Misión A Las maravillas de Zhao Hun ▪ Suicide Squad

Tema en 'Naruto World' iniciado por Ultraviolence, 20 Nov 2018.

  1. Autor
    Ultraviolence

    Ultraviolence R I G H T F U L L Y Diseñador Oficial

    Registrado:
    9 Abr 2009
    Mensajes:
    10,775
    Temas:
    804
    Calificaciones:
    +2,185
    Las Maravillas de Zhao Hun (A)

    Un festival ambulante ha causado sensación en todo Modan, independientemente de que no haga ni una sola parada en las grandes villas de cada país. Muchos han quedado extrañados con lo que vieron en la carpa de este espectáculo, pero lo que se repite de boca en boca es el nombre de Zhao Hun, un supuesto mago de tierras lejanas que tiene impresionantes habilidades elementales, las cuales ha usado para maravillar sus espectadores... y eliminar a sus enemigos. Varios reportes han indicado que decenas de desapariciones han surgido con el paso del festival, pero al parecer ninguno de los poblados afectados he dicho nada al respecto, como si no se diesen cuenta de que falta alguien...

    Objetivos:
    - Descubrir el paradero de los desaparecidos
    - Averiguar la relación de Zhao Hun con estos eventos
    - Tomar medidas apropiadas si se requieren

    Notas:
    - Zhao tiene control sobre los cuatro elementos de una manera sobrenatural. No utiliza jutsus ni habilidades familiares... es algo muy diferente e increíblemente peligroso.
    - Su caravana sí tiene ninjas, entre 4 y 6 chuunin y 3 jounin.
    - Zhao, por su parte, podría ser calificado como un jounin o ANBU dependiendo de qué se tome en cuenta para analizar sus capacidades.
    - Cuidado, pues es sospechado que lo que hace a Zhao increíblemente poderoso son sus habilidades de control, aunque no es genjutsu, es algo mucho mas... ¿espiritual?


    Nero.Nero. GO
     
  2. Autor
    Ultraviolence

    Ultraviolence R I G H T F U L L Y Diseñador Oficial

    Registrado:
    9 Abr 2009
    Mensajes:
    10,775
    Temas:
    804
    Calificaciones:
    +2,185

    Todavía no estaba muerto, una gran herida en el pecho sangraba copiosamente pero aún conservaba la energía y la esperanza suficiente para luchar por su vida. Se arrastró, enredó los dedos en el pasto crecido, propio de lugares intransitados, para volverlos su objeto de salvación. Así fue como tiró de su cuerpo para reptar, sus piernas estaban rotas. Lloraba como un bebé, las lágrimas se mezclaban con la saliva y el flujo de su nariz para pedir auxilio. Allí nadie lo escucharía. Él mismo había provocado su propia desgracia al escoger un sitio alejado, ensombrecido no solo por la noche, sino por el follaje abundante, para cazar a sus presas. Algún viajero desprevenido que deseare acortar su sendero, arriesgándose a parajes por demás solitarios. Sin embargo, terminó siendo víctima de sus blancos. Mientras se movía lastimosamente, una mano lo tomó del tobillo para atraparlo con tal fuerza que sus huesos crujieron. Enterró los dedos en la tierra deseando no ser llevado por la muerte, dejó marcas. Lanzó un grito, semejante a un lobo clamando a la luna. Abrió tanto la boca que su mandíbula amenazó con quedarse atascada más ese fue el menor de sus problemas. En un solo movimiento fue volteado para mirar la cara de la bestia. Sus ojos parecían emitir un fulgor tenebroso en la oscuridad.

    Déjalo ya ―se escuchó una voz, la petición fue ignorada. De pronto, una mano se introdujo de golpe en el corte sangrante, pujante y recubierta de algún agente que le facilitó abrirse paso entre la carne fresca y aún entre las costillas. El sujeto se retorció preso de un dolor inenarrable, inmerso en la sensación de que algo le quemaba. Sus ojos se desorbitaron mientras intentaba con las suyas detener esa mano que atravesaba su pecho. Espuma salió de su boca, saliva burbujeada por el aire que intentaba salir de su garganta. Agitó el torso, era inútil. Ocurrió un apretó en su corazón, perforado por dedos embutidos en energía oscura aplicada en dosis espeluznantemente controladas, lo suficiente para no explotar el cuerpo de una.

    Duele ¿Verdad? ― Movió la cabeza varias veces entre gritos ahogados que fueron agravándose hasta volverse insoportables. Fue la aparición de apéndices oscuros y afilados lo que terminó cortando la garganta del pobre hombre para darle muerte y terminar con su sufrimiento. Un acto piadoso. Hasta entonces quedó estático, como un muñeco al que se le había terminado la batería. La mano siguió moviéndose en la tibieza propia de la carne, apretando hasta exprimir el órgano del sujeto por completo. Sintió envidia, a él ya no le dolía.

    .

    .

    .


    Mantuvo los dedos bajo el chorro hasta que dejaron de estar rojos y se tornaron azules.

    Ahuecó las palmas de sus manos para tomar del agua que caía en forma de un pequeño riachuelo, cuya naciente era la cima de una montaña alta. Se inclinó lo suficiente para hacer que la dosis helada no solamente se tomase la libertad de entumecerle los dedos, sino también de alcanzar su rostro. La finalidad era despertar de las pesadillas diurnas, intentando que la incomodidad le devolviese a la realidad, quizás un poco más apacible que sus propios pensamientos. El dolor como principal motor para recordarse que estaba viva, eso le traía viejos recuerdos, de cuando comenzó a ser ninja y se servía de aquello para no bloquearse del mundo. Resultaba extraño no tener que preocuparse por un nuevo plan de los Samsara, de las imprudencias de Rangu, de las contiendas con el clan Ikari. Enderezó el cuerpo y algunas gotas resbalaron desde sus mejillas hasta la punta de la barbilla, la piel se enrojecía por el contacto frío, sus labios parecían remarcados de carmín, casi temblorosos a causa de las temperaturas. Observó calladamente cómo Blue entablaba conversación con un pueblerino para recopilar información del festival que hacía días pasó por allí. Resultaba curiosa la forma en que se desplazaba por el continente, pues para ser un evento llamativo y aparentemente lucrativo, evadía las grandes aldeas ninja, donde podría obtener mayor ganancia amén de la urbanización. Aquel lugar, Korigakure, era el tercero al que acudían a manera de investigación y el más difícil en cuanto a ubicación geográfica, debían hallarse a unos cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Había que imaginar la peripecia necesaria para traer el evento a un sitio tan inconveniente ¿Tráfico de personas? Las operaciones de dicho festival eran por demás sospechosas, si se deseara hacer algo indebido, justamente, ocuparías las poblaciones más apartadas de las aldeas ninja, donde evidentemente la seguridad y el control era menor. Ya le había tocado lidiar con una situación parecida en las cercanías de Rakugakure, porque obviamente no les dejaron entrar. En aquel entonces si mal no recordaba, el circo iba recolectando personas por su tránsito para volverlos espectáculo y parte del show. Qué lucrativo era tener actores sin paga y viviendo en condiciones miserables. Pero esta vez, se topaban con individuos aparentemente más inteligentes; el mal también evolucionaba y hallaba nuevas formas de penetrar en territorios ajenos. Miró su reflejo con desdén en el agua corriente. Suspiró y el vaho emergió de su boca como una nubecilla espesa.

    Hasta entonces, el ronin agradeció el tiempo prestado, guardando las anotaciones dentro de su ropa una vez concluyó. Las pistas apuntaban hacia un mismo modus operandi. Cabía mencionar que desde el inicio del viaje fue él quien interactuó con las personas, incluso se presentaba a sí mismo como un enviado de Tomo-sama, en un intento amable para conectar con las personas. Inmediatamente éstas pensaban que hablaban con un monje o un sacerdote de algún templo apartado, incluso, a los ojos de Setsuna, se le antojaba que Blue había comenzado a actuar como Bardock o quizás ya estaba enloqueciendo. El sonido de los pasos sobre la nieve, ese constreñir al afectarse por el peso, le hizo saber que se acercaba y al aproximarse el representante de los Gyazara jaló con la diestra la tela que le servía no solamente como una especie de cobertura para el frío, sino para las condecoraciones que lo acreditaban como miembro de Raku. Si es que eso tenía un valor ahora. La tela se desenrolló de sus hombros y ondeó al viento provocado por la ventisca. No era tupida pero sí constante. Por inercia extendió el brazo para ofrecérsela a Setsuna. Ella se quedó inerte, ignorando la amabilidad y con la mirada clavada en el rostro del varón, esperando la conclusión del cuestionamiento. Pocas eran las palabras que habían intercambiado en el camino o durante la misión. No era para menos. Con la misma naturalidad de su gesto, Blue retrajo el brazo y colocó la tela sobre su hombro para no perderla.

    No es como si desearan verse. Definitivamente no era lo mejor, no cuando las heridas seguían abiertas. Estaban allí por motivos distintos, como dos ninjas que bajo sus propios intereses y presos de la casualidad, quedan juntos en una misión. Para Setsuna era como volver al inicio, cuando se conocieron; no eran los mejores trabajando juntos pero lograban apañárselas, en las primera ocasiones llegó a considerar al viejo Bjorn como un estorbo, siempre la retrasaba, era torpe y descuidado, ella no tenía idea del trabajo en equipo. Y ahora, quedaba volver a crear el lazo, pues, de pronto, se miraba a sí misma como una desconocida delante del ronin. Lo sentía en su mirada. Poco más y tendría que estrecharle la mano y presentarse. Sin duda, aquello sería mucho más fácil que cargar con la realidad. Era incómodo. Entonces ¿Por qué?

    ¿Qué te dijo? ―voz neutral.

    ―Se fueron hace tres días ―eso quería decir que estaban cerca―
    . Este sitio tiene solo una salida y una entrada, así que inevitablemente se retiraron por el sur. Luego de bajar la montaña pudieron ir hacia cualquier lugar, aunque según el mapa hay un poblado mediano no muy lejos. Con suerte los encontraremos allí ―se le escuchaba tranquilo, también sintonizado en la neutralidad y ligeramente impersonal.

    Kawagakure ―alcanzó a decir― ¿Sus operaciones?

    Igual que las anteriores, algunas obstruidas por el clima ―la forma de realizar el festival, en general, era la misma. Lo relevante era que parecían estudiar a las poblaciones en cuestión, de tal forma que pudiesen acomodarse a las costumbres del sitio para ser familiares. Por ejemplo allí, en Korigakure, hicieron el festival de la ventisca. Entonces, apuntaba a que sus víctimas no eran al azar, se les escogía y observaba, y si cumplían con las condiciones necesarias, aparecían ofreciendo entretenimiento a bajo precio.

    ¿Y Zhao?

    Espectáculo maravilloso. Pero, esta vez existe un elemento delator: huellas. Aparecieron varias pisadas en la nieve en una mañana despejada. De apariencia pequeña, cientos. También rastros enormes, tan grandes que podrían ser confundidas con un agujero. No era un oso.

    La profundidad depende de la composición de la nieve y si hablamos de una mañana despejada, estaría próxima al deshielo.

    Según el pueblerino, nunca habían visto algo así―. Y allí terminó la conversación. Esdesu comenzó a caminar rumbo a la salida de la aldea, sopesaba la posibilidad de invocar zorros para descender rápido. De nuevo el silencio incómodo se instalaba entre ambos, asentándose por encima de cualquier asunto personal. Se llegaba a preguntar si en algún momento la atacaría por la espalda para vengar a su amigo, tendría toda la razón del mundo, en ese caso ¿Se defendería? Solo aquello podría explicar el motivo para acudir a la misión, no estaba obligado y francamente no lo necesitaba. Pero qué mejor que estar lejos de casa para cometer el crimen, nadie podría culparlo si moría durante una misión ¿Qué no? esas cosas ocurrían todo el tiempo, en ese preciso momento algún shinobi podría estar agonizando en un rincón de Modan. La muerte no respetaba rangos, bastaba un descuido para caer preso de un destino fatal; un asunto tan azaroso como una tirada de dados. Anduvo por la nieve, podía escuchar los pasos de Ikari y los suyos, él se mantenía detrás y seguramente no cuidándole las espaldas. Quizás debería darle el gusto. Mantuvo la vista al frente todo el tiempo hasta que un anuncio de madera señaló que estaban por abandonar Korigakure, también se daba por terminada la cerca que delimitaba la población. Setsuna exhaló otra nube de vapor y se giró. Bjorn estaba serio, también el vaho se condensaba al salir de su nariz, pero él no se detuvo y pasó a lado de la pelirroja, como si no estuviera. La espada en su cintura se sacudía al compás del andar, oculta en su mayoría por las prendas. Las marcas de su calzado era lo que quedaba detrás.

    La mujer abrió la boca para decir algo pero nada emergió de su garganta, sus labios temblaron dejando ir su aliento. Apretó los puños con cierta impotencia conforme el ronin se alejaba y terminó bajando la cabeza ¿Cuándo había sido la última vez que lo hizo? Cerrar los ojos un momento trajo a su memoria, de forma muy vívida, las escenas de la madrugada anterior. Se miró las manos, todavía veía sangre en ellas.


    Nero.Nero.
     
  3. Nero.

    Nero. We was born sick, but I love it

    Registrado:
    21 Ene 2008
    Mensajes:
    3,056
    Temas:
    177
    Calificaciones:
    +705

    Kawagakure era un pueblo minero sin ningún atractivo en particular. Quienes vivían ahí eran los trabajadores y sus familias, generaciones de generaciones de mineros que habían aprendido el oficio de la metalurgia de sus padres y sus abuelos, por eso no era difícil deduce que tres cuartos de la población estaba emparentada de algún modo. La mina y las fábricas eran las únicas fuentes de ingreso. Como la industria local había envenenado las tierras, los alimentos y otros insumos se conseguían gracias a las caravanas de mercaderes que llegaban de vez en cuando. Ellos y los viajeros de paso eran los únicos forasteros que pisaban las tierras de Kawagakure. Por eso el paso del festival ambulante de Zhao Hun había sido el evento del año, quizás del siglo en aquella comunidad de mil habitantes.


    El Suicide Squad, si aun cabía llamarle así a la maltrecha sociedad entre Setsuna y Blue, había tardado poco más de medio día en llegar porque habían optado por no levantar suspicacias. De por sí sus caras eran bastante conocidas en el país, peor aun después de La Caida del Trueno, como comenzó a llamársele al golpe de Estado que casi desaparece a Raku. Nada de invocaciones para desplazarse más rápido ni carreras a través de los árboles. La última vez había sido un simple asaltante de camino el que los había interceptado, la próxima podría ser un ninja enemigo o incluso alguien confabulado con el festival ambulante. Y desde luego, alcanzarlos en este momento no era prioridad pues de saberse perseguido, Zhao podría tomar represalias contra los secuestrados, si es que aun seguían con vida. Había que reunir información y averiguar qué era lo que estaba pasando. De momento bastaba con seguir las migas de pan que iban dejando por el camino.

    Estaba a punto de anochecer y Blue caminaba despacio por las polvorientas calles del centro del pueblo sin rumbo determinado, sólo con el afán de escuchar lo que se decía por las calles. De forma pragmática, él y Setsuna se habían separado como en el pueblo anterior. Blue se encargaba de las pesquisas entre la población mientras Setsuna se quedaba en los linderos de la zona inspeccionando el terreno. Pero de forma personal, su separación era más profunda que una simple repartición de tareas según capacidades. Si el general Ikari había acepto el encargo era porque a él también le beneficiaba la recompensa. La ciudad estaba en ruinas y necesitaban cada céntimo para reconstruirla, eso incluía el distrito de los Ikari. Pero ciertamente el tiempo que pasaban juntos se sentía más como una obligación. Cada vez que veía a Setsuna no podía evitar mirar la suma de sus malas decisiones: la muerte de Bar, la destrucción de Raku, el exterminio de ninjas y civiles. Sabía que no era enteramente culpa de la mujer, a fin de cuentas, no había sido su mano la que había blandido la espada que cortó el cuello de su amigo, pero eso no la eximía del papel que había jugado durante el levantamiento. El engaño, la manipulación y la ambición habían fracturado la confianza que había depositado en ella a tal grado que se preguntaba si Setsuna se había transformado hasta volverse irreconocible o si siempre había sido así y él no había querido verlo. De cualquier modo, había enterrado a la mujer que amaba en las ruinas del templo de Tomo-sama y solo quedaba la implacable general Himekami, lo cual resultaba doloroso y decepcionante.


    Por más que tratara de enfocarse en la misión, invariablemente su cerebro acabara en estos pensamientos redundantes. Volvió a enfocarse en el entorno. No era difícil encontrar coros de personas que, tras la jornada en la mina, se reunieran a platicar de los temas más relevantes del pueblo, entre ellos el espectáculo casi circense que se había ido hacia dos días. Conversaciones sueltas aquí y allá de los extraños movimientos de los contorsionistas, de la belleza de las bailarinas y de el espectáculo principal: la invocación del dragón de hierro. Blue preguntó a un vendedor de pan, uno de los sujetos que aparecían con sus caravanas ambulantes, de qué se trataba el asunto. Como era de esperarse, el festival había hecho una presentación especial inspirada en la mitología del pueblo que decía que un dragón cuidaba de las minas y sólo permitía el acceso a la gente del pueblo. Según dicen, esa noche el dragón se había materializado por primera vez, aunque las versiones de su tamaño y forma variaban de persona a persona.

    ― Una pena, debe ser difícil para las familias ―comentó Blue tras oír al panadero decir que en el pueblo también había desaparecidos. Específicamente un adolescente, una mujer y dos hombres.
    ― Oh no, nada de eso ―una pequeña sonrisa desconcertante apareció en la cara del hombre que no pasaba de los 30 años―. Parece que fue lo mejor que les pudo pasar.
    ― No lo entiendo ―confesó Blue.
    ― La gente de aquí cree que fue obra del dragón de hierro, que han sido elegidos. Una especie de buen augurio. Pregunte a sus familias. Incluso están pensando realizar una celebración al pie de la mina en su honor.
    ― ¿Y usted lo cree? ―
    era inevitable mostrarse excepto cuando la gente creía que el que no volviera a ver a un ser querido era una señal de buena fortuna.
    ― Señor, yo no creo nada, solo sé lo que vi. Y lo que vi fue a un dragón de hierro. Uno verdadero.


    Cerca de la media noche, Bjorn regresó al campamento de Setsuna había instalado al pie de una pared de roca, a un kilómetro del camino que conducía a las minas. Hasta que el olor de la carne penetró en su nariz, no se había dado cuenta que tenía hambre. Setsuna apenas le dirigió una mirada fugaz cuando llego, como reconociendo su presencia. Blue se sentó del lado contrario y tomó de la carne que se hacía en la fogata. Antes de que pudiera empezar a detallarle sus descubrimientos, fue la pelirroja quien se adelantó extendiéndole un pedazo de tela manchado de tierra y sangre.

    ― Nos estamos acercando ―sentenció Setsuna. signos de violencia solo podían significar que el festival ambulante en efecto ocultaba algo siniestro.
     
  4. Autor
    Ultraviolence

    Ultraviolence R I G H T F U L L Y Diseñador Oficial

    Registrado:
    9 Abr 2009
    Mensajes:
    10,775
    Temas:
    804
    Calificaciones:
    +2,185

    El hallazgo de la pelirroja venía acompañado con la existencia de una serie de marcas en un perímetro de unos cinco o seis metros dentro del bosquecillo, mismo espacio en el que recogió la prenda. Con ello se entendía la presencia de un campamento rústico. Aledañas, unas huellas que no cuadraban con el calzado de un ser humano a causa del tamaño; algunas de ellas eran tan pequeñas como las provocadas por un niño de dos años, cosa incoherente ¿Quién tendría un ejército de bebes? Otras, por el contrario, alcanzaban el tamaño de su antebrazo y una profundidad de dos centímetros aludiendo a algo pesado.

    ¿Estás diciendo que en las afueras había un campamento no necesariamente humano? ―con aire de incredulidad, Blue detalló la prenda. Parecía haber sido desgarrada y posteriormente salpicada de sangre. Un retazo inservible.

    No ―cortó Setsuna―, había humanos y algo más. A menos que hablemos de gigantes y enanos― nadie había mencionado, en los testimonios, la presencia de individuos anómalos. Detalle espeluznante que seguro habría quedado en la memoria colectiva. Por otro lado, tenía sentido haber hallado las pistas en un sitio aparte, donde justamente no podían ser vistos.

    ¿Cuál es tu teoría? ―al decir esto, el ronin hizo emerger uno de sus gusanos para comer la materia orgánica, los restos de sangre seca de la que esperó obtener algo. El objetivo examinado seguro se hallaba lejos pero no deseó perder la oportunidad. Tras unos segundos la única información obtenida fue que la víctima se trataba de una mujer.

    Suponiendo que este asesinato esté relacionado con el festival. Tiene sentido que ocupen un sitio apartado para realizar sus crímenes, lejos de la fiesta. Huellas de personas, vestigios de un lugar ocupado, ramas rotas, cenizas, olores extraños. Dos pares de personas, quizás las víctimas venían en sus hombros ―imaginó, esquematizando la escena en su mente―, pero luego, las huellas se multiplican y se concentran en el área. Los dos pares de huellas humanas regresan por el camino.

    ¿A dónde van?

    Desaparecen en el arroyo.

    Entiendo ― el arroyo bajaba hasta el pequeño pueblo. No sería difícil imaginar a los individuos caminando a través de él hasta toparse con la civilización y luego salir como si nada, uniendo sus pasos a los del resto. La gente acudía constantemente para llevar agua a sus hogares o lavar. Aquel hilo acuático no superaba el metro de profundidad y los dos de anchura. Los niños gustaban de ir a jugar también. El rastro se perdía por completo. Hacerlo durante la madrugada era solo una precaución extra, nadie se asustaría de mirar a dos hombres en el arroyo―. Supongo que no había cadáver.

    No.

    De cualquier forma, nadie busca a las víctimas. Es un caso cerrado ―recordó el testimonio del dragón de hierro. Lo más incómodo del asunto era que las personas del poblado no parecían estar siendo presas de un genjutsu que les instara a actuar así. Lo supo porque al iniciar una conversación (de tantas) colocó la mano en el hombro del sujeto, como llamando su atención, pero al mismo tiempo, ejecutando el kai. Entonces, la credulidad de las personas podría formar parte de esos requisitos específicos que hacían de un poblado el ideal para atacar, no era solo un caso de evadir la seguridad ninja.

    Apenas terminó su porción de comida, alargó la mano para tomar el mapa ¿Cuál era la siguiente aldea? Esta vez les alcanzarían, les pisaban los pasos. Extendió el pergamino y miró con detalle, la lógica apuntaba a una comunidad pesquera independiente. Se llamaba Fugutashi. Habitada por muchas más personas pero con menor poder adquisitivo, el caldo de cultivo perfecto para la ignorancia. Ningún festival querría ir a un sitio pobre si su finalidad era lucrar. El simple hecho de encontrarlos allí sería la luz verde necesaria para dejar de verles como un negocio ambulante. Se dijo que partirían en unas horas, después de un descanso ligero. La intención era llegar en plena organización para observar sus métodos. Blue dejó el mapa de lado y se empinó la cantimplora. El sonido de los tragos y el crepitar del fuego fue lo único que se sobrepuso al murmullo mortecino del bosque. Las personas del pueblo minero ya deberían estar durmiendo. Por inercia, y en realidad no queriéndolo, alzó la vista para mirar a Setsuna. En otro tiempo, en otras circunstancias, hubiesen aprovechado el momento de soledad para… al introducir una mano en su bolsillo oculto en un acto de nerviosismo más que de necesidad, palpó un material duro y frío. Lo repasó extrañado con la punta de los dedos, habiendo olvidado si quiera de qué se trataba. Al cabo de unos segundos de descubrir que resultaba un metal anclado a una cadenilla, lo identificó. Apretó el entrecejo por reflejo, como cuando alguien es picado por ponzoña. Sintió el calor representativo de la ira que pronto degeneró en una profunda decepción que le guiaba al impulso de arrojar el objeto al fuego. Se trataba de los dijes que una vez ambos portaron, a manera de intercambio en Kazetoshi y que casi pierde en la pelea con el Hoshokusha. Recordó la noche que marcó un antes y un después en su relación. Si hubiese podido comprender el significado de sus palabras en ese día, quizás hubiese podido evitar la desgracia. Dejó el aire salir por la nariz, en un bufido y soltó los objetos esperando volver a olvidar su existencia. Retrajo la mano bajo la mirada de Esdesu.

    .

    .

    .

    Apenas salió el sol, llegaron a Fugutoshi. Se cuidaron de retirar toda insignia que los acreditara como ninjas o parte de Rakugakure. Existían altas posibilidades de que aquella gente, pese a su fama, jamás hubiese escuchado hablar de ellos. Las casas se alzaban una tras otra, como grandes cuadrados construidos en réplica casi perfecta, solo interrumpidos por las veredas a través de las cuales transitaban las carreras y caballos. El aspecto era más bien rural. Las estructuras de madera maciza, los caminos aplanados manualmente, algunos animales sueltos por allí, uniéndose al bullicio. Como era de esperarse, a esa hora había movimiento ya; al fondo, en la ensenada, los pescadores descargaban el motín, soltando sus redes llenas. En cierta medida resultaba agradable mirar un sitio limpio de ninjas, donde nadie se preocupaba por la gente que entraba o salía, ni se tensaba por los secretos nacionales o las relaciones militares. Simplemente se trataba de personas viviendo con normalidad, sí, quizás sin los lujos de las potencias pero al menos con paz.

    Lo aterrador vino cuando lo inevitable saltó a los ojos. Puestos colocados en hilera a lo largo de la calle principal ofreciendo diversos entretenimientos, cuerdas colgadas de lado a lado con alegres papeles de colores. Una gran pancarta que anunciaba el inicio del festival pescador. Los habitantes, al apenas abrir sus puertas para dar inicio a su rutina se mostraban sorprendidos por la novedad del evento. Como si aquello hubiese aparecido en el transcurso de la noche. Los niños jalaron el vestido de sus madres, rogando por monedas para jugar en los puestos.

    Blue y Setsuna reconocieron el patrón. Se les adelantaron, se habían instalado ya.

    Entonces la música comenzó a sonar, la actividad más grande estaba en la ensenada, donde había espacio suficiente para desplegar las carpas y montar el verdadero espectáculo. Los pobladores no hicieron sino acudir curiosos por el escándalo y una vez allí, sus ojos quedaban prendados. Seducidos por los bailes y las atracciones mayores. En las calles existían juegos como la ruleta, atrapar con una caña peces falsos, algún puesto de brochetas de mar y bolos. Quienes no se atascaban allí, iban de largo para mirar a las atractivas mujeres que danzaban en prendas ligeras, exhalando fuego de sus bocas o el sector de comida que empezaba a avivar las llamas para crear un asador gigante. Si no fuese por la información recopilada, aquello pasaría como un festival completamente normal. Entre todo, no dejaban de llover los comentarios de asombro y sorpresa por la rapidez del festival para instalarse. De haber sabido que estarían listos tan pronto, las labores se hubiesen suspendido para disfrute de la eventualidad.

    En cuestión de minutos todo se volvió alegría. Las danzantes corrían hacia la costa para tomar de la mano a los pescadores e invitarlos a bailar, quienes entre cansancio y vergüenza, terminaban cediendo. Se formó un círculo de aplausos, gritos y música para que las carnes comenzaran a agitarse. Las siluetas femeninas parecían serpentear, tocando los panderos, haciendo entrar a más personas a la escena. Nadie se resistía a esos pechos saltarines y piernas expuestas. Los mismos nativos usaron sus tambores de madera para animarse. Setsuna y Blue estaban allí, entre la multitud, esperando que, aprovechando la gran multitud y la algarabía, el llamado Zhao apareciera. Solo un tonto perdería esa oportunidad de mostrarse. Los tenía a todos donde quería. Fragancia de incienso. Entre hilos de humo siguió el aire. Se escuchó en el bullicio la apertura de otra tienda, una de objetos mágicos para la buena suerte y la fortuna en el amor. Himekami no dejaba de sentirse incómoda, el exceso de ruido no hacía más que alimentar su malestar interno. Sin embargo, al mirar a su compañero, le halló con una sonrisa, siguiendo levemente el ritmo de la música con las manos ¿Es que de verdad lo estaba disfrutando? Su vista se mantenía puesta en las sensuales bailarinas. Esdesu apretó los dientes. Debía estarse divirtiendo bastante, estaban casi en primera fila. Miró el espectáculo por unos segundos, antojándosele insoportable por muchas razones ¿No podían simplemente matarlos a todos? ¿Quién extrañaría a Fugutoshi? En seguida reconoció su propia inestabilidad emocional. Nadie allí tenía la culpa de sus demonios y pesadillas. Gracias a ese razonamiento permaneció quieta, más algo en su rostro hizo necesaria la aclaración de Ikari, acercándose levemente a su oído.

    Si te quedas quieta te vuelves claramente sospechosa―por supuesto, todo mundo disfrutaba la fiesta excepto una persona que miraba de cerca el show. Setsuna reaccionó, tenía razón. Sin embargo, la sonrisa falsa del ronin desapareció cuando una de las bailarinas le tomó de la mano para adentrarlo al círculo.

     
  5. Nero.

    Nero. We was born sick, but I love it

    Registrado:
    21 Ene 2008
    Mensajes:
    3,056
    Temas:
    177
    Calificaciones:
    +705

    Los ojos del ronin intercambiaron una mirada con Setsuna y luego apuntaron más allá de ella antes de ser llevado al centro de la pista junto a las otras bailarinas y pescadores. Himekami se volvió para seguir la línea de su mirada: la carpa de los objetos mágicos. Por supuesto que si había vestigios de uso de ninjutsu o alguna otra disciplina ninja, lo más probable era encontrarlos en ese lugar. Dio un último vistazo a Blue. Lo vio dejarse llevar por las bailarinas que le pasaban velos de ceda por el cuello o lo invitaban a bailar tomados del brazo una alegre música de tambores y cuerdas. Sonreía. ¿Hacía cuánto tiempo que ella no lo veía sonreír? Probablemente demasiado pues en ese momento no supo decir si se trataba de un gesto fingido o de una reacción natural. Algo dentro de la pelirroja se remordió por un segundo, cosas importantes habían quedado sepultadas después del asunto de Raku pero deseaba aferrarse por lo menos a los buenos momentos que había pasado con Bjorn, guardarlos detalladamente en su memoria, su sonrisa incluida. Dio media vuelta y se encaminó a la carpa esotérica.


    Los muchachos hicieron su trabajo con efectividad hasta que el último compás de tambores anunciaron el final de la canción. Los bailarines improvisados aplaudieron y celebraron mientras los músicos se preparaban para tocar la siguiente melodía. Blue se escabulló entre la multitud hacia un lugar apartado para intentar poner en orden de los retazos de memoria que los simbiontes habían recolectado y, posteriormente, alcanzar a Setsuna en la carpa. Muchas de las memorias de las bailarinas correspondían a sus actividades dentro del festival, a sus presentaciones en los shows o a su convivencia diaria con los otros miembros de la troupe. Pero otros eran más turbios. Sucedían todos de noche, con criaturas antropomórficas que salían de una de las carpas. Dado la oscuridad y que las chicas solían mirarles de soslayo, probablemente por miedo, no se distinguían con claridad. En otra ocasión esas mismas figuras proyectaban sus sombres distorsionadas sobre las carpas desde fuera, caminando hacia un lugar desconocido. Una de las bailarinas llorando con sangre en las manos. Un hombre con una pipa. Fuego. Piel verde.

    La sobre carga de información y la rápida y brusca sucesión de imágenes lo aturdieron. Por un momento sintió que perdía el equilibrio. Blue estaba tan concentrado en su mundo interior que apenas pudo notar cuando un extraño se le acercó por un costado y le colocó la mano en el hombre.

    ― Amigo, ¿estás bien? ―era uno de los actores callejeros. Lo supo por el chaleco rojo que llevaba. El sujeto le miraba con consternación. El samurái se llevó la mano al rostro. Hasta entonces no se había dado cuenta que le sangraba la nariz.
    ― Demasiado calor ―se excusó Blue sonriendo como si se tratara de una cosa que le pasaba seguido e intentó seguir su camino. Sin embargo, en su fuero interno sabía que algo andaba mal. El uso de simbiontes a veces lo agobiaba pero no hasta darle vértigo y mucho menos sangrarle la nariz. Supo que no se debía a los simbiontes. Una punzada recorrió su espalda baja, tensando todo su cuerpo.
    ― Los casos de insolación son recurrentes en el festival, deja que nuestro médico te vea ―insistió el cirquero sujetpandolo por los hombreos como si temiera que Bjorn se fuera a derrumbar de un momento a otro. Se veía de la misma edad de Blue, solo que más robusto, piel morena y nariz grande. Una quemadura asomaba de su pecho.
    ― Gracias pero estaré bien. no arruinemos el ambiente por una tontería ―se zafó con el mayor tacto que pudo. Los síntomas empeoraban y rápido. Había frenado su pulso de chakra para cerciorarse de que no era un genjutsu y nada había mejorado. La opción más lógica era pensar en veneno. ¿Pero cómo? Necesitaba el antídoto que llevaba en el porta armas.
    ― Insisto, amigo ―se mostraba servicial pero enfático. En seguida Blue supo que habría problemas.
    ― Dije que no. Lárgate ―su mano derecha intentó asir la katana mientras la otra rebuscaba el frasquito de medicina. O eso es lo que creyó hacer. Cuando parpadeó se vio a sí mismo en el piso. El hombre moreno le miraba desde arriba mientras se colocaba una pipa de oro en la boca. Otro parpadeo. Una de las bailarinas de aproximó también, se inclinó y colocó le colocó el velo que formaba parte de su vestuario por debajo de la nariz. Así lo habían hecho.


    Despertó de un abrupto.

    Su primer instinto fue llevarse la mano a la cadera pero sus dedos no encontraron el pomo de la katana. De hecho, no había ningún arma. Le habían dejado solo con pantalones, camisa y zapatos, nada de instrumentos. Había perdido el comunicador por lo que contactarse con Setsuna tampoco sería posible. ¿Habría notado su ausencia ya? Probablemente no, habían acordado que en caso de separarse se reencontrarían en el campamento. Todavía podía sentir la fétida fragancia venenosa en la nariz y le palpitaba la cabeza con cada movimiento. Ya no estaba en Fugutashi. No había ninguna construcción humana al rededor. Se trataba de un bosque seco. Pasto amarillento crecía sobre un suelo duro. Árboles retorcidos con pocas hojas tupían el paisaje. Un cielo encapotado anunciaba una próxima tormenta. ¿Los bosques fuera del pueblo, quizás? Aunque francamente el paisaje era muy diferente. Si lograba encontrar el cause del río podría orientarse mejor. Sin embargo, le inquietaba más el por qué lo habían dejado ahí solo. Si la banda de Zhao lo había descubierto, lo más sensato era pensar que lo apresarían para interrogarlo o que lo hubieran matado ya. Y si solo lo habían hecho para robarle, deberían ser que atracar a un ninja solo atraería más atención a sus cabezas.

    La lluvia caería pronto. No había rastros del río ni de ninguna otra zona conocida. Pensó invocar a uno de sus alacranes para viajar más rápido pero cuanto realizó el jutsu de invocación, ninguno de sus animales vino. No era falta de chakra, pues el justu se había completado con éxito, sentía más bien que de alguna forma la conexión se había interrumpido.

    Poco después divisó una cueva. Pero cuando estuvo a unos 50 metros de la entrada, de pronto sintió reminiscencias de chakra. Alguien habitaba la cueva. La pregunta era si se trataba de un enemigo o de un posible aliado. Escuchó ruidos dentro pero el sonido de la lluvia los distorsionaba. Aguardó agazapado detrás de una roca. Alguien se acercaba. Tenso las piernas en caso de que hubiera que correr o atacar. Entonces los vio. Las mismas figuras antropomórficas de los recuerdos emergieron de la cueva, solo que esta vez sí logró verlos con claridad. Un deje de incredulidad lo invadió al ver a un puñado de seres de piel verde, regordetes, facciones monstruosas, ojos amarillos como de lagarto y orejas que terminaban en punta. Vaiaban mucho en tamaño pero todos seguían en línea a uno de ellos. Una criatura de talle mediano con una espada a la espalda y que en una de las manos sujetaba la chaqueta de Blue.

    ― Mierda ―el ronin se escabulló. Las criaturas lo estaban rastrando por su olor corporal.

    _____

    Reptilianos, obviamente.
     
  6. Autor
    Ultraviolence

    Ultraviolence R I G H T F U L L Y Diseñador Oficial

    Registrado:
    9 Abr 2009
    Mensajes:
    10,775
    Temas:
    804
    Calificaciones:
    +2,185

    Las vísceras explotaron en un hermoso festín de sangre, un rayo se encargó de reventarlo a él y a dos de sus compañeros, entumeciendo a media docena más. El resto agitó sus armas contra la mujer, eran numerosos y en sus manos verdosas y pestilentes se aferraban palos, cuchillos y piedras. Se saboreaban a la víctima creyéndose vencedores. Gruñían y mascullaban palabras extrañas, dándose órdenes entre ellos para rodearla. Poseían un poco de inteligencia, sí, la suficiente para organizarse. La mayoría de ellos no iba más allá del metro de altura, de apariencia humanoide que recordaba a las antiguas leyendas de demonios en los bosques. Su piel era rugosa como la de un sapo, ojos saltones y amarillentos, cabezas grandes con protuberancias semejantes a cuernos, orejas alargadas y puntiagudas. Un cóctel fenomenal de repulsión. Setsuna contó al menos unos treinta. Media docena de shurikens volaron rumbo a la cabeza de éstos, clavándose sin piedad en sus frentes. No eran difíciles de matar. Hubo sellos explosivos y después un lanzamiento de aceite sobre la fogata que tenía preparada para pasar la noche; el campamento que acordaron desde su llegada. El combustible ardió ferozmente, extendiéndose sobre los cuerpos salpicados. Hubo una lluvia de piedras, que si bien alguna logró impactar sobre ella, se les vio devuelta en forma en forma de un shuriken multiplicado, lluvia suficiente para acallar sus murmullos. Una defensa tan improvisada como errática. Había sangre sobre el pasto y la escena era cuanto menos asquerosa. Los filos incrustados en los pequeños cuerpos, unos frescos y otros llagados por el fuego; algunos quedaron retorciéndose, intentando entre gritos arrancarse el arma de sus ojos. La pestilencia se hizo notar. Humeaban. Hasta entonces Esdesu se tomó unos segundos para observarlos, le habían tomado por sorpresa mientras esperaba a Blue, seguramente creyendo que se trataba de una persona normal, viajando ¿Asaltantes? ¿Qué tipo de seres eran en realidad?

    Aceptó que sentía asco, pero eso no la detuvo. Tomó de la cabeza a uno de esos engendros, luego extendió una de sus cadenas. Sentía que era la cosa más repugnante que había hecho en su vida. Al penetrarlo, notó que aquel ser no tenía alma o, bueno sí, pero una muy extraña. Una especie de energía que podría compararse con una pero carente de recuerdos e identidad. A diferencia de los humanos en donde percibía las memorias como una biblioteca clara, con el ser todo era obnubilado, lo cual hacía imposible su lectura. Himekami lo soltó inmediatamente, estar expuesta a esa corrupción le dio náuseas. Le provocó arcadas. No se trataba de un “alma malvada”, era algo más. Como si fuese posible podrir el alma y degenerarla, un concepto extraño.

    Recuperó el aliento, algunas llamas todavía se mantenían ardiendo sobre los cuerpos de los seres. Se preguntó si aquellas criaturas estarían relacionadas con el retraso de Blue, lo había perdido de vista desde el instante en que acudió al puesto esotérico. Recordó algo importante. Rebuscó en su bolsillo extrayendo un amuleto, uno que el sujeto del negocio le regaló para la buena suerte. Por supuesto ella no creía en eso, pero ¿Estaría relacionado con que la hubieran encontrado? Lo guardó de nuevo, ojalá fuera así.

    .

    .

    .

    Rondaría los cincuenta años. Barba blanca y tupida, cabello canoso pero todavía abundante. Había algo enigmático en su rostro, un aura mística que se confabulaba perfectamente con sus lánguidas manos de dedos largos. Los ojos de un azul profundo recordaban al mar y sus abismos. Como indumentaria vestía una capa de fondo púrpura, pues de por sí era un color relacionado con la sabiduría y la iluminación, el resto de sus prendas variaba en matices oscuros. El collar de jade le colgaba y hacía bailar un dije lunar en el pecho. Él era el llamado Zhao Hun, la atracción principal del festival y estaba por salir a su acto magnánimo de la media noche cuando las tinieblas exacerbaban el brillo de su fuego y el resplandor de los rayos que salían por sus manos. Una escena hipnótica, literalmente, para su público. El momento clave para apoderarse de sus víctimas y, a la mañana siguiente, abandonar el lugar como si nada. Se retiraban tan pronto como llegaban, una total muestra de magia.

    El sujeto se mantenía hundido en un cómodo sofá de la carpa principal que en este momento usaba como habitación. Dada la geografía de Fugutashi resultaba mil veces mejor hacer el espectáculo al aire libre, bajo la luz imberbe de la luna. Esperaba su turno, hasta que se vio interrumpido por una taza de té obstruyendo su visión. La recibió de buena gana. Provenía de una mujer que, a juzgar por sus vestiduras, pertenecía a las bailarinas. Zhao dio un trago tranquilo.

    Está bueno.

    Lo veo bastante tranquilo―anunció la mujer, el sonido de la porcelana se añadió al cuadro. Revolvía su propio té tras poner miel, al mismo tiempo que se acercaba al mayor para tenerlo de frente y mostrarle su preocupación― ¿Acaso no teme?

    Perdí los nervios hace mucho ―afirmó al dar un sorbo más.

    No me refería al show ―los ojos felinos de la mujer le dieron a entender algo más. Sin mayor preámbulo terminó sentándose en el regazo del viejo, solo para comprobar la sonrisa confiada. Le acarició el cabello.

    Yo tampoco.

    Por supuesto que sabía que había comenzado a despertar la curiosidad en Modan. Sin embargo, era un sujeto versado en el negocio, no era la primera vez que lo mandaban a investigar. Cuando comenzaba a sentirse acosado paraba las operaciones por un año y luego reiniciaba en un poblado lejano con otro nombre. Se trataba de no llamar mucho la atención. Aprender esto le había costado la pérdida de al menos unas tres comitivas. Ya no ambicionada el dinero, no representaba más que la inmundicia del mundo. De la misma forma, se hizo de shinobis renegados o inicialmente vagabundos, al inicio eran para su protección y después pasaron a formar parte del espectáculo. Por ejemplo, era Taro quien le ayudaba con la presentación final, donde, una vez captada la entera atención del público por el despliegue elemental, se encargaba de recrear un genjutsu vistoso. Era así como los del poblado de Kawa habían creído que un dragón de hierro había aparecido a buscar sus elegidos. Lo veían con sus propios ojos y luego este conocimiento pasaba a formar parte de la cultura popular. La palabra secuestro o desaparición jamás se contemplaba, sino, más bien, una especie de teofanía selecta del subconsciente colectivo. Para ello era necesario hacer una investigación de las locaciones visitadas, así que, siempre por delante, eran enviados un par de jounin para inspeccionar el terreno y la idiosincrasia. Con la información recabada era posible modificar el show para adaptarlo, con especial dedicación, para sus víctimas.

    Sin embargo, ese no era todo el secreto del negocio, pues, si no era dinero lo que buscaba ¿Entonces qué?

    Zhao se terminó la bebida y dejó el recipiente en la mesa de al lado. Acariciaba aún la cabellera castaña de Sugar Melon, a momentos el gesto se alargaba y terminaba pasando la mano por sus piernas. Era una hermosa mujer, rondaría los veinte años. Parecía disfrutarlo. En ese instante un chico se asomó a la carpa, dando la señal. Era hora de volverse la estrella. El viejo suspiró y dando golpecitos en la espalda de la chica le hizo levantarse y acató entre pucheros. Hun se puso de pie y antes de salir, echó un vistazo de reojo al espejo que descansaba a un lado de su sofá. En apariencia no se trataba de un ornamento normal, lucía más bien inservible por no cumplir su función original de reflejar. La superficie era opaca.

    Quédate aquí. No tardaré ―anunció Zhao y salió. Seguramente Taro lo estaba esperando a fuera para completar la labor. Ciertamente, el asunto no les llevaría más de veinte minutos aunque las personas perdieran horas en la ilusión. A veces quedaban tan maravillados que dejaban jugosas ganancias. Sugar Melon le había dicho a Zhao que podrían vivir cómodamente con ello, dejando innecesario el secuestro de personas. Hablando de eso… giró la vista hacia el espejo. Él nunca le contaba abiertamente lo que sucedía con los prisioneros pero le constaba que no los mataba. Solo por ello permanecía allí, le consideraba bueno en medio de todo. Sin embargo… se levantó curiosa rumbo al espejo, aun cuando Hun se lo negaba constantemente. Con la punta de sus dedos hizo amago de tocar la superficie opaca, no era la primera vez que lo hacía a espaldas de su dueño. Comprendía que se trataba de una suerte de portal cuyo destino era desconocido, pues incluso había lanzado objetos dentro sin ver su regreso. Introdujo la mano entera. No hubo dolor, sino una sensación cálida, como la luz diurna. En ese instante algo la empujó, haciéndola penetrar la superficie. Su silueta desapareció en un segundo.

    La carpa se quedó vacía, aparentemente. Algunas cosas comenzaron a caerse, como la taza de porcelana vacía o algunas pinturas para el show, como si alguien o algo estuviese removiendo la estancia. Los zorros invisibles de Setsuna habían entrado, siguiendo el último rastro de Bjorn.


     
  7. Nero.

    Nero. We was born sick, but I love it

    Registrado:
    21 Ene 2008
    Mensajes:
    3,056
    Temas:
    177
    Calificaciones:
    +705
    No sabía cómo había llegado, sólo sabía que aquel páramo no era Modan. Lo sospechó desde que intentó invocar a sus alacranes y estos no atendieron al llamado, como si alguna fuerza invisible cortara la conexión entre invocador e invocados. Pero lo confirmó cuando, tras el ocaso, en el cielo nocturno se hicieron visibles dos lunas, una a cada extremo de la bóveda celeste, una en cuarto menguante y otra llena. Ambas dotaban al paisaje de suficiente luz para poder ver sin necesidad de antorchas, aunque despedían una especie de aura verdosa que no correspondía con la reflexión de la luz del sol.

    El Ronnin también descubrió otro hecho peculiar que al principio le costó reconocer. De pronto notó que cuanto más avanzaba la noche, más pesado se sentía al moverse, como si cada movimiento que llevaba a cabo exigía por su parte más esfuerzo. Al principio lo achacó a los efectos secundarios del sedante que usaron para dormirlo y trasladarlo ahí, o al propio cansancio acumulado. Pero luego se dio cuenta de que no sólo era su cuerpo el que pesaba más, también resultaba que objetos pequeños de apariencia liviana ahora pesaban más. Una especie de aumento inusitado en la gravedad que aumentaba conforme avanzaba la noche. Los árboles empezaron a crugir bajo el peso de sus propias ramas, algunas de estas incluso se desprendieron y golpearon secamente el suelo. La fuerza G no era imposible de sobrellevar, pero se notaba la diferencia.

    Despistar a las criaturas que lo perseguían siguieron su olor resultó sencillo. Perdiendo el rastro en el río y volviendo sobre sus pasos se encargaría de confundirlos. Al menos lo suficiente para acercarse a la cueva de donde provenían. Si existían respuestas de su paradero, debía ser ahí donde estaban. Los seres de piel verde resultaban la especie dominante del lugar, con suficiente inteligencia como para organizarse en grupos y tener métodos, aunque rudimentarios de caza.
     

Compartir esta página

Cargando...