Historia Libre Presagio de la marea

Tema en 'Naruto World' iniciado por St. Mike, 13 Sep 2017.

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    St. Mike

    St. Mike Sanguine Sanctum

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    Seis días. Raku no se caracterizaba precisamente por retrasos tan notables como el de aquella ocasión: un cargamento de alimentos y ganado había retrasado su curso hace casi una semana sin ninguna información que respaldara tal altercado. El asunto pasó a mayores cuando se percataron de la potencial crisis que podría generar el desabastecimiento inminente; a pesar de ser una villa con reservas y cargamentos de emergencia, el Tenno no vería admisible un desperdicio contextual tan grande en medio de los conflictos que estaban a punto de librarse en Modan; gastar recursos antes de tiempo podía significar la derrota. Las demás aldeas no tardarían en enterarse del problema y quién sabe qué tipo de acciones serían capaces de tomar al tener un flanco tan débil y descubierto a disposición. Una invasión, fuese paranoia o realidad, podría estar a la vuelta de la esquina.

    El mandamás se postró junto con el consejo, cuyos integrantes conocían la situación tanto o más que su líder, reuniéndose alrededor de un gran mesón, aguardando por las declaraciones oficiales. Setsuna se colocó cerca de su jefe como de costumbre, junto a Bjorn, aunque Sein no estaba presente, no tardaron en extrañarse ante su desaparición. Aquella incertidumbre debía desvanecerse por el momento, al menos hasta que Zoken diese por terminada la reunión. Uno de los voceros se levantó, acomodando sus lentes con tal inseguridad que parecía un novato en su primer día, pero la realidad estaba muy lejos de ser perceptible para ajenos al contexto: habían descubierto la razón del retraso, una que, claramente, no se trataba del mero oleaje.

    ―¿Qué estás esperando? Habla ya ―La impaciencia se sentía como una atmósfera común, que el Tenno fuese el único expresándola era cuestión de autoridad.
    ―Se-Señor ―El vocero tragó saliva, por última vez―. Los barcos no están retrasados, se detuvieron junto a una isla a medio camino, es un punto meridional entre las naciones, nadie tiene autoridad allí.
    ―¿Y qué tiene de especial? Díganme todo.
    ―El asunto es que… ―miró a sus lados, agachando su cabeza en cuanto las miradas del mandatario y sus subordinados se hincaron en él―. El escuadrón sensor detectó un Genjutsu a gran escala en el lugar, y no saben de cuál se trata.
    ―Nos intentan sabotear ―susurraron muchos entre paráfrasis y diferencias reactivas.
    ―Silencio ―ordenó Zoken, manteniendo la compostura a pesar de lo inesperado que podía resultarle el informe―. No hay que tomar conclusiones por ahora; esos barcos se detuvieron en medio del océano, no portan banderas de la villa ni poseen información importante ―la multitud permaneció tan catatónica como para hacerle insistir: ―. ¿Qué?
    ―Sein está en uno de los barcos…

    Setsuna y Bjorn cruzaron miradas con inmediatez, los informados dentro de la sala se mantuvieron en una posición relajada, casi desganada, mientras quienes recién se enteraban no podían evitar espabilar de formas muy particulares: algunos se levantaron de golpe, otros se mantuvieron con el ceño fruncido, intentando asumir aquellas declaraciones sin pensar en el mismo fin, con alguien intentando desestabilizar Raku. El alto mando mantuvo la compostura, misma que se realzó con la puesta en escena de Himekami, colocándose frente a los demás y ganando toda su atención con un golpe sobre la mesa.

    ―Dejen de intentar preocuparse si no sabemos qué pasó, no sirve de nada ―volvieron al silencio.
    ―Que Sein esté ahí solo puede garantizarnos más posibilidades de que sólo sea un imprevisto más. Ninguna aldea nos intentaría sabotear sabiendo que uno de nuestros representantes está en los barcos, se delatarían demasiado rápido ―completó Bjorn.
    ―Iremos a las coordenadas de la ilusión, no hay que darle más vueltas.
    ―Te acompañará una tripulación, no más ―sentenció Zokan―, por más coherente que seas, no puedo arriesgarme ante algo desconocido.
    ―No será problema.
    ―Quienes pregunten por comida, díganles que la compañía de suministros cambió. Nadie tiene por qué enterarse a nivel público ―El resto de la sala asintió, sin más que añadir―. Zarparás al anochecer. Tu misión es informarnos, no te encargues de arreglarlo si es tan masivo como parece.

    Asentir bastó. La reunión finalizó con la retirada de todos, algunos más inconformes que otros, a la expectativa del acontecer que podría estar a punto de ocasionarse. Las horas pasaron como días ante la incertidumbre y Setsuna no lograba escapar de tal preocupación. ¿Un cazarrecompensas tal vez? Sus deducciones parecían contrarrestarse con tal sólo recordar el tiempo que llevaban los navíos sin aparecer; no tenía sentido a menos que fuese una situación de rehenes, pero, incluso así, era sumamente extraño que no existiera un cobrador, ni un documento exigiendo capital a cambio. La naturaleza sería un culpable fácil de señalar de no ser por tal presencia de chakra en el lugar de los hechos. ¿Una tribu indígena? ¿Una bestia con el poder de causar confusión en los navegantes desprevenidos? La magnitud del asunto, hasta que lo tuviese de frente, se limitaba a su imaginación.

    En casa, la pelirroja empacó lo necesario para sobrevivir por su cuenta; siendo barcos de tal escala -suficiente como para traer los suministros mensuales de la aldea-, suponer que el enemigo sería letal le hacía pensar con individualismo; contar consigo misma le bastaba en situaciones como aquella. Tomó sus cosas y partió hasta el muelle. Nadie les esperaba, ni siquiera un informante, todo se orquestó de tal forma que pudiesen partir como un grupo de pescadores vespertinos que tardaron en arreglar su embarcación. El aura de sentirse bajo el anonimato en un encargo de reconocimiento les hacía pensar en lo peor; quizás ese había sido el plan de quien estaba detrás de todo, quizá sólo buscaba inquietarles lo suficiente como para dividir sus fuerzas y atacarles cuando menos lo esperaran; el mar de esa noche no ayudaba a aligerar la pesada atmósfera que compartían: silencioso, pero con aguas rodeadas de bruma y el frío del viento que les acariciaba sin cesar.

    La fémina optó por permanecer en cubierta, intentando organizar sus pensamientos mientras su vista se perdía en el cielo estrellado; su mente yacía demasiado ocupada como para prestarle atención a lo que sus sentidos percibían antes de dormir, estirando sus piernas y comenzando a crear remolinos en sus hebras, sintiéndose más que distante del mundo tangible, como si hubiera caído en un sueño. Su trance no tardó en mutar a mareos constantes que le hicieron reincorporarse, comenzando a temer de haber caído dentro de la misma ilusión que los demás, hecho que se potenció con observar su alrededor: el mar se había aclarado hasta teñirse de un verde azulado muy inusual por su intensidad cromática, mientras que el cielo se había ennegrecido a tal punto que la sensación de vacío no tardó en invadirles. El resto de tripulantes dormía, aunque no lograba distinguir si aquel sueño correspondía con el día o la noche; había perdido la noción del tiempo a tal punto que su mente se esforzaba por maquinar, ¿estaría soñando? No parecía ser la respuesta, todo se sentía demasiado real.

    Una sombra surgió fugaz y silente tras ella, tomándola con gran certería y sacándola del lugar por los aires. Himekami intentó agitarse, oponer resistencia, pero, lo que le estuviese llevando, tenía suficiente fuerza de agarre como para no inmutarse ante sus movimientos; con echar un vistazo hacia arriba pudo visualizar plumas negras y una cabeza lampiña: aquel era un buitre de inmenso poder, desconocido hasta esos instantes. El ave le soltó en un movimiento agresivo, catapultándola fuera de aquel panorama con tal velocidad que apenas y pudo distinguir el difuminar del velo negro que les cubría, encontrándose a metros de estrellarse contra la ensenada de una playa paradisiaca. Reaccionó con suficiente rapidez como para amortiguar el impacto, expeliendo un chorro de agua contra el piso que desaceleró su aterrizaje.

    El temor y las preocupaciones comenzaron a desvanecerse a medida que distinguía lo que se posaba cerca de la ensenada: una cabaña vacacional, muy hogareña a simple vista, ciñéndose a las irregularidades de varias rocas que le servían como soporte. El ave que le había arrojado sobrevoló por encima de todo a gran velocidad, agitando las palmeras aledañas hasta posarse junto a quien había orquestado todo el asunto: el aguado se bronceaba con tranquilidad sobre una toalla en la arena; levantó su torso con parsimonia ante el aviso de su bestia, indicándole que podía retirarse y sonriendo al ver que su invitada por fin había llegado. Permaneció en su posición, una más que relajada para lo que se erigía junto a la costa: la ilusión era perfectamente distinguible junto al sol del mediodía que empapaba la playa y sus alrededores, como un domo de caos y oscuridad junto al paraíso en la tierra.

    ―Bienvenida, no pensé que tardarías tanto, toma sol un rato si quieres, tengo sueño.
    ―¿Qué es todo esto?
    ―¿Qué? ¿Estás molesta o algo? Tus amigos están bien, la ilusión solo se encarga de detenerlos, pero veo que bastó para alertarlos.
    ―Te metiste con mi aldea, eso no era parte del trato.
    ―Oh, discúlpame, considerando que te enseño a matarme debería usar métodos tradicionales de invitación, qué torpe fui ―Su tono era tan exageradamente melodramático que hasta el autista más desequilibrado -Hiroto-, hubiese distinguido la verdad del asunto―. Además, no podía arriesgarme a llamarte personalmente, escogí un punto medio entre cada uno para evitar malentendidos.
    ―No entrometas a mi aldea en esto.
    ―Ya te respondí, además, quería ver cómo tomarías la sorpresa.
    ―¿Cuál? ¿Por fin me enseñarás algo explícitamente? ―Sus palabras debieron terminar en seco ante el inminente acercamiento de Hisha a su persona, quien se posó, con ambas manos atrás, frente a Setsuna, inclinándose para hacerla trastabillar ante el súbito acercamiento.
    ―La sorpresa de verme otra vez, por supuesto ―le sonrió―. Quiero ver de qué eres capaz sin prevenir la situación.
    ―¿Quién dice que no lo preví? Puedo simplemente estar actuando.
    ―Ya lo veremos.
     
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    Última edición: 19 Sep 2017
  2. Ultraviolence

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    La mirada de Hisha se agudizó por un instante antes de girarse rápidamente y avanzar a través de la arena tal como lo haría un soldadito de juguete con las piernas rígidas, dejando agujeros en donde apoyaba sus talones y mandando los gránulos por el aire en la ejecución de un movimiento claramente bromista. Para Setsuna no resultaba nuevo, había comprendido que existían contadas cosas que el aguado podía tomarse en serio y todavía no descubría ninguna. Ni siquiera esa situación, en la que el barco con cargamento divagaba en medio de una ilusión e incluso mantenía a Seinshin atrapado. Contando aun con el descaro de darle la espalda a pesar de estar provocando a Rakugakure. Un solo movimiento en falso y podría iniciar con un combate entre aldeas, bastaría que ella realizara el reporte e involucrara a Ruigetsu Hozuki como responsable en la falta de suministros e intervención de los navíos del Trueno para que las hostilidades comenzaran. Pero el idiota sabía que no lo haría y ella también; en primera porque todo aquel circo tenía como único propósito situarla en aquella isla para propiciar el encuentro; segundo, aun no era el tiempo ni la oportunidad para matarlo, ni intervenir en Tensai. Era complicado definir si intentaba probar su paciencia -al haber provocado tensión en Raku- o su lealtad -al poder encubrirlo o delatarlo-.

    Suspiró suavemente relajando los músculos en el acto. Había que fluir. Empezaba a comprenderlo, era imposible contener al agua pues siempre terminaba escurriendo entre los dedos y apretarlos fuertemente para evitar la filtración terminaba siendo un desgaste y al final el resultado era el mismo. El agua volvía a fluir a pesar del esfuerzo. Someterlo a su rigidez era inútil. Encapsularlo en un concepto, errar. Hasta entonces anduvo detrás de él, tomándose el tiempo para admirar el pequeño paraíso. Palmeras altas, arena blanca, cielo despejado y el sol brillando en todo su esplendor. El romper de las olas relajaba. Sin saberlo terminó sentada a su lado, muy cerca de la orilla y su primera acción fue retirarse el calzado para no perderse la sensación del cosquilleo de los granos bajo sus pies. Hozuki se complació al notar que la invitación a tomar el sol no había sido rechazada. Su piel, de hecho, contaba con una capa de aceite que lo hacía lucir no solo brillante sino resbaloso, como tomando unas vacaciones mientras alguien, por allá, naufragaba en un vaso de agua. El nivel de egoísmo reflejado le resultaba chocante, ya nada más faltaba que le pidiera que lo abanicara para que su pose hedónica fuese completa. A diferencia de él, Setsuna se permitía pocos caprichos y aquellos muy contados tenían que ver con situaciones poco superficiales. El sujeto parecía vivir para sí mismo. Todos conformando un escenario solo para el disfrute y brillo del protagonista: él. Multifacético. Pero en todas sus carátulas el principio era el mismo. Satisfacerse a sí mismo por medio del placer, la crueldad, el reto, la curiosidad, las sensaciones, los estímulos y cualquier otra forma que despertase una incidencia en su interés. Ella, por supuesto, era uno de sus experimentos. A él lo consideraba su peldaño.

    La próxima vez que quieras contactarme evita llamar mucho la atención ―mantenía los ojos en el ir y venir de las olas. En ocasiones amenazaban con extenderse más de lo debido y mojar sus pies, a veces palidecían y ni siquiera hacían el intento. En ritmos distintos. Una huella jamás era igual a la anterior. De la misma manera, un encuentro jamás era semejante a otro.

    Lo dices como si no pudieras mover tus influencias lo suficiente ―tras decir eso, el cuerpo del cobrizo se deshizo en un charco de agua al instante en que un coco se avecinó contra la mujer a toda velocidad, posiblemente con intenciones de romperse contra su cabeza. Afortunadamente bastó con hacerse a un lado para que el proyectil pasara de largo y terminara aterrizando en el agua. Ya. La fascinación que sentía por Ruigetsu se acrecentaba a cada momento, es decir, era la conjunción perfecta de los elementos opuestos, un macaco hedonista. Que alguien con la delicadeza y el tacto de un primate fuese tan chocante a la razón y la lógica con una excentricidad alucinante no era normal. Porque su estrambótico proceder era brillante, jamás burdo, pero no por ello menos macaco. Una contradicción en sí mismo. Para quien no fuese capaz de analizarlo lo catalogaría como una persona enérgica y hasta errática sin llegar a siquiera imaginar el maquiavelismo y la arrogancia que escondía detrás. Setsuna se puso de pie en cuanto el segundo coco cobró camino, esta vez atrapándolo. ―Supuse que tendrías sed.

    Gracias ―agitó la fruta, constatando el líquido en su interior. Por inercia tomó un kunai con el plan de retirarle la cáscara, estaba claro que intentar forzar las explicaciones del barco y sus planes retorcidos no tenía caso, por mucho que le apremiara. Sin embargo, otra docena de cocos vinieron como balas de cañón obligándola a moverse. Un salto a la derecha, una rodada por la arena, un par fue destrozado por certeras patadas y un último fue interceptado por el kunai. Movimiento oportuno puesto que estalló al momento del impacto como si hubiese poseído un sello explosivo. La nube de humo y la arena que saltó por los aires hizo que le perdiera de vista por un segundo.

    Buenos reflejos ―habló una voz a su costado. Bebía de uno de los cocos derramando el líquido descuidadamente de tal forma que no todo caía dentro de su boca. ―Pero si no me detienes en menos de tres minutos el barquito que ves por allá volará en mil pedazos ―luego arrojó la fruta vacía al mar.

    No lo harás ―tomó otra de sus armas.

    ¿Por qué? ¿Por qué tú no pierdes? ―se burló, permaneciendo casi en una pose modelezca bajo el sol y sin temor de que lo atacaran las hormigas.

    Porque ese no es tu propósito ―Un punto. Extendiendo la mano a la derecha proyectó el arma, de tal forma que dio de lleno sobre el brazo del aguado que sin mayor precaución buscaba un buen coco. Lo que Setsuna tenía en frente era claramente un clon que se había transportado gracias a alguna fruta con un sello. Finalmente Hisha asomó el rostro debajo de las enormes ramas de la palmera, mostrando el kunai atravesando su brazo convertido en agua.

    Me estás dando razones ―el barco no le importaba lo suficiente o comenzaba a descubrir sus pruebas de medición. Se decantó más por lo segundo recordando la posición inicial, una un tanto más a la defensiva. Quizás debía presionar un poco más.​
     
  3. Autor
    St. Mike

    St. Mike Sanguine Sanctum

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    Por más que debiese admitir lo radical de sus medios, al aguado podía llegar a desganarle la tan inalterable actitud de su aprendiz. Las leyes fundamentalistas, aquellas que se refieren a lógicas que en un principio pueden ser paradójicas, no bastaban para expresar la inusual pretensión de Ruigetsu por buscar compañías tan adversas a su persona; llegaba al punto de preferir rodearse de enemigos con tal de no ser complacido en lo más mínimo por secundadores de la vida diaria, se demostraba como el mero hecho de ser irreverente ante la comodidad, y Setsuna parecía encajar, poco a poco, en ese papel de contraste que tanto buscaba. Esperaba, sin embargo, que sus múltiples arremetidas no fuesen pasadas por simples jugarretas, o al menos no aquellas que tienen por único fin la burla y el descaro. Le había solicitado entrenarla y estaba dispuesto a hacerlo con tranquilidad, pero suponer que los problemas surgirían mediante pautas marcadas era confundir la academia ninja con una situación de la vida real.

    Aquel semblante taimado era una demostración más, gritándole en silencio las intenciones de Setsuna; quizá la preferencia por sus antípodas distaba de un gusto por lo difícil, pues, como bien ha ocurrido en el pasado, las personas menos abiertas son las que Ruigetsu mejor sabe leer, y quería averiguar si su nuevo prospecto era capaz de percatarse o tendría que enseñarlo a la fuerza. Era un disfrute tan frívolo como práctico: deseaba destrozar tal atmósfera de parsimonia con tal de traerla a su propia perspectiva, aventajándose sobre el hecho de poder captar si realmente iba a seguirle el paso o sólo actuaría amén de la situación. Quería desprenderla de las múltiples máscaras que intentaban ocultar sus verdaderos ideales, y pensaba hacerlo sin siquiera tener que entablar una conversación para ello. Atenta, astuta y orgullosa, cualidades preferidas por él para adornarlas de maneras tan ridiculizadas como desconsideradas.

    Ciertamente, existía un objetivo más profundo, uno que se ligaba fielmente a descubrir si Himekami sería capaz de sintetizar sus pensamientos con los de Hozuki, aunque lo creyera imposible por el momento. Su conjunción lograría mantenerle interesado durante el trayecto, siempre tomando su estoicismo como un reto sobre el cual debía escrutar hasta dar con lo que tanto buscaba: sinceridad. Era un tácito menester apresurarse en seguir intentando imponerse ante el ANBU, de lo contrario, la competitividad fantasma de su relación se esfumaría junto con las oportunidades de un verdadero avance.

    Ruigetsu caminó hasta la ensenada tan descuidadamente que una embestida en aquel instante habría podido sentenciar su fin, o al menos alertarle lo suficiente como para vigorizar su cuerpo y mente. Había obligado a Setsuna a retirarse las extensiones de su falda y el chaleco sobre sus hombros ante la suciedad residual del coco que acabó por embadurnar dichos ropajes. Permaneció entonces con las dos prendas esenciales, sin dejar de prestarle atención a su acompañante, quien no parecía dispuesto a defenderse. El tiempo fue bien cultivado, o al menos lo suficiente como para que varias serpientes de tamaño medio se introdujeran en la arena desde el fin de la ensenada, surgiendo furibundamente a ambos costados del ANBU; para su aparente pesar, había un reto mucho más primordial que tomarle desprevenido, aquel que yacía en la diferencia de velocidad marcada por sus pasos, tan veloces que sólo dejaron un rastro de arena en el espacio vació atacado por ambas boas, mismas que terminaron chocando cabezas entre sí. No debe ignorarse el “aparente”, pues Himekami había sido lo suficientemente precavida para ejecutar dicha sucesión con tal de darle el tiempo para crear varias cuchillas doradas y lanzarla a su presa, misma que se veía rodeada por tales proyectiles y dos clones de la kunoichi recién surgidos de las fauces de sus invocaciones, mismos que se encargaban de ejecutar los sellos necesarios para hacer emerger dos grandes pilares de tierra que comenzaron a condensar una gran cantidad de electricidad, mientras las bolas se apresuraban a inmovilizarle reptando por sus extremidades.

    ―Buena idea… ―susurró, posando ambas manos en el suelo y lanzando otra cuchilla al cielo que fungió como principal sospecha de objetivo para transportarse y escapar, provocando una reacción inmediata en Setsuna original al preparar una descarga de llamaradas a la trayectoria del arma. Todo aquello sucedió en cuestión de segundos mientras el resto de técnicas seguían arremolinadas, a punto de atraparle―. Pero sigues siendo demasiado profesional.

    Desapareció, dándole la razón a las teorías de Himekami, procediendo a inflar su pecho con una cantidad masiva de energía ígnea a punto de eyectar, cuando un fallo de cálculo llegó cual estrépito visual: el aguado se había transportado a aquel objeto olvidado en la orilla, volviendo a tomar el coco entre sus manos y dando una pirueta con inmediatez para lanzarlo al estómago de la fémina, quien, presa del peso que concentrar tan chakra conllevaba y ante lo súbito de la acción, lo tomó cual balón creyéndose salvada.

    Craso error.

    Aquel coco portaba un sello reforzado, lo suficiente como para resistir un último uso en el Tetsu Hiraishin, transportando a su captora al instante, ¿dónde? Cuando abrió los ojos nuevamente, su mente dio un vuelco al encontrarse en la trayectoria de aquella cuchilla en los cielos, viendo a sus técnicas listas para chamuscarle. Tuvo que recurrir a expeler el fulgor contra sus propias creaciones, pero el problema de las rocas a punto de electrificarle seguía allí. Nagare tomó nuevamente el fruto, bebiendo su néctar a esperas del desenlace en tal espectáculo.

    Respiró hondo, centrándose en ese dichoso juego tan renombrado por las acciones de Ruigetsu, todo era cuestión de ver el entorno, dando con la salida que su propio rival había optado por dejarle: un último sello se posaba sobre la arena, teniendo las marcas características para ser aquel que le sacara del aprieto; en un movimiento tan poco instintivo como riesgoso, se colocó en posición para zambullirse lo más rápido posible en su propia tumba, rogando haber comprendido su presencia en tal lugar. Sintió un leve cosquilleo en su abdomen ante las descargas que por poco arremeten contra su integridad, justo antes de experimentar el mismo cambio errático de posición y reaparecer sana y salva, cayendo en los brazos del ANBU quien no escatimó en cargarla y ofrecerle un trago, mientras ella acercaba otra cuchilla a su cuello.

    ―¿Te divertiste? Esto es mejor que un parque de diversiones ―Sólo recibió una mirada tan centrada como neutra en respuesta, poniendo fuerza en sus pies para ceder ante el agarre de Hozuki y erguirse sin dejar de apoyar el filo.
    ―Te dejaste atrapar, el barco está fuera de peligro, según tus condiciones.
    ―¿Todavía te sigues centrando en eso? Otra situación así quizá te haga cambiar de opinión ―empuñó el arma con más fueza, hundiéndola por debajo de su manzana; las puntas resbalaban ante el lubricante en su piel.
    ―Créeme que he aprendido bastante ―empezó a concentrar Raiton en su brazo amén de imbuir el filo. Ruigetsu optó por volver a transportarse, esta vez, hacia uno coco más alejado de la orilla, percibiendo un giro brusco en el cuerpo de la fémina antes de desaparecer que no pasó desapercibido. En cuanto resurgió en el nuevo punto, la misma situación fue recreada por Setsuna, sosteniendo su cuello con la otra mano en un impulso de sentirse dominante: había logrado dominar la técnica principal de la escuela con tan sólo imitar el sello necesario―. Más de lo que pudiste anticipar.
     
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    No esperaba menos. Rui se sintió ligeramente complacido por las habilidades de observación de su alumna, pero aquel no era más que el primer peldaño. Pronto el kunai que se empeñaba en atravesarle la garganta perdió el objetivo cuando se volvió un charco de agua que reptó apenas por encima de la arena. Las propiedades eran curiosas, pues la tensión superficial parecía ser mayor a la de un líquido común de tal forma que el agua no se desparrama en direcciones aleatorias, sino que mantenía un tamaño uniforme, unido e incapaz de perderse por la sed de la superficie. Setsuna lo miró atentamente, era necesario comprender la naturaleza del aguado para hacerle frente. Hasta el momento se había encargado de descifrar sus capacidades intelectuales e incluso su personalidad, obteniendo por conclusión un estrambótico resultado. Su tendencia era propia del error, de inicio a fin, pues para que existiera una equivocación primero debía haber una directriz aparentemente ordenada para después evocar un desliz inesperado que desviara el sendero a uno completamente distinto. Como una parábola supuesta a aterrizar en punto de altura cero, pero que de forma errática se disparara al infinito rompiendo toda ley física ¿Y qué le permitía hacer eso tanto en pensamiento como en acción? Una línea sucesoria tan versátil. Cualquiera podría pensar que rayaba en lo básico por ser un elemento común, pero en eso radicaba su peligrosidad, estaba presente en todos lados. Llegó a pensar que si Hisha no controlaba su cuerpo a base de los líquidos contenidos era sencillamente porque no había querido. Entonces era hora de comenzar con la experimentación amén de aprovechar su exceso de confianza. Tenía claro que no la consideraba una amenaza.

    En seguida el cobrizo retomó su forma sólida, indispuesto a darle tregua en el juego que recién acababa de comenzar. Enarboló unos cuantos sellos a sabiendas que ahora que empezaba a manejar el primer jutsu de la escuela legendaria, la etapa de los cocos debía quedar atrás. Y es que ¿Hasta dónde podrían llegar? ¿Hasta la sangre? La idea le producía cierto morbo y al mismo tiempo, ánimos de continuar presionando. Apenas terminó se llevó los dedos a la boca para exhalar una esfera de viento que se abalanzó rápidamente hacia la mujer, pero ella no era necesariamente al objetivo, aunque cumplió su propósito al haberla hecho saltar como un reflejo evasivo. En cuanto lo presenció, la esfera se volvió un vórtice cuya fuerza de succión no dejó que Setsuna alcanzara el suelo más allá, siendo atraída como presa de un imán. Y no solamente su persona, sino residuos de arena y los cocos que estaban desperdigados en el suelo blando que no servía de apoyo. Antes de que Esdesu llegara al centro de remolino, el propio Hozuki la salvó extendiendo con fuerza su puño para liberar una corriente de aire contraria a la dirección de la succión. Favor o no, la de Rakugakure percibió la onda de choque en la espalda, esta vez cuidándose de soltar una cadena para sujetarse de los troncos de las palmeras y evitar salir despedida. Tanto lo uno como lo otro le anunciaban que el cobrizo estaba ansioso por subir el nivel, pues esta vez no la había tomado en brazos para liberarla de sus técnicas.

    Los eslabones se restiraron por efecto de la fuerte corriente y ayudaron a limitar la energía contenida en el lanzamiento. Como haciendo gala de la técnica veloz, Ruigetsu se colocó justamente del otro lado acorde a sus predicciones para dar otro golpe, tratando a la mujer parecido a una pelota de ping pong siendo él el único jugador en la mesa. Esdesu apenas notó la silueta de Hisha detrás suyo, forzó su cuerpo a avanzar al lado contrario y no darle la espalda, amasando chakra en el estómago para emitir un chorro potente, una mezcla de burbujas, agua y espuma a presión que rápidamente devoró la escasa distancia hacia el mayor. Apuntaba ligeramente hacia arriba. Era irónico que intentase utilizar agua en su contra. Lejos de siquiera eludir la ofensiva, Hisha se volvió líquido y se introdujo en el jutsu de la pelirroja para avanzar a través de él y usarlo como medio de transporte. Sin embargo, apenas lo miró entrar, Setsuna cortó el flujo echando el cuerpo hacia atrás, lanzando un kunai hacia su propia corriente. La parábola formada le dio tiempo de la pequeña maniobra antes de que el otro extremo del suiton tocase siquiera el suelo. En cuanto el filo hizo contacto, toda la columna explotó con el ANBU dentro, liberando una nube de vapor.

    Una lluvia de unas cuantas gotas tuvo lugar gracias al estallido de la técnica. El vapor se disipó rápido, dejando visible la silueta del invocador de aves y que él mismo emanaba una especie de humo. Bastó un solo sello para transportarse a las espaldas de Esdesu, después de todo, en el momento en que la había tomado en brazos se había encargado de ponérselo. Le recordaba mucho a la escena del balneario en Tensai, cuando masajeándole la espalda le dejó la marca.

    Y ahora, con ironía, la escena inicial se repetía pero con los papeles totalmente inversos. Era Rui quien sostenía el kunai cerca del cuello femenino. En ese momento ella relajó la postura y se llevó la mano a la cintura buscando un arma imaginaria, atravesando una regresión.

    Bjorn Ikari ―Hozuki no comprendió el motivo de la mención de ese nombre pero lo cierto fue que la pelirroja rodeó su cuerpo de púas oscuras, obligándolo a retroceder para no terminar empalado. Himekami lo miró revelando una gran verdad ―. Necesito escoger con qué técnica tuya me quedaré.

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    Inferir en un momento así era un placer que pocos se tomarían la molestia de satisfacer. El aguado sintió una curiosidad rozante de infantilismo, casi llevando su mano al mentón inconscientemente al imaginar las posibilidades de trasfondo entre lo recién avistado y la mención del shinobi ausente; casi podía sentir el mundo paralizarse a su alrededor mientras divagaba incontables paranoias en un santiamén. Debía evitar permanecer absorto, y el rostro de su adversario le insistía en pensar así: Setsuna contemplaba los movimientos con un filo sumamente intimidante desde que logró dominar la técnica, como si la confianza en captar las enseñanzas le diera el vigor necesario para enfrentarle; no dejaba de verle, con o sin ilusión en riesgo de por medio, y tampoco permanecía en sus ojos. Cada movimiento, cada carrera, cada torsión muscular, cada sucesión de sellos. Todo comenzaba a ser monitoreado con meticulosidad quirúrgica por la Jonin, enarbolando acciones a tomar más que convincentes, por primera vez desde que conoció a Ruigetsu.

    Durante el último movimiento, Nagare terminó por saltar hasta el borde limítrofe entre las arenas y el prado de palmeras a su espalda, dándole la primera oportunidad a Esdesu para corroborar su aprendizaje en pensamiento abstracto: tan silente como certera, volvió a ejecutar el shuunshin, desplazándose a un punto entre los troncos aledaños a Hozuki, aprovechando el impulso para soltar una de sus cadenas doradas, atarla a uno de los muchos a su alrededor y usarla como eje para dar un giro tan veloz como sólo el ANBU era capaz de prever, virando con fugacidad a las inmediaciones laterales, encontrándose con Himekami a punto de encestarle una patada en el pecho, aún bajo los efectos del impulso.

    Retrocedió sin darle la espalda. No sólo las percepciones eran correctas, sino que no tenía ningún miedo en demostrarle a su maestro la frialdad con la que era capaz de moverse. Comenzó a realizar una sucesión de sellos incluso antes de tocar el suelo, culminándola con el surgimiento de un centenar de luciérnagas que se abalanzó a Fugori, quien, lejos de huir, sacó la katana de su estuche y la imbuyó en una capa ónix que no pasó desapercibida por su contrincante. Lanzó la cuchilla con trayectoria opuesta a la técnica frente a él, atravesándola cual fantasma y llegando hasta ser atajada por él tras un destello. Era casi como si le gritara la inferioridad de lo quedaba pie a la escuela en comparación a la forma evolucionada; el Hiraishin era su mayor objetivo, sin duda, pero tendría que conformarse con poner en práctica lo aprendido en lo que tanto deseaba: un método de asesinato.

    Le fue fácil distinguir con el resurgir de Rui que tal capa negra fue la responsable de que la espada traspasara tranquilamente a las luciérnagas, misma que fue capaz de cambiar sus trayectorias y que ahora se dirigían al punto donde su objetivo se manifestó. Dieron varios saltos en ascenso, apoyándose en los costados jorobados de algunas palmeras mientras perseguidor y perseguida continuaban el ejercicio. Setsuna chistó, pero tenía la confianza en que su modus operandi le sonreiría finalmente; Ruigetsu no lo pasó desapercibido. Si tanto quería traspasar sus límites, estaba a punto de encontrarse con ellos. La fémina eyectó una bola de fuego desde sus fauces, en una cadena de sellos inusualmente larga que no fue pasada por alto en el análisis del aguado. Había ejecutado algo más antes de eso, pero ¿qué?

    Se alejó nuevamente, preso de su velocidad de reacción para ejecutar todas las acrobacias necesarias: el centenar volvía a su dirección, optando por redirigirlo esta vez. Con un kunai y un sello explosivo lanzado a Esdesu y valiéndose de su intangibilidad para confundir a la técnica, quien terminó tomando la dirección susodicha hasta que otra bola de fuego se encargó de consumirlas, produciendo una explosión instantánea pero que auspiciaría sus predicciones. ¿Y cómo no? Si ella misma pudo ver lo que tanto quería: la espada volviendo a ser lanzada hacia ella para que finalmente ejecutara el propósito de tales sellos. Sin embargo, una sensación agridulce invadiría a Himekami en cuanto se dio cuenta del cambio abrupto en la última acción: Hozuki no se detuvo gustoso frente a ella como en la ocasión anterior.

    Escupió, entre arcadas y presa de un sabor metálico que se apoderaba de su ser, mientras soltaba un chillido ronco e inconsciente. Dejó caer su cabeza sobre el hombro de Nagare, verdaderamente adolorida, mientras el filo del arma se hundía a través de la piel en su tórax, desfibraba el músculo y punzaba el estómago hasta hacerlo ceder como un globo mal inflado, así hasta que el filo rechinante llegó a su espalda y la atravesó, provocando hemorragias internas y externas instantáneas, mientras sostenía lo único que había tomado para defenderse: un kunai electrificado que apenas rozó al aguado antes de que optara nuevamente por su intangibilidad y apoyara su cabeza en el hombro de Esdesu, casi con ternura, mientras las vísceras de la fémina seguían latiendo erráticamente, casi al borde de convulsionar y caer al suelo junto a la cuchilla ya en él.

    ―¿Qué dice tu seriedad sobre esto? ―Su tono fue tan chocante como sólo él podía serlo en una situación así, acercando sus labios al oído de la kunoichi, casi con cariño. Regurgitó más sangre, y algunos pedazos extraños de piel antes de sacarse la espada del torso y hablar.
    ―Que yo gané ―contestó en un tono ronco―. Ya encontré una forma de matarte.

    No hubo ni un segundo para inquietarse por sus palabras, pues la respuesta estaba ya a sus espaldas: ¿qué era esa sensación? Nunca había vivido algo así. Ruigetsu era atravesado por una katana idéntica a la suya, de haber podido voltearse, hubiera presenciado los tres espejos que habían aparecido en su antigua posición, develándose entre la humareda residual, y al clon idéntico, siendo capaz de empuñar el arma con la misma fiereza que él lo hizo para atravesarle. Copió la reacción de su rival, como cualquier humano la haría, cediendo su musculatura ante el dolor y el desangrado y haciendo que Himekami sintiera su peso sobre ella, bufando en seco.

    Sin embargo, la sonrisa de Setsuna acabó por borrarse en cuanto vio el cuerpo frente al suyo diluyéndose en un charco inmóvil, sintiendo una inmediata presión en los alrededores de la herida, difícilmente perceptible como cuerdas que le anudaban mientras el verdadero aguado aparecía frente a ella, develando la ilusión. Le miró fulminante, casi con furia de no haberle dado el gusto de masacrarle. Se agachó, por fin, procediendo a curar la herida con frustración.

    ―¿Fueron los sellos de más?
    ―¿Para qué te digo que no si sí? ―se encogió de hombros, avanzando para ayudarla a reincorporarse, manteniéndose inerte hasta que el aguado se acercó lo suficiente como para que desencajar el sable de su pecho e intentar atinarlo en el pecho de su maestro, alcanzando sólo a dar un corte superficial en su brazo.
    ―Sólo debo refinar el módulo ―tosió por última vez―, ya sé cómo acabarte.
     
  6. Ultraviolence

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    ―Ajááh ― Hisha alargó la última letra con burla e incredulidad. Era un hecho que para poder alcanzarlo Setsuna tendría que hacer un gran esfuerzo y encadenar una serie de acciones para lograr siquiera una apertura que le diese la oportunidad. A partir de allí comenzaba otra tirada de dados para saber si funcionaría. Con todo, no le agradaba subestimarla aunque no pudiese hacer más que mirar hacia abajo, quizás hubiese encontrado a alguien lo suficientemente observador para hallar el punto débil que él mismo no definía ―. ¿Y qué jutsu vas a tomar? ―inquirió recordando lo anterior, porque su amenaza no podía ser tomada en serio.

    ―Ya lo verás algún día ―hasta entonces la pelirroja alzó el rostro, despegando la mano de su estómago. Los dedos ensangrentados eran el último resquicio de la herida. Hozuki miró por unos segundos hasta que sintió una convulsión en su interior, una que le dejó un sabor metálico en la boca. Sangre. Finalmente un hilo terminó escurriéndose por sus labios, acompañado de un malestar ulterior y un poco de tos; estaba envenenado. Posiblemente el último corte realizado por la mujer más que un intento por matarlo fue para asegurarse que no se trataba de un clon y así dar pie a su pequeño truco. Se preguntó si aquello estaría relacionado con su gran descubrimiento, ojalá que no, eso sería demasiado aburrido.

    ―Entonces esperaré la sorpresa no tan sorpresa ―se encogió de hombros y relamió sus propios labios para recoger los restos de sangre y saboreárselos, en seguida le dio la espalda sin ningún cuidado, reiterando de manera silente su posición de superioridad. Esdesu no dijo nada, irguió el cuerpo y se estiró un poco. Era mejor así, confiado y no alerta.

    ―¿Ya vas a liberar el barco?

    ―No me has dado lo quiero.

    ―¿Qué quieres? ―hubo un silencio ligeramente prolongado, como si esperase que la pelirroja dedujera el asunto. Al cabo de unos segundos notó que no estaba para adivinanzas, solo eso justificaría su fútil desempeño. Pobre Setsuna, aún bastante atada a los deberes como para salir a chapotear en medio del mar. Rui torció una mueca.

    ―Diversión ¿Qué más? No es como si pudieras darme otra cosa―luego completó―. Espero que no me decepciones, me aburra y entonces sea yo quien deba matarte por haber matado mi curiosidad ―soltó una risita― ¿Sabes? es de las cosas más valiosas que el hombre puede tener.

    ―La curiosidad mató al gato, pero afortunadamente posee nueve vidas. Entonces tiene la oportunidad de volverse bastante sabio antes de morir de verdad―avanzó hasta alcanzarlo y entonces colocarse a su espalda, de tal forma que pudo pasar el brazo por encima de su nuca y formar una pistola con los dedos ―. Con esto me estás tentando a arrebatarte algo importante.

    ―¿Quieres dejar de pensar como una loca obsesiva? No todo es un código secreto para matarme.

    ―Lo será mientras no liberes el barco ¿Quieres seguir peleando?

    ―Nunca fue una pelea. Era tu entrenamiento. Gracias, magnífico maestro ―soltó con sarcasmo, aludiendo lo último con el tono serio de Himekami.

    ―Nunca te llamaré maestro ―confesó la General.

    ―Lo sé. En mi mundo perfecto tampoco tienes cara de estreñida ―sus pasos de detuvieron en la orilla, desde allí realizó unos sellos rápidos que según él daban por terminado el naufragio del barco en cuestión ―, pero mira, ya está. Deja la histeria.

    ―¿Cuándo volveremos a vernos?

    ―No sé. Quizás decida mandarte una paloma mensajera para no ser tan disonante en tu aburrida vida.

    ―Muérete, imbécil ―la pelirroja avanzó unos cuantos pasos dentro del agua. Por supuesto que el asunto de la embarcación no dejaba de ocupar espacio en su mente y era necesario velar por la seguridad de aquellos que fueron víctimas, no es que no confiara en Ruigetsu bueno, no, no lo hacía, pero no le sería raro encontrarse con alguna bromita de mal gusto, algo así como haberlos empalado o dejarlos sin brazos para mayor drama.

    ―Ah, y no olvides perfeccionar el método para asesinarme. Muero por verlo.

    ―Créeme que no lo haré.



    St. MikeSt. Mike tenía pensado seguir el combate como te dije, pero prefiero dejar esa carta para el coliseo que tenemos pendiente.
     
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