Historia Matatabi [Taiga Shiba]

Tema en 'Naruto World' iniciado por Blair, 7 Jul 2018.

  1. Autor
    Blair

    Blair スパークル Moderador

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    Desde la desaparición de Rinha el consejo no había tenido una junta formal, sin embargo, ahora se encontraban dentro de aquella sala nuevamente; Taiga se sentía incómodo, viendo la otra cabecera de la mesa vacía debido a la ausencia de Pawa. Los miembros del consejo se encontraban acomodados en sus respectivos lugares, entre ellos también había un puesto vacío: el del clan Hakugaku. Todos guardaban silencio, cosa que ponía todavía más ansioso al peliverde ya que ellos hubieron sido quienes llamaron a la reunión y él desconocía los motivos. Era la primera vez desde la fundación de la villa que se le avisaba de alguna reunión sin decirle el porqué de la misma.

    ¿Tienes idea del motivo de la junta? – Yumiko fue quien decidió romper el silencio, el peliverde se enderezó en su sitio, ligeramente sorprendido por la repentina oración.
    No estoy seguro.
    Hace poco más de una semana tuviste una misión con Sayuri, aquí presente, y también con Akisora. – El solo mencionar de aquellas fechas, Shiba automáticamente supo qué era lo que estaba ocurriendo, o al menos parte del motivo. Se sintió más incómodo aún, como si la presión se le viniera encima repentinamente, una que no había estado tan presente en los últimos meses por las miles de tareas que tenía como dirigente, además del rastreo de la organización Pan y la desaparición de Rinha. – El reporte llenado por Hanamura nos dejó algo preocupados.
    Lo siento. – Al instante, el ANBU se disculpó por lo sucedido, no era la primera vez que alguno de sus aliados había tenido que cuasi noquearlo para que recuperara el control sobre la bestia con colas. Era peligroso el simple hecho de que fueran a misiones con él, debido a que esa situación estaba de por medio y podría herir a sus propios compañeros.

    Sabemos mejor que nadie que no quieres herir a la gente de la aldea – esta vez, Hiroshi Narukami fue quien tomó la palabra –. Decidiste aceptar esta responsabilidad con tal de proteger a la Tormenta y te seguimos agradecidos por ello, pero Taiga, la situación ahora ha cambiado. – Esas palabras llamaron la atención del jinchuuriki, el cual cuestionó con la mirada al líder del clan Narukami.
    Lo que Hiroshi trata de decir, es que a la gente le preocupa tu capacidad para dirigir la aldea de ese modo tan inestable. La ausencia de Rinha ha empeorado esa inquietud. – Enoshima explicó la situación tan directamente como le fue posible sin faltarle al respeto al dirigente de la aldea, de todos modos, Shiba no parecía estárselo tomando de mala manera, más bien parecía solo ponerse más serio mientras escuchaba atentamente lo que tenían que decirle.

    A lo que vamos con todo esto, es que necesitamos que muestres una mejoría en el control del Dos Colas. Así la gente podrá ir confiando más en ti, sin tener la incertidumbre de que en cualquier momento puedas perder la cabeza y atacarlos. – Kutsugu sonrió con cierta tristeza al decir eso, no era del tipo de persona que quisiera poner en una posición así a nadie, mucho menos a Taiga, quien en el pasado había ayudado a su clan en momentos de crisis. – Si la gente duda más, es probable que pidan a gritos que se te destituya del cargo, no queremos que las cosas lleguen a ese extremo. – Lo último le cayó como un balde de agua helada al ANBU, no se había puesto a pensar en eso, desde que se había vuelto jinchuuriki siempre había estado Rinha al frente público de parte de ambos, no había tenido que afrontar la presión tan directamente al ser el dirigente que tuviera que estar tan visiblemente a la cabeza de la villa. Se llevó una mano a la sien y la masajeó con firmeza, la gente tenía su derecho a dudar de él, repetidas veces le había sucedido lo que ocurrió en Kyotei.

    Taiga, sabemos que eres buena persona – Taiyou habló por primera vez –, sé también qué tan atento eres con tus estudiantes y cuánto te gusta dar clases en la Academia, cosa que tú mismo detuviste por esta situación. – Al mencionar a los estudiantes, obviamente se refería a la hija de su hermana, quien fuese una de las personas que Taiga hubo tomado bajo su manto para entrenarles personalmente. – Hacemos esto no con malas intenciones, sino para que la situación mejore tanto para ti como para la aldea. No te estamos quitando tu cargo, no queremos hacer eso.

    ¿Qué es lo que quieren que haga? – Se veía serio, pero decidido, todos los presentes se miraron entre sí.
    De eso nos encargaremos nosotros. – Sin previo aviso, Daichi y Akisora aparecieron dentro de la sala, parecía que habían estado escuchando todo hasta ahora y solo esperaban su momento para entrar. La mujer veía intensamente al varón que se encontraba en una de las cabecillas, el escuadrón Sannin había sido creado como una fuerza de élite, misma que tenía como una tarea de prioridad mantener el bijuu bajo control.
    Iremos a una isla al norte del país, entrenarás con Daichi y conmigo hasta que muestres un buen control sobre el bijuu. Hasta entonces, no regresaremos a la aldea. Tú sabrás cuánto tiempo quieres dejar a la Tormenta sin sus dos fundadores. – Directa y fría, como era costumbre de ella, Shiba sintió cierta falta de aire nuevamente, pero a la vez sabía que no tenía otra opción. Debía mejorar, debía esforzarse, estar en la aldea le era imposible realmente priorizar el control de la bestia que yacía dentro de sí. Cerró los ojos unos instantes y se masajeó el puente de la nariz, luego paseó su vista por todos los miembros del consejo y al final la dejó fija en los dos ANBU presentes.

    Vale… Disculpen los problemas que causé, haré lo posible por controlarlo pronto, por favor mantengan la aldea en orden mientras no estoy. – Se puso de pie e hizo una ligera reverencia hacia todos, confiaba en ellos y en Kizashi, quien se quedaría al frente como era costumbre cuando Rinha y él no estaban allí. Tenía cosas que trabajar, ya no podía seguir aplazándolo, no con la situación así.



    Taiga Shiba [Ficha]
    Akisora Hanamura [Ficha]
    Daichi [Ficha]
     
  2. Belgium

    Belgium Dying. Moderador

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  3. Autor
    Blair

    Blair スパークル Moderador

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    Luego de afinar los últimos detalles, la reunión se dio por concluida y al dirigente se le dio menos de un día para dejar en orden lo que tuviera que dejar en orden. El peliverde se dirigió a su habitación, mientras que Daichi y Akisora se encaminaban hacia el puerto, ellos ya tenían sus cosas preparadas y solo quedaba asegurar que todo, tanto la ruta como la hora de partida, fueran completamente seguros y confidenciales; no querían que el mundo se enterara que la Tormenta estaba sin sus dos dirigentes.

    ¿Puedes encargarte de Weiss, Ares y Tego mientras no estoy? – El varón alzó la voz, tenía a la gata en sus manos, acariciaba su pelaje y le daba algunos mimos, no sabía si la vería pronto, aunque esperaba que así fuera. Detrás de él estaba su hermano, de pie en el marco de la puerta, él había sido informado del plan previamente y se le hubo prohibido mencionarle algo a su familiar antes de tiempo.
    Lamento no haberte dicho nada…
    No tienes por qué disculparte. ¿Puedes?
    Claro, me aseguraré de que coman y que estén bien. – Accedió, Ares estaba cerca de él, tratando de tocar con sus patas la banda ninja del castaño.
    Tarde o temprano tenía que afrontar seriamente este problema y el consejo tiene razón. Pongo en peligro a la aldea si sigo así, tengo que hacerlo. – Su rostro, serio, evidenciaba que no planeaba seguir postergando aquello; estaba completamente decidido a dar todo de sí para poder controlar aquel poder tan abismal. Le vendría bien, tanto personal como políticamente, el demostrar que podía hacer uso a placer de la fuerza proporcionada por el bijuu, ya no sería un arma de doble filo. – Asegúrate también de que todo esté en orden en la Academia, no olvides hacer pedidos de las bandas antes de la graduación.
    No planeas irte por tanto tiempo, ¿o sí?
    Espero que no, pero por si acaso es mejor recordártelo. – Él sonrió y luego dejó a Weiss en el suelo, para luego él moverse por la habitación y comenzar a preparar lo que necesitaría para aquel viaje. Le habían comentado que, en cuanto a provisiones, ya todo estaba arreglado y en caso de necesitar más, alguien de confianza iría a entregarlas; por lo que él solo debía preocuparse por las cosas propias.

    Pasó una o dos horas caminando por la torre administrativa para encontrarse con distintas personas, además de ir a su oficina a resolver algunos asuntos y finalmente encontrarse con Kizashi, el cual estaba informado también de lo que sucedería. Apenas se sintió satisfecho con la resolución o reasignación de los asuntos administrativos, regresó a su habitación para hacer los últimos arreglos; faltando una hora para lo acordado, envió sus cosas al puerto y se despidió de los felinos. Salió de la torre oculto bajo una especie de capucha, la lluvia y la noche ayudaban a que no fuera tan sencillo de reconocer, tenía que hacer una última parada antes de irse hacia el barco.

    […]

    ¿Ya dejaste todo en orden? Porque pretendo cumplir mi palabra en cuanto a que no regresaremos hasta que muestres control sobre el bijuu. – Akisora clavó su intensa mirada en el dirigente, éste asintió.
    Estoy listo. – Se acomodó el brazalete que compartía con Haruhi, a quien había ido a ver justo antes de ir hacia el puerto, acto seguido caminó hacia el barco y subió a éste, aún con su identidad siendo medianamente cubierta con la capucha y la oscuridad de la noche.

    El barco zarpó poco tiempo después de la llegada del peliverde, la cantidad de marinos a bordo era mínima, casi nula, apenas lo suficiente para dirigir como era necesario el transporte en el cual viajaban. Daichi y Akisora portaban gestos bastante serios mientras platicaban entre ellos, Shiba optó por mantenerse un poco alejado de todos mientras digería completamente lo que estaba pasando. Respiró hondo, se recargó en su asiento y dejó que las gotas de lluvia empaparan su rostro; conforme se iban alejando de la aldea, el silencio se fue haciendo más y más notable, dándole cierta “calma” al varón que no había percibido estando en la Tormenta. Apretó los párpados y trató de ponerse en contacto con el Dos Colas; mientras más pronto averiguara qué era lo que debía hacer, mejor.

    «Ustedes humanos son muy extraños.» La voz femenina fue audible únicamente para el jinchuuriki, quien a vista de los otros dos, simplemente se encontraba muy sumido en sus pensamientos. Shiba arrugó el entrecejo y se concentró de sobremanera, no muy seguro de lo que pensaba hacer ahora que el bijuu se había percatado de que estaba intentando comunicarse.
    «Extraños, ¿por cuál motivo?» Podía visualizar a la inmensa bestia frente a sí, aunque sabía que eso estaba ocurriendo en su mente; su “voz” salió más seria de lo que había planeado, pero a pesar del tiempo, no tenía una idea clara de cómo comunicarse propiamente con el bijuu que “habitaba” dentro de él.
    «A mí me sellaron en un humano, tú me odias, pero tratas de hablar conmigo.»
    «No te odio, supongo. Pero si vas a vivir en mi cuerpo, supongo que eventualmente teníamos que empezar a aprender a convivir.»
    «Yo no quería que me sellaran, tú no me quieres en tu cuerpo. Libérame y los dos estaríamos mejor.»
    Sus ojos se clavaron intensamente en el cuerpo del peliverde, éste sintió un escalofrío recorrer su cuerpo entero.
    «No puedo hacer eso. Destruiste una cantidad considerable de la aldea, sirvo para contenerte.»
    «¿Y cómo te va con eso? No eres capaz ni digno de controlar mi poder. Ni siquiera lo mereces.»
    «Yo no pedí esto, pero tendremos que llegar a un acuerdo.»
    Y sin más, el peliverde abrió los ojos, estaba ligeramente molesto, no era el rumbo que quisiera que la conversación hubiera tomado, pero realísticamente era uno esperado. Chasqueó la lengua y se recostó en la madera, sin importarle que eso simplemente hiciera que sus ropajes se humedecieran más, poco le incomodaba el agua.

    Les tomaría unas horas llegar a la isla en cuestión, según lo que se había informado, por lo que simplemente se decidió a tratar de calmar su mente con algo de descanso; suponía que, estando allá, poco tiempo tendría para realmente estar “a solas” y relajarse.
     
  4. Shulman

    Shulman No sé, me sabe a mierda

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