Evento Trama Gaze of the Abyss | Kiseki + Nashla + Kuroi

Tema en 'Naruto World' iniciado por Angelo., 13 Nov 2018.

  1. Autor
    Angelo.

    Angelo. where's the fun in playing fair? Moderador

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    Primer Lanzamiento
    Dado: 5
    Casilla: 5 - Neutral - Post Libre

    ...YUKI...
    ...NO...
    ...KUNI...
    Blanco puro, como salido de un sueño. Eso era lo único que se veía por kilómetros desde la adornada cueva que era levemente calentada por una inocente fogata, la cual apenas podía mantenerse ardiendo en medio de un imperdonable frío como el que reinaba por todo el paisaje. Curiosamente, el espacio se mantenía vacío, como si nadie hubiese estado ahí nunca, pues todo se encontraba en un estado impecable.

    No había que pensar mucho para darse cuenta que el calor, los adornos y la posición de ese lugar habían sido elegidos por una araña con anticipación, aunque no sabía si realmente se lograría llegar ahí con todos los invitados que estaban anticipados. Además, ¿cómo se supone que iban a aparecerse en un espacio tan alejado e indómito de todo Modan? El legendario y abandonado País de la Nieve no era visitado nunca por gente con tres dedos de frente... a menos que tuviesen una buena sospecha sobre la presencia de los dichosos ojos del Rikudou Sennin.

    En la pared opuesta a la entrada de la cueva, un curioso sello había sido colocado por la misma persona que arregló ese espacio e inició las llamas. Alguien que desde hace mucho tiempo era parte de la red de contactos de Oto y no dudaba en realizar un favor para un miembro de su villa, especialmente si era el líder de su escuadrón. La especialización de este individuo estaba relacionada con habilidades que deformaban el Hiraiishin y derivados, permitiéndole, entre varias cosas, colocar sellos en puntos equidistantes y habilitarlos para que fungiesen como portales... sí, así de fácil.

    Kiseki lo recompensaría después... primero debía llegar en perfectas condiciones con su invitada de honor, quien después de su encuentro en la villa destruida tenía mucho en la mente. Ella sabía que su anterior pupilo tenía razón y que muchas cosas estaban en riesgo, pero al mismo tiempo no podía perdonarle todas las cosas que antes había hechos contra ella y su aldea natal. ¿Qué era lo correcto?

    De cualquier manera, Nashla ya sabía dónde encontrar al floreado en caso de aceptar su oferta... ya le había dejado claro que la esperaría en el bosque donde libraron su última batalla.

    Sólo quedaba esperar...

    BishamonBishamon

    Segundo Lanzamiento
    Dado: 4+5
    Casilla: 15 Kunai Rosa Ascentente > 35 Neutral - Post Libre (PASO)

    General: Chika Kudou - Zand
    General: Mimiyaku Sonomi - Aranaku
    Soldado: Maito Watanabe
     
    Última edición: 27 Nov 2018
  2. Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    Había sido un día lleno de trámites, lo típico y nada fuera de lo normal dentro del agaje de ser la mandataria de una nación ninja importante y por demás en peligro; cualquiera diría “cuándo no”, pero por todo lo acontecido lo probable se sentía más latente y el temor de la población acrecentaba con los rumores verdaderos y falsos, esos que siempre exageraban todo y provocaban pánico en exceso. Nashla llegó a creer que todos sus enemigos estarían detrás de cualquier cizaña echada a la población para que entre una cosa y otra se sintiera sin fuerzas, perdiera el control de sus propias emociones y colapsara… como la pila de papeles que se cayó en su oficina desbaratando el orden en el que fuesen colocados.

    No enloqueció.

    Satoshi le preparó un poco de té y pidió que nada más entrara por esa puerta a no ser que se tratase de la investigación sobre la pérdida, robo, extracción, lo que fuere de esos malditos ojos. Si algo positivo le hubo sucedido en horas más tempranas, fue el saber que las medidas para mantener a los Uchiha a salvo estaban en marcha; que si debían irse a otro lugar para refugiarse, ya tenían a dónde. Asimismo procuró que prepararan espacios suficientemente amplios para acoger a otros que viniesen de lugares externos y/o por si los civiles no ninjas debían salir de sus casas por seguridad.

    Desde el marco de la puerta de una habitación contigua a la suya, miraba al par de niños que llevaran su sangre y la de Toshio dormir. No existía en el mundo personas más importantes que esas dos; a través de ellas podía volverse más empática con el resto de la humanidad, mejor dicho con todo aquel que mereciera el sentimiento.


    Sin hacer ruido caminó hacia un diminuto buró que yacía sirviendo de separador entre la cama de cada mellizo. Abrió la segunda gaveta llena de juguetes y por debajo empujó la madera para que se levantara, ubicando allí un kunai espacio tiempo con el chakra necesario para que el Tsute diera abasto para toda su familia. La casa de Hogaku en el Horizonte ya no era segura, por lo que el destino sería uno completamente distinto e inesperado; tanto su marido y ella estuvieron de acuerdo con que no habría lugar más idóneo en caso de emergencia.

    Besó a cada infante en la frente, diciéndoles cuánto los amaba.

    Pecas regresó a su cuarto para terminar de cambiarse con una vestimenta más adecuada para el clima que en días tendría que soportar; pantalones abombados, sandalias cubiertas y altas; una blusa resistente al frío que cubriera sus hombros, pues sus brazos estarían protegidos por guantes largos. Encima llevaría una capucha digna de ANBU. Ni siquiera portaría la insignia que la hiciera ver como Mizukage ante el resto del mundo.

    A su madre y abuela les entregó una nota con varias instrucciones que solo debían acatar sí y solo sí sería necesario, porque de precipitarse podrían poner en riesgo lo que había aceptado hacer tan solo por la causa, un acto que probablemente el Concejo no entendería nunca y que de saberse significaría el final de su título vigente como sombra del Agua.


    —Ya me he arriesgado demasiado al mantener contacto con Shio —esbozó una corta sonrisa cargada de resignación—, así que si decidieran sustituirme como Mizukage, no importa.
    —Es solo un maldito título —acotó Maru logrando que su nieta riera—. La familia va primero.
    —Gracias, abuela.
    —Lo que no comprendo es por qué ir con él… mató al anterior feudo, traicionó a la villa y te hizo quedar mal delante de todos —Amaia lucía consternada, bastante—. A Toshio no le agradará saberlo.
    —Solo espero que entienda que tuve una causa poderosa para hacerlo —tomó un poco de su chocolate caliente—. Así como me he pasado la vida completa entendiendo sus movimientos.
    —En eso tienes razón.
    —Igual ya me encargué de que la información pertinente le llegara, así que lo que tengo que evitar es que haga alguna tontería premeditada —ingirió lo poco que quedara en su taza—. No confío en Kiseki y él no es idiota, así que si se arriesgó a contactarse conmigo y pedirme que fuera a ese país conociendo a las personas con las que me relaciono, seguro ha sido a propósito.
    —¿Irás sola?
    —Por ahora sí; prefiero que Satoshi se quede con ustedes pero si no he dado señales dentro de setenta y dos horas, tiene órdenes de llegar a mi posición.
    —Ve con cuidado.

    La azabache más joven se despidió de sus parientes y toda vez abrazada por la oscuridad apenas mermada por las luces de la calle cubrió su rostro con una máscara distinta a la de un ANBU común. Gracias a su esposo contaba con varios estilos, no tan específicos como los que solía usar él, por lo que podría pasar desapercibida con un poco más de facilidad. Gracias a su ayudante fiel pudo desplazarse de un lugar a otro sin gastar su propio chakra, llegando a una de las montañas que quedaban fuera de los dominios de la Niebla. De ahí en más correspondía correr e ir por encima de las ramas a toda velocidad hacia el pueblo más próximo, donde estaba una carreta esperándola pues su plan hacerse pasar por una civil más mientras estuviera en su país.


    Todavía era de madrugada. Unos pocos puestos de entretenimiento continuaban abiertos, algunas personas se encontraban retozando afuera de los mismos, luciendo tan ebrias y pendientes a sus asuntos que un extraño más no les resultaría llamativo. Nashla había cambiado su apariencia a la de algún aldeano que estuviera retirado de donde yacía más concentración de bebedores porque, a continuación, noqueó al sujeto que orinaba tranquilamente. Con cuidado lo llevó entre un grupo de arbustos para que al despertar no estuviera alejado de su territorio.

    Indiferente a lo que hiciera la gente caminó hacia unos animales de carga; desató la cuerda y en cuanto subiera en el lomo escuchó el estruendo que provino desde el interior de una taberna. A punta de gritos le exigían a otra persona que se marchara cuanto antes porque “no querían gente maldita” allí; los trabajadores trataban de evitar cualquier enfrentamiento, mas eso enervaba el enojo del grupo que demandara que un muchacho muy joven desapareciera.

    —¡Ese hijo de puta tiene parecido a los malditos Uchiha! —Empuñaba los restos de una botella que rompió para tener con qué defenderse, pues sabía que si era un shinobi tendría armas para atacarle.

    —No te consta que ellos sean parte del problema, ¿qué hablas? —Alguien intentó intervenir, pero su intención se vio cortada tras una clara amenaza.
    —En este lugar no hay ninjas y a todas luces este crio luce como uno, ¡qué busque refugio en otro lugar!
    —¡Sí! ¡Qué se vaya!
    —¡Lárgate!

    El atacado hizo tripas corazón para no ceder a la petición constante de las innumerables voces de su cabeza, mismas que repetían en todos los tonos que les quitara la vida a cada persona que se hubiese atrevido a señalarle porque sí; que les demostrara que con un Uchiha nadie se metía y menos con una boquilla rota e inútil.

    Antes de que Kuroi pudiese siquiera pronunciar algo a su favor, se dio cuenta de la manera en la que yacía la mirada de todo el que estuviera cerca de su persona. Todos habían perdido el brillo de la ira, la denotación de conmoción o la preocupación que les embargara para pasar a lucir como seres sin voluntad. Rápidamente miró hacia atrás porque supo que aquello había sido obra de algún ilusionista; abrió los ojos un poco más al chocar miradas con un… ¿ANBU? Quien le extendiera la mano para que la tomara y subiera al caballo.

    […]

    Tras horas de recorrido por un denso bosque que cruzaba entre pequeñas villas y poblados, el par hizo la parada cerca del límite imaginario que separara un trecho común y corriente, de los bosques pertenecientes a la familia feudal (o que alguna vez pertenecieron, porque tras la muerte del anterior, su esposa decidió deshacerse de esa propiedad y el gran terreno que abarcara). En todo el trayecto no hubo ningún intercambio entre los shinobi, empero toda vez con los pies en el suelo Kuroi no pudo contener más la curiosidad.


    —Soy Yuusha.
    —Ilusionista…
    —Uchiha —eso representó un alto en las respuestas del varón—. Y si eres uno también, no podía dejar que te hicieran algo porque sí.
    —Eso no te consta —se cruzó de brazos—, ¿por qué me ayudaste?
    —Si no eres Uchiha igual esas personas no tenían por qué atacar a alguien porque sí —acomodaba su capucha—. Deberías irte a dónde sea que vayas.
    —Si conociera este país sería más sencillo para mí —confesó casi burlándose de sí mismo. De repente Kuroi y Pecas percibieron algo diferente en el ambiente; el muchacho pudo jurar haber visto que las plantas se movían de manera sospechosa, enseguida creyendo que podría ser eso otro genjutsu. —¿Qué está pasando?
    —Nos está dando la bienvenida.
    —¿Quién?

    Entonces lo vio salir desde detrás de un tronco, a esa persona de cabellera larga, ojos dorados, uñas negras y largas; con su mirada llena de satisfacción.



    Pergamino Azul, done. Nashla no se mostrará tal cual, siempre estará cubierta y con el rostro también. No dirá que es Nashla; solo Yuusha.

    YuudaiYuudai Angelo.Angelo. ya saben.
     
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  3. Yuudai

    Yuudai You know nothing.

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    Pat. Pat. Pat.


    La forma física de un shinobi es superior en muchos aspectos a la de una persona común, pero las largas caminatas no son menos tediosas para ningún individuo sobre la tierra. Los pies de Kuroi pueden presumir de muchas hazañas maratónicas, pero cuando la mente no acompaña al cuerpo, simplemente cualquier actividad es fatigosa y aburrida.


    "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" Pensaba Kuroi mientras vagaba por aquella tierra rodeada de agua, solitaria y danzante en mitad del océano. Una de las civilizaciones ninja más importante se irgue allí, y si bien la misión del muchacho no correspondía en lo absoluto llegar ahí, no perdía nada con intentarlo. Anhelaba en dicho momento hacer contacto con la Mizukage puesto que rumores le contaron que la líder de aquella nación correspondía a una camarada, una compañera, una familiar, una igual de su clan. Que orgullo, ¿no? Pues poco significa para el muchacho, sus ojos esquizofrénicos y desleales más le ha hecho odiar su clan, su extirpe, su sangre. Un hermano traidor y un padre ausente, eso era todo lo que conocía sobre el clan Uchiha.

    Bah, una taberna. Sitio para distraerse, beber una bebida, comer algún aperitivo y olvidar que estaba escapando, maldita sea. Huyendo como un pobre diablo. Dio un gran suspiro y atravesó la chirriante puerta con un insípido ánimo y un aparente desvelo en sus ojos. Se sentó en la barra, olvidó que era menor de edad y pidió una cerveza. El tabernero no insistió en pedirle algún tipo de identificación: en tiempos difíciles, cualquier moneda vendría bien.

    Glug. Glug. Glug.
    Una especie de frescura satisfactoria se evidenció en un suave gemido exhalado por el chico justo después de besar con tibieza su bebida alcohólica. Mientras la bebía, no hubo mucho alarido. Era temprano aún y parecía que la clientela habitual aún perdía su vida en sus trabajos. Pronto sería la hora de colación y habría tiempo para compartir una bebida con algún samaritano para así olvidar la pena y la ansiedad que carcomían su ya nada impasible espíritu.

    Nada de eso pasó. Cuando llegó la gente, hubo un momento de armonía en el cual todos confluían en paz, hasta que el tabernero en un susurro desveló una inquietud que se venía desdeñando de hace un rato. La maldición de su clan nunca fue exclusivamente poseer aquellos ojos malditos, llenos de ira y de rencor, sino también esa piel nívea casi virgen de los rayos del sol, contrastada con ese azabache que no presentaba luz alguna, a diferencia de su siempre iluminado semblante.

    Una bochornosa escena de histeria colectiva tuvo por lugar aquella taberna, y tuvo por víctima al joven Uchiha. Lamentable escenario que fue solventado a cabalidad por una extraña silueta que jineaba un bello corcel.

    No hubo palabras, no hubo gestos, no hubo agradecimientos en el trayecto. Los galopes del caballo amortiguaban las voces que encandilaban la mente del chico. Parecía que la bonanza le había hecho una estatua o quizá un memorial en su recuerdo. Siempre que una situación tensa y de quiebre se formaba en las vísceras de la ansiedad, algo apaciguaba su sicopatía, un espíritu, un gesto, una sonrisa tal vez, cualquier cosa podía retomar los cabales del chico... y eso era algo bueno, considerando el nivel de perturbadores alaridos que susurraban cosas no muy éticas en la mente del chico.

    Cuando el viaje hubo por terminado y las palabras estaban a punto de ser entrecruzadas, la mente del chico estaba en blanco. No es posible hacer un resumen siquiera de lo que más llamó la atención del muchacho o especificar que sentimiento predominó en su ser: Kuroi era un cero, una letra que no existía, una estrella que jamás hubo en el firmamento. Se remitió a suspirar.

    El extraño movimiento del follaje y la aparición de un muy extraño personaje para el joven fue la punta del iceberg en ese momento. Kuroi se plantó desentendido, fuera del plano en el cual le situaba la realidad. No comprendía nada y estaba frustrado porque al parecer era el único individuo extraño entre aquellas tres personas, y no tardó aquel individuo en hacer dicho alcance. Era evidente que esas dos personas se conocían, pero Kuroi no conocía a ninguna, ni ellos le conocían a él. Por lo menos, él creía que no conocía a ninguna.

    — ¿Compañía? —Dijo con esa sonrisa nata e inamovible que erguía aquel pálido muchacho, como si fuese un reflejo de la misma luna, encandeciendo enteramente los débiles ojos de Kuroi.

    Kiseki acortó la distancia entre ambos, ignorando brevemente la presencia de Yuusha; pero no por nada personal, todo lo contrario. Era bastante curioso que la chica detrás de aquel disfraz trajera un compinche de esa calaña: lánguido, pequeño y sin mucho vigor aparente en la mirada. Aquella contemplación del sujeto de ojos dorados le provocó una especie de... ¿epifanía? Algo había oído de él. No, algo no, Kuroi de pronto se enteró de quién era: alguien de quien mantenerse alejado.

    Un fugaz temblor no sólo en las piernas del muchacho sino en su mirada se hizo ver con precocidad. Kuroi estaba frente a frente con un regicida y, principalmente, frente a un shinobi que le sacaba años luz en fuerza y otras capacidades. Yuusha se dio cuenta de la inquietud de su acompañante y, si bien intentó calmarlo buscando su mirada, la araña se anticipó.

    —No...
    —Yuusha. —Completó rápidamente la chica.
    —Déjalo. No te preocupes. —El galardonado criminal le regaló una breve reverencia al pequeño Uchiha— Soy Michibiki Kiseki. —El chico acompañó su permanente sonrisa con un jovial semblante que se podía llegar a sentir sincero de alguna manera y no una careta.

    Kuroi inhaló e intentó recomponerse. Suspiró, cerró sus ojos y correspondió a la reverencia.
    —Uchiha... —guardó silencio mientras se encontraba aún saludándole, con los ojos mirando al suelo. Sus neuronas intentaban componer algún seudónimo, pero no fue fructífero. Kiseki abrió sus ojos levemente sorprendido y no bien soltó una leve risa hasta que el chico le hubo revelado su nombre completo— ...Kuroi.
    —Ya veo. Que interesante situación.

    Solo una cosa bastaba por concretar. La chica y el albino tomaron la delantera caminando hacia quién sabe donde. Kuroi solo se remitió a seguirlos ni de cerca ni de lejos, pero profundamente perturbado por la extrañeza del contexto. ¿Un criminal? ¿Y quién demonios era aquella ilusionista que hacía contacto tan cercano con quien asesinó a un alto y escoltado mando? Ambos debían presumir de ser excepcionales. Apenas el Uchiha podía oír murmullos, pero no eran abundantes, pues bastaba asimilar unos momentos la postura de la chica oculta tras su ropaje para descubrir no una incomodidad, pero sí su expresión corporal distaba mucho de complacencia. Parecía que no era Kuroi el único que sentía la inseguridad.

    Atravesaron el bosque un rato muy breve, no es exagerado decir que fue más de un momento, como buscando algo que a simple vista no estaba. Intentando hallar algo en específico, como vislumbrando una pista que se esconde ahí, solo donde el rabillo del ojo es monarca, Kiseki se detuvo. Nashla no tardó en comprender dicho gesto y también alertó su vista hacia un punto perdido en la espesura del bosque. Kuroi tardó unos momentos en percatarse de que aquel brusco gesto correspondía a algo más allá de lo estipulado por ellos, por su "pacto" que él desconocía pero que inesperada y aleatoriamente se había visto envuelto. Alertó también unas sombras en el paisaje, en una especie de punto nemo del bosque donde solo la dicha visual lograba penetrar, a pesar de no gozar el chico de muy buena vista sin sus ojos malditos.

    —No dejemos que eso nos desvíe. —Sentenció Kiseki y dejó a merced de los ojos de sus dos acompañantes un extraño sello posado casi camuflado entre la espesura— Que tengamos un buen viaje. —Dijo así sin más, acompañando sus palabras con esa sonrisa permanente y, para el chico, un tanto incómoda.

    El sello actuó y de pronto abandonaron el bosque. El espacio tiempo se deformó llevándolos así a un sitio bastante alejado de donde se encontraban, en la inmensidad del frío y la nieve, pero a las afueras de una cueva donde la sitiaban los vestigios de una hoguera.

     
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    Última edición: 18 Nov 2018
  4. Autor
    Angelo.

    Angelo. where's the fun in playing fair? Moderador

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    Tercer Lanzamiento
    Dado: 4
    Casilla: 39 - Versus - Other Side


    Se necesitaba a alguien completamente loco o en extremo emprendedor para aceptar hacer una travesía por el País de la Nieve sin más apoyo que los pies para desplazarse. El viento que podía azotar la tundra en un mal día era en verdad peligroso, por lo que no cualquiera era capaz de atravesar los páramos congelados de Yuki y salir ileso de los mismos, en especial si se estaba buscando un tesoro perfectamente escondido entre la espesura de la nieve. Esa mañana en particular, todos los presentes en aquellas extensiones gozaban de relativa calma, pues sólo caían inocentes copos con regularidad.

    El sol apenas iluminaba a través de las densas nubes, aunque su brillo era suficiente para generarle sus respectivas sombras a un trío de caminantes perfectamente ubicados.

    -
    Estos osados ladrones son bastante inteligentes, ahora que lo pienso - Sonomi, el ostentoso pelirosa, habló tras un largo silencio entre sus compañeros.
    -
    ¿Usted cree? - Preguntó el de menor rango en la triada, mirando hacia arriba e intentando diferenciar las montañas nevadas del horizonte. - Tal vez sólo quisieron alejarse lo más posible de la escena del crimen y por eso terminaron aquí.
    - No, Mimiyaku tiene razón - replicó Chika. - Están robando material biológico, es normal que un lugar con bajas temperaturas sea su primera opción.
    -
    ¡Exacto! - Se emocionó el general de largos cabellos al ver que alguien lo entendía. - Si estamos hablando de los verdaderos ladrones de ojos, lo más probable es que estén intentando mantener esas preciosas corneas en el mejor estado antes de intentar hacer cualquier estupidez con ellas. No creo que sean lo suficientemente hábiles como para sacarles buen uso, pero uno siempre puede equivocarse, en especial cuando se trata de esta tierra tan rara.
    -
    La última vez que estuviste aquí casi mueres - le sonrió Kudou.
    -
    ¿Y tú? Recuerdo muy bien que regresaste a casa con un brazo casi desintegrado - le regresó el chiste con un ligero empujón. - Al menos el joven Maito no tuvo que preocuparse de casi morir en batalla, ahora debe preocuparse por morir congelado en un lugar tan espantoso como este - rió, pues incluso el general no tenía a la vista su pintoresca armadura, sino que estaba cubierto por varios mantos cálidos.
    - Creo que hubiese preferido unirme a ustedes en combate, tal vez hubiese sido más útil. ¿No creen? - Nadie respondió. - ¿No?
    - Silencio - indicó el arenoso.
    -
    Suena como... ¿grietas?

    Al instante, el mismo suelo estalló entre miles de cúmulos nevados y, subsecuentemente, extraños árboles blancos de marcas negruzcas entre sus creces de madera. La invocación de tal bosque no tardó en cubrir un enorme trozo del escenario, sorprendiendo a los samurai que tanta tranquilidad habían gozado escasos minutos antes. Los dos generales develaron las primeras fases de sus espadas, uno portando su arma en mano y el otro manteniendo tres copias del sable flotando en el aire. Mientras tanto, el menos del trío apenas consiguió desenvainar a tiempo para clavar su hoja en uno de los troncos, evitando que el súbito movimiento terrestre lo llevase a sus pies.

    -
    ¿Quién nos interceptó? ¿Cómo? - el del parche preguntó, atento a todos sus alrededores, por más tupidos que estuviesen.
    -
    Ellos - el sonoro general señaló uno de los troncos, en el cual caminaba un inocente ciempiés. Su presencia no era casualidad, quien sea que estuviese viéndolos quería que ellos supiesen que estaban bajo su mira. - Que curioso... había escuchado que los ninja tienen buenas habilidades para conectarse con animales, pero no pensé que algo tan insignificante fuese a darnos problemas.
    - El estúpido suelo no nos dejó ver a esas cosas... - rechistó el de purpúreos cabellos.
    -
    ¿No huelen a quemado? - Chika alzó su nariz, al mismo tiempo que la triada el Hierro se percataba que una nube negra estaba haciéndose paso por la improvisada floresta, pero ¿por qué? Eso era lo único que podía preguntarse el albino de ese grupo, quien apenas podía leer las caras de sus superiores, uno bien sonriente y el otro con seriedad absoluta.
    -
    ¡Vamos! - Indicó Watanabe, iniciando su caminata en dirección hacia el fuego.
    -
    ¿¡Qué haces, idiota!? - El portador de Zand se escandalizó
    -
    ¡Es obvio que quieren ahumarnos fuera para tenernos en campo abierto!
    - ¡Quieren quemarnos vivos!
    - ¿Y si quieren ambas cosas? - El menor se sorprendió ante el comentario de Mimiyaku. - Si esos insectos nos descubrieron y le dieron esa información al enemigo, lo más probable es que desee ver cómo reaccionamos a un evento como este, ¿no? Si atacase de buenas a primeras se arriesgaría a que fuésemos más aptos que él o su grupo.
    - Vaya... - los dos espadachines quedaron sorprendidos y reflexivos. - ¿Esto no es algo que harías tú?
    - Pues sí - sonrió. - Es como si nuestro enemigo estuviese conectado en estilo conmigo. ¿Verdad que es maravilloso?

    Y no, no lo era, pues al mismo tiempo que ellos hablaban sobre qué camino tomar, un grupo de monstruos vegetales se encaminaban a ellos.

    El primero en darse cuenta y en actuar fue el de las espadas voladoras, quien vio como una serpiente hecha de follaje grisáceo se acercaba vertiginosamente desde una de las copas más cercanas. Su trabajo en reducir el tamaño del monstruo fue efectivo, pero no final, pues estaba lidiando con una bestia de buen nivel y habilidades, que apenas se vio ligeramente cercenada por el enemigo. El segundo en moverse fue Chika, que elevó una confiable pared de arena desde el suelo nevado, el cual obedeció al instante su comando de transformación. El último del equipo, quien no había sido atacado todavía, ayudó a sus compañeros clavando igualmente su sable en el piso y elevando varios bloques de piedra congelada hacia arriba, los cuales sirvieron como una diversificación en el terreno, la cual permitía mejor maniobrabilidad entre los presentes.

    Varios árboles crujieron ante su brusca sacudida y por un un instante se pudo ver como un hombre de ojos dorados miraba alegre desde la distancia.

    Sonomi reaccionó con la velocidad esperada, enviando una de sus hojas hacia el pecho del recién avistado, quien ni siquiera se movió ante la amenaza y recibió de lleno el impacto del arma. En menos de un segundo, una nube de humo reveló que tal individuo no era nada más que un simple clon, una técnica de los shinobi que cada uno de ellos conocía a la perfección, pues era prácticamente un emblema entre el arsenal de esa raza.

    . . .

    -
    Samurai - dijo otro albino justo en la entrada de una cueva. - Les dije que mis preciosos harían bien su trabajo.
    - El fuego se esparce rápido - cambió el tema una mujer enmascarada. - ¿Era necesario quemar el bosque?
    - No creo que sean estúpidos si llegaron tan lejos... el que me atacara sólo demuestra que están alerta, aunque pude ver lo suficiente como para determinar que dos de ellos son verdaderamente prometedores. El restante debe ser de menor rango, también maneja muy bien el doton, pero no descarto que sepa hacer otras maniobras. Queda claro que el verdadero maestro tierra es su compañero violeta.
    - ¿Estás seguro? - el menor entre esos extraños preguntó, generando que la ceja del pelilargo se elevara.
    -
    Acabo de morir para confirmar lo que hacen, creo que merezco un voto de confianza, ¿no? Al menos le aplaudo a Yuusha su impecable uso del katon


    BishamonBishamon YuudaiYuudai ggg
     
  5. Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    Todo el perímetro a lo ancho y largo pero hacia el frente de nuestros protagonistas se consumía por un mar de llamas anaranjadas, que a su vez limpiaban el terreno de cualquier gota sólida de agua. A los samuráis no les quedó más que continuar moviéndose para librarla; por decisión de los más experimentados prefirieron no usar más las habilidades de sus armas, pues les constaba que el enemigo les hubo visto en acción lo suficiente como para hacerse de la idea sobre cuál elemento o sobre cuál base iban las capacidades de los sables.

    Por la dirección del viento asumieron que el enemigo debía estar del lado contrario al siniestro montado. Si la orden no hubiese sido tan clara, les hubiera importado un rábano atravesar el fuego con tal de cercenar a los fastidiosos shinobi. En medio de la huida y la distorsión del suelo, producto del bosque Michibiki, no detectaron a tiempo que en cuestión de nada sus pies quebrarían la capa que recubría un lago. Bastaron menos de cinco pasos para que el de menor rango se tropezara; con el peso de su cuerpo sobre sus brazos terminó por romper la base gélida. El usuario de Zand chistó; entre él y el andrógino sacaron a la pobre víctima de las friísimas aguas. Temblaba como gato asustado.

    —Si no salimos pronto de aquí, seremos consumidos por las malditas llamas —los más adultos pensaron lo mismo sin expresarlo: tendrían que cruzar con el mejor de los cuidados para no caer, tristemente cargando consigo a un chico que se movía más que una gelatina.

    Ser del Hierro no les hacía inmunes a la inclemencia del frío.

    […]

    —Si mal no recuerdo, nos mencionaste que nuestro camino estaba de este lado —Yuusha apuntó hacia su espalda en sentido figurado. Kuroi levantó una ceja porque nunca escuchó esa parte.
    —Buena asunción —Monban sonrió, bueno, nunca destruyó ese gesto. De reojo observó al Uchiha restante descifrando sin problema su inquietud—. Jamás destruiríamos el camino que debemos tomar.
    —Entiendo —ahora tenía sentido.

    El último en mover sus pies fue el genin, pues su mirada se quedó prendida de las brasas y lo que consumieran sin piedad. La sensación térmica podía percibirla aunque por la distancia eso debería ser imposible. Él continuaría indagando en silencio sobre por qué la vida le llevó a los pies de una situación de la que pretendía huir.

    La Mizukage había invocado a Wayne, quien podría camuflarse de ser necesario. Ahora que no estaba nevando era la oportunidad perfecta para al menos alcanzar el pueblo más próximo y empezar a conocer un poco más esa tierra desconocida. Mientras tanto, Kiseki comentaba sobre la investigación que hubiesen realizado otros ninjas, presumiblemente de Otogakure; vamos que Nashla no se tragaba el cuento de que la aldea del Sonido estuviera “destruida”. Ya tendría oportunidad de sacar el tema.

    —Entonces es una hipótesis.
    —Una creíble —abrió una mano hacia un lado, enseguida retrayendo sus largas uñas negras—. Estos ladronzuelos no son cualquier cosa y eso le queda claro hasta a un bebé —justo ahí apuntó con sus orbes al azabache—. En serio, ¿quién te ha enviado a espiarnos?
    —¿Qué dices? —Le devolvió la mirada con intriga. —Ni siquiera sé quién carajos eres.
    —Una excusa novata de un espía regular.
    —No, de verdad —insistió con seriedad—. ¿Te crees demasiado famoso como para que alguien no nacido sepa quién eres?
    —Eso va a cambiar muy pronto —el floreado carcajeó sonoramente.
    —No está mintiendo —repuso la fémina.
    —Te creo —contestó el peliblanco sin rechistar.
    —¿Así sin más? ¿Sin cuestionar cómo sabe que no miento? —Kiseki apartó sus dorados de la silueta del más joven y confundido del trio.
    —Tendrás que hacer lo mismo y confiar en nosotros si quieres salir de este país con vida —otra vez tomó la palabra el residente del Sonido—. Trabajar con nosotros, demostrar lealtad; porque no nos costaría nada deshacernos de ti.

    Eso podría interpretarlo de muchas maneras, pero el de ojos malditos prefirió optar por su primer significado. Sumado a eso prefirió quedarse en silencio de ahí en más para poder prestar atención a todo lo que tuvieran que decir los shinobi de más rango, por si acaso debía demostrar que podrían contar con él. El ninja renegado de la Niebla continuó con la explicación de sus suposiciones, diciéndoles que partiendo de la premisa de que estos enemigos pudieron contra muchos samuráis en el mismo Tetsu, no podían ser cualquier cosa y tampoco andar por cualquier lado de Modan. Aunque sonase loco, podía ser más producente iniciar la búsqueda en sitios como ese… prácticamente olvidados por Dios; en su defecto, olvidados por Rikudou Sennin.


    Angelo.Angelo. YuudaiYuudai pergamino rojo done.
     
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    Angelo.

    Angelo. where's the fun in playing fair? Moderador

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    Cuarto Lanzamiento
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    Las razones para mantener toda esa expedición bajo grandes velos de secretismo era bastante simple, pero ya venía siendo hora de que Kiseki le diese a sus acompañantes un poco de contexto sobre lo que en verdad podría estar sucediendo en las frígidas tierras de la Nieve. Con una última mirada a la cueva, el albino le sonrió al par y comenzó y a caminar en la dirección que Yuusha había señalado anteriormente.

    -
    Alguien capaz de asesinar a un mensajero samurai y escapar de la escena sin ser visto tiene mucho talento, así que desde un principio, cuando las noticias llegaron a mis oídos, ya sabía que no podíamos estar buscando a un par de mercenarios tontos. - empezó a explicar el de ojos ámbar.
    -
    Y fue ahí cuando enviaste a los espías del Sonido a investigar... - la enmascaradas completó la historia.
    -
    Sí, algo así, no es como si yo fuese el único con los ojos sobre tal premisa. Por suerte, mis superiores no creían en las historias y me dieron bastante libertad para investigar todos los reportes que lentamente fueron llegando, como asumo que tú sabes muy bien - miró directamente a la ANBU.
    -
    La mayoría de los rumores eran descabellados, no había mucho que hacer con ellos.
    - Claro que sí, precisamente por la cantidad de voces que opinaban sobre los famosos ojos sabía que era verdad. ¿Acaso crees que el contraespionaje sólo existe en nuestra tierra? Los del Hierro fueron quienes plantaron tantas historias ridículas en las bocas de miles de ninjas, ciudadanos y granjeros, esparciendo una cantidad inimaginable de información falsa que podía despistar al mayor número de enemigos del verdadero objetivo.
    - ¿El verdadero paradero de los ojos? - Preguntó el de menor rango, finalmente aportando algo a la conversación. Michibiki sonrió y la Uchiha asintió. - Si estamos en el camino correcto, ¿no es algo estúpido que los samurai sólo hayan enviado a tres personas para recuperar algo tan valioso?
    - ¡Ajá! Ahí está el verdadero aspecto de este asunto- el floreado se detuvo para ver a sus acompañantes cara a cara. - Debe haber más de un par de ojos. El hecho de que sólo nos hayamos topado con esa triada aumenta más mi seguridad sobre ello.

    El sonido del viento fue lo único que se escuchó. Ya el trío había avanzado bastante y apenas se podía ver el montículo blanco que era la cueva. A lo lejos, el humo negro del incendio se elevaba, sirviendo como un maravilloso punto de referencia en una tundra gélida que no mostraba ningún tipo de señalizaciones, se viese por donde se viese.

    -
    Piénsenlo... estamos hablando de uno de los objetos más preciados en la historia de nuestra cultura, algo que en las manos equivocadas podría generar el fin del mundo, literalmente. Si los ladrones estuviesen juntos en un mismo punto, las posibilidades de ser atrapados aumentarían considerablemente, por lo que es más seguro repartiste el botín y mantenerse en bajo perfil hasta que las cosas se calmen.
    - Eso no explica cómo llegaste a la conclusión de que uno de los ladrones, si es que son varios, está tan lejos. - replicó la de ojos malditos, buscando una respuesta concisa de una vez por todas.
    -
    El pergamino que te entregué en la villa destruida... ¿recuerdas lo que decía?
    - ¿Tus instrucciones para encontrarnos en el bosque?
    - ¿Qué te hace pensar que eran mías? - Volvió a sonreír el albino. Entonces, la idea llegó a la mente de la mujer. - Ese maravilloso texto fue correspondencia interceptada, el pergamino estaba siendo trasladado por una invocación, probablemente ligada a uno de los ladrones.
    - ¿Cómo lo conseguiste sin generar sospechas?
    - Mantuve a mi escuadrón apostado en los límites del Té durante dos días, asegurándose de que todo lo que volase o caminase fuese analizado antes de dejarlo pasar - la mención del Escuadrón 10 enorgulleció a Kiseki como si fuese el padre de todos los shinobi que pertenecían al mismo. A Pecas sólo le generó preocupación el saber que ese hombre ahora tenía a gente capaz bajo su mando. - Una noche detectaron un cuervo volar por las zonas que patrullaban, y por suerte cuento con un joven muy capaz con los animales, así que distraerlo y copiar los contenidos de su mensaje no fue algo tan complicado.
    - Entonces... ¿usamos el portal de otra persona? - el varón preguntó.
    -
    Eso fue lo más difícil, pero también cuento entre mis chicos con alguien bien entrenado en técnicas de teletransportación, encontrar el sello en el bosque y reactivarlo fue una parte de su trabajo, luego tuvo que aparecer en la cueva y colocar su propio par de sellos para no confiar en los de nuestro ladrón... además, hizo un buen esfuerzo decorando, ¿no?
    - Pero hay algo más, ¿no? Dudo mucho que hayas tenido una corazonada y que por eso estamos aquí, algo debió motivarte a seguir esta pista en la Nieve.
    - Pues sí, principalmente el hecho de que nada vivo ha estado en Yuki desde hace años... ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste de Korigakure?
    - ¿La Aldea Oculta entre el Hielo? Desde que era una niña...
    - Es, hasta el momento, la única villa registrada en esta tierras, de resto, no hay nada conocido por estos lares. Ahora, si alguien te dice que vengas a la Nieve con él para ocultarte de un enjambre de ninjas y samurai... ¿no irías a la villa abandonada que todo el mundo olvidó?


    El viento y la nieve continuaban con su baile entre el trío, quien ciertamente ya había comprendido la seriedad del asunto y, gracias al del Sonido, ya entendían un poco más el contexto de la extraña situación que todo Modan estaba viviendo. Obviamente, su teoría no tenía que ser perfecta para tener algo de razón, y por los momentos, era la mejor explicación que alguien había lanzado para darle forma a los eventos que se acumulaban por todo el continente.

    Las horas pasaron sin relativa novedad, la triada continuó su camino entre la espesa blancura y de vez en cuando lanzaban algún comentario para evitar la tensión del silencio, aunque siempre se mantenían alerta ante el posible retorno de los hijos del Hierro, quien seguramente regresarían para darles problemas en lo que quedaba de su travesía.

    Eventualmente el floreado paró en seco, el menor no pudo evitar hablar.

    - Entonces... ¿cómo encontramos a Korigakure?
    - Creo que ya llegamos...
    - ¿Ah?
    - Ahí - la azabache señaló una pequeña, pero visible estructura traslúcida y brillosa entre la nevada. - Una señal. - A continuación, se arrodilló y empezó a limpiar el suelo de toda la capa rugosa y perlada que servía como manto. Al instante confirmó lo que dijo el sonoro, pues el suelo bajo sus pies no era más que una enorme y gruesa capa de hielo traslúcido que mostraba un enorme espacio más abajo.

    - No fuimos los primeros... - Kuroi comentó, habiéndose acercado a la estructura y viendo detenidamente como un perímetro preciso al rededor de la misma tenía mucha menos nieve que el resto del terreno.
    - Un agujero, ¿tal vez? - Kiseki, acompañado por Nashla, se acercaron también, aunque no fue la mujer quien puso la mano sobre la fría geometría. Un ligero crujido en el suelo los alarmó, pero un suave descenso hizo que respiraran con más calma.
    -
    Un elevador - todos asintieron al mismo tiempo.


    Lentamente la tenue luz del día se fue perdiendo a medida que bajaban por el túnel de hielo. Las paredes del mismo eran tan lisas que uno olvidaría que habían estado caminando horas por un espacio rústico y congelado. La mayor sorpresa se sintió cuando la temperatura empezó a aumentar poco a poco, dejando atrás el insufrible congelamiento de la superficie... Monban se alivió, pues pudo sentir como su nariz dejaba de incomodarle.

    Entonces las paredes se volvieron traslúcidas y revelaron el verdadero espectáculo:

    La abandonada ciudadela turquesa de Korigakure, la aldea oculta entre el hielo.

    [​IMG]

    BishamonBishamon YuudaiYuudai se prendió la que no se apaga. Pergamino azul, lishto <3
     
    Última edición: 2 Dic 2018
  7. Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    El trio llevó los pies al exterior del cubículo que les transportara hacia aquella ciudad resplandeciente aunque tétrica. No había ni una persona a la vista, hecho que no podrían atribuirle al frío porque paradójicamente el clima era templado; como si una gran máquina de calefacción estuviera sirviendo para cubrir cada rincón del lugar. Por curiosidad Kuroi revisó el suelo, viéndose enseguida reflejado. Daba para creer que cualquiera podría resbalar si se daba una pisada en falso, así que él mismo intentó patinar mas no pudo. Aquel hielo no era común.

    —Podremos andar sin problema —compartió con el dueto restante—. Sobre el hielo, me refiero —agregó para no pecar de novato.

    —Tenemos que encontrar a alguien que nos pueda hablar más sobre este magnífico sitio.

    La Meijin invocó a un par de murciélagos de estatura considerable solamente para que con la ecolocación les indicaran hacia dónde ir. Uno de ellos alzó vuelo en vía recta, entonces los ninjas asumieron que debían seguirle. La triada avanzó con prisa, tratando de mantenerse silentes a pesar de las pisadas firmes sobre restos de nieve. Para alcanzar la ciudad debían cruzar un estrecho camino que fungía de puente; era este enlace lo que mantenía en contacto el centro con uno de los puntos extremos facilitando el no tener que recurrir a métodos más elaborados para alcanzar un lado o el otro, pues debajo del mismo yacía un gran hueco vacío… era imposible ubicar el final. Uchiha varón silbó desde que llegaran al borde.


    Los tres compartieron miradas, asintieron y emprendieron el recorrido con Nashla adelante y Kiseki al último. Porque más valía prevenir que lamentar, la Mizukage activó su doujutsu por si todo aquello estaba siendo orquestado por una gran ilusión pero no. El abismo era tristemente muy real y el estrecho sendero de hielo era demasiado largo para el gusto de cualquiera.

    A los lados no había barandilla de la cual apoyarse y tal cual había dicho el más joven, el suelo no era resbaladizo. Si en algo coincidieron sin expresarlo, fue en temer que llegado a un punto todo comenzara a quebrarse, más que nada porque a cada tantos pasos un halo de luz multicolor se dejaba ver debajo de sus suelas. A escasos metros del borde, el trio pegó un salto para alcanzarle.

    El murciélago revoloteaba muy cerca hasta que Nashla levantó su brazo para que se acomodara en el mismo. Sobraría decirlo, pero díjoles que haber gente debían estar en ese perímetro partiendo de ellos como ejes; el espacio estaba conformado por unos cuantos edificios pequeños residenciales y comerciales cerrados. Esta vez se ofreció el genin a invocar a un grupo de mapaches en un callejón. Él se quedaría allí por ser una zona aparentemente invisible, sin ventanas en las paredes que colindaran de una estructura a otra o escaleras de emergencia para civiles; Monban y Yuusha irían a investigar con discreción. Los dos se elevaron hacia azoteas distintas y vincularon su sentido de la vista con uno de sus Kuchiyose: murciélago y ciempiés.


    El mamífero alado se introdujo en una ventana abierta que encontrara en los pisos inferiores. Lo que podía observar la Nidaime no variaba en unos pocos muebles, decoración sin esfuerzo, botellas vacías y unos cuartos vacíos. Pecas se desplazaba por debajo del borde del cielorraso, escudriñando el panorama con ayuda de su Sharingan. Mientras tanto, el de Otogakure se hallaba detrás de un gran contenedor de agua del que pudo escuchar cómo fluía el líquido dentro; si el tinaco funcionaba, significaba que alguien debía estar utilizando agua. No debía ser apresurado, así que aguardaría a que su especial bebé multi patas descubriera lo que suponía.

    Kuroi sobó sus sienes. El que sus voces internas le atormentaran ahora podía entorpecer su puesta de atención en el rededor, aunque no fue necesario focalizarla para percibir el celaje que cruzara de un lado al otro en el extremo frente. Uchiha movió los ojos mas no captaba 'eso' que le hiciera poner en guardia. Sin imaginárselo, la azabache por igual realizó el rápido acto de alguien al que pudo identificar como hombre por sus privilegiados orbes. Enseguida creo dos clones de sombras para que cada uno fuese al encuentro con sus compañeros.

    Una vez más ubicó el sagaz movimiento que prolongó su traslado a través de los edificios. Kiseki ya estaba al tanto, así que poco serviría mantenerse bajo perfil. Él y la Nidaime se ubicaron a la orilla de la estructura donde estuvieran, enseguida descendiendo al escuchar el rebote metálico de varias armas. No obstante, cuando iban cayendo alguien terminó empujando al floreado a la altura de su abdomen; ambas figuras (él y su atacante) acabaron dentro de un apartamento maltrecho.

    Quien combatiera contra su clon y el shinobi de Raku se había retirado para regresar a su treta de inicio. Por un instante miró hacia el lugar donde debía estar el albino y si no fue a ayudarle fue porque confiaba en sus habilidades de autoprotección. Apenas regresando la mirada al frente y reuniéndose con el genin, se dieron cuenta de que el tipejo aquel se podía desplazar con facilidad de un edificio a otro como si fuese intangible. Llegado a un punto, Nashla invocó un grupo de agujas más largas que el promedio y con fuuton incluido las lanzó a puntos distintos con suma velocidad. Cada ventana de cristal se hizo añicos.

    De un giro inesperado para el de bajo nivel, Pecas lanzó una patada cargada de chakra gracias al Ōkashō. El estruendo de un cuerpo estampado en la pared del fondo del callejón les hizo saber que había encestado. La primera en avanzar fue la fémina, dispuesta a realizar un ataque que inmovilizara al desconocido. Empero ella y el de coleta abrieron los ojos desmesuradamente al ver cómo las pupilas del enemigo empezaron a dar vueltas; y no solo eso: la esclerótica era roja y el iris ya se habrán de imaginar.

    Kuroi y Nashla se convirtieron en víctimas de un vórtex, digno del Kamui.

    Aquella zona no era una ilusión como sucedía con el Tsukuyomi. No había luna, no había sol... ni nubes, ni naturaleza. La iluminación parecía ser innata aunque el firmamento fuese completamente negro. Un montón de bloques conformaban la estructuración y sobre uno de ellos yacía el mismo sujeto que les llevara hacia allá.



    Angelo.Angelo. YuudaiYuudai
     
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