tensión, pero el interlocutor parecía comprar todo lo que decía el herrero.

    -¡Qué lindo nombre! ¿De seguro sus padres la quieren mucho, no?- la ceja de Eiji tembló ligeramente ante la mención de una "familia funcional y linda", pero se dispuso a responder por cortesía.

    -Bueno yo...- entonces los suaves pasos de un tercero hicieron eco en la cabeza del ninja del sonido, petrificándolo mientras que se notaba que la vista del chico de gafas se fijaba en algo o alguien más que se aproximaba por detrás. Varias memorias fueron evocadas la mente del novato, imágenes que hicieron que éste abriese los ojos completamente mientras que se paseaban como diapositivas en lo que era ese eterno segundo ¡El ser abordado por ese desconocido! ¡Las heridas mortales que recibieron las víctimas tras sus cráneos! La intención del mozo no era llevarlo a la licorería, era mantenerlo quieto mientras que el asesino se posicionaba.

    La respiración de Eiji tembló, su garganta se hizo un nudo y su corazón bombeó sangre más rápido que nunca... y escuchando otro paso de la persona tras de él, cual si fuese el único sonido en el mundo, todo se apagó.

    -¡¡AAAAHHHH!!- la fuerte acumulación de emociones del Akainuno se liberó en un poderoso grito, seguido del desenvaine de Chokyoki y el inmediato uso de su primera arte del Saisho no Ken "Kakucho Suru". El poderoso abanicar de la katana alargada y el tremebundo grito que soltó el shinobi sorprendieron al empleado de la tienda y la misteriosa mujer detrás, quien haciendo hábil uso de una O Tanto, había logrado bloquear a duras penas el fortuito y diagonal ataque desesperado del trasvestido ninja. Con la respiración razonablemente agitada, la maleante finalmente se mostraba ante los ojos del genin.

    La pálida kunoichi vestía ropajes de civil bastante poco llamativos pero claramente hechos para facilitar la movilidad, estos constaban de una túnica gris sin mangas y shorts ajustados negros. El pelo de la asesina era negro como el de la hermana de Kurokumo, pero disparado en varias puntas a las cuales sólo una cinta detrás de su cabeza domaba, dejando que sus largas chasquillas puntiagudas se dispusieren sobre la faz y orejas de la fémina. Lo más llamativo sin embargo era la máscara que llevaba, una típica pieza de festival con diseño gatuno que utilizaba obviamente para ocultar su identidad.

    -¿Así que una kunoichi, eh?- inquirió la psicópata luego de recuperar la compostura, al mismo tiempo que el aire se teñía de una densidad amenazante.
     
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    Lance

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    La alargada katana de Eiji seguía presionando contra el O Tanto de la asesina, el filo de la primera trizándose levemente tras el fuerte y descuidado impacto. Ambos oponentes se miraban silenciosamente, manteniéndose en aquella posición mientras que el mozo de la tienda salía corriendo, deliberando que las cosas se habían salido de control. Ya más calmado, Akainuno retrajo a Chokyoki y se puso en guardia, tomando el mango con ambas manos mientras su filo apuntaba a la enemiga.

    -¿Cómo supiste que iba por ti?- inquirió la muchacha, disponiéndose en posición de batalla. Ella sostenía su espada corta con sólo una mano, flexionando sus rodillas para reducir su propia area de impacto. Con una gota de sudor nervioso recorriendo su sien, el shinobi forzó una sonrisa confiada y respondió con su verdadera voz.

    -Supongo que alguien me advirtió...- la joven enmascarada dio un paso hacia atrás en respuesta, sus ojos examinando el ambiente con el fin de corroborar que Eiji no venía acompañado. La mentira funcionaba, ella ahora iba a pelear con mayor cautela ante la incertidumbre de que el genin viniese con un equipo como lo hacían normalmente. El espadachín jamás lo admitiría, pero gran parte de él agradeció haber acertado con respecto al momento del asesinato... para su vergüenza hace unos segundos estaba tan tenso que no se le había cruzado por la mente el que pudo haber matado a un civil con ese ataque, y además, sin querer había activado su jutsu, regalándole al enemigo la ventaja del conocimiento.

    Lentamente, el joven trasvestido inclinó su katana para apuntarla hacia la joven, quien ya habiendo presenciado el jutsu Akainuno, daba pasos precisos para evitar ser señalada por la mortal punta de Chokyoki. Ambos entonces se dispusieron a empezar con la primera ronda: la kunoichi invocó otro O Tanto para portar uno en cada mano; mientras tanto, Eiji activaba su "Jomyaku", bañando su arma en chakra humeante, aumentando la durabilidad y filo de ésta. Examinando el campo de batalla, los combatientes se hallaban en una pasarela desierta de siete metros de ancho, rodeados a diestra y siniestra de casas aparentemente abandonadas con techos prácticamente planos, parados sobre una superficie de tierra parchada por incidental vegetación muerta.

    El primero en atacar fue el herrero, abalanzándose con su espada en pos de lanzar un corte horizontal. El castaño sabía que tenía el rango de Chokyoki a su favor aún utilizandola en su forma básica, además, debía presionar y prevenir que la criminal siquiera pensase en escapar. Un haz de luz metálica y vapor impactó uno de los O Tanto de la misteriosa enmascarada, quien bloqueó confiada en que trizaría el fino filo de esa katana como lo había hecho anteriormente.

    -¡Ingenuo!- exclamó la asesina preparando su otra mano para apuñalar a Eiji, pero fue entonces que notó que la hoja de su O Tanto bloqueadora cedía, cortada por el poderoso filo mejorado de Chokyoki. A duras penas la muchacha pudo saltar hacia atrás, sin poder evitar el agudo corte que rasgó su túnica gris y rasguñó su abdomen. Frustrada ante el error de cálculo que casi la parte por la mitad, la joven arrojó a un lado lo que le quedaba de la espada corta rota antes de reincorporarse, chasqueando los dedos de su mano libre para hacer aparecer entre sus dedos dos bombas de humo.

    -¿Parece que tu especialidad son las armas también?- inquirió el genin, asumiendo que su contrincante invocaba armas y objetos mediante pergaminos consiliados en su persona. La chica se limitó a silenciosamente se colocarse en guardia, presionando una de las bombas de humo que acababa de invocar para detonarla. Una gran presión de aire contaminado obligó a Eiji a ponerse a la defensiva, cubriendo su cara con ambos brazos mientras que su pelo volaba hacia atrás.

    De súbito, pequeños y rápidos pasos se dirigían hacia el shinobi por la derecha, a lo que este reaccionó abanicando un corte. Lamentablemente sólo consiguió cortar aire, dejando una estela limpia por donde había pasado su espada. En mitad de la cortina de humo, el muchacho sólo podía abanicar tratando de adivinar por donde la joven trataba de aproximarse una y otra vez, evitando ser herido de gravedad a coste de su progresivo cansancio.

    "No puedo seguir así" determinó el ninja del sonido, seguido porque de súbito su figura fuese perforada desde la retaguardia atravesando su columna y caja toráxica. La enmascarada no se molestó en celebrar, soltando un leve gruñido al notar que sólo había logrado empalar un tronco de Kawarimi. Mientras la asesina arrojaba a un lado el objeto mártir, Akainuno se alejaba a gran velocidad, internándose más hacia la pasarela para lograr salir de la condenada neblina.

    -Ahora podré pelear- celebró el trasvestido, encarando la nube que comenzaba a disiparse, a la espectativa de esa peligrosa contrincante. La enmascarada no se hizo esperar, y ni tonta ni perezosa, arrojó desde la nube y con fuerza su segunda bomba de humo, estallando esta justo frente al espadachín -¡Tch!- con los ojos entrecerrados, luego de cubrirse de la presión de aire del estallido, el joven comenzó a buscar con la vista limitada y su oido a la muchacha. No tardó en percatarse sin embargo de que una figura de porte breve se aparecía desde las alturas, amenazando con empalar su cabeza en una caída vertical -¡Muy lenta!- exclamó el Akainuno, apuntando a Chokyoki hacia arriba antes de usar nuevamente su "Kakucho Suru". La hoja de la katana se alargó a gran velocidad, perforando la figura que se hallaba en el aire, sólo para que esta se desvaneciere -¡¿Un Bunshin?!- de inmediato, el genin activó su "Tsubasa no Jutsu", alarmado mientras mantenía la larga espada sobre su cabeza. La verdadera asesina no tardó en aparecerse, confiada en la distracción que había colocado corrió a gran velocidad hacia Eiji, buscando apuñalar el estómago de este desde el flanco derecho.

    -¡Muere!- vociferó la kunoichi, sólo para notar como la larga hoja de Chokyoki se precipitaba desde arriba para cortarla por la mitad, pesando como una pluma para el portador. A pesar de estar alargada a solo un tercio de su capacidad máxima, la hoja de la espada cortó parte de una muralla antes de clavarse en el suelo, levantando una nube de polvo que se sumó a la de humo. Casi al mismo tiempo, ambos ninja saltaron de la nube y aterrizaron encima del techo de la casa más cercana, quebrando las frágiles baldosas del empobrecido hogar.

    Eiji se hallaba respirando de manera agitada, habiendo gastado una cantidad de chakra importante a la vez que se sometía al stress y cansancio físico de la pelea. Su contrincante por otro lado parecía menos cansada, pero era la única que presentaba heridas, el corte horizontal en su abdomen y ahora uno en la frente que quebró parte de la máscara, develando mitad de sus ojos café rojizo y un cuarto de su pálida faz. Era claro que esta había logrado esquivar milagrosamente el ataque de Akainuno, quien nuevamente se encontraba portando su katana en tamaño normal.

    -Por lo general no me importa el por qué la gente hace lo que hace...- comentaba Eiji, apuntando su katana hacia el suelo en señal de tregua breve -Pero me gustaría saber qué llevó a una chica como tú a matar gente aleatoria ¿Qué ganas con esto que no podrías obtener como una kunoichi?- la chica mantuvo sus ojos fijos en los de el genin del sonido, una sonrisa esbozándose desde la rotura de la máscara gatuna antes de que respondiese.

    -¿Crees que lo que me pagan se compara a lo de un ninja novato como tú?- la fémina invocó una cadena para su brazo libre y continuó -Si conocieras la gente que yo conozco, te darías cuenta de que vale mucho más la pena el trabajo que hago-

    -¿Trabajo?-
    inquirió Akainuno con una sonrisa burlesca -Sólo alguien sin talento llamaría el matar civiles desarmados un "trabajo"- el novato comenzó a sentir su respiración estabilizarse, si lograba alargar la conversación podía volver a pelear con todas sus fuerzas -De todas formas ¿Qué clase de jefe quiere la muerte de gente sin importancia?- nuevamente la asesina rió sutil, sonriendo de oreja a oreja.

    -Acabas de cometer dos errores diciendo lo último... el pensar que sólo tengo un jefe y... el pensar que les importa "quien" muere- Eiji tenía una vaga idea, pero no comprendía el exacto oficio de la muchacha. De todas formas, el pelilargo estaba parcialmente recuperado, sus hombros ya no levantándose con cada respiración. Ambos se pusieron en posiciones de combate, listos para terminar la pelea en el presente round dos.

    La asesina comenzó por correr hacia el genin, arrojando su delgada cadena hacia el brazo derecho de este. Los eslabones de metal se enroscaron en el antebrazo de Eiji y su sable, a pesar de que el espadachín había intentado esquivar, este vio su brazo ser manipulado para apuntar hacia abajo. La muchacha entonces hizo un sello de manos en mitad de su carrera, multiplicando el número de cadenas y haciendo que estas se proyectasen contra la superficie en la que estaba parado, clavándose firmes para inmovilizar el miembro del shinobi.

    Sin más recurso que su brazo restante, Akainuno se vio forzado a desviar la hoja del O Tanto con su antebrazo izquierdo, sufriendo un corte preocupante al usar este en modo de escudo para deflectar la fuerte puñalada inminente. El shinobi cerró un ojo por el dolor agudo, pocas veces en su vida se le había agredido físicamente. Con una sonrisa sádica bajo la máscara, la fémina procedió a continuar tratando de apuñalar los órganos del inmovilizado trasvestido, quien con su taijutsu y velocidad se defendía cuanto podía ante la serie de rápidos ataques que destrozaban el kimono que vestía y lo manchaban de sangre, logrando milagrosamente que los cortes se mantuviesen no letales.

    -¡Qué persistente!- se quejó la criminal, dando una voltereta hacia atrás luego de aplicar la despiadada tortura. Desde esa distancia ella podía apreciar su trabajo, un cansado y sangrante genin cuyas rodillas temblaban. Segura de su victoria, la muchacha de cabellos negros apuntó su espada corta hacia el brazo izquierdo de Eiji y dijo -Bueno, supongo que no te molestará si te libero de mis cadenas... y de ese brazo en un mismo corte- la kunoichi planeaba amputar el brazo del Akainuno, la parte de él que menos libremente podía moverse. Lo que ella quería ya no era un asesinato rápido, era ver al muchacho desangrarse y suplicar por la muerte.

    Eiji jadeaba, sabía que estaba en su límite y que si no jugaba el resto de sus cartas bien moriría. Apuntando su katana lo mejor que podía para formar una diagonal contra la superficie del techo, el joven desvió su mirada y exclamó mientras la psicópata enmascarada se aproximaba.

    -¡Ahora Daichi!- fue el único nombre en el que pensó el pelilargo, pero si lo que decía la asesina era cierto con respecto a sus clientes, ella ni siquiera debía saber el nombre de la gente que había matado. Mejor aún, con esa sóla llamada re-alimentó la apaciguada paranoia de la chica con respecto a que si el genin estaba acompañado, forzándola instintivamente a parar y mirar a su alrededor por un sólo segundo, tiempo más que suficiente para contraatacar.

    "Kokucho Suru... Mokuteki" recitó solemnemente en su mente el ninja del sonido, a lo cual Chokyoki respondió alargándose a gran velocidad contra el piso improvisado, rebotando contra este para proyectarse directamente contra el muslo de la joven, perforando carne y hueso. Ser devuelta a la pelea por tal dolor no tuvo otra respuesta más que un grito desgarrador, viendo un potente chorro de sangre proyectarse desde la herida una vez la hoja de Chokyoki se retrajo. La asesina rápidamente de tomó la herida, pero sabía las consecuencias de ésta... sin jutsus médicos, ella ahora había perdido.

    Mientras que su oponente se mantenía ocupada en no perder sangre, Eiji pudo pacientemente cortar las cadenas que lo ataban, ello sin dejar de mirar a la kunoichi de manera cauta. La gente comenzó a aglomerarse tras el alboroto, específicamente después del grito de dolor de la muchacha. Aprovechando los testigos y entre jadeos, Eiji levantó la voz y pidió.

    -Si alguien conoce a un ninja o autoridades... por favor llámenlos y que se contacten con el cuerpo médico- mirando de vuelta a la frustrada joven, agregó con una sonrisa agotada -Eiji Akainuno acaba de atrapar a la asesina del distrito-

    Las fuerzas médicas y oficiales no se hicieron esperar, atendiendo a ambos peleadores luego de tan cruenta pelea. Eiji seguía con el corazón palpitando a mil, pero poco a poco lograba calmarse, auto felicitándose tras haber completado su primera misión ¡Y vaya que misión!. La hermana de Kurokumo se aproximó al bendado genin, quien quería disculparse por arruinar el bello vestido de esta.

    -No se preocupe- se adelantó la veinteañera, negando con la cabeza luego de notar el gesto apologético en la faz de Akainuno, quien sonrió levemente en alivio -Gracias por su ayuda, Akainuno-san- el muchacho asintió con la cabeza y contestó.

    -Si bien gusto de aceptar cumplidos bien merecidos... Daichi jugó un papel importante en todo esto- no eran simples palabras vacías, sin la muerte del genin probablemente nunca hubiese podido deducir un patrón en la asesina, sin contar que fue el nombre que gritó para distraerla. Si bien trabajar en solitario supuso sus desventajas, al final terminó por salvarle el pellejo el jugar con las expectativas que tenía la gente hacia los genin novatos.

    Luego de abrazar al shinobi y besar la mejilla parchada de éste, la Kurokumo volvió a casa para preparar una deliciosa cena de victoria para el genin. Mientras ella se marchaba, un oficial se aproximó al joven y reportó.

    -Encontramos al muchacho de lentes que describió, se quería ir de la villa pero lo logramos interceptar- a pesar de las buenas noticias, agregaron algo que les extrañó -Aparentemente sus gafas tenían un dispositivo bastante peculiar, una especie de cámara- cansado ya de tanto sobre pensar y con su objetivo ya completo, el joven replicó.

    -Bueno, eso suena como trabajo para los ninja interrogadores- el oficial asintió y se retiró luego de desordenar el pelo del shinobi, quien no tomó de buena manera el ser tratado como chiquillo con ese gesto, en especial que se metiesen con su brillante cabellera.

    Al día siguiente las noticias fueron publicadas, aparentemente el par de maleantes trabajaba vendiendo videos snuff a peces gordos locales y extranjeros, ganando una gran suma. El appeal "artístico" de los films de la pareja era que gracias a la perspectiva que ofrecían las gafas cámara, el espectador podía ver desde muy cerca el rostro de la víctima antes de la repentina muerte. Sin embargo lo que le importaba ahora a Eiji ya no era esa noticia, si bien le gustaba su mención y colgó el artículo en su pared, ahora estaba más preocupado por reparar a Chokyoki y planear su siguiente paso hacia la grandeza.


    FIN~
     
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  9. Milo-sama

    Milo-sama Moderador

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    Interpretación: Percibo que estoy frente a una lectura de bastante nivel, integral, donde se plasma recurrentemente la subjetividad del personaje para con los acontecimientos. Entiéndase subjetividad no como una crítica negativa, sino como el elemento incorporado que permite saber qué dice, opina, piensa y siente el personaje respecto a la trama. Asimismo, el ninja novicio se apoderó de la misión con su toma de decisiones bastante particular y su interacción con el resto de los personajes. Me gustó que reflejara sus emociones con relación a que fuera su primera misión, su ansiedad, incluso cuando fungía como carnada. Del mismo modo, la asesina a sueldo estuvo bien recreada y sus intenciones fueron explicadas. Lo más importante es que los personajes involucrados tuvieron profundidad y pozo. Por otro lado, las estrategias de combate de cada quien fueron acordes a sus fichas o a lo expuesto de los mismos.

    10/10

    Verosimilitud: Pese a narrarse una larga batalla, no distinguí ningún error verosímil. Te felicito por este apartado y te recomiendo, en síntesis, que observes lo que hiciste y lo repitas de la misma manera.

    10/10

    Trama: La historia del encargo tuvo el ritmo idóneo para interesar al lector y avanzar pasito a pasito hasta su culminación. Fue evidente la intención del escritor por convertir la misión en un relato detectivesco y de suspenso, tarea que cumplió con fortuna. La estrategia para atraer a la asesina fue la adecuada y la batalla fue un buen clímax para el encargo, previa a las explicaciones pertinentes. Ahora bien, si algo he de observar, es la escasez de “drawbacks” o giros de tuerca en la trama. La investigación del ninja novicio llevó al nudo de la historia sin ningún contratiempo más que el combate, es decir, que se privó al lector de disfrutar giros y contratiempos. Esto contribuyó a dibujar una misión un poco linealpensante, de tal manera que recomiendo, para la próxima, incorporar elementos sorpresa que tomen al lector desprevenido. Por ejemplo: desde que Akainuno dijo que atraparía al criminal así tuviera que fungir como carnada, adiviné el resto de la estructura de la misión. Imagínate que no hubiese funcionado, o te hubieras encontrado con alguien distinto, o cualquier otra cosa. El desenlace habría sido distinto e inesperado.

    9/10

    TOTAL: 241 Ryo’s y 3 PR.

    125 Ryo’s y 0,5 PP para Oto.

    125 Ryo’s para Arata.

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