Navidad Raid Battle El Monstruo de la montaña [Daniel]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por Soncarmela, 26 Nov 2018.

  1. Autor
    Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    El monstruo de la montaña

    [​IMG]

    Alcanzar la cima de la montaña se ha convertido en un reto para todos los entrenadores que desean pasar las navidades en la aldea nevada de Aleria. Sin embargo, cuando lo han intentado, con muchos ánimos de traer la bandera colocada por el primer ganador, no han podido. Un salvaje, un Beartic en concreto, se ha colocado en medio del camino, atacando como si le fuera la vida en ello. Da igual hablarle o tratar de evitarlo, se dará cuenta y correrá hasta donde se encuentran. Es imposible llegar hasta arriba.

    Debido a esto, y porque los entrenadores que aceptan el reto no pueden llevar pokémon, han decidido contratar a otros que se ocupen del problema. La idea no es matar al salvaje, pero hay que encontrar un modo de que se marche de la montaña o, de ser posible, deje de atacar a lo loco.

    Objetivos:
    - Sube hasta la mitad de la montaña
    - Haz que Beartic deje de atacar a la gente

    Datos extras:
    - Al inicio de la caminata no aparece nadie, pero en cuanto deben meterse por una pequeña cueva para salir hasta el otro lado y así continuar, Beartic interrumpe.
    - Está muy furioso, como molesto con los humanos.
    - Da la sensación de que protege a algo o alguien.
    - Conoce la montaña perfectamente, no hay forma de sorprenderlo.
    - Se aprovechará de las bajas temperaturas para ganar a cualquiera que intente enfrentarlo.
    - Es muy fuerte y soporta muy bien el dolor.

    Recompensas:
    De 2 a 5 niveles para los pokémon participantes
    Hasta 1500 Pks
    +2 contadores para huevos (tanto en equipo o PC)
    +2 Ticket Movimiento Tutor
    -Roca Variocolor Beartic/Cubchoo [90/100]


    Requisitos:
    - 4 posts en solo - 2 c/u en party - 1 c/u (si van 4)
    - En caso de ir en solo, elegir un líder de gimnasio/capitán

    Ficha: Daniel Gutiérrez
    Capitana: Shaira Dosantos

    MaAc94MaAc94 Adelante, puedes empezar, ¡disfruta!
     
  2. MaAc94

    MaAc94

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    La distancia entre el pie de la montaña nevada y la primera entrada a la red de cuevas era de aproximadamente ciento cien metros, la mitad del recorrido total hasta la cima. El camino hasta ella era zigzagueante, delimitado por unas rocas puntiagudas de tamaño regular en cada lado, pareciendo que la misma naturaleza las hubiera puesto como cerco de seguridad para todo aquel que deseara pasar hasta la cúspide. Tratándose de una brecha singular en las cercanías de un poblado en la región de Aleria, no era sorpresa que los lugareños la hayan denominado patrimonio cultural y decidieran usarla como atractivo turístico para generar ingresos a su economía, convirtiéndolo así en un deporte de aventura para las personas amantes de las excursiones y las caminatas de largos tramos.

    Esa es la historia de lo que se conocería hoy en día como “El camino del Mamoswine”, denominado así por lo pesado y friolento que era atravesarlo hasta el pico de la montaña gélida. Una persona que lograra hacerlo, de las cuales pocos lo han consiguieron, sería considerada todo un deportista extremo o un ser “fuera de este planeta”. Con tal reputación, era obvio que muchos amantes de la adrenalina viajaran hasta este lugar con tal de poner a prueba sus capacidades físicas y mentales, ya que mantener el optimismo en los peores momentos también formaba parte de la definición de ser fuerte. En base a esto, ¿puedes hacerte una idea de quién era la persona que más ansiaba estar en ese lugar?

    -¡Achuuuu!-estornudó con fuerza, seguido de una rápido respiro para contener la mucosidad dentro de su nariz y acompañado de una escalofrío en todo el cuerpo-¡Por qué rayos tengo que estar aquí otra vez!-se quejó el castaño con voz agripada, cubierto de varias ropas e implementos gruesos que lo hacían ver como si fuese un individuo regordete.

    Si creías que la respuesta de antes era Daniel Gutiérrez, estabas muy equivocado.

    -¡Wuju! Esto se siente bien.-expresó la chica de piel morena y cabello trenzado, realizando una serie de estiramientos de brazos y piernas-No pensé que este maillot se ajustara tan bien a mi cuerpo, es casi como si no llevara nada puesto.-se recostó boca abajo con satisfacción, alzando su pie hasta el punto de agarrarlo con su mano derecha por detrás-Si tanto frío tienes, deberías hacer algo de calentamiento.-le aconsejó con una postura poco convencional.

    -No…-apartó la mirada, ruborizado-…creo que estoy a punto de calentarme por otras razones.-susurró para sí mismo, sin poder creerse la poca decencia que la extranjera tenía para mostrar toda su musculatura trasera con tanta sencillez.

    Pero más increíble era el hecho de que los dos no se encontraran en la región de Mahula, sino en Ameris. ¿Qué había sucedido para que ambos dejaran atrás las islas paradisiacas y se enrumbaran a las friolentas tierras de Snowband? Peor aún, ¿por qué estaban en medio de un lugar desolado, lejos del poblado donde decidieron hospedarse por unos días?

    -Phan-phanpy.-entonó el pequeño elefante, alzando la tropa que, de vez en cuando, escondía debajo de la chalina que su entrenador le proporcionó para aguantar las bajas temperaturas.

    -¿Qué sucede, alguien se acerca?-le preguntó, mirando hacia donde señalaba con su nariz y divisando la llegada de una vieja conocida-¡Señorita Jenny!

    Entusiasmado al reconocer la cabellera celeste que caía por debajo del gorro polar y el uniforme característico de la fuerza policial, alzó el brazo como un saludo lejano mientras que la aludida sonreía de nostalgia por volver a ver al muchachito que le había cambiado la vida.

    -Ha pasado tiempo, Daniel.-dijo la oficial cuando se acercó lo suficiente, permitiendo apreciar mejor su bello rostro que no se marchitaba pese a su ajetreado trabajo-¿Subiste de peso?-ladeó la cabeza con ironía.

    -Qué va, señorita Jenny. Usted sí que no ha cambiado, se ve exactamente igual que hace un año.-resaltó como un cumplido infantil, aunque eso no era lo que ella esperaba escuchar.

    -Cielos, tienes tan poco tacto como siempre.-refunfuñó, aunque eso no la desanimó, mirando hacia la desconocida que realizaba abdominales sobre la nieve-¿Y quién es ella? No me digas que…-luego de preguntar con un tono despectivo, cayó en cuenta de su error.

    -Ah, ella es la capitana que me acompañó. ¡Sha-sha-sha…achú!-volvió a estornudar antes de que completara la palabra.

    Sin necesidad de que le dieran el aviso, la atlética jovencita se impulsó con sus manos hacia atrás y logró ponerse de pie, adoptando una posición de combate a manera de saludo.

    -Mi nombre es Shaira Dosantos, la experta en pokemon tipo lucha del Recorrido Insular. Mucho gusto.-se presentó con energía, seguido de un guiño.

    -Ah, tipo lucha, realmente le hace honor a su título. ¡Oficial Jenny a cargo de la estación en Snowband! El placer es mío.-ejecutó su saludo militar, aunque al final se relajó.

    -Bueno, ya estamos todos aquí…-hizo dos respiraciones más para contener sus mocos-… ¿Podemos irnos a un lugar más calentito, por favor?-preguntó a modo de súplica.

    Lamentablemente para él, su pesadilla glaciar acababa de comenzar.
    Recorriendo las faldas de la enorme elevación geográfica, Jenny agradeció la presencia de ambos personajes e inició el relato del problema existente en dicho ecosistema. Pero antes de escucharla, el comediante hizo una recapitulación de los hechos previos para que se diera aquel encuentro, remontándose a la inesperada aparición de “Estampida” cuando se hallaba tranquilamente tomando desayuno en un puesto callejero de la metrópolis.

    *****

    -¡Oye, tú!-dio un salto a la mesa de plástico donde el castaño comía, tomándolo desprevenido y asustándolo porque quizás destruiría su alimento; no obstante, todo resultó intacto-¿Dijiste que venías desde Aleria, no es así?

    Aun masticando el bollo de pan en su boca, alzó la mirada y se topó con el rostro de la entusiasta capitana, sudando a borbotones ante el evidente ejercicio que se sometía a diario.

    -Sí, ¿por?-al terminar de tragarlo, fue lo primero que se le ocurrió preguntar ya que seguía medio lelo.

    -¿Y cuándo te regresas?

    -No estoy seguro, tengo algunos pendientes que…

    -¡Dame una fecha exacta!
    -se agachó, acercando peligrosamente su cara a la de él.

    -¡No lo sé! ¡Puede que en unos días, semanas o meses!-se puso a la defensiva, elevando la voz.

    -Uhmm, no puedo esperar tanto.-soltó un bufido, pegando un brinco al suelo y secándose el sudor de su frente con el antebrazo-¡Bien, está decidido! ¡Nos vamos a Ameris!

    Y nuevamente, pese al brusco movimiento de la pieza, el jugo de Aranja que le costó al entrenador unos 5 Pks sobrevivió y no dejó caer ni una sola gota.

    -¿Eh? ¡¿De qué está hablando?!-sus pupilas se achicaron y su ceja se arqueó, confundido.

    -Ya me oíste, nos vamos a tu región de origen. ¿Alguna pregunta?-se cruzó de brazos, contándole el plan de una forma tan normal que perturbaba.

    -¿Cómo que una? ¡Tengo varias! ¿Por qué de repente se aparece aquí y me dice que quiere ir a Ameris? ¿Y por qué quiere arrastrarme con usted?-interrogó con un habla veloz, tan acelerada que aturdió un poco a la luchadora quien sólo captó lo último dicho.

    -Porque eres el único a quien recuerdo que conoce ese lugar. ¡Felicidades, te he elegido como mi guía!-le enseñó el pulgar en señal de aprobación.

    -¡Al diablo con eso, nunca pedí serlo!-se exasperó, aunque la agraviada se lo tomaba como un juego-Lo siento, pero realmente estoy ocupado. Terminar el Recorrido Insular es una misión que se me encomendó; además, aún no tengo idea de cómo usar los cristales.-rebuscó en el bolsillo de su pantalón, sacando dicha joya y observándola con misterio-¡Ah, lo tengo, si usted me dice como…!-pensó que su idea de trueque sería perfecta.

    -Olvídalo, jamás te lo diré.-le cortó con un tono de voz más sereno, dándole la espalda y colocando sus manos dentro de los bolsillos de su chaqueta-Si realmente quieres saberlo, tendrás que demostrar tu valía derrotando a los demás capitanes. Recuerda que aquí, en Mahula, eres un simple extranjero.-lo miró con un gesto altanero, lleno de malicia.

    -Je…-soltó una risilla sarcástica, queriendo cobrarse la revancha por lo de antes-… ¿le recuerdo que este simple extranjero le ganó en su propio juego? Hacerlo unas cuántas veces más no supondrá mayor problema. ¡Oh! ¿Quizás, será posible que usted sea la más débil de todos los capitanes?-mencionó con sarcasmo, fingiendo una que otra reacción.

    -¡Jajaja! Me gusta tu actitud, sabes qué decir y cuándo decirlo. -se giró hacia él, ciertamente entretenida-Si tanto deseas tener un propósito más allá que el de salir de la rutina y vivir la experiencia de una aventura espontánea, entonces te daré lo que quieres. -se agachó, parándose de manos y dejando ver su derrier en todo su esplendor, lo cual el comediante malinterpretó-Llévame a Aleria como parte de tu misión. Representaré a los capitanes de Mahula frente a tus superiores, así estaremos un paso más cerca de crear una alianza entre regiones. ¿No es eso lo que buscas?

    Abriendo los ojos como platos, dicha propuesta sonaba demasiado buena para ser real.
    Titubeando al inicio, apartó la mirada y reflexionó a velocidad luz dentro de su mente.
    Una vez que Dosantos terminó sus planchas invertidas, recuperó la compostura y se palmeó las manos para quitarse la suciedad. Aprovechando la distracción del castaño, agarró su vaso de bebida y se la tomó de un porrón.

    -Bien, creo que eso es válido. Déjeme consultarlo con mis patrocinadores, aunque no creo que haya proble…-mientras le comentaba su conclusión, Daniel se giró y quedó mudo cuando atrapó a la bailarina infraganti, con el recipiente vacío y exhalando satisfecha.

    -¡Pues quedamos así! Ya reservé los pasajes de antemano, partimos del puerto mañana a las dieciséis horas. ¡No llegues tarde!-puso el vaso sobre la mesa y partió la carrera, poniéndose sus audífonos para disfrutar de su música mientras entrenaba.

    Boquiabierto y con un ligero tic en el ojo, Gutiérrez realmente no podía creer lo que acaba de ocurrir. Los demás comensales que habían sido testigos de aquella escena empezaron a murmurar entre sí, curiosos de la relación que ese chico poseía con la señorita Shaira.

    -¿Quiere que le llene su vaso, joven?-preguntó la doña del negocio desde atrás del mostrador.

    -No, está bien.-respondió sin necesidad de contacto visual-A propósito, ¿sabe si existe una ley que le permita a un extranjero demandar a la capitana de la isla si es que esta se bebió su jugo sin su consentimiento?-no tenía expectativa sobre ello, pero al menos debía intentarlo.

    Más tarde, Daniel llamó a la Profesora White y le contó sobre la propuesta de la experta en tipo lucha, asunto que le sorprendió gratamente y lo animó a acompañarla. Desde su laboratorio en Oakwood, la investigadora se encargaría de reportar la llegada de Dosantos a esas tierras para que la Organización de Líderes de Gimnasio la reciban como se merece.
    Sin embargo, el coordinador también acotó de que Shaira ya había comprado los pasajes para el día siguiente y realmente no tenía idea de dónde desembarcaría, por lo que ese detalle complicó los posibles preparativos que se pudieran hacer.

    -Entonces, ¿cuál es el verdadero motivo por el que quiere venir a Aleria?

    -No estoy seguro, ella simplemente salió de la nada y desapareció de la misma forma. Si creía que mi Trapinch era escurridizo, espérese a conocerla.
    -se lamentó por la comparación.

    -Esto no pinta bien, es demasiado sospechoso que una celebridad de su talla simplemente venga sin anunciarse.-se tocó la barbilla, intrigada-Bien, pregúntaselo y comunícamelo tan pronto lo sepas. Dependiendo de su respuesta, quizás tengamos que tomar precauciones.

    -Espere, ¿está sospechando de que trama algo malo? No diría eso si la conociera en persona. Ella es demasiado…ehmm…eso.
    -no dio con la palabra adecuado, pero su imaginación reflejaba a una morena muy extrovertida y pacifista.

    -Nunca está de más ser cautelosos. Ya tienes otra tarea, suerte con ello.-finalizó, cortando la llamada.

    -¿Acaso ya nadie se despide con un “chau”, “adiós” o “hasta pronto”?-se quejó, decepcionado.

    Daniel miró la pantalla oscura de su Pokenáv, recostado en la cama de su habitación de hotel y con una expresión de inseguridad en el rostro. Le era muy difícil desconfiar de alguien como la capitana pese a todo lo que le hizo, pero también era cierto que no dejaba de ser una extraña para la región de Aleria. Fue entonces que vio su caso reflejado en ella, pasaría por lo mismo que él sufrió cada vez que intentaba resaltar sus logros en Mahula.
    “Aquí no eres nadie”, tan cierto y a la vez tan cruel.

    Tal como lo acordaron, Daniel y Shaira se encontraron en el puerto y subieron juntos con destino a Aleria. Durante el trayecto, ambos conversaron y el castaño intentó imitar sus rutinas de ejercicio sin mucho éxito; hasta que, cuando les tocó la hora del almuerzo, aprovechó en preguntarle por qué deseaba tanto viajar allá lo más pronto posible. Y la respuesta fue muy inusual; pero a la vez, muy de ella.

    -¡Quiero atravesar el camino del Mamoswine!-declaró, optimista.

    Ya con esa información, que para su suerte no tenía nada que ver con un plan villanesco de su parte, se lo reportó con la científica y esta confirmó que una vieja conocida suya se encargaría de recibirlos con un trabajo relacionado con ese lugar. Para Gutiérrez fue fácil atar los cabos sueltos hasta deducir que se trataría de su amiga Jenny, la policía de confianza más aguerrida que conocía.

    Y con todo eso explicado como un pertinente flashback, regresamos al inicio.

    *****

    Olisqueando los alrededores como un sabueso entrenado, Phanpy sólo hallaba diversión buscando objetos perdidos entre el manto helado del nevado, procurando no tocar el granizo con su trompa a menos de que quisiera un terrible dolor de cabeza. Por parte de Shaira, su siempre confiable Hitmontop caminaba por su lado derecho, soportando con bastante fuerza de voluntad el frío punzante que llevaba a todo su cuerpo a través de sus descalzos pies. Cualquier otra persona hubiera considerado eso como un maltrato hacia los monstruos de bolsillo, pero esa era la forma en cómo su dueña y él hacían las cosas.

    -Entonces, ¿cuál es el problema? Pensé que había dejado todo en orden desde la última vez que estuve por aquí. -expresó el chico de la nariz constipada.

    -Tú más que nadie debe de saber que, cuando una puerta se cierra, muchas otras más se abren. -le respondió en alusión a las desgracias por las que ambos pasaron-No se puede mantener la paz y el orden por siempre, lamentablemente la vida no es todo color de rosa.

    -Pues en Alola tenemos un dicho similar.
    -tosió un poco para modular la voz- “Aún si botas un Pyukumuku al mar, decenas de ellos volverán a encallar”. -citó las palabras célebres de un conocido suyo, sonriendo al final y llevándose ambas manos a la nuca- ¡Pero eso es justamente lo que lo hace divertido! Poder afrontar nuevos retos, más complicados que los anteriores.

    -Ehmm, ¿ella no tiene frío?
    -le susurró al castaño en el oído, escéptica.

    -Para nada, ella sería la prueba viviente de que tener “sangre caliente” no es un simple argot popular. -le contestó con apatía, aunque se arrepintió por dentro ya que sería incapaz de usar ese chiste con algún experto en tipo fuego a futuro-Nos estamos desviando del tema. ¿En qué podemos ayudar ahora, señorita Jenny?

    -Ah, cierto, disculpa por lo de antes.
    -siguió su caminar de frente, iniciando su narración-Hace ya un par de semanas que hemos recibido reportes sobre una bestia que está atacando a los excursionistas que suben por “el camino de Mamoswine”, impidiendo que puedan llegar más allá del primer túnel.

    - ¿Una sola bestia? Debe de tratarse de un pokemon salva…a…a… ¡achú!

    -Sí, así es.
    -retiró un pañuelo del bolsillo de su chaqueta y se la extendió, recibiendo las gracias por parte del muchacho-Según la descripción que nos alcanzaron, no hay duda de que se trata de un…

    - ¡Espere, espere un momento! Déjeme adivinar…
    -tragando saliva, una sensación de deja vú inundó la mente del castaño-... ¿no será un Beartic, o sí?

    -Bingo, me ahorraste la parte donde te juego una adivinanza.
    -pronunció con cierta decepción, aunque le daba vergüenza admitir que había preparado preguntas con anterioridad-Por eso necesitamos de su apoyo, queremos que detengan a ese pokemon.

    -Lo hace sonar fácil, pero hablamos de una criatura que vive en los alrededores.
    -participó la morocha, contorsionando su cadera para atrás como su Hitmontop-Para él, nosotros somos los invasores. No tenemos derecho a meternos en su hogar a menos de que él mismo lo permita.

    -Opino parecido, tal vez deban de reubicarlo si es que aún desean mantener el negocio.
    -apoyó su idea sin dejar de lado los intereses del pueblo- ¿Por qué no han llamado a los Rangers? Ellos harían un mejor trabajo que nosotros.

    -Lo intentamos, pero parece que no podrán venir hasta la siguiente semana.
    -alzó los hombros como señal de desconocimiento de dicha razón-Podrás imaginarte el descontento de los nativos por esta noticia, ellos no piensan esperar más por una solución.

    -Y nuestra llegada les cayó como anillo al dedo. ¿Desde cuándo tengo un papel tan conveniente para meterme en líos ajenos?
    -se palmeó la frente, negando con la cabeza.

    Inesperadamente, la mano descubierta de Shaira se posó sobre su hombro y llamó su atención, mirándose entre sí y notando el optimismo en los ojos de la capitana.

    -En fin, ya estamos aquí. ¿Para qué inventar excusas? -su estado de ánimo era el contrario al de Gutiérrez en ese momento, lúcida y empeñosa- ¡No se preocupen, haremos lo que esté en nuestras manos para que ese Beartic deje de hacerles daño!

    Soltando un suspiro de resignación, Daniel supo que comportarse malhumorado no le llevaría a nada. Eso solo alargaría su sufrimiento, por lo que decidió ir en contra de su pesimismo y cansancio para sacar el mayor provecho de esa experiencia.

    -Sí, tienes razón. Tal vez este clima no sea de mi agrado, pero tampoco soy alguien que le da la espalda a aquellos que le piden ayuda. -declaró con decisión, extendiéndole el pañuelo sucio a la mujer de cabellera celesta, quien movió las manos en señal de rechazo y le regaló la tela-Déjenoslo a nosotros. ¡Luego de un chocolate caliente y un poco de “panetón”, tendré las pilas recargadas! -intentó mostrar la musculatura desarrollada de su brazo derecho, pero la gruesa capa de ropa sólo lo hacía ver rechoncho.

    -Eso suena bien, pero lamento decirte que no regresaremos al pueblo. -lamentó ser la portadora de malas noticias, ocasionando que el coordinador soltara un chillido de sorpresa-Tenemos que aprovechar que aún es temprano, más tarde podría avecinarse una tormenta y complicar nuestra labor. Si vamos a tomar desayuno, nos quitaría tiempo.

    -N-n-n-no…
    -balbuceó con los ojos llorosos, dándose un abrazo a sí mismo para calentarse.

    Phanpy, quien finalmente encontró algo entre los arbustos cercanos, se lo metió debajo de la chalina y regresó contento con los humanos. No obstante, ladeó la cabeza al ver a su entrenador en un estado tan vulnerable y ciertamente hilarante.

    -Si tienen hambre durante la subida, puedo ofrecerles algunas galletas de maca. -les mostró fugazmente el empaque que guardaba dentro de su bolso de aventura, seguido de un termo rojo-No es chocolate, pero este emoliente podrá mantenerlos tibios. ¿Qué les parece?

    - ¡Sí, por favor!
    -exclamó el castaño, formándose delante de ella a la espera de que le sirviera un poco de ese líquido hirviente.

    Mirando cómo tomaba con prisa y se quemaba la lengua por su imprudencia, notó como el color regresaba a su rostro y su nariz ya no parecía estar tan tupida. ¿Sería acaso no estaba resfriado, sino que tenía una simple alergia?

    -Oh, es cierto, no te lo pregunté. -cayó en cuenta de ese vacío en su charla previa- ¿Cómo estabas seguro de que era un Beartic? Esa no es la única especie predominante de Snowband.

    -Bueno…
    -detuvo su beber por unos instantes para explicar.

    Mucho más allá de donde estaban, en una cueva oscura llena de estalagmitas y estalactitas de hielo, un enorme oso polar dormía tranquilamente sobre una elevación del suelo que usaba como recinto personal. Pese a que parecía tener un sueño profundo, bastó con que una gota de agua cayera desde el techo hasta el suelo, provocando un sonido agudo que lo despertó de inmediato. No se movió, pero sus ojos rojos denotaban la ira que hubiese desplegado si es que llegaba a toparse con algún intruso en esa misma área.

    -…digamos que es un viejo conocido.-finalizó, frunciendo las cejas.

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    SoncarmelaSoncarmela
    Please, give me a pass.
     
    Última edición: 30 Nov 2018
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    Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    Habiéndose recuperado de su aparente intolerancia al frío, Daniel y las dos señoritas caminaron con cautela a través de la ruta empinada, con destino al túnel de donde se reportaron los casos de emboscadas por parte del úrsido blanco. Ayudados por el olfato de Phanpy y las habilidades sensoriales de Gothita, ambos encabezando al grupo como medida de seguridad, estuvieron atentos a cualquier movimiento extraño que percibieran de lo alrededores. Sin embargo, la tranquilidad de esa primera parte del tramo les permitía apreciar con mayor detenimiento lo bella que era la naturaleza en su estado más puro.

    -Este lugar es muy bonito, ¿no lo crees, Hitmontop? -opinó la morocha con fascinación, a lo que su humanoide respondió positivamente.

    -Escuché que en Mahula sólo poseen una pequeña porción de terreno nevado en una isla con similares características que esta. Su nombre era…-la policía intentó recordarlo, iniciando una conversación.

    -El refugio helado. Sí, he ido un par de veces allí, pero no se compara a este en lo más mínimo. -complementó su idea, llevándose ambas manos a la nueva para elevar sus codos.

    - ¿En serio existe un lugar así? Pensé que, con el excesivo sol de todo el año, eso era algo imposible. -comentó el castaño, sorprendido.

    -Ja, apenas has estado allí un par de días. Te falta mucho por conocer de mis tierras. -alardeó de sus orígenes, a lo que el chico sólo la miró con escepticismo.

    - ¡Phan, Phan! -gruñó, alzando la trompa.

    -Gothi. -ladeó la cabeza, curiosa.

    Acto seguido, el sonido de unos pasos contiguos los desencajaron de inmediato. Mirando hacia el frente, los humanos divisaron a una manada de Bergmite escabulléndose entre las rocas laterales y cruzando en línea recta hacia el otro extremo. Era de esperarse la lentitud con la que caminaban debido a sus cortas patas y pesadas espaldas, por lo que no les quedó de otra que quedarse viéndolos unos momentos hasta que desaparecieran. Total, no tenían intención de acercarse más ya que estos podían tomarlo como una conducta hostil hacia ellos.

    -Parece mentira, pero ya vamos unos cuarenta minutos escalando. -resaltó la oficial, verificando su reloj de mano-Ya estamos cerca, me alegro de que ninguno haya sufrido una descompensación.

    - ¿Bromea? Esto no es nada, ¡vine a superar el camino de Mamoswine y no me iré hasta alcanzar la cima!
    -declaró con brutalidad, golpeando su puño derecho contra su palma izquierda.

    -Yo no puedo decir que estoy en óptimas condiciones, pero me consuela saber que nuestro objetivo no es necesariamente llegar al final. -exhaló el comediante, aliviado.

    -A propósito, mencionaste que conocías a ese Beartic salvaje. ¿Alguna anécdota que quieras compartir? -instigó la experta en artes marciales, a lo que el aludido no tuvo problemas en contarles lo ocurrido hace dos años, en el mismo lugar y en las mismas festividades.

    Mientras esto sucedía, Phanpy se acercó a saludar a cualquier de los puntiagudos gélidos que caminaba a paso militar. Se mostró de lo más afable tratando de llamar la atención de alguno de estos, pero ninguno se detuvo ni por un segundo para serle recíproco. Gothita, al ver dicho resultado, se acercó para decirle que mejor mantuviera su distancia porque no conseguiría nada por parte de ellos, ya que lo más sensato siempre era ignorar a los desconocidos.

    -Vaya tela que tienes con ese Beartic. No va a estar nada contento cuando vea tu cara otra vez. -Dosantos se mofó, aunque toda esa historia le pareció de lo más interesante.

    -Sólo Daniel tiene la suerte de toparse con la misma criatura que lo odia por tres años consecutivos. ¿Eres alguna especie de protagonista desafortunado de novela ligera? -planteó la uniformada con sumo sarcasmo.

    -Créame, señorita Jenny, cuando le digo que a veces me gustaría golpearle la cara al posible artífice de todas mis desgracias. Si es que existe alguien, quiero decir. -dejó entender que no poseía creencias religiosas o ideologías similares, pese a que ya se había topado con Arceus antes-Miren, los Bergmite ya se fueron. Hora de continuar. -señaló con su dedo índice, reanudando la marcha en conjunto.

    Los siguientes diez minutos se pasaron volando, nada realmente destacable sucedió hasta su arribo a la entrada de la cueva. Cuando estuvieron en una posición que les permitiera ver el interior, quedaron pasmados al descubrir que el suelo rocoso había sido cubierto por una gruesa capa de hielo que le daba la semblanza de una pista de patinaje. Además, gracias a los pequeños orificios donde se filtraba la luz del exterior, la iluminación se potenció en una amalgama celestina gracias al reflejo de la superficie, lo cual le dio un efecto más pulcro al ambiente.

    -Imposible… ¿cómo sucedió esto? -la jefa de la estación se cubrió la boca, realmente impresionada.

    -Debe ser obra de un pokemon, ¿pero realmente un salvaje llegaría a este extremo por proteger su territorio? -cuestionó Shaira, consternada.

    -Si es el mismo que conocí hace tres años, no me sorprendería. Ese Beartic puede ser todo, menos tonto.-acotó el comediante con seriedad, viendo como la bebé gótica puso una pata sobre el suelo congelado y casi se resbala hacia el interior-¡Hey, cuidado!-se agachó velozmente y la agarró por los costados, cargándola antes de que cayera-Eso fue peligroso, ahora no es buen momento para jugar.-le advirtió en tono paternal, a lo que la pequeña se quedó un poco picada al verse limitada en su curiosidad.

    - ¿Alguna otra ruta por donde podamos ir? -le consultó a la guía, pero ella negó con la cabeza.

    -Esta es la única segura. Si seguimos escalando por fuera sin el equipo necesario, puede que un mal paso nos haga caer. Y terminaría en algo peor que un simple moretón.

    -Entonces prosigamos por aquí, tengo a la compañera perfecta para estos casos.
    -anunció el chico, metiendo una mano al bolsillo para sacar una determinada pokeball y lanzarla hacia el frente, procurando que Gothita no se le caiga de encima- ¡Ve, Lapras!

    La esfera se abrió por la mitad y liberó a la criatura mencionada, la cual se materializó sobre la pista de hielo y soltó con un alarido amigable hacia los otros presentes. Phanpy, quien ya la conocía desde el rancho, no tardó en saludarla de vuelta y pegó un brinco hasta su lomo. Cuando vieron la hazaña del elefantito, las mujeres entendieron el propósito de su aparición.

    -Hola, amiga, ¿nos das un aventón? -le comunicó su dueño con elocuencia, a lo que la fémina no tuvo problema alguno en permitir que se montaran todos en su espalda.

    Fue así como el grupo pudo avanzar por la gruta ancha mediante los deslizamientos de la monstruo marina, explorando con mayor facilidad los túneles que se iban ramificaban en determinados puntos marcados en el mapa de la oficial. Olvidándose por unos instantes que estaban en medio de una misión, los jóvenes disfrutaron del paseo junto a sus pokemon.

    -Ya estamos cerca, lograremos salir de la cueva sin habernos topado con Beartic. -comentó la señorita de cabellos celestes, con cierto alivio en sus palabras-En la siguiente intersección, que gire a la segunda de la derecha. -le indicó a Daniel.

    - ¡A sus órdenes, capitana! ¡Viento en popa, Lapras, que estamos a punto de pisar tierra desconocida! -el castaño imitó un acento de navegante marino para hacerse el gracioso, basado en una película que alguna vez vio en la televisión.

    - ¡Laaaa! -respondió la aludida afirmativamente, capaz de entender el mensaje del humano.

    Pero, cuando llegaron a la instancia en donde debía de girar, una inesperada aparición irrumpió su amena travesía y los dejó, literalmente, helados. Corriendo a cuatro patas por el corredor contrario y con una agresividad que se despedía a través de sus ojos rojos, la bestia blanca soltó un amenazante alarido que se cortó cuando su robusto cuerpo embistió a Lapras, mandándola a deslizarse por una ruta alterna de donde debían para continuar hacia a la cima.

    -Aaaaaah. -exclamaron al unísono del repentino choque.

    Como era de esperarse, el impacto casi consigue que los tripulantes salgan volando en diferentes direcciones; sin embargo, todos ellos fueron listos y consiguieron aferrarse a una de las protuberancias de la coraza de Lapras, evitando así un destino trágico. Entre ellos, el que casi no la cuenta fue Phanpy, quien recibió ayuda de Hitmontop para sostenerlo con sus resistentes extremidades por medio de su trompa. Fue una experiencia de terror para él estar en medio del aire y tener su nariz como único medio de enganche con el tipo lucha.

    - ¡BEAAAAAAAAART! -rugió con bastante potencia, a la vez que sus víctimas se hundían por el canal que había anticipado para ellos.

    La trampa resultó, pero jamás se esperó tener unos invitados tan interesantes.

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    Última edición: 30 Nov 2018
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    Soncarmela

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    El transporte viviente giró y descendió en contra su voluntad, tratando de frenar sin éxito por la ausencia de fricción. Esto continuó hasta llegar la recámara final, lugar donde su aceleración se redujo progresivamente y terminó por detenerla encima de suelo rocoso. Los pasajeros en su lomo respiraban agitados por el susto que experimentaron segundos antes, alzando la mirada y dándose con la sorpresa de que aquella parte de la cueva no estaba cubierta de hielo.

    - ¿Se encuentran bien? -preguntó Daniel a sus compañeras, cerciorándose de que la pequeña Gothita no se haya mareado en sus brazos.

    - ¡Ay, ay, ay! Me golpee la cadera. -se quejó la policía mientras se levantaba, sobándose la zona de su cuerpo afectada.

    - ¡Todo bien por aquí! -respondió la capitana con energía, bajándose del lomo y viendo cómo su Hitmontop soltaba a Phanpy para luego acercarse a ella-Ese de antes fue Beartic, ¿cierto? ¡Qué rastrero de su parte habernos atacado de esa forma! -apretó su puño con indignación.

    -No debemos bajar la guardia, podría llegar en cualquier momento. -advirtió el castaño, revisando la magulladura en el cuerpo de su pokemon-Felizmente sólo es un pequeño raspón, pero aun así debemos curártelo. -miró a los ojos a Lapras, notando su expresión dolida por el ataque y sintiendo aflicción por lo mismo.

    Sin pensárselo dos veces, nuevamente lanzó otra pokeball más hacia el aire y permitió que el destello de su interior se materializara como Blissey, su redonda enfermera personal. La recién aparecida fémina saludó con cortesía y supo de inmediato lo que tenía que hacer cuando observó la coraza de su amiga acuática.

    -Blissey, te le encargo, ayúdala con Amortiguador. -le indicó con serenidad, a lo que ella asintió con una reverencia e inició su tratamiento médico sobre la herida.

    La oficial Jenny no se quedó de brazos cruzados, por lo que aprovechó el agreste suelo para desplazarse por sí sola y explorar en los alrededores. A primera vista, era evidente que la luminosidad seguía perenne gracias a las estalactitas y estalagmitas de hielo repartidos en todo el lugar. Además, le pareció curioso ver una roca plana en una de las esquinas, la cual fácilmente podría llegar a usarse como recinto de descanso para una criatura salvaje. Su teoría se reforzó cuando, acercándose al mismo, encontró restos de bayas consumidas. Finalmente, existían tres accesos adicionales hasta esa caverna, sin contar por donde entraron. ¿Acaso llegaría por la misma que ellos o por alguna de las otras?

    - ¡Ve, Argus! -invocó el coordinador de la misma manera que al resto de su equipo, consiguiendo que el variocolor apareciese en su delante-Hola, amigo, ¿te gusta este lugar? Qué mejor forma de despertarse un sábado en la mañana que perdidos en una cueva a temperatura bajo cero, ¿no lo crees? -le saludó con sarcasmo, aunque no causó que cambiara su careta de pocos amigos-Necesito pedirte un pequeño favor. Aunque suene raro, quiero que…-se puso de cuclillas para hablarle más de cerca-…te portes mal. Ya sabes, lo que te gusta hacer, poner una que otra “Púa” por allí para gastarle una broma a cierto osito cariñosito. ¿Qué opinas? ¿No suena divertido? -le murmuró como una propuesta picante, creyendo que así le haría caso.

    -Sno…-soltó un gemido dubitativo, agachando un poco la cabeza.

    -Tranquilo, esta vez prometo no resondrarte. -se apresuró en alegar al ver su reacción, comprendiendo que quizás no debió habérselo dicho de esa manera porque sólo causaría confusión en su delicada mente infantil-Seremos cómplices en esta travesura y…

    - ¡Runt!
    -exclamó, pegando un brinco y asestándole un cabezazo en la mandíbula del muchacho, lo que llevó a su caída intempestiva hacia atrás.

    Aterrizando después de su malvada hazaña, el tipo hielo comenzó a correr en zigzag alrededor del lugar, soltando incontables aguijones a su paso ante la descreída mirada de la morena. En cada oportunidad que usaba este movimiento, una risilla maliciosa se le escapaba.

    -Wau, hombre, deberías tener mejor entrenado a tu “bendición”. -acotó Shaira, retrocediendo y esquivando a Snorunt cada vez que pasaba por su lado, al igual que el humanoide que no quería pelear, pero tampoco salir perjudicado por su ataque.

    - ¡Ese pequeño demonio! -se quejó con dolor, sobándose el mentón- ¡Ya basta, sólo tienes que usar “Púas” en cada una de las entradas, ¡no en toda la sala! -se incorporó, casi haciendo un berrinche al respecto y correteándolo, con resultados nada óptimos.

    Del mismo modo, Blissey y Lapras suspiraron con resignación, acostumbradas a ese tipo de escenas bochornosas.

    -No puedo creer que este niñato haya superado mi prueba. -pensó la deportista, un tanto decepcionada al verlo en tal faceta- ¡Hey, déjalo ser, mi Hitmontop puede encargarse del resto! -le avisó cuando había conseguido agarrar al travieso.

    - ¡Argh, compórtate de una vez! -le exigió cuando este empezó a moverse como desquiciado entre sus brazos para liberarse- ¿En serio puede hacerlo? Porque realmente necesitamos limpiar este desorden. -declaró, apenado por la patética escena mostrada.

    -Por supuesto. -asintió con la cabeza, mirando a los ojos a su compañero-Te lo encargo, que estén en las orillas de cada entrada. ¡Usa Giro Rápido! -apuntó hacia adelante a la vez que dictaminaba su orden.

    -Hitmon…-se puso de cabeza, usando su cuerno como eje y sus brazos para crear un movimiento rotatorio-… ¡top-top-top-top-top!

    La aceleración de sus vueltas se incrementó exponencialmente, permitiendo que se desplazara por toda el área mientras pateaba las “Púas” y las acomodaba a su antojo. Boquiabierto por la fascinante maniobra del tipo lucha, Daniel no pudo evitar concluir una frase muy trillada para la ocasión: “Justo lo que se esperaba de una capitana de Mahula y su pokemon”. Sonriendo, fue testigo de su labor y el resultado final, el cual era justo lo que tenía en mente desde un principio con el suyo.

    -Buen trabajo. ¡Ese Beartic no sabe lo que le espera! -manifestó la morocha con emoción, a lo que el bailarín de capoeira agradeció su halago con una reverencia.

    - ¿Ya ves? ¿no podrías ser un poco más aplicado, como él? -le resondró al tipo hielo, sólo que este persistía en su mal humor porque habían estropeado su “obra de arte mortal”-Gracias por la ayuda. Por un instante pensé que un solo paso en falso nos terminaría convirtiendo en un colador andante. -satirizó sin éxito, rascándose la mejilla.

    -Quizás deberías hincarte el trasero para que se te desinfle un poco. -comentó con picardía, consiguiendo que el muchacho se enervara de forma graciosa.

    Mientras ellos parecían realizar un sketch improvisado de mala comedia, Jenny meditaba acerca de las pistas inusuales que halló. Le parecía demasiado conveniente la forma de esa cueva, como si se tratara de la habitación personal de un pokemon. Si ese fuera el caso, entonces no cabría duda de que le pertenecía a Beartic; pero entonces surgía otra cuestión: ¿Por qué los había lanzado a su morada, que se supone que era su lugar más privado? Para ser una criatura territorial, estaba haciendo un pésimo trabajo conservando lo suyo.

    - ¿Por qué…por qué…? -se cubrió la boca, absorta en ese tema.

    Y de pronto, una simple gota de agua, que se resbaló de una de las estalactitas y cayó directamente a su mejilla, la hizo reaccionar de golpe, frotándose para secarse y mirando hacia la dirección de donde provino como acto reflejo. En ese preciso momento recordó las palabras de Daniel, abriendo los ojos como platos: “Ese Beartic puede ser todo, menos tonto”.

    -Tenemos que salir de aquí, ¡rápido! -retrocedió sin dejar de observar el techo, realmente asustada.

    - ¿Eh, por qué? ¡Aquí podemos atrincherarnos hasta que aparezca! -recomendó la experta luchadora, confiando plenamente en su plan.

    -Además ya hemos puesto varias trampas, ¿no querrá que pisemos alguna de ellas, ¿verdad? -le preguntó de manera retórica.

    - ¡Quítenlas entonces! -exigió impacienta, casi al punto de la exaltación-Beartic no nos trajo aquí por error, ¡él quería que…!

    - ¡BEEEEEAAAAAAAAART!


    El rugido de la bestia le generó un espasmo, dejándola petrificada e incapaz de terminar su frase. El grupo miró hacia todas direcciones para poder reconocer de dónde provenía, pero el eco de ese ambiente cerrado los aturdía. Era como si estuviera en todos lados, invisible.

    - ¡Aquí viene! Espero que esté listo para llevarse unas buenas punzadas cuando intente atacarnos. -aseguró el oriundo de Oakwood, reagrupándose con su equipo de domésticos.

    Pero eso no sucedería, no era lo que el tipo hielo les tenía preparado.
    Habiéndolos asustado con sus bramidos, Beartic ya se encontraba en la parte superior de la concavidad donde los apresó y se dispuso a golpear repetidas veces el suelo en donde estaba, produciendo una onda que desestabilizó progresivamente los cimientos de las estalactitas plegadas en el otro extremo. Los humanos escucharon claramente como los trozos helados en el techo se estaba resquebrajando y que pronto sucumbiría a los temblores, cayendo sobre ellos con la finalidad de empalarlos.

    - ¡Ah, maldición! -espetó el coordinador cuando finalmente comprendió la razón del por qué su presencia en esa morada- ¡Rápido, Shaira, que Hitmontop se deshaga de las púas más cercana para escapar!

    -No, tengo una mejor idea.
    -sonrió, avezada.

    - ¿Eh, te has vuelto loca? ¡No hay tiempo qué perder, si esas incrustaciones se despegan, será nuestro fin! -le advirtió la policía, mortificada por su actitud despreocupada.

    - ¡Mantenga la calma, oficial, que hasta sus hermanas en Mahula son más osadas! -declaró con seriedad, dejando sin palabras a la aludida-Daniel Gutiérrez, ¿entiendes lo que hay qué hacer, no es así? -le preguntó al entablar contacto visual con este.

    -Uhmm, yo…-sentía que iría a sudar por la presión de la situación.

    - ¡No dudes! La mejor defensa es un buen ataque. ¡Y la mejor forma de superar una trampa es encarándola! -proclamó con vehemencia, una determinación tan fuerte como aplastante.

    Tragando saliva, a pesar de que el rostro de pánico de su amiga uniformada lo ponía de los nervios, decidió calmarse y confiar en lo que la capitana le dijo. Asintiendo con la cabeza, se olvidó de la idea de huir y se enfocó con decisión, formulando un plan arriesgado para sobrevivir.

    - ¡Lo tengo! La manera en cómo lo engañaremos. -respondió, seguro de su estrategia.

    En medio de este dilema, Beartic golpeó con sus patas una ultima vez y oyó la ruptura de las cuchillas gélidas, sabiendo que debía de correr hacia los túneles por donde podrían salir sus prisioneros y prepararse para arrojarles una “Ventisca” que les helaría la sangre. Esa había sido su intención: Si no moría atravesados, morirían bajo su álgido poder.
    Conteniendo el aire, esperó unos segundos hasta que los gritos desgarradores de los invasores retumbaron dentro de su cueva. Exhalando con sorpresa de que haya bastado con la primera trampa para liquidarlos, caminó hacia adentro en cuatro patas y evitó resbalarse gracias a sus ásperas pezuñas. Estaba listo para encontrar una laguna color carmesí, una prueba de que si más humanos se atrevían a subir “El camino de Mamoswine” sólo obtendría la muerte; sin embargo, cuando sus ojos ya podían divisar el interior, quedó estupefacto al ver a todo el equipo de exploración sanos y salvos.

    - ¡Sorpresa! -exclamaron tanto entrenadores como pokemon, realmente eufóricos por haberle devuelto la emboscada.

    Los ojos del oso blanco se abrieron de cólera, tornándose rojizos una vez más.

    - ¿Qué? ¿No te gustan las fiestas de bienvenida? -preguntó el comediante con sarcasmo, aunque la tensión entre ambos era sumamente agobiante.

    - ¡Bear-Beatic! -renegó, como si buscara una explicación del por qué estaban vivos.

    Al menos, esa fue la interpretación que le dio Jenny a sus gruñidos. Ella todavía no podía creer que habían logrado salir con vida de la lluvia de cristales, los cuales estaban destrozados por todo el lugar. Había sido arriesgado, pero tuvo su coherencia: Juntarse en un mismo punto, usar el “Psicorrayo” de Gothita para retrasar la caída de las estalactitas por encima suyo una vez que se soltaran, impulsar a Phanpy hacia arriba con Hitmontop para que este empleara “Testarazo” contra los trozos más grandes y hacer que Blissey use “Protección” para que los residuos no terminaran por afectarlos. Tan simple como eso, un buen trabajo en equipo.

    -Jo-jo, es bastante grande. ¡Genial! Me gusta tumbarme a gigantes. -estiró sus brazos para calentar antes del combate- ¿Estás listo, amiguito? Esto será intenso.

    - ¡Top-top!
    -aseguró el bailarín del cuerno, imitándola con sus ejercicios.

    -Has estado causando problemas mientras no estuve por aquí, ¿eh? ¡Pues eso se acabó! Zanjemos nuestros pendientes de una vez por todas, Beartic. -le declaró la guerra, sacando su sexta pokeball y liberando a su foca aloliana, quien surgió aplaudiendo- ¡Vamos, equipo, it´s show time!

    Blissey, Lapras, Gothita, Phanpy y Popplio se mostraron dispuestos a apoyarse mutuamente para conseguir la victoria frente al histérico enemigo. No obstante, Snorunt no se aguantó las ganas de “repartir madrazos” y se lanzó hacia adelante pese al llamado preocupante de su dueño.

    - ¡BRAWWWW! -aceptó el desafío sin contemplaciones, azotando con una de sus patas delanteras todas las Púas en su entrada y corriendo hacia el frente para la arremetida.

    Justo cuando ambos monstruos estaban a punto de colisionar, una barrera semitransparente se interpuso en medio de los dos y evitó que las garras de úrsido lo tocaran. Sin embargo, el cuerpo de pequeño enconado rebotó y salió rodando hacia atrás, quedando tumbado de espalda sobre el suelo y moviendo sus patas, desesperado e incapaz de ponerse de pie.

    -Argus… ¿cuándo aprenderás? -se preguntó su entrenador de forma retórica, palmeándose la frente-En fin, gracias por eso, Blissey. Si no hubieras usado “Protección”, quizás no la hubiera contado. -la rechoncha rosada soltó un bufido de cansancio, lo cual él interpretó como un efecto secundario de haber tenido éxito con el mismo movimiento dos veces consecutivas.

    - ¡Es mi turno! Hitmontop, usa Patada Giro. -pronunció la turista con gran espíritu de pelea.

    Repitiendo la postura que realizó cuando movió las púas, el tipo lucha se acercó como un trompo contra Beartic, saltando a pocos metros de alcanzarlo y asestándole un golpe giratorio en toda la mandíbula. Aquel impacto estuvo a punto de hacerlo retroceder, pero el coloso aguantó firmemente en su posición y alzó una de sus zarpas para coger por los tendones a su agresor, zarandeándolo con fuerza y terminando con un golpe contra el suelo.

    - ¡Phanpy, usa Desenrollar! -ordenó con prisa al ver lo iracundo que actuaba el oso polar.

    - ¡Phan! -el elefante se enroscó y ganó impulso rodando en su misma base, acelerando y colmándose de partículas de arena para que su choque sea más potente.

    Rabiando a más no poder, Beartic tiró a un lado a Hitmontop y sopló una ráfaga helada contra el tipo tierra. Dicha corriente que los humanos identificaron como “Viento Hielo” redujo la velocidad del trompudo y eso le sirvió a Beartic para acercarse a este cada vez más, llegando a cubrirlo de un manto nevado. Cuando se cercioró de que había dejado de moverse, saltó con la finalidad de aplastarlo con su panza; pero, antes de que pudiera conseguirlo, Lapras le disparó un “Hidropulso” en el aire para que cayera de lado.

    - ¡Popplio, Niebla Aromática! ¡Blissey, usa Amortiguador en Hitmontop! ¡Lapras, usa Campana Cura en Phanpy! -indicó con gran maestría, a lo que los aludidos obedecieron al instante.

    Poniéndose de pie mientras la recámara se colmaba de una neblina afrodisiaca, el salvaje agitó la cabeza para recomponerse y respiró la exótica fragancia que colmó el área, cuyos atributos curativos aumentó la defensa especial de sus oponentes. Acto seguido, la enfermera rechoncha llegó por medio de brincos hasta el derrotado cuerpo del bailarín de capoeira, usando el huevo que cargaba como medio de sanación para el mismo. Finalmente, la melodía que se creaba a partir del canto de la “Nessi” derritió el hielo sobre Phanpy hasta liberarlo. Este se sacudió del frío y denotó cansancio, por lo que tuvo que retroceder de inmediato.

    -No puedo ser la única que se quede de brazos cruzados. -pensó la oficial Jenny, volteando la mirada hacia los puntos de acceso de la recámara-Debo encontrar la salida mientras tanto.

    Aprovechando que sus aliados distraían a la bestia, corrió hacia cada una de ellas para ver mejor su interior y tratar de deducir cuál sería la opción más viable.
    Por su parte, Daniel la dejó ser ya que no quería apartar la mirada de al frente. Beartic podía reaccionar en cualquier momento y eso lo tenía bastante nervioso.

    Sin embargo, dentro de sí, ese no era el único que lo hacía sentir tan desesperado.
    Comparado a la fuerza de sus pokemon, el monstruo de pelaje blanco se mostraba fastuoso, capaz de arrasar con todos ellos en un santiamén. Prueba de ello es que no se veía lastimado pese al golpe del tipo lucha o el movimiento especial de su monstrua marina, estaba tan pulcro como desde el inicio. Si el tiempo seguía transcurriendo, dedujo que el cansancio terminaría por ganarles y dejarlos a su merced a largo plazo.

    -No estamos dando la talla. Tampoco es que este lugar nos beneficie. -intentó buscar algún medio u objeto que los ayudara, aunque más parecía estar culpando a las circunstancias que a sí mismo- ¿Algo qué decir, señorita Shaira? Acepto sugerencias.

    -Humph, esto era todo lo que esperaba y más.
    -declaró con convicción, dejando impresionado al comediante quien no se podía creer el gran temple que poseía- ¿Sugerencias, dices? Bueno, aquí te va una. -sacó una pokeball del bolsillo izquierdo de su chaqueta, agrandándola y tirándola hacia adelante- ¡Aumentar nuestro poder! ¡Ve, Hitmonlee!

    El humanoide sin boca se materializó de inmediato, crujiendo los dedos de sus manos y adoptando una postura de combate que favorecía su estilo de lucha. Daniel lo reconoció de su prueba en el Recorrido Insular, lo cual le generó cierta satisfacción porque conocía su fuerza. Cuando Hitmontop pudo ponerse de pie, trotó hasta su entrenadora y se colocó al costado de su congénere, viéndose como un equipo compenetrado al cien por ciento. La demoledora guardiana del Cristal Z nuevamente hacía gala de su experiencia, por lo que el castaño imaginó que quizás, sólo por esa vez, debía de quedarse en la retaguardia para apoyarla.

    -Bien chicos, hora del segundo asalto. -sentenció con llamas en los ojos, preparada para el clímax.

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    Pase. Acabaré en la siguiente para no hacer tan larga esta wea(?)
     
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    Soncarmela

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