Especial Navidad El regalo perfecto [Ryoko]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por everyday, 26 Nov 2018.

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    everyday

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    El regalo perfecto

    Descripción: tus Pokémon han querido buscarte un presente para navidad, por lo que han solicitado tu permiso, o no, para buscar algo que obsequiarte y que este sea sorpresa, por lo que no puedes acompañarles ¿Podrán encontrar el regalo perfecto?

    Objetivos:
    -Encuentra el regalo perfecto para el entrenador.

    Datos Extras:
    -No es obligatorio que seis Pokémon participen, puede ser solamente uno o unos cuantos.
    -Los Pokémon estarán solos durante este trabajo.
    -La fase termina cuando los Pokémon encuentran el regalo perfecto para el entrenador.

    Equipo:
    ► Blaziken
    ► Gardevoir
    ► Empoleon
    ► Toxicroak
    ► Zoroark
    ► Rowlet

    Ficha: [Link]
    Lady BeelzeLady Beelze adelante, que te diviertas o-o/
     
  2. Lady Beelze

    Lady Beelze Burning heart

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    Era esa época del año. Otra vez.

    A Ryoko le sorprendía lo rápido que pasaba el tiempo. Los pokemon de ella, que llevaban más tiempo a su lado, se sorprendían de estar aprendiéndose las costumbres de los humanos. Y de estar disfrutándolas.

    Mientras Aselia se entretenía ayudando a la joven a colgar los adornos pequeños y coloridos del árbol sobre la mesa en la esquina de la habitación donde se estaban hospedando, de camino a Hibiscus a reunirse con la familia Itsuga, Williams estaba abriendo los paquetes de comida que ella había traído, picoteando aquí y allá los bocadillos nuevos. El pequeño del grupo, Arcano Scirocco, estaba echado dormitando en el respaldo del sofá, y el resto del equipo estaba al otro lado de la habitación, cuchicheando entre ellos mientras fingían estar sacando los adornos prestados del centro pokemon de sus pequeñas cajas. La pokemon psíquica tenía su oído puesto en lo que decían más allá, mientras se fingía distraída en ayudar a la peli rosa.

    —No nos va a resultar—decía Habaki en voz baja, sacando del papel enroscado, bolitas de colores con colgantes.

    — ¿Por qué no? —preguntaba el tipo fuego, siempre con un gesto emocionado y listo—Podemos dejar a uno de nosotros aquí, distrayendo a Ryoko.

    —No es solo eso…

    — ¡¿Pues qué es?!

    — ¡¿Si me dejaras hablar…?!

    —No es tan simple, Hofire—
    interrumpió el Toxicroak tranquilamente, mientras abría despacio una caja con rollos de cinta roja—. No podemos solo irnos, encontrar algo bonito para Ryoko y traérselo—el tipo fuego estuvo por protestar, pero el venenoso alzó la mano frente a su cara, haciéndolo callar—. Los humanos tienen sus métodos, y si vamos a participar de una fiesta de ellos, tenemos que acoplarnos.

    — ¿A qué rayos se están refiriendo?


    Los demás suspiraron, sorprendidos de que no se percatara de algo tan simple.

    — ¿Has notado que Ryoko siempre entrega unas cositas pequeñas, aplanadas y plateadas cada vez que quiere algo? —preguntó Kuro sarcásticamente, haciendo dibujos con su dedo en su otra palma—Las intercambia.

    — ¡Claro, el dinero! —
    sonrió él.

    —Ya. ¿Tú tienes dinero?

    —Eh…no—
    Kuro alzó los hombros— ¿tú tienes?

    —Claro que no—
    respondió el venenoso, inflando la bolsa rojiza.

    El Blaziken desvió los ojos hacia Habaki, quien lo miró seriamente ante su silenciosa pregunta.

    —Claro que tampoco tengo.

    —Er… Williams—
    llamó al pingüino más allá. Éste volteó la cabeza, con la boca llena de galletas—, ¿tú tienes dinero?

    — ¿Y para qué quiero dinero? Ryoko es la que compra las cosas—
    sonrió y tragó para después seguir comiendo.

    Hofire se llevó las manos a la cabeza, comprendiendo cuál era el problema en su ecuación. Era imposible que le consiguieran un regalo bonito a Ryoko sin tener que pedirle el dinero a ella, por lo que la sorpresa se arruinaría. Con las piernas abiertas y los codos sobre las rodillas, el Blaziken suspiró y apoyó la cabeza en su mano, sin poder dar con una solución. Más allá, Aselia les seguía la conversación discretamente, también pensando en cómo resolver el asunto de obtener un obsequio para su entrenadora. Venían discutiéndolo desde que empezaron a ver esas típicas luces coloridas que la gente colgaba en sus ventanas y tejados, cuando se acercaba esa época a la que llamaban navidad. Todos se hacían regalos entre ellos, comían cosas dulces y deliciosas, y el aire se llenaba de una extraña alegría y fraternidad. Ryoko los había tenido con ella por tres navidades ya, y siempre conseguía pequeños regalos para ellos. Después de todo el tiempo, trabajo y amor invertidos en sus pokemon, también ellos querían entregarle algo como agradecimiento. Pero eran pokemon, y se enfrentaban a problemas que los humanos no tenían. O no al menos en la misma medida de ellos.

    “No podemos salir, sacar el regalo de algún lado y traérnoslo—pensaba la tipo hada, desencantada—, eso estaría mal.”

    ¿De dónde obtener el dinero sin delatarse con Ryoko, entonces?

    Sabía que las personas trabajaban para ganar dinero. ¿Qué podían hacer ellos? ¿Existían trabajos para los pokemon?

    Dio un respingo en cuanto se le ocurrió. ¡Por supuesto! ¡En el centro pokemon siempre necesitaban ayuda para alguna cosa! Torpe y apresuradamente, la Gardevoir se disculpó con Itsuga, colgó sin cuidado la figurilla de casa de jengibre en el árbol y se fue de prisa con sus demás compañeros, dejando a la peli rosa boquiabierta y extrañada. La entrenadora vio a sus pokemon cuchichear entre ellos un momento, emocionarse y a Hofire levantarse de pie súbitamente, para luego ser arrastrado abajo por Kuro y obligado a callarse por todos los demás. Sonrió de manera cómplice, se rascó la mejilla y reanudó la labor, pretendiendo que no se había fijado.

    — ¡Bien pensado, Aselia! —celebró el pokemon flamígero, con sus ojos ardiendo— ¡Eres la pokemon más lista del mundo! Y también la más hermosa, por supuesto…

    La enorme mano del Toxicroak en su cara lo hizo callar el pico de sus halagos para regresar al tema.

    —Pero para eso, tendríamos que explicarle nuestros motivos a la enfermera Joey—razonó Habaki, frotándose la barbilla—y luego esperar a que sí tenga algo para nosotros que podamos hacer.

    —Sí, y que el dinero que nos dé nos alcance para conseguirle algo bueno a Ryoko—
    apuntó Kuro soltando al Blaziken. Craso error.

    — ¡No pasa nada! —dijo éste tranquilamente—Todas las Joey son muy generosas y lindas, y amables y dulces....y ésta no será la excepción. Nos dará mucho dinero y le conseguiremos el mejor regalo del mundo a Ryoko.

    — ¿Y qué se supone que será eso? —
    preguntó el Empoleon desde más allá, con cierta ironía y el pico lleno de migajas de pan navideño.

    El grupo se quedó viendo entre ellos con caras perplejas. Ahora se enfrentaban a otro problema en el cual no habían pensado, pues a Ryoko le gustaban muchas cosas. ¿Cuál sería su preferida de ellas? ¿Cómo lo averiguarían sin tener que preguntárselo y de nuevo, arruinar la sorpresa?

    — ¡¡Uggghhh!! ¡Esto es muy complicado! —explotó el gallo, desordenándose las plumas de la cabeza con desesperación. Más allá, la peli rosa se reía por lo bajo de su reacción, fingiendo no fijarse en lo que hacían. No captaba nada de lo que pudieran estar charlando, pero de por sí la escena ya le divertía.

    —Encarguémonos de eso después—dijo Kuro sin alterarse—, una cosa a la vez. Primero, el dinero.

    —Yo hablaré con Joey—
    se ofreció Aselia, con una mano en su pecho—. Le explicaré qué es lo que necesitamos y le preguntaré si tiene algo en lo que podamos ayudar a cambio de un poco de dinero—se puso de pie, alisó su vestido blanco y se volvió con su andar suave—. Ustedes mantengan distraída a Ryoko en lo que regreso.

    Todos asintieron y esperaron hasta que la psíquica atravesó la puerta de la habitación, después de despedirse de la criadora diciéndole que ya regresaba. Con su sutileza habitual, Hofire fue el primero en abalanzarse sobre la joven, tomarle las manos y ofrecerle con una pasión innecesaria su ayuda para seguir adornando el árbol. Con una sonrisa nerviosa, ella agradeció el ofrecimiento y entre los dos se pusieron a trabajar, mientras los ojos más allá, suspiraban ante lo poco creíble que resultaba su compañero para la actuación.







    everydayeveryday pase plz
    yo te aviso cuando cambie de fase ovo/
     
  3. Autor
    everyday

    everyday Moderador

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  4. Lady Beelze

    Lady Beelze Burning heart

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    — ¿Trabajo para pokemon? —repitió Joey, asombrada de lo que la pokemon le contaba por medio de una conexión psíquica que estableció con ella. Aselia asintió con la cabeza y las manos entrelazadas, expectante—Claro que tenemos, siempre necesitamos ayuda por aquí—sonrió ella, a lo que la Gardevoir se emocionó y aplaudió un par de veces—, pero temo que tendrían que trabajar de noche: como se acerca la navidad, el personal de limpieza tiende a retirarse muy temprano y no siempre acaban con las labores. Solo necesitaré que dejen el lugar limpio y podré darles una pequeña paga—sonrió dulcemente—, ¿les parece bien?

    “¡Sí, por supuesto! ¡Se lo agradeceríamos mucho, enfermera!” —dijo la pokemon, tomándole las manos en felicidad.

    —De acuerdo. Vengan a las once, por favor. ¿Sabes cuándo es eso…?

    “Sí, Ryoko me enseñó a leer la hora” —sonrió ella, orgullosa.

    Se despidieron allí y la pokemon regresó flotando a la habitación de Itsuga, mostrándose tan calmada y solemne como siempre, ocultando la emoción que le producía contarle a sus amigos la buena noticia. Mientras Williams trataba de mantener ocupada a Ryoko eligiendo ingredientes para la cena, Aselia le informó al resto sobre el éxito de la primera parte del plan, y de que tendrían que presentarse esa noche con Joey para trabajar. Todos quedaron muy felices de las buenas noticias, y se propusieron esforzarse al máximo para hacerlo bien.

    Más tarde, cuando la peli rosa y su Empoleon acabaron de preparar una cena de bocadillos dulces, galletas, pasteles con bayas y chocolate caliente, le informaron a Williams y también al pequeño Arcano sobre lo que tenían planeado. El bebé pokemon no se mostró interesado en el asunto del regalo para Ryoko, lo que para la mayoría fue algo de esperar: era un bebé, no entendía de nada sobre fiestas ni regalos, pero ni aunque lo hubiese entendido Arcano hubiera mostrado algún interés. Simplemente era algo que no le llamaba la atención.

    —Bueno, si es el caso te quedarás en la noche durmiendo con Ryoko para que no se de cuenta de que salimos—sentenció Hofire con los brazos cruzados. La verdad, él hubiera esperado algo más de participación por parte del pequeño. ¿No que los bebés eran felices y se emocionaban por todo? Siempre querían ayudar y estar metidos en donde no los llamaban, pero el Rowlet parecía ser alguna clase de excepción.

    Scirocco bajó los ojos, no dijo ni sí ni no, solo abrió las diminutas alas y fue a echarse sobre el respaldo del sofá, otra vez. El resto del grupo lo miró con extrañeza y regresaron a lo suyo.

    Esa noche, después de cepillarse los dientes y el cabello esponjado, Ryoko se despidió de sus pokemon y se metió en su cama, apagando la luz y deseando a todos buenas noches. Sus amigos estaban dispersos por la habitación: Aselia y Hofire estaban echados en el sillón compartiendo una manta. Habaki se había hecho un ovillo a los pies de la cama. Kuro se había acomodado en un almohadón sobre la alfombra y Williams se recostó a un lado, usando al Toxicroak de almohada. Los ojos de los pokemon despiertos se fueron hacia el Rowlet, quien captando la silenciosa indirecta, suspiró y se fue a acostar junto con Ryoko. La chica sonrió de verlo querer estar junto a ella y lo abrazó como un peluche para quedarse rápidamente dormida. La avecilla miró al resto, como dándoles la señal de que se largaran y terminaran rápido lo que tenían que hacer.

    —Vámonos—susurró Hofire, quitando la frazada y poniéndose de pie junto con su compañera.

    Los cinco pokemon salieron todo lo rápido y silencioso que les fue posible de la habitación, cerrando con cuidado y echando a andar hacia el mesón de recibimiento. Eran las once de la noche y las puertas del centro pokemon estaban cerradas, aunque sus luces estaban encendidas pues había turnos nocturnos. Una enfermera Chansey estaba con Joey ordenando las fichas que habían sido usadas ese día cuando llegaron los pokemon.

    —Bien, gracias por venir—dijo la mujer, sonriéndoles. Dejó las fichas sobre la mesa un momento y los llevó atrás, al pequeño cuartucho donde se dejaban los artículos de limpieza. Los traperos y cubos aún estaban algo mojados, después de que los dos encargados del aseo hubieran hecho su parte y se hubieran marchado horas atrás. Sacaron todo lo necesario y Joey les explicó: —. Las salas de atención desde la ocho en adelante no están limpias. Hay pokemon descansado allí, así que traten de no molestarlos, por favor. Los pasillos deben ser trapeados, y también los pisos de la cafetería, al igual que las mesas deben ser limpiadas. Hay que ocuparse de las ventanas y barrer el patio de enfrente. ¿Pueden hacer eso?

    Con la poca comunicación que los pokemon podían tener con Joey, todos se quedaron callados mirando a Aselia, quien captó todo y asintió con la cabeza.

    “No se preocupe; lo tendremos listo en un santiamén” —sonrió ampliamente.

    —Vaya, me sorprende que conozcas esa frase—dijo Joey divertida. Les deseó suerte y se despidió para regresar a su trabajo.

    Como era la única que había captado las instrucciones, Aselia se puso al mando de la campaña de limpieza. Se volvió hacia sus amigos y empezó a explicar:

    —Habaki y Kuro limpiarán las salas de atención. Para eso hay que poner agua en los cubos y también jabón—apuntó a los recipientes plásticos—. Deben ser muy cuidadosos y no molestar a los pokemon que están allí durmiendo. Solo limpien el suelo y luego séquenlo con los paños limpios. ¿Lo han entendido?

    — ¡Claro! —
    asintieron ellos, cogiendo sus materiales.

    —Hay que limpiar los pasillos y el suelo de la cafetería. También limpiar las mesas—se llevó una mano a la barbilla—. No hay nadie en los pasillos ni en la cafetería, así que podrías usar tu chorro de agua para limpiar más rápido, ¿verdad, Williams?

    —Eso será muy sencillo—
    replicó el pingüino, bajando los párpados ante el trabajo simple que le habían puesto. Recibió el frasco de limpiador que Aselia le entregó y también unos trapos para secar, se despidió y se fue a hacer su parte.

    —Hofire, hay que barrer todo el patio de afuera—indicó ella hacia la puerta.

    El aludido se hinchó y sus plumas se erizaron.

    — ¡¿Solo eso tengo que hacer?!

    Su novia apretó los labios ligeramente: no quería tener que decirle que lo había enviado a hacer el trabajo afuera, porque por su exagerada energía y emoción tendía a causar desastres más que a ser de utilidad. No por nada había enviado a los más cuidadosos, Kuro y Habaki, a trabajar en las salas, pero tampoco quería herir sus sentimientos. Se acercó y se presionó contra él, acariciándole las plumas del cuello.

    —Con alguien fuerte y rápido haciendo el trabajo terminaremos antes, ¿verdad? —le sonrió, tocándole la punta del pico con un dedo.

    El tipo fuego le devolvió el gesto, tocándole la punta del mentón.

    —No soy tan tonto, Aselia—le dijo con los ojos entrecerrados, antes de echar vapor por la nariz y salir a buscar una escoba.

    La chica se avergonzó un poco y suspiró. Luego tomó el limpiador de cristales del suelo y unos paños para ir a limpiar ventanas y mesas, aunque primero se reuniría con el Toxicroak y el Zoroark para indicarles qué habitaciones tenían que limpiar.

    Kuro y Habaki se las arreglaron bien para limpiar el suelo y luego secarlo sin molestar demasiado a los pokemon que estaban allí descansando. Algunos estaban tan apaleados de las peleas en las que habían participado, que ni siquiera se enteraron de la presencia de los otros dos, aunque se podía remarcar que ambos eran muy diestros a la hora de ser silenciosos y no llamar la atención. Otros, que seguían despiertos a causa de estar adoloridos o lejos de sus entrenadores, los vieron entrar, saludar, hacer meticulosamente el trabajo —uno limpiando, el otro secando— y luego marcharse con una despedida. Les resultó extraño que hubiera pokemon trabajando y no personas, como era lo usual, pero ninguno preguntó.

    Williams a su vez, se entretuvo rociando limpiador por los pasillos, luego disparando chorros de agua del pico y creando mucha espuma, la que limpió sin dificultad pisando los trapos con las garras de sus patas y patinando por ahí. Hizo lo mismo para secar, así que terminó su parte sin siquiera haberse esforzado. Lo que se hubiera esperado de alguien como él, se felicitó.

    Aselia se entretuvo limpiando ventanales y mesas al mismo tiempo. Lo hacía sin problemas, pues con su psíquico movía cuatro paños a la vez, llegando incluso a las partes más altas de las ventanas, donde no hubiera llegado sin una escalera. Dejó los cristales y las mesas relucientes, mirando afuera a Hofire pasar la escoba una y otra vez con demasiada energía, levantando más hojas y polvo del que recogía, y mascullando cosas. La psíquica suspiró, felicitándose de no haberlo enviado a trabajar adentro.

    Un par de horas después el trabajo estuvo listo y los cinco pokemon se reportaron con Joey. La mujer pasó revisión de las salas de atención y descanso, examinó los pasillos, miró a través de las ventanas transparentes y pasó su dedo por las mesas. Todo estaba impecable, tal y como correspondía a un hospital.

    —Han hecho un excelente trabajo, chicos—felicitó y agradeció ella, con las manos hurgando en sus bolsillos—, nos han sido de muchísima ayuda. Ojalá pudieran trabajar siempre con nosotros—sonrió. Le estiró a Aselia tres billetes, que si bien no eran poca cantidad, tampoco era exagerada, y serviría para comprar algo lindo y aceptable.

    La pokemon los recibió mientras los ojos de todos destellaban de felicidad y orgullo. ¡Por Arceus! ¡Era su primera paga! ¡Su primer dinero bien ganado! ¿Quién decía que los pokemon no podían trabajar y ser autosuficientes?

    — ¡Podríamos comprar el mundo! —exclamó el Blaziken, liberando llamaradas de su cuerpo que obligaron al Toxicroak a moverse a un lado.

    —Sí, ya. Es muy bonito—interrumpió Williams, carraspeando y poniendo las aletas tras la espalda—, pero, ¿cuánto dinero es eso? ¿Y qué podemos comprar con ello?

    Todos dieron un respingo y se miraron anonadados. Bien, habían ganado su primera paga, pero ni siquiera sabían calcular el valor del efectivo. No tenían idea de qué tenían entre manos. La atención de todos se desvió a la Gardevoir, la más lista del mundo, en palabras de Hofire. La aludida se puso como una cerecita al tener que reconocer que tampoco sabía cuánto tenían ni qué podían hacer con él. Podía contar, podía leer. Podía decir la hora, pero el dinero era algo que se le escapaba completamente, muy a su pesar.




    everydayeveryday pase plis o_o
     
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    everyday

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