Ascenso Misión D Trama Kumogakure | Idenshi Tsuihō

Tema en 'Next Generation' iniciado por St. Mike, 12 Ago 2018.

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    St. Mike

    St. Mike Sanguine Sanctum

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    Resultado del dado: #1. Camino incorrecto, ¿qué podría suceder? Tras ese incidente podrán “encontrar” el camino correcto.

    Fichas:
    Idenshi
    Akiyama
     
  2. Autor
    St. Mike

    St. Mike Sanguine Sanctum

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    El complejo de la academia se había vaciado casi por completo. Sin clases restantes ni actividades por concluir, sólo los docentes se mantenían en el quehacer de trámites y formalidades, todo alistándose para los posibles graduandos; algunos detalles, como documentos de certificación e informes de rendimiento, se adelantaban incluso antes de conocer quiénes terminarían siendo los graduandos, y quiénes tendrían que permanecer un año más. Aquella mañana fue exclusiva para Akiyama, o al menos en su despacho; usualmente, recibía visitas matutinas cada cinco minutos de algún otro funcionario en la academia, cada uno yacía tan incorporado en su tarea que no veía oportunidad de calma en medio del ajetreo. Una mañana así calmaba los nervios de los que sabían valorar el silencio, Hori encabezaba dicha lista sin ningún problema.

    Su labor de aquel día no distaba mucho del resto. Los documentos relacionados al comportamiento y sus derivados siempre terminaban en su oficina por propia voluntad, a veces, en medio de su condescendencia, incluso se tomaba la molestia de ajustar alguna nota en favor de cualquier alumno; al fin y al cabo, eran décimas que terminaban sumándoles en la evaluación final. Terminaba de revisar el quinto expediente cuando un halcón mensajero tocó en su ventana. El golpeteo pasó menos desapercibido de lo habitual, como si la mera existencia de ruido perturbara un ambiente tan calmo. Se aproximó de inmediato, encontrándose con un nudo en la pata del animal; cuando intentó tocarlo, éste se deshizo, y en seguida, pudo escuchar una voz en su mente.

    Lo que decía aquel hombre era narrado a modo de carta escrita:

    Me dirijo a Akiyama Hori, docente en la academia de La Nube. Mi nombre es Tenshi Kaguya, necesito informarle de algunas irregularidades acerca de uno de sus alumnos: Idenshi Tsuiho. Por precaución, le aconsejo monitorear lo poco que le quede dentro de la academia en su villa, y si ve prudente, me contacte para intentar llegar a una conclusión con este tema.

    Usagi miró en todas direcciones, asegurándose de tener privacidad ante lo que escuchaba, cerró la puerta de su oficina con seguro sin dejar de prestarle atención a las palabras de TK. Procedió a anotarlo todo.

    ~~~

    Avanzar hasta la entrada a la montaña fue lo más sencillo. Tsuiho fue recibido tan sólo por un letrero indicando el inicio del examen y una serie de instrucciones dejadas al pie de un tronco marchito. Más allá del examen, la idea de escalar Idaina Yama desde su lecho le sentaba como una experiencia divertida; en multitud de ocasiones había escalado senderos más elevados del pico, aunque nunca pensó en hacer un trayecto del inicio a su fin, y ahora que se presentaba, no podía más que sentarle estupendamente.

    La fauna en las sierras montañosas siempre se ha caracterizado por la gran variedad de vegetación. Muchísimos árboles longevos se cernían a cada lado de varios riscos y cotas, tan anchos como para hacer el camino a la entrada una exploración en sí misma. El suelo delataba la cantidad de minerales en la zona, y la tierra porosa hacía de cada paso una posible resbaladilla. El viento, por fortuna, soplaba a su favor y hasta lograba refrescar el sol montañoso. En ambientes así, hasta el más joven se percataba del poderío de la naturaleza sobre el entorno; días, o incluso horas mal distribuidas en Idaina, fatalizarían cualquier viaje. No se imaginaba que, en medio de la vegetación y las elevaciones megalíticas, el propio Hori le seguía con suma cautela, y con un temple tan poco acostumbrado como justificado.

    Bastó ver al encargado de resguardar el perímetro para deducir que el término de civil le quedaba corto. ¿Ajeno a los ninjas? Eso decían, pero el guardabosques de la montaña no era alguien precisamente normal. El hombre tenía una musculatura que rozaba lo deforme; brazos enormes y tan sólidos como el resto de su cuerpo. Una capa de piel le cubría en todo momento, y la anchura que dejaba ver emulaba, con suma certeza, lo más semejante a una pared humana. Una barba blanca y delgada caía por encima de su pecho hasta la altura del diafragma, siempre manteniendo su mirada y postura al frente. Iden no necesitó consejo alguno para pensar en desistir en ese preciso instante, como cualquiera reaccionaría. Pero si la prueba cumplía su propósito, aquel obstáculo debía ser lo suficientemente sencillo como para que un genin lo superara.

    Aprovechó la maleza que separaba el resto del sendero inferior con la entrada a la montaña, detallando lo más que podía la situación.

    Tres caminos se cernían detrás del hombre, con una estética y cuidado que delataban la obra humana, formaban surcos simétricos y dejaban un gran pozo bajo sus hendiduras, imaginaba que se trataría de una última opción en caso de que el guardabosques debiese encargarse de algún intruso. Claramente, la estrategia a seguir se fundamentaba en moverlo de su posición, y por más obvio que pareciera, también se sentía como el problema más difícil de resolver. El sujeto sudaba estoicismo y la firmeza corría por sus venas, moverlo para avanzar no parecía la mejor opción.

    Pero de eso se trataba ser ninjas, ¿no? El arte de superar obstáculos con soluciones poco convencionales.

     
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    St. Mike

    St. Mike Sanguine Sanctum

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    Tragó hondo, intentando que lo recién leído no le consumiera mentalmente. Habían pasado meses, pero logró recordar con claridad las anomalías que rodearon a Tsuiho durante el poco tiempo que permaneció en Kumogakure aquel año; sin ir más lejos, el horror provocado por la primera tarea que realizó le debilitó enormemente, como una fuerza superior ejerciendo la presión de lo desconocido. El hedor emanado por la red de seguridad, la sustancia ardiente que de ella caía, nada que su memoria fuese capaz de omitir. Ni siquiera tragar podía en medio de la parálisis, revivir tantísimos nervios de golpe no era usual, ni siquiera para un ninja, y que fuera un homólogo de otra aldea quien le notificara no hacía más que empeorar la situación. Tuvo suficiente temple como para omitir levemente el pánico y detallar lo que había tocado en la pata del halcón: un mecanismo que accionaba el sello donde venía contenida la técnica, y por lo visto, se trataba de una técnica diseñada únicamente para reaccionar ante el destinatario correcto.

    ¿Por qué tomar tantas precauciones? No era tiempo de sentarse a dudar, la carta seguía reproduciéndose en su mente y no había forma de detenerla.

    “Idenshi presentó comportamientos fenomenales en todas las tareas que se le asignaron dentro de la academia, en concreto, hubo tres actividades donde las anomalías llegaron al extremo. Al final de esta carta, le dejaré en detalle los informes de lo sucedido, pero lo más importante ahora es que sepa cómo lidiar con las situaciones en caso de que vuelvan a presentarse:

    Número uno. El muchacho siempre produce efectos extraños al utilizar cualquier medida de chakra. Aumentos erráticos de lo que se le pide, y suelen ser sucedidos por confusión y falta de orientación.”

    ~~~

    Nada aparentaba que el guardia fuese a moverse ni un centímetro de su sitio. Era momento de actuar. Fue más producto de su inexperiencia como shinobi, pero aquello no quitaba que el primer intento de Iden tuviera algo de coherente. Simuló un paso calmo, saliendo muy por detrás del matorral donde se escondía, pero lo más destacable, sin duda, era el Henge utilizado: se había disfrazado del propio Akiyama, con una similitud impresionante tras varios intentos en el interior de la vegetación. Avanzó con la parsimonia propia del imitado, mientras el original observaba todo desde lo alto de un risco, camuflándose entre las rocas. La idea de Tsuiho se basaba en el engaño más simple, pero a la vez, uno de los más confiables.

    ―Me olvidé de asegurar un par de trampas ―fuese por lo vivido últimamente o por su propia naturaleza, pero lo cierto es que le costaba muchísimo esbozar la gentileza de Usagi―. Las seguraré antes de que Iden llegue ―siguió avanzando con la misma calma hasta cruzarse de frente con el guardabosques―. Con permiso ―intentó dar un pequeño brinco para saltar al camino detrás, posando su diestra en el hombro del hombre. De súbito, el encargado le empujó con la fuerza que sólo aquellos músculos podrían generar en un civil, haciendo caer al muchacho, en medio del humo de su transformación, a tres metros de la trifurcación.

    ―En este sendero nunca han colocado trampas bajo mi supervisión, tienes suficiente con qué lidiar conmigo ―bramó el hombre, recuperando la postura firme―. Y Akiyama Hori no vendría a notificarle eso a un guardabosque ―la severidad de su voz volvía innecesario cualquier comentario que aumentara ese sentimiento, sólo con hablar le bastaba para imponerse.

    El segundo plan que se le ocurrió no conllevaba nada muy diferente, pero le atemorizaba pensar en lo que podría pasarle si fallaba, o peor aún, si ni siquiera lograba ejecutar lo necesario para cumplir la nueva idea. Suspiró con fuerza; la suerte estaba de su lado, al menos desde la perspectiva de que su irregularidad no había amenazado con presentarse. Esta vez, se paró frente a frente contra el guardia, a poco más de cinco metros. No buscaba intimidarle, sabía que no podría hacerlo, el hecho de hallarse allí parado sólo lo justificaba su propia tensión. Corrió, con más inseguridad que nunca, pero con el ímpetu que le brindaba la acción también.

    Se dispuso a deslizarse por debajo de las piernas del sujeto en el último momento, levantando una cantidad considerable de tierra, pero el mastodonte delató que no sólo destacaba por su fuerza, sino también por su velocidad. Tomó al joven de la nuca antes de que siquiera lograra deslizarse por completo, sosteniéndolo con su diestra en el aire. Por más civil que fuera, ese sujeto conocía lo suficiente la mentalidad ninja para saber que sólo había sido un señuelo. Volteó por inercia, tomando con suma certeza lo que supuso que sería el muchacho tras realizar el kawarimi; lastimosa fue la forma en la que se dio cuenta: lo único en su mano era un hueso de costillar. Para cuando cambió el enfoque en su vista, vio a Tsuiho corriendo precipitadamente a pocos metros, alejándose con torpeza, y otra costilla dejada en el suelo por el camino que escogió.

    ―No estuvo tan mal ―recuperó su posición al tiempo en que lanzaba el hueso al vacío tras de sí―. Pero veamos cómo le va por ese camino.
    ―Debo apresurarme ―pensó Akiyama.

    ~~~

    “Numero dos. Si el muchacho llega a usar su línea sucesoria, le recomiendo estar especialmente atento, será la primera forma que tendrán ellos para encontrarlo”
     
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    St. Mike

    St. Mike Sanguine Sanctum

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    ―¿Ellos? ―Por encima de consternarle, la expresión de la carta le hizo sentir mucho más ingenuo de lo que ya era, como si un operativo entero se hubiera instalado alrededor de uno de sus alumnos sin que se enterara.

    Sí, Iden le preocupaba, más como amenaza que como alumno, y se esforzaba para contradecir dichos pensamientos y priorizar la instrucción por encima de la protección. No importaba si era él, otro estudiante, un tutor o el propio Kage, pero que fuera un ajeno a la villa quien le informase al detalle de todo lo acontecido no dejaba de generarle conflicto. Pero, sin lugar a dudas, lo que en verdad logró alarmarle fue lo subsiguiente en el mensaje:

    “Le pido con el máximo respeto que proceda a poner bajo arresto a la tutora de Idenshi en cuanto oiga este mensaje.”

    ~~~

    Las habilidades utilizadas habían cumplido su cometido, el problema devino naturalmente por la falta de su dominio. Tsuiho se sentía extremadamente mareado, sin mencionar que el orificio utilizado para extraer una de sus costillas no sanó como debía y seguía goteando sangre. No moriría, o al menos eso quería pensar, pero la herida se sentía con pulsaciones constantes, sin mencionar la sensación de agotamiento parcial provocada por el transporte. Era la primera vez que probaba sus habilidades en una situación bajo presión, y sobre todo, la primera vez que probaba más de una en un plazo tan corto de tiempo. Jadeó un poco, en parte por el agite que le generaba pensar ser perseguido por el guardabosque, una sensación ansiosa, muy superior a lo que debía sentir en una situación así, su cuerpo temblaba con cada pisada, repleto de nervios.

    El camino se tornó calmo en cuanto se sintió mejor, aunque debió quitarse su franelilla por debajo de la chaqueta para usarla como vendaje, pues la herida no terminaba de sanar. Lo visible en el trayecto constaba de linderos y escalones naturales de piedra, algunos demasiado grandes siquiera como para que un ninja inexperto pasara; claramente, la fórmula a seguir constaba de saber elegir la mejor forma de avanzar, y para algo tenían que servir sus dotes como escalador después de todo. Trazó un surco invisible en su mente que indicaba por donde le parecía más conveniente; se trataba de la manera más segura según su óptica, y aun así, involucraba demasiados recursos para un civil.

    De buenas a primeras, tuvo que aprovechar leves impulsos con la plantas de su pies cargados en chakra para tomar el peldaño que le llevaría hasta la primera base sólida del recorrido, justo por encima de la pared que separaba la cierra del ascenso. Logró tomar el impulso necesario, no sin antes resbalarse y quedar suspendido, tuvo que reunir un impulso poco acostumbrado para alzar su cuerpo con ambos brazos, lanzando su torso encima de la roca en cuanto estuvo arriba.

    Tuvo que tronar su cuello ante el dolor que comenzaban a experimentar sus músculos; no acostumbraba enfrentarse a murallas como aquella, ni siquiera en los recorridos más arriesgados, y afrontarlo con chakra no ayudaba a aminorar la carga. Escalaba entre peldaños y peldaños de tierra, se entrecruzaban y curveaban conforme el risco se achicaba hacia la cima. Finalmente, llegó a una plataforma donde el rumbo se extendía muchísimo más, sin dejar de ascender levemente, como un listón rodeando la montaña, una carretera, probablemente usada antaño para transportar mercancía. Al ver que le deparaban surcos más tranquilos, se sentó y bebió un poco de la cantimplora que llevaba consigo. Descansar unos minutos no le haría daño tras el esfuerzo; la herida comenzaba a sanar, al menos.

    ―Por fin te encuentro ―La voz, tan susurrante como el viento, provino de entre las copas de los árboles que se veían en el horizonte elevado. Viró, casi con fastidio del cansancio, intentando dar con su procedencia.
    ―Eh… ―Y honestamente, Iden sólo quería quedarse dormido un rato después de lo experimentado. Pero el sólo ver a la presencia le alertó.

    Un hombre, o lo que quedaba de él, se posaba entre el camino siguiente y su lecho. Su piel, pálida como la propia tierra, se adhería al hueso, y sus ojos delataban una podredumbre inexplicable, era como si se pudriese en vida. El cabello del hombre le llegaba hasta la mitad de la espalda, y en medio de su espesura lograba ocultar parcialmente su rostro; fuera quien fuera, todo rasgo atribuible a su persona transmitían desconfianza. Iden sintió un golpe seco por detrás de la cabeza antes de siquiera lograr distinguirle, lo último que vio antes de caer inconsciente. Lo que sí alcanzó a sentir con nitidez fue su cuerpo levantándose y siendo llevado a toda velocidad hasta otro lugar.

    Lo acontecido en posterioridad sólo fue atestiguado como destellos, indicios de lo que pudo ser. Tsuiho sintió como si lo examinaran, y hasta creyó oír voces, junto con un frío impropio de la intemperie para aquellos días del año. Lo único que logró sentir, y con suma nitidez, fue un dolor punzante emanando desde las puntas de cada dedo y su boca, como si perforaran con agujas ardientes cada punto hasta la raíz del nervio. Lo más extraño, sin duda, es que no se explica cómo no acabó reanimado al instante tras sentir aquello. Un nombre, palabra, o lo que fuera, se hizo nítido en medio del ajetreo: “Fushura”. Las sensaciones cesaron por un tiempo indefinido, no sabría definir cuánto, fue como un sueño.

    ~~~

    Hori salió disparado en cuanto divisó la habilidad utilizada. Amén de las palabras de TK, aquello significaría un grito delatador para quienes estuviesen tras el joven. No lo hacía por seguir sus órdenes, no al menos en apariencia, pero no dejaba de crear un conflicto interno la posibilidad de encontrarse en una posición de peligro, en una situación de mayor gravedad que un simple examen de la academia. Saltó entre las ramas de los árboles de la montaña hasta tener una ubicación idónea para continuar el monitoreo. Vio un par de figuras surgir desde las cercanías, pero para cuando intentó detallarlas, una parálisis se apoderó de todo su cuerpo; apenas logró reunir fuerzas para voltear, viendo como una anciana concluía lo que a leguas se delató como una ilusión, una lo suficientemente efectiva para noquear a Usagi al momento.

    ―Iden…shi ―susurró antes de caer desmayado.

    Sintió vagamente el trasladar forzoso de su cuerpo, vía aérea supuso, según la cantidad de aire que logró sentir en medio de la conmoción. Cayó estrepitosamente sobre tierra suave, a una altura suficientemente baja para que no terminase muerto en el impacto. Los síntomas que presentaba no eran solo provenientes de la técnica, o al menos no entendía cómo una ilusión podía llegar a presentar un cuadro clínico tan extraño. Sí, se sentía revitalizándose, muy poco a poco y aún sin capacidad de abrir los ojos o siquiera moverse. Tenía consciencia plena de estar vivo y en el lugar de la caída, pero se hallaba privado de cualquier sentido. No fue el tiempo sino un Jonin guardia de la aldea quien terminó despertándole.

    ―¡Akiyama! ―bramó el hombre, agitando al susodicho con fuerza―. Akiyama, ¿Qué haces aquí? ¿Qué te sucedió? ―empezaba a lograr abrir los ojos, aunque el resto de sus sentidos seguían adormilados.
    ―Eh… ¿Qué pasó? ―Era lo más similar a una de sus resacas―. El examen ―reaccionó de golpe―. Andando.
    ―¿Tienes a alguien en supervisión?
    ―Espero que sólo deba preocuparme por eso.
    Sobrevolaron la aldea en el pájaro que traía su colega hasta llegar a la dama de la paz, donde un joven se aproximaba hasta su centro.
    ―¿Iden? ―Ni él mismo lo reconocía en el estado que se mostraba.

    ~~~

    ―¿Tuviste respuesta?
    ―No ―respondió TK―. Es normal, si es un asunto del clan no esperen que la aldea se implique tanto.
    ―Investigué al tal Akiyama, y por su historial, dudo que se quede de brazos cruzados. Tratará el asunto por su cuenta.
    ―Pues, ¿no es lo que querían? Si el muchacho está allá de alguna forma tendrán que monitorearlo, puede terminar siendo nuestro colega.
    ―¿Se te olvida quién fue el primero el recomendarte asistir personalmente? Ajenos al clan no deberían meterse en esto.
    ―Probablemente el muchacho ni siquiera sepa de qué se trata, ni yo lo sé bien aún.
    ―Tu generación no tiene nada que saber sobre el tema.


     
  5. Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    Jelo, St. MikeSt. Mike aquí tu resultado:

    A diferencia de otros, te tomaste el atrevimiento (correcto) de tratar otros asuntos en medio de la prueba. Sin embargo, ese tema tuvo un poco más de relevancia que el mismo examen o lo que conllevara este (a palabras de quien te evaluara y por lo que se percibe). Lo bueno es que la transición de Idenshi hacia la aldea y la superación de sus obstáculos + los jutsus, resultó ser favorable. Cumpliste. Lo que te puedo aconsejar de todo esto es que en misiones especiales como estas, des más relevancia a lo principal (que es al final lo que será evaluado). Has aprobado.

    Ganas 80 XPs. Puedes hacer un epílogo en el tema principal sin abarcar la ceremonia, sino lo previo a ella. Allá mismo deja la actualización.
     
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