Especial La Invitación de la Bruja [Adryoko]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por Jull, 6 Oct 2018.

  1. Autor
    Jull

    Jull Whom lives by Hope, will die by Despair. Moderador

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    La invitación de la bruja [Especial Halloween]

    Descripción del trabajo: El Centro Pokémon de Mahula ha estado entregando cartas a varios entrenadores por petición de la Capitana Fantasma. Ha dado la casualidad que tú has recibido una y, por lo que pone dentro, has sido invitado a una cena en la vivienda de Alice Kefeston. Abajo del todo, además de darte algunas indicaciones, pone que eres el número ocho y que habrá un total de doce personas. Es una gran oportunidad para conocer a la misteriosa muchacha, así que no te lo piensas perder. ¡Pero ojo! No se lo puedes contar a nadie, debes ir sin nadie -otro entrenador o amigo- y solamente podrás llevarte a un pokémon.

    Una vez has llegado hasta la mansión, un hombre mayor ha verificado que hiciste caso a las indicaciones de la carta y entonces una puerta metálica ha empezado abrirse. Al entrar, te has enterado de que no podrás irte hasta que se haga de día: pasarás toda la noche en la vivienda.

    Tras un poco de exploración o charla con otros entrenadores (eran un total de doce, incluyéndote), un altavoz os ha guiado hasta la gran mesa donde se llevará la cena. Y todos habéis aguantado la respiración cuando Alice ha ocupado su asiento. Todo iba bien, parecía una velada como otra cualquiera, hasta que la capitana ha pedido ser la primera en probar la comida, pues no desea que sus invitados se lleven una mala impresión. Y al dirigir la cuchara hasta su boca y tragar, sus ojos se han puesto blancos y su cara se ha estampado contra el plato.

    No tiene pulso. Ha muerto.

    Las luces de la sala se han apagado diez segundos y al encenderse nuevamente, habéis visto una frase escrita en las paredes: Sois los siguientes.

    Objetivos:
    - Sobrevive a la noche.

    Datos extras:
    - El trabajo se puede hacer en party de 2, las diez personas restantes pueden ser NPC vuestros -que hayáis creado antes- o que os inventéis en el momento.
    - Recordad que sólo contáis con un pokémon.
    - La mansión tiene multitud de escondites, trampas y habitaciones varias que parecen atracciones de miedo. Tienes una y mil oportunidades para sobrevivir.
    - Las entradas y ventanas están completadas cerradas, no hay manera de escapar de la mansión.
    - Las luces se apagan y encienden cada dos por tres, hay veces que incluso iréis a oscuras.
    - Los pokémon fantasma que vivían dentro de la mansión se han puesto nerviosos, piensan que vosotros sois los culpables de la muerte de su querida amiga.
    - En algunas habitaciones hay pociones para los pokémon y en los baños siempre encontraréis un botiquín, pero no hay suficientes para todos, esto puede traer discusiones entre los entrenadores presentes.
    - El trabajo finaliza cuando el altavoz anuncia que ha llegado el día (a las seis de la mañana). Habrá un post sorpresa tras la evaluación.

    Recompensas:
    - 1000 Pks
    - +10 niveles para repartir a cualquier pokémon (tanto en PC como en el Equipo)
    - +5 niveles para el pokémon que participó (no se le puede dar de los +10 a este)
    - +4 contadores de huevo (tanto en PC como en el Equipo)
    - +2 MT Tipo Fantasma
    - Ticket Habilidad Oculta para Pokémon Fantasma (x2)

    Notas:
    - No hay mínimo de Posts.
    - La evaluación será un comentario simple para verificar que no se realizó con prisas, es posible negar todos los premios si se considera que el desarrollo no fue el adecuado.
    - Los objetos que dan niveles, puntos de amistad o cualquier cosa de estas, no funcionan.
    - Se puede llevar el Pokémon elegido aunque esté en la PC, pero especificad al SOLICITAR el trabajo cuál será.
    - Este trabajo se puede pedir hasta el 30 de octubre y tenéis hasta el 7 de noviembre para finalizarlo.
    - No es necesario estar en Mahula para pedir el trabajo. Disponible en todos lados.


    SoncarmelaSoncarmela
    Lady BeelzeLady Beelze pueden comenzar, perdón por la tardanza.
     
  2. Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    Pe...Pe... ¡¿Pero tú qué demonios haces aquí?!

    Aquella mañana, Adrián había estado entrenando con sus pokémon en el bosque, peleando contra salvajes que aceptaban sin problemas pelear un rato. Después de eso, y como era habitual, había ido hasta el Centro Pokémon para que sus pokémon se curaran de todas las heridas. Sin embargo, a diferencia de los otros días, que se iba sin intercambiar una sola palabra con la enfermera, esta vez tuvo que adelantar el brazo para recibir una carta, la cual era en nombre de la famosa Capitana Fantasma. El castaño frunció el ceño en ese momento, dio la vuelta y empezó a leer lo que había dentro, llevándose la agradable sorpresa de que había sido invitado a una cena especial. Su alegría se debía a que por fin, después de tanto tiempo, se daban cuenta de lo importante que era.

    No le dio muchas vueltas a las indicaciones de la carta, pensó que la Capitana Fantasma deseaba enfrentarse a él en un combate simple que tuviera como reto un solo pokémon. Habló con sus amigos y Frogadier insistió mucho en ir, pues quería demostrar en lo buen ninja que se estaba convirtiendo. Y el resto, al verle tan emocionado, prefirieron no discutir.

    Adrián no era de esa clase de persona que se preocupaba en su imagen. Le gustaba la vestimenta cómoda, de chándal, que le permitiera caminar, dormir o luchar en buenas condiciones. Y aunque consideraba aquella invitación como algo especial, él no iba a cambiar esas costumbres. Se puso la ropa de siempre, cogió su Pokédex y Pokenav, guardó a Frogadier en la pokeball y se marchó del hostal donde se estaba quedando en Mahula para llegar a la mansión de Alice Kefeston. Allí, un hombre mayor de pelo y bigote blanco, se ocupó de comprobar que no había ignorado lo que pedía la carta. Por supuesto, el Ranger se molestó, pues creía que lo estaban tomando como un idiota, y tras algunas frases que contenían groserías, el mayordomo -o eso pensó que era- se hizo a un lado para que entrara de una vez por todas.

    Su alegría enseguida se transformó en desagrado, pues había llegado a pensar -por no leer bien la carta- que sería el único invitado, obviamente por ser el mejor entrenador de Aleria. Pero no, había otras personas en la mansión, hablando entre ellas, comiendo o subiendo por las escaleras que llevaban a los otros pisos de la mansión. Pero lo que de verdad le molestó fue hallar un pelo de color rosado entre la multitud, un poco alejada, centrada en los cuadros que decoraban la vivienda. Fue ella misma la que dio un respingo al escuchar el grito de Yagami.

    ¿Qué hago aquí? —repitió, soltando un suspiro por conocer ya demasiado bien al castaño— Pues supongo que lo mismo que tú. El Centro Pokémon...

    ¡La Capitana debería invitar solamente a entrenadores importantes...! —Parecía que se iba a atragantar con su propia saliva.

    ¿Entonces por qué estás tú aquí? —replicó Ryoko con elegancia, sin alzar la voz.

    ¿Cómo te atre...? Oh —La expresión de Adrián cambió de repente. Sonrió y se puso a reír como si le hubieran contado un gran chiste— ¡Ya lo entiendo! Alice quiere público para el combate y por eso ha invitado a algunos inútiles. Bueno, pues disfruta, que luego contemplarás con tus propios ojos lo que significa ser el Mejor Entrenador de Aleria.

    Claro, lo que tú digas —Ryoko cogió un vaso de agua—, vive en tu mundo. Iré a visitar el piso de arriba.

    Con esa idea en mente, Adrián se sentó en el sofá más cercano y esperó a que la Capitana Fantasma los llamara de la mejor manera posible: durmiendo. Un rato más tarde, le despertó un altavoz que casi parecía gritar que debían ir a la sala principal para empezar con la cena. El castaño bostezó, se arregló un poco el cabello desordenado -sin mucho éxito- y se levantó para seguir a los demás.

    La mesa donde cenarían era enorme, con un total de trece sillas para que se sentaran y con suficiente espacio entre ellas para que todos se sintieran a gusto. Adrián buscó su número de la carta y miró de mala manera a Ryoko, que le había tocado justo al lado. Ella le ignoró como siempre hacía y observó con una sonrisa los platos, pues tenían dibujados pokémon de tipo fantasma en ellos.

    Ninguno se atrevió a hablar cuando apareció Alice en la sala. La Capitana Fantasma les dedicó un saludo con la mano y se sentó en el principio de la mesa. Levantó uno de los vasos y alargó el brazo.

    Bienvenidos todos a mi mansión —echó el brazo hacia atrás y bebió un poco—, me alegro de que hayáis aceptado la invitación, estaba deseando preparar una cena para conocer a algunos entrenadores de Aleria y de Mahula, por supuesto.

    Chasqueó los dedos y de repente varios fantasmas llegaron con platos de comida. Se lo entregaron a cada entrenador mientras se reían. Luego de dejarlo, volaron por la sala y desaparecieron igual que habían venido.

    Gracias, chicos —dijo Alice a la nada. Cuando uno de los presentes quiso empezar a comer, ella levantó el brazo y negó con la cabeza—. No, yo seré la primera. Quiero confirmar que los cocineros han preparado un plato exquisito.

    Adrián respiró hondo: se estaba cansando de esa cena. ¿Cuándo empezaba lo de verdad, la pelea que dejaría a todos alucinados por su increíble trabajo como entrenador? A pesar de eso, dejó los cubiertos y se echó para atrás igual que el resto. Esperaron con paciencia -algunos más que otros- a que la capitana cogiera su propia cuchara, la metiera en la sopa y lo probara. Pero cuando parecía que iba a hablar para permitir que saciaran el hambre, los ojos de la chica se pusieron en blanco y estampó la cara contra el plato, quedándose inmóvil.

    ¿Qué...? —soltó uno de los que estaban más cerca, sin ser capaz de completar la frase. Tenía los ojos bien abiertos.

    ¿Ca...Capitana? —murmuró otra persona.

    ¿Alice? ¿Señorita?

    Ryoko y Adrián se mantuvieron en completo silencio. Y los demás tampoco hablaron durante unos largos minutos, como si el tiempo se hubiera detenido. Pero sin importar lo que esperaran, Alice no volvía en sí, se mantenía en la misma postura.

    No comprendo nada —dijo una muchacha de larga cabellera rubia. Se levantó de su asiento y tomando la iniciativa, cogió la muñeca de Alice, colocando dos dedos y concentrándose. Un minuto después, retrocedió con el cuerpo temblando y tan aterrorizada que tropezó con la pata de la mesa y se cayó al suelo. Pero incluso así, sus ojos estaban clavados en la Capitana Fantasma—. No... No puede... No puede ser —susurró tartamudeando.

    ¿Qué pasa?

    Eh, Diana, ¿qué pasa? ¿No tiene pulso?

    La tal Diana negó con la cabeza mientras que se llevaba las manos a la boca.

    No... No tiene...

    ¿Está muerta? —preguntó directamente Adrián, levantándose de la silla.

    ¡Adrián! —espetó Ryoko, entre asustada y sorprendida por el poco tacto de su compañero.

    Ayudaron a Diana a levantarse, pero cuando otros estaban a punto de comprobar lo mismo que ella, las luces de la sala principal, y también del piso de abajo de la mansión, pues todo se quedó a oscuras, se apagaron y dejaron a los entrenadores mudos. Cuando todo regresó a la normalidad, un nudo en la garganta se apoderó de ellos.

    Alice continuaba igual que antes. No se había movido ni un solo músculo. Tenía la cara en el plato y los brazos caídos.

    Pero había una cosa que sí había cambiado: las paredes. En todas ellas se podía leer una frase escrita con el color rojo: Sois los siguientes.




    Lady BeelzeLady Beelze Intro lista. Pasamos a la acción. Puedes en tu post hablar de la pokeball perdida de Ryoko
     
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  3. Lady Beelze

    Lady Beelze Burning heart

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    El pánico se apoderó rápidamente de los entrenadores invitados, o al menos de la mayoría de ellos. Los sirvientes, horrorizados y llorando la inexplicable muerte de su ama, procedieron a tomarla con cuidado y cubrirle la cara con un paño oscuro. Luego la cargaron en brazos, a la vista de todos y de los pokemon fantasma que, atónitos, miraban la partida de su compañera.

    — ¡Oigan! ¿Qué se supone que harán con ella? —exclamó Adrián, completamente falto de tacto. Ryoko se avergonzó completamente, pero disimuló que no venía con aquel patán.

    — ¡¿Qué clase de pregunta es esa?! —soltó el mayordomo con un nudo en la garganta y los ojos rojizos— ¡Llevaremos a la señorita Alice a sus aposentos! Allí…allí le daremos velorio mientras llegan los médicos y llamamos a sus parientes… ¡Oh, por Arceus!

    — ¡Pero deberían estar revisando esta comida! —
    espetó el castaño, cogiendo la cuchara que apenas había metido en el plato y arrojándola encima de la mesa, ensuciando— ¡Debe estar envenenada!

    — ¡Dios mío! ¡Nosotros pudimos haber muerto también! —
    exclamó una chica de cabello rizado y de color zanahoria, mirando con pavor la comida y alejándose impulsivamente de la mesa.

    — ¡Tienen un asesino en sus cocinas! —apuntó otro joven, muy elegante y con anillos y aros en sus orejas.

    — ¡Sin contar esas cosas! —apuntó otro al texto sanguinolento de la pared.

    Los demás entrenadores asintieron, algunos furiosos, otros temerosos. Los sirvientes se miraron con preocupación y duda entre ellos, mientras todavía tenían el cuerpo de Alice en brazos. El mayordomo carraspeó y respondió:

    — ¡Eso lo averiguaremos después! Primero es lo primero; además, nadie saldrá de aquí hasta que llegue la policía y resolvamos todo esto.

    Sin más, el grupo de meseras y el mayordomo continuó su trabajo, bajo la mirada estupefacta de los invitados y los pokemon fantasma. Estos se alarmaron, algunos lloriquearon y otros se quedaron mudos, impávidos, como en shock. Se dispersaron por ahí sin saber qué hacer, quedando alguno que otro en el comedor. Los jóvenes allí presentes estaban igual de anonadados.

    —Pero…—dejó salir la peli rosa, llevándose una mano al pecho— ¡Pero nos han dejado aquí dentro, con un posible loco entre nosotros!

    — ¡No tenemos porqué quedarnos y arriesgar nuestras vidas! —
    soltó un muchacho, alto y de piel oscura— ¡Habría que estar igual de loco para ello! ¡Vámonos de aquí!

    — ¡Pero somos testigos…! —
    intentó decir un chico, el más pequeño del grupo, tal vez de catorce años.

    Casi nadie le hizo caso. La mayoría de los presentes marchó hacia la salida, alarmados y comentando lo sucedido. Adrián, Ryoko, el menor y el muchacho de la joyería se quedaron en la sala. El mejor entrenador de Aleria se cruzó de brazos y bufó:

    —Menuda sarta de cobardes: Alice se equivocó medio a medio invitando a esos perdedores—se vanaglorió, con una sonrisa socarrona y los ojos cerrados.

    Ryoko lo miró de reojo con los labios estirados.

    — ¿Sí? ¿Y qué se supone que vas a hacer tú?

    — ¿Realmente tienes que preguntarme eso? ¡Tsk! Obviamente voy a averiguar quién hizo esto—
    se apuntó con el pulgar y luego metió la mano en su bolsillo para sacar su única pokebola—. El más grande entrenador de Aleria se hará famoso en Mahula al descubrir al asesino de uno de los capitanes. Tal vez hasta me ofrezcan tomar su puesto cuando vean lo bueno que soy—se encogió de hombros—, pero rechazaría la oferta porque mi meta es ser el gran campeón…

    —Santo cielo, ya guarda silencio—
    soltó Ryoko, mirando al techo y con los puños apretados—. Acaba de morir una persona de manera inexplicable, y tú lo único que sabes decir es que te harás famoso y demás tonterías. ¿Qué no tienes un poco de cuidado al abrir esa bocota tuya? —preguntó, cruzándose de brazos— ¡Pudiste herir los sentimientos de esas personas!

    — ¿Sus sentimientos me harán famoso? ¿Me reportarán dinero? ¡No! —
    la apuntó— Si quieres quédate a consolarlos o lárgate como ese montón de gallinas; yo tengo cosas que hacer junto con Zed, ¿verdad, chico?

    — ¡Gadier! —
    replicó éste, asintiendo enérgicamente.

    —Ugh… yo me quedaré, pero solo porque la policía tiene que llegar a interrogarnos—dijo la joven, volviendo la cabeza.

    Sabiendo que el lugar en el que estaban metidos sería peligroso, abrió su bolsa y comenzó a rebuscar allí la pokebola que había traído consigo. Dio un respingo al no encontrarla en el bolsillo donde se suponía que debía estar. Sus ojos se abrieron expresivamente y comenzó a buscar con más detenimiento, hasta que terminó por sacar un montón de cosas de adentro, al punto de que fue obvio que el contenedor no estaba allí.

    — ¡AY, NO! ¡MI TOXICROAK!

    — ¿Hm? ¿Qué le pasa a tu rana? —
    preguntó el castaño, quien había dado algunos pasos para salir del comedor.

    — ¡¡No está!! ¡Lo traía conmigo, pero ya no está! —soltó con la voz atrofiada por el susto. No tenía cabida en su cabeza que su pokemon no estuviera consigo, menos ahora que lo necesitaba.

    Revolvió todo en su bolsa sin dar con ella, por lo que cayó de rodillas al suelo, no derrotada, sino buscando por todos lados la pokebola perdida. Adrián la miró con las cejas alzadas: no es que le importaran los nervios de la criadora, pero le parecía raro que el pokemon venenoso hubiera desaparecido sin más. Ojalá estuviera bien y se hubiera quedado por accidente en casa, pensó antes de voltearse y seguir caminando. Como no oyó las pisadas de su Frogadier junto con él, se detuvo y miró a su lado, sin ver a la rana acuática.

    — ¿Eh? ¿Zed? —miró en todas direcciones, percatándose de que su camarada estaba nada menos que arrodillado y mirando bajo el mantel de la mesa, junto a Ryoko. Adrián hizo chirriar los dientes— ¡ZEEED! ¡Ya vámonos!

    — ¡Dier, Frogadier!

    — ¡He dicho que nos vamos! ¡Tenemos cosas qué hacer!


    El pokemon acuático no gustaba de desobedecer a su amo, pero como muchos de los compañeros de Adrián, le tenía algo así como afecto a Ryoko por ser quien preparaba las golosinas y galletas pokemon en la casa, y siempre les estaba regalando a todos por igual. Se sintió mal de dejar sola a la chica, más sin ayuda de algún pokemon, por lo que, en cuanto ella aceptó la idea de que su pokebola no estaba en ningún lado, él le tiró de la ropa para indicarle que viniera con ellos.

    —Frogadier fro—le llamó, apuntando al castaño.

    —Pero es que…mi pokemon…

    —Frooo, Frogadier, Gadier—
    se ofreció él, dándose golpecitos en el pecho. Ryoko sonrió, se agachó y lo acarició en el collar de burbujas.

    — ¿Vas a cuidar de mí también, Zed?

    —Frooo.


    La chica rió por lo bajo y se enderezó.

    —Gracias~ eres un pokemon muy amable. No como tu dueño…—miró feo al aludido.

    Este se golpeó la frente, sin poder creer que sus propios pokemon lo traicionaran por unas galletas. Los tres personajes, junto a los otros dos que estaban en el comedor, se volvieron a mirar por el pasillo que llevaba hacia la sala principal, en donde estaba la entrada: los demás entrenadores estaban armando alboroto, algunos se pusieron a gritar como enajenados. Ninguno se pudo explicar el motivo de tanto escándalo por lo que, movidos por la curiosidad y esperando que nada malo hubiera ocurrido de nuevo, se dirigieron hacia allá para averiguar qué estaba sucediendo.

    Lo que encontraron resultó bastante desalentador.

    — ¡Déjennos salir! —rugía el sujeto alto y moreno, golpeando con ambos puños las altas puertas de ingreso— ¡No pueden tenernos aquí encerrados!

    — ¡Por favor, abran! ¡Queremos irnos!

    — ¡Este lugar es peligroso!

    — ¿Qué demonios les pasa a estos? —
    soltó Adrián con un chasquido.

    —Las puertas están cerradas—respondió el tipo de las joyas, con total tranquilidad: había estado escuchando desde la otra sala mientras el barullo iba en aumento—, también las ventanas. Al parecer estamos todos encerrados aquí—sonrió como si nada, lo que para Ryoko resultó alucinante.

    — ¿Cómo es eso posible? —preguntó ella— ¿Nos encerraron los sirvientes?

    —A saber.

    —Lo que sea—
    espetó Yagami, volteándose—, nosotros nos dedicaremos a otra cosa. Vamos, Zed.

    —Fro—
    respondió la rana, mirando a la peli rosa para que también viniera.

    Algo insegura, la chica se quedó viendo al grupo de entrenadores liberar a sus pokemon para que intentaran abrir las puertas o ventanas a punta de golpes y técnicas. Inspiró y suspiró hondo con tristeza, mientras seguía a Zed y Adrián: para su Kuro habría sido relativamente fácil derribar las puertas de algunos puñetazos. No podía entender que lo hubiera dejado en casa, si tenía en su mente el momento en que había puesto el esférico en la bolsa. ¿O era por la costumbre que creía haberlo hecho? ¿Cómo iba a defenderse ahora sin un pokemon? No podía dejarle todo el trabajo al Frogadier de Adrián. Por una vez se lamentó y sintió como un verdadero estorbo, sin imaginar que no iba tan sola como imaginaba.

    El trío de personajes echó a andar primeramente hacia la cocina, puesto que el auto-proclamado líder así lo había decidido. Llegaron hasta el lugar, en donde los cocineros, asistentes y meseros estaban hechos un mar de lágrimas o cuchicheaban sin parar lo sucedido. Yagami echó un vistazo al lugar buscando alguna cara sospechosa, vio a un sujeto que no conversaba nada con el resto, parecía completamente ausente del asunto, como si no le importara en lo absoluto. Lo apuntó desde lejos y exclamó:

    — ¡Oye, tú! ¡El de nariz roja! —el aludido no se dio por enterado. El resto de los presentes miró al aparecido con curiosidad— ¡Tengo algunas preguntas que hacerte!

    Dio un paso dentro de la cocina y las luces se apagaron de golpe, causando el miedo de los trabajadores y los nervios de los entrenadores. Esperaron un instante y de pronto, todos los sirvientes allí reunidos se pusieron a chillar como locos, cual si hubieran visto una horrible aparición en la puerta. El miedo de ellos hizo que Ryoko, Adrián y Zed se alarmaran y voltearan rápidamente: en el suelo aparecieron dos puntos rojos en la oscuridad, los que miraban fijamente a los jóvenes.

    — ¡WAH! ¡Zed, usa hidropulso! —ordenó Yagami.

    Su pokemon obedeció en el acto y disparó un chorro de agua, justo en el momento en que la luz regresó. Se sorprendieron de no ver más que el suelo empapado, sin rastro de nada ni nadie. El corazón de los entrenadores latía acelerado por la extraña visión.

    — ¿Qué fue eso? —preguntó Ryoko, muy tensa.

    — ¿Cómo voy a saberlo?

    — ¡Eran unos ojos diabólicos! —
    exclamó uno de los chefs desde más allá, apuntando en su dirección— ¡Estaban detrás de la chica!

    Miraron en rededor sin encontrar nada, por lo que intentaron retomar la compostura y Adrián se dirigió al sujeto que le resultaba sospechoso. Éste también estaba asustado por los ojos rojos que habían aparecido en la oscuridad, pero no decía nada: solo temblaba.

    — ¡A ver tú! ¿Qué tienes para decir por lo ocurrido con la capitana?

    El hombre se quedó quieto sin abrir la boca, pero mirando al Ranger con obvia preocupación. Al no obtener respuesta, Adrián apretó los dientes y lo apuntó en la cara.

    — ¡Anda! Te he preguntado algo muy simple. ¿Qué trabajo tienes aquí? ¿Eres el que preparó el platillo de Alice? ¿Qué le pusiste exactamente?

    El sujeto se puso horriblemente nervioso y comenzó a negar con la cabeza repetidas veces, sin decir nada. Ante más preguntas del joven, el trabajador casi se echó a llorar sin decir nunca nada.

    — ¡El silencio habla por sí solo! —espetó el castaño, deduciéndolo: ya lo había capturado, y no le había costado nada.

    — ¡Déjalo en paz! —rugió una mesera de más allá— ¡Es mudo! ¡Jamás va a responderte nada!

    Yagami se la quedó viendo en silencio y anonadado por un momento, mientras más allá, Ryoko se avergonzaba completamente y quería salir rápido de ahí. Zed se rascó la cabeza, aunque no culpaba a su entrenador. No podía saberlo después de todo, ¿o sí?








    se me estaba haciendo un poco largo :'''v
    SoncarmelaSoncarmela mañana le pongo colores ;-; son las 4 por aqui..
     
    Última edición: 23 Oct 2018
  4. Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    Bueno, pues si tienes tantas ganas de gritar y defender a este tipo, supongo que estarás más dispuesta a responder las preguntas, ¿no? —soltó Yagami cruzándose de brazos. La mesera dio un par de pasos hacia delante para colocarse al lado del chico mudo— ¿Y bien? ¿Fue él quien preparó la comida?

    Da lo mismo que preguntes, nosotros siempre probamos todos los alimentos que vamos a utilizar. Procuramos que la señorita...

    Es tan sencillo como decir el nombre o señalar a quién lo hizo —interrumpió el castaño moviendo la mano— ¿Qué pasa? ¿Tan complicado es confesar? ¿O será porque lo he descubierto y quieres ocultarlo? ¿Este tipo te cae bien? —indicó con la cabeza al mudo.

    Él ha preparado parte de la cena, igual que yo y otro cocinero, mientras que los demás cortan las verduras o se encargan de que todo vaya como debería. Si quieres culpar a alguien, te va a tocar señalarnos a todos —contestó finalmente sin que se le alterara la voz—. Hemos cuidado de Alice desde que era una niña, es como una hija. Nunca le haríamos daño.

    Es la clase de excusa que pondría el asesino...

    Imagino que sois conscientes de si la Capitana tenía alguna alergia, ¿no? —habló Ryoko tratando de callar a Adrián. Si bien le molestaba un poco el comportamiento de su compañero, tampoco podía aceptar de buena forma que los cocineros fueran inocentes. Nadie lo era ahora mismo.

    Un hombre mayor, de unos sesenta años y con bigote blanco, se acercó a ellos lentamente.

    Por supuesto. La señorita no es alérgica a ningún alimento.

    ¿Pero sí a otras cosas? —insistió la criadora.

    ¿Cree que la alergia hubiera actuado tan deprisa para que muriera de esa forma? —dijo la mesera igual de pensativa que los demás—. Yo sospecho más de los entrenadores que han venido.

    Tanto Ryoko como Adrián abrieron los ojos. De repente, los trabajadores que se hallaban en la cocina intercambiaron una mirada de peligro, como si ellos dos fueran considerados una amenaza. Incluso Zed se alertó, fijándose bien en cada humano por si le tocaba actuar deprisa. El mismo hombre con el bigote carraspeó.

    ¿A qué te refieres, Juana? Estos entrenadores han recibido la invitación de Alice, no creo que...

    ¿Podemos asegurarlo? Quizá nos están interrogando de esta manera para salir libres de culpa. La comida no estaba envenenada cuando salió de la cocina, lo que significa que alguien le echó algo camino a la mesa. ¿Todos estabais sentados en ese momento? —espetó de la nada, clavando sus ojos en ambos muchachos— ¿No faltaba nadie? ¿Algún pokémon que obedeciera a su amo para este asesinato? ¡La señorita era muy importante para nosotros, pero para vosotros es simplemente una Capitana Fantasma a la que superar!

    Ryoko no supo qué decir y Adrián igualmente se quedó callado ante aquello. Hasta entonces a ninguno se le había llegado a ocurrir que uno de los culpables fuera alguien de la mesa, pues todos parecían alarmados cuando Alice cayó con la cabeza en el plato. ¿Pero y si era verdad?

    Juana, no sigas más —cortó el anciano, posando una mano en el hombro de la mesera—. Dudo que sean ellos. Mira sus expresiones, ahora mismo se están preguntando lo mismo que nosotros.

    Pero...

    Esto se arregla fácil —determinó Adrián con el ceño fruncido—. Todavía no confío en vosotros, de hecho, nunca lo haré, pero me aseguraré de que si un entrenador es el culpable, lo confiese o lamentara haber nacido...

    Justo cuando se proponía salir de la cocina para hablar con los que aporreaban la puerta de salida, las luces se apagaron de nuevo y los chillidos se alzaron desde la lejanía. Sin embargo, eso no fue el principal problema, pues de la nada, Adrián y Ryoko ya no tocaron el suelo. Los gritos escaparon de sus gargantas al mismo tiempo que intentaban agarrarse a algo, pero lo único que sintió Yagami al alzar el brazo fue la lengua de Zed rodeándole la muñeca. Fue inútil para la rana tirar de él, pues Frogadier mismo no veía nada y tampoco pudo mantener las patas en tierra.

    Finalmente sintieron el choque de sus traseros contra algo duro. Y no supieron si las luces se habían encendido, pues lo que iluminó la habitación donde se encontraban eran varias velas que, por alguna casualidad, tenían fuego brillando en sus mechas. Adrián y Ryoko se incorporaron lentamente, entre el miedo y la curiosidad. ¿Se habían caído desde la cocina? ¿Cómo era eso posible? ¿Tan grande era la mansión?

    ¿Dónde estamos? —murmuró la criadora con la garganta seca. Miró a su alrededor, sorprendiéndose cada vez más. Parecía una sala normal donde pasar el rato, pues tenía algunos juegos de mesa, bebida de todo tipo y fruta en buen estado.

    ¿Yo qué sé? —contestó Yagami con su habitual enojo— Esto parece una habitación. Y esa no es la pregunta correcta. ¿Cómo demonios hemos llegado hasta aquí?

    Fro —habló la rana señalando hacia arriba.

    Ryoko y Adrián miraron en la misma dirección del pokémon.

    ¿Los cocineros estarán bien?

    ¡Sabía que no eran trigo limpio! —Adrián pateó la pata de una mesa— En cuanto insistimos con el tema, apagaron las luces y...

    No fue así —le corrigió Ryoko, negando con la cabeza—. Habíamos llegado a la conclusión de que uno de los entrenadores, o su pokémon, podía ser el culpable de poner el veneno cuando alguien traía el plato hasta la mesa. ¿Para qué tirarnos justo cuando ellos no eran los principales sospechosos?

    Pues... Pues... ¡Fijo que hay algo...!

    Shupp...

    Shupp.

    ¡Shupp!

    Tres fantasmas aparecieron de la nada rodeando a los muchachos. Se trataba de un trío de Shuppet que observaban a los entrenadores con cara de pocos amigos, como si estuvieran realmente enfadados o molestos con su presencia. Después de todo, eran unos intrusos en la encantadora mansión de su amada Capitana.

    ¡Fro!

    El ninja dio una voltereta en el aire para posicionarse en medio de los humanos, sabiendo que contaban únicamente con él para que ninguno saliera herido. Sin embargo, eso no evitó que se preocupara, pues los fantasmas formaban un triángulo y tenía sus dudas de cómo evitar que atacaran y acabar con ellos al mismo tiempo.

    Eh, ¿qué os pasa? —preguntó Adrián con un tono más amable— No queremos haceros daño. La verdad es que nos vendría bien saber cómo salir.

    Hemos acabado aquí de una forma que no sabemos —añadió Ryoko.

    ¡Shupp!

    Pero los fantasmas no querían hablar con los humanos. Los tres a la vez formaron una bola que fue arrojada rápidamente hacia ellos. Frogadier no se lo pensó dos veces y tiró a Yagami hacia la derecha mientras que hacía fuerza con su lengua para coger el tobillo de Ryoko y que así ella se agachara también. Sin embargo, la bola impactó muy cerca de la mesa y esta estalló en mil pedazos.

    ¡Esta habitación es demasiado para pelear sin molestar a Zed! —exclamó Yagami al entender la situación. Echó un vistazo para hallar una puerta, pero solamente halló una estantería repleta de libros— ¿Cómo rayos se sale de aquí? Tiene que haber una entrada...

    ¡Cuidado!

    Los pokémon rodearon a Adrián al ver que era el entrenador de Frogadier. La rana saltó y escupió un montón de burbujas para alegarlos, no obstante, aquello sólo funcionó con dos de ellos y el tercero aprovechó para golpearle por la espalda con una finta. Una vez Zed estuvo en el suelo, los amigos del fantasma levitaron y lanzaron sus Bolas Sombra.

    ¡Zed! ¡No intentes protegerme, ataca sin preocuparte!

    Froga... —replicó, incapaz de hacer eso.

    Frogadier se chocó contra la pared al recibir de lleno la técnica. No sabía cuánto tiempo más podría durar así, pero no era buena idea atacar y fallar, pues entonces lastimaría a Ryoko y Adrián, pero tampoco podía quedarse parado.

    <<
    Si tuviera a un pokémon que le ayudara...>> se lamentó la chica de pelo rosa. Esa pelea no hubiera salido así si Kuro estuviera para luchar también.



    Lady BeelzeLady Beelze Disculpa muchísimo la demora
     
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  5. Lady Beelze

    Lady Beelze Burning heart

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    Los dos entrenadores observaron preocupados y frustrados la batalla de tres contra uno que mantenía Zed contra los Shuppet. El tipo agua había sido duramente golpeado por los oponentes, y aunque podía ser muy ágil no podía desplazarse libremente en aquel entorno estrecho de la habitación, la que además estaba sumida en penumbras, apenas iluminada por las tenues velas. Lo que era peor: no podía descuidar sin más a los chicos, pues si había más fantasmas como aquellos por ahí sueltos, podían peligrar…

    — ¡Shuppet! —gruñeron ellos, cargando cada uno una bola sombra y lanzándola hacia el rival.

    — ¡Cuidado, Zed! —llamó su dueño, alarmado.

    El pokemon de agua se preparó para dar un salto tan alto como le fuera posible para esquivar, cuando la respiración se le cortó al sentir una mano agarrarlo por el tobillo y jalarlo hacia abajo, él no supo hacia dónde. Las bolas sombras impactaron contra el suelo, causando una ligera explosión que sacudió las flamas de las velas, causando un movimiento de sombras alrededor. Yagami e Itsuga se cubrieron los rostros del humo y, al mirar, Zed no estaba. Los ojos del castaño se quedaron estáticos en donde debía estar su compañero. Luego comenzaron a buscarlo frenéticamente por todos lados.

    —No… ¡NO! ¡Zed! —llamó a toda voz, buscándolo— ¡¿Dónde está…?!

    La criadora se quedó muda y con la boca abierta, incapaz de responder.

    —Fro…—le tocaron a Adrián la pierna.

    El chico soltó una exclamación de sorpresa y dio un salto hacia un lado, percatándose de que su pokemon estaba inexplicablemente detrás de él. El corazón le golpeaba fuerte en el pecho, pero el alivio de ver a su amigo intacto logró que se calmara rápidamente. La mirada se le iluminó al darse cuenta:

    — ¡Zed! ¡Estás bien! —exclamó jubiloso— ¡Y…llegaste hasta aquí increíblemente rápido! ¡Ni siquiera te vi moverte! —se llevó una mano a la frente, sin poder dar crédito— ¡Tienes que ser el Frogadier más talentoso del mundo!

    —Frogg…gadier…—
    se rascó él la mejilla, mirando en otra dirección. Los entrenadores no supieron a qué venía esa pena.

    — ¿Eh? ¿Qué te sucede?

    —Lo importante es que estás bien, Zed—
    felicitó Ryoko, también aliviada de que el tipo agua salió intacto—, por ahora tenemos que intentar salir de… ¡AAh! —exclamó, al voltear la cabeza hacia la escena de batalla.

    Al mirar Adrián también se llevó una sorpresa, pero Zed se mantuvo impávido.

    Silencioso, con los ojos prendidos y una posición de batalla, un pokemon de tonalidad sombría desafiaba a los Shuppet de más adelante. Los pokemon lo observaban francamente asombrados, pues nunca habían visto una criatura parecida, sin contar que no se explicaban de dónde había salido. Ryoko lo reconoció pasados unos segundos, aunque le pareció muy extraño que estuviera allí. Adrián arqueó las cejas y extrajo su pokedex para escanearlo y saber algo de él.

    — ¿”Marshadow”? ¿Y de dónde ha salido?

    —No lo sé…—
    la peli rosa no quiso aventurar su suposición al respecto—pero creo que nos quiere ayudar.

    — ¿Qué te hace pensar eso?

    —Froogadier, Frooo—
    intentó decirle Zed a su entrenador, cuando los Shuppet decidieron atacar al nuevo intruso.

    El aparecido se quedó en su lugar, esperó hasta que los otros estuvieron lo suficientemente cerca y dio un paso al tiempo que extendía los brazos: una sombra fantasmagórica salió desde debajo de él y alcanzó al Shuppet más cercano, golpeándolo y derribándolo. Al segundo lo lanzó hacia atrás con un puñetazo helado, y el tercero logró asestarle su desarme directo en la cabeza, a lo que el extraño respondió con su buena baza, lanzándolo con violencia al suelo y noqueándolo. Luego retrocedió y regresó a su postura inicial, aunque se notaba algo agitado por el esfuerzo hecho.

    —Cielos…es bueno—reconoció el castaño.

    La criadora no dijo nada, solo se quedó anonadada. Como fuere, los dos Shuppet que no lograron ser noqueados por el Marshadow visitante se levantaron y atacaron a la vez con tinieblas, a lo que el luchador se escabulló entre las sombras de la habitación, desapareciendo y eludiendo las técnicas.

    — ¡Ah, ya entiendo! Fue así como hizo desaparecer a Zed—comprendió Adrián, emocionado—. Pues no vamos a quedarnos de brazos cruzados: ¡Ve allá y usa tu lengüetazo contra ellos!

    — ¡Gadier!


    La rana corrió y al dar un salto, extendió su alargada lengua y golpeó con ella al segundo Shuppet, logrando derribarlo y dejarlo tendido en el suelo. Al voltearse para ir por el último, éste se alarmó de haber perdido a sus compañeros de equipo e intentó retroceder para colarse por la pared hacia la otra habitación, cuando de la nada el fantasma de ojos brillantes apareció desde allí, lo golpeó lanzándolo contra Zed y éste lo remató con su hidropulso. La habitación volvió a quedar en silencio, excepto por las exclamaciones victoriosas de Adrián.

    — ¡Bien hecho! Estuviste fantástico, amigo.

    — ¡Frooo~!


    Los dos jóvenes se acercaron al tipo agua y miraron desde allí al aparecido. Éste observó que los tres oponentes no pudieran seguir peleando, inspiró hondo y suspiró para luego empezar a entremezclarse con las sombras de la habitación.

    — ¡O-oye, Marshadow, espera! —llamó el joven, estirando el brazo.

    El aludido se detuvo de desaparecer y lo miró hacia atrás. Tenía un gesto inexpresivo, ni siquiera de victoria por haber ayudado a vencer a los otros fantasmas, o de desprecio a los humanos, como los Shuppet.

    —Gracias por habernos ayudado, estuviste genial—dijo Adrián con una leve sonrisa.

    —…

    — ¿También vives aquí y quisiste ayudarnos? ¿O venías con algún entrenador?

    —Marsh…—
    movió la cabeza en dirección de Ryoko, luego se dejó tragar por la oscuridad bajo sus pies sin siquiera decir adiós.

    Adrián y Zed dieron un respingo y miraron a la peli rosa a un lado, quien los vio observarla con recelo y se encogió de hombros.

    —N-no es mío…

    — ¿No? ¿Y por qué dijo que venía contigo? —
    preguntó él, arriscando la nariz.

    La criadora miró hacia el techo, pensando en cómo explicarlo.

    —Busquemos cómo salir de aquí…

    Les contó lo que sabía sobre Marshadow mientras investigaban la habitación, palpando las paredes buscando alguna puerta o ventana para poder salir. No había nada allí, era como una jaula.

    —He visto a ese Marshadow un par de veces en mis viajes; tengo la impresión de que nos está siguiendo—dijo Ryoko, sin sonar del todo segura pues ni siquiera había tenido chance de intentar comunicarse con el pokemon—. Siempre anda lejos, nunca se acerca a nosotros, aunque una vez le dejé un pastel de bayas y me aparté, así que lo comió. Mis pokemon tampoco han conseguido acercarse a él, ninguno—suspiró—. Eso es hasta ahora todo lo que sé de él. Ni siquiera sé si es salvaje o de algún entrenador.

    —Pues vaya entrenadora que resultas ser—
    bufó el menor.

    — ¡Ni que fuera mi culpa que no se acerque!

    — ¿Se supone que ya estás por graduarte de criadora? Deberías saber cómo conseguir que los pokemon se te acerquen y confíen en ti. No tienes futuro para esto—
    se burló, mientras sacaba libros de una estantería, buscando algún botón que activara alguna puerta o pasadizo secreto.

    No imaginó que al jalar el “compendio de pokemon inútiles: tomo I: Bid—” con letras borrosas, se activaría el mecanismo de una de las paredes de la sala, la que comenzó a moverse inesperadamente hacia ellos, asustando a los tres y haciéndolos chillar.

    — ¡Se está moviendo! —gritó Itsuga, apuntando la pared que venía hacia ellos. ¡Aquello era imposible! — ¡¿Qué hiciste?!

    — ¡Solo moví este libro de aquí!

    — ¡Pues ponlo de regreso en su sitio!


    Adrián no obedeció, por supuesto; solo siguió su propia lógica y regresó el libro a su lugar, aunque esto no hizo que la pared se detuviera o retrocediera. El muro comenzó a arrastrar las mesas de juego y la alfombra conforme se seguía acercando y amenazando con hacerlos un sándwich. Frogadier salió a la defensa y trató en vano de empujar la pared con su fuerza.

    — ¡Fro…gadier!

    Los chicos trataron moviendo todos los libros a dos manos, tan rápido como les era posible, sin conseguir nada. De la nada, el mismo fantasma de antes apareció de entre las sombras que estaban cercanas a los dos humanos y corrió junto a Zed, también haciendo fuerza para intentar contener sin resultados la pared que avanzaba. Los chicos lo vieron, pero al instante regresaron a seguir probando con los demás libros.

    — ¡No se detiene!

    — ¿Qué haremos? —
    soltó ella, sin haber obtenido ningún resultado.

    Mientras los muebles seguían apiñándose y los dos pokemon gastaban infructuosamente sus fuerzas por detener el avance de la pared, ésta estaba a solo cuatro metros de juntarse con la de enfrente y aplastar a todos adentro. Gracias a la cercanía con la muralla, los chicos vieron que había varios cuadros de pokemon colgados ahí, algunos muy tétricos de fantasmas, otros de pokemon muy comunes y corrientes en su ambiente natural. Al verlos, a la criadora se le ocurrió algo.

    — ¿Qué libro moviste?

    —Este—
    indicó el que tenía las letras borrosas.

    La chica lo sacó y leyó.

    ¿”Pokemon inútiles”?

    Alzó la mirada y se encontró con el cuadro de un Bidoof mordisqueando un trozo de palo. Fue hasta allá y puso el libro en la madera que sobresalía algunos centímetros, donde estaba puesto el nombre de la pintura y su autor, solo por no morir sin gastar posibilidades. Los cuatro personajes adentro se quedaron fríos en cuanto la pared se detuvo de avanzar con un sonido chirriante, a solo dos y medio metros de hacerlos papilla. Un chasquido dentro del cuadro del dientón llamó la atención de todos, y en breve el marco de la pintura se deslizaba, como si a una puerta le sacaran el pestillo. Los entrenadores y pokemon soltaron suspiros de alivio, y Marshadow desapareció tan rápido como había aparecido, sorprendiendo a Zed a un lado: a él le gustaría desaparecer en las sombras con la misma facilidad que ese, pensó.

    — ¿Podremos salir por ahí? —preguntó Adrián, acercándose a echar un vistazo.

    — ¡Gggkkk! ¡La próxima vez no vayas por ahí sacando y sacando cosas sin más! —le reprochó la peli rosa, con los nervios crispados— ¡Casi nos matas a todos!

    Él la ignoró y saltó por encima de todas las mesas con platos, vasos rotos, decoraciones y demás artilugios desparramados y apretados por la pared para echar un vistazo al cuadro y ver si podían salir por ahí.






    SoncarmelaSoncarmela :v
     
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  6. Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    Adrián fue decidido a quitar ese cuadro de la pared para descubrir si habían encontrado la forma de salir de esa habitación, sin embargo, pronto se dio cuenta de que su fuerza no era suficiente para echarlo a un lado. Y si se le ocurría alzarlo, se le caería encima y eso sería todavía más vergonzoso que admitir que era incapaz de moverlo. Desde atrás, Ryoko se acariciaba la barbilla, sumida en sus pensamientos por el extraño pokémon que había aparecido para ayudarles, pero Zed sí estaba pendiente y ladeó la cabeza sin comprender a qué esperaba su entrenador. Antes de que pudiera decir algo, el castaño le indicó que se acercara sin hacer ruido. La rana se encogió de hombros y colocó sus patas debajo del cuadro tal y como Yagami le estaba pidiendo con simples movimientos.

    Una... Dos... —habló Adrián en voz baja, asintiendo cada vez que decía un número— Tres.

    Y entonces sí lograron tirarlo a la derecha para que se estrellara contra el suelo. Lo pesado que era el cuadro dejó una marca en las baldosas, pero les daba bastante igual el cuidado de la casa.

    ¿Hay algo? —preguntó finalmente Ryoko alzando la mirada. Ya tendría tiempo de descubrir más cosas sobre Marshadow si aparecía de nuevo. Si lo había hecho dos veces, seguro venía a la tercera.

    La rana asintió, pero Adrián soltó un bufido y mostró la abertura de la pared con sus manos:

    Pues claro, ¿acaso eres ciega? ¡Míralo por ti misma!

    Ryoko se asomó con cautela, pues le costaba creerse que la casa de una Capitana tuviera tantos escondites y trampas, pero eso sólo sirvió para que su sorpresa aumentara. El agujero daba pie a unas escaleras que se perdían hacia arriba, dado que estaba todo a oscuras.

    Entonces... ¿Vamos a subir?

    Se dio la vuelta al mismo tiempo que Adrián recogía las velas que iluminaban la habitación. Le tendió una a la chica y otra a Frogadier.

    Haz algo y sujeta eso, que estás empanada.

    ¡Es normal estar confusa en una situación así! —se defendió la chica.

    ¿Y en qué momento se te pasa por la cabeza quedarte en esta habitación, eh? Que puedes hacer lo que te dé la gana, a mí me da igual, pero yo pienso irme de aquí cagando leches —Dio un par de pasos y entró por el agujero, logrando que el fuego de las velas iluminara un poco las escaleras. Se giró un poco para ver si Zed le acompañaba, pero la rana, como había hecho al principio, estaba dividido entre la preocupación de su entrenador y el de la criadora. Adrián soltó un suspiro— ¿Y bien? Decide de una vez para no tener a Frogadier así. ¡Si prefieres acabar aplastada adelante!

    Eso fue por coger el li...

    ¡Con libro o sin él, íbamos a morir por culpa de esta habitación! Estamos en una mansión de los mil demonios, con un asesino suelto y un montón de trabajadores y entrenadores sospechosos. Así que no tengo ni idea de qué le pasa a esta vivienda, yo encontraré la salida, pero antes de eso, le daré una paliza al culpable —se llevó una mano a la frente—. Zed, venga...

    Ryoko admitió para ella misma que el castaño tenía razón sobre esa habitación, pero prefirió no decirlo en voz alta. Ya tenía suficiente con soportarlo todos los días. Además, si se quedaban ahí, podía pasar cualquier cosa, como trampas o que otros fantasmas se empeñaran en atacarlos.

    Pues gritar no ayudará a pasar desapercibidos —contestó una vez se metió también en las escaleras de detrás del cuadro.

    Bah.

    Frogadier se unió al dúo cuando iniciaron la subida, vigilando en todo momento por si algo sucedía. Pero el cuadro no se colocó solo ni el agujero se cerró, cuando ya perdió de vista la habitación de los peligros, dejó de mirar atrás cada dos por tres y se aseguró de que los humanos se encontraran bien.

    El trayecto por las escaleras fue dominado por el silencio. A ninguno de los dos le apetecía hablar. Lo único que se escuchaba era el leve ruido de sus zapatos cada vez que subían un escalón o la respiración de ambos. Aunque se preguntaban lo que estaba sucediendo y cómo era posible que una mansión tuviera un laberinto dentro con entradas en los cuadros, lo único que realmente les interesaba era salir de ese sitio tan estrecho y oscuro.

    En un momento, las escaleras se dividieron. Unas seguían subiendo y otras daban a un camino hacia la derecha. Los entrenadores se acercaron con cuidado, muy alertas. Si seguían las de siempre, todavía no se veía luz, pero el nuevo “laberinto” daba lugar a otra habitación, una muy similar por donde habían salido ellos haría unos minutos. Y efectivamente, ese agujero también parecía venir de un cuadro o alguna estantería.

    Aquí hubo una pelea —dijo Ryoko señalando las sillas tiradas y la alfombra manchadas de sangre.

    Ya no hay nadie. Y no voy a dar un paso dentro de esa habitación; porque no dudaría de que de repente fuéramos atacados o yo qué sé. Continuaré subiendo.

    Ryoko asintió.

    La entrada hacia otra habitación se repitió una vez más y sólo vieron los mismos detalles que antes, las pruebas de una pelea y que alguien había conseguido encontrar una forma de escapar.

    A lo mejor los cocineros también acabaron en estas habitaciones cuando se apagaron las luces —teorizó Ryoko mientras avanzaban.

    ¿Y cómo habrán salido de una batalla? No tenían pinta de ser entrenadores. No son como yo —añadió con una sonrisa presumida. Parecía que se había olvidado completamente de que el enfrentamiento hubiera acabado horriblemente para ellos si Marshadow no llega aparecer.

    ¿Entonces se trataba de los otros invitados? —murmuró ella con el ceño fruncido e ignorando la última parte de Yagami.

    ¿Y yo qué sé? —espetó con un ligero enfado, ya cansado y molesto por las interminables escaleras.

    Sólo estoy intentando llegar a una conclusión, don amigable. Eres muy insoportable.

    Frogadier negó con la cabeza. Había estado callado todo el rato porque no era muy hablador y, también, porque ya estaba acostumbrado a las discusiones de esos dos. No era realmente nada del otro mundo si recordaba gritos más altos dentro de Blue Flare.

    ¡¡Dame eso!! ¡¡Mi pokémon lo necesita!!

    Ryoko, Adrián y Frogadier se detuvieron enseguida.

    ¡Estamos cerca! —habló el castaño con alegría, a pesar de que lo que acababan de escuchar no vaticinaba nada bueno.

    ¡Espera, Adrián!

    Pero el muchacho salió corriendo con un nuevo esfuerzo. Zed lo siguió enseguida, preocupado, y ambos llegaron antes que Ryoko a la salida de ese laberinto de escaleras. Se trataba de una puerta normal y corriente, por lo que Adrián la abrió y salió disparado hacia delante por la fuerza usada, golpeándose contra un bonito suelo de sala de baño.

    ¡Dije que no se acercara nadie, Ampharos! ¡Ataca!

    Adrián apenas tuvo tiempo de alzar la cabeza cuando Ampharos lanzó chispas en dirección de Frogadier. A la rana le pilló tan de imprevisto que apenas pudo poner los brazos alrededor de la cara para protegerse, sin mucho éxito. Cayó de rodillas con todo el cuerpo temblándole por los rayos que le recorrían.

    ¡Zed! —chilló el castaño con dolor, acercándose de inmediato a su pokémon.

    ¡Frogadier! —llamó Ryoko desde las escaleras. Con la puerta abierta, era capaz de ver un poco sobre lo que pasaba y su imagen central era la de Zed herido.

    Delante de ellos, Ampharos y uno de los muchachos que habían visto en la cena se alzaban amenazantes y alterados, como si hubieran perdido la cabeza. Y también dentro del baño, una chica se pegaba a la pared intentando escapar de ahí, mientras que tenía en brazos a un muy malherido Pidgey.

    ¡Nadie tendrá el botiquín! —exclamó el muchacho, señalando a todos con el dedo— ¡Ampharos usará Chispas en cualquiera que se atreva a dar un paso! ¡¿Ha quedado claro?!

    ¿Qué... qué te pasa? —preguntó Ryoko con la garganta seca— ¿Por qué actúas así? Deberíamos hablar entre todos para tratar de descubrir lo que está sucediendo, unirnos en equipo.

    Es que... nos tiraron hasta una habita...

    ¡Cállate! —masculló el chico con los ojos ardiendo de furia. Aquello fue suficiente para que la otra entrenadora cerrara la boca— ¡No me dejaré engañar por nadie más! He cambiado de idea —añadió con los puños apretados—. Os dejaré a todos paralizados, de esa manera no tendré el miedo de saber que me vais a golpear por la espalda.

    ¡Idiota! ¡Imbécil! ¡Cómo te atrevas a amenazar otra vez a mi pokémon, yo mismo te reventaré la cabeza, hijo de...!

    Adrián no se esperó que el propio chico se acercara para propinarle un puñetazo en la mejilla. El castaño podía llegar a ser muy chulo cuando se lo proponía, pero si el otro actuaba de la misma manera, no era nadie para contraatacar. La cabeza del Ranger se chocó contra la puerta y no pudo abrir la boca nuevamente, pues veía borroso y los oídos le zumbaban.

    ¿Alguno quiere ser el siguiente? —espetó el que había perdido los tornillos— Bien, porque una parálisis será menos dolorosa. Ampharos, por favor, termina con esto de una... ¡Aaagh!

    Una luz muy potente salió de la nada desde el cuerpo de Frogadier, molestando a los ojos de todos los presentes. Adrián ni siquiera lo notó, todo le daba vueltas y lo único que percibió fue que la sala se había iluminado más de lo normal. Pero entonces alguien lo cogió y sintió como estaba a punto de vomitar.

    Ninja —pidió Zed aprovechando el desconcierto. Ryoko abrió un poco los ojos al escuchar esa voz, pero se llevó una gran sorpresa cuando la rana la miró desde su altura, de todas formas, no tuvo tiempo, pues enseguida supo que el pokémon quería que cuidara de su maleducado entrenador— ¡Greninja!

    Zed pegó un salto y alargó su lengua para coger el cuello del muchacho que tantos problemas estaba dando a los humanos que conocía. Ampharos se giró de inmediato para soltarle un buen chispazo, sin embargo, al comprobar dónde se encontraba su contrincante, no le quedó otra que detener su técnica.

    Suél... Suéltame... ¡Esto es de cobardes! —bramó el joven sin preocuparse por sí mismo. Golpeó hacia atrás como si pudiera hacer algo, pero Greninja ni siquiera se quejó cuando uno de los codazos le dio: no era nada para él.

    ¡Greninja! ¡Ninja! —protestó, hablando directamente con Ampharos.

    —¡
    No le escuches, Ampharos! ¡Me da igual que el ataque me impacte también a mí! ¡Paralízalos a todos, paralízalos a todos y llévame luego conti...! ¡¡Ampharos!!

    Un palmeo en la nuca dejó a Ampharos sin aliento. Ese instante fue aprovechado rápidamente por Greninja al ver a Marshadow justo detrás, sin expresión, simplemente actuando como debía para salvar a Ryoko. Zed dio un salto y usó destructor en su enemigo para acabar con él de una vez por todas, o al menos dejarlo inconsciente. Entre Marshadow y él fue bastante sencillo dejarlo fuera de combate.

    Pero la cosa no terminó ahí, pues Marshadow caminó hasta delante del chico, dado que también le veía como una amenaza.

    ¡Marshadow, no! ¡A él no! ¡Es un humano!

    Marshadow ladeó la cabeza y clavó su mirada seria en la criadora.

    Muchas gracias, de verdad, pero atacar a un humano no es bueno. Ahora no tiene ninguna forma de defenderse, sería injusto —explicó de forma calmada.

    Dob... Ggg... —balbuceó Adrián, moviendo la mano para quitar lo borroso.

    Y entonces las luces del baño se apagaron.


    Lady BeelzeLady Beelze Ahora le pongo colores, te lo dejo para que puedas ir escribiendo

    Frogadier ganará 5 niveles por el trabajo, así que llega para evolucionar
     
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  7. Lady Beelze

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    En cuanto las luces se fueron, la otra muchacha y Ryoko soltaron una un grito y la otra una exclamación de sorpresa, aunque no era la primera vez que eso ocurría. Sin embargo, como había ocurrido en mal momento, era normal que de todas maneras se asustaran. La peli rosa se quedó arrodillada junto al castaño que mascullaba cosas mientras intentaba volver en sí, esperando que nada malo ocurriera. Fue en eso que sintió las patas palmeadas de Greninja aterrizar justo a su lado y rodear a ambos con los brazos de manera protectora. A su vez, la cabeza del fantasma silencioso se encendió como una vela verde, dando algo de claridad al lugar. Miró por sobre el hombro que los humanos estaban bien y luego regresó su atención al frente.

    Con la tenue luz que emitía Marshadow, la muchacha del Pidgey dejó de gritar, por lo que consiguieron algo de tranquilidad en el salón de baño.

    — ¿Estás bien, Zed?

    —Ja…

    — ¿Tú estás bien, Marshadow?

    El aludido no respondió, por lo que a Itsuga no le quedó más que suponer que, al menos no se encontraba mal. Miró abajo a Adrián, quien con la frente morada y un chichón empezando a crecerle, trataba en vano de enfocar. Miró a la joven que estaba contra la pared: lucía aterrada y presionaba fuertemente a su pokemon en brazos. Éste estaba al borde del desmayo.

    —N-no creo que sea bueno que estrujes a tu pokemon así—recomendó la criadora—. ¿Está herido, no?

    La chica dio un respingo y miró a su amigo en brazos, soltando una exclamación: el miedo que sentía al estar sin su ayuda, en una situación peligrosa y además en un lugar lleno de fantasmas y un posible asesino suelto, le tenían los nervios de punta y no medía por completo sus acciones. Dejó de apretar al ave en brazos y éste comenzó a respirar con menos dificultad. Las luces seguían sin regresar.

    — ¿Qué fue lo que ocurrió? —preguntó Ryoko, algo más calmada.

    —B-bueno…yo estaba abajo con los otros entrenadores que fueron a la entrada. No se podía abrir las puertas, si ni quiera tirándolas abajo, así que nos esparcimos buscando cómo salir de esta mansión. Al principio me estaba acompañando Ted…

    — ¿Y él quién es?

    —Un entrenador entre los invitados. Él…traía varios anillos y collares de plata—intentó dar una descripción, pues acababa de conocer al sujeto en esa reunión.

    —Ah, ya sé quién.

    —Y pues, nos separamos después de que él se puso a inspeccionar una estatua que llamó su atención. El suelo se lo tragó y desde entonces Pidgey y yo deambulamos solos—bajó la mirada, muy entristecida—. Algunos pokemon fantasmas nos atacaron, así que huimos. Nos encontramos con ese chico por casualidad—observó al que ahora estaba desmayado con su Ampharos—. Vinimos al baño para dar agua a nuestros pokemon y limpiar sus heridas, pero entonces vi el botiquín sobre la estantería y se puso como loco. Suerte que ustedes aparecieron por esa extraña puerta…

    Ryoko echó un vistazo al Ampharos del sujeto: lucía herido, pero no de gravedad. Frunció el ceño mientras pensaba en qué debían hacer.

    “No mucho, hasta que regresen las luces…” —se dijo a sí misma con un suspiro de impaciencia.

    Pasaron un par de minutos antes de que la luz volviera y los presentes suspiraran aliviados. La criadora se puso de pie y caminó hasta Marshadow, dejando a Adrián en manos de su pokemon agua. Lo examinó un poco, determinando que no estaba mal. El fantasma se extrañó de que se le acercara de la nada, por lo que desapareció sin decir nada tragado por la sombra a los pies de ella.

    —Me pregunto por qué simplemente viene con nosotros…

    — ¿Ese fantasma era tuyo?

    Ella dio un respingo y sonrió nerviosamente.

    —N-no, no es mío, pero a ratos aparece cerca…

    —Era muy extraño—comentó con cierta desconfianza hacia el pokemon.

    —No es malo, al menos. Vamos a decidir qué hacer por ahora…

    Fue hasta el lavabo, juntó agua en sus manos y la dejó caer en la cara de Adrián, despertándolo de una vez. Zed se rascó la mejilla, pensando que aunque él hubiera podido hacer eso, tal vez no lo hubiese hecho por temor a lastimar al joven.

    — ¡¿Qué pasa?! ¡¿Dónde está ese loco…?! —bramó el entrenador, mirando en rededor confuso y llevándose la mano a la frente— ¡Auch! —exclamó, tocándose el chichón palpitante.

    —Bien que estás despierto—soltó Ryoko con los brazos en jarra—, como siempre, te precipitaste tontamente y saliste herido. Encima Zed pagó los platos rotos contigo.

    — ¿Eh? ¿Zed? ¿Qué le ocurrió…?

    Se quedó boquiabierto y mudo al ver a rana azul con larga lengua enroscada alrededor de su cuello sosteniéndolo por los brazos. Se maravilló de verlo así, al punto de que le brillaron los ojos. Extendió las manos y lo tocó, como si no terminara de creérselo.

    — ¡Zed! ¡Esto es fabuloso!

    — ¡Ninja!

    — ¡Ahora serás invencible!

    —No es que quiera interrumpirles el momento—se metió Itsuga: se sentía igualmente feliz por el Greninja, pero la situación era apremiante—, pero tenemos que salir de aquí antes de que ese bobo despierte y vuelva a atacar a todos con su Ampharos.

    — ¡Ah, sí!

    Yagami se puso en pie de un salto mientras Itsuga se hacía con el botiquín. La muchacha del Pidgey la miró y bajó la cabeza: sabía que sería inútil intentar competir contra ellos con su pokemon en ese estado. Ryoko se acercó a Adrián y le enseñó la caja de primeros auxilios abierta a su compañero: tenía algunas vendas, pomada para desinfecta y una poción para pokemon. El castaño sonrió y estiró las manos para tomarlas y usarlas en Zed, quien estaba en muy mal estado debido al choque eléctrico que había recibido, pero entonces Ryoko apartó la caja de su alcance.

    — ¡Oye! ¿Así agradeces que Zed te proteja?

    La criadora bajó los ojos y apuntó con su pulgar por sobre el hombro. Adrián miró en su dirección y sus ojos marrones se toparon con el Pidgey herido y desmayado. Lo comprendió de inmediato y por instinto cedió al instante. No porque Ryoko se lo dijera, claro está.

    —Vaya; qué mala entrenadora eres—acusó a la otra, echando a caminar hacia la salida—, permitir que tu pokemon llegue hasta ese estado.

    — ¡No-no quise que pasara! —se defendió ella con lágrimas en los ojos— ¡No imaginé que…!

    —Mira, será mejor que trates a tu pokemon y te busques un sitio seguro hasta que todo esto termine. No te sientas mal por tener que esconderte: los mayores nos haremos cargo de esto—sonrió con petulancia para salir de ahí.

    Greninja se apresuró en seguirlo, aunque el nuevo cuerpo le dolía a causa del impacto. Ryoko fue con la chica y le dejó el botiquín en el suelo.

    —Úsalo de prisa y sal de aquí—recomendó, poniéndole una mano en el hombro—. Haz lo que él te dijo y escóndete hasta que todo termine.

    —Pero…—no entendía nada—¿por qué me lo han dejado? Su pokemon también está malherido y…

    —No te preocupes, yo me encargaré de eso—sonrió, guiñando un ojo y despidiéndose.

    La muchacha los vio partir y se secó los ojos. Luego y tan rápido como le fue posible, comenzó a curar las heridas de su pokemon para buscar un sitio seguro en el cual esperar.

    Mientras y avanzando por el pasillo principal, Adrián y Zed iban abriendo las puertas que aparecían a cada lado, echando un vistazo en el interior sin encontrar nada de utilidad, o a alguien a quien interrogar. El joven se tocaba cada tanto la frente con el chichón, maldiciendo el habérselo hecho por descuidado. Sin embargo, aquello no alcanzaba para fastidiarlo del todo, pues tener a Zed evolucionado a su lado lo llenaba de emoción.

    — ¡Oye! —llamó Ryoko, habiéndose quedado un poco atrás— ¡Al menos podrías esperar!

    —No tengo tiempo para tus retrasos: tengo que atrapar a un criminal.

    —Sí: seguro vas a hacerlo con Zed en ese estado—dijo ella, alcanzándolos y poniéndose en frente.

    El castaño miró a su pokemon golpeado y con un tic en un brazo a causa de la electricidad. Se mordió el labio y bufó:

    — ¡¿Pues qué quieres que haga?! ¡Le dejamos el botiquín a esa chica descuidada para su Pidgey, ¿o no?!

    — ¡Hmph! Yo trataré a Zed; después de todo, ha hecho mucho ayudándome también—declaró, dejando su bolsa en el suelo decididamente y arrodillándose para sacar sus materiales de curación.

    — ¡Tsk! ¡Estamos en un lugar peligroso y abierto! ¡Podrían atacarnos en cualquier momento y tú nos pones en riesgo!

    — ¡Si nuestros pokemon no están bien para ayudarnos, entonces sí que vamos a estar en riesgo, bobo!

    — ¡Ugh! ¡Mujer del demonio!

    Se cruzó de brazos y esperó mientras Greninja se sentaba en el suelo para que lo curaran. Los ojos amarillos de Marshadow escrutaban desde la oscuridad algún posible peligro, mientras los humanos se tomaban aquella pausa. Lo único que percibía de momento eran pokemon fantasma sollozando y merodeando por ahí, pero no estaban cerca, así que no constituían un peligro. Ryoko estaba a poco de terminar la curación cuando Marshadow salió desde la pared contigua y se puso en frente de Adrián, tomando de nuevo aquella postura de pelea. Los tres personajes se sorprendieron de verlo aparecer de la nada.

    — ¿Qué le pasa ahora? —inquirió el castaño, retrocediendo un paso. Aquello debía ser mala señal.

    —No lo sé…

    —Grenn…—dejó salir Zed, tratando de incorporarse al sentirlo también. Ryoko lo alcanzó por los brazos y lo retuvo en su sitio.

    —No, espera un poco por favor, ya casi termino de vendarte.

    — ¡Ninja, Grenin! —quiso refutar, pero entonces apareció:

    Una sonrisa diabólica se dibujó en la oscuridad, poniendo a los jóvenes los pelos de punta. Luego se materializaron unos ojos amarillos, conforme el pokemon venía caminando por el pasillo como un ente salido del abismo. El Gengar reía con malicia al ver lo que se había encontrado en el camino: un debilitado grupo de humanos con sus pequeños pokemon. Aquello iba a ser fácil, incluso otros entrenadores habían supuesto algo más de reto para él. Qué pena, y eso que él andaba buscando divertirse.

    —Qué bien—masculló Adrián—, seguro éste no ha venido a decirnos cómo salir…

    —Igual se lo puedes preguntar—respondió Ryoko a su sarcasmo, apurándose en vendar las heridas de Zed.







    SoncarmelaSoncarmela perdona la demora Q-Q he tenido demasiado que hacer
     
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  8. Soncarmela

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    Adrián no se arrepentía de haberle dado el botiquín a la chica de antes, pues no quería que su pokémon continuara sufriendo, pero le molestaba mucho lo que estaba sucediendo. Desde que había entrado en esa mansión, sólo había tenido desgracias, una tras otra... Y cuando pensaba que la Capitana tendría un batalla con él, moría de la nada para estrellarse contra el plato de sopa. Si normalmente iba por la vida enfadado, en aquel momento estaba a punto de explotar. Zed no se hallaba en las mejores condiciones para pelear, al igual que Marshadow, y Gengar tenía toda la pinta de saber cómo aprovecharse de esa ventaja.

    Marshadow se colocó delante para permitir que Ryoko tuviera el tiempo necesario para vendar por completo a Greninja. Gengar se percató de ello y desapareció en un segundo para sorprender por detrás a los muchachos y a la rana azulada. Sin embargo, cuando estaba preparando la bola sombra, Marshadow lo persiguió para que no se le escapara.

    Gaaaar —se quejó el fantasma, molesto de que le hubieran interrumpido—. ¡Gengar!

    Se concentró en el enemigo que tenía justo en frente y sus ojos empezaron a brillar intensamente.

    ¡No le mires, Marshadow! ¡Está usando Hipnosis! —exclamó Ryoko a toda prisa.

    Marshadow se echó hacia atrás y se giró para que no le afectara, pero eso era lo que Gengar había esperado. Se mezcló con las sombras y ejecutó un puñetazo en la cara de Greninja, mandándolo hasta la pared. Ryoko fue echada al suelo por el movimiento y Adrián apenas logró mantener el equilibrio.

    Le gusta jugar sucio —dijo Adrián, todavía tratando de aceptar que los salvajes de esa mansión atacaban sin más— ¡Pues no te dejaré ganar! No me gusta hacer daño a los pokémon, pero si no me dejas opción, Greninja te derrotará.

    ¡Gar! ¡Gar! ¡Gengar! —se rio con fuerza.

    Pero debido a que se había parado para burlarse de Yagami, Greninja logró incorporarse y a pesar de los dolores, alargó su lengua para golpear de lleno en la cara del fantasma. La impresión dejó a Gengar anonado y esos segundos fueron muy valiosos para Marshadow. Le propinó un puñetazo desde la espalda con los nudillos ardiendo... o eso creyó, porque el salvaje contraatacó antes con un golpe bajo.

    ¡Marshadow! —llamó la criadora con preocupación. El pokémon salió rodando hasta una de las esquinas, un tanto adolorido. Ya no era capaz de moverse y de realizar técnicas igual de bien que antes.

    ¡Gaaaaar! ¡Gaaaar! —el fantasma señaló a Greninja y a Marshadow con la lengua fuera, como si le divirtiera muchísimo sus inútiles intentos de ganarle con sorpresas.

    Si tuviéramos más pokémon... —se lamentó Itsuga.

    Esto no tiene ningún sentido —murmuró Adrián a su lado, mirando a Greninja. Su compañero se alzó un poco, pero Gengar lo tenía bien vigilado, y ambos sabían quién sería más rápido en esa situación—. Primero nos invitan, la Capitana acaba muerta y nos encontramos en una mansión donde se apagan las luces, hay un montón de habitaciones secretas y los pokémon nos atacan... ¿Qué demonios ocurre aquí?

    Me alegro que te preguntes lo mismo que yo —Esa voz no era la de Ryoko. Tanto Adrián como la chica se giraron con los ojos bien abiertos, alarmados de que otro loco quisiera darles problemas, como si ya no tuvieran suficientes. Pero la persona que apareció era un chico de apariencia normal, con una herida en la mejilla y una chaqueta repleta de polvo; a su lado, una Kirlia esperaba indicaciones— ¡Usa Psíquico, Keyla!

    ¡¿Gengar?!

    Los chillidos del fantasma resonaron por todo el lugar. Entonces, ante el asombro, los muchachos y sus compañeros oyeron una voz telepática en sus mentes con un breve mensaje: “¡corred!”. Ellos sabían que se trataba de Kirlia debido a sus propios amigos Gallade y Gardevoir, por lo que no se lo pensaron dos veces. En ese espacio abierto, y con los gemidos de dolor de Gengar, no tardarían en llegar más salvajes.

    Siguieron al desconocido sin confiar completamente en él. Greninja y Marshadow intercambiaron una mirada sabiendo esto, por si les tocaba pelear contra Kirlia. Después de cruzar algunas puertas y pasillos, entraron hasta otro baño idéntico al de antes, pero que tenía un pestillo en otras de las dos puertas.

    De esta manera nadie nos molestará —dijo el chico cerrando la puerta de entrada. Respiró hondo y revisó a Adrián y Ryoko, que estaban algo inquietos—. Tranquilos, no tengo intención de haceros nada.

    Mira, si quieres matarnos, antes te meteré este... —observó el baño rápidamente— cepillo de dientes por el...

    Si hubiera querido eso, ¿para qué salvaros del salvaje? —replicó con el ceño fruncido. Nunca se hubiera imaginado que le responderían de forma tan soez.

    ¡Pues para tener el privilegio de intentar acabar con la vida del mejor Entrenador de Aleria! ¡Y porque un asesino no está bien de la...!

    Gracias —interrumpió Ryoko con un suspiro—. Nuestros pokémon están demasiados cansados, en realidad, todos lo estamos. Si la batalla hubiera seguido... —se calló—. Gracias —repitió.

    ¡No te fíes tan pronto de un idiota! —espetó el castaño con enojo.

    Kirlia, ven —El joven regresó a su amiga dentro de la pokeball y se la lanzó al castaño. La esfera rebotó en el pecho de Yagami antes de que este la recogiera— Ahora estoy desprotegido —abrió los brazos—. ¿Me escucharéis?

    Adrián le echó un vistazo a la sala con los mofletes inflados. Greninja descansaba en un lado, respirando y tocándose las vendas. Fue ese detalle el que hizo que el chico no se levantara y se marchara dando un portado.

    Adelante —habló Ryoko.

    No sé cómo habrá sido con vosotros, pero el suelo... se abrió y acabé en una habitación donde no había ninguna puerta por donde salir. Estuve rebuscando por los cuadros hasta que hallé un botón en la pared y al pulsarlo, una cuerda salió del techo y me alzó hasta la sala principal. Pero ya no había nadie... O al menos eso creía...

    ¿Vas a tardar mucho? ¿Se supone que eso es un resumen?

    ¡Adrián! —regañó la criadora— ¡Es necesario que sepamos lo que está pasando aquí!

    Hmpf... —bufó.

    Dos fantasmas aparecieron y atacaron sin que les importara que fuera un humano. No había sacado a Kirlia hasta el momento, pero cuando lo hice, una entrenadora me amenazó con su compañero, exigiendo que le diera pociones o lo que llevara encima. Al contestarle que no tenía nada, su Sneasel arremetió y me dio un arañazo en la mejilla como primera y última advertencia... —se tocó el lado mencionado con una mueca de dolor—. Kirlia estuvo a punto de defenderme, pero entonces los salvajes decidieron cambiar de objetivo y se arrojaron hacia ellos. Las luces se apagaron y lo único que pude hacer fue guardar a Kirlia y correr hasta que me chocara contra algo.

    El chico se levantó, abrió la ducha y cogió un botiquín que había ahí guardado. Los ojos de Ryoko y Adrián se iluminaron nada más verlo.

    Terminé escondiéndome aquí, donde al ver que tenía más puertas preferí encerrarme para que nadie me sorprendiera. Escuché gritos de alguien... pero no me daba buena espina. Lo lamentaré más adelante si ha terminado muerto, pero creo que varios se han vuelto locos por la situación y ya no piensan con claridad. Con vosotros fue diferente —añadió, clavando sus ojos en la pokeball— Kirlia me avisó de que unos humanos se sentían preocupados y alarmados, por lo que me asomé y vi que estabais luchando contra un salvaje. Pero ibais en equipo —esbozó una sonrisa—. Si ambos fuerais el asesino, ¿cómo es posible que estuvierais en estas condiciones?

    ¡No me llames asesino, verdadero asesino! —apuntó Yagami con el dedo.

    El chico negó con la cabeza.

    Me llamo Alex —se presentó finalmente—. Imagino que fui invitado igual que todos. Pero no esperaba lo que iba a suceder y desde entonces... Sólo he podido pensar que esto es una locura.

    Qué mente más brillante —soltó Adrián con sarcasmo.

    Entonces has visto a más entrenadores que quieren salvarse y hacen lo que sea para ello... incluso atacarse entre ellos —susurró Ryoko, recordando al muchacho del Ampharos.

    Sí. Y es lo peor que podemos hacer —respondió el chico, tendiéndole a la criadora el botiquín. Ryoko lo cogió con cuidado—. Kirlia no lo necesita, pero veo que vuestros compañeros sí. Decidid quién lo usará. Mientras tanto, me gustaría que compartiéramos teorías. ¿Estáis seguros de que existe un asesino?

    Las cejas del dúo de Blue Flare bajaron automáticamente.

    La Capitana murió, todos lo vimos. Su cabeza cayó en el plato... ¿No? —agregó Ryoko, confusa.

    Cierto. Incluso le tomaron el pulso —asintió Alex— ¿Pero no es demasiado llamativo que de la nada viéramos en las paredes el mensaje de que éramos los siguientes? ¿Para qué avisar de forma tan descarada?

    ¿A dónde quieres ir a parar? —masculló el de cabellos desordenados— Ya que te crees tan listo, dilo directamente.

    Pues... —Antes de que pudiera continuar, las luces se apagaron y el baño se quedó en silencio— Mantened la calma, esto ya ha pasado varias veces en lo que va de noche y... ¡Aaaah!

    ¡Entonces no sueltes tú el primer grito!

    Las quejas de Yagami no recibieron respuesta en aquella ocasión.

    ¿Alex? —llamó la criadora temiendo lo peor— ¿Alex?

    ¡Tampoco tengo la pokeball! ¡La de Kirlia! —exclamó Adrián, buscando por los bolsillos de su pantalón y chaqueta con urgencia— ¡Itsuga, no te muevas lo más mínimo! ¡Y sujeta bien el botiquín!

    Durante unos largos minutos, sólo escucharon el sonido de su respiración. No querían hablar ni moverse por si llamaban la atención de algún fantasma o hacían funcionar algún mecanismo que activara otra trampa. Por eso, cuando las luces se encendieron, la sorpresa fue mayor. Las puertas que habían estado cerradas por Alex estaban ahora totalmente abiertas, incluso por donde ellos entraron. Y la pokeball de Kirlia se encontraba abierta en el suelo, pero sin rastro de la criatura psíquica.

    Shadow... —habló el no pokémon de Itsuga señalando una de las puertas.

    Alex... ¿Alex se fue por ahí? —preguntó la criadora, tragando saliva.

    Marshadow movió la cabeza de arriba abajo, confirmándolo.




    Lady BeelzeLady Beelze Tenemos un botiquín o.o/
     
    Última edición: 1 Nov 2018
  9. Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    AVISO


    Me comunican que me equivoqué con el último día del trabajo especial de Halloween. No es el 7, finaliza el 10. 10 de noviembre, todo ese día. Luego de eso, ya no habrá posibilidad de prórroga. ​
     
  10. Lady Beelze

    Lady Beelze Burning heart

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    Las cosas no habían hecho más que ponerse raras y más raras desde que iniciara la velada en la mansión de la capitana, hacía ya varias horas. Para los jóvenes entrenadores y sus pokemon se sentía como si llevaran días dando vueltas allí dentro, sin ver la luz del sol, sin poder encontrar una salida, ni respuesta alguna sobre las interrogantes. Tampoco habían logrado obtener información sobre el posible responsable de lo sucedido a Alice, las trampas eran más peligrosas cada vez, y los pokemon fantasma que habitaban allí parecían volverse más peligrosos conforme más tiempo pasaba.

    Los chicos se quedaron viendo la puerta que el fantasma indicaba, por donde supuestamente se había ido Alex. Las preguntas bullían en sus cabezas: ¿se había escapado por alguna razón? ¿Se lo habría llevado alguien? ¿Algo?

    —Ggkk…—dejó salir Adrián, quitándose el estupor de encima con una leve sacudida—Supongo que tendremos que ir a revisar—desvió los ojos al notar que Ryoko lo miraba con cierta sorpresa—. Se lo debemos.

    La peli rosa no dijo nada respecto a su actuar; no era usual que se preocupara de las personas, sino de los pokemon, aunque ella hubiese partido de cualquier manera. Sin embargo, notaba que la criatura fantasmagórica que la seguía y ayudaba, por alguna curiosa razón, se veía maltrecha y cansada. Como fuere, su temple y determinación lucían firmes e inquebrantables, como si no hubiera recibido suficiente daño a lo largo de aquellas horas. Era como si se tragara silenciosamente el cansancio y el dolor, fuera para darse ánimos a sí mismo, o por una cuestión de orgullo. Le dio vueltas al botiquín entre sus manos mientras el grupo echaba a caminar, Adrián liderando, como de costumbre, con Zed a su lado y atento a lo que ocurría alrededor. Marshadow había desaparecido de vista nuevamente, sumergiéndose entre las sombras. Ryoko se preguntaba si tenía alguna forma de ayudarse con las heridas.

    El pasillo que se extendía delante de ellos estaba sombrío, apenas iluminado por algunas velas dejadas sobre los muebles, seguramente por los sirvientes de la mansión. Había algunas puertas a derecha e izquierda, los que ellos fueron inspeccionando poco a poco mientras llamaban:

    — ¿Alex? ¡¿Aleeex?!

    — ¿Kirlia? ¿Pueden oírnos?

    No obtuvieron respuesta alguna al principio, pero conforme siguieron avanzando se toparon con una de las muchas escaleras de la gran casa, que tenía subida y bajada a los próximos niveles. Se habían metido por tantos lugares extraños, que ya no sabían ni en qué piso estaban.

    “¡Es arriba!” —se oyó una voz en sus cabezas, consiguiendo que todos alzaran la mirada a la vez.

    — ¡Es Kirlia! —dijo Ryoko, asombrada de que pudiera alcanzarlos desde tan lejos: definitivamente ese pokemon sería de temer cuando evolucionara y consiguiera mayor dominio de sus poderes.

    — ¡De prisa! —ordenó el castaño, echando a correr por las escaleras.

    Los tres personajes subieron rápidamente y aparecieron ante otro pasillo, solo que al final había dos grandes puertas cerradas, y destellos violetas escapaban por debajo de ellas. Una batalla.

    — ¡Allí debe ser! —gruñó Yagami— ¡Vamos, Zed!

    — ¡Ninja!

    El pokemon había ido recuperando sus energías poco a poco gracias a los tratamientos proporcionados por la peli rosa, así que se sentía más listo para pelear. Ambos salieron corriendo hacia el lugar, con la rana percatándose de que la chica no los seguía. Se detuvo y volvió a mirar: estaba parada en seco y parecía dubitativa.

    — ¡Greeen! —llamó a Adrián.

    Éste se detuvo y miró por sobre el hombro, también notando a Ryoko detenida. Frunció el ceño:

    — ¿Y ahora qué tienes?

    La aludida miraba algo nerviosa al suelo mientras estrujaba la caja de medicinas en sus manos. Ráfagas de energía golpearon las puertas adelante, sacudiéndolas, así que ella se apresuró en decir:

    — ¿Puedo…quedarme con esto? —indicó el botiquín.

    El Ranger no necesitaba que le explicara para qué, solo bufó y regresó su atención al frente.

    —Haz lo que quieras, mientras no sea molestarme. ¡Ven Zed!

    Su compañero se apresuró a seguirlo y ambos ingresaron de una vez al salón.

    Por su lado, Itsuga se quedó allí parada tragando saliva y mirando en rededor. Había estado en muchas situaciones peligrosas antes, con o sin su compañero del Blue Flare, pero jamás había sentido aquella vulnerabilidad al no tener a sus amigos cerca. No le gustaba ser causante de problemas, de retrasos, y sin sus pokemon sentía que estaba haciendo eso exactamente. Esperó a ver si el fantasma misterioso salía por su cuenta siguiendo a Adrián, pero no ocurrió, así que lo llamó:

    — ¿Marshadow? ¿Estás aquí?

    No obtuvo ninguna respuesta, solo el sonido de la batalla que se libraba más adelante fue lo que se hizo escuchar por el pasillo. Ella lo intentó otra vez:

    —Marshadow, si estás escuchándome…quiero que sepas que aunque no nos conocemos ni hemos tenido oportunidad de hablar o algo, estoy feliz de que estés aquí.

    De nuevo, nada ocurrió, por lo que Ryoko siguió hablando, esperando no estar hablándole al aire.

    —Nos has ayudado mucho, no sé qué razón tengas para eso, pero te lo agradezco. Es por eso que necesito que salgas.

    Nada pasó, lo que hizo que la chica se preocupara de que el pokemon efectivamente no estuviera allí. Esperó otro poco, urgida de que adelante podía estar ocurriendo algo peligroso, pero si no tenía un pokemon para ayudar, no es como que fuera a hacer mucho…

    — ¡Marshadow, por favor sal! —insistió, preocupada.

    Dio un respingo en cuanto la imagen grisácea, apenas visible del pokemon, se materializó asomándose bajo sus pies. Sus ojos amarillos saliendo de la nada fueron lo que la hizo soltar un gritito y retroceder, pero apenas lo reconoció soltó un suspiro de alivio y se arrodilló. El fantasma no se movió, solo se quedó con media cabeza saliendo del suelo, esperando lo que la chica quería hacer o decir.

    —Estás herido, tengo que ayudarte—explicó Itsuga—, puedo hacerlo con esto, pero debes salir completamente de ahí.

    —…shadow…—no se veía nada de convencido.

    —Por favor, es importante, por tu propio bien. ¿Nos has ayudado porque te preocupas de nosotros? ¿O porque quieres hacerte fuerte peleando?

    El aludido movió los ojos de un lado a otro, sin contestar. La falta de comunicación era un factor que siempre ponía a Ryoko los nervios de punta.

    — ¡S-sea cual sea el motivo, si quieres seguir luchando debes estar sano! Déjame ayudarte, por favor—le abrió las manos, en un gesto instintivo de ofrecerle que se acercara— aunque sea para pagarte lo que has hecho por nosotros.

    Marshadow se la quedó viendo un momento, luego desvió su atención a la batalla que se desarrollaba más allá. Sabía lo que estaba ocurriendo, ya se había adelantado y echado un vistazo. Ansiaba pelear, pero era cierto que estaba adolorido. Sin embargo y tratándose de un pokemon salvaje, esto nunca le había traído con mucho cuidado: peleaba hasta no poder más, hasta caerse desmayado, y todavía no alcanzaba ese límite, así que no le preocupaba. Pero el ruego de la chica por asistirlo le llevó a detenerse un momento. Tal vez no sería tan malo restaurarse un poco alguna vez, tal vez hasta podría luchar mucho más de lo que tenía por expectativa.

    Salió del suelo completamente y se quedó allí, de pie y mirando a la joven, sin decir nada, como siempre. Ryoko sonrió, asintió con la cabeza y se dispuso a trabajar.

    — ¡Usa shuriken de agua!

    — ¡Ja!

    Pegado desde una estantería a varios metros lejos del suelo, Zed lanzó las estrellas de agua contra el rival, quien de un furioso lengüetazo las hizo desaparecer antes de entrar en contacto con su cuerpo. Se rió de su logro y cargó una bola sombra en su boca, disparándola contra el rival. Zed saltó hacia una estantería cercana y desde allí le arrojó todos los libros que logró sacar hacia el oponente, golpeándolo repetidas veces. Gengar se cubrió la cabeza con ambas manos, y miró tembloroso al otro, furioso.

    — ¡Jajaj! ¡Bien hecho! —felicitó adrián, luego se dirigió al fantasma: — Ya deberías rendirte, no puedes contra nosotros.

    La biblioteca en la que se encontraban estaba convertida en un descomunal desastre. Varios estantes estaban por el suelo, las mesas y sillas estaban regadas por ahí y había libros esparcidos por doquier. A espaldas del Gengar, atado y amordazado, Alex estaba tirado en el suelo esperando la resolución de la batalla, bajo los ojos atentos de su Kirlia: el pokemon se hallaba herido después de su pelea con el salvaje y había intentando recuperar a su entrenador por todos los medios, pero Gengar lo había interceptado cada vez, impidiendo que se llevaran a su rehén. Guardaba rencor a Alex y a su Kirlia por haberse burlado antes de él, así que después de librarse del intruso y su Greninja, pensaba divertirse un poco a costa de ellos, pero las cosas se le estaban dificultando un poco.

    — ¡Gar! —rugió, hinchándose y disparando una bomba lodo contra Greninja.

    El pokemon lo eludió con facilidad y disparó su hidropulso, el que Gengar detuvo con protección. Al instante sus ojos rojizos destellaron y petrificaron al ninja en el aire, quien sin estar herido, cayó a tierra sacudiendo la cabeza. Su movimiento quedó anulado temporalmente.

    —Demonios—soltó Adrián por lo bajo—. Pues no creas que solo quitándonos un movimiento vas a derrotarnos. ¡Zed, usa rayo hielo!

    Su pokemon obedeció y lanzó una ráfaga helada concentrada, la que Gengar movió con ayuda de su psíquico y lanzó de regreso contra Kirlia. El pokemon se concentró y con su propia energía psíquica dispersó el rayo, haciéndolo llover en forma de granizo por el lugar. Esta fue una distracción de parte de Gengar, quien lanzó una bola sombra contra éste, impactándolo directo y golpeándolo contra la pared.

    — ¡¡Lia…!! —perdió éste el aire, cayendo desmayado al suelo.

    — ¡Hnnggg! —gimió Alex al ver a su amigo herido y vencido.

    — ¡Eso fue muy sucio! —exclamó Adrián, furioso mientras el Gengar se reía abiertamente— ¡Zed, ve por él con tu lengüetazo!

    — ¡Ja!

    El tipo agua dio grandes saltos sobre las estanterías y se lanzó contra el fantasma, quien dio un salto hacia atrás y se ubicó a espaldas de Alex. El chico quedó petrificado el ver que lo usarían de escudo y recibiría el golpe del Greninja, pero éste logró enroscar su lengua de regreso a tiempo y aterrizó con dificultad en frente de ambos, para no caer sobre Alex. Gengar, adivinando que haría esto por el humano, disparó una bomba lodo justo encima del rival, cubriéndolo de líquido venenoso.

    — ¡Demonios! ¡Eres de lo peor! —rugió Yagami— ¿Estás bien, Zed?

    —Gre…ninja…—se sacudió él como pudo el veneno de encima y retrocedió un poco.

    — ¡Gen Gen Gen! —reía el rival, cuando algo inesperado ocurrió: sintió que era apresado por la espalda, lo que le hizo chillar de sorpresa y tratar de zafarse inmediatamente de la aparición. Lo arrastraron hacia el suelo y luego reapareció, esta vez a espaldas de Greninja, justo en medio de lo que era ahora el campo de batalla— ¡¿Gar?!

    Al sentir que era soltado, se volteó para ver al causante, solo para recibir de lleno en la cara un puñetazo ardiente que le hizo tambalear con la mejilla quemada. Un segundo golpe, ahora helado, lo alcanzó en la otra mejilla. El pokemon rugió y respondió con un violento puño sombra, logrando sacarse de encima al fastidioso rival.

    Marshadow salió despedido por el suelo, apoyó las manos contra éste y se volteó para aterrizar sobre sus pies. Gengar lo vio y su sonrisa desapareció por un momento: justo cuando creía que estaba por terminar con esos bobos.

    —Vaya, así que se decidieron a aparecer—soltó Yagami de manera poco amable, al ver que Ryoko se acercaba—. Tarde como siempre, Ryoko.

    —Sí, sí, no fue nada—soltó ella con los labios fruncidos—. Necesitaba que las medicinas surtieran efecto en Marshadow antes de venir.

    —Pues no era necesario; Zed y yo tenemos todo controlado por aquí.

    La peli rosa prefirió no refutar y regresó su atención adelante: Gengar se encontraba ahora rodeado por Greninja a su espalda y Marshadow en frente. Alex se encontraba fuera de su alcance, por lo que no podría volver a utilizarlo como escudo. Furioso por aquello, el fantasma disparó un puño sombra contra Zed, quien habiendo recibido otro de esos antes y probando que no eran lo suficientemente fuertes para él, lo recibió cubriéndose con ambos brazos y salió al ataque con su golpe antiaéreo. Gengar saltó para esquivarlo, pero en cuanto pasó por encima de Greninja, Marshadow lo golpeó por la espalda y lo lanzó a tierra, cayendo él en frente, de modo que no tuviera chances de alcanzar al joven atado. Ahora los dos pokemon habían cambiado de lugares, solo que Gengar seguía en medio. Esto le hacía enfurecer más y más.

    — ¡Gen Gengaaaar! —rugió, disparando chorros venenosos por la boca.

    — ¡Cuidado, Marshadow!

    El fantasma se coló bajo el suelo eludiendo el ataque y regresó arriba de inmediato para evitar que el oponente se acercara al otro humano, a tiempo de ver a Zed lanzarse sobre Gengar y golpearlo en la espalda con su lengüetazo. La sombra sonriente soltó un gemido de dolor y cayó sobre sus manos y piernas, cansado. Se alzó y sus ojos rojos se encontraron con los de Marshadow, quien comenzó a sentir un inexplicable cansancio.

    — ¡Lo está hipnotizando! —soltó Itsuga, alarmada.

    — ¡Agh! ¡Si llega a saber come sueños…! —Adrián se llevó la mano a la frente— ¡Es cierto, la anulación ya debe haber pasado! ¡Zed, rápido! ¡Usa hidropulso!

    — ¡Greninja!

    La rana disparó el chorro frío contra el oponente, interrumpiendo la hipnosis, aunque Marshadow quedó igualmente atontado por el efecto. En cuanto Gengar quiso responder a la intromisión, Greninja le propinó una finta improvisada que dio de lleno en el pecho de Gengar, sacándole todo el aire y arrojándolo al suelo, completamente aturdido.

    Los entrenadores y pokemon esperaron un largo momento a ver si el pokemon se levantaba, pero éste no respondió. Cuando Marshadow logró reponerse completamente de la somnolencia que lo invadía, Gengar ya no era un peligro y ellos tenían oportunidad de sacar a Kirlia y a Alex de allí.








    SoncarmelaSoncarmela ya está, sorry la demora ; ;
     
  11. Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    Salgamos rápido de aquí, no sabemos cuándo despertará o si otros fantasmas de la mansión vendrán para ayudarle —apremió Ryoko ante la situación.

    Vaya, no se me había ocurrido irme de aquí —replicó el castaño con sarcasmo—. Zed, carguemos con este tipo, al final siempre tenemos que ocuparnos nosotros de todo.

    Ryoko se ofreció en cuanto escuchó eso, molesta.

    ¡Tú tienes fuerza de niña! —protestó rápidamente, chillando como de costumbre.

    ¡Tengo más fuerza que tú! —se quejó ella, recordando que el castaño era un inútil en cualquier deporte o esfuerzo físico.

    ¡Ninja! —interrumpió la rana, cargando a Alex él mismo para que dejaran de discutir— ¡Ja! —indicó con la cabeza la salida para que no se retrasaran más.

    Marshadow se quedó mirando a Gengar para confirmar que no se movía. Tampoco tenía intención de seguir a los muchachos de forma visible, por lo que esperó hasta que salieran de la sala para poder ir desde las sombras. Sin embargo, antes de marcharse, la criadora echó un vistazo hacia atrás, sonriendo.

    Gracias por ayudarnos, Marshadow.

    El pokémon no contestó, se limitó a desaparecer para que ella no estuviera más tiempo ahí.

    Llegaron hasta el baño de antes donde dejaron a Alex en un rincón para que se despertara tranquilamente. O al menos, esa era la intención de Ryoko, que ya estaba mojando una toallita para poder ponérsela en la frente. En el caso de Adrián fue diferente, en cuanto se acercó, le dio un guantazo en la mejilla derecha, repitiendo el proceso con la izquierda. La criadora dio un respingo y se interpuso entre su compañero de Blue Flare y el otro chico.

    ¿Qué está haciendo? ¡Eres un bestia!

    No tenemos tiempo de quedarnos aquí a que se despierte. O a cuidarlo como piensas hacer tú —refutó señalando la toallita que tenía Ryoko en las manos—. ¿Te recuerdo todo lo que ha pasado o esa cabeza tuya ya lo va asimilando?

    Recuerda lo que dijo Alex, debemos mantenernos unidos para que no reine más el caos.

    A mí me da igual lo que dijera este tipo, ni siquiera es capaz de protegerse a sí...

    ¡Él nos ayudó! —Ryoko alzó al voz casi sin pretenderlo— Nos trajo hasta este baño a pesar de que era su escondite para que no le pasara nada.

    Eh... —Tanto Adrián como Itsuga pegaron un bote al escuchar esa voz. Sobre todo la chica, que había notado unos dedos cogiendo parte de su pantalón. Pero se trataba de Alex, que medio adolorido, acababa de abrir la boca para detener los gritos— No discutáis —pidió suavemente, casi en susurros—, eso sólo nos traerá problemas, como más salvajes o entrenadores asustados.

    ¿Estás bien?” preguntó enseguida el pokémon de Alex, hablándole desde la telepatía.

    Alex asintió lentamente y se dirigió directamente a los muchachos que tenía delante. Adrián se cruzó de brazos con un bufido, esperándose otro monólogo, mientras que Ryoko le tendió la toallita para que se limpiara un poco la cara.

    Gracias —dijo el joven ante la amabilidad de Itsuga—. No esperaba que ese Gengar quisiera tomarse la venganza. Parece que aprovechó las luces... Oh —De repente, su ceño se frunció—. ¿No es mucha casualidad?

    ¿A qué te refieres? —interrogó Ryoko con curiosidad.

    Pues que da la sensación de que ese fantasma conocía el momento exacto en que las luces se apagarían. Incluso sabía dónde estábamos.

    No es como que el ataque de Kirlia le hubiera afectado mucho en el primer combate —habló Adrián haciendo una mueca—. Pudo seguirnos perfectamente.

    ¿Y las luces apagadas?

    Estaría pensando en cómo atacarnos por sorpresa cuando ocurrió. Y eso simplemente le ayudó a que el plan fuera más efectivo —el castaño se encogió de hombros— ¿Realmente importa? Estamos perdiendo tiempo aquí dentro. Yo no pienso esperar a que vengan a matarme, encontraré al asesino primero.

    ¿Se te ha pasado algo por la cabeza, verdad? —preguntó Ryoko al ver el rostro serio de Alex.

    Con esfuerzo, el chico se apoyó en el lavabo para poder estar a la misma altura que sus nuevos aliados, o así le gustaría llamarlos de no ser por el carácter de Yagami. Tiró la toallita que acababa de usar para quitarse suciedad y sudor de la cara.

    Me gustaría volver a la sala principal, donde todos nos reunimos para cenar con Alice —declaró sin que le temblara la voz.

    ¿Estás loco? —Casi chilló Adrián, mirándolo con los ojos abiertos. Cambió la dirección y se fijó directamente en Ryoko, que no había dicho nada— Deja de escuchar a este tipo, se ha dado un golpe en la cabeza. El asesino nos está buscando, no...

    A menos que el asesino tenga el plan de esperarnos allí —murmuró Ryoko.

    O quizá el asesino... La mente maestra detrás de todo esto, no se ha movido del sitio —intervino Alex con una mano en la barbilla.

    Adrián se llevó una mano a la frente.

    Rayos... ¿Quieres contarnos de una vez tu maldita teoría en vez de lanzar comentarios sin más?

    Abrió la boca para responder, pero entonces negó con la cabeza.

    Es demasiado descabellado, pero... —Miró de izquierda a derecha, como si su mente fuera muy rápido asimilando todas sus ideas— Me gustaría confirmarlo —decidió, dando un paso para poder agarrarse a la puerta del baño. Un ojo se le cerró ante el dolor que sintió en un costado.

    Ryoko y Zed fueron los primeros en moverse para que no hiciera más esfuerzos, cogiéndolo desde ambos con mucho cuidado. Kirlia le transmitió su preocupación también.

    Creo que... voy a necesitar vuestra ayuda...

    Como todo el rato —replicó el de los cabellos desordenados con molestia—. Pero supongo que no me queda otra, ya que mi pokémon ha optado por echarte un cable —se encogió de hombros y luego lo señaló con el dedo—. Una cosa te digo, si el asesino nos ataca, te usaré como cebo.

    ¡Adrián!

    Me parece bien —contestó Alex con una sonrisa—. Es un trato justo.

    Pues venga —concluyó Adrián haciéndose a un lado, justo en la puerta de salida para que Zed, Ryoko y Alex pudieran salir—, no se hable más.

    Gracias a la cobardía -o estrategia- del muchacho desconocido, pudieron moverse por la mansión sabiendo perfectamente dónde debían ir. A diferencia de Ryoko y Adrián, que habían caído en distintas trampas o aprietos desde que comenzó la noche, Alex se limitó a esconderse. También poseía una gran inteligencia y buena memoria, pues se acordaba de las habitación por sus muebles o marcas de las paredes. En más de una ocasión tuvieron que detenerse por culpa de las luces, que se apagaban y encendían como si de un juego se tratara. Incluso les tocó caminar a ciegas, guiándose por la imagen principal de la sala donde habían entrado. Los gritos no ayudaban tampoco, pues voces de otros humanos o de fantasmas se escuchaban por los alrededores, confirmando todavía más que todos estaban sufriendo.

    Finalmente, el trío vio la familiar sala donde se habían reunido aquella noche para cenar. Sin embargo, aunque la mesa y las sillas estaban todas perfectamente colocadas, el cuerpo de Alice no se encontraba en el sitio donde había muerto tras tomar la cucharada de sopa. Adrián y Ryoko se quedaron sin aliento ante la escena, pero Alex se mostraba muy tranquilo. Se soltó de la chica y de Zed en cuanto pudo apoyarse en una de las sillas.

    Es... ¿Es esto lo que esperabas encontrar? —preguntó Ryoko al darse cuenta del semblante del muchacho.

    No del todo, pero algo así —asintió, terminando de sentarse.

    ¿Y entonces qué? —espetó Adrián ya perdiendo los nervios— ¿Te vas a quedar ahí sentado como si nada?

    No hay asesino. No hay cadáver —soltó una carcajada—. Había escuchado cosas como esta sobre la Capitana, pero jamás creí que sería capaz de...

    Todos estábamos presentes cuando los criadores se llevaron a Alice, Alex. Se me hace extraño que no lo recuerdes, querían... —dijo Ryoko con el ceño fruncido.

    Adrián lo cogió del cuello de la camisa sin dejarle terminar la frase.

    ¿Eres tú, verdad? ¡Tú eres el asesino! —exclamó, apretando todavía más el puño— ¡Has estado jugando con nosotros todo este tiempo! ¡Por eso no tenías heridas cuando te encontramos y has fingido lo de Gengar! ¡Seguramente sea parte de tu equipo y le pediste a Kirlia que le comunicara que era el momento adecuado cuando las luces se apagaron! ¡Y te acabas de hacer el tonto para que creyéramos que los culpables eran otros!

    Pero sólo podíamos traer un pokémon —le recordó Itsuga.

    Bah, igual que encontró la manera de envenenar la comida, pudo traerse más de un compañero. ¡Admítelo! ¡Te he descubierto!

    —¡¡Espera!! ¡Si los mayordomos se la llevaron, significa...!


    Levantó el brazo libre con clara intención de darle un puñetazo, y sobre todo con más ganas al sólo escuchar excusas de Alex. Sin embargo, antes de que realizara el movimiento, un altavoz resonó por toda la mansión con un mensaje:


    “La noche ha terminado. La mañana acaba de llegar y las puertas se abrirán para todos. Por favor, dirigíos a la sala principal”


    Lady BeelzeLady Beelze Lo conseguimos
    JullJull Terminado
     
    Última edición: 9 Nov 2018 a las 16:17

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