Misión C Gravedad | Hiiro & Juro

Tema en 'Naruto World' iniciado por Bishamon, 17 Sep 2018.

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    Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    El concierto que realizara junto a sus hermanos, había finalizado con éxito. Era el último de una corta gira por el país del Rayo, antes de volver a las labores ninja que ni bien les permitía llegar a casa y disfrutar del acogedor espacio. Cada Miyazaki recibió un pergamino y el de Chihiro anunciaba la investigación sobre una supuesta saña que podría traer problemas a la aldea. Además indicaba que la misión no la realizaría sola, sino que le haría de niñera, en el sentido cómico de la palabra.

    Al guardar el papiro se dio cuenta de que le restaban cuatro horas para descansar, así que se escabulló de la fiesta de uno de sus hermanos junto con su fratría mayor por minutos. Chie no la iba a dejar sola, capaz que se aparecía algún demente y le hacía cosas; problemas de ser un pariente sobreprotector.

    —¿Con quién te toca ir?
    —Se llama Juro... —no quería sacar el rollo tan solo por un apellido, así que se esforzó por recordarlo—, Katomi, Katsumi...
    —Katsuki san—Hiiro secundó al pelirrojo. Ese le sonaba más al que hubo leído—. He escuchado de él. Es genin, tiene talento. Viene de una familia muy pudiente pero se dice que son muy austeros, figurativamente.
    —Siempre estás al pendiente de todo.
    —Es mi trabajo.

    Mejor dicho 'era el trabajo de todos' los shinobi, solo que Chie se tomaba su labor muy en serio y prefería estar preparado para cualquier vicisitud. Aparte, de un tiempo para acá, había estado más involucrado con el líder de la villa y seguro que su dedicación extrema venía motivada por ese vínculo. Habanero II le dio un semi abrazo al chico antes de perderse en su habitación; la fémina estaba creciendo muy rápido para su gusto.

    Al otro día y a primera hora, la jounin y el genin se encontraban de camino a la punta más alta de Idaina Yama (la montaña principal de Kumo); la presentación de los dos fue corta y casual: él le pareció un chico típico, sin algo que le hiciera especial respecto al resto y ella... bueno, a saber lo que pudo haber pensado.

    El plan inicial era ubicar esos pilares a la distancia para saber qué tan retirados estaban. Hiiro usó su catalejo para la labor mientras que el chico se valía de su vista por si captaba algo inusual y así sucedió. Ambos hablaron al mismo tiempo en pos de hacérselo saber al otro y con el dilema tatuado en la expresión facial intentaron convencerse de estar apuntando al lugar correcto.

    —¿Puedes echar un vistazo con el catalejo en esa dirección? —La pelirroja dirigió el lente a su ojo en silencio. Su pecho cimbró porque efectivamente había un grupo de rocas flotando a unos cuantos kilómetros.
    —Entonces nos estamos enfrentando a dos grupos —le facilitó el objeto para que igual se cerciorara—. Uno se acerca por el norte y el otro por el oeste.
    —¿Sabes si existen posibles enemigos importantes que deseen atacar a la aldea? —Una pregunta inesperada para la artista.
    —Kumogakure siempre ha sido pacífica, salvo con los samuráis —crujió los dedos y arregló los flequillos sobre su frente para poder colocarse su capucha—. De todos modos, la misión es clara. Debemos investigar.
    —¿Nos vamos a dividir?

    La chica le dedicó una sonrisita que Juro no supo interpretar. Con mucha atención la vio morder su pulgar y hacer sellos manuales. En el piso verdoso se extendieron un montón de kanji, característicos de una invocación. Chihiro llamó a un grupillo de escorpiones liderados por Niji, e inmediatamente les ordenó descender por el lado oeste junto a un clon de sombras suyo.

    —Andando.

    Juro y Habanero bajarían rumbo al norte.



    Por alguna razón, desde la villa se han estado visualizando enormes rocas flotantes en el horizonte. Muchos aldeanos consideran que debe ser una ilusión óptica aunque otros han argumentado que se trata de un ataque lento pero seguro contra la soberanía de la aldea... en verdad no tenemos tiempo para desmentir tales acusaciones con discursos, así que ustedes dos irán a conseguir evidencia y terminar con la histeria lo más pronto posible.

    Objetivos:
    -Encontrar las rocas flotantes y descubrir por qué flotan
    -Detener su levitación
    -Descubrir a los culpables

    Notas:
    -Hay mínimo DOS involucrados en el asunto, con capacidades épicas para el doton... pero para nada más.

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  2. Alessandri

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    Impresionado por el talento de la Jonin, el chico se vio tentado a inquirir con respecto a la capacidad de sus invocaciones ¿Incluía el poder comunicarse con ellas y coordinar un plan efectivo? A pesar de la curiosidad el joven quiso reservar sus dudas, estaba hablando de una ninja avanzada ¡Por supuesto que tenía en mente algo tan nimio como la comunicación entre el equipo A y B. Dirigiéndose hacia la ruta norte, el par se alejó más y más de los arácnidos, asistidos por el catalejo de la pelirroja para los efectos de cualquier movimiento imprevisto por parte de las rocas.

    -¿Tiene alguna idea de qué podría ser, Miyazaki-san?- preguntó el joven mientras comenzaban a descender de la cima de avistamiento, caminando de lado para prevenir el resbalarse. La fémina contempló una última vez a través del útil lente antes de responder.

    -Iwagakure está lleno de gente bruta... pero una declaración así está lejos de ser su estilo- el joven asintió, silentemente descendiendo, preguntándose qué clase de gente era con la que lidiaban. La kunoichi por su parte, si bien disgustaba de liderar tropas y mucho más a jóvenes novatos, tenía que reconocer que le agradaba trabajar con alguien que parecía tanto respetuoso como prudente, muy al contrario de los especímenes que se solían graduar de la academia. Sin embargo, su lado escéptico con respecto a las virtudes de la gente la compelía a inquirir más y ver cual era el punto débil de la docta fachada del Katsuki.

    Siguiendo la ruta el par tuvo tiempo para poder seguir conociéndose, o más bien, la encargada tenía la chance de interrogar al chico con respecto a sus capacidades. El castaño plácidamente respondía a cada pregunta, entendiendo que para el trabajo en equipo era importante que la superior tuviese una clara idea de sus habilidades. Las respuestas de Juro eran concisas, limitándose a compartir nada más que la información que se le requería con su cálido tono gentil, ello atribuído a la naturaleza secretista de su adinerada familia.

    La chica esperaba que las preguntas se le retribuyesen, pero nada, ella solía tener que romper el hielo compartiendo sus especialidades y algunos de sus jutsus a rasgos generales. Quizá era la paranoia de la chica, pero algo no estaba bien con el Genin, era demasiado ¿Bien portado? No había que malentender, era común ver chicos educados, pero algo sobre este en particular le daba la alarma de ser una fachada. Ignorando la preocupación innecesaria, la ojiazul notó que se encontraban cerca del punto medio entre ambas rutas.

    -Con cuidado- advirtió, a lo que el novato afirmó con un sutil gesto, procediendo a buscar un camino más discreto a través de la quebrada.

    Ambos concluyeron que lo mejor era tomar caminos separados pero paralelos, cosa de cubrir más terreno con sus sentidos pero a la vez mantenerse alertas en caso de cualquier imprevisto. Las rocas parecían seguir flotando mientras se desplazaban, Juro con la espalda contra la muralla rocosa de un breve desfiladero y Hiiro desplazándose a veloces zancadas de peñasco en peñasco. Todo parecía marchar sobre ruedas hasta que la pelirroja advirtió unos pasos que no provenían de su acompañante, alguien los estaba siguiendo.

    -¡Sé que están aquí!- una viva y grave voz advirtió de la nada, acto que fue seguido por la súbita y veloz aterrizada de un corpulento hombre, quien con una gran maza en ambas manos aplanaba el espacio donde se encontraba hasta hace poco el Katsuki.

    La Jonin abrió los ojos de golpe ¡¿Ya había caído Juro?! Más importante aún ¿Cómo supieron de su llegada? Ella había corroborado durante todo el camino, ningún vigía fue avistado por su agudo ojo. La mujer gruñó y se dispuso a salir de su escondite a terminar con el gran y misterioso guerrero, pero para la sorpresa de ambos adultos, el chico de la nube emergió desde la sombra que otorgaba su escondite, y tan veloz como su oponente, asestó una doble patada sobre la cara del hombre armado, haciéndolo retroceder unos pasos.

    -Tuve suerte de que hablas de más- soltó el chico tras aterrizar, con ambos pies y una mano sobre el terreno pedregoso, empuñando un kunai con su mano libre en señal de que el primer combate de la misión daba inicio.


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    Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    Los escorpiones y el clon de Habanero no tuvieron complicaciones para descender de la gran montaña, pues los animales se aprovecharon de sus dotes de movilización bajo tierra y la réplica de sus aptitudes para mantenerse fuera de la vista de otros como kunoichi que era. Ubicada sobre un pico calvo a una distancia prudente de las rocas que levitaban, aguardó a la espera de que las invocaciones hicieran su trabajo: deteriorar el interior del suelo, lo que ocasionaría un inminente derrumbe y quien estuviera maniobrando con los peñascos quedaría atrapado. Tenía la intuición de que quien fuese el gracioso sospechoso, no podía manipularles desde lejos.

    Sin embargo, un sismo de magnitud importante sacudió un gran perímetro aunque controlado. Donde estuviera la ninja no pasó absolutamente nada, no así a unos treinta o cincuenta metros alrededor de las rocas hasta otros tantos metros; imaginémonos un gran círculo con otro mediano y uno pequeño en el centro. En ese más chiquito yacen las rocas y entre ese y el más grande se ha de encontrar la zona afectada por el temblor. El piso se deformó, fisurándose por varias partes; un par de segundos después todo lo que se hubo salido de su lugar se amontonó con tal fuerza que diminutos restos de piedra, tierra y polvo se levantó cual géiser en distintos puntos.

    Lo que a Chihiro clon le cruzara por la mente fue que aquella demostración iba dedicada a alguien. Era un claro mensaje de los poderes del enemigo. Como todo el siniestro ocurrió bajo tierra, supuso que sus escorpiones no se encontraban más en este mundo y no estaba equivocada; su única forma de confirmarlo era aventurándose a ir más cerca.

    —Doton: Suna no Kanchi —golpeó el suelo con su puño dominante para que un montón de arena invisible se elevara y esparciera un kilómetro alrededor de ella. A continuación se desplazó entre las montañas calvas, zigzagueando entre ellas con la mirada puesta en el objetivo flotante.

    Lo más curioso de todo es que las grandes rocas avanzaban a una velocidad lenta y que tampoco había alguien por ahí a quien se le pudiera responsabilizar por la treta. Fue evidente para ella que el autor intelectual yacía oculto pero, ¿a más de un kilómetro? Pues ese era el alcance del jutsu sensor que activó. Chasqueó la lengua y con el puño le pegó al pilar natural que le servía de escondite. Así como hiciere su real versión, cubrió su boca y tapó el cabello con la capucha de su sobretodo; movió sus dedos justo al lanzarse a toda prisa hacia las rocas misteriosas. Lo que había hecho era incentivar su velocidad con una técnica raiton. ¿El plan? Provocar a quien sea que esté detrás de todo.

    […]

    Si aquel hombre había caído, fue gracias a la nula atención sobre sus enemigos. Este sujeto era de gran tamaño, musculatura destacada y qué decir de su arma tan robusta como quien la usara. Y bien que se lo había advertido su compañero, uno que Juro y Hiiro ignoraban que existía pero que muy pronto conocerían bien.

    El sujeto del mazo levantó su brazo izquierdo sin resentir el peso del arma. Según su mirada, yacía con la atención en el genin; en un dos por tres lanzó el gran martillo cual proyectil, haciendo que Juro esquivara con cierta agilidad aunque preso de la impresión. La verdadera razón de aquel ataque era la distracción, porque el robusto levantó una pared que hiciera que Katsuki tuviera que saltar al trastabillar. Cuando iba a elevar otra en pos de pegarle de lleno en el torso, Habanero se desplazó entre el suelo, surgiendo encima de la base de la nueva muralla y sirviendo de apoyo para frenar al varón de su misma aldea.

    El oponente gruñó, pues el golpe no fue contundente más allá del estrépito encuentro entre los protagonistas.

    —¡Chihiro san! —Se recargó de sus brazos y piernas, separándose lo suficiente de la aludida. —¿Se encuentra bien?
    —Debemos saltar —justamente el muro se vio fracturado gracias al contundente mazo. Los dos iban hacia abajo, pero antes de tocar el suelo Hiiro desprendió una lámina doton en la que se subió con Juro. —¡Ahora! —El muchacho de la Nube no atinó a responder enseguida, por ello la jounin le empujó para que cayese en donde ubicó la sombra de un pilar; ella saltó hacia el lado opuesto, viendo como su tabla de surf improvisada se hacía añicos. Un montón de estacas había surgido en el sendero creado por la destrucción y de no haberlo esquivado la hubieran pasado mal.

    Sea quien sea ese sujeto le quedaba muy clara una cosa: su elemento prioritario era el mismo que el de ella. Qué gracioso; lo mejor del cuento era que tenía forma de hacerle frente para anularle, sin embargo toda historia tenía un punto flaco y esta vez la debilidad de la jounin era su acompañante. Debía protegerle sin infravalorar sus capacidades.

    —Podrías ser más cortés y decirnos tu estúpido plan —el oponente la señaló con su única herramienta—, porque me parece que no lo sabes, pero permíteme aclararte las cosas —tal como se imaginó, lanzó el mazo; este giraba en vertical a una velocidad impresionante. No obstante, Miyazaki avanzó como si no hubiese absolutamente nada a escasos metros de sí. Tanto su atacante como el genin se dejaron ver a la expectativa de un acto arriesgado que apenas iniciara con la desaparición de la chica al sustituirse con una piedra que se encontrara a centímetros del fortachón. Su cortísima conversación le había servido para ubicar un objetivo sin lucir obvia.

    Recargó su pierna con chakra, golpeando al hombre desde abajo hacia la barbilla enviándolo por los aires. Eso dejó sin aliento al de menor rango; no esperaba que alguien de su estatura y apariencia delicada fuera tan ruda. En seguida la vio saltar para ubicarse detrás del oponente, solo que en vez de terminar la Flor de Loto extrajo de su armamento un hacha de guerra. Sin resquemor apuñaló cada hombro, inutilizando sus brazos. Él cayó cual saco de papas generando un gran estruendo. La tierra se tiñó de rojo y por si las dudas, Habanero magulló las piernas del sujeto; él reprimió todos los gritos de dolor, mas no el gesto en su cara. Aparte yacía muy molesto.

    —Juro, trae el mazo.
    —N-no podrá… —tenía las agallas para reír.
    —Creo que te conviene hablar —la músico se puso de cuclillas con su hacha en mano.
    —C-conmigo o s-sin mí, l-lo lograremos.
    —¡Chihiro san, el mazo! —Ambos protagonistas abrieron sus ojos de más al verle levitar; rápidamente empezó a moverse hacia oeste. —¡Se escapa! —Katsuki también se puso en marcha bajo la mirada de la jounin, quien fuera mínimamente distraída por la mofa del moribundo. Las rocas flotantes cayeron sin vida, así como quien tuviera el deber de velar por ellas. Chihiro le cercenó el cuello.


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  4. Alessandri

    Alessandri There's no cure for being a cunt.

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    Era una recámara oscura, iluminada por cirios que dibujaban al interior la silueta de tres sujetos. El primero en hablar se encontraba sentado en medio del penumbroso escenario, rezando con una mano mientras que la otra sostenía un raro kunai de piedra negra, que inscrito con sutras, tocaba el suelo periódicamente.

    -Pakoto fue derrotado- soltó con su grave voz el corpulento hombre de kimono, tras lo cual inmediatamente añadió -Moriteru sigue con vida... está siguiendo a los dos... la mujer es poderosa, el chico... no estoy seguro- su hablar era entrecortado, manifiesto de esa forma ya que reportaba lo que encontraba con cada uso de su raro jutsu Doton, el cual le brindaba un extenso mapa del lugar gracias a las vibraciones de la tierra. Fue así que no sólo encontró a Juro y Habanero, sino que además al clon y la brigada de escorpiones.

    -¿Qué hay de la que viene hacia acá?- inquirió una rubia, quien vestía lo que parecían ser largas vendas que cubrían su boca y cuerpo, formando un improvisado vestido con falda y sin mangas, además de unas mallas corporales que le servían de ropa interior. El sujeto que meditaba guardó un poco de silencio, tocó la tierra con su arma ceremonial y sólo entonces habló.

    -Shinjiro está por eliminarla... parece que empezó por sus invocaciones sólo para presumir- a su izquierda, un tipo alto con ojos vendados en x y de traje de leotardo negro completo sonreía de oreja a oreja antes de expresarse en mofa.

    -Y yo que pensé que íbamos a pelear, Moriteru y Shinjiro no nos van a dejar hacer nada para cuando el Jutsu del jefe esté listo- el monje simplemente volvió a sumirse en su absoluta concentración, rezando solemnemente mientras que las rocas flotantes reaccionaban a su voluntad, comandándolas desde su escondite subterráneo.


    La clon se desplazaba a toda velocidad, chispas brotando de sus piernas mientras que corría por la falda de la montaña, lista para arremeter contra las rocas flotantes y servir de perfecta distracción para que el enemigo se mostrase. Ya a distancia perfecta la chica pateó el piso, levantando escombros de piedra y tierra con su salto, luego comenzó a preparar sellos de mano para ejecutar un poderoso jutsu sobre las monumentales piedras. Todo parecía marchar sobre ruedas, pero a último momento percibió la intención asesina de un oponente a la retaguardia.

    -¡Te tengo!- la Jounin clon se hizo a un lado a último segundo, viendo como el rojo puño de un tipo pasaba de largo, con tal fuerza y velocidad que pudo haberla perforado incluso si hubiese sido la real. La extremidad humeante se retrajo y ambos contrincantes aterrizaron al mismo tiempo, viéndose cara a cara. El joven frente a la chica era un albino de chaqueta abierta, lentes oscuros y una sonrisa amplia, cuyos brazos parecían estar rojos en sangre injectada, haciendo reminiscencia al Jutsu de las puertas del chakra -Soy Shinjiro de los Cinco Onis de la Roca- se presentó el sujeto, tronándose el cuello y los nudillos.


    Juro era rápido, pero la maza que poseía el gordo era malditamente veloz. Trató y trató de alcanzarla pero con mera suerte logró seguir el rastro del gran pedazo de metal. Mientras se acercaba al objeto a duras penas, no pudo evitar notar que el arma en cuestión tenía inscripciones talladas que brillaban en color verde.

    -¿Chihiro-san?- llamó hacia atrás, siendo inmediatamente alcanzado por la atractiva joven.

    -¿Sí?- inquirió la pelirroja, a lo cual el castaño le apuntó hacia el arma que seguían.

    -Es obvio que alguien está manipulando el arma, pero creo que están haciendo tiempo- en efecto, el arma estaba tomando curvas y doblaba de forma estrepitosa, manteniéndose a la distancia suficiente como para que se le viese pero no ser alcanzada, era algo sospechoso sin duda. La encargada frunció el ceño ¿Era una trampa de verdad estaban sólo jugando con ellos? El arma era una simple distracción a estas alturas, por lo que la mujer ordenó.

    -Muy bien, volvamos al plan original y encontrémonos con...- cual si escuchase la conversación de los dos, el arma frenó en seco y giró estrepitosamente contra el par. La ninja avanzada agarró del hombro al genin y se lanzó al suelo junto con él, viendo como la voluminosa maza zumbaba por encima de sus cabezas, levantando sus cabellos antes de reincorporarse en mitad del aire. Los ninja de la nube se levantaron y pusieron en guardia, mirando a la arma flotante con recelo por casi volarles las cabezas.

    -¡Jajaja! ¡Espero que no te sientas muy orgullosa de derrotar al inútil de Pakuto! Él era simplemente mi lacayo ¡Yo soy el gran Moriteru! ¡La legendaria arma maldita de los cinco Onis!- un nuevo y peculiar enemigo daba el paso al frente, listo para enfrentarles cara a cara.
     
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    Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    Ni tiempo tuvo de hacerse las interrogantes a lugar por el revelador detalle. Chihiro clon tuvo que volver a evadir la finta de su oponente, quien paseaba a una velocidad impresionante que fácilmente superaba la suya si no procuraba evadir con eficiencia. Shinjiro no tuvo reparo al mover ambos brazos hacia adelante cual boxeador un par de veces; en cuanto pudo levantó la pierna izquierda, queriendo pegar de lleno en el torso de la chica y tras no conseguirlo, viró sobre su propio eje en pos de pegar otra más potente con la pierna contraria. Habanero se impulsó hacia atrás, quedando de cuclillas, terminando por asombrarse por el fugaz cambio de ubicación del sujeto.

    Fue puro instinto el presentir la aparición detrás de sí de quien la atacara. Por ello llegó a mover sus manos tan rápido como le fuera posible, deseando joderle un poco. Justo al recibir el inminente puntapié que la enviara metros hacia atrás, Habanero logró doblar su torso un cuarto, alcanzando a tocar la misma extremidad que la hiciera desaparecer. Las cejas de Shinjiro formaban una uve, resaltando su sonrisa maquiavélica y triunfal. Estaba muy seguro que encontraría a la original porque tenía gente experta monitoreando un gran trozo de perímetro.

    Las rocas continuaron moviéndose hacia adelante.

    [...]

    —Estoy empezando a creer que se han equivocado de rango —Juro tragó fuerte al escucharla, siendo un acto mental más que nada. Mentiría si dijera que no lo hubo considerado, solo que prefirió guardarse el comentario para no mostrarse incapaz de resistir la gran demanda de la misión. —¿Entonces aquel sujeto era tu peón?

    No recibió respuesta verbal. Lo primero que hiciere fue extraer su hacha y lanzársela a su acompañante; Katsuki supo responder a tiempo, echándose a un lado con la mirada bien puesta en el enemigo. Moriteru se acercó peligrosamente hacia ellos, mas fue la jounin quien le recibiera con otra arma entre sus manos: su yari. La fina herramienta pudo amortiguar los embates del mazo. Evidenciando su aptitud con la pesada arma, el bandido agregó más potencia a un cuarto golpe. No solo empujó a Chihiro, también provocó una onda que la desequilibró tras el encuentro con la adamantina.

    —Mierda —pudo ver al sujeto desplazarse en un santiamén por efecto de su mala postura y desventaja, empero la sorpresa final se la llevó Moriteru al tener que evadir la estocada directo al cuello que le propinaría Juro. Había aprovechado su focus en Hiiro y la sombra del rededor para transportarse. Asimismo fue la silueta oscura proyectada por los rayos del fuerte sol que alertara al extraño de su cuasi fin.

    Quien alardeara de su papel se sustituyó con algún pedazo de piedra, no sin antes soltar el martillo pero en vía contraria a la pelirroja. Esta vociferó el nombre del genin y segundos después sucedió lo que temió. Si bien no fue un golpe contundente, el usuario de las sombras resultó con un hombro lastimado, quizás dislocado. El mazo se dirigió hacia su verdadero dueño.

    —Ponte de pie, rápido —no quería lucir cero empática para con su compañero, pero confiaba en que sería lo suficientemente inteligente para suponer que su presión se debía a la gravedad del asunto.

    A escasos treinta metros se encontraba Moriteru junto a su predilecta amiga de metal. Continuaba riéndose, sintiéndose el más poderoso del escenario; no pasó por alto el que el genin se agarrara el brazo lastimado a la altura del hombro y por morbo genuino comprobaría si podía ser útil, obligándole a actuar. Desde que pusiera sus pies en movimiento, la artista intuyó lo que buscaba, por lo que colocó a Katsuki detrás y sagaz recreó una pared de tierra que causo gracia al enemigo.

    Enseguida tocó el suelo para expandir un sensor terrestre que le permitiría culminar la ofensiva; Moriteru llevó el mazo hacia atrás en horizontal, destruyendo de senda arremetida la muralla sin imaginarse que la fémina lanzaría varias estrellas hacia él. Al ubicarlas con la mirada, no le valió de nada esquivar. Las shuriken detonaron, haciendo que los escombros de la pared se tornaran peligrosos.

    Aprovechando el polvillo, las heridas del oponente y el poquísimo tiempo a su favor, Hiiro exhaló una gran humareda negra digna de fábrica contaminante e inmediatamente elevó una placa del suelo, similar a la que Juro había visto antes.

    —Debemos irnos. —¿Valdría la pena negarse? Él era un muchacho con mucha consciencia de la realidad, no así un amante de retirarse del problema. Empero este viró la tortilla cuando resultó afectado, lo que le hacía sentir como una carga.

    Moriteru no pudo sostener por mucho las incesantes ganas de toser por culpa del jutsu ígneo. Con sus brazos decorados con finas líneas de sangre se pudo apoyar, poniéndose de pie apenas resistiendo su propio peso. Por su oído derecho escuchó la voz de alguien conocido que le advertía de lo que hubo realizado la jounin para marcharse. El peliblanco escupió al piso evidenciando su fastidio, que en segundos pasó a ser un sentimiento que se evocaba con una mueca llena de altivez. Su misión ahora era reunirse con quien protegiera a las tres rocas restantes. Ya tendría oportunidad de culminar su batalla para enviar flores a la tumba de ambos entrometidos.

    [...]

    Entre los protagonistas no había intercambio de palabras desde que se marcharan, lo que empezaba a intrigar al más joven en el mundo sistémico ninja porque tampoco podía ver el rostro de la pelirroja. Por lo menos sus hombros yacían hacia abajo y la mano que podía ver no se encontraba apretada. La tabla doton perdió el efecto pasado unos minutos y en vez de caminar o correr a nivel del suelo, Miyazaki le pidió que se mantuviera saltando por los pilares rocosos. Aquella orden le sirvió para que él denotara que no parecía molesta.

    Con ayuda de varios escorpiones de nivel dos, pudieron esconderse en un hueco creado en lo alto de una montaña calva. Aquellos animales podrían hacer el agujero sin que ni una pequeña porción de tierra cayese, pues de suceder descubrirían su ubicación. Los detalles llegaron sin ser pedidos a oídos del varón: el clon de Habanero tenía rato de haber desaparecido; toda la información recolectada, a través de su experiencia, llegó a su mente. Se reprodujo en forma de un montón de imágenes que fueron mostrándole lo sucedido desde el aplastamiento de los escorpiones, hasta la colocación de un sello especial en la pierna del enemigo. Eso fue lo último que hiciere la réplica.

    Mientras hablaba y Juro escuchaba con los ojos y orejas bien abiertas, buscaba unos cuantos utensilios médicos para tratar el brazo del muchacho. En una de esas se interrumpió para pedirle que se descubriera el hombro; él se lo pensó un instante, mas no le quedaba de otra que aceptar la ayuda si quería continuar siendo funcional. Chihiro pasó un poco de alcohol en la raspadura, siendo nula delicada al respecto. Juro consideró que esa era su manera de llamarle la atención por haber salido lastimado. Bajo esa idea aceptaba las consecuencias.

    —Ah... carajo —apretó los dientes por el terrible ardor. Sus ojos se llenaron de lágrimas que jamás saldrían de ellos.
    —Al fin sacas el cobre.
    —¿D-disculpe? —Hiiro dejó de untar para verle a la cara con una expresión tan radiante como inexistente. Él igual le devolvió la mirada con dejo confuso.
    —¿Hasta cuándo vas a seguir fingiendo ser el chico educado que seguro no eres? —Sobó la gaza haciéndole respingar pese a la sorpresa por la pregunta.
    —No sé de qué habla. —Ella soltó un suspiro. A continuación tomó una inyección para aplicar un poco de morfina. —¿He dicho o hecho algo que le esté molestando? Yo pensé que no... ¡Ah, mierda! ¡Ah! —Varios sonidos quejumbrosos salieron de su boca gracias al ajuste a su hombro que hiciere la músico. Era de lo poco que sabía sobre medicina a conveniencia, pues su especialidad la exponía a esos riesgos.

    El efecto de la droga surtió rápido para felicidad del de menor rango. Por lo general no usaba la morfina en ella, sino que la mantenía consigo por si cierto pelele hijo de puta de la Niebla la requería. Al principio cargaba con dos tomas, pero la bajo a una para no ser promotora de la adicción de dicho hombre.

    —Gracias —se había acomodado la ropa.
    —Más cuidado para la próxima.
    —Cuente con eso —hizo una corta reverencia—. Quiero que sepa que no estoy fingiendo sobre mi forma de ser...
    —Quieres impresionarme —Hiiro curveó sus labios y llevado sus manos a cada lado de la cintura.
    —De hecho, yo soy el impresionado.
    —Es natural.
    —Imagino que sí —si no continuaba hablando retomarían el silencio de antaño, así que tras haberlo considerado por unos tres segundos, caminó para ponerse a su vera. Los púrpura de la artista continuaban encajados en sus orbes aunque tuviera que alzar el mentón —. Pero debo admitir que no quiero sentirme una carga y por ello deseo demostrarlo. Si llego a impresionarla, será un logro para mí... mas la utilidad es una satisfacción propia.
    —Estos no son enemigos fáciles.
    —No soy un objetivo fácil.

    Pareciera que la declaración fuese más para ella, que orientada a los loquísimos oponentes. El trasfondo existía, impidiéndoles perder el norte de su misión.

    Antes de salir de regreso a la excitante acción, Hiiro tomó asiento cerca de la pared menos puntiaguda para recostar su espalda. No podía dejar de darle vueltas a los episodios de su clon, específicamente a ese instante en el que estuvo a nada de atacar las piedras. ¿Por qué el tipo que la atacara no usó algún jutsu de tierra para deshacerse de ella? Como lo hizo con las invocaciones. Le constaba por los recuerdos que las mismas ni siquiera se movilizaban a la vista, por lo que el enemigo contaba con un sensor, eso era seguro; lo que no, era que...

    —Eh... Chihiro san, ¿está todo...
    —Quedémonos un rato más —Katsuki levantó sus cejas en sincronía—. Nos servirá para crear algún plan y comprobar algo.
    —¿Y si nos encuentran aquí? —Ahora la sorprendida fue ella.
    —Entonces demostrarán tener un sensor muy amplio y no solamente terrestre. —Paseó su mano dominante por sus cabellos rojos, recogiendo los flequillos que cubrieran su frente. —Debemos atrapar a alguno de esos estúpidos fanfarrones para interrogarle. Esa será nuestra misión ahora. Para los demás tendremos que solicitar más ayuda.
    —¿Alguna idea para provocar su inminente aparición?
    —Nosotros debemos ir a ellos en caso que no nos encuentren —acomodó sus guantes al mismo tiempo que se ponía de pie—. Y como han sido tan amantes de todo lo relacionado con la tierra, tengo la solución perfecta a nuestros males —posó su zurda sobre su cadera—; por supuesto que no descarto que estos sujetos tengan manera de responder al raiton. ¿No conoces ningún jutsu elemental? —Al recibir su mirada, Juro se espabiló e intentó mantenerse neutral al respecto pero el vaivén de sus pupilas bastó para conocer la respuesta. —No puedes dejar que la situación te lleve ventaja. Nunca sabes el día en que te puedas topar con un enemigo fuerte.


    AlessandriAlessandri
     

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