Misión D Mal de amores | Hiiro y Chie

Tema en 'Naruto World' iniciado por Kari Walker, 12 Dic 2016.

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    Kari Walker

    Kari Walker Into you

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    Otro día más en Kumogakure no Sato. Un encargo tempranero llegó a la nueva casa Miyazaki, siendo dirigido a los dos mayores porque el tercero ya se encontraba realizando ciertos encargos. El tema de la misión no sonaba tan mal; si incluía pasteles entonces era algo bueno, ¿no? Pues efectivamente, la respuesta era no, ya que al entrar al establecimiento (no tan abarrotado en horas mañaneras) y probar un par de trozos de pastel, percibieron que sus sabor no era tan suculento como decían.


    —Mira, esto tiene la cáscara del huevo —el Habanero mayor se sacó el trozo de cáscara de la boca, enseñándoselo a su hermana, misma que hizo cara de asco.
    —Creo que ya no comeré —espetó, empujando el plato semi lleno hacia otro lado de la mesa.

    En eso, los Miyazaki posaron sus orbes de diferente color sobre una muchacha muy bonita de cabello largo castaño y ojos verdes; no obstante, poseía un rostro ensombrecido por la preocupación. Los ninjas la observaron mientras discutía con otra persona, un hombre de apariencia misteriosa, cabello también largo pero de color negro y una gabardina del mismo color que cubría el resto de su anatomía. Luego de unos minutos de plática oculta, el individuo procedió a retirarse del restaurante, no sin antes echar un vistazo rápido al establecimiento. Fue ahí donde su mirada chocó con la de los Habanero, quienes identificaron el color de su mirada: negra. El contacto visual fue corto, dado que el sujeto cerró los ojos y procedió a marcharse. Ahora su centro de atención era nuevamente la pastelera, quien de un momento a otro se notaba más afligida. Hiiro y Chie se miraron entre sí y asintieron.

    —¿Se encuentra bien, pastelera-san? —La joven deprimida alzó la mirada que hasta ese momento tenía perdida, sobre el piso. Se encontró con un chico que la miraba con mucha tranquilidad y, a un lado de él, una muchachita de aspecto más firme y seguro.
    —Sí, gracias. Siento preocuparlos —sonrió, pero esa no era una sonrisa sincera —. Si me disculpan, regresaré a la cocina para seguir horneando...
    —¿Quién era ese hombre? —
    Inquirió Chihiro, directa como siempre y tomando desprevenida a la joven.
    —Eh… esto…
    —Hemos visto que de alguna forma estaba intimidándote, y eso nos llamó la atención —desvió su mirada de la pelirroja, aunque al hacerlo se encontró con la insignia ninja de la chica —. Tratamos de ayudarte.
    —Lo siento, es que últimamente desconfío mucho de las personas —
    admitió, apretando su mandil con las manos.
    —¿Ese hombre-san es malo? ¿Le está intimidando?
    —Puedes hablarme de tú, cariño.

    —¿Ese hombre-san es malo? ¿Te está intimidando? —Repitió Chie, acatando lo dicho por la pastelera. Esta última sintió una gota de sudor resbalar por su sien y la jounin rodó los ojos por la palabra “cariño”.
    —No es que me esté haciendo algún tipo de daño… Bueno, no físicamente —esto llamó la atención de los ninjas, quienes prestaron más atención a sus palabras —. Aunque no lo parece a causa de su apariencia, él es un crítico de pasteles.

    Silencio momentáneo.

    —¿Qué? —Pronunciaron los pelirrojos, al unísono.
    —Desde hace una semana ha estado viniendo a mi local para criticar mis creaciones, y desde un principio ha dicho que son horrendas —la pastelera reflejó en su rostro como eso le había estado afectando —, y me está presionando para que cierre el negocio, para que deje de dañar la reputación de los pasteleros. Yo estaba segura de que lo hacía muy bien, pero ahora ya no sé…
    —Pues los pasteles que acabamos de probar estaban malísimos —
    a veces Chie era ingenuamente honesto, ignorando que esas palabras fueran una estaca en el corazón de la muchacha —, pero creo que los hiciste en un mal momento y eres capaz de hacer postres mejores, pastelera-san.
    —Mi nombre es Chilindrina, corazón.
    —Como sea —
    intervino Chihiro, empujando al genjutsuka a un lado, ocasionando que este trastabillara y chocara con un cliente con un pastel que quería comprar —. Tenemos que evitar que ese hombre se salga con la suya.
    —¿Pero cómo? —
    Preguntó el chico con el pastel embarrado en la cara y un hombre enojado detrás de él.
    —Estaremos atentos a su regreso y evitaremos que trate de presionar a Chilindrina.
    —A decir verdad, pueden esperarlo en el mostrador mientras me concentro en la cocina para hacer pasteles deliciosos.
    —¿Qué? —
    Inquirieron los ninjas, al unísono.

    […]

    Media hora después, los Miyazaki estaban detrás del mostrador, vistiendo mandiles y gorros de cocinero. Chie se mostraba sin emociones, como siempre, mientras que Chihiro tenía una mueca de frustración.

    —No me esperaba este giro en los acontecimientos —admitió, suspirando.
    —Tal vez si le ayudamos aquí, ella puede poner todas sus energías en los pasteles.
    —Solo consiguió mano de obra gratuita, acéptalo.
    —Pero Chilindrina-san parece ser una buena persona —
    la taijutsuka rodó los ojos por enésima vez.
    —Tú piensas que todos son buenas personas —le recalcó, a lo que el shinobi se puso a pensar.
    —Mmm… No, porque creo que el crítico-san no es buena persona por molestar a Chilindrina-san.

    Hiiro estuvo a punto de responder a eso mas la campana de la puerta alertó que alguien la había abierto. Se trataba de varios grupos de gente que visitaban la pastelería por ser la hora del postre y el té, así que los Miyazaki se vieron en la obligación de dejar la conversación y concentrarse en atender a los clientes. En esos momentos ocupados, la campana sonó de nuevo, dándole paso al crítico que lo primero que vio fue a los ninjas trabajando.

    —Vaya, vaya…

    —Hiiro-san, es crítico-san —
    le susurró a la pelirroja, quien posó su mirada hacia donde lo hacía su compañero de equipo.
    —No me gusta cómo nos mira.

    Los ojos negros del sujeto se desviaron a la puerta de la cocina, la cual se abrió de repente, por donde salió Chilindrina con una charola llena de pasteles. Se notaba alegre, sin embargo, en cuanto se percató de la presencia de ese sujeto los nervios la traicionaron y sus piernas se le doblaron por sí solas, provocando que sin querer soltara la charola ante el grito de los clientes. Afortunadamente, los Habanero reaccionaron de forma veloz y la atraparon… Aunque en realidad, lo que pasó fue que la kunoichi le metió el pie al torpe y este cayó como plancha justo debajo del plato de aluminio, atrapándolo con la espalda mientras yacía recostado boca abajo. Resultó como Hiiro lo planeó en esos escasos segundos.

    —Auch.

    Los presentes suspiraron con alivio pero el de apariencia misteriosa levantó una ceja.


    #NadaQueVerElTítulo Acaba esta también mana (?) BishamonBishamon
     
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  2. Bishamon

    Bishamon She's a beast, I call her Karma

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    —Tan estúpida como siempre —al susodicho no le importó soltar ese comentario enfrente de todos los clientes, que eran muy pocos, los ninjas y la misma aludida, quien soltara un suspiro lleno de culpa; la risotada del hombre logró contagiar a unos cuantos consumidores—. Creo que llegué justo a tiempo para la ración diaria, ¿eh?

    Chilindrina se había agachado para recoger la charola de la espalda de Chie e inició el arreglo de los pasteles sin mirar al crítico. Se notaba su nerviosismo no solo en sus brazos y piernas, también por la aceleración del proceso que estaba haciendo. El hombre no había pasado por alto a los pelirrojos, uno de ellos apenas volvía a ponerse de pie con ayuda de la otra, de inmediato clavando la mirada en el intimidante.

    —¿Y ustedes qué?
    —Somos los ayudantes de Chilindrina san.
    —Con esos rostros ayudarán a que a clientela termine por irse para siempre —y otra risotada alcanzó a escucharse por todo el local, esta vez promoviendo que los clientes murmuraran diciendo que “tenía razón”, pues a Chie no le ayudaba mucho su expresión de todos los días y Hiiro… por el simple hecho de tener a alguien desagradable al frente, se le iban las ganas de sonreír.

    En alguna de las mesas, un niño que había dicho algo al oído a su madre señaló hacia el mostrador con mucha curiosidad. La mujer le contó a su pareja lo mismo que le había dicho su hijo y no fue hasta que el padre de familia preguntara en voz alta si la pelirroja era Chihiro Miyazaki, la “famosa” cantante de la aldea que había llegado del país de la Tierra. El crítico abrió sus ojos y boca, obviamente tratando de mantenerse incrédulo; ni siquiera Chilindrina se había detenido en ese detalle, mismo que la jounin utilizara a su favor ipso facto.

    Con gracilidad Hiiro se sentó en el mostrador, llevando sus piernas hacia el lado exterior para saludar a todos los presentes demostrando glamur. Más de uno se puso de pie queriendo abordar a la kunoichi; ésta miró con arrogancia al crítico, ¿qué haría ahora?

    —Mi hermano y yo decidimos ayudar a Chilindrina como obra de caridad —Habanero I inclinó un poquito su cabeza, él no estaba enterado de eso—. Es parte de nuestro programa como músicos, ¿cierto, Chie?
    —Sí, Hiiro-san.
    —Todo era parte de una sorpresa pero veo que la fama no puede mantenerse oculta durante mucho tiempo —decía la pelirroja de pie sobre el recibidor—; ¡Para empezar les tocaremos algo de música!

    Una mirada fue suficiente para que Chie secundara a su hermana, solo que él no llevaba su Shamisen consigo y no sabía qué hacer exactamente. Buscando y buscando, la pelirroja extrajo su flauta japonesa e inició el mini recital, dejando a todos emocionados incluidos Chilindrina; excepto al crítico. Este notó que el chuunin actuaba extraño, como si no hubiese estado preparado para su “concierto sin fines de lucro” según lo dicho por Habanero II, ¿le estaban tomando el pelo? En eso, el de rostro inexpresivo pidió permiso a la pastelera para tomar unos recipientes de cristal de distintos tamaños; agarró unos palillos del mismo material e inició su participación. Si bien Miyazaki varón era bueno con los instrumentos de cuerda (muy bueno), no era ignorante de cómo reproducir música con otros.

    Eventualmente las personas empezaron a aplaudir al compás de la melodía, incluso la joven pastelera se había olvidado de que el crítico que tanto la quería ver destruida estaba allí pues danzaba de un lado hacia el otro toda contenta. Chihiro también bailaba simplemente moviendo sus pies, algunas veces su cabeza; su hermano mayor, por minutos, sonrió levemente al verla tan ensimismada en lo que hacía.

    El susodicho miró de lado a lado; se sintió fastidiado mil, no podía soportar ni un minuto más estar en el local y ver a todo el mundo siguiéndole el juego a los cabeza de tomate, mucho menos podía tolerar que Chilindrina estuviera disfrutando del momento. Ella le ignoraba olímpicamente; ¡Imposible! Según él. En medio de la música trató de llamar su atención para continuar su juego intimidante pero no le estaba resultando porque ella ni siquiera lo estaba escuchando. Encolerizado dio un manoplazo en el mostrador, marchándose sin importarle a cuántos hubiese empujado.

    Chie se dio cuenta de lo que habían logrado, avisándole a su fratría al detener su parte del concierto con un buen final. Las personas agasajaron a los hermanos; para bajar del mostrador Hiiro le pidió ayuda al varón para que le permitiera apoyarse de sus hombros mientras él la sujetaba de su cintura. Por un instante creyeron que iban a caerse por el poco equilibrio del chuunin pero la pastelera lo evitó. Los familiares se sonrieron entre sí y por más mínima que fuera la curvatura de los labios de Habanero I, a la de mirada violeta le gustó ver la mueca en su rostro.

    —Creo que tenemos que tocar más seguido juntos, eso te hace sonreír —la clientela había empezado a pedir pasteles producto de la quema de grasa (¿?) momentánea y una bebida.
    —También sonrío si tú estás feliz —la jounin se le quedó viendo unos instantes, antes de que la dueña del local les pidiese un poco de ayuda.

    Ese día los pasteles no es que hubiesen mejorado absolutamente nada pero las personas “toleraron” los errores de la cocinera solo por tener a los hermanos Miyazaki trabajando con ella. Al finalizar el día, Chilindrina cerró el local e inició la cuenta de lo recaudado, que a simple vista se notaba que había sido más de lo que hubiera ganado otros días. Como Chie y Hiiro continuaban con ella, la repostera les ofreció un pedazo de bizcocho pero los dos se negaron.

    —Los artistas no podemos comer muchos dulces; eso afecta nuestras cuerdas vocales.
    —Además los pasteles siguen horribles, Chilindrina san —la aludida echó un soplo a la nada.
    —Gracias por ser tan honesto, corazón…

    La mujer se encontraba muy deprimida, ni siquiera pudo aguantar un par de lágrimas originadas por la frustración que sentía. Chilindrina había tomado asiento en la misma mesa donde yacían los hermanos. Antes de retirarse del local, los dos estuvieron de acuerdo con indagar un poco más en la “historia” de la pastelería o de los acontecimientos en los últimos meses. Chihiro recordó que cuando ella y sus hermanos llegaron a Kumogakure preguntó por la mejor repostería de la villa y una de ellas fue la de la agobiada mujer, tomando en cuenta que la aldea no pasa de tener cinco restaurantes dulces.

    A punto de iniciar la historia familiar que dio pie al sitio, un sobre entró por la brecha entre la puerta y el suelo. Los shinobi se pusieron de pie al instante, viendo a varios metros a un chico de su edad (aproximadamente) que se alejaba a las carreras. Hiiro le pidió al de mirada rojiza que la esperara ahí, cosa que él no quería hacer empero no pudo detener a la fémina, mas sí se ganó un buen tropezón en su intento. Chilindrina le ayudó a ponerse de pie, incluso a limpiarse un poco su ropa.

    Miyazaki mujer aceleró sus pasos gracias a un jutsu raiton, siempre guardando distancia del que perseguía pues solo quería descubrir quién fue y por qué hizo lo que hizo, que por cierto (mientras tanto) en la pastelería Chie tomó el sobre; la repostera le dio el permiso de abrirlo y dentro yacía una misiva que anunciaba la clausura del pasado famoso lugar. La piel de la dulcera se tornó más blanca que un papel bond antes de casi perder el conocimiento.

    Hiiro vio al muchacho descender unos cuantos puentes colgantes, mismos que ella se ahorró de un solo salto al caer en el correspondiente. Muy cerca de la vivienda donde tocara la puerta, Habanero II logró esconderse tras una roca.

    —Ya hice lo que me pediste, Toru.
    —Aquí tienes tu paga… ni una palabra de esto a nadie —la jounin arqueó una ceja, con que ese muchacho solo cumplía un mandado, justamente por petición de quien quisiera afectar a Chilindrina.

    Esperando a que el mensajero se alejara y la puerta se cerrera, Hiiro optó por asomarse por una ventana de la vivienda del mortificador. La casa no era enorme, por lo que rodearla no representaría un mayor problema. El crítico se encontraba viendo televisión, seguro que un canal nacional; la instrumentalista notó que sonreía, a veces se sobaba las manos pareciendo que hablaba solo, lo que le hacía ver como un demente. En eso, una señora se acercó a él casi dando gritos pues la pelirroja pudo escucharla sin problema cuando le preguntó que quién había sido y qué querían. La mujer no quedó satisfecha hasta después del décimo quinto “qué” y que su aparentemente hijo se acercara a ella para hablarle al oído.

    Miyazaki se dio cuenta de que la mujer bajó los hombros en conjunto al cierre de sus ojos. Como cualquier madre que aconseja a un hijo, pese a que ella no sabía si era así o no por razones personales, ésta tomó las manos de Toru para refugiarlas entre las suyas. Como él estaba cerca no tenía la necesidad de gritar, lo que no le impidió a Hiiro escuchar porque pudo ayudarse de uno de sus jutsus familiares para obtener la información.

    Los orbes de la músico se abrieron de golpe.

    […]

    La puerta de la pastelería se abrió e hizo que la campanilla sonara, avisando a los únicos que yacían dentro que alguien había llegado. Miyazaki varón no se equivocó al suponer que se trataba de Hiiro, a quien fue a recibir gustoso solo que ella tiró de él apegándolo tanto como fuera posible; eso le tomó por sorpresa al muchacho.

    —Tengo que contarte algo.
    —Yo también. —Ambos observaron hacia el mostrador, a Chilindrina específicamente.
    —Aquí no.
    —¿Sucede algo? —preguntó la dueña del sitio. Chihiro le dedicó una mirada cargada de réplica que logró que la muchacha se cuestionara con mayor inquietud si había pasado algo o si estaba sucediendo, más allá de lo que ya estaba viviendo.
    —Seré directa, mejor —hasta Chie se encontró extraña esa actitud, en parte—, tú le quitaste el local a otra persona, ¿no?
    —¿Qué?
    —¿De dónde sacas eso! —pronunció muy alarmada Chilindrina.
    —Este sitio le pertenecía a la mamá del tipo que viene siempre a criticar tus pasteles; él fue quien envió un mensajero con la carta y escuché que le decía a la señora con la que vive que pronto recuperaría lo que era suyo —utilizó comillas al decir la parte del mensaje del hombre aquel hacia la mujer de entrada edad. Chie llevó una mano a su barbilla, pensativo.
    —Y-yo… yo… ¡Yo pagué por este local! Ahora es mío.
    —Nunca nos contaste cómo funcionaba la repostería hace meses, Chilindrina san —la pastelera consideró no hablar luego de sentirse acorralada por los hermanos; los dos se dieron cuenta de sus intenciones—. Si no quieres que crítico san logre su propósito, debes contarnos.

    La historia fue breve: la madre del atosigador fue la que fundó el local de postres desde antes de que Kumogakure tuviera ese nombre; la gente sabía que ella era la dueña y la responsable de cocinar postres deliciosos, pero también conocían a Chilindrina, quien llegara hace unos cuantos años al negocio e incluso ayudado a pagar una serie de montos hipotecarios (¿?) por todas las vicisitudes por las que había pasado la villa y en sí, una ganancia baja. Como la más joven terminó pagando la mayoría, eso la convirtió en la socia mayoritaria. Fuera de eso pero relacionado hasta cierto punto, el hijo de la señora, Toru, se enamoró de Chilindrina perdidamente; iba mañana y tarde al negocio solo para poder verla, incluso estaba dispuesto a cumplirle cualquier caprichito… solo que ella no estaba para nada interesada en él y le rechazaba constantemente, hasta que decidió ponerle un alto a los “supuestos acosos de Toru” despidiendo a su madre para que así no tuviera “otra razón para regresar a verla”. Su plan falló y con él la reputación de la pastelería decaía.

    Toru ya era un crítico gastronómico, solo que con su madre siempre fue benevolente porque sus dulces siempre encantaron al pueblo. Chilindrina no previó que eso le sucedería y ahora yace al borde del colapso por culpa de sus nervios. El dueto Miyazaki se echó un vistazo cómplice exento de la atención de la angustiada mujer; se les había prendido el bombillo.

    […]

    El crítico había llegado a la misma hora de todos los días a la repostería, esta vez fue acompañado por otras dos personas que avalarían su opinión sobre si siempre sí cerrar el local o no. Chilindrina no permitió la entrada de la clientela, aunque no mucha gente trató de comprar algo; la campanilla activó su amígdala cerebral, promoviendo su miedo y nerviosismo incontrolable.

    —Es tu última oportunidad —así saludó Toru. Él y sus compañeros tomaron asiento en la misma mesita que siempre ocupaba el primero, a la espera de una muestra de pastel.
    —Justo terminaba uno que está en la cocina, ya vengo.

    En la parte trasera yacían los hermanos Miyazaki. Ellos supieron que el susodicho estaba allí por la expresión en el rostro de la afectada mas, Hiiro le cuasi exigió que no mostrara temor porque eso podía perjudicarla más. Todo estaba bajo control, no tenía qué preocuparse tanto… aquel sentimiento de debilidad llevó a la fémina instrumentalista a rodar los ojos; ese tipo de personas la desesperaban.

    Chilindrina llevó tres pedazos de biscocho a la respectiva mesa, donde los comensales platicaban sobre sus percepciones anticipadas hacia los postres. La chica se alejó rápido, haciendo tripas corazón para no quedar muy evidenciada respecto al temor que sentía. Cada uno de los hombres se llevó un poco a la boca, listos para escupirlo de ser necesario porque habían puesto una servilleta de papel muy cerca de su plato, así como un poco de agua que en conjunto a los platillos Chilindrina les brindó. Los tres dejaron de masticar de repente; los dos invitados por Toru observaron a su compañero de críticas con notoria impresión… el mismo Toru no entendía lo que estaba pasando si se suponía que el biscocho debería estar lo que le sigue a horrible.

    En menos de cinco minutos se habían terminado el postre, menos Toru. Él miró a Chilindrina con cara de saber que le ocultaba alguna cosa y más valía que se lo hiciera saber, cosa que sus otros compañeros vieron muy extraño en él. No les pareció muy imparcial. Antes de que ellos se expresaran al respecto, terminaron mediadamente tumbados sobre la mesa al quedarse inesperadamente dormidos; Toru respingó.

    —Ya sabemos la verdad, Toru —escuchó una voz femenina provenir de alguna parte del local.
    —Quieres vengar lo que le hizo Chilindrina san a tu madre san, Toru san —ahora la voz de un chico que hablaba muy raro; ¿qué estaba pasando?
    —Toru… perdón.
    —¿Qué? ¿Quieres que te crea después de haber despedido a mi madre como lo hiciste?
    —¡¡Me equivoqué!! ¡¡Lo siento!! No vi salida cuando empezaste a acosarme a cada momento…
    —¿Acosarte? ¡Nunca hice tal cosa!
    —Siempre venías al local y me traías cosas y me declaraste tu amor, ¿recuerdas? —Los hermanos músicos observaban y escuchaban atentamente desde su escondite, intercambiando el foco de atención al mismo tiempo que el emisor en ese pleito.
    —Pero tú me dijiste que yo te gustaba…
    —Te dije que me gustaron los regalos…
    —¿Por qué no solo lo dijiste? Te hubiera entendido.
    —No parecías querer entenderlo…

    Hiiro suspiró. Antes de que los críticos llegaran a la repostería, los ninjas, Chilindrina y la madre de Toru se habían puesto de acuerdo con algo muy importante (además de engañar al supuesto acosador de la joven pastelera porque el biscocho lo hizo su madre): que la señora regresaría a trabajar. Suponían que con ella ganarían más dinero y tendrían mejores promociones. Después de todo ella fue la que puso el negocio. Dejando la pelea entre un no marido y una no mujer, los Habanero se despidieron de Concha (así se llamaba la más vieja) y salieron por la parte trasera del puestecillo.

    —Qué complicado es estar enamorado de alguien.
    —Asegúrate de ser muy claro cuando te declares, Chie —él miró a su hermana; ninguno detuvo el paso—. Y nunca ruegues o pidas migajas; eso es para tontos.



    Kari WalkerKari Walker cuando una misión D es difícil....
     
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    Última edición: 27 Dic 2016
  3. Lionel

    Lionel Never Give up Moderador

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    Fueron directos al grano y de una a la mesa de la pastelería… Pensé que harían una introducción antes de llegar pero… Me sorprendieron al principio con lo de que sería la trama inicial ya que, si nos guiamos por enunciados, da a entender un giro diferente; sin embargo, fue muy grato leerlo. Una cosa, BishamonBishamon sabes que podían hacer otro post ambas y, de esa forma, no tener que sobrecargar tu aporte, lo mismo para tu compañera Kari WalkerKari Walker . Solo es una sugerencia. Las evaluaré de forma general ambas ya que es una misión de rango D y no se destaca tanto como en una de mayor rango.

    Trama​

    Sin duda, el punto fuerte de ambas. El clímax de escrito fue llevado de forma natural y sin forzar ninguna parte haciéndolo interesante de leer. El misterio de Toru, la ingenuidad de la pastelera (Chilindrina) y el trasfondo con la mamá. Las dos usaron el Saber al dedillo de cómo emplear lo del enunciado, sin embargo, pudieron aprovechar al máximo el dato del ermitaño para destacar aun más su historia haciéndola más intrigante. Ambas supieron aportar al escrito un poco de ella, más Bishamon porque fue la escribió más, pero lo importante es que le dieron importancia a este apartado y no solo lo abandonaron solo porque es una de rango D.
    Ambas 10/10

    Interpretación​

    Aquí si haré una parada momentánea. Hay ciertas cosas, detalles omitidos, que a veces hicieron perderme y llegarme a preguntar, cuando (después de que la pastelera del digiera lo del crítico) lo vieron, ¿cómo sabía ellas que ese era él entre todos los demás? Esa falta de descripción fue en el post de Kari; en tu caso Bishamon, no hallé nada fuera de lo común; manejaron muy bien la ficha de una a la otra como buenas hermanas que son.
    Kari 9/10
    Bishamon 10/10

    Realismo
    Siendo una de rango D, son muy pocas las cosas que pudiera restarle a este apartado.
    Ambas 10/10


    150 Ryos ambas + bonus 50 Ryos; Kari 2Prs y Bishamon 1Prs por dificultad progresiva.

    150 Ryos para Kumogakure no Sato; 75 Ryos para Akenuri.


    DrKodaDrKoda SakuraSakura Asignen todo y mi paga también y avisen a Milo.​
     
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  4. Milo-sama

    Milo-sama Moderador

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  5. Sakura

    Sakura Sweet Girl Diseñador Oficial

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