Misión S Trama Insurrection: No Mercy. Part II - El final de una era

Tema en 'Naruto World' iniciado por Ultraviolence, 6 May 2018.

  1. Autor
    Ultraviolence

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    Insurrection: No Mercy. Part II (S)

    Descripción: El momento ha llegado. No es ningún secreto que Rakugakure se ha llenado de clanes migrantes que le han ayudado a fortalecerse pero que al mismo tiempo producen un poco más de estabilidad política en su afán por mantener su identidad. La milicia se ha fortalecido notablemente para mantener el orden y la seguridad dentro de la aldea, pero ¿Qué pasa cuando los clanes más poderosos, solapados por personas influyentes, llegan a sublevarse? El Tenno afronta una tensión silente, los rumores corren, su mente paranoica se golpea con la lógica en un intento por descartar una traición. Desde el asunto en Luthadel hay un foco rojo que se mantiene encendido y que, en el peor de los casos, podría involucrar agentes externos ¿Una guerra con aldeas vecinas? ¿Su ejército en realidad fue burlado? Lo único que sabe es que algo está a punto de suceder y debe estar preparado para eso.

    No se equivoca, tiene toda la razón para temer.

    Objetivos:

    -Mantenerse alerta, desde el robo de la bomba la aldea está preparada para lo peor.
    -Vigilar a los clanes más influyentes de la aldea. No es ningún secreto el conflicto que existe entre los Ikari y los Samsara. No se descarta un conflicto interno.
    -Proteger al Tenno cueste lo que cueste.
    -Resguardar las entradas.
    -Proteger a la población.

    Notas:

    -Ha habido rumores de que son samuráis quienes planean algo contra Rakugakure. En general el estado de paranoia se ha desatado desde lo ocurrido en Luthadel. Los sectores civiles no lo saben a pesar de sufrir la tensión provocada por el gobierno.



    P R Ó L O G O

    Cuando un ápice de verdad llegó a sus mentes gracias a la aparición de aquellas tres extranjeras, sucesos extraños ocurrieron. En ese momento solamente Bjorn se salvó del encarcelamiento debido a su condición médica, eximido de una posición de traidor gracias a los informes del hospital que aseguraban un estado de profunda inconciencia durante los hechos ¿Suerte? No todos los acercamientos a la muerte deben ser malos, en ocasiones es la misma vida regalando una oportunidad. Fue él quien, con ayuda de los Gyazara, llevó a cabo una investigación seguramente un poco maleada que diera como resultado la prueba de la inocencia de sus compañeros. Setsuna y Sein pasaron al menos unas tres semanas en prisión y con sus cargos suspendidos, hasta que la perseverancia de Ikari lograra abrir una oportunidad en la que pudiesen ser llevados a juicio. Era bien sabido que el Tenno no pasaría por alto una traición. No cuando su régimen se hallaba asentado en un cimiento de lealtad absoluta y ciega.

    En aquel momento el chunin acudió a los Consejeros en busca de su apoyo, es bien sabido que Bjorn encuentra simpatía con el ingeniero y el veterano de guerra más que con el dirigente mismo del clérigo. Durante la apertura del juicio los acusados permanecieron mayormente callados, sabiendo que era lo mejor a fin de apoyar la cuartada que el ronin hubiese creado. A decir verdad, a él mismo le costaba creer la barbarie que en algún momento sus compañeros sostuvieron ¿De qué se había perdido? ¿Qué relación había entre Maverick y el líder de Raku? Cierto o no, resultaba imperiosa la necesidad de sacarlos de prisión. El apoyo de los Consejeros inclinó la balanza hacia la absolución no habiéndoseles comprobado ninguna falta más allá de cuestionar la legitimidad del emperador, premisa que bien podía haber sido inducida por las atacantes en algún momento de la batalla, según los argumentos expuestos.

    Aquello ponía en duda las acusaciones y los cargos parecían tambalearse cuando se les veían añadidos factores externos como el cansancio y el estrés. Eran apenas unos chunin con un cargo demasiado grande. Con todo, el Tenno se negaba a ceder. Por supuesto, él sabía algo que el resto no. Por ejemplo, la procedencia de aquellas niñas, claro que las conocía, las recordaba y su presencia podía hacer caer el circo entero, era un suerte que estuvieran muertas ya, pues incluso se encargó de destruir la captura negando todo ensayo médico. Como si deseare roerlas de la faz de la tierra. Entendible que la situación de los generales no pudiese ser tomada a la ligera. Sin embargo, deshacerse de ellos tampoco sería una buena idea ¿Encerrarlos por una aparente pérdida de cordura? No era algo que le sucediera a los ninjas constantemente, no cuando al menos una media docena más estuvo expuesto a exactamente los mismos agentes.

    Dos fueron las sesiones para lograr un veredicto a favor de Seinshin y Setsuna, no sin antes ser sometidos a unos cuantos exámenes más en los que incluso Ikari fue partícipe como si también hubiese sido infectado de aquellas ideas erróneas. El paso final hacia su liberación fue una cita privada donde solamente se encontraba el equipo Amatsukami y el Tenno, ni siquiera sus guardias estaban cerca. Nadie debía ser testigo. Una vez más tuvo que ejecutar su jutsu de control mental para reafirmar su identidad y lealtad, solamente así podría estar seguro de que nadie lo descubriría, solo así la vida en Rakugakure volvería a fluir como siempre. Era necesario, sí, aunque esa técnica sorbiera lentamente de su propia existencia.

    Quizás les estaba dando más importancia de la que merecían. Pudo haberlos matado en aquel momento, pero sabía que si lo hacía acabaría destruyendo el único vínculo que tenía con su pasado. Peligrosa era esa ambivalencia entre el odio y la necesidad.

    ¡Larga vida al emperador!



    Comenzamos, ya saben qué es lo que tienen que hacer. Ante todo esto, solo voy a recordarles unas cosas:

    -Ya conocemos el final, pero durante el desarrollo todo es válido. Seguro que nos podemos divertir con las sorpresas. Sigamos la línea original sin escatimar en los detalles, tómense los post necesarios para explicarse y extenderse, no veo por qué debamos contenernos. Es una guerra.
    -No es necesario seguir el orden, es decir, si comenzamos Nero>Krause>Yukii no debe mantenerse a rajatabla, posteará quien tenga tiempo y quiera, incluso haciendo doble post si nadie aparece. Recuerden que es un enfrentamiento y gana el que mejor actúe (ya sabemos el final, sí, pero no por ello escatimen en táctica).
    -Ya saben quien debe morir y quién no. Del resto solo pueden dejarlos moribundos.
    -Si ocupan npc dejan las fichas en los post.
    -Si no postean los voy a masacrar <3

    Nero.Nero. KrauseKrause


    Rangu Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]
    Emmet Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]
    Hitsugaya Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]
    Hiei Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]
    Yan Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]
     
    Última edición: 17 May 2018
  2. Autor
    Ultraviolence

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    La noche se cernía asfixiante y estrellada, una combinación perfecta para considerarse miserable ¿Qué no? Ideal momento para sentirse diferente, ajena a sí misma en toda su concepción hasta desconocer su reflejo. Sentía cargar con cada uno de sus músculos la oscuridad del mundo ante la ausencia del sol, pesándole cada hora, aunque ciertamente no era muy tarde. Terminó su cena y dejó los cubiertos a un lado, lo siguiente era intentar dormir para recuperar las energías como si escasas seis horas fuesen a sanear el insomnio de toda una semana, no solamente por la presión a la que el Tenno los tenía sometidos por la alerta general impuesta en la aldea, sino por sus propios asuntos. Sus asuntos. Con pesadez se puso de pie con la intención de retirar los platos de la mesa, habiendo consumido lo que Hitsugaya había preparado para ella. Más por obligación que por deseo devoró el contenido completo, consciente de que no podía seguir así. Arrastró los pasos.

    De un momento a otro la porcelana se desplomó al suelo cuando unas intensas náuseas le hicieron hundir el rostro en el lavadero, con una mano abrió la llave mientras devolvía la cena entre arcadas y temblores, deseando que con ello se fuese esa sensación maldita. Afortunadamente cesó al cabo de cinco segundos, retornando el silencio a la estancia. Solo corría el agua. Bebió y después, ahuecando las manos para contenerla, se lavó el rostro repetidas veces. Luego enderezó el rostro sin preocuparse en secar las gotas que escurrieron, cerró la llave y tras tomar un vaso de agua se encaminó a su habitación.

    La casa estaba tan silenciosa. A media luz. Ella misma se había sometido al aislamiento usando el trabajo como excusa para alejarse de Sein y Bjorn, aunque claro, se mantenía perfectamente enterada de lo que estaban haciendo. Al final, la situación se estaba complicando, el plan inicial consistía en tomar a la milicia de Rakugakure completamente desprevenida, pero lo de la bomba, situación que no había sido tomada cuenta en la planeación original, había terminado provocando demasiado revuelco e incluso tenido un efecto contraproducente. Claro, se trataba de un objeto delicado, de destrucción masiva. Insistía en que nunca debieron hacer eso, mucho menos a sus espaldas. Pero ya era demasiado tarde. A esas alturas resultaba imposible desviar a la milicia, no existía fuerza terrestre que hiciera salir al ejército de Sein ahora que tenían una alerta latente en la propia aldea. No podía salvarlo. Lo mismo con los Gyazara y Bjorn. No importaba cuántas precauciones hubiese tomado, terminaría enfrentándolos. Se preguntaba si tendría el suficiente… ¿Valor? ¿Control? ¿Poder? Para enfrentarlos cara a car o, peor aún, verlos morir.

    No había vuelta atrás. Mañana sería el gran día. Pensarlo volvía a revolverle el estómago. Ojalá muriera, ojalá Bjorn y Sein pudiesen matarla junto con todos los Samsara. Así los problemas de todos terminarían. Ojalá todo aquello solo fuese una pesadilla y estuviese cerca el amanecer y hacer de todo aquello solo un amargo recuerdo.

    Abrió la puerta de su habitación, alguien la esperaba recostado. Encendió la luz habiendo identificado la silueta que se distendía en su propia cama, así que no se alarmó. Es más, se decepcionó que no fuese algún asesino a sueldo.

    Te ves pálida―fue la primera observación de Black, plácidamente recostado, abrazando una almohada. Daba la impresión de haberla usado para aspirar el aroma de la mujer. Ella no tuvo mayor reacción. Sentía que cada vez que miraba a cada uno de ellos era como verse fraccionada en sus partes más horribles. Alcanzó a alzar la mano para atrapar un frasco de pastillas que el azabache aventó ―. Rangu me las dio. Dice que tomes dos antes de dormir. Te ves realmente enferma.

    El Tenno nos hace trabajar dieciocho horas diarias ―se excusó, como si hacer papeleo y rondas de vigilancia fuese realmente desgastante para un ninja de alto rango. Sin remilgos tomó el par de píldoras y debió agua. No tenía intenciones de resistirse o cuestionar. Era demasiado tarde para eso ¿Se estaba rindiendo a los deseos de los Samsara?

    Claro… ―Hitsugaya fingió creerle y se hizo a un lado para dejarla descansar. Sabía que en pocos minutos caería en el sueño más profundo, pues aquellos complementos era una mezcla somnífera con vitaminas y quién sabe qué mierdas más, hechura de Hamamira ―. En fin. Descansa. Solo venía a eso. Espero que estés lista para el gran día.

    Lo estoy.

    Se sentó en la orilla de la cama, con claridad escuchó que su compañero salía por la ventana, posiblemente un poco incrédulo por la seca afirmación. Pero ¿Qué más podía esperar? Era Setsuna Samsara, jamás expresaba nada más allá de lo necesario. Se recostó con la mirada fija al techo, presa de un cansancio denso que le aflojó los músculos. Se dio el permiso de odiarse por un rato porque, como al inicio de su vida, se sintió sin propósito. Porque aquella tarea impuesta no era suya, sino de alguien más, de muchos más. Qué triste era no tener identidad, pues ¿Quién era ella? ¿La general? ¿La líder de los Samsara? ¿Setsuna? ¿La amiga de Sein y Bjorn? ¿Cuánta diferencia existía entre cada una de ellas? La honestidad no era su don. No podía ser clara ni consigo misma.

    Se quedó dormida. Las seis horas pasaron como una eternidad de descanso. Tuvo un sueño extraño y para cuando despertó el amanecer estaba haciendo su aparición. Con luz renovada filtrada por las nubes de tormenta, abrió los ojos. El mundo pareció tomar otro color y nuevas texturas. Enderezó el cuerpo en un movimiento, el amanecer sombrío recordaba más a un crepúsculo opaco, a su favor. Su cabello escurrió como un manto por sus hombros, un tanto desaliñado. Los sueños extraños le ayudaron a esclarecer sus propios deseos. Ese día estaba hecho para ella. No más remordimientos ¿Desde cuándo se preocupaba tanto por los demás? Siempre había estado sola, el resto caminaba detrás de ella. No tenía por qué complacer a nadie más. Nunca. Era poder lo que buscaba ¿No? Pues estaba a un paso de conseguirlo.

    El fuerte gana, el débil perece. Eso es lo que siempre me han enseñado. Aplastaré a quien se interponga en mi camino.
    yo voy a mi destino y voy a ganar JAJAJAJAJA okya no pude evitarlo xD


    Nero.Nero. KrauseKrause
     
  3. Nero.

    Nero. We was born sick, but I love it

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    Era tarde pero no podía irse a casa todavía. Quedaban informes de los Gyazara por revisar. Luego del asunto de Luthadel la seguridad en la aldea se había redoblado y el sospechosismo que el grupo guardaba en contra de ciertos círculos de residentes de Raku estaba escalando a proporciones de paranoia. Cuando antes se recibían una media de 2 o 3 reportes de actividad inusual, ahora no paraban de llegar. En parte se debía a las órdenes explícitas del Tenno de buscar la bomba a como diera lugar. Y en parte también era culpa del asesor sacerdote que había estado más proactivo que nunca. Blue se inclinaba a pensar que más que por lealtad, el sacerdote estaba o desesperado por encontrar la bomba para ganar puntos con Rick-sama y poder controlar a los Gyazara sin la aprobación de Bjorn; o bien, lo usaba de excusa para sanear sus propios asuntos personales con enemigos políticos.

    En una situación así, por mucho que Ikari odiara el politiqueo, debía mantenerse al tanto de todo lo que sucedía en el templo principal de Tomo-sama, aprobar cada incursión que se solicitara, saber quién salía y entraba y, a ser posible, estar presente en los interrogatorios de los posibles culpables que sus subordinados apresaran. Era como necesitar la capacidad de visión omnisciente de los Hyuuga y como claramente Blue no había nacido bajo el clan del Byakugan, solo podía confiar en su propio par de ojos en los de sus más cercanos. Primero estaban Bardock, que había demostrado a fuego su lealtad, e Ivar, quien pese a sus problemas de indisciplina se había involucrado cada vez más en las actividades del clan Ikari y parecía estar tomándose su papel como mano izquierda de Bjorn más en serio. Luego los líderes de escuadrón Gyazara, Zan y Doku, los dos mejores de las fuerzas clero-militares y que además se habían manifestado a favor del liderazgo del ronnin, le acompañaban en las misiones y en ocasiones realizaban tareas fuera de sus funciones para echarle una mano al peliazul. Por último, el último miembro oficial de los Ikari, aunque no sabía a ciencia cierta si era alguien de confianza aun.

    ― Si sigues esperando que el viejo sacerdote mueva ficha será como bajarnos los pantalones y levantar el culo ―era imposible olvidarse de la presencia de Ivar por más de 5 minutos porque el muchacho no soportaba el silencio prolongado. Estaba recostado en el sofá del despacho de Bjorn, frente a su escritorio, comiendo un tazón de fruta que habían traído para la cena. No era un Gyazara sino un soldado en las filas del ejercito de Raku pero se había ofrecido a hacerle compañía a Bjorn argumentando que en el barrio Ikari no había nada que se dignara a cocinarle, aunque el ronnin atinaba a decir que en realidad extrañamente lo hacía por gusto.
    ― Bueno, podría hacerlo apresar, mandarlo al castillo blanco y ordenar que le electrocuten las pelotas hasta que hable de lo que sea que suponemos que hace.
    ― Al menos es un plan ―
    dijo Ivar masticando con la boca abierta, divertido.
    ― Esperar es un plan ―convino Ikari regresando a sus papeles y se arrepintió enseguida de seguir la discusión porque argumentar contra el chico era igual de efectivo que barrer el desierto.
    ― Esperar es no hacer una mierda ―rebatió exasperado, lanzando hacia la pared el pedazo de fruta mordida que había estado hace un momento entre sus dedos. Con trabajo se enderezó en el mueble hasta quedar sentado―. Nómbrame Gyazara. Puedes hacerlo.
    ― Porque el que tú obtengas el cargo no parecerá sospechoso ―ironizó el ex-samurái―. No necesito espías aquí, tengo espías. Necesito que te quedes donde estás y hagas tu trabajo. Tres pasadas no son suficientes. Tienes que repetirlo cuando bajes otra vez. Dile eso a los demás también.

    Ivar rodó los ojos, hizo a un lado el tazón con poca delicadeza y se levantó hacia la puerta ayudado por sus simbiontes que hacían las veces de extremidades para caminar.

    ― Ivar ―le detuvo Blue a medio camino―. Confía.
    ― Tú eres el jefe, ¿no? ―
    una sonrisa ladina y un azote de puerta como despedida.

    Blue se recargó en el respaldo de su silla y se llevó las manos a los ojos. Se dio cuenta de que estaba cansado pero no quería volver a casa. No podía afrontar sus pensamientos cuando estaba desocupado y por eso, además de todo, se refugiaba en las actividades laborales. Cuando el silencio se hacia presente no lo gustaba lo que recordaba. No le agradaba no ser capaz de apartar la duda y el dolor de su menta. Las voces de los simbiontes atormentándolo, dándole forma a esa parte más dañada de sí mismo, a esa que no quería alimentar. El rostro de Setsuna cuando le mintió a la cara y sin dudar. Los hechos estaban ahí pero no quería aceptarlos. O incluso prefería pasarlos por alto que afrontar que ella era una traidora. Que ella sabía perfectamente dónde estaba la bomba. En una guerra entre el código moral y los sentimientos, los samurái aconsejaban cercenar los segundos en favor de lo primero, pero él ya no era más un samurái, ¿cierto? Era esa misma dualidad lo que lo llevaba atormentando todo este tiempo. Quizás incluso desde que era un crío.

    Al final decidió que no avanzaría más y que tampoco podría dormir. Así que simplemente se despojó de la camisa, apagó las luces y se tumbó en el sofá del despacho. La oscuridad lo fue envolviendo todo hasta que quedó dormido.

    YukiiYukii KrauseKrause
     
  4. Krause

    Krause Sophomore Moderador

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    Todo estaba silencioso. Era extraño.

    Había una amenaza de bomba en la Aldea, tanto el ejército como los Gyaraza buscaban frenéticamente algún rastro que pudiera indicar su paradero. Alguna pista; pero hasta el momento no había ningún indicador, ninguna señal. ¿Cuánto tiempo llevaban en esa búsqueda? ¿Semanas, meses? Parecía una eternidad; todos sentían los estragos de la amenaza. Rick estaba frenético, ladrando ordenes a diestra y siniestra; la población se había vuelto miedosa y paranoica. Todos estaban cansados. Hasta casi parecía que todo aquello no era más que un peligro fantasmal, algo lejano y que sólo había sido dicho para desestabilizaros como nación.


    Pero había algo más.


    Él no era un hombre de presentimientos, era más de hechos, de observación. Gracias a eso se pudo dar cuenta de pequeños y ligeros cambios en el ambiente; como el hecho de que los Samsara fueran los únicos que estaban relajados en toda aquella situación. No buscaban de forma frenética como los Ikari, ni hacían rondas de vigilancia como el ejército y los Katsumi. Parecían distanciarse de todo y de todos, como si ellos vivieran en una utopía aparte.

    La actitud en sí no le importaría, pues sabía que dicho clan era algo “especial” y ese comportamiento no era nuevo. Al menos no en los miembros que ya conocía, pero si era nuevo en Setsuna. Hace mucho que ya no se reunían como un equipo, hace mucho que los trataba de evitar lo más posible.


    Hace mucho, la fractura que existía desde hace algunos años, ella la empezó a hacer mucho más notoria.


    No quería pensar mal, no quería elaborar teorías y luego equivocarse, pero no podía pasar por alto las diversas alertas que la pelirroja destilaba por todo su cuerpo.

    «¿Qué lado escogerías entre yo y Bjorn?»

    La conversación ahora le parecía tan lejana, tan surrealista. Fue apenas hace unos pocos meses, pero se sentía como si fuera hace años. Al principio no le tomó la importancia debida, porque había salido así sin más y parecía una pregunta inocente, casual. Sin embargo, ahora que parecía volver a evocar la escena en su mente, cuando le dijo que escogería el lado de Bjorn por lealtad, Himekami pareció tensarse por un leve momento ante lo dicho, aunque después desestimó su charla lo dejó solo.

    Como si estuviera planeando algo, y ese plan incurriera en hacerles algo de daño a ellos.

    Se pasó una mano por su cabellera, revolviendola. Eran demasiadas incógnitas, demasiados problemas. Quizás simplemente estaba pensando demasiado; pero no debía descartar las posibilidades.

    Después de todo, si él hizo daño a su equipo por el amor de una mujer, ¿qué impedía que Setsuna les hiciera daño por un bien aún mayor? Quería creer que la conocía, pero Esdesu siempre había sido una incógnita a sus ojos; siempre distante, sólo diciendo y haciendo lo necesario para cumplir las misiones, para sobrevivir.

    Quizás todo su compañerismo no era más que una fachada para disimular bien. Habían pasado por tanto, habían cambiando tanto.

    Él no era el mismo, así como no lo era ella. Y eso le preocupaba.

    Conciliar el sueño a las tres de la mañana, después de toda una noche en vela, no serviría de nada. No le afectaba, había trasnochado más y se había sentido bien en el resto del día, pero esta vez se sentía mucho más cansado y pesado, sin ganas de moverse. Se irguió el borde de la cama, con cuidado de no despertar a la mujer que yacía a su lado.

    Por que ahora tenía una mujer, y un hijo que proteger.

    La situación no podía ponerse más extraña… Lo peor es que ninguno de sus compañeros lo sabía.

    «Mejor así...»

    No le gustaba ocultarles cosas, pero esta consciente que con la situación casi al borde de la detonación, mostrar debilidad y era un craso error. No es que considerara tener una familia ahora malo, pero podían usarlos en su contra. Matarlos, torturándolos. Aunque Camilla era lo suficientemente fuerte como para ella sola destrozar un ejército, su hijo Sousuke apenas era un niño. Y no quería que su progenie se viera involucrada en un derramamiento de sangre.

    Unos ligeros golpes a su habitación lo hicieron sobresaltarse.

    -Papá, ¿puedo pasar? Tuve una pesadilla.-Comentó el niño en tono bajito, asomándose levemente por el marco de la puerta. Se veía asustado, abrazando a un perro de peluche que hace algunos días le había comprado por su cumpleaños. Sein ni siquiera tuvo que levantarse, su “esposa” lo hizo antes que él, jalando al pequeño dentro de la habitación y acomodándolo en el espacio vacío entre ella y él.


    -¿Qué soñaste, Sousuke?-Le preguntó mientras aún estaba consciente, pues las caricias de Camilla lo estaban calmando y pronto volvería a un estado de ensoñación.


    -Soñé que tú y tus amigos se peleaban. Y la aldea se incendiaba; mamá lloraba, yo estaba en el suelo, con mucha sangre. La señorita pelirroja que vimos el otro día parecía estar sosteniendo alguna especie de cuchillo. Y el Tenno estaba clavado en una estaca.-Detalló con lujo el menor de los Katsumi, acurrucándose en el regazo de su madre y dejando que su calor y los latidos de su corazón se llevaran lejos las preocupaciones que en ese momento lo acongojaban.

    Sein puso una mano en su cabeza, sonriendo apenas cuando vio como el pequeño se había quedado dormido.

    -Es sólo un sueño, hijo...


    Pero el mal presentimiento no se fue.

    YukiiYukii Nero.Nero. ahorita edito con las fichas.
    Sousuke: Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]

    Camilla: Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]

    Xander: Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]

    Ryuu: Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]

    Daemon: Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas]

    Luego que se vnga lo chido pongo de los Katsumi :v
     
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    Última edición: 7 May 2018
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    Ultraviolence

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    Hubo un silencio prolongado que se tornó incómodo. En esa sala solamente estaban ellos tres, el emperador y los Consejeros. Aunque no había habido mayor movimiento desde el extravío de la bomba, dentro de aquellas oficinas la situación se volvía más densa cada mañana, como si aquello fuese una especie de cuenta regresiva. Quizás era una exageración del Tenno pensar en que atacarían Raku con su propia arma, también existía la posibilidad de aquella fuese destinada para otra aldea. No había mayores pruebas que apuntaran a lo uno o lo otro.

    Emperador, si me permite la palabra―habló suavemente el ingeniero, temeroso de que cualquier aspereza en su voz fuese a detonar la histeria del mandatario, el aludido asintió para darle su consentimiento ―. Gracias ―se acodó sobre la fría mesa de metal, bajo la lámpara de luz blanca que mantenía tenuemente iluminada la estancia ―, me temo que está sometiendo a la población a una tensión innecesaria. Comprendo, como constructor del arma, que le preocupe el extravío, pero desde la desaparición no hemos tenido ningún rastro. Quizás esté a cientos de kilómetros de aquí y mientras tanto la situación de Rakugakure se torna más caótica por nada. Mi error fue no haberle colocado un rastreador, pero…

    No es tu culpa ―añadió Masamune, sus manos temblorosas se retorcían con cierta ansiedad como si su añejado cuerpo fuese capaz de sentir el olor de la guerra. No se le veía preocupado.

    He creado un aparato que podría ayudarnos a encontrarla ―completó ―. No rastrea necesariamente a la bomba, sino a las débiles ondas magnéticas despedidas por el conjunto de circuitos electrónicos. Considero que dada la complejidad, el pulso debe ser mayor al de algún electrodoméstico y, por lo tanto, claramente identificable.

    Podrías ponerlo en manos de los Gyazara, seguro son más efectivos que el ejército ―añadió Torimaru. Sein le dirigió una mirada ¿Acaso los estaba subestimando? ―No me mal interprete, General Kouhei ―continuó serio―, considero que pueden ser más tácticos. No es lo mismo dirigir un grupo de quince personas que cien ¿Me explico?

    De cualquier forma, ya existen grupos de rastreo especializados en magnetismo y metales. En ese aspecto quizás el artefacto del Consejero Himura quede obsoleto.

    En lo absoluto, Sein. No se deben escatimar en fuerzas ni recursos para tratar un tema tan delicado. Los humanos pueden fallar en sus tareas, las máquinas no ―intervino Setsuna―. Y, respecto a lo primero que mencionó el ingeniero Himura, la fluctuación ha permeado a la población. No lo considero sano. Ni para el régimen, ni para la imagen del Tenno. Lo que para nosotros es una incertidumbre para ellos es miedo y ha decantado en un descontrol, de tal forma que el servicio diario de los Gyazara se ha extendido. El general Ikari no me dejará mentir en ello. Un gobierno que se muestra inseguro pierde la confianza de su gente.

    Tengamos la razón o estemos equivocados…

    Exacto.

    No vamos a ceder ―dijo Bjorn de forma automática, como traicionado por su consciencia. En su mente no dejaba de merodear la idea de la traición de Setsuna. Se negaba a bajar las manos y quedarse de brazos cruzados mientras los Samsara hacían lo que querían y, ciertamente, aquel sería un buen lugar para decirlo pero ¿De verdad se iba a poner en contra de la pelirroja? Hablar de una acusación así delante de los Consejeros y un emperador tenso podría llevarla directamente a la ejecución. Las miradas de todos se posaron en él esperando a que continuara.

    ¿General Ikari? ―inquirió Rick. Era el momento, ese era el maldito momento. Su presión arterial se disparó, pudo sentirlo por el golpeteo en su pecho. Alzó la mirada, Esdesu lo observaba con el gesto calmo, no, ella no podía ser una traidora, la estaban manipulando. Sin embargo acusar a los Samsara la arrastraría a ella directamente, semejante a lo que pasó con Ivar. Tenía que esperar a que esos malditos metieran la pata.

    Me refiero a que no podemos relajarnos. No podemos fingir que no sucede nada. Por el contrario, la gente debe estar informada de lo que acontece y saber que el imperio está preocupado por lo que pueda ocurrirles. Como bien se decía, si titubeamos perdemos la confianza, así que lo mejor sería darles la cara y convocar a una asamblea con los líderes de los clanes y crear una propaganda informativa.

    ¿No crees que eso desataría un mayor caos? ―acotó el líder de los sacerdotes ―. Imagina que les digan que existe una bomba que podría estallar en cualquier momento y que precede a una invasión ¿Cómo lo tomarán?

    Debemos tener cuidado con cada palabra que se mencione. Además, considero que la desinformación es peor. A las personas les gusta formar parte de algo y que las tomen en cuenta. Si las cosas llegasen a salir mal al menos sabrán que lo supimos e intentamos arreglarlo y no nos tomaron por sorpresa. El asunto es dejar al régimen bien posicionado sin importar lo que suceda.

    Espero contar con su apoyo, General Himekami ―ella asintió y en seguida se dirigió a Sein, quien se había mantenido mayormente pensativo, quién sabe en qué―¿Algo que añadir?

    Totalmente de acuerdo ―respondió el cobrizo incapaz de sacar de sus pensamientos lo ocurrido por la mañana ¿Qué pasaría si el sueño de su hijo era más como un mal augurio de lo que venía? ¿Cómo podría protegerlos? Agachó la mirada y apretó los dientes, deseaba pensar que nada de eso estaba ocurriendo. Sin querer desvió la mirada hacia su brazo recordando el dolor latente en su cuerpo. No estaba listo.




    Mientras tanto, una gota de suero se dejó caer parsimoniosa, aterrizando suavemente en el pequeño contenedor. Una cada tres segundos, eso duraba su baile antes del desplome que la volviese parte de algo más grande. Los témpanos de Rangu observaban atentos, aquel era un día cualquiera en el centro médico, si acaso con un poco más de actividad por el desorden en la población. Numerosos heridos, no de gravedad pero igual reclamando atención. El hospital general ya estaba lleno y no se daban abasto. Escribió un símbolo extraño en la hoja que sostenía con la tabla, de hecho, toda ella estaba llena. Luego se acomodó los lentes y se giró al escuchar los pasos de alguien que se acercaba. Se trataba de una enfermera con un rollo de hojas.

    Aquí tiene los nombres. La semana pasada se completó.

    Muchas gracias, Nanase ¿Has visto a alguien del SS? ―con los dedos removió las hojas, asegurándose de encontrar lo que deseaba.

    Emmet está en la azotea.

    Perfecto. Gracias. Puedes retirarte.


    Nero.Nero. KrauseKrause pueden seguir o terminar la junta, como quieran.
     
    Última edición: 10 May 2018
  6. Krause

    Krause Sophomore Moderador

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    La reunión pasó tensa, entre diversas “sugerencias” que más que nada parecían ligeras amenazas de Torimaru hacia Ikari. El jefe de clérigos quería que los Gyazara se encargaran de toda la búsqueda y manejo de la bomba, excluyendo así al ejército y a los Samsara de la ecuación. Si hubieran sido diferentes circunstancias, se podría decir que estaba actuando sensatamente; cuando Himekami y Kouhei eran Chuunin, se les arrestó bajo los cargos de traición, y no era secreto lo que Sein tuvo que hacer y decir para en sus momentos más oscuros, ganarse un poco del “amor” de Setsuna. Torimaru tenía el presentimiento que de que la dupla era peligrosa, y darles algo tan delicado de manejar podría ser un arma de doble filo gracias a su historial. Ikari, por el contrario, aunque en sus momentos fuera un yonki de lo peor, ahora parecía haber recuperado la lucidez, sin mencionar que era una figura querida por el pueblo de Rakugakure. Tener a Bjorn como emblema de la operación, mientras él movía todos los dedos invisibles por detrás, se veía como el plan perfecto. Así, Ikari quedaba como un buen general, mientras él ganaba sus puntos con el mandatario.

    Pero era una situación complicada, y cualquier maniobra de sobreprotagonismo traía sospechas sobre los otros dos ancianos, y el Tenno en especial.

    -No veo porque insiste demasiado en que todo se le relegue al clérigo, Torimaru. En tiempos de tensión, es nuestro deber mostrar que estamos unidos como población para enfrentar un mal mayor. Si desde ahora nos ven fraccionados, eso también será percibido como debilidad eventualmente, sin mencionar que podríamos tener como efecto colateral insurrecciones de menor grado como una respuesta de los ciudadanos a su miedo. Coincido con la idea que propuso el general Ikari momentos antes, sobre informarles sobre la situación, pero para ello es necesario que vean que trabajamos en conjunto para protegerlos.-Comentó el ingeniero con preocupación. Ya tenían suficientes problemas encima como para todavía crearse más ellos mismos sólo por seguir una solución aparentemente fácil y práctica.



    -Si es problema es la cantidad de gente que busca la bomba.-Intervino entonces Hotaru, en esos momentos extraños de lucidez que tenía cada vez menos al paso de los años.-Considero que se puede fácilmente arreglar. Un pequeño grupo conformado por Gyarazas, Samsaras y soldados. Algo no más de quince personas, pequeños escuadrones así, máximo unos cuatro. Entre los tres grupos hay muy buenos rastreadores…


    -Uno.-Interrumpió Blue de forma abrupta.-El clan Samsara sólo cuenta con un rastreador experto. Creo recordar que es el más salvaje de ellos. Sinceramente dudo que lo mejor sea mandar a Hiei Tamahoe con el grupo. No sabe comportarse bajo reglas más allá de las de su propio clan.


    Era cierto, pero todo lo hacía para evitar que el clan de Himekami pudiera tener más control sobre la situación que todos ellos juntos. Alejarlos de la bomba era primordial, debía convencer a todos que los Samsara sólo debían quedarse cuidando el centro médico sin exponer las razones verdaderas. No tenía problema si ahorcaban a Rangu o Emmet, pero ellos sólo eran una pequeña fracción de todo lo que estaba detrás; y lo que menos quería era volver a tener que presenciar un juicio en contra de Setsuna.


    -Estoy de acuerdo que los Samsara deben tener alguna participación, pero no en el rastreo.-Complementó entonces Sein.-Como dijo Bjorn, sólo uno de ellos posee las habilidades necesarias para poder rastrear una bomba de esta magnitud. El resto creo que podrían crear discordia, sobre todo Rangu. Si bien es necesario que nos veamos unidos, he de decir que su especialidad radica más en el campo médico que en otra cosa.


    La sala cayó en silencio. Tanto Hunter como Blue esperaban una réplica por parte de la pelirroja, algún intento de “rebeldía” ante las sugerencias. Pero nada de eso llegó. Esdesu permanecía calmada, con los ojos cerrados, difícil de leer sus reacciones ante la conversación. Como si estuviera tres pasos adelante de ellos y sólo fueran unos tontos tratando de evitar lo inevitable.


    -Tienen razón, los Samsara pertenecemos al sector médico. Además, piénsenlo. Si vamos por ahí a ayudar con el resto de los escuadrones, ¿quién se encargará de la atención médica? Sí, tenemos varios doctores y médicos que podrían quedarse, pero no son tan rápidos como nosotros; los han visto. Rangu es capaz de sanar a una velocidad pasmosa, mantener con vida incluso a un cadáver, sería un desperdicio enviarlos al campo.-Dijo sin más. Quizás para ellos la medicina fuera algo de menor rango, despreciativo incluso, pero para un régimen militar como el de el Tenno, curar tenía una importancia mucho mayor que simplemente revisar heridas y acomodar soldados caídos.



    Ellos estaban justo donde debían estar, ni más ni menos. Sin medicina, uno de los pilares de la sociedad, todo se venía abajo. La gente podía prescindir de la religión, deshacerse del falso estigma de un dios usualmente venía acompañado con “progreso”; también podían deshacerse de la milicia, en épocas de paz mantener un ejército grande sólo eran costos adicionales demasiado pesados que el Estado tenía que mantener.


    Además, los hospitales eran como sus pequeños cuarteles centrales. Eran privados, nadie comentaba lo que salía o entraba por esas paredes blancas e inmaculadas; el personal médico les tenía miedo y respeto a partes iguales, por lo que estaban subyugados a ellos a pesar de ser muchísimo más numerosos. Nadie hablaba de los experimentos, de las pruebas; curar también significaba engañar, darles falsas esperanzas.

    Destruirlos por dentro.


    -La reunión de los clanes debe ser a más tardar hoy, a las ocho de la noche. No podemos atrasar esto más de lo que ya está.-Habló entonces el Tenno, cortando con un cuchillo la delgada tensión en aire. Estaba paranoico, estaba asustado, pero no era momento ni el lugar para mostrar tales signos de debilidad; debía mantenerse fuerte y estoico, para que nadie pudiera tomar ventaja de su situación y que todo su teatro se viniera abajo. Era sobrevivir o morir.



    Todos salieron entonces del despacho, los ancianos mucho más turbados que los generales. Setsuna se fue, sin despedirse siquiera de sus compañeros. La mala sensación volvió a acosar a Ikari como un cáncer. Quería creer que la estaban manipulando, que llegando el momento, ella sabría exactamente que hacer, como en todas las demás situaciones de casi ruptura que habían experimentado. Quería confiar en que sus lazos eran lo suficientemente fuertes para hacerle desistir de cualquier cosa que su clan tuviera preparado.

    Pero pensar en eso era demasiado optimista.


    Nunca pudo leerla como le hubiera gustado, y ahora, miles de ideas atormentaban su mente, destrozándola y acosándola a cada segundo que toda esa maldita situación seguía vigente. Si antes se sentía letárgico por el efecto de las drogas, el estrés y la presión le causaban un sentimiento similar, sólo que sin la falsa sensación de felicidad después de cada dosis.


    -Bjorn.-Sus pensamientos fueron interrumpidos por la súbita voz de su compañero.-Pareces a punto de explotar.

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    Hay algo de verdad en eso ―confesó mientras adelantaba el brazo para tomar la chaqueta que hasta entonces había reposado en los hombros del asiento. Se la colocó descuidadamente, sin abrochar. Le daba la espalda a Sein y no tenía intenciones de mirarlo, temía que lo cuestionara y en ello, terminar hablando de más. No sabía que inclinación podría tomar Hunter, aunque lo más seguro sería que terminase uniéndose a Setsuna para defenderla amén de los sentimientos rezagados o la deuda existente entre ellos. Lo que menos deseaba era imaginar una alianza de los Samsara con el ejército, dado el caso estarían perdidos. Prefirió callar y como no escuchó ninguna contestación prosiguió a retirarse, pero la mano del varón sobre su hombro no le dejó dar más de dos pasos.

    Lo entiendo perfectamente. Traigo muchas ideas en la cabeza ―a Ikari le pareció de lo más normal dada la carga de trabajo, pero pronto Kouhei se aclaró ― y no soporto que Setsuna esté en ellas. Se ha comportado muy extraña últimamente ―sus pupilas danzaron hacia un costado para asegurarse de que todos los participantes habían abandonado la sala, excepto ellos. Una abeja revoloteó y se posó en el marco de la ventana, su zumbido era el único ruido ―, y no quiero sonar como un maldito paranoico pero… siento que no puedo confiar en ella ―la imagen de su hijo aterrado por la pesadilla se repetía una y otra vez.

    Debes estar bromeando ―Blue soltó el aire por la nariz, casi ofendido por el comentario del menor, sin embargo tampoco le dio la cara ―, ella siempre ha sido así. Se acerca cuando quiere y después desaparece. Ha cumplido con todas sus labores y apoya al Tenno ¿Por qué habrías de desconfiar? ―la mano sobre su hombro se retiró con lentitud. El rostro de Sein era de consternación ¿Acaso Blue era incapaz de notar lo que estaba pasando? ¿Tan ciego era… su amor? Apretó los puños ¿Cómo podía engañarse? Sintió algo de compasión ¿O lástima? Por el ronin. Él claramente recordaba cuando, sin querer, llevaba a verles juntos compartiendo una mirada especial que lo hacía sentir excluido; tan sincronizados, magnéticos y sin necesidad de palabras o gestos parecían poder entenderse al grado de hacerlo celar. Y ahora los miraba como mundos separados, ajenos ¿Cómo podía decir que no pasaba nada? Si incluso él se sentía desplazado. Le dio algo de rabia que Blue no hiciera nada.

    Mantenía el rostro ensombrecido y apretaba la mandíbula para evitar que se saliera de control en un grito o un gruñido que delatara su frustración. Decírselo a Sein podría empeorar las cosas, por eso prefería cargar con ese peso solo. Sin embargo volvió a sentir la mano sobre su hombro, esta vez con más energía, presionándolo lo suficiente para hacerle voltear casi a la fuerza. El puño de Hunter se adelantó avasallador para asestar un golpe certero en el rostro del yonki, quizás en un intento por despertarlo, pero los simbiontes estaban muy despiertos. Antes de que siquiera rozara su rostro una marejada de tentáculos negros emergió para hacer que el cuerpo del General del Ejército saliera desplazado hacia atrás, empujado por la masa oscura, de tal forma que arrastró consigo varias sillas a su paso hasta encontrar la espalda con la pared de la sala. Kouhei no opuso resistencia ni reaccionó con la violencia esperada, solamente usó sus manos para retirar los trozos de madera que le estorbaban el camino. Ikari lo miraba fijamente con un fulgor asesino, exasperado. Por las voces, por la traición, la negación, la responsabilidad. Fuera de sí.

    Bjorn ―el cobrizo escupió sangre, amén del golpe violento―, está claro que no te considero mi amigo, pero el único que puede hacer algo eres tú ―.Irguió el cuerpo y anduvo unos cuantos pasos ―¿Qué está sucediendo? Me temo que la estén manipulado de alguna forma. Sabes que ella nunca dice nada. Tenemos que hacer algo para salvarla de ellos y del Tenno― recordaba la escena del café después del trabajo, desde aquel entonces parecía estar decidida a hacer algo y sus últimas reacciones apuntaban a que así eran. Pero Ikari no dijo nada aunque sus ojos fueron perdiendo la dureza ―. Bjorn… ―insistió sin fruto― ¡Maldita sea, eres un inútil! ―volvió a adelantar un golpe que esta vez sí fue certero y terminó derribando al líder de los Gyazara. Blue cayó de espaldas y se quedó unos cuantos segundos en el piso. Un hilo de sangre escurrió por la comisura de sus labios. La luz del techo le daba de frente, mas pronto se vio eclipsada por la aparición del menor quien sin menor preámbulo lo tomó por las solapas de la ropa para quedar cara a cara, en escasa distancia ―. Creí que la querías. Sálvala ―suplicó entre dientes.

    No, Sein. Somos nosotros quienes tenemos que salvarnos de ella… ―los ojos claros del aludido se abrieron con sorpresa, no solo por la confesión del ronin, sino porque en su rostro pudo hallar una profunda tristeza. No podía estar mintiendo. Las telas se le resbalaron de los dedos y lentamente lo fue soltando. Entonces sí era cierto.



    ¿Qué hay de nuevo? ―se escuchó una voz detrás del radio.

    Hay mucho movimiento, el ejército va a designar un escuadrón para la reunión de los clanes. Los emisarios acaban de salir para entregar la invitación. Deberían vigilar a Torimaru, ese cabrón me da mala espina. Los Gyazara se están pudriendo. Y… ―se sonrió― les tengo una buenísima.

    Supongo que sucedió ―aseveró una voz femenina a través del aparato.

    Sí. Muero por comenzar y…

    No te distraigas ¿Qué has sabido del EPC?

    Completo. Busansuru en marcha. Guárdenme comida.

    En ese momento cortaron la comunicación, bastó con apretar un botón. Himekami se cruzó de brazos, todo iba acorde al plan y según sus cálculos en poco tendría que acudir con el Tenno para diseñar el discurso de aquella noche. Además, no descartaba el encontrarse con sus compañeros y en cierta parte lo deseaba. Podría ser la última vez que los viera. Sí. Quería hablarles. No importaba lo que pensaran de ella. Cuando estuviera en su presencia tomaría su última decisión, puesto que el resto era solo el seguimiento del plan. Se dio la vuelta para salir del cuartel subterráneo con pasos lentos evadiendo los remordimientos de su conciencia con facilidad, clara de que todo triunfo necesita sacrificios. Incluso Rangu llegó a llamarla, pero su voz sonó difusa y lejana. Estaba ensimismada.

    Bjorn ―susurró apenas moviendo los labios. Ese nombre sonaba tan raro, lo intentó de nuevo mientras recorría los pasillos angostos y vacíos que la llevasen al centro médico ―Blue ―giró a la derecha con el mismo sentimiento de extrañeza hasta conducirse a una puerta que abrió con un código y así aparecer en el despacho de Hamamira. Hizo amago por pasar de largo pero a último momento recordó un detalle importante que le llevó a remover los cajones del escritorio. Allí encontró lo que estaba buscando, un frasco pequeño.

    Nero.Nero. KrauseKrause


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    Última edición: 12 May 2018
  8. Nero.

    Nero. We was born sick, but I love it

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    ―Ella sabe dónde está la bomba, Sein. Lo sabe y no nos lo ha dicho porque planea usarla.

    Sein se alejó lentamente del ronnin, ahogado por los latidos desbocados de su propio corazón. Le dio la espalda hasta llegar a la pared contraria. Intentó boquear para recuperar el aliento pero su falta de aire no se debía a que alguna fuerza hubiese succionado el oxígeno en la habitación ni a que su capacidad pulmonar estuviera fallando. Tenía que ver más que ver con que una parte de su alma casi le escapa del cuerpo. Esa que aún hoy, aún ahora con una familia que lo esperaba en casa y que agradecía su existencia, sentía algo profundo y a su manera puro por Setsuna. Había hecho tantas cosas mal en el pasado por ese sentimiento que creyó que era justo que se correspondiera incluso a pesar de lo que Setsuna quería y le había costado tanto de sí aceptar que eso nunca sería una realidad y conformar su felicidad entorno a la idea de que por lo menos Setsuna estaba bien, por lo menos era su amiga y un ser querido, que cuando vio la verdad en el rostro de Bjorn, cuando confirmó que sus sospechas eran ciertas y que Setsuna colaboraba con los Samsara para traicionarlos, sintió que toda la base de su resistencia emocional se tambaleaba. ¿A quién había amado entonces? ¿A quién había herido? ¿Por quién había tenido que redimirse? No esperaba amor de su parte, ya no, esas esperanzas habían muerto con el viejo Sein en las profundidades del infierno. Pero por lo menos creyó que para Himekami él significaba algo importante, que le apreciaba y le cuidaba las espaldas.

    ―¿Cómo lo sabes?―quiso confirmar. Un silencio de puños contenidos se formó en el cuarto.

    ―Luthadel ―empezó Blue poniéndose de pie con desgano. La falta de aire la era una experiencia compartida para los residentes temporales de esa habitación, lo mismo que el dolor, quizás era lo único que verdaderamente habían compartido desde que se conocieron, el dolor y el amor por la misma mujer que ahora revelaba su verdadera naturaleza―. El reporte oficial hace referencia a un hombre corpulento llevándose la bomba en Luthadel. Setsuna me dijo que alguien la había atacado mientras buscaba a Hitsugaya pero el ataque que yo vi antes de llegar tenía el color de su chakra. No hubo ninguna otra técnica y sus heridas no habían sido hechas por un taijutsuka. Además, esa mirada ―cuando la escena se reprodujo en su mente una sonrisa triste se gestó en el rostro de Blue que había estado mirando a un punto indeterminado del cuarto mientras se confesaba y que por primera vez miró directamente a la nuca de Sein―. ¿Sabes? Siempre hay algo de auto-desprecio en sus ojos cuando miente.

    Un grito gutural desgarró el silencioso ambiente dentro de la habitación. Luego un golpe que astilló el yeso. Y otro y otro y otro más. El blanco se mezcló con rojo. Kouhei no golpeaba la pared, ni siquiera a una imagen dentro de su cabeza. Golpeaba su propia sombra. Su puño se incrustaba directamente en la silueta obscura que su cabeza proyectaba en el muro. Pero el dolor físico no era suficiente para ocultar el dolor emocional. Se culpaba por no saberlo. Qué idiota había sido. Qué poco capaz de leer a Setsuna como Ikari parecía hacerlo. Sus nudillos de la mano derecha estaban descarapelados cuando una fuerza externa lo obligó a detenerse. Los tentáculos de biomasa lo retuvieron con firmeza.

    ― Escúchame, Sein. Tenemos que destruir a los Samsara y sólo podremos hacerlo si el ejército y los Gyazara cooperan. Salvar al tenno y a la aldea ahora son nuestra prioridad. Si quieres salvar a Setsuna es la única manera, incluso si tenemos que salvarla de ella misma.

    El cobrizo se giró con brusquedad arrancándose las hebras viscosas que se aferraban a su mano.

    ― ¿Qué pasa si ella prefiere ser destruida también?

    A Blue se le heló la sangre con aquella pregunta para la que no tenía una respuesta. Lo único que sabía es que no quería perder nada de lo que tanto esfuerzo le había costado conseguir. La aldea, los planes, a la mujer que amaba. Quería todo de vuelta. No podía permitir perderlo todo otra vez. No sería capaz de reconstruirse nuevo. No con los recuerdos.

    ― Entonces no habrá nada porqué seguir luchando ―sentenció con el rostro ensombrecido por la luz que caía de manera cenital sobre su cabeza.

    ―¿Y cómo propones hacerlo? Si supieras dónde está la bomba no estaríamos teniendo esta conversación ―se miró los nudillos ensangrentados. Tal vez a Bjorn no le quedaría nada porqué luchar pero Sein sí tenía otras razones para querer que esa bomba no explotara y la visión de sangre y fuego de su hijo no se cumpliera.

    ― He hecho preparativos y habrá sacrificios ―el ronnin colocó las manos sobre los hombros del general―. No creas lo que veas. No creas lo que te digan. Incluso si crees que te he traicionado, no desconfíes. Esta noche llega tarde a la reunión.



    Las cartas invitación fueron entregadas a los integrantes de los clanes, a los asesores y a los generales al cabo de una hora. Los Samsara se habían encargado de organizar la reunión en el templo de Tomo-sama como muestra de su buena voluntad, no había gesto más desinteresado que ingresar el terreno enemigo por voluntad propia. Con eso planeaban convencer al Tenno de que eso de la división entre los Samsara y las demás facciones estaban en disputa. La casa de dios como un punto de encuentro donde la medicina, la milicia y el clérigo siempre convergen. Eso al menos en papel porque los hijos de la profecía de destrucción siempre contaban con un plan ulterior.


    A excepción de las cartas de Bjorn y Sein que Setsuna había hecho llegar personalmente y cuyo contenido era distinto al de las demás. Los había citado a las 7 en el último punto de la Tierra en el que los generales hubieran esperado: Sion. El sórdido bar de las escapadas de Bjorn en el tiempo en que más sumido estaba en sus adicciones. Para Blue el lugar despedía una sensación familiar por todas partes pero ningún recuerdo concreto. Para estar seguros de que no se trataba de una trampa, el perímetro estaba custodiado por Bardock y Xander como plan de apoyo. La música estridente y las luces estereoscopicas lo volvieron todo más confuso. La hora llegó. Bardock se comunicó por radio con Blue.

    ― Confirmado. Llegó sola. No hay nadie de los Samsara con ella.

    ― Entendido. Mantente alerta. Cambió y...

    ― B. ―
    su tono cambió a uno más personal―. Escucha lo que tenga que decir. La respuesta de Ryu ya llegó. Aun estamos a tiempo de deshacerlo―nada más que sonido de estática se percibió del otro lado. Bardock conocía bien a su compañero, sabía que él también dudaba de lo que estaban haciendo.

    ― Mantente alerta―Blue cortó la comunicación en cuanto vio a Setsuna llegar al lugar.

    Las luces rojas se estrellaban con su rostro. Pero no con la forma histérica de la electricidad que chocaba en todos los demás. Sino con una luz extraña, uniforme, cálida. Como si estuviera por encima de toda la basura que la rodeaba. Un ser que se descaba de los demás y era capaz de doblar las leyes de la física y que atravesaba las convicciones de Blue sin siquiera dirigirle la palabra. Su imagen ahora de mujer fría se entremezclaba con rápidos y violentos flashado del tiempo que compartieron juntos. De la vez que se besaron frente a todos esos periodistas. Cuando se despertó después de obtener su más ostentosa cicatriz de guerra y ahí estaba ella esperándole despertar. Cuando ella dijo que lo amaba. Luego la Setsuna del presente se dejó caer sobre la silla frente a ellos y el recuerdo que se intercaló fue el de la general Himekami exigiéndole que dejara de meterse en problemas, que ella no podría cuidarle las espaldas todo el tiempo. ¿A eso había venido? ¿A hacerle una propuesta similar en un lugar lo suficientemente ruidoso para que los microfonos no funcionaran ni los espías pudieran oír? ¿Donde ninguno de las docenas de testigos en el lugar valían algo? La palabra del cualquiera de esos adictos no serviría como prueba para nada de lo que se hablara o hiciese ahí. Blue sabía que Setsuna lo había escogido por eso pero se paró a pensar en la posibilidad de si también lo hacía como una forma de manipulación emocional.

    Los tres tuvieron que inclinarse sobre la mesa para poder escucharse por sobre la música y el barullo.

    ― ¿Qué hacemos aquí?―lanzó secamente Sein.

    ―Necesitaba verlos a solas.

    ―Lejos de tus lacayos, querrás decir.

    ― Sein―
    le interrumpió Blue para que se controlara.

    ― No. Tiene razón. No es un secreto que ahora mi prioridad está en liderar al clan. Y tampoco lo es que ellos no aprobarían esta reunión.

    ― Eso no nos responde qué hacemos aquí, Setsuna ―
    increpó Bjorn esta vez.

    Ella se lo pensó unos segundos. Tal vez dudando, tal vez buscando las palabras correctas o tal vez incluso ninguna de las dos. Pronto sacó algo de entre sus ropas. Un pequeño frasquito que disimulaba entre las manos.

    ― Necesito asegurarme de que sobrevivirán en caso de que fallemos en robar la bomba. Dos de estas disminuirán su nivel de chakra lo suficiente para que la explosión no sea un problema. Sufrirán lo mismo que los civiles.

    ― ¿Robarla? ―
    los ojos de Sein se abrieron de par en par. Nunca pensó que lo confesaría de buenas a primeras.

    ―Sí. Del Tenno ―susurró ella acercándose más al pronunciar el título del emperador. No quería que nadie leyera sus labios en todo caso.

    ― No tiene sentido ―negó el ronnin lentamente―. Si fuera él quien la tuviera no sería en primero en exigir peinar la ciudad con tanta desesperación.

    ― ¿Eso te parece más lógico, no? De eso se trata el engaño. Lo que busca en realidad el tenno es el laboratorio donde fabricamos estas ―los ojos dorados se encontraron directamente con los de Hunter―. Sabemos que lo que ellas nos dijeron fue real, sé que lo recuerdas ―ella sí. Había fingido que su cerebro había sido lavado por segunda vez pero para entonces ella estaba mucho más allá de los poderes de Maverick. Lo había superado y sus técnicas ya no surtían efecto con ella. Pero se lo había guardado, observando, obedeciendo, esperando por el momento en que tuviera suficiente poder para hacer algo al respecto.

    ―No sé de qué hablas―una neblina cubría los acontecimientos de aquella vez en que el grupo de mujeres los atacó.

    ―Blue ―miró al samurái con la misma dureza con que lo hacía con los demás ―. No. Bjorn. Este dato te parecerá ajeno pero Rick en realidad es un ninja de la Roca llamado Maverick. Dentro de ti lo recuerdas. Las memorias nunca se fueron. Maverick a sacado provecho de nosotros, de lo que hemos construido y ahora que nos hemos vuelto una amenaza pretende destruirnos y a nuestros clanes también. Los Samsara lo hemos estado vigilando por meses pero no podía involucrarlos.

    ― ¿Por qué? ¿Por qué no podías involucrarnos? ¿Por qué no confías en nosotros?

    ― Porque si fallo solo me ejecutarán a mí y a los míos. No quiero que mueran, no me lo perdonaría. Son lo único que mi sangre maldita no ha podido quitarme. El clan solo es el medio.


    Sein tragó duro. Con cuidado tomó el frasco de pastillas de las manos de la mujer. No había auto-desprecio en su mirada, sólo pesar. Decía la verdad.

    Setsuna de hecho no mentía. No del todo.

    Hunter abrió el frasco. Miró hacia el hueco dentro de él. Tan obscuro, tan imposible saber qué había ahí dentro. Como saltar al vacío. Dobló el codo empinando el frasco hacia su boca.

    ― Lo siento tanto. Terminará pronto. Se los juro.

    De un manotazo el frasco salió volando de las manos de Sein. Las pastillas se desparramaron por el lugar. Los que estaban cerca de la zona VIP miraron por un segundo pero luego su atención se perdió considerando que ahí las riñas de bar eran pan de cada día. En el mismo movimiento Ikari sacó un kunai, obligó a Himekami a empuñarlo y a apuntarle al cuello con él.

    ― Mejor aun. Te ayudaré a acabar con esto aquí y ahora ―los ojos del samurai se clavaban en los de Setsuna con la misma firmeza con la que él sostenía el kunai contra su propia piel provocándose un corte superficial. Setsuna no avanzaba para dar la estocada final pero tampoco retrocedía la mano ni soltaba el arma―. Deja de mentir.

    ― No lo hago―
    respondió ella con una mezcla de tranquilidad y tristeza que hizo dudar al mismo Bjorn. Por fin, dejó que sus dedos se deslizaran del metal y soltó el kunai. A continuación sacó un segundo frasco y lo puso en la mesa en el centro de los tres―No puedo obligarlos a tomar esta decisión. Sólo espero que sean conscientes del riego que aceptan si no lo hacen.

    ― No las tomaremos ―sentenció Bjorn y pocas veces había estado tan seguro de sus palabras. Tanto que pesaron como plomo en el alma de Setsuna, en esa pequeña bóveda donde decidió almacenar sus sentimientos para poder seguir adelante por lo que del dolor solo le llegabn ecos lejanos.

    La mujer se levantó de la mesa con cuidado. Bjorn la tomó del bazo justo cuando se giraba.

    ― ¿Algo de lo que dijiste fue real? ―susurrpo muy cerca de su oído para que ni Sein pudiera oírlo―. ¿Alguna vez amaste a alguien?

    ― Tal vez no me creas pero me enamoré de ti. Te amé incluso cuando tú dejaste de ser tú.


    Setsuna se desvaneció entre los cuerpos que se retorcían al compás de la música. Se perdió entre el caos. Los generales permanecieron otro rato más en la mesa. Contemplando el frasco.

    ―B. ―llamó Bardock con voz apagada por el comunicador. Eran las 7:40 de la tarde―, está hecho.

    Bjorn se preguntó si Setsuna sería capaz de explotar la bomba aun cuando le hizo saber que si lo hacía él y Sein morirían.




    Cuando Setsuna salió del local, volvió a encender su comunicador. Al instante la interferencia se transformó en una voz frenética.

    ― ¿Dónde mierda te habías metido? Nos jodieron. Esos hijos de puta nos jodieron.

    Setsuna, que había estado ajena a su alrededor, volteó hacia arriba, una ocolumna de humo se levantaba por encima del volcán. En dirección del templo de Tomo -sama.



    Ivar se paró en uno de los tejados de los edificios del centro. La adrelanalia todavía disparaba su presión arterial. En unos pocos minutos los servicios de emergencia llegaron y lueego las pantallas de los anuncios de los edificios cambiaron todos a sintonizar una sola emisión. El canal de alerta. Luego de un pitido molesto, apareció la imagen del Tenno en su despacho. El mandatario informaba de la situación a los ciudadanos: el templo de Tomo-sama había sido víctima de un ataque terrorista y en él había muerto el asesor y héroe de la guerra más reciente contra los samurái: Hotaro Masamune. El más amado de los tres concejales. Los reportes preliminares señalaban que había marcas muy específicas de lucha en su cuerpo luego de ser rescatado de entre los escombros. Los heridos seguían siendo rescatados. Pero la orden prioritaria era la búsqueda y captura de cada miembro de los Samsara. ¿Quiénes sino pudieron orquestar una cosa así si fueron ellos mismos quienes propusieron el lugar?


    El pueblo ardió en indignación y llanto con las imágenes del Templo de Tomo-sama parcialmente destruído. El edificio más sagrado de la aldea había sido atacado y con él, las creencias de todo un pueblo. Sus héroes, sus valores, sus símbolos identitarios. Las fotos de los integrantes Samsara aparecieron en las pantallas gigantes como el nuevo enemigo que Rakugakure tenía que vencer.

    Las pantallas de Sion también interrumpieron la música para reflejar este mensaje que se coló por las pupilar de Sein como un cuchillo ardiente. Recordó entonces la recomendación de Bjorn de no ir a la reunión. No podía creer lo que el samurái acababa de hacer.

    ― Te dije que tendríamos que hacer sacrificios.


    UltraviolenceUltraviolence KrauseKrause 5 hojas jajaja. Ya, yo creo que ya con esto terminé mi participación aquí.


     
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    Las pantallas mostraron los rostros de los integrantes del SS, comenzando por Setsuna. Sería cuestión de tiempo para que los Gyazara más cercanos a su posición se le lanzaran encima, después el plan Busansuru consistía en eso, en provocar el mayor despliegue de las fuerzas del clero y del ejército. El caos existente en Rakugakure había sido asistido gracias a los pequeños anónimos que sembraban la incertidumbre y el temor, los mismos Samsara lo planearon para convocar al descontrol y el uso de chakra a fin de que ningún soldado permaneciera en pie una vez detonada la bomba. Según los estudios hechos al artefacto era necesario que la víctima hubiese usado chakra al menos 72 horas antes para asegurar su muerte y por ello, el primer paso era dar apertura a la destrucción que movilizara todas las fuerzas de Rakugakure. En este caso, la oposición le hizo un favor al terminar apresurando las cosas. De lo que estaba segura era que los suyos no eran los responsables del asesinato de Masamune.

    ¿Por qué lo hiciste, Bjorn? ―susurró antes de detener sus pasos y hablar por el comunicador a fin de dar instrucciones a los suyos. Ya no importaba la discreción ni el secretismo, había comenzado la cacería de cada uno de los Samsara―. Rangu ¿Me escuchas?

    He comenzado con la marcha del EPC. Estos imbéciles no nos van a detener ―se escuchaba mucho alboroto en el fondo, era obvio que el primer sitio en ser atacado sería el centro médico. Hamamira se percibía desesperado. Al mismo tiempo ocurrían varias explosiones en diversos puntos de la aldea, algunos del clan estaban en el ejército y era de esperarse que fuesen los primeros en caer a manos de sus compañeros.

    Continua. Coloca a Hiei al frente. Que Emmet lo apoye. Envía a Hitsugaya conmigo. Yang debe permanecer en B, posiblemente vaya primero.

    ¿Para qué? No es necesario. Termina rápido con esto antes de que se salga de control ―hubo un silencio de dos segundos antes de que volviese a hablar.

    Le daré la orden cuando lo crea conveniente.

    Si no te apresuras nos destruirán a nosotros ―la comunicación se cortó, la pelirroja había cambiado de canal para comunicarse con Yang. Una vez enlazó con el ingeniero le dio las instrucciones pertinentes para el último paso de la ejecución del plan, cuando al apretar un maldito botón todo se vendría abajo y les daría la victoria, mientras tanto sería soportar las embestidas de la milicia y el clero. Más. Que salgan más soldados. Solo así no quedaría ni uno en pie ¿Verdad? Repentinamente un rayo dorado emergió desde el fondo de la calle, porque claro ¿Cómo no reconocer a Setsuna? la mujer hizo una sustitución para cambiar la posición, reapareciendo encima de una lámpara. Y he allí un par de Gyazaras cuyo segundo movimiento fue alertar de la posición de Esdesu. Los civiles habían comenzado a correr en la dirección opuesta para evitar quedar en el fuego cruzado y por órdenes del clero, también el ejército fue llamado ¿Sería que Sein y Bjorn serían los primeros en desear atraparla? La sensación era agridulce, por un lado ella sabía que estaban enterados de su traición, solo eso explicaría la forma en la que Blue se dirigió a ella y por otro lado, el hecho de que habiéndola tenido tan cerca, no la apresaron. Supuso que era lo mismo que impedía que en ese momento mandase a detonar la bomba. Era su culpa que no confiaran en ella y, al final, no era puro egoísmo, sino la búsqueda de un bien mayor. Maverick los engañó por mucho tiempo y si ella no se rebelaba con el respaldo de los Samsara ¿Quién? Era un asunto mayor a la venganza por la muerte de su compañero de equipo, se trataba del pase a la libertad y a la aldea que ellos desearon. Si bien había mucho que agradecer a Maverick, durante todo ese tiempo no fueron más que sus peones. Los chivos expiatorios que realizaban el trabajo sucio por medio de una ciega lealtad falsa. Comprendía perfectamente que Blue y Sein no asimilaran lo que estaba haciendo, unirse a los Samsara fue lo más inteligente para dar el gran paso y, al mismo tiempo, el acto más obvio, trágico y paulatino delante de sus ojos. Desde el que llegaron los problemas no hicieron más que acrecentarse comenzando con el fallido rehab del ronin. Y ahora, en ese momento, estaba a punto de expiar todos los pecados de los Samsara sin que nadie se diera cuenta. El peso sobre sus hombros seguía existiendo, como líder del clan su deber era buscar el bienestar y la paz de aquellos que la seguían y para ello era necesario romper con la maldición. Sí, quizás gente iba a morir acorde a la profecía que les predecía, pero lo harían en beneficio de la redención y ruptura de un pasado corrupto ¿Qué mejor sacrificio existía? Aquello era por el bien de Rakugakure, de los Samsara, de Bjorn, de Sein. Se lo repitió hasta el cansancio. Nadie debería saberlo hasta el final, un final apoteósico para tan majestuosa tragedia cuya orquesta era el asonar de… las plantas de energía.

    Insectos. La palabra clave.

    Una, dos, tres, cuatro explosiones se registraron en el subterráneo donde las máquinas se encargaban de transformar la energía de los rayos precipitados en electricidad que alimentara a toda la aldea. Los primeros en detonar fueron los breaks, los aparatos encargados de sustentar los apagones cuando los circuitos principales se dañaban o, dado el caso, se veían atacados ¿Pero quién mejor que uno de los generales para conocer el pleno funcionamiento de las defensas? Una vez que fueron destruidos los apoyos, la maquinaria principal inició con las notas altas, reventándose desde el interior y provocando amplias llamaradas; entonces Rakugakure se hundió en la más densa oscuridad. Hubo un ruido generalizado. Las pantallas gigantes se apagaron, los semáforos, los transportes sustentados por las vías magnéticas también se detuvieron. El único sector iluminado era donde residía el ejército porque tenían su propia fuente, así como el centro médico por obvias razones. El caos se intensificó dentro de la aldea ¡Aquello era una guerra! Las personas asustadas comenzaron a correr por todas partes a pesar de las indicaciones de que transitaran a las áreas de seguridad acorde a los simulacros. Tres tuvieron en esa semana. Más el miedo es traicionero.

    La planta de energía ardía, columnas densas de humo se elevaban y parte de las fuerzas tuvieron que desplegarse hacia allí para controlarlo. No había heridos, parecía que los operarios fueron asustados por una horda anómala de insectos y animales ponzoñosos que los obligaron a evacuar.

    ¡Traigan a los usuarios de doton! ―demandó Himura. Apenas y podía creer la muerte de Masamune y ahora ya estaba allí lidiando con el incendio ―¡No arrojen agua! ¡Repito! ¡No usen agua! ―hablaba a través de un megáfono para liderar al escuadrón para controlar las llamas que se extendían por varios centenares de metros. No había forma de sabes cuántas fracciones estaban dañadas sin descender al infierno. Un Gyazara usó fuuton para movilizar el humo y esclarecer las ya pesadas sombras donde solo la luna irrumpía. En ese momento un pitido sonó dentro de su traje, a pesar del ruido de la gente y el crepitar, el humo y la desesperación, logró escucharlo. Con manos temblorosas sujetó el aparato, era su rastreador. Presionó un par de botones y la imagen apareció, delimitada por luces y leds. Sus ojos se abrieron con espanto, presos del horror. Allí. Allí estaba la bomba, en la planta de energía. Palideció. Claro, el rastreador nunca lo identificó antes porque la señal era obstruida por los propios circuitos de la densa maquinaria y ahora que ya no estaba en funcionamiento quedaba en evidencia el escondite de la bomba.

    ¿Pasa algo? ―uno de los miembros del ejército lo sujetó por la espalda. Esas impresiones ya no eran buenas para un anciano de su edad. Con todo, Kokoru reunió la fuerza suficiente para tomar la decisión.

    La bomba está aquí. Tenemos que entrar en el incendio y buscarla antes de que explote por acción de las llamas. Se supone que debe ser encendida manualmente, pero no sé qué efectos tenga el hecho de que sea destruida por factores externos. Llama a un par de escuadrones de los Gyazara y encárguense de esto ―sintió el cuerpo diluirse, al grado en que tuvo que sujetarse del brazo del militar ―. Saquen a la gente. Sáquenla de aquí. Que el ejército los force a abandonar la aldea. Díganselo al Tenno. Pronto.

    En ese momento el soldado hizo una seña para llamar a sus cercanos, alguien debía darle la noticia al emperador, a los Gyazara y comenzar con la evacuación. Eso era justamente lo que debía pasar. El miedo y la inseguridad debían no solamente dispersar las fuerzas de Rakugakure y evitar un choque directo con los Samsara, sino también provocar la salida de las personas. Los combates estaban por iniciar y entre menos pérdidas hubiese, mejor.

    Era una noche oscura iluminada por el fuego de la insurrección.

    Hubo otro estallido, esta vez en el centro médico, cuartel de los Samsara. Tres invocaciones nivel cinco aparecieron para servir de barricada y detener el paso del ejército. El propio Rangu tuvo que salir para apoyar el combate de Hiei y Emmet, también las enfermeras y otros médicos del clan. Estaban atrincherados en su edificio. Hubo un desplome de una de sus alas superiores, de las pocas estructuras que sobresalían del complejo subterráneo. El interior también se había vuelto un caos, pues médicos del hospital general irrumpieron por órdenes del emperador amén de la búsqueda y captura de los traidores. No quedaba mucho por defender, excepto su propia libertad y vida. El rinoceronte de treinta metros arremetió con su cuerpo sobre unos de los edificios aledaños, haciéndolo desplomar sobre los soldados. Los jutsus elementales llovieron pero la coraza natural del acorazado lo dotaba de una resistencia bestial. Un ave negra se agitó en los cielos y su aleteo hizo salir despedidos los transportes magnéticos para hacerlos caer sobre los captores. Un tigre de gigantescas proporciones abría las fauces para devorar todo a su paso. En el pináculo del escenario, alguien hacía caer un kirin con toda la fuerza de los rayos. Témpanos de hielo se levantaron desde el suelo para detener las arremetidas y buscando frenar a la mole, pero desde la cúspide hubo una lluvia de ácido. Era un hecho que los Samsara no se iban a dejar atrapar fácilmente, menos cuando la atención debía desviarse.

    En el centro, Setsuna liberó un chorro denso de burbujas una vez se le acumularon los oponentes. Alrededor de un millón de estas esferas emergieron a velocidad con el potencial de un millón de sellos explosivos, escurriéndose como una corriente a través de cincuenta metros en las cuales, calculó, ya no había civiles. De cualquier forma no tenía más opción, seis Gyazara la rodeaban y dos más del ejército. Casi al instante, las burbujas estallaron en un poderoso estrépito consecutivo que hizo sacudir la aldea. Un millón. El ruido fue evidente. Los muros de los rascacielos entreverados se vinieron abajo como una torre de naipes alimentando el desastre. Los que eran de puro metal quedaron retorcidos o de lado a favor de la corriente.

    El Tenno observaba desde lo alto de su oficina a través del amplio cristal. Su torre estaba fuertemente resguardada y se negaba a abandonar la aldea a pesar de la advertencia del ingeniero. Tenía la confianza de que sus fuerzas lograrían someter a la rebelión. Mantenía los brazos detrás de su espalda, con las manos entrelazadas. Con todo, existía una duda que le carcomía y que, por lo tanto, le había obligado a llamar a los dos Generales que estaban de su lado, a pesar de las obligaciones que tenían que cumplir. Entraron sin llamar, hicieron el saludo.

    Me alegra verlos en tiempos tan caóticos ―pero no se molestó en girarse. El incendio era visible desde allí, sofocarlo era imperioso para evitar a la bomba. Si explotaba los que estaban allí iban a ser los primeros en resentirla, unos honorables héroes. No hubo respuesta ―. Se preguntarán para qué los he llamado. Es sencillo. Es una cuestión muy importante que me llevará a tomar medidas más claras y eficientes ―necesitaba saber si la insurrección tenía que ver únicamente con los asuntos de los Samsara que, desde hace tiempo, venían viéndose turbios o algo más. Algo más como el descubrimiento de su identidad. En ese momento los recuerdos de la plática en el Sion pasaron por la mente de Ikari. Justo en aquel momento cuando Himekami le hablaba de un tal Maverick y que el Tenno no era quien decía ser. Sí, sonaba confuso y fuera del lugar. El juicio de Sein y Setsuna. Cosas que no recordaba y aparentemente el cobrizo tampoco ―. Díganme ¿Saben por qué los Samsara están haciendo esto?

    Fue su plan desde un inicio ―confirmó el General del Ejército―. Hace tiempo la propia Setsuna me lo confirmó con sus palabras, no creí que se tratase de algo como esto, supuse que eran asuntos de su clan ―y allí estaba él, soltando la primera puñalada. Parte de sí no se lo podía creer pero el sentimiento de decepción y traición le incitaron a soltar lo que sabía. Al final, ya no había vuelta atrás. No existían formas diplomáticas para lidiar con ello.

    Los Samsara fueron quienes robaron la bomba ―segunda estocada― y ella mintió para cuidarles la espalda. Le mintió a todo el ejército ―y a mí, completó mentalmente ―. A pesar de esto, considero que…

    No ―cortó―, no hay nada por considerar. Cometí un error al dejarlos entrar y permitirles formar parte del desarrollo de la aldea. Tú me lo advertiste, pero la lealtad de Setsuna me hacía dudar. Ella… es tan parecida a mí ―hasta entonces se giró ―y es por eso que debemos eliminar la amenaza. No sabemos de lo que sean capaces.

    De detonar la bomba―hubo un pequeño silencio auspiciado por el ronin―. Si el escuadrón de siniestros no se apresura estallará dentro de Rakugakure y eso va a eliminar a todos los del ejército y a los Gyazara, incluyéndonos. No solo quedarán desprotegidos los civiles, Rakugakure jamás volverá a levantarse.

    Será el fin. Por eso debemos detenerlos. Cuento con ustedes ―ambos hicieron el saludo militar antes de retirarse, había faltado poco para que revelasen las últimas premisas de la mujer para alegar que quizás estaba siendo manipulada por alguna especie de jutsu que le llevase a tener tan raras ideas. Pero quizás esa cuartada podrían utilizarla después, o al menos esa era la idea de Ikari, quien se negaba de dejarla morir por más que el Tenno la condenase. Para cuando alzó la mirada vio a la aldea sumida en la desesperación ¿Hasta qué punto era capaz de llegar?

    Te amé, incluso cuanto tú dejaste de ser tú.

    Ahora que la detonación ya no dependía necesariamente de ella sino de una situación fortuita que definitivamente no le desligaba de la responsabilidad, volvió a pensar en las pastillas. La posibilidad bailaba en una cuerda y les había dado la oportunidad de sobrevivir al peor escenario, porque sabía lo que venía. Eso significaba que todavía le importaba ¿Podrían confiar en ella? Bjorn se detuvo por un momento al salir del edificio principal del Tenno, el sonido de un radio ocurrió de fondo, solicitaban a Kouhei en el frente. También le indicaron la posición de Esdesu.

    Andando ―insistió el cobrizo. No iba a permitir que su hogar terminase de esa manera. Era preso de una clase de despecho, incluso. Adelantó unos cuantos pasos esperando ser seguido por el ronin, quien todavía no dejaba de sopesar la situación ¿Y si lo de Tenno era cierto? No pudo evitar mirar hacia arriba. Luego apretó los dientes. No. Ella ya venía cambiando desde hace mucho, conforme más se acercó a los de su clan ―¿Qué esperas? Ya sé dónde está. Vamos a atraparla. Quizás si la detenemos ahora logremos absolución.

    Otro sonido de radio. Un equipo de Gyazara había logrado entrar a la planta de energía, ya buscaban la bomba entre las llamas. Era una buena noticia a medias, todavía restaba encontrarla porque obviamente no les esperaba a la vista. Con rastreador en mano, se aventuraron.

    Que Tomo-sama les bendiga ―finalmente Blue abrió los labios.

    Y también a nosotros ―completó Hunter. Por supuesto no creía en nada de eso, la religión le parecía una tontería, pero sabía que lo que les esperaba no sería fácil. Hizo sellos de manos e invocó a su enorme can para llevarles hasta el punto de acción. No sería tardado atravesar la aldea así, sin embargo el recibimiento no fue para nada agradable. Bastaba con notar la destrucción de la zona para comprender que Esdesu no se dejaría someter. Apenas estuvieron a unos veinte metros, unas llamas negras aparecieron en el pecho del perro, obligando a los jounin a descender rápidamente antes de ser alcanzados por el jutsu. Aquella era una técnica propia de los Uchiha, por lo que pronto pudieron deducir a su ejecutor. Hitsugaya atravesó la escena usando los rascacielos como trampolines, finalmente había llegado con la mujer para serle de apoyo. Nada más delicioso y justo que ayudarle en el combate contra quienes fueran sus compañeros. Pensó que nadie más del SS se lo merecía. El perro desapareció por acción del Amaterasu y por poco también el par de Generales de no ser porque los simbiontes se habían interpuesto en el camino de una cortina de llamas ¿rojas? sirviendo de escudo. Nada le costó al ronin despojarse del manojo de tentáculos encendidos. Grande fue su sorpresa al notar que la causa de esas llamas escarlata no era otra más que Setsuna ¿De verdad quería matarlos?


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    Última edición: 14 May 2018
  10. Nero.

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    La silueta de Setsuna a lo lejos se recortaba por las llamas de los incendios de los edificios que ella misma había destruido. Bjorn no era capaz de verle el rostro en la penumbra pero sí el par de diamantes dorados que titilaban por el uso de su chakra familiar, sí, pero también por las pulsiones de muerte que rodeaban su aura ahora asesina. Adivinó que los observaba con ese gesto impersonal tan propio de la líder de los Samsara y tan ajeno a la mujer que él conocía. Llegó a preguntarse si esto es lo que había sentido ella cuando él perdió la memoria, si a esto se refería con amarlo incluso cuando dejó de ser él. Hunter compartió una mirada cómplice con el samurái, estaba claro quién se encargaría de Hitsugaya y quién iría por Setsuna. El general Ikari hizo por llevarse la diestra a la katana y enfilarse hacia donde la figura de Himekami continuó moviéndose, esquivando a los otros Gyazara y ninjas del ejército que aun no había matado, unos cinco. Sin embargo, sus dedos ni siquiera pudieron rozar el pomo de madera porque un kunai había atravesado el espacio de forma silente y casi invisible con dirección a su mano. De no ser por la reacción antinatural de los simbiontes que no atendían ni al sonido ni a la visión sino a las ondas de movimiento y que gracias a ello lograron bloquear el proyectil a centímetros del impacto, en ese momento la mano de Ikari sería un mar de sangre.

    ―No lo creo ―dijo el autor del ataque con una sonrisa en los labios: Hitsugaya.
    ―Muévete, Hitsugaya ―ordenó Ikari lacónico. Uchiha falso últimamente se había comportado como un dolor en la entrepierna. No era un secreto que el chico estaba enamorado de Setsuna de una manera casi obsesiva y se sentía amenazado con la mera presencia de Bjorn cerca de Himekami, sus celos eran palpables, pero el ronnin determinó que no era ni el lugar ni el momento para zanjar una discusión de esa naturaleza, si es que existía un lugar y momento para una cosa absurda como esa.


    Joker rió por lo bajo como si le hubieran contado un chiste realmente bueno.

    ― ¿Moverme? En serio, no sé si lo notaste pero el régimen cayó. La aldea entera cayó. Y tu título de papel y tus insignias no velan nada ya. No tienes más poder que tu inherente falta de habilidad, "general". Así que no me vengas con estupideces. Si quieres que me mueva tendrás que ensuciarte las manos, como todos aquí.

    ― Contra los dos ―Hunter evidenció el hecho de que el azabache estaba en desventaja numérica pero éste simplemente se encogió de hombros.

    ― Llamen a más si quieren, me da igual ―ironizó Uchiha.

    Los comunicadores tanto de Sein como de Ikari se activaron. A través del aparato en sus oídos se escuchó la voz del ingeniero maestro.

    ― Es indispensable que cesen toda actividad con chakra. Repito, cesen todo uso de chakra y reagrúpense en las inmediaciones del templo ahora mismo. De explotar la bomba morirán quienes estén usando chakra.

    Bjorn pareció desplazarse desde donde estaba hacia Hitsugaya con la espada desenfundada como si de una teletranportación se tratara aunque simplemente había sido cuestión de velocidad y factor sorpresa. Katana y kunai chocaron provocando una onda de aire amén de la fuerza del impacto. Los músculos de ambos de tensaron provocando resistencia entre metal y metal. Era obvio que la orden no podía ser acatada, Hitsugaya no los dejaría escapar y si dejaban de usar chakra solo lograrían que los mataran. El nacido del Hierro se preguntó por qué los Samsara peleaban con tanta determinación sabiendo que había una bomba cuya detonación podría ocurrir en cualquier momento. Eso solo levaba a pensar que o bien la bomba era un señuelo meramente y en realidad estaba desactivada, o bien, que las pastillas que Setsuna les había dado eran de efecto inmediato como las píldoras de soldado que no requerían de entrar al torrente sanguíneo para regenerar las fuerzas del consumir automáticamente. De otra forma, Hitsugaya se habría tomado el medicamento y no estaría usando chakra y menos técnicas de rango alto.

    Joker sonreía. Desde que se instaló en mente la idea de que podía despellejar a Bjorn sin que Setsuna tuviera razones para reprochárselo no podía dejar de sonreír.

    ― ¿Por qué no me miras a los ojos, gerenal? ¿No son tan bonitos como los de Setsuna?―claro que el ronnin no lo miraba directo al sharigan, ¿quién en su sano juicio lo haría?

    Como respuesta del cuerpo de Ikari surgieron docenas de púas de biomasa que atravesaron el cuerpo del azabache como quien pincha un malvavisco. Para asegurar el ataque, el propio Hei terminó el trabajo haciendo emerger un puñado de armas de chakra desde el suelo y que atravesaron el cuerpo ya sanguinolento de Joker desde la entrepierna hasta la boca. Tan rápidas y tan súbitas que un shinobi de poca monta hubiera quedado hecho un colador. Pero Hitsugaya no. Hitsugaya pareció ser atravesado pero lo que en verdad vieron Bjorn y Sein fue un genjutsu de reemplazo. El verdadero reapareció por detrás de Hunter sin que este se percatara debido al efecto de Magen: Jubaku Satsu. Unos brazos monstruosos habían emergido para atrapar de Hei desde una columna de entre los escombros que todavía quedaba en pie y el verdadero King reapareció delante de él invirtiendo toda la fuerza y velocidad que le proveía la sexta puerta del taijutsu en un centenar de golpes supersónicos a la humanidad del cobrizo. Joker disfrutaba del combate pero también de la contundencia, matar y no detener, como le había sugerido Setsuna, era su objetivo. ¿Qué mejor forma de detener a los generales que la misma muerte? El aire se rompió como si todos los truenos de Rakugakure hubieran decidido caer sobre el general de la milicia hasta que una gruesa capa de arena se levantó engullendo a Joker.

    Rápidamente el Samsara se apartó pero para entonces el objetivo de Sein ya se había cumplido. El fino polvillo se había metido a los ojos escarlata de Hitsugaya obligándolo a cerrarlos, espacio de tiempo de Bjorn aprovechó para estocarlo con Chidori Nagashi imbuido en su katana. Joker fue capaz de esquivar el primer sablazo sin mirar, solo por las corrientes de aire que generó, pero el segundo fue imposible en parte por la mala posición que lo había tomado y en parte porque las capacidades físicas del samurái también estaban aumentadas con Keimon. El filo penetró en la carne de su hombro y la electricidad pasó por su cuerpo provocándole espasmos pero Blue decidió que no se quedaría a ver el resultado porque aquello se le antojaba tan artificioso como la última vez. Y no se equivocaba. Era tan solo un genjutsu. Otro más. Con contacto visual imperceptible. La imagen de Joker cayó al suelo como si en verdad hubiera quedado paralizado por la electricidad. Blue se adelantó a socorrer a Sein pero cuando se agachó para ver si estaba bien, éste le detuvo con un gesto. Se reincorporaba con cara de dolor, sujetándose el lado infectado, pero apenas tenía unos rasguños, lo había salvado su defensa final.

    Cuando Sein logró enfocar bien a Blue, de pronto la cara se le deformó.

    ― Mierda―susurró Hunter intentando con todas sus fuerzas contener su estupor.

    El corazón de Ikari dio un vuelco. Por la expresión de pánico que de pronto asomó en las facciones de su compañero notó que algo andaba mal. Muy mal. Se llevó la mano a un costado del cuello y se dio cuenta de que de aquella afrenta no había salido ileso.

    En ese preciso instante un dragón de lodo emergió del suelo a espalda de Bjorn, mismo que fue obstaculizado por una pared de simbiontes de unos 6 metros de alto. El peliazul calló de rodillas. Hasta entonces fue capaz de extraerse el kunai que Joker le había clavado en el cuello. Los simbiontes ayudaron a que no se metiera más profundo pero de todos modos el punto había sido estratégico y la sangre comenzó a brotar. La biomasa se acumuló en la parte afectada para detener la mayor cantidad de sangre posible.


    Joker logró atravesar la cortina de simbiontes con escaso esfuerzo y asestarle una patada a la cabeza al jounin peliazul quien salió disparado hacia un costado. Su idea era ir en seguida por Sein pero no lo encontró. El cobrizo había desaparecido. Su sharingan lo buscó pero no había rastro de él. Solo estaba Ikari tirado en el piso y su voz corriendo por lo bajo. Al principio pensó que eran quejidos de dolor sino risas.

    Uchiha encendió su fuego eterno pero resultó que lo hizo tarde. Los dedos de Joker se doblaron en un ángulo imposible hasta que los huesos cedieron con un tronido grotesco. No se necesitaba demasiada fuerza para provocar ese tipo de lesiones si se sabía retorcer el cuerpo humano en su justa medida porque no importa cuánto se entrene, la composición del cuerpo siempre será igual y sus debilidades las mismas que las de cualquier hombre corriente. Al atravesar la cortina de simbiontes algunas hebras de biomasa delgadas pero fuertes como cables de acero se habían quedado atrapadas en su cuerpo. Las llamas negras consumieron casi todo el material antes de que reaccionara excepto por la mano izquierda. Bjorn había jalado los hilos. Estaba acuclillado a unos escasos metros con sangre resbalándole por el costado de la cabeza pero sin la herida en el cuello.

    Joker retiró la mano haciendo un rictus de dolor. Típica estrategia Gyazara atacar a las manos para mermar la capacidad de manipulación de chakra del oponente. Qué idiota, claro que no tenía la herida en el cuello, había sido un genjutsu suyo. ¿Cómo había podido olvidar que le había clavado el arma en una ilusión y no en la vida real? Debido a que había olvidado ese detalle es que se había acercado tan temerariamente a atacarlos de frente. No había sido un simple descuido, seguro Bjorn había usado a su vez un genjutsu para confundirlo. Ahora que lo pensaba, tampoco había rastros de Sein.

    En efecto. Memorias implantadas. Los simbiontes se habían metido en el cerebro de Hitsugaya y todo lo que él recordaba luego de ser cegado por la arena, es decir, el genjutsu a Ikari y ver a Hunter poniéndose de pie, habían sido recuerdos falsos fabricados por ellos. Sein se había escapado para encontrarse con Setsuna desde ese entonces y por eso Joker no se había dado cuenta. Con lo que en realidad en el último minuto solo peleaba contra Bjorn. La patada sí había sucedido por solo para que el Samsara se confiara lo suficiente y no notara los hilos de biomasa.

    ― Hitsugaya. Muévete.

    ― Estás mal si crees que esto es por ella. En verdad es por mí y mis ganas de verte morir, sucio traidor samurái―
    las aspas en su sharingan bailaron. Notó que Bjorn tenía los ojos cerrados, seguro para evitar quedar atrapado en otro genjutsu. Taijutsu entonces.

    Joker se abalanzó intentando atenazarle una patada en la barbilla como en el Omote Renge. Sin embargo, Ikari se movió con la misma soltura de cuando tenía los ojos abiertos. Los meses que había pasado cegado en aquella misión cuando eran chunnin y la capacidad que tenían los simbiontes de "ver" por él lo dotaban de la habilidad de pelear sin depender de sus ojos.




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  11. Krause

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    Era una sensación extraña, agridulce. Sentía que aquel momento y lugar no le pertenecía, que era un mero impostor; que quién debía de estar ahí realmente era Bjorn y no él. Era como sentir que se había sumergido dentro de un conflicto dual, donde sólo existía el lado de los Samsara y el de los Ikari, lo demás era un simple agregado. A su vez, sabía que el único que podía estar peleando con Black era el samurái, era como que su pelea “correspondida”. El amor verdadero pero triste y justo contra el amor enfermizo, apegado y cegado. Aun así, nunca esperó llegar el momento donde ahora él debía enfrentarse a Himekami.

    Seguía diciéndose y asegurándose de que quién debía cambiar lugares con él era justamente el samurái. No sabía como decirlo, pero toda la batalla, el escenario, era lo justo para que Blue se desenvolviera, no él. Si bien quería ayudar, impedir que Raku se volviera un Estado fallido en ruinas por culpa de una guerra civil, se sentía como si viera la toda la situación desde un ángulo lejano, ajeno, tratando de entrar a la fuerza en su entorno y rango para tratar de cambiar lo que ya se había preestablecido. Se preguntó entonces si así se sintió Ikari cuando viajó junto a Setsuna para salvarlo, para que su alma pudiera encontrar la redención que tanto ansiaba.

    Sin embargo, no podía hacerle frente a Setsuna en el estado en el que se encontraba. Era prácticamente un suicidio siquiera intentar entablar combate físico con la pelirroja. Además, recientemente había ascendido de rango, lo que significaba más chakra, más poder bruto y sobretodo, más problemas. Había pedido ayuda, pero la situación era demasiado compleja, tenía muchas preocupaciones más allá de mantener al régimen estable, y no sabía siquiera si sus llamados serían respondidos.

    Era casi ridículo decirlo, pero tenía miedo. Miedo de que todo acabara, no precisamente de que morir él, o de que su existencia quedara reducida a un millón de partículas de polvo, siendo arrastradas por el viento; tenía miedo por su familia, un miedo que nunca creyó que sentiría nunca jamás en su vida.

    Y le tenía miedo a Setsuna. Siempre había sido alguien muy fría y alejada de ellos, quizás con excepción de Bjorn, nunca dejaba ver su verdadera naturaleza; incluso cuando intentaba ser amable estaba envuelta en un halo que la hacía parecer impersonal, distante. Como si ella estuviera viendo más allá, como si se obligara a sí misma a ser perfecta, letal, y relacionarse con ellos, meros mortales ciegos y limitados, fuera sólo una opción secundaria para pasar desapercibida.

    Se veía decidida, mucho más que cualquier otra vez, y no sabía hasta que punto Himekami sería capaz de llegar. ¿Acaso todo lo que decía era cierto? ¿Rick en verdad era aquel desgraciado de Maverick? Sus memorias eran confusas, borrosas, apenas y podía recordar pequeños trozos del ataque a la Raku, hacía ya algunos años atrás. Era tan extraño que su mente tuviera tan sólo un resquicio de memorias de un suceso tan importante y atronador como lo fue aquel impacto terrorista.

    ¿Qué demonios estaba pasando? Se había unido a una guerra como muestra de apoyo incondicional hacia uno de sus mejores amigos, dejando el otro bando a la deriva; Sein sentía que le debía mucho a Blue, pues el samurái no trató de tomar represalias cuando lo intentó asesinar cuando eran Chuunin, y a pesar de la tensión y animosidad que se podía sentir en algunos de sus desacuerdos o riñas, Bjorn y Setsuna siempre habían estado ahí para él.

    Con Himekami había saldado sus deudas -o eso quería creer él- pero con el ronin no. Había creído que aquella sería una oportunidad perfecta y aunque no se arrepentía de su elección, hubiera querido que las circunstancias no los hubieran empujado a matarse mutuamente y llevar a Raku a la ruina.

    Quería retrasar su encuentro con Setsuna todo lo posible, pero cuando un rayo surcó todo el campo en menos de un santiamén para dirigirse hacia él, supo que lo inevitable ya había pasado. Tenía que enfrentarse a ella, quisiera o no.

    Esquivó apenas la alabarda de electricidad por pura suerte, pero eso no evitó que unas chispas y rayos minúsculos surcaran su lado afectado y le provocaran dolor. Al no tener apoyo por el momento, se obligó a hacer una cadena de sellos e invocar a su guardián, un monstruo metálico con capacidades de absorber Raiton y ser condenadamente resistente, así como una máquina sin raciocino y que iba directo a destruir y aniquilar. Si bien no quería matar a Setsuna -como si pudiera hacerlo, en primer lugar- la invocación sería suficiente durante un tiempo para mantenerla ocupada.

    Agradecía internamente que sus técnicas Jounin jamás hubieran sido vistas por sus compañeros, y era lamentable que tendría que usarlas contra uno de ellos.

    Otro rayo surcó la escena y Durandal absorbió la electricidad como si fuera un bocadillo. El cuerpo del robot brilló de un tono azulado y su único ojo se centró en el blanco que tenía frente a él, a varios metros de distancia. Al ser la única persona en escena, la escasa inteligencia de la máquina le permitió compilar de que aquella era la amenaza de la que debía encargarse. Vio entonces como la pelirroja parecía hacer más sellos, y sin dudar lanzó un potente láser desde su mira para evitarlo.


    El rayo atravesó como si fuera mantequilla el suelo y el resto de las estructuras circundantes, apenas y rozando la bomba. Cuando Setsuna apareció dentro de su rango de visión, Durandal apenas y pudo reaccionar ante las diversas columnas de fuego que aparecieron poco después, aunque eso poco bastó para detenerlo. Sein supo identificar rápidamente que la pelirroja contra la que peleaba su invocación no era más que un clon, y reaccionó de manera precaria cuando Himekami lo sorprendió por detrás y lo mandó a volar con una potente patada.

    Apenas y pudo invocar su armadura, la cual de todas maneras se terminó por romper por el impacto contra las diversas superficies, más al menos le había amortiguado lo suficiente para que no resintiera tanto el daño. No obstante, aún así terminó escupiendo sangre y su visión se nubló por breves instantes.

    -Setsuna...-Susurró, adolorido. ¿Cómo habían llegado a tanto?

    Nero.Nero. UltraviolenceUltraviolence meh, si les advierto que les va a dar 49 tipos de cáncer.
     
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    ¿Hasta cuándo? Hitsugaya se preguntó a sí mismo mientras daba un giro hacia atrás a fin de esquivar la masa negra que intentó perforarle el cuerpo. El movimiento no fue único, retrocedió con un salto y después dos más para quitarse del camino de las púas vivientes que brotaban de Ikari. Sabía que si una porción de esa biomasa penetraba su cuerpo podría hacerle mucho daño, les habían estudiado decenas de veces y aquella forma tan clásica de destrozar las manos no le era nuevo. Afortunadamente, acorde al plan de acción, él y Rangu eran los mejores candidatos para asesinar a Bjorn. Por supuesto, su sharingan funcionaba por sí solo y no era necesario realizar sellos y entonces volvía a preguntarse qué estaba esperando para matarlo. Lo tenía donde lo quería. Aún si Setsuna se arrepentía a último momento, su batalla con Sein le impediría llegar a tiempo para salvarlo. Aterrizó de pie sobre una lámpara que, incrustada sobre más metales retorcidos y escombros, fungía como un mástil. Allí comenzó.

    El ronin desvió el rostro hacia donde los simbiontes le indicaron estaba su oponente al mismo tiempo en que el sentido de peligro aumentaba. No quería abrir los ojos pero el chakra se volvía perceptible. Por supuesto no se quedaría con los brazos cruzados, Hitsugaya no estaba jugando y no perdería la oportunidad para matarlo, en todo caso, él debía hacer lo mismo ¿Qué no? Extendió su espada y una electricidad azulada comenzó a recorrerla, también su cuerpo. Fue necesario usar ambas manos para blandir el arma y emprender carrera hacia el azabache que se veía cubierto por un aura oscura que poco a poco comenzaba a tomar forma, por supuesto que Bjorn no podía definirla con exactitud más allá de deducir que se trataba de una técnica peligrosa. Si bien Murasaki era alto, su silueta superaba los dos metros ya y sus brazos, revestidos por el chakra oscuro volvieron a tener manos móviles. El cuervo desplegó sus alas liberando un aura tóxica que no solamente fue visible por la humareda, sino porque los escombros aledaños salieron despedidos. Eso no detuvo a Bjorn, al contrario, su cuerpo bombeó más chakra y una vez se comió la distancia que los separa se impulsó bestialmente elevando su katana para rebanarlo con un único y certero movimiento, el taijutsu como principal potenciador. Hasta entonces abrió los ojos, no se podía dar el lujo de fallar. La fracción de segundo antes del impacto fue suficiente para notar que se enfrentaba a un monstruo. Las fauces abiertas adornadas por dientes aserrados capaces de arrancarle una pierna como si fuera mantequilla, extendiéndose a medidas sobrehumanas. Ikari se replanteó abandonar la estocada, pero le era imposible retroceder y sin más, en uno de sus impulsos suicidas torció la muñeca e hizo descender el filo con todas sus fuerzas hasta que sintió la dureza del concreto partiéndose debajo. Los rayos se expandieron por el suelo porque el cuervo oscuro se disipó, eso ya lo esperaba. Ikari volteó sobre su hombro, la sombra se había desplazado a la derecha, así que con la misma fuerza desencajó el arma y la blandió con la diestra. El alcance del corte partió el edificio más cercano y antes de volver a ubicarlo, una lluvia de plumas cayó del cielo nocturno. Como agujas ardientes se clavaron en el suelo y sobre la carne del ronin. La protección del Chidori Nagashi amortiguó los efectos entre rayos, no así a la patada consecuente que incrustó al jounin en el pavimento ya partido. Su cara quedó aplastada contra las piedras, pues justamente la pata del cuervo descansaba sobre su nuca con toda la saña. Blue, desesperado, apoyó las palmas sobre el suelo para levantarse pero la fuerza de presión le impedía si quiera despegarse un par de centímetros.

    ¡Muere de una maldita vez! ―la voz de Hitsugaya sonaba distorsionada, ya por el flujo de chakra, ya por la propia ira que se apoderaba de él. Esta vez lo mataría y se desharía de él para siempre. Ya no más impedimentos. Era su último obstáculo. Sonrió con sus dientes afilados, divertido del dolor que provocaba, rasguñando la victoria, degenerándose a su constitución original de monstruo, de demonio amante del sufrimiento. Iba a reventarle la cabeza. Ikari rascó el suelo con sus uñas en un intento por aliviar la opresión ¿Es que terminaría allí? En otra circunstancia quizás no le hubiese importado tanto, sería recordado como uno de los héroes caídos de Raku, si es que quedaba una Raku después de eso. Apenas hacía unos años se hubiese dado por vencido, pero ahora más que nunca se sentía necesitado. Se negaba a morir de esa manera. Su corazón no se detenía, golpeaba con todas sus fuerzas, la presión en su cabeza no lo dejaba pensar, le resultaba imposible respirar. Las voces en su cabeza se escuchaban embotadas ¿Buenas noticias? No, era un signo de que estaba muriendo. Algo en ese chakra lo estaba matando. Por su mente pasaron los buenos tiempos, en aquellos en los que recién comenzó a ser Blue y se encontró con una Setsuna, el rencuentro con su amigo Ryunosuke, incluso la batalla interna respecto a Kurisu y su nueva vida ¿Es que iba abandonarla así de fácil? Todo lo que amaba estaba siendo destruido, comenzando por Setsuna.

    Sus brazos finalmente se rindieron y la agitación de su pecho cedió. Hitsugaya extendió la mano derecha y creó una especie de lanza que no dudó en clavar en el cuerpo del ronin. Gracias a él odiaba tanto a los samurái. La delgada alabarda traspasó la humanidad del jounin por un costado, en parte era una forma de rematarlo y finalmente terminar con la plaga. Una risa descolocada brotó de las fauces del cuervo. Tarea cumplida.

    Hablen. Díganme más. Ahora más que nunca.
    Las voces se unieron a coro luego del corto circuito orgánico ocurrido tras la perforación. Todas parecieron ponerse de acuerdo respecto a un solo objetivo. El corazón de Blue, de Bjorn, volvió a latir con la furia de un animal desbocado y de pronto, de entre el cuerpo aparentemente inerte del peliazul brotó un sinnúmero de simbiontes afilados que no solamente perforaron al cuervo, sino que lo obligaron a desplazarse a través de varios metros, como víctima de una catapulta. La cubierta de chakra oscuro se fue desgastando conforme al ascenso hasta que no quedó más que el cuerpo de Hitsugaya para aterrizar secamente. No fue capaz de recuperar el equilibrio, la cantidad de heridas que tenía significativa y todas sangraban. Aun no estaba muerto. Y no tenía tiempo para estarlo, como serpientes inteligentes los tentáculos comenzaron a moverse en su contra, teniendo de epicentro a un agonizante Bjorn. En ese punto quizás era más un asunto de resistencia y a pesar de todo era el ANBU quien se encontraba en mejores condiciones. La marejada de parásitos se abalanzó.



    Me hubiese gustado poder librarlos de esto, pero sabía que no me creerían ―sentenció apenas estuvo cerca por un par de segundos antes de verse obligada a esquivar a la máquina, no sin antes regalarle un jutsu suiton al invocador de canes, el agua con poder perforador que tenía como finalidad herirle las piernas e impedir que se levantara. Por supuesto Sein no dudó en tapizar el área de armas hechas a base de chakra, se había dicho a sí mismo que aquella ya no era la Setsuna que conocía y que, si la dejaba seguir, iba a acabar destruyendo lo más preciado que tenía. No titubeó al momento de expeler su armamento y dejarlo emerger con toda su furia, liberando en ello la frustración que le provocaba no poder hacer nada más para cambiarla. La pelirroja retrocedió, deduciendo que sería imposible escapar de semejante marejada, así que evocó a su pulso dorado para repeler de una el ataque. Varios de aquellos proyectiles cayeron también sobre el gran robot, mismo que se enfrentaba a su gran serpiente recientemente invocada dada la versatilidad de los clones. No. No quería matar a su compañero, solo deseaba quitarlo del camino. Las palabras no iban a funcionar, era un hecho. Su último intento fue en Sion.

    ¡Te voy a detener! ―bramó el cobrizo entre la humareda ―¡No importa si tengo que matarte! ―se sentía furioso, consigo mismo, con ella. Comenzó a hacer sellos de manos y de manera casi inmediata su chakra empezó a fluir abundantemente, su cuerpo también cambió, volviéndose de una tonalidad rojiza. Típico de quienes usan el taijutsu. Una explosión sucedió detrás de ellos, la batalla de Hitsugaya con Bjorn se desencadenada y se acompasaba con las propias explosiones provocadas por el rayo láser. Al tiempo, Himekami advirtió que su invocación estaba en problemas, en cuanto volteó la gran serpiente se aferraba a la silueta mecánica de la invocación de Sein, así que bastó solamente dar la orden para autodestrucción.

    El suelo de Raku se cimbró, primero por la detonación de ambas invocaciones y después por el inicio de los golpes provocados por Hei, quien, a una velocidad impresionante, se abalanzó contra Esdesu, apenas dándole tiempo de reaccionar con su defensa dorada, misma que no podría realizar con tanta ligereza. Era trágico, porque después de usar aquella técnica de poco le serviría a Sein el cuerpo, tomando en cuenta las exigencias de ese taijutsu y la condición debilitada que sufría. Quinta puerta. Por otro lado, la única forma que tenía para defenderse era con un jutsu igual de destructivo. Una patada llovió del cielo, Setsuna interpuso sus brazos y terminó con el pavimento hasta los tobillos por la presión ejercida por el impacto, sintió toda su silueta sacudirse y apenas pudo se hizo a un lado por la serie de golpes que se avecinaban. No así pudo librarse, pues bastó descuidarse un poco para que el cobrizo la tomara del brazo y la hiciera estrellarse contra el suelo por efecto de rehilete. Setsuna sintió su cuerpo crujir e inmediatamente humo comenzó a salir de ella, por acción de su jutsu de sanación. Afortunadamente pudo moverse antes de recibir el impacto que tenía por propósito destruirle la cara. Tres zancadas y Sein apareció casi como teletransportado encima suyo para propinarle un golpe en la espalda, pero esta vez fue un chakra negro lo que emergió de la mujer. No podía seguir huyendo. Por acción de corrosión la pierna del jounin quedó severamente dañada, dejando más expuestos sus ya dañados músculos. La parte trasera de su pierna completa quedó hecha una masa sanguinolenta, asunto poco notable dado que en ese estado no sentía dolor.

    Solo así Sein se quedó quieto por un momento, mientras Esdesu usara eso no podía tocarla. Y si deshacía el jutsu de taijutsu quedaría casi inútil por lo que su única opción era aprovechar el tiempo restante para hacer algo. Acumuló chakra en su puño derecho y lo lanzó contra ella, con la esperanza de que la onda de choque mermara su defensa. Miró su técnica diluirse.

    Ya basta, Sein, ríndete. No quiero matarte.

    No lo parece ―escupió―, en ningún maldito momento has demostrado lo contrario ―. En ese instante se le ocurrió una idea al invocador de canes, no por nada había sido conocido como un tramposo estafador. Si era cierto que Setsuna no deseaba matarlo entonces tendría que ceder su propia defensa para no dejarlo hecho ceniza. Movimiento suicida. El jounin corrió hacia ella sin reparo, dispuesto a lanzarse contra la energía corrosiva que la cubría, a quemarropa. Evidentemente, en el último momento, Esdesu la retiró simplemente adelantando un golpe certero y cuya mano iba cubierta por un cordón dorado que no hizo más que potenciar el impacto. Fue suficiente para que Hei trastabillara al no poder saber la posición exacta de su atacante dada la cortina negra. Espacio raudo para que Setsuna formaba un par de esferas de luz, así, cuando Kouhei quiso levantarse, las reunió en un movimiento, soltando un destello cegador que iluminó un radio de varios metros. Cuando se disipó, a los ojos del invocador de armas, el panorama cambió notablemente, el ruido de los estrépitos era sordo. Un sello apareció sobre su frente. Antes de volver a atacar, porque de pronto sus movimientos eran lentos, víctimas de la ralentización general.

    Es tu momento de morir, Seinshin Kouhei. Será rápido. Una espada, tu propia espada gemela traspasará tu corazón, el dolor será terrible, agudo, certero. Los músculos ceden y caes al suelo preso de un cansancio general que ahora tus sentidos, querrás gritar y nada saldrá de tu garganta ―entonces, tal como lo narraba la pelirroja, pasaba sobre su compañero. La espada salida de la nada se incrustaba en su carne y acorde la descripción, sucedía sobre el cobrizo. Terminó sobre el suelo respirando pesadamente, sus ojos estaban abiertos, más que clamar auxilio eran presos de una furia incontenible. Enterró las uñas en el suelo mientras se retorcía. Hizo el intento de gritar. Himekami solo pudo leerle los labios. Pudo entender claramente lo que decía. ―En cinco segundos más estarás muerto. Uno. Dos. Tres… ―el genjutsu transcurría. Un ruido continuo de la batalla vecina hizo que volteara.

    Entonces miró. Bjorn había perdido el control, estaba más muerto que vivo.

    Despídete ―Hitsugaya alargó la mano y, aunque sus dedos estuvieran inútiles, logró reunir oscuridad sobre su palma, dispuesto a terminar con el ronin, el pobre que se mantenía vivo por la fuerza de voluntad de los parásitos, porque el verdadero parásito ya estaba muerto ¿Verdad? Sin embargo, antes de poder lanzarlo, una daga dorada traspasó su corazón, provocando una explosión interna, una que sin aviso se avecinó por sus espaldas, certera y mortal. Sus labios de abrieron para escupir sangre, en una bocanada abundante que bañó sus ropas. No necesitaba girarse para saber de dónde veían ese ataque, aún así lo hizo. La mano de Setsuna permanecía en la misma posición, apenas incrédula de lo que veía, o de lo que acaba de hacer.

    Hitsugaya se rio. La mujer que amaba acababa de matarlo por proteger a ese resquicio de ser humano ¿Qué más? ¿Qué más pudo haber hecho por ella para que lo aceptara? Lo intentó todo. incluso, siendo un don nadie, se esforzó para hasta alcanzar un puesto en el SS solo por ella. La sonrisa amarga quedó clavada en Setsuna, quien con labios temblorosos fue incapaz de pronunciar algo, entonces cayó. El cuerpo del ANBU se fue de espaldas. Hubo un par de convulsiones antes de que el cuerpo del azabache quedara inerte. Muerto.

    Algo sucedió en Himekami. Fue como si un balde agua fría le cayera encima. El ver a Bjorn en ese estado. El haber matado a… sí, ella lo había matado. Negó con la cabeza, negándose a que aquello fuese parte de la realidad. Quizás una pesadilla. Tropezó con el cuerpo de Sein, no estaba muerto, pero sí afectado por el último genjutsu ¿Hasta dónde había llegado?



    En ese momento, el equipo de Gyazara dio con la bomba. No estaba activada y finalmente estaba en manos del gobierno. El ingeniero dio un suspiro de alivio, esa cosa no sería usada en su contra.




    Nero.Nero. KrauseKrause recuerden que los amo, luego edito color
     
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    Última edición: 28 May 2018
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    Nero. We was born sick, but I love it

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    La voz del Tenno resonaba de fondo esparciendo su mensaje de animadversión hacia los Samsara y todo lo que representaban. El templo de Tomo-sama continuaba ardiendo, apenas habían pasado minutos desde la explosión. Fue en ese momento cuando Bardock encontró a Ivar recuperando el aliento al amparo de la oscuridad en la azotea de uno de los edificios. El albino notó la suciedad en su ropa y rostro, así como los tentáculos que todavía bailaban a su alrededor alterados por la excitación del momento. Ivar había cumplido con su misión, eso podía entenderlo, pero le preocupaba que lo hubiera disfrutado. En los planes de Bardock nunca había estado sacrificar a alguien, incluso si ese alguien estaba de acuerdo en convertirse en el detonante para la caída de los Samsara y por eso no podía sentir más que lástima por la escala que habían tomado las cosas.

    ― ¿Cómo salieron las cosas con Blue? ―inquirió el rubio sin voltear a verle, su mirada perdida en las pantaññas gigantes que alternaban la imagen del Tenno con las del accidente que él mismo acababa de provocar.
    ― No fue una trampa. Setsuna no los engañó ―aclaró Bardock ante la opinión del menor de que esa reunión era un error. Dejó su espada a un costado y se sentó junto a Ivar en la cornisa del edificio―. Los generales tienen una opinión distinta de lo que debe pasar con Raku, Setsuna y los Samsara claramente la tienen, pero hay historia detrás entre ellos que la guerra no puede borrar.
    ― A Setsuna no le importa la historia o no hubiera comenzado con esta mierda ―
    aclaró Ivar dirigiéndole una mirada de indignación―. Blue no puede simplemente bajar los brazos e intentar dialogar con esos putos maniáticos, te recuerdo que la última vez que hizo eso nos llevamos un regalo.
    ― Curioso. Creo recordar que fuiste tú quien intentó matarla en primer lugar ―
    no intentaba regañar al muchacho sino más bien hacerlo desistir de esa ira hacia los Samsara que con los meses se había acumulado en él y en el resto de los Ikari y los Gyazara desde lo del castigo público.
    ― Quizás si lo hubiera logrado no estaríamos hasta el cuello de mierda ―masculló el rubio devolviendo la mirada al frente.
    ― No puedes hablar en serio, Ivar ―pero Ryuji estaba seguro de que había escuchado convicción en la voz de su compañero. El fuego, los gritos, las alarmas. El caos que había al rededor, allá abajo, en las calles, volvían más sombrías las palabras de Ivar. Bardock tenía la certeza de que el chico no era una mala persona pero sin duda estaba completamente desencaminado y su venganza lo cegaba, temió que los Samsara tuvieran razón y que Ivar fuera una bomba de relojería que pudiera estallar en las manos de los propios Ikari. él mismo lo había experimentado.
    ― ¿Y por qué no, eh? ―retó el lisiado―. ¿Por qué te preocupa tanto, Bardock? Para ellos no somos compañeros ni aliados. Nos odian tanto o más que nosotros a ellos. Y al parecer somos lo único que puede evitar que esos hijos de puta hagan lo que quieran con Raku. No sé que sea esto para ti pero para mí es hogar, aquí encontré un lugar, esta es mi maldita tierra. Me gané el derecho de vivir aquí y el Tenno y Blue me dieron esa oportunidad. Los Samsara no. ¿Vale tan poco todo por lo que hemos luchado que no quieres defenderlo?
    ― Ivar, estás viendo solo una cara de la moneda. Si hemos luchado aquí no fue para conseguir terrenos y propiedades, ha sido por las personas. Los edificios de Rakugakure pueden reconstruirse pero las personas, las personas no vuelven a la vida. Sé que te cuesta entenderlos pero debes ver todo el panorama. El tejido social en la aldea es más importante. Somos un clan no porque compartamos el apellido y vivamos en una misma casa sino porque hemos decidido colaborar y ser leales entre nosotros. Es cierto, los Samsara rompieron la paz cuando decidieron conspirar contra el Tenno, pero fue gracias a ellos y al tratamiento médico que te dieron que puedes caminar. Y fue también gracias a ellos que muchos shinobi se salvaron tras la guerra, Blue incluido. Una vez colaboramos y solo hay que encontrar la manera de hacerlo de nuevo. No te estoy diciendo que los perdones, sólo que seas justo.


    Ivar le sostuvo la mirada por unos segundos, sin decir ni una palabra. Bard sabía que era terco y un simple discurso no lo apaciguaría pero guardaba la esperanza de que llegado el momento sus palabras lo calarían. Permanecieron ahí unos minutos más hasta que el comunicador de Bardock se activó. Detrás, la voz de Zan confirmaba que parte de los Samsara se atrincheraban en el rascasuelos, en el hospital militar, mientras que Setsuna y Hitsugaya habían sido visto e interceptados en dirección a la torre del Tenno.

    Los tentáculos de biomasa pusieron en pie a Ivar. El rubio se ajustó las correas que sostenían el par de katanas que colgaba de ambos lados de su cintura. Bardock suspiró profundamente en busca de la serenidad que le permitiera afrontar de buen grado lo que estaba a punto de pasar. Tomó la katana que había dejado a un lado y se puso de pie. Ivar tensaba los dedos y los hacía tronar, a menudo un tic que delataba que estaba nervioso y ansioso. Bardock le puso una mano en el hombro y preparó el jutsu con la otra. Una mirada afirmativa y ambos desaparecieron de la escena dejando detrás una estela ligera de biomasa.


    Bardock e Ivar aparecieron simultáneamente en el consultorio donde periódicamente iban a hacerse chequeos. Habían estado dejando simbiontes en cada visita que se infiltraban en los resquicios de los muebles y los rincones de la habitación. Habían tenido que hacerlo de manera rutinaria porque al cabo de unos días los parásitos acababan murieron por no contar con un huésped o por los productos químicos con los que se hacía limpieza dentro de la sala. Al final habían estado en lo cierto, los Samsara acabaron parapetándose en el edificio que representaba la fuente de su influencia en la aldea y la única opción para poder entrar había sido teletransportarse dentro con la técnica especial del clan Ikari.

    Bardock fue el primero en apearse hacia la pared y entreabrir la puerta para echar un vistazo. El pasillo estaba en calma simplemente porque la batalla que había tenido lugar ahí ya había terminado. En las paredes había signos de lucha y en el piso, manchas de sangre. El albino generó un gusano de biomasa que cayó de sus dedos y comenzó a moverse fuera de la habitación como una especie de cámara remota. Los daños estructurales continuaban por el largo pasillo. Los cadáveres también se apilaban. Había quienes incluso habían sido asesinados en sus camas. Los Samsara se habían encargado de exterminar a todo doctor o paciente que no compartiera el apellido. Conforme ascendía por los pisos el barullo iba en aumento. Fue en la planta más baja del hospital donde se encontraba la concentración más grande de personal. Lo usaban de cuartel central e iban y venían hacia la superficie por los pasadizos de evacuación, que eran la ruta más corta, donde luchaban contra las fuerzas de los Gyazara y el ejército.

    Mientras tanto, Ivar había desplegado a sus propios gusanos en busca de supervivientes pero al cabo de una larga inspección por las habitaciones del hospital determinó que no quedaban aliados, que el edificio había sido completamente tomado.

    Entonces la segunda parte del plan comenzó.

    Ambos desplegaron una buena cantidad de biomasa que reptó por las aristas de los pasillos para camuflarse, como ríos negros que se mueven bajo los pies de los soldados Samsara más preocupados por lo que sucedía afuera que por los intrusos de dentro. Los parásitos se acumularon en los ductos de evacuación y en las entradas del piso inferior. Ivar terminó antes de colocar los suyos e hizo guardia junto a la puerta dado que mientras manejaba a los parásitos Bardock requería concentración.

    ― Vamos, apúrate, ¿estás listo? ―urgía Ivar mirando a ambos lados del pasillo desierto.
    ― Un poco más ―pidió el mayor con los ojos cerrados y cara de re-concentración.
    ― Bardock, no tenemos tiempos. Deja los que tengas.
    ― Espera
    ―el ronnin tardaba más en realidad porque buscaba posicionar las cargas de tal suerte que no provocaran el colapso total de la estructura pero que tampoco mataran a los que estuvieran cerca, no buscaba aniquilarlo sino simplemente encerrarlos, y eso requería de atención al detalle―. Espera.
    ― ¡Bardock!


    Los simbiontes reaccionaron más rápido ante el grito de alerta de Ivar que el propio Ryuiji. Ellos evitaron que un bisturí le abriera la garganta al bloquear y maneatar al agresor a centímetros antes de completar el ataque sorpresa. Para cuando el albino abrió los ojos, la sonrisa torcida de Rangu se dibujaba frente a él como una aparición demoníaca.

    ― Sabemos en donde están en todo momento ―le susurró el médico con autosuficiencia.
    ― Contábamos con eso―le confesó Bard.

    Ivar lo atacó por el costado lanzando proyectiles de biomasa que Rangu esquivó con suma facilidad, alejándose hacia el otro lado de la habitación.

    ― Prevé esto, pedazo de mierda.

    Una chasquido de los dedos de Ivar, otro de los de Bardock y una gran explosión se dejó sentir en todo el edificio hasta las entrañas de los propios ninjas. Rangu supo de inmediato que venía de su centro de operaciones por la dirección del sonido y del polvo que se levantó. El polvo cayó de los techos y la estructura entera se estremeció con un crujir de acero y cemento como si se tratara de un terremoto. Emmet entonce se lo confirmó por el comunicador: habían volado los ductos de evacuación y las salidas del piso para dejarlos atrapados. Por suerte, él y otro grupo seguían afuera por lo que no quedaron atrapados.

    ― Baja pronto o no te voy a dejar nada ―respondió Rangu entre risas y cortó la comunicación. El escenario no podía ser más perfecto. Los estúpidos se habían encerrado solos y eso les iba a costar la vida.


     
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    Sacar la bomba resultó toda una maniobra, fue cubierta por un material aislante que la mantuviera fuera de contacto con el calor de la estructura, la cual habían luchado por mantener en pie. Usuarios doton y alguno de los Senju crearon pilares para sostenerla sabiendo que, si bien la mayoría del fuego había sido controlado, el calor podría hacerla colapsar. Hubo más explosiones internas causadas por circuitos pero el ingeniero supo aislar los sectores de su propio diseño para mantener la bomba a salvo. De cualquier forma, el simple hecho de acercarse a ella era ya toda una prueba de valor, era imposible saber si la temperatura a la que estuvo expuesta sería suficiente para desestabilizar sus componentes y activarla o, en el mejor de los casos, descomponerla. El mayor enigma radicaba en pensar ¿Cómo había llegado allí sin que nadie lo notara? Quizás un sello de teletransportación, no era difícil imaginarse a un Samsara infiltrándose a las instalaciones por la noche, cuando el personal disminuía.

    Cubierta y asegurada, optaron por utilizar ruedas para extraerla, temiendo que el uso de chakra directo alterase su constitución. Ya suficiente riesgo había en el hecho de que las batallas se estuvieran librando en el resto de la ciudad. El sonido de derrumbes y explosiones no cesaban. El ejército, sin su general correspondiente, le hacía frente a las barricadas creadas por grupos de Samsara. Puesto que no solamente era un hecho que algunos pertenecían al ejército, sino que aún habían movido la lealtad de unos cuantos para ampliar sus números, fraccionándose así. Era cierto que no era un grupo numeroso ni popular dada su negativa a convivir con ciertos clanes, intolerantes al mestizaje y habitantes de un círculo cerrado, con todo, aprovecharon el inconformismo nacido de las colonias aledañas a la aldea. Aquellas poblaciones que habían sido conquistadas por la fuerza en nombre del Tenno, obligadas a unirse a su régimen de hierro con tributo y trabajo. Sometidas bajo el poder el ejército, engañadas por el clero. No resultó complicado convencerles de unirse a la lucha que significaba su propia libertad. Comandados por los Samsara, desde el interior, irrumpieron por la puerta principal justo después del primer incidente en la planta de energía. Las calles estaban plagadas aunque los habitantes naturales de Rakugakure hubiesen sido conducidos al refugio, lo cual sería la última coartada si las cosas no funcionaban.

    Con cuidado ―Himura conducía al escuadrón de extracción a través del laberinto que significaba la planta, sudaba y rezaba porque la situación encontrara su final. La aldea iba a terminar hecha pedazos. Un temblor les hizo detenerse, los shinobis rodearon la bomba dispuestos a protegerla con madera o metal si sus propios cuerpos no eran suficientes. Afortunadamente la sacudida duró unos segundos. Seguro que si Masamune estuviera vivo haría algo al respecto, hasta entonces se preguntó qué estaría haciendo Torimaru ¿Se habría puesto a cargo de los Gyazara? Lo mejor era que no, el general Bjorn era más hábil cuando se trataba de batallas.

    Justamente, Akabe miraba el escenario desde el templo de Tomo-sama, en la cima del volcán. Un palco adecuado para mirar toda la acción. Con la ruptura de la cúpula principal el sitio había sido evacuado, el caos era la ocasión perfecta para desaparecer en la confusión, quizás algunos ya hasta lo darían por muerto. Pero no, estaba vivo y mucho. Acercó el cuerpo al enorme ventanal, los cristales no dejaban de vibrar amén de las múltiples detonaciones a lo largo de la aldea. Akabe se había puesto una pequeña mesa a un costado y un compás, allí iba marcando las zonas de afectación. Por ejemplo, el lado norte, estaba irreconocible. Costaría mucho dinero repararlo. Sin embargo, el sacerdote no realizaba esa labor por pedimento del Tenno, más bien para sus propios alcances. Una vez terminado el conflicto, quien sea que fuese el ganador, necesitaría una mano derecha para el levantamiento de las ruinas. Es más, esperaba con toda ansia que el general Ikari fuese asesinado en batalla, sí, tendría que procurarle un monumento a cambio de quedarse completamente a cargo de los Gyazara ¿Quién más tendría la capacidad de manejarlos? Si los Samsara ganaban los Gyazara se negarían rotundamente al servicio y quién más sino un buen mediador para mantener el sistema del clero. Si el Tenno resultaba vencedor sería más fácil, sin Masamune cerca y con Kokoru en peligro de morir, él bien podría ser el consejero máximo, la diestra del emperador y el único de su completa confianza. Y solamente debía esperar de brazos cruzados a que una u otra cosa sucediera. Una gran explosión hizo sacudir el suelo, seguramente algún ataque rango S. La vibración fue tal que Akabe se sujetó del barandal de metal que rodeaba la ventana. En seguida volteó a su espalda para mirar la gran estatua de Tomo-sama, quien, en su posición de ataque no hizo más que soltar un crujido.

    Que termine de una vez, de lo contrario no quedará nada para los sobrevivientes ―dijo para sí comenzando a temer por su vida― ¡Oh, poderoso Tomo-sama, trae la paz y la justicia a la gran Rakugakure! ―exclamó, dejando en ir en ello todo el aire de sus pulmones mientras sus manos se aferraban al metal. La sacudida violenta terminó al cabo de unos segundos y hasta entonces volvió a asomarse. Una enorme columna de humo se alzaba del centro médico y sus alrededores, el ejército queriendo atrapar a los traidores que se atrincheraban con sus enormes bestias. Varios grupos más enclaustrados en enfrentamientos callejeros, la torre del Tenno todavía intacta.



    No era normal que le pasara, pero sucedía. De sus ojos escurrieron un par de lágrimas a pesar de que su rostro mostraba más sorpresa que arrepentimiento. Era un sentimiento extraño o sensación, no sabía cómo interpretarlo. Fue incapaz de correr hacia Hitsugaya, por primera vez tuvo ganas de huir y desaparecer, alejarse de ese caos, volverse ajena, pero sus pies no se movieron a ningún lugar. El cuerpo de Bjorn colgaba, literalmente, de la masa de simbiontes negros que se alborotaba como un montón de tentáculos que a momentos se volvían afilados, delgados y luego gruesos de forma aleatoria, destruyendo lo que tenía a su paso. Ella misma tuvo que levantar a Sein para evitar que fuese asesinado, sacándolo del camino de los simbiontes con un salto rápido.

    Bjorn… ¡Blue! ―llamó la pelirroja. Con un brazo sostenía el cuerpo de Hei por el hombro y con la diestra lanzó el windmill shuriken con la intensión de rebanar al parásito. El metal rebotó al encontrarse con una superficie sólida, rompiéndose. Para bien o para mal, el combustible se acabó, pues de pronto los látigos negros se derritieron para volverse un líquido viscoso que terminó con el desplome del peliazul ¿Estaría muerto? Ikari no se movía, ni siquiera parecía que estuviese respirando. La desesperación invadió a Himekami. Se suponía que eso no pasara, nunca deseó matarlos, solo debía… debía… se acercó aún con Sein a cuestas, colocándolo a un lado para comprobar los signos vitales del ronin. El pulso era casi nulo. Pero estaba vivo. Si tan solo tuviese un alma cerca… volteó inmediatamente hacia Hitsugaya pero ya no le era útil y la única persona viva que tenía cerca era Sein. Lo miró fijamente. Debía tomar una decisión. Era obvio a quién prefería de los dos, luego se preguntó si funcionaría con su propia alma aunque eso sería arriesgarse a que simplemente no funcionara. Alargó la mano hacia Sein, acariciándole el rostro con la punta de los dedos, al final Kouhei le sería muy útil. En el recorrido, pasó por su pecho y cuando toda la audiencia pensó que le perforaría el corazón, bajó la mano hasta el cinturón del general para tomar una pistola. Desde la invasión de Luthadel habían sido muy útiles y todo alto mando del ejército poseía una y estaban entrenados para reconocerlas. Presionó el gatillo sin pensar. Disparó hacia el cielo y en seguida el proyectil dejó un rastro de humo de color rojizo, lo cual no solo delataba la posición del general sino el llamado de cualquier militar próximo. Sería un suicidio para Setsuna si no actuaba rápido. Creó una serie de clones de sombras que no dudó en ocultar y esparcir en los metros próximos, de tal forma que el primer soldado en acercarse fuese la víctima que necesitaba para devolverle la salud al ronin. Y así sucedió, en cuanto tuvo un muerto su alma fue ofrecida en restitución para sanar a Bjorn y aún si no lograba dejarlo entero con la llegada de la milicia seguro recibirían ayuda. Bastaba con obligar a Ikari a no cruzar la línea. Colocó las manos cubiertas en chakra sobre el cuerpo del clero, fungiendo de puente para que aquella alma se convirtiese en energía vital. Se escucharon los primeros gritos, habían dado con Setsuna Himekami, la principal traidora del régimen. En cuanto alguien se dio cuenta se corrió la noticia. Toppa hizo acto de presencia para refrenar la primera tanda del ejército ayudada por un par de clones.

    ¡Allí está! ―señaló uno de los comandantes, a sabiendas que se hallaba del otro lado del edificio en ruinas. Hizo un movimiento con la mano y cinco shinobis se desplazaron por delante para atacarla por la espalda con sus armas, pues arrojar un jutsu elemental comprometería la vida de Bjorn y Sein. Sin embargo, el clon de sombra no puso más resistencia, desapareciendo en una nube de humo en plena ejecución de un jutsu médico. La verdadera apenas y realizó la transferencia de alma y huyó ¿O estaría peleando con los clones?

    ¡Comandante! ¡Hemos encontrado a los dos generales! ¡Están heridos! ―esas palabras bastaron para que el susodicho hiciera un llamado a las fuerzas de emergencia, médicos no tan especializados pero que bien podrían hacer la diferencia entre vivir o morir.

    ¿Himekami?

    Era un clon ―dijo otro de ellos, confundido ¿Por qué la habían encontrado sanando al general Ikari? ¿Acaso no eran enemigos? ¿Por qué no había matado a Kouhei si claramente tenía la oportunidad?


    A unos metros de allí, la pelirroja se abría paso en el subterráneo. Ir por la superficie sería muerte segura. Una alcantarilla fue su pase de escape más viable mientras sus clones daban batalla, la cual todavía no estaba perdida en aquel punto en el que todo parecía jugarles en contra. Quedaba una carta bajo la manga que les aseguraría la victoria pero para poder usarla debía llegar a ella. Con pasos agotados avanzó en medio de la oscuridad. Tenía que encontrar a Yan lo antes posible.


    Nero.Nero. KrauseKrause (?)
     
  15. Nero.

    Nero. We was born sick, but I love it

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    La situación no le era ajena. Blue se había despertado en circunstancias similares más veces de las que le gustaba admitir. El olor a muerte le impregnaba la nariz mientras su mente poco a poco se reconectaba con su cuerpo. Había estado al borde de la muerte, otra vez. Lo sabía porque la sensación se había vuelto familiar, tan familiar que cada vez era menos aterradora. Cuando abrió los ojos fue obvio que se encontraba en el Placio Blanco, la cárcel de máxima seguridad ubicada debajo del templo de Tomo-sama. Afortunadamente, ésta no había sufrido daños estructurares luego del ataque terrorista al templo.

    Con el distrito militar vuelto un campo de guerra y el hospital tomado por los Samsara, las fuerzas militares de Rakugakure habían adoptado la cárcel como centro de operaciones temporal. Sobre todo tomando en cuenta que estaba lo suficientemente cerca de la Torre del Tenno como para continuar resguardándola. No quedaban dudas de que ese sería el objetivo principal de los Samsaras ahora que habían puesto en marcha su intento de golpe de Estado.

    Blue no se levantó, al menos no de inmediato. Se tomó unos segundos para adaptarse a su entorno. Con él fuera de combate, el liderazgo automático había pasado a su segunda al mando, Zan. La Gyazara ladraba órdenes a diestra y siniestra. Trataba de mantener la confusión a raya pero con tanta gente moviéndose en un espacio tan reducido aquello era una tarea que tarde o temprano acabaría por desgastarla.

    En la cama de la derecha dormía Sein. El líder de las fuerzas militares tenía daños visibles en su ya de por sí mal trecho costado. Blue se pregunto si se vería mejor que él frente a un espejo y llegó a la conclusión de que probablemente no dado que sentía el cuerpo hecho mierda.

    ― Descuida, se pondrá bien ―dijo Doku, el líder médico de los Gyazara, refiriéndose al estado de salud de Sein. Acudió a checar las máquinas que monitoreaban los signos vitales de Ikari en cuando le vio despertar―. Dijo que no podía morir, que aun tenía alguien que lo necesitaba.
    ― Déjalo seguir descansando y asegúrate que nadie lo moleste ―ordenó Blue deshaciéndose de las sábanas. Doku le ayudó a quitarse los electródos que se pegaban a su piel. Hasta entonces el ronnin fue consciente de los golpes y moretones que marcaban su piel. Las manos raspadas por haber intentado rascar el suelo para liberarse de la asfixia ¿Qué demonios había pasado con Hitsugaya? Blue sabía que los simbiontes lo habían salvado porque recordaba cómo habían tomado el control. Todavía tenía fresco el recuerdo de sus voces como provenientes de un túnel insondable y él, doblegando su voluntad a sus más primitivos instintos. Después la nada. Lo único que sabía es que había despertado con algunas vendas que se adivinaban al rededor de su abdomen y que sentía su interior dolorido. De todo aquello solo podía suponer dos cosas: Doku era excelente parchando heridas de guerra y Sein era quien lo había traído hasta ahí―. Ya ha hecho suficiente por nosotros.
    ― No creo que estuviera hablando de Raku ―comentó dubitativo el médico de tez morena―. Sousuke, eso es lo que repetía. ¿Lo conoces?
    ― ¿Sousuke?― repitió Ikari contrariado. El nombre le era totalmente desconocido.

    Un alboroto como una ola interrumpió en el centro de operaciones. Los alaridos y bramidos de un hombre resonaban por la sala por encima del barullo de la gente. También el ruido de forcejeo y cosas destruyéndose. Los soldados ordenaban y se arremolinaban en la puerta de entrada. Temiendo que se tratara de los Samsara entrado por la fuerza, el general tomó sukatana y su chaqueta que descansaban en una silla a lado de su camilla y se abrió paso entre sus subordinados para ver de primera mano de que se trataba.

    No se encontró con ningún aliado de Setsuna sino con una escena más inquietante que incluso le quitó el aliento por segundos. Se obligó a mantener la mirada sobre la anatomía de Ivar pese a las ganas de vomitar que se agolparon en su garganta. El rubio estaba sentado en el piso, encorvado. Los soldados intentaban ayudar a Ivar cargándolos por debajo de las axilas para llevarlo al área que se había acondicionado como enfermería pero los simbiontes estaban fuera de control y atacaban a todo el que encontraran, aunque se les notaba debilitados. Ivar había llegado ahí por sus propios medios, reportaron los centinelas.

    Pero lo que perturbó a Blue no eran solo las graves heridas en el cuerpo del muchacho ni el hecho de que una de sus piernas le colgaba apenas unida por un hilo de carne dejando al descubierto el hueso. Era lo que Ivar abrazaba contra su pecho lo que hizo que las manos de Bjorn comenzaran a temblar sin control, incluso obligándolo a dejar caer su katana al piso. Por un instante no fue dueño de u respiración que se desbocada. Sin darse cuenta estaba negando con la cabeza repetidamente.

    Ivar se aferraba a la cabeza cercenada de Bardock. Sus manos manchadas de sangre hasta el codo se entrelazaban con los cabellos largos y cenicientos del que una vez fue el corazón del clan Ikari. Ivar lloraba. Las lágrimas le resbalaban por un rostro cuyo rictus de furia esta vez no alcanzaba para ocultar el dolor que se le adivinaba.

    Blue se acercó despacio, como en piloto automático. Se agachó hasta que cara quedó a la altura de la de Ivar. Los ojos del muchacho estaban ausentes, de pronto parecía tan joven como era.

    ―Ayúdalo―susurró Ivar, su voz quebrada.

    Bardock tenía aun los ojos entreabiertos y sus gestos estaban relajados. Había muerto como había vivido: en paz. Pero para Blue solo podía significar el principio del fin.
     
  16. Autor
    Ultraviolence

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    Las enormes lámparas estaban reventadas y bañaban de vidrios del pasillo de la misma manera en que algunos trozos de concreto rodaban por el suelo. Fisuras alargadas y profundas surcaban los muros oscurecidos, un hostigador aroma a azufre plagaba la zona y hacía imposible respirar. De pronto, un haz de luz se asomó por el pasillo irrumpiendo en las más frías tinieblas. Se escuchó una voz femenina y luego dos varones más, parecían estar buscando a alguien. Era difícil abrirse paso en el complejo no solo por la falta de iluminación y ascensores, sino porque la estructura, en ese punto, amenazaba con colapsar. De pronto, el haz chocó contra una superficie reflejante, se trataba de una espada, de alguien sosteniendo una espada. La mujer hizo una seña para avanzar en silencio y al continuar con la silueta la identificó primeramente como un hombre. Había muchos muertos a lo largo del centro médico. Después se percató de que se trataba de un samurái y después… se tapó la mano con la boca para intentar contener el grito de horror al mirar el cuerpo cercenado. El charco de sangre se extendía un par de metros, al seguirlo, hallaron la mano que pronto identificaron como el líder de los médicos: Rangu Hamamira. Parecía estar consciente porque su dedo índice chapoteaba sobre el charco, formando letras o números, era imposible saberlo. Mantenía su cara contra el suelo, incluso, una vez estando más cerca, era perceptible que susurraba. A su lado se hallaba Emmet completamente tumbado.

    ¡Los encontramos! ―anunció la mujer enfocando a los miembros Samsara. El tercero, Kokuko lo identificó como parte de los Ikari al detallar mejor la forma del arma y su vestidura. Con incredulidad y cierto alivio miraron al cenizo, la mano derecha del general, muerto de forma atroz. Kokuko no dijo nada, se adelantó a revisar los signos vitales de Emmet quien afortunadamente seguía vivo y lo cargó sobre su hombro, no había otra forma para salir de allí más que caminando entre los escombros. Discretamente iluminó para buscar la cabeza e identificar al intruso, aunque en la mente de todos ya se escribía un nombre: Bardock Ikari. No la halló. Lo habían visto varias veces cerca de Bjorn. Los otros dos levantaron a Rangu, quien sostenía un gesto aterrador, quizás presa de un genjutsu, aunque lo asociaban más con un éxtasis psicótico dados los conocimientos médicos de los presentes. Varios huesos rotos le impedían permanecer de pie, como si hubiese sido molido por una prensa.

    Hay que subirlos para que los atiendan, no tenemos tiem-―no pudo terminar la frase ya que algo cayó sobre su cabeza. Con la mano libre revisó su testa, encontrándose con una especie de gusano ensangrentado que no dudó en arrojar al suelo. Al enfocar la luz al techo hallaron una mancha enorme de sangre, como si algo hubiese reventado y dejado en esa superficie algo que identificaron como los simbiontes.

    Esto es horrible, salgamos de aquí―un nuevo temblor se dejó sentir, haciendo rodar piedritas y polvo del concreto―, debemos sanarlos para que ayuden a ayuden a Hiei, está agotado.

    Ellos no podrán seguir combatiendo.

    Hitsugaya no responde, tampoco Setsuna. Yan no ha recibido ninguna señal aun ¿Vamos a perder? ¿Moriremos aquí? ―y conforme hablaba su pánico crecía.

    ¡Cállate Marie! No moriremos ―endureció el rostro, ciertamente estaban en una situación crítica, quién sabe cuánto tiempo pudiesen seguir atrincherados en el hospital mientras las fuerzas se desplegaban por toda la aldea para retener en varios puntos al ejército ¿Acaso no era momento de usar la bomba ya? Aparato que solo destruiría a los usuarios de chakra que no hubiesen consumido la píldora ―. Seguramente solo han perdido sus radios. Setsuna no puede morir. Vámonos ya antes de que esto se derrumbe―dijo, antes de continuar y echar un último vistazo para constatar que sus ojos no lo engañaban con la ausencia de la cabeza de Bardock. O la habían destruido o alguien escapó de la batalla, claro ¿Cómo saldría alguien de allí sin ser notado y a tal profundidad? Pues de la misma forma en la que entraron. Devolvió la vista al frente y siguió con sus compañeros. Rangu seguía ausente, con los lentes destrozados y su bata desgarrada, sin guantes. Con esa apariencia pasaría más como un loco vagabundo que como el máximo líder de la división médica. Los daños de aquella guerra comenzaban a ser irreversibles.



    Jadeó, no solamente por el cansancio, sino por el escaso aire en el alcantarillado. Había tenido que dar unas cuantas vueltas a causa de los bloqueos ocasionados por derrumbes. Sí, lo más inteligente hubiese sido invocar una serpiente que la trasladara pero cada pizca de chakra había que reservarla para lo que sería la batalla final. Ya no faltaba mucho para ello. Una seña de pintura en aerosol le indicó que iba por el camino correcto, las habían dejado allí hacía tiempo, palabras aleatorias que dentro del código cobraban sentido. Se preguntaba qué tal la estarían pasando Rangu y los demás y si todavía había motivos para continuar con el golpe de estado. Movió la cabeza, claro que existían, estaban allí e iban más allá de los Samsara. Incluso si el último de ellos estaba caído, ella debía continuar por el bien de Rakugakure. Al cabo de unos minutos llegó a un muro, una línea horizontal trazada con descuido era la señal. Sí, podía existir un montón de ellas amén de los vándalos que de vez en cuanto se filtraban para hacer sus fechorías, pero esa línea en específico concluía con la imagen mental que completaba el patrón. Palpó los ladrillos enmohecidos hasta encontrar el indicado e introducir el dedo en la hendidura, una compuerta se abrió.

    Creí que nunca vendrías ―anunció Yan con ánimo, delante de él había un montón de monitores que correspondían a varias zona de la aldea. Observaba por medio de pequeñas máquinas voladoras y gracias a ello informaba de todo lo que ocurría fuera del centro médico a quienes se atrincheraban allí. También era una forma de adelantarse a los movimientos de las tropas del ejército al vigilarlas desde el aire y anunciar a los aliados instrucciones para contrarrestarlos. Setsuna pensó inmediatamente que Yan le recriminaría la muerte de Hitsugaya pero en su semblante no adivinó nada más ¿Acaso no lo había visto? O quizás sí, pero no a su ejecutor. El silencio de la mujer le hizo saber que no estaba para bromas, claro, atravesaban duras dificultades pero al menos él confiaba en la bomba. Bastaba con presionar un botón para dejarlos a todos muertos. Había tenido que parar su ansiedad para no hacerlo, lo tenía cerca, sí, a la mano. Con eso se acabarían sus problemas― ¿Presiono el botón?

    No―zanjó prontamente. Eso descolocó un poco al azabache. Sabía perfectamente que Setsuna deseaba dejar la bomba para el final, como un último recurso puesto que sería un gran problema causar un exterminio. Pero llegado a ese punto quizás ya no tenían opción, era la bomba o morir ―¿Hiciste las antenas?

    Por supuesto. La ubicación es estratégica para cada rebote. Tiene un radio de cuarenta kilómetros ¿Quieres que las despliegue? Tardará unos cinco minutos en activarse desde su inicio. Aunque claro… no se le han hecho pruebas al sistema EPC y las inyecciones son solo prototipos. Debería funcionar en teoría, aunque el porcentaje podría tener variaciones a lo calculado.

    ¿Estás seguro que a todos los shinobis se les aplicó la inyección?― recordó la lista de Nanase.

    Uno más, uno menos. Es por el bien común―se encogió de hombros y comenzó a teclear para romper las barreras de seguridad del programa. Himekami sopesaba una y otra vez, se suponía que el experimento debía funcionar gracias a la ingeniería inversa realizada en la bomba, pero nada se los aseguraba. No lo probaron, pues de hacerlo tendrían que detonar. Se había asegurado que toda la población, principalmente la shinobi, recibiera una inyección cuyo componente primordial sería un super encapsulador de magnesio y potasio V que al reactivarse con el electromagnetismo de las antenas provocaría un desfallecimiento general en sus víctimas. Un desmallo de aproximadamente un minuto y después, la falta de habilidad para moldear el chakra por unas horas. Básicamente, y acorde al funcionamiento original de la bomba, ésta tendría un efecto minimizado que no mataría, en su detonación, a todo aquel capaz de usar chakra, pues estarían no solo inconscientes y por lo tanto incapaces de realizar alguna técnica, sino que una vez bloqueado su sistema nervioso y encapsulando el material genético, inducir un estado mortuorio. Esto cesaría el combate en todas las áreas y al despertar, se hallarían con la sorpresa de no poder hacer jutsus―. De cualquier forma ya han muerto varios.

    Comprenderás que esto es una prueba ―Setsuna se acercó a Yan, lo suficiente para poner la cabeza a unos centímetros de su hombro y verle acceder al programa automático que, una vez desplegadas las antenas y posicionadas, comenzarían la cuenta regresiva para la ejecución de la bomba. Esto incluiría, pasados cinco minutos después de la iniciación, la emisión de las ondas que provocarían la gran caída, luego la detonación automática treinta segundos después. En ese tiempo, incluso ellos estarían inconscientes y el sistema apagaría las antenas cuarenta segundos después y todos despertarían. Si es que todo salía bien. Si realmente funcionaba. Cabía la posibilidad que la sustancia creada en el laboratorio no hiciera su trabajo completo o no afectara a los individuos en la medida original, eso les llevaría a la muerte al momento de la detonación. Solo los civiles sobrevivirían al no poseer chakra. Un pago justo para los ninjas que, asesinos, cobraban las vidas de muchos inocentes. En pos de la justicia o no―. Podríamos no volver a levantarnos. Por eso no quería llegar a esto. Prefería hacerlo por la fuerza y que solo murieran unos cuantos, que no han sido pocos.

    Probé el sistema EPC en un software. Existe el 80% de que funcione―se encogió de hombros―, pero Setsuna, la vida es una probabilidad. Somos parte del azar.

    No creo que en la azar.

    Entonces ―el azabache sonrió al timbre de que el sistema estaba completamente desbloqueado, bastaría con presionar un botón para que comenzara con la ejecución irreversible. Ojalá ningún estúpido destrozara las antenas, pues a falta de ellas, algunos morirían. Igual, eran pequeñas máquinas voladoras que a mil metros se desplegarían para su función original―, ¿Prefieres arriesgar la vida todo Rakugakure antes que rendirte? Y luego dices que no eres mala, que no eres como nosotros.

    Solo a los ninjas, y si el sistema no funciona, nosotros mismos moriremos.

    Teníamos píldoras ¿Recuerdas? Si el EPC no funciona nuestras posibilidades de morir son menores. A diferencia de los pobres desgraciados que terminarán con sus conductos de chakra fritos… y muertos― con las palabras de Yan en el aire, Himekami no pudo evitar pensar en Sein y Bjorn, su negativa a consumir las píldoras de respaldo. Su ritmo cardiaco se disparó, estaba a punto de realizar una acción irreversible, que podía dejar a Rakugakure sumida en el caos y la miseria, pero aún que la guerra que estaban llevando a cabo. Adelantó la mano un tanto dubitativa, y es que si no se deshacía del Tenno ahora ¿Cuándo? Ya habían llegado lejos. No se trataba solamente de matarlo y ya, sino de derrocar todo su sistema político y para ello había que derrumbar lo construido. Por eso había usado a los Samsara, aun cuando ellos creían que la estaban usando a ella. Presionó el botón de inicio y acto seguido colocó la palma de su mano sobre un sistema de sensores que dieron por correcto el comienzo de la cuenta regresiva. En la pantalla apareció el contador―. Tienes cinco minutos para llegar a la torre del Tenno, antes de la gran caída. Ya sabes qué hacer.

    Espero verte después ―en ese momento, Yan le lanzó una especie de cronómetro antes de salir.

    Con esto despertarás unos segundos antes. Está programado.

    Las máquinas voladoras (una especie de drones, pues) emergieron del extremo sur de la aldea, cerca de la costa para comenzar con su ascenso y posicionar en el sitio adecuado. Lo primero que hicieron fue ascender mil metros en vertical y luego desplazarse, portando las antenas que crearían la red que les salvaría la vida. De pronto, en el centro de la aldea emergió una serpiente roja de proporciones descomunales que identificaron como la invocación de Setsuna, seguido de un zorro dorado. Su plan consistía en llamar la atención con sus clones para que ninguna de las antenas fuese destruida y pasaran desapercibidas entre las nubes de tormenta. La original iba en dirección a la torre principal, la cual obviamente estaría custodiada. Había gente allí que no se movería bajo ninguna circunstancia, pero no hacía falta, cuando se activara la onda electromagnética cada uno de ellos quedaría fuera de combate, incluyéndola. Eso sí, debía aproximarse lo más posible y aprovechar el rango de los treinta segundos en los que la mayoría habría caído.



    Todo bajo control, señor. El incendio en la planta ha sido controlado y la bomba se encuentra a salvo ―dijo uno de los Gyazara a Kokoru, el ingeniero.

    Hnm ―asintió, miraba a lo lejos los combates que se desarrollaban a lo largo de la aldea, incluso el del centro médico había disminuido, los Samsara estaban prontos a ceder. Había sido un suicidio levantarse contra el Tenno, sabiendo de antemano la existencia del clero militar y la milicia en sí ¿Qué podría haberles llevado a tomar semejante decisión? ¿Cómo fue que creyeron tener posibilidad? Setsuna siempre había sido una persona prudente, la consideraba incapaz de cometer semejante error. Eso le provocaría el exilio a ella y toda su gente, si es que el Tenno no les hacía ejecución pública. Ayudarse de los pueblos aledaños que estaban sometidos al imperio no sería nunca suficiente contra las fuerzas del estado, no se trataba solo de números que bien hubiesen podido estar igualados, sino de la calidad de sus integrantes. Suspiró. Luego se dio la vuelta, tenía que elaborar el reporte para mandarlo al líder, aquel conflicto parecía estar llegando a su fatídico final. Nunca tuvo razón de ser. Masamune no tenía por qué morir.

    ¡Señooooooooooooooooor Kokoruuuuuuuuuuuu! ―corrió uno de los soldados hacia al ingeniero, su cara era de pánico, lo jaló de las ropas para atraer su inmediata atención sin siquiera reparar en los rangos ni puestos. Lo hizo avanzar a trompicones hasta la situación y entonces solo así el ingeniero pudo entenderlo, compartiendo su rictus de horror. Las luces de la bomba estaban encendidas y parpadeaban apuradamente, Kokuro comprendía perfectamente esa reacción. La bomba estaba activada, pero ¿Cómo?

    ¿Quién apretó el botón? ―inquirió con horror, sudando. No había forma de desarmarla allí sin sus herramientas, destruirla solo apuraría la detonación.

    Nadie, señor, se prendió sola.

    ¡No pued…―palideció ¿Sería acaso que los Samsara hubiesen encontrado la forma de encenderla a control remoto? Cabía la posibilidad dado el tiempo que tuvieron escondida la bomba. ¿Cómo? ¿Quién? Ahora entendía el motivo por el cual comenzaron esa guerra absurda, siempre tuvieron la de ganar.

    Las alarmas de evacuación volvieron a sonar.​
     
  17. Nero.

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    Un silencio compuesto por dos capas se había instalado en el improvisado cuartel de las fuerzas de Rakugakure. A un nivel superficial, se trataba de la ausencia de ruidos que superaran los decibeles provocados por las respiraciones, los murmullos y los sollozos de los cerca de 50 personas, entre shinobi y Gyazara, que se encontraban en el lugar, comparado con el alboroto de hacía tan solo unos segundos, el contraste era inquietante. El segundo nivel correspondía a la perdida de energía repentina, como si desafiando las leyes que rigen el universo hubiera desaparecido de los cuerpos de los presentes. La animosidad y el nerviosismo, la ira y el deduneo. Cualquiera que hubiera sido la emoción que motivara a aquellos hombre y mujeres a trabajar sin descanso, habían quedado reducidas a un sentimiento de pérdida generalizado. Este silencio más profundo correspondía al mutismo de la voluntad. Incluso quienes no conocían personalmente a Bardock se sentían cuanto menos desolados. ¿Qué se podía decir de las fuerzas que defendían a Raku cuando hasta uno de los más famosos shinobi había sido asesinado brutalmente? ¿Cómo no sentir impotencia y miedo contra un enemigo que los tomó con la guardia baja y terminó siendo más poderoso de lo que cualquiera hubiera previsto? ¿A caso podrían ganar? El cadaver de Bardock representaba la muerte también de la esperanza.

    Nadie pudo acercarse a Ivar, nadie puedo ayudarlo a levantarse o consolarlo, sus simbiontes reaccionaban de forma agresiva a cualquiera que traspasara el perímetro de un metro al rededor de él. Nadie excepto Blue. El líder de los Ikari pasó los hombros por debajo del brazo de Ivar y lo condujo hasta una de las camillas que habían despejado para él. La marcha de Bjorn fue lenta y trabajosa, no solo porque Ivar era incapaz de poner de su parte para andar sino también porque sentía sus propias rodillas temblar y necesitaba poner todo de sí para no desplomarse. Ivar continuaba aferrado a la cabeza de Bardock, misma que aun goteaba sangre del cuello, dejando un camino carmesí hasta que Blue fue capaz de dejarlo sentado sobre la camilla. Un coro se formó a su alrededor.

    Okumura tenía la mirada perdida. Sus pupilas temblaban con el recuerdo fresco de lo que había pasado en el centro médico. La cara hundida en los cabellos de Bardock. La impotencia se mezclaba con el peor dolor que había sentido jamás, tan hondo que ni la violencia podía reprimirlo. Algo se había roto dentro de él, algo que ningún ninjutsu podría reparar y, comprendió por primera vez, que tampoco lo haría la venganza.

    Blue había experimentado la pérdida en repetidas ocasiones. La de su esposa, la de su familia, sus creencias, la de la confianza que había depositado en Setsuna y hasta de sí mismo. Lo había perdido todo y había tenido que reconstruirse una y otra vez. A día de hoy, sentía que la pérdida marcaba su destino a donde quiera que fuera y que, en cierta medida, había arrastrado a Ivar y a Bardock con él. Él no levantó la espada que acabó con la vida de su amigo y tampoco obligó a Bardock a pelear esa guerra, eso era tan cierto como que pudo haber tomado mejores decisiones y quizás, escuchar los consejos del albino. Pero mirar hacia atrás no resolvería la situación, al menos eso había aprendido luego de tanto dolor. Llorar a Bardock era un lujo que no se podían dar en medio de la guerra.

    Blue se acuclilló junto a la camilla. Pasó su mano izquierda por de nuca de Ivar y la derecha, por la de Bardock. Acercó el rostro hasta que sus tres frentes se tocaron. Ivar parpadeó como despertando del trance.

    ―Esto no se ha acabado. No hemos terminado aun ―susurró para que solo ellos tres fueran capaces de escuchar. Permanecieron un rato así. Luego Ikari mayor tomó aire, se enjugó la cara con el brazo y se incorporó, con el semblante recompuesto―. Doku, atiéndelo. Quiero informes de la situación de cada distrito y hombres que refuercen cada flanco de la Torre del Tenno. Prevaleceremos. Pase lo que pase ¡Tengamos la razón o estemos equivocados!



    Cerca de tres horas pasaron. Los Gyazara habían retirado los restos de Bardock hacia un lugar seguro, un entierro de honor tendría lugar cuando todo terminase, para él y para todos los que habían dado sus vidas por el Imperio del Trueno. Según los informes, el Centro Médico había cedido tras la explosión que Ivar y Bardock crearon. La milicia de Raku había recuperado el control del lugar al cabo de una hora, arrestando a los Samsara y los rebeldes que quedaban vivos, y asesinando a los que se resistían. Lo que importaba ahora era la Torre del Tenno. Si el rey era capturado, la partida terminaría. Los mejores y más enteros hombres y mujeres fueron dispuestos por todo el edificio y sus alrededor. Gracias a la posición elevada donde se encontraba la torre era fácil dominar con la vista la totalidad de la destrozada Raku y preveer ataques. Por si fuera poco, también se apostaron escuadrones en la cara contraria del volcán a fin de evitar ataques sorpresa por la espalda y se sellaron los túneles que pasan por debajo de la edificación. Por dentro, cada cuarto y pasillo del recinto se mantenía vigilado. La Torre contaba con su propio suministro eléctrico por lo que el apagón no la había afectado.

    En cuanto a los heridos, se habilitaron las celdas para funcionar como quirófanos improvisados. Se deba prioridad a los médicos y a las víctimas más graves, los primeros para que pudieran sumarse a la ayuda. Lo que comenzó como una idea apresurada terminó como una base de operaciones completamente funcional. El pequeño contingente de la Aldea Neutral, como se le comenzó a conocer en Modan al asentamiento liderado por Ryunosuke, esperaba a tres kilómetros de Rakugakure a los refugiados para darles escolta hasta las tierras de Jiyuugakure.

    De los cabecillas de los Samsara sólo se sabía el estatus de Hitsugaya: muerto en acción. Habían encontrado su cuerpo cerca de donde habían hallado a Bjorn y a Sein. Una herida mortal le atravesaba el cuerpo de lado a lado. Emmet y Rangu estaban muy malheridos, según dijo Ivar. De Setsuna y los otros miembros del SS no se sabía nada.


    Tendido en el suelo y cubierto de pecho hacia abajo con una sábana se encontraba el cuerpo de Hitsugaya. Lo habían depositado en uno de los cuartos traseros lejos de cualquiera de los otros cuerpos o enfermos por si se trataba de alguna trampa. Zan había ordenado traerlo pues no solo era uno de los más grandes enemigos del Estado sino que también representaba un valioso recurso para la aldea por su sharingan.

    ― No estoy seguro de haberlo hecho. Mi memoria es confusa ―confesó el general Ikari.
    ― Quien lo haya hecho ha prestado un gran servicio a la aldea ―respondió Zan encogiéndose de hombros y terminando de inspeccionar el reporte de los médicos luego de hacerle un chequeo preliminar al cuerpo―. Y quien haya sido, por suerte no dudó. Este cabrón era realmente peligroso. Los niveles de chakra que irradiaba el cuerpo incluso después de muerto son impresionantes. Pero había algo extraño, pese a que sus niveles de chakra eran estables, un escaneo rápido demostró que sus canales estaban constreñidos.
    ― ¿Algún efecto del jutsu que usaron para matarlo?
    ― Quizás. No estaremos seguros hasta que se puedan hacer pruebas de rigor.
    ― ¿Llevaba algo consigo?
    ― No mucho. Sus armas, unos cigarrillos y un medicamento sin identificar.
    ― ¿Mediacamento?
    ― Estas pastillas. Según los médicos no corresponde a ningún medicamento que se surta en el centro médico.

    Blue tomó el frasco de manos de Zan. Lo examinó colocándolo a la altura de sus ojos. Tres pastillas rosas bailaban en el fondo de un frasco semitransparente cuando lo agitó. No cabía duda, eran las mismas que Setsuna les había ofrecido a él y a Sein en Sion. ¿Setsuna había dicho la verdad? ¿O sólo se trataba de pastillas mortíferas por si era capturado?

    De pronto Doku se asomó por la puerta avisando agitado que Sein se había despertado. Cuando Blue llegó hasta la camilla, el cobrizo estaba de pie discutiendo con los médicos, tratando de juntar sus cosas.

    ―Eh, tranquilo, Sein ―el samurái puso las manos sobre los hombros de su compañero en un intento por retenerlo. Sein seguía visiblemente magullado a pesar de los cuidados médicos, sus movimientos aun eran vacilantes. No estaba recuperado y no lo estaría por lo menos esa noche―. Fue suficiente para ti hoy.
    ― No puedo quedarme descansando ―Hunter le apartó las manos y recogió su portashuriken que descansaba en una silla junto a su cama.
    ― Apenas puedes estar de pie ―Sein le ignoró a propósito mientras seguía colocándose los zapatos. Como estaban las cosas no podían permitirse ser testarudos e idiotas, ¿por qué Sein no era capaz de entenderlo?―. Déjalo. No me sirves si no puedes pelear.
    ― Tengo que ir a otro lado. Volveré en cuanto pueda, lo siento ―se limitó a responder. Bjorn quedó desconcertado.
    ― ¿A dónde irás?
    ― Tengo asuntos pendientes. Lo siento ―repitió ajustándose la bandana y caminando hacia la salida sin mirar a los ojos a Ikari. Quizás pareciera que lo abandonaba ahora que el barco se hundía, que corría a salvar su pellejo y traicionaba a la aldea. Pero no, él ya no era esa clase de hombre. Ahora tenía algo por qué vivir y necesitaba estar seguro de que se encontraban a salvo antes de volver a correr riesgos.
    ― Sousuke ―susurró Blue a sus espaldas, recordando el nombre que Sein balbuceaba en sueños. El cobrizo no pudo evitar frenarse en seco―. Es eso, ¿no? Irás a buscarlo. Puedo ayudarte pero tienes que contarme quién es.

    Sein permaneció de pie como si le hubieran clavado los pies al suelo. Su puño se cerró con fuerza. Claramente se debatía entre seguir andando o hablar, en su fuero interno se libraba una lucha, Blue lo notó en seguida. Con todo, las piernas de Sein hicieron amago por seguir caminando. A pesar de estar herido y agotado, Sein se movía. Sólo existe esa clase de devoción por quienes más amamos. Bjorn le detuvo poniéndole una mano en el hombro.

    ― Ya no estás solo, Sein. A quién quieras proteger, yo lo haré también, con mi vida. Somos los últ...
    ― Mi hijo ―pronunció Hunter con voz pastosa. Luego se giró y por fin miró a Blue a la cara―. Sousuke es mi hijo. Está con su madre pero perdí contacto con ellos.
    ― Mandaré a Zan contigo personalmente. Ella te ayudará a buscarlos. Después, vete con ellos donde Ryusuke. Les dará asilo, comida y protección.
    ― Regresaré cuando sepa que están bien ―prometió el general notoriamente agradecido pero demasiado orgulloso para decirlo expresamente.
    ― No ―le cortó severamente el ronnin―. No vuelvas. Llévalos a Jiyuugakure. Sácalos de esta mierda.
    ― No voy a abandonarlos. Ni a ti ni a la aldea ni al tenno.
    ― Deja de ser idiota ―Bjorn se sujetó la cabeza por ambos lados para centrarlo―. Quizás nosotros tengamos algo porqué morir pero tú tienes algo mucho más valioso: alguien por quién vivir.

    Sein se mordió la lengua. Su sentido del deber le decía que su camino era comandar la saga de Rakugakure hasta los últimos momentos del conflicto. Pero su lado humano temía más por las vidas de su mujer y de su hijo que por la salvación de Raku.

    ― No lo olvidaré. Regresaré cuando las cosas se hayan calmado.
    ― Vete ya.

    Fue poco después de la partida de Sein cuando las alarmas volvieron a encenderse. La general Samsara había reaparecido en el mapa y esta vez con toda intención de llamar la atención. Unas invocaciones suyas se alzaron por encima de los edificios, enfrentando a las tropas de Raku que intentaban recuperar el control de la ciudad. Por si fuera poco, la bomba se había reactivado. Se preparaban para lo peor, incluso si tenían que tapar la entrada con sus cadáveres, lo harían.

    La imponente Torre del Tenno. El último pilar de lo que un día fue el inconmensurable imperio del Tenno Rick-sama. Se alzaba como si se tratara de un faro de cordura en medio del mar de destrucción y sangre. Shinobis habían muerto y matado para en su nombre y sin embargo ella se mantenía imperturbable, indiferente al sufrimiento del pueblo. Bjorn, acompañado de su escuadrón de élite Gyazara, se encontraban a las puertas de la Torre. El viento llevaba hasta ellos los ruidos de la lcuha en el centro de la ciudad como si de quedos murmullos se trataban. Por lo demás, una inquietante calma cubría el perímetro.

    Entonces la sintió. Blue fue capaz de sentir su presencia incluso cuando intentara ocultarla. Sabía que estaba ahí. Había convivido demasiado con ella para no notarla en el aire. Había llegado pero no quería revelar su posición. ¿Esperaba refuerzos?

    ― ¿Así quieres terminar esto, Setsuna? ―preguntó a viva voz. En una mano sujetaba el pomo de su katana y en la otra, la de la katana de Bardock que Ivar había logrado rescatar junto con la cabeza de su querido amigo y su más leal soldado. Por supuesto, nadie le respondió. Solo el viento que arrastraba una llovizna ligera, apenas perceptible―. Hitsugaya está muerto. Bardock está muerto. ¡Sal y dime a la cara si todo esto ha valido la pena para ti! No queda de Raku ni la sombra ¿A cuántos más tendremos que sacrificar? No te importa quemarlo todo mientras puedas proclamarte reina de las cenizas. Entonces ven, acabemos con esto justo como empezó: solos tú y yo. Prefiero engrosar el número de bajas que seguir con esta guerra de mierda tuya y de los Samsara.



    _____


    Posdata: Bjorn tiene las pastillas de Hitsugaya y se las tomó. Por si quieres usar ese recurso.
     
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    Por supuesto que había escuchado las palabras de Bjorn, estaba lo suficientemente cerca tal como él podía calcular. Imposible decir que aquella frase no había calado en lo profundo de su ser, trayendo a memoria el instante en el que comenzaron a hacerse cercanos, en un pueblo perdido y olvidado. Allí mismo comenzó la historia de Tomo-sama también, de la forma más absurda hasta convertirse en una deidad. Evolucionó a la par de ellos. Ciertamente, al inicio eran solamente ellos dos haciendo misiones de la forma más errática para ganar dinero, sin saber que desde ese instante sus vidas quedarían unidas. Llegaron a Rakugakure gracias al pergamino de su amigo… le dolió la cabeza de solo recordarlo, porque sí, lo recordaba todo. Taichi les había embarcado, sin saberlo, en la aventura más grande de sus vidas, la que les daría un rumbo y un propósito. La carrera para llegar a la tierra sagrada, a las ruinas antiguas de una civilización perdida. A causa de ese pergamino Maverick casi los mató, pero por alguna razón les tuvo misericordia, dejándolos bajo un jutsu controlador para volverlos sus secuaces ¿Sería la voluntad que vio en ellos lo que le motivó a dejarlos con vida? ¿O sería que él mismo hallaba su propósito en ellos? Tal vez se miraba reflejado en el ímpetu de tres shinobis perdidos, cada uno a su manera, queriendo encontrarse. Para bien o para mal, erigieron un imperio a su lado, aprendiendo, sorbiendo de la ambición de ese hombre que, entre líneas, intentaba matarlos pero que nunca se atrevió. Al final les necesitaba ¿verdad? Los formó demasiado bien, como un padre estricto que enseña a sus hijos con vara de hierro. Sin embargo, existía un punto de quiebre que iba más allá de la simbiosis que habían creado: Rick era un dirigente obtuso, tanto como los propios Samsara: convergían en la dominación, la opresión y el deseo de extender su poder para doblegar a los débiles. Primero Kaminari entero, después Modan. Esto era descabellado, en cuanto las naciones descubrieran su plan estallaría una guerra de mayores proporciones que, literalmente, terminaría con todo. Borrarían a Rakugakure del mapa, incluyéndolos y entonces, aquello por lo que habían luchado, se derrumbaría sin más. Eso que estaba haciendo era un mal menor, un pequeño pago por la libertad que les esperaba. Y era imposible que el resto lo dedujera, pues era ella quien pasaba más tiempo con el emperador, fungiendo como su representante e incluso como su aprendiz más cercano. Escuchaba sus reflexiones en tiempos libres, leía sus notas, hacían proyectos y planes. Sabía mejor que nadie la forma de pensar de ese hombre.

    Con todo, era digno de admirar el potencial del Tenno, a punta de violencia y rigidez logró erigir el imperio del trueno donde no había más que ruinas. A ella misma le causaba algo de conflicto. No podía negar que le veía como una figura de respeto e incluso de formación, muchas de las cosas que conocía se las debía a él. También llegó a vislumbrar una facción más humana de Maverick, cuando viajó al País del Té para saldar unas cuentas en su nombre. Al final, era una persona más atormentada por sus demonios, pero lo suficientemente fuerte para mantenerse de pie. Estaba segura de, si él estuviese en su lugar, haría lo mismo. Se opondría y lucharía con todas sus fuerzas y hasta las últimas consecuencias. Morir en el intento era más soportable que jamás haber hecho nada. Sentía que lo honraba en cierta forma. Así fue como hizo converger los planes de los Samsara con el golpe de estado necesario para derrocarlo. Pues no, no le satisfacía todo el dolor y sufrimiento que estaba provocando, pero debía cargarlo en sus hombros para seguir. Eso Blue no lo entendería porque su memoria estaba perdida, ni siquiera recordaba su vida como Bjorn, mucho menos el asunto de Taichi o Maverick. En su caso, no era necesario ningún jutsu de control puesto que lo único que conocía era la lealtad al Tenno. El estado físico de Sein convenía a las intenciones del líder, el cuerpo debilitado del general de la milicia era mucho más fácil de someter desde el viaje al infierno. Y a ella, la había educado para convencerle que estaban haciendo lo correcto, no dándose cuenta que su control había quedado atrás hacía mucho ¿Cómo explicarle eso a Blue? ¿Cómo decirle que el Tenno era el verdadero traidor?

    Escuchar lo de la muerte de Hitsugaya no hizo más que agudizar su jaqueca. Bastaba escuchar el tono tajante y desesperado de Ikari para darse cuenta de la afectación que había provocado la muerte de Bardock. Era su mejor amigo. Una pérdida tras otra, pues incluso ella llegaba a considerarse como una. Apretó sus puños para darse fuerza, no era momento para rendirse. No cuando estaba a un paso de su objetivo. Suspiró y dio un salto, corrió unos cuantos metros y emergió como una sombra roja a los ojos de la armada y los Gyazara. Finalmente, desde que el conflicto comenzó, Setsuna se mostraba. Los del grupo clero militar inmediatamente apuntaron hacia la mujer, dispuestos a atender a la señal de su general para disparar. Bjorn no hizo ni un movimiento para detener el amago. Una sola palabra bastaría, estaba sola. Era casi un suicidio. El ronin se arrepintió internamente por lo dicho ¿Es que de verdad quería matarla? Es más, ni siquiera lo haría él, sino el cúmulo de shinobis que, al ver un movimiento amenazante, no esperarían su indicación para atacar.

    Tú y yo, como al inicio―enunció la pelirroja. Ikari sintió una mezcla de dolor, rabia y tristeza al verle, casi sentía que no la conocía aunque la silueta siguiese siendo la misma. No comprendía porque había hecho eso ¿Acaso los Samsara le habían lavado el secreto? ¿O es que esa siempre fue su verdadera identidad y el resto era fingido? Más de una vez intentó no responsabilizarla de lo sucedido, pero ahora no encontraba justificación―. Estoy aquí.

    General ¡A su señal! ―indicó uno de los Gyazara. Ninguno de ellos bajaba su arma, parecidas a las que blandían los samuráis, canalizadores de chakra. Por la mente del ronin danzaban escenas de su supuesta relación, no sabía si como un modo de auto infringirse dolor y alcanzar el nirvana del odio o para detenerse a sí mismo. Inmediatamente la escena de Ivar hizo acto de presencia, la cabeza Bardock siendo sujetada trayendo consigo el ardor de una guerra injusta. No supo cómo pero sus pies se despegaron del suelo, propulsados por una fuerza ajena, saliendo disparado hacia la mujer. Sentía que sus espadas estaban sedientas de sangre, de venganza, aunque no quisiera aceptarlo. Como si dispersando esa figura traería de vuelta a su amigo y a la persona que amaba. Su cuerpo se inclinó por inercia en la clásica figura de un samurái, dejando solo polvo tras de sí. Las heridas físicas dejaron de doler por un momento y ambos filos se cruzaron para rebanar de una a su oponente, sin medir las consecuencias. Entonces ambas espadas fueron intervenidas por el chakram, impidiéndole a Bjorn moverlas a último momento por la imantación del objeto, quedando frente a frente a pesar de que Esdesu terminó retrocediendo por la fuerza de empuje, al grado de casi caer de espaldas. No pudo reconocer en sus ojos a Blue, tampoco a ella misma en el reflejo. Solo una mezcla de sufrimiento bilateral. Apretó los músculos de las piernas y el abdomen y echó el cuerpo hacia adelante para deshacerse del acoso, el jounin no esperó para volver a lanzar una estocada que no pudo culminar. Su cuerpo se detuvo, presa de un entumecimiento general que derivó en un vértigo poderoso. Soltó las armas. Intentó sujetarse de algo, extendiendo la mano hacia ella. Vio todo como en cámara lenta con el sonido de su propio corazón en los oídos. La respiración se volvió pesada y el mundo entero inclinarse. Ni siquiera sintió el dolor normal de una caída, todo su ser estaba insensible.

    ¡ATAQUEN! ―escuchó decir a alguno de las tropas, en un eco lejano que reverberó decenas de veces dentro de su mente hasta que todo se volvió silencio y oscuridad ¿Había muerto? No. Era una sensación distinta a cuando rozaba las cortinas del otro mundo, un aura de pesadez y aturdimiento que se dejaba caer sobre cada centímetro de su organismo. Lo que no supo es que por montones el resto de soldados y Gyazara también comenzó a derrumbarse, incluso Setsuna, quien creía que soportaría el efecto de las antenas lo suficiente para avanzar en esas condiciones por unos segundos, pero no fue así. Temió que los cálculos hubiesen fallado y al final nadie despertara. A gatas sobre el concreto, alargó la mano para alcanzar el rostro de Blue y rozarlo con esfuerzo con la punta de sus dedos antes de caer postrada con el resto. Siempre pensó que sería romántico morir juntos, pero no así. No así.

    El silencio inundó toda la aldea, puesto que los civiles habían sido los primeros en evacuar. Uno a uno los shinobis fueron cayendo hasta que el terreno destrozado pareció quedar solitario. No hubo más explosiones ni invocaciones, tampoco armas ni señales de radio. La guerra cesó abruptamente.


    Los segundos comenzaron a ser eternos. Pasaron más allá de los cuarenta establecidos, Setsuna se daría cuenta por el cronómetro que Yan le había preparado. En total pasaron cincuenta y cinco, eso significaba que llevaba quince vibrando para despertarla del aturdimiento. Abrir los ojos fue pesado y su cuerpo tardó en volver a acostumbrarse al movimiento. Constató que Bjorn seguía allí y no pudo evitar extender la mano para revisar sus signos vitales. Tenía pulso. Luego alzó la mirada para mirar la cúspide de la torre. Tendría que subir caminando, puesto que el cuerpo entumecido y el bloqueo del chakra le impedirían hacer algo más. Así pasó por entre los cuerpos desplomados del clero y la milicia, por supuesto que era la oportunidad perfecta para matarlos, pero no era el caso.

    Conforme ascendía los peldaños a cuestas se sinceraba consigo misma. No era el poder lo buscaba; bueno, sí, pero no de esa manera. Nunca en su vida aspiró a un puesto político, pues aunque era capaz de dirigir no deseaba negociar sus ideales ni limitarse por el bien común. Más bien, siempre fue individualista, de no ser así antes de iniciar ese conflicto le hubiese contado la verdad a Sein a Bjorn, pero no deseaba mancharlos con esa culpa, ni hacerlos partícipes de sus deseos. Deseaba, más que nada, su libertad. Entonces sí podían llamarla egoísta. No solo se libraría de la opresión del Tenno (y de paso a muchos más), sino de los propios Samsara. Los encerraría en cuanto tuviera el control, pues estaba segura de que existía la manera de reformarlos y borrar la mancha de la venganza en ellos y en sí misma. Con el paso de los segundos las energías iban volviendo a su cuerpo hasta que finalmente pudo caminar normalmente y derribar la puerta de la oficina del emperador. Rick estaba postrado a un lado de la ventana, como si antes del efecto de la bomba hubiese estado contemplando a Rakugakure. Los tacones de la mujer repiquetearon sobre el mármol de la oficina como muchas otras veces, fue el golpeteo constante lo que hizo despertar a Rick, quien lentamente abrió los ojos. El silencio se le hizo abrumador, espantoso, el final de la guerra solo podía significar que uno de los bandos había ganado ¿Pero cuál? Enderezó el cuerpo, aun adormecido.

    ¿Setsuna? ―inquirió aunque el simple hecho de alzar su mirada le dio las respuestas. El hecho de que la pelirroja estuviese allí ya decía mucho―. Ya veo―hizo amago de querer usar los brazos para impulsarse hacia arriba, pero el pie de Esdesu se colocó en su espalda para devolverle bruscamente al piso. El Tenno hizo sellos de manos, por supuesto que sabía defenderse más su sorpresa fue grande al notar que ninguna energía brotó de su ser.

    Se acabó, Maverick. No seguirás usándonos.

    Así que lograste escapar del control ―dedujo el enmascarado, encontrando sentido a la rebelión ―, aunque si querías mi lugar, solo debías decírmelo. Te preparé para esto, ibas a ser mi sucesora ―. No hablaba con mucha claridad, la presión que ejercía en su espalda le impedía llenar sus pulmones de aire.

    No me importa el puesto. Solamente estoy ejecutando mi propia justicia. Tú mataste a Taichi, tú nos usaste para levantar este imperio y planeaste matarnos varias veces. Nos robaste lo que era nuestro por ley.

    Pero sin mí no hubiesen logrado todo esto ¿Qué iban a hacer tres chunins inexpertos? ―rio un poco. Eso no le hizo gracia a Setsuna. Después de años iba a poder vengar la muerte de Taichi, y aquella no fue sino la primera prueba de lo que la ambición de ese hombre podía hacer. El rubio lentamente fue recuperando sus fuerzas también, así que tomó el pie libre de la mujer para derribarla o romperle el tobillo, lo que sucediera primero. Agregó fuerza a sabiendas de que su vida dependía de ello, causándole dolor y obligándola a patearlo para soltarse. Casi pudo escuchar el crujir de sus propios huesos por el impacto que lo despegó un par de metros del suelo, pero eso le dio oportunidad de ponerse de pie y hacerse de una de sus armas. Una espada antigua que, como adorno, había permanecido empotrada en la pared. Himekami llegó a reconocerla, era el arma con el que, tiempo atrás, casi los mataba en un remate limpio. Maverick afianzó el pomo con fuerza, sus ojos a través de la máscara brillaron ―. Debí matarlos en aquel día. Pero ten por seguro, Setsuna, que esta vez no dudaré.

    Aquellos chunin inexpertos ya no existen ―enredó los dedos en su chakram. Hubo una explosión de fondo, a la lejanía, como si uno de los bandos hubiese despertado para aprovechar el ataque. Los cristales de las ventanas se sacudieron, varios de ellos ya estaban estrellados. Pronto todos los que estaban custodiando la torre principal, despertarían, sino es que ya lo estaban haciendo. Miró fijamente a Maverick, quien se había desecho de sus ropajes de emperador, revelando el traje militar que siempre portaba debajo. Nunca dejó de ser un ninja. Varios shuriken se pegaban a su pecho con una correa, los kunais a sus piernas. Quizás en el fondo percibía que ese día llegaría―. Y es gracias a ti. Fuiste como el mentor que nunca tuvimos ―Esdesu, por raro que fuese, recordaba las tardes de lectura, sus enseñanzas prácticas, sus direcciones acertadas propias de un hombre cauteloso y hasta desconfiado, marcado por el sufrimiento y la pérdida, al igual que ellos. Llegó a sentir algo cercano al dolor emocional que experimentaban las personas normales. Su diestra tembló y no lanzó el arma, se limitó a esquivar la lluvia de arrojadizas aventándose detrás del escritorio de madera, rauda ¿Es que acaso también estaba dudando? Los piquetes fueron sonoros, unos tras otros, clavándose sobre la densa caoba. La vibración hizo caer una pluma cerca de sus manos. Era suya. Un regalo, dada sus largas horas de oficina. Apretó los puños. No podía rendirse ahora que estaba tan cerca, no debía darse el lujo de sentir. Salió de allí en un impulso, usando sus cuatro extremidades justo a tiempo, pues con el pie, Maverick empujó el escritorio violentamente contra la pared, haciendo volar todo lo que reposaba encima. Produjo un ruido seco. Tch, eso alertaría al resto.

    Hubo otro lanzamiento de estrellas, mover el estante de papeles le salvó, provocando otro escándalo. El rubio aprovechó para aproximarse con espada en mano, batiéndola para partir el artefacto. Sus ojos se abrieron de sorpresa al no notar a la mujer. No estaba allí, sino detrás, lo supo porque un fuerte golpe impactó su nuca. Besó el suelo en un movimiento, tan fuerte que la máscara se partió en pedazos, revelando el rostro de un Maverick casi enfermo. Reconoció esa mirada llena de cólera. Se levantó casi al instante, lanzando los trozos de plástico contra ella y después yendo él mismo con todo el impulso que le permitió su ser. Los metales de las armas se cruzaron y resbalaron sacando chispas, haciendo de aquello un encuentro de pura fuerza. El rubio bufó y empujó, haciendo retroceder a la mujer entre temblores. Los músculos estaban tensos.

    Debí exterminarlos hace tiempo. Ese fue mi más grande error ―dijo entre dientes―, Rakugakure era demasiado para un trío de mocosos.

    Tu más grande error fue no dejar atrás tu ambición.

    ¡No los necesito! ―bramó tal como lo haría un búfalo. Pero Maverick ya no era el mismo por más que intentara traer de vuelta a la bestia furiosa, había dejado de ser el “Empalador de Iwa” hacía mucho. Sus labios se abrieron por el dolor, el aire se le escapó de los pulmones en un solo suspiro. Esdesu había clavado uno de sus propios kunai, atravesando su costado con la mano libre (pues solo usaba una para el chakram). El empuje del arma fue tal que se introdujo en la carne en su totalidad, solo asomando el mango por el que era sostenido. La sangre comenzó a escurrir, manchando las manos de la mujer―¡Maldita sea! ―el emperador se echó para atrás y de entre sus pertenencias extrajo una bomba de humo, lanzándola contra el suelo para escapar. Sus pies se dirigieron por inercia a la puerta, pero allí en el umbral encontró un par de figuras cuyas miradas reflejaban haber escuchado lo suficiente. Blue y Sein habían subido con la armada militar y los Gyazara, al mismo tiempo en que varios entraban por la ventana intempestivamente para salvar a su emperador. Hubo quietud. El rostro de Hunter se constriñó en un gesto de rabia, él no había conocido a Taichi pero hizo la promesa, cuando se unió a Amatsukami, de ayudarles en su venganza. Reconocía ese rostro, el mismo que miró en las ruinas de lo que todavía no era Rakugakure. No había dudas. Le ardió desde el interior el sentirse como un juguete, una mera marioneta dispuesto a los deseos de su ejecutor.

    Maverick se quedó boquiabierto como si hubiese visto fantasmas. Bjon, desde que era Blue, no recordaba nada de él, pero sí que le habían quedado claras sus intenciones de deshacerse de ellos. De pronto, la figura que él consideraba un símbolo de autoridad y entereza, se desvanecía. Él planeaba traicionarles a pesar de que innumerables veces arriesgaron la vida por él. El rubio dio un espasmo de dolor y se tocó el costado. El líquido cálido y rojizo empapaba sus ropas y escurría hasta llegar al suelo.

    ¡Ayúdeme! ―exigió con pánico ―¡No se queden allí parados! ―enseguida la señaló ―¡Mátenla! ¡Es una traidora del imperio! ¡Es una orden! ―su brazo temblaba, estaba perdiendo mucha sangre y si no lo atendían en el hospital moriría. Le quedaba claro que nadie podía usar jutsus y ade… todo se volvió negro para él, un golpe terminó derribándolo para hacerlo caer en seco. Todo su ser se estremeció, Hunter quería desmenuzarlo. El emperador tensó la mandíbula cuando bruscamente el kunai fue retirado de su carne, dejando abierta la fuente de sangre. Se apretó con fuerza, pero el líquido se escapaba entre sus dedos, al igual que su vida. Sin embargo, como un hombre, no se quejó ni pidió piedad. Los miembros del ejército se sintieron contrariados más ninguna orden fue dada en su auxilio. En ese punto, sin chakra, era imposible ayudarlo.

    Setsuna se acercó hasta Sein y Bjorn y extendió las manos juntando ambas muñecas, cojeaba de un pie visiblemente. Pasada la adrenalina el dolor y el agotamiento regresaban. Ya no podía pelear y no quería.

    Pueden arrestarme. He terminado. Esta guerra ha terminado ―. El par de generales no supo cómo sentirse, en su interior existía rabia contenida por todo lo que había hecho, el daño causado era irreversible. Blue apretó los dientes con fuerza y su cuerpo comenzó a temblar, no estaba seguro de si la odiaba o sentía gratitud, o frustración, profunda tristeza o reproche por no decirles nada desde un inicio. Sein intentaba comprender sus motivos y se debatía si él habría hecho lo mismo. Los soldados que entraron por la ventana rodearon a Setsuna y le apuntaron con sus armas, uno más se adelantó a ponerle las esposas.

    Lo que has hecho amerita una ejecución ―señaló el ronin con el corazón en la garganta, recordando el daño en Rakugakure, la muerte atroz de su mejor amigo, el odio interminable de los Samsara, que desde su llegada, ella solapó. Aquel veredicto era más que cumplir la ley, era hacer justicia por todos los caídos.

    Lo sé ―dijo estoica, incapaz de mirar a sus amigos. Sein apretó la mandíbula, entendía las razones de Blue para decirlo, él mismo había sentido terror de perder a su familia. Y de haberlo hecho, como pasó con Ikari, sería el primero en empuñar la espada. No se sentía con el derecho para cuestionar la decisión del general del clero. Calculaba la profundidad de la herida que podía haber dejado semejante traición.

    ¿General? ―llamó uno de los Gyazara, acercando su arma al cuello de la mujer, esperando la indicación de su superior. En ese momento, Bjorn tomó en la diestra la espada de Bardock y la empuñó con fuerza ¿Venganza? No. Justicia. Himekami la reconoció inmediatamente y se le antojó equivalente, vida por vida. El samurái dio un paso frente, haciendo que el Gyazara se hiciera a un lado, como anunciando que lo haría él mismo. El mango de la espada de Bardock se sentía muy diferente al suyo, de una cobertura de cuero trenzado que palpó cuidadosamente en ese momento con sus dedos. No pudo evitar recordar a su amigo y su bondad, siempre dando una oportunidad a quien no lo merecía y él, más que nadie, sabría lo duro que se le sería ejecutar a la persona que amaba. Y si él estuviera vivo; su pecho dolió. Si él estuviera vivo, ¿Qué haría?… detuvo su andar y contuvo la respiración, percibiendo su sonrisa desde algún punto y el toque cálido sobre su hombro. En ese instante, Blue no hizo más que arrojar la espada de su amigo a los pies de Setsuna. Resonó el metal bien labrado. Un par de lágrimas resbalaron por el rostro ensombrecido de la pelirroja.

    Esta guerra ha terminado ―así lo habría querido Bardock.

    Terminó para mí ―Sein también arrojó su arma. Los soldados y el clero comprendieron que ya no tenían motivos para seguir con la batalla. Hiei había sido capturado ya, incapaz de huir por el agotamiento, Yan no opuso resistencia en cuanto supo que Setsuna se había rendido, caso semejante a los grupos armados que habían estado apoyando a los Samsara. No fue difícil desmantelarlos cuando ella misma reveló sus posiciones. Había un largo camino para recoger el desastre. Pronto se enteraron de que Torimaru había muerto en el templo de Tomo-sama, bajo el derrumbe de la estatua de la deidad, el cuerpo de Masamune también fue encontrado. A ambos se le haría un memorial en Rakugakure en agradecimiento por su trabajo y por supuesto que también al primer y único emperador del Trueno.


    Maverick había muerto en su propia oficina, escuchando cómo la guerra se acababa. Nadie fue capaz de darle el tiro de gracia, en realidad no hacía falta ya. Miraba al techo en su agonía, qué bajo se veía el cielo cuando un hombre estaba derrumbado. En ese instante, una vieja canción regresó a su mente después de años. Desde que salió del campo de batalla no había vuelto a entonarla, recordaba que la cantaba cada vez que debía enfrentarse a la muerte, usualmente de terceros a causa del trabajo sucio. Pero ese día le había tocado a él encararla. Sus ojos se cerraban lentamente, mientras la respiración se volvía pausada y errática; los presentes pudieron escucharlo, pero solamente los Generales sabían lo que significaba; sí, incluso Bjorn como una reminiscencia muy extraña.

    Tres segundos antes de morir, vi el rostro el rostro de mi madre que decía "hijo, hijo, no vayas a la guerra". Dos segundos antes de morir, vi el rostro de mi novia que decía "amor, amor, no vayas a la guerra". Un segundo antes de morir, vi el rostro de la muerte que con voz fuerte y tenebrosa me decía "listo, listo, vamos a la guerra"...


    "listo, listo, vamos a la guerra"...


    Y así, todo acababa justo como había comenzado.​


     

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