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Especial Kingdom of Lucifer [Samali Winters]

Tema en 'Digital World' iniciado por Masaru, 4 Dic 2016.

  1. Autor
    Masaru

    Masaru "さあ、往こうか" Supermoderador

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    "Kingdom of Lucifer” [Especial]
    a) NPC que la solicita: -
    b) Lugar donde debe ser tomada: Cualquier ciudad
    c) Descripción de la misión: Es una calurosa tarde y tanto el Tamer como el Digimon tienen una asignación que hacer en la casa de la bruja, Witchmon. Originalmente la idea simplemente es ayudar a ordenar su amplia biblioteca pero ¿Que pasará cuando el Tamer empiece a revisar entre los libros mágicos de la bruja? Por alguna razón, aquella pluma que el Tamer consiguió tiempo atrás ha empezado a brillar
    d) Descripción del campo de juego: Casa de Witchmon -> ???
    e) Objetivos a cumplir:
    • Ordenar la biblioteca de Witchmon
    • ???
    f) Datos Extra:
    • Quest Progresiva: Los Objetivos y Datos Extra van cambiando a medida que se desarrolla la Quest
    • Quest disponible en modalidad Individual
    • Para realizar esta Quest el Tamer debe poseer una "Angel's Feather" en su inventario. También debe haber completado al menos cinco Quests
    • Una vez terminada la Quest, la pluma desaparece del inventario del Tamer, haya superado la Quest o no
    • El calor que hace dentro de la casa de Witchmon es insoportable
    g) Recompensa:
    90 Puntos o más: Medalla + Oportunidad de crearse un Tamer con un Lucemon de compañero (Ya sea borrando su personaje actual o como su 2do/3er personaje)
    95 Puntos o más: Oportunidad de transformar el Digimon del Tamer en Lucemon


    Ficha: Samali Winters
    Digivice: iC
    Mínimo de Post: No Hay
    Plazo: 1 Mes

    KiyoeKiyoe puedes comenzar. Avísame cuando termines el primer objetivo. Éxito
     
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  2. Autor
    Masaru

    Masaru "さあ、往こうか" Supermoderador

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  3. Kiyoe

    Kiyoe Innocent in the evilest way possible

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    El grupo del agua no tenía muy claro cómo es que habían terminado yendo a Metal Empire; en sus años en ese mundo habían pasado en esa ciudad muy poco tiempo, pero eso había bastado para que se convirtiera en una caja de malos recuerdos para ellas. Suponían que había sido una decisión subconsciente, como un intento no admitido por afrontar los hechos; como fuera, ya que estaban ahí podían al menos aprovechar el tiempo y hacer algún encargo sencillo.

    Samali iba mirando el suelo para ahorrarse el ver las fábricas que había por todas partes; Palmon miraba al frente solo para evitar que se tropezaran con algo o alguien. Habían aceptado hacerse cargo de la organización de la biblioteca de Witchmon, que parecía ser muy amplia; el encargo sonaba sencillo, tranquilo, y podrían pensar en otras cosas por algunas horas. La bruja vivía en el centro de la ciudad, para alivio de las chicas, y estas no tardaron mucho en llegar a su casa, ubicada al final del mercado principal.

    —Buenas, pasen —las recibió la de Witchenly cuando llamaron al timbre.

    Lo primero que las golpeó nada más entrar fue el cambio de temperatura; Metal Empire nunca presentaba un clima frío por estar en una zona desértica, pero la temperatura se hacía bastante más soportable en esa época del año; ahí, en cambio, parecía que acabaran de llegar de nuevo al verano de golpe. Samali miró alrededor para distraerse del cambio brusco. La puerta principal daba a una tienda cubierta de botellas de cristal con líquidos diversos y pesados volúmenes de magia, aunque Samali sospechaba que estos eran más para aparentar que otra cosa, los libros importantes no estarían al alcance de clientes.

    —¿Buscan alguna pócima? Tengo una especial en la que comencé a trabajar hace poco —empezó a decir ni bien traspasaron el umbral, encaminándose hacia el mostrador. Palmon se acercó a examinar las pociones, abanicándose sutilmente con una mano.

    —No, de hecho estamos aquí por un encargo —contestó, tentada a alzar del estante una pócima de un sospechoso color violeta.

    —Ah, ¿el de ordenar mi biblioteca? Muy bien, muy bien —asintió la adult—; llevo un rato esperándolas. Vamos, las llevaré hasta ahí.

    A Witchmon no parecía afectarle en nada la temperatura de su casa y se movió enérgicamente hacia una puerta en una esquina, cubierta con una cortina oscura. Las amigas la siguieron algo más lento y aprovecharon el corto trayecto para presentarse adecuadamente. La biblioteca estaba en el piso de arriba y se trataba de una habitación que fácilmente podría haber sido la mitad de la casa; las estanterías llegaban hasta el techo y estaban atestadas de libros, aunque muchos tomos habían acabado en pilas en el suelo o amontonados sobre la mesa de lectura, de forma que había muchos huecos irregulares en las repisas.

    —Cuando investigas hechizos no tienes mucho tiempo para ordenar —se excusó la bruja, encogiéndose de hombros ante la visión caótica de la sala. —Generalmente los ordeno por orden alfabético de autor y luego por orden alfabético de título, si dicho autor tiene varias publicaciones. Tómense su tiempo, estaré en la tienda.

    —Antes de que se vaya —interrumpió Samali— ¿Podría bajarle a la calefacción? La temperatura es algo incómoda…

    —La calefacción no está encendida —contestó la dueña de casa, le sonrió y se fue, dejándola a cuadros, ¿cómo podría no estar encendida si ni afuera a pleno sol hacía tanto calor?

    —Parece que tendremos que trabajar así —se lamentó Palmon.

    Apsará bajó la cabeza con resignación y se recogió el cabello en un moño alto para tratar de que le diera algo de aire en el cuello.

    —Comencemos por ver qué hay en las estanterías, así luego podremos clasificar los libros fuera de lugar y comenzar a ordenar cuando terminemos eso.

    —De acuerdo, yo tomo esta de acá. —
    la planta se fue a una estantería a su derecha y se encaramó a una escalerilla de mano.

    Hacerse una idea de la ubicación de los libros que aún tenían la suerte de estar en una repisa fue la parte sencilla; enderezaron los caídos, quitaron objetos que no debían estar ahí, sacaron los que habían terminado en un estante equivocado y se dispusieron a recolectar y clasificar los que estaban desperdigados por toda la sala. La mayoría de los tomos eran de magia y resultaban incomprensibles para las dos amigas, pero había algunos interesantes relacionados con diversos aspectos del Mundo Digital, aunque ambas trataron de no entretenerse mucho leyendo.

    Casi una hora después, Palmon tenía las hojas atadas juntas por encima de la cabeza para refrescarse un poco y Samali se había remangado el suéter casi hasta los hombros, lamentando no poder hacer lo mismo con los skinny jeans. Sus movimientos se debatían entre terminar rápido para salir de ahí pronto y no acalorarse de más para no colapsar antes de haber terminado. Quizá pedirle agua fría a la anfitriona no fuera mala idea.

    —Saly, mira esto —llamó la planta, inclinada sobre un libro que había encontrado abierto en la mesa de lectura, detrás de varias pilas. Había dejado a un lado los libros que cargaba para mirar mejor las páginas.

    —Espera dejo esto en su sitio —contestó la humana, resoplando con una alta pila de libros de A.S. Witchen entre los brazos.

    Los dejó en el estante correspondiente y se limpió la frente con un pañuelo, deseando haber venido en traje de baño; tirando de la tela del suéter para abanicarse el torso, se acercó a la mesa de lectura y se inclinó sobre el libro. El tomo mostraba una ilustración a dos páginas de plumas de distintas formas y colores, con las propiedades de cada una listadas en la parte inferior. Palmon le señaló una específica.

    —Esta se parece a esa pluma que obtuvimos hace un año ¿no? La que todavía no sabemos para qué sirve —dijo, sonriendo.

    La humana recordó a qué pluma se refería tras pensarlo un poco. No tenían ni la menor idea de qué utilidad podría tener, pero en el mundo digital muchos objetos no eran lo que parecían, así que la habían guardado de todas formas, esperando averiguar más al respecto en el futuro; sin embargo, conforme el tiempo pasaba, casi se había olvidado de ella. Curiosa, la joven echó mano a su Keychain y navegó por los objetos hasta que encontró el que buscaba, sacándolo.

    —Hmmm… pues se parece, pero no es exactamente igual —concluyó tras compararlas y miró las propiedades de la retratada en el dibujo. —Quizá haya otros —añadió, pero las páginas a ambos lados de esa trataban de cosas diferentes. Medio decepcionada, dejó la pluma a un lado y cerró el libro para ver el nombre del autor y clasificarlo junto a lo demás.

    —Eh, mira, está brillando —se sorprendió Pal, alzando una vez más la pluma, que emitía un resplandor suave pero inconfundible.



    MasaruMasaru, done
     
  4. Autor
    Masaru

    Masaru "さあ、往こうか" Supermoderador

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    A medida que el dúo observaba la pluma se hizo evidente que el brillo de esta iba aumentando. Originalmente fue tenue, pero rápidamente fue intensificándose hasta el punto que se volvió cegador, desdibujando el mundo para el par. Antes de poder reaccionar debidamente de alguna forma, la confusión provocada por el fenómeno provocó que perdieran su noción de espacio al punto que no sabían si seguían de pie en alguna superficie real. El calor y el olor a libros viejos fueron reemplazados con la nada, al igual que cualquier otro sonido hasta dar paso a una sordera total. Samali trató de tomar su Digivice, sin embargo su cuerpo no le respondió. Estaba sin opciones, atrapada en ese "vórtice" de luz sin saber que había ocurrido o, peor, que pasaría a continuación.

    [1]​

    El sonido de la campanada de un reloj retumbó en el ambiente, dispersando la luz como neblina y regresando el sonido al mundo. Samali se halló a sí misma en medio de una multitud desconocida. Se encontraba en la plaza de alguna clase de pueblo medieval, rodeado de personas que lanzaban expresiones de rabia y rencor hacia el centro de una plataforma. En ella, una joven de cabello rubio y ropas harapientas estaba apresada por una guillotina, cuyo filo colgaba peligrosamente sobre su cabeza emitiendo el reflejo de la luz del sol. Aún sin entender que estaba pasando la Tamer no le tomó más que unos segundos entender que estaba presenciando: El preludio de una ejecución.

    [2]​

    La segunda campanada hizo que Samali mirara hacia la torre del reloj, donde las manecillas marcaban las 3 PM. Al parecer estaban esperando que el sonido acabara para llevar a cabo la sentencia. Al devolver la mirada al suelo sus ojos se toparon con quien estaba a su lado, una figura que cubría su rostro con una capucha. A diferencia del resto de la multitud, esa persona no maldecía ni provocaba a la condenada, lo que la llevó a inclinar la cabeza con curiosidad para espiar en su interior. Se encontró con el rostro de una chica, idéntica a la que estaba en la guillotina, con caminos de lágrimas surcando su rostro.

    - Por qué causé esto...
    [3]​

    La tercera campanada fue acompañada por las últimas palabras de la acusada, un gesto que aumentó la ira de quienes la querían muerta. Luego, el sonido del acero cortando el aire llenó el ambiente, seguido por un enfermizo ruido al hacer contacto con la carne y luego el golpe seco de "algo" cayendo en un recipiente. Vítores y aplausos llenaron el ambiente, todos provenientes de los espectadores, a excepción de esa solitaria persona que solo aumentó su llanto, ignorada por el resto.

    [¿Se puede prevenir?]
    [...]
    [¿Lo puedes prevenir?]​

    Un nuevo resplandor se encargó de borrar el escenario, llevando a Samali una vez más a la nada. Segundos después todo volvió a la normalidad, encontrándose junto a Palmon en un lugar desconocido. La biblioteca de Witchmon había desaparecido, quedando únicamente un callejón oscuro lejos de los transeúntes. A la derecha, las personas caminaban sin prestar atención alguna a aquel desvío. Una fortuna, a decir verdad, ya que eso le daría tiempo al dúo de procesar que había ocurrido. ¿Que había sido eso? ¿Donde estaban?




    "Kingdom of Lucifer” [Especial]​
    a) NPC que la solicita: -
    b) Lugar donde debe ser tomada: Cualquier ciudad
    c) Descripción de la misión: Es una calurosa tarde y tanto el Tamer como el Digimon tienen una asignación que hacer en la casa de la bruja, Witchmon. Originalmente la idea simplemente es ayudar a ordenar su amplia biblioteca pero ¿Que pasará cuando el Tamer empiece a revisar entre los libros mágicos de la bruja? Por alguna razón, aquella pluma que el Tamer consiguió tiempo atrás ha empezado a brillar
    d) Descripción del campo de juego: ???
    e) Objetivos a cumplir:
    • Ordenar la biblioteca de Witchmon
    • Averiguar donde están
    • ???
    f) Datos Extra:
    • Quest Progresiva: Los Objetivos y Datos Extra van cambiando a medida que se desarrolla la Quest
    • Quest disponible en modalidad Individual
    • Para realizar esta Quest el Tamer debe poseer una "Angel's Feather" en su inventario. También debe haber completado al menos cinco Quests
    • Una vez terminada la Quest, la pluma desaparece del inventario del Tamer, haya superado la Quest o no
    • El calor que hace dentro de la casa de Witchmon es insoportable
    • Se encuentran en un pueblo medieval desconocido y ajeno al Mundo Digital. Al parecer todos los habitantes son humanos (no hay presencia de Digimon cerca)
    • Hasta tener una mejor idea de que ocurre, lo ideal es mantener un bajo perfil. Eviten que Palmon sea vista, podría causar pánico
    g) Recompensa:
    90 Puntos o más: Medalla + Oportunidad de crearse un Tamer con un Lucemon de compañero (Ya sea borrando su personaje actual o como su 2do/3er personaje)
    95 Puntos o más: Oportunidad de transformar el Digimon del Tamer en Lucemon

    KiyoeKiyoe cuatro días extra por el retraso, puedes continuar
     
  5. Kiyoe

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    Ambas chicas miraron la pared de piedra con confusión; no era bloque ni ladrillo sino roca; ¿quién construía con piedra esos días? Lentamente la visión medieval que habían tenido se fundió en el muro, dándoles cierto entendimiento de que probablemente no estaban en “estos días”. La primera en salir de la inmovilidad total fue la rubia, que retrocedió hasta que chocó con otro paredón y resbaló hasta el suelo.

    —No de nuevo, por favor —suspiró, cubriéndose la cara con las manos. No estaba emocionalmente preparada para enfrentar otras semanas en cualquier otra dimensión, ni para pelear contra nadie.

    Palmon miró a su Tamer con preocupación, preguntándose qué debía hacer, según había entendido, esa voz les había pedido que detuviera la ejecución de esa chica, ¿no? Acarició el cabello de la chica brevemente y luego se deslizó hacia la boca del callejón en busca de algo de información; tuvo la precaución de mantenerse entre las sombras mientras oteaba la calle.

    Vio montones de personas caminando de aquí para allá, todos humanos; se fijó bien, pero no detectó ni un solo Digimon entre la multitud; además, la ropa que vestía la gente era muy extraña; no se parecía en nada a lo que utilizaban los humanos en el mundo digital, y mucho menos a lo que había visto en el mundo humano. ¿Otro país tal vez? No parecía.

    Se dio la vuelta y volvió a internarse en el callejón, Samali no se había movido ni un centímetro de su posición, lo cual seguía preocupándole. Antes de que todo ese infierno se desatara, probablemente su Tamer ya habría estado buscando una solución, pero…

    —Ranamon, Ranamon —llamó, tensa. Apsará la escuchó y contuvo la respiración, pero no se movió. Las cosas entre ella y Ranamon no estaban muy bien últimamente.

    —¿Qué? —contestó la guerrera, acababa de aparecer junto a su portadora y tenía los brazos cruzados, acompañados de un semblante neutro. Miró alrededor y luego miró a Palmon— ¿no iban a ordenar una biblioteca?

    —Sí, pero de pronto hubo una luz muy brillante y terminamos aquí —explicó la planta—; antes de estar en este callejón vimos cómo le cortaban la cabeza a una chica, y una voz nos preguntó si podíamos evitarlo.

    —Ya veo… ¿y qué haremos? supongo que hay que salvar a la chica para volver —
    la acuática se volvió hacia Samali con una mirada gélida, la última discusión entre ellas aún estaba fresca.

    —¿Samali? ¿Qué opinas? —preguntó tímidamente Pal, volviendo a acariciar el cabello de su amiga. Winters suspiró y apartó las manos, levantando un poco la cabeza.

    —Si quien sea que hizo esto pretendía que salváramos a alguien, se equivocó al elegir —contestó, con la voz temblorosa—; no podemos salvar a nadie, así que lo mejor será que nos devuelva a la biblioteca.

    Ranamon apretó los puños, completamente exasperada.

    —¿Entonces qué? ¿Te vas a quedar aquí sentada en espera de que vuelva a brillar la luz? —preguntó, molesta.

    —No sabemos dónde estamos, así que eso es lo más…

    —¡Deja de ser tan cobarde! —la rana malcriada estaba a un segundo de llorar de frustración; ¿cómo demonios todo había terminado así?

    —Ranamon, por favor…

    —¡Por favor nada! —
    tajó la aludida, ya con los lagrimones rodándole por la cara— No te elegí para que te hagas una pelota en cada situación difícil ni para que huyas.

    Samali respiró profundo, la decepción de Ranamon la lastimaba, hacerse su heredera era una de las cosas de las que estaba más orgullosa, pero luego de… ¿qué otra cosa podía hacer? ya había fracasado en proteger a alguien importante para ella, no podía esperar que tuviera éxito en proteger a una completa desconocida. Si acaso, lo mejor que podía hacer era intentar no poner a otras personas en peligro de nuevo, ni siquiera a Palmon.

    —Se razonable, Ranamon, solo trato de…

    —Tú sé razonable —
    volvió a interrumpir la milenaria—. Eras una cobarde cuando entraste a mi templo y te elegí porque superaste eso, porque creciste, y ahora te limitas a volver a tu cobardía. ¿Qué quieres que piense cuando tu nueva idea del encargo perfecto es ordenar una biblioteca? Y ahora prefieres sentarte a esperar a que te regresen a donde estabas en lugar de hacer algo por arreglar la situación, ¿te parece que eso es algo digno de mi heredera? Porque a mí no.

    Había dejado de llorar para que se le entendiera cuando hablaba, pero tenía cara de que podría ahogarla perfectamente a base de lágrimas. Esperó una respuesta, un cambio, algo, pero al ver que Samali se limitaba a mirar al suelo, pataleó en el aire con más lágrimas formando un charco en el piso. Al cabo de unos minutos dejó de patalear y la miró, furiosa.

    —Cuando decidas hacer algo con tu vida, háblame —zanjó antes de desaparecer.

    Palmon había permanecido completamente en silencio durante la discusión. Quería defender a Samali, siempre, pero sabía que Ranamon tenía razón; su amiga había regresado a tomar encargos lo más sencillos posible, a no arriesgarse y a mantener un bajo perfil, justo como antes… Que se negara a ayudar a alguien solo por el incidente con Ayden era demasiado, no parecía ella misma. Miró en todas direcciones, como si las paredes oscuras pudieran darle alguna forma de convencer a la humana de levantarse; sabía que si alguien podía hacer que se moviera era ella, pero tenía miedo de empeorar las cosas.

    Samali miraba la pared con un nudo gigante en la garganta; su aversión hacia las lágrimas era la única cosa que le impedía llorar en ese momento. Todo había ido de mal en peor ese año, todo; desde esa horrible visión en año nuevo hasta ese momento, todo era un asco. ¿Qué podía pasar a continuación? ¿Se quedaría encerrada en una habitación con Chris y el mandril por horas? ¿Se pelearía también con Palmon? Solo eso le faltaba, y sabía que no podría soportarlo.



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    Última edición: 12 Abr 2017
  6. Autor
    Masaru

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  7. Kiyoe

    Kiyoe Innocent in the evilest way possible

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    —Samali… —intentó; por toda respuesta, la ninfa volvió a cubrirse la cara con las manos, como si estuviera avergonzada.

    Con un suspiro, la planta se sentó a su lado y esperó pacientemente, mirando las piedras sucias del suelo mientras daba a su Tamer la oportunidad de decir algo. La espera se alargó sin movimiento alguno, por lo que el ente digital decidió intentarlo de nuevo; al principio iba a exponerle los motivos por los que era importante que saliera del callejón, pero decidió decirle otra cosa, algo que había estado guardando para no ponerle más peso encima.

    —Sé que tienes miedo, que te sientes culpable por lo que pasó y que duele mucho —suspiró—; también yo fallé ese día, tampoco pude protegerle… así que supongo que en el fondo debes estar molesta conmigo por no sentirme tan culpable como tú.

    —Palmon —
    llamó, acababa de alzar la cara y tenía la alarma escrita en los ojos bien abiertos.

    —Pero supongo que en realidad no tengo tiempo de sentirme culpable —prosiguió la planta, como si su compañera no hubiera dicho nada—, porque tú eres más importante. Duele mucho, ¿sabes? Verte caer y derrumbarte de esa forma; siempre supuse que si caíamos, nos levantaríamos juntas. No imaginé esto.

    Se paró a tomar aliento, no esperaba una respuesta, pues probablemente la había dejado sin palabras. Rara vez tenía algún tipo de inconformidad, porque era feliz con su Tamer, y eran aún más raras las veces en las que decidía expresarlas. Pero esa situación le hacía sentir que explotaría eventualmente, aunque intentara contenerse para no lastimarla más. Había comenzado ya, así que siguió adelante.

    —A veces te miro y siento que estoy fallando —añadió. —Siento que todo mi esfuerzo por ayudarte, protegerte y crecer a tu lado está siendo en vano… Quizá pueda deshacerme de otras amenazas, pero no puedo protegerte de ti misma, no puedo evitar que te hagas daño.

    —Lo siento, lo siento mucho —
    suspiró la rubia, al borde de ponerse a llorar. Palmon se levantó y se paró frente a ella, tomándole las manos.

    —Si lo lamentas entonces has algo para remediarlo, aunque sea algo pequeño —dijo, con una pequeña sonrisa triste. —Ranamon fue muy dura, pero estoy segura de que ella está tan triste y preocupada como lo está molesta, quiere verte mejorar tanto como yo.

    —Lo sé…

    —Ayúdame a protegerte, por favor —
    siguió adelante. —Realmente me molesta tenerte en un callejón oscuro donde cualquier cosa puede pasar, en un sitio desconocido para nosotras, así que ayúdame con eso, levántate.

    Samali respiró muy profundo, subiendo la vista a la estrecha franja de cielo visible entre los edificios; buscaba recuperar la calma lo suficiente como para dejar de sentir que lloraría en cualquier momento y cuando lo consiguió, asintió y se puso de pie lentamente. Palmon la estaba mirando en silencio, con cierto toque de esperanza en los ojos. La rubia se sacudió el sucio de los pantalones, desdobló las mangas del suéter y se soltó el cabello, esperando que así fuera un poco menos evidente que estaba como una pegatina de tanto calor.

    —Entonces… pueblo medieval, supongo, dada la escena que presenciamos —comentó, haciendo un esfuerzo por poner sus pensamientos en orden.

    Todavía no estaba segura de poder hacer lo que querían que hiciera en ese lugar, pero al menos podía averiguar dónde estaban, por Palmon, y tal vez buscar un sitio seguro; no debía faltar tanto para el anochecer y dudaba que ahí aceptaran Bits. Con eso en mente se acercó a la boca del callejón y espió fuera, confirmando sus pensamientos con la arquitectura y la ropa de las personas que pasaban por ahí.

    Lamentablemente, si pusiera un pie fuera llamaría la atención apenas menos que Palmon, puesto que ni siquiera los hombres de ahí usaban pantalones lo bastante ajustados para ser una segunda piel; no habría nadie que considerara su vestimenta decente y quizá hasta llamaran a la policía por ofender la vista pública. Maravilloso.

    Alejando su mente de pensamientos tan negativos, la chica echó mano a su Keychain y buscó entre los objetos hasta encontrar la mochila donde guardaba su capa, pensando que sería una buena alternativa para cubrirse y pasar desapercibida. Palmon todavía no había comentado nada, se limitaba a mirarla pacientemente desde unos cuantos pasos atrás; quizá no quería arruinar el momento.

    —Tendré que salir y hablar un poco con la gente, la capa me servirá para ocultar la ropa. Tú deberías ocultarte en el iC, causarás una conmoción si te ven.

    —Por supuesto, pero ¿estarás bien sola?

    —No te preocupes, tengo que ayudarte a averiguar dónde estamos, así que no me sentaré en un callejón otra vez —
    le aseguró, mirando el suelo.

    Palmon asintió y se retiró al Digivice. La humana se puso la capa y salió a la luz del sol, tirando bien de los bordes de la tela para que no se abriera y expusiera la ropa que había debajo. Hacía lo posible por pasar como una ciudadana común y corriente disfrutando de un paseo, para no atraer atención innecesaria. No estaba muy segura de cómo haría para entablar conversación con alguien y preguntar, pero tendría que apañar.

    Al parecer había aparecido cerca de una calle principal, por lo que la cantidad de transeúntes por ahí era muy elevada; eso estaba bien, así llamaría menos la atención. Observó los recargados vestidos de una vitrina con lo que esperaba pareciera ojo de comprador y procuró que no se notara la especial atención que ponía a todas las señas y letreros que podía encontrar por ahí.

    Cuando mediante observación no consiguió averiguar más que el nombre de la avenida por la que caminaba, decidió entrar a una librería cercana y ver que podía sacar de ahí. Estaba limpio y ordenado y no había ahí nadie más que el dueño, que la saludó amablemente al entrar. Antes ya era obvio que no estaban en el mundo humano que ella conocía, pero al ver un mapa en la pared pensó que quizá ni siquiera estaban en una versión pasada de su mundo humano.

    —¿Busca algún libro en particular? —preguntó el dependiente, que tardó unos instantes en darse cuenta que no lo estaban escuchando. —¿o mejor algún mapa?

    —¿Eh? Perdone, me distraje un poco —se disculpó, apenada, al notar que le estaban hablando—; en realidad solo vine a curiosear, me gustan los libros.

    El dependiente señaló a modo de broma su peculiar acento y la dejó para que curioseara a gusto.
    .



    MasaruMasaru pase please. Le pondré códigos a esto a una hora decente.
     
    Última edición: 12 Abr 2017
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    Masaru

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    Suponía que la librería estaba bien surtida, pues veía muchos ejemplares diferentes en las estanterías repletas, pero no entendía la mitad de los títulos que leía, pues se referían a lugares y cosas que no conocía. Procurando que no se notara su desconcierto, se detuvo frente a la estantería que estaba marcada como “Historia” y leyó cuidadosamente, tratando de decidir cuál de todos esos lugares se refería al sitio en el que estaba.

    —¿Le interesa la historia? —preguntó el dependiente desde el mostrador, al ver que no avanzaba hacia las siguientes secciones.

    —Algo, sí, creo que sería bueno aprender un poco acerca del pasado de este país —explicó en un tono deliberadamente distraído— ¿tiene alguna sugerencia sobre por dónde debería comenzar?

    El dueño se le acercó y tomó un libro para enseñárselo, asegurándole que si no sabía mucho de la historia, ese ejemplar era el mejor para aprender lo más importante. “Breve Historia de Lucifen” se leía en la portada en letras doradas. Lucifen… no había escuchado ese nombre en su vida, pero era un avance; con curiosidad ojeó algunas páginas.

    —Usted no es de por aquí, ¿cierto?

    —No… llegué hoy —
    explicó, esperando que no comenzaran a preguntarle de dónde venía—; vine de vacaciones por un tiempo.

    —Eso lo explica —
    asintió el hombre—; aunque me sorprende que alguien venga aquí de vacaciones, como están las cosas…

    —¿Sucedió algo? Hace mucho que salí de mi país, no me he enterado de mucho por el camino —
    preguntó, interesada. Desde luego, había entrado en la librería con la intención de averiguar algunas cosas, pero no mediante leerse un libro completo, no tenía tiempo para eso, así que dejó el tomo donde estaba y se volvió hacia el trabajador.

    —Oh, no debería preocuparse —rectificó este— son solo habladurías, no tendrían por qué arruinar las vacaciones de una señorita.

    —No creo que me las arruinen, ya estoy aquí, después de todo —
    insistió—; además, a veces el presente es más útil que el pasado.

    Le daba igual si la tomaban por una chismosa mientras él accediera a darle información. Por un momento pareció que no iba a hacerlo, pero finalmente suspiró y se acercó un poco más.

    —Es solo que las cosas han estado algo tensas con los mandatos que vienen de palacio —explicó—; los impuestos suben cada vez más y los cobradores son implacables… la vida se hace más difícil, mucha gente no está contenta.

    —Suena grave… ¿al menos el dinero de los impuestos se invierte en beneficios para el país? —preguntó, intuyendo la respuesta.

    —Ya quisiéramos… lo único que mejora es el palacio de su majestad, el resto de nosotros no vemos ni un cobre —explicó, con cierto resentimiento al pronunciar la palabra “majestad”.

    Samali hizo otras preguntas sutiles y luego se disculpó, indicando que compraría algún libro en otra ocasión, porque se le había hecho tarde y sus padres la estaban esperando en la posada. En su despedida, el trabajador le aseguró que no se preocupara de lo que había dicho, que no debían afectarla a ella en nada. Salió a la luz de la tarde y trató de fijarse mejor alrededor. No tenía ningún recuerdo previo con qué comparar, pero intentó decidir si la gente se veía algo infeliz o preocupada; le pareció que sí, pero no estaba segura. Intentó también prestar oído a las conversaciones, ver si podía captar algo interesante en las palabras que se intercambiaban a su alrededor.

    Cuando decidió que no había mucho más que pudiera averiguar por ese método, volvió al mismo callejón en el que había aparecido y procuró que nadie la viera mientras se metía en este. Se detuvo entre las sombras y cuando estuvo segura de que ninguna otra persona se acercaba, sacó el iC, mirando a la pantalla.

    —Palmon —llamó, viendo de inmediato el rostro de su Digimon en esta. Dudó sobre si debía llamar a Ranamon; la situación le concernía, pero no quería arriesgarse a que le gritaran de nuevo.

    —¿Averiguaste algo?

    —Estamos en un sitio llamado Lucifen —
    explicó—; es un reino medieval y no creo que haya existido alguna vez en mi mundo humano. Aparte de eso, también sé que tiene una gobernante tirana y que la gente pasa penurias por eso… supongo que no es mucha sorpresa.

    —¿Podría ser eso un motivo por el que ocurre lo que debemos evitar? —
    preguntó la planta; Samali se tensó de inmediato.

    —No lo sé, no tengo idea de qué relación pueda haber —replicó, de forma ligeramente cortante. Palmon suspiró pero no insistió; tendría tiempo para eso luego. Quizá Ranamon pudiera ayudarle en la labor de convencimiento, para además limar algunas asperezas entre las dos.



    MasaruMasaru, objetivo listo
     
    Última edición: 12 Abr 2017
  10. Autor
    Masaru

    Masaru "さあ、往こうか" Supermoderador

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    "Kingdom of Lucifer” [Especial]​
    a) NPC que la solicita: -
    b) Lugar donde debe ser tomada: Cualquier ciudad
    c) Descripción de la misión: Es una calurosa tarde y tanto el Tamer como el Digimon tienen una asignación que hacer en la casa de la bruja, Witchmon. Originalmente la idea simplemente es ayudar a ordenar su amplia biblioteca pero ¿Que pasará cuando el Tamer empiece a revisar entre los libros mágicos de la bruja? Por alguna razón, aquella pluma que el Tamer consiguió tiempo atrás ha empezado a brillar
    d) Descripción del campo de juego: ???
    e) Objetivos a cumplir:
    • Ordenar la biblioteca de Witchmon
    • Averiguar donde están
    • Tratar de hallar alguna pista o explicación para la visión
    • ???
    f) Datos Extra:
    • Quest Progresiva: Los Objetivos y Datos Extra van cambiando a medida que se desarrolla la Quest
    • Quest disponible en modalidad Individual
    • Para realizar esta Quest el Tamer debe poseer una "Angel's Feather" en su inventario. También debe haber completado al menos cinco Quests
    • Una vez terminada la Quest, la pluma desaparece del inventario del Tamer, haya superado la Quest o no
    • El calor que hace dentro de la casa de Witchmon es insoportable
    • Se encuentran en un pueblo medieval desconocido y ajeno al Mundo Digital. Al parecer todos los habitantes son humanos (no hay presencia de Digimon cerca)
    • Hasta tener una mejor idea de que ocurre, lo ideal es mantener un bajo perfil. Eviten que Palmon sea vista, podría causar pánico
    • Sin pistas, lo mejor que se puede hacer es trabajar con lo poco que se tiene: Descubrir que es la chica de la visión o, en su defecto, encontrar la plaza vista, son los mejores puntos para empezar
    g) Recompensa:
    90 Puntos o más: Medalla + Oportunidad de crearse un Tamer con un Lucemon de compañero (Ya sea borrando su personaje actual o como su 2do/3er personaje)
    95 Puntos o más: Oportunidad de transformar el Digimon del Tamer en Lucemon

    KiyoeKiyoe there you go, 48 horas extra
     
  11. Kiyoe

    Kiyoe Innocent in the evilest way possible

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    Lo que venía a continuación no estaba muy claro para ninguna de las dos. Las posibilidades de convencer a Samali de comenzar a buscar a la persona a proteger en ese momento eran muy bajas. Aparte de eso, tenían otros problemas, como que pronto se haría de noche y no tenían un sitio donde pasar las horas de oscuridad y que, además, se veían nubes oscuras hacia el oeste, que probablemente alcanzarían la ciudad cuando fuera de noche.

    Decidiendo que lo mejor que podían hacer era buscar algún refugio, la joven volvió a guardarse el Digivice y a salir a la calle principal, recorriéndola con tanta atención como pudo sin atraer miradas. Lo primero que se le ocurría era alguna institución de caridad, pero la verdad dudaba que cosas así prosperaran en un reino con un gobierno tirano. Vaya, si iban a llevarla a un sitio desconocido, mínimo podían dejarle dinero.

    Cambió de calle varias veces, procurando registrar en su memoria los nombres de las avenidas conforme pasaba por ellas, pero aun así no tenía idea de qué buscaba y eso la agobiaba un poco; varias veces consideró detenerse a pedirle ayuda a algún extraño, pero siempre la detuvo el no saber que sería apropiado decir en esa sociedad. Además, admitir en plena calle, donde cualquiera podía oírlo, que era una chica sola en una ciudad desconocida podía ser contraproducente.

    Paró de deambular cuando notó a un chico de ropas oscuras subido a una escalera de mano, quien encendía una lámpara de aceite en lo alto de un poste. A lo largo de la calle otros hacían lo mismo, haciéndola caer en cuenta que el sol se estaba ocultando en ese momento. Respirando profundo para mantener la calma, miró alrededor para ver qué sitios tenía cerca. La calle en la que estaba desembocaba en una plaza varios metros más adelante, pero aparte de eso el entorno no tenía nada remarcable. Avanzó hacia la plaza para ver qué podía encontrar desde allí. En la misma había poca gente, casi toda ocupada en ir hacia alguna otra de las avenidas que desembocaban ahí.

    El lugar daba la impresión de que la escasez de transeúntes no se debía a la hora. En el centro tenía una fuente de piedra vacía rodeada de varios bancos de madera, pero eso no era lo que más llamaba la atención del lugar, sino una tarima ubicada en un lateral de la plaza, contra un paredón. Sobre la tarima había un cepo a un lado y una guillotina en el centro.

    —Oh por… —murmuró la rubia, con un escalofrío.

    Viendo la tarima tuvo la horrible certeza de que se trataba de la misma de su visión. Se preguntó si la realeza tenía por costumbre ejecutar personas ahí regularmente y por eso la guillotina era un accesorio permanente. Quizá la chica fuera una traidora a la corona… Detuvo ahí el pensamiento, ¿qué importaba? De todas formas, poco podía hacer ella por esa muchacha; ni siquiera tenía dónde quedarse, menos aún medios para ayudar a una traidora.
    No era consciente de que se había quedado viendo el brillo de la hoja con espanto hasta que algo frío en su mejilla la sacó de su ensimismamiento. Otro toque igual de helado le cayó en la coronilla y entonces se dio cuenta de que eran gotas; el cielo se había puesto encapotado y comenzaba a soltar su carga sobre la ciudad. Dando la espalda a la tétrica visión de la tarima, la joven se puso la capucha y enfiló por la calle más cercana. Resultó ser un camino ancho poblado de escaparates, que iba vaciándose rápidamente debido al clima.

    Caminó por esa avenida hasta que la lluvia se hizo demasiado copiosa, lo que la obligó a volverse hacia el toldo de una panadería, el único que aún permanecía extendido, para buscar refugio. Al otro lado del cristal, la que debía ser la mujer del panadero estaba limpiando el suelo, probablemente para luego retirarse a cenar; con un temporal como aquel, probablemente no habría clientes hasta el día siguiente. La susodicha levantó la vista del trapeador hacia Samali y la evaluó unos instantes antes de seguir con su tarea. Winters se acuchilló pegada al escaparate y sacó el Digivice.

    —¿Conseguiste algún refugio? —preguntó Palmon desde el aparato antes de que la humana tuviera que llamarla.

    —Si el toldo de una tienda cuenta, entonces sí —suspiró la aludida. —No me atreví a pedirle refugio a cualquier extraño, no estoy segura de cómo conseguirlo…

    Palmon no contestó inmediatamente. Si ella estuviera sola en el mundo humano, probablemente tampoco sabría cómo pedir refugio a alguien. Teniendo en cuenta que su compañera venía de un mundo mucho más avanzado que ese, las culturas debían ser abismalmente diferentes. Cuando iba a sugerir algo, el sonido de una campanilla las alertó y Samali guardó el aparato a toda prisa, incorporándose.

    —Debería ir a su hogar —sugirió en tono ligeramente brusco la mujer que había estado limpiando los suelos. —Debo recoger el toldo y esta lluvia no amainará en horas, de nada le sirve esperar aquí.

    —Es que no tengo a donde ir —admitió Samali. Seguía pensando que no era bueno decir que no tenía ni medio, pero a esas alturas si así podía ganar algo de ayuda, pues adelante. —No soy de aquí y me robaron…

    La mujer la miró con el ceño fruncido largamente y la rubia se arrepintió de haber dicho nada.

    —S-solo vine aquí porque era el único toldo aún extendido, no quería molestar —se disculpó—; solo quiero guarecerme de la lluvia, me iré cuando pare.

    —Bien. Lo dejaré extendido. Espero que no esté aquí por la mañana. Espantará a los clientes.

    Con esas palabras la mujer cerró la puerta y se dispuso a apagar todas las velas del local. Apsará dio un largo suspiro entre alivio y derrota y se dejó caer hasta quedar sentada contra el escaparate. Hacía frío y su capa mojada no hacía mucho por calentarla. Se envolvió lo mejor que pudo y miró las gotas caer unos instantes, antes de sacar de nuevo el iC.

    —Está cayendo un diluvio, no creo que pueda moverme de aquí en mucho rato —informó, abatida.

    —Al menos no te mojas —suspiró Palmon, intentando que la frustración por no poder ayudar no la superara.

    —Encontré la plaza de la ejecución —murmuró la humana en ese momento, mirando al suelo.

    —¿Estabas buscándola? —se sorprendió la planta.

    —No, llegué sin darme cuenta… la tarima está ahí con la guillotina —explicó.

    Palmon quiso preguntar si creía que ejecutarían a la chica pronto, porque en ese caso había que encontrarla antes, pero se lo tragó; Saly no querría escuchar nada al respecto.




    MasaruMasaru pase por favor :'3
     
    Última edición: 12 Abr 2017
  12. Autor
    Masaru

    Masaru "さあ、往こうか" Supermoderador

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  13. Kiyoe

    Kiyoe Innocent in the evilest way possible

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    Ya habían dejado de hablar y la ninfa comenzaba a dormitar pese al frío cuando el repentino sonido de risas estridentes la devolvió a la realidad. En la acera de enfrente acababa de abrirse una puerta y un grupo de personas salió a la lluvia, riendo y bromeando. La chica supuso que el local era una taberna cuando vio a uno de ellos tambalearse a la luz de una de las farolas. Encogiéndose de hombros volvió a apoyar la barbilla en las rodillas y jaló el borde de la capucha para protegerse los ojos de la luz.

    No prestó atención a la charla ahogada por la lluvia ni a los pasos chapoteantes hasta que estos se acercaron mucho a ella. Con alarma se dio cuenta de que el grupo de cinco hombres había decidido también guarecerse bajo el toldo, apiñándose junto a ella. Se quedó tiesa, esperando que la ignoraran del todo, y por varios momentos fue así, hasta que algún curioso se inclinó para tratar de ver bajo la capucha y reparó en los largos mechones rubios y la barbilla delicada.

    —Eh, mirad —señaló, riéndose— creo que es una mujer.

    Los compañeros se giraron hacia ella entre codazos y el que había hablado se acuchilló justo enfrente; en esa posición se mojaba la espada aún más si cabía, pero no parecía importarle.

    —¿Qué hace una señorita durmiendo como un vagabundo en una noche de lluvia? —preguntó, tratando de parecer galante. Samali apretó los labios y no se movió.

    —Eh, te ha hecho una pregunta —se quejó otro, agarrándola por el hombro. La rubia se zafó de un manotazo y se incorporó, tensa.

    El quinteto, claramente fuera de cualquier decoro, trató primero intentar que ella dijera algo, invitándola a beber con ellos y otras tontería similares; Samali, por su parte, mantuvo la boca bien cerrada y trató cada vez de salirse del cerco para alejarse, esperando que la espesa cortina de lluvia la ocultara, pero ellos la superaban en número y siempre le cerraban el paso. Finalmente, comenzaron a cansarse de su falta de respuesta y la conversación se tornó más oscura.

    —¿No vas a contestar? Parecería que no tienes una casa —se burló de nuevo uno de ellos, irritado por su mutismo.

    La Tamer rechinó los dientes con frustración y miedo. Con todo lo que había pasado ese bendito día, casi podría decirse que había ido a parar al purgatorio a pagar por la muerte de Ayden. Espió los rostros de los desconocidos y se lamentó de no tener ni la menor idea de cómo pelear. Estaba temblando y ya no sabía si del frío o de los malos recuerdos que le despertaba esa situación, pero algo tendría que hacer para defenderse; consideró dejar salir a Palmon para que les sacara el corazón de la boca del susto.

    —Bueno, si no hay casa tampoco hay marido, mejor para nosotros —comentó otro, siendo acogido con aprobación.

    —Hay un callejón ahí en la esquina, a lo mejor si colabora se gane algunas monedas, que le vendrían bien.

    —¿Qué monedas? Si te has dejado hasta el alma en la mesa de apuestas.


    Estallaron en carcajadas y uno trató de agarrarla de nuevo por los hombros. Samali volvió a sacudírselo y respondió con un puñetazo cuando la tomaron por el brazo; soltó un quejido cuando el hueso del pómulo le lastimó los dedos y gritó cuando otro la jaló agresivamente del cabello.

    —¡Eh! ¡Dejadla! —gritó una voz de mujer desde la ventana de arriba. Los hombres dudaron y enseguida escucharon pasos en la panadería de atrás.

    Otro hombre, alto y rechoncho, abrió la puerta tras maniobrar torpemente con las llaves y amenazó a los borrachos con algo parecido a un remo muy ancho de madera. Los borrachos rieron y la soltaron, alejándose antes de tener que soportar los golpes de esa paleta gigante.

    —¿Está usted bien? —preguntó el panadero cuando los pasos se escucharon lejos.

    —S-sí, gracias…

    —Será mejor que entre, podrían volver —
    añadió, volviendo al interior de la tienda.

    Winters lo siguió sin rechistar, volviendo a guardarse el Digivice en el cinturón; el hombre había interrumpido justo cuando ella lo sacaba con la mano libre. En la puerta que guiaba a la trastienda esperaban la mujer de antes y otra chica más joven pero muy parecida. El hombre dejó el utensilio de madera a un lado y le preguntó qué hacía de noche afuera; la de ojos verdes repitió su historia de que venía de otro sitio y la habían robado cuando iba de paso, así que no tenía nada.

    La mujer del panadero se dio la vuelta con la otra fémina siguiéndola de cerca y volvió al rato con mantas y una almohada, sermoneando a su hija sobre la obvia importancia de no viajar sola y de no salir sola de noche, terminando con una crítica hacia quien fuera lo bastante imbécil, fuera marido o padre, para enviar a una mujer de viaje sin acompañantes. La rubia estaba algo aturdida y no dijo nada, más ocupada en masajearse los dedos doloridos de la mano.

    La dejaron con una cama improvisada en el suelo, detrás del mostrador, y Samali esperó hasta estar segura de que los señores de casa no volverían para sacar el Digivice. Huelga decir que Palmon había escuchado todo y estaba casi histérica de preocupación, aunque se calmó luego de que le asegurara que estaba bien y bajo techo.

    Aunque estaba más caliente y segura, a la chica le costó dormirse luego de haber terminado su conversación con el Digimon, por lo que tuvo tiempo de sobra para prepararse una historia tan convincente como pudo. Antes no había caído en cuenta, pero la posición de la mujer en los pueblos medievales era bastante diferente, por lo que su relato y comportamiento debían adaptarse a eso. Se despertó tan pronto salió el sol debido al exceso de luz en la panadería y aguardó sentada entre las mantas, no muy segura de que debía hacer a continuación.

    La mujer del panadero le ahorró el tener que pensar mucho más. Asomó la cabeza para decirle que recogiera las mantas y viniera a la cocina, pues tenía algunas explicaciones que dar. La rubia hizo lo que se le decía y pronto se encontró sentada frente a la hija del matrimonio en una modesta mesa frente a un desayuno que devoró, luego de no comer nada en toda la tarde y noche anterior.

    Cuando hubo terminado, se preparó para las preguntas y soltó su historia. Se había creado la identidad de la hermana de un joven que había heredado la compañía de sus padres al morir estos; el muchacho la había enviado con un guardaespaldas a otro país para desposarse con un socio suyo y una pandilla de ladrones había atacado su carruaje y robado todas sus cosas. El guardaespaldas había desarmado a varios, pero seguían superándolo en número y al final ganaron los maleantes.

    Respecto a donde estaba el dichoso guardaespaldas, la había dejado en un escondite cerca de la carretera mientras perseguía a los restantes para recuperar sus cosas, pero al final el hambre la había obligado a bajar al pueblo más cercano. Por lo que ella sabía, el hombre bien podría estar muerto o prisionero. Quizá irse y dejarla no era lo que haría un guardián real, pero eso era un detalle menor. Se inventó también una explicación para su rarísima ropa y no le pareció que le creyeran mucho, pero como venía de otro país, no le pusieron muchas pegas. Al final de la historia aún le hicieron algunas preguntas más, pero al menos la mujer, que se llamaba Isold, parecía menos hostil que antes. Adri, su hija, era considerablemente más simpática.

    —Bueno, ¿qué piensa hacer, señorita? —inquirió Horst, el panadero.

    —No lo sé… estaba pensando en conseguir un trabajo para reunir lo suficiente para volver a casa —comentó. —Quizá… quizá podría ayudarlos en la tienda. No sé hacer pan, pero puedo limpiar y atender a los clientes.

    Tal vez limpiar y trabajar no encajaría con su historia de señorita de buena posición, pero vaya, al menos no podían decir que le faltaba disposición. Isold no parecía convencida de ese plan y ella y Horst discutieron bastante, pero finalmente su marido e hija consiguieron convencerla y accedieron a contratarla; no podían pagarle mucho con la situación actual, pero a cambio del bajo salario comería con ellos y tendría una cama, así podría usar todo el dinero en su pasaje de regreso.

    Samali agradeció con la sonrisa más grande que pudo poner y se dejó guiar escaleras arriba hacia el resto de la casa, para que pudiera cambiarse a algo más decente antes de comenzar la jornada. Las escaleras desembocaban en un saloncito de estar con tres puertas alrededor, aunque la joven apenas se fijó en lo que Adri le estaba diciendo, porque su mirada aterrizó en un retrato bastante grande que representaba a una chica rubia de unos 15 años con un enorme y rico vestido. La reconoció como la chica de su visión y se le secó la boca.

    —¿Samali? —preguntó Adri, sorprendida al verla congelarse con la vista puesta en la pintura.

    —Perdona, es que la chica del retrato me recuerda a alguien que conozco —se excusó rápidamente— ¿quién es? ¿Un familiar?

    —Cielos, no —replicó la joven, como si tal pensamiento fuera un suplicio—. Es la princesa Marie, aunque en realidad vendría a ser la reina. Por decreto real debe haber un retrato suyo en todas las casas, para “mostrarle el debido respeto a nuestra soberana”.

    Si la boca de Winters antes estaba seca, ahora parecía que tuviera el Sáhara ahí dentro. Una princesa, reina o lo que fuera. ¿Qué tenía que pasar para que terminara siendo ejecutada? Estaba pensando en ello cuando se acordó de otro detalle: la chica encapuchada llorando por la ejecución, exactamente con el mismo rostro que la que iba a morir.

    —¿La princesa tiene una gemela? —preguntó sin pensarlo.

    Adri no entendía a qué se debían tantas preguntas, pero se encogió de hombros.

    —El cielo nos libre, dos como ella sería espantoso —contestó en un susurro bajo.



    MasaruMasaru objetivo cumplido :3 Si todo va bien, Luce vendría apareciendo en el post 8 o por ahí /o/
    Ah, y me vendría bien una prórroga grande, please~
     
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  14. Autor
    Masaru

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  15. Kiyoe

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    Samali se derrumbó sobre el pequeño camastro, sumamente cansada. Sumado al poco sueño de la noche anterior, se había pasado todo el día ayudando en la panadería, que parecía tener una clientela bastante amplia, e Isold había tenido muy poca compasión por ser su primer día. Al menos, el día le había servido para amistarse con Adri y descubrir más cosas sobre el reino y el gobierno. Con un gruñido bajo se sentó y se sacó el iC del corpiño, sacando de ahí a Palmon para que pudiera comer.

    —Lamento haberte tenido tanto tiempo encerrada ahí dentro —se disculpó, empujándole un plato con la mitad de su almuerzo y cena.

    —No te preocupes —asintió la planta, comenzando a comer de inmediato. —¿No te dijeron nada por guardar la comida?

    —Dije que era una costumbre ofrendar comida para pedir protección cuando ocurrían desgracias —se encogió de hombros.

    Probablemente habría sido más sencillo tomar comida de la despensa, pero hacerlo solo conduciría a que la echaran. Llevaba muchas mentiras en dos días, esperaba que dejaran de preguntarle pronto. Palmon no volvió a decir más hasta que hubo terminado de comer, momento en que dejó el plato de nuevo en la mesilla de noche y miró a su Tamer con duda. Naturalmente, había estado escuchando atentamente todo lo que sucedía desde el Digivice y le parecía que quizá fuera momento de hablar sobre el motivo por el que estaban ahí.

    —Samali… ¿cuándo crees que podamos salir de aquí? —preguntó. La aludida suspiró con resignación.

    —No lo sé —admitió.

    —Quizá si tratamos de hacer lo que nos trajeron aquí para hacer, volvamos más rápido —
    sugirió.

    El recuerdo de la plaza vacía y silenciosa se mezcló con su visión de la princesa Marie siendo decapitada, enviando escalofríos por su espalda.

    —Ya sabes lo que pienso sobre eso, Palmon —se limitó a decir.

    —¿Por qué no quieres ayudarla? Pensé que no te gustaba cruzarte de brazos ante la miseria de los demás.

    —¿Y qué se supone que haga? ¿Ir a palacio, pedir una audiencia con su Majestad y decirle que va a ser públicamente decapitada? Probablemente terminaría yo en la guillotina por la insolencia —
    replicó, exasperada.

    Palmon abrió la boca para replicar pero unos nudillos en la puerta la hicieron callar. Winters la regresó al Digivice antes de indicarle a Isold que podía entrar. La mujer miró alrededor y cuando estuvo segura de que no había nadie en la habitación aparte de Samali, le dijo que era mejor que se durmiera ya pues debían trabajar temprano y salió. Apsará no se molestó en dejar salir a Palmon otra vez, le dijo buenas noche a la pantalla y ocultó el aparato bajo la almohada antes de acostarse.

    °°°

    El silencio de la alcoba fue reemplazado por el fuerte clamor de una multitud expectante. Estaba de pie en una plaza, de nuevo cubierta con su capa blanca, y tenía alrededor muchos extraños mirando al frente con impaciencia y hablando entre ellos. El mar de gente guardó silencio un momento, en el que solo se escucharon pasos sobre la madera, y entonces ella notó que estaba frente a un estrado y que en el centro del mismo había una guillotina. La víctima a ser ejecutada apareció y la multitud estalló en gritos indignados y ánimos a los verdugos para apresurarse. ¿De nuevo la visión? Ella apareció un poco antes en los acontecimientos esta vez. Volvió a fijar la vista en la guillotina y se quedó sin aire al ver que en lugar de una chica rubia había un muchacho de intenso cabello rojo, temblando de miedo y con la ropa raída y sucia. Sintiéndose como si pudiera desmayarse en cualquier momento, intentó dar un paso al frente para detener aquella estupidez, para salvarlo, pero manos la sujetaron firmemente por ambos brazos, clavándola en el sitio; eran dos chicas rubias, llorando desconsoladamente, quienes le impedían acercarse, obligándola a mirar la ejecución con la misma impotencia de siempre. Ante su mirada aterrada la hoja cayó rápidamente y se escuchó el sonido húmedo y duro de la cabeza cayendo en un charco de sangre. Un grito masculino y desgarrador salió entre la multitud, contrastando con los vítores alegres de los demás expectantes.

    “¿Por qué ocasionaste esto?”

    °°°

    Se despertó cuando sintió que la sacudían con fuerza y se aferró instintivamente a quien la sujetaba, temblando como una gelatina y con el cuerpo cubierto de sudor frío. Le dolió la mandíbula al cerrarla y se dio cuenta de que había estado gritando, el cual era el motivo por el que casi estaba asfixiando a Adri en su abrazo. En la puerta, Isold y Horst parecían preocupados.

    —Ya está bien, solo fue una pesadilla —le susurró la joven, soltándose con suavidad de su agarre. —¿Qué pasó? ¿Qué viste?

    Sus temblores se acrecentaron al recordar de nuevo la escena de su pesadilla, rememoró el agarre estrangulador en sus brazos y el sonido chapoteante de la cabeza cayendo y le faltó poco para terminar vomitando, aunque se contuvo a duras penas.

    —Y-yo… soñé con el robo... —se las arregló para decir, esforzándose por no llorar.

    —Pobrecilla, tranquila —Adri la abrazó— ¿Quieres algo de leche tibia? Te calmará.

    La muchacha indicó a sus padres que podían volver a la cama, que ella se quedaría con la ninfa y la acompañó a la cocina, donde se concentró en preparar leche con miel para ella. Samali se quedó mirando las vetas en la madera de la mesa, esforzándose mucho por no pensar. Dio un respingo cuando notó que le tendían un vaso de barro cocido.

    —Perdona… no hago más que incomodar a tu familia —se disculpó, probando la leche. —Probablemente tu madre me reprenderá mañana.

    —No te preocupes, en tu situación es perfectamente normal —
    la chica se sentó frente a ella y le sonrió. —No dejes que Madre te intimide, es estricta y algo malhumorada, pero en el fondo se preocupa.

    —Lo sé, le estoy muy agradecida —
    asintió.

    —Imagino que, aparte del miedo de haber sido asaltada por el camino, la perspectiva de tener que regresar sola y que vuelva a suceder lo mismo te tiene nerviosa —murmuró, estremeciéndose un poco de imaginarse en la misma situación.

    Winters sintió repentinas ganas de reírse, pensando que ojalá fuera esa su preocupación, pero consiguió morderse la lengua y asentir; lo menos que necesitaba era hacer evidente que estaba al borde de la histeria. El sueño seguía muy presente, llenándola de ansiedad y una curiosidad casi mórbida y su mente seguía volviendo a él, haciendo caso omiso a todos sus intentos por concentrarse en el sabor de la leche endulzada.

    —¿Realmente la princesa es tan mala dirigente? —preguntó en voz baja, sacudiendo los brazos inconscientemente para tratar de deshacerse del agarre fantasma que aún podía sentir.

    Le habían comentado más a fondo los problemas del pueblo, pero evadían hablar mal de Marie por algún motivo. Adri se la quedó mirando.


    —¿Por qué te interesa tanto la princesa?

    —Ya te dije, se parece mucho a alguien que conozco. Además… el tema me distrae de la pesadilla —
    se excusó. No era verdad ni de cerca, pero daba igual.

    —Todos evitan hablar mal de ella, tienen miedo de terminar en la guillotina, pero supongo que a las tres de la mañana nadie va a oírnos —cedió la pelinegra, aunque bajó el tono a un susurro. —La verdad es una malcriada egoísta. Ese retrato de ahí arriba, Padre tuvo que comprarlo directamente a palacio por un precio ridículamente alto en lugar de usar esas monedas para comprar cosas necesarias para la casa, o para pagar los impuestos también excesivamente elevados… Los sirvientes cuentan que compra los lujos más tontos y caros que se le puedan ocurrir y ha estado ejecutando personas por crímenes estúpidos… Es un desastre.

    —¿Por qué la gente no se ha rebelado? —preguntó, también en un tono bajo.

    —No lo sé bien… Padre dice que el pueblo está desarmado y no puede hacer nada sin el apoyo de los nobles —
    contestó la otra.

    —Supongo que su Majestad no es tan tonta como para enfurecer a los nobles —completó la rubia.

    —Sí, supongo…


    La conversación se enfrió un momento, con cada una de ellas pensando en cosas diferentes sobre el mismo tema; Samali apretó el vaso y lo apuró hasta dejarlo vacío.


    —Deberías subir a dormir —
    cambió de tema—. Te agradezco mucho que te quedaras conmigo y me distrajeras, pero no quiero que estés cansada todo el día mañana. Yo también trataré de dormir un poco.

    Subieron en silencio y la ninfa se encerró en su habitación, haciéndose una bola sobre la cama y viendo fijamente la pared. Sin tener que fingir frente a los demás, se sentía hundida hasta el cuello. Al cabo de un rato sacó el Digivice de debajo de la almohada donde se había quedado y miró la pantalla.

    —Samali…

    —¿Por qué no quiero ayudarla? No creo que pueda soportar la culpa si otra persona muere mientras trato de salvarla, sería demasiado —
    explicó con voz ahogada. Una lágrima se deslizó por su mejilla y se la limpió rápidamente. En susurros explicó el verdadero contenido de su pesadilla.

    —Si no quieres que muera alguien más, entonces esfuérzate —habló, para su sorpresa, Ranamon. Llevaba materializada detrás de ella desde que se había sentado en la cama. —Si no haces nada morirá sin lugar a dudas, pero si lo intentas es posible que se salve.

    Parecía mucho más calmada ahora que su portadora no estaba hecha una bolita en un callejón oscuro, aunque aún no estaba ni cerca de perdonarla.

    —Ranamon, yo…

    —Dijiste que era Ayden en lugar de esa chica, ¿no? —
    interrumpió—. Entonces tómatelo como una oportunidad simbólica de salvarlo.

    —Podemos hacerlo juntas —
    intervino Palmon desde el iC—; fallamos una vez, pero podemos aprender de eso y fortalecernos, solo hay que intentarlo, por favor.

    Samali no contestó. En el fondo, sabía que tanto Palmon como Ranamon tenían razón. Ella ayudaba a los demás porque ya había tenido bastante con su propia miseria como para ver la de los demás sin hacer nada. Alguien llorando mientras su gemela era decapitada era una de las cosas más miserables en las que podía pensar; si fuera Devendra en esa guillotina, probablemente ella no se limitaría solo a sollozar bajo una capucha. Sin embargo, aún había demasiado miedo e inseguridades. Se acostó y se sumió en un sueño superficial e intranquilo. Ya les daría una respuesta al día siguiente.



    MasaruMasaru, pase, please

     
    Última edición: 12 Abr 2017
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    Masaru

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    KiyoeKiyoe 24 horas extra. A estas alturas ya sabes que hay que detener la ejecución así que creo que no necesitarás más objetivos, continúa o3o
     
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  17. Autor
    Masaru

    Masaru "さあ、往こうか" Supermoderador

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  18. Kiyoe

    Kiyoe Innocent in the evilest way possible

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    Se despertó bruscamente cuando unos golpes impacientes en la puerta resonaron en toda la pequeña habitación. Los rayos de luz que entraban por la ventana eran demasiado débiles para iluminar algo más que el alfeizar y la estancia seguía a oscuras. Los golpes se repitieron y luego escuchó pasos alejándose. Debía levantarse para trabajar, y pronto. Rodó por la cama, reacia a levantarse para nada; estaba acostumbrada a dormir poco por las pesadillas, pero ese día se sentía particularmente exhausta.

    Palmon le tocó el brazo, tratando de infundirle ánimos, y Samali se dio cuenta de que se había dormido dejándola fuera del Digivice; el descuido no debía volver a suceder, Isold podría no limitarse a tocar la puerta la próxima vez. Giró en la cama y abrazó a su compañera para darse ánimos antes de ponerse en pie. Percibió la muda pregunta escrita en el rostro de la Digimon, pero fingió no darse cuenta mientras tomaba su iC y la metía dentro.

    Apenas le dio tiempo de asearse como un gato y tomar un desayuno rápido antes de tener que poner manos a la obra para ayudar con las tareas de la tienda. Nada más entrar, sin embargo, se hizo evidente que había algo distinto. Por lo que le habían explicado, normalmente el matrimonio se encargaba junto del pan fresco para las primeras horas del día, pero en ese momento Isold hacía eso sola, mientras que un nervioso Horst preparaba pasteles, murmurando algo sobre que debían quedar perfectos. Sin tener tiempo a discernir qué sucedía, fue enviada a limpiar y fregar para mantener el desastre al mínimo y se afanó a ello para evitar problemas.

    El pan estuvo listo a tiempo a duras penas y las primeras horas transcurrieron igual al día anterior, atendiendo órdenes, limpiando, y avisando cuando debían hacer más de alguna cosa. Hacia media mañana las cosas se habían calmado considerablemente y la tienda quedó momentáneamente vacía. La rubia se envaró al escuchar la campanilla de la puerta y se volvió.

    —Buenos días, bienvenido —saludó. El muchacho que acababa de entrar era rubio, bajito y bastante joven, aunque vestía finamente. Esbozó una gran sonrisa y miró alrededor.

    —Buenos días, ¿se encuentra el panadero? —preguntó el chico.

    —Está atendiendo algo en la cocina, puedo llamarlo si desea.

    —Está bien, esperaré —
    el muchacho se acercó hasta una vitrina llena de galletas y las ojeó distraídamente.

    —¿Desea que le sirva algunas?

    —No, gracias.


    Resistiendo el impulso de encogerse de hombros, la chica se recargó en la barra y se dispuso a esperar en silencio. El jovencito se le hacía vagamente familiar, por lo que trató de mirarlo de reojo para tratar de aislar a qué se debía la familiaridad; no creía haberse encontrado con él antes, por lo que la sensación era curiosa.

    —¿Eres nueva aquí? —preguntó de pronto el varón, girando la cara hacia ella. Samali apartó la vista antes de que se hiciera ideas raras al respecto.

    —Sí, señor, comencé ayer —respondió.

    Antes de que la conversación siguiera, el panadero entró limpiándose las manos con un trapo, aparentemente concentrado en otra cosa. Dio un respingo cuando vio al rubio, guardó el paño a toda prisa y se adelantó, luciendo repentinamente nervioso.

    —Señor Luce —saludó, haciendo una breve reverencia, luego, se volvió hacia Samali con una mirada entre exasperada y temerosa.

    —¿Por qué no me avisaste de inmediato que había llegado?

    —Eh…

    —Yo le dije que no era necesario —
    interrumpió Luce. Horst asintió, luciendo ligeramente aliviado, y encaró de nuevo al chico.

    —No lo esperaba hoy —continuó el mayor—; el pedido está listo, creí que sería enviado a Palacio…

    ¿Palacio? El interés de Samali creció al escuchar eso. No solo Luce le resultaba familiar, sino que Horst se mostraba obviamente respetuoso y asustado de un muchacho que no debía pasar de los 15 años y habían mencionado al palacio. ¿Sería Luce un noble? ¿Hijo de uno? Explicaría el respeto, pero los nobles tenían sirvientes, ¿por qué se molestaría en venir personalmente si lo fuera?

    —No he venido a retirar el pedido —aclaró Luce— de hecho, estoy aquí para triplicar la cantidad.

    —¿Triplicarla? —
    Horst tragó duro. Samali supuso que se refería a esos pasteles que había estado preparado con tanto cuidado en lugar de ayudar a hacer el pan. Ciertamente, hacer dos tandas más para hoy mismo estaría difícil.

    —La entrega no sería hoy, desde luego —añadió el rubio de inmediato— mañana a la misma hora estaría bien.

    —Oh, sí, por supuesto —
    acordó el mayor, más relajado ahora.

    Los dos hombres acordaron los últimos detalles y el menor se marchó. Samali había continuado mirándolo, tratando de desentrañar el misterio, pero se rindió en cuanto la campañilla anunció que se había ido. Horst respiró profundo y se acercó un pergamino, comenzando a calcular cuántos ingredientes necesitaría mientras volvía a la cocina.

    —Trae los pasteles y ponlos a la venta, los que entreguemos mañana deben estar frescos —ordenó distraídamente.

    Samali lo siguió sin molestarse en contestar y regresó al rato con una bandeja cargada y la instrucción de salir a comprar algunos ingredientes de último minuto. Isold y Adri preparaban buñuelos y Horst se había instalado a la mesa. Dejó los pasteles en un aparador y se giró hacia la puerta para cumplir el encargo. Tenía ganas de preguntar más sobre Luce, pero tendría que esperar a un mejor momento, so pena de enojar a Isold.

    No le cabía duda que tanto Palmon como Ranamon habían estado escuchando y, aunque ella aún se mostraba reacia a decir en voz alta nada sobre ayudar a la princesa, muy en el fondo sabía que terminaría haciéndolo de todas formas, los dos entes digitales tenían suficiente influencia sobre ella como para eso.

    La guerrera, sin lugar a dudas, insistiría en usar a Luce para encontrar una forma de acercarse más a su protegida. Aún si no sabían nada de él, era de lejos lo más cerca que habían estado de palacio hasta el momento, lo cual francamente no era mucho. El rubio le llevaba unos cinco minutos de ventaja, así que las posibilidades de volver a topárselo en la calle eran pocas, pero si se había detenido en otra tienda…

    Comenzó a caminar en la dirección en la que creía recordar que se había encaminado el susodicho, sin tener ni la más mínima idea de qué haría si volvía a topárselo. ¿Preguntarle directamente? ¿Mencionar a la princesa? Prefería evitar situaciones que comprometieran su cabeza. Localizó una cabellera rubia y se detuvo, observando cuidadosamente. Varios metros más adelante, Luce estaba hablando con un hombre bajito y rechoncho. Se acercó a la vitrina más cercana y fingió examinarla. ¿Qué iba a hacer? ¿Seguirlo hasta el palacio como una acosadora?

    Al parecer precisamente eso haría. El muchacho finalizó su charla con el hombre y continuó andando, dirigiendo sus pasos hacia el mercado cercano. Samali lo siguió tan disimuladamente como pudo, casi olvidando por completo que se suponía que comprara cosas para la panadería. Estaba mirando un revoltijo de baratijas en un mostrador del mercado y miró disimuladamente hacia donde Luce había estado, para darse cuenta de que ahora brillaba por su ausencia. Sorprendida, miró alrededor en su busca.

    —¿Has estado siguiéndome? —preguntó una voz ligeramente divertida a su espalda. Dando un respingo, la chica se volvió para encontrarse con un sonriente Luce mirándola.

    —Eh… desde luego que no, señor, ¿por qué haría eso? —contestó, dominando los nervios para sonreír y aparentar normalidad.

    —¿Entonces qué haces aquí con ese aspecto de estar ocultando algo? —inquirió el varón.

    Samali dudó, tenía una buena excusa para estar ahí, pero…

    —¿Qué pensaría si le dijera que estoy aquí para salvar a alguien? —murmuró, quizá con más seriedad de la necesaria. Luce parpadeó, sorprendido.

    —Eso sería una historia interesante, supongo, y una noble causa —contestó tras unos segundos de silencio.

    —En realidad solo venía a comprar algunos ingredientes para el panadero —añadió antes de que la cosa se tornara incómoda, riéndose algo chillonamente. Luce recuperó la sonrisa amplia y asintió.

    —Eso no explica por qué parece que ocultas algo —comentó, aunque parecía estar bromeando al respecto.

    —Intentaba pasar desapercibida, me pareció ver por allá a un cliente que ha estado prestándome más atención de la debida —mintió.

    —¿Entonces debería acompañarte hasta que regreses? Para mantenerlo a distancia —se ofreció amablemente.

    —No hace falta, un noble como usted debe tener una agenda ocupada —se apresuró a añadir la chica, aunque luego se mordió la lengua, quizá que la acompañara le serviría para saber más de él.

    —¿Un noble? No soy más que un sirviente —aclaró, aparentemente divertido por esa percepción errónea de él; consultó la hora en un reloj de bolsillo y asintió. —Sin embargo, creo que tienes razón. Mi princesa se preocupará si tardo más de lo debido. Lo siento, en otras circunstancias te acompañaría.

    Winters aseguró que no tenía importancia y se despidió. La conversación no había sido del todo inútil; Luce era un sirviente, uno bastante cercano a la princesa además. Mientras se disponía a continuar con su propósito original, se recordó que había un pedido a entregar al día siguiente, si podía arreglárselas para que la dejaran ayudar con eso, podría acercarse más al palacio y quizá hablar con Luce de nuevo.



    MasaruMasaru, mil siglos después :'3
     
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