Fanfic Pokémon Glass Heritage

Tema en 'Poké Fics' iniciado por Wiki, 5 Jul 2018.

  1. Autor
    Wiki

    Wiki Blaze me now

    Registrado:
    19 Jul 2014
    Mensajes:
    8,421
    Temas:
    77
    Calificaciones:
    +5,873
    Pokémon: Glass Heritage


    Esto no es una historia de amor, no es una historia de comedia ni de misterio, ni de acción, ni de drama, ni de crecimiento, ni de reflexión.

    Esta es una historia de todo eso junto.

    Quería escribir algo diferente de lo que suelo escribir. Menos sombrío, más optimista; quería agradecer al posible lector haciéndolo reír en vez de llorar, pero también quería que fuera emocionante, que el lector no sintiera que pierde su tiempo entre chistes absurdos.

    Quiero escribir una historia que me guste tanto como guste a otros. Este fanfic nació de esa idea y de una conversación profética.

    El escenario es el mundo de los juegos (el más simple... y a mi parecer, el más libre), voy a explicar todo lo que haga falta dentro de la misma historia, incluyendo algunas libertades creativas. Probablemente dure unos doce capítulos, quizá poco más.

    Una cosa más: el título va a cobrar sentido conforme avance la historia. Los capítulos serán nombres de canciones porque soy demasiado vago para pensar títulos propios, y vienen con un enlace a la canción. Y están en inglés porque ¡soy bien hipster!



    Prólogo: I Was King


    La Bahía Gresca se ubica al norte de la región de Sinnoh. Forma parte de una isla volcánica y su clima es un poco más amigable que el del continente. Hace algunos años, con la apertura del Frente de Batalla de Sinnoh, la actividad turística se disparó trayendo como consecuencia la creación de múltiples comercios en la zona.

    Uno de ellos es el Café Revancha, un punto de de encuentro para entrenadores destacados de la región y, en ocasiones, de más allá.

    El interior del local denotaba buen gusto, con una estética sencilla, pero elegante en diversos tonos de madera, que generaban una confortable sensación de familiaridad. Ese día había pocos clientes: algunas mesas ocupadas al fondo por entrenadores que volvían del Frente de Batalla por un momento de reposo, pero los más distinguidos comensales eran los dos hombres sentados a la barra.

    El primero era un chico entrando en sus veinte: cabello color miel algo crecido y erizado hacia arriba, ojos verdes que, años atrás, emitían un fino destello de arrogancia; de complexión delgada y aspecto ágil, iba ataviado con una camisa verde oscuro de manga corta, pantalones beige, y zapatillas deportivas de la Federación. Su nombre era Green: el niño prodigio que conquistó la Liga Pokémon de Kanto a la edad de once años, estableciendo un nuevo récord mundial. Desafortunadamente, también se llevó el récord del reinado más corto cuando su amigo de la infancia, otro chico de once años, le arrebató el puesto quince minutos después.

    Ahora, hacía girar un pequeño vaso de cristal vacío, con la mirada fija en el reflejo de la barra, meditando sobre el pasado. El carismático chico seguro de sí mismo empezaba a convertirse en un adulto amargado.

    El otro individuo tenía más años encima, y junto con los años, una pesada capa negra que le llegaba hasta los tobillos y ofrecía un aspecto ridículo en ese clima tropical. Lo peor del asunto era que, en el fondo, él también empezaba a creerse ridículo. Desde que algunas hebras grises aparecieron en su cabello rojizo se se sentía como un vampiro salido de una mala película, cuando antes se veía a sí mismo como un dragón.

    Su nombre era Lance: el entrenador más destacado en las regiones hermanas de Kanto y Jhoto hasta que esos niños llegaron, vencido como líder del Alto Mando en una (dos veces seguidas en quince minutos) y después como campeón en la otra.

    Una botella de ron descansaba en la barra frente a él. La mitad de su contenido ya había desaparecido.

    —Mira esto —se quejó alzando un mechón de su cabello con algunas canas—. Me estoy haciendo viejo.

    —Mejor así —replicó Green—. Odio el color rojo.

    —Rojo... —meditó—. Sí, creo que yo también. Y el dorado.

    Ambos fueron campeones. Ambos llegaron a la cima del mundo pokémon. Y ambos fueron derrocados por niños.

    —Jodido Red —murmuró Green, y en ese momento la puerta del local se abrió. Volvió la vista hacia atrás y reconoció a la persona que acababa de entrar. Después de todo, la estaban esperando.

    Una mujer alta y de buena figura con un larguísimo cabello rubio que cubría parcialmente uno de sus ojos grises. Su nombre era Cynthia y, al igual que ellos, también fue campeona de una Liga Pokémon (precisamente de Sinnoh) hasta ser vencida por una niña, igual que ellos también. Hace tiempo que había dejado de usar los pendientes negros en su cabello, llevándolo suelto, y acorde al clima caluroso de la isla, había cambiado su gabardina por una blusa blanca sin mangas. Tenía mejor aspecto que Green y mucho mejor aspecto que Lance, pero transmitía esa misma aura de decepción.

    Caminó hacia la barra y se sentó en un lugar entre ambos, haciendo una inclinación con la cabeza a modo de saludo.

    —Deme una... —pidió al barman, pero se interrumpió a sí misma al contemplar el estado de Lance—. Un mate por favor.

    La ex-campeona de Sinnoh suspiró. Le bastó una mirada para entender el estado de ánimo de los otros dos, no muy diferente del tuyo.

    —Te ves bien —comentó Lance.

    —Gracias.

    —En cambio, yo...

    Cynthia entornó los ojos. El ex-campeón de Jhoto podía ser insoportable cuando se ponía depresivo.

    —Mi abuelo piensa retirarse y quiere que yo administre la Guarida del Dragón. Total, no sirvo para otra cosa...

    —¿Y qué hay de ti, Green? —trató de cambiar el tema, pero la mirada cansada del joven era casi tan pesimista como la de Lance.

    —Mal. Desde que abrieron un nuevo gimnasio en Ciudad Azabache ya nadie viene a Viridian. A este ritmo tendré que cerrar el lugar y... volver a casa del abuelo.

    Cynthia guardó silencio. Su propia situación no era muy diferente.

    —¿Y cómo va tu investigación? — le devolvió la pregunta.

    —Abandonada.

    —Supe que estuviste en Tesselia estos meses...

    —Vendí la mansión en Pueblo Arenisca. Andaba corta de dinero.

    Aquello hizo reaccionar a Lance.

    —¿Sin dinero? ¿Tú? ¿No eras algo así como muy rica?

    —Me iba bien con las inversiones cuando era campeona y tenía mi sueldo. Aposté mi capital en una empresa energética prometedora: el equipo Galaxia, y luego... —suspiró— bueno, ya conocen el resto de la historia.

    Jugarse el cuello contra una organización criminal para que un niño se llevara toda la gloria. Era algo por lo que Lance había pasado también.

    —¿Saben? Yo no esperaba ser campeón toda la vida, pero creí que podría mantener el puesto algunos años y retirarme en paz, pero ahora...

    —¿Cómo acabamos así? — preguntó Green con creciente frustración. Antes eran reyes y reinas, inspiración de todos los entrenadores ¿Quién les había cortado las alas?

    —Te pasas la vida luchando por llegar a la cima, desafiando líderes y dejando que el Alto Mando te humille una y otra vez, todo para conseguir el título, ¿y para qué? Para que un niño se burle de tus pokémon con una maldita bestia mítica.

    —¡Fui campeón quince minutos! —se lamentó Green con las manos en la cabeza— ¡Ni siquiera había visto el Salón de la Fama! ¡Y todo para que Red dejara el puesto botado!

    —Tuve que hacerme cargo de las dos ligas —prosiguió Lance— y de limpiar el desastre que dejó el Team Rocket. Tres años de trabajo duro para ser campeón, y viene ese niño con su sonrisita arrogante y su... y su... maldito Lugia.

    —Giratina —replicó Cynthia.

    —Zapdos, Moltres y Articuno... —musitó Green con la cara oculta entre los brazos. Los dos mayores lo miraron con una mezcla de pena e incredulidad.

    —¿Dijiste que ese chico era tu amigo?

    —Y mi abuelo lo felicitó por eso.

    Lance volvió a sujetar la botella con resentimiento.

    —Esos científicos están mal de la cabeza. Van por ahí regalando Master Ball a niños que apenas empiezan su viaje.

    —Y todo eso de la pokédex. ¿No es raro? Si quieren reunir datos de los pokémon deberían dárselas a montañistas o cazabichos...

    —No sirven de nada —añadió Cynthia—. No necesitas una pokédex para saber que un Pachirisu nunca va a vencer a Garchomp.

    El ex-campeón de Jhoto seguía pensativo.

    —¿No creen que es extraño? Lugia, Giratina, las tres aves... son pokémon legendarios que forman parte de la mitología y todo eso. ¿De verdad pueden ser capturados con una pokéball?

    —¿Qué insinúas? —inquirió Green.

    —No lo sé, tal vez estos pokémon legendarios se dejaron capturar a propósito por esos niños, sólo para joder nuestra existencia.

    —Eso es ridículo —contestó Cynthia, pero Lance parecía serio.

    —Es que, ¡piénsalo! Es absurdo que un niño de once años supere a los mejores entrenadores que han entrenado por años. Seguro hicieron trampas.

    —¡Oye!

    —Y además, son extraños. Siempre tan silenciosos...

    Green asintió, siguiendo su razonamiento.

    —¿Saben? Red era muy diferente en Pueblo Paleta. Era un niño normal, tal vez un poco tonto, pero buen chico. Cambió mucho cuando salimos de viaje, poco a poco se volvía retraído, respondía con monosílabos y a veces ni siquiera eso.

    —Esos pokémon legendarios... hay algo muy extraño en todo esto.

    —Creo que están exagerando —intervino la ex-campeona con un suspiro—. Perdimos contra niños, eso fue todo. Tal vez estábamos oxidados o los subestimamos, pero hablar de conspiraciones es ir demasiado lejos.

    —Ella tiene razón.

    Los tres volvieron la vista hacia el hombre que cruzó la puerta. Era un individuo recio de cierta estatura que vestía un atuendo tradicional de lana y un par de sandalias, así como una correa sujetando seis pokéball a manera de collar. Su piel era bronceada y en su rostro se formaban algunas arrugas cuando sonreía. Era mayor que todos ellos, pero en sus ojos brillaba un fuego que ninguno de los otros poseía. Todo esto aunado a su cabello rojizo rebelde le daba la apariencia de una antorcha viviente, como el fuego que se hereda de una generación a otra para mantenerse vivo.

    —Alder —hablaron al unísono.

    —Siento la tardanza, hace mucho que no vengo a Sinnoh —caminó hacia la barra y se sentó junto a Lance, tomó la botella con aire reflexivo y le dio un trago—. Escuché lo que decían y, bueno, no estoy de acuerdo contigo Lance.

    —Esos pokémon son legendarios por algo —insistió—. Que niños novatos puedan someterlos así como así es muy sospechoso.

    —Cynthia sabe más de mitología pokémon que nosotros tres juntos —replicó con tono cordial—. Si ella dice que no hay nada raro, eso es todo.

    Incluso los otros campeones sentían respeto por el afable Alder. Tal vez no destacaba mucho en combate, pero su fortaleza era de otra clase, interior y, al mismo tiempo, fácil de transmitir a otros. Siempre dispuesto a dar un consejo o luchar por una causa justa, le gustaba bromear, pero nunca emitía un juicio descuidado. Alder era un guía antes que un obstáculo, un guardián antes que un rey en la cima de la colina.

    —Entiendo lo que sienten. Yo también fui vencido por un chico y su pokémon legendario... de hecho fueron dos: un chico y una chica.

    —Debió ser duro.

    —El Rayo Fusión de Zekrom fue muy duro, sí, pero dejando eso de lado, mi vida no ha cambiado mucho. Sigo haciendo lo que debo hacer.

    —Tuviste suerte —replicó Green, y Alder lo miró con pena.

    —Muchacho, ¿qué fue lo que hiciste luego de perder el título?

    —Líder de gimnasio...

    —Supe lo de Ciudad Viridian: dicen que rechazas a todos los retadores con menos de siete medallas. Esa no es una forma de hacerte más popular en mi opinión.

    Green se encogió en su lugar, pareciendo aún más joven de lo que era. Entonces Alder siguió con el dragón.

    —Y Lance, no hemos sabido de ti en años. Un entrenador debe hacer mucho más que luchar. No siempre habrá una organización criminal a la que debes detener, ¿qué hace el héroe en tiempos de paz?

    —Creo que entiendo tu punto — intervino Cynthia—. Parece que perdimos el rumbo.

    El ex-campeón de Jhoto bajo la vista, meditando.

    —Tal vez tienes razón. Soy un luchador y he pasado toda mi vida luchando con mis pokémon. Debí enfrentarme de vuelta a ese legendario con mis dragones.

    Motivado, Green dio una palmada a la mesa.

    —Red y yo tenemos la misma edad. Siempre fuimos rivales. Si él me venció a mí yo puedo vencerlo a él y quitarle el título de vuelta.

    —No, no. No es eso lo que quiero decir —los detuvo antes de que llegaran más lejos—. No se trata de venganza, se trata de ser un digno campeón.

    —¿Y crees que esos chicos lo son? —inquirió Cynthia, a lo que Alder suspiró.

    —Por desgracia, no. Son retraídos y egoístas, son fuertes, pero no tuvieron tiempo de aprender lo que es ser un campeón... —añadió disgustado—. Tal vez sea demasiado tarde para ellos.

    —Entonces debemos ser mejores campeones — insistió Green.

    —O podríamos ser buenos ex-campeones. Enseñar a la nueva generación lo que significa ser un líder. El trabajo duro, la confianza en sus pokémon, la responsabilidad... y también la derrota.

    —Forjar un nuevo campeón —concluyó Cynthia.

    —Incluso podría ser bueno para los chicos de ahora.

    —¿Tienes a alguien en mente?



    Encontré uno, Elesa. Con un vistazo supe que era el adecuado.

    Iris está ocupada con una tarea más peligrosa, y de todos modos no es la adecuada. Tienes que ser tú.

    El chico tiene lo esencial, lo sabrás en cuanto lo veas, pero aún le falta mucho y no tenemos tiempo. Ésta vez debemos hacer las cosas bien. Confío en ti, Elesa.

    Enséñale a brillar con luz propia.


    En algún lugar de la ruta 30, un Trueno partió los cielos. Su poderoso estruendo hizo correr a todos los pokémon ocultos en la hierba y volar a los que tenían alas.

    A todos menos a uno; el pequeño roedor que la miraba fijamente con sus ojos rojos, que había salido ileso del devastador ataque.

    —Ugh... no tengo ningún otro pokémon...

    Elesa parpadeó repetidas veces, incrédula ante lo que veía. Observó al chico, después al pokémon, una vez más al chico y, recordando las palabras de Alder, sonrió.

    Habían encontrado al indicado.
     
    • Me gusta Me gusta x 6
    Última edición: 5 Jul 2018
  2. inserte-fic-

    inserte-fic- cloralex everywhere ._.7

    Registrado:
    8 Sep 2014
    Mensajes:
    375
    Temas:
    6
    Calificaciones:
    +353
    primer comentario, adorame.

    PD: esa mania de enfrentar campeones y pjs random(?) es un guiño tuyo, sea pokemon, digimon, yugioh. etc.
     
    • Me gusta Me gusta x 1
  3. Autor
    Wiki

    Wiki Blaze me now

    Registrado:
    19 Jul 2014
    Mensajes:
    8,421
    Temas:
    77
    Calificaciones:
    +5,873
    ¿Qué puedo decir? Me gusta molestar campeones...

    Paso a avisar que a partir de ahora estaré subiendo esta historia a éste otro foro. Porque es un coñazo actualizar en dos lugares. Está muy cool, se los recomiendo :3

    Buenas noches, buenos días y buenos deseos.
     

Compartir esta página

Cargando...