+18 Original Fic M/F M/M ¡Son solo los Ruskiel!

Tema en 'Fanfics y Roles Furry/Yiff' iniciado por MaxW, 14 Ene 2018.

  1. Autor
    MaxW

    MaxW Сука блат, идинахуй

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    Bienvenido, querido lector.
    Un pequeño proyecto que inicié hace un año, que trabajo en mis tiempos libres, y que literalmente, lo publico para atarme en obligación de terminarlo. Corto, 8 capítulos, de los cuales 3 ya están por ser terminados.
    Espero tus ganas de leerlo sean tan grandes como mis ganas de terminarlo~ <3


    ADVERTENCIA: Además de contener contenido no apto para menores, los capitulos contienen:
    -Humor negro
    -Relaciones incestuosas
    -Representación política/judicial subjetiva
    -Violencia y gore
    -Referencias a y uso constante de drogas y alcohol

    Si no soportas este tipo de contenidos, este no es el sitio donde deberías de estar. Dicho esto, no me hago responsable de cualquier daño a la moral o alguna linea que pueda parecer insulto directo. Este escrito fue hecho con animos de entretener y romper un pequeño margen dentro de lo "politicamente correcto".

    Prólogo:
    Estimado lector, por ley no legal dentro de la literatura, me veo obligado a escribir estas palabras como prólogo, ya que esta historia no tiene un inicio claro, puesto que si nos ponemos a relatar su verdadero inicio, tendríamos que empezar desde la división celular de los hermanos Ruskiel.
    Que sirva de antemano, que dentro de esta historia, su servidor, mi persona, solo servirá como otro lector más; por su puesto, me veo obligado a relatar todo con detalles, por decreto de mi creación, Maxy, y mi propia hija, Gisell. Tambien he tenido que tragarme cada cosa que he encontrado en el diario de ambos; cosas que harían que cualquier padre pierda el respeto y sus esperanzas en sus hijos.
    Más aun, cuando hay fotografías adjuntas que ayudan a detallar todo lo sucedido.

    Atentamente, y con todo el pésame que Mary tendría al ver en lo que se convirtieron sus hijos
    Dima Ruskiel.



    Capítulo I: Introducciones

    ”El capítulo obligatorio en toda historia de foro para presentar sus personajes principales, para que los lectores sepan quienes son, e identificarlos por su forma de actuar, su nombre, su forma de pensar, el color con el que se identifican sus diálogos, su pasado, su presente, su futuro, su situación económica, su forma de vestir, su forma de hablar, el tono de su voz, el color de sus ojos, el aroma y la textura de su cabello, las marcas de nacimiento que descansan en su pelaje, lo trágico que fue su nacimiento, lo desesperante que era su vida y, pero no menos importante, el tratamiento que se le da al agua que estos toman”

    Maxy Ruskiel

    Buenos días, tardes, o noches, querido lector. Como sabrás de antemano, mi nombre es Maxy, hijo de Dima, tercero en la línea de respeto y orgullo de nuestra familia, siendo ligeramente superado por mi hermana, y aplastantemente, por la mascota de la familia, Krad, un Golden Retriever de 8 años de edad.

    Mis características físicas son similares a las de mi hermana, con ligeras variaciones. Caderas ligeramente anchas, de baja estatura, pelaje suave y abundante, de color grisáceo claro, cola larga y ligeramente esponjosa, de punta blanca, cabello largo en punta, suave y sedoso, con el flequillo tintado de color celeste para diferenciarme de mi hermana; mis ojos son de color púrpura, y tengo una marca blanca en la espalda del lado izquierdo, que se asemeja a la cicatriz de garras, que recorren desde mi hombro hasta la mitad de mi espalda, apenas notorio debido a mi pelaje.

    Mi padre y mi hermana siempre me han descrito como “demasiado inocente para este mundo”, demasiado cariñoso y muy emocional con respecto a cualquier situación. Por algo me han dicho “el corazón de los Ruskiel”, ya que he mantenido moralmente a raya a mi hermana y a mi padre.

    Según mi padre dice, al no poder tener la posibilidad de tener gemelos, contrató a los mejores científicos del país e hizo todo lo que fuese posible para llevar a cabo lo que planeaba. Y así nací yo, siendo un clon de mi madre, nacido al mismo momento en que mi “madre” dio su ultimo respiro para traer a mi hermana, antes de dormir por el resto de los tiempos.


    Gisell Ruskiel

    Seamos breves, ¿quieres? Probablemente ya lo ha dicho Maxy, pero mi nombre es Gisell, Gisell Ruskiel, hija de Dima Ruskiel y segunda en la prodigiosa línea de “el mejor lame bolas de Dima”. La cual lidera mi perro por obvias razones; él nunca le ha dado la espalda a mi padre, ni aunque hubiese hecho las estupideces más colosales en su desgraciada vida.

    Mis características físicas son las mismas que las de Maxy; él por ser clon de mi madre y yo por nacer muy similar a ella de forma física. Lo que nos diferencia es el color del flequillo, ya que él se lo tiñe del color de mis ojos; si, me lo tiño de púrpura, como sus ojos. La marca de nacimiento que él tiene en el lado izquierdo de su espalda lo tengo yo, en el lado opuesto.

    Según Dima y Maxy soy demasiado rebelde, despreocupada, fría, cruel, honesta, sin corazón, carente de empatía, y, lo que más me alaga, carente de moral. A la hora de las decisiones, siempre estoy en la cabeza de la familia, por ser no objetiva, sino por “eliminar cualquier obstáculo sin mirar atrás”. Muchos en el grupo de amistades de Dima me han dicho “coeur froid” por esa misma razón. La espada de los Ruskiel.

    Mi nacimiento trajo como consecuencia la perdida de mi propia madre debido a una enfermedad que es probable que también posea. La cual Dima no quiere soltar ningún detalle. “Para no asustarme”.

    Por si mi hermano olvidó un detalle, de nuevo, la especie de nuestra familia es Dusicyon Austrialis. No sé latín, así que no me preguntes qué diablos significa.


    Dima Ruskiel

    Privyet, mi nombre es Dima Ruskiel, dueño de Sabertooth Corp., la cual es dueña de 8 corporaciones más. Y, por si os preguntáis, mi vida es casi tan mala como mis hijos creen, ya que ellos me hacen la vida imposible. Desde la cruda realidad de Gisell hasta las lecciones morales y reprimendas de Maxy, apenas me queda tiempo para respirar; la semana pasada fue la décimo octava visita con mi psicólogo de confianza.

    Soy de cuerpo robusto, alto, con el pelaje gris oscuro. Tengo colores de color miel, y no tengo marcas distintivas en mi pelaje. A diferencia de mis hijos, tengo un corte de cabello correspondiente a mi género. Que Maxy y Gisell hayan decidido ser casi iguales no es mi problema (vamos, hasta ambos tienen vagina…).

    Mi familia es originaria de Rusia, pero debido a millones de inconvenientes, decidieron viajar a Estados Unidos.
    Moviendo sus contactos y a la suerte, lograron adueñarse de la mayoría de bancos en la zona noreste. Ya para cuando mis padres nacieron, Sabertooth Corp. ya se encontraba en crecimiento. Ahora soy el nuevo dueño de la corporación desde hace 18 años.

    Desde que Mary murió, todo ha sido muy pesimista. Mis hijos lograban sacarme una sonrisa de vez en cuando con alguna de sus tonterías, pero eso quedó en su infancia. Claro, a ellos no les importa en lo más mínimo lo que pienso de sus vidas.
    Es más, cuando intenté correr de la casa a Maxy y uno de sus “fuck friends” lo único que recibí fue un rotundo: “No me transmitas tu maldita abstinencia”.

    Al menos Gisell ha sido la única que demuestra un mínimo interés por lo que piense… en su forma de vestir… cuando va de fiesta... y no tiene a ninguna de sus amigas disponible…





    Capítulo II

    Capítulo III



     
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    Última edición: 15 Ene 2018
  2. Rin winter

    Rin winter Dales cariño aun que no te lo pidan n.n

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    peculiar forma de presentarse, esperare con ansias el capitulo 2 n.n
     
  3. Rex Rusky

    Rex Rusky I'm your Bowser now~ Moderador

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    Ñam...que cosas no? :3 me gusto la introduccion, espero puedas mencionarme para mas nwn
     
  4. Autor
    MaxW

    MaxW Сука блат, идинахуй

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    Aprovechando que recien termino el capitulo 3, avanzo el 5 y creo el 4, anunciaré el 2, que en realidad sería el 1 pero como me da pereza andar haciendo algo aun más elaborado, los nombré así (?).

    Alex the HuskyAlex the Husky Rin winterRin winter ya no esperen más! por ahora (?).



    Capitulo II: Un trío de baile con el duo dinámico

    “El primer capítulo que trata sobre la historia en sí, a pesar de que esta historia se caracteriza por carecer de sentido o de meta alguna”.


    –Dima Ruskiel–

    Oh, un maravilloso día de otoño, con el sol vespertino golpeando el césped del patio trasero de una mansión en una colina con la misma intensidad que un microondas en alguna parte del mundo calienta la comida de algún universitario sin dinero suficiente para poder comprar ingredientes y hacer su propia comida esa misma noche.
    Una mosca pasa volando por sobre el hermoso césped cortado a la perfección, luchando contra el viento para llegar a su destino final, un pastel de calabaza recién horneado, dejado en la ventana para que se enfriase lo suficiente y así poder ser comestible por los habitantes de aquella mansión.

    Mientras la mosca buscaba el lugar perfecto para posarse sobre el lugar perfecto y ser la primera en probar ese hermoso pastel; en un hotel de 5 estrellas, en New York, desde la habitación número 235, cuyas ventanas daban directamente a un sitio en construcción, se escuchaban los alaridos de una neurótica adolescente, que no tenía nada que ponerse ese día.

    – ¡No tengo nada que ponerme! — exclamó la joven zorra antártica, con dos blusas en mano y 15 más en el suelo.

    –Te preocupas mucho, Gisell, es solo una reunión con los socios de Dima— añadió el joven zorro antártico, ya vestido para la reunión. He de aclarar, que vestía unos jeans celeste junto a una camisa de manga larga color magenta, con una camisa lavanda debajo y una pañoleta púrpura atada al cuello.

    –¿Cuándo volverán a llamarme “padre”? ¿No saben lo irrespetuoso que es que te llamen por tu nombre y luego pregunten si son tus hijos? — pregunté a ambos por lo dicho por Maxy, atando mi corbata en su lugar mientras miraba a mi persona en el espejo. Ojeras se habían comenzado a formar debido al estrés y destellos plateados en mi cabello que ocasionaron que bajase mis orejas en señal de tristeza.

    –¿Después de que casi hechas a Maxy de la casa por divertirse y decirnos una y otra vez en nuestra cara que el perro se merece más la fortuna que guardas? — Auch—. Te volveremos a decir padre cuando la fosa de las Marianas deje de ser profunda.

    Y así culminó nuestra pequeña conversación, llena de amor paternal. Justo a tiempo, terminaba de arreglar mi corbata y Gisell ya había decidido qué usar para esa noche.
    Una simple camiseta de Rise Against junto a unos jeans oscuros y una chaqueta de cuero.

    Este será un día largo.


    –Maxy Ruskiel–

    En todo el trayecto no hubo nada interesante. Gisell conduciendo de forma alocada mientras escuchaba a una de sus bandas favoritas en la radio, Dima rezando para que llegásemos sanos y salvos, y mi persona en el asiento trasero, en mi teléfono, revisando las acciones de Sabertooth Corp.
    La expresión de mi padre fue espectacular cuando aparcamos frente al centro. Gisell frenó tan fuerte que mi padre casi queda como pegatina en el parabrisas, claro, mi teléfono salió disparado hacia la cabeza de Gisell y ella casi arranca el volante para golpearme.

    Llegamos al centro de convenciones con 5 minutos de retraso (a pesar de estar en lo que parecía una carrera callejera), en lo que se traduce a un total de 20 personas de las 200 que se suponía que debían de estar ahí para la inauguración del nuevo proyecto de Sabertooth. ¿Cómo sé tanto? Gisell es buena fisgoneando.

    Bajamos del auto (mi padre salió disparado al suelo, sin importarle en lo más minimo su traje, al parecer la velocidad no es para él). Me limité a caminar hacia el interior de la edificación sin preocuparnos por nuestro padre. Él puede levantarse solo.
    Una vez dentro saqué nuevamente mi teléfono (el cual hizo que Gisell quisiera ahorcarme nuevamente por haberla golpeado con el aparato justo en la cabeza, accidentalmente) para ver la hora, y ver cuánto faltaba para que la noche cayese por fin, y así llevarnos de vuelta a nuestros hogares.
    5:16pm. Mierda.

    Un leopardo se acercó a mi persona y a Gisell, preguntándonos la hora. Ninguno de los dos pudimos evitar soltar una sonrisa y responder al unísono “¿Tenemos cara de reloj?”. Eso no le gustó en lo más mínimo, pero no es nuestro problema preocuparnos por el bien de los demás.

    La barra de bebidas estaba llena de… cosas. Es difícil llamar a un vino de 12 dólares “Bebida de calidad”. Y lo digo porque es fácil reconocer una botella marcada con colores por todos lados para llamar la atención, literalmente restregándote en la cara ‘Soy el mejor de aquí, tómame’.
    Aunque, hablando de tomar. Gisell ya había saltado hacia la barra, como si hubiese estado en el desierto por 14 días y lo primero que viera al regresar es una piscina llena con hielos… o una copa de un buen vino francés.

    –No sabes lo que significa “beber con moderación”, ¿verdad? — comenté detrás de Gisell, quien tenía el hocico dentro de una copa, bebiendo como si no hubiese un mañana.

    –No me importa que conduzcas, Dima lo agradecería— respondió mi hermana, sirviéndose otra copa.

    –Dejaré que Dima conduzca esta noche— respondí, tomando una copa para darle un trago. Hace tiempo no tomaba vino, y me encantaba el sabor que dejaba en mi boca—. Además, parece que él no quiere romper sus 15 años de abstinencia.

    –Supongo que es momento de hacer una competencia, ¿no? — Negué con la cabeza, terminando mi copa y dejándola a un lado antes de volver mi mirada al centro del sitio, completamente lleno de gente—. ¡Vamos!

    –La última vez que hicimos una estuviste toda una semana quejándote de no querer ser mi esclava, como acordamos, y me repetías una y otra vez “¡Asqueroso tramposo!”

    –¡Prometo no ser as-¡— comentaba Gisell, siendo interrumpida por una nalgada de una persona que yo reconocí al instante. Pero ella, no.

    Tomé los brazos de mi hermana al instante e hice todo lo que fuese posible para detenerla de desollar en vida al lince que estaba frente nuestro. Alto, de pelaje gris oscuro (como el de Dima), ojos color miel, con unos anteojos guardados en la bolsa delantera (a nivel del pecho) de su traje, traje negro, corbata roja y camisa blanca. Gisell gritaba a todo pulmón, gruñendo como animal salvaje rabioso a punto de atacar—Los hermanos Ruskiel, ¿cómo los trata la noche?

    –Como de costumbre, Gerard— respondí, mientras ponía todo mi esfuerzo en mantener a Gisell en su sitio—. Veo que aun te gusta jugar con la muerte.

    –Con un trasero similar al de tu hermana, ¿cómo negarle una buena sesión de “juegos”? — dijo, haciendo que Gisell se enfureciese aún más. Juraría que escuché unos cuantos ladridos y gruñidos saliendo de su hocico.

    Me limité a reír entre dientes, aun deteniendo a Gisell. Después de lo que pareció una eternidad, mi hermana dejó de forcejear y volvió a la barra, a tomar otra copa de vino y tomársela de un solo trago. Alcohólica nació, alcohólica será.

    Revisé mi teléfono cuando mi hermana llevaba su séptima copa. 5:26pm. Solo habían pasado 10 minutos desde que llegamos.

    –¿SOLO HAN PASADO CUATRO PUTOS MINUTOS? — grité a todo pulmón, espantando a alrededor de 8 personas de mi alrededor. No me preocupé en disculparme por mis gritos, solo me retiré a la parte trasera de la edificación, a disfrutar al menos de lo que queda del día.
    Tal vez después suba al balcón a disfrutar del atardecer.


    5:40pm. Aproximadamente 110 personas, a 20 minutos de comenzar el evento. El atardecer se veía hermoso por sobre el mar de concreto, bordeando la ciudad de un hermoso naranja fuerte. Gisell se acercó a mi lado y se apoyó en la baranda, a diferencia mía, que estaba sentado en el suelo, mirando atentamente como el sol daba los últimos respiros antes de dormir y prepararse para el día siguiente.

    –Maxy… ¿te encuentras bien?— El tono de la voz de Gisell demostraba lo preocupaba que estaba. Suave, sin su característico orgullo o sarcasmo. Ella sabe cómo me comporto, y ella sabe que cuando deseo ver un atardecer, es porque algo pasa por mi cabeza.

    –Tranquila, solo estoy algo aburrido— Afirmé, pues era cierto, me estaba aburriendo de muerte en esta estúpida cena obligatoria… solo por ser uno de los futuros herederos de Sabertooth.

    Me levanté del suelo y me apoyé junto a Gisell, usando su hombro como una almohada. Ella no dijo nada y se limitó a ver el horizonte junto a mí.
    Sea cuanto sea que hayamos pasado ahí, cuando volvimos a la realidad, el evento ya había empezado. No me molesté en ver mi teléfono para comprobar la hora, además, no podía. En un instante, después de salir de nuestro espacio de relajación, Gerard estaba al lado de Gisell, sonriendo vacíamente. Si, esa clase de sonrisas que pones cuando no quieres que nadie pregunte qué te pasa.

    –¿Los hermanos siendo solo fraternales? Awww, esperaba verlos besándose— Al parecer, Gerard tenía algo entre manos… o solo quería molestarnos. Pero, si solo fuese por molestar, estaría al lado mío y no al lado de Gisell.

    –Estás al lado de Gisell, y no al lado mío… ¿Estás seguro de que quieres un momento de “diversión”? ¿En medio de un evento tan importante? — Comenté, lo que llamó la atención del lince. Claro, no me puedo quejar, o hacer para atrás ante esa oferta.

    El evento apenas había dado inicio, y el sonido de los parlantes apenas se escuchaba en el balcón. Puede que no sea un rascacielos, o un edificio, pero al menos era más alto a comparación de las construcciones frente a este.

    Gisell solo tomó un profundo respiro y sonrió; correspondí la sonrisa, y ambos suspiramos, dejando que el sol nos diera su cálido abrazo de despedida durante unos momentos más.



    6:20, el evento había pasado de la bienvenida y los agradecimientos a lo que de verdad significaba. No tengo ni la menor idea, pero ha de ser algo presentando las nuevas fusiones de Sabertooth.

    Gisell dio un paso atrás, golpeando su espalda con suavidad contra la pared de uno de los pasillos de la parte oeste del auditorio, donde nadie había estado en todo el evento (no había aroma característico de alguna especie, solo el de productos de limpieza). Gerard se limitó a sonreírle mientras sus pantalones caían al suelo, y me quedé de brazos cruzados, a un lado de ellos, completamente despojado de mis prendas y con media erección al aire.
    Gerard no perdió ni un solo segundo, y mientras besaba y lamía los senos de mi hermana, tomó mi semi-erecto pene, solo para hacer que me acercase.

    –No entiendo como pueden ser tan ardientes pero tan desinteresados por el mundo…— Comentó Gerard, más para si mismo que para nosotros, mientras Gisell y mi persona nos arrodillábamos frente al lince, tomando su pene entre ambos, dedicándole suaves besos a la punta… entre ambos.

    Gerard tenía su lengua fuera, y era él el que ahora estaba apoyado en la pared, jadeando, maldiciendo, mientras Gisell y yo nos manteníamos ocupados con su largo y grueso miembro.
    Tenía las orejas en constante movimiento, mientras intentaba juntar mi lengua con la de Gisell, aún. Mi padre empezó a decir unas cuantas cosas que se lograban escuchar hasta donde estábamos, algo sobre una nueva unión que traería una nueva imagen. No me importaba, la verdad, tenía algo mejor frente a mí.

    Después de estar dos minutos lamiendo la erección de Gerard, Gisell fue la primera que dio un paso más, y sin esperar más, metió toda la longitud del lince en su boca. –Eso Gisell, como la maestra que eres— Buen comentario, tiempo perfecto; reí durante unos instantes entre dientes, junto a Gerard, pero sin soltar jadeos o gemidos.

    Antes de que Gisell me diera un puñetazo, la abracé, frotando mi propia erección en su cintura, mientras llevaba una de mis manos a acariciar su propia entrepierna, que se encontraba más mojada que la punta de mi longitud.

    Aplausos, decenas de aplausos se abrieron paso por los pasillos mientras ayudaba a Gerard a mantener a Gisell en el aire, con las piernas abiertas; parece que mi padre sabe ganarse la atención de todos, menos sus hijos. Gerard no perdió ni un solo segundo e introdujo todo su miembro en mi hermana de una sola estocada, haciéndola soltar un gemido más fuerte de lo que me hubiese gustado. Gracias al destino, y al escritor, nadie cruzaba ni se acercaba a este sitio; puede que después de todo el evento es más interesante de lo que parecía.
    Eso o la hipocresía era abundante.

    Tan rápido como empecé a divagar, tan rápido Gerard tomó a mi hermana, sacando y enterrando su longitud en el relativamente pequeño cuerpo vulpino que la zorra tenía — Vamos, no seas tímido.

    La oferta de Gerard era tentadora, claro, él se aseguraba de mostrarme lo que no solo ya había visto decenas de veces, sino que también me encantaba, y era la única manera de hacer que mi hermana no desease matarme.
    No perdí ni un solo segundo, y, con ambas manos sobre la cintura de mi hermana, me dispuse a deslizarme dentro de ella. Lento, con calma, e intentando controlarme.

    Gisell parecía no tener ningún inconveniente con mi intervención. Es más, la escuché gemir entre sus jadeos por cada centímetro de mi longitud que entraba en ella. Gerard, por su parte, no se movía ni un solo milímetro; probablemente esperaba a que estuviese listo para continuar con sus asuntos.
    Mi nudo chocó con el ano de mi hermana, justo en el mismo segundo en el que la multitud empezaba a conversar entre sí. Si queríamos divertirnos y poder seguir haciéndolo…

    No pude terminar de pensar en las consecuencias, cuando sentí a Gisell apretar su entrada trasera lo suficientemente fuerte para hacerme estremecer. Supondré que fue porque el lince empezó a moverse, recuperando en un par de segundos el ritmo que tenía hace solo unos momentos. No me quedé atrás, y procuré no contenerme ni un solo momento. No quería ser opacado por Gerard en ningún momento.



    7:00 pm, Gerard y yo terminábamos de vestirnos y acomodar nuestros pelajes mientras Gisell jadeaba con fuerza, acostada sobre la alfombra carmesí. Probablemente esté satisfecha, lo que significa que esta semana estaré a salvo de sus insultos.

    Me acerqué a mi hermana. Mi aroma y el aroma de Gerard estaban más que presentes en ella, el pelaje de su entrepierna estaba humedecido por sus fluidos y los del lince, y de su ano y su vagina salía el peligroso liquido blancuzco que muchas chicas temen. Su rostro era una combinación entre cansancio y éxtasis.
    Hocico abierto, lengua de fuera, jadeando como si no pudiese tomar suficiente aire con cada respiro, rostro sonrojado, orejas caídas… completamente despeinada…

    –Gisell — Susurré mientras la movía, llamando su atención… o la poca que poseía en ese momento —. Vístete, el evento ya terminó.

    En un par de segundos, mi hermana ya tenía toda su ropa puesta, y en su lugar. Claro, la delataba su aroma, y eso sería un problema si pasábamos en medio de todas las personas que se encontraban en el sitio.

    A Gerard pareció importarle poco, y con una despedida un tanto rápida, y un beso en los labios a mi hermana y a mí. Nosotros solo nos quedamos ahí, abrazándonos y dedicándonos una muy amplia sonrisa, que sabíamos que el otro la tenía, a pesar de que nuestra atención estaba dirigida a la multitud.

    Tomé la muñeca de Gisell, llevándola a rastras lejos de la zona, antes que nos vieran parados ahí y nos preguntaran por nuestro aroma y por las manchas blancas en el suelo.


    Después de maniobrar entre un pequeño grupo de viejos en trajes recién comprados, una osa demasiado gorda como para entrar en un vestido de gala (y aun así se pavoneaba frente a todos como si fuese supermodelo) y un par de adolescentes cascarrabias (sin el encanto de Gisell), llegamos a la salida, donde estaba Dima y un pequeño grupo de lobos.
    Me sorprendía ver el estereotipo del fandom en un solo lugar, con un zorro ligeramente más pequeños que ellos; típica escena sexual. Luego recordé que este relato es absurdo, al igual que todo en la vida, y el fandom en sí.

    Nos acercamos lo suficiente a Dima para que pudiera olernos. Y lo hizo, con un pequeño inconveniente, los lobos también lo hicieron.
    Eran 6, dos de ellos se asquearon, 3 empezaron a mover la cola mientras intentaban mirarnos de forma asesina, y uno solo retrocedió, queriendo evitar algún inconveniente… o simplemente deseando salir de ese momento incómodo. Dima nos miró detenidamente, respirando pesadamente… muy pesadamente… parecía que si no se controlaba, nos degollaba en ese mismo instante.

    Nos limitamos a esbozar una sonrisa, una simple y llana sonrisa — Me pueden explicar… ¿Por qué ambos huelen a sexo? — A pesar de la rabia, Dima lograba controlarse. Sinceramente, me sorprende que a Dima aun le moleste lo que hagamos.

    –Dima, por favor, tenemos 22 años, Maxy es infértil y yo estoy bajo píldoras para castrarme químicamente. Agradece en lugar de enojarte por buscar algo de diversión, ¿quíeres? — Auch. Los lobos parecían ahora molestos con la actitud de Gisell… y tambien algo impresionados. No todos los días se ve a una mujer de 22 años que mide poco más de metro y medio enfrentarse a… el dueño de una corporación tan grande que mide casi dos metros.

    Le dejé las llaves del auto a Dima en el bolsillo inferior derecho de su saco y tomé su billetera. Gisell se encargó de detener un taxi y ambos no subimos en él. Mientras mi hermana le decía la dirección del apartamento al taxista (un canguro un poco pasado de pollo frito y hamburguesas) miré a Dima. Estaba cabizbajo, con las orejas casi pegadas a su cabeza. Me dolía verlo así, más de lo que debería.
    Digo, Dima me ha tenido menos respeto que a una puerta desde que descubrió mis divertidas “aventuras” con uno de sus ex secretarios en su cama. Pero… ¿en serio se merece ese trato?

    … Y otra vez, recuerdo por qué la mayoría me llama “La rosa de los Ruskiel”. Aunque, pensándolo bien, el escudo de mi familia es una espada en una cama de rosas. Supongo que lo puedo tomar como un halago.



    7:30 pm, dejé la billetera de Dima en su cama y me dirigí al baño, sin importarme que Gisell estuviese dándose una ducha. Claro, la muy zorra siempre se baña con la puerta y las cortinas abiertas cuando sabe que estamos solos.

    – ¿Sabes? No es nada amable dejar a una chica limpiar sola el desastre que dejaron en ella. No es de caballeros — Cola agitándose, tono de voz casi rozando con el de un gemido, mirada lasciva, típico de ella. Esta será una noche interesante, definitivamente.
     
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  5. Rex Rusky

    Rex Rusky I'm your Bowser now~ Moderador

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    Aqui hay muchas cosas peligrosas, una de ellas la zorra -w- y la otra :'c no tenerle respeto al viejo, el pobre no merece sufrir
     
  6. Autor
    MaxW

    MaxW Сука блат, идинахуй

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    Apurando paso porque me queda poco tiempo libre (?).
    El capitulo 4 y 5 están terminados, y el 6 está a la mitad, así que eso significa que puedo soltar la correa del capitulo 3 y dejarlo pasear por aquí.

    Alex the HuskyAlex the Husky Rin winterRin winter

    Capitulo III: Gélido secreto

    La parte donde la historia toma forma, preparándose para dar un giro drástico o jugar con la linea temporal y golpear al lector, a pesar de que el futuro próximo es deducible con un poco de reflexión y uso de la lógica.


    –Gisell Ruskiel–

    Los hermosos suburbios de California no se comparan en nada al gélido clima de Michigan. Esas ocasiones en las que hasta tus dientes deben de ir abrigados para evitar que se te congelase hasta el páncreas… Simplemente no pueden ser superadas.
    A excepción de la expresión de Maxy cuando se da cuenta que los pronósticos suelen mentir demasiado.

    –Pudiste haberme dicho que el día estaría más frio que tu corazón, ¿sabes? — Comentó el zorro antártico con un palpable enojo en su tono. Pobre de él, vestido solo con un suéter negro de lana, pantalones vaqueros blancos.

    –¿Dónde está la diversión en eso? — Pregunté, solo para enojar más a mi hermano mientras cambiaba de los bolsillos de mis pantalones vaqueros azules oscuros a las de mi chaqueta de cuero, moviendo mis orejas para evitar que el gorro molestase en su camino, dando pisotones en la nieve para que Maxy se enojase aún más—. Ahora, sé buen entretenimiento y sigue quejándote en lo que llegamos, no quiero aburrirme antes de lo debido.

    Y, sin perder la oportunidad de molestar más a mi hermano, tomé algo de nieve y, antes de que se diese cuenta de lo que estaba por pasar, se lo tiré en la cara. Observé como se quitaba la nieve de sus ojos y temblaba de frío durante unos minutos antes de salir corriendo hacia la universidad, siendo seguida por Maxy, quien siempre fue el más lento de los dos.

    Me encantan los días nevados. Y más aún, hoy es el día en el que “matan” a los que no pasaron sus carreras.



    En la entrada de la facultad, con Maxy jadeando a mis espaldas y mi persona solo moviendo su cola tal perra ansiosa por un mástil de carne masculina. Muchas personas, incluidas compañeros nuestros, yacían sentados en medio del jardín central del sitio, al lado de una congelada fuente (que en verano combina perfectamente con las flores). Entre ellos, se encontraba un viejo amigo nuestro, un venado de estatura media cuya cornamenta fácilmente podría atorarse en las puertas de algunas casas.
    No perdimos el tiempo, y nos acercamos al venado a paso lento (porque Maxy estaba casi delirando de cansancio y frío).

    El venado se levantó inmediatamente de su sitio, solo para tomar a Maxy y ayudarlo a acomodarse en la fuente para que descansara mientras lo abrazaba (para ayudarle a recuperar calor, nada homosexual, por ahora).

    –¿Haciendo correr de nuevo a tu hermano? Gisell, pude que ambos tengan la misma condición física, pero recuerda que tu hermano aún no se recupera — Respondió; Garret, complexión musculosa, ojos y pelaje de color café. Suéter de lana verde, más grueso que el de Maxy, pantalones lisos blancos, llevaba una bufanda blanca para hacer juego con el pantalón. No sé por qué tiene un suéter verde; teniendo tantos colores y escoge el color del vomito.

    –Sabes que no puedo desaprovechar ninguna oportunidad, ¿no? Vamos adentro, en la sala de conferencias hay calefacción, y como estás con los Ruskiel, no veo el problema de que estés dentro también — Solté, porque Maxy parecía morir lentamente de frío mientras Garret y yo conversábamos con completa comodidad y tranquilidad. Relativamente, ya que sentía que alguien nos observaba desde la distancia.



    La sala de conferencia estaba perfectamente equipada para albergar 13 personas (el total de presidentes), con una pantalla colgada en la pared más lejana de la mesa, vista perfecta al jardín principal del campus, aire acondicionado y calefacción para cuando fuese necesario, una máquina de café que siempre está llena (no porque el conserje haga un maravilloso trabajo, sino porque nadie toma café), y trece sillas perfectamente puestas alrededor de una mesa de madera ovalada, con cristal perfectamente pulido cubriendo la parte superior.
    Las puertas siempre se mantienen cerradas porque se sabe que cualquier alumno vendría y dañaría lo que está en este sitio solo para divertirse (como todo joven adulto).

    ¿Por qué Maxy y yo tenemos las llaves de este sitio que hasta la mayoría de docentes tienen restringida la entrada? Fácil, Dima fue el que remodeló la sala desde sus cimientos y financió la reconstrucción del jardín frontal y la mayor parte de los edificios, por dentro y por fuera, hace 4 años, para asegurar que “sus hijos estudien en la mejor universidad del estado”. Las llaves fueron una señal de agradecimiento de parte de la directiva.

    –¿Cuántas veces tendrás que presumir que tu padre hizo que te dieran las llaves de este lugar tan… privado? — Comentó el venado después de que terminé mi monólogo del por qué los pobres cualesquiera tienen que congelarse fuera de la sala de conferencias.

    –Gisell, sabes lo mucho que odio esa historia… en especial cuando lo dices como si fuese algo bueno — Comentó mi hermano, aun abrazado a Gerard, pero temblando menos que hace 5 minutos.

    En lugar de contestarles debidamente, me limité a tirarme al suelo alfombrado y rodar en este, como siempre lo hacía cada vez que entraba. Como si fuese una especie de ritual para mí.
    ¿Qué puedo decir? Adoro las alfombras.

    Miré a la puerta, subiéndole un poco más a la calefacción. La puerta era un espejo de un solo lado. Podíamos ver lo que había afuera, pero ellos no nos podían ver. Eso aseguraba privacidad ante los ojos de los pervertidos que se acercaban a espiar a las presidentas (quienes he de admitir, saben enseñar su cuerpo).

    Me quité mi chaqueta, dejándome en una camiseta morada, sin ningún logotipo ni nada por el estilo. Perfecto cuando quieres combinar bien las cosas. Gerard solo me miró de reojo y volvió a sus asuntos mentales, como preguntarse por qué Maxy estaba por dormirse en su regazo cuando los profesores recibirían a los alumnos en 40 minutos.

    –Maxy, no te duermas, aún hay cosas que hacer — Al parecer, mis palabras tuvieron efecto inmediato, ya que Maxy se despertó y se sentó, tallando sus ojos y estirando las piernas. Aun parecía temblar, pero al menos podía estar sentado sin tener estar apretando los dientes por miedo a cortarse la lengua.

    –¿No tienen alguna prenda extra? No quiero congelarme a morir — Volviendo a las quejas, Maxy Ruskiel, abrazándose a si mismo mientras, seguramente, se maldecía por hacerme caso. En su mente, su muy retorcida mente –. Vamos Gisell, sé que te encanta el calor y siempre traes un suéter extra bajo todo eso.

    Por un lado, me gustaba hacer sufrir a Maxy, es divertido verlo enojado y es fácil enojarlo. Odia que le haga este tipo de cosas. Por otro, es mi hermano, y es el único que me ayuda en cosas que mis ‘amigas’ deciden no meterse (como cuando Dima no sacó de la mansión e hizo que viviéramos en un apartamento de clase media).

    Con un pequeño suspiro, solo me quité la chaqueta superior y se la tiré en la cara —Póntela rápido, que no tenemos mucho tiempo antes que inicie la ceremonia de graduación.


    ………………


    La fila para las mesas era inmensa, más grande de lo que esperaba.
    Maxy aún seguía temblando del frío, como si mi gabardina no sirviese más que de adorno; si, admito que me pasé al mentirle, admito que no me arrepiento de hacerlo.

    Volviendo al presente. El alce, reno, venado, lo que sea… apenas y había logrado encontrar su espacio en la fila correspondiente a su carrera. En su lugar, Maxy y yo estábamos hablando tranquilamente con nuestro verdugo (conocido también como profesor).

    –Maxy, tu que eres el más cuerdo de todos los que tomaron Filosofía —comentó el profesor, cuyo acento británico hacía que mi hermano agitara su cola y dejase de quejarse del frío, pero a mí solo me ocasionaba una cefalea—, desgraciadamente, tu hermana es la que mejor calificación tiene.

    Eso logró robarse una sonrisa de mi rostro… derrotar a mi hermano en calificaciones, es genial. Claro, a Maxy no le importó en lo absoluto la noticia del profesor ya que estaba más concentrado en comérselo con la mirada que en saber sus calificaciones.
    De igual forma, ya sabe que no va a reprobar. Casi nunca lo hace.

    –Mi hermana es solo una competidora común y corriente —respondió el zorro, el estúpido y lujurioso zorro—. Las notas no dicen quién eres, sino lo bueno que eres doblegándote.

    Reí para mis adentros, dejando que mi sentimiento se expresara en una media sonrisa mientras ponía una mano sobre la espalda de Maxy— ¿Estás escuchando lo que dices? Estás admitiendo que eres una perra sumisa.

    El zorro de flequillo celeste se limitó a golpear mi hocico con la punta de su cola; no dolió, pero sirvió como señal suficiente para decirme que será mejor que calle. Supongo que sería lo mejor, puesto que esto terminaría en la oficina del director.
    Claro, a nadie le importaba lo que hacíamos ni lo que hiciéramos… y jamás lo harían.


    ………………


    –Maxy Ruskiel–


    Puertas cerradas, ropas en el suelo, cubriendo la alfombra debajo del escritorio. Gisell estaba al lado de la puerta, atenta por si alguien llamaba buscando por el profesor con un cigarro en su mano, probablemente sea marihuana. Por mi parte, estaba tendido en el escritorio de mi profesor, con las piernas abiertas. Mi profesor, señor Donovan, un husky siberiano, de complexión semi-musculosa, lo suficiente para que se marcaran unos cuantos músculos, yacía sobre mí, mirándome mientras jadeaba; el sonido de un húmedo golpeteo rompía el silencio que Gisell quería mantener desde que entramos.

    –Debería ser un crimen aprovecharse de los gustos de los demás, Ruskiel —susurró Mikael en mi oreja, mientras seguía empujando su cuerpo contra el mío, haciéndome sacar más gemidos que actriz porno.

    –No es mi culpa nacer con dos sexos — susurré de vuelta, cerrando mis piernas en la cintura del perro, justo antes de sentir su nudo canino forzar entrada en mi interior.

    Gruñidos salían del hocico del canino encima de mí, mientras su cuerpo se juntaba al mío. Pude sentir como cada gota de la esencia de Mikael entraba a mi cuerpo, y como una pequeña parte de esta se escurría por mis labios vaginales. El perro no se limitó a satisfacerse a si mismo y tomó mi pene, masturbándome por tan poco tiempo, pero haciéndome correrme más de lo que podría esperar, haciéndome manchar mi pecho y parte de mi pubis.


    Dos cajitas de toallas húmedas, y unas cuantas lamidas a mi segundo sexo por parte de Gisell después, estábamos ya vestidos, arreglados y listos para reanudar nuestras vidas. Gisell solo apagó su cigarro y lo dejó tirado en el maletín de un estudiante que se había quedado dormido al lado de la oficina del director de la escuela de Filosofía.

    –A veces no entiendo como ustedes dos eligieron esta carrera, sabiendo que deberían haber elegido alguna ingeniería. Teniendo negocios por atender —dijo el perro para romper el incomodo silencio, notando que empezaba a volver a temblar por el frio.

    –Ya tenemos personal para eso, y muy leales — respondí, sin mayor detalle, puesto que Gisell estaba a un lado mío, recordándome con su mirada que los negocios de nuestra familia podrían llevarnos a un largo rato dentro de la ratonera—. Es difícil encontrarlos, pero créame que buscando fuera de este mugriento país se encuentran esas joyas.

    –Deberían darle oportunidades a los ciudadanos, no solo traer personas del extranjero.

    –El dinero manda, Mikael — interrumpió Gisell, encendiendo otro cigarro mientras salíamos por la entrada delantera, viendo como miles de estudiantes sollozaban en silencio por sus futuros—. Alguien del exterior está más agradecido que una rata local. Hemos tenido problemas ya con ellos, que siempre encontraban una forma de robarnos sin que supiéramos.

    –Y como el dinero manda, hacerlos pagar es más barato de lo que parece — comenté, dejando atrás un muy perturbado profesor, que se limitaba a asimilar nuestras palabras, cifradas en un lenguaje sujeto a interpretación.


    ………………


    Fuera de los lares de la universidad, al lado de un local de música punk. Gisell me había detenido para ayudarla con un problema personal suyo. Como buen hermano, y gracias a mi felicidad post-orgasmo, decidí ayudarla.

    Entre lamidas y lamidas, e intentos por callar gemidos para evitar que nos descubrieran, Gisell sostenía mi cabeza entre sus piernas, acariciando sus no tan grandes pero nada pequeños senos, mientras yo me limitaba a saborear la razón por la que media universidad deseaba estar en la cama con ella. Hasta que, después de que ella se viniera en mi hocico, comentara algo que arruinó mi humor por completo.

    –Tenemos que volver al apartamento pronto, Maxy… Alguien nos ha estado siguiendo, un zorro rojo.

    Mi cara, la cual limpiaba de los jugos de mi hermana, eliminó instantáneamente el rubor de excitación que tenía, y se cambió a una cara de póker, sin emoción alguna, según Gisell. La tomé de la mano y empecé a caminar con velocidad moderada, casi trotando, mientras que Gisell se acomodaba sus pantalones en la marcha.

    No esperaba escuchar la noticia de un viejo fantasma al que no veía desde que inicie la carrera; no en uno de los días más tranquilos y alegres de mi vida.
     
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  7. Rex Rusky

    Rex Rusky I'm your Bowser now~ Moderador

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    Oooh 7w7 mas travesuras jeje. Ñam el zorro con dis sexos 7v7 me encanta!. Y bueno a ver que pasa con ese zorro rojo jaja

    Que buen cap.
     
  8. Autor
    MaxW

    MaxW Сука блат, идинахуй

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    En vista que me estoy quedando sin tiempo (inicio la universidad este lunes), y sé que no podré terminar los ocho capitulos, iré dejando los que logre terminar, y trabajaré en los que quedan por terminarse.
    Tengo al menos un solo consuelo, y es que al menos no me quedé a medias esta vez; mis ganas de terminarlo han sido más grandes que mi pereza.



    Capítulo IV: … como mi madre, Rusia


    ”A veces atesorar algo en tu corazón es más destructivo que el sentimiento de perderlo”


    Dima Ruskiel


    A veces no soporto ver a Maxy y Gisell, por sobre todo a Maxy. Ambos a la edad de 8 años ya eran rebeldes sin causa, siempre desobedeciendo hasta mi más sencilla orden. Fue mi error pensar que eran jueguitos de niños. Al menos sé que confiar la empresa en ellos es la mejor decisión en el mundo, ambos son más unidos de lo que yo alguna vez fui con mi hermano.

    A veces pienso que el mundo juega de formas que no todos pueden entender. Que no todos pueden incluso disfrutar. Desde la muerte de Mary, he intentado ser más alegre para enterrar el dolor que sentía, pero cada día que pasa, se me es difícil incluso mantener una sonrisa.

    La próxima graduación de Gisell y Maxy es algo que me encantaría celebrar, a pesar de que ellos ya tienen sus planes. No me mal entiendan, sé que saben que detesto la actitud de mis hijos, pero siguen siendo eso. Mis hijos.

    Cuando cumplieron los 17 años, empezaron a demostrarme que eran más que autosuficientes, que eran más que candidatos perfectos para manejar mi empresa. Los premié con un apartamento cerca de su universidad, uno generosamente grande. A pesar de haber ya echado una vez a Maxy de mi mansión por haber tenido sexo en mi dormitorio; y haberme confesado que no era el único lugar que “profanaba” dentro de mi casa. Pero, eso ayudó a que se volviera más fuerte de lo que mi hermano fue.

    Hace doce meses, inicios del 2012, le dispararon a mi hermano en su propia oficina, dentro del edificio que él había construido con dinero que le había prestado, y me devolvió no solo con intereses, sino con el 60% de los derechos del edificio y mi nombre en las escrituras.
    Me dolió saber que alguien tan importante en mi vida, tan querido por todos, y el único que me había apoyado, había sido asesinado y por su mejor amigo. A quien había puesto en su testamento.

    Fue la gota que hizo que Maxy y Gisell dirigiesen su mirada al caso.
    No había pruebas de que había sido él, no había pruebas de que Alister, amigo de mi hermano, participase en eso. No había cintas de video, habían sido borradas; no había arma homicida, parecía un ataque cardiaco -ilógico, ya que mi hermano, Kosna, tenía 38 años, y era más sano incluso que mi madre, actualmente con 102 años de edad-; divertidamente, no habían testigos, la secretaria de Kosna había sido despachada temprano por razones indefinidas, y aun no saben quien fue el que la despachó.


    Me serví una copa extra de Malbec, mientras contemplaba el atardecer bañando la ciudad; era extraño ver algo tan hermoso en una ciudad, pero es algo a lo que le encuentras la belleza si lo miras desde el lugar correcto. En este caso, desde el ultimo piso antes de la azotea de la torre cede de Ruskiel Enterprise.

    Mi oficina estaba estratégicamente puesta, para que el sol no me molestase, pero para no perderme de la belleza que se crea en estos momentos. Di un sorbo a mi copa, la 5ta de la tarde, y tomé mi teléfono, marcando a mi secretaria mientras me acomodaba en mi silla de cuero, diseñada especialmente para mi persona.

    –Marissa, ¿alguien está esperándome hoy o no hay nadie a quien atender hasta el dia de mañana?

    –Curioso que lo pregunte, señor Ruskiel. Justo acaba de venir el señor Medana.

    Sin esperar ni un solo segundo, grité maldiciones en el lenguaje que mis padres me enseñaron para evitar perder la costumbre, y que mis hijos aprendieron por las conversaciones que teníamos mi madre y yo. No me esperaba que Alister viniese hasta territorio enemigo, específicamente mi oficina, después de que le dijimos que ahora los Ruskiel no se tomarían la baja de uno de sus miembros a la ligera.


    5 minutos después, Alister pasaba por la puerta estilo francés de madera, que separaba mi oficina del pasillo al elevador, escoltado por 4 de mis más fieles guardaespaldas. Todos tenían listas sus carabinas para disparar al más mínimo movimiento de amenaza.

    –Te dijimos que no queríamos ver tu rostro nunca más en tu vida. Legalmente el edificio te pertenece, no tienes razones por las que acudir a mí — estaba listo para tomarme mi 6ta copa de vino, pero Alister se sentó con sus orejas temblando, estaba nervioso, muy nervioso, más de lo normal para un caballo.

    –Maxy y Gisell planean matarme — corto y rápido, directo, como Alister solía ser. Sus palabras me sacaron de mi pequeño mundo de nostalgia, y atrajo mi atención hacia él, en corta medida—. Escuché conversaciones, mis guardaespaldas han encontrado cartas dirigidas a—

    –En lo que a mi concierne, mataste a mi hermano; si tuviese la juventud de esos dos, también lo haría — tomé un sorbo de vino, y miré directamente a los ojos de Alister, los cuales estaban inundados de terror—. En lo que a mi concierne, los Ruskiel tenemos nuestras propias formas de lidiar con los problemas.

    –Pero…

    Interrumpí al caballo, azotando mi mano contra el escritorio de roble hecho a mano; la botella de vino cayó hacia la papelera y vació todo su contenido en ella. Ahora agradezco que la papelera no tuviese ningún documento, eso me hubiera causado muchos problemas— Creí haber sido claro cuando dije que tenemos nuestras formas de lidiar con nuestros problemas. Alister. Es nuestro momento de jugar como humanos, si tanto quieres comportarte como uno.

    El caballo ahora estaba sudando en frio, temblaba en su asiento como si fuese un cachorro recién nacido. Podía sentir como su miedo ahora llenaba la habitación. Le di permiso a los guardaespaldas de reírse y abrir la puerta para sacarlo de aquí, hasta que abrió la boca con palabras dulces para mis oídos.

    –5 millones por tus mejores guardaespaldas para protegerme por un mes entero.

    Mis guardaespaldas dejaron de reírse, y prestaron atención a lo que yo iba a responder. Solo tomé el ultimo sorbo de mi copa de vino. Era el precio más alto por el que solicitaban la protección de los Ruskiel—Veo que Kosna te contaba casi todo lo que hacíamos — respondí, lamiendo las ultimas gotas del borde de la copa antes de romperla—. 7 millones, porque estamos hablando de un traidor que viene a llorar por protección.

    –Hecho… — parece que la presión de mis hijos es más fuerte de lo que esperaba, en lugar de parecer derrotado, Alister parecía más calmado. De su saco sacó una chequera y escribió sobre ella. 8 millones, y la distinguida firma de los Medana. Escrita en Palmer casi perfecto.


    Mis guardaespaldas ya se habían llevado a Alister a la salida de las instalaciones, mientras yo reía como maniático. Llamé a mi tesorero para decirle que quiero reclamado el cheque lo más pronto posible, antes que Alister se pasara de listo y quisiera negar la existencia de dicho pedazo de papel.
    Tomé mi teléfono y me comuniqué con Marissa, intentando contener mi risa y sonrisa para sonar lo más profesional posible.

    –Marissa, comuníqueme pronto con Fitznerg.

    Dicho y hecho, en solo 2 minutos, Gerard estaba al teléfono, sonaba un poco cansado. No lo culpo, llamar desde Washington hasta Michigan a las 6 de la tarde en Washington puede molestar a más de uno.

    –Señor Ruskiel, puedo ayudarle en unas horas, apenas pude dormir 20 minutos — comentó el cansado lince a través de la línea, terminando con un sonoro bostezo.

    –Sé que Gisell te ha comentado sobre lo que planean hacer, y te ha pedido ayuda y tu le dijiste “lo pensaré”; y sé que van a matar a Alister Medana — silencio, solo pude escuchar la respiración agitada de Gerard—. Te propongo un trato, ¿te parece? Necesito que saques dardos sedantes, avisaré a mi guardaespaldas sobre el plan. Medana se acaba de marchar de mi oficina, 8 millones por protección hasta que la “amenaza juvenil Ruskiel” termine.

    –Le comentaré a Gisell que no tiene que dispararle a ninguno de los guardias con la cresta Ruskiel, llevaré los sedantes más débiles que tengo. Adviertale a los guardias que los hermanos Ruskiel no les hará daño, y que no disparen sus armas ante ellos. ¿Será gratis?

    –3 millones, más el precio de las armas, 3.25 millones. ¿Te parece? Sé que pedirías más, pero recuerda, que esto viene de parte del amable señor Medana.

    El lince se rió entre dientes durante un buen rato, hasta que con un suspiro logró calmarse. Yo no me había quedado atrás, también reía, ya tenía la firma de los Medana para cubrir toda evidencia, y mis hijos son más inteligentes que un asesino cualquiera–Es curioso como Medana quiso planear su propia muerte. Es muy amable de su parte dejarnos 8 millones para financiar su ataque, justo como mi madre decía “A veces el que menos esperas rogará por su muerte” — saqué una botella de agua del escritorio y me la tomé, refrescante —. A veces extraño Rusia, ahí las cosas son diferentes. Mi hermano siempre me comentaba de un mes de vacaciones en Rusia solo para nosotros dos.

    –Es momento de vengar la muerte de Kosna, alguien tan bondadoso no se merecía eso — escribí un cheque mientras comentaba sobre mi hermano, me despedí murmurando “gracias y buenas noches” y mandé a mi secretaria a mandar el cheque a Gerard.

    Solo era cuestión para que los Medana fuesen borrados del mapa.

    Esta no es Rusia, y mi hermano no entendió eso a tiempo, no todos llegan a ser amables como uno lo puede ser. Es algo que a mi me tocó aprender para reconstruir la empresa de la familia.
     
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  9. Rex Rusky

    Rex Rusky I'm your Bowser now~ Moderador

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    Que habiles planes, -w- pero los veo un poco sosos...7w7 aun asi maldaaaad
     
  10. Autor
    MaxW

    MaxW Сука блат, идинахуй

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    Tiempo se agota, gotta go faster (?).
    Recien salido del horno, cualquier error es justificable con "Lo siento, pero quiero terminarlo antes que la pereza me gane" (?).



    Capítulo V: Al menos es un inicio


    “Capítulo donde, después de mucho, se aclaran algunas cosas que en anteriores no se pudo, y que pone en evidencia, un desorden cronológico, jugando con elementos del surrealismo dentro de un universo ficticio realista”

    Maxy Ruskiel


    4 de agosto, 2009. Es divertido que un lunes hubiese terminado con algo más divertido que una fiesta de pre cumpleaños, es divertido que un lunes haya sido divertido. Pero por alguna razón, 18 años aun no me significan nada, siento como si aún tuviese 15 años.

    Gisell murmuró unas maldiciones en un lenguaje que solo había escuchado decir a mi padre y abuela y se estiró, casi golpeando mi rostro. Lo quité a tiempo antes de recibir un puñetazo directo al hocico.
    Pasar mucho tiempo con una zorra que no mide ni sus palabras ayuda a predecir sus estupideces.

    Me limité a abrazarla mientras pasaba mi hocico por su cuello, respirando su esencia mientras mis manos acariciaban sus caderas. El mismo suave pelaje que el mío, casi la misma figura. Es divertido como muchos nos confunden, por algo decidimos pintarnos el flequillo con el color de los ojos del otro.

    –Es muy temprano para volverá divertirse — dijo la zorra, al sentir como mi erección matutina pedía no salirse de su cálido abrazo genital.

    –Este día debe ser del disfrute de ambos, ¿no crees? — respondí, llevando una mano a su clítoris, solo para provocarla. Acariciando a los alrededores, lo suficientemente suave solo para estimularla.

    En ese momento, Gisell miró nuestro reloj de mesa; 7:53 am brillaba sobre la fecha, 08/04, eso solo hizo que Gisell se lanzase hacia mi y me dejara recostado, con ella comenzando a saltar sobre mi entrepierna, podía sentir como parte de mi semen de anoche se deslizaba hasta mis testículos, lo que me hizo relamer mis labios.

    Escuchamos a alguien tocar la puerta de nuestro departamento, pero no le dimos importancia, continuamos con lo nuestro. Justo cuando tomaba a Gisell y nos daba vuelta, dejándola a ella boca abajo contra las sabanas, y empezaba a embestirla sin piedad, abrieron la puerta. Era Gerard, quien, de la sorpresa de vernos a ambos en esta situación, se resbaló y cayó de espaldas al suelo, haciendo que me detuviese y que Gisell empezara a maldecir entre jadeos.

    –Gerard, creí haberte dicho que usaras las llaves para una emergencia —comenté, reanudando mis embestidas para alegría de Gisell. Gerard seguía en el suelo, pero con los ojos cubiertos y una muy evidente erección ahora atrapada en sus pantalones.

    —Lo siento, solo quería desearles un muy feliz cumpleaños —respondió un ahora muy ruborizado y atento lince, mirando cada movimiento que hacía que mi hermana empezase a gritar.

    No le dí importancia a las palabras de Gerard y continué con lo mío; Gisell decidió ahora sostenerse con sus brazos sobre la cama; aproveché para recostarme sobre su espalda y llevar mis manos de su cintura a sus pechos, acariciándolos y jugando con sus pezones, pellizcándolos al ritmo de mis embestidas.

    No pasó mucho tiempo para que Gisell volviese a estar con cara contra las sábanas, pero ahora con mi persona, completamente dentro de ella, dejando hasta la última gota de mi esencia dentro de ella, absolutamente todo lo que tenía para dar. Para antes de poder salirme de Gisell, sentí un fuerte tirón en mi cola y lo siguiente que supe fue que estaba en los hombros de Gerard, llevándome desnudo por el desolado pasillo del edificio.

    –Sabes que ya habíamos terminado, ¿no? Pudiste dejarme vestirme al menos — dije, intentando mantener mi cola lo más pegado a mi cuerpo posible y cubrir mis partes bajas.

    –¿Cuál es el problema si después de todo terminas sin ellas?

    Tenía sentido. En su mundo, pero no en este escrito. Igual, no podía hacer nada, el lince siempre ha sido más fuerte que yo, y mucho más alto.


    Dentro de su auto, empezaba a vestirme con un par de prendas que le pidió prestado a su hermano menor, no sé para qué ni me interesaba. Mientras abandonaba todos mis principios de siempre vestir con ropa de diseñador, Gisell entró al auto, con una chaqueta de cuero de Prada, una mini falda de Gucci, zapatos de Prada y unos legwarmers blancos y negros.

    –¿Te gusta? Lo compré todo ayer antes de que decidieras que era momento de “aparearse” — me dijo una muy egocéntrica zorra, mientras Gerard dejaba prendas que Gisell había escogido para mí, lo que me hizo soltar un gruñido al mismo momento que me quitaba las prendas del hermano de Gerard que me había puesto hasta entonces (unos pantalones de lona y una camiseta de botones azul pálido).

    —Te respondería como se debería, pero Gerard nos mataría si manchamos los asientos —comenté, lo suficientemente fuerte para Gerard moviera sus orejas hacia nosotros y nos gruñese.

    Miré las prendas que me había escogido Gisell, ella solo me dedicó una amplia sonrisa mientras las miraba. Eran las mismas que tenía, con una única diferencia; en lugar de una chaqueta de cuero, era un suéter de lana, con la espalda completamente descubierta.

    –Muy conveniente, ¿tienes algún fetiche con verme en estas prendas? — comenté, mientras me colocaba las bragas negras con las que venía el conjunto y las medias largas que Gisell sabía me encantaba usar.

    –A ti te encanta cuando cambiamos de ropa y nos hacemos pasar por el otro. ¿Recuerdas al capitán del equipo de fútbol americano de la secundaria? Ahora tiene novio — comentó Gisell, mientras me veía ajustándome la minifalda, lo suficientemente alto para acomodar mi cola bajo ella, justo como Gisell estaba.

    –Ni me lo recuerdes, el tipo solo tenía un pene grande, apenas y sabía moverse — contesté, colocándome el suéter y ajustando mi cabello, para que mi flequillo quedase cubierto junto al resto de mi cabello; Gisell hizo lo mismo y me dio un gancho para asegurarse de que el mechón quedaría completamente cubierto.

    –¿Quieren callarse? Es difícil conducir con tu propio amigo en medio del volante


    ………………………………………………………


    Gerard nos dejó bajarnos frente a un hotel; a decir verdad, el único que mi padre ha abierto en Michigan hasta la fecha. Se sintió extraño, entrar y ver a todos los socios de la corporación fijar sus miradas en nosotros.

    Dos zorros, hijos de una de las personas más poderosas de la nación, alto, y extremada fuerte; dos zorros, pequeños, superando el metro y medio por apenas dos decenas de centímetros. Vestidos de la misma forma, caminando de la misma forma, con las únicas diferencias visible en sus ojos, sus cabellos -oculta en realidad- y en sus espaldas -cambien ocultas-.

    Gerard actuaba como si fuese nuestro mayordomo, a pesar de ser el socio con más fuerza dentro de la corporación. Se limitó a llevarnos a nuestra habitación mientras periodistas intentaban tomar fotos de nosotros.

    —¿Les importaría quitar el flash? Su trabajo es tomar fotos, no causarle un derrame cerebral o ataque epiléptico al fotografiado — algunos de los periodistas estaban dispuestos a ignorarme, hasta que vieron que Gerard metió una de sus manos a su saco. Los paparazis hubiesen tentado su suerte a ignorarnos; pero estos eran periodistas, sabían de los rumores que corrían sobre nuestra familia. Decidieron hacer caso a mis palabras y todos empezaron a tomar fotos con la iluminación del sitio, que no era tan mala—Gracias.



    Ya en la habitación del hotel, solo me tiré a la cama para tomar un respiro mientras Gerard cerraba la puerta con seguro, para evitar que alguien forzara la entrada. Gisell solo se recostó en la pared y sacó un cigarro; probablemente Gerard se lo dio mientras yo me cambiaba en el auto.

    —¿Por qué tantos periodistas? Creía que era una fiesta reservada — comenté, para romper un silencio que iba a ser roto solo momentáneamente por el encendedor de mi hermana.

    –Es por el regalo de cumpleaños que les tiene el señor Ruskiel — me respondió inmediatamente el lince. Intentando mantener profesionalismo.

    –Primero, creo que el profesionalismo queda de más, en especial cuando te has acostado con ambos hijos de tu empleador. Segundo, ¿qué nos dará para armar tanto revuelo periodístico? — dijo Gisell, escupiendo además de palabras, el humo de su cigarro; probablemente sea marihuana.

    Tomé una botella de vodka del refrigerador de la habitación, uno muy pequeño. Por alguna razón, estaba lleno de todo tipo de licores, todos específicamente para mi hermana y para mí -puesto que Dima toma wisky más que vodka y champagne-. No esperé mucho antes de darle un muy, muy largo trago y ofrecerle a Gerard un poco, con la garganta levemente resentida ante mi sed.

    –Probablemente quieran dejar sus mierdas de lado y arreglarse bien para la rueda de prensa. Su sorpresa será milenaria, y se los aseguro.

    Gisell solo suspiró al ver el reloj y tiró su cigarro al retrete, tomando a Gerard de su corbata y llevándoselo al baño —. Necesito quitarme el olor de está tontería, y Maxy está seco por el momento. Espero te hayas guardado, porque sé que tu esposa no te quiere tocar mientras están en su proceso de divorcio.



    …………………………………………



    11:50 am, la prensa y todos los invitados estaban sentado frente a una tarima en la que estábamos mi padre, mi hermana y mi persona; los tres intentando soportar las luces que provenían de las cámaras de los periodistas.

    Tomé mi teléfono y lo acerqué a uno de los parlantes, haciendo que no solo todo el mundo dejase de tomar fotos por el sonido a estática, sino que tambien prestasen atención. Había visto la cara de mi padre, y estaba conteniéndose más de lo que había hecho en años, solo para no gritar y callar a todos con un par de palabras mal sonantes, y posiblemente racistas.

    –Gracias Maxy; muy bien. Sean todos bienvenidos a la fiesta de cumpleaños de mis hijos; los futuros herederos de las empresas Ruskiel — los periodistas estaban empezando a anotar, mientras los asociados invitados apagaban los teléfonos. Admito que mi hermana y yo estábamos intrigados, no todos los días escuchas a tu padre elogiarte sin meter humor de por medio, diciéndonos “la desgracia de la familia” o “las prostitutas de las rosas”—. Mis hijos, hace mucho tiempo han estado molestándome, pidiéndome formar parte de la empresa familiar. Así, desde este momento, Maxy y Gisell Ruskiel serán poseedores inmediatos del 60% de las acciones de la empresa, repartidos entre ambos equitativamente.

    Las voces empezaron a alzarse, los periodistas empezaban a tomar fotos y gritar preguntas, mientras que los socios de la compañía murmuraban entre ellos, unos con caras de desprecio y otros con sonrisas de oreja a oreja.

    —Bueno… hablo por mi hermana también… — logré dirigir todas las miradas del sitio hasta mi persona, excepto las de Dima, el esperaba una respuesta—… no nos esperábamos este detalle, apreciamos mucho, de verdad, mucho lo que está haciendo. Sé que ambos no hemos sido los hijos ejemplo que él fue, que a sus 18 años ya había puesto la pequeña empresa de la familia en el mapa, y a los 24 estaba haciendo firmas con fabricas al borde de la banca rota en diversas partes del mundo… Pero, ambos hemos intentado no darle más problemas de lo que tiene… Sinceramente, apreciamos mucho este gran detalle que nuestro padre ha hecho por nosotros, a pesar del gran dolor que hemos sido para él a lo largo de nuestra vida.

    Todos los periodistas parecieron derretirse ante mis palabras, tomaban fotos, volvían a gritar preguntas y buscaban captar las palabras de mi hermana también, quien estaba asimilando todo lo que estaba pasando.



    En el bufet, en el cual solo habían unos pocos periodistas, probablemente de periódicos que habían logrado hacerse con entradas especiales, todo el mundo caminaba libremente, conversando entre ellos. Pocos socios se habían acercado a mi hermana y a mí a saludarnos y felicitarnos, claro, nunca mencionaban nuestros nombres por miedo a confundirse, solo nos ofrecían sus patas, cascos, manos, etc., y decían que era una “sorpresa” tener ahora a toda una generación dentro de la compañía, y que “los hermanos Ruskiel” podrían llevar todo a una época dorada.

    No voy a mentir, mi hermana y yo estábamos muy felices. Aunque Gisell no parecía estar completamente segura de todo lo que estaba escuchando, se encontraba muy distante de todo lo que ocurría a su alrededor.

    –Algo no está encajando en todo esto, Dima no es tan amable para echarnos de su casa, y luego darnos el 60% de la compañía que tanto le ha costado.

    –Relajate por un momento, tal vez nuestro padre se ha arrepentido de todo lo que nos ha hecho y lo ha hecho como especie de disculpa — le dije a la ahora aun más confundida zorra, posando junto a ella para un par de periodistas, los cuales nos habían pedido un par de fotos para la noticia inesperada del día.

    –Si hay algo que aprendí de Dima, es que su palabra viene con letra pequeña.

    En lo que Gisell terminaba su oración, vi a Dima caminar junto a un par de leopardos; probablemente socios de él. Tomé a Gisell y me acerqué a él, y puedo decir que notó nuestra presencia desde antes, porque los leopardos ya estaban en camino a sus propios asuntos.

    –¿Qué es lo que quieren ustedes dos? — fueron las palabras de Dima antes que tomase una copa, del a mesa; alargada, con un líquido casi transparente, probablemente champagne.

    Gisell levantó sus orejas en alerta ante esas palabras, y no la culpo, a mi me hizo retroceder un poco—Solo queríamos saber, ¿por qué de la nada nos diste el 60% de la empresa?

    Dima solo soltó una sonora carcajada, pero no lo suficientemente fuerte para llamar la atención de los demás; eso o a los demás no les importaba lo que estaba pasando—. ¿En serio creyeron que les dejaría así de la nada la mayor parte de mi empresa? — Dima se tomó la copa de un solo trago, tomando otra y tirando la que tenía en manos a quien sepa donde—. Solo les daré la mitad del dinero equivalente a esa parte por mes, que vendría siendo 50k cada uno. Solo necesitaba algo lindo para la prensa, y tú me ayudaste a transformarlo en noticia, muchas gracias Maxy.

    Gisell estaba sacando su cigarro, signo de que estaba tensa, y con ganas de golpear a alguien lo más pronto posible, yo solo miraba a mi padre con unas intensas ganas de lanzarle un puñetazo en la cara; él estaba consciente de ello, pero sabía que no podíamos. Él tenía más guardaespaldas que nosotros.

    –Gisell es la única que suponía esto, lo sé porque tu sueles llevarte demasiado por las emociones, Maxy — segunda copa de champagne—. Si quieren de verdad, ganarse un puesto dentro de la empresa, tienen que hacer cosas que todos los Ruskiel hemos hecho para ella.

    Dima miró a todas partes y llamó a uno de sus mayordomos, que no solo nos guió a una habitación custodiada por guardias de la compañía, sino que nos otorgó un plato a cada uno; bistec a la barbacoa, acompañado de Riosotto y de bebida, uno de los vinos favoritos de mi padre, un Pinot Noir argentino.

    Nos sentamos a comer en el pequeño comedor que traía la suite, con Dima devorando todo con hambre, mientras mi hermana y yo intentábamos mantener la compostura—. Primero de todo, tienen que asistir a la universidad, y sacar un título universitario; no me importa cual sea, no me importa cómo y donde lo hagan, pero todos los de la familia tienen uno —bocado, trago de vino, otro bocado—. Una vez hecho, los vigilaré de cerca, tengo mis métodos. Tienen que demostrar que bien le pueden hacer a la compañía; también tendrán que demostrar sus habilidades para evadir cualquier asunto legal; falsificando pruebas, sobornando al jurado o al juez, lo que sea —bocado, trago de vino, bocado—. También tendrán que asistir a todas las conferencias y reuniones que se hagan —el plato del zorro mayor ya estaba completamente vacío, mientras que el nuestro aun tenían restos de comida en él, que no estaban siendo tocados—. También tienen que demostrar que tienen la capacidad necesaria de desaparecer a cualquiera que meta las narices en los asuntos de la familia. Sea mirando archivos secretos, escuchando conversaciones en las oficinas, o incluso revisando el teléfono de uno de los empleados o los suyos, como sea. ¿Quieren tener la empresa? Demuéstrenme que se la merecen.

    Dicho eso, Dima solo salió por la puerta, atendiendo una llamada que su secretaria recién puso a contacto, probablemente porque le habían dicho que estaba en una reunión privada con sus hijos.

    Gisell y yo estábamos sentados. Intentando procesar todo lo que había pasado. ¿En serio debíamos hacer todo eso para ser considerados “merecedores” del legado de la familia?

    –No sé tu Maxy, pero siento que tendremos esto más fácil de lo que él lo tuvo —comentó Gisell, mirando su teléfono solo para sacarse la curiosidad de saber la hora— Kosna hasta hace poco vino de Rusia y esta vez no de paseo. Y que yo sepa, nuestros abuelos dejaron en ruina todo.

    Estaba por responder a las palabras de Gisell cuando me llegó una llamada a mi teléfono, y cuando revisé, por un momento sonreí. Era mi novio, quien no había querido venir a Michigan con mi hermana y conmigo porque decía tener trabajo en donde estaba. Un lindo zorro rojo, que me había encontrado caminando en un centro comercial junto a mi hermana hace poco más de un año.

    Contesté casi de inmediato, agitando mi cola de lado a lado—¿Maxy?

    –¡Lat! ¿Y eso que llamas hasta ahorita? Han pasado casi 5 meses desde que llamaste y no contestabas el teléfono, ¿estás bien?

    –Max, yo… Necesito… —podía escuchar leves jadeos al otro lado, jadeos que reconocía como no propios de mi zorro… del zorro—. Creo que deberíamos de tomarnos un tiempo y… —

    Antes de que pudiese responder, escuché una voz, decir una de las palabras que el zorro me había dicho antes, y siempre decían que era de corazón—¿Con quién estás hablando amor?

    No lo soporté más, simplemente agarré con fuerza mi teléfono y lo estrellé contra la pared; miles de pedacitos de plástico volaban por todas partes, y el cristal de la pantalla rebotó tan fuerte que terminó encima de uno de los platos, específicamente, el de Gisell, quien estaba mirándome, encendiendo nuevamente su cigarro.

    –Me parece hipócrita enojarte, después de todo, andas acostándote no solo con tu propia hermana.

    –Habíamos quedado en ser abiertos a eso, él ya sabía que me acostaba contigo y con mi “mayordomo”, pero si en algo, a diferencia de él, no mentí, es que yo si lo amaba. ¡Sabía que las razones por las que se quedó en Minnesota no era su maldito trabajo! — me senté junto a mi hermana, la cual me abrazó inmediatamente; me sentía traicionado y dolido. Sospechaba desde que nos conocimos que tenía novio, pero nunca le presté atención; quise hacerme el ciego, cuando sabía que los cocodrilos estaban en el río— ¿Por qué?…

    En ese momento, Kosna había entrado a la habitación con un regalo en cada mano. Al verme sollozando, decidió salir, hasta que Gisell le hizo un ademán para que pasase.

    –¿Qué te pasó querido?

    Cuando escuché esas palabras, lo miré inmediatamente con ojos llorosos. Un zorro antártico de pelaje naranja, justo como el de mi abuela; ojos color rosa, no naturales, podía apreciar la silueta de sus lentes de contacto. No aguanté ni un segundo más y me abalancé hacia él, para propinarle un muy fuerte abrazo. No me importó haber tirado sus regalos al suelo; solo necesitaba abrazar a las personas que más quería.

    –Tío, por favor, prométeme que no te vas a ir nunca — susurré en el pecho de Kosna, para ser un zorro, tenía casi la misma estatura que mi padre. Lo que me hacía tener que levantar la mirada para verlo a los ojos.

    –¿A dónde tendría que ir? Dejé todo en casa para jamás volver; tranquilo Maxy, estaré a tu lado, a su lado… sé que Dima no ha sido el mejor, pero yo intentaré enmendar sus errores.

    Gisell solo apagó su cigarro y revisó su PDA antes de unirse al abrazo.














    El Capítulo VI lo publicaré en unas horas, en lo que termino el VII
    En vista de que no traje la atención suficiente para hacer un pequeño concurso para ver quien lograba ordenar la historia cronologicamente, aquí está el orden en que la historia debe de leerse para tener algo de sentido:

    Da svidanya!
     
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    Última edición: 28 Mar 2018
  11. Autor
    MaxW

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    Capítulo VI: Venganza Carmesí


    “A pesar de todo, la venganza siempre llegará tarde o temprano; en forma de ángeles negro, o justicieros enmascarados. Una muerte nunca será ignorada, y ninguna vida perdonada.”

    –Gisell Ruskiel–

    8:00 pm, la luna tenía una tonalidad rojiza. La famosa luna de sangre… ¿Así se veía? ¿O era mi imaginación, anticipándome a los hechos que ocurrirían esta misma noche?
    Maxy simplemente tomó un fuerte suspiro, ajustando su traje de poliéster negro, marcando su afeminada figura. Yo hice lo mismo, intentando ocultar mis pechos e intentando no temer a que el traje se rompiese del esfuerzo extra en la parte del pecho; ambos luchando con los guantes que parecían hechos con una especie de lubricante.

    –¿Seguro que estas cosas no se van a romper? — susurré, cerca de la oreja de mi hermano, aunque este mismo pareciese un robot, listo para entrar en acción y ejecutar su orden predeterminada.

    –Tranquila, hermana. Me aseguré de que sean tela similar a la de los trajes de gimnasia — respondió el zorro; pocos segundos después, ajustó su cinturón y le colocó silenciador a su pistola mientras contaba los cartuchos con los que deberíamos sobrevivir dentro del edificio.
    6 cartuchos. 3 de pistola, dos de sedantes, y 3 para su rifle, dos de sedantes

    Tomé mi escopeta y 12 cartuchos, 6 de sedantes, del maletín en el baúl del auto de mi padre… nuestro padre. Rifle liviano, lo suficientemente corto para ser catalogado como una carabina, y mantenerse en lo legal.
    Revisé que cada uno de los cartuchos fuesen los mismos que Gerard me había entregado hace dos noches. —Maxy, revisa los cartuchos, no vayas a cometer una estupidez — coloqué mis armas en mi espalda y en mi cinturón, junto a unas cuantas granadas de humo y cegadoras.

    –Meh, no soy tan idiota como para confundir los cartuchos y terminar matando a alguien — fueron las palabras de mi hermano, mientras terminaba de acomodar sus granadas y cargaba su pistola y acomodaba su rifle —. De lo único que deberías preocuparte es de no ser vista. En especial en ese traje, que el mío ya está empezando a sentirse ajustado — añadió, diciendo eso último en un susurro aún más bajo, como si estuviese avergonzado de admirar de esa forma mi figura. Y de mi clara ventaja; a mí no se me nota si me gusta ver a mi hermano en ese traje tan ajustado o no.

    Solté una risilla ante sus palabras antes de colocarme la máscara que hacía juego con el traje. Dejaba nuestro cabello al descubierto, evidenciando quien era quien por el color del flequillo. Los ojos los teníamos cubiertos por una débil malla, que nos permitía ver pero que ocultaba todo al resto del mundo.

    Maxy no dijo nada más al colocarse la máscara y ambos tomamos nuestras armas, acercándonos a la entrada principal del gran edificio en el que estábamos, asegurándonos de que el auto estuviese perfectamente camuflado.
    Ya en la puerta principal, mi hermano sacó unas pinzas, preparándose para forzar la cerradura de las puertas. Yo simplemente coloqué mi mano izquierda en el gatillo, haciendo guardia a las espaldas del lento este.

    Pasaron unos pocos segundos, cuando Maxy volvió a desenfundar su pistola y abrió la puerta. La manilla de esta estaba rota, giraba por doquier; poco importaba, dudo que alguien se ponga a investigar la muerte de alguien tan despreciable.
    Y dudo que a alguien le importe.

    Miramos a cada lado, cada esquina, confiando en nuestras visiones nocturnas (vivan los cánidos) y nuestros olfatos. Al parecer, no había nadie en la recepción; una invitación a usar el elevador.
    –Tentador, no deberíamos. Pero no quiero subir 50 pisos hasta la oficina de Medana — dicho eso, presionó el botón del piso número 50. El elevador solo se abrió después de unos cuantos segundos. Vacío. Tomamos una profunda respiración y entramos.





    Maxy y yo destruimos las luces del elevador para ocultarnos en la oscuridad y que el guardia no pudiese notarnos. Aunque, estábamos en la parte exterior del elevador desde el piso 48.

    Solo pasaron unos cuantos segundos para que el elevador se detuviese, abriese sus puertas y apareciese en él un guardia; aparentemente, un humano (sus manos no tenían pelaje).
    Maxy no tardó en saltar justo como lo planeado, desgraciadamente no fue tan silencioso como esperábamos; el guardia logró darse vuelta y buscar con la vista a Maxy. Por suerte, el traje lo camuflaba perfectamente con la oscuridad de la noche.

    Mi hermano se levantó y apuntó a la cabeza del humano, y antes de que este pudiese tomar su radio y alertar a los demás guardias, tiró del gatillo…
    La sangre no tardó en aparecer en pequeñas pero numerosas gotas, oscuras por la falta de luz. Salpicando tanto el elevador como a Maxy. El cuerpo de guardia cayó de espaldas; sus ojos, iluminados por la luz de la luna, yacían inmóviles, fijos hacia el techo, con los restos del miedo que llegó a sentir en el último segundo de su vida; azules, piel suave y blanca, con un muy claro agujero en su frente, por donde había pasado la bala, probablemente esta también perforó su cerebro hasta alojarse en donde ahora descansa en paz después de liberar su fuerza mortal.
    Un tiro limpio, puntería perfecta.
    El error que cometió.
    El error que se le advirtió.





    ………………………………………………………



    –Maxy Ruskiel–



    –¿No crees que es demasiado temprano? Es domingo, ¿por qué carajos debemos de estar aquí, a esta hora, en un maldito domingo? — comenté, con toda la dulzura que sentía en esos momentos, a esa hora.

    Las nubes apenas y se habían separado entre ellas para dar paso a unos cuantos rayos de sol. El fresco de la mañana atacaba el pelaje y cabello de mi persona y mi hermana, quien tenía un café Starbucks entre patas.
    Americano, para ser exactos… olía a orina, de eso estoy muy seguro.

    Gerard soltó un suspiro, mientras Gisell bostezaba y yo revisaba mi teléfono en búsqueda de algún mensaje nuevo o algo en lo que entretenerme y despertar… 5:30am.
    Estar despierto tan temprano debería ser un crimen.

    –Los traje aquí porque se lo que están planeando… Y los quiero ayudar — dicho eso, Gisell escupió su café, intentando creerse lo que acaba de escuchar. Yo me limité a cruzar mis brazos, mirando al lince incrédulamente.

    –¿De que forma planeas hacerlo?

    –Usarán balas reales, y dudo que quieran ensuciarse las manos con más muertes de las que ya tienen. ¿Me equivoco? — negué, claro que no se equivocaba. Ni a Gisell ni a mi nos gusta tener que lidiar con los cadáveres … en especial cuando el edificio es propiedad de alguien a quien apreciábamos demasiado —. Hace poco me llegó un cargamento especial de nuevas balas, hechas para aturdir e inmovilizar, completamente inofensivas —

    –¿Cómo rayos funcionan? ¿Son electicas o qué? — cambié de posición, me recosté en mi motocicleta y relajé un poco mis brazos mientras Gisell miraba a los alrededores, aun tomando su café. Está claro que a ella no le interesa mucho lo que tiene que decir el lince… No después de todo lo que le hace.

    Gerard se retiró a su auto y abrió su maletero, sacando un maletín de metal de este. Gisell y yo nos acercamos para ver de qué se trataba, la curiosidad puede contra la indiferencia —Estas son las balas que me llegaron. Les daré cartuchos para las armas que posean… escopeta, carabina, rifle, lo que sea.

    El lince abrió el maletín, haciéndose a un lado para dejarnos ver el interior de este. Cuatro cartuchos y tres balas de escopeta; dentro del maletero descansaban una pistola de nueve milímetros y una escopeta recortada.
    No tardó ni un segundo, el lince tomó uno de los cartuchos y una de las balas, ambos parecían ser reales, con la diferencia de que la punta de la bala en los cartuchos era roja y la munición de escopeta era carmesí.

    –Con esto no tendrán necesidad de gastar balas reales. Ni de derramar sangre.






    …………………………………………



    –Gisell Ruskiel–



    Bajé por la trampilla de emergencia del elevador, con cuidado de no hacer mucho ruido, y al estar al lado de mi hermano, quien se encontraba aturdido de lo que acababa de cometer, quité el arma de sus manos; Maxy reaccionó y se llevó sus manos a su cabello mientras yo descargaba el arma y cambiaba el cartucho, asegurándome de que la punta de las balas sea roja, no gris.

    –¿Cómo…? ¿Cómo pude haberme confundido? ¿Cómo pude equivocarme en algo tan simple? — susurraba el zorro, acomodándose el cabello e intentando asimilar todo mientras dejaba su arma en su cinturón.

    –Lamentos después, trabajo ahora, ¡y agradece que no es uno de los nuestros al menos! — respondí a las preguntas de Maxy, tomando el cadáver del guardia por los pies y arrastrándolo hacia el elevador, mientras mi hermano se arrodillaba al lado del cuerpo solo para cerrarle los ojos.

    –Mi más sentido pésame, inocente… víctima de mis errores — susurró por última vez antes de retirarnos del sitio, preparándonos para lo que seguía adelante.

    A la vuelta de una de las esquinas del pasillo, justo donde daba con un ventanal, se encontraban cuatro guardias custodiando; una pantera, un oso, un lobo y un guepardo. Al parecer, Alister ya estaba más que preparado para lo que venía.
    Sabía que los Ruskiel vengan la sangre derramada de su familia.

    Maxy no tardó ni un solo segundo y tiró una granada cegadora al aire. Los guardias no la lograron ver a tiempo, se distrajeron con la silueta de mi hermano que no se dieron cuenta de la granada.
    El zorro se tiró al suelo y cubrió su rostro y yo me oculté en la esquina, quitando mi vista del pasillo justo antes de que la granada estallara. Escuchaba los gruñidos de los guardias y el golpeteo de las armas cayéndose al suelo.
    No perdimos tiempo y salimos lo más rápido que pudimos, golpeando a los guardias en la parte posterior del cuello y en la sien para evitar que fuesen una molesta sin liquidarlos. Fácil y sencillo.





    Las puertas de la oficina de mi tío eran más grandes de lo que recordaba. Y había más guardias de lo que planeábamos. Siete guardias en total, con rifles de asalto silenciados y miras nocturnas.
    Intercambié mirada con Maxy mientras el preparaba sus granadas y yo mi rifle. Afortunadamente, el sofá en el que nos ocultábamos era lo suficientemente grande para ocultarnos.

    –¿Gafas nocturnas? — susurré lo más bajo que pude, recibiendo una negación por parte del zorro —. Mierda. No nos queda de otra, debemos de tirar una granada de humo y luego una granada cegadora.

    –Tienen malditos rifles y miras nocturnas. ¿Crees que podré tirar una granada de humo así por así — respondió el zorro, tomando una granada cegadora de su cinturón.

    Solté un suspiro de frustración, tomando una de mis granadas de humo. Esperé a que los guardias dejaran de mirar hacia nuestra dirección para quitar el seguro de la granada lo más silencioso posible. Escuché un débil clic por parte de la granada, pero solo fue audible para mi hermano y para mí; en eso, tiré el seguro lejos del sofá.

    Rodar granadas en espacios pequeños e intentar hacerlo lo más silencioso posible no era parte del plan, mucho menos estaba en nuestro entrenamiento de 50 minutos de Gerard. Así que tiré todo al caño y lancé la granada al aire.
    Los guardias se dieron cuenta y se cubrieron los ojos, creyendo que era una granada cegadora. Aproveché ese movimiento para tomar una granada cegadora y lanzarla también, esperando a que los tomara desprevenidos. Aprovechar las brechas llamadas oportunidad.

    Y funcionó, el salón se llenó de gritos mientras el humo empezaba a hacerse presente en la sala. Maxy salió de su escondite con rifle en mano, disparando a cada uno de los guardias, dejándolos inmóviles en el suelo. La limpieza perfecta.



    …………………………………………



    –Gisell Ruskiel–



    Gerald, distraído con sus estupideces (o mejor dicho, armas de aire comprimido), no se había percatado de la desaparición de Maxy, quien fue a comprar un par de cafés para seguirle el paso a este energético gato. A veces me pregunto de donde demonios saca tanta energía.

    La luz de la mañana aumentaba de intensidad al igual que los rugidos de mi hambriento estómago; Gerard lo notó y me volteó a ver. Por un momento creí ver una pizca de preocupación en su mirada, pero solo fue mi imaginación; una sonrisa lasciva se dibujó en su largo hocico al mismo tiempo que inspeccionaba mi cuerpo de pies a cabeza.

    –¿Sabes? Ahora que recuerdo, no he desayunado y el hambre está atacando — En lo que terminó de decir dichas palabras, miró para todas partes, asegurándose de que no hubiese nadie.

    –Maxy no te mataría por tocarme o mirarme lascivamente, pero tampoco te dejaría hacerlo —susurré, asegurándome de que el maldito gato me escuchase, y solo él.



    A veces me pregunto como termino en estas situaciones, conmigo, contra alguna superficie, con un lince embistiendo mi cuerpo con más ganas que un naufrago comiendo una hamburguesa. No me quejaré, sus espinas se sentían bien en mi interior, y mis gemidos lo dejaban muy claro. Pero a veces Maxy se pasa de… azaroso.

    Este fue esos casos en los que la ficción toma papeles. Gerard se detuvo después de escuchar el sonido de un sorbo de café, y yo lo noté gracias a que el lince se había detenido y ahora podía escuchar más que mis propios jadeos.
    Y he ahí, un zorro antártico de pelaje gris claro, recostado contra una pared, mirando a un lince con sus pantalones y boxers al nivel de sus tobillos, frente a su hermana, una zorra antártica de pelaje gris claro, con sus pantalones igualmente al nivel de sus tobillos, su cola bien en alto y cuerpo pegado contra la ventana lateral derecha de un auto deportivo celeste.

    –Ustedes no pierden el tiempo, ¿eh? — comentó el vulpino, tomando nuevamente un sorbo de su café, Starbucks—. A veces me pregunto si Gisell terminará embarazada o Gerard con una enfermedad sexual.

    Antes de que pudiéramos reclamar. Maxy agarró una de las armas de Gerard, un rifle, y apuntó directamente a la cabeza del lince. Ninguno de los dos nos movimos, pero pude notar el nerviosismo del lince oculto en un rostro frío.

    –Dame una buena razón para no tener que dispararte por no invitarme a su momento de diversión y por haberme levantado a las 8 de la mañana por algo que aprendimos hace 4 años — el nerviosismo entró en mi sistema, Maxy tenía una mirada vacía, miraba directamente a la cabeza de Gerard; tragué un poco de saliva intentando pensar en una razón para evitar que Maxy tirara del gatillo. En estos momentos, es donde el sarcasmo o incluso el más mínimo chiste solo haría que me disparara.

    –Porque yo traje las armas que los ayudarán a recuperar lo que le pertenecen a los Ruskiel — convincente, incluso me sorprendió que el gato fuese rápido para sacar algo que haría que Maxy dejara su idiotez.

    Clic. El zorro ahora se encontraba colocando el arma en el suelo, le había puesto seguro para evitar que se disparara— ¿Sabes? Sería estúpido matarte de todas formas. Me has ayudado a desaparecer más personas de las que jamás podría haber hecho —

    Gerard para no tentar su suerte, se separó de mi y subió su pantalón. Hice lo mismo -y si, no traigo ropa interior puesta, ¿quién la necesita de todas formas? - y tragué un poco de saliva, acercándome a Maxy para tomar el segundo café que trajo. Tenía mi nombre, así que era obvio que era para mi.

    –Maxy, eres el jefe más raro e impulsivo que he tenido. Pero… es un honor ser parte de la familia Ruskiel.

    Mi hermano volvió a tomar su café, acomodándose su cabello y suspirando, intentando calmarse —Señor Fitznerg, Gerard, sabes que has hecho más favores a esta familia de los que te podemos pagar. Lamento mi actuación, olvidé tomar mi medicamento esta mañana — ultimo sorbo, el vulpino volvió a tomar el rifle y lo guardó en su caja—. Creo que es momento ya de prepararse para esta noche. La fiesta estará estupenda; es una pena que no puedas acompañarnos gato.

    –Los acompañaré en espíritu, aún tengo cosas que arreglar con su padre — El lince sacó un cigarrillo y caminó hacia su auto mientras nosotros apilábamos las cajas unas con otras, esperando al chofer con la camioneta para llevarnos todo esto.



    …………………………………………


    Maxy Ruskiel


    Estábamos ya frente la puerta de la oficina de mi tío, con un mar de guardias dormidos en el suelo, y, de forma leve, restos de la granada de humo. Escuchábamos la voz de Alister al otro lado, parece que llamaba a refuerzos, porque escuchaba un intercomunicador a lo lejos; probablemente uno de los guardias dormidos— Tenías razón Gisell, si nuestro padre les hubiera dicho sobre el ataque, no hubiese sido tan divertido.

    Sin perder tiempo, Gisell cargó con cartuchos reales su escopeta y destruyó el cerrojo de una de las puertas. Entramos sin mayores problemas y bloqueamos la puerta al instante en el que entramos.

    Alister yacía en el suelo, temblando de miedo, en posición fetal al lado del escritorio de mi tío. La oficina aun conservaba los cuadros que nuestros abuelos le habían regalado a Kosna meses antes de morir.

    –¡Llévense lo que quieran, pero no me maten! — fue lo único que pudo salir de la boca de Medana, antes de que me acercara a él y de una sola, con la fuerza que solo un Ruskiel enfurecido podría tener, pisada a sus tobillos, quebré uno de ellos, haciendo que el producto de sus cuerdas vocales pasase a ser gritos de dolor, uno que no solo se siente, sino que quedará por siempre. Los caballos tienen una gran desventaja, a pesar de tener piernas más fuertes que un pistón hidráulico.

    –Venimos a saldar cuentas, maldito potro — respondí, asegurándome de enseñarle mis colmillos y escupir en su patético rostro.

    En ese momento, el caballo dejó de gritar y miró a Gisell, quien se encontraba revisando el escritorio, y a mi persona, quien ya había tomado uno de los palos de golf que Medana siempre solía guardar un día antes de su cita en el club de golf de Michigan.

    –¿Los hermanos Ruskiel? ¡Lo sabía, sabía que no debía de haber confiado en Dima! ¡Traición! — chilló el caballo, antes que golpease su tobillo roto para callarlo.

    –Los guardias cumplieron su función, ellos no sabían que iban a atacar el sitio. Menos que íbamos a ser nosotros — dijo la zorra mientras buscaba un palo aun más fuerte que uno para el área verde—. Encontré las escrituras, con nombres falsificados; esto lo dejaremos aquí, la policía debe de encontrarlo para así recuperar el edificio. Maxy, todo tuyo — dijo Gisell, dejando todo en su lugar, tal y como lo tenía Medana.

    Antes de que el equino pudiese responder, ya había lanzado mi primer golpe a su hocico iniciando así mí momento de entretenimiento y rompiendo el puente de su nariz, 1.

    2 golpes, 3 golpes, 4 golpes… veía como el hocico de Alister empezaba tornarse rojo y podía ver como empezaba a desfigurarse, algunos de sus dientes yacían esparcidos a sus lados, producto de la fuerza con la que lograba acertar mis golpes. 8 golpes, 9 golpes, 10 golpes… al onceavo golpe, me aseguré de aplicar más fuerza, la suficiente para romper su hocico; ahora este se movía como si fuese articulado, con parte de la piel desgarrada; la vista de Medana ahora estaba centrada a mí, aun podía escuchar sus gemidos de dolor, gemidos de una persona moribunda. 14 golpes, 15 golpes, 16 golpes… de un solo golpe logré desprender el hocico de Medana, haciendo que se deslizase hasta el ventanal (que se encontraba a 8 mesas de donde estaba divirtiéndome con mi juguete) podía ver como los gemidos se transformaban en sonidos inentendibles, lo que me hizo sonreír; pudo sentir cómo le arrancaba su hocico, como un Ruskiel le quitaba parte de lo que era en forma de venganza por robarle a un miembro de su familia.
    21 golpes, 22 golpes, 23 golpes… uno de los ojos de Alister estaban desorbitados por los golpes, le había roto la orbita ocular, pero aun no salía del todo; ya no respiraba, lo que me dio a entender que hace 5 golpes ya había dejado este mundo. 28 golpes, 29, 30, 31… me detuve a limpiar el sudor de mi frente, ya me estaba empezando a aburrir azotar un cuerpo sin vida, uno que no puede seguir sintiendo el odio que mi familia le tuvo, le tiene, y le tendrá por el resto del árbol genealógico. 35, 36… al trigésimo séptimo golpe, me detuve, necesitaba terminar la secuencia con algo más que un maldito golpe.
    Le dije en señas a Gisell que se volteara, puesto que ya se veía muy incómoda al ver el rostro completamente desfigurado de Alister. Dirigí de nuevo mi mirada a los restos de la cabeza del potro; el cráneo estaba evidentemente dañado, con zonas que estaban hasta hundidas, y otras en las que el hueso salía de la piel, solo una de las orbitas de sus ojos (la izquierda precisamente) quedaban intactas, me aseguré de dejarlo así, ya la otra completamente destrozada con el ojo probablemente en alguna parte de la oficina; apuesto todo lo que quieran a que había casi licuado su cerebro, y de su hocico solo quedaban restos de la mandíbula, un hueco grande yacía frente su cara, donde podía ver por completo su laringe y la lengua colgando libremente por donde antes debería de estar una de sus mejillas, que solo quedaban partes de la piel que cubrían la estructura ósea del caballo.
    Tomé un profundo respiro y tomé uno de los palos de zona verde, el más delgado, y lo giré, para que quedase horizontal a la cabeza de Alister, en dirección a su único ojo sano, y de un solo, pero fuerte, empujón, clavé el palo en su ojo tal cual espada. Pude escuchar como la órbita se rompía, por los huesos agrietados de sus alrededores, producto de mi constante golpeteo. No me limité a eso. Giré dos veces el palo, una vuelta entera, y otro giro solo para dejarlo en vertical y evitar que alguien lo sacase así por así sin crear un desastre.

    Suspiré y me paré al lado derecho de los restos de Alister, aplastando esa parte de su cráneo como su fuese una simple uva, viendo y carcajeándome, deleitándome con la sangre mesclada con restos de ojo, nervio óptico y matería gris y blanca esparciéndose por todas partes.

    Me limpié el zapato en la alfombra y le dije a Gisell que podía voltearse ya, que el espectáculo había cesado.

    –Si no fuese porque esto termina siendo una necesidad muchas veces, diría que estoy por vomitar — comentó la zorra, mirando al hocico de Alister — Aun nos queda una granada cegadora, ¿quieres usarla en casa para celebrar? — añadió, sosteniéndola en alto en su mano derecha, mientras le dábamos la espalda al escritorio.

    Antes de que pudiese contestar, un estruendo nos interrumió, y tomé mi rifle al instante, mientras Gisell aun sostenía la granada cegadora en manos; un trío, cuyos rostros estaban cubiertos por cascos de motocicletas sin cristal contra brisa, habían destrozado la puerta sin mayor dificultad, enviando el pedazo de tabla que habíamos usado como barricada improvisada a volar hasta descansar al lado del cuerpo de Medana.

    Ambos estaban listos para disparar, y sabía que no podía disparar primero, porque me superaban en número, y cualquier idiotez nos podía costar la vida.
    Ahora estábamos en peligro.

    El más alto de todos, cargando con una escopeta automática, miró al cuerpo de que yacía en el suelo, a un lado nuestro, cuatro pasos de distancia de forma diagonal.

    –Veo que un par de niños se nos adelantó, esto es una pena —dijo, con una voz extremadamente grave, al parecer, él era el líder del trío.

    Reconocí el acento, por un momento me pareció reconocer quien era. Él podía si quisiera, Gisell y yo hace mucho que nos habíamos quitado nuestras máscaras, unas simples máscaras de hockey, y las habíamos tirado a la calle por la ventana. El viento se encargaría de separarlas y desaparecerlas.

    –Parece que al par de mocosos le encanta meterse en los asuntos de los adultos — comentó el más bajo, con la voz levemente temblorosa, podía ver que no dejaba de ver el cuerpo de reojo; de hecho, los tres estaban nerviosos. Agradezco que Medana no cambiase de posición el escritorio, dejándonos de espaldas a la luz.

    –Chicos, no creo que sea buena idea desafiar a estos dos, quiero vivir un día más — añadió el más delgado de todos, probablemente sea un ciervo.

    Los otros dos se dirigieron a mirarlo con intención suficiente de hacerlo sufrir cuando volviesen… si lo hacían.
    El sonido de un clic a mi lado izquierdo llamó mi atención; de reojo, miré a Gisell, quien tambien me miraba, sin mover su cabeza. Me dedicó una leve sonrisa, la cual correspondí cuando me di cuenta de la situación. Gisell tenía las manos abajo, lo suficiente para que no se notase la silueta de la granada. Sabía que Gisell soltaría la granada en el momento justo para evitar que nos cegara a nosotros. Vamos a sufrir una leve migraña por el sonido, pero al menos no nos quedaremos ciegos.

    Volví a dirigir mi mirada hacia el trío de imbéciles, y lamí mis labios. Recordaba al de la voz más profundas, a mi mente llegó una imagen que se atesoró en mi memoria por siempre. El momento en el que un profesor, petrificado por nuestras palabras, no tenía ni idea que eran ciertas.

    –Profesor Donovan — dije, haciendo que el trio se callase y dirigiera su mirada a mí, bajando las armas. Yo también lo hice, solo lo suficiente para reaccionar rápido, pero no significar una amenaza de ataque directa—. Mikael Donovan, ¿me equivoco?

    Mikael rio, una risa nerviosa, entre incredulidad y miedo. Gisell solo tragó saliva ante el pensamiento de matar a su propio ex profesor; uno al que ambos estimábamos demasiado. Pasado.

    –No esperaba que me descubrieras, Ruskiel, mi mejor y más querido y delicioso estudiante —respondió, haciendo que los otros dos palideciesen; sabía que eso iba a pasar, puesto que esos dos chicos son ex empleados de mi padre. Solían ayudarnos cuando teníamos que… “limpiar” la zona de negocios—. Dime que al menos tu hermana ya dejó de fumar marihuana, odio que la gente siga los estereotipos de la carrera.

    –No estás en posición de decir algo, Mikael — respondió Gisell, tranquila y serena, como si hubiese fumado hace poco—. Nadie lo está; en este momento, si no bajan las armas y nos dejan ir, pueden reclamar su cheque y nosotros olvidaremos esta ofensa. Creería que tus dos compañeros saben que meterse en asuntos de los Ruskiel es peligroso.

    –¿Saben cuánto pagarían por sus cabezas? Todo el mundo quisiera a los hermanos Ruskiel disecados y colgados en su pared —respondió Mikael, revisando su arma y jugando con ella, consciente de que perdíamos en número—. El dinero manda.

    Pude escuchar un pequeño golpe en el suelo, y un sonido metálico, similar al que haces al golpear el cañón de un arma contra algo metálico, en este caso, era Gisell con su escopeta, puesta en un sujetador en su pierna.

    Cerramos nuestros ojos a los 3 segundos, dándoles a entender que estábamos listos para lo que venía.

    Una breve pantalla blanca invadió mis párpados, haciendo que me dolieran un poco los ojos, seguidos de un potente zumbido que me hizo agachar las orejas, pero sin posibilidad de reducir el dolor que este causaba. Abrí mis ojos, haciendo el mayor esfuerzo posible por ignorar el dolor, y vimos al trio patético, los tres sujetaban su cabeza y se retorcían, parecían gritar, pero no escuchaba bien si eran gritos o quejidos.

    Fue cuando comenzó. Mi hermana y yo presionamos los gatillos, y vaciamos cada una de las balas de nuestras armas en el trio dinámico. Con mis ojos entrecerrados, lograba ver como la sangre empezaba a empapar sus cuerpos.

    15 disparos para el temeroso enclenque, 15 disparos para el enano, y 6 disparos de escopeta para el ex profesor ex querido.

    Suspiramos, con el zumbido y el dolor disminuyendo gradual y lentamente. Sin quitar nuestra mirada ahora indolora de los tres nuevos cuerpos frente a nosotros, personas que conocíamos, pero que decidieron conocernos con nuestras peores caras también.

    –Ugh, ahora hay que mover los cuerpos y hacer que parezca que los guardias los mataron. Vamos, que tengo sueño.



    …………………………………………


    Gisell Ruskiel


    Los rayos de luz entraron por la cortina, que olvidamos cerrar antes de entrar a nuestro apartamento; pero molestaron más a Maxy que a mí. Apenas cubierta con una delgada manta, bien sujeta para evitar que mis senos estuvieran a merced del frío aire de la mañana.

    Pude sentir a Maxy acercarse a mi y abrazarme por la espalda, cerrando sus brazos alrededor de mi cintura, pude sentir su erección matutina en la base de mi cola, pero ambos estábamos más concentrados en la noticia que pasaban en televisión como reportaje de ultima hora.

    La policía estaba en el edificio de Alister, en donde mostraban como se llevaban los cuerpos de la escena. Pude ver a un paramédico a punto de vomitar su desayuno apresurado, deduje que él llevaba el cadáver de Medana.

    –… Este trágico suceso ocurrió alrededor de las 4 de la mañana, según el reporte forense, la víctima, identificada como Alister Medana, exitoso empresario y ex socio de Ruskiel Enterprise, fue encontrado junto a sus presuntos ejecutores; Mikael Donovan, profesor de filosofía en la Universidad Mayor de Michigan; Suzanne Foster, ex jefa del departamento de policía de Minnesota; y Pedro Portillo, inmigrante que se sabe trabajaba para la familia Ruskiel; también asesinados — la reportera hizo una pausa para quitarse del camino de unos policías que pasaban a la escena; aparentemente el equipo forense—. Se presume que los guardias estaban distraídos por una bomba de humo y una granada cegadora, antes de que los atacantes los inmovilizaran y destruyeran las cámaras de seguridad. Se cuenta una baja entre el cuerpo de protección de Alister Medana, que se encontraba junto a él, y hasta el momento, se presume que los guardias actuaron lo más rápido que se pudo, pero no lograron salvar a su empleador. Esta ha sido Katherine, y nos despedimos, manténganse atentos con más, a las—

    Antes de que la reportera pudiese terminar despedirse, Maxy ya había apagado el televisor, y a atacar mi cuello a base de mordidas y lamidas, a una pobre zorrita que empezaba a excitarse por el toqueteo de su hermano.

    Aunque, poco después de empezar, fuimos interrumpidos por una llamada telefónica; Maxy maldijo en la lengua primaria de mi abuela y contestó el teléfono, colocándolo en altavoz.

    –Espero que les haya funcionado mis pequeños regalitos; Gerard dijo que les había encantado — dijo Dima, así de la nada, como si fuese una conversación casual—. Le han hecho un favor extremadamente grande a la familia.

    –38 golpes, la edad de mi tío que desfiguró una demacrada carcaza carroñera — comentó Maxy, subiendo sus manos de mi cintura a mis senos, acariciándolos con suavidad y jugando delicadamente con mis pezones, haciéndome soltar un suspiro.

    –En una semana necesitaré que vengan a New York. Con la toma de la torre Medana volvemos a absorber lo que le pertenecía a mi hermano. Se hará una fiesta entre todos los asociados y altos mandos para celebrar y anunciar nuestra expansión.

    –No queremos… Sabes que no nos gusta este tipo de cosas — era difícil hablar, con un tono serio, mientras tu hermano ahora se encontraba entre tus piernas, devorándote con tantas ganas que parecía estar hambriento—. ¿No puedes darle nuestros puestos a alguien más?

    –Ustedes desearon ser parte de la organización, y les entregué el cuarenta por ciento a ambos, quiéranlo o no, son parte del alto mando, y para ellos es obligación estar al tanto — antes de que pudiese responderle, ya me había colgado.

    Tiré el teléfono al suelo y decidí dejarme llevar por lo que estaba pasando; y eso era tener a tu gemelo entre tus piernas, cerrando un abrazo y un beso con unas cuantas energéticas y muy placenteras embestidas. Un trabajo bien hecho. Muy bien hecho.
     
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    Última edición: 15 Feb 2018
  12. Rex Rusky

    Rex Rusky I'm your Bowser now~ Moderador

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    Sin duda alguna esto va mucho mejor. Me encanta como va yendo la historia y sin duda alguna me encantaria que otra venganza como esa sea al ex-novio de Maxy 7w7 seria hermoso verlo sufrir.

    Gracias por la mención, los dos capitulos fueron geniales :3
     
  13. Autor
    MaxW

    MaxW Сука блат, идинахуй

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    Después de descansar de tanto libro, y tomarme un pequeño tiempo para terminar lo empezado, publicaré el penultimo capitulo de esta pequeña historia... Que inició de la idea de cansancio de ver tantos Gary Stu en el foro.

    Los dejo sin más con mi pequeño recurso literario sobreexplotado (?). Y no solo recurso sobre explotado; sino un capitulo entero, narrado por el coprotagonista más sobresaliente de la historia por ser mi favorito (???).



    Capítulo VII: Las Espínas de la Rosa

    “Un capítulo, diseñado especialmente para llevar esta historia al punto de crueldad máximo, en donde, si no se notó antes, nuestro protagonista demasiado está lejos de ser un héroe, o un modelo a seguir”



    –Maxy Ruskiel–



    La luz de la ventana golpeaba mi rostro, estaba en medio de una gran cama, con Gisell, Gerard y un venado al cual no reconocía. Todos estábamos desnudos, y era claro, por el desorden de nuestros pelajes, que la noche que tuvimos fue una noche muy ocupada.

    Me dirigí a la bañera, no sin antes programar un reloj, justo a la hora que estaría saliendo de la ducha; 8:50 am. Y preparar conmigo mi traje y corbata, preparando el de Gisell también solo para abrir la bolsa que los protegía y usarlos, sin tener que descolgarlos y sacarlos del armario.

    Dentro de la ducha, con mi teléfono a mano, tenía doce mensajes sin leer, doce de los cuales, uno era del tribunal, citando a mi hermana y a mi para la siguiente semana; al parecer, los Medana sospechan de nuestra familia. Ya que, curiosamente, solo los guardias de los Ruskiel resultaron ilesos y por casualidad de la vida, el guardaespaldas personal de Alister fue el que murió. Solo me reí ante el mensaje, pero colocaba un recordatorio en el calendario, para evitar olvidarme de esa cita. Cuatro semanas.

    Miré el resto de mensajes, todos de socios de la empresa, ofreciéndome una generosa suma de dinero por nuestros derechos. Eso me hizo esbozar una sonrisa; hace un mes, cuando Alister murió y la compañía reabsorbió los derechos de la torre Medana (la cual ahora se llama Stardust, como originalmente le quería poner Kosna), nuestras acciones se dispararon. Espero que eso haya hecho que nuestro padre pensara dejarnos al cargo de su empresa y no de las extensiones bajas para controlar el flujo de dinero que hacen nuestros “negocios a escondidas”.

    Dejé mi teléfono de lado y me dispuse a meterme a la bañera, que se había llenado porque accidentalmente abrí la llave del a bañera y no el de la ducha. Así que decidí mejor no desperdiciar nada y entrar a la bañera.

    Encendí el hidromasaje y volví a tomar mi teléfono, recostándome y asegurándome que mi cola flotase en el agua. Algo que adoro ver y acariciar mientras me tomo un baño.
    Había un mensaje de un número que no reconocía. No lo tenía en mis contactos; probablemente lo tenía, en teléfonos anteriores. Decidí llamarlo, puesto que el mensaje decía “Llámame, necesitamos hablar”.

    Al tercer tono, alguien me contestó. Una persona de la cual no me detenía a pensar desde hace mucho tiempo. Alguien al que había decidido olvidar por siempre.

    –Me alegra que decidieras hablar Max… ya han pasado 5 años, ¿No?

    En ese momento, recordé el rostro de quien hablaba, los buenos momentos que pasamos; el día en que él decidió separarse de mí, y el ultimo día que decidió hablarme, solo para romper lo que una vez fue un rostro feliz— ¿Qué demonios quieres, Herrera? — gruñidos, fue lo que más se notaba en esa oración.

    –Yo… solo quiero disculparme por el daño que te hice —podía notar rastros de arrepentimiento venir de su voz. Estoy seguro de que al menos eso se puede aplicar en él

    –Llegaste a Michigan, tres años después de que te escuché con ese otro. Y hace cinco años no me llamas para disculparte o quien sepa la mierda que debas de decir, gopnikdije, ahora un poco más calmado; estaba intentando recordar la vida que ahora tenía. Sexo, una suite presidencial en el hotel que me pertenece y lleva mi apellido, alcohol y drogas, y mucho metal de por medio y habitaciones destrozadas—. Es un poco hipócrita hablarle a alguien que te odia a muerte y lo sabes, para pedirle disculpas ¡5 PUTOS AÑOS DESPUÉS! —

    Estaba por colgar el teléfono, cuando escuché unas dulces palabras que hacen que toda mi familia levante sus orejas y dirijan su atención al hablante—Haré lo que sea, pero, por favor. ¡Dejame hablarte! Quiero disculparme — podía escuchar un leve sollozo, en serio quería hablar conmigo y disculparse.

    –Escucho

    –Tengo… oportunidades de negocios — algo en mi me dijo que no debía de escuchar lo que fuese que Ignacio tendría que decirme. Pero, a veces, la palabra negocio te puede atrapar; en especial cuando todo se basa en el dinero—. Puedes entrar inmigrantes y disfrazarlos dentro de la nación; créeme, todos pagarían lo que fuese con tal—

    No pude contenerme más y solté una carcajada sarcástica, asegurándome de que no fuese tan fuerte para despertar a los demás—No sabes el número de ofertas que nos hacen con eso; lo siento, pero mover personas dentro del país no es nuestro asunto. Ofrece algo más, Herrera. No gastes mi tiempo, vale millares más que el tuyo.

    Solo pude escuchar un profundo sollozo, seguido de un sorbo de nariz bastante patético—Por favor Max, Maxy, larvita. Puedo ser una prostituta para todos tus empleados, ¡si quieres dinero te daré mis ahorros! Pero por favor, déjame hablarte…

    –Tengo sexo, alcohol, drogas, me baño en dinero cuando ando aburrido, mi deporte de fin de semanas es destruir autos importados, y tengo todo un personal de cocina, listo para atenderme cuando tengo hambre si es que no salgo a comer. ¿Qué tienes para ofrecerme tú, sucio inmigrante? Uno que no ha causado más que una herida que ya había empezado a sanar. Pierdete — escuchaba solo sollozos al otro lado de la línea, y antes de que pudiese contestarme, ya había colgado, apagado el teléfono y hundido en mi propia bañera, asegurándome de mojar todo mi pelaje antes de asearlo, secarlo, cepillarlo…



    Después de 15 placenteros minutos en la bañera, salí con una bata que me cubría hasta los tobillos; y justo iba saliendo del baño cuando la alarma sonó, una canción que a Gisell le encantaba por su inicio violento; Dumpweed.

    Lo siguiente que vi, fueron un venado, un lince y una zorra saltar de la sorpresa, puesto que la alarma estaba “accidentalmente” conectada a los altavoces de la suite. Mala mía, lo siento mucho.



    …………………………………………



    Después de 4 horas de insultos de Gisell, y después de dejar al alce que se me hacía muy familiar -pero no recordaba su nombre-, llegamos al salón de la sede de las empresas en Michigan. Específicamente en Detroid (lo cual me hizo tomar mi arma con supresor y estar atento ante todo aun con 6 guardas viajando contigo).

    Nos bajamos de la limusina, siendo escoltados por 3 guardias cada uno (excepto Gerard, el tenía una escopeta lista a las manos), entramos dentro del edificio; pequeño, de tan solo 6 pisos; sabíamos que solo se utilizaría para monitorear, y esta es la primera vez que mi hermana y yo lo visitamos en persona.

    –Mis hijos preferidos, Maxy y Gisell Ruskiel — dijo Dima, de forma sarcástica, con un cigarro en la mano, apoyado en la pared el lado del pasillo que da con la sala de conferencias, justo frente a un letrero que decía “no fumar”—. Hay muchas cosas que debemos discutir, muchísimas. Primero, y la única que no les gustará, es que tienen que hacerse exámenes para ver si tienen una ETS, no quiero que la imagen pública de la familia esté dañado por eso.

    –A veces no entiendo como puedes no confiar en nosotros y creer más en rumores. Sí, tenemos sexo como maniáticos, pero no usamos el servicio de sexo en renta o vamos a acostarnos con cualquier imbécil de la calle.

    Por su puesto, Dima ignoró lo que dijo Gisell —. Segundo, y lo más importante, y lo que más les va a gustar. Es momento de hacer oficial su herencia, y necesito que discutamos los movimientos a tomar para hacer la transferencia de la forma más callada posible.

    –Eso no explica a los periodistas que están al lado de la entrada a la sala de conferencias — mencioné, mirando de forma detenida a los periodistas; juro que pude notar las puntas de unas orejas negras, que terminaba en rojo poco después. Pero no volví a ser capaz de verlas, no a una distancia tan grande entre los periodistas y nosotros—… Deberíamos hacer una inspección total, tengo un raro presentimiento de esto.

    En eso, Dima se rió a carcajadas y nos empezamos a mover, aunque Gisell me tomó del brazo y nos atrasó un poco solo para susurrarme— Puede que seas un Gary Stu y el co-protagonista de esta historia, pero ten cuidado con las predicciones acertadas, podrían cambiar la línea de la historia. Te lo dice una Mary Sue y hermana tuya.

    Solo rodé mis ojos antes esas palabras, sin saber como responder, y continuamos caminando hasta que los periodistas se nos acercaron y nos rodearon. No eran muchos, creeré que unos 7. Los suficientes para hacer que se vuelva historia nacional.

    Los periodistas empezaron a preguntarle a mi padre sobre la situación de Gisell y sobre mi enfermedad, que si eso me impediría continuar en el cargo hasta mi muerte o próxima sucesión o si está siendo tratada (lo cual está).
    Todo marchaba bien, y de forma aburrida. Hasta que nos empezamos a mover por el pasillo, intentando llegar a la sala de conferencias.

    Cuando mi padre tomó el pomo de la puerta, dispuesto a girarlo para entrar, volteé mi cabeza hacia uno de los reporteros, sosteniendo un revolver en lugar de un micrófono. Me quedé paralizado al reconocer quien era, y Gisell lo notó, pero muy tarde.

    –Dima Ruskiel, ¿qué pasaría si uno de los Ruskiel muere de nuevo dentro de sus propias instalaciones?

    Eso llamó la atención de Gisell totalmente, pero ella no cargaba un arma. Fue cuando escuché el disparo, el momento exacto en el que reaccioné. No sentí ningún tipo de dolor, y Gisell no se había quejado.
    Todos los reporteros se habían dispersado, saliendo del sitio como pudiesen para salvar sus vidas, excepto por el zorro rojo. Rojo carmesí.
    Saqué mi arma inmediatamente, y le apunté a la cabeza; tenía permiso legal de dispararle, y ya tenía el gatillo presionado, pero por alguna razón no pasaba nada. El zorro notó eso, y para salvar su vida decidió soltar el arma. No solo mi arma tenía el seguro puesto, sino que ahora si lo mataba, no tenía ningún tipo de permiso, era matar a un civil desarmado.

    –¡Al suelo, de rodillas, pedazo de mierda! — fue lo único que pude decir mientras le quitaba el seguro a mi arma; el resto de los guardias se había acercado al zorro para someterlo, guardé mi arma solo para voltear a ver y esperar a mi padre mirándome para darme instrucción específica de “Haz lo que se te plazca”.

    En su lugar, me encontré con mi hermana, de rodillas en el suelo, con un zorro de pelaje gris claro, sosteniéndose su abdomen mientras un líquido carmesí brotaba del lugar que cubría con sus manos. Mi hermana aplicaba presión a la herida con una mano mientras con la otra gritaba instrucciones a la ambulancia, mencionando nuestro apellido al final solo para hacer que llegaran lo más rápido posible.M

    Volteé a ver al zorro, que me veía con temor en sus ojos, él creía que lo llevaríamos a la jefatura de policía más cerca. Pero olvidó un detalle muy importante, y uno que descansan sobre rumores ligeramente exagerados.

    Los Ruskiel descansamos por sobre la ley.

    Me acerqué al zorro, aun arrodillado, pero con las manos atadas, y le di una patada extremadamente fuerte con la punta de mi zapato, uno de suela de goma extremadamente fuerte. Lo suficientemente fuerte para causarle dolor, pero en el lugar debido para no quitarle la respiración—. Prepárate para respirar por ultima vez, porque ya colmaste mi paciencia.



    …………………………………………



    Dima había sido llevado al hospital, y mi hermana lo acompañó, prometiéndome actualizarme cuando su estado fuese estable.

    ¿Y yo? Tomamos al zorro, y lo metimos en el baúl de su auto. Con cuidado de que no nos vieran, y con direcciones expresas de desactivar las cámaras por “reparación y revisión del cableado”, entramos al sótano de uno de los brazos de la empresa. Una pequeña tapadera para ocultar lo que hacíamos; una línea de lavadoras y secadoras (no venta, renta dentro del local; una lavandería). Dejamos el auto estacionado de forma que bloquease la vista desde la puerta de acceso, y el elevador fue puesto fuera de servicio. Cerramos la puerta de acceso principal (vehicular) del lugar y le quitamos la bolsa de lana que traía el zorro, solo para atarlo a una silla, con piernas abiertas y brazos en la espalda, con doble atadura; una en la silla, la otra para mantener unidas sus muñecas.

    Tomé una silla para ponerla enfrente de él, en lo que traían las herramientas que utilizaría para este zorro.
    Un bisturí, una escopeta con 3 municiones, una botella de lubricante, una motosierra, y dos contenedores grandes. También traerían al médico de la familia con su cauterizador y un contendor con mucho hielo. Tardaría cerca de 10 minutos en llegar.

    El zorro tenía lágrimas en sus ojos, me rogaba por su vida en silencio, solo con su mirada, yo estaba sentado frente a él, recordando como tardó más de 5 años en siquiera querer contactarme—. Sabes que estás muerto, ¿verdad? Los periodistas dirán que el arma de Dima se disparó por accidente, y eso estará en el reporte oficial y Gisell lo dirá. Hemos reservado boletos bajo tu nombre, y uno de nuestros agentes tomará vacaciones en tu nombre, con tu dinero, con la diferencia que es un boleto solo de ida. El usará otra identificación para regresar. Prácticamente, te fuiste del país.

    –Maxy, por favor, déjame vivir. Lo siento mucho, me dejé llevar por la ira. No era yo mismo —dijo el zorro, con la voz quebradiza; yo solo me acerqué a él y con un cuchillo, deshice sus ropas, cortándolas y tirándolas lejos de él, y de mí. Podía escuchar sus sollozos y como estos querían convertirse en gritos de auxilio.

    –Grita lo que quieras, estamos lo suficientemente lejos de personas que nadie escuchará, y no hay nadie en la lavandería de arriba porque la cerramos —respondí al notar que estaba preparándose para soltar un grito, pidiendo auxilio—. Debiste haber pensado muy bien las cosas, porque este es el momento en el que te das cuenta que todo nunca tuvo sentido.

    Antes de que el zorro pudiese decir algo, mis guardaespaldas ya estaban colocando las cosas en una mesa desplegable.

    Una vez mis guardaespaldas recibieron mi instrucción de llamar a Gerard y decirle que necesito disolventes, me dispuse a quitarme la ropa también y dejarla tendida detrás de un pilar, para evitar que se manchase de sangre.

    –Espero que disfrutes de tu ultima vez teniendo sexo, porque… bueno, lo usaré para hacer que te ganes el odio del que más amas — dije, casi riendo, mientras tomaba el teléfono del zorro y acariciaba su entrepierna con mis patas. Para mi fortuna, el teléfono no tenía contraseña y el contacto del novio del zorro estaba marcado con muchos corazones. Asco. Dirigí mi atención nuevamente al zorro, y pude notar que, aunque aún seguía sollozando, su pene estaba completamente duro—. Veo que fue más fácil de lo que esperaba; suerte para ti.

    Al terminar de decir esa oración, tomé la botella de lubricante y empapé mi mano izquierda en ella, masturbando al zorro con un poco mucho de fuerza, haciéndolo estremecerse y gemir de dolor.

    Antes de que el zorro dijese algo, me senté en su regazo, introduciendo todo su pene en mi vagina, haciéndome sacar un suspiro. Puede que sea un maldito desgraciado, pero eso no quita que sus atributos sean envidiables; mi propio pene empezaba a salir a causa de eso. Sin perder el tiempo, miré su conversación con su novio, y mientras seguía saltando sobre las piernas del zorro, empalándome a mi mismo con su carne, leí la forma de escritura del zorro e intenté ver como haría para imitarla.

    No faltó mucho tiempo para que el zorro estuviese gimiendo, al borde de su orgasmo. Justo cuando estaba por terminar, saqué si pene de mi, y dejé que un par de hilos de semen mancharan el pelaje de mi trasero, antes de volver a introducirlo de vuelta en mi y dejar que terminase dentro; muy dentro. Esperé a recuperarme un par de minutos y me puse en una posición en la cual se note no solo mi ano, sino que mi vagina y mis bolas; y tomé una foto, perfecta.
    Antes de enviarla, le puse una leyenda, diciendo “sry hun, not pers.”. Al asegurarme de que había llegado a su destinatario, miré la respuesta del novio del zorro, aparentemente un leopardo, cuyo único mensaje fue “…”.

    Me reí para mis adentros y me quité de encima del zorro, quien seguía jadeando, y con fuerza. Apagué el teléfono y lo puse dentro de una bolsa plástica. Miré mi teléfono y vi que mi hermana me había escrito: Papá está estable, volverá en sí en cuatro horas y en dos semanas saldrá. Ya voy a hacer el inventario
    Sonreí, más para mí mismo y gracia mía, que por el intento de cubrir lo que estaba pasando. Tomé el bisturí y llamé al doctor; volví a masturbar al zorro, quien no tardó nada en volver a erectarse, le puse un pedazo de tela en la boca lo suficientemente grande para que no pudiese hablar y tampoco sacarlo, y empecé a cortarle los genitales, con el doctor preparando el cauterizador y el recipiente con hielo listo—. Espero que siga con nosotros en la familia, doctor, le daremos buena paga por hacer este tipo de cosas.

    –No tengo donde ir de todas formas —respondió, cauterizando la herida donde antes yacían los genitales del zorro para evitar que muriera desangrado—. Mi licencia está suspendida por “experimentos ilícitos”. Ahora no se puede hacer nada con las drogas si no es por una compañía farmacéutica.

    Al terminar, el doctor también cauterizó la parte de los genitales del zorro que iba en el cuerpo, y lo dejó en el contenedor, asegurándome que estaría listo para ser embalsamado y usado como consolador muy pronto. Prefería llamarlo “trofeo”, pero cada quien sus gustos.

    Miré al demacrado zorro. Temblaba de dolor, con sudor saliendo de todas partes de su cuerpo; su entrepierna yacía hueca, con el pelaje alrededor de la zona negra por el trabajo del doctor aun empapada en sudor, semen y sangre. Me acomodé el cabello y le saqué el pedazo de tela de la boca, solo para escuchar sus ahora débiles gemidos. El trapo estaba empapado en saliva, así que lo tiré lo más lejos que pude.

    –Me lo… merecía. Por infiel, por sucio… Por favor, déjame ir, ya destruiste mi noviazgo y… ya ni tengo g…genitales… ¿no crees que es suficiente sufrir? — dijo el zorro, rompiendo en llanto después de intentar aguantarlo hasta el ultimo momento de su vida.

    –Jugaste con el corazón de la rosa de los Ruskiel. Tomaste su tallo y lo partiste, creyendo que las espinas no te harían nada — recité, retrocediendo para tomar una manta y ponérmela en forma de delantal, mientras revisaba la escopeta y me aseguraba de que estuviese cargada—. No es algo que vaya a perdonar; pude, si, hace 5 años. Tal vez la historia sería diferente si hubieses insistido en las disculpas, y no hubieras disparado a uno de nosotros.

    Para evitar que el zorro respondiese, le pegué una patada al rostro y lo tiré al suelo. Tomé el bisturí y rompí las ataduras de la silla a su cuerpo y al patear la silla lejos, rompí uno de los tobillos del zorro, haciéndolo gritar de dolor puro; dolor que se suma al de la patada, y al de su mutilada entrepierna.
    Sin esperar ni un solo segundo, metí el cañón de la escopeta en su ano con fuerza, sin siquiera preocuparme por usar el lubricante; pude ver un poco de sangre salir por el anillo de carne rosada que ahora rodeaba el cañón.

    –Ahora te enseñaré la fuerza de las espinas. ¡Ahora sufrirás! ¡AHORA SE ACABA TU MIERDA!

    Escuché difusamente los gritos del zorro; fuertes, desgarradores, clamando misericordia por su vida envuelto en el terror más fuerte. Sabía que la escopeta estaba cargada, me había escuchado pedirla de esa forma. Pero, a pesar de tener el dedo en el gatillo, no podía disparar; no sentía la fuerza para tirar del gatillo.
    Pude ver por un momento los ojos del vulpino. Húmedos en llanto, envueltos en el terror más profundo, gritándome para que me detenga, gritándome para tenerle misericordia. Miré de nuevo al trasero del zorro; la escopeta estaba lista para ser disparada.

    Algo en mi interior empezó a doler, diciéndome que ya había llegado muy lejos; que esto era diferente a matar con una sola bala, que ya había hecho sufrir demasiado al zorro. Pero en eso, sentí una caricia en mi espalda, y un susurro, un susurro con mi misma voz.

    ¿No es esto lo que querías? Hazlo.

    No, quería vengarme por lo que me hizo, pero ya lo había logrado, el novio del zorro ya había visto la foto. Y lo más seguro es que lo haya terminado. ¿Estaba siguiendo este momento de locura por voluntad propia, por principios de familia, o por algo más?

    No hay repercusiones. La ley obedece el dinero, y tu escupes oro

    Si bien, deseaba al zorro muerto, sentía que esta muerte era digna de la persona más asquerosa del mundo; el zorro notó mi momento de divagación, y decía algo que no logré escuchar, estaba sumergido en mis pensamientos.

    ¿Matarlo, o no matarlo? El zorro ya había aprendido su lección. Perdió sus genitales, ha sido sodomizado con una escopeta, y su relación ahora estaba arruinada.

    ¿En verdad crees que ha aprendido algo? No le tengas lástima.

    Sacudí mi cabeza, volviendo a la realidad, y pude ver al zorro mirándome, con los ojos aun muy húmedos.

    –Maxy, por favor… perdóname la vida… perdónamela…

    Le hice una discreta seña a un guardia para que me trajera un cartucho de escopeta extra, y le quité el seguro al arma. El zorro escuchó esto, y su leve sonrisa desapareció por completo.

    –Lo siento querido, yo no hago las reglas.

    Me agaché, y antes de que el zorro gritara, disparé. El cañón apuntaba hacia su columna, la cual, tras el disparo, y un intento mío por dominar el retroceso con casi ningún éxito, quedó expuesta; pedazos de carne salieron expulsados de lo que solía ser una hermosa espalda con pelaje sedoso.
    Me levanté un poco, con en el cañón en dirección hacia el tórax del ahora moribundo zorro, que ya no sentía las piernas por su columna destruida, y disparé de nuevo; pude ver como de sus hombros salieron un o dos pares de perdigones, la mirada del zorro estaba perdida y ahora de su hocico salía sangre; tosía, dándome la señal de que aún seguía vivo.
    Me levanté completamente, apuntando mi escopeta hacia su abdomen, y disparé por tercera vez. Pude ver como los perdigones atravesaron sin dificultad la piel, y la fuerza del disparo logró arrancar una muy buena parte del estómago del zorro, quien tenía la mirada perdida al techo. Los intestinos del zorro salieron por la pequeña apertura del abdomen, con algunos trozos cortados por la fuerza de las balas de la escopeta.

    El guardia me entregó el casquillo extra que había pedido después de sacar la escopeta del ano del zorro, haciendo que sus piernas y cadera cayesen al suelo al no tener soporte, y yo solo lo cargué. Él guardia no veía la escena, había escuchado los sonidos del zorro ahogándose en su propia sangre lo suficientemente fuerte como para no imaginarse nada.
    Cargué la última bala y preparé la cámara de la escopeta, caminando hacia la cabeza del moribundo zorro. El ojo que perdidamente miraba hacia el techo ahora se había dirigido a mí. Aun tenía ese sufrimiento, ese dolor; pero ahora pedían misericordia no para salvar su vida, sino para que llegara su muerte.

    –Descansa, el escarmiento ha terminado — tras decir las ultimas palabras, logré ver una leve sonrisa formándose en su hocico, una sonrisa que no había imaginado, era real; una sonrisa de gratitud por cumplir su último deseo. El último disparo dio con su cabeza, destrozándola en el acto, dándole el descanso que tanto deseaba a la rata que había osado burlarse de mi familia.

    Le dije a unos guardias que llamaran a los limpiadores y que usaran la motosierra para preparar el destrozado cuerpo del zorro para ser puesto en los contenedores, próximo a ser disuelto.

    Me alejé un poco de la escena, y me apoyé en un pilar; no aguanté mas y empecé a vomitar; no había comido, así que el suelo debajo de mí y el improvisado delantal manchado de rojo empezaron a mancharse de un tono verdoso claro.

    Gisell llegó con un vaso de agua, y dos cigarros. Tomé agua y enjuagué mi boca, mientras Gisell encendía mi cigarro y me lo daba. Era marihuana, pero en estos momentos en donde no sabes cuál es la realidad, no cae mal alejarse de tu cabeza.

    –Eliminaste un fantasma de tu vida.

    –Me olvidó por cinco años, me traicionó tres. Se burló de nuestra familia, creyendo que saldría impune. añadí, dando una fuerte calada al objeto entre mis dedos, dejando que el humo saliese lentamente de mi hocico—. Tengo miedo Gisell, tengo miedo de lo que puedo llegar a hacer.

    –Lo sé Maxy, pero es eso, o morir. No decidimos nacer, nadie lo hace… nadie lo haría — dicho eso, Gisell me ayudó a vestirme y a esperar a la llegada de Gerard con los químicos.

    El vuelo del zorro fue media hora después; un agente con las mismas características que el reportero asesinado fue el asignado para este movimiento y se llevó el automóvil junto a otro agente, un leopardo de las nieves. Me tomé mis medicamentos mientras Gerard me explicaba que debíamos de tener cuidado. Los contenedores fueron almacenados en un sitio de la misma lavandería. Minutos después de haber terminado de limpiar y guardar todo, llamamos a los electricistas, diciéndoles que necesitábamos que revisaran el cableado; una revisión rutinaria para evitar fallas fatales.

    Gisell me acompañó hasta el hotel de vuelta, dormimos juntos sin hacer ninguna fechoría. Necesitaba eso, un abrazo.

    Cariño.
     
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  14. Rex Rusky

    Rex Rusky I'm your Bowser now~ Moderador

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    Joder joder joder joder joder joder joder...posiblemente este es el jodido capitulo que mas he amado en la vida y en todas las historias de este foro, por dios fue una venganza totalmente hermosa y perfecta, aunque el final fue algo decepcionante...ver su sonrisa es algo que para una venganza es totalmente un fracaso, el caso era verlo sufrir hasta el ultimo segundo, verlo agonizar y terminar con su vida de manera lenta y dolorosa, aun asi esto fue ¡hermoso!, desearia mas historias asi...

    Aunque...verlo siendo la puta de todos los empleados de la familia tambien hubiera sido satisfactorio, arruinar su relacion y haberlo convertido simplemente en la mascota de los hermanos hubiera sido una mejor venganza, humillarlo, degradarlo, hacerlo sentir como si no fuera nada mas que un simple juguete...ahhh tantas posibilidades que se pudieron haber hecho con ese infiel...es tan triste que su muerte fuera asi...merecia algo mucho peor.

    Me encanto este capitulo, en verdad lo adore, muchas gracias MaxWMaxW en verdad esta historia es perfecta!.

    Pd: -w- tienes los pezones disparejos xD
     
  15. Autor
    MaxW

    MaxW Сука блат, идинахуй

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    Ultimo capítulo de esta... extraña historia que inició como una burla a las demás historias de este foro :x Ojalá lo disfruten tanto como yo disfruté escuchando música mientras lo hacía (?).



    Capitulo VIII: Jaquemate: La ultima jugada

    “El capítulo donde culmina la historia de dos hermanos que, con manos mojadas en rojo y corazones consumidos por la avaricia, logran demostrar ante su progenitor su muy merecido lugar en una corporación, pero que, para ello, deben de demostrar que dominan lo más importante, y lo más esencial, dentro del negocio familiar; doblegar la ley a su modo.”



    —Gisell Ruskiel—



    El aire acondicionado golpeaba mis hombros desnudos, y era horrible. La idea de Maxy era asistir como si estuviéramos de nuevo frente a la conferencia en nuestro cumpleaños 18, con una simple variación en la vestimenta.
    Ambos usábamos algo que podría denominarse como minifalda negra medianamente elegante, un suéter de lana con cuello de tortuga y los hombros al descubierto, negro también; y nuestros flequillos ocultos para que se confundiese quien era quien. Agradezco no usar sostén, eso haría obvia la diferencia y eliminaría por completo la intención de mi hermano en confundir.

    Un par de martillazos llamó la atención de la sala; todos, menos mi hermano y yo, vestían de traje. Dima no se encontraba en la sala, pero dudo que se perdiese este espectáculo. “La Firma Ruskiel: Papel en Tinta de Sangre” susurré para mí, lo que me hizo esbozar una sonrisa. Probablemente ese sea el titular de este caso.

    Aunque sea ficticio y dure solo un capítulo de probablemente 3 mil palabras.

    –¡Orden! —anunció un viejo humano barrigón al mismo instante que golpeaba con fuerza su mesa. Sentía que regresaba de vuelta a mi época de bachillerato. Horrible —El juicio de la familia Ruskiel versus la familia Medana dará inicio al finalizar las palabras del fiscal.

    Un pastor alemán, fiscal de los Medana, se levantó y tomó un leve respiro, antes de pararse al frente del juez y dirigirse a todos con una mirada fría. Es una lástima que no exista ninguna evidencia sólida —La familia Medana, mis clientes, acusan a los hijos de la familia Ruskiel por el brutal asesinado de Alister Medana, cabeza principal de la emergente corporación Medana, y asesinato del señor Markus Krepton, guardaespaldas personal de Alister —el pastor alemán hizo una pequeña pausa, breve, solo para mirarnos con desprecio. Desprecio entre miedo—. A pesar de la ausente evidencia, se han logrado establecer conexiones que nos han hecho llegar hasta callejones sin salida, pero todos hacia la misma dirección, los Ruskiel.

    El pastor alemán volvió a su puesto, el jurado se miraba entre sí, ya que no era muy común iniciar un juicio sin pruebas concretas. Puntos extra para la defensa.

    –Déjeme algo en claro, fiscal Dustche, ¿no tienen pruebas concretes, solo suposiciones? —dijo el juez, quitándose sus estereotípicas gafas cuadradas de lectura. Dustche asintió, aun sin mostrar un solo signo de emoción—. En ese caso, ¿con qué va a abrir el caso?

    –Quiero presentar la primera evidencia —el pastor alemán sacó de un maletín una serie de papeles, Maxy se puso un poco nervioso, ya que sabía que era el registro de las cámaras de vigilancia. Supongo que él olvidó que existían cámaras en el edificio. También que eran nuestras cámaras. El pastor alemán no tardó en darle la evidencia al juez para que la analizase. ¿No tenían sus propias copias?—. Dustche, sé que tu modus operandi es único, pero debes de presentar TODA la evidencia antes del caso.

    –Planeaba hacerlo su señoría, pero no pude conseguir los registros hasta el dia de hoy —Dustche hizo una pausa, dejando que el juez revisase cada uno de los papeles—. Como puede usted notar, el día del siniestro, hay cámaras que no transmitían señal alguna, y otras daban una señal escasa, y apenas se podía identificar los objetos en las tomas.

    Contuve una risilla, quería decirle que todo lo que decía no lo llevaría a ningún lado, pero ese era el trabajo de mi defensor, primo de Gerard, se levantó de la silla—Objeción su señoría. La falla estaba presente desde una semana antes del siniestro. Se reportaba en muchas partes, y no era la primera vez que sucedía en el ala de las oficinas de Alister.

    El juez solo nos miró, a Maxy y a mi persona, esperando una explicación para algo tan importante—Los técnicos llegaron, la falla era causada por cables mordisqueados; ratas—creíble, simple, con datos ya en la base de datos de la policía para su verificación—. Alister tenía una deuda de un mes, por eso no se fue a reparar la falla cuando llamaron.

    –También hay cartas dirigidas personalmente a Alister, su señoría. Y hay reportes sobre el auto de Dima Ruskiel, que se encontraba aparcado a pocos bloques de distancia del edificio ahora llamado Stardust.

    –Su señoría, las cartas han sido analizadas con anterioridad y estas arrojaron el resultado que todos ya sabíamos. Les pertenecen a los vigilantes encontrados muertos en la oficina de Alister Medana, había pelaje dentro de los sobres —la repuesta del primo de Gerard -un lince café moteado- tomó a Dustche por sorpresa; Maxy se limitó a mover su cola, conteniendo su sorisa, mientras yo casi me carcajeaba. Era obvio que se había centrado en los argumentos por sobre las pruebas, pobre perro.

    –Deja de jugar a Ace Attorney, Dustche. Esta es la vida real, no vas a ganar buscando pistas bajo las piedras —el juez estaba por corregirme, pero se limitó a sonreír antes de mirar a Dustche de una forma desaprobatoria.

    –Pasaremos con los supuestos testigos, e involucrados, de este caso —el juez miró a Dustche, casi soltando un suspiro desaprobador—. Fiscal Dustche, puede proceder a llamar a alguien al estrado.

    –Que pase al estrado el señor Gerard Mondier.



    Gerard se sentó con una cara de pocos amigos, lo habían obligado a no beber café antes de la audiencia; lo cual afectó también a Maxy, que estaba casi durmiéndose con los ojos abiertos, fingiendo prestar atención. Yo, por mi parte, decidí desobedecer y me tomé el doble de café de lo que Maxy tomaba en el día; mucho, mucho café.

    –Señor Mondier, mayordomo personal de los gemelos Ruskiel, subjefe de la división de defesa de la corporación bajo el mismo nombre… según civiles, “un lince alto, con ojos color miel y un pelaje semi amarillo, se encontraba junto a un par de gemelos en medio de la mañana, en un callejón” —Gerard solo bostezó y se recargó en el asiento del estrado, mientras miraba a Dustche; a Gerard no le gustaba que le llamasen mayordomo, no había pasado por la academia militar francesa solo para que le llamasen mayordomo—. ¿En dónde se encontraba usted dicho día, a dicha hora?

    –Durmiedo —la respuesta más sencilla que pudo obtener el perro, y una que hizo reír hasta al juez. Maxy y yo sonreímos para nosotros mismos—. Estaría durmiendo en este instante si no fuera porque me llamaron para esto

    –¿Está consciente de que decir mentiras en un estrado es penalizado? —Gerard se acomodó en su asiento, limpiándose los colmillos con una garra.

    –¿Estás consciente de que hasta el momento no has entregado ninguna prueba solida? —

    –… Digame Gerard. ¿Alguna vez los Ruskiel les han mencionado sobre algún ataque secreto?

    –¿Los recibo? Si. ¿Debería de tomarlos en serio? No, son niños aun, psicológicamente, tomarlos en serio me llevaría a una crisis y 7 meses en un hospital psiquiátrico por estrés excesivo.

    Maxy y yo dejamos de sonreír, Gerard había tirado mal la primera piedra del caso; y él se dio cuenta muy tarde. Para cuando quiso rectificar, Dustche esbozaba una sonrisa muy amplia —Así que admite que los Ruskiel tienen contacto con usted, más allá de solo negocios.

    –Los veo desde que cumplieron 14 años. Y yo los metí al mundo de los videojuegos competitivos — Dustche perdió su sonrisa, la laguna fue llenada con la palabra “videojuego competitivo”, el perro sabía que eso sería explicación suficiente para el juez sobre nuestros “planes secretos”.

    –¿Me está diciendo que los Ruskiel le hablan sobre tácticas, pero que estas son meramente de videojuegos? —Gerard asintió, dejando salir un bostezo, no de sueño, aburrimiento—. ¿Ha leído las noticias? —Maxy y yo nos vimos a los rostros, nosotros la habíamos leído, pero Gerard no; y eso podía significar dos cosas. O encontraba lagunas donde caminar y chapotear hasta descubrir algo, o todo tiraba con un callejón sin salida, en una calle sin nombre ni señales—. Un zorro rojo, Martin Latiner, fue reportado como desaparecido por su hermana. El novio cortó con él el día de su desaparición al recibir un mensaje; una foto en donde se puede ver el pelaje de Maxy Ruskiel —gruñí para mis adentros. Sabía que Maxy era impulsivo, pero no que tanto.

    Para nuestra suerte, el juez clavó otro clavo en la mesa con su martillo raro, mirando desaprobatoriamente al perro sarnoso —Dustche, creí que las preguntas serían apegadas al caso entre manos, no a un caso en donde sabemos que Latiner viajó a Sudamérica.

    –El caso sigue abierto. Se sabe que fue el mismo día en el que sucedió un tiroteo en la sede de los Ruskiel, en Detroid. Tomando como víctima a Dima Ruskiel —Dustche estaba intentando aferrarse a lo poco que había, pero Maxy solo sonrió, antes de aclarar su garganta.

    –Dima siempre carga con un arma bajo su saco, el arma apuntaba directamente al abdomen, la dirección de la bala coincide con el arma de Dima, las pruebas balísticas y los testimonios señalan que no hubo un tirador.

    –Te equivocas Maxy, según un periodista, el disparo provenía desde atrás de la multitud, de un zorro rojo cuya pregunta llamó la atención de todos; además, es ridículamente muy poco probable que el arma haya sido disparada y no haya rastros de pólvora en el saco de Dima.

    –Amarillismo. Sabían que si ponían en las portadas “Tragedia en el paraíso: Dima Ruskiel herido de bala” en la portada atraería muchas miradas; y es completamente probable que el arma en cuestión haya sido disparada sin dejar rastro de pólvora; el arma siempre está en su estuche, el cual tiene un agujero en el cañón —Dustche se empezó a rascar la cabeza con furia, no sabía cómo continuar cavando huecos en los argumentos, todas las pruebas estaban respaldadas. Es algo en lo que nos preocupamos; no dejar rastro de nuestra firma—. Además, no hay permiso judicial para continuar con ese caso; Dima no ha presentado cargos.

    –Dustche, emm… Maxy… creo, tiene razón, no hay una denuncia por parte de Dima, y se han encontrado pruebas que desmienten cualquier teoría —el juez retrocedió en su asiento, limpiando sus gafas antes de volver a colocárselas y pedir un café. Maldito bastardo—. Creo que queda más que claro que Gerard no tiene nada que ver. ¿Alguien más Dustche?

    –Llamaré a Maxy Ruskiel al estrado.





    —Maxy Ruskiel—



    Dustche me miró con un leve odio; me limité a mover mi cola y sacarle levemente la lengua, muchos del jurado rieron (algunos de forma nerviosa) ante mi gesto. Dustche se retiró, suspirando fuertemente, casi soplando el polvo del suelo.

    –Maxy Ruskiel, co-dueño del 40 por ciento de las acciones de la empresa —el perro se me acercó nuevamente, mirándome directamente a mis ojos—. Usted es el que más odio le tenía a Alister Medana. ¿Qué relación tenía con su difunto tío, Kosna Ruskiel?

    –Era socio y mano derecha de Kosna, ambos se llevaban muy bien, y era buen amigo de la familia —la respuesta era más que suficiente que decir, pero para Dustche era muy vaga. Gisell estaba moviendo la cola nerviosamente. Sabía que necesitaba café antes de gritarle al perro con aliento a trasero.

    –Escuché que los Ruskiel tuvieron una perdida hace mucho tiempo, años me atrevo a decir. ¿Cómo sucedió el siniestro?

    –Kosna fue encontrado asesinado en su oficina, con un disparo en la cabeza. Fue puesto a dormir antes del disparo. El único que tenía acceso a la oficina era Alister, quien fue puesto semanas antes como propietario del 50 por ciento del edificio —tomé un suspiro, Dustche estaba analizando todo lo que estaba diciendo—. El caso fue cubierto con arena de mala calidad, dijeron que fue suicido.

    –Eso quiere decir que la muerte de su tío se volvió un tema lo suficientemente personal como para atacar a Alister Medana.

    –Estabamos en una discusión legal, a 3 semanas de llegar a audiencia y encerrar a Alister y hacernos con las riquezas robadas de los Medana; no nos convenía su muerte — Dustche no quiso morder ese hueso, para él parecía una respuesta con demasiados agujeros; pero para el juez era entendible. Para todos era entendible—…cosa que aún sigue en pie, aunque no podamos hacer que Alister pague en persona. Hubiese sido satisfactorio.

    El perro tenía muchas ganas de tocar de vuelta el tema con… el zorro… pero sabía que el juez no lo dejaría; porque es un caso fuera de su alcance. No hay denuncia, ni pruebas concretas que sobrepasen las que existen.

    El juez suspiró pesadamente, y estaba a punto de hacer pasar a Gisell al estrado, hasta que Dustche se recostó sobre el estrado, y me miró directamente a los ojos—Dices que no les convenía. Pero el proceso aún sigue en pie, y por lo que escuché, ustedes ganarán el caso —me limité a asentir, Dustche esbozó una amplia sonrisa; Gisell estaba recostada sobre el escritorio, y el primo de Gerard intentaba encontrar las palabras para levantar una objeción—. ¿Por qué no les convenía si el proceso no se vería interrumpido?

    –Dos cosas. El proceso se frenaría hasta que la investigación se completase y se diera un veredicto para continuar; cosa que ya se hizo. Segundo, la media estaría sobre lo Ruskiel, preguntándose si fueron ellos los que atacaron. No nos conviene, mancha la imagen pública de la empresa y familia.

    Dustche tomo un fuerte suspiro, intentando sacar alguna pregunta que pudiera revelar algo, cualquier cosa, que lo sacase del pozo sin fondo en el que se había metido.

    –He terminado con Maxy, pasaré a Gisell Ruskiel al estrado

    –¡Objeción, su señoría! —nuestro defensor levantó la voz por primera vez en mucho tiempo (minutos) en lo que lleva el caso. Aproximadamente 15 minutos—Esto es una completa pérdida de tiempo, Dustche nos lleva a pozos vacios y llamar a Gisell sería alargar la conclusión de lo que ya se sabe.

    –¡Objeción! No se debe de eliminar cualquier pedazo de evidencia que resta hasta que se ha demostrado ser inútil

    El juez miró a Dustche, todos lo miramos. Era deber de un fiscal escrudiñar cada pieza de información posible. Y eso es lo que mantenía hablando idioteces—Como desees Dustche; señorita Ruskiel, su turno.





    –Gisell Ruskiel–



    Dustche me miró con un leve odio; me limité a mover mi cola de forma victoriosa. El perro no tenía opción alguna más que seguir golpeando a un cristal que da a un páramo vacío. Lo cual es triste, y patético.

    –Señorita Ruskiel; tengo registros de llamadas que usted ha hecho con su hermano, pero el día previo al siniestro, usted hizo una llamada al señor Mondier. ¿Me equivoco?

    –Por supuesto, sarnoso. Necesitaba unas cosas urgentes —respondí, esperando cualquier golpe, o intento de golpe, del perro.

    –Y eso que necesitaba con urgencia era una carabina, una escopeta y una pistola, ¿me equivoco? —Maxy se quedó mirando al perro, sin saber cómo interpretar las palabras del perro. Era algo que nos había tomado por sorpresa, y de una forma que no queríamos—. La llamada quedó registrada en la compañía. Y decidieron guardarse esa información al saber que ustedes estaban involucrados. ¿Por qué necesitaba dichas cosas, señorita?

    –Si está buscando las armas homicidas, están en los archivos policiales. Las que se encontraron junto a los “vigilantes” son las armas usadas en el siniestro. Las armas que pedimos nosotros aun las conservamos, son de aire comprimido, para cuando nos aburrimos —Dustche se me quedó mirando, intentando romper mi fría barrera sin emociones, la que separaba la verdad de su alcance—. Dustche, no vas a encontrar nada cuestionando las evidencias.

    –No me trago el cuento que los guardias hayan quedado inmovilizado por un trio, sin preparación alguna, para que después de cumplir su misión, fuesen asesinados en el acto.

    –Ese es su problema señor, no el nuestro —

    Dustche y su orgullo le estaban costando la paciencia al juez, por más que el desease terminar el caso; Dustche tenía algo con que detener el veredicto, por más trivial que fuese, o por más inútil que resultase.

    –No más preguntas —dijo Dustche, una vez que vió que era imposible sacar algo de mí, o de Maxy, o de cualquier otra persona.

    –Dustche, en vista que no has hecho más que retrasar el caso con estupideces, como si estuviéramos en un juego de video, me veré obligado a ordenar tu suspensión hasta nuevo aviso —el juez solo se acomodó en su sitio y frotó sus parpados, dando a entender que no estaba más que aburrido de escuchar a Dustche—. Juzgado, ¿listos para dar el veredicto?

    En eso, un zorro parte del jurado se levantó con un papel entre manos, con el resto del jurado a punto de caer dormido —Su señoría, el jurado, de forma unánime, hemos llegado al siguiente veredicto. ‘Independientemente de las lagunas entre las acusaciones del fiscal y los huecos de la defensa, el caso debería quedar desestimado por falta de evidencia que conecten las teorías con los hechos más allá de lo que se ha hecho con anterioridad’.

    –Dicho eso, el caso queda desestimado y se prohíbe investigación contra los Ruskiel hasta que se encuentren pruebas sólidas que los involucren ya sea directa o indirectamente —el juez golpeo su mesa con ese maso ridículo, haciéndome estremecerme.





    —Maxy Ruskiel—



    Salimos de la sala, Gisell y mi persona con una taza de café entre manos. El primo de Gerard se había ido a hacer el informe y a cobrar su parte del caso, mientras preparaban los archivos para el caso de Alister Medana. Una forma de vengarnos de los Medana en su momento más doloroso.

    Dima estaba recostado al lado de la puerta que daba hacia nuestra sala. Tenía una muletilla al lado, aun no estaba recuperado del todo. El esfuerzo que hizo para ver si no fallábamos en su ultima prueba me hizo sonreír, aunque fuese una sonrisa efímera.

    –Buen trabajo. Uno fácil, pero evitaron abrir otros casos con las trampas de Dustche —dijo, con un cigarro en su hocico. Un cubano, para ser precisos—. Cuando termine el caso de Medana iniciaré el tramite; pasaran a ser los nuevos dueños. Se lo merecen.

    –Fue divertido mientras duró. Al menos para mí.

    Aclaré mi garganta cuando noté que Dustche nos estaba mirando, con las orejas en alto, intentando escuchar lo que estábamos diciendo entre nosotros. Solo sonreí burlescamente, saludándolo. Dustche solo gruñó y se retiró de la corte; cuando abrió la puerta, logré ver una multitud de periodistas listos para tomar notas del caso de los Ruskiel.

    –Disfruten su momento de fama chicos. Tengan cuidado con lo que dicen.

    Dicho eso, unos cuantos guardaespaldas se pusieron frente a la puerta, listos para escoltarnos en nuestra travesía hasta la limusina.

    Las puertas se abrieron y un par de guardaespaldas se pusieron frente a nosotros mientras caminábamos. Los periodistas parecían querer pelear por su turno para preguntarnos cosas estúpidas y así ganar su pan. Gisell solo ajustaba su cabello para evitar que se viese el flequillo tintado. Afortunadamente el mío no parecía querer salirse de su lugar.
    Entre flash y flash de las cámaras. Logré divisar una figura en la distancia, de color violeta claro, casi rosa. No le dí importancia y seguí intentando responder las preguntas de los periodistas, al menos eran cosas relacionadas con el caso.

    Un par de guardias se acercaron a la limusina para abrir la puerta, con sus armas de goma en manos. Órdenes directas de Gisell.
    Un pequeño grupo de periodistas se abalanzó contra los guardias que estaban frente nuestro casi llegando a la limusina, lo que los hizo empujarlos y abrir una brecha entre Gisell y yo. Volví a ver al leopardo… ¿rosa?... frente a nosotros, pero con su mano en el bolsillo de su chaqueta. Me miraba, sin desviar ni un segundo sus ojos de mi, mi piel, carne y esqueleto.

    Fue en eso que mis alarmas se activaron, estaba desprotegido, y el leopardo estaba lejos del alcance de los guardias de la limusina, quienes estaban platicando entre ellos.
    En eso, el leopardo sacó un revolver .45 y me apuntó con él. Los guardias frente a Gisell y a mi seguían luchando contra los periodistas revoltosos, casi rociándolos con gas pimienta.

    –¡Maldito asesino!

    Los guardias reaccionaron al instante de escuchar ese grito, sacando sus armas paralizadoras. Pero no fue lo suficientemente rápido.
    El leopardo se limitó a dispararme una vez, dándome en la parte inferior izquierda del abdomen. El dolor, sumado al suave impulso de la bala que me dió, me hicieron tirarme hacia atrás, con ambas manos presionando mi herida. En ese momento envidiaba a Dima, el quedó inconsciente después del impacto por el mismo dolor.

    Los guardias incapacitaron al leopardo inmediatamente, mientras todos los periodistas tomaban fotos del acontecimiento. Solo unos pocos miraban consternados la situación.

    Los guardaespaldas que nos cuidaban perdieron la paciencia y empezaron a rociar a la multitud con gas pimienta, mientras otro ayudaba a Gisell a llevarme a la limusina. Mi ropa estaba empezando a empaparse por la sangre, sin mencionar mis manos, las cuales parecían haberse mojado con pintura roja.

    Dentro de la limusina, Gisell me recostó en uno de los asientos, con mi cabeza entre sus piernas, mirándome completamente preocupada. Yo solo intentaba no perder la conciencia por el dolor, mientras seguía presionando mi herida. El chofer no necesitaba instrucciones, nos dirigíamos al hospital más cercano.

    –Maxy, tranquilo, todo va a estar bien —fue lo único que pude escuchar salir de la boca de Gisell entre tanta locura, yo solo tragaba saliva para despejar mi garganta.

    –Eso… Eso lo sé, tonta —tomé un profundo respiro, conteniendo el dolor que parecía aumentar cada segundo más—. No existimos, somos la mera… creación del escritor — otro profundo respiro—, y el aún tiene… tiene planes para nosotros.

    Gisell solo se rio para si misma, esbozando una muy amplia sonrisa mientras acariciaba mi cabeza, haciendo que mi flequillo quedase al descubierto.

    –Deja de manchar los asientos, maldito cerdo —comentó mi hermana, después de un par de segundos en silencio.

    Reí para mi mismo, remojando mis labios con mi saliva—. Agradece que… que la sangre es más fácil… de limpiar que mi semen





    …………………………………………





    4 meses desde el incidente, 2 que pasé recuperándome del disparo. El leopardo cuyo nombre nunca escuché recibió una condena extremadamente fuerte por intento de homicidio. Según el archivo, su defensa intentaba traer el caso de Latiner a la corte, pero el juez se negó a hacerlo por una sencilla razón: falta de pruebas.

    Según mi hermana, mi padre decidió presentar pruebas para evitar alguna confusión entre los periodistas testigos. El caso no se tuvo que arreglar para que ganásemos. Fue un claro intento de asesinato. 5 años de prisión con derecho a libertad condicional.

    Se pidió un traslado del prisionero a su residencia por buen comportamiento, los oficiales accedieron a ayudar “sin interés alguno” a nuestra causa, otorgándonos al leopardo antes de que fuese puesto bajo arresto domiciliar. Ahora se encontraba en una de las clínicas anexas a la compañía Sabertooth.

    Era la primera vez que estaba en el quirófano, los doctores se habían negado rotundamente a que estuviese presente, por el riesgo de contaminar al paciente. Pero aceptaron después de que les dijera que no tocaría absolutamente nada y usaría el equipo necesario para evitar dichos riesgos.

    Ninguno de los doctores sabía que el paciente, el leopardo de las nieves rosa, iba a ser operado contra su voluntad.

    Llevaron al leopardo al quirófano media hora antes del procedimiento; un enfermero me ayudó a entrar al quirófano, le dije que no le haría nada al leopardo en lo que estaba, y accedí a que el enfermero estuviese monitoreando cámaras mientras le avisaba a los doctores que yo estaba con el paciente ya.

    El leopardo se veía confundido, con una intravenosa en la muñeca; un par de enfermeros lo sedaron cuando bajaron al leopardo del camión de traslado. Miró directamente hacia mis ojos, intentando decifrar lo que le iba a pasar, e intentó moverse, en eso lo recosté de vuelta.

    –Tranquilo, no te dolerá, usarán sedante, a diferencia de tu novio. No sentirás que pasó —acaricié el pecho del leopardo, podía sentir como su corazón palpitaba hasta casi salirse de su pecho; por un momento, sentí lastima, pero recordé que lo que le haría lo beneficiaría más de lo que creería—. Nadie ataca a un Ruskiel sin salir impune. ¡Alégrate! Serás famoso entre los reos; un leopardo, femenino, y con tres agujeros por satisfacer.

    Antes que el leopardo pudiera responder, los doctores me hicieron retroceder y aplicaron sedante; el leopardo quería hablar y pedir que se detuviese, pero se dio cuenta que tenía mi mano bajo mi saco, lista para desenfundar mi arma y dispararle. Los médicos no hablarían, nadie habla con un cheque de 20 mil dólares en las manos.

    –No han encontrado la documentación de tu arma, en 6 meses es tu siguiente audiencia, los Ruskiel pidieron que se retrasara el juicio. Tiempo suficiente para que te recuperes.

    Uno de los doctores me miró y sonrió, creyendo que estaba siendo amable con un prisionero que me había atacado. Y no mentían, cuando salí del quirófano deseaba acribillarlo con una Ametralladora ligera, pero el enojo se fue poco tiempo después. Sería muy riesgoso de todos modos; atraería la atención de la prensa.



    La operación fue un éxito, el leopardo decidió mejor mantenerse callado. A los seis meses se le trasladó para su audiencia, pero encontraron que el arma poseía documentación.
    El juez le otorgó la libertad condicional poco después, al no haber ningún percance con su comportamiento en su estadía fuera de la prisión y por una organización anónima que pagó su fianza.

    Actualmente, es esclavo sexual personal de Gisell y mío, Gerard usa al leopardo de vez en cuando. Ha perdido todo orgullo que poseía y ahora él solicita que lo usemos. Un fin, he de suponer.
     
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  16. Rex Rusky

    Rex Rusky I'm your Bowser now~ Moderador

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    Bueno puedo decir...que en verdad 7v7 fue una divertida historia, en verdad me encanto. Aunque no fue nada sutil los momentos en que se rompia la 4 pared estuvo muy bueno el capitulo. Gracias por la Historia Max
     

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