Cambio Libre Hora de despertar | Michibiki, Pawa & Hakugaku

Tema en 'Naruto World' iniciado por Hathaway, 30 Abr 2018.

  1. Autor
    Hathaway

    Hathaway Lo que nadie le enseñó.

    Registrado:
    11 Jul 2012
    Mensajes:
    2,314
    Temas:
    140
    Calificaciones:
    +1,228

    El festejo en la aldea había sido un éxito para calmar un poco aguas internacionales como también para abrir negocios con villas que subsistían de su propio comercio fuera de un sistema ninja. Cada quien había regresado a su lecho de descanso con sus propias reacciones a flor de piel, las que más resaltaban entre la multitud era las de satisfacción por el éxito que representó el festival como entretenimiento y algunos otros con rostros largos por perder sus fortunas en juegos de azar o retos variados.

    No obstante, el punto es que el festival dejó una marca y, aunque sea incluso diminuta, en cada ser que decidió asistir a él. Para Rinha eso era lo que importaba en el fondo, que existiera un recuerdo de la Tormenta en cada memoria del que vivió ese día.

    Dos días después y en plena medianoche todo volvía a la rutina, al papeleo, a los viajes marítimos de negocio, a incursiones para descubrir nuevas zonas y colonizarlas para hacer pequeños puestos de viaje o comercio, a navegar y descubrir nuevas especies marítimas… O nuevas tierras. No iba a mentirse a sí misma, tenía aún sobre su mira lo que fuera que hubiera más allá del norte invernal de Ame no Kuni y para eso tendría que discutir y formar junto a Shiba la organización correspondiente que se encarga de las expediciones e informes de exploración.

    Estaba así, gozando de la planeación de ideas en su mente cuando ocurrió lo que la tomó tan desprevenida, asustándola de manera inmediata al sentir la presencia. Todo ocurrió rápido: una extremidad se posicionó detrás de su nuca para empujar su cabeza, y por ende su torso, hacia el escritorio. Su mejilla derecha sonó con fuerza al chocar contra la madera pulida del mueble mientras que la mano de su agresor se mantenía firmemente sujeta a su nuca, no dejándole ni moverse un poco de la incómoda posición.

    Sabía que era peligroso luchar contra aquello cuando supo perfectamente de quien se trataba.

    Tiene que ser una broma —anunció una voz femenina que destellaba sarcasmo y peligro por donde sea que se escuchara—. Pero no me puedo ir por un maldito tiempo de la villa porque quieres hacerte la rebelde y causar desastre.
    ¡¿Q-qué mierda haces aquí?! Cómo maldita sea entr-¡¡AHG!!
    ¿Te duele? —Cuestionó Renji al generar meiton sobre la nuca de la genjutsuka. —¿Sientes que quema?
    ¡Suéltame! —Quería gritar con más fuerza, pero sabía perfectamente que la técnica que empleaba su tutora sobre ella era de retención: la más poderosa del Clan. Si trataba de gritar más fuerte, la energía que utilizaría sobre sus cuerdas vocales generaría que explotaran por producto del chakra que ejercía la mayor sobre su nuca, y si trataba de moverse bruscamente para deshacer el agarre, provocaría un sello de supresión en sus movimientos. Renji estaba matando a dos pájaros de un solo tiro: la mantenía quieta y al mismo tiempo sin poder pedir ayuda.
    Escúchame bien porque estas palabras las repetiré una sola vez, y después de esto, prometo liberarte.

    Un gruñido, eso es lo que escuchó como respuesta la líder de los manipuladores de chakra. Vio como el sello maldito empezaba a dispersarse por el costado diestro de todo el cuerpo de la menor. Ilusa. ¿Qué intentaba? Con su mano libre realizó el sello del carnero y la mano que utilizaba para retener en su posición a la ojimiel se iluminó en un aura violeta. Pronto la extremidad comenzó a absorber las marcas que se propagaban por el cuerpo de la mandataria de aldea, anonadándola.

    ¿De verdad creíste que solo los sabios del Clan sabían hacer ese juinjutsu? —Rinha lo sabía, de poder ver bien la cara de su agresora, sería testigo de la furia que gobernada su rostro. —Deja de hacer esto más largo y escucha de una maldita vez con atención.
    ¡¡Aaahgg!! —masculló Yang. El agarré se había intensificado.
    Podías irte de la aldea, podías odiarnos si es lo que te hacía sentir bien y podías hacer con tu puta vida lo que querías mientras cumplías tu exilio. ¿Pero realizar esa masacre? Yo no te voy a castigar de la forma en la que ellos lo hicieron. Yo te daré donde más te duele y escúchame con atención: vas a agarrar todas tus malditas cosas y vas a huir a donde no te encuentre. Llévate al bastardo contigo porque le espera el mismo futuro. No te atrevas a pisar esta aldea porque la estaré vigilando, y no me molestará destruirla al paso de seguirte. No te acerques a la Noten, sino ella sufrirá tu castigo y no dejes de moverte, porque si lo haces, terminaré encontrándote. Vive tu maldita condena por desobedecerme. Conserva esto como una advertencia y oportunidad discreta de replantearte tus objetivos.

    Dejó de sujetar a la Jounin y esta de inmediato colocó sus manos alrededor de su cuello sobándolos. Se paró de la silla con rapidez, provocando que esta se derrumbara al suelo y giró a ver a Renji Pawa. Lo que observó la petrificó: su voz a espaldas sonaba tan enojada y rabiosa que no podía creer que la expresión que portara la líder de su clan fuera una de decepción y tristeza.

    La de apariencia falsa desvió su mirada hacia la puerta del estudio por unos segundos cortos, luego volvió a Rinha.

    Renji… —La Sennin miró dubitativa a la castaña, quien parecía luchar en su interior por dejar su orgullo a un lado—Déjalo a él fuera de esto. No le hagas daño, solo cumplía mi voluntad.

    Se refería a Shinta y eso perfectamente lo captaba. Volvió a ver el estado tan patético en el cual le suplicaba Yang y carcajeó con gentileza cínica. Porque sí, por más que muchos no lo creyeran, la genjutsuka le estaba suplicando, se estaba doblegando ante su imponente figura.

    Pues bien, demostraría que como líder de Clan era misericordiosa.

    Puedo ignorar que estuvo presente esa noche —El aire volvió a Rinha solo por unos momentos—, pero eso es externo a los intereses personales que tengo de su existencia, y ahí sí que no puedo prometerte nada ya que ni te incumbe.
    Si lo tocas yo te juro qu…
    ¿Lo quieres? —La interrumpió, alzando una de sus cejas— No sientes aprecio por los otros y vas a querer a un bastardo… Eres tan decepcionante.

    Silencio. No tenía nada que decir al respecto pues bien claro quedaba que sí sentía un gran cariño por su pupilo y familiar, porque eso era, no importaba cuanto tratara Sentoku de desprestigiarlo llamándolo bastado; por Ulquiorra tenía un aprecio más grande que todo el amor que había podido sentir por alguien de ese clan. El solo imaginar que Renji le colocaba un dedo encima frustraba a la portadora del En no Juin.

    Muchos, demasiados, una gran cantidad de sentimientos encontrados.

    Te cumpliré el deseo, pero a cambio de algo: tienes un testigo de todo esto. —Dijo respirando hondo y cambiando su expresión a una más relajada. La ojimiel se incomodó, sabía a quién se refería pues detectaba el chakra del testigo.

    Renji abrió la boca pero no articuló ninguna palabra, solo permitió que Rinha leyera lo que decía con los movimientos de sus labios. Ella apretó sus manos como reacción, una que la mayor disfrutó antes de empezar a volverse transparente y desaparecer. El inton del meiton de Renji estaba tan encima de todo lo que Rinha conocía, que le fue hasta imposible detectar que esa figura era solamente una ilusión proyectada de su mente desde la distancia en la cual se encontraba ahora mismo. Era inútil luchar contra eso.

    Miró hacia el suelo, meditando lo que había leído de los labios de su tutora: “y tendrás que matarlo”. Sabía a quién se refería: al testigo. Y ella reconocía ese chakra: era Luka.

    . . .

    ¿No crees que te excedes? —indagó su mano derecha.
    ¿Ah? Masacró a todos los sabios del clan.
    Pero en el fondo sabes bien que eso no te afecta en nada… Ellos eran solo consejeros.

    Renji observó de costado a Izanagi. Aunque su rostro permanecía inmutable, muy bien sabía su subordinado que aquella mirada era una advertencia clara de que se callara y dejara de cuestionarla.

    Por supuesto que no le afectaba en nada que se sumaran siete muertes más a la lista de obstáculos retirados de su objetivo. Pero era indispensable jugar el rol que fungía como líder de Clan tomando cartas en el asunto y, por lo tanto, imponiendo un castigo por la “ley” que infringió su discípula; en el fondo le emocionaba el desenlace de todo eso, pero mientras, quería observar como respondía a todos estos sacrificios la menor.

    Porque eso eran. En poco tiempo, la estaba obligando a dejar atrás todo lo que cosechó en la Tormenta, dejar atrás todo un mar de emociones que envolvían a esa villa y sus aldeanos. Dejar atrás sus lazos, sin tiempo claro para dar explicaciones porque Rinha era consciente de que, cuando Renji Pawa avisaba algo, era la palabra. Y su palabra nunca iba persuasiva ni en broma: era firme y contundente.

    Fue solo lo suficiente para despertar —Se cruzó de brazos ante la brisa marítima que chocó contra el barco. A una distancia lejana empezó a ver como un punto diminuto las tierras que obtenían el título de Bosques Heiwa—, y los resultados de la traición que ella quiso elegir.

    . . .

    Describir la bomba emotiva que se desató en su interior apenas dejó de sentir el chakra de Sentaku no tiene forma ni base. Comenzó a hiperventilar y sudar en frío, sentía como todo el chakra Senjutsu se acumulaba en sus extremidades y causaban calambres, palpitaciones… Quería romper todo, tirar todo, explotar junto a todo.

    Frotó su rostro mientras buscaba arreglar y controlar su propio tormento interno de maremoto emocional cuando un pulso de chakra fuera de la oficina le recordó que no se tratraba en serio de ningún juego pesado de la mayor. Ahí estaba el dichoso testigo.

    No tardó ni un segundo en aparecer de teletransportación fuera de la puerta de la oficina para tomar al chuunin de su ropa superior, estampándolo contra la pared. Luka no se exaltó ante el ataque a pesar de verse sorprendido. Tenía un mar de dudas encima… ¿Qué había sucedido allá adentro? ¿De quién era esa sombra que detectó?

    La ojimiel lo miró fríamente a los ojos mientras realizaba una seña clara con sus dedos en los labios: silencio. No podían formar gran escándalo a esa hora o provocarían que el otro mandatario en el dojo de entrenamiento se percatara de la situación. Lastimosamente no tenía tiempo para tratar con su mejor amigo.

    Hakugaku solo parpadeó y para cuando abrió los ojos ya no estaban a las afueras de las oficinas del último piso de la Torre del Consejo. Ahora estaban en el pasillo de un lugar que jamás había visto: mesas llenas de papeles y tubos de muestra, matraz, microscopios, etc. Un laboratorio.

    Grimmjow lo tiró al suelo sin previo aviso tras dejar de agarrarlo del cuello de su ropa.

    No entiendo qué está pasando.
    ¿Qué hacías afuera de mi oficina? —Rinha ignoró el comentario anterior mientras Luka la observava moverse de un lado a otro en el lugar. Jamás la había visto tan cerca de un estado de alteración. Hiperactiva, con la voz tan alzada y respirando tan fuerte que hasta él lo escuchaba. — ¡¡No tenías que estar ahí!!

    Llenaba un saco de varias cosas, entre esas una inyectadora, papeles y cajas de suplementos de chakra. Luka se levantó y miró fijamente toda lo que hacía la mujer: parecía estar tomando provisiones para un largo viaje.

    ¿Por qué?
    Porque no.
    ¿Por qué no?
    ¡¡Porque ahora estás entrometido en esto!! —contestó harta. Amarró la bolsa en la que anteriormente había depositado una gran cantidad de suministros y volvió su camino hacia el demonólogo. Luka no chistó en utilizar su sombra para teletransportarse a otro punto, evitando el contacto de la mandataria.
    ¿Y qué significa esto? —Rinha inhaló profundo aire a espalda del varón cuando este burló su contacto. —¿Quién estaba contigo dentro de la oficina? ¿Por qué actúas así? ¿Qué estás pensando hacer?

    En un santiamén, Yang volvió aparecer detrás de él, esta vez sujetándolo firmemente del cuello trasero de su ropa. Hakugaku pensó en safarse nuevamente, pero el cambio radical de comportamiento (histeria a seriedad) de Pawa lo mantuvo en su sitio.

    Te explicaré todo lo que quieres si haces lo que te pido: ve a buscar tus cosas más valiosas y has un bolso con provisiones… Nos sumergiremos en un viaje largo. —Otra vez usó la técnica legendaria del Hiraishin no Jutsu para hacerlos aparecer dentro de su habitación, en el último piso de la Torre del Consejo. —Mantén esto así, en silencio, porque es de gravedad y nadie puede enterarse.
    ¿Es un encargo de rango S? ¿Ni Taiga puede enterarse? —Rinha frunció el ceño con fuerza a pesar de que Luka no podía verla en esa posición. Sin duda era consciente del estrés emocional que comenzaría a cargar consigo el mandatario tras este viaje de ellos dos.
    No… Ni Shiba. —Afirmó con dureza— Te esperaré en el puente que da frente a Tamashii no Doa solo por cinco minutos, si no vienes para ese tiempo, no me haré responsable de ti.

    . . .

    Dejar al divergente de los Hakugaku con muchas órdenes y pocas aclaraciones era de sus más vagas preocupaciones. Ahí, contemplando desde el puente el monumento más sagrado de la villa, no podía dejar de pensar en el cambio abominable que habían dado sus objetivos en tan solo unos momentos. Su cabeza palpitada de la fuerte jaqueca que la gobernaba y las imágenes de Shinta, Sona y Taiga no dejaban de darle vueltas… ¿Cómo iba a tomarse Ikaru su repentina desaparición? ¿Cómo iba a cargar con el peso de sumergir a Shiba en más depresión y desconfianza, en la duda palpitante de qué habría sucedido con ella? ¿Y Noten? ¿Cómo aguantaría sus ganas inmensas de verla? ¿De tocarla y estar con ella?

    La orden de Renji le obligaba a hacerse oídos sordos de muchos lazos. Y si había sido entrenada desde pequeña para saber manipular relaciones y mantener sus sentimientos en limites estables, ¿por qué ahora dudaba tanto de su dominio? ¿Por qué sentía sus ojos aguados y su temperatura caliente? Siempre se mostraba fría y serena, ¿por qué le costaba ahora totalmente estarlo, como siempre?

    “Porque esto se escapa de tu control” Fue una de las respuestas que vino de lo profundo de su ser, real y asertiva. ¿Qué esperaba sentir si era una maniática del control? Sus palmas apretaron con rudeza el barandal del puente, queriendo descargar toda la rabia que tenía acumulada en ese corto tiempo por la situación. Fue así como fue abollando esa área hasta romperla.

    Qué desastre, había sido tallado por los mejores obreros del país. —La voz de su discípulo la hizo girar, aún con la parte del barandal que rompió entre sus manos. Le esperaba una sonrisa burlona como bienvenida en su encuentro cara a cara. —¿Nos vamos ya? —preguntó, reajustando la manga de su mochila del único hombro que colgaba.

    Grimmjow miró al castaño impasible por un pequeño tiempo antes de soltar un suspiro, él parecía muy calmado con todo, casi divirtiéndose por empezar ese “encargo” que tanto tenía a su líder de aldea intranquila. Pawa no sabía cómo iría a tomarse la verdad una vez estuvieran lejos de la Tormenta.

    A su mente vino Nashla. ¿Qué haría ella como mentora en esta situación? ¿Estaría bien de su parte alejar a Hakugaku sin previo aviso de todo lo que apreciaba en este momento? Él no sabía la verdadera naturaleza del viaje y tampoco era consciente de que no volvería a ver a Taiga, Amane ni Shinta… No. No podía dudar. Renji había sido clara con su orden de asesinar al testigo de su visita. Llevárselo con ella era salvarle la vida.

    A cambio de destruir sus lazos.

    Nashla. ¿Ella podía ayudarla con esto? Descaro. ¿Cómo se atrevía en pensar en ayuda de la Mizukage después de haber traicionado su confianza tanto como pupila y aliada de villas? No se merecía su piedad y tampoco sabía si Yuusha sería contundente al momento de volver a verla; si arremetería contra ella por ser “enemiga” de la alianza o una kunoichi considerada criminal.

    Y si aún no lo hacía, sabía que lo que estaría a punto de hacer lo ameritaría: considerarla una criminal. Una ninja renegada. Porque solo tenía a alguien hacia quien acudir en busca de ayuda para esta situación.

    Le dio una última mirada al Monumento de los caídos antes de acercarse al menor y colocar su mano en su hombro. Los volvió a teletransportar, esta vez en un lugar que Luka no conocía.

    Una cabaña de las rutinarias. Solo tenía una cama, una mesa de madera pequeña de comedor y dos puertas: la de salida y la que daba hacia un baño. En los ventanales algunas gotas resbalaban, haciéndole saber al chuunin que recién acampaba el cielo de ese sitio.

    Escuchó un morral abriéndose y supo que era el de su mentora. Rinha sujetaba en su mano diestra la placa ninja de la Tormenta, admirándola. Luka alzó una ceja intrigado, pero no cortó el momento interno que parecía compartir la ojimiel dentro de su ser con solo ver esa placa. Al poco tiempo de estar mirándola, ella terminó por guardar la cinta dentro de la mochila para luego cerrarla y volver a colgársela en la espalda. Era raro verla sin llevarla puesta en su hombro.

    Vámonos. —ordenó yendo a la puerta de salida, abriéndola y verificando que la zona estaba humedad por una recién lluvia. Hakugaku avispó al alzarse un poco sobre el hombro de Rinha que estaban en un área con vegetación selvática. —Antes de que preguntes, estamos en la frontera de Ame no Kuni con Ta no Kuni.
    ¿Y qué haremos ahora? Prometiste decirme que sucedía una vez saliéramos de la villa.
    Ya sé. —bufó amargada y tomándose la delantera. El alquimista iba detrás de ella, siguiendo su acelerado paso.
    ¿Y qué haremos? —De nuevo esa duda.
    Vamos a reunirnos con alguien.
    ¿Con quién? —Ella trataba de darle a Luka la información que quería sin aclararle directamente las cosas, pero bien veía que era un maldito arsenal de cuestiones. Sin embargo, esta vez sonrió cursivamente para ella misma al pensar en quien verían.
    Con la Araña Blanca.



    Angelo.Angelo. DrPeridotDrPeridot C. UnderwoodC. Underwood BlairBlair ShulmanShulman hice mención de sus personajes.
     
    • Me gusta Me gusta x 3
    Última edición: 30 Abr 2018
  2. Angelo.

    Angelo. where's the fun in playing fair?

    Registrado:
    12 Sep 2010
    Mensajes:
    1,650
    Temas:
    39
    Calificaciones:
    +469
    Los días eran calmados mientras la aldea flotante surcaba los cielos, nadie estaba preocupado por inminentes invasiones o conflictos interpolíticos de proporciones descomunales. Lamentablemente, para Kiseki, sí había algo que le generaba una intriga tóxica en su corazón, algo que de verdad no debía suceder a menos de que las cosas estuviesen muy mal. Yojimbo, aparte de ser un fiel compañero y un arma excepcional, tenía la capacidad de sentir cosas más allá del cuerpo físico que poseía, lo cual lo hacía ideal para mantenerse conectado con alguien bajo condiciones muy especiales, una de ellas siendo la que Rinha explotó para llamar al albino a su encuentro. Desatar un pulso de chakra dentro de un objeto previamente ligado a Yojimbo sólo ocasionaría que el espectro se percatase de la ubicación y el estado de quien realizara tal acción, por ello Michibiki estaba al tanto de que Pawa necesitaba ayuda urgentemente.

    ¿Cómo decirle que no a su pequeña arañita?

    La chica claramente era sensible a los gustos de su compañero, pues se había posicionado en una zona verde, perfecta para que el modista se diese una idea de lo que sucedía a su alrededor antes de sencillamente aparecer en su rostro, aunque mientras ella avanzaba por la tupida vegetación, comenzaba a percibir la intensa esencia del albino. Cada paso aumentaba el sentimiento, pero no podía verlo por ningún lado, tal vez la llovizna que comenzaba a caer ocasionaba esa distracción, o tal vez se trataba de la intensa flore que rodeaba tanto a la chica como a su acompañante.

    El camino poco a poco se fue perdiendo entre ramas, alta grama, hongos e insectos que flotaban por el aire y reptaban en los lugares más visibles. Era extraño, sí, pues el ambiente crecía con cada centímetro que avanzaban... claramente una señal de que el artista estaba cerca. ¿Qué estaba tramando ese hombre en un espacio tan recluido como ese? El dúo no tardó en dar con la respuesta, pues se toparon directamente, como atravesando un portal herbáceo, con un enorme claro poblado por más de una decena de monstruos vegetales, algunos con forma de serpiente, otros con aspecto canino.

    En medio de todo estaba Kiseki, acariciando a una de sus creaciones.

    - Aquí estás - suspiró Rinha, sabiendo que finalmente podía bajar sus pertenencias y descansar un poco de la intensa travesía. - Veo que tomaste previsiones.
    - Y veo que trajiste a alguien - sonrió Michibiki viendo a su amiga. - Admito que me tenías preocupado, pero asumiré que esta situación no tiene mucho que ver con él y más que ver contigo y lo que haz hecho, ¿verdad?
    - Siempre tan agudo
    - Los halagos para después, primero quiero confirmar que tu vida está en riesgo - la sonrisa se esfumó del elegante rostro de Monban, ahora sus ojos eran dagas.


    Ella sólo asintió.

    - ¿Peligro externo?

    Negó.

    - Vaya... alguien cercano.
    - Los detalles te los puedo dar después, aunque creo que ya puedes imaginarte un buen pedazo de la historia si eres tan buen espía como todos dicen - replicó la mujer, dándose la vuelta un instante para poder ver a su acompañante de menor rango, al cual no sabía si presentar o dejar de lado. - Ahora...
    - Quieres refugio en Otogakure, ¿no?
    - ¿Seguirás terminando mis oraciones?
    - Hasta que la muerte nos separé - rió y tomó las manos de la castaña con otra enorme sonrisa en el rostro. - ¿Estás al tanto de que hay un precio por esto? Yo encantado abogaré por ti delante del pequeño consejo del sonido, pero no aseguro que ellos te dejen entrar así como así a la aldea, mucho menos con un regalo inesperado. - los ojos del modista se posaron por un instante sobre Luka, quien claramente no estaba enterado de nada relacionado con esos dos. - Además, estoy seguro que conseguiría un buen precio por tu entrada, pero la de tu juguetito no está asegurada... quien sabe lo que me pedirán a cambio de tu seguridad.
    - En este momento puedo jurarte que me importa muy poco, Kiseki.
    - Rinha, ¿que tan profundo has caído?
    - Kiseki, enfócate.
    - Mírame.

    Un silencio se plantó entre ambos, sus miradas conectadas a través del aire. Las bestias a su alrededor sólo rodeaban al trío con una elegancia incomparable, como un ballet que se desarrollaba en medio de un momento de verdadera tragedia íntima. Sin necesidad de palabras, Kiseki sonrió con calma y apretó un poco las manos de la jounin.

    - Dame un par de días y regresaré aquí por ti, arañita.


    HathawayHathaway ShulmanShulman algo simple y bonito para empezar.

     
    • Me gusta Me gusta x 1
    Última edición: 30 Abr 2018

Compartir esta página

Cargando...