Raid Battle El ladrón definitivo [Ryoko, Adrián, Andrell & Hikaru]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por Shulman, 28 Nov 2018.

  1. Autor
    Shulman

    Shulman No sé, me sabe a mierda

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    El ladrón definitivo
    Raid Navideña - Pokémon New Adventure
    Un grupo de Sneasel han decidido tomar el título del mayor ladrón justamente en las navidades, donde la mayoría de casas -por no decir todas- tienen regalos debajo de sus árboles para darles una sorpresa a los niños. Sin embargo, aunque los vecinos ya conocían a los Sneasel, pues son unos salvajes famosos que rondan por ahí haciendo travesuras y dejándose guiar por su líder, un Weavile perezoso pero muy inteligente y manipulador, en ningún momento se esperaron que realmente llegarían a robar todas las cajas. Hasta entonces, se dedicaban a tomar adornos viejos, alimentos de la basura o calcetines usados.

    Ahora ha sido diferente, no solamente han robado los regalos, además han dejado una nota avisando de que piensan llevarse los árboles navideños, para así demostrarle a su señor que en todos esos años han ganado y experiencia. Y no hay rivalidad, el grupo acepta compartir el título individual entre todos.

    Debido a esto, los vecinos han creído que era la mejor ocasión para atraparlos y obligarlos a que regresen los regalos, además de darles un merecido por ser siempre tan inmaduros y molestos.

    Objetivos:

    — Investiga las casas
    — Espera a la noche
    — Atrapa a los Sneasel y haz que te lleven hasta su líder
    — Lucha contra Weavile para que empiece a dar buenas ideas a sus súbditos

    Datos extras:

    —Weavile nunca se muestra en los robos, es simplemente la mente maestra que les indica cómo deben actuar. Al parecer, la idea del título fue un rumor suyo, prometiendo que el ganador, podría ser el próximo líder de la banda.
    —Los Sneasel han aceptado ser todos el líder para que la diversión esté garantizada las próximas décadas.
    —Están bien entrenados y saben moverse entre las sombras, no será fácil detectarlos.
    —Weavile hace tiempo que perdió el interés en pelear, pero sus aliados sí son diestros en el combate y protegerán a su líder sin pensárselo.
    —Si derrotas a Weavile, te verán como un superior y eso te permitirá decirles cómo deben llevar la vida a partir de ahora. Deberás tomar una buena decisión.

    Recompensas:

    —De 2 a 5 niveles para los pokémon participantes
    —Hasta 1500 Pks
    +2 contadores para huevos (tanto en equipo o PC)
    +1 Shard Diamante
    —Garra Afilada [90/100]

    Participantes:

    Adrián.
    Ryoko.
    Andrell.
    Hikaru.



    everydayeveryday SoncarmelaSoncarmela LuigiLuigi Lady BeelzeLady Beelze Pueden comenzar, diviértanse~
     
  2. Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    ¿Se puede saber para qué has aceptado este trabajo? ¿No te das cuenta de que todos esos vecinos deben de estar mintiendo? ¿Para qué perderían el tiempo esos pokémon en robar regalos? ¡Lo que es más importante! ¡Si lo han hecho, y dudo mucho de ello, seguramente tienen una razón detrás! Como que recibieron maltrato o burlas por parte de los humanos —Adrián se cruzó de brazos mientras que continuaba quejándose. Arriba, Goomy, situaba justamente en su cabeza, observando todo, se divertía con los movimientos exagerados del castaño—. Esta gente se cree que todos somos idiotas y les interesa que les devolvamos unos regalos que no son suyos, así se ahorran toda la Navidad.

    Bueno, ¿has terminado ya? —espetó Ryoko con notable enfado, dirigiéndole una mirada irritada a su compañero de Blue Flare. Yagami tuvo intención de abrir la boca, ya dispuesto a replicar, pero la criadora levantó un dedo y lo señaló— ¡Si tanto te molestaba este trabajo, no haberte apuntado! ¡Nadie te pidió que vinieras!

    ¡Blue Flare no es nada sin mí! ¡Y esos pokémon necesitan la presencia de un... no, dos Ranger que hablen por ellos y los defiendan delante de esos tacaños! ¡Además...! —giró la cabeza rápidamente para mirar a Hikaru— No iba a permitir que ella viniera sola, eres un mal ejemplo de entrenadora.

    Ryoko soltó un largo suspiro de agotamiento. Hikaru simplemente esbozó una sonrisa, divirtiéndose de la situación. Prefería no interrumpir, pues gracias a esas discusiones, ninguno le rechazaba la petición de ir a misiones peligrosas por ser una niña, se olvidaban totalmente de ese detalle.

    Por supuesto, alguien que se la pasa gritando y no espera a escuchar lo que tienen que decirnos, es una figura mucho más adecuada para ella —respondió Itsuga alzando la voz. Luego se dio cuenta de que se estaba poniendo al nivel de Yagami y carraspeó—. Lo siento, Hikaru. Tú no tienes que seguir el ejemplo de nadie.

    Lo sé —dijo Hikaru moviendo la mano para restar importancia al asunto.

    Pero si lo haces de alguien —añadió el de los cabellos desordenados— que sea de un entrenador fuerte, experimentado, valiente y Ranger. No sé, alguien como yo, por ejemplo.

    Ryoko se llevó una mano a la frente. Sería un día muy largo, como siempre que le tocaba ir acompañaba del castaño. Pero al menos, se dijo, no tendría que soportar sus palabrotas, pues delante de la niña, siempre se tranquilizaba... Al menos, un poco.

    Un rato más tarde, los chicos llegaron hasta la ciudad que necesitaba sus servicios. Era un sitio normal, con un bosque al fondo y varias casas de madera repletas de nieve en sus techos. Casi parecía una escena sacada de cualquier película que echaban en la televisión sobre Navidad, pero, a diferencia de aquello, los vecinos estaban en los porches, hablando entre ellos y gritando hacia los árboles como si quisieran que alguien los escuchara desde ahí. Fue una anciana la que se percató de que el grupo de entrenadores se hallaba ya ahí y calmó al resto con un fuerte carraspeo.

    ¿Son ustedes los chicos de Blue Flare que aceptaron nuestra petición? —preguntó la mujer para asegurarse.

    Los mismos que demostrarán la ver...

    Sí, somos nosotros —interrumpió Ryoko antes de que Adrián terminara la frase. Hikaru le dio un codazo en las piernas a Yagami para que no se quejara más.

    La anciana inclinó un poco la cabeza en señal de agradecimiento.

    Gracias. Y me alegro de que hayan llegado a tiempo —se hizo a un lado e indicó con la mano hacia el Centro Pokémon de la ciudad—; por favor, acompañadme.

    En el trayecto, Adrián refunfuñó todo lo que pudo y más casi en silencio, de tal forma que solamente las que estaban más cerca llegaban a escucharle. La anciana, por su parte, y fue algo que Ryoko agradeció, iba dos metros más adelante y no se dio cuenta de que uno de los entrenadores estaba realmente molesto por el trabajo en sí. Cuando alcanzaron el Centro Pokémon, un chico salió y abrazó a la mujer, saludándola.

    ¡Abuela! Tendrías que haber dejado que fuera yo a recibirlos.

    No, no, tú tenías que ocuparte de nuestro otro invitado. Habría sido... —se quedó en silencio como si buscara las palabras correctas— poco prudente abandonarlo en el Centro Pokémon.

    Hikaru y Ryoko intercambiaron una mirada de confusión: ¿había alguien herido en el Centro Pokémon?

    La verdad es que no he logrado quitarle de encima a las hijas de Josh —se disculpó el chico.

    Ay, se pierden siempre por una cara bonita. Ese pobre entrenador no debió mostrarles una sonrisa tan amigable, se volvieron locas nada más verle. En fin —soltó un suspiro—, vamos adentro, me tocará poner orden.

    Un escalofrío recorrió el cuerpo de Yagami al escuchar aquello. Le sonaba terriblemente familiar la escena que tenía en mente sobre alguien rodeado de féminas.

    Y, para su desgracia, la imagen se hizo realidad.

    En cuanto entraron al Centro Pokémon, supieron de inmediato cuál era el invitado, pues en un rincón, justo en la mesa del fondo, la más grande del lugar, estaba un chico alto y rubio rodeado de chicas que le hacían preguntas y le miraban como si fuera una estatua antigua. El muchacho trataba de alejarlas con mucho cuidado, alargando los brazos y moviéndose a la derecha o izquierda, pero al estar tan apretado, daba lo mismo, siempre se encontraba con alguna que aprovechaba la oportunidad. Sin embargo, aunque hasta entonces había sido amable, sin marcharse, el entrenador alzó la cabeza y sus ojos brillaron al detectar una cabellera desordenada y castaña que tan bien conocía.

    ¡¡Hermanitooo!!

    Se levantó tan repentinamente que las dos chicas que tenía a los lados estuvieron a punto de caer hacia atrás. Dio un salto y abrió los brazos sin dejar de sonreír, pero cuanto trató de estrechar a su hermanito, este lo esquivó con un grito de advertencia. En su lugar, el rubio acabó abrazando a la anciana.

    Oh, lo lamento —dijo Andrell, rascándose la nuca.

    No pasa nada, al menos has sabido librarte de ellas —señaló sutilmente a las chicas que continuaban observando al rubio.

    Andrell se dio la vuelta para intentarlo una segunda vez.

    ¡Ni se te ocurra! —amenazó Adrián, adivinando lo que cruzaba por la mente del muchacho.

    Pero, hermanito...

    Como te acerques un poco más, te daré tal patada que...

    Vale, lo entiendo —cortó Andrell con una sonrisa amable que derritió a más de una de ahí atrás. Una de ellas se desmayó en brazos de otra—, no quieres que te avergüence delante de tu novia e hija adoptiva.

    ¡¿Qué?!

    Por primera vez, Hikaru, Ryoko y Adrián se pusieron de acuerdo para soltar la exclamación de sorpresa.

    Espera, eso me hace tío —agregó Andrell con los ojos bien abiertos.

    No sabía que esto terminaría siendo una reunión familiar, pero me gustaría empezar ya a contaros lo que pasa en la ciudad —murmuró la anciana, casi lamentando tener que interrumpir.

    ¡No somos una familia! —protestaron rápidamente Ryoko y Adrián.

    ¡Y yo no soy una niña! —añadió Hikaru.

    De alguna forma, después de varios gritos por parte de Yagami e intentos de abrazos de Andrell, sin mucho éxito, acompañaron a la anciana hasta una sala del Centro Pokémon para hablar con tranquilidad, pues si se quedaban en la sala principal, tendrían demasiados ojos acosando al rubio. Para cuando se sentaron, ya todos parecían haber olvidado la razón de que estuvieran allí.

    Andrell pasaba por aquí cuando comprobó que los vecinos estaban muy molestos —explicó la anciana señalando al de más edad—. Decidió que quería ayudar y le comenté que ya habíamos contratado a un grupo de entrenadores para ello. Igualmente, insistió. Eres un gran chico, lamento que hayas tenido que soportar el acoso.

    No pasa nada, estoy acostumbrado —respondió Andrell, un tanto confuso de que sus sonrisas siempre acabaran dándole problemas.

    Acostúmbrate a no tocarme las narices —masculló Yagami con los codos apoyados en la mesa, aunque de tal manera de que la postura no incomodara a Goomy en su cabeza.

    ¿Qué es lo que sucede con los Sneasel? —interrogó Ryoko para ir al grano de una vez.

    ¿Ya habían robado antes? —se interesó igualmente Hikaru.

    La señora le hizo una señal a su nieto para que fuera él quien hablara.

    Conocemos a los ladrones —confirmó, poniéndose serio—. Son un grupo de Sneasel, liderados por un Weavile, que hasta entonces se habían dedicado a robar tonterías, objetos rotos, calcetines usados o que tenían un agujero, adornos, incluso comida de la basura. A veces, algunos vecinos, les dejábamos alimentos en buen estado, pues nos parecía gracioso que se divirtieran con esto y no queríamos que lo pasaran mal en el bosque, dado que en invierno es muy difícil conseguir comida.

    Ja, como si fuera a creerme que le entregabais comida de calidad —habló Adrián, ya metiendo cizaña.

    Bueno, entregar... entregar no era —No sabían si había ignorado el tono de voz del castaño o realmente creía que era un comentario inofensivo—; apenas se dejaban ver, aunque nos dábamos cuenta por las sombras o algún novato sin experiencia que dejaba una huella o soltaba un chillido al caerse. Pero sí, no eran una gran molestia. Hasta que robaron los regalos de Navidad, todos ellos, en todas las casas... Era la primera vez que se atrevían a realizar una fechoría de esta categoría.

    Así que por eso los vecinos están tan enojados —entendió Ryoko con preocupación.

    Se sorprendieron ante los robos, pero están enfadados por otra razón —El nieto sacó una hoja de su bolsillo y la colocó en mitad de la mesa para que todos pudieran verlo. Se trataba de un aviso escrito con una muy mala caligrafía, pero se podía llegar a entender— “Robaremos los árboles” —leyó el muchacho— “Todos” “Seremos el Ladrón Definitivo” —finalizó.

    Entonces, ¿es raro que den un aviso? —preguntó Hikaru cogiendo la hoja. Se le hacía curioso que unos pokémon hubieran aprendido a escribir sólo para eso, aunque era difícil de leer.

    Sí, es la primera vez que lo hacen. Sabemos que roban para demostrarle a su señor, Weavile, que son unos excepcionales ladrones. Además, Weavile no es que sea un gran líder, es un vago que planea los robos, eso sí, muy inteligente. Pero eso no quita que les ha enseñado esta forma de vivir y no es lo correcto.

    Quizá es la única forma que saben de vivir —dijo Andrell—. Has mencionado que no es sencillo estar en el bosque durante los inviernos.

    El muchacho no supo qué responder. Fue la anciana quien habló en esa ocasión:

    Necesitamos ayuda para evitar que roben los árboles de Navidad. Y no solamente eso, también encontrar los regalos y calmar a los vecinos.

    Entiendo —contestó Ryoko. Se dio unos segundos para pensar, pues había abierto la boca para que Adrián no fuera el primero en soltar una barbaridad—. Nos ocuparemos entonces de hablar con ellos para que no continúen viviendo como ladrones. ¿Cómo realizan los robos? Sería bueno que nos contaran su método para pillarles.

    ¿Os gustaría visitar las casas de los vecinos? Ellos podrían daros más información.

    ¡Es buena idea! —asintió Andrell, incorporándose para ponerse en marcha de inmediato— ¡Vayamos...!

    Yo iré solo —avisó Adrián rápidamente, ya adivinando que el rubio querría ir con él— Pienso interrogar a todos los habitantes para que me suelten la verdad, que han inventado el tema de los regalos para culpar a los pokémon. ¡Otros deben ser los culpables, pero siempre es más fácil señalar a unos indefensos y pobres salvajes!

    Hubo unos segundos de silencio donde nadie le dio la razón.

    Dado que es fácil perderse y no todos los vecinos querrán abriros sus puertas, mi nieto y yo os guiaremos por la ciudad —ofreció la mujer con una sonrisa. Como quería evitar problemas, caminó hasta las dos féminas del grupo y colocó una mano en cada hombro de ellas— Iré con vosotras.

    Espera, eso no es lo que yo he di...

    ¡Vamos, hermanito! ¡El Equipo A regresa al trabajo! —exclamó el rubio sin escuchale o ignorándole como solía hacer. Le cogió del brazo y lo llevó hasta la esquina donde les esperaba el nieto de la señora.

    Lady BeelzeLady Beelze
    LuigiLuigi
    everydayeveryday

    Usad a Greninja (si queréis) porque lo evolucioné en un trabajo anterior y pronto lo actualizaré. Por mi parte, Goomy estará siempre en brazos o cabeza de Adrián. Y para la batalla me gustaría que se usara a Druddigon y Decidueye
     
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    Última edición: 30 Nov 2018
  3. Lady Beelze

    Lady Beelze Burning heart

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    Los dos grupos se dividieron y partieron a distintos lugares del sector atacado por los Sneasel. Como todos conocían a la señora Marshall y a su nieto, no fue difícil que la mayoría de los vecinos les permitieran acceso a sus hogares para que investigaran los robos de los pokemon de hielo. Algunos no fueron tan amables y no creyeron que unos simples muchachos pudieran ocuparse del asunto, así que se negaron, esperando que la policía se hiciera cargo.

    —Buen día, Marshall—saludó una señora regordeta que quitaba la nieve de la entrada de su casa—, ¿Quiénes son las señoritas que te acompañan? ¿Nietas lejanas? —inquirió, desconociendo a las nuevas.

    —No, querida; son entrenadoras pokemon que han venido a ayudarnos con los robos de los Sneasel—explicó ésta, presentando a Hikaru y Ryoko. Las chicas saludaron amablemente.

    —Ay, no esos pequeños pillos—soltó la mujer, llevándose una mano rechoncha a la mejilla—, si no es que John tiene que levantarse cada noche a las dos de la mañana, no habría quedado nada en nuestro árbol.

    — ¿Crees que puedas permitirles echar un vistazo adentro para que consigan algunas pistas?

    — ¡Claro, claro!


    La dueña de casa les permitió pasar, disculpándose por el desorden. Itsuga y Shirogane liberaron a un pokemon cada una para que las ayudara a inspeccionar. Huellitas y Habaki se echaron una silenciosa mirada de reconocimiento antes de ponerse a trabajar: con sus narices cerca del suelo, en los sillones y muebles, los pokemon cánidos rastrearon por aquí y por allá, mientras las dos jóvenes miraban en una caja los adornos navideños rotos por la escapada de los Sneasel.

    — ¿Solo intentaron llevarse decoraciones? —preguntó la peli rosa a la dueña de hogar.

    —Sí. No nos falta nada más, al menos.

    — ¿Por dónde se escaparon?

    —P-por el respiradero en la cocina—
    indicó atrás.

    Fueron a mirar allá: había pequeños rasguños que indicaban la carrera que echaron los siniestros en su huida por la diminuta ventana, pero solo se veían al interior de la casa, no por fuera. Hikaru se llevó un dedo al mentón.

    — ¡Hmmm! ¿Eso significa que entraron por otro lado? —miró a Ryoko arriba.

    —Precisamente.

    Regresaron a la sala mientras Habaki y Huellitas terminaban su inspección y traían resultados:

    —No hay señales de que estuvieran arriba—indicó el zorro ilusorio—. El olor es más fuerte allí—apuntó a la chimenea, desconociendo el nombre.

    — ¡Ha! ¡Entraron igual que papá Noel! —dijo la menor, emocionada y corriendo hacia allá.

    Entre ella y su Lucario se metieron de rodillas para mirar hacia el tubo de ladrillos que subía hasta el techo. Tosieron un poco por el hollín y cenizas allí acumuladas, y al salir estaban sucias de tizne, pero vieron rascaduras de uñas de Sneasel por todo el lugar. Ryoko ayudó a la chica a limpiarse mientras decía:

    —Entraron por la chimenea y seguramente planeaban irse por ahí también, pero al verse descubiertos escaparon por donde les resultó más rápido. De esta casa solo tomaron adornos.

    —María dice que a ella le robaron ropa—
    indicó la dueña de la casa, para intentar aportar. Ante la cara de duda de las jóvenes, ella explicó: —Es nuestra vecina de atrás.

    Las entrenadoras se miraron y decidieron ir a ver.


    ----------------------------------------------------------------------------------

    — ¿Su colección de tapas de botellas? —repitió Andrell, en parte sorprendido y a la vez curioso. Nunca creyó que alguien realmente coleccionara algo tan…poco llamativo.

    — ¡Sí, es terrible! —sollozó el hombre calvo y de alargada nariz. Su esposa, bajita y de cabello sumamente esponjoso y rubio, le daba palmaditas en el hombro para que se calmara— ¡Las he estado juntando desde que era un niño! ¡Tenía mil novecientas setenta y siete tapas diferentes! ¡Pensaba dárselas a mi pequeño Tom cuando cumpliera los diez!

    — ¿Y para qué querría su hijo semejante estupidez…? —
    estaba diciendo Adrián, jugando con la baba pegajosa del Goomy en sus brazos, cuando recibió un codazo en las costillas que le hizo gemir— ¡Oye!

    —Es terrible, señor Pascal—
    se lamentó el rubio, frotándose las manos—, pero no se preocupe: haremos todo lo que esté en nuestras manos para recuperar sus tapas.

    Sus pokemon los esperaban afuera, después de haber estado inspeccionando la morada por fuera. Como esta casa carecía de ventanas sin protección o chimeneas, los Sneasel no habían hallado nada mejor que abrir a arañazos la puerta del patio y colarse adentro. Ahora la puerta estaba vagamente tapiada por planchas de madera que no impedirían el paso del frío esa noche.

    — ¿Han encontrado algo más? —preguntó el más alto al reunirse con sus amigos. Nico y Zed negaron con la cabeza—Pues…atacaron esta casa, pero omitieron las de la derecha e izquierda.

    —Es porque tenían un pokemon guardián, bobo—
    reprochó Yagami, dejando a su pegajoso acompañante sobre su cabeza y dando algunos pasos por ahí—. En la primera casa tenían un Herdier; si éste se ponía a ladrar iba a delatarlos y a atraer gente. En la de lado tienen un Pikachu: con todas las luces que tienen puestas en estas fechas, no le hubiera sido difícil bajarse a unos cuantos solo con agarrarse de un par de cables.

    — ¡Cielos, hermanito! ¡Qué buenas deducciones! La verdad sí consideré lo de los pokemon, pero como solo se trataba de uno en cada casa, creí que no sería difícil para los Sneasel derribarlos y entrar de todas maneras.

    —No son tan tontos como tú, como podrás ver—
    sonrió el castaño con malicia mientras echaban a caminar acompañados del nieto Marshall.

    —Veo que pasar tiempo con tu novia te ha hecho más listo, pero no más amable—sonrió ampliamente mientras le picaba en la mejilla. Adrián se lo quitó de un manotazo y espetó:

    — ¡Que me dejes de joder con Itsuga! ¡No somos novios! ¡Primero muerto, resucitado y muerto de nuevo!

    — ¡Aahhh! ¿Significa que regresarías de la muerte para verla y después…?


    Como el más bajito lo amenazara con su puño en la cara, Andrell se acalló mientras más adelante, Marshall nieto se acercaba a hablar con otro de los vecinos.

    Este señor, viejo y fornido, con un bigote muy espeso y una gorra cubriéndole los ojos, estaba reposando sobre su valla de madera que lucía pintada hacía muy poco. Recibió bien al vecino, pero miró con recelo a los nuevos y a sus pokemon.

    — ¿Cómo está, señor Weber?

    —Tan bien como la edad lo permite—
    replicó el anciano, echando un vistazo a los otros dos—, ¿y estos quiénes son?

    —Entrenadores pokemon: Andrell y Adrián—
    los indicó—, vienen a ayudarnos con el problema de los Sneasel ladrones.

    —Es un placer, señor—
    se adelantó el rubio, con una sonrisa amable y su mano estirada.

    No recibió respuesta por parte del otro. El viejo lo observó ceñudo y silencioso, hasta que Siegfried captó que no le saludaría y bajó su brazo.

    — ¿”Entrenadores”? ¿Y por qué han traído entrenadores? —quiso saber—La policía debería estar aquí.

    —La policía no es buena haciendo su trabajo—
    replicó Yagami por lo bajo, ante la apatía del hombre.

    —La policía se hace cargo de los ladrones—masculló el hombre entre dientes.

    —Y los entrenadores de los pokemon.

    —Ustedes no han venido más que a capturar a esos Sneasel. ¿Se creen que uno es bobo?—
    bufó y se enderezó, luciendo intimidante a pesar de sus muchos años encima—A los entrenadores solo les importa capturar y capturar pokemon, a ver quién tiene más, quien consigue el más fuerte. Esos Sneasel son felices siendo libres.

    — ¿Dice que no le importa que le roben? —
    preguntó Adrián de manera ácida—Porque si es así…

    —Tal vez esos pokemon sean un incordio, pero no son malos—
    refunfuñó, ajustándose la gorra—. Necesitan que alguien los corrija, no pasar el resto de sus vidas metidos en esas pequeñas esferas donde los traen, como si fueran juguetes de colección.

    Hasta cierto punto, Adrián podía coincidir con el sujeto, pero hasta donde terminaba dicho punto el chico perdió la paciencia y estuvo por aullarle unas cosas, de no ser porque su “pariente” lo atajó entre los brazos, tapándole la boca y sintiendo los dientes de Adrián tratando de alcanzarlo.

    — ¡Sip, tiene usted toda la razón! ¡Hay que corregir a esos Sneasel! —exclamó alegremente y rascándose la cabeza con su mano libre—Nos ocuparemos de que esos pokemon aprendan por las buenas y también que sigan siendo libres. ¡Todo saldrá muy bien, ya verá!

    — ¡Hmph! —
    soltó el viejo, casi golpeando al chico con el aire que salió de su nariz.

    Se volteó y regresó al interior de su casa, cerrando de un portazo. Yagami se soltó y atajó a Goomy antes de que cayera de su cabeza.

    — ¡No hagas eso!

    —Tranquilo, hermanito~ no tenemos que enfadar a estas personas, hemos venido a darles una mano, ¿recuerdas?

    — ¡Pues si ellos no quieren nuestra ayuda, tampoco es mi problema! ¡Además, estoy seguro de que esos Sneasel estarán haciendo lo que hacen por una buena razón! Seguro estas personas los han fastidiado o tratado mal—
    bufó.

    En parte creía que sí podía ser un motivo, pero no conocía realmente las razones de los tipo hielo para sus fechorías. Hasta que no dieran con su ubicación y los enfrentaran, solo seguiría apostando porque no eran pokemon simplemente “malos”. Siegfried tampoco creía que sus motivos fueran infundados, pero se atendría a seguir recaban información y tratando de acercarse a los ladronzuelos.

    Después de visitar una veintena de casas, encontrar arañazos, objetos rotos, huellas en las ventanas, rascaduras en las chimeneas y más puertas destruidas, los cuatro personajes se reunieron a la hora del almuerzo en el centro pokemon. Sus compañeros se ubicaron junto a ellos para comer, mientras los jóvenes compartían la información que habían obtenido.

    —En algunas casas tomaron solo cosas como ropa, o cachureos sin relación directa con la festividad—decía Andrell, masticando una hamburguesa—, en otros sitios solo robaron adornos navideños, o regalos, o comida.

    — ¿Y esto que apuntas es importante? —
    preguntó el mejor entrenador de Aleria con el ceño fruncido.

    —Bien pudieron haber tomado los regalos de todas las casas—dijo Ryoko—y sacado a todos sus adornos y comida. En vez de eso fueron selectivos.

    — ¿Por qué harían eso? —
    inquirió la más pequeña, con un vaso de soda demasiado grande para ella.

    —Puede ser que estén siendo considerados con la gente de por aquí—replicó el rubio—, y solo les sacaran un poco a cada uno. Después de todo, estas personas han sido consideradas con ellos también. O también…

    — ¿También qué?


    El aludido se encogió de hombros.

    —No sé. Son pokemon muy listos. ¿Ya viste que aprendieron a escribir? —sacó la nota que traía arrugada en su bolsillo.

    —Hablan sobre volverse “el ladrón definitivo”. Yo no creo que ser considerados esté entre sus opciones—dijo la peli rosa, un tanto confundida—. Tal vez a sus ojos solo tomaron lo que les pareció mejor de cada casa, digo; en tal casa tenían adornos más bonitos, y en la otra cocinan mejor. Así podrían impresionar a su líder.

    — ¿Qué se supone que están haciendo con estas cosas que se roban? —
    preguntó Hikaru— ¿Solo llevárselas a Weavile? ¿Para qué?

    —Así parece. Seguramente quien le consiga las mejores cosas obtendrá algo de él… no sé, tal vez su aprobación o algún tipo de beneficio—
    se rompía la cabeza Yagami.

    —Es inusual que reconozcas que no sabes las cosas—sonrió Ryoko alzando las cejas—, parece que estás aprendiendo.

    Se volvió con un dedo en su oído para bajarle el volumen a la verborrea iracunda que el otro le respondió, haciendo reír a Andrell y Hikaru. Las puertas del centro pokemon se abrieron, y un sujeto alto de ropas negras, acompañado del Skarmory y Rowlet de los dos entrenadores, hizo aparición. El humano cargaba en su mano a un pequeño Sneasel que se sacudía y gruñía, intentado inútilmente liberarse. Los chicos se sorprendieron.

    — ¿Dónde lo encontraron? —preguntó Ryoko a su pokemon disfrazado.

    —Plumitas lo vio extraviado en la salida del pueblo—respondió Habaki, indicando a la tipo acero a un lado—. Es muy hablador…

    — ¡Sneeee Sneasel! —
    chilló la criatura, furibunda y lanzando arañazos.

    —Su manada atacará esta noche de nuevo—informó el zorro, traspasándoles lo que el ladronzuelo había soltado sin querer—, vendrán a tomar todo lo que se les quedó de ayer, especialmente los regalos.

    Los cuatro personajes se observaron son el semblante serio: si los Sneasel estaban tan determinados a continuar con sus robos, más debían estarlo ellos de detenerlos.






    SoncarmelaSoncarmela everydayeveryday LuigiLuigi
    si quieren pueden usar a habaki para sacarle más info al sneasel / hablar con weavile -no sé- (?)
     
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  4. everyday

    everyday Moderador

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    Los entrenadores no pudieron sacar mucha información del Sneasel capturado, salvo claro que sus compañeros vendrían durante la noche y terminarían lo que empezaron: se llevarían hasta el último de los regalos del poblado, junto con sus adorados árboles navideños. Más allá de sospechar que el salvaje no deseaba revelar el plan de sus amigos, daba la impresión de que el siniestro no conocía realmente lo que harían; es decir, probablemente sus compinches aún estuvieran trazando la serie de acciones a realizar. Dejaron al pequeño ladrón en manos de la enfermera del Centro Pokémon, quien a su vez le resguardó en una habitación especial para Pokémon temperamentales; según les explicó ella, sus paredes estaban reforzadas para incluso soportar la embestida de un Rhyhorn.

    —¿Y cómo se supone que vamos a impedir que roben los regalos? —la inocente pregunta de Hikaru rompió el largo e incómodo silencio que reinaba entre el cuarteto.

    Estaban advertidos de la maniobra que harían los Sneasel, por lo que no tomarían a los entrenadores por sorpresa; aunque esto era solo una verdad a medias. Si bien sabían que atacarían de noche, no conocían la hora específica ni en qué lugar aparecerían y, por si fuera poco, no estaban hablando de seres ruidosos o que no les importaba hacer escándalo a su paso, se trataban de Pokémon cuya tonalidad de pelaje les proporcionaba un camuflaje natural en la obscuridad, ya ni mencionar que eran unos expertos en el sigilo. En pocas palabras, la poca información que tenían no servía de nada, aparentemente.

    —No sabemos por dónde vendrán, ni qué casas serán las afectadas —aunque Ryoko dijo aquello en voz alta, por su mirada clavada en la lejanía uno podía pensar que simplemente hablaba con ella misma—. Y no tenemos suficientes Pokémon para cubrir todo el perímetro.

    —Y aunque los tuviéramos, no podemos asegurar que los vieran —Andrell se rascó la nuca y soltó un suspiro que denotaba cansancio.

    Ryoko parpadeó y se giró hacía los Pokémon. Skarmory seguía comiendo junto a Habaki, pues fueron los últimos en llegar al recinto. A la distancia, el Dedenne y Rowlett del rubio jugaban a un juego que no cualquiera vería con buenos ojos, pues el hámster estaba corriendo para no ser capturado por las garras del búho. Sin embargo, tan curiosa imagen hizo rememorar ciertos datos a la criadora.

    —Los Skarmory son cazadores natos de las alturas, los Rowlett también —chasqueó los dedos, mientras se giraba hacía el rubio y la infante—. Los Rowlett tienen una excelente visión durante la noche, son cazadores nocturnos.

    —Ya sé a lo que quieres llegar —Yagami se cruzó de brazos y ladeó ligeramente la cabeza, como si le diera pereza completar la idea de su compañera—. ¿Quieres usar a esos dos como vigilantes aéreos? —chasqueó la lengua—. Se te olvidó un pequeño detalle, Skarmory no es un ave nocturna —sonrió con cierta sorna, como quien disfruta de señalar el error que ha cometido un experto.

    —¡Pero están las luces de navidad! —Hikaru pegó un salto emocionada—. He visto la mayoría de las casas tienen luces colgando de sus techos, seguro algo han de iluminar por la noche, ¿no?


    —Es posible —Siegfried se llevó una mano al mentón en gesto pensativo—. Pero aun así no podemos confiarnos —bajó los hombros—, aunque tengamos vigilantes en el aire, los Sneasel podrían arreglárselas para no ser descubiertos.

    —No exactamente —la voz de Ryoko atrajo de nueva cuenta todas las miradas—. Es verdad que no sabemos con certeza qué casas atacaran, pero sí tenemos una lista de potenciales objetivos —los varones arquearon una ceja, cierta incredulidad podía verse en el rostro de Yagami.

    Al parecer las dos féminas dieron con un domicilio donde los ladrones solo intentaron llevar arreglos navideños, dejando todo lo demás intacto. Si la amenaza de los salvajes era real y en verdad volverían para llevarse lo que dejaron atrás, especialmente los regalos, entonces aquella casa tendría que ser uno de los principales objetivos de los Sneasel. Todos estaba conscientes que vigilar todo el pueblo sería prácticamente imposible, aún con ayuda de las dos aves. Lo único que les quedaba era apostar por vigilar una sola casa, la que más posibilidades tenía de ser visitada…


    [. . .]


    —¿Y por qué tengo que hacer equipo de nuevo con el odioso? —Yagami se cruzó de brazos y fulminó con la mirada a Itsuga.

    Los miembros de Blue Flare se encontraban parados en la sala de estar de aquella casa que Ryoko visitó horas antes, tras exponer sus sospechas a Marshall y su abuela entre todos convencieron a la regordeta señora y su familia de que les prestasen su hogar para tenderles una trampa a los Sneasel. Los dueños se lo pensaron un poco, pero terminaron aceptando, después de todo confiaban mucho en la anciana y su nieto, además que temían que esos Sneasel volviesen para llevarse algo más que simples adornos navideños. Abandonaron la casa al atardecer, dejando todo en manos de los entrenadores, no sin antes haber escondido sus preciados obsequios en un armario; Ryoko y Hikaru llevaron cajas envueltas en papeles brillantes para suplirlos: no deseaban poner en riesgo los regalos de inocentes; además, la criadora deseaba realizar un experimento, referente a qué regalos preferían llevarse los ladrones a la hora de sus robos.

    —Porque se nota a leguas que ustedes se llevan taaan bien —dijo aquello sin ver al castaño a los ojos, su atención estaba fija en los regalos falsos colocados bajo el árbol de navidad—. Además, pensé que mi presencia es molesta para ti.

    —Y lo es —refunfuñó—. Pero ese sujeto es más odioso que tú.

    —Gracias por el halago —suspiró pesadamente ella—. Pero ya está decido, ustedes se quedarán afuera, Hikaru y yo nos encargaremos del interior.

    Las siguientes horas las usaron para acondicionar el lugar: en la sala, habían retirado todos los muebles, dejando solo el árbol de navidad. En la cocina sucedió algo similar, apartaron todo para que los Sneasel alcanzasen el respiradero del lugar sin problemas. El plan era sencillo, cuando los ladrones bajasen por la chimenea, Hikaru y Ryoko les sorprenderían en el acto, ahí intentarían atraparlos. Si por alguna razón esto fallaba y los Sneasel lograban llegar al respiradero, Adrián y Andrell habían conectado una tubería a la salida de este, lo que obligaría a los Sneasel a seguir avanzando hasta llegar a un contenedor de basura, lugar donde los encerrarían para su posterior transporte. Todo esto sucedería bajo los atentos ojos de Rowlett y Skarmory que estarían en todo momento en el cielo, ellos anunciarían la llegada de los salvajes al domicilio con un breve chillido. Si aun así, todo se venía abajo, la misión de las aves sería perseguir a los ladrones e intentar frenarlos en plena marcha.

    Los entrenadores se pusieron en sus posiciones una vez que la noche cayó. Esperaron pacientemente hasta que los voladores diesen alguna señal o los ladrones mismos se delataran, sobra decir que durante un par de horas no hubo movimiento alguno. Fue cuando Hikaru comenzaba a dormirse y Ryoko contaba por décima quinta vez el número de esferas colgadas en el árbol de navidad, cuando un sonido proveniente de la chimenea les hizo ponerse en estado de alerta; las chicas se ocultaron tras el único par de sillones que dejaron y esperaron, casi aguantando la respiración.

    La cabeza de un Sneasel se asomó por el agujero de la chimenea, escudriñó con lujo de detalle la habitación y, cuando al parecer dio el visto bueno, pegó un salto para invadir formalmente la habitación, soltó un leve chasquido, apenas perceptible para el oído de las féminas. Aquello fue una señal para que los secuaces del primer salvaje entraran al lugar. Ryoko frunció ligeramente el ceño, estaba segura de que no había escuchado a los Pokémon de sus compañeros dar la señal de advertencia, eso solo confirmaba que tan buenos eran los salvajes para ocultarse en plena noche. Pero eso ya no importaba, ahora los tenían justo donde querían. La de cabello rosado miró a la infante para acto seguido asentir con su cabeza, indicándole que era hora de entrar en acción.

    Dos esferas elevándose en el aire llamaron la atención de los Sneasel, quienes hasta el momento habían estado ocupados seleccionando los regalos de navidad, siendo los predilectos aquellos que eran más pesados. Apenas vieron aquello, comprendieron de que se trataban: eran esas esferas que los humanos usaban para llevar dentro sus Pokémon. Lucario y Nidorina se materializaron frente al grupo de ladrones, eran seis de ellos.

    —¡Rápido Huellitas, bloquea el acceso a la chimenea! —ordenó la pequeña, saliendo de su escondite y señalando con su dedo hacía la entrada que emplearon los bribones para entrar.

    El tipo acero acató la orden de inmediato, ejecutando un Ataque Rápido para taclear a uno de los Sneasel que intentó salir por la chimenea apenas los Pokémon de las chicas hicieron aparición. El salvaje recibió el golpe en uno de sus costados, saliendo despedido contra los regalos, aplastando varias cajas en el proceso. Uno de los ladrones arrugó la nariz, extendió su garra mientras esta se iluminaba de blanco, corrió hacía Lucario sin más e intentó golpearlo para quitarlo del camino, sin embargo, el azulino contratacó con Yo Primero, dejando atónito al siniestro al recibir Garra metal mucho antes de siquiera tener oportunidad de contratacar. Comprendiendo que aquella batalla era inútil, otro de los Sneasel atrapó la caja más pesada con su garra y comenzó a correr, no sin antes soltar un chillido para sugerirle a sus camaradas la retirada; ya habían estado en esa casa antes, de modo que ya conocían una excelente vía de escape.

    Pero antes de que los ladrones pudiesen llegar al pasillo que conducía a la cocina un nuevo obstáculo se puso en sus caminos, Nidorina llegó para embestir al primero de los Sneasel que osó abandonar el recinto, sin embargo, dos de los siniestros consiguieron pasar sobre esta sin demasiados problemas saltando sobre la tipo veneno. El Sneasel abatido hizo acopio de todas sus fuerzas para reponerse del golpe, atrapar la caja de regalo entre sus garras y lanzarla sobre la Pokémon enemiga para que sus compinches en el pasillo pudiesen atraparla. Nidorina se vio confundida durante un breve momento, pues no sabía en quién debería centrarse: cuando por fin comprendió que no podía dejar ir a los que estaban en posesión del regalo, fue tarde, el Sneasel que había atacado momentos antes se le trepó sobre el lomo y comenzó a ejecutar Golpes furia a modo de rasguños en un intento de conseguir tiempo para que sus camaradas pudiesen huir.

    —¡Huellitas! —Hikaru quiso llamar la atención de su Pokémon, para pedirle que fuera tras la dupla de Sneasel que logró escapar, sin embargo, su fiel Pokémon se encontraba en un combate contra dos Sneasel que deseaban vengar al primero de sus camaradas que cayó abatido a manos del acero.

    —Tranquila Hikaru, Andrían y Andrell se encargarán de ellos —le recordó la pelirrosa, poniendo una mano sobre su hombro, solo para acto seguido prestar su atención en el combate que Reina estaba sosteniendo con otro de los Sneasel, al cual había conseguido lanzar contra uno de los muebles y ahora se disponía a noquearle ejecutando doble patada.


    [. . .]


    Los últimos dos Sneasel restantes de aquel grupo habían conseguido llegar a la cocina con aquel pesado regalo. Los dos salvajes estaban de acuerdo en que seguramente algo realmente valioso estaba ahí adentro, Weavile se pondría muy contento cuando lo abriese; que ingenuos habían sido el resto de sus camaradas, les habían protegido creyendo que ellos le llevarían el regalo al jefe y después pedirían ayuda para rescatarlos. Lo que realmente harían sería decir que el robo fue gracias a ellos y que el resto desertó o se dejó atrapar a propósito, así, si por azares del destino el resto lograba escapar de los humanos su reputación estaría manchada y la competencia para conseguir el título del mejor ladrón sería mucho menor.

    Con suma destreza saltaron a la estufa y después lanzaron el regalo dentro del respiradero que estaba justo arriba, luego ellos se metieron dentro y comenzaron su viaje para salir. A los pocos segundos notaron que algo no estaba bien, ya habían estado ahí y sabían que el viaje por el conducto de ventilación no era tan largo, pero antes de que pudieran preguntarse qué estaba sucediendo el regalo cayó pesadamente contra algo metálico y ellos fueron los siguientes.

    —¡El plan de Ryoko realmente funcionó! —Andrell soltó aquello mientras abandonaba su escondite y se acercaba hacía el contenedor de basura. El sonido seco que se escuchó solo podía significar que los Sneasel habían caído en la trampa. Los no hermanos se acercaron con cuidado a la jaula improvisada donde los ladrones estaban ahora cautivos.

    —Tsk, yo también pude pensar en algo tan simple como esto —se defendió el castaño, cruzándose de brazos y con un gesto de molestia en su rostro—. Además, no es la gran cosa… —algo interrumpió el discurso con el cual Yagami quería desacreditar a Itsuga: un par de garras atravesaron el metal del contenedor de basura, acto seguido otro par hizo lo mismo repetidas veces hasta que consiguieron crear un agujero— Por supuesto —Yagami puso los ojos en blanco—. Solo a Ryoko se le ocurre utilizar botes de basura comunes para encerrar a Pokémon…

    Andrell y Adrián lanzaron una Pokéball para materializar a sus compañeros, Dedenne y Frogadier respectivamente, antes de que los salvajes pudieran liberarse por completo, en cuanto estos últimos consiguieron su libertad y vieron que en el exterior también les estaban esperando no pudieron hacer otra cosa más que soltar chillidos de molestia. Los Sneasel intercambiaron miradas, ninguno de los dos quería simplemente irse y dejar el regalo atrás, de modo que no tuvieron otra alternativa más que pactar una tregua entre ambos: debían salir juntos de ahí y llevar el obsequio a Weavile.

    —¡Zed usa pantalla humo, después usa ataque rápido! —ordenó sin perder tiempo el de cabellos castaños.

    El ninja obedeció, escupiendo bolas negruzcas que al entrar en contacto con el suelo liberaron una cortina de humo negruzco que pronto cubrió a los oponentes, obligándoles a toser; más aquello era el menor de sus problemas, pronto se percataron de que eran incapaces de ubicar a los oponentes y eso no era para nada bueno. Lo siguiente que vieron fue a la rana atravesando su propio obstáculo visual a toda velocidad, consiguiendo propinar una patada en el abdomen a uno de los salvajes. Más el segundo salvaje no se quedó de brazos cruzados, abrió la boca y profirió una bola sombra que impactó a la rana, empujándola hasta desaparecer dentro de pantalla humo.

    —Te agradecería algo de ayuda —masculló Yagami, fulminando a Siegfried tras ver a su Pokémon recibir un ataque a quemarropa.

    —Oh, ¿mi hermanito quiere de mi ayuda? —Andrell esbozó una gran sonrisa—. Creí que podrías hacerte cargo tu solo.

    —¡Claro que puedo! —frunció el ceño—. Pero no quiero que Zed resulte herido o se canse demasiado…

    —Entiendo, entiendo —asintió, poniéndose serio—. ¡Nico, ya puedes entrar a jugar, paralízalos! —Adrián ladeó la cabeza, confundido.

    Los Sneasel habían adoptado una posición defensiva infalible para evitar que cualquiera de los ataques de la rana pudiese surtir efecto, ambos se cubrían las espaldas mutuamente, de esta forma ese Frogadier ya no tendría el factor sorpresa. No obstante, lo que nunca se esperaron los ladrones fuera que el enemigo ya estuviese justo a su lado y sin percatarse de esto: un adorable y lindo hámster emergió de la capa de humo tosiendo, mientras sus regordetes mofletes liberaban chispas eléctricas.

    —¡¡Ne ne ne neeee!! —gritó el pequeño Dedenne de Andrell, cuya expresión facial era una mezcla de felicidad y ternura.

    El hada liberó una poderosa Onda Trueno a ambos Sneasel, paralizándolos en el acto sin demasiadas complicaciones. Cuando la estela de humo se humo difuminado por fin, Nico se encontraba sobre los cuerpos de ambos tipo siniestros, que ocasionalmente se sacudían a causa de la carga eléctrica que seguía viajando a través de sus cuerpos, sobra decir que el hámster se veía adorable mientras veía confundidos a los ladrones, como si no entendiese por qué estaban tirados en el suelo.

    —¿Escondiste a tu Pokémon en la cortina de humo? —Yagami miró con incredulidad a Siegfried.

    —Bueno, realmente Nico se echó a correr apenas la vio —se encogió de hombros mientras se acercaba al regalo que los salvajes habían robado, lo abrió con cuidado y miró dentro—. Escogieron el más pesado…



    [. . .]


    —Chicos, realmente agradezco mucha la ayuda que están prestando a los pobladores —comenzó la enfermera del Centro Pokémon, se notaba a leguas que estaba haciendo acopio de todas sus fuerzas para mantener una sonrisa cordial en su rostro—. Pero no pueden simplemente usar nuestra habitación para mantener detenidos a esos salvajes.

    Su comentario era derivado a que ahora había un total de seis Sneasel frenéticos en el interior de la Sala Especial del hospital. Desde que habían despertado, los ladrones comenzaron a lanzar ataques a diestra y siniestra a las paredes, puerta y ventana de la recamara; en ese momento se encontraban exhaustos en el suelo, pues sus intentos de encontrar una vía de escape fueron infructuosos.

    —No se preocupe enfermera, resolveremos el caso y regresaremos su habitación a la normalidad —asintió con decisión la pequeña Ranger—. Ahora solo tenemos que convencerlos de que robar está mal y todo se solucionará —dijo mientras se llevaba las manos a la cintura, en pose heroica.

    —Ojalá eso fuera tan sencillo —Ryoko suspiró pesadamente y se rascó la nuca—. Se nota que estos pequeños no han hecho otra cosa en su vida más que robar, será muy complicado convencerlos así sin más.

    —Yo digo que hay que patear el trasero de ese Weavile —el castaño se cruzó de brazos, mirando fijamente a los Pokémon siniestro: aunque su semblante era de pocos amigos, se notaba que al chico no le hacía nada de gracia ver a esos pobres salvajes en estado cautivo—. Él debe ser el culpable de todo, es probable que los esté obligando a robar o les haya engañado para que hagan esto.

    —¿Y cómo vamos a dar con él? —la líder de Blue Flare miró a su compañero—. Habaki ya intentó convencerlos de llevarnos con su líder y se negaron.

    —Es porque les pediste las cosas de forma amable —sonrió con cierta burla—. Son ladrones, tienen astucia y saben lo que estamos tramando, si quieres que nos lleven hasta su líder no tienes que convencerlos de que lo hagan de buena voluntad, hay que engañarlos.


    Ryoko parpadeó, sorprendida porque Yagami estuviera teniendo tantos momentos de lucidez en aquella misión. El mejor entrenador de Aleria comenzó a contarles su plan: colocarían montones de regalos frente a la ventana de la habitación, después fingirían que dejaron la puerta de su celda mal cerrada cuando les llevaran comida. Los Sneasel seguramente aprovecharían la oportunidad en cuanto dejaran de vigilarlos para escapar y, como ya habían perdido regalos a causa del ataque de los humanos, robarían algunos de los que estaban ahí a modo de venganza. Lo que no sabían, es que uno de esos regalos tendría una sorpresa dentro, un Pokenav.

    —Con la función GPS de los Pokénav, podríamos saber la ubicación exacta de la guarida de los Sneasel —Adrián puso la cabeza en alto, orgulloso de su plan, como si hubiese resuelto el misterio más enigmático del mundo.

    —Suena bien —la criadora tenía una mano en el mentón—. Aunque, ¿cómo harás que el Pokénav nos envíe la información de su posición?, y más importante aún, ¿cómo estaremos segura de que los Sneasel escogerán el regalo con el Pokénav dentro?

    —De eso nos encargamos nosotros —Andrell esbozó una sonrisa, estirando sus manos para mostrar al adorable Nico quien sacudía sus bigotes—. Al parecer los Sneasel se fijan en el peso de los regalos, cuando atrapamos los que intentaban llevarse una caja vimos que escogieron el que más roca tenía. Nico puede viajar junto al Pokénav en el interior del regalo falso y realizar llamadas presionando un solo botón, así podría enviarnos su ubicación exacta.

    —Y cuando deje de moverse, sabremos que ha llegado al escondite —Hikaru asintió, aprobando el plan—. ¡Suena divertido!, ¿no podría ir yo en el interior del regalo?

    Todos la miraron en silencio, más de uno meditó sobre realizar aquello, pero entonces negaron lentamente con su cabeza. Seguramente los Sneasel ni siquiera podrían cargar la caja con ella dentro.

    Lady BeelzeLady Beelze LuigiLuigi SoncarmelaSoncarmela
    Se viene lo intenso D:
     
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