Libre Herencia Maldita

Tema en 'Naruto World' iniciado por Milo-sama, 3 Nov 2018.

  1. Autor
    Milo-sama

    Milo-sama One nation...

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    Herencia Maldita
    Capítulo I

    País del Agua.
    Pueblo Kaeri.

    El hombre utilizaba el sorbete para trazar espirales en la superficie de su té, con la mirada dedicada a su obra, pero la atención en lo más recóndito de su imaginación. Visualizaba su futuro, deslumbrante como el plato y cubiertos vacíos sobre la mesa. Se reía en silencio y se congraciaba consigo mismo, mientras su barriga iba y venía, amenazando la resistencia de su traje.

    Estaba con reunirse con un contacto de vital importancia, el cual llegaría al bar en cualquier momento. Por ese motivo, pese a que sus aplanadas posaderas pedían tregua de tanto soportar el peso de su cuerpo sobre su asiento, él permanecería impasible en su sitio hasta que concluyera el encuentro. Le importaban demasiado las primeras impresiones, como para arriesgarse a que aquel hombre entrara y le descubriera dando un paseo, sudado, gordo y agotado.

    Lo gracioso era que las primeras impresiones nada importarían en esa ocasión, toda vez que su intención era diferente a la de parecer simpático. Su decisión era pura vanidad, tanta vanidad como un hombre de cuarenta años e indicios de calvicie pudiera sentir.

    ―¿Todo en orden, Kurimoto? ―preguntó el hombre, a su guardaespaldas que custodiaba la retaguardia, de pie, resaltando como una boya en el mar gracias a su máscara y sus dos metros de altura.
    ―Sí, mi señor. No detecto nada inusual.
    ―Mejor que se apresure. Un hombre ocupado como yo tiene otros asuntos que atender ―dijo con afán, extrayendo un pañuelo de su bolsillo. Se secó la frente generosamente.

    El bar estaba a más no poder. No era arriesgado apostar a que la única silla disponible era la que estaba al otro lado de su mesa, esperando por aquel hombre. El estruendo de docenas de voces ininteligibles en la estancia les permitiría hablar con completa discreción.

    Entonces, cuando pensó que sus posaderas no resistirían más el peso de su obstinada vanidad, las puertas del bar se desplegaron, dejando que la luz invadiera. Un hombre se adentró en el lugar, vestido con una gabardina encapuchada que dejaba ver solo rendijas de su rostro, pese a que el guardaespaldas y su señor le escrutaban ansiosamente con la mirada. Portaba un pesado maletín en la mano derecha.

    El forastero pareció distinguir a su contraparte entre la multitud de mesas, pues se abrió paso directamente a la suya. Luego de tomar asiento, dedicó unos instantes para observar a sus dos acompañantes; y después, dejó caer el maletín en el suelo.

    ―Mizoguchi-san, es un placer ―dijo el recién llegado―. Agradezco que haya dispuesto de su tiempo para verme.
    ―Rokuro-san, el placer es mío. Ahora… podría quitarse la capucha para conocerle. Como ve, yo no tengo nada que ocultar.

    Luego de meditarlo durante algunos segundos, Rokuro accedió, retirando la protección con ambas manos. Mizoguchi y Kurimoto descubrieron un rostro tostado, con ojos azules y muy serios, todo enmarcado por cabellos rubios y ondulados, a la altura del cuello.

    ―¿Está bien así? ―inquirió Rokuro, con lo que su dialogante asintió con la cabeza―. No le quitaré más tiempo. Realicemos el intercambio.
    ―¿Trajo lo que le pedí?
    ―Por supuesto.

    El rubio cogió el maletín, lo colocó sobre la mesa, de cara a Mizoguchi, y se dispuso a abrirlo, pero una misteriosa fuerza se lo impidió, un influjo tan poderoso que paralizó su cuerpo de cuello para abajo. Sus orbes se abrieron como satélites.

    ―¿Qué es esto? ―se quejó Rokuro, frunciendo el ceño. Su interlocutor sonrió con aterradora amplitud.
    ―No nos engañas, Rokuro. O debería decir… Toshio Uchiha.

    Esta vez fue el aludido quien sonrió ladinamente, con tal confianza que descolocó las facciones de Mizoguchi, tornándolo serio y sombrío.

    ―¿Cómo te diste cuenta? ―preguntó Toshio, deshaciendo los efectos del Henge no Jutsu. Sus ojos rojos y radiantes provocaron en el hombre un escalofrío, pero acumuló fuerzas para responder, sosteniéndole la mirada. Era un calculado desafío a sus habilidades. Con Kurimoto a su lado, no había nada que temer.
    ―Kurimoto no es un simple guardaespaldas ―reveló Mizoguchi―. Es un Hyuuga. Nada escapa a sus ojos ―Dicho esto, su servidor dejó ver, en los dos orificios de su máscara, sus ojos perlados rodeados de venas―. Sospechábamos de ti y le pedí que estuviera atento. Además, sabemos que el contenido del maletín está vacío. No solo ocultas tu identidad, sino que tampoco ibas a respetar nuestro intercambio.
    ―He sido descuidado ―dijo Uchiha con ligereza, recurriendo a su Sharingan. Esto provocó que su contraparte se estremeciera y sudara más todavía.
    ―¡No hagas nada imprudente! ―exclamó, presuroso―. Kurimoto te liquidará si intentas la más mínima cosa. Él puede ver tus redes de chakra y se anticipará a cualquier truco.
    ―Conozco bien el Byakugan. He liquidado a varios Hyuuga ―respondió el azabache, jurando que percibió un aura asesina alrededor de Kurimoto. “Qué sensible”, pensó.
    ―Estás acabado, Uchiha. El sello de restricción que he mandado a colocar en la mesa anula cualquier posibilidad de escape, y los ojos de mi sirviente son más veloces que los tuyos ―Mizoguchi parecía gozar con cada palabra, enunciada a medida que varias gotas de sudor se desprendían de su rostro―. Por si fuera poco, he preparado el terreno. Todos los presentes en el bar trabajan para mí.

    Toshio echó un vistazo alrededor, hasta donde su ángulo visual se lo permitía (su cuello estaba inmovilizado). En efecto, todas y cada una de las personas en aquel bar le tenían la mirada clavada, habiendo dejado de hacer todo lo que estaban haciendo.

    ―Sí que te gusta hablar.
    ―Así es como he capturado al gran criminal Toshio Uchiha. Seré recompensado con un dinero varias veces superior al que habría obtenido con el intercambio. ¡Yo, Mizoguchi Oda, te he derrotado con mi intelecto! ¡Un civil!
    ―Permíteme despertarte de esta feliz ilusión. Mira a tu alrededor.

    Mizoguchi, enfadado por el no reconocimiento inmediato de su brillantez, sin embargo obedeció. Movió su robusto cuello en todas direcciones, sin percibir nada raro en principio. Pero pronto se percató, y su garganta se le cerró como un grifo, transformando sus apretujadas palabras de incredulidad en los balbuceos de un niño.

    Todos los presentes poseían ojos rojos con tres comas negros.

    ―¡N-n-no! ―gimió, mirando a Toshio con párpados temblorosos, ahora bañado en sudor―. ¡¿Qué significa?! ¡K-k-kurimoto, haz a-algo!

    Pero Kurimoto no respondió, por lo cual Mizoguchi giró para verle e insistir en su orden. Y entonces le invadió el más absoluto horror, pues los ojos de Kurimoto ahora eran rojos, con tres comas negros. El hombre cayó de su asiento, reculando un par de metros a rastras.

    ―Tu plan habría sido exitoso, pero cometiste dos fallos ―dijo Toshio, irguiéndose con sencillez, para luego caminar hacia un Mizoguchi que seguía retrocediendo con torpeza―. Primero: no fuiste el único en preparar el terreno. Y segundo: el Byakugan no es perfecto, ni más veloz. Que me subestimes es… decepcionante.
    ―¡A-aléjate de mí! ¡Lejos! ¡L-l-lejos! ¡Te diré lo que quieras! ―gimoteaba Mizoguchi, tropezando en su vano intento por escapar.

    Los demás ocupantes del bar se pusieron de pie y rodearon a Toshio y Mizoguchi, dibujando un círculo a su derredor. Ahora, el brillante civil que cobraría una inmensa fortuna por la captura del gran criminal Toshio Uchiha, estaba atrapado.

    ―Pero si ni planeo tocarte, gallina. Dime lo que sabes y te dejare ir, ileso… Bueno, borrarte la memoria no cuenta como tocarte, ¿verdad?
    ―Yo… te diré todo.

    Mizoguchi reunió un mínimo de compostura y se sentó sobre el suelo, inestable como una gelatina. Apenas su mirada se cruzó con la de Toshio, este le introdujo en uno de sus Genjutsus. No podía darse el lujo de confiar en su palabra, aun tratándose de un hombre aterrorizado que temía por su vida. Si algo había aprendido Uchiha en su carrera, era que algunos temían a otras cosas más que a la muerte.

    ―Habla ―ordenó.

    Pero aunque Oda abrió los labios, lo que brotó de ellos no fueron palabras, sino un chirrido ensordecedor. Toshio tapó sus orejas con sus manos para reducir la molestia, la cual incrementaba sus decibeles. Los ojos, oídos, orificios nasales y boca de Mizoguchi se encendieron como haces de luz, a la vez que un símbolo luminiscente se manifestó en su frente. Entonces, Uchiha alcanzó a oír un grito de advertencia, un contacto sobre su hombro, y finalmente, una gran explosión barrió el bar del mapa.


    BishamonBishamon
     
    Última edición: 3 Nov 2018
  2. Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    Sigo diciendo que no te quieres ir totalmente de NNW (?)
     
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  3. Autor
    Milo-sama

    Milo-sama One nation...

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    Estoy fuerísima del sistema, pero voy a seguir escribiendo. Tengo muchas historias que contar aquí.

    PD: ¿Puedo borrar mis propios mensajes? No recuerdo lo que es ser un usuario sin privilegios.
     
  4. Autor
    Milo-sama

    Milo-sama One nation...

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    Herencia Maldita
    Capítulo II

    La devastación fue seguida de un rumiante silencio, ensuciado por la actividad de los escombros y el crujir de la madera. Ni un lamento se oyó; no en balde, la violenta explosión acabó con la vida de todos en un abrir y cerrar de ojos, en un diámetro de cincuenta metros.

    Solo dos sombras humanas, erguidas en el epicentro de la humareda, vivieron para contarlo. Rápidamente, se alejaron hacia las zonas aledañas a los bosques, observando por encima del hombro que el oscuro gas no cedería por los momentos. La ignición había sido, sino colosal, sí muy intensa.

    ―Debemos tomar más distancia ―dijo Toshio, sin detenerse. Iban de rama en rama, poniendo metros de por medio entre ellos y el cráter donde antes hubiere un famoso bar―. La Niebla está muy cerca y no tardarán en enviar un escuadrón al pueblo.
    ―Nada más para descubrir tu estúpido cadáver ―dijo el pelirrojo con sorna―. ¿Cómo se lo habrían informado a Nashla?
    ―Por fortuna escojo bien a mis esbirros.
    ―Sería más preciso decir que les haces abandonar sus feudos, para que luego salven tus fallos con sus poderosísimas habilidades.
    ―Usar el Sharingan para algo tan banal como usurpar un feudo… ¿No se te ocurrió nada mejor en cien años que tuviste para meditar?
    ―Claro, porque es mejor idea asesinar a un Feudal y condenarse a sí mismo a huir de todo y de todos por el resto de la vida.
    ―Me harás llorar, Damit.

    Toshio dio la orden y ambos descendieron en un claro del bosque, ya a una buena distancia del pueblo. Luego seguirían avanzando para sortear los escuadrones rastreadores, pero el Meijin tenía una urgencia mayor por hablar que por huir.

    ―Mizoguchi explotó cuando quise extraer información de la cabeza ―dijo Toshio, llevándose una mano a la frente―. Evidentemente, alguien plantó un sello en él… Malditos sellos. Con Otogakure pasa igual.
    ―Son una herramienta muy útil. Aun si capturas a alguien con un sello de ese corte, necesitas experiencia y práctica para deshacerlo. Y por práctica me refiero a probar… y rezar que te salga a la primera. Generalmente, si no conoces a profundidad el sello, es imposible romperlo.
    ―¿Desde cuándo sabes tanto de Fuuinjutsu?
    ―Por si no lo has notado, tengo ciento dieciocho años ―Damit alzó un pulgar en señal de… ¿aprobación? Para Toshio era desconcertante, aún más que cuando espíritu.
    ―Como sea. Hemos perdido el tiempo sin ser capaces de obtener ni siquiera una pizca de información. Estamos como al principio ―se lamentó, encogiéndose de hombros. Dedicó unos segundos a sobarse el puente de la nariz, mientras Damit le observaba con atención.
    ―No ―dijo, provocando que la mirada de su interlocutor se volcara esperanzadoramente sobre él―. El kanji en la frente de Mizoguchi… Lo he visto antes. Es característico del Clan Seijaku.
    ―Primera vez que oigo hablar de ese clan.
    ―Eres un privilegiado, entonces. Los Seijaku son un clan muy antiguo que se especializa en Fuuinjutsu. Son incluso superiores a los Uzumaki en ese arte ―Damit dio un pequeño rodeo y recostó su espalda sobre un árbol, para después cruzarse de brazos―. Todas sus técnicas de sellado revelan ese kanji al ser utilizadas. Es la marca que deja un artista en su obra.
    ―Pues ha de ser la primera vez que presencio un jutsu suyo, también. ¿Por qué nunca he escuchado hablar de ellos?
    ―Porque disfrutan del anonimato. Se dice que incluso son capaces de sellar recuerdos, aunque me parece un mito que hace honor a su capacidad para borrarse de la historia ―Toshio le dejó proseguir, y el pelirrojo se tomó un buen tiempo para hacerlo―. Los Seijaku “venden” sus técnicas a quienes estén dispuestos a pagar por ellas; no transmiten su conocimiento, sino la capacidad para emplear el sello una sola vez. Pero son selectivos con quienes hacen negocios, por lo que si nuestro enemigo está relacionado con los Seijaku, cuenta con un aliado muy poderoso.
    ―Bien, Damit. Sé una buena mascota y llévame con los Seijaku. Si tanto sabes de ellos, imagino que ya han hecho “negocios”.
    ―Eres perspicaz ―sonrió―. No sé si traicionarían a uno de sus clientes, pero ¿qué otra opción tenemos? Sin embargo, habrá que proceder con cuidado… ¿Por qué no le pides ayuda a Nashla?
    ―Claro ―exclamó Toshio, formando una hipócrita “o” con la boca―, porque meter a la lideresa de una aldea potencia en un asunto como este le beneficiará muchísimo ―Suspiró―. No quiero meter a Nashla en más problemas.
    ―¿Y qué hay de él?
    ―No quiero meterme en más problemas.
    ―Toshio, no reviví para morir tan pronto. Espero que sepas lo que estás haciendo.
    ―¿Tienes otra opción?
    ―Podría huir, pero ya me ubicaste en otro continente. Eres terriblemente obstinado y aun no me atrevo a mudarme a otra dimensión.
    ―Pues, andando. Lo que menos quiero es que un escuadrón ANBU me localice a dos kilómetros de una tragedia con más de treinta muertos. ¿Dónde viven los Seijaku?

    Damit soltó una carcajada sincera, prolongada, que produjo en Toshio los más intensos deseos homicidas. Cuando por fin el joven de otra época dejó de reír, de secarse las lágrimas y retomar el control de su respiración, se dedicó a responder:

    ―Hablando de otras dimensiones…

    BishamonBishamon
     
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