+18 Fic Colectivo Durkheim Crisis [The Truth Ƹ̴Ӂ̴Ʒ ]

Tema en 'Colectivos, Roles y Proyectos en Equipo' iniciado por Amaki, 13 Abr 2017.

  1. Ahkilendra

    Ahkilendra Beep, beep im a sheep!

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    En la guerra no existía el protagonismo exclusivo. Todos sus autores estaban sujetos al rigor de la colisión de fuerzas, pero nunca se dijo que era imposible la existencia de varias historias suscitándose en ella con varios protagonistas de sus propias historias.

    Los West habían visto a sus caciques volver al polvo de donde emergieron y clamaron con tristeza y rabia por la caída de sus representantes, a ellos se sumó el aullido de un lobo huargo resurgido como un espíritu de venganza, pues Tadi nunca fue de entregarse fácil a los brazos de la muerte. Desmoralizados y heridos, los hijos de la tierra querían ardía de odio contra los transgresores.

    La vanguardia estaba herida, desesperada, superada en cantidad y calidad como en el aire y en la tierra, aislados de toda ayuda y con las espaldas en la pared: era pelear o morir.

    ¿Qué era lo más terrible que podía enfrentar una mascota? Posiblemente varias cosas: ser devorado, morir de hambre o sed, envejecer solo, estar bajo la dependencia de un maltratador o desentendido dependiendo de esta la prioridad podía variar, pero posiblemente había algo en que todos concordaban: Perder a su dueño y no poder hacer nada para impedirlo. No importaba la preparación que se tomase ante tal eventualidad o la actitud en respuesta a la llegada de este, en el momento en que sucedía toda posibilidad se derrumbaba y se quería negar la inevitabilidad.

    —No es cierto…—susurró atónita Maeve mirando a todos lados entre la polvaderaRenacuaja…Kristina...sal, no es momento de jugar —¡No era cierto! ¡Se negaba a creerlo! La conocía, siempre salía de una situación no importaba que tan mala se colocase ante ella, pero sus sentidos ya no podían percibir su aroma característico de su perfume o el timbre de su voz. No era estúpida, sabía exactamente lo que había sucedido ante ella, pero no podía digerirlo.

    Rosemary señaló con su atrapa sueños hacia la anfibia que estaba distraída, esas tonfas podrían servir para quebrar huesos. Sonreía al hecho de ver que su hermano al fin había hecho algo bien y que había menos imbéciles oponiéndoseles lo que haría más fácil el exterminio.

    Las ondas emanaron del atrapa-sueños rumbo a Maeve.

    —¡Beeeeh!

    Encontrándose con un balar que anuló la onda.

    La santa Claus del infierno exhaló y revoleó sus ojos ante tal muestra de tozudez.

    —¡Deja de meterte oveja de mierda!

    La deprimida sólo podía mirar con rabia condescendiente a la baladora que se atrevía a resistirle. Maeve espabiló guiada por su instinto y saltó hacia Jesús pudiendo notar que Hikari estaba apagada.

    —¿Esto es lo que deseas, Sandman?

    Ya no había candidez en su voz sino desprecio.

    —Si —respondió el arenero desde el atrapa-sueños mientras su compañera marchaba hacia un moribundo Taro y Lord Lowen se replegaba hacia sus compañeros por cuanto varios miembros alados y terrestres de los Wests se acercaban con lanzas, flechas y mosquetes para hacerles dar apoyo a su compañera y dañar a los transgresores de la tierra.

    Los miembros de la vanguardia no tenían tiempo para llorar por los caídos por cuanto las huestes de la muerte buscaban sus vidas como pago por sus ofensas de resistirles y evitar el justo castigo. El mesías intentaba levantar su pesada katana dando cortes a las “aves de presas” que intentaban buscar su cuero cabelludo, Fátima ayudaba contra la ira aérea, Maeve descargaba su frustración con golpes brutos de sus tonfas, Kirilia mantenía a raya a los merodeadores aéreos mientras que Lowen cuidaba los flancos.

    [***]



    —Taro...

    La deprimida, apoyada por un grupo de Wests alados que se dedicaron a perseguir a la vanguardia cuales ángeles de retribución, se acercó al caballo moribundo que le costaba respirar a causa de que su pulmón estaba colapsado por las costillas que le habían perforado.

    —Rosemary.

    —Te vas a reponer —dijo la muchacha intentando examinar el cuerpo del Pegaso caído.

    Mateo intentó tomarlo por un ala.

    —cabrón, levántate.

    No
    susurró Taro cuyo hocico notaba un río de sangre.

    —¿Qué? —preguntaron ambos.

    —No… me arrepiento.


    Taro esbozó algo como una sonrisa. En su mente llegaron los recuerdos de los días en que fue un potrillo en medio del grupo que destacaba por ser el rebelde, indomable y travieso que le causaba los jinetes de la tribu más de un problema y monumentales dolores de cabeza. En los ojos de sus almas pasaron estaciones en donde destacaban los días con sus compañeros saltando los corrales y haciendo carreras, sus tiempos con bozal y los momentos en que corría libre por las vastas planicies de No Life City y los desiertos de Death End, sintiendo el viento en su rostro y crin relinchando de felicidad. El día en que decidió dejar a la tribu hastiado de sus modos de vida, seducido por las historias de caballos extraños y vaqueros sobre tierras multiformes con toda clase de seres y sus deseos de juventud de explorar todo lo que había alrededor. Su primera vez fue un desastre pues fue secuestrado por un grupo de cuatreros y a pesar de sus esfuerzos fue llevado a un establo de No Life City para ser vendido a un caballero en Castlelot quedándose en un establo de caballos dedicados a labores agrícolas donde agobiaban sus lomos con cargas y yugos recibiendo a cambio paja añeja, del cual escapó pues el no era un burro y volvió a ser capturado siendo sometido tres veces y libre otras más. Un día en que estaba huyendo cruzó caminos con una Dingo con la cual inició una relación basada en diretes que pasaron a algo más personal mientras su mundo amplio y sus ojos vieron: Las luces de Ex-land, Los bosques de Nibikure, Los edificios del imperio Ichi e incluso el mar de Water Kindgom.

    Las estaciones pasaban como los seres y lugares con los que se encontraba ganando aliados y enemigos por igual, más de lo último que lo primero, pero el nunca dejaba de ser el corcel del viento. Sí, eso era él: Taro del viento, hermano del águila e hijo del desierto. Un espíritu indomable que todo este tiempo se fue al exterior en busca de si mismo siendo que la respuesta no estaba en lo desconocido sino en lo familiar y hogareño: su tribu que le vio nacer. Nadie podría domarlo porque él sabía quién era. El era un West sin importar las culturas e historias que conociere.

    —Nunca nadie...me va a dominar

    El pegaso caído abrió sus ojos, sus oídos conocían ese dulce susurro. Le faltaban las fuerzas pero a punta de tosudez comenzó a moverse mientras respondió.

    —Yo voy... a...pelear.

    El corcel se acercó a su unicornio y dejó su hocico a su lado a tal que a lo menos pudiese respirar su aire o sentir su sangre.

    —Mi...libertad.

    —Buscaré.

    —Soy.

    —Li...


    Ambos entregaron su alimento y volvieron a la tierra para descansar en paz.

    Mateo y Rosemary se miraron el uno al otro. Nunca necesitaron decirse muchas palabras para entender lo que sentían o deseaban en ese momento, incluso aunque el primero tuviese gafas de sol que le dificultasen la vista, su lenguaje corporal no dejaba sus intenciones en oscuro, se acercó a un hacha en el suelo y la cogió.

    —Estos maricones mueren hoy.

    [***]

    Ryrio se sentía como el distractor de una tauromaquia, sólo que en vez de mantener distraído a un toro tenía que tener ocupada a una bruja explosiva sonámbula que era la niña símbolo del daño colateral. Él era un peso pesado por lo que si bien no poseía un aguante en comparación al de un otaku en clase era el segundo que aguantaba además que el trabajar con ello contribuía a desarrollar ese aspecto pero contener a Barbara estaba requiriendo energía mental y el temor era simple: llegar un momento en que se agotaría.

    —Maldita sea ¡Alzamiento torrencial del océano!

    Una cortina de agua se elevó conteniendo una explosión que nació de ambas manos de la bruja explosiva que a pesar de recibir quemaduras de tercer grado se iba regenerando como si nada, era un monstruo ¿se habría dormido intencionalmente para eliminarlos? ¿Tan estúpida era? Preguntas plagaban su cabeza pero no había tiempo para pensar sino contener, comenzaba a jadear. Maldita Bruja.

    [***]

    Un tronar de cuello indicó a un par de vendas vivientes que era el momento de lanzarse cual serpiente sobre uno de los cazadores dispuestos a buscar a la fille du diable. Ella no fallaría a quien le tomó por maestra, pues la admiración que sentía por Fibrous era como el de una hermana menor. Todos eran animales, pero ella era el único ser que podía ser considerado vegetal por su composición y un objeto por su destino ¿Qué se esperaría de un conjunto de vendas de lino? Lo mismo que se esperaría en primera de una bufanda de fibras sintéticas y por ello debía exigirse a actuar con la misma eficiencia y violencia que daba su modelo a seguir.

    Houellebecq estaba probando una aplicación de la medicina que muchas veces no se tocaba por cuanto era considerado un taboo, pero ella era un taboo social viviente así que la eutanasia no era algo anormal para ella de dar, de hecho la guerra le otorgaba nuevos sujetos para experimentar tantos técnicas sanadoras como lesivas. Eso pudieron comprobarlo los cuerpos de siete wests que estaban alrededor de ella con rictus de agonia y algunos alfileres ubicados en los puntos nerviosos del cuerpo destinados a causar el máximo dolor posible. Tantas cosas que tendría que apuntar en sus anotaciones y compartirle a Aracely, pero para ello necesitaba salir con vida y eso implicaba que quienes estaban encargados de hacer el mayor esfuerzo estuviesen activos.

    —Isis, vamos a ayudar a nuestros lindos sujetos de prueba. A Mr. Gutted no le gusta estar quieto.

    Las vendas, que habían rodeado a un west que alcanzó a rebanar una parte con sus hachas, se retorció a si misma con fuerza exprimiendo sangre del cadáver que dejó caer en el suelo y se movió junto con Saphirre y Mr.Gutted hacia donde se ubicaba el escuadrón que estaba cerca de la explosión reciente.

    [***]
    En un lugar cercano a ello un armadillo estaba lidiando con el fuego y el metal que golpeaba su coraza corporal. Entre todos tenía que ser la cazadora de los números con tendencias dementes la que estaba luchando contra el vicepresidente de los nerds que estaba bajo un profundo sueño, quizás lo bastante como para no percibir las marcas de fierro caliente en sus brazos y estomago como rasgaduras y quemaduras de segundo grado. Si el no hubiese llegado Clover hubiese asesinado a Lancelot, no sin antes Elux la destrozare o ella se desangrare hasta la muerte.

    Otakus y su estúpido aguante.

    Un trió de tentáculos se acercó a Clover con el propósito de convertirla en la protagonista de una versión retorcida de La Blue Girl. La sukeban usó de su destreza corporal para girar en distintas acrobacias mientras uno de sus hitodamas tocaba a Elux comenzando a enraizar sus tentaculos.

    —Hnnnng, si, si ¡quiero sangre y fuego!

    —¡Ahora si te Takoyaki, gordito kawai!

    —No —
    El armadillo se intentó interponer, pero tropezó. La buena suerte de Clover entraba en juego dándole un trampolín para impulsarse con el propósito de hundir a Heller en la cabeza de Lancelot, quizás lo despertaba ¿si lo mataba? ¡Bonus!

    Elux rió estridente alzando cuatro tentáculos con el propósito de arrancar el estomago y útero de ella.

    —¡Ven a mí! —clamó el arma adormilada.

    Tungskan agarró la pierna de Clover y la bajo al suelo. Tuvo que enroscarse para evitar una serie de golpes de los tentáculos de Elux, que fue denegado de su placer.

    El armadillo aprovechó de tomar a Clover y lanzarse en un piquero hacia la tierra para usar sus brazos y a gran velocidad cavar un tunél para hundirse bajo tierra con Clover.

    —No, vuelve, quiero que me destroces ¡Lo Exijo!

    [***]

    El mellizo Sweeney analizaba la situación desde la comodidad de su puesto mientras dos figuras que conoció en un bar de mala muerte caminaban hacia su hermana con pasos pesados y apresurados. Bah, ¿Por qué dejar un punto estratégico por solidaridad que iba a tener poca a nula retribución material o moral? Rosemary no era una niña y tenía al troglodita de su novio para ayudarle, pero aún así la cagaban. Esto debía tomar exactamente doce minutos con veintiún segundos y lo han prolongado con redundancias e idioteces, por él bien así bebía más licor.

    No necesitaba mirar otra vez el escenario. Sus rivales no daban la talla para lo que ellos eran ¿cómo habían logrado sobrevivir todo este tiempo? Le era un misterio.

    Exhaló aburrido y alzó su mano derecha haciendo un gesto con ella. El cuerpo de la sonámbula explosiva resplandeció y ante la vista incrédula de Ryrio fue levitado como impelido hacia donde estaba Rosemary, quién sólo miró de lado a su mellizo dándole una media sonrisa.

    —Toma los recursos del enemigo y hazlos tuyos. Estrategia para imbéciles.

    —Ah, hermano bobito. Ya me preguntaba cuando moverías tu culo.

    —Sabes que no necesito moverlo ni menos para limpiarte el trasero. Ver tu desempeño en el campo de batalla me provocaba el deseo de arrancarme los ojos.

    —Vaya, cuñado, que lindo verte —
    intervino el discapacitado tomando de la cintura a su novia deprimida.

    Dice se masajeó el puente de su nariz:

    —Por favor, no me hagas desear morir de nuevo.

    Ella chistó y movió su atrapa-sueños, manteniendo una mirada pétrea hacia los autores de la muerte de su compañero. Cuales marionetas: Wild, Mild y Barbara se prepararon a liberar toda una artillería sobre la vanguardia. Las moléculas alrededor del aire en el espacio personal de los jefes se cohesionaron en múltiples puntos generando toda clase de balas que los rodearon.

    El shinobi shileno miró lo que estaba ocurriendo y no le gustó nada a lo que iba. Usó a Cai Cai Vilu para aumentar el flujo sanguíneo en sus piernas y concederse gran velocidad. Corrió hacia Ryrio, quien ahora estaba lidiando con un grupo de West.

    —¡Ven aquí shushetumare!

    —¿Qué?


    Cual trapo el joven gitano fue tomado y llevado a donde estaba el grupo más grande de la vanguardia. A pocos metros lo lanzó hacia el grupo y se impulsó a si mismo con un salto potenten.

    —Usa tu suiton, Romané o cagamos.

    —¡Verdammt Sarazenen!


    Lowen se colocó en frente y alzó su egida que formó una pantalla azul clara con una consistencia similar a un vidrio rectangular.

    —Lowen, no —rogó Fátima acercándose a él.

    —Geliebte, no hay tiempo.

    —¡Corred, Brudens!


    El sostendría la línea para darle una oportunidad a la vanguardia.


    —¡Mentada madre! —Jesús pudo notar entre la estructuras varias sombras que se movían, acompañados de una figura cuadrúpeda y otros pudieron notar en el cielo siluetas aladas, ignorando que Saphirre e Isis volvieron con ellos en donde sin perder tiempo la deprimida realizó su trabajo.

    Ryrio se motivó pensando en que el sacrificio que estaba haciendo su sempai en Castlelot y si bien el no era Adrien, él había sido confiado por Lionel con el puesto de vicepresidente de los ausentes y sido la mano derecha del supremo serafín ¡Tenía que darlo todo! Por lo que clamando al poder del escualo sagrado del futuro alzó sus corrientes de agua en una cúpula mientras que Lord Lowen soltó un rugido de guerra subiendo la moral de sus compañeros y se mantenía firme a pesar del calor de la fuerza de las explosiones, los proyectiles de los West, el rayo láser que exhalaba la boca del espíritu de Tadi y las perforaciones que estaba sintiendo en su cuerpo a causa de los disparos con efecto de un Mild controlado.

    Escombros eran proyectados a causa de las explosiones que amenazaban con devorarlo todo como una bestia hambrienta, tal cual era Apollyon a tal que Rosemary tuvo que forzarse a poner a Barbará al frente para no sufrir daño colateral el cual ya había matado algunos de los West.

    El rayó láser de Tadi había desaparecido ¿habría desistido? ¡No! Pues ella apareció para embestir con todas sus fuerzas la cúpula usando sus patas y fauces, haciendo que Ryrio se hincará. Cuales merodeadores en la oscuridad los wests buscaban la carne de los carapalidas con sus flechas, lanzas y balas de sus mosquetes.

    [***]

    Esto era…incoveniente. Si, esa era la palabra que Saphirre buscaba para describir su situación actual. Si bien no tenía problema de ver toda clase de seres contenidos en sitios cerrados e incluso admiraba eso cuando se trataba de maniobras de escapismo la situación actual no requería de una defensa que podía ceder.

    —Hey, wera rara ¿tienes un plan?

    —¿Eh? Me preguntas a mí —
    comentó curiosa la hija del diablo soltando una pequeña sonrisa— pero si soy una deprimida, mi rol es curar.

    —Yo sé que pueden hacer más que eso —le interrumpió el Mesías, atrayendo su atención— Sé que no me creeras, pero en mi futuro luchan también y son buenos. Lo sé por el Emil que siempre me atiende.

    —Oooooh —
    La presidenta susurró algo a su estrafalario muñeco, el cual Jesús juró que había asentido y volvió al otaku con una sonrisa en su rostro— puede ser que tenga una idea, para lidiar con Rosemary y sus niños sonámbulos…pero no les gustará y dolerá...mucho.

    Saphirre susurró al ausente la idea que pasaba por su tétrica mente. Si, a White no le sonaba seguro pero a esta altura ¿Qué cosa era segura? ¿Había un sitio donde esconderse? ¿Conocían a su rival? Nada, estaban en oscuridad como su katana.

    —Ryrio-sempai.

    —¿Qué?

    —Baja tu escudo. Nos repartiremos por los lados mientras tú y Lowen sostienen el escudo.


    El escualo le miró confundido y molesto:

    —Vamos a mo…

    —¡Todo estará bien, ya! —
    le detuvo el mesías cuyo optimismo había menguado con la muerte de la lisiada pero no su determinación de volver con los suyos y eso exprimía esperanza en la desesperación en que estaba lo que se notaba en tenues brillos de Hikari —moriremos igual si nos quedamos aquí ¿no? A lo menos luchemos. Eso hubiese querido ella…

    —Yo…estoy con el humano —
    se limitó a decir Maeve que había pasado de la negación a la ira y de un tono coqueto y atrevido a un son frío y solemne similar a una señora de alta curnia—Exijo sangre.

    —Tú culpa si morimos ¡Muevan el culo!

    Ryrio dejo cede el escudo detrás suyo reduciendo su rango de acción lo que le hacía más fácil concentrase con Lowen en la Killbox de la Artilleria para menguarla cuanto tiempo pudiese y en especial con esas “balas vivas” que ya habían hecho perforaciones en sus extremidades. Sólo esperaba que los demás no muriesen tan pronto. No, el no era así pero la situación a su alrededor le hacía menguar su esperanza.

    Maeve, Fátima, Kirilia e Isis se impulsaron, volaron y serpentearon a toda velocidad hacia el flanco izquierdo entrando en medio de los humos producto de los escombros. Sus sentidos estaban reducidos a causa del ambiente. Las ondas sonoras de las explosiones contaminaban el aire haciendo difícil el escuchar, el polvo flotando dificultaba el oler y el humo mismo reducía la vista por lo que debían confiar en cada una.

    El trío de mascotas se apegó a sus espaldas.

    —¡Vamos hijos de puta!

    Los cazadores no tardaron en avanzar cuales búfalos y águilas en busca de sus cabezas. Patadas, vendas y rapier actuaban como baquetas sobre los tambores que eran los cuerpos de los West. Un lomo las lanzó a las tres a una pared que derribaron por el mal estado de esta. Se levantaron, pudiendo ver a Tadi con sus fauces abiertas dispuesta liberar sus laser sobre ellas.

    —¡Ah, no! —Isis serpenteó hacia la bestia y envolvió su hocico forzándole a guardar su energía calórica e intentar con sus patas quitarse a la venda forzando a esta a salirse para evitar más desgarros —¡Hey, esa no es forma de tratar a una loli! ¡Te denunciaré al Nexonu por acoso textil!

    La anfibia lanzó algunas piedras hacia la humareda, no tenía tiempo de comentarios sarcásticos. Captó una sombra entre la niebla y la atrapó con su lengua, atrayendo a un merodeador con hachas que intento clavarlas en su cuerpo, pero fue dormido por Kirilia lo que le dio la oportunidad a Maeve de romperle el cuello y lanzar su cuerpo con fuerza hacia lo que veía moverse. La capacidad de la anfibia de ver siluetas moverse le ayudaba a la oveja a compensar su dificultad para percibir profundidades y que al percibir sombras se ponía en alerta por lo que tenía que hacer un esfuerzo considerable por mantenerse enfocaba tensando sus dientes.

    —¡Vengan! ¡LOS MATARÉ!

    Maeve quería venganza e iba a tenerla.

    —No los llames —reprendió Kirilia.

    —¡Ja! ¿Qué, tienes miedo?


    Tuvieron que separarse para evadir la caída de flechas y lanzas, un par de West causaron cortes en los brazos de Maeve, pero en vez de dolerse sonrío lanzándose sobre uno y arrancándole los ojos.

    —Aaaawn ¿no viste venir eso? —de inmediato le reventó el cráneo con su tonfa.

    El West que vio eso saltó con su lanza hacia Maeve, pero un par de vendas tironearon de la lanza y una onda contusiva golpeó el cuello del sujeto matándolo.

    —¿No viste eso? novata —Le respondió Kirilia— Véngala concentrándote y amando tu vida.

    La oveja podía acertar con palabras cuando se lo proponía, pues era algo similar al mensaje que la rana les dio cuando los vio pasar los días en el jardín de los caídos. Ella ya había perdido mucho en esta guerra: amigos, novio y su dueño y a estos dos tendría que volver a darles descanso eterno. No quería que otro más se muriese. Maeve no tenía como responderle, ella podía entender lo que había perdido y con mayor intensidad pues ahora lo estaba viviendo.

    El campo de batalla era una plétora de sentimientos para el corazón que desafiaba a la mente en mantenerse enfocada.

    —¡Kyaaaah, perro malo rasga lolis!

    Isis alertó la llegada de la versión espiritual del huargo Tadi mientras que algunas balas habían dado en sus vendajes lo que maldijo en voz baja.

    Entonce sintieron una hendidura en la tierra que pilló la pata del huargo y otra en la cual salía un armadillo.

    —En…tren.

    Se notaba que le dolían sus brazos.

    Las mascotas se metieron adentro encontrando una Clover que estaba mordiendo uno de los brazos de Tungskan aunque sin resultados por su protección natural, el armadillo se notaba que estaba sudando y tenía varias abolladuras en su armadura.

    Cuando la zorra afortunada vio a Maeve se fijó en todos lados, ignorando sus heridas.

    —¿Dónde está mi narutolisiado?

    —Muerta —
    dijo Maeve.

    En eso todos pudieron sentir una risilla y un aumento progresivo en la temperatura del aire.

    —Na…nani

    —¡Muévanse —
    ordenó Tungskan ayudando a sus compañeras a salir por el agujero.

    Lo siguiente que pasó se podía describir como la erupción de un volcán y un demonio saliendo en busca de quienes estuviesen frente a ellas ¡Pobres wests que intentaron tomarla! Pues en aquel momento eran nada menos que pasto para ser consumido por el fuego implacable que emanaba del tubo de la cazadora de los números dejando a su paso órganos desparramados y tejidos como huesos asados.

    —¡Bakas! ¡Bakas! ¡Bakaaaaa! ¡Saben cuánto me costó conseguir un naruto para mi cosplay de Sasuke kuchilla! ¿CREEN QUE ES FÁCIL? Ahora me voy a ir full Susaano sobre sus cuerpos de nativos americanos que dirigen casinos en la carretera ¡Shineeee!

    —Dame una C.


    Un west recibió la punta de Heller en su ojo hasta lo profundo de su cráneo calcinando su cabeza. Clover retiró su cabeza y la usó de pelota de beisbol y su arma de Bat para golpear el craneó como un proyectil igneó, quemando a otro.

    —Una L.

    Ella avanzó con un salto acrobático, un par de balas le rozaron las mejillas pero eso no le importó mientras apaleaba la carne de los West hasta hacerlas chicharrones.

    —O.

    Siguiendo con su grito de porras corrió a toda velocidad lanzadose con sus rodillas y aterrizando sobre la cara de otro navito hundiendo el tabique nasal en su cráneo y ahogandoló en su propia sangre mientras que otro le clavó una lanza en el hombro pero más que retenerla le excitó forzándole a golpearlo hasta la muerte.

    —V.

    Jadeó, mirando frenética a los lados e invocando a sus hitodamas que ataron algunos aborígenes que fueron hacia ella quedando a merced de ser consumidos cuales herejes en la pira.

    —E.

    Si para otros la guerra era un horror para ella una pieza artística donde ella era la pablo Picasso pero que hacía arte abstracto con los cuerpos de sus víctimas y cuyo color de preferencia era el rojo o el negro carbón.

    —R.

    Si, la cheerleader del caos desataba su pletora de gore y diversión, rasgos que le habían hecho la nueva cazadora de los números.

    Maeve, Fatima, Kirilia, Isis y Tungskan tenían ahora un problema mayor: West acompañados de un lobo huargo gigante. El armadillo soltó un “no” lacónico impresionado ante el regreso de la muerte de ese can. Debían moverse pues Rosemary ya estaba infiriendo una división en el lugar, posiblemente los Wests le habían avisado por lo que balas podían percibirse en el lugar y explosiones lo que convertía esto en una lucha de correr y pelear entre los escombros voladores, las esquirlas, flechas, lanzas, west y huargo. La presencia de los Wests era a la vez una disuasión a la deprimida pues estaba consciente de las consecuencias del fuego cruzado por lo que no podía volar todo esto al infierno.

    Clover les acompañaba riéndose de la situación al tiempo que golpeaba a cada indio que llegase, el grupo tuvo que saltar para evadir el rayo láser que salió de la boca de Tadi.

    —¡Ya me hastie de este can sucio! ¡Isis, ven conmigo!

    Fatima se condujo gracias a su cuerpo en medio del fuego y el humo junto con la venda reptante hacia donde se hallaba la bestia huargo. Las vendas se reunieron alrededor del hocico y las patas delanteras forzando al lobo a caer , pero este resistía girándose sobre si y siendo ayudado por algunos West que intentaban rasgarla y perforarle lo que le causaba gritos de dolor. Dos lenguas salieron del humo arrastrando a cuanto West pillaban, dándole a Fátima la oportunidad de replicarse dos veces y saltar hacia los ojos.

    —¡Abre!

    —¡Kyaaahrrg! —
    Isis se desenredó y reptó con dificultad hacia una roca.

    El trío de Fátimas atacó el rostro: los dos primeros a los ojos y la original se metió en la boca del huargo. No era primera vez que se sentía en la experiencia de ser devorada pero eso le dio una enseñanza: El interior de las criaturas era más blando que su exterior por lo que tras dos minutos el huargo comenzó a tambalearse y escupir a una mariposa que salió disparada y corrió para tomar refugio, siendo recibida por Isis para ser llevada al grupo que estaba corriendo hacia la barrera de Lowen y Ryrio. Las replicas habían desaparecido y el gran lobo sangraba por dentro, aprendiendo que esa mariposa era un bocado letal.

    [***]

    Saphirre, Jesús y el shinobi shileno estaban transitando por un infierno similar cortesía de los West. El Otaku y el peso pesado hacían sus esfuerzos para atraer la atención de los nativos que arremetían desde el cielo y la tierra. La deprimida tomó a Mr.Gutted a quien comenzó a darle palmadas en la espalda como si estuviese sacándole un erupto, logrando que cinco objetos saliesen de su boca y se cuadrasen mientras ella les daba indicaciones.

    El Shinobi shileno había sentido la experiencia de conectar con sus chakras por medio de las agujas de Saphirre y ahora se complacía en romperle los chakras a los mapuches quema camiones ya que sus Loncos los habían dejado.

    —¡Taijutsu pa vo! —El ninja bloqueó el brazo de un West y le regaló varios un golpe en el rostro que le rompió la mandíbula.

    —¡Sacada de chucha para vo! —Sin dudarlo usó el cuerpo del West que había golpeado como arma contundente contra otro que venía desde las alturas y lo logró aterrizar forzosamente.

    Así el legendario shinobi buscaba atraer la atención de todos los Wests posibles a pesar de las contusiones y cortes sobre su cuerpo aumentaban con cada intercambio, después de todos los pesos pesados nacían para sufrir y sangrar era su marca de honor no de falta de habilidad.

    Jesús manipulaba su katana debiendo contar con su aguante natural y las intervenciones de la deprimida ya que esta aún se encontraba apagada, pues en su mente había conflicto a causa de haber visto morir a un nakama ante sus ojos y sentirse impotente ante enemigos con más recursos y fuerza. No se iba a rendir pero mantener el optimismo y la esperanza era difícil en un campo donde la muerte se sentaba como rey ¿cómo demonios le hacía su sempai para lograrlo? Un West alado le tomó e intentó elevarlo por lo que se columpió dandolé una patada en el rostro que le forzó a soltarle y dejarle caer. No tenía descanso pues tres les habían rodeado causándoles cortes y clavándole una lanza en el brazo izquierdo lo que hacía dificultoso coger a Hikari, pero él no se iba a rendir por lo que haciendo uso de toda su fuerza cogió el mango de su arma y lo enteró en el vientre de uno d ellos. Uno apareció por detrás y le clavó un cuchillo en el hombro, lo que respondió con un cabezazo que rompió su cráneo, agradeciendo el entrenamiento de su abuela para darle huesos duros. Su cuerpo estaba acalorado, dolido pero a pesar de todo persistía no movido por mero optimismo sino el deseo de sobrevivir.

    —¡La conchetumare wea brigida!

    Gracias a sus habilidades “legendarias” el shinobi tomó a Jesús y Saphirre y comenzó a correr como alma que llevaba el diablo, pues era seguido por una lluvia de balas que destrozaban los edificios y el suelo. Una explosión le detuvo mientras corría hacia un lado. Algunas balas habían dado a sus piernas, cosa que maldecía pero no era la primera vez en Durkheim ni antes que conocía la perforación de una bala. Le dolió más que la cresta aterrizar pero se reprendió a sí mismo a saltar o formaba parte del patio de los callados.

    Finalmente entró por la ventana de una cantina no sin antes sentir como una bala vectorial le rasgaba el ojo dejándolo tuerto ¡Genial por la chucha, ahora podía ser un Kakashi!

    —¡Aaaaaah pedazo de pico! —El chileno era atendido por la francesa.

    —Qué mal, perdiste el ojo izquierdo pero te verás bien lindo como el ciclope que habla un idioma extraño —río Saphirre procediendo al tratamiento de primeros auxilios.

    —Calla culia y sáname.

    —Uh, que señor malhablado.


    Las balas dejaban agujeros en diversos lugares del pequeño edificio reventando botellas que estaban en la cantina, mientras que la deprimida trataba a los dos varones.

    —Oh, no te sientas triste criaturita —comentó Saphirre— Ah, los otakus de Luz son tan maravillosos pero también frágiles. Un poco de tinta que cae a su agua y pierden su lustre luz. Si quieres pensarlo así ahora tu amiga es un espíritu guardián o quizás una banshee guardián por la forma en que murió así tienes ánimos— Si bien su forma era bastante tétrica la deprimida buscaba que aquel fenómeno estuviese más animado. No sólo por algún bien sentimental sino por la necesidad de que estuviesen en el juego.

    El Shinobi shileno estaba resentido y Jesús un poco mejor en ambos aspectos , pero eso no quitaba que tuvieron que moverse tras ver palos con fuego que fueron lanzados al local que al entrar en contacto con el alcohol comenzaron a hacer un incendio. El Ninja peso pesado abrió un agujero en una pared saliendo por el lugar

    En un corredor donde eran esperados por varios aborígenes furiosos los puños, piernas, agujas y hojas de katana chocaron con las lanzas, machetes y hachas que en su mayoría iban para el peso pesado del grupo que no le hacía asco al dolor sino que les correspondía la violencia con golpes potentes y brutales que quebraban los huesos de sus rivales o reventaban sus órganos internos.

    El señor de los dados comenzó la tercera ronda de sus tiradas, viendo la explosión característica de Hermes y su primer resultado:

    —Interesante.

    Musito el estratega.

    —¡Me están tomando el pelo! —Jesús veía como algunos de los que habían vencido se levantaba como si nada, es más uno que había dejado un corte de pecho abierto se levantaba mientras su herida se cerraba.

    —¡Esta wea es de la caníbal conchesumare! —
    El shinobi lanzó una patada a un West recién curado que evadió y con otros dos los arrinconó en una muralla sólo para que el legendario ninja los estampará en una pared con su fuerza—Matar a los culiaos o se regeneran.

    —Chingada madre, ni se mueren estos navitos —
    El mexicano bloqueaba golpes de hachas y buscaba moverse en ese espacio reducido para no convertirse en una brocheta de carne oscura por las lanzas de los West.

    —Haz algo, deprimida culia.

    Saphirre sólo sonrió ensartando una aguja en el deltoide de un nativo que se acercó a ella entumeciendo el brazo donde tenía su arma y dándole al Shinobi la oportunidad de romperle el cuello.

    En el otro frente las mascotas no lo estaban pasando mejor. Algunos wests que quedaron heridos o incapacitados se levantaban en un nuevo aliento como si nada y si no fuese suficiente nadie menos que un Elux renovado se había metido a la batalla ofreciendo sufrimiento con sus tentáculos y exponiéndose a estos.

    Isis y Kirilia hacían todo lo que podían para contener a los rivales y en especial a Elux pero el arma más sanguinaria de Durkheim no era algo simple de controlar bajo ningún motivo cuando poseía ocho opciones para: apretar, azotar o triturar a sus objetivos. Los que creían que los nerds no estaban adaptados para el combate era porque ignoraban que lo que destacaba a esa clase era una sola palabra: eficiencia y había otra que destacaba a Clover: sadismo, cosa que le encantaba a Elux en especial sentir el roce del fuego derritiendo su metal. Ahora además había que controlar a Clover para que no matase a Lancelot por lo que Tungskan se metió en nuevo siendo una especie de nana de entes demoniacos. Maeve y Fatima tenían que lidiar con los merodeadores que llegaban. No había respiro ni detención sino sólo un deseo de sobrevivir que aceleraba el corazón e irrigaba la sangre mientras eran presionados por las fuerzas de los West hacia la Killbox que estaba siendo contenida por Ryrio y Lowen, el escudo del cual estaba comenzando a ceder.

    —¡Mierda! —se quejó Poniatowski, el calor de las explosiones y el silbido de las balas ensordecían su oído.

    —Bruden. Debes ir a por ellos, aguantaré todo lo que pueda.

    —Morirás viejo.

    —Eso hace un caballero: Lucha para vencer o morir en pie ¡Ve!


    A pesar de que Ryrio detestaba esto decidió obedecer a la terca bestia para ir a auxiliar al grupo de mascotas. Si perdían más números serian menos recursos para ellos y más para el enemigo.

    Lowen lo vio marcharse y sonrió hacia el desafío, el era viejo y presto a la muerte pero no debían morir los jóvenes en el campo de batalla.

    [***]

    Cuales militares pequeños muñecos caminaba a través del caos del campo de batalla llevando pequeñas agujas como bayonetas. Sus órdenes eran simples y debían ejecutarlas. Eso era su telos o propósito final. Eran el escuadrón del terror del circo de fenómenos de la Fille du diable. Dispuestos a perturbar la normalidad de quienes deseaban ejercer control o reglas en donde el caos debía ser primordial. Cosas pequeñas e ignorables que cruzaban el lodo hecho de la sangre de los caídos y entre medio de los escombros de los edificios aún cuando algunos estaban en llamas. Uno se dio el tiempo de ver a un West volverse polvo y realizar un gesto similar a una risa.

    Pequeños comandos con órdenes especificas de su tétrico ¿comandante? ¿padre? ¿Madre? Ellos nunca se cuestionaban su origen sino su final, quizás al final de los días todos ellos componía una rara y peculiar banda de hermanos impelidos por un propósito: ser los que iluminan el cielo con destellos.

    El espectáculo visual y auditivo que era la artillería de Wild, Mild y Barbará daba la pantalla posible para que criaturas como ellas se colgasen de los sonámbulos ubicando puntos vitales.

    —¡Mama!

    Rosemary y Mateo giraron viendo el origen de la voz y se les ocurrió saltar ahorrándose ser parte de la explosión que desparramó y calcinó la carne de los rostros de Wild y Mild dejando sus facetas irreconocibles y sus cerebros expuestos.

    —Esa jodida chica fenómeno —musitó Rosemasy levantándose y quitándose el polvo para fijarse en su hermano— Hey bobito ¿no sabes hablar?

    —Oh —replicó Dice haciéndose el desentendido mientras tiraba su segundo dado cuyo resultado le pareció placentero para luego fijarse en el fastidio que odiaba y a la vez amaba— Las condiciones mutan en la batalla, te sirva para estar atenta.

    —¡Estuvieron a punto de matarnos, idiota!


    —Lo cual es una pena —replicó con sarcasmo el mellizo Sweeney mientras tiraba un tercer dado lo que le causó un gesto de desagrado —además ¿Qué te molesta si es un gaje del oficio? Tu arrogancia y falta de reflejos te perjudicaron, errores tuyos.

    —Menudo cuñado que me gasto.

    —No te metas, perro —
    dijo lanzando una última tirada y masajeándose su sien.

    Dice sólo se limitó a alzar su dedo y señalar frente a ella hacia donde el humo de las explosiones se levantaban dejando ver a un león acorazado en pie con su escudo en alto.

    —Tsk. —Rosemary ladeó su rostro—Vaya león, quizás otra…

    Esta vez fue Mateo quien le sostuvo su mano.

    El rey de las bestias, según el mito popular, era un animal orgulloso, asociado con la fuerza y majestad, que creía que no poseía otros enemigos por lo que se mantenía tranquilo a pesar de estar ante el máximo adversario. Así en la vida como en la muerte los ojos se posaban sobre tan majestuoso ser. Apelando a su linaje animal el templario del jardín de los caídos recibió el frio abrazo de la muerte como sólo él podía: Orgulloso y en pie. Su armadura chamuscada, escudo trisado, abollada, perforada y pelaje calcinado y lacerado. Un hermoso ejemplar.


    [***]


    Más allá del tiempo y del espacio, ofrecer una descripción de un sitio así era una tarea herculiana pues ¿Qué podía decir un vivo de las tierras que no son para el cuerpo humano? Donde el alma se desvela tal cual es.

    —¿Dónde estoy?

    No sabía cuánto tiempo estaba en ese sitio, pero lo que estaba segura es que andaba ¿en círculos? ¿Curvas? ¿Líneas rectas? Quizás lo más cercano era la forma mutable de un caleidoscopio o una geometría simplemente alienígena. Total ¿Qué era los conceptos de materia, tiempo o espacio en ese lugar donde las leyes descubiertas por la ciencia se desvanecían y sitio de donde ninguna alma había regresado de contar?

    Quien transitaba por los páramos del destino se detuvo dándose cuenta de algo:

    —¡LA CONCHA DE LA LORA, ME MORÍ!

    Lo que le dejó helada fue una sola palabra.

    —Hija.

    La voz provenía de lo que era una estela a la distancia y el timbre de su voz era como de su:

    —¿Mamá? —Eso despertó su curiosidad y estuvo dispuesta a andar algunos pasos hasta que se detuvo —No, espera. Si no voy a la luz todo estará bien y…

    En aquel instante la oscuridad se alejó ante una luz que como la mañana ascendía en intensidad hasta llegar al mediodía. La argentina le costaba discernir quien era quien estaba al otro lado.

    —No ché, ahora la luz viene a mí. ¿Ché, Diosito, sos vos?

    —Puedo serlo —
    río cantarina la voz— si quieres.

    Ahora la luz había menguado un poco pero el lugar estaba iluminado notándose nada más que un mar infinito de nubes.

    —¿Mamá…?—preguntó dudosa.

    Asintió la mujer.

    —¿Te moriste?

    —Nunca he estado más viva.


    Ella sacudió su cabeza soltando una risilla desganada.

    —No…—bajó su cabeza— no eres ella. No puede ser. Seguro que eres un truco de la piba de Diamond—La argentina comenzaba a sentir que el aire le faltaba en el cuerpo pero no moría de un colapso o algo— o ya soy un monje cantando wololo y oh, mierda, mierda, ¡Mierda! —Golpeó el suelo que salpicó como si estuviese mojado y las ondas del golpe se repartieron con suavidad en el infinito— Consuela, Maeve,Jesús, Franco pelotudo,Kirilia, las mascotas, el Adrien y el señor coreano— Ellos luchaban por su vida y ella había caído—No…—dijo con voz quebrada—fallé.

    En ese momento su madre le abrazó y le sostuvo su rostro alzándoselo con cuidado y enseñándole su rostro que tenía una sonrisa tierna y cariñosa. La argentina fue rodeada por sus brazos y sintió sus manos acariciando su cabello.

    —Sé que no fui una madre —susurró ella— Qué no estuve cuando Casimiro te miraba mal, tus primos se burlaban o ni te creí cuando intentaste matarte ¿debes odiarme? no te culpo.

    —Yo…te odio —
    suspiró— pero también te amaba… sólo quería que me amaras.

    —Yo te amaré por siempre, hija mía.

    — ¿Ya...ya no tengo que esconderme? ¿Ya…no tengo que luchar?

    —Nunca más.


    Lloraba. Hubiese querido escuchar esas palabras toda su vida. No sentirse rechazada por quien le concibió, excluida por su forma de ser por los que se suponían que tenían que amarla. Quería estar con su familia y jugar con otros. Ella nunca le faltó el dinero, pero si el afecto paternal que tuvo que buscar en otros.

    —Si tan sólo fuera así fácil.

    —Puede serlo.

    —Pero no eres ella.

    —Puedo serlo, puedo ser todo lo que tú quieras. Hija mía, puedo ser lo que no tuviste y lo que deseaste. Sabes allá es hermoso, todos cantan y bailan en una fiesta llena de dulces y gozo porque ya no hay odio ni cosas así.

    —Maldición. Te odio… pero dices cosas ciertas —
    respondió la argentina mirando a un lado— estoy aburrida de esta guerra de mierda. He tenido que hacer cosas que nunca creí hacer e ir a lugares que nunca pensé y vi que todo se iba a la mierda. Bueno, como que lo último es normal en mi.

    —Es por eso que hago esto —
    sentenció la radiante— porque quiero ponerle fin al sufrimiento. Las lágrimas derramadas por muchos no deben perderse en el olvido ni la muerte sino hacer brotar semillas que se volverán árboles que harán un bosque.

    La mano de la mujer se acercó quedando frente a la muchacha de los Río de la plata quien la miraba como algo digno de admirar. Era como un ángel.

    —Ven conmigo.

    ¿Qué era lo más doloroso para el ser humano? ¿Nunca ser feliz o saber que tenías todas las oportunidades de ser feliz en bandeja de plata y aún así rechazarla por algo que tu considerabas egoístamente? Ella lo redescubriría.

    Acercó su mano hacia la de la radiante, pero a medio camino la retrajo a sí misma.

    —¿Por qué?

    —Quiero ser yo.


    Hubo silencio entre ambas.

    —Lo siento…

    —¿Por qué? —
    inquirió la dama.

    —Por todo.

    —Yo también. No merecías tanto dolor de una familia que no comprendió el ser maravilloso que eras ni un mundo que te desconoció sólo por ser diferente como si fuese un crimen. Toda vida es preciada, cada una es una melodía única.

    —Una que tú quieres que vaya a tu son.

    —¿Está mal eso?

    —¿No los entedes, piba? Estas haciendo…

    —¡¿Está mal, Kristina?!


    Ella guardó silencio.

    —Eres pequeña, hay muchas cosas que no comprendes de las personas que habitan el mundo. Deseamos, peleamos, angustiamos y todo por cumplir lo que consideramos justo, loable, honrado y nunca tomamos en cuenta las vidas que destruimos por preservar las nuestras pero…está bien que erres porque después de todo somos humanos pero ahora es el momento de ser algo más.

    —¿Qué?

    —Amada.


    Kristina abrió sus ojos y sintió cosas reptando sobre sus pies, al ver abajo se fijo que eran raices de luz que se enredaban en sus pies. Ella intentaba forcejear, pero era inútil.

    —Ya te perdí una vez, hija, no quiero perderte otra vez. No tenemos que volver a perder a más seres queridos ni sufrir.

    —¡Suéltame!

    —Cede a mi amor.

    —No.

    —Ten calma, no te haré nada malo.

    —Eh, disgrego en eso.

    —Tendrás a varios padres.

    —¿Qué?

    —Como coquito.

    —¿Qué te hace pensar piba que quiero ser hija del cabeza de coco?

    —Ya lo eres.

    —¡Ooaaaahg! ¡Qué así no funciona la genética!

    —Sólo déjate llevar.

    —No lo entendes. No se trata de que haya o no sufrimiento sino de que la gente tiene derecho a decidir.

    —Eh, disgrego en eso —
    respondió melodiosamente la dama.

    —¿Vas a decidir por nosotros? ¡No ves que por eso estamos luchando contra ti y tu club de wololos! Piba, la vida es dura. No sé qué te llevó a ser caníbal, pero lo que estás haciendo es robarle a otros lo que los hace ser únicos.

    —Sé qué piensas que soy como los caníbales de la Frank Academy, pero te aseguro que cada uno quiso venir por su cuenta. No estoy forzándote, sólo estoy guiándote a tomar la mejor decisión como una madre por su hija.

    —Ignorando lo que yo decidí…


    La iluminada le dio la espalda segura de su victoria caminando hacia el horizonte, hasta que percibió algo. La argentina también lo sintió: una fuerza que impelía desde lo desconocido tironeándole con potencia.

    La dama de luz extendió su mano.

    —¡Espera!

    —¡WAAAAAAAAAAAAAAH!


    Kristina pudo ver una titánica mano blanca extendida hacia ella, tan grande que cubría el horizonte pero lo que fuese que la sujeto le impelía con tal velocidad que la luz a su alrededor se difuminaba en un túnel de energía y rayos multicolores. Oh, esto se sentía como la fiesta de des-canibalización con Sparagmos, inhalar cocaína y beber duende verde ¡todo al mismo tiempo! Los colores del arcoíris se fragmentaban, ¿sería que en ese momento ella misma era la luz que podía identificar partículas y ondas de múltiples espectros invisibles al hombre o un concepto que se identificaba bajo la denominación: Kristina Río de la Plata San Martin conformado por experiencias, ideales, virtudes y defectos? Las tierras más allá de los sentidos eran un misterio que posiblemente seguiría sin entender.

    [***]

    El shinobi shileno, Saphirre y Jesús lograron salir de ese callejón, corriendo por sus vidas por la zona de desastre y llegando hacia el punto donde ahora se hallaba concentrada la vanguardia junto con Ryrio que se esforzaba por mantener firme sus defensas para dar una especie de solaz al grupo.

    Un estallido se dio entre medio de la vanguardia, uno que saludaba a un alma al infierno. Un alma que hizo que un otaku desanimado comenzaré a mostrar un esbozo de risilla que se manifestó en una gran sonrisa que le hizo a su arma resplandecer y comenzar a sanarse de algunas de las heridas recibidas en batalla y vigorizarse.

    —¡Kristinaaaaaaa! —Gritó el mexicano dando un corte limpio a un aborigen que cayó en dos al suelo por cuanto Hikari había recuperado su lustre.

    —¡Ché, Jesús que…

    —¡Renacuaja!


    No puedo seguir hablando al sentir varias lamidas de parte de una Maeve que estaba moreteada, cortada pero contenta y un balar de una oveja que le dio una lamida corta antes de seguir en el combate.

    —¡Naruto lisiado! —Clover río maniáticamente mientras le daba a un aborigen hasta dejarlo como una pulpa de carne quemada. Su juego de cosplay volvía a completarse porque en la vida había prioridades.

    La verdad la argentina estaba confundida, asustada, bastante jodida por estar en medio de lo que podría describir como una situación de sufrimiento y desesperación, pero extrañamente feliz.

    —Ya, la rubia narigona ta viva, media wea ahora luchen o nos cagan a palos —Ordenó el shinobi shileno.

    El enemigo parecía mejor que ellos ¿acaso contaban con una plétora de bendiciones que desconocían y los colocaban siempre en una posición de desventaja? Podían sentir sus vestigios comenzando a hacer ruido, posiblemente por las maniobras de Then Sandman, habían perdido a Lowen y aún tenían a Lancelot y Barbara como sonámbulos, pero la vanguardia aceptaba cualquier respiro aunque fuese una brisa insignificante en el calor de la batalla.



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    @zXArtemisXz Animos.
    AmakiAmaki y TaKaTaKa Me gustaría teclear como Retsuko.
    IceIce y LeoLeo Animos división 7 de panzers.
    CorventCorvent y Velvet.Velvet. Vivan e informen.



    Reporte.

    —Se ha usado segunda tirada: Dice ha ganado tres curaciones de aliados, ha usado una le quedan dos. Dispone de un revival.
    —Lowen ha muerto aguantando el fuego enemigo.
    —Taro y esposa muertos.
    —Tadi muerto.
    —Wild y Mild muertos.
    —Barbará sonámbula esta reposicionada.
    —Lancelot sonambulo nos ataca con los West.
    —Remanentes de la vanguardia reunidos.
    —Números de wests reducidos.
    —Lisiada resucitada con el revival de segunda tirada.
    —Vanguardia herida, cansadandose, algo animada por llegada de Lisiada ¡Es luchar o morir!
     
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    Última edición: 6 Jul 2018
  2. Leo

    Leo ¿No ves que te voy a matar (con feels)?

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    Gild abrió los ojos. La oscuridad lo recibió. Para cuando el aturdimiento de la inconsciencia lo dejó, se levantó de golpe, llamando a Genie, mas no hubo respuesta. El deprimido tardó un momento en darse cuenta que ya no se encontraba en los fríos pasillos de Niflheim, sino en otro lugar más extraño. El negro que lo envolvía todo, curiosamente, no lograba tocarlo, como si una luz dentro de él lo hicieran visible en la penumbra. ¿Era esto acaso la puerta al final? No se sentía como la calma de la muerte, el sueño eterno de antes, que conoció gracias a esa discapacitada. ¿Entonces…?

    -No, no es este el Hades-una voz familiar llamó su atención. Tras él, un hombre con ropas sacerdotales y máscara de ciervo mantenía una palma abierta en su pecho y otra tras su espalda, haciendo una leve reverencia al joven de segundo.

    -… Max…-musitó Gild, súbitamente escuchando voces y movimientos en la distancia, como si tras las sombras se estuviese preparando una obra-Entonces esto es… tu Réquiem…




    -Así es-el mayor se levantó, ahora ambas manos tras él-. ¿Cómo te sientes?

    -… Frío-
    dijo el beato, tratando de escoger una palabra que explicase la extraña sensación que recorría su organismo.

    -Curioso-comentó el antiguo sexto, inclinando levemente la cabeza-. Muy curioso.

    Silencio. Gild lo observaba con una mezcla de respeto, temor e incredulidad.

    -¿Por qué sigo aquí?-cuestionó el deprimido, por fin exteriorizando su duda-. No busco pelear contra ustedes.

    -Lo sé.

    -¿Entonces?

    -Tu melodía, Gild… está siendo consumida por el la duda y el dolor. Creo que necesita ser afinada.

    -… ¿Eso es cierto?-
    inquirió el nuevo sexto. Le molestaba no poder ver la expresión del otro.

    -Quién sabe. Quizá si decides avanzar, podrás encontrar la respuesta.

    “Críptico”, pensó el rubio mientras su interlocutor daba un paso a un lado, señalándole con su palma abierta algo que brillaba a lo lejos, como reflejando una luz desconocida. El deprimido le dedicó al otro una expresión extrañada, mas decidió dar un paso adelante. Ese primer avance fue desconcertante; no podía escuchar sus pasos. De hecho, ni siquiera su respiración, aunque pudiese sentir sus pulmones funcionando.

    Ignorando el escalofrío en su espalda, continuó, haciendo que lo que divisaba en la distancia se hiciese más visible. Era una puerta de madera gastada, con algunos agujeros que nada dejaba ver, y dibujos de perros hechos con crayón, seguramente por manos infantiles a juzgar por lo tosco y básico del trazado. No tenía perilla, mas bastó que el deprimido acercara su mano para que ésta se abriera, revelando un resplandor incandescente.

    ¿Qué habría más allá de la luz? Era extraña, pero atrayente. Gild no pudo más que avanzar hacia ella, hasta que todo se cubrió de blanco.



    [*****]






    Un temblor lo hizo abrir los ojos. Era él, su cuerpo, que resentía una corriente de aire. Al tratar de moverse, notó que sus brazos y piernas apenas le respondían. Eso y el hecho de que se sentían extrañamente pequeñas, como si su organismo se hubiese vuelto más pequeño.

    Ahora que lo pensaba, ¿qué era ese lugar? Estaba duro, y aunque estaba rodeado de ropas, éstas olían a sudor y molestaban. Apenas podía ver algunos muebles en ese apartamento de madera en que se encontraba, y la penumbra tras la puerta abierta frente a él le decía que era de noche.

    Súbitamente, una figura apareció de ella. Una mujer vestida con un vestido escotado y bastante brillante, que se deshacía la cola de caballo que sujetaba un cabello azabache. Tenía el maquillaje corrido y parecía algo molesta. Él quiso decirle algo para llamar su atención, mas de su garganta solo salieron sollozos. ¿Por qué? No fue hasta que la mujer fue hacia él y lo recogió entre sus brazos, moviéndolo con poca delicadeza y haciéndole sonidos para que se callase pronto que comprendió que se había vuelto un infante.

    Un grito en la distancia llamó la atención de la mujer. Antes de darse cuenta, fue a parar a otra habitación, donde quedó en brazos de un niño de unos cinco años que estaba escondido junto a otros. Luego, salió de allí, cerrando la puerta tras ella. Poco después comenzaron a escucharse voces agitadas.


    Los niños a su alrededor parecían asustados, mas nadie dijo palabra alguna, incluso considerando el hombre con máscara de ciervo entre ellos. Si bien algo le decía que debía callar, el estrés lo hizo sollozar. Rápidamente el niño que lo tenía en sus brazos le tapó la boca, y comenzó a agitarse por la molestia. No fue hasta que otro se acercó con un paño y se lo puso sobre su nariz que dejó de quejarse, el extraño aroma que provenía de éste forzándolo a dormir.



    En cuanto abrió los ojos, una fuerte luz los obligó a cerrarlos. Tardó un poco en acostumbrarse al resplandor del sol, mas cuando pudo enfocar la vista distinguió un gran campo verde dividido por surcos en la tierra. Tardó un poco en darse cuenta que estaba sentado sobre una carretilla, y que si bien había crecido aún era un bebé que seguramente apenas podía caminar.

    Alguien lo tomó y bajó de su puesto, acercándolo al suelo. Era un hombre de edad avanzada, con una expresión malhumorada y con tierra en la cara. El animal a su lado se le acercó, olfateándolo. Quiso alejarse, mas la criatura redujo la distancia y lo lamió. Por alguna razón eso le causó risa, y también al viejo, aunque la suya no duró más de algunos segundos.


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    No tardó en volver a la carretilla que el viejo movió. El perro a su lado corría haciéndole fiestas. A la distancia, el sol parecía comenzar a decaer. Alguien a lo lejos le saludaba. Y entonces aquella escena se rompió como si fuese un fragmento de una cinta perdiéndose en estática.




    Cuando la película del mundo volvió a funcionar, se encontraba en una calle, viendo a la gente pasar con una taza en la mano que tenía algunas monedas. No estaba solo, a su lado se encontraban otros dos niños un poco mayores que él. De cuando en cuando, la gente les dejaba algo de caridad. No pudo evitar pensar en el contraste que el aspecto de los transeúntes y sus relucientes vestimentas hacían con sus ropas maltrechas.

    Uno de sus acompañantes, el que estaba a su derecha, inició a tararear un tema que no conocía, pero que tuvo la fortuna de llamar un poco la atención de la gente y conseguir más limosna. Él no estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero al mismo tiempo si. Era… extraño.


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    -¿Qué estoy viendo?-se preguntó en voz alta sin querer. Recién entonces se percató de que tenía cierto nivel de control sobre si mismo.

    -No sé, pero no veo que tiene de bueno-comentó el niño de su izquierda, cuya mirada lucía nublada y oscura.

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    -Vete a la poli mejor-replicó el que estaba tarareando a su persona… quien quiera que fuese ahora. Casi por instinto asintió y fijó la vista a su alrededor. Entonces vio algo raro en una esquina. Unos gorros oscuros que le habían dicho habían que correr de ellos… pero, ¿quién le había dicho eso?

    Rápidamente dio un tirón a sus acompañantes y señaló hacia los gorros. Tomaron al chico del mal chiste y se movieron en dirección contraria, haciendo lo posible para perderlos. La gente brillante y los edificios bonitos a su alrededor los exponían demasiado, así que dieron una vuelta hacia un callejón y esperaron con el corazón en la mano.


    El tiempo pasó y siguieron esperando hasta que uno de ellos decidió asomarse. Tras revisar, hizo un gesto para que lo siguieran. Y luego de caminar, guiando al chico de la mirada perdida, buscaron otra esquina donde detenerse.

    Mientras veía esas calles bonitas y personas alejadas del mundo, Gild. O mas bien, el Gild que ahora estaba dentro de aquel niño, ahora pensaba en cómo había llegado a aquel punto. Estaba… ¿viendo su mundo mediante otros ojos? ¿Entonces por qué todo esto le resultaba tan diferente?


    -Quizá porque no es tu mundo per se-sugirió una voz a su lado. El sacerdote con máscara de ciervo estaba sentado junto a él. Y parecía que ninguno de sus acompañantes se había percatado.

    -… ¿Ah?

    -¿De quién son los ojos que vislumbran esta realidad?-
    volvió a mencionar Max, recibiendo una moneda de alguien-He ahí el dilema.


    El día se pasó entre limosnas y escapadas de la policía, adornadas de tarareos de canciones que no conocía y chistes malos. Luego de gastar algo de la plata en comida, se fueron por las calles bonitas hasta zonas más oscuras y menos pobladas, que ocultaban del sol lo que aquella ciudad metía bajo la alfombra.


    La noche cayó sobre ellos, y le siguieron luces de colores artificiales, que iluminaron unas calles perdidas entre personas de aspecto sospechoso y mujeres vestidas como aquella que lo escondió en ese cuarto oscuro. Llegaron a una casa vieja con una puerta maltrecha y entraron. Allí, varios niños de más o menos su edad daban vueltas, contaban dinero o comían algo. Pudo reconocer entre ellos a los que había visto antes cuando era un niño y lo callaron con un paño.

    -¿Cómo estuvo?-un chico un poco más alto se les acercó. El de los tarareos le pasó la taza, y éste le echó una mirada, agitándola-¿Les jodió mucho la poli?

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    -Nah, todo bien. El perrito hizo bien el trabajo-comentó el ciego, acariciándome la cabeza.

    -Bien hecho, perrito-el más grande imitó el gesto, para luego volver a los más grandes-. ¿Y vieron a la purga? Los chicos andaban diciendo que pasaron por el centro.

    -Nah, señor capataz. Andaban bien tranquilos hoy, parece-
    dijo el cantante, sacando un chocolate de la bolsa que traía, que el mayor no tardó en quitarle.

    -Déjale a los hermanitos chicos, luego comes tú.


    Ese grupo de niños resultaba bastante curioso. No parecía que ninguno superase los quince años, y aun así actuaban con relativa organización. Comenzaron a compartirse las cosas que habían conseguido y, mientras comían, el de la vista nublada le contaba sobre cómo se había escapado de cuatro tipos de negro que querían llevárselo a un orfanato. Todos los días contaba esa historia, y todos los días cambiaba el número de policías tras él.

    -Nunca me ven venir. perrito, ese es el truco-señaló, recibiendo un golpe con un diario enrollado del cantante.

    -Deja e’ esos chistes malos, ciego e’ mierda.

    -¡Pero no les veo el problema!


    El otro iba a responderle, mas en lugar de eso, decidió darle otro golpe, que esta vez recibió respuesta en forma de un manotazo que casi le llegó a Gild.




    Aquella noche se perdió entre notas de fondo, para luego cambiar a otra de un parpadeo. Ahora corría, tanto como sus piernas se lo permitían, arrastrando consigo a alguien. Era el ciego. Podía escuchar las voces de la policía tras ellos.

    Rápidamente doblaron por un callejón. Todavía los tenían pisándole los talones. Tropezaron con algunos botes de basura, mas no tardaron en levantarse y continuar la huida. Hasta que, por mirar atrás, el chico que Gild era ahora chocó contra una reja.

    -Mierda-maldijo-. Hay que subirla-indicó a su compañero, tomándole la mano y poniéndola sobre la estructura de metal para que supiera qué hacer. Luego de eso trepó tan rápido como pudo, y en cuanto se halló en la parte más alta ayudó al otro, mas no alcanzó a subirlo ya que la policía lo logró sujetar de la pierna.

    Gritó y trató de tironear, mas su compañero decidió empujarlo al otro lado antes de caer sobre sus perseguidores. Llegó de golpe al suelo, mas no tan fuerte como para no levantarse rápidamente. Sin embargo, no pudo hacer movimiento alguno al ver al otro chico agarrado por la policía. Gritó su nombre, y él respondió exigiéndole que saliera corriendo. Al final hizo caso, dio la vuelta y se marchó con el pecho y el estómago revueltos.


    Antes de darse cuenta, y en un pestañeo, estaba de vuelta en la casa de madera, callado en un rincón. No había nadie más ahí, y lo único que rompía con ese silencio incómodo era la canción de una radio en la lejanía, llevada por un tipo de traje sacerdotal.

    De pronto la puerta se abrió. El cantante y el capataz entraron. A juzgar por sus caras, no traían buenas noticias.

    -Se lo llevaron a un orfanato-dijo el segundo, para luego irse a otro cuarto. Casi cae ante aquella declaración. El chico que era ahora sabía que eso bien era una sentencia de muerte para ellos.



    El tiempo, que hasta ahora había saltado una y otra vez, continuó lenta y pavorosamente. La tarde donde los chicos se reunieron como siempre fue silenciosa. Ya no habría cuento sobre cómo el ciego se escapó de seis, cuatro o nueve polis aquella ocasión, y el cantante no abrió la boca durante todo el rato. El capataz le buscó conversación un poco, mas solo consiguió que se largase afuera. Poco después se fueron a dormir, todos acurrucados en el mismo cuarto para lidiar con el frío nocturno. No pudo cerrar los ojos en toda la noche, víctima de pensamientos que no sentía suyos.

    Aquel freno forzó al muchacho a comprender la vida que llevaba ahora como el pequeño en que se había convertido. Se había vuelto parte de un grupo de niños que se dedicaba a pedir limosna o limpiar zapatos por ahí. ¿Padre o madre? Este chico no tenía idea de qué era eso, aunque tenía vagos recuerdos de una mujer que se olvidaba seguido de que existía y un viejo que siempre le reclamaba algo a ella, y que solía dejarlo jugar con sus perros hasta que un día lo metieron a un cajón que acabó enterrado en el jardín de su casa en el campo. ¿Hermanos? Tenía y muchos, todos los chicos con los que vivía. Tal vez por eso es que la pérdida del ciego les afectó tanto.


    Gild trató de pensar en su nombre. O mejor dicho, en el de aquel que era ahora, pero hace mucho que nadie se lo decía. Solo recordaba que lo llamaban “perro”.

    Al salir el sol fue el primero en levantarse gracias al insomnio. Caminó fuera del cuarto, temblando un poco por el frío de la mañana, y notó recién que lo que había pensado hasta entonces era la “sala de estar” no era más que una habitación con una mesa coja y varias sillas distintas. El estómago comenzó a sonarle, así que decidió revisar el refrigera…


    Oh cierto, no había nada de eso aquí. Solo bolsas plásticas con dulces, pan y una que otra fruta.

    Resignado, tomó un pedazo de pan y le dio un mordisco. Estaba algo duro, y sabía raro. Era un gusto que por lo general no tenía el que comía al desayuno con sus madres.

    -… ¿Esto tiene gluten?-se dijo, recordando las recomendaciones que le daban sobre su alimentación.

    -¿Qué cosa?-el comentario súbito casi le hace botar la comida-¿De dónde sacas esas palabras raras?

    -Ah… yo…-
    al dar la vuelta, notó la mirada extrañada del capataz sobre él-No sé, cosas que escucho por ahí…

    -Ah, bueno-
    el tipo se acercó y extendió la mano hacia él. Miró el pan en su mano y se lo ofreció. Éste simplemente le dio un mordisqueo antes de devolvérselo. Una vez de vuelta en su posesión, el ex beato lo observó, inseguro de qué hacer con él-¿Qué? Sigue comiendo, nomás.

    -… Estoy bien, gracias-
    el capataz se le quedó viendo.

    -¿Te sientes bien, perrito?-el aludido recibió un golpecito en la frente antes de asentir.

    -S-Solo no dormí na’… nada y…

    -Ah, ya veo-el otro chico suspiró, rascándose la nuca-. Oye… sobre el ciego…

    -…


    -Sin él me va a faltar gente que vea a los más chicos. Y tú ya esta bien grande pa’ hacer más cosas. Puedes dar una mano, ¿cierto?

    -Si, si puedo-
    contestó sin querer Gild, recibiendo algunas palmadas en la espalda.

    -Bien perrito, bien-comentó más animado el capataz-. Oye, los cabros se van a despertar con hambre, ¿vamos a buscarles algo?

    -Ya-
    respondió rápidamente el chico-. Nos falta algo de leche…

    -¿Leche? Eso no nos dura nada.

    -¿Ah… no?

    -No pue’, si se pone mala súper rápido.

    -Uhm… tal vez leche cultivada podría-

    -…¿Dónde te andas metiendo? ¡Deja de hablar como gente rica!

    -P-Perdón…




    Esa mañana helada desapareció de pronto, y antes de pensarlo se encontraba corriendo de la policía otra vez, mas ahora solo, y con una bolsa entre sus brazos. Podía sentirse más alto, ya que no se perdía entre la gente como antes. Aun así, de algún modo parecía saber hacia dónde se dirigía, pues al doblar una esquina, en lugar de seguir derecho, trepó por un basurero a un rincón oculto por éste. Podía escuchar a sus perseguidores continuar corriendo, alejándose de él. Dejó pasar un tiempo hasta que el silencio fuese seguro, y recién entonces quitándose la chaqueta que traía y dándola vuelta según le había enseñado el capataz antes de salir.

    Gild de algún modo entendió que la bolsa que iba guardada bajo su ropa no era suya. Y la idea no le gustaba, mas al ver las calles cubiertas de hielo, y las personas cubiertas de muchas ropas esponjosas, le hicieron pensar en lo que le esperaría al regresar a la casa de madera.

    Y de pronto, se hallaba ahí otra vez. El cantante aprovechaba de ver si lo que trajo le cabría al pequeñito que acababa de llegar. Tendría poco más de siete años, y se lo habían encontrado hace unos días.

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    -Ya, niñito, te queda la cosa. ¿Se te quitó el frio?-le preguntó al muchachito, quien asintió con la cabeza-. Perro, ¿le trajiste algo pa' el estómago?-el aludido asintió, señalando la bolsa que había traído. De ahí el otro sacó un chocolate algo partido por el movimiento, pero aún bueno. El pequeño, al ofrecérsela, se la comió mordisqueándola de a poquito, como un…

    -Ratoncito…

    -Yo le quería decir mudito, pero igual queda-
    le comentó el cantante-. ¿Cuál de los dos, mudito?-volvió al pequeño, quien miró a ambos y luego hizo un gesto de negación con la cabeza.

    La puerta se abrió de golpe entonces. Era el don, que lucía algo raspado y molesto, junto a otros dos de los suyos.

    -¿Qué pasó?-preguntó él.

    -La purga, esa mierda pasa-replicó el capataz, pateando una silla por la frustración antes de largarse a otro cuarto. Los demás se quedaron viendo entre ellos con cierta incomodidad.

    -¡Ya pues, cuenten la cosa!-pidió el cantante, molestándose con los otros.

    -Nos agarraron cuando estábamos volviendo de afuera e’ la ciudad. Se llevaron a los chiquititos.

    El deprimido sintió que aquel quien era se tensaba de golpe. No dijo nada y se fue hacia donde el capataz se había ido. El muchacho tenía un humor del diablo cuando se enojaba, pero no pensó mucho en eso.


    En la otra pieza, el chico estaba sentado con la cara a la pared, pateando de cuando en cuando ésta. Decidió caminar despacio y sin hacer mucho ruido porque el otro le recordaba a un animal enojado. Y entonces se sentó cerca.

    -¿Qué pasa, perro?-preguntó el capataz, al dar la vuelta para mirarlo. Lo había sentido llegar, supuso-Eres el único tan idiota como para meterse cuando estoy enojao’.

    El llamado perro se encogió de hombros.

    -¿Se acuerda cuando eso’ dos llegaron pa’ acá?-comentó el otro chico-¿Y se armaron casa afuera pa’ vigilar el fuerte?

    -Si, po’, me acuerdo-
    comentó. Recuerdos extraños invadían la mente del deprimido.

    -Ya po’, resulta que siempre fueron buenos pa’ avisar cosas. Pero el problema es que llegó un maricón con un yoyo de esos que brillan, y esos siempre quisieron uno. Y ahí se lo' llevaron y no pude hacer una mierda.

    -…-
    Gild pensó en la vida que había tenido hasta ahora, dividida entre conseguir algo para mantenerse vivos y cuidar a los chicos que llegaban con ellos y no tenían dónde más irse. De los que eran al principio, solo quedaba él, el capataz y el cantante. El resto, incluidos esos que se suponía eran sus hermanos de verdad, acabaron agarrados por la policía o la purga, y los únicos que de hecho estaban llegando a la adolescencia.

    -Es culpa de ese hijoeputa-replicó el otro-. No se cansa de andar encima nuestro. Pero ya me aburrió el maldito. Lo voy a joder.



    La pantalla de ese mundo se volvió borrosa, y rápidamente fue reemplazada por otra pantalla. La de un televisor encendido tras el vidrio de una tienda. En ella, una tipa hablaba sobre la “importante labor del embajador de la UNICEF Eldwin Weber en ayuda de niños en situación de calle”. La pantalla cambió para mostrar a un tipo de facciones beatas, ojos claros y cabellera color sol, que parecía dirigirse a un público.

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    “Como asistente social, no puedo simplemente hacer la vista a un lado ante la horrible situación que miles de infantes soportan a diario, viviendo sin un techo donde refugiarse, sin una familia que vele por su seguridad, sin una oportunidad de un futuro más brillante. Es mi trabajo…no, mi deber como ser humano el hacer todo lo que esté a mi alcance por el bien de aquellos cuyos destinos los han forjado en la crueldad.”

    Verlo y escucharlo le revolvía el estómago. Quizá lo que decía sonaba bonito, pero para el muchacho y sus bros no era más que mierda de un tirano que vivía para separarlos. Y no podía esperar la oportunidad de callarle la boca.

    Por dentro, Gild no podía sino preguntarse a qué conduciría todo esto.




    Un pestañeo, y de pronto se encontró en la esquina de una calle que no conocía. A lo lejos se escuchó un timbre, y de pronto el sitio se llenó de niñas vestidas de uniforme y autos brillantes. No estaba solo, el cantante a su lado tarareaba la melodía ya gastada que le aprendió al ciego y, a poca distancia, el ratón miraba a todos lados, esperando. De pronto, corrió hacia alguien. El cantante se alejó mientras lo tironeaba.

    -Con cuidao’-le advirtió-. Que nadie se de cuenta.

    Retrocedieron hasta un callejón y ahí esperaron. No tuvieron que quedarse mucho; un rato después la voz de alguien acercándose los hizo ocultarse. El ratón había hecho su trabajo, y traía a una chica con él, que le preguntaba dónde estaban yendo. Para cuando estaba los suficientemente cerca, el cantante saltó, sujetándola. Y él se le acercó con un paño de aroma dulce.



    -Ese puto don va a ver ahora. Le vamos a sacar buena pasta y no se va a meter de nuevo con nosotros, ya van a ver.

    -¿Pero y ahora qué hacemos con la tipa?

    -Que le escriba al don. Que le saque el botín. Perro, vaya.



    Gild comenzaba a cuestionarse lo que este tipo que ahora era había hecho… no, lo que él había hecho. Era lo que sentía. Había secuestrado a una chica que no tenía nada que ver con lo que había pasado con los suyos. Pero la imagen del ciego siendo llevado, y él del otro lado de la reja sin nada que hacer al respecto, apareció en su cabeza. Y este chico que ahora era chasqueó la lengua antes de entrar.

    La chica estaba ahí, atada de manos y piernas. Le miraba con una expresión furiosa aunque intentaba reclamar la mordaza solo le sacaba. Él se acercó despacio, le recordaba a un animal enojado por estar atado tanto tiempo. Entonces le quitó la mordaza y le llegó un escupitajo.


    -¿¡Qué mierda quieren!?-gritó ella. Por suerte para ella, no se tomó la agresión a pecho.

    -Escríbele al don.

    -… ¿Qué?

    -Pa’ que pague botín.

    -…¿Botín? ¿Es en serio?

    -Solo escribe.

    -Entonces desátame.

    -No puedo.

    -¿Entonces cómo se supone que escriba algo?

    -…-
    Gild comenzaba a preguntarse si el tipo que era ahora tenía alguna idea de lo que estaba haciendo.

    -Como sea… solo escribe algo, por último te dicto.

    -…

    -Uhm… padre… alguien… a la salida de… hey, ¿vas a escribir o qué?

    -…

    -¿Qué?

    -… No… no sé cómo-
    reconoció, para molestia de la chica, que exhaló un suspiro de cansancio.

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    “Conmoción ha causado la desaparición de Ilse Weber, hija del activista y filántropo Eldwin Weber, hace días, y que hace unos días se confirmó como un caso de secuestro. Testigos afirman que la última vez que la vieron fue a la salida de su escuela. El asistente social, ha declarado que “su único deseo es tener a su pequeña de vuelta en casa”, y ruega a sus captores clemencia para su hija.”

    Las noticias sobre la chica se habían vuelto más frecuentes. Había visto su foto en el diario, y era el tema de conversación de varios en la calle. Eso había hecho el día a día más difícil también, la policía no dejaba de hacer rondas y la purga parecía estar haciendo guardia en las esquinas. Y el capataz había iniciado a desaparecerse seguido, y siempre volvía pálido. Pero nunca decía nada. No estaba seguro de que sirviera, y además tenía que vigilar a la tipa.


    Al volver a la casa, no se encontró a nadie en la entrada. Escuchó ruidos de pronto que venían del interior. Rápidamente se movió, agarrando una botella que tenía cerca y fue a ver. Allí, el ratón le estaba mostrando a la chica lo que parecía un bicho raro. Aunque todavía tenía las manos atadas, el mudo le puso el insecto en una de sus manos.

    -Escarabajo-le dijo la tipa. El muchacho suspiró con algo más de calma. En cuanto ambos notaron al recién llegado, se detuvieron de golpe.

    -Cuidao’ con el bicho-mencionó.

    -No es venenoso, ni nada.

    -Pero pica.

    -No es cierto.

    -Que sí.

    -A mí nunca me han picado.

    -Tú qué sabes.



    A pesar de que solían discutir por nimiedades, Gild creía que esos dos se llevaban… ¿bien? Al menos tan bien considerando que ella era una secuestrada y él quien se encargaba de cuidarla en lo que el resto veía otras cosas. Aunque era algo incómodo, sobre todo porque este que ahora era no estaba acostumbrado a tratar con una chica. No entendía cómo funcionaban ni esos gustos raros… aunque ella no parecía como la mayoría. Se la pasaba viendo bichos con el ratón, que parecía haberle tomado cariño.

    -Oye-golpeó la puerta a un cuarto más pequeño que usaban de retrete.

    -Estoy ocupada-replicó ella desde el otro lado. Las visitas al baño eran el único momento donde la chica podía estar sola, pero él siempre debía esperarla a la salida.

    -Di algo pa’ saber que sigues aquí.

    -… Te acabo de decir algo-
    Gild extrañaba su cuerpo. Al menos para poder cubrirse la cara por la frustración.

    -Igual.

    -Ugh… ¿Cuándo se supone que me van a dejar ir?-
    replicó ella.

    -Cuando el don suelte el botín.

    -Ya han pasado tres días. ¿Va a soltar algo?

    -…

    -Nah, ese viejo seguramente debe estar ocupado llorando en los noticiarios para que todos vean lo humano que es. Pfff-
    bueno, técnicamente no estaba mal…

    -…

    -…

    -¿Hola?

    -Sigo aquí. No es como si pudiera salir, este sitio no tiene ni ventanas. Agh, quiero algo dulce…

    -…



    Para el chico que ahora Gild era, le resultaba difícil comprender a esa tipa. No solo por ser niña, sino por las palabras raras que usaba y cómo podía hablar mal de don… digo, si, era un maldito con ellos, pero ¿no se supone que los padres con dinero eran más decentes o algo así? Sin embargo, no es como si él tuviese buenas referencias. Nunca supo algo de su padre, y su madre desapareció un día y ya ni recuerda su cara.

    Gild se dijo a si mismo que era él quien no podía comprender a esta gente.


    Otro día, y la cosa no había cambiado demasiado. Él había vuelto de conseguirse algunas cosas. El cantante estaba ahí, tarareando mientras contaba unas monedas. Al verlo, le señaló hacia la habitación donde tenían a su secuestrada.

    Allí dentro, ella y el ratón veían algunos bichos. Ella ahora podía tocarlos, le habían quitado los amarres, pero atado uno de sus pies a un pilar en caso de. Ahora eran gusanos de tierra, que ella veía como si fuesen alguna clase de tesoro fascinante. Él decidió acercarse a ver.

    -¿Qué tienen con los bichos?-preguntó, notando que el ratón tenía un cúmulo de tierra húmeda donde dejaba a sus gusanitos quedarse.

    -¿Qué no tienen? Son geniales-comentó la chica, notando algo que reptaba por el brazo del más pequeño-. Mira se te subió uno… -comentó, tomándolo con cuidado y viéndolo de cerca. El ratón le tironeó el brazo, mostrándole el montoncito que había hecho-Woo… ¿cuántas tienes ahí?


    Que se llevara bien con los más pequeñitos era… bueno, supuso el chico. Al menos así se entretenían encerrados, porque salir con ellos muy lejos con lo jodida que estaba la policía no era buena idea según el capataz. Por eso supuso que, cuando sacó un chocolate de su bolsillo, le dio una mitad a ella, que le miró extrañado.

    -…Dijiste que quería’ dulce-replicó, con la vista en el suelo. La muchacha se le quedó viendo un rato para luego recibir el obsequio. La otra mitad fue a parar a las manos del pequeñito a su lado.

    -Hey, no te comas eso así, tocaste humus de gusano-el niño se la quedó viendo extrañado-… Mierda. Mierda de gusano.

    El menor frenó un momento, y rápidamente salió corriendo segundos más tarde.




    El tiempo pasó, y aunque la situación aún era tensa afuera, dentro de la casa se sentía… agradable. Luego de sus salidas, el chico solía regresar a pasar tiempo con el ratón y la chica. Hablar con ella sobre bichos por algún motivo le hacía recordar cosas de las cuales hasta entonces se había olvidado: tierra, arados, animales, y un hombre anciano que lo llevaba en carretilla. Y a veces ni siquiera hablaban, solo se le quedaba viendo mientras jugaba con los niños. No estaba seguro de qué era pero mirarla hacía que sintiese algo bonito en su pecho, pero pesado al mismo tiempo.

    -Se está haciendo grande, perro-le comentó un día el cantante al verlo tan prendido de la muchacha.

    -No entiendo.

    -Hasta usté’ va a entender un día de éstos, tranquilo.



    Gild iniciaba a comprender lo que su otro yo no entendía aún. Y no fue hasta poco después, que el capataz llegó con una bolsa de billetes que se dio cuenta.

    -¿Y qué hacemos con la tipa?-le preguntaron los chicos.

    -En la noche déjenla por ahí, pa’ que no vea por donde se fueron. Perro, ¿puede con eso?

    No respondió. No estaba seguro de qué debía responder. Pero por instinto asintió con la cabeza. Y el mayor le desordenó el cabello.


    Durante la noche, cuando todos dormían, se levantó y caminó despacio hacia el cuarto donde la chica se encontraba. En cuanto abrió la puerta, la encontró despierta, y mirándolo fijamente. Parecía saber lo que pasaría.

    Se movieron despacio en la oscuridad. Él la llevaba de la mano, y ésta se sentía incómodamente caliente. Ella observaba a gente de rara apariencia, mujeres de trajes cortos y autos oscuros circular entre ellos. Aunque avanzaba de a poco, él no se detuvo, aunque deseaba que esa caminata no se acabara nunca. Porque en cuanto llegara a un punto donde la calle terminase y la línea del tren apareciese debería volver solo. Desde ahí o había forma que ella supiera el camino de vuelta, así que…

    Así que…

    De pronto, ahí estaba. Nadie alrededor, solo ellos y un cielo nublado. Aquí debía soltarla, dar la vuelta y correr pero… no lo hizo. No quería hacerlo, porque significaría que ya no tendría razón para buscar dulces de nombres raros, o agarrar bichos extraños que se encontrase camino a casa para que ella le dijera cómo se llamaban y discutir si picaban o no.

    -¿Y ahora?-preguntó ella. Él no respondió. No quería dar la vuelta

    Silencio. Hasta que ella tironeó. Y se soltó por fin.

    -¿Sabes? No había comido un chocolate en mucho tiempo. O ningún dulce.

    Él dio la vuelta. La chica tenía un rostro extraño. Parecía sentirse mal. No le gustaba.

    -Y… pude jugar con insectos y el ratón… a todo esto, ¿Por qué ratón?

    -… No tiene otro nombre-
    mencionó el muchacho. Gild, aunque incómodo ante esa escena, debía reconocer que compartía la pesadez de la distancia.

    -¿Y es igual con todos? Porque siempre se llaman con nombres raros.

    Él se encogió de hombros.

    -¿Cómo te llamas?

    Esa pregunta hizo que la memoria del chico se moviese. Veía gente llamándolo que no eran sus bros. Pero no escuchaba sus voces ni podía ver sus rostros.

    -No sé.

    -Yo soy Ilse. Así me pusieron mis padres. ¿A ti nadie te puso un nombre?


    No recordaba. No podía recordar. No he había molestado hasta ahora. ¿Por qué tenía que molestarle en este momento? ¿Por qué creía que debía decírselo?

    -No sé.

    -… Pues así no se puede-
    replicó ella, acercándose-. No puedes dejarme por ahí sin al menos decirme cómo te llamas.

    -¿Por qué?

    -¡Porque yo lo digo!

    -Pero no sé.

    -Entonces me quedaré hasta que lo sepas-
    replicó la chica, dando otro paso, y de pronto la sintió muy cerca. Demasiado cerca. Y dejó algo en su mejilla que provocó que todo su rostro comenzase a arder.

    Entendió entonces lo que el cantante le quería decir.



    Para cuando el resto despertó y vio que la chica seguía ahí y sin nada que la atase, lo primero que hicieron fue pedirle explicaciones al chico. Pero ella interrumpió, aduciendo que quería quedarse. Aunque el capataz no parecía contento con la idea, varios de los más chicos parecían estar de acuerdo con la chica.

    -¿Y qué pasa si se va con la poli o el don de repente?-replicó el mayor, entonces, a los otros dos más grandes del grupo.

    -Si fuera así se habría largado cuando pudo, ¿no?-replicó el cantante, encogiéndose de hombros.

    -Perro, ¿Qué pasa?-ésta vez el jefe se dirigió a él. No sabía qué contestar-¿Y si nos jodemos por ella?

    -… No no’ vamos a joder-
    replicó, inusualmente decidido. El capataz se le quedó viendo extrañado, aunque al final dio un suspiro de resignación.

    -Bah, pero va a tener que ganarse el puesto como todos aquí. Aunque ya da igual, nos dio medio botín y el don debe andar por ahí llorando.



    Él sintió que la boca se le curvaba. Gild sabía que sonreía, y aunque le resultaba extraño cómo todo esto se gestó, de algún modo también sentía simpatía por ese nuevo sentimiento dentro del corazón de ambos.

    La cosa no cambió mucho después de la decisión de Ilse, aunque ahora la chica no necesitaba de vigilancia constante y podía salir si quería, aunque, como los demás, siempre acompañada. No era muy buena consiguiendo pasta, pero no la necesitaba ahora que el grupo estaba forrado. Y de todos modos él siempre estaba con ella, buscando comida que no conocía bien pero ella decía que “era buena para los niños”, o buscando insectos entre las plantas, o escapando de la purga. Era una vida rara, pero… pura. Tan pura como la nieve que dio paso a un nuevo invierno, e incluso Gild comenzó a obviar el gluten del pan o la falta de productos sin lactosa. Esta rara vida resultaba inusualmente placentera.

    Y así continuó, hasta que de pronto notó que la nieve se estaba manchando, y la película de esta vida se difuminaba en fragmentos de luces de colores.




    -¡No, en serio, se siente súper bien! Y con la plata que tenemos hay pa’ todos.

    -¿Y cómo funciona? ¿Te la comes o?

    -No, no, por la nariz. Respira y… hnnnng…


    El chico no sabía qué era ese polvo blanco que el capataz había decidido traer, pero Gild lo comprendía perfectamente. Y quiso dar un paso hacia atrás o decir que no, pero el muchacho que ahora era no dudaba de lo que el capataz decía. Era el capataz después de todo.

    -No se si sea buena idea…-comentó Ilse. El cantante se encogió de hombros y le dio una probada.

    -¡Waaaah!... ahhh… diaaaaablos… me duele la nariz…

    -Espera un poco… ya te va a llegar el golpe.

    -Uh… ah… -¡Ohhhhhh! ¡Raaaaayoooossss! ¡Perro, esto está intenso!



    EL chico vio el polvo, y luego a sus compañeros que se lanzaron al suelo y parecían perdidos en alguna clase de sueño extraño. Sentía curiosidad sobre lo que le pasaría si lo intentaba.

    -Hey, espera-

    “¿Qué es lo peor que podría pasar?” se dijo, para horror del deprimido dentro de él. Y aspiró. Su nariz ardió por un momento, mas luego la sensación se hizo menos molesta, pero aún estaba ahí y le provocaba algunos estornudos. Entonces esperó lo que sea que vendría, hasta que de pronto pasó. Un extraño golpe de energía, y súbitamente todo a su alrededor comenzaba a verse brillante. Incluso la voz de la chica llamándolo sonaba… extraña… tanto que comenzó a reír.

    -¿Están bien? Esa cosa está rara-preguntó la muchacha. Los demás chicos se unieron a las risas.

    -¡Está bueno, prueba!

    -¡Prueba, prueba, prueba!


    Los tres comenzaron a corear una y otra vez, hasta que la chica, algo irritada, acabó dándole una probada. Y como el resto, tardó un momento para comenzar a mostrarse algo más aturdida, pero también extrañada y –como ella dijo- ligera. El muchacho y Gild, quien no pudo evitar compartir las sensaciones de este cuerpo, podía jurar que estaba flotando de pronto. Lo comentó, y rió porque le parecía ridículo y genial. Misma reacción que el resto.



    El tiempo dio un salto, o él se perdió, no estaba seguro. El punto es que la bolsa de polvo estaba casi vacía, y ahora todos los chicos estaban reunidos y riendo o dormidos. Incluso el ratón lucía eufórico, caminando de puntillas y girando junto a la chica, como si estuviesen bailando. Para cuando él se dio cuenta de lo que ocurría, una extraña pesadez se apoderó de su cuerpo. Extrañaba la sensación de antes, así que fue por otro poco, y minutos después estaba bailando con los otros dos.

    La película comenzó a andar más aprisa. De pronto, habían risas y juegos y extraños toqueteos, y noches sin poder dormir, con temblores y nervios. De pronto, cosas como pastillas y jeringas se unieron al polvo, y de pronto la bolsa del botín desapareció, o más bien su contenido. Para Gild, la mezcla de sensaciones iniciaba a hacerse cada vez más extrema e intolerable, pero no podía parar aquella película. Luego, escapes de la policía, luego noches donde el estómago vacío y un dolor de cabeza lo hacían despertar, y luego una noche donde llevaba a la chica al cuarto que tenía para ella, y de pronto ambos cayeron al suelo, aturdidos. Y rieron por lo estúpido que habían sido por caer por nada.

    Se quedaron ahí entonces, mirándose, aún entre risas. Todo se sentía extraño, el suelo, el frío, el aliento de ella al acercarse. De pronto, sus labios se encontraron. Era agradable sentirlos, como el algodón o la lana de una oveja.

    Su piel también se sentía suave, se dio cuenta cuando sus manos comenzaron a acercarse a sus mejillas. Notó que se le quedó viendo un momento, hasta que cerró los ojos, y entonces rozó su lengua con la suya. Él se alejó de golpe, no entendía qué acababa de hacer pero… verla con las mejillas encendidas le hizo pensar al muchacho que no le molestaría saber un poco más de eso, y a Gild que todo se sentía demasiado confuso y ya no podía pensar.

    Volvieron a acercarse y se besaron. Primero tímidamente y, luego, al tomar más confianza, el choque de lenguas volvió a darse. Era una sensación eléctrica que hacía que algo en su entrepierna reaccionase. Sus manos bajaron , recorriendo el torso de la chica por sobre la ropa, y ella hizo lo mismo, solo que metiéndose bajo ella, palpando la piel directamente. Sentía frío, calor, confusión, deseo, tantas cosas nuevas que creía su cabeza explotaría en cualquier momento.

    Entonces sus piernas se enredaron y sus cuerpos se rozaron. Y su conciencia se desconectó.




    El mundo parecía volverse de gelatina, luego agua, y súbitamente sólido otra vez. Ya no había nieve, sino que la temperatura se sentía cálida de nuevo. Se encontraba fuera de la casa de unas tipas que trabajaban en el barrio, esperando. Imágenes de la chica corriendo al baño y con el estómago hinchado galoparon a la cabeza del chico y de Gild, quien comenzaba a pensar con un poco más de claridad, si bien su mente se sentía aturdida por los últimos acontecimientos. De pronto la puerta se abrió, y una mujer con bata le dijo que pasara.

    La muchacha estaba en la cama de un cuartito al final de un pasillo. Sostenía un paquetito entre sus brazos. Al acercarse, el chico notó que era un niñito arrugado, aún más pequeño que el ratón cuando lo encontraron. Era como esos muñequitos que habían en las tiendas de juguetes, solo que éste parecía moverse y respirar.

    -¿Es de verdad?-preguntó. Eso le sacó una risa a la muchacha.

    -Si, es de verdad.

    -¿Cómo funciona?

    -No funciona. Vive.


    Al chico le pareció bonito. Su cabeza no podía procesar bien lo que significaba todo esto, pero si sabía que era algo que habían hecho ambos. Y que, según Ilse y las mujeres, necesitaría tener cuidado.


    La pequeña cosita fue recibida como una novedad de vuelta a la casa, aunque los más pequeños rápidamente le perdieron interés pues no hacía mucho. Sin embargo, el ratón y el cantante parecieron caerle bien, y cuando él tenía que salir a buscar plata ellos se quedaban viéndolo y a la chica, que aún se estaba recuperando. Con el tiempo, el chiquillo abrió los ojos y se volvió menos arrugado. Su cabello iniciaba a crecer, y era bastante claro. Y parecía mirar todo con curiosidad. Él le decía “Blondie”, por lo rubio, y pronto el resto de la pandilla acabó llamándolo igual.

    Una noche de lluvia, el muchacho despertó por un ruido extraño. Se sentía helado, y la falta de droga lo hacía temblar, pero la voz de alguien lo hizo priorizar aquello. Ilse estaba viendo al chiquillo, que respiraba raro y hacía ruidos extaños.

    -¿Qué le pasa al Blondie?

    -No lo sé-dijo ella. Parecía preocupada.

    -¿Se rompió? ¿Se puede arreglar?-
    preguntó él. Ella no dijo nada, solo pareció ponerse peor.



    Los días pasaron, pero la lluvia no se iba y tampoco los problemas del pequeñito. La señora del motel donde nació les dijo que tenían que darle un remedio de nombre raro, pero la plata se les iba en comida, paños y droga. Una noche donde la lluvia estaba especialmente mal, el chico sintió ruido en la casa. Al levantarse, notó la puerta abierta. Y que ni Ilse ni el blondie se encontraban.

    Salió con la lluvia encima, buscando. Hasta que de pronto notó a alguien con un chaleco suyo, y le siguió. Notó que caminaba fuera del barrio de siempre, hasta las calles bonitas, aunque estuviesen vacías y con todo cerrado. La caminata continuó hasta que llegaron al hospital, donde parecía buscar algo.

    -¡Hey!-al ser llamada por una voz familiar, la aludida dio la vuelta-¿¡Qué esta’ haciendo!?

    -Perro, yo- yo tengo que- el niño va a-

    -¿Por qué te llevas al Blondie?

    -¡Necesita ayuda! ¡S-Si no hago algo va a-!

    -¿Y yo qué? ¡No puede’ llevártelo solo, es de los dos!

    -¡Este no es momento, la idea es que-!

    -¡HIJA!



    Alguien corrió en su dirección a toda prisa, llamando la atención de los chicos. Al dar la vuelta, el muchacho vio a un hombre de cabello claro y ojos claros como los de su Blondie. Lucía pálido, y no fue hasta que lo tuvo viéndolos con una expresión horrorizada que lo reconoció de la televisión y los puteos de los suyos.

    Era el don.

    Su mirada fluctuó entre él, la chica y el pequeño. Algo le dijo que lo mejor sería correr, mas no tuvo tiempo; el mayor agarró del brazo a ambos muchachos y los llevó hasta el hospital. Él reclamó que lo soltara, que tenía que llevar al Blondie y a Ilse de vuelta, pero no hizo caso alguno. Las puertas del edificio se abrieron, y una luz intensa lo forzó a cerrar los ojos por un momento. El blanco era demasiado para él.




    Las escenas saltaron luego de la luz. Recordó tipos con batas y una jeringa que no se sintió bien, sino que lo hizo dormir. Una visión de su Blondie con muchos tubos y algo que le cubría la cara. Y policías haciéndole preguntas. Los saltos no se detuvieron hasta que todo el avance frenó, y de pronto él se encontró frente a uno de los tipos de bata. Estaba sentado dentro de una habitación de esas que salen en televisión, bien decoradas y todo. El otro tenía un papel y hacía garabatos en él. Se sentía mal, el estómago se le había revuelto y el cuerpo le dolía. Sentía que necesitaba algo, algo, y ese algo era una jeringa o un polvo blanco. Solo podía pensar en eso. Pero el mayor insistió en hacerse escuchar.

    -Necesito que pongas atención-dijo.

    -Duele, duele, jode, toy’ mal, me siento mal…-balbuceó. Gild podía sentir su estado, y era horrible. Aunque la sensación se le hizo extrañamente familiar.

    -Síntomas de abstinencia. Seguramente por la falta de drogas.

    -¡ENTONCE’ DEME!-
    gritó el chico, abrazándose. El otro no reaccionó.

    -No puedo hacer eso. La idea de este programa es lograr desintoxicarte.

    -No quiero su mierda rara, quiero irme, quiero a mi gente, quiero que Ilse vuelva, quiero al Blondie-

    -Necesito que te calmes-
    pidió el hombre-. Todos están bien ahora. Quiero que en este momento pienses en ti.

    -El Blondie se rompió, ella quería que lo arreglara, pero el don es malo, él se lleva a mis hermanos y se los va a llevar igual, no deje que se los lleve, se los va a llevar-

    -Por favor. Escucha-
    repitió el otro, una y otra vez hasta que el chico guardó silencio-. Nadie se va a llevar a nadie. Solo queremos que ustedes mejoren. Tú estás enfermo, ¿lo entiendes? Y nosotros queremos arreglarlo. A ti y al resto.

    -… ¿Quiénes… quiénes son…?

    -Somos doctores. Y queremos ayudarte.




    ¿Cuánto pasó? Ni el muchacho ni Gild lo sabían. Solo estaban seguros de que la sensación horrible fue disminuyendo poco a poco, hasta el punto que podía lidiar con ella. Luego de un tiempo comenzó a hablar con otros doctores, que le pedían que dijera cosas sobre él. Nunca estaba seguro de qué decir, porque no sabía qué agregar más que lo que siempre había hecho por sus bros, Ilse y el Blondie. ¿Qué más podía decir?

    -¿No tienes ningún recuerdo que no tenga que ver con tu pandilla? ¿Quizá alguno sobre tus padres o algún familiar?

    -…-
    el chico quiso pensar en ello. Era molesto, pero esa pregunta le hizo… recordar-Se… que había alguien… con vestido apretado… y que me dejaba en una pieza… y un lugar con plantas y animales… y un viejo que me llevaba en carretilla.

    -¿Recuerdas quién es ese hombre?


    Intentó rememorar algo. Lo que fuera. Pero la memoria era difusa.

    -Y dices que habían plantas y animales. ¿Quizá era un campo?

    Campo…

    Algo vino a su cabeza de pronto. Algo que él le decía.

    -Abuelo…-musitó.

    -Entonces tienes un abuelo. ¿Sabes dónde está?

    -… Está en una caja… enterrado…

    -Ya veo… lo lamento.

    -…

    -Dime, ¿cómo supiste que era tu abuelo.

    -Recordé… que lo llamaba así.

    -¿Recuerdas cómo te llamaba él?

    -… No… o tal vez…


    Éstas eran preguntas que le habían hecho una y otra vez. Y hasta hace poco tenía respuesta alguna. Cerró los ojos y, por un segundo, creyó ver un rostro arrugado que le decía algo.

    -Gus…

    “Gustav” musitó Gild en su interior. Esta vida… comenzaba a tener sentido para él.

    -¿Es tu nombre?

    -Eso… creo…



    El mundo se deshizo y recompuso. De pronto, estaba en un cuarto con algunos juguetes, viendo a Blondie armar cosas con unos cubos de colores. Al verlo, recordó aquella noche bajo la lluvia. Y cómo respiraba mal los días anteriores. Los médicos dijeron que había sido una suerte que lo atendieran pronto o habría… muerto.

    Cuando le dijeron eso, el muchacho tembló tanto que necesitó medicina. Su Blondie hubiese muerto, y él no pudo hacer nada para ayudarlo.

    -¿Qué piensas?-la voz de Ilse, a su lado, lo sacó de sus ensoñaciones.

    -¿De qué?

    -De darlo en adopción-
    mencionó ella. Los doctores y el don habían sugerido aquello, considerando que no podían cuidar ni de sí mismos.

    -… No quiero-afirmó él.

    -Es lo mejor para él, Perr-Gustav. Si se queda con nosotros la va a pasar mal.

    -No quiero-
    insistió él-. Es nuestro.

    -¡No es una cosa, Gus!

    -¡Sé eso! ¡No es cosa! ¡Es mi Blondie!


    El bebé detuvo su juego al escuchar gritos. Los padres guardaron silencio y esperaron a que el pequeño volviese a lo suyo.

    -Él es listo. Ya casi camina, y para su edad eso es un logro, ¿sabes? Él necesita amor, y ayuda. Nosotros lo único que pudimos darle es el VIH.

    -…No quiero… no quiero que se vaya…-
    musitó el chico. No quería perderlo, que desapareciera, o terminara en una caja, o llevado por la policía. No quería, porque había aprendido que ese pequeño era la cosa más buena que había salido de él en toda su vida. Pero al mirarlo, esa visión del bebito cubierto de tubos apareció en su cabeza. Y le recordaba una y otra vez que no había hecho nada bueno por él.

    -Piénsalo, ¿De acuerdo? Si de verdad lo quieres, es lo mejor que podemos hacer para él.


    Lo mejor para él… la vida que había llevado hasta ahora le parecía bien para él, pero su Blondie… su Blondie necesitaba algo bueno. Era lo que creía al mirarlo. Necesita algo… alguien que pudiese dárselo. Y, aunque lo odiaba, él no era ese alguien.

    -… Puedo… probar-dijo de mala gana. Gild sentía su pecho apretado al decir esas palabras, y la renuencia a hacerlas realidad. Y él mismo ya no sabía qué sentir.



    El don sugirió algo de “adopción abierta”, que según le explicaron era que ellos eligieran a los que criarían a Blondie, y eso le bastó al muchacho para comenzar el proceso. La cantidad de gente dispuesta a adoptar un niño le sorprendió un poco, aunque según Ilse tenía que ver con el trabajo que su padre había hecho al respecto. Una parte de él deseaba que no dieran nunca con alguien suficientemente bueno, que su Blondie se quedase a su lado para siempre. Sin embargo, un día llegaron un par de tipas a hacer la consulta. Y la esperanza inició a morir.

    -Puedo imaginar que las cosas no han sido fáciles para ambos. Me alegra que hayamos podido tener esta charla.

    -Si necesitan cualquier cosa con respecto al chico estaremos encantadas de ayudar. Este pequeñito ya atrapó mi corazón.


    Ese par de mujeres hacían que se le revolviera el estómago. Cosa irónica, pues en Gild producía el efecto contrario. La contradicción de verlas conversando con Ilse mientras jugaban con Blondie, todas tan alegres, le provocaba asco. Hubiera querido darles un golpe y largarse, pero no podía. Tenía que pensar en su niñito.



    -Me agradan-comentó la chica luego de la visita de las mujeres-. Son bastante gentiles y hasta parece que a él le agradan también-comentó, sosteniendo la mano del pequeño rubiecito que daba torpes pasitos.

    -… Supongo. ¿Qué hacen?

    -Por lo que me dijeron, Viveka es bióloga y Senta es pediatra.


    “Suena a que tienen pasta” pensó el chico, mirando al pequeñito que sostenía una pelota que ellas le habían regalado.

    -Me gustaría tener más visitas de ellas. Ya sabes, conocerlas mejor.

    Él respondió con un chasqueo de lengua y una seña de afirmación.



    Odiaba reconocerlo, pero las tipas tenían todo bastante bien preparado. No solo con las visitas y un buen trabajo, también tenían cosas para Blondie listas. Era cosa de llegar y hacerlo… y eso le molestaba horriblemente. No tenía una excusa real para decirles que no, y para colmo Ilse ya prácticamente las amaba. Sabía que era lo mejor para él. Lo sabía. Pero aun así, la idea de que su Blondie se fuese lejos de su lado era horrible…

    Aunque “su lado” era una clínica que ni siquiera él podía pagar. No tenía nada que darle al pequeño.

    Y fue eso lo que le hizo dar el sí al final del día.


    Su Blondie se iría lejos. Esas mujeres no vivían cerca. Tanto él como Ilse fueron a despedirlas en el avión después de haber realizado todos los trámites. Y aunque estaba a su lado, apenas escuchaba un “pueden visitarnos cuando quieran”. Estaba demasiado absorto en los ojitos azules entrecerrados de su pequeño, que se chupaba el dedo, acurrucado en el pecho de una de ellas. No fue hasta que escuchó que lo llamaban que despertó del trance.

    -¿Eh?

    -Te decía que muchas gracias-
    dijo la otra, que llevaba un bolso-. Por… darnos esta oportunidad.

    Él solo asintió, bajando la vista.

    Llamaron a subir al avión, y ellas dieron una última despedida al par de adolescentes antes de ir a entregar los boletos. Al chico se le hizo un nudo en la garganta. Pensó por un momento que tal vez podría ir, quitarles al niño y correr, pero… ¿qué ganaría con ello? ¿Qué ganaría su Blondie?

    -… Esto… ¡Esto no va a ser pa’ siempre!-gritó él, de pronto, llamando la atención de las mujeres-¡V-Voy a venir por él un día! ¡Ya van a ver!

    Lejos de mostrarse preocupadas, la pareja reemplazó su sorpresa inicial por una sonrisa. Detestaba lo comprensivas que eran, y que lo hicieran sentir tan estúpido, pero quería decirlo. Quería decirle a alguien que haría todo lo posible para hacer algo de sí mismo. Alguien… alguien que fuese capaz de convertirse en un buen padre. Y hacer a su niño feliz por su propia mano.

    Pero eso no fue lo que dijo. Solo pudo sollozar, tapándose la boca con el brazo mientras Ilse le daba algunas palmadas.



    La vida continuó como en una película antigua en blanco y negro. Sin voces, solo un sonido de fondo suave y triste. Para cuando el par salió de la clínica, ella decidió volver con su padre. Él acabó en un orfanato, pues todavía no era un adulto según la ley. La primera noche no pudo dormir, la cama se sentía rara y el cuarto que tenía lo ahogaba. Terminó saliéndose por la ventana a medianoche, y caminó hasta encontrar su viejo barrio, y su vieja casa.

    El lugar estaba maltrecho y no tenía puerta. Se había enterado que, mientras estaba metido en la clínica, la purga había hecho una redada. El sitio ahora estaba vacío. Sus bros, perdidos o en algún orfanato como él. El cuarto que antes era de Ilse tenía algunas telas de araña. Él pensó que a ella le hubiese gustado verlas.

    Y hablando de Ilse, poco a poco fueron distanciándose. Él solía visitarla en la escuela, y si bien al inicio salían por ahí a hablar, la muchacha cada vez estaba más ocupada y comenzaba a haber más más gente a su alrededor. Un día fue a verla, hallándola con un grupo de compañeras dirigiéndose a su dirección. Él le hizo una señal para hablarle, pero ella no advirtió en su presencia y pasó de largo. Ni siquiera tuvo el coraje de alzar la voz para llamarla.

    Ese día se dio cuenta que ella estaba siguiendo un camino que él no podría andar.




    La vida en el orfanato no fue sencilla para alguien que desconocía todo. Era un instituto religioso, que en un inicio lo descolocó con sus múltiples exigencias de etiqueta y estudio. Las corbatas lo ahogaban, no podía memorizar los rezos, y no tenía idea de qué se supone que tenía que hacer con la biblia. Pero un día ellos se dieron cuenta de que ni siquiera sabía leer y lo enviaron con la clase de los más pequeños. Ahí, con miradas infantiles curiosas sobre él, se prometió poner en práctica lo que se había prometido.

    Fueron años extraños. Poco a poco comenzó a entender las letras, centrándose en aprender a leer y escribir en las clases de las mañanas. Durante las tardes, y en parte gracias a la influencia de los párrocos, se dedicaba a acarrear materiales en una construcción. El dinero no era demasiado, su sueldo iba a los sacerdotes que le entregaban apenas una parte, pero al menos era plata que estaba ganándose por sí mismo, así como la gente “normal” lo hacía.

    Los años pasaban como fragmentos de una cinta de video. El chico, ahora hombre, enfrentó tiempos de incertidumbre, dolores de cabeza, recaídas en la adicción y castigos de los sacerdotes. Pero lo que más le dolía era cada noche regresar a un cuarto vacío. La soledad, luego de haber vivido una vida entre hermanos, era horrible. Dormir bien no era algo que pudiese lograr fácilmente, y más de alguna vez se había escapado durante la noche para volver a la vieja casa, que comenzaba a caerse. Cuando no había algún vago ocupándola, se quedaba ahí hasta el amanecer. Incluso el recuerdo era mejor que el cuarto vacío.

    Pero si había algo que lo mantuviese cuerdo durante esa época de transición a la adultez, era el recuerdo de su Blondie. Veía cada herida, cosa que no comprendía y gota de sudor como un paso para poder recuperarlo. Las noches de insomnio se iban imaginando su vida cuando se convirtiese en un “hombre suficientemente bueno”. Se imaginaba la casita que compraría algún día. La veía fuera de la ciudad, de hecho en medio del campo. Tendría uno que otro animal como los de su abuelo, y Blondie jugaría con ellos. Él lo llevaría en carretilla por ahí, y le enseñaría bichos, le diría cuáles picaban y cuáles no. Esa imagen de un futuro con su niño nutría su deseo de continuar, sin importar lo que tuviese que aguantar para ello.

    Y mientras la vida de aquel hombre continuaba, Gild solo podía verlo todo en silencio. Incluso si deseaba decir algo. Por dios, quería decirle algo a ese hombre. Tantas cosas. Pero las imágenes no hacían más que pasar una tras otra, sin darle tiempo de reaccionar a ellas. No fue hasta que de pronto la película se detuvo con él frente a una tienda donde un sacerdote vendía café que reparó en que se había vuelto un adulto hecho y derecho.

    Se sentó en una banca y buscó entre sus cosas. Sacó una foto de Blondie que le habían enviado esas mujeres, y que Ilse le entregó durante su último encuentro. Se reunían poco, únicamente para conversar sobre su hijo. Ella ahora era una universitaria, y él trabajaba tiempo completo en la constructora, por fin dueño de su sueldo. Los ojos claros de su niño en la foto, sujetando una pelota, lo hicieron sonreír. Tenía algunos parches en las piernas, seguramente raspadas por caídas. Lucía tan sano y… feliz.

    La sonrisa del mayor desapareció. Iniciaba a preguntarse si algún día podría convertirse en el hombre que buscaba ser. Si podría ser lo suficientemente bueno como para llamarse el padre de su Blondie, cuando éste parecía estar contento con la vida que llevaba. Era un miedo que poco a poco iniciaba a crecer en él. No sabía si había algo que pudiese hacer mejor.

    -¿Perro?

    Hace mucho nadie le decía así. Dio la vuelta, y se encontró a un tipo observándolo con cierta sorpresa. Aunque no lo reconoció al instante, si notó rasgos familiares y…

    -… ¿Cantante?

    [​IMG]

    Como respuesta, el hombre tarareó una melodía, como las que hacía de pequeño.





    -Pensé que te habías ido del país o algo-comentó el hombre, caminando a su lado-. Como te llevó el don y todo eso.

    -Solo me metió a una clínica hasta que se me pasara la cosa-
    comentó el “perro”, fijando la vista hacia adelante. Era raro, pero agradable que una parte de su infancia siguiese viva-¿Qué… qué pasó con los demás?

    -Un día luego de que se fueron nos agarró la purga. Nos fuimos en fila a un orfanato con unos religiosos.

    -Me pasó igual. Pobre de toos’.


    -Yep. Fueron una mierda. Pero los más chicos tuvieron suerte y se fueron pa’ Alemania. La gente allá está loca por adoptar chiquillos.

    -Si…-
    la voz del hombre se quebró un poco al recordar a su chico.

    -El ratón se terminó yendo a un internado como al año. Parece que el chico era un genio encubierto. En cuanto aprendió a escribir no paró.

    -Genial. ¿Y el capataz?

    -… No sé, perro. Daba harto problema en el orfanato. Un día se escapó en la noche y nunca más regresó.

    -…

    -¿Y qué tal la cabra y tu Blondie? ¿Están bien?-
    el aludido suspiró, haciendo un gesto de negación con la cabeza.

    -La Ilse está bien, se metió a la universida’… pero ya casi ni hablamos.

    -El primer amor hombre, siempre duele.

    -… Y mi Blondie… lo dimo’ en adopción.

    -… Oh. Lo siento.

    -Está bien. Era… era lo mejor pa’ él-
    dijo, sintiendo una acidez en la garganta al forzarse a decir esas palabras.

    -Ya, ya, no pasa nada. Y por cierto, ¿Qué está haciendo de tu vida ahora?

    -En una constructora. ¿Tu?

    -Un negocio con animales. Va bien, pero… uh…

    -¿Qué pasa?

    -Tu siempre te hay llevao’ bien con los perros, ¿no?

    -¿Por?

    -¿Puede hacerme un favor? Por tu broski.




    El “favor” en cuestión consistía en tratar con unos perros bravos que tenía el cantante –llamado Yure por la gente con quien trabajaba-. No fue algo difícil para él. De hecho, sentía que había hecho cosas así antes… los recuerdos en su cabeza parecían volver a la granja de su abuelo, que le enseñaba como “amansar bestias”. Entre ellos había un perro de cabello claro que lucía bastante lastimado. que llamó su atención.

    -Al pobre animal lo apalearon cuando se tiró contra un tipo que lo pisoteó-le explicó el cantante-. No se queda quieto - Él se acercó con cuidado, despacio, recibiendo algunos ladridos, mas al final salto, agarrándolo del cuello sin apretar demasiado, solo lo suficiente como para hacerlo tirarse al suelo y que los demás pudiesen revisarlo.

    -¿Qué van a hacer con el animal?-preguntó el hombre, mientras le rascaba la oreja como forma de calmarlo.

    -No sé. Se vende bien, pero es medio bruto. ¿Por qué?

    -… Es lindo.




    No fue la única vez que ayudó a su viejo hermano con algún animal. Era curioso lo fácil que se le hacía, y que el “negocio” de Yure le fuera rentable. El día en que el perro de cabello claro se recuperó de sus heridas, el cantante se lo regaló como agradecimiento.

    -Por cierto perrito. ¿No le gustaría dedicarse a esto tiempo completo?

    -… ¿Completo?

    -Digo, no paga mal. Creo que mejor que romperse el lomo llevando cosas. Además me gustaría tener a mi viejo bro en el trabajo.

    -… No suena mal-
    comentó el aludido, sintiendo que su nuevo compañero le lamía la mano.

    -Por cierto, ¿se te ocurrió cómo ponerle?

    -… Blondie-
    dijo él con una sonrisa.

    -¿No sonaría raro, considerando que tienes otro por ahí?

    -Él tiene su nombre ahora. El que le dieron esas tipas. Sonaría raro si le digo así. Fue lo que me dijo Ilse cuando me fue a decir que iba a a verlo pa’ cuando cumpliera cinco.

    -¿En cuánto?

    -Dos meses.

    -Ohh… ¿Y vas igual?

    -Yo…-
    el hombre tragó saliva, acariciando a su perro-No sé.

    -¿Pero quiere ir o no quiere ir?

    -Sí…

    -¿Entonces por qué la piensa tanto? Vaya y vea a su Blondie. Podrías llevar a tu otro Blondie pa’ que se conozcan.


    El ahora hombre fijó la vista en los ojos del can que le hacía fiestas. Y pensó que, a pesar de que se sentía aún un fallo, quería ver a su pequeñito.

    Era lo que había deseado por años.




    El mundo dio un salto, y de pronto se encontró a sí mismo en un espacioso apartamento. Mientras Ilse conversaba con las mujeres, el par de rubiecitos jugaba. Él, Gustav, los veía y sentía ganas de llorar. Tener a su niño frente a él era… precioso. Le habría encantado grabar el momento para poder revivirlo siempre.

    -¡Qué lindo perrito!-exclamó el pequeño, sonriéndole. El hombre sentía que su corazón iba a explotar de felicidad-Pero a éste no lo abandones como a mí ¿eh?

    -¡Engel!-
    replicó una de las señoras-¡No digas esas cosas!-el pequeño no hizo mucho caso. Solo continuó jugueteando con el perrito, que le lamió la cara.

    Y el hombre, mientras tanto, observaba con una punzada en el pecho.

    Ese pequeñito tenía cinco años y acababa de decir que lo había abandonado.


    El brillante sol cae
    La cálida tarde se va
    El dulce sabor en el aire
    Envuelve la tierra nativa


    Para cuando el pequeñito fue hacia él y le pidió que viniera a su cuarto para que lo viera, el hombre dijo que estaba bien, y que fuera con Blondie. Por algún motivo no podía siquiera tomarle la mano, o mirarlo a los ojos.

    ¿De verdad creía que lo había abandonado?

    ¿O solo había hecho una broma? ¿Qué clase de niño de cinco podía hacer una broma así?



    El agua fluyó y nada lavó.
    ¿Fue mi culpa
    que te alejaras tanto de mí?
    Las cigueñas no vuelan aquí.



    Durante el resto de la visita se dedicó a mirarlo de lejos. El niñito era sorprendente, podía manejar un teléfono como si nada, nombraba los bichos que se encontraban con nombres raros que no entendía él. Era… tan sorprendente. Tan luminoso.

    Y a su lado, él se sentía una sombra que desaparecía.


    Durante la vuelta de la visita, él no dijo nada. Solo pensaba, una y otra vez, en lo impresionante que era ese niñito. Y lo irreal que resultaba, viéndolo ahora, que él pudiera ser su padre. Que él pudiera ser cualquier cosa de ese muchachito que de seguro sería alguien de quienes todos estarían orgullosos. Él pensaba eso, estaba seguro de que así iba a ser. Y eso lo golpeaba una y otra vez.

    ¿Cómo algo tan maravilloso había nacido de algo como él?



    ¿Me recuerdas?
    ¿Me recuerdas como te recuerdo yo?
    ¿Me sientes?
    ¿Me sientes como te siento yo?


    Al llegar, fue a la casa que estaba arrendando, dejó a Blondie y luego salió a caminar. Sus pies lo llevaron al viejo barrio, que no había visitado en años. Dobló en una esquina, una donde los mismos tipos de hace tiempo atrás estaban. Él no les dijo nada, solo les tendió dinero y ellos le dieron algunas jeringas. Volvió a caminar, y la gente y los edificios a su alrededor se sentían tan irreales y ajenos a él como cuando era niño.

    Llegó a su casa, caminó hasta su pieza y se sentó, quitándose el cinturón y amarrando su brazo descubierto con éste hasta que sus venas se hicieron visibles. Luego tomó la jeringa y la acercó. Mas de pronto la puerta de su cuarto se abrió, haciendo que ésta cayese. Era Blondie, que se subió a sus piernas, moviendo la cola en una posición que rogaba algo de cariño.

    Él se agachó y lo abrazó, acariciando su pelaje mientras se largaba a llorar.

    Porque se dio cuenta que él nunca sería lo suficientemente bueno para alguien tan maravilloso como su niñito. Nunca podría ser un padre digno para él.

    Le aterraba profundamente, que todas las ilusiones que hasta ahora lo habían mantenido a pie se habían convertido en un imposible.

    Y le aterraba su niño, que era todo lo que él no podría ser jamás.


    Ya basta de torturar al destino
    ¿Cómo podría haberlo sabido?
    He abierto las puertas del paraíso
    Pero no sé cómo entrar


    -Lo siento, Blondie-musitaba entre sollozos-. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento…-se disculpó una y otra vez mientras su perro le lamía la cara. Una y otra vez pidió perdón por no ser lo que él merecía.


    Gild tenía un nudo en el estómago. No el de aquel hombre, sino el propio… o algo así, la sensación era mucho más profunda y difícil de explicar. Quería decirle algo. Quería gritarle algo, pero no podía. Solo podía levantar la mirada y verse a sí mismo, ver a Gustav, con el rostro embarrado por sus lágrimas.

    “Maldita sea… ¡Maldita sea, Gustav!” quería decir. “Si vas a disculparte… ¡hazlo en mi cara y no a un maldito perro!”



    ¿Me recuerdas?
    ¿Me recuerdas como te recuerdo yo?
    ¿Me sientes?
    ¿Me sientes como te siento yo?



    El momento saltó, y de pronto Gild se vio a si mismo, aunque un tanto más joven. Sonaba un tema que una de sus madres gustaba escuchar. Y estaba en el sillón, sentado frente a él. Al él que era ahora. Gustav.

    -V-vaya cuántos has crecido, ¿cuándo te volviste tan alto?-preguntó él, tartamudeando.

    -¿Hace diez años quizá? No te enteras, Gustav-respondió también él, con una expresión fría.

    -Ah.. eh...

    Recordaba ese día. Recordaba también que sentía que ese hombre siempre se le hizo despreciable, permanentemente ausente en su vida. Ën todo momento trató de ser lo que él nunca fue. O mas bien, lo que él creía que no fue. Pero ahora, viendo esa breve conversación desde el otro lado, ya no sabía qué creer o decir.

    Ya no sabía nada.




    Quiso abrir la boca para decir algo. Decirse algo. Pero entonces toda la escena desapareció ante sus ojos, y de un momento a otro la oscuridad lo rodeaba completamente.

    Tardó un poco en darse cuenta que ya no era Gustav. Que había vuelto a ser él mismo. Pero la revelación no le trajo sino más confusión y remordimiento.

    -Tu melodía… puedo escucharla-la voz de Max lo hizo volver en sí. Estaba a su lado-. Hay tanto dolor y confusión.

    -…

    -Pero también decisión. Al menos una idea que apunta al futuro.


    ¿Una idea para su futuro? No sabía si tenía algo como eso. Pero sí reconocía que deseaba continuar. Por, al menos, la posibilidad de una conversación que zanjase las preguntas en su cabeza.


    Espérame hasta el final
    ¿Me escuchas? ¿Escuchas? ¿Escuchas?
    ¿Escuchas?

    ¿Me escuchas?







    ------------------------------------------​


    Nunca aprendo (?)

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    zXArtemisXz I watch from the shadows

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    +221
    Era bastante cansado ir de guerra en guerra dentro del nexo, habían pasado… bueno, ya el mesías no sabía del todo cuantos días habían pasado desde que entraron a conocer el sitio. Tan cansado y no parecía terminar. Con ayuda de Hikari le hizo un tajo diagonal bastante profundo a un West y siguió con el más cercano, físicamente se hallaba en su máxima capacidad, sin embargo luego de haber perdido y recuperado a Kristina, simplemente quería salir de ahí. En sus manos observó cómo su katana comenzaba a opacarse, así que se obligó a pensar en algo positivo, era un pinche otaku, debía mantenerse enfocado o terminaría por estar en problemas en medio de esa batalla.

    Luego de que Kristina hubo resucitado… mucho antes que Jesucristo… ok no. La lisiada se sentía relativamente aliviada y gracias a ello pudo observar con otros ojos No Life City. El número de enemigos se había reducido considerablemente, pero eso no quería decir que hubiesen desaparecido por completo. Puesto así, todavía quedaba mucho para lograr despejar aquella zona del peligro. Mientras Maeve rompía cuellos y cabezas con ayuda de sus tonfas, la narulisiada avanzaba por las calles observando lo que podía hacer para inclinar las cosas a su favor. Quienes más le preocupaban de todo aquello eran Barbara y Lancelot, ya que obviamente estaban siendo bastante molestos debido a su gran habilidad de combate.

    Luego de avanzar un buen tramo, la argentina pudo ver a lo lejos al esposo de Fatima cuya imponente figura se mantenía intacta a pesar de haber perecido, frente a este, observó un trio que simplemente estaba de pie, como si alrededor de ellos fuera una típica tarde en medio de una ciudad.

    Lanza otra vez ese estúpido dado, estúpido gamer. – Habló la chica Sweeney dándole un golpe en el hombro a su hermano. – Aún quedan bastardos que deben ser eliminados.

    Las posibilidades puede que no se inclinen a nuestro favor en estos momentos. – Expresaba Dice con mirada de aburrimiento.

    Y no cambiarán a menos que los lances. – Sonrió Mateo, lo cual fastidió al rubio.

    No recibo ordenes tuyas.

    Te dije que lo lanzaras, a menos de que tengas miedo. – Dijo desafiante la chica del atrapa sueños.

    No caeré en tus retos de niña pequeña. – Suspiraba el gamer para luego observar el dado en su mano derecha. – En fin, mientras antes terminemos con todo esto, mejor. – Mencionaba encogiéndose en hombros y lanzando el dado, el cual explotó marcando el número siguiente.

    ¿Y bien? – Se cruzó de brazos Rosemary notando que no había pasado nada extraordinario a su alrededor.

    Nada, nuevamente soy invulnerable ante ataques siempre y cuando permanezca aquí sentado. – Explicaba el mellizo con calma mientras su hermana era sacada de sus casillas.

    ¡Eso no nos sirve, grandísimo tonto! – Alzó la voz Sandman en tanto su novio intentaba tranquilizarla.

    Si lanzo otra vez el dado las posibilidades para que estén en nuestra contra han aumentado un 15%, ¿segura quieres que vuelva a intentarlo? – Preguntaba a la vez que alzaba su vaso de alcohol y bebía un poco.

    Si, si lo que sea lanza esa estúpida cosa.

    Ante la siguiente tirada y la posterior explosión del dado, surgieron otras dos explosiones en el campo de batalla frente a ellos y una justo al lado de la chica del gorro de santa haciendo desaparecer al novio de esta.

    A pesar del dolor que sentía por la pérdida de Lowen, Kristina se obligó a reponerse ya que había visto algo interesante. El rubio a quien había visto minutos atrás en compañía de Fatima lanzaba dados que hacía que surgieran eventos extraños como matar y revivir aliados y enemigos.

    Maeve, ese chico, debemos impedir que siga lanzando ese dado. – Decía la argentina señalando a Dice.

    Entendido, renacuaja. – Asentía la rana saltando lo más alto que pudo para ir hacia el par de mellizos Sweeney.

    Primero había perdido a Taro y ahora había perdido nuevamente a Mateo, aquello fue la gota que derramó el vaso para Rosemary, por lo que no dudó en sujetar del cuello de la camisa a su hermano y agitarlo con bastante fuerza mientras le gritaba que hiciera regresar a su amado. Dice en cambio, no perdió la calma ya que le había advertido a su melliza antes de lanzar el dado que las cosas no iban a ir a su favor durante esa tirada.

    Antes de que Maeve pudiera llegar con ellos, Barbara hizo explotar el suelo hacia donde se dirigía la anfibia. Aquello simplemente fue una advertencia ya que la mascota de piel verdosa resultó ilesa del ataque de One.

    Kirilia, quien había visto todo, derramó algunas lágrimas por la explosión donde Mateo desapareció, a pesar de ello, ya estaba consciente de que su presencia en esa batalla hiciera que fuera lo mejor para él el haberse ido. La oveja lanzó una flecha hacia la sonámbula Barbara, sin embargo, esta no logró impactar en su objetivo ya que la número la hizo explotar en medio del aire.

    La concha de la lora, debemos despertar a Barbara si queremos llegar con esos dos boludos. – Masculló la lisiada esquivando un West que había ido hacia ella y luego apuñalándolo en la espalda cuando este paso de largo.

    [***]

    Todos parecían estar llegando a su límite, sangrantes y completamente exhaustos, sus movimientos se hacían cada vez más lentos, sin embargo, ese no era el caso de cierta Otaku desquiciada cuyo rostro parecía haber salido de una película de terror debido a la sangre entre seca, mojada y llena de tierra que tenía Clover. Vagando entre callejones y calles principales de No life city, la lunática golpeaba y encendía en llamas a todo aquel enemigo que se topara, pero aquellos pobres incautos no eran nada comparado con el enemigo final que ella buscaba, definitivamente debía deshacerse del gordinflón que estorbaba más que un día miércoles.

    [***]

    Sapphire le había mencionado a Jesús una forma de sacar a Barbara y a Lancelot de su sonambulismo, sin embargo intentarlo era un asunto realmente peligroso, por lo que solo había un intento para traer uno por uno de vuelta a la realidad. El moreno observó como Ryrio se encargaba de ahogar algunos Wests mientras avanzaba por la ciudad, definitivamente el mesías necesitaba la ayuda de las habilidades del peso pesado para intentar despertar a cualquiera de sus dos compañeros.

    ¡Senpai! – Gritó el mexicano atrayendo la atención del gitano. – Como diría Dora la exploradora: Necesito tu ayuda.

    No me vengas con esas mamadas, White, ¿qué quieres? – Preguntaba fastidiado y exhausto el escualo sacándole una sonrisa al otaku.

    Necesito que uses a Mirai para practicar bondage con Barbara. – Decía el moreno señalando a la explosiva One que se enfrentaba a Kirilia y Maeve.

    ¿Estás de coña? – Respondió molesto el de dientes filosos mientras el azteca negaba con la cabeza. – ¿Para qué quieres que haga eso?

    Necesitamos despertarla, y antes de que intente explotarme, quiero acercarme a ella. – Explicó el chico llegando junto a Ryrio, quien hizo una mueca.

    No resistiremos mucho tiempo. – Comentó el peso pesado.

    Cuento con ello, también necesito que griten su nombre y le digan que luche para salir de esa pesadilla. – Hablaba colocando una mano en el hombro de su senpai. – Cuento con ustedes.

    En tanto Ryrio pensaba que el plan del chucho era una completa locura, terminó por seguirlo ya que era el único plan que tenían en mente en esos momentos.

    Cuando el dúo de ausentes llegó donde estaban Kristina, Kirilia y Maeve, el par de mascotas se hallaban con ligeras quemaduras provocadas por las ondas de calor que generaban las explosiones de One. Rapidamente Jesús contó su plan y luego fue hacia Barbara con la esperanza de llegar a ella antes de que pudiera hacerlo explotar.

    [***]

    Una Barbara bastante alerta de su entorno se hallaba en medio de un bosque iluminado por la luz de una luna llena, esta se encontraba girándose cada cierto tiempo hacia los extraños sonidos de pisadas que podía escuchar a su alrededor, sin embargo no podía ver mucho. Con un trozo de madera larga en manos, One estaba preparada para enfrentarse al monstruo que la acechaba, un Baku cuyos ojos rojos indicaban cada cierto tiempo en medio de aquella oscuridad donde se encontraba.

    En un par de ocasiones la chica de cabellera oscura se había enfrentado a la bestia de los sueños, por lo que esta llevaba parte de su ropa hecha jirones debido a los rasguños del baku. La gitana estaba cansada, no sabía cómo había llegado a ese lugar y porque había perdido sus habilidades explosivas, pese a ello, sabía que necesitaba salir de ese bosque antes de que aquella criatura terminara con ella, pero no sabía cómo hacerlo así que simplemente apeló por los troncos y piedras que se había conseguido en el camino para poder defenderse de dicho ser.

    El baku gruñó y salió de entre los árboles al notar que Barbara intentaba dar unos pasos lejos de su vista. A la luz de la luna, One podía ver la trompa de elefante, cola de buey y las afiladas garras de tigre. La chica golpeó a la bestia antes de que esta se pudiera acercar, pero dada la fuerza de esta criatura esta simplemente fue empujada cayendo de espaldas mientras el baku regresaba a su posición entre los árboles.

    Con dificultad, la gitana volvió a ponerse de pie para intentar sujetar el trozo de madera que había tenido pero se dio cuenta que este se había roto con el empuje del monstruo, así que masculló por lo bajo regresando su vista al suelo para ubicar otra posible arma para defenderse. Todo ello lo hizo con toda la rapidez que podía, ya que escuchaba el respirar de la bestia que volvió a salir a la luz en dirección a ella. La respiración así como el corazón de la gitana aumentó, por lo que tomó algunas rocas y las lanzó para intentar alejar al baku. Sentirse vulnerable era el peor sentimiento que pudiera tener, sobre todo en ese sitio. Estaba sola, la ansiedad e impotencia generaban en ella una carga de malos pensamientos que llegaban siempre a un mismo callejón sin salida el cual se trataba de la desesperanza. Si todo continuaba así, iba a morir dado que el monstruo estaba perdiendo la paciencia. Con su temblorosa mano, Barbara lanzó las rocas intentando darle a la bestia mitológica, pero sabía que eso no era suficiente para detenerlo.

    La silenciosa gitana comenzó a escuchar entonces suaves voces que provenían del bosque. Luego de que el baku hubo tomado nuevamente distancia a causa de las rocas que lanzaba la chica, esta pudo prestar atención a lo que podía oír. Aquellas voces les daban ánimos, le pedían que luchara por despertar.

    ¿Despertar? – Se preguntaba Barbara. – ¿Estoy… dormida?

    De la nada sintió una cierta calidez en sus brazos, lo que la calmó un poco, parecía como si alguien la estuviera indicando que no estaba sola en ese lugar, que podía salir de ahí.

    Con una nueva resolución, Barbara tomó el trozo de madera rota que había a un lado y lo sostuvo con su mano derecha. No sabía si funcionaría pero esta vez iba a intentar ir con todo contra el baku.

    Un nuevo gruñido de hizo presente y la bestia salió de su escondite alzando su trompa contra la gitana, quien alzó la madera para apuñalar con fuerza el ojo del monstruo haciendo que este lanzara un alarido de dolor, el cual resonó en todo el bosque y posteriormente se escuchara el sonido de un cristal rompiéndose en pedazos.

    [***]

    Cuando Barbara se despertó, lo primero que vio fue al otaku moreno que le sostenía en sus brazos mientras le preguntaba si estaba bien. Entre sorprendida y apenada, la gitana se incorporó y le dio una nueva cachetada explosiva al mexicano mandándolo contra el suelo.

    Ay, joe mama. – Se quejó el azteca llevándose una mano a la mejilla que con ayuda de Hikari comenzó a curarse inmediatamente. – ¿Así agradeces que te despertáramos?

    ¿Qué ha pasado? – Preguntaba One con una mano en su pecho para calmarse y regresar a su pose neutra.

    ¡Barbara! – Gritaba Kristina acercándose junto a Ryrio y el par de mascotas. – ¿Estas bien? Estabas sonámbula a causa de uno de los enemigos.

    Rosemary. – Indicó Sapphire apareciendo de la nada junto a Isis y causándole un mini infarto a casi todos los presentes. – Rosemary Sweeney fue la causante, ella y su hermano son los enemigos más sobresalientes que quedan. Si nos deshacemos de ellos dos, podremos avanzar a Death End.

    [***]

    Del lado de Rosemary y Dice, la chica estaba más que molesta. Poco a poco su pequeño momento de diversión se había vuelto en su contra, ahora simplemente tenía al gordo con tentáculos de su parte ya que su hermano era un completo inútil en el campo de batalla. Aunque esta hubiese querido llamar al rubio obeso para que le prestara su sanguinaria fuerza, este se hallaba ocupado luchando contra Tungskan y una adolorida Fatima, quien lloraba por la muerte de su amado.

    Ninguno de los presentes podía llegar a imaginarse el dolor que la mariposa sentía al haber perdido a Lowen, apenas se habían casado, lo había mirado de lejos hacia tanto tiempo y cuando por fin estaban juntos y se habían prometido para el resto de sus vidas, aquella tragedia se hizo presente.

    A pesar de ello, la mariposa monarca no desistía de seguir luchando ya que aquello era lo que Lowen habría querido, que ella siguiera luchando por lo que la pixie no vio más allá de ese pensamiento. Usando las botitas de sus pequeñas patitas, Fatima usaba su Pixie heart sobre Lancelot para causarle picazón permitiendo que el armadillo pudiera acercarse lo suficiente para usar Live and Learn, empujar al nerd para hacerlo retroceder y que el Shinobi hiciera gala de sus habilidades de peso pesado para amasar el semejante trozo de carne que era el gordo.

    Dice suspiró desde su asiento y lanzó su dado. Consideró que el porcentaje de que obtuviera un número positivo para ellos era de un 35% lo cual no era mucho pero peor era nada. El dado explotó y nuevamente este indicó que poseía invulnerabilidad, lo que fue un tiro sin mucho éxito.

    Deberías comenzar a hacer algo al respecto ya que One y su sequito vienen hacia acá. – Informó el mellizo señalando a Barbara y los demás.

    Eres un inútil. – Escupió la del gorrito navideño mientras se abría paso entre algunos de los pocos Wests que iban al encuentro contra el par de gitanos, el otaku, la lisiada y las dos mascotas.

    Mientras Rosemary intentaba tomar distancia del grupo de la vanguardia, pensaba en volver a sumir en un profundo sueño a One u otra persona como Ryrio o el moreno que parecía tener batería solar. Puesto así, sandman sacó nuevamente su atrapa sueños para apuntarlo hacia los miembros del grupo, sin embargo, antes de poder activar su habilidad, Barbara intentó hacerla explotar, pero solo le atinó al objeto dejando quemaduras en las manos de la chica Sweeney.

    No me harás volver a dormir. – Gruñó la gitana bastante enojada al respecto.

    Creo que ella lo tiene. – Comentaba Maeve deteniendo su avance al igual que Ryrio, Kirilia, Kristina y Jesús. – Deberíamos encargarnos de los Wests restantes.

    Puesto así, el grupo dejo que One se encargara de Rosemary mientras ellos acababan con los pocos que quedaban de la tribu Wests. Kristina sacó sus cuchillos, Kirilia comenzó a lanzar flechas en tanto Maeve la cubría contra los indios más cercanos, por su parte, el mesías y el escualo atacaban de frente con ayuda de Mirai y Hikari.

    [***]

    Sapphire se acercó al rubio, quien permanecía sentado bebiendo otra ronda de tragos. Su dado bailaba entre sus manos mientras meditaba si debía lanzarlo nuevamente o no. Al ver a la deprimida en compañía de su extraño muñeco en brazos y la mascota vegetal, el chico suspiró entrecerrando los ojos.

    No creí que uno de los lamebotas de Armando se dignara a acercarse a mí en medio de una batalla. – Decía el gamer dejando sobre la mesa su bebida.

    Si, bueno, no pensé que la caníbal reviviera a personas tan inútiles como tú para que “peleara”. – Mencionaba la francesa jugando un poco con la cabeza de su muñeco. – Estas como medio de apoyo, ¿no? ¿Qué tal te han salido las tiradas?

    ¿Ves las cosas a mi favor? – Preguntaba el chico Sweeney haciendo círculos en el aire con su dedo índice activando su vestigio y transportando a su hermana a otro lugar, lejos de la bruja explosiva.

    Ni a tu favor, ni al de Rosemary. – Se encogió en hombros la deprimida. – ¿Estás haciendo todo esto por tu hermana o por Diamond? – Al decir esto, Dice golpeó la mesa con su puño cerrado.

    Diamond solo quiere paz, ¿qué hay de malo con eso? – Decía el rubio inclinándose hacia adelante.

    La parte mala, nefasta y loca de su plan es cuando quiere matarnos para absorbernos y que entremos en su mundo de las maravillas. – Sonreía Sapphire acunando en sus brazos a Mr. Gutter. – Esta bien, eso traerá paz, pero nos quitará algo muy importante… el libre albedrio.

    Dice simplemente ignoró a la francesa y lanzó su dado. El chico calculaba que existía un 15% de posibilidades de que aquella tirada fuera a su favor, cuando el dado explotó mostrando el número, el maestro del tablero alzó la mirada al cielo esperando que su hermana aprovechara esa oportunidad de un 15% que había surgido. Tres explosiones surgieron en medio del campo de batalla haciendo desaparecer a Isis, Tungskan y Fatima.

    Sin las dos últimas mascotas el shileno se hallaba completamente solo contra Lancelot y sus tentáculos, sin embargo, la bola de grasa que era fiel devoto a Aracely se encontraba casi igual de exhausto que el peso pesado, por lo que el shinobi sacaría energía de donde no tenía para terminar de despertar a golpes al obeso.

    ¡Eres mío personaje random de Zero no Tsukaima! – Exclamaba Clover corriendo hacia Lancelot mientras alzaba a Heller envuelto en llamas.

    Obviamente la chica fue detenida por los tentáculos de Helux, quien comenzó a quemarse debido al fuego, lo que hacía que este se excitara más por ello y dijera cosas obscenas y gores en medio de la risa macabra de la otaku.

    [***]

    Rosemary había terminado en un lugar diferente en medio del “tablero” de su hermano, aquello le hubiera venido de perlas, si no fuera por One que la cazaba sin descanso. En medio de un cúmulo de explosiones, la gitana se movía por todo el lugar deshaciéndose de todo aquel que le estorbara en el camino, siendo los Wests los más afectados. Aunque la chica sandman hubiese querido defenderse usando su atrapa sueños, sus manos se encontraban lastimadas como para poder sostener su arma. En resumidas cuentas, la melliza Sweeney estaba en grandes problemas, por lo que correr o ser protegida por el gordo que seguía dormido eran sus únicas opciones. Al girarse a intentar ubicar a Lancelot, lo observó a la lejanía, el rubio había aparecido en una de las esquinas de un bar cercano, sin embargo, segundos después vio como este se encontraba muy ocupado luchando con el peso pesado y la otaku lunática que lo prefería muerto que mantenerlo “ocupado”.

    Barbara llegó a una distancia relativamente cercana a donde estaba Rosemary y la hizo estallar haciéndole un gran agujero en su costado derecho. La chica Sweeney gritó de dolor cayendo pesadamente al suelo, aunque su hermano pudo oírla desde su lugar, no se movió, simplemente entrecerró los ojos y lanzó su dado sin preocuparse por las posibilidades. El dado explotó, pero no fue el resultado que él quería ya que se trataba de una tercera invulnerabilidad. Sin tiempo que esperar, Dice volvió a lanzar su dado ante la mirada de la deprimida, quien podía ver que el chico empezaba a desesperarse por sus malas tiradas. El dado explotó nuevamente mostrando el siguiente resultado. Una explosión se hizo presente acompañado de otro grito de dolor de Rosemary, esta vez se pudo oír que la chica de gorro de navidad pedía piedad, pero One no era una chica que la concediera. Isis apareció confundida al lado de Sapphire, quien la saludó con una sonrisa.

    ¿Q-qué me paso? – Preguntaba la fan número 1 de Fibrous.

    Nada de qué preocuparte. – Le guiñó el ojo la francesa para luego regresar su vista hacia Dice.

    Tercera tirada consecutiva y otra nueva explosión, esta vez no se trató de una provocada por la gitana, esta vez fue por la aparición repentina de Tungskan detrás del Shinobi que casi era alcanzado por los tentáculos de Helux, por lo que el anciano armadillo no tuvo tiempo de sorprenderse y palparse o agradecer que había revivido para ir en auxilio del peso pesado. El chico Sweeney golpeó la mesa junto a él, si continuaba intranquilo como en ese momento no podría calcular bien los porcentajes de éxito de la siguiente tirada, cuando este alzó la mirada, Kristina y Maeve se acercaban a este pero fueron detenidas por Sapphire, quien negó con la cabeza, como si les dijera que no valía la pena. Al mirar más allá de las chicas y el par de mascotas, vio como quedaban cinco miembros de la tribu de los Wests. Para él, el juego había acabado, simplemente faltaba un Game Over.

    El rubio chasqueó la lengua e hizo un cálculo rápido, había la posibilidad de un 50 y 50 de que su última tirada fuere a su favor o en contra. Los gritos de su hermana habían cesado y Barbara regresó inexpresiva hacia el sitio donde se hallaban reunidos casi todos, aquello fue suficiente como para saber que Rosemary había muerto.

    Bueno, una última vez. – Decía el chico bebiendo antes un trago de su bebida y lanzando el dado. – Sabía que esto pasaría.

    Un trio de explosiones se hizo presente y tres Wests desaparecieron ante los ojos de Kirilia, Jesús y Ryrio, acabando por fin con los númerosos enemigos de una misma tribu.

    Del lado del Shinobi, Lancelot había quedado mal herido pero ya estaba despierto. Clover pataleó acusando al gordo de haberse despertado antes del tiempo. Tungskan y las demás mascotas se sentaron en el suelo en silencio, todos se hallaban cansados y heridos, habían perdido varios amigos en el proceso, todavía podían ver el cuerpo de Lowen en su posición de defensa, todo heroico justo como el león había sido en vida, al menos Fatima no se hallaba en ese lugar sufriendo su perdida, ahora podían decir que estaría con él por toda la eternidad.

    ¿Y qué hacemos con este? – Preguntaba el mesías cruzado de brazos señalando con la barbilla al rubio.

    No vale la pena matarlo, no es un "peleador" como nosotros. – Comentó Sapphire diciendo solo eso y yendo hacia donde estaba Lancelot para practicarle primeros auxilios.

    Como ven, ya no quedan enemigos en este campo de batalla. – Dicho esto, Dice movió sus manos y cambió de lugar a todos aquellos miembros de la vanguardia acercándolos a Death End.

    ¿Qué acaba de hacer ese boludo? – Preguntó Kristina dando un golpe al suelo con su muleta. – ¿Todos estamos? ¿No dejo a nadie?

    Estamos todos, renacuaja. – Contestaba Maeve luego de haber contado a sus aliados. – Bueno, todos los que seguimos con vida.

    Estamos a un paso y un brinco de Death End. – Informó Isis señalando la prisión que se hallaba a la distancia.

    No weona, yo minime necesito un descanso. – Decía el shileno sentándose en una roca cercana. – No me comparen con las xuxas bestias de los otakus.

    Wey, yo también estoy cansado. – Se defendió el moreno.

    Yo no te veo con lengua de corbata, weón. – Enarcó una ceja el kakashi con todo y parche en el ojo.

    Déjenme curarlos a todos antes de seguir con este recorrido. – Pedía a francesa sacando muchas agujas del interior de su muñeco. – Si continuamos sin haberlos tratado, la primera en caer imagino que será Eight por pérdida de sangre más que cansancio.

    ¿Qué? Pffff esto no es nada. – Hablaba la lunática ondeando la mano restándole importancia.

    Mejor prevenir que lamentar, no importa quien, necesitamos toda la ayuda posible para entrar a Death End. – Afirmaba el escualo secándose el sudor de la frente con la manga de su camisa.

    La-lamento no haber podido hacer nada. – Se disculpaba Lancelot bastante arrepentido y con media cara hinchada. – Fui… fui un completo estorbo, no existe el perdón por haberme puesto en su contra, chicos.

    Debes tener más cuidado, Lancelot. – Habló Kristina acercándose a él. – Sin ti, no tendríamos comunicación con los otros grupos repartidos en el nexo.

    La primera gran batalla de la vanguardia había culminado, sin embargo esa no era la única en la cual estarían. Una segunda batalla igual de intensa los esperaba en el lugar al que irían próximamente, la tensión y ansiedad que sentían al no saber muy bien que esperar estaba muy presente en ellos.

    Papá coco por su parte, estaba ansioso por la visita de sus cachorros al lugar donde él estaba armando desmadre. Como padre devoto necesitaba darles una cálida bienvenida a sus hijos, las mascotas de estos y a sus amiguitos.


    ***
    AmakiAmaki TaKaTaKa ay, mi estabilidad mental D:
    AhkilendraAhkilendra al fin acabamos con la primera fase... falta Death End... Ay :950:
    Velvet.Velvet. IceIce LeoLeo CorventCorvent
     
  4. Autor
    Amaki

    Amaki ¡¡No!! ¡¡Krillin!!

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    Mirando al cielo un ser solitario en medio del desierto observando cuerpos desaparecer lentamente. Dice como siempre había sido dejado atras, viendo a otros caer frente a él, justo como la cacería que vivió frente a sus ojos. Ver a su hermana, a sus aliados, amigos y demás. Ya no importaba, dio una risita antes de mirar el cielo gris.

    —Paz, ¿no, Diamond? —suspiró —. A mí jamás me importó tal cosa. Lo único que quería era ver tu sonrisa.

    Caminó un poco hasta notar que ahora sí no había nadie atrás de él y una estela de polvo lo seguía. Dio un giro y se sostuvo el pecho, antes de usar esa misma mano para señalar el cielo donde moraba Madre Gaia.

    —¿Temerle a la muerte? ¿No es irónico? ¿Por qué odiar algo que al final nos une a todos? Es la muerte la ruta fija para todos los seres humanos, el lugar absoluto de reencuentro. Visto así... ¿No es hermoso? Yo tenía la esperanza de volverte a ver, a ti, realmente a ti. En este mundo o en el otro.

    "Soy realmente patético" ​

    Su brazalete sonó, era un mensaje de alguien. Dice tan sólo respondió de mala gana.

    — Enviados a tu zona. Fracasé.

    — Quisiera decir que me sorprende, peeerooo...

    — Soy un gamer, la derrota es algo que sabemos afrontar, Adam. Además... — una sonrisa burlona se posó —. ¿No era eso tu mayor deseo? ¿Tener a tus hijos de vuelta?

    — Tsk...

    — ¿Me odias Adam?

    — Neeel, sólo me recuerdas a un reptil idiota, es todo.

    — Comprendo.

    — Como sea, dirígete a Ex Land para reposicionarte. Ella te espera.

    Y la comunicación se cortó, dejando a Dice mirando el cielo.

    — Ella me espera...

    Pero no aquí ​

    Los pensamientos de un muerto apestaban.

    AhkilendraAhkilendra zXArtemisXzzXArtemisXz TaKaTaKa ¡Pasaron! Felicidades, pasen a la siguiente zona.
     
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  5. Ice

    Ice ﴾͡๏̯͡๏﴿ O'RLY?

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    Continuar, aquella palabra resonaba en su cabeza una y otra vez, creando un vaivén de emociones que jamás se detenían. Se apretó los dientes, recordando las memorias que había vivido, antes de mover su cabeza a ambos lados, negando, no quería pensar, ni siquiera cuestionar, tan solo quería avanzar. Porque cuando todo parece perdido, la única forma de proseguir es esa, zanjando nuevamente tu camino y seguirlo sin mirar a atrás. Cuando no había nada que perder, era el único momento donde un ser humano no temía. Y Engel sentía que todo lo que alguna vez formó se estaba desmoronando ante él y, por eso mismo, continuaría.

    —Eres bastante terco —fue la voz que sintió dirigirse a sus oídos mientras sus manos estaban tomando el pomo de la segunda puerta. El pomposo ciervo atisbado de un elegante smoking se sostuvo el mentón, mientras el rubio suspiró y lo miró a los ojos con una mirada que denotaba sarcasmo y un deje de orgullo.

    —Pues viene de familia, ¿no? —aquello hizo que el ciervo diera una leve risita.

    —No lo hubiese dicho de otra forma —concordó.

    Y abrió las compuertas para ser asediado en una profunda luz que le hizo perder la visión de todo, el corazón le latía demasiado fuerte como si se le fuera a salir del pecho; hasta que logró abrir sus ojos solo para ver otras grandes orbes, no, muchas orbes observándolo como una rana siendo diseccionada, quiso moverse, pero le era imposible, una enorme superficie cubría su visión como un campo de fuerza invisible, mientras sentía que como serpientes diversos líquidos pasaban por su sistema, estos estaban legados a diferentes tubos alrededor de su anatomía. ¿Dónde estaba? Intentó gritar y su corazón aumentó su auge, pero su voz se sintió como meros llantos, en el profundo blanco, un blanco tan exquisito pero que no tenía nada de puro. El sonido de aparatos lo aturdieron, y si bien sus ojos vislumbraban imágenes borrosas, cuando esas orbes de esos examinadores vestidos de blanco se retiró, dejando pasar voces más conocidas que le hicieron tener una rara sensación de alivio. Esperó ser sostenido por esas dos personas que se habían dirigido a él, pero solo sostuvieron su manita desde el contenedor que lo contenía.

    La mujer con suavidad sostuvo su manita y le cantó algo, no lo pudo escuchar, pero si una leve entonación.

    —Mi pequeña bebé estarás bien... estarás bien —Hasta que el llanto le ganó y su marido la sostuvo del hombro, intentando consolarla con suaves palabras a su oído. Hasta que un doctor decidió guiarlos hacia afuera, lugar donde al parecer les dijo algo.

    ¿Dónde estaba? ¿Y por qué su corazón no paraba? Quería ser libre, salir de ahí, pero nada lograba eso. Lo único que sentía a su alrededor eran voces. Muchas voces, quería llorar, en serio quería hacerlo.

    Hasta que todo se difuminó y se vio caminando con el atril para sueros por el lugar, era pequeña pero sentía sus piernitas lograr moverse agilmente, sus padres no vendrían hasta más tarde, aunque en cierto sentido entendía su situación, más que antes cuando era solo una bebé ignorante, se apuró al ver el reloj, hasta llegar a una habitación donde lo último que vio fue como una enfermera cubría a un anciano hasta la cara, la pequeña dio un gritito que hizo que la enfermera por fin pudiera observarla.

    —¿Qué le hizo al señor Bentancur?

    —Él tuvo que partir con dios, pequeña —comentó, mientras la sacaba con la mano delicadamente, la infante miró hacia atrás —. Y no deberías estar aquí, ¿por qué no vas a jugar a tu reparto?

    —¡No! ¡E-el señor Bentancur era mi amigo!—vociferó la infante.

    —Lo sé, lo sé... te contaba muchos cuentos, ¿no?

    —S-sí...

    La enfermera la consoló y luego la llevó a su pabellón, pronto vendrían sus padres lo cual en cierto sentido le gustaba, aunque tampoco la desesperaba. Era curioso, ¿no? Conocía más el hospital donde había crecido que su hogar, en cierto sentido ese eterno blanco le daba una sensación curiosa de familiaridad, cuando todo aquello era tu mundo, no muchas cosas cambiaban. Vio la hora: Sus padres tardarían un poco, por eso decidió aventurarse a jugar con los niños de su pabellón, era muy divertido, pero... cada vez había menos, y aunque venían otros. Era curioso como alguien que era tu amigo un día, al otro no estaba. Decidió regresar a su habitación, moviendo su atril para sueros hasta que llegaron sus progenitores a la sala, siempre traían globos y muñecos.

    —¡Joyita hermosa! —Esa era su madre, siempre alegre y tierna.

    —Hola, princesita de papá.

    Pero la niña no estaba muy alegre, y se sentó en la cama, mirando sus piernitas y moviéndolas. Sus padres notaron ese comportamiento melancólico en su retoño, y velozmente su padre revolvió sus cabellos, sentándose a su lado.

    —¿Pasa algo, pequeña? —habló.


    —Mamá... papá... —los nombrados asintieron al llamado —. ¿Por qué las personas tienen que morir?

    —...¿Por qué? Vaya... esa pregunta sí que es difícil —El padre se acarició la nuca y guió su mirada hacia su esposa de forma disimulada.

    —N-nadie muere... eso...

    —Eso no es verdad, mis amigos... muchos de ellos mueren, el señor Bentancur murió y... y... muere gente todos los días, no... siempre... siempre... ¿Por qué la gente muere tanto?

    —No joyita, no mueren, solo... se... ¿Transforman?

    —¿Transforman? —preguntó la infante con ojitos curiosos.

    —Claro... cuando morimos nos volvemos polvo que regresa a la tierra, y de esa tierra crecen plantas y árboles. ¡Tan solo nos volvemos otro ser vivo! Por eso cada ser vivo es valioso, porque pasa un sin fin de renacimientos para ser lo que es; por eso debemos amar a las plantas y animales, pues contienen la esencia de todos aquellos que amamos.

    —Tan solo... ¿Cambiamos...?

    —Se podría decir que crecemos. Ser humano es como ser un niño, no podemos estar eternamente atrapados en este estado, morir es también importante. Nos hace crecer.

    —¿Entonces la muerte es buena?

    —Cuando la naturaleza lo dice, lo es.

    —P-pero yo no quiero que nadie muera...

    —Nadie quiere —susurró su padre —, nos resignamos a ella. No es tan malo.

    —Papá... mamá...

    —Dinos, tesoro.

    —¿Yo moriré pronto como mis amigos o el señor Bentancur? —Esos ojos brillosos irradiaron miles de emociones en sus progenitores que estaban al lado de ella, y cada uno la abrazó de un lado —. ¿L-lo haré...?

    —Es una posibilidad... —susurró la madre con la voz quebrada.

    —Tu corazón es débil, pero confiamos en tu alma, que es muy fuerte... nuestra pequeña joya, nunca te rompes con nada —completó su padre.

    —Morir...

    —Pero tenemos la esperanza de que algún día...

    —No pasa nada...

    —¿Hija?

    —¡No moriré! —La pequeña se levantó y dio un giro que le hizo toser, sus padres la sostuvieron de la espalda, pero ella se soltó y tan solo sonrió grandemente —. Tan sólo me volveré un árbol muy bonito y todos mis amigos estarán conmigo, todos, incluso el señor Bentancur. ¡Será genial! ¡Será asombroso!

    —Hija...

    —¡Ya lo verán...!

    Los días pasaban, todos eran increíblemente intensos y desde ese momento la pequeña decidió vivir cada día como si fuese el último. Jugaba con muchos niños, niños que poco a poco disminuían, como aquel niño calvo que un día sencillamente dejó de venir, dejando a una madre llorando frente a varias enfermeras, o su amiga a la que le había hecho una muñeca para el día de su cumpleaños, pero ese día llegó, pero ella ya no cumpliría más años. Nunca más. La pequeña joya comenzó a hacer peluches con forma de sus amigos como una forma de tenerlos siempre, tal y como hizo por su amiga, y cada tanto se sentaba en su cama y ponía los monigotes alrededor de ella, jugando al té con ellos. Hasta que decidió salir al salón donde otros niños habían llegado, se veían tristes y los más pequeños clamaban por su mami.


    La pequeña quiso ir a consolar al más pequeño, pero un hombre altote lo lanzó hacia arriba varias veces y luego lo puso en el piso, varios niños se acercaron al sujeto que se sentó en una silla y acomodó su guitarra en sus piernas, cantando una canción suave a los infantes. La pequeña notó que el varón enfocó su mirada en ella y le sonrió, pero ella velozmente se ocultó atrás de una pared, logrando una suave risita en el hombre. Ella lo quiso describir como un ángel, aunque por su vestimenta más que ángel era un serafín caído y ennegrecido.

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    —Oye, oye... ¿En serio le temes al viejo Herzel, bonita? —la pequeña no notó que el mayor se acercó a ella y ella dio un saltito —. No le haría jamás nada a un mocoso, hasta se podría decir que estoy aquí por eso.

    —¿Por... eso?

    —Si quieres que te cuente mi historia, al menos escúchame —guiñó un ojo e hizo que la nena asintiera —. El viejo Herzel adora ser escuchado.

    Era como si ese sujeto tuviera un don para calmar a los niños, como si su misión en la vida fuera estar con ellos, sus melodías eran entusiastas y llena de ánimo, algo tan necesario para un sector donde infantes con enfermedades terminales iban a parar. Y veía a la pequeña más y más emocionada, hasta que el sujeto debía retirarse. “Herzel” no parecía el clásico estereotipo de animador infantil o siquiera podía tener un aura digna de un ángel, sus vestiduras negras más lo hacían ver como un matón que como un hombre de bien, estaba sentado ahora y la nena lo veía desde lejitos, el varón quiso encender un cigarrillo pero una enfermera vino y le dio un golpe en la cabeza, señalando un aviso de “No fumar” y aunque fuera algo obvio en un hospital, “Herzel” parecía realmente sorprendido de eso y se quitó el cigarrillo bufando, calmando a la temperamental enfermera.

    —¿Te gusta acosar, no? —y de nuevo se dio cuenta —. El viejo Herzel siente cuando es asediado, nena —la señaló con ambos pulgares.

    —Um... emmm... ¡G-gracias por visitarnos, señor Herzel! —la pequeña dio una reverencia mientras sus mejillas estaban rojas. El varón se carcajeó con mucha energía y le desordenó los cabellos.

    —Tsk, no digas esas cosas mocosa, el viejo Herzel no es un ángel. Él nació del rock and roll y de lo más oscuro de este mundo. Y no le digas señor, no le gusta —Tomó su guitarra con orgullo —. ¿O no... Herzel?

    —¡Ah! —la nena se cubrió la boca con ambas manos —. ¡Es tu guitarra la que se llama Herzel, no tú! L-lo siento.

    —¿Emh? ¿A poco creías que hablaba como un retrasado? ¡JAJAJAJAJAJA! —el rockero bufó y se cruzó de piernas —. Aunque me gustaría tener ese nombre, nooup, a mi madre le pareció más cool —esa nota de sarcasmo se notó a kilómetros —. Llamarme Malach, pero prefiero el nombre del viejo Herzel, sep, llámame así, si te place.

    —¡No puedo hacer eso! Las personas solo podemos ser llamadas por nuestros nominativos de nacimiento.

    —¿Quién lo dice?

    —N-no sé... pero...

    —Las reglas fueron creadas para romperse, además, los nombres solo son nombres —concluyó —. Por eso no te he preguntado el tuyo.

    —¡Perdone! Yo me llamo... —sintió los dedos del mayor rozar sus labios y como este le hacia “shhh”.

    —Nena, no me importa.

    —¡A-al menos mi apellido! N-no quiero ser maleducada.

    —Go, go... —giró los ojos el otro.

    —Floyd...

    —¡Pink!

    —¿Eh?

    —Te voy a llamar así, tienes el nombre de mi banda favorita de esa forma. ¡Pink Floyd!

    —Y... y... ¿Los derechos de autor?

    —¿A quién le importan? —rió para un lado.

    —P-pero...

    —Bueno, la loca Daisy me espera y es muy celosa, nos vemos, Pink.

    ¿La loca Daisy? Poco tardó la niña en darse cuenta que ese apelativo era el que poseía la motocicleta del tipo que era algo extraño, pero simpático. Su corazón latió rápido, sin duda... ¿sería acaso producto del primer amor? Quién sabe, lo que sabía es que “Herzel” había logrado ponerle algo a su vida. Algo que ni ella misma comprendía. Todas las tardes venía, hacia jugar a los niños del pabellón, que parecían más felices y completos al tenerlo. Aunque la razón de su aparición seguía siendo un misterio para la pequeña que un día se atrevió a preguntar cuando el varón se estaba preparando para irse.

    —¿Por qué estoy aquí? Jajajaja, ¿a poco ya me quieres echar, Pink?

    —N-no... es s-solo...

    —Golpeé a un viejo que quería meter a una mocosa a su camioneta con poca delicadeza y la nena no quería. ¿Qué iba a hacer? ¿Quedarme mirando? Aunque como era un ricachón, terminé con una pena y aquí me tienes haciendo servicio a la comunidad para pagar mi 'delito' aunque no es que me arrepienta mucho —puso sus brazos atrás de su cabeza y bostezó —. El viejo Herzel odia los viejos verdes.

    —Yo... comprendo.

    —La sociedad es una mierda. La gente buena muere y los malos están revolcándose en sus fortunas.

    —P-pero... no puedes decir eso en voz alta.

    —¡¿Qué no puedo?! ¡Si hasta lo grito! —vociferó con gran voz —. ¡Lo canto y lo vivo! Por eso mi banda y yo no nos silenciamos jamás. ¡Por eso somos los Killer Society! —se enorgulleció —. Bueno, el nombre todavía está a decidir, pero me gusta ese.

    —V-vaya... ¿Son famosos?

    —Nel, pero vamos en eso —comentó mientras hizo un ademán con su lengua —, pero ese es uno de los motivos por el que adoro la música, es un medio de comunicación masivo, que logra penetrar los oídos de todos y mandar mensajes importantes que ni las palabras pueden alcanzar.


    Creo que él pagó su multa, pensó Gild desde sus adentros, pero mientras veía al hombre cantar frente a los niños que aplaudían y ese hombre ciervo imitando la acción de los infantes, hasta él ignoraba ese hecho. Misma cosa que la niña que lo veía impresionada con una mezcla de ternura y algo de... ¿Esperanza? Que pronto se mostró como tristeza, una la cual parecía inconsolable, pero el rockero la sostuvo y la hizo girar con una mano y luego regresó a tocar su guitarra. Los niños reían llenos de esperanza y felicidad, un sentimiento tan necesario en el reparto de enfermedades terminales. Donde incluso alguien con vestes oscuras lograba crear un ambiente tan claro y sanador, que más que la muerte, el negro se volvió el símbolo de la vida para muchos de ellos. Hasta que era hora de irse.

    —¡No te vayas, Herzel!

    —¡No! ¡No!

    Gritaban los infantes.

    —El viejo Herzel nunca se va, nenes. Tan sólo... se oculta en sus sueños a recargar su energía cool —explicó.

    —¡Uaaa! ¡Es genial! ¡Eres genial! —vociferaron todos, yendo a sus respectivas habitaciones —. ¡Entonces iremos a dormir para hallarlo rápido!

    —¡Sí!

    —¡Okeeey, mis nenoides y nenoidas! —guiñó un ojo, Pink se quedó observándolo y vio como de levantar su brazo para despedir, ésta bajó como si no hubiese articulaciones que la sostuviesen —. Tsk...

    —¿Pasa algo?

    —Oh, eres tú, Pink. Nel, nada.

    —...Es una mentira.

    —Pues sí, es que me siento fatal, pero si pienso en ti o en los mocosos, hasta sentirme mal lo veo como un privilegio culero —dijo, Pink negó —. Estos mocosos son asombrosos, tú eres asombrosa, y sin embargo... tsk, hoy me enteré que Timmy murió, y que Harry tiene una esperanza no mayor a un par de meses, y tú... pfff... al diablo. Esto apesta.

    —Bueno... no es tu culpa.

    —No puedo hacer nada por ustedes.

    —¡Haces mucho por nosotros! ¡Nos das esperanzas! ¡Nos haces más felices!

    —Mamá tenía razón, soy un fracasado, a fin de cuentas sólo sirvo para distraer, no para crear algo concreto. Soy un cabeza hueca.

    —Eso... no es verdad... eres genial y siempre buscas ayudar a otros, sé que pagaste tu multa, pero sigues aquí y... sé que dirás que por lástima o...o... pero... ¡Yo pienso que tú eres genial! ¡P-por eso me gustas! —Ante aquella confrontación, el rockero se inclinó frente a la niña, Gild quería darse un facepalm, ¿es que acaso no veía la diferencia de edad? Engel pensó mucho, pero al final lo único que recibió la pequeña fue un rápido movimiento de esa gran mano en su cabeza —. ¡H-hey!

    —Eres muy pequeña para eso... ¡No quiero ir a prisión!

    —L-lo lamento...

    —Odio a los viejos verdes, aunque... bueno, quizá lo sea en el fondo.

    —¿Uh?

    —Esperemos, ¿de acuerdo?

    —Esperar... yo... sí, pero... si un día te vas o yo me voy... sobre todo lo segundo, ¿cómo...? —La nena sintió como el varón guió su mano a su pecho, el corazón del chico latía bastante fuerte —. ¿Qué sucede?

    —Pase lo que pase... mi corazón siempre va a ser tuyo. ¿De acuerdo, Pink?

    —Sí...

    Una ceremonia donde una princesa y su caballero jugaron a la fiesta de té, algo que debería ser eterno. Una fiesta de absoluta felicidad, hasta que alguien vino más triste de lo usual, tocó las melodías más hermosas pero luego tan sólo dejó que todo pasase. La pequeña notó esa aura de tristeza en el semblante del varón.

    —¿Pasa algo, Herzel?

    —Ah, hola, Pink. Perdona, no te había visto —Los grandes ojitos y esa cabellera platinada hicieron que el mayor la desordenara —. Es mi madre, quiere que haga algo por mi vida y me dijo de entrarle al servicio militar, pero no me quiero separar de ustedes ni del viejo Herzel y ser solamente Malach, eso sería asqueroso, maldición.

    —Eso es malo, pero...

    —¿Pero? Nada, no quiero ser militar, odio las guerras, ahí muere gente inocente.

    —Mamá dijo que la muerte no era mala...

    —Pero matar sí. Eso es muy malo. Ahhj, si los seres humanos fuésemos más sencillos, si tan solo pudiéramos recostarnos todos y tocar canciones de paz y armonía, pero nah, matarnos entre nosotros parece que es lo único que quieren todos. Por cuestiones absurdas, por ideales bastardos, si tan solo... todos pudiéramos ser hermanos, parte de un mismo lugar, ¿no sería lindo?

    —Sí...

    —Pero todos prefieren ser perros de guerra —y decidió entonar algo con su guitarra mientras cantó.


    Los perros de la guerra y las personas del odio.
    Sin motivo alguno. No discriminamos.
    El progreso es rechazado.
    Nuestra moneda, es la carne y hueso.
    El infierno ha abierto sus puertas, y se ha puesto a la venta.
    Agrupados y disputándose el dinero,
    mentiremos y engañaremos.
    Incluso nuestros líderes desconcen nuestros planes. ​

    Una canción repleta de amargura y tristeza que nació desde lo más profundo de su corazón y que entonaba con tanta pasión que la nena lo miraba con ojos brillosos.

    Un mundo, es un campo de batalla.
    Un mundo. Lo destrozaremos.
    Un mundo,… un mundo.
    Transferencias invisibles,
    llamadas a larga distancia.
    Risas vacías en vestíbulos de mármol.
    Los pasos se han dado. Un bullicio silencioso
    ha liberado a los perros de la guerra.
    No puedes parar lo que ha comenzado.
    Marcado, sellado, repartiendo el olvido.
    Todos tenemos un lado oscuro, como mínimo
    y el trato con la muerte
    es la naturaleza de la bestia.​

    —Herzel...

    Los perros de la guerra no negocian.
    Los perros de la guerra no capitularán.
    Ellos tomarán, y tú darás.
    Y tu deberás morir, para que ellos vivan.
    Puedes picar a cualquier puerta,
    pero vayas a donde vayas,
    sabes que ellos habrán estado antes.
    Bueno, los ganadores pueden perder,
    y las cosas pueden torcerse,
    pero donde tu cambias,
    ellos permanecen.

    Un mundo, es un campo de batalla.
    Un mundo. Lo destrozaremos.
    Un mundo,… un mundo. ​

    —Perdona, Pink...

    —Me gustó mucho, eres siempre genial —La nena aplaudió con alegría, el varón sólo le sonrió.

    —Eres asombrosa, por eso desde el primer momento te robaste mi corazón.

    Quién diría que esa frase pudiera tener un significado tan profundo, cuando las emergencias trajeron el cuerpo de un joven que había tenido un accidente con su motocicleta, recibiendo un enorme daño cerebral, entre llantos de una mujer y unos muchachos entristecidos por el líder de la banda. Al final la mujer caminó por la sala donde estaban todos los infantes, Pink lo detectó, pero inmediatamente bajó la cabeza mientras se sentía señalada.

    Un horrible evento que se transformó en algo nuevo, justo como le dijo su madre, Herzel se convirtió en parte de ellos, de cada uno de ellos. Y como bien lo prometió. Su corazón fue de Pink, hasta el final de sus días. Porque una vida podía ayudar a tantas, y las risas de los niños podrían ahora convertirse en risas de adolescentes revoltosos. Una que pronto Pink sintió que se transformaba, pero una realidad nacía y era que a pesar de todo: Herzel no regresaría.

    Se había transformado en ella... en los niños, en todos. Él ahora se había vuelto de todos. Se sostuvo su pecho y sonrió, caminando entre nubes y rayos multicolores que se filtraban en un escenario irreal, un ser espectral se le apareció, la chica corrió, siguiendo la estela de ese varón vestido de negro, extendiendo su mano con todas sus fuerzas.

    —¡Herzel! ¡Herzel! —gritó, hasta que la figura se desvaneció.

    “¿Si eres parte de mí porque no puedo sentir tus manos en mi cabello?”

    Y el sonido de algo atronador, la despertó: Era una alarma que avisaba que sería otro nuevo día. La fémina se preparó para la jornada que sería diferente a las habituales, normalmente se hacía coletas, pero se las quitó de inmediato al ver que se veía increíblemente infantil, su madre con un delantal rió.

    —¿Y eso, dulzura?

    —¿Uh? Bueno... creo que es hora de un cambio es todo —Gild era consciente que era un mero deseo de verse más adulta. La chica se sonrojó y se sostuvo su vestido —. Aunque... voy a extrañar mis lacitos y... —la joven recibió un beso en su mejilla —. ¿Madre?

    —Tú eres perfecta tal y como eres, no necesitas verte como una mujer para serlo. Eres una dama joven y bella te vistas como te vistas.

    —¡Madre!

    —Y seguro los chicos de tu academia pensarán lo mismo.

    —¡Para ya! —Ella se cubrió el rostro con ambas manos y roja como un tomate. Algo avergonzada por las palabras de su madre, que tan solo dio una risita traviesa, viendo la cubierta de la habitación de su hija, llena de cantantes juveniles sobre todo rockeros y uno que otro cantante de country, esa damita no difería de tener gustos normales que cualquier jovencita pudiera sentir y su madre en cierta forma comprendía ese sentimiento natural para una adolescente, pero los muñecos y peluches hechos a manos aún declaraban que su pequeña seguía siendo eso, su pequeña. La mujer suspiró, pero agradeció que esa pequeña pudiera ser una mujer en esos momentos, posibilidad que antes era un mero sueño lejano.

    —No tienes nada de qué avergonzarte, enamorarse es bonito. ¡Es algo que nos hace a todos humanos! Además a tu edad los chicos ya sienten interés en chicas bonitas, ya no son los mismos mocosos que creen que tienes piojos. Seguro hasta encuentras un chico guapo y...

    —¡Madre se me está haciendo tarde! —escapó la chica, Gild pensaba que esa era una pésima excusa para una mujer madura, pues su madre solo dio una risa y puso sus manos en sus caderas, mientras la muchacha escapaba con su uniforme algo dispuesta a iniciar su primer día de escuela sin pensamientos tontos —. Como si fuera a conseguir un novio en mi primer día de escuela, oh madre, a veces eres tan ——Algo voló hacia su pared, más que un algo demostró ser un alguien. Un tipo se levantó orgulloso, limpiándose la sangre de su boca y señalando al otro individuo con odio —. ¿E-estás bi

    Antes de que él pudiera responder, el abusador se irguió con orgullo hasta que observó a la jovencita que se puso delante al otro, y extendió ambos brazos.

    — ¡No deben pelear, por favor! ¡Sé que podemos resolver cualquier dificultad hablando!

    — ¿Hablando? ¿Es qué no conoces a ese sujeto? Habla, cabrón, sé que robaste mis cuarenta euros — acusó el otro.

    — ¿Por qué llevas tanto dinero? Si lo perdiste no es problema mío, además... ¿tienes pruebas de qué fui yo?

    El tipo no era muy alto, además de ser delgado pero algo cautivó a la joven y era su mirada afilada, increíblemente imponente y madura que se adornaba por una espesa cabellera roja como la sangre. Eran ojos fieros, soberbios y... ¿Malvados? Eran hermosos desde el sentido de un chico malo.

    —¿Pruebas? ¡Claro que tengo pruebas! Tú sola existencia es una prueba — el otro varón lo sostuvo de la camisa —. A fin de cuentas eres Lionel, el liante. Tu pobreza apesta a kilómetros de distancia.

    — ¡P-para! ¡Por favor no lo golpees! — gritó la chica, para luego sentir la mirada del chico abusador encima de ella.

    —Eres bastante lind- — Un palo lo dejó inconsciente, una pequeña chica albina con mejillas redondas lo había golpeado y dejado K.O. El pelirrojo suspiró y se levantó.

    Pink se quedó atrás, mirando como ese par se sonreía y discutían por algunas cosas. Hasta que el pelirrojo volteó a verla y le sonrió. Ella se apenó y se quedó quieta cuando él le dio la espalda hasta que sus mejillas se llenaron de una entonación carmesí.

    "¡Qué chico más lindo!"

    Pfff, ¿en serio? De todos los tipos de esta Academia te gustó primero que todos ese tipo de cabellos rojos y ojos grises. Vaya, menudos giros pensó Gild, algo molesto y sorprendido que esa chica hubiese encontrado atractivo al futuro líder de consejo. Considerando lo mucho que apoyaba su relación con Lucifina y el presunto rencor que pensaba que le sentía luego de lo de Enone. Pero sí, este mundo era pequeño y el corazón de la chica latía apresuradamente.

    "Herzel... ¿Eres tú?"

    Entonces se dio cuenta, que lo buscaba a él. Por todos lados. Incluso si él... ya no se encontraba más allí sino en su pecho. Qué triste y desfavorable era la naturaleza humana.

    El día en clases transcurrió normal, para Engel ver tantos rostros conocidos le causaban sensaciones interesantes. Más por el hecho de que todas esas personas se veían bastante jóvenes, leyendas vivientes que ahora se veían como meros polluelos que apenas estaban saliendo del nido. Sin embargo, sus pensamientos se fundieron en el vacío, cuando alguien se acercó en dirección a la chica, un rostro de bastante incomodidad se posó en la víctima del réquiem, pero la muchacha sólo se percibía ligeramente sorprendida al notar a ese joven abusador acercarse a ella, algo nervioso, pasando su mano por su nuca. Pink no supo cómo reaccionar y su primer movimiento, dado que era la hora del receso, era escapar, pero el joven la tomó de la mano.

    —¡E-espera! Yo yo... ¡Me quería disculpar! —dijo el joven, ante la chica que pestañeó dos veces —, digo... por asustarte en la mañana.

    —Yo... creo que no soy la persona a la que deberías pedirle perdón... —confesó la chica con un hilo de voz suave, pero el joven asintió.

    —Lo que quieras, solo quería verte... eres bastante linda y... —La chica sintió sus mejillas totalmente rojas ante ese cumplido —. ¡N-no! ¡No me malentiendas! Sólo te quería preguntar si quieres ser mi amiga, esto... ¡diablos! —se acarició la nuca —, ni siquiera me he presentado, me llamo Barlen —el joven extendió la mano, mostrando sus innumerables anillos y joyas y, logrando que Pink pudiera enfocarlo mejor.

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    —Es un placer —asintió la chica, sonriendo y el varón la miró sonriente.

    —Preciosa, ¿quieres que te presente a mis amigos? ¡Seguro les caerás bien!

    Así inició el primer año de esta chica, llena de amigos ricos y populares que la invitaban a varios lugares, un grupo vistoso, agradable y lleno de color, era una experiencia nueva para la chica que jamás se había visto rodeada de tantas personas diferentes que la reclamaban y le lanzaban infinidad de cumplidos; pero con el avenir de la popularidad, notaba como se alejaba más de otros. Su compañera de banco que tenía una carta en sus manos, inmediatamente al verla se sobresaltó e incluso se alejó de ella totalmente nerviosa por la presencia de la radiante chica.

    —Yo... yo... ¡Por favor, m-me retiro...!

    —¿Paracelsa?

    —¿S-sabes mi nombre? ¡Aagh...! No... no... por favor, no me mires... —La chica se cubrió su rostro, el cual estaba asediado por unos pesados anteojos, la muchacha incluso estaba hablando incoherencias por estar al lado de alguien que admiraba con locura. Pink sonrió y le dio algo que tenía en su bolsillo: era un lazo rosa —. ¿P-p-para mí?

    —Sí, es bastante bonito, seguramente...

    —¡Gracias, gracias, gracias! ¡E-es asombroso! —Como si le hubiese dado una fortuna inmensa, su compañera casi cae de la emoción, sosteniendo el lazo con fuerza hacia su pecho, Pink rió algo nerviosa, pero eso no menguó la ternura que su compañera le causaba.

    Y sí, esa experiencia la marcó lo suficiente para que se convirtiera en el tema de conversación de su grupo, las féminas de su círculo se miraron entre ellas, para luego reír.

    —¿En serio, guapa?

    —¡Sí! ¡Sonrío ampliamente al ver el lazo! Fue encantador.

    —Oh, por dios... ¿Si quiera le diriges la mirada a esa perdedora?

    —¿P-perdón? —Se sorprendió por esa súbita actitud de sus amigas.

    —Eres diferente a ella, querida. Tú eres radiante y ella es... pues... ¿Meh? —rió la otra.

    —Eso... suena algo cruel.

    —Es la ley de la vida, tesoro, algunos nacimos para brillar y otros, pues, para no hacerlo, y ella no brilla en absoluto.

    —Yo...

    —Déjenla en paz —se incluyó Barlen, pasando su brazo alrededor de Pink que se sobresaltó —. Ella tiene un gran corazón, es normal que piense esas cosas —La sonrisa del joven de cabellos negros calmó a la jovencita que le devolvió el gesto de forma más calmada —. Se siente conmovida, ¿y pues quién no? Todos alguna vez hemos visto algún cachorrito sin pedigree que nos causa lástima y es natural querer darle una mano a esos animales, en ocasiones... ¿O no, bonita?

    —Yo no lo hubiese dicho así pero...

    —No importa, pero entendemos por qué actúas de esa forma.

    Barlen era un tipo que Pink veía con poca tranquilidad, pero no podía negar su innegable amabilidad para con ella y, con eso, su constante esfuerzo para verla feliz, ya sea con regalos caros o defendiéndola de algunas personas de su propio círculo que podían ser algo intensos con sus pensamientos. A fin de cuentas, Barlen era el alfa de la manada y, como tal, era bastante respetado. Por lo que su palabra era ley, claro, incluso él intentaba mantener su estatus. Pero por lo regular, él tendía a desfogarse con Pink mostrando que incluso en su fachada de popular intocable tenía un lado infinitamente humano.

    —¡Oh, por dios, es un ave del paraíso! —se paró frente a una casa y no pudo evitar sacarle muchas fotografías a esa flor —. Es hermosa... um... por lo que noto es, con precisión, una strelitzia angustifolia —comentó —, es tan raro verlas en Letzenburg, asumo que la persona que vive aquí fue de vacaciones a sudafrica, lo cual es triste.

    —¿Por qué lo dices, Barlen?

    —Porque significa que esta flor morirá muy pronto... —suspiró el varón.

    —C-comprendo...

    —¿No es curioso como en el lugar adecuado algo simple puede volverse algo sumamente hermoso, pero... cuando no está en su verdadero lugar, solo muere? Es como si solo pudiesen encajar en un único sector y si decides cambiar... solo pereces.

    —Barlen... creo que todos debemos buscar el lugar al cual pertenecemos. Al que realmente pertenecemos si queremos florecer.

    —Eso no funciona... en la vida real no debemos hallar ese lugar, sino integrarnos a las buenas o a las malas al lugar que se nos concede, independientemente de si eso nos hace marchitarnos después.

    —¿Lo dices por ti?

    —Quizá...

    —No digas eso... tu conocimiento de flores es sumamente edificador.

    —Tsk... Pink, no es tan fácil, si mi padre supiese que amo las flores, seguro no haría más que reírse antes de llamarme marica, ni hablar de las personas de la escuela —Puso sus manos atrás de su cabeza y rió —. Es absurdo, vamos, soy el heredero de un gran futbolista, pero mírame, emocionándome por una estúpida flor, seguro mi padre ceería que soy un mari... —ella sostuvo las manos de Barlen que se sonrojó hasta las orejas.

    —Barlen... yo creo que tú eres genial —Esa sonrisa amplia, ese rostro feliz, Pink sabía animar a las personas, Barlen sólo se acercó a ella, pero inmediatamente ella puso su mano en su pecho y lo alejó —... Barlen... —Ahora su rostro estaba lleno de sorpresa y miedo.

    —¿Por qué?

    —¿Eh?

    —¿Por qué me rechazaste?

    —No... yo...

    —¿No se supone que me amabas?

    —No... yo solo...

    —¿O sea sólo me vendes esperanza para verme la cara de estúpido?

    —Somos amigos, yo creí que...

    —¡Eres una estúpida! —Y salió corriendo, dejando a la joven pasmada por esa súbita reacción, ella corrió en busca de Barlen, pero velozmente lo perdió de vista, se quedó ahí con su mano extendida, mientras varios transeúntes sólo caminaban ignorando el evento que ahora arremetía el corazón de Pink que se quedó quieta, no notando que sus ojos se llenaron de lágrimas que bajaban por su mentón.

    —Agua... —una vocecita llegó a sus oídos, y la fémina bajó su mirada, encontrándose unos vacíos ojos negros y profundos que un infante le dedicaba. Ella inmediatamente se sobresaltó y tomó su rostro, sintiendo esas gotas húmedas, las cuales habían llegado al niño que estaba bajo de ella y de quien no se había ni percatado su presencia.

    —L-lo sien... —se intentó disculpar Pink, pero una voz la interrumpió.

    —Tristán te he dicho que no te alejes —Esa voz ruda y potente hizo que Pink enfocara su mirada en el nuevo individuo, alguien que ya conocía, su compañero de clases. El liante: Lionel. Ella inmediatamente dio una reverencia, en afán de disculparse con el varón que la miró confusa antes de sostener la mano de su hermano menor—. ¿Y eso, por qué?

    —N-no lo sé... solo... solo... —Las lágrimas continuaron saliendo de sus orbes, a lo que el pelirrojo no sabía qué hacer, pero rápidamente le extendió algo a la chica: un pañuelo azul—. ¿..Uh?

    —Para tus lágrimas —respondió sin decir más, iniciando a caminar.

    —G-gracias... —inmediatamente la chica arrojó algo de lo cual se arrepintió —. ¿P-puedo acompañarte?

    —Como quieras —dijo él, sin conmocionarse de forma alguna —, solo espero que tus amigos no se lo tomen a mal.

    —¿Tomárselo a mal...?

    —Ya sabes mi reputación —explicó —, Barlen seguro te la dejado bastante claro.

    —Y-yo no creo que tú seas mala persona y...

    —No me conoces —completó.

    —Tu hermano parece confiar mucho en ti.

    —Es mi hermano, es natural proteger la propia sangre. No me malentiendas.

    —No sólo él... H-Hel...Helheim... ella... uh... tú y ella parecen ser buenos amigos —tartamudeó ella, antes de dar una suave risita —. Admito que me dan algo de envidia.

    —Oh, ella.

    —¿Son novios? —Por algún motivo decir eso le hizo tener una punzada que le llegó hasta al corazón.

    —No —tajó él de inmediato, y la chica sintió... ¿Alivio?

    —Ya veo... je... ¿Cómo la conociste?

    —Lucy y yo... ella es una larga historia.

    —Ella... es muy bonita, ¿no? —rió un poco, sintiéndose mal, nunca lo admitiría, pero comparada con ella siempre se sintió diminuta —, no entiendo cómo no es popular, ella siempre... siempre... ilumina los lugares donde ésta, con su sonrisa, con su carácter torpe pero perseverante, además... es prima de Etienne, el más popular de nuestra clase, y... te tiene a ti. Ella... ella es genial... —Antes de que Pink pudiera culminar lo que iba a decir, Lionel se carcajeó de una forma que a la pequeña joya le pareció increíblemente linda.

    —Lucy es una idiota, vive en su propio mundo donde cree que todo saldrá bien y que la vida es un juego donde ella siempre va a salir ganando, no es genial, es tarada —completó él, incluso si decía todas esas cosas, Pink se sintió fatal, la primera vez que vio reír a ese muchacho y era al hacerle recordar otra chica —. ¿Bonita? Es enana, y come porquerías además que odia bañarse. A veces cuidarla es un dolor de cabeza, cree que todos son buenos y que la vida se mide por niveles. Ella es absurda y cegadora.

    —Me gustaría ser como ella —confesó, logrando que el pelirrojo se detuviera en el acto, más por el semáforo que por la información de la chica.

    —No digas locuras.

    —Es en serio, ella... ella siempre brilla, sin importar dónde esté o con quién... ella... siempre consigue lo que quiere.

    —Pero ella no tiene los pies en la tierra cosa que tú sí.

    —G-gracias... —La chica sostuvo al otro de la manga de su chaqueta, confundiendo al de cabellos rojos antes de llorar —. Gracias, gracias, gracias... —Y lloró, ¿por qué? Engel pensó en todas las posibilidades, pero suponía que era por recibir un cumplido sincero después de todos los falsos que había recibido de su círculo de amigos.

    —¿Q-que te pas- ¡Tristán! —vociferó Lionel, notando que su hermanito había decidido correr por seguir un gato blanco, lo que provocó que el movimiento y la chica sosteniéndolo hiciera que tropezara con ella encima de él. Lo que hizo que Pink estuviera bastante cerca del inexpresivo rostro del pelirrojo. Inmediatamente éste se levantó sin decir más ni haber reaccionado de ninguna forma y juntos emprendieron la búsqueda del hermano del pelirrojo.

    —Y...y... ¿Helheim? —preguntaba la chica mientras corría.

    —Fue a visitar a su padre.

    —¿Su padre está en el hospital?

    —Apúrate, o perderemos de vista a mi hermano —gritó el otro, más para cambiar de tema y no indagar en la vida íntima de su mejor amiga.

    —¡S-sí!

    Sin notar que alguien desde lo lejos había tomado una fotografía con su móvil mientras se apretaba los dientes.

    —¿Así que por él? ¿Por él me rechazaste? ¡Esto te va a costar...! ¡Te va a costar mucho! —gritó Barlen, terriblemente enojado.

    Las cosas para la chica iniciaron a ir de mal en peor, cuando esa supuesta fotografía se filtró, donde decían que mantenía un romance con Barlen y con Lionel al mismo tiempo. Menuda locura, pero desde mensajes de burla en su casillero, o escritos que la llamaban “puta” o “perra” en su escritorio, poco a poco todos aquellos que le sonreían con amistad la veían como una mosca muerta que jugaba con el corazón de los chicos. Una puta que sólo se aprovechaba de todos, ahora estaba sola, totalmente sola luego de estar en la cúspide, se sentó con su libro, viendo las miradas burlonas de todos, menos la de Barlen, él sólo la miraba con desprecio. Guió su mirada hacia Lionel que al parecer recibía una reprimenda de Helheim por algo que él ignoraba y no parecía prestarle mucha atención. Todos tenían a alguien sean populares o no, todos... todos... menos ella.

    —O-oye... oye... ¿p-podemos trabajar juntas? —esa vocecita la despertó, era esa chica tímida llamada Paracelsa.

    —¿C-conmigo?

    —S-sí... ¿P-puedo?

    —Pero... ya no soy popular y... ¿Has oído los rumores acerca de mí?

    —N-no me importa... yo creo... creo... ¡que eres genial! —Y Pink guió su mirada hacia la cabeza de la chica, aún tenía el lazo. Sonrió ampliamente y le dio un lugar.

    Nadie estaba totalmente solo en este mundo y eso era maravilloso.

    Las cosas iniciaban a pintar bien con esas subidas y bajadas, pero esa nueva entrada a la impopularidad trajo con sí un evento poco tranquilizador para todos esos muchachos de primer año que se adentraron al oscuro secreto del segundo año, cuando un grupo de sujetos les dieron la bienvenida, se alegraba de no estar sola en eso, e incluso Paracelsa que se moría de miedo le sostuvo la mano con fuerza. Pero incluso en ese terror, Pink se sentía mejor al ver la mirada siempre tranquila de el liante, no importaba lo que sucediese o cómo, Lionel siempre se veía impasible, sin temor alguno, era un muro de piedra que jamás se dejaba desmoronar por nada del mundo. Ella lo admiraba con locura, pero al lado de él estaba Helheim con ojos brillantes ante la revelación y como siempre sus gritos de felicidad lograban que todo el lugar se iluminase, como una montaña al final de una cordillera ella sólo estaba atrás, observando quieta mientras el sol iluminaba todo a su alrededor. Suponía que así estaba bien, así mientras éste iluminase, ella podría observar su sombra con tranquilidad.

    Sin embargo, ella era diferente al resto, eso era evidente cuando los deprimidos presentes se reunieron, recibiendo la bienvenida de la llamada Enone, su aroma a alcohol la a hacía reconocible y siempre iba acompañada de su mano derecha, un varón alto pero de mirada gentil llamado Adi, la chica sólo se quedó quieta recibiendo las indicaciones que recibían todos los deprimidos del sector.

    —Recuerden nuestra máxima regla: Primum non nocere —La mirada confusa de todos logró que Enone suspirara, tomándose la nuca. Adi rió y explicó.

    —Somos la fuerza médica de Durkheim, nuestra labor es curar y no hacer daño, esa locución latina significa: Primero, no hacer daño. Siempre debemos asegurar los posibles daños que podemos causarles a nuestros pacientes. Nosotros debemos estar atrás, dando vida, jamás quitándola.

    —P-pero... ¿S-si estamos en problemas? No podemos defendernos...? —Las miradas se dirigieron a Pink y Enone sacó una piruleta de licor que tenía en la boca.

    —No lo hagan... —dijo con voz calmada hasta sonar seria —. Esa es labor de otros.

    —¿P-por qué...? —Enone le dio la espalda —...S-señorita Enone...

    —Porque las criaturas sedientas de sangre deben reposar por toda la eternidad.

    —N-no lo entiendo...

    —Es mejor así y si no quieren entenderlo es mejor que sigan estas órdenes —dijo Enone mientras Adi aplaudía y daba por finalizada esa reunión.

    En esos momentos la confusión logró penetrar cada parte de su ser, pero pronto lo descubriría y entendería el mensaje de dolor que había quedado como un vestigio de una naturaleza que había quedado olvidada.


    En un mundo de seres muertos similares a flores marchitas un par de individuos veían el cielo gris mover nubes que lloraban con intensidad mientras bocas rodeaban ese panorama surreal y parecían expulsar aire que como tormenta los movía desde abajo. Ese dúo compuesto por Pink y el chico de cabello rojos parecían estar asediados por las tormentas provocadas por esas bocas. Pink intentaba sostenerlo, pero él parecía querer avanzar.

    —No debes moverte... tus heridas...

    —¡¿A quién le importan?! D-debo ir...

    —Pero no puedes... debes descansar sino podrías...

    —¡¿A QUIÉN LE IMPORTA LO QUE ME PASE?! Debo ir... ¡Lucy...! ¡Lucy! ¡Debo rescatarla! —se arrastró, moviendo su brazo maltrecho que a mala pena podía sostener una espada con motivos espaciales —. Lucy... espérame... ya voy... estarás bien... —se dijo a sí mismo, ignorando el camino de cadáveres que eran meros familiares muertos y otros seres difuntos que no eran familiares ni seres mentales: Eran seres humanos, miembro de su escuadrón que Pink no pudo rescatar y eso aún le removía el estómago, era inútil. Inútil para ser una deprimida. Si tan solo... tan solo... pudiera regresarlos, si tan solo pudiera... —. ¡LUCY!

    —¡L-lionel, por favor! Serás el próximo líder del consejo... debes... debes sobrevivir... tú... —lo abrazó de la espalda, pero fue lanzada hacía atrás por el varón.

    —Ese puesto se puede pudrir, sin Lucy... ¡Bien podría estar muerto! —vociferó con fuerza.

    —¡Lioneeel! —ese grito femenino era evidente de quién era, y como si las fuerzas se hubiesen renovado el varón corrió siendo seguido por la joya que notaron que la albina era sostenida por una de las lianas de un aterrador monstruo: Habían hallado al jefe.

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    —¡Lucy! —dijo el otro, Pink no sabía que hacer, y más cuando el monstruo abrió sus fauces para devorar a la chica, Lionel entrecerró su ceño, antes de subirse a un árbol.

    —¡Es peligroso! —gritó la joya, pero fue ignorada y el varón se lanzó, liberando a la albina que cayó en manos de Pink.

    —¿Helheim estás bien...? —comentó Pink, y la albina asintió velozmente.

    —Pero... Lionel... él... él...

    —¡HUYAN MALDICIÓN! —Ahora era su turno de ser rodeado por las lianas mientras el ácido corrosivo de la planta demoniaca iniciaba a derretir su ropa y gran parte de su piel que le causaba quemaduras, pero al fondo de la criatura, Lionel pudo ver algo más aterrador: La verdadera forma del jefe, un ser encadenado a una cruz que liberaba una luz tan cegadora que tuvo que cerrar sus ojos—. ¡RÁPIDO!

    —No... no... no... —En sus brazos, Lucy inició a golpear el pecho de Pink —. T-te lo ruego... haz algo por Lionel, yo no puedo salvarlo, él... él... morirá... morirá... —Lloró como nunca, Pink jamás había visto llorar a esa luz perenne de forma tan notoria, nunca en su vida, verla tan desesperada le causaba un enorme pesar, pero ver al pelirrojo en esa misma situación no era lo mejor —. ¡POR FAVOR!

    —S-soy una deprimida... no puedo... no puedo...

    —T-te lo ruego... por favor...

    “El monstruo dormido sediento de sangre...”

    —No... no...

    —Por favor...

    —¡NO!

    —¡POR FAVOR!

    “Despertará...”


    Una luz que brilló en su pecho formó una especie de esfera que ocupó gran parte de su pecho en el sector de su corazón, mientras la tierra iniciaba a marchitarse a sus pies. Lucy bajó inmediatamente, notando como poco a poco todo inició a moverse: Los familiares muertos resurgieron y como un pequeño ejercito rodearon a Pink, la albina tan sólo retrocedió mientras Pink alzaba su mano y todos los familiares muertos corrieron en dirección de su jefe, mordiéndolo y atacándolo, logrando que la bestia soltara a Lionel y el ser de la cruz solo gritó, gritó como nunca.

    —Gracias... —agradeció, pero la chica aun estaba concentrada con el jefe —. ¿E-estás bien...?

    —¡Lionel!

    Y ahí lo vieron: Su escuadrón muerto estaba caminando con sus armas invocadas. Los muertos ahora peleaban contra esa criatura, siendo despedazadas mientras ni sus familiares difuntos le ayudaban, y lo mordían y lo atacaban, adentrándose a su boca y ahora penetrando al ser crucificado.

    —¡Despierta! ¡Despierta!

    Las bocas del cielo comenzaron a gritar de miedo, obligando a Lionel y Lucy a cubrirse los oídos.

    —¿No es asombroso, chicos? ¡Ya todos estamos juntos! —comentó con una enorme sonrisa, mientras extendía ambas manos y dio un giro—. ¡No murió nadie...!

    Pero el terror, el profundo terror se pudo vislumbrar a sus dos compañeros, mientras la pequeña chica y su ejercito de muertos vivientes eliminaron todo a su paso.

    —¿Chicos? —Lionel extendió su espada y se puso en posición defensiva.

    —¿Lionel?

    Eso fue lo último que vio antes de desmayarse, y todo se desvaneció de un momento al otro, no lo supo... nunca lo supo, pero algo recordó: Lo viva que se sintió. La vida que dio, eso era increíble. Tan increíble que rozaba lo innatural, pero la naturaleza era cruel, y la crueldad era simplemente repugnante.

    —Me desobedeciste, ¿eh? —En aquella camilla de hospital, la chica que se encontraba recostada pudo ver a su jefa viendo un microscopio, no parecía enojada, sino que mantenía su clásica sonrisa sibilina.

    —Lo lamento... es que Lionel... él...

    —Así que... ¿Te gusta? — Enone sonrió, viendo como su aprendiz extendía ambas manos y negaba —. Ya veo — suspiró —. Una lástima, eso hubiese sido bastante beneficioso.

    La mujer entonces prosiguió con su investigación, observando aquel microscopio y apuntando algunas cosas, no notando la mirada confusa de su alumna, hasta que se detuvo; dio una risita y luego puso sus manos al borde de la mesa y miró hacia el techo. La líder de los deprimidos no supo cómo actuar y tan sólo repitió lo dicho.

    — Pero es un beneficio que no te puedo obligar a efectuar.

    — Be... ¿Beneficio?

    —Es bastante sensato que el futuro líder del consejo y la futura líder de los deprimidos estén juntos; así todo lo que hice con Surt no se estancará y... — La mirada fugaz de su alumna se posó en ella, pero la mujer rió antes de tocarse la nuca —. Olvídalo, desvaríos míos. Estoy trabajando demasiado — la mujer pensó que todo estaría olvidado, pero la pequeña se alarmó algo sorprendida.

    —¡¿F-futura líder?!

    — Oh, ¿no te lo dije? Serás mi sucesora, lo hablé hoy en el Santo Consejo.

    —P-pero con lo que pasó hoy... yo... yo... soy peligrosa.

    —Precisamente, ahora sabes qué sucede y podrás evitar que pase con otros.

    —Y... ¿Adi? Él... él parece mejor preparado y...

    —Él debe encargarse de su labor en la nueva división —Aquella palabra confundió a Pink —. ¿Oh? Durkheim tiene un equipo de inteligencia, se encarga de hacer investigaciones y nuevas tecnologías, es un grupo muy selecto que los del Santo Consejo aprobamos. Fue creado por Aracely gracias al patrocinio el líder de los discapacitados y la aprobación de Surt.

    —¿N-no deberías ser parte, señorita Enone?

    —No estoy para investigaciones de ese calibre ahora, mi único deseo es ayudar a Surt. —sonrió —. Por otro lado, Adi... él es diferente. Tiene la juventud y la curiosidad de su lado. Además de la sabiduría suficiente para no dejarse llevar.

    —¿Dejarse llevar...?

    —Haces muchas preguntas, dulzura —rió la otra.

    —¡L-lo siento!

    —Oh, querida, fue un cumplido. ¿Qué deprimidos seríamos si no tuviéramos curiosidad?

    —Yo... yo... estoy asustada.

    —¿De qué? —preguntó Enone.

    —De mí.

    —Nosotros los deprimidos no debemos luchar.

    —Sí... lo sé pero... somos capaces y...

    —Nunca dije que no pudiéramos, sino que no debemos.

    —Realmente... ¿Nos volvemos locos? ¿Por qué? ¿Y qué paso con aquellos deprimidos que lucharon y sobrevivieron, y además se graduaron? Ellos...

    —Uno no puede hacer dormir al monstruo para siempre una vez despierto.

    —¿Uh?

    —Asesinos seriales, cirujanos, psicópatas o taxidermistas, dependiendo de cómo sublimes podrás ser una persona útil o peligrosa. No importa el punto, una vez despertado thanos, eros lo buscará. Todos aquellos que damos vida, de un lado desearemos la muerte. Nosotros estamos malditos, destinados a volvernos seres adictos a la sangre una vez despertado nuestro monstruo.

    —¿Monstruo...?

    —La curiosidad... es un monstruo sediento de sangre.

    —Yo...

    —¿Amas a tus compañeros deprimidos?

    —¡Claro que sí! ¡Son asombrosos!

    —Entonces no los hagas luchar, cueste lo que te cueste. O verás que poco se desvanece esa ternura y amor sacrificado que poseen. Ellos, sí, poco a poco se pierden en su curiosidad, en sus deseos inmorales hasta que lo que amaste de ellos se pierde, se consume y el monstruo los devora.

    —No sé... yo...

    —Si realmente los amas no permitirás que conozcan el furor de la batalla, los protegerás del mayor monstruo de todos: Ellos mismos.

    Y el silencio llenó la sala.

    Ese día, Pink tan solo caminó, sosteniendo su mochila con ambas manos, tenía muchas cosas en la cabeza. Demasiadas que su cabeza apenas podía contener todas, hasta que se ocultó atrás de una de las paredes de la escuela, viendo a dos individuos discutir bajo un árbol, eran Lionel y Helheim, verlos discutir era bastante animado, especialmente por la voz llena de vida de la albina.

    —¡No vuelvas a hacer una tontería como esa!

    —¿Qué tontería? No tienes arma, pudiste haber sido devorada.

    —¡P-pero casi... casi... te mueres!

    —Sabes que me da igual morir.

    —¡PERO A MÍ NO, IDIOTA!

    —No entiendo porque te importo tanto, deberías...

    La albina se lanzó al pecho de Lionel y comenzó a llorar, para luego tomar con sus uñas la camiseta del otro y apretar más su rostro, mojando con sus lágrimas los ropajes del varón que suspiró y le daba suaves palmadas a su cabeza con bufidos.

    —No quiero que nada te pase... nada... nada...

    —Eres una idiota... una grandísima idiota.

    El corazón de Pink dio un brinco pero sonrió algo triste, viendo como ese par se observaba con ojos tristes, pero sonrisas cómplices no tardaron en adornar sus rostros. Pink, deslumbrante decidió salir, su corazón le dolía, pero a su vez adoraba ver a ese varón sonreír incluso si no era ella la que provocaba ese gesto, se sostuvo ambas manos y su rostro brilló.

    —¿Eh... tú? —Lionel parecía sorprendido —. Lamento lo del mundo mental y...

    —¡Se ven tan lindos juntos! —dijo con voz radiante, sosteniendo la mano de Lionel y luego la de Lucifina —. ¡Parecen hechos el uno para el otro!

    —¿Yo con ella? Pff... Para nada... —se liberó, y también del roce de su mano con el de la albina, que se limpió las lágrimas con su antebrazo.

    —¡No te creas tanta cosa, cabezón!

    —Dímelo tú...

    Dos corazones incapaces de admitir sus sentimientos, y otro que se rompía en silencio. Pink gustaba en verlos, hasta que se fueron con despedidas escuálidas hacia ella, pero miradas cómplices entre ellos. Era doloroso, pero Pink sólo suspiró y aceptó eso. El amor era un sentimiento hermoso incluso si no iba dirigida a ella, como tal ella lo aceptaba, comprendía y aprendería a resignarse a él.

    —Qué madura —esa voz suave provino de alguien, Pink volteó.

    —Adi...

    —El amor es curioso, ¿no? Te puede hacer sentir bien y a la vez tan miserable.

    —Mientras él sea feliz estaré bien —subió sus hombros, hasta sentir al varón desordenándole los cabellos, sensación que se sintió nostálgica.

    —Si todos fuésemos como tú sin duda no habría peleas o discusiones que sólo crean discordias entre nosotros.

    —¿Uh?

    —¿Si no te hubieras resignado que hubiese sucedido?

    —P-posiblemente estaría molesta con Helheim y la odiaría mucho por quitarme la posibilidad de, bueno, ya sabes.

    —La mayoría de nosotros peleamos por eso, es más, la mayoría de guerras o eventos catastróficos entre nosotros los seres humanos radica en nuestro deseo de tener algo que otro tiene, como si todo fuese una pelea por obtener la posesión de algo o alguien. Visto así, no es ser muy diferente a una manada de simios peleando por una banana. Creo que todos realmente evolucionaremos cuando veamos que todo es libre de ser amado y que nada pertenece a un ser.

    —¿A qué te refieres?

    —Oh... es algo difícil, ¿sabes? Pero creo que el amor es un ejemplo, por mucho tiempo éste es visto como un deseo de propiedad sobre otro ser humano. Deseas ser amado por él y que éste no ame a otros que no seas tú. Vaya, visto así, el amor es más un deseo de dominación en vez de un sentimiento que nos debería unir, más bien nos separa en diminutos grupos de pares que se componen de individuos nuevos que llamamos “familia”; pero no está en nuestra naturaleza estar separados, somos un ser social, por eso los individuos se unen con otros, uniendo familias, hasta que al final de nuevo estamos todos juntos. Es un pasaje muy largo para que al final regresemos a estar juntos. El amor no debería ser algo limitador, sino algo que crece, se expande y crea algo nuevo. Reducirlo a un mero deseo de poseer poder sobre otro, es algo sumamente triste.

    —Y-ya veo... —suspiró la chica.

    —Pero el amor ahora se ha vuelto algo negativo y triste, por amor la gente mata, por amor la gente muere, el amor... se volvió separación en vez de unión. Todo porque queremos el poder sobre otro, los celos, el odio, el rencor, nacen de un amor que perdió su verdadero rumbo hasta deformarse y volverse algo realmente aterrador.

    —¿Por qué...? ¿Por qué nos hemos vuelto seres tan horribles?

    —Porque nos hemos vuelto egoístas, individualistas y queremos hacer prevalecer nuestros sentimientos y pensamientos sobre otros. En vez de hallar el punto de encuentro, y entender que todos somos parte de un gran todo, al separarnos dejamos de tener forma, un espejo roto en varias partes, da un reflejo distorsionado, pero junto, realmente refleja la realidad. Pero para eso debemos pensar todos de la misma forma, y vaya... ¡Eso es algo muy complicado! —rió —, nuestro deseo de resaltar, de sentirnos especiales, de poseer algo que otro no y de hacer prevalecer nuestros ideales y pisotear los ajenos es lo que crea la discordia y las disputas, lo que crea guerras y dolor. La individualidad suena hermosa, pero es la causa de que la realidad sea dolorosa. Un cuerpo humano jamás funcionará bien si cada célula decide ir por su cuenta, es cuando todos somos uno que realmente alcanzaremos la verdadera evolución, pero por ahora, somos solo simios peleando por una banana, por creernos más merecedoras de ella que los demás primates.

    —Adi yo...

    —¿Um? —comentó el chico sin cabellera.

    —Yo siento que realmente... nunca seré lo que tú y Enone buscan. Ambos son tan sabios y ven más allá de lo que yo jamás veré. Realmente quieren que yo sea...

    —Por supuesto —no le dejo terminar e inmediatamente le sostuvo el mentón —. Tú eres mucho más de lo que tú crees, lo sé, lo siento, lo percibo. Porque pase lo que pase: Tú jamás te rompes.

    Adi era más que un vicepresidente que hacía bien su labor y lograba aconsejarla. Era un ser humano complejo, fascinante y misterioso. Su sibilina sonrisa y ademanes delicados con todos los seres que veía le hacían notar que el indonesio, era alguien con un corazón fascinante. Pero sin duda, más que conocerlo, Pink descubrió que lo desconocía y la curiosidad, aquel monstruo sangriento le hizo conocerlo más a fondo.

    —Así que... ¿Este es el famoso Voror? —Pink se sostenía del brazo de Adi que asintió. Estaba en un lugar del Nexo que ella jamás logrado interceptar.

    —Sí.

    Un salón de investigación, donde unos pocos individuos veían algunas cosas, habían infinidad de criaturas cristalizadas que cualquier podría definir como vestigios.

    —M-me sorprende que Surt haya estado de acuerdo...

    —Surt es alguien sumamente encantador —Alguien apareció desde la distancia, tenía los ojos cerrados, pero el can que la acompañaba tan blanco como la nieve declaraban inmediatamente la identidad del varón —. No cualquiera aceptaría un proyecto que parece más un grupo de conspiranoicos jugando a ser dioses —rió, su autoironía era peculiar. Lamento si no estamos todos, Adam tuvo que hacer, aunque... —se sostuvo el mentón con un dedo —. Él siempre tiene cosas qué hacer.

    —Y... ¿Qué investigan?

    —Todo —respondió Maximilien.

    —¿Uh?

    —La humanidad, tenemos curiosidad.

    —¿A qué te refieres?

    —Por mucho tiempo los seres humanos hemos vivido limitados por aquellos pensamos y por aquello que sentimos. En cierto sentido, ¿no es el razonamiento lo que nos diferencia de los animales?

    —Max —gruñó la dingo.

    —Oh, lo lamento Light, quise decir, nuestro subconsciente siempre ha sido un misterio aunque toda la vida se halle dentro de nosotros, nunca estuvo tan cerca de nuestro conocimiento: Hasta ahora. Con el Proyecto Monarca hemos accedido a parte de nuestra humanidad que primero era desconocida, hallando en ella mundos diferentes y concepciones diferentes de la realidad. Y poco a poco, examinables para otros.

    —Yo... comprendo...

    —Claro, es fácil, pero que haya muchos mundos, ¿no significa que existe un universo que los contiene? Una especie de subconsciente colectivo que desconocemos. Podemos conocer todos los planetas que queramos, pero si no conocemos el universo del cual provienen, sencillamente seremos peces descubriendo nuevas anémonas, pero no siendo conscientes de a qué océano pertenecemos o siquiera dándonos cuenta de qué es el agua realmente.

    —¿Subconsciente colectivo?

    —Claro, algo que va más allá de nuestro conocimiento, que contiene todos los mundos dentro de nosotros. Todos los Nexos, todo...

    —Pero es imposible que alguien contenga tantos mundos sin...

    —Sin ser caníbal, efectivamente, los caníbales resisten muchos mundos mentales hasta caer en la locura y cuando superan un límite se vuelven una fiesta caníbal, una consciencia colectiva absoluta que se vuelve un concepto y una realidad totalmente diferente.

    —Ustedes... realmente saben muchas cosas.

    —¿Uh? —Ambos hombres se sorprendieron por las palabras de la chica.

    —Yo realmente no entiendo mucho, pero... si eso ayudará a otros, yo creo que están haciendo algo asombroso.

    —Ah... ¿Es curioso, sabes? Entre más pienso lo medible y fácil de describir nuestro subconsciente, más pierde ese aire divino y ese misterio innato que nos hacía sentirnos humanos. Vaya, hasta pensarlo te hace darte cuenta si realmente seguimos siéndolo. Inmiscuyéndonos en mundos mentales, controlando la psiquis de otros, actuando como reparadores del daño ajeno. Me pregunto si seguimos siendo humanos, o ahora somos sólo máquinas.

    —...

    —Aunque supongo que tiene sentido, las máquinas también tiene clasificaciones, ¿no? Algunas serán mejores que otras.

    —¿A qué te refieres, Max?

    —¿Nunca te has preguntado quién elige a los líderes del consejo?

    —Yo... creí que se elegían entre ellos... ya sabes, si un estudiante parecía tener las aptitudes, ellos...

    —No, no es así — agregó —. Benetnasch los elige...

    —¿El mundo de los vestigios?

    —El espíritu del Nexo como tal, un conjunto de subconscientes cristalizados de todos nuestros estudiantes, no, de todos los jóvenes que han estudiado aquí. Y a su vez, ellos pertenecen a algo más grande, es como si ser líder del consejo fuera una potencialidad divina. No todos nacimos para serlo, a ellos los sigue el llamado “halo” del líder del consejo, son elegidos por el Nexo mismo, no, por los vestigios mismos, por los mundos mismos, por el gran subconsciente mismo. Como si fueran una llave para conocer algo más. Por algo son nuestros mensajeros entre nosotros y el Proyecto. Y si alguien sin ese halo es elegido... es sabido que cosas horribles pasan.

    —Aterrador...

    —Sin duda, pero... ¿Por qué ellos son elegidos? ¿Por qué no otros? ¿Es qué acaso entre la misma humanidad, hay seres humanos que son más humanos que otros? ¿Y quién es aquel que elige? ¿Y cómo sabe el proyecto que el elegido es realmente alguien sustraído de la voluntad máxima?

    —Son muchas dudas...

    —¿Y por qué los vestigios son tan importantes? Ah... realmente sueno como un idiota conspiranoico.

    —No te preocupes, Max, ella lo entiende, por eso la traje —comentó Adi, poniendo una mano encima de su hombro.

    —Yo solo me pregunto que en este mundo donde todo se mide, todo se controla, todo se conoce... ¿Seguimos siendo humanos...?

    —...

    —Y si no lo somos... ¿Qué somos ahora?

    “¿En qué nos estamos convirtiendo?” ​


    Dudas que vibraron en el corazón de una muchacha pura que pronto tuvo que crecer deprisa con la muerte de tu antecesora. Lo de Enone fue algo que jamás se esperó, el luto que vivió tuvo que ser corto, pues ahora era alguien que debía guiar a otros con la regla máxima de los deprimidos. Muchos dirían que era limitador, que era absurdo, pero era por amor. El deseo de conservar a sus alumnos como humanos, como niños, no permitiendo que el espíritu del monstruo los consumiera, haciéndoles ver que era mejor dar vida que quitarla, y observar sus sonrisas, sus ademanes tristes, sus emociones humanas solo hacían crecer en ella los deseos de proteger a sus jóvenes aprendices, pero sobre todo de cuidarlos, de ellos mismos. Adi la ayudó mucho en eso, ella aún tenía gestos torpes y un nerviosismo único, pero el sabio indonesio lo guió por el camino, no sólo del conocimiento y el liderazgo sino del amor y la comprensión por otros. Un crecimiento mutuo que floreció como un amor edificador que plantaba conocimiento y energía en la mente de la jovencita. Un amor intelectual, un amor por la sabiduría, algo que se expandía entre ambos, como una melodía infinita que parecía no tener inicio y tampoco final.

    —Hoy hay muchos pacientes, señorita —dijo alguien con mirada silente, era Seth —. Iré a atenderlos a la otra sala.

    —La cacería... se está poniendo realmente intensa, espero que todos estén bien —susurró la líder —. Todos...

    Nadie entendió es que entre esos todos estaban incluso los cazados.

    —Como si los caníbales fueran a parar, hay pocas posibilidades de eso —suspiró un chico rubio de profundos ojos azules: el perezoso Dice —. Esos monstruos son insaciables.

    —N-no digas eso... ellos no son monstruos, solo... están confundidos.

    —Eres demasiado buena a veces, rozas con la ingenuidad —comentó el amo del tablero —, pero no niego que tienes un corazón bastante grande. Y realmente adoro que tú me atiendas y no la pesada de Rosemary.

    —¿No te sientes mal que los tuyos cacen...? ¿En matar personas?

    —Nos enseñaron que los caníbales no son personas, supongo que eso lo hace todo más fácil. Además así evitamos que otros mueran y sean devorados.

    —Es muy triste matar para evitar muertes...

    —Fuego contra fuego, supongo.

    —¿Eso no los hace iguales a los caníbales? Ambos matan... ustedes, ellos...

    —Nosotros matamos para salvar vidas, no somos iguales.

    —¿Pero quién salva a los caníbales? Ellos... ellos siguen siendo humanos, siguen siendo vidas, muchos de ellos fueron nuestros amigos, ellos...

    —Precisamente por eso los matamos, porque son nuestros amigos y nos lo queremos ver reducidos a meros monstruos.

    —¿Entonces prefieres no verlos nunca más?

    —¿Eh?

    —Cuando una persona muere nunca más la podrás ver y... eso... eso... es horrible —lloró la chica, rememorando todos sus amigos que perecieron en el hospital, recordando la sonrisa de Herzel —. Se vuelven polvo... se vuelven... parte de nuestros recuerdos y nada más... pero ya nunca nos podrán abrazar, tocarnos la cabeza ni decirnos... ni decirnos... ¡Lo mucho que nos aman! Por mucho que lo digan... por que... que... que... lo pongan... ¡La muerte es algo horrible!

    —Lo es...

    —¿Entonces porque la debemos suministrar? Entonces por qué...

    —Por la gente que amamos.

    —¿Amor?

    —Yo mato caníbales no porque sean peligrosos o porque crea que cumplo una labor divina —negó —, los mato por ti. Porque... no quiero que te hagan daño...

    —Dice... —El chico tomó los cabellos de la chica que se quedó paralizada hasta que alguien abrió la puerta: Era Adi.

    —¡Adi! Yo... yo... —Pink intentó explicarse, pero Dice tomó la iniciativa.

    —Pelón, me declaro tu rival, ya no puedo ocultar más lo que realmente siento.

    Pink se quiso poner en medio entre ambos muchachos, pero no logró evitar que Adi se inclinara y fuera hasta el rubio con rostro serio, hasta que luego lo apresó con sus brazos en en... ¿Un abrazo? Pink estaba sorprendida, pero luego fue incluida en ese intercambio amoroso.

    —¿Por qué una declaración de guerra? ¡Amor! ¡Que todo sea una declaración de amor! ¡Que el amor no limite! ¡Que el amor crezca y se expanda! ¡No que posea y destruya...! —vociferó el otro, Dice se sorprendió, pero dio una suave risita y sonrió, eso sin duda no estaba en sus posibilidades pero lo aceptaría, y Pink no supo como reaccionar, pero continuó abrazada por los chicos —. Donde dos corazones laten, ahora latirán tres. ¿No es fascinante?


    En un mundo donde el amor prevalece poco a poco el odio buscará corromperlo y pronto el avenir de la guerra lo demostró. Los amigos de Pink que ella había aprendido a amar, cada uno de sus adorados niños que amaba con locura perecía en campo de batalla por un evento en el que nadie ganaba, viendo un tablero vacío, ella no podía volver a ver los hermosos ojos azules de Dice, y sólo podía sentir el abrazo de Adi que la acercaba a ella, diciendo que algún día lo recuperarían, algún día... pero esa guerra, ese dolor y los muertos, poco a poco parecían jamás terminar...

    —¡Debemos tomar bandos! ¡Ahora! ¡Podemos pelear! —gritó un muchacho rubio con esos ojos azules tan bellos que le recordaban a Dice.

    —No... no lo haremos, pequeño ángel —respondió Pink, acomodando un nuevo muñeco que se parecía a Genie, recibiendo solo la actitud rebelde del jovencito, esa fuerza, ese increíble deseo de resaltar era lindo, y eso provocaba en Pink un deseo mayor de protegerlo, con todo lo que tenía. No lo perdería, no lo haría como el resto de sus chicos —, cada vida debe ser protegida, no elininada.

    Con la destrucción de Voror desde el ascenso del león negro y las nuevas políticas, la nueva guerra y demás. Muchas cosas habían cambiado en la academia, los tiempos donde eran los bebés de Surt o de Enone habían pasado, y ahora ellos eran los padres fundadores de una nueva generación. Una que estaba dejando innumerables muertes, y grandes cambios para todos. Pink se preguntaba si realmente le dejarían algo bueno a las futuras generaciones cuando cada vez se iban agregando nuevos muñecos a su colección, tantos que ya no encontraba lugar para ponerlos. Uno por uno caía, el amor y todo... desaparecía...

    Desaparecía...

    Para siempre...

    Nunca regresarían..

    Porque incluso la memoria humana no era infalible. ¿Y si ella los olvidaba? Entonces era como si su existencia nunca hubiera podido adentrarse a su ser.

    Ojalá un milagro pudiese recuperar todo de ellos, ojalá todo se detuviera y el llamado milagro lograra que todos vivieran.

    Entonces ella se dio cuenta que si el milagro no aparecía.

    Ella lo forzaría a aparecer.


    El canibalismo aquel acto tan repugnante le devolvió a sus amigos, sus pensamientos, sus temores, sus amores, todo estaba dentro de ella, nunca los obligó, ellos deseaban no ser olvidados, no perecer en ese mar de degradación llamado guerra. Poco a poco eso la obligó a huir, escapar lo más lejos posible, pensó que estaría sola, lo aceptaría y viviría con eso, pero un caballero se negó a dejarla sola: Jaspe llegó como un muro de piedra que le impedía caer en la absoluta desesperación que ese territorio hostil, sin vida y muertos por doquier le provocaban deseos de desistir, él estaba ahí y secaba sus lágrimas. Nunca le importó qué era, ni qué podría ser. Él estaría siempre con ella, lo prometió bajo la luna y con una reverencia. Princesa, sí, así le hizo sentir, ¿princesa de qué?

    —De vida...

    —No... tú sabes que yo soy...

    —Tú solo velas por la vida, la paz y que todos estemos juntos. Una persona como tú jamás será malvada.

    —Jaspe...

    Así nació la Cruz Azul, un deseo triste y solitario de mantener a las personas que quería, todas. Independientemente de su bando, todos eramos humanos, todos alguna vez fuimos amigos. Y ella lo sabía, nadie debía perecer nunca más, incluso su pequeño ángel, contrario a todo, se hallaba ahí y juró lealtad, poco o nada le importó a Pink lo de su brazo, si eso mantenía al ángel en su cielo. En uno suave, tranquilo, azul, una especie de refugio donde la guerra aún no había penetrado. Fue una noche, una como cualquiera en el que ella quiso ver la luna, la única que aún no se había llenado de sangre, no al menos desde la noche carmesí donde Lionel perdió su humanidad. Pero ahora se veía tan calma, tan quieta y bella. El movimiento del pasto le hizo darse cuenta que alguien se acercaba a ella, Jaspe se puso en posición de ataque, pero del lugar salió un ciervo y Pink detuvo a su caballero.

    —Max...

    No era un ciervo, era un hombre con las vestes de uno, vestido elegante pero sin su máscara.

    —El seis de Lucifina —clamó Jaspe.

    —Baja el arma, quiero conversar —dijo mientras Light se recostó en el pasto —. Con ella.

    Un mundo... que no paraba de cambiar...

    —Eres una caníbal, ¿no?

    —...Lo lamento.

    —Yo también...

    —...Yo.. tú... no sé qué decir.

    —No tienes que decir nada, sólo me sorprende tu estado mental, te ves tan radiante como cuando te conocí. Eso es un don muy hermoso.

    —No me siento orgullosa de eso —comentó viendo la luna —, pero lo hice porque ellos me lo pidieron. En un cierto sentido, es como si los tuviera siempre a mi lado.

    —Dicen que entre más ame la humanidad el caníbal, más fácil le resultará aceptar esos mundos, pues éste comprenderá que todo ser humano es horrible y a la vez bello. Quizá la consciencia colectiva no sea muy diferente a nosotros, ¿quién sabe? Solo alguien que ame demasiado a la humanidad puede contener tantas realidades dentro de sí. La absoluta empatia nos vuelve un concepto, ascendemos a otro plano desconocido y misterioso.

    —¿Por qué esta guerra continúa? Y solo podemos ver... sin hacer nada...

    —Porque somos egoístas, porque pensamos diferente, porque somos almas vagando por rumbos diferentes.

    —Si todos pudiéramos pensar igual... si todos pudiéramos ser hermanos, si todos fuésemos un único ser, si todos... pudiéramos estar eternamente abrazos, quizá... solo quizá...

    —Alcanzaríamos una utopía.

    —Max... ¿Soy un monstruo?

    —Si ser humano es amar las guerras y ser un monstruo es repudiarlas, pienso que no hay nada de malo en ser uno.

    —Quiero ayudar, pero... la muerte no es la respuesta.

    —Ah... ¿Quién sabe? En estos momentos siento que no sé nada...

    —Ni yo tampoco.

    —Bueno, será mejor que me vaya...

    —Max... ¿Puedes quedarte?

    —Es peligroso... soy un número, ¿sabes?

    —Lo sé, pero eres como yo.

    —Somos los vestigios de una futura humanidad, dame la mano —él levantó a la chica que estaba sentada encima del pasto, mientras Jaspe estaba recostado en el árbol con los brazos cruzados y vio ese escenario de reojo —. Pase lo que pase... busquemos que la humanidad brille...

    —Y la paz vuelva a nacer...

    —En estos seres de guerra... humanos no humanos... que no conocen la libertad de ceder a sus deseos destructivos.

    —Encadenados a su propio deseo de hacer daño.

    —Son crueles, pero los amamos, por eso... los tenemos dentro de nosotros como ningún otro podría.

    —Gracias, Max...

    —Gracias a ti...

    —No te vayas nunca.

    —¿Ah? ¿Ya iniciamos una promesa? Sin duda extraño a Adi. Por cierto hay algo que te quiero dejar por si...

    —No... no rompas la promesa...

    Promesa que se rompió cuando la chica volvió a tejer un nuevo muñeco con ojos pálido y cabello ligeramente rojo: Max había caído, su única conexión con un mundo que solo ellos podían acceder sin ser juzgados. El mundo era así, tendía a arrebatar todo lo que ella amaba, y eso no pararía, quisiera o no, la muerte la iba a seguir, pues era parte de ella, tanto como su deseo de evitarla, correr no serviría, era hora de enfrentarla. Por eso cuando vio a Jaspe desaparecer entre sus brazos, cayó en el dolor de saber que este mundo nunca sería bueno.

    Nunca nunca...

    Pero ella lo forzaría a hacerlo.

    En medio de esos muñecos de gente muerta que jamás regresaría, ella abrazó todos los que podía mientras alguien la veía desde afuera.

    —Pronto... estaremos todos juntos, ni la muerte, ni el dolor, ni las guerras nos separarán...

    Ella desafió la muerte.

    Ella dio su humanidad por su amor infinito a la vida.

    Quizá... ella era la última humana y todos los demás solo éramos monstruos, resignados a devorarnos como animales. No lo sé, oh... no sé nada, pensó Engel.

    Crear un milagro...

    El mundo donde todos volveríamos a ser hermanos. Sin distinciones ni guerras.

    —¡Diamond! ¡Diamond! —Engel quiso correr por aquella infinita oscuridad, notando que su voz fue captada por la dama que también corrió hasta que al final ambos chocaron contra un espejo que alteró su reflejo. En ese momento Engel vio a Diamond distorsionada, y notó que en esos momentos era Madre Gaia —. Diamond... yo... yo... te recuperaré.

    —Así que ya sabes qué hacer... —dijo el hombre ciervo.

    —Sí, debo hablar con Diamond.

    —¿Le quieres hacer cambiar de opinión?

    —¿Importa lo que quiera?

    —Quién sabe.

    El chico se adentró a la última puerta, ya no miraría atrás. Ya no lo haría. De ninguna forma, ahora tenía una misión y era: Recuperar a Diamond, cueste lo que cueste.

    La oscuridad daba paso a un lugar más oculto que poco a poco lo enfocó, Engel pudo ver la figura de Maximilien atrás y él en un escenario. Tomó el micrófono y vio como el hombre ciervo aplaudía, dándole una señal obvia de que cante.

    —Quiero escuchar tu nota. Tu melodía. Tu ser.

    Y eso dio el inicio a todo. A absolutamente todo.

    Él tenía claro qué banda, qué cantar. Por primera vez tenía claro qué quería hacer.


    ¿Hola? ¿hay alguien ahí adentro?
    Solo asiente con la cabeza si me oyes,
    ¿Hay alguien en casa?
    Vamos, ahora...
    Escucho que estás deprimido.
    Yo puedo aliviar tu dolor,
    y ponerte de pie nuevamente.

    El caballero rubio inició a cantar, haciendo sonar su voz con claridad, logrando que el hombre ciervo aplauderia siguiendo la melodia.

    Relájate,
    necesitaré algo de información primero,
    solo los puntos básicos,
    ¿me muestras dónde te duele?

    Un dolor infinito que había penetrado cada parte del rubio. Algo que logró abrirle los ojos, y darse cuenta que estaba rodeado de amor. Un amor que el vio por mucho tiempo como limitación, todos evitaban que él se convirtiera en un monstruo.

    No hay dolor, te estás desvaneciendo,
    un barco a la distancia humea en el horizonte.
    Estás atravesándolo a oleadas,
    tus labios se mueven, pero no puedo oír lo que dices.

    Incapaz de escuchar, ahora aprendería a escuchar, se haría alguien capaz de continuar sin temer.

    Cuando era niño, tenía una fiebre,
    mis manos se sentían como dos globos,
    ahora tengo esa sensación una vez más.
    No puedo explicarlo, no lo entenderías,
    no es así como soy.
    Me he quedado confortablemente adormecido.

    Pero estaba saliendo de esa infancia eterna.

    O.K.
    solo un pequeño pinchazo,
    no habrá más (¡Aaaah!)
    pero puedes sentirte algo mareado.
    ¿Puedes ponerte de pie?
    Creo que está funcionando, bien.
    Eso te mantendrá de pie en el espectáculo,
    vamos, es hora de irnos.

    Era hora de madurar.

    No hay dolor, te estás desvaneciendo,
    un barco a la distancia humea en el horizonte.
    Estás atravesándolo a oleadas,
    tus labios se mueven, pero no puedo oír lo que dices.

    Seguir el camino que se había propuesto. Su terquedad era de familia.

    Cuando era niño,
    capté un rápido vislumbre
    desde el rabillo de mi ojo.
    Me volví para mirar, pero se había ido,
    ya no puedo poner mi dedo en él ahora.

    Ya no miraría atrás.

    El niño se ha ido,
    el sueño se terminó,
    me he quedado confortablemente adormecido.

    “¡Diamond iré por ti!”​

    Eso fue lo último que dijo antes de caer en un profundo blanco. A veces amar a una persona significaba rescatarla, de ella misma. Un odio y culpa que se transformaron en un sentimiento diferente, ya no se sentía con la obligación de, sino con el deseo de, más allá de todo, él nunca se lanzaría para atrás. Su vida era demasiado valiosa y las personas a su alrededor que lo cuidaron, lo demostraba. Perfección, miedo, todo absolutamente todo se difuminaba en la nada. El odio, el rencor, todo tenía sentido, protegido de él mismo, de volverse un monstruo. Incluso las prohibiciones significaban amor. Lo entendió, realmente lo entendió. Era un niño, pero ahora se sentía con el auge de crecer y ser llamado... un adulto. Y continuar el legado formado por sangre, sangre de monstruos.


    Me da flojera poner colorcitos ;_;

    LeoLeo listo el réquiem. Gild sigue queriendo rescatar a Diamond, pero nos ayudará con tal de que la llevemos a ella.
    AmakiAmaki
    TaKaTaKa
    zXArtemisXzzXArtemisXz
    CorventCorvent go
    Velvet.Velvet. go
    AhkilendraAhkilendra
     
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  6. Leo

    Leo ¿No ves que te voy a matar (con feels)?

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    Era extraño. Todo se sentía como un concierto de dolor. Cubrir a su compañero de curso mientras cargaba su cañón, las llamas de Rengnar manteniendo a raya las bombas de Genie, quien además debía preocuparse de los hilos de Andrés. Jihyun, destrozando salvajemente hordas de insectos, abriéndose paso hacia su viejo superior y siendo interceptado de pronto por su antigua subordinada. Rómulo y Remy haciendo lo posible para contener los ataques del enorme ciempiés. Y, cubierto por algunos insectos, Max, dirigiendo cual sinfonía a las criaturas que surgían de Kan.

    Parecía que todos, aliados y enemigos, bailaban al ritmo de su melodía.

    -¡Ven aquí, bastardo caníbal!-un latigazo de Fibrous lanzó a la discapacitada enemiga a un lado. Mas bastó que el Cu Sith flotando alrededor del ciego ladrase para que el segundo al trono fuese lanzado al suelo con violencia.

    -¡Oh, gran demo-!-el discurso de la caballero fue interumpido por un grito de su ahora compañero, empujándolo a un lado antes de que las llamas de la enorme criatura cayeran sobre él. No tardó en crear una barrera con los escombros a su alrededor para evitar otro ataque.

    -¡Muévete!-ordenó el otaku, levantando lo que parecían estacas apuntando hacia la bestias. La de armadura acercó su mano a estas, y uno de sus guanteletes se fijó en sus puntas, volviéndose flechas. En cuanto la barrera cayó, las lanzas fueron disparadas hacia el monstruo, quien retrocedió soltando un quejido.

    Mientras tanto, Rengnar comenzaba a verse obligado a retroceder, el aroma dulce llegaba hacia él a pesar de las llamas, y su vista iniciaba a nublarse. Otra bomba de humo voló en su dirección, quiso dispararle, mas la bola de fuego que lanzó falló por el mareo. Por suerte, los hilos de Andrés lo tiraron lo suficiente como para evitar la humareda que se levantó.

    -¿Estás bien?-preguntó el tercero, alzando un brazo y haciendo que un montón de hilos surgieran del suelo hacia Genie, quien debió moverse para esquivarlos, mas éstos la seguían como serpientes.

    -A-Algo…-replicó la dracónica, tratando de enfocar la vista. Mientras tanto, la deprimida, que hasta entonces había esquivado el ataque, fue agarrada por un hilo tras ella. Andrés iba a hacer caer el resto sobre ella, mas súbitamente algo lo hizo detenerse. A la distancia, una cruz sostenida por una persona de aspecto andrógino brillaba-¡Hey! ¿¡Qué te pasa!?

    -Hah… e-estoy bien…-poniendo las manos en el suelo, otra horda de hilos voló en dirección del otro deprimido, quien fue escondido tras una bomba de humo. De pronto, varios insectos iniciaron a caer desde el techo, buscando alcanzarlos. Fue entonces que un disparo de cañón logró calcinarlos antes de alcanzar su objetivo, seguido de un disparo que interceptó una bomba de humo en su dirección.

    -¡Aléjense!-gritó Franco, cubriéndose la nariz al sentir el aroma del incienso. En un ambiente cerrado como aquel era cuestión de tiempo antes de que la habilidad de Genie los superase.

    -Hay que hacer algo-el nipón le dirigió al chileno una expresión seria. Éste comprendió pronto a qué se refería.

    -¿Tienen algo en mente? No me están dando oportunidad aquí-replicó el tercero, notando que el humo se disipaba, y ambos deprimidos estaban del otro lado, cubiertos por algunos insectos. Por suerte, su número parecía estar disminuyendo.

    -Creo…-dijo el chileno, que comenzaba a sentirse mareado-pero hay que apurarla ya…

    -Háganme una abertura y nos encargamos del resto-dijo el de la máscara, dándole algunas palmadas al décimo, quien asintió ante algo que el resto no escuchó. El chileno tomó su arma con fuerza, tratando de calentarse. Sin embargo, se le hacía extraño que no sucediese. Provocar una emoción tan común para él a propósito resultaba más complejo de lo que creía.

    -Cresta…-un silbido en su oído le indicó al chileno que debía agacharse, y poco después una bufanda pasó sobre él, agarrándose a unos escombros e impulsando al coreano sobre él, quien se alzó por el aire hasta ser interceptado por el ciempiés gigante y su fuego. Sin embargo, los hilos del discapacitado lo cubrieron lo suficiente como para protegerse y devolverle el ataque con un puñetazo cubierto de fibras que logró hacerlo trastabillar. Rápidamente, una horda de ciempiés se movió por las paredes hacia el asiático, quien fue cubierto por varias lanzas hechas por la armería.

    -¡Moveos, hijos de la luz y sombra! ¡La victoria apremia, y de nuestra voluntad depende todo!

    -Ugh, ¡No es momento!-replicó Franco, molestándose mientras disparaba a la deprimida de los gases, a pesar de que su puntería se estuviese yendo al carajo-…Espera…-una idea-¡Weon!

    -¿Qué sucede, mi caliente aliado?

    -¡Por la cresta!... si, eso funciona. ¡Sigue puteándome!

    -¿Ah?

    -¡O sea, mándate un discurso! ¡Ayúdame!

    -¡Lo que pides es música para mis oídos!-el caballero corrió en dirección a los insectos, blandiendo su espada mientras gritaba, seguido de cerca por los demás que iban directo hacia sus rivales-¡Oh, caliente entre los calientes, que tu ira brille con la intensidad del sol! ¡Muestra por qué tu presencia es famosa entre los pasillos del templo del cielo, por qué entre la luz se conoce tu nombre! ¡Caliéntate, oh ardiente ángel caído! ¡Caliéntate, hijo de la coneja blanca, cuya luz guía a los demonios! ¡Caliéntate en nombre de Durkheim! ¡EN NOMBRE DE SU GLORIA! ¡CALIÉNTATE, HERMANO, CALIÉNTATEEEE!

    -¡VALI’ CALLAMPA, CONCHATUMARE!-replicó el chileno, sintiendo que sus manos comenzaban a arder por la temperatura de su mosquete.

    “¡CALIÉNTESE, MAESTRO!”

    -¡CÁLLATE, FORREST CULIAO’!


    El ciempiés gigante golpeó el techo, haciendo caer escombros sobre todo el sitio, antes de moverse hacia los impopulares. Remy se detuvo, haciendo lo posible por bloquear los trozos del techo sobre ellos con sus estructuras. Jihyun simplemente las movía, golpeándolas con su bufanda mientras llamaba la atención de enorme insecto, agarrándolo con sus hilos e impulsándose a su espalda. Reiji y Rengnar abrían paso con fuego y lásers, mientras Andrés hacía lo posible para evitar que los deprimidos actuaran demasiado. Franco se movió cuanto pudo, aguantando los pedazos de escombro más pequeños que lograron golpearlo hasta que estuvo a suficiente distancia.

    -Esto me está molestando-Genie dio un paso adelante, tomando varios inciensos encendidos y lanzándolos contra el equipo. El chileno hizo lo posible para aguantar el aliento, mas el mareo que sentía seguía aumentando en intensidad. Trató de disparar, mas seguía sin dar en el blanco a pesar de la distancia. La boca se sentía seca, sudaba y tenía el estómago revuelto, como si quisiera vomitar. De pronto, al dar un paso hacia adelante, su pierna se sintió débil, y cayó. El tercero y el décimo se disponían a ayudarlo, sin embargo, de pronto cayeron al suelo, víctima de heridas que de pronto aparecieron sobre ellos.

    -Solo para que lo sepas, un poco más y caerás inconsciente-comentó la deprimida, ahora libre para acercarse. El chileno no pudo aguantar más el aliento y acabó inspirando otra vez el dulce aroma de los inciensos de la chica, lo que hizo que sus síntomas empeorasen-. Espero que te guste la diabetes, cariño.

    Franco sentía que se dormiría pronto si no hacía algo. Quiso disparar, pero sus manos temblaban y los brazos le pesaban. No fue hasta que sintió un fuerte calor peligrosamente cerca que reaccionó lo suficiente como para tomar distancia: un láser que la deprimida apenas pudo esquivar.


    La chica escupió, sintiendo el aroma a piel quemada. El chileno aprovechó la oportunidad para juntar lo que le quedaba de conciencia e activó su vestigio, siendo rodeado de llamas que rozaban su cuerpo, descontroladas.

    Insistes demasiado… déjame en paz… vete… ¡vete!
    Haciendo caso omiso, el sudamericano logró jalar el gatillo. La bala ardiente cruzó el muro y generó una llamarada que de pronto causóuna combustión que logró cubrir los alrededores, generando a su alrededor una pantalla de humo tóxico. El chileno no logró captar muy bien lo que había pasado, apenas podía mantenerse consciente. No fue hasta que sintió que alguien lo llamaba que trató de reaccionar, mas al final no logró resistir.


    [*****]


    Andrés debió retroceder ante la súbita combustión. Usando sus hilos en un movimiento de turbina a su alrededor, logró despejar el área. Fue entonces que vio a Genie, tosiendo y con varias quemaduras. Trataba de usar su arma para recuperarse. Entonces él actuó. No iba a desaprovechar la oportunidad que le habían dado.

    Un silbido llamó la atención de la deprimida, quien súbitamente debió moverse para evitar una llamarada de Rengnar, que iba hacia ella. La deprimida estaba a punto de contraatacar, mas de pronto notó que algo le perforó el pecho. Era un hilo. El número se movió hacia ella, listo para terminar el trabajo, mas algo lo forzó a retroceder. El golpe de una cruz en su rostro. Rengnar se disponía ayudarlo, mas éste retrocedió en cuanto recibió las quemaduras de Genie.

    Con algo de suerte, Andrés logró mantenerse en pie. Vio que Seth se acercaba a su compañera, quien temblaba. Ambos aun tosiendo por la tóxica humareda.

    -Genie-

    -Tu novio… juega rudo…

    -No es-el andrógino debió detener su charla, cubriendo a ambos con su cruz de la ofensiva de los números, quienes se acercó hacia él. Seth no iba a dejar que lastimasen más a su amiga, incluso si eso lo ponía en riesgo. Cerró los ojos e intentó traspasar la herida de su compañera a alguno de ellos. Sin embargo, nada sucedía…

    -¿Quieres traspasar su herida?-preguntó Andrés, dando un paso hacia adelante-Difícil, porque no tenía ninguna.

    Seth abrió los ojos, sorprendido por el comentario. Vio a Genie, y el hilo que salía de su pecho desapareció, mostrando que no hubo daño en realidad. En su lugar, varios otros se materializaron en su cuello, apretándolo.

    -¡Genie!-antes de poder hacer algo, Rengnar actuó, lanzándole al suelo de un zarpazo, y dándole tiempo al tercero de terminar el trabajo. Se acercó hacia la otra deprimida, que ya se estaba ahogando, y con un rápido movimiento hizo que su cuello se rompiese.


    Seth, por su parte, ni siquiera se quejó por el golpe de la caída. Sus ojos estaban fijos en los de su compañera, quien de pronto se hacía polvo, perdiéndose entre la humareda a su alrededor.


    -… Es… ¿así de fácil para ti matar ahora?-musitó el andrógino deprimido. El número menor no dijo nada, moviéndose con lentitud hasta estar frente al otro.

    -Nunca es fácil. Te lo he dicho.

    -Y aun así…

    -Es necesario.

    -¿Por qué? ¿Por qué ahora nos consideran una amenaza?-preguntó el “sacrificio”, poniéndose de pie-Nunca quisimos esto. Ninguno de nosotros. No queríamos que todos acabasen envueltos en una guerra cono ésta. Ni que todos ustedes murieran.

    -…

    -¿Por qué lo hacen?-cuestionó aquel que volvió de la muerte-¿Qué ganan haciendo esto? ¿Causando sufrimiento en otros?

    -Quizá…-musitó Andrés, luego de unos segundos-Porque es lo único que podemos hacer. El sufrimiento es…-decirlo no era algo que le gustase-nuestro legado. ¿No es así?

    Seth, que hasta entonces había permanecido con la vista fija en el polvo que alguna vez fue Genie, alzó la vista hacia el chico de la máscara. Habían tantos sentimientos mezclados al verlo que no estaba seguro de cómo llamar a lo que él le provocaba.

    -…Pero tú creías que éramos más que eso.



    -Seth. Si nuestro destino está atado al sufrimiento, ¿Por qué Dios nos sigue amando?

    -¿Es esto por lo de la otra vez?

    -Si… pero, dime. ¿Qué crees?

    -… No lo sé, Andrés. ¿Por qué alguien amaría a algo tan repugnante…?

    -¿No fue porque él nos hizo así? ¿Con la capacidad de decidir, y cometer errores?

    -¿No es eso producto de nuestro pecado?

    -No lo creo. Si fuésemos hechos perfectos desde el inicio, entonces Adán no habría caído en la tentación de la serpiente, ¿no?

    -…

    -Dios todo lo sabe. Nos conoció desde el vientre de nuestra madre, ¿no? Eso quiere decir que sabía que tomaríamos esa decisión. Y que sufriríamos por ella.

    -Así es… y aun así…

    -Nos sigue amando. Y nos amó tanto que envió a su hijo unigénito…

    -Para que todo aquel que en él cree, no se pierda…

    -Más tenga vida eterna.

    -Dios es misericordioso, si. Pero no entiendo qué tiene que ver…

    -¡Tiene todo que ver! Sí, quizá estamos en el mundo del diablo, pero eso no significa que Dios nos haya dejado para sufrir totalmente. Sino, no habría enviado a su hijo, ni tendríamos oportunidad de conocerlo o de conocer la bondad del mundo. ¡Dios entonces si es amor, y del más bonito!

    -… Es posible, pero también…

    -¿También?

    -… No es nada.



    -He pasado mucho. Todos lo hemos hecho. Incluso tú.

    -¿Entonces ahora el sufrimiento es lo único que nos queda?

    -No lo sé, Seth. Pero lo que tú y Diamond están haciendo no es la respuesta.

    -No hay amor en un mundo donde el sacrificio de uno mismo es necesario para alcanzar la paz-musitó San Valentín. Ambos pudieron escuchar su voz. Como antes.

    -Tú no lo entiendes. Nadie podría entenderlo-replicó Seth-. No es algo-

    -Que quienes no son deprimidos podrían entender.

    -…Lo estás haciendo de nuevo. Meterte en mi cabeza.

    -Lo siento. Es la costumbre.

    El número notó que Rengnar había dado un paso adelante. Y también otra cosa.



    -¡Retrocede!-advirtió el tercero, notando que su compañero había recuperado su forma masculina-Ve por Franco. No escucho su voz. Yo me encargo de esto.

    El décimo permaneció silente por un momento, mas acabó asintiendo y corrió. En ningún momento el de la máscara desvió la vista del deprimido. Era casi mágico el cómo podía ignorar el sonido de disparos, gritos y golpes que poco más allá se estaba dando.




    -¿Sabes?-comentó Andrés-Ahora que lo pienso, tiene sentido que pudieras traspasar recuerdos dolorosos. Después de todo, eras capaz de llevarte la tristeza de los demás.

    -…

    -¿Por qué esa obsesión de cargarlo todo, Seth?

    -Tú lo dijiste, Andrés. El dolor es nuestro legado



    -Entonces… ¿También puedes traspasar emociones?

    -E-Eso creo… no estaba seguro hasta que probé… pero sí. Su sufrimiento espiritual también puede removerse.

    -Eso…

    -Es lo mejor, ¿No? Si la carga es muy pesada, puedes dejarla en manos del Señor. Él escucha sus clamores… incluso si es a través de mí.

    -… Seth… ¿Puedo intentar algo?

    -¿Intentar?

    -Dame tu mano. Y por favor no te resistas.

    -…

    -…Lo tengo. ¿Cómo te sientes?

    -Me siento… Aliviado…

    -Entonces si funcionó. Menos mal…

    -Qué… ¿Qué hiciste?

    -El sufrimiento interior de la persona siempre está relacionado a vínculos y relaciones que provocan algo en la gente. He aprendido mucho de eso. Así que pensé que si eras capaz de tomar ese sufrimiento, también te llevarías la razón que lo provoca, ¿no?

    -Pero…

    -Y si es así, puedo deshacerlo. Ese vínculo que provoca el dolor.

    -…

    -… ¿Estás bien? Pensé que te ayudaría.

    -… Andrés, no creo que sea correcto.

    -¿Por qué?

    -Si mi habilidad es cargar con el sufrimiento de las personas, no debería entonces simplemente deshacerme de ello. Lo he vuelto mi carga, y debo vivir con ella.

    -…

    -Lo siento, no quería menospreciar tu gesto. P-Pero si es Su voluntad, no sería justo-

    -No. N-No es voluntad de Dios, no puede.

    -A-Andrés, no digas-

    -¡Dios es amor! ¡Es lo que siempre me han enseñado!

    -…

    -…Lo siento.

    -Comprendo, Andrés. Está bien. Pero… Dios no es SOLO amor, y deberías saberlo. También es fuego consumidor.

    -…

    -Si fui hecho con el poder de llevar la carga de sus hijos, ¿quién soy yo para negarlo? Él tiene un propósito para nosotros. Y éste es el mío.

    -Seth, no…



    -Dios es amor-dijo una voz profunda y adulta. Era el arma de Seth, Martyr-. Pero también es fuego consumidor. Lo sabes, ¿cierto?

    -Lo sé-el deprimido sostuvo su cruz con fuerza.

    -No te irás así como así, ¿no?

    -Yo…-el andrógino pareció dudar un momento. Mas pronto su resolución tomó forma-Quiero proteger el ideal de Diamond y su legado. Nuestro legado. Es algo que nadie podrá romper. Ni siquiera tú.


    El número quiso decir algo, pero se detuvo a si mismo. Entonces decidió hacer algo que no había hecho hace un tiempo.

    Quitarse la máscara.


    Seth pudo verlo por fin. La expresión dolida del gamer. No de Tres, sino de Andrés. Pero aun así, éste logró forzar una sonrisa. Como en ese primer encuentro.

    -… ¿Sabes? Yo realmente… realmente me siento feliz de poder verte de nuevo-dijo éste-. Aunque termine perdiéndote otra vez, como he perdido a los míos por ésto. Al menos… a ti podré despedirte.

    Seth no dijo nada. Simplemente se alistó para lo que sea que sucediese.

    -… Quizá si ahora mueres por mi mano, Él te perdone.

    -… Yo no… no voy a permitir eso.




    Varios hilos surgieron de entre los dedos del número y volaron contra el otro, quien se cubrió con su cruz de ellos para luego cerrar los ojos. Andrés dio un paso hacia atrás al sentir los recuerdos dolorosos de aquel hombre que Genie se había vuelto para tenderles la trampa siendo forzados en su mente, distrayéndolo lo suficiente como para no poder evitar un nuevo golpe del otro. El sudamericano debió darse un segundo para romper el vínculo que lo unía a esos recuerdos, y así poder defenderse, creando una barrera tejida para repeler un nuevo ataque.

    -¿Qué te motiva a esto, oh Santo de los vínculos?-inquirió Martyr mientras sus dueños se enfrascaban en un vaivén de recuerdos y dolor. San Valentín rió un poco.

    -Sabes que nunca me gustó que me llamases así. Detesto este nombre. Yo nunca fui un santo.

    -Pero tu poder demuestra lo contrario. Eres un santo del amor.

    -Y así de fácil he roto el amor de tantos, mi querido mártir.

    -…

    -¿Incluso he roto el amor que había entre ellos quizá? Porque seguramente ha habido algo en mí que te alejase suficiente como para morir por alguien más. Alguien tan ridículo e imperfecto como Gilgamesh.

    -No oses… ¡No oses ensuciar su nombre!

    El número comenzó a sentir su cuerpo pesado, notando cómo los movimientos del deprimido se hacían algo más veloces. Le estaba traspasado su cansancio. No podría alargar esto demasiado. Un movimiento y los hilos a su alrededor se dividieron para atacar al otro en varias direcciones. Éste se dejó perforar las extremidades, cayendo de rodillas. Entonces rápidamente usó su poder para traspasar esas heridas al otro, quien apenas pudo mantenerse en pie.

    -Ya veo… dolor...-se dijo el tercero, tratando de recuperar el aliento.

    Seth se movió en su dirección, preparando otro ataque. Sin embargo, no esperaba que el otro se lanzase hacia él a agarrarlo, entrando así en contacto con la cruz. Ésta no tardó en provocarle un dolor intenso al contacto con ella, forzándole a alejarse. El número, entonces, envió algunos hilos que fueron desviados por la cruz que pronto regresó a darle un golpe que lo envió al suelo.

    El deprimido avanzó hacia adelante. Sostenía su arma con fuerza. Pero de pronto algo lo detuvo. Algo que se metió en su cabeza de repente. Un recuerdo… extraño…



    -Andrés.

    -Hola, Seth.

    -… ¿Puedo?

    -Sí, claro.

    -…

    -… N-No estoy molesto.

    -Tampoco.

    -E-Eso es bueno.

    -Uh huh…

    -… Seth.

    -¿Si?

    -… Dios… es fuego, ¿No?

    -¿Por qué?

    -¿Lo es?

    -… Sí.

    -Pero también es amor, ¿No?

    -Ta… también.

    -Y nos ama incluso si nuestras decisiones nos llevan a hacer cosas malas.

    -Así es.

    -E incluso a ese primer hombre, que solo conocía el Edén, y que eventualmente sabía dejaría aquel lugar que preparó con amor bajo su propia voluntad, nunca dejó de amarlo, ¿no?

    -… Sí, Andrés. Incluso a él.

    -Entonces… Tal vez tiene sentido que incluso hoy el sufrimiento exista.

    -¿Por qué?

    -Porque… ¿Ese primer hombre sabía realmente el amor que Dios nos tenía antes de caer? ¿O acaso Adán no conoció realmente el amor de Dios hasta cuando se vio abandonado en el mundo?

    -…

    -¿Puede ser… que el sufrimiento existe porque sin él no conoceríamos verdaderamente el amor? ¿Y la razón por la que vivimos en dolor y porque Dios la permite es para que podamos realmente comprender cuánto nos ama?

    -…

    -Al menos… ¿Es posible?

    -Es… es posible, supongo.

    -Si así fuera… ¿No tiene sentido entonces que todos merezcan sufrimiento y amor en igual medida?

    -…

    -¿Puede ser… que… incluso tú… tengas derecho a que alguien te…?

    -No.

    -Seth…

    -Yo no… no puedo…

    -S-Seth, es-

    -Lo siento. Tengo… tengo que hacer algo. Lo siento…



    -…

    -No eres el único que puede traspasar recuerdos-musitó el tercero, logrando levantarse gracias a la distracción, y materializando el hilo que ahora unía al andrógino con él.

    -¿Qué ganas… dándome tu dolor así?-preguntó el deprimido. Andrés sonrió.

    -Al contrario-comentó, haciendo a sus hilos bailar a su alrededor-. Te estoy dando…

    -…Mi alegría.



    El gamer corrió, y Seth se disponía a defenderse, cuando otro recuerdo apareció. Era él, visto desde lejos, hablando con Gild y sonriendo. El recuerdo dolía, pero al mismo tiempo se sentía cálido. Eso le dio una oportunidad al otro de lanzar sus hilos e intentar atraparlo, mas el deprimido usó el dolor en ese recuerdo y lo devolvió al otro, frenándolo y dándole tiempo de reposicionarse. Entonces otro recuerdo apareció, era de él conversando de la biblia con Andrés, visto desde el punto de vista de este último. Él reía, y por alguna razón en esa visión lucía radiante, de una forma que no se había visto jamás. Así, trataba de moverse, evitando ataques que se hacían difíciles en ese mar de recuerdos que iban hacia él. Y no podía devolverle el dolor, pues lo único que le estaba dando eran momentos felices a su lado. Días sencillos, conversaciones, tardes en Salvatore, fantasías. Las alegrías de Andrés que lo involucraban. No podía hacer nada con ellas más que retroceder.

    -No entiendo…-se dijo el andrógino, cubriéndose de los ataques. Otra imagen en su cabeza, estaban quejándose del calor y acordado ir por un helado-Qué estás…

    -Lo entendí hace poco. La razón por la que puedes traspasar recuerdos es porque éstos son causantes de dolor. Pero entonces, ¿qué puedes hacer si los recuerdos dolorosos son reemplazados por recuerdos felices?

    -Eso significa-

    -Romper vínculos dolorosos es complejo. Toma tiempo. Pero es más sencillo si en lugar de eso los reemplazo por otros positivos, ¿no?-imágenes de días estúpidos y noches en vela jugando cosas aparecían en su cabeza, una tras otra, escapando a su control. No podía concentrarse, ni buscar sufrimiento qué traspasar, todo se estaba disolviendo en una montaña de pensamientos felices y esperanzados.

    Y entonces algo lo atrapó. Un hilo que agarró su pierna, y luego otro, y otro, hasta inmovilizarlo. Seth trató de forcejear, pero no lograba liberarse, y su arma había sido separada de su persona también, enredada entre San Valentín. Andrés entonces se acercó al deprimido con algo de lentitud por las heridas y el cansancio. Y le dedicó una sonrisa.

    -Tantos… recuerdos felices…-musitó el andrógino. El gamer asintió.

    -Fue lo que me diste. Creí que sería buena idea devolverte un poco de esa felicidad.

    -¿Un poco?...

    Andrés dio un par de pasos más hasta estar lo suficientemente cerca. Y entonces se inclinó hacia el deprimido, dándole un suave beso en los labios. Se sentían fríos. Y eso hizo que se hiciese un nudo en su garganta.

    -Yo te quise, Seth. De verdad.

    Los hilos le atravesaron como miles de agujas. Y entonces Seth cayó en sus brazos. Le miró una vez más, tratando de decir algo, mas solo pudo cerrar los ojos antes de que tanto él como su arma se volviesen polvo.





    Mientras tanto, del otro lado, Rengnar encontró por fin al otro gamer en el suelo. Rápidamente lo levantó y alejó, para luego soplar algo de fuego a los ciempiés que se le acercaban, y luego volver con el resto del grupo que lidiaba con Jormun y Kan, sobre la cabeza de éste. Su usual sonrisa ahora distorsionada en una expresión poco amigable.

    -Vaaamos, Joooor, ¿¡Por qué!? ¡Los bebitos se acaban! ¿Dónde están? ¿¡Dónde están!?

    Parecía que la escasez de huevecillos en su cuerpo iniciaba a afectarle. Su reclamo fue interrumpido por varias lanzas que volaron en su dirección, y que el ciempiés quemó con su fuego, aunque algunas alcanzaron a herirla, cosa que lejos de hacerla enfadar le sacó una sonrisilla. A la ofensiva se unió el láser de Reiji, cuyo ataque logró dañar al ciempiés, mas no lo suficiente como para eliminar completamente a la mole, gracias a un súbito ladrido que hizo caer al grupo al provocar un temblor en el edificio.

    -Esta melodía es caótica…-dijo el ciego, acariciando la etérea figura de su mascota-Hermosa, pero caótica. Si tan solo pudieran unificarse en un solo coro en lugar de perder su sintonía…

    Una hilera de fibras voló a su dirección, mas Light ladró de nuevo, neutralizando el ataque. El discapacitado sonrió.

    -Y la tuya nunca pierde su intensidad…

    -¡ERES MÍO!-como el puño de un gigante, la bufanda del asiático trató de caer sobre su objetivo, mas éste se impulsó usando los insectos que quedaban para esquivar el ataque, que dejó una grieta en el suelo. Jihyun no tardó en darle caza, haciendo que Fibrous destruyera los ciempiés que se interponían para intentar alcanzar al ciego, que se limitaba a desviar o neutralizar los ataques.

    -Jihyun… siempre amé tu sonido. Quise entenderlo, en toda su extensión.

    -Deja de jugar-el segundo al trono apretó los dientes. Detestaba que el otro no parecía tomarlo en serio.

    -¿Es lo que te parece que hago? Quizá… o quizá no.


    En medio de la batalla, alguien abrió los ojos. El beato poco a poco regresó al mundo de los vivos, y se vio en la entrada a una masacre. Al reincorporarse, notó a un enorme ciempiés cubriendo de llamas a un grupo que hacía lo posible para cubrirse del ataque. Rómulo y Remy intentaban contener el fuego para darle tiempo al nipón de cargar su cañón, más la criatura se había tornado aún más agresiva, usando su propio peso para destruir las barreras de escombro e intentar aplastarlos. Del otro lado, Max y Jihyun se enfrascaban en una pelea que literalmente hacían temblar los cimientos del laboratorio. En una esquina, tres permanecía quieto, rodeado de polvo. No vio ni a Genie ni a Seth cerca, y supuso lo peor. Le hubiese gustado al menos tener la oportunidad de agradecerles.


    No tardó, sin embargo, en volver en sí. Se movió tan rápido como pudo hacia donde estaba el grupo mayor, e invocó a su arma con rapidez. La doncella se abrió, lanzando sus cadenas para atrapar a la enorme criatura que, al verse retenida, comenzó a jalarlo. El resto del equipo vio la oportunidad y rápidamente actuó: Remy atrapó la cabeza del ciempiés entre una estructura que emulaba una guillotina, y Rómulo se movió hacia ella, convirtiendo su propia armadura en una hoja que desde arriba cayó, cortando la cabeza del insecto y haciendo que Kan cayera de éste.

    Le tomó un momento a la discapacitada darse cuenta de lo que había pasado. Aún sin cabeza, el ciempiés se movía con violencia, destruyendo la guillotina que lo había “matado” y haciendo que las paredes y el techo comenzasen a derrumbarse, forzando a Reiji a disparar una corta descarga para frenar los escombros antes de que su láser se acabase antes, producto del cansancio. Kan se levantó al ver que el insecto sin cabeza se acercaba peligrosamente a su persona, y por un momento recuperó su sonrisa.

    Justo antes que todo el peso de la criatura le cayese encima.


    El equipo debió tomar distancia y escapar de la criatura que se volvía cada vez menos errática, pero aún peligrosa. Gild se les acercó, notando al chileno que Rengnar cargaba en su espalda.

    -¿Está bien?-preguntó.

    -¿Y ahora de pronto decidiste ayudar?-replicó el dracónico, molesto.

    -Tengo mis razones. Ahora dime, ¿qué fue?

    -La tipa de los inciensos-ante aquello, la expresión del rubio se endureció.

    -Si es así… necesita atención. Pronto.


    Un fuerte ladrido desvió la atención de todos, incluyendo al tercer, hacia lo que estaba pasando del otro lado. Las fibras de la bufanda de Jihyun habían rodeado a Max, mas éstas se mantuvieron a su alrededor como si éste estuviese envuelto por una burbuja. Otro ladrillo deshizo las fibras de golpe, forzando al coreano a tomar distancia. Los demás corrieron en su dirección de inmediato.

    -Ya veo…-musitó el ciego, con una sonrisa. Los pocos ciempiés que quedaban se estaban haciendo polvo, y ya no podía escuchar más que notas hostiles hacia él. Excepto…

    -Max…-Era Rengnar. Le parecía irónico que, incluso ahora, ese muchacho no lo odiase. La sonrisa del discapacitado no hizo más que intensificarse.

    -Oh, Rengnar-dijo-. Quisiera poner a mi hija en tus manos.

    -Hija…-el dracónico tardó un poco en procesar las palabras de su bro-¿¡Dolly!?


    …Si sobreviven.


    Light aulló. Era un sonido intenso, pero que en un principio no pareció causar daño alguno. No fue hasta que de pronto todo el suelo inició a temblar y resquebrajarse que entendieron.

    -¡Todos salgan de aquí!

    La orden de Jihyun fue interrumpida por un ladrido que acabó de destruirlo todo. Las paredes y el techo iniciaron a caer, y el grupo solo atinó a moverse tan rápido como les era posible para evitar que el laboratorio les cayese encima. Rengnar apenas logró ver un atisbo de la sonrisa de su viejo amigo, antes de perderse entre el derrumbe. No pudo darse el tiempo de averiguar qué le había sucedido, sin embargo, pues aún llevaba al chileno a cuestas y debían moverse rápido. Aún tenían a alguien esperándolos.




    ----------------------------------------------

    Muy bien. Dejo esto en manos del destino.

    AmakiAmaki TaKaTaKa hola, destino.
    IceIce espero que todo esté en orden.
    Velvet.Velvet. AhkilendraAhkilendra CorventCorvent zXArtemisXzzXArtemisXz mucha suerte, chicos, si se puede.
     
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  7. Autor
    Amaki

    Amaki ¡¡No!! ¡¡Krillin!!

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    En medio del derrumbe, viendo partir a todos incluida su hija con ese singular grupo, el hombre ciervo rodeado por aquel can espectral se sentó en una piedra caída mientras alzaba su mano y se despedía con una sonrisa. Se levantó y sostuvo su batuta, antes de canturrear una melodía.

    —Adam— Un mensaje hacía su brazalete logró captar la atención de su amigo que le respondió de forma animada —. Me dirijo a Ex Land.

    —¡¿Por qué?! Dime que al menos, ellos...

    —Tranquilo, nuestro legado está a salvo bajo estos escombros.

    —Eso explica tu tranquilidad Maxi Raxi.

    —Mientras el legado del monstruo exista...

    "Nunca desapareceremos"​

    Intentando eliminar vestigios de la vieja humanidad, estos volvían a resurgir como un recordatorio que la bestia podía dormir pero jamás perecer. Un legado maldito, misterioso y sibilino.

    —Si todo sale mal...

    —Sé que ella hallará a nuestro heredero.

    —Porque el canibalismo...

    —Es nuestro arte.

    LeoLeo IceIce pueden dirigirse a Water Kingdom o/
     
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  8. Ahkilendra

    Ahkilendra Beep, beep im a sheep!

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    Death End



    Se ve el inicio con una pantalla divida mostrando en una a: Surt, Lionel, Adrien, Clover, John y Jesús.

    En la otra en sucesión: Max, Jihyun, Kenai y finalmente Kristina.


    Las extrañas aventuras de la vanguardia.

    Se ve un lugar con escaleras y en una a Kristina con Maeve y Jesús y el cabeza de coco.

    Se ve un busto de Lionel girando alrededor, luego otro de Barbara y a Metatron con un acercamiento a sus ojos que resplandecer y llevan a los Santos a la caída.

    Aparece Jesús siendo besado por el cabeza de coco mientras la lisiada corre a ponerle un muletazo a Coco.

    Franco y varios gamers disparan hacia ¿el conde dracula?

    El mismo sujeto camina por una casa en llamas y toma un cuchillo perforando a alguien.

    Aparece en el inicio de la escalera Kristina acompañada de Maeve y Jesús. Una se rodea de electricidad y el otro de luz subiendo
    determinados las escaleras

    Se ve al final a cabeza de Coco sentado en un trono sosteniendo una máscara de Guy Fawkes y varios monitores detrás con la sonrisa quebrada de Diamond.

    Coquito y sus hijos en un encuentro final.

    SONO CHI NO SADAME.

    JOOOOOOOOOOOJO
    En el firmamento hacia el horizonte tenía lugar espectáculo temible sobre una rebelión contra lo establecido interpretado por un ser exaltado a titán por los muchos. La meta de su papel era devorar a un antagonista invisible pero presente a lo largo de la historia en la que era parte.

    ¿Qué interpretaba? El sacrificio de la individualidad temporal por la inmortalidad en la comunión. Cosas que el ser humano deseaba pero cuyas acciones siempre lo alejaban de ello cosa que le hacía preguntarse:

    “¿Por qué resistían?”

    La vanguardia contra todo pronóstico había sobrevivido la confrontación inicial pero esto estaba lejos de terminar, pues el papel que debían intentar interpretar con los limitados recursos de los que disponían era de silenciar a un coro de voces. Nadar contra la corriente cuales salmones, aunque perdieran a quienes habían conocido en el camino y la esperanza de llegar a donde deseaban fuese un capricho en vez de una realidad.

    Lowen, Fátima, Bors, Luz María y Ron descansaban en las aguas. El relajo y el dolor se hacían notar en sus rostros por los caídos y el tratamiento de Saphirre. Jesús, Maeve y Kirilia estaban cerca de Kristina, El Shinobi shileno de vez en cuando musitaba insultos hacia el ser gigante, Ryrio mantenía su mirada en Barbará que no emitía respuesta ante su acusación silenciosa, quizás la hallaba incluso inocente. Clover y Saphirre estaban alrededor de Lancelot y el pobre como avergonzado nerd sentía lo que era ser el objeto de estudio de uno de los experimentos con su señora Aracely, ahora no comprendía la tendencia de Elux en acercarse a Clover y más de una vez tuvo que callarlo. Tungskan pensaba en Rashid, deseando que estuviese bien en Castlelot, Isis le rodeó con sus vendas en una especie de abrazo mientras frotaba su mejilla de hilos naturales con el rostro del armadillo dándole una sensación de suavidad.

    ¿Qué hacia la argentina? Mirar al horizonte, pues se hallaba su próximo objetivo: Death End y la prisión de Saint Monique. La manta de Phantom Skater era ondeada por el viento cual capa. Sabía que no estaban a salvo, no mientras ella estuviese allí.

    —Hm…

    Sintió la mano de Maeve en su diestra y la de Kirilia en su siniestra. Las mascotas se miraron una a otra en un intercambio silencioso de ideas que resultó en que la oveja soltase un balido relajante a la argentina.

    —¿Qué es eso? —Señaló Maeve al horizonte.

    —Una tormenta de arena.

    Los miembros se prepararon para transitar colocándose sus lentes. Ni en el fan de Steven Universe la lisiada había visto tanta arena. La oveja percibía los granos en su mano recordando a quien una vez fue su querido arenero a quien había tenido que devolver al sueño que le correspondía.

    [***]

    Estar dentro de una tormenta de arena era un evento curioso. Su preludio era un cúmulo herculiano que se acercaba a ti cubriendo todo lo que tus ojos pudiesen alcanzar, pensarías que te arrastraría pero tras el primer esfuerzo logras adentrarte a un mundo cubierto por el color de la tierra en donde la luz del horizonte se filtraba y el viento ululaba.

    La vanguardia percibió algo al horizonte. Una estructura que una vez cerca de ella, gracias al ímpetu de Clover y Jesús se dieron cuenta de que era un tren con un rostro similar a los de Thomas de Tank Engine, en su faz se notaba la tristeza.

    —Wey ¿estás bien?

    —Si.

    —¿Qué te pasó?

    —Me atacaron.

    —¿Por qué no pediste ayuda?

    El negó avergonzado.

    —Vinimos a ayudar.

    La locomotora exhaló cansino y dijo:

    —Es que no tengo pito.

    Todos escucharon eso, pero la que reaccionó fue Clover.

    —¡No tiene pito!

    Maeve se acercó a Kristina.

    —Renacuaja, no tiene pito.

    —¿Quién te sacó el pito?

    —Un sujeto pelirrojo y flaco con corte de honguito, dijo que lo usaría con sus hijo chocolatoso, omellete du fomage y su lisiada tonta consentida con huevos.

    —Cabeza de coco —gruño la argentina pensando en todas las cosas que les había hecho pasar.

    —No te preocupes —dijo Clover— recuperaremos tu pito.

    —¿Por qué quieres ayudarle? —reclamó Ryrio.

    —Siempre he querido tocar un pito —contesto con simpleza la zorra afortunada.

    Varios “facepalms” se dejaron oir de parte de algunos, pero otra cosa les tuvo que forzar a separarse pues un aviso de Tungskan les señaló que algo se avecinaba, el armadillo se sumergió en el suelo evadiendo una roca que forzó al grupo a retroceder y tomar las armas.

    La tormenta dificultaba la visibilidad, pero los instintos de todos estaban alerta ante un grito que se repetía como de parte de un animal privado de razón y guiado por un instinto predatorio.


    —¡CAPAS!

    En ese instante Kristina sintió una sensación punzante en todo su cuerpo: varias agujas que se introdujeron en sus prendas y se cosieron a su piel, siendo arrastrada hacia la tormenta en medio del dolor e intentando sostenerse con sus uñas y cuchillas. Un impulso de la criatura le sacó un grito de dolor haciendo sangrar su cuerpo.

    Maeve la atrapó con su lengua y comenzó a forcejear, pero se dio cuenta de que su renacuaja estaba siendo tirada como muñeca de trapo y si seguía podía hacerle daño.

    Jesús , Clover y el Shinobi Shileno no perdieron tiempo en ir hacia donde tensaban los hilos. Kirilia mantenía su arco parlante firme pero no podía apuntar precisa por el ulular del viento y su falta de profundidad.

    —Ah no, me están jodiendo.

    Un ser saltó hacia un pilar de rocas en forma sublime posando su perfecta y esculpida musculatura en una pose glamorosa que exhibía toda su elegancia y estilo.

    En cierta forma el arroje resultó pues los hilos fueron devueltos dejando a la lisiada herida ser atraída hacia Maeve, pero en pocos momentos Jesús y Clover cayeron en uno sobre el otro con las prendas de sus brazos unidas a ellos y el Shinobi fue estrellado contra la cara del tren sin pito dejándole una abolladura, pero nada de lo que no hubiese recibido antes.

    Baru intentó detonar hacia la dirección donde estaban, pero en su falta de orientación apunto a los suyos, de no ser por Ryrio y su escudo dinamico potenciado acelerado pudo haber habido consecuencias.

    Clover se alzó, riendo cual hiena y deseosa de sangre que sin demora alzó su mano al cielo para invocar una hitodama…que nunca vino lo que le hizo sacar un puchero de fastidio y pisar el suelo.

    —¡Heller, otra vez!

    —Lo siento —musitó su arma. Los asuntos del imperio Ichi le distraían de vez en cuando sólo que este no era un momento para distraerse.


    —Oye wera —Clover fue tirada por Jesús, quien le señaló que aún estaban pegados.

    La mujer sonrió considerando la idea de encenderse a si misma para quemar las cuerdas, aunque dañase a su aliado.

    —¡Estás Loca!

    —Sólo dolerá, un poco de mucho.

    Ryrio le echó agua con Mirai a Clover, quien le miró con un rostro sonriente y mojado mientras vapor salía de su cuerpo.

    Ahora la vanguardia estaba asediada por algo que se movía entre la tormenta gritando desaforadas:

    —¡NO DEJARÉ QUE IMPONGAN SU MODA DE CAPAS! ¡NO CAPES! ¡SIN CAPA! ¡SIN CAPAAAAAS!

    Varios hilos salieron desde otra zona de la tormenta de arena, forzando un juego de evasión de parte de la vanguardia quienes tenían que estar atentos a las agujas e hilos que salían, pero habían problemas: La restricción de todo intento sensorial por el clima, el patrón errático de los ataques y la dificultad de interceptarlos hacía una labor difícil tenerle. No podían perder tiempo, debían avanzar pero ante un enemigo técnicamente invisible e impredecible no sabían qué hacer, sus cuerpos presentaban heridas punzantes, lacerantes y algunas partes cosidas. Iban a ser eliminados uno por uno.

    A menos que tuviesen un señuelo.

    Una idea que pasó por la mente del shinobi shileno y que se distribuyó silenciosamente a otros al ver a la única miembro herida con algo parecido a una capa.

    —¡No! —Se negó Maeve, colocándose a la espalda de su compañera.

    —¡No hay tiempo, weona, así que filo!

    El shinobi shileno se acercó a Kristina y la tomó a pesar de las protestas de Ryrio, Jesús y Lancelot. Saphirre comprendía la intención tras esa idea y si bien no deseaba bajas tampoco quería ser una de ellas. Él lo hizo por estrategia, pero no podía negar que una parte de él lo hizo por rabia. Sabía la política de los mercenarios, los riesgos del oficio y aún así una de las pocas cosas que le animaba se fue de un momento a otro. Si realmente estaba furioso ella hubiese muerto, no lo estaba pero también estaba molesto y si podían coger a quien estaba haciendo esto ¿por qué no matar dos pájaros de un tiro? ¿no era líder acaso?

    Kristina fue ofrecida como cordero al matadero, los hilos no tardaron en llegar y atar todo su cuerpo para atraerle hacia el depredador que sin esperar le recibió lanzándola al suelo y dándole de patadas como si fuese un perro. La argentina se defendió clavando un cuchillo en el tobillo del ser pero no se detenía y le costó al sentir las agujas perforando su piel y atando su mano izquierda a su abrigo. Era extraño, Fibrous te dañaba pero con estilo esto sólo con brutalidad.

    Lo que Edna, en su cruzada por redimirse de sus pecados contra la moda ofreciendo al dios del glamour la sangre de la argentina, había pasado por alto era que un armadillo apareció cual tiburón desde la tierra y tomó sus piernas hundiéndolas, dándole tiempo a una cazadora de golpearle con un tubo y entregarle un corte de Katana en su cuerpo, pero en un esfuerzo desmedido la amante de la moda había tomado a su presa llevándosela, en el aire se escuchó un grito por lo que Maeve se arriesgó en un saltó interceptando a la convicta de la moda y sin perder el tiempo rompiendo una de sus piernas con sus tonfas.

    White corría junto con Clover.

    —¿Dónde está?

    —Por ahí, puedo oler su aroma de narulisiada donde sea.

    El mexicano decidió seguirle la corriente y la buena suerte de Clover había jugado a su favor encontrando a su objetivo, pero no como deseaba. White sintió una lanza en su pecho y horror al ver a Kristina con su boca, parpados, nariz y orejas cosidas notándose la sangre que se filtraba por los hilos y la desesperación de ella de no poder ver u oír nada no sólo por el dolor sino por el miedo a morir otra vez y encontrarse con ella.

    —¡Saphirre!...¡Saphirre!

    Corrió. Corrió como nunca, no le importaba el dolor de las coceduras, las laceraciones de los hilos en su cuerpo o el dolor del golpe en su espalda ni el peso de su katana apagada. Quería llegar ¿Así se habría sentido su sempai Adrien deseando salvar a Barbará más de una vez antes y después de esta guerra?

    Tropezó, pero se alzó y siguió hasta el tren sin pito en donde estaba la deprimida del grupo que tan pronto vio a la lisiada sonrío:

    —Que buen trabajo.

    —Ayúdale, wey, mira como la dejaron.

    —Lo digo por eso —La mujer comenzó a examinarla y procedió a sacar sus agujas de Mr.Gutted y uno de los cuchillos de Kristina para descocer lo hecho por la modista loca—Listo, ya podrá respirar.

    Kristina inhalaba y exhalaba e intentaba moverse.

    —Sujetala —ordenó Saphirre—se mueve y puedo dañarla.

    White usó su cuerpo para sostener y Ryrio ayudó tomando la cabeza de la argentina.

    —No te mentiré, te dolerá ¿mucho? ¿Poco? Quién sabe, espero que tengas aguante.

    Maeve llegó al sitio del suceso, tenía algunas laceraciones en sus brazos y rostro como algunas mechas cortadas en parte. Había encontrando a Kristina y se sentía feliz, pero a pocos pasos se detuvo viendo como Saphirre le descocía los ojos y tanto Ryrio como Jesús se forzaban en sostenerla pues el mucho movimiento podría dejarle con daño.

    Entonces algo hizo click en ella mientras miró hacia donde había venido.

    La anfibia dio media vuelta siendo encontrada por Kirilia que puso su mano en ella.

    —Maeve.

    —Todo bien, cariño, se me olvido algo.

    La oveja sabía que no era verdad, pero sólo le miró para dejarla pasar pues lo que le habían hecho a su vicepresidenta era algo cruel aunque no lo más torcido que había visto. Igual la acompañó en caso de que aparecieren otros enemigos.

    Edna se arrastraba a pesar de su pierna molida. Tenía una promesa que cumplirse a si misma, no por venganza por la muerte de estratochica a quien apreciaba y había creado una hermosa capa como símbolo de su amor hacia su familiar consentida ni por alguna especie de auto-realización. No eso eran cosas banales para ella, pues lo que importaba realmente era la moda: la transmisión de sentimientos a otros en este caso por medio de sus prendas. Ella laboriaba para aterrizar ideales en realidades y en el momento en que se había enterado de que una de sus obras maravillosas habían causado un malfuncionamiento de traje se dio cuenta que había pecado contra la moda perdiendo el equilibrio entre apariencia y función.

    Sus ojos lagrimeantes por la arena y furia miraron hacia el horizonte donde uno de sus rivales avanzaba hacia ella acompañada de una oveja. Podía huir, suplicar piedad…pero ¡Eso no era digno de Edna! ¡Ella era una diseñadora y si el proceso significaba oponer resistencia estaba más que complacida en hacerlo! ¡Nunca retrocedería! ¡Nunca se conformaría! ¡Jamás transaría! Y sobretodo ¡NO PERMITIRÍA CAPAS!

    —¡No tendrán su mundo de capas mientras yo esté aquí!

    Maeve avanzó presta sin responderle. Dio un paso a un lado sintiendo las heridas de los hilos y de un impulso se acercó a Edna tomándole de los brazos y colocando una de sus piernas cubiertas en mallas ninja, que eran thunder Ribbon dándole una descarga que quemó e inutilizó sus brazos.

    Ella sólo le respondió con una risa elegante:

    —Querida, me malinterpretas.

    La faz de la idol tenía una fría sed de venganza:

    —Sólo quiero mostrarle el último grito de la moda.

    No pasó un minuto antes de que la anfibia y la oveja volviesen hacia el grupo, siendo evidente que la primera estaba teñida de rojo y gotas pesadas se deslizaban de sus tonfas y caían al suelo dejando un rastro y la segunda tenía salpicaduras carmesí en su pelaje.

    —¿Qué pasó ranita? —Preguntó Clover.

    Oveja y rana se miraron, esta ultima encogió sus hombros:

    —Disputa de moda, querida. Nada más.

    Ella miró hacia Kristina quien estaba allí abrazada a sus piernas, sollozando por lo que sólo podía considerar una experiencia digna de una película de horror. White se acercó a ella y le abrazó pero fue empujado por ella mientras retrocedía con sus manos.

    —Aléjate de mí.

    Tungskan había llegado recién, pues se movía más lento por si mismo, viendo al otaku moreno acercarse a ella como si fuese un animal asustado.

    —Ya, todo está…

    Pero los animales asustados al estar acorralados podían golpear de vuelta:

    —¡¿Bien?! —Exclamó Kristina sacando lo que tenía acumulado hasta este momento —Perdí gente, morí, me encontré con la piba de Diamond, volví y ahora me cosieron como muñeca porque este pelotudo me lanzó como cebo hacia ella —dijo señalando al Shinobi— ¡No me digas que está bien!

    —Deja de llorar oh —replicó el Kakashi— Tai viva, eso importa.

    —¡Ándate a la concha de la lora!

    En ese momento Barbará se acercó al duo, lo que alarmó a Ryrio como para alzar la corriente de agua que era Mirai. Esa bruja explosiva era capaz de lo que fuese.

    —Anda.

    Fue todo lo que dijo la mano derecha de Lucifina, no necesitaba palabras pues la mezcla de su porte, reputación, habilidad y personalidad causaban la necesidad de obedecer y dejar a un lado toda queja por amor a la vida misma.

    La guerra no esperaba a nadie.

    [***]
    La tormenta de arena pasaba y las distancias se achicaban, en el horizonte estaba la prisión de Saint Monique, supuestamente de Maxima seguridad aunque para la lisiada y el moreno era la segunda vez que lo veían en caos, pilares de humo se alzaban hacia el cielo y ¿letreros de neón? Si, letreros con el símbolo del coco y palabras como:

    Vengan aquí.

    Audiciones para segunda temporada.

    Pan y circo.

    Ahki, muerete.

    Recordó lo que fue el pelear contra ella y sentir que un ciego te forzaré a pelear con todo. Recordó su encuentro con Ella y lo que le había dicho. No, no iba a cambiar, pero seguro había entendido un poco más de lo que podría haberle llevado a lo que es ahora. La muerte apestaba, pero…una vida de servidumbre no era tal por más bien que hubiese.

    —Tenemos un problema.

    Notificó Lancelot.

    —¿Qué pasa ahora, wey?

    —No es sólo nuestros brazaletes, no puedo comunicarme con la central de todo.

    —Eso es por…

    La argentina no pudo terminar de decir su suposición pues una voz singular sonó en todos los brazaletes.

    —¡Ding, ding, ding, ding!

    —¡No puede ser! —clamó White.

    —Todo puede ser posible en la tierra de Make Believe, mi pequeño chamaco azteca chocolatón musa de la Colibritany ¿Estás cuidando de tu hermanita lisiada? Tranquila, nena, papi sabe que alguien se portó mal contigo pero ¡siempre he creído en ti y en tus dos hermanitos!

    La lisiada se llevó la mano a la cara aunque le dolía a pesar de las sanaciones de Saphirre.

    —Ah que me jo…

    —¡Jojojojo!

    —¡Lancelot! Cabeza de coco nos hackeo. Hizo algo similar cuando lo cazabamos ¿puedes hacer algo?

    —Claro, voy a… —En eso el gordito se detuvo y miró frustrado la pantalla oscura de su notebook —N..no ¡No puede ser! No, mi notebook está apagado, pero si le había cargado la batería ¡Lo siento chicos, soy tan inútil!

    Coquito se la estaba pasando bomba. En serio que la prisión revolucionada era un bonus comparado con que podría ver otra vez a sus pequeños juguetes y ahora sus hijitos. Si, porque cabeza de coco no era un padre aburrido, ausente e irresponsable sino un hombre de trabajo, mujer de trabajo, cosa de trabajo ¡Trabajo, que aburrido! Buuu, él era diversión e improvisación y ahora vería a sus niños de nuevo.

    —Presta esa cosa, cariño.

    La anfibia cogió el dispositivo electrónico y Kristina no podía creer lo que hizo

    —¡¿Qué haces?! -Maeve pidió la ayuda de “Thor” quien apareció a refunfuñadas que molestaron a la lisiada. La rana le dio una patada al notebook que hizo que Lacelot casi tuviera un ataque al miocardio en ese momento y Elux se retorciere por la felicidad de la desesperación.

    El Nerd tomó a tiempo el dispositivo con sus tentáculos y lo analizó con esmero mientras una de sus apéndices mecánicas le limpiaba el sudor con un pañuelo.

    —¡E-Este…este…Este es un equipo delicado y…

    Todos escucharon la música de apertura de sesión característica del SO Windows 95.


    Las miradas se fijaron en el nerd que se sintió una mezcla de vergüenza, alegría y asombro.

    —Funciona…

    —¿Eh?

    —¿Cómo supiste que funcionaria? —susurró la argentina a su rana que tenía una sonrisa confiada.

    —No lo hice —replicó sincera— sólo sé que cuando un aparato se echan a perder una buena patada lo arregla —La anfibia notó que las miradas estaban sobre ella— ¿Qué? funcionó.

    —Gracias a Steve Jobs.


    Lancelot abrió su notebook y se cercioro de que estuviese operativo, lo que confirmó y comenzó a realizar un procedimiento de rutina para confirmar la existencia de firewalls y ausencia de trojanos, que para su sorpresa ya comenzó a ver pero anuló con pericia hasta que encontró una ventana de comando y un mensaje en ASCII que presentaba un mickey Mouse gigante.

    Hola, criaturilla del dolor.

    ¿Quieres jugar un juego?

    Y/N?

    Lancelot abrió una segunda ventana.

    —Si, uno en que pierdas — e inició a crear comandos para infiltrar el sistema de brazaletes de la central.

    Esto dio un resultado:

    Access Denied.

    Intentó usar derechos de administración

    Access F****** Denied.

    En un instante una ventana con un coco cruzado por dos huesos aparecio, tenía su boca abierta mostrando un detonador con un contador de diez segundos que comenzó a avanzar.

    —No, no, no —Lancelot comenzó a mover sus gordos y ágiles dedos para teclear varios comandos que abrían los candados que se superponian entre el troyano como ventanas de pop-ups, logrando detener la detonación a los 0.05 segundos y borrando el troyano.

    Oh, que lindura.

    Varias ventanas con bombas lógicas aparecieron en la pantalla del nerd haciendole sudar.

    Veamos cómo te va con un reto nivel fácil.

    —¿Qué ocurre, Lancelot?

    —Bo-¡bombas lógicas! —pudo mascullar antes de que requiere ayuda de su brazalete y del mismo Elux para tener manos adicionales a fin de desactivar las bombas lógicas en forma simultánea con la adición de comandos del brazalete.

    —¡Oh, qué lindo es jugar al buscaminas! Tocas números o minas, por supuesto yo hice un patrón para eso y para que saliera Donald, pero el pato Donald no Donald Trump…¡Olvidemos ese pequeñísimo error y concentrémonos en tu miseria, gordito! —Desde el otro lado, Adam tecleaba como loco incluso dándole cabezazos al teclado pues así era él.

    —Esta vez si podré entrar —Masculló Lancelot encontrando un: Access denied, pinche gordo. Esta frustración hacia feliz a Elux cuyos tentaculos comenzaban a moverse como si recibiese cosquillas, eso combinado con el temor de Lancelot de decepcionar a su señora Aracely hacia esto una experiencia exquisita.

    La vanguardia avanzaba y de vez en cuando se detenía para que Saphirre sanase algunas heridas de la batalla anterior, pero el que estaba quemando sus dedos era Lancelot quien sudaba como si estuviese operando a corazón abierto, Coquito había logrado infiltrarse al sistema central con rutas alternativas que eran dignas de un artesano caótico de geometría no Euclideana que llevaban al nerd a través de ecuaciones matemáticas, simbología y preguntas de cultura de internet que llevaban su mente al límite y sus dedos a sudar mientras cerraba las rutas y levantaba muros de fuego bloqueando troyanos y pornografía bizarra que enviaba el sujeto.

    —Oe, zhi, mira estas fotos papú.

    Los ojos de Lancelot se abrieron en par en par haciéndole soltar un grito de horror: era una foto de él en su campamento de verano para obesos en donde intentó probarse una tanga que se hundió en su trasero a tal que lo hacía ver como un idiota. Había pagado bastante a sus compañeros para que lo borrarán de sus dispositivos, pero de alguna manera lo había conseguido.

    Sus dedos dirigieron la orquesta de comandos destinados a bloquear los paquetes de virus enviados al sistema central y dejó encargado a Elux el enviar un comando de derivación de un archivo multimedia a la papelera de reciclaje.

    Cosa que falló.

    La vergüenza y dolor se apoderó de Lancelot a tal que lagrimas salían de sus ojos. Adam había editado la foto creando un video de él bailando la macarena con sus nalgas expuestas al aire, archivo que fue transmitido a la internet y las redes sociales. Su reputación, la de su familia, su honor, sus posibilidad de ascender en la escalera social se destrozaban ante sus ojos.

    “Si, si, si, si ¡SI, La ignominia, la vergüenza, el sufrimiento, es para lo que vivo!

    Las ventanas de comentarios enviadas por Adam de Twitter, Facebook e Instragram no se hicieron esperar como la respuesta de la comunidad de internet que replicaba el archivo y lo editaban ascendiendo el contador de las cuentas, podría ser una sensación viral y eso no acabó ahí pues ahora había otro video de él con un dakimakura de Aracely, uno que intentó guardar de ella y que seguro ella descubriría.

    Aún así seguía ¿era por devoción? ¿era porque en el fondo el era un masoquista? ¿Por qué buscar el sufrimiento? ¿Qué le movía al conflicto? Estas cosas nunca le pasarían en su casa, rodeado de su familia y atendido…si, rodeado y atendido, pero nunca desafiado a ir más allá. No despreciaba a su familia ¿cómo podría? No, en el fondo él se despreciaba a sí mismo por no vivir y el sufrimiento o la humillación lo impulsaban a actuar y eso le hacía crecer como Lancelot. El se rió levemente hasta soltar una carcajada corta y seguir tecleando ahora no sólo defendiéndose sino el mismo mandando paquetes dañinos de información a la fuente: La prisión de Saint Monique.



    Las puertas estaban abiertas con un letrero sobre ellas que decían: bienvenidos. Si, así se sentía el shinobi shileno que respiró el aire sin importar los multiformes convictos que salían al encuentro de ellos. La vanguardia estaba lista porque su objetivo era abrirse paso en la prisión costase lo que costase.

    En la cima de la torre de comunicaciones un coquito dulce que se volvió amargo veía el espectáculo con alegría. Les había preparado un festival de caos cuya tonada estaba siendo danzada por una bailarina en el interior de la prisión que encendía los corazones de los prisioneros en búsqueda de libertad para saciar sus deseos y quienes a voluntad propia se habían recluido en sus celdas o en el interior de la prisión. Los puños y patadas lesionaban, las armas contundentes trizaban, las agujas y colmillos perforaban, las garras y espadas cortaba y los potentes rugidos explosivos de Apollyon guiados por las aguas de Mirai recibían a los reos que estaban en las puertas, volando cuerpos y parte de las puertas mismas, pero esto era sólo el comienzo pues sus objetivos estaban en el interior del Asilo de Coquito.

    Entre el conflicto Lancelot logró una pequeña victoria mientras Elux destrozaba a un reo en dos. Logró establecer un canal de comunicación privado entre los Admin de la central.

    —Brazaletes compretidos, com cortada, en proceso de purgar virus del sistema central.

    —Ofertas de wololo a mitad de precio.

    El nerd frunció el ceño, no se iba a dejar vencer. Su rival no era nadie menos que el mejor Hacker que la academia ha tenido ¿estaba jugando con él? ¿iba en serio? no se sabía pero lo cierto es que esto sería un juego del gato y el ratón.

    La vanguardia había ingresado al patio de la prisión. Un sector enorme que servía de zona de reunión a los reos y personal que había sido convertido en un campo con cuerpos repartidos enteros o en parte, algunos de reos mal afortunados y otros mayormente de guardias de seguridad. Las sirenas de Saint Monique daban una iluminación rojiza al lugar, el ruido de las alarmas avisando que todos los reos se mantuvieran en la prisión o se usaría fuerza letal y el humo proveniente de incendios. Habían letreros que decían: revolución, Fak the poliz y Temporada II.

    Adam Walt, el arquitecto del caos y maestro de la disonía había vuelto.

    —BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEENVENIDOOOOOOOOS A MI FIESTA DE TÉ —Unas pantallas del lugar mostraron el rostro de Adam, cosa que a Ryrio le produjó el retroceder instintivamente recordando como le dejó moribundo, el que sacase la lengua cual salvaje no ayudaba a mejorar su imagen— ¡Wohooooo! Mis hijos pródigos han vuelto con su padre ¿qué puedo decir? ayer eran bebes y hoy son todos unos adolescentes rebeldes que se van de la casa para vivir sus vidas y causar desmadre a tropel ¡Estoy tan contento que quiero llorar, pero para que arruinar esta nueva temporada! ¡Entre, entren ,entren! ¡No me hagan sacar a toda la prisión por ustedes, además les prometo que hay galletas y cuerpo, pero meh, da lo mismo! ¡Su papi esta de vuelta!



    zXArtemisXzzXArtemisXz Vamos Arty, falta poco. o3o/
    AmakiAmaki y TaKaTaKa Comienza el reencuentro familiar.
    IceIce y LeoLeo Vayan a water Kingdom.
    Velvet.Velvet. y CorventCorvent ya estamos reparando las comms.
     
    Última edición: 15 Jul 2018
  9. Corvent

    Corvent |><(((((ಠ> ... Deal with it!

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    Sin duda, la combinación de Jaspe con Feh era una de temer, pero como los que habían tomado la misión de quedarse fuera del Imperio Ichi, no podían quejarse de unos minutos de dificultad, en comparación con los que se habían arriesgado atravesando los muros de la urbe. La Feh que enfrentaban era una luchadora imparable, al menos dentro de los que en aquel momento se encontraban presentes. Cualquier herida que lograban infringirle era sanada en unos momentos, además de no poder ser retenida con métodos convencionales debido a sus potentes llamas.

    Jaspe era otro problema por sí mismo. Su experiencia salía a relucir en su estilo de combate, cada movimiento bien ejecutado y dejándoles pocas opciones a sus oponentes para contraataque o si quiera para defenderse. No fue nadie más que Pavel quien más lograba contrarrestar los ataques de viento del antiguo seguidor de Diamond. El número cuatro podía intentar bloquear los cortes del Otaku como lo había hecho en un comienzo, pero a pesar de lo que se pudiera pensar, su arsenal era limitado y solo estaban empezando con sus labores en aquella catastrofe. No, aquello no se podía asegurar, bien podía terminar todo en un desastre, con el nexo cayendo bajo la locura caníbal, pero aun así, era mejor trabajar bajo la mentalidad de que quedaba mucho por delante qué enfrentar, de modo que no se podían permitir desgastarse tan rápido.

    Pavel había encontrado su ritmo para bloquear los ataques de Jaspe mientras protegía al resto del grupo, mientras Frida trataba de lidiar con Feh, ambos con el apoyo de Alexandr en la retaguardia.

    Emil aprovechaba el momento en que la barrera no se regeneraba para comunicarse con los que se encontraban dentro de los muros exteriores del imperio. Aparentemente, estaban por intentar explorar el castillo, pero eso bien podía resultar en problemas para ellos. A final de cuentas, aunque los cuatro que se encontraban afuera pudieran escapar, su grupo se reduciría demasiado como para continuar un reconocimiento efectivo. Tenían que evitar meterse en problemas y lo cierto era que ellos no podían entrar a apoyarlos si las cosas daban un giro para peor. Más aun considerando que los momentos en que se podían comunicar eran tan cortos.

    La barrera una vez más comenzó a restaurarse, momento en que el grupo comenzó a retroceder, misma acción que realizaron los guardias y aquel par de poderosos centinelas del imperio para no quedarse afuera. Solo hasta que el grupo puso distancia fue que Jaspe y la chica fénix se alejaron del muro, algo que comprobó el número observando a través de unos binoculares.

    — Maldita sea. Ni un poco de consideración. — Se quejó Pavel, cuyas mangas se encontraban cortadas en varios puntos, lugares en que los ropajes convertidos en oro no habían podido protegerlo completamente y donde su carne había recibido algo de daño.

    — Yo me encargo de eso. — Se acercó el deprimido — Estaban por intentar conseguir algo de información relevante, pero parece que no han logrado mucho por el momento. — Indicó el de los piercings mientras curaba al Peso Pesado.

    — Espero que consigan algo pronto. No podemos quedarnos aquí mucho más. Solo estaríamos complicando las cosas para el resto. — Concluyó el albino, algo con lo que todos estaban de acuerdo.

    La guerra pronto llegaría a aquel lugar, y para ese momento debían haber conseguido algo que pudiera ayudar a inclinar la balanza a su favor.

    — Tomémonos un descanso y movámonos para prepararnos.

    — Esto se va a volver problemático si seguimos atacando así.

    Las palabras de Frida eran algo que todos sabían, pero, ¿qué más podían hacer? Si en el próximo asalto se veían sobrepasados, tendrían que decirle al grupo del interior que debían evacuar sin importar qué habían logrado.

    [***]

    El tercer asalto empezó muy similar a los dos anteriores. El equipo se había movido prácticamente al primer punto que habían atacado para volver a romper la barrera de Verónica, la cual cayó luego de varios ataques, alertando a los centinelas que protegían el borde.

    Para un grupo de elite, no era difícil manejar a aquellos soldados, pero más que relajados, ni el Gamer ni los Pesos Pesados se alegraron de ello, muy por el contrario. Que no aparecieran aquellos que eran considerados verdaderas amenazas no era buena señal y aquello no hizo más que confirmase cuando Emil se contactó con Sofía.

    — ¡Están persiguiéndolos y necesitan salir!

    — ¡Diles que vayan a los límites de la ciudad lo más cercanos que puedan hacia el sur! Replicó el albino mientras disparaba contra un par de guardias con una pistola en cada mano.

    La respuesta del comunicador no tardó. El grupo de Lina estaba atrapado con Feh sobrevolándolos, pero si querían salir, tendrían pasar de ella y correr tan rápido como pudieran. La barrera no se mantendría destruida por siempre, de hecho, lo estaría por muy poco tiempo, por lo que esta vez, necesitarían extender su asalto y tratar de reunirse con los de dentro a medida que estos se acercaran a los límites de Ichi, algo que era más fácil de decir que de hacer.

    — ¡Necesitamos movernos más hacia el Oeste! — Suplementó el deprimido, habiendo confirmado con su antigua compañera por donde intentarían escapar.

    Jaspe no tardaría en llegar a la escena y si Feh perseguía a los de adentro, entonces el momento en que se encontraran los grupos sería el más difícil.

    [***]

    Al momento en que pudieron observar que la burbuja se rompió, los infiltrados se lanzaron fuera de su escondite en dirección al punto en que habían visto que se había comenzado a romper, mismo lugar donde debían estar lo que se habían quedado afuera.

    – Dicen que debemos dirigirnos hacia el sur tanto como podamos y que ellos nos encontrarán ahí.

    – ¡Pues qué bueno que lo harán, ya suficiente tiempo han estado relajándose fuera! – Exclamó Lina. Sabía que no debía ser así realmente, pero con tantos perseguidores tras de ella no podía simplemente tranquilizarse.

    Las flechas caían sobre ellos, algunas fallando, otras siendo bloqueadas ya fuera por la petrificacion de Klaus o por Hanzo en las manos de Sofi. Su avance, dentro de todo el caos en el que estaban, era contante, o al menos lo fue hasta que la de las alas flamígeras los alcanzó, enviando llamadas sobre ellos.

    El fuego se volvió de un tono grisáceo al tiempo que se dejaba de mover con la natural intensidad de una llama, aquello había Dido obra del Two, que se detuvo con el único objetivo de parar el ataque y darle tiempo a sus compañeras de avanzar un poco. Pero Klaus no se detuvo ahí, devolviéndole a la deprimida canibalizada su ataque como un montón de proyectiles de roca, combinado con uno de su propia arma que estalló de frente contra ella.

    ¿Había logrado incapacitarla o solo había hecho tiempo? Cualquiera de las opciones era una ganancia, por lo que el Gamer reanudó su escape, alcanzando al resto sin confirmar completamente qué tan efectivo había Dido su ataque. La respuesta llegó de todas formas unos momentos despues, cuando el grupo pudo ver de reojo como la de las alas llaméantes los seguía nuevamente. Para su suerte o desgracia, las calles se hallaban cada vez más despobladas a medida que se acercaban a la periferia del imperio, probablemente porque la mayoría de los habitantes o preferían ocultarse en sus hogares hasta que se acabara el conflicto o estaban expresando su opinión como los grupos opuestos que habían visto antes. Por el lado bueno eso significaba que podían ser más bruscos en su escape, pero por el malo también quería decir que no podrían ocultarse entre los residentes o hacer dudar a los guardias y a Feh de no atacarlos abiertamente por el miedo de herir a alguien inocente, aunque de partida no sabían si eso era algo que le preocupara a la canibalizada.

    La burbuja volvió a formarse, pero está vez no duró mucho tiempo así, volviendo a ser destruida momentos después. Aquello significaba que el grupo de apoyo se encontraba luchando con tal de mantener la salida de ellos, algo que no podían desperdiciar, por lo que todos decidieron acelerar el paso a todo lo que pudieran. A medida que llegaban a su destino, los infiltrados pudieron ver a lo lejos como señales de batalla podían observarse. Sonidos de derrumbes y partes del muro cayendo y levantando polvo en el aire, al igual que el ruido de explosiones ocasionales. Aquellos debían ser provocados por quienes se estaban asegurando que lograrán escapar y, en cuento se acercaron aún más, pudieron ver el porqué de la intensidad de la batalla. Jaspe ha había aparecido y amenazaba con cortar su escape y facilitarle las cosas a la deprimida. Fue cuando los equipos estaban a un par de decenas de metros de distancia que los que se hallaban lidiando con Jaspe se lanzaron en un intenso ataque para distraerlo, creando la oportunidad para los infiltrados de pasar de él y los guardias a la libertad.

    Aquella idea, si bien no los mantuvo a salvo, sí permitió que su escape se diera un poco más fácil, de manera que la chica fénix, a la cual uno de sus brazos le hacía falta por bloquear el ataque de Klaus no logró atraparlos y tuvo que ver cómo los intrusos se alejaban del periodo cada vez más con los compañeros que los esperaban fuera. Al punto de perderse fuera de su alcance.

    [***]

    La respiración jadeante de todos los presentes daba cuenta del difícilo momento que acababan de vivir.

    Aquellos que se habían arriesgado a infiltrarse en aquella ciudad enemiga habían logrado salir, no ilesos, pero con vida y con todas sus extremidades pegadas en sus cuerpos, algo que en definitiva le facilitaba las cosas a Emil, después de todo, volver a unir partes del cuerpo o revivir a los muertos eran cosas que estaba bastante seguro que estaban fuera de su alcance, sobre todo lo último. Quizás podía hacer lo primero si hubiera sido por un corte limpio, pero a pesar de que la curiosidad de probar pululaba el fondo de su mente, aquel no era el momento propicio para experimentar y tampoco quería que se diera la situación en que uno de sus compañeros de equipo quedara en tal estado.

    Heridas de flecha, cortes, moretones. Las diferentes heridas que presentaban los miembros del grupo, ahora reagrupado eran pruebas de que no solo los que se habían quedado fuera, que buscaban una pelea para crear distracción, sino también los que habían recorrido el imperio habían pasado por momentos difíciles. Emil se acercó inicialmente a Sofía, que a pesar de que se sorprendió, no se resistió cuando notó que este la tomó del hombro desde su espalda con bisturí en mano con el objetivo de curarla, aunque la mayoría no hubiera pensado lo mismo al ver aquella escena. De hecho, el ver a alguien como Enache con un objeto cortante acercándose por la espalda podría asustar a más de uno, por lo menos si esa persona no sabía de su habilidad. Exactamente por eso es que el rumano inició con su antigua compañera. Los demás bien podían saber de sus habilidades, pero el verlo en papel y en práctica eran cosas muy diferentes. Klaus podría haber sido otro buen sujeto para iniciar, pero el de cabello bicolor no estaba seguro de dónde se encontraban exactamente luego de lo de Niflheim, y el visor en la vista del Two ni si quiera le permitía comprobar que había pasado sus ojos lastimado.

    Fuera de todo eso, la pregunta más importante era, ¿Había valido la pena todo aquel esfuerzo? Fue el número cuatro quien se decidió a hablar finalmente para ponerse al corriente y decidir qué harían de ahora en adelante.

    — ¿Qué pudieron conseguir?

    — ¿Podrías fingir un poco de preocupación? — Contestó Lina un poco molesta. Acababan de escapar minutos antes y era algo molesto que el albino preguntara con tanta calma después de lo que habían pasado.

    — Ustedes están bien, nada que él no pueda arreglar. — Indicó Alexandr, señalando a Emil. Las heridas de Sofía ya habían comenzado a cerrarse gracias al bisturí del deprimido y ante eso y que realmente nadie estaba en peligro, como el número había dicho, la asocial no podía responder mucho.

    — Tu compañera se supone que examinó pasajes cercanos al castillo de Ichiko que podrían usarse en una infiltración.

    Las miradas de todos se dirigieron a la Twelve, que con un poco de nervios asintió.

    — ¡Sí! Esto, exploré las rutas y a pesar de que habían algunos pasajes cerrados, hay varios que pasan directamente bajo el castillo que podrían usarse para una infiltración rápida.

    — Orwell parecía estar siempre a una distancia prudente de la emperatriz, pero probablemente luego de esto la mantenga vigilada y se mantenga cerca de ella. — Añadió Klaus.

    — Lo que significará que probablemente ambos van a hallarse en el castillo. — El gamer de menor rango se mostró pensativo por unos momentos. Dependiendo de quién llegara a el imperio luego de ellos, aquella información podía ser inútil o una pieza clave.

    — Em, también habían unos que nos querían ayudar escondidos. — La de cabello castaño decidió mencionar al grupo con el que se habían encontrado poco antes de ser descubiertos. Lo que llamó la atención de los que se habían quedado afuera.

    — ¿Hay habitantes que se oponen a Ichiko? — Preguntó Pavel algo sorprendido. Sofía asintió y fue Klaus quien continuó explicando.

    — Más que a Ichiko, se oponen a Orwell. No aceptan la creencia popular del imperio de que Diamond es una especia de salvadora del Nexo. Ofrecieron ayudarnos y aunque no sabría decir que tan confiables son, dudo que nos quisieran tender una trampa.

    — Bien, ambas son cosas que debemos reportar, pero habrá que ver si es suficiente.

    — Continuaré la curación después entonces. — Indicó Emil.

    — Akane, indícale bien los pasajes que exploraste para que él se los informe a la central.

    — Yo le diré del grupo opositor y su ubicación. — Interrumpió Lina, poniéndose de pie luego de recuperar su aliento del escape, a lo cual Klaus no se opuso y Sofía decidió dejárselo a su superior.

    El rumano se apartó un poco del resto con ambas chicas, mientras la mayoría se quedó considerando sus siguientes pasos. Realmente, aquello solo estaba comenzando.

    [***]

    Velvet.Velvet.
    AmakiAmaki TaKaTaKa Esperamos para saber si avanzamos o/
    IceIce zXArtemisXzzXArtemisXz AhkilendraAhkilendra LeoLeo
     
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  10. Autor
    Amaki

    Amaki ¡¡No!! ¡¡Krillin!!

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    La información inició a moverse gracias a la acción de Lancelot y su lucha cibernética con el cabeza de coco. El movimiento del grupo de reconocimiento pudo adentrarse sin problemas a la central y a la base de datos general. Donde inmediatamente el líder del consejo mandó su mensaje, uno escuálido pero adecuado a su labor.

    —Copiado —dijo —, eliminando a la diosa, ellos perderán su fe. Prosigan a la próxima sección de reconocimiento.

    —Pero... aún hay muchos problemas aquí, y la potencialidad de que ellos se vayan en nuestra contra...

    La voz de Akane fue inmediatamente silenciada por Lionel que hizo sonar su garganta, dejando claro una ligera incomodidad.

    —Ustedes son los mejores radares y exploradores de Durkheim. Guerreros tendremos siempre, pero gente como ustedes no. No los elegimos para este trabajo porque los consideremos débiles, sino porque son irremplazables por su habilidad innata.

    —Pero quienes...

    —Yo me encargaré—La voz de Lucifina resonó por el brazalete con ese tono infantil —. No puedo dejarle todo a la Blitzkrieg después de todo~ Y gracias a su información ya sé con qué me enfrentaré y a quién puedo llevar.

    —Señora... ¿Está segura? Incluso si lleva a uno de sus...—La preocupación del cuarto fue interrumpida.

    —Confío en la información que me dieron, a fin de cuentas tú y Akane son los mejores, sigan investigando. Yo haré esto.

    —Jefa... —susurró Akane pero asintió —, continuaremos entonces... ¡Arigatou por la confianza!

    La comunicación inició a filtrarse y el gordito que entre fotos vergonzosas y diversos intentos de poder acceder al total control de los datos y reputación social, pudo adquirir la información del grupo de reconocimiento que no tardó en contar mientras sus dedos se movían con rapidez. En otro sector, en las espaldas de un gran reptil volador, el grupo de exterminadores rodeó a un nipón que contaba su más reciente encomienda informativa y, al parecer, como alguien que encargaría de contener la situación en aquel lugar.

    —Tsk... ¿Contener? Debieron matarlos, espero que esa Orochi lo haga — clamó el coreano.


    —Pobres familiares... ellos sólo siguen su fe, ellos... —la fémina de la Blitkrieg vio sus manos vacías —, ellos eran amados por la señora Light... Y ahora ella... —quiso llorar, pero la llamada de atención del asiático mayor logró despertarla.

    —Ustedes los otakus son demasiado sentimentales. Matamos jefes y familiares todo el tiempo. ¿Qué cambia ahora? Si esta vida no te gusta, vuelvéte popular, pero deja de lloriquear.

    Silencio; Schneider solo se fue hasta la parte más atrás del enorme dragón cerca a su cola y se sentó sosteniendo su rostro con ambas manos mientras se revolvió los cabellos y luego se sentó ampliamente viendo el cielo gris mientras volaba, mirando la mirada infantil y tierna de Rómulo que había desvanecido únicamente su yelmo, para verla con sus ojos, sus verdaderos ojos.

    —¿Soy una idiota?

    —Sí —le dijo él —. La mejor de todas.

    Había muchas cosas lindas que proteger y él era una de ellas.

    Aunque...

    Pensamientos que cayeron todos en el vacío cielo, faz que compartían con un luchador solitario envuelto del metal más poderoso: Aracely veía todo con los ojos de Sparagmos y la información llegó a ella como una oleada de datos.

    —Este Nexo siempre busca una salvación divina —rió, antes de ser asediado por unos rayos que venían desde la gigante criatura celestial. Ya lo había interceptado, Aracely esquivó pero gran parte del enorme robot había sido dañado, rió y se movió con fuerza hacia adelante —. Pero en este mundo, al final
    .. ¡Siempre estamos solos! ¡Solos! ¡Solos!

    Y almas solitarias sólo buscaban proteger su propia existencia. No importaba, al final del día, el mal absoluto unía a todos. A absolutamente todos.

    CorventCorvent Velvet.Velvet. Pueden avanzar o/
    AhkilendraAhkilendra zXArtemisXzzXArtemisXz Su acción con Lancelot logró que la info de Emil llegara.
    IceIce LeoLeo Algo de su grupo
    TaKaTaKa y dices que no escribo.(?)
     
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  11. Ice

    Ice ﴾͡๏̯͡๏﴿ O'RLY?

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    El cielo enorme pero gris era un recordatorio de que los ánimos estaban bajos, al menos para cierta alemana que sentía la mano metálica y fría de su homologo otaku que buscaba animarla, pero aquello se notó como algo más difícil cuando las palabras del demonio de los hilos hicieron un agujero en su cabeza que en aquellos momentos no podía llenar con absolutamente nada; ni siquiera con las palabras de apoyo de su enlatado compañero, quien incluso se había quitado el yelmo para poder observarla con esos grandes y almendrados ojos castaños, dejando ver sus mejillas sonrosadas producto del frío de Movov City, el cual poco a poco se alejaba de ellos gracias a la veloz acción de la salamandra roja que movía sus alas, luchando contra los vientos innaturales y el frío que poco a poco demostraba ser un problema menor dado que se iban alejando de la nieve infinita y se iban acercando al infinito azul que unas aguas embravecidas abajo de ellos que les recordaban a qué sector se estaban acercando.

    Popular, ¿eh? —aún sentada, la fémina extendió su mano al cielo y luego enfocó a Rómulo que estaba dando un discurso épico para 'calentar' a Franco y ayudarlo en su labor de mantener la energía de Rengnar. Schneider observó al peruano, tan alegre, infantil y puro, y no pudo evitar suspirar —, no puedo... no puedo... —Aquel susurro desesperado fue escuchado por el varón de la armadura que fue hasta ella, terminando su discurso, cosa poco común —, ¿por qué acabaste tu verborrea? —preguntó ella —, estabas llegando a la mejor parte.

    —No tiene mucha gracia expresar mi grandilocuencia si mi dama carente de la pureza de una doncella no está a mi lado expresando con sus ademanes dignos de un bárbaro con odio por la caballería clásica de un guerrero en armadura
    —dijo —. Lo siento... —aquello lo susurró con una voz más baja, increíblemente baja.

    —¿Uh? ¿Y eso? —la chica puso un rostro de duda.

    —...Es mi culpa.

    —¿Tu culpa? ¿Eh? No seas idiota, no tienes la culpa de que Diamond esté causando todo esto ni que este caos haya llegado a cada rincón.

    —Es mi culpa que estés aquí
    —confesó velozmente, tirándose en la espalda de Rengnar, poniendo sus metálicos brazos atrás de él —, ¡guuh! Si no fuera por mi auge de descubrimiento, mi espíritu de guerrero y mi alma infantil, no estarías en este mundo sin piedad y carente de ternura, doncella de la ballesta.

    —No te culpes por cosas así... no te pienso dejar solo.

    —¡Lo sé! ¡Tú jamás abandonas a los tuyos! ¡Eso te diferencia a la sangre de tu sangre que abandonó hasta lo último de él para sucumbir al mero deseo carnal!

    —El problema soy yo
    —La dama guió su mirada al cielo —, en este mundo hay cosas muy adorables, los familiares, los jefes... pero no sólo ellos, hacemos esto por el futuro, ¿no? Así los populares o incluso nosotros crearemos un mundo en que las enfermedades mentales no formen padres desequilibrados, y los niños crezcan felices. Pienso constantemente en eso, que hago esto no por nosotros, ni por nuestro populares sino por los niños que vendrán, no hay nada más adorables que ellos en esto mundo, son el futuro y tendrán la carga de mantener este mundo en pie y...

    —¿Y...?


    —Y... pensaba que estaba bien matar familiares y jefes por eso, pero... me duele. Oh, diablos, soy patética, soy la mejor de mi camada, y soy la única subnormal que piensa en los jefes, armas y familiares como individuos y no como meros seres en un panorama mental. Me duele verlos sufrir, me duele verlos morir, estoy cansada de todo esto... de la guerra, de matar... de todo. Soy una pésima otaku, una pésima compañera para ti...

    —Hazte popular...
    —ella bufó ante la declaración del chico de la armadura.

    —Como si te fuese a dejar solo...

    —...Si deseas yo...
    —él se acarició su metalizada nuca con un brazo —, iré contigo... intentaré ser popular.

    —No seas idiota, sé que amas este mundo, sé que amas ser un héroe
    —suspiró —, ocultar ese lado magnífico de ti, tu creatividad, tu verdadero ser para agradar a otros es sencillamente...

    —¡No tendría sentido dama carente de la dulzura floral de una doncella! Pero... ¡No lo hago por los hechiceros ni por el gozo de acceder a ese mundo corrupto y sin heroísmo! ¡Lo haría por ti! Porque tú eres... ¡Tú eres mi escudera!
    —él expresó con alegría —, y por la felicidad de su compañero inseparable cualquier hidalgo entregaría su nobleza. Prometí estar siempre a tu lado en esta aventura y si deseas iniciar otra... ¡Iré contigo también!

    —Oye Rómulo
    —Schneider rió, el chico de la armadura levantó un pulgar—. Me gustas.

    —¿Ah?

    —Que me gustas.

    —¿Así como los helados?

    —¡NO TARADO, ACABO DE DECIR QUE ME GUSTAS! ¡ME GUSTAS! ¡ME GUSTAS! ¡ME GUSTAS!
    —gritó con todas sus fuerzas la otaku, logrando llamar la atención de sus compañeros de equipo porque lo gritó, Rómulo parecía confuso y Rengnar no pudo evitar reírse desde su lomo.

    —Vaya, eso es lindo —pensó el tercero, mientras Jihyun parecía concentrado en otra cosa, viendo algunas cosas de su brazalete —. ¿Hablando con el husbando?

    —No, no seas absurdo
    —completó el líder de aquella misión —, noto señales extrañas en mi brazalete. Ya me ha pasado anteriormente... —Recuerdos de Adam sonriendo y haciendo el símbolo de la paz con sus dedos vinieron a su cabeza —, aunque han cesado, pero tengan mucho cuidado con los mensajes que reciban, podrían ser una trampa.

    —Siempre piensas en trabajo...

    —Para ustedes esto es una lucha épica por su individualidad, para mí es solo otra batalla contra un caníbal, otra experiencia símil que viví en la Frank Academy, no estoy emocionado, tampoco asustado, estoy centrado, nada más
    —escupió sin delicadeza —, no tengo tiempo para estupideces.

    —Especialmente cuando Adrien está sacrificando su vida y salud mental, ¿no?

    —Los otakus son estúpidos
    —vociferó Jihyun viendo a Remy que miraba enojada a Rómulo por no entender su mensaje acerca de sus sentimientos —. Se preocupan por sus sentimientos, los sentimientos de otros e incluso de seres como los familiares o jefes. Visto a fondo, muy pocos de ellos podrán continuar aquí.

    —¿A qué te refieres?



    —Están destinados a extinguirse —explicó —, eso lo ha de saber el señor Lionel, por eso mismo cada otaku es valioso incluso si carecen de sentido común, y por eso mismo, no permitiré que los tuyos los maten. Ellos son el futuro de nuestra academia.

    —Hablas como si los odiaras, recuerda que la octava de los míos es una otaku.

    —Sé que van por la cabeza de Adrien
    —rió Jihyun, burlón, mirándolo de reojo —. Es evidente.

    —¿Eso no debería gustarte? Así tú podrías ser el líder del consejo.

    —No quiero ser líder del consejo gracias a que unos gamers estúpidos mataron a otro estúpido, quiero serlo por mis propios méritos o luego de matar yo, con mis propias manos, a Adrien. No toquen la presa ajena
    —explicó —, es de muy mala educación —Y Fibrous se ondeó como una serpiente en el cuello ajeno, pero los hilos de Andrés impidieron algún movimiento. Eso pudo quedar en un momento de tensión asesina, pero la gran voz del dragón logró despertar a todos.

    —¿Cómo se encuentra Dolly? —preguntó, notando que la fémina dormía plácidamente, en los brazos de Gild que medía su pulso y sus otros signos vitales. Reiji lo acompañaba mientras se sostenía el lado izquierdo de su torso sangrante —, ¡¿está bien?!

    —Duerme, sus signos vitales son buenos, pero... no parece estar consciente, quizá fue víctima del réquiem, pero no estoy seguro
    —comentó el deprimido del grupo, para luego dejar a la chica dormir en sus piernas —, ¿tú no quieres que te cubra esa herida? Ningún daño provocado por un ciempiés puede ser bueno.

    —Estaré bien, Gild-san, hay cosas más importantes que ver ahora
    —comentó mientras veía su brazalete, antes de observar el mensaje —, nuestra misión ahora consistirá en evacuar a los familiares, y eliminar a nuestros enemigos en Water Kingdom. ¿Crees poder hacer más de un viaje, Rengnar?

    —Solo si me prometen que llevarán a Dolly también junto a esos familiares, sobre el viaje a Castlelot, será largo, pero... más les vale sobrevivir sin mí los minutos que estaré ausente por ir allá y...
    —Un enorme ventarrón llevó al grupo hacia atrás y tuvieron que sostenerse fuertemente de las escamas de Rengnar para poder mantenerse en él y no salir volando, cayendo en el océano —. ¡Grrr! ¡A mí ninguna brisita de quinta me va a tirar! —vociferó orgulloso, moviendo sus alas con una fuerza bestial, logrando impulsarse hacia adelante y vencer la tormenta —. Aunque el terreno será nuestro principal enemigo.

    —¿Lo dices por nosotros, no, weón?
    —comentó Franco, sosteniéndose el mentón —. Agua... será difícil, considerando nuestra capacidad elemental.

    —Rómulo y yo no la tenemos mejor
    —explicó la otaku —, deberemos hacernos valer de las estructuras e islas de Water Kingdom para poder usar nuestras habilidades, pero si caemos al agua, no habrá gran cosa que podamos hacer.

    —Tsk, nos serviría por aquí el dientes de tiburón modelo junior
    —escupió una oleada ígnea suave el dragón.

    —Que un poco de agua no los apague, podremos con esto —explicó el número tres.

    —Sí, evacuemos a los familiares y...


    Antes de que Remy pudiera continuar lo que iba a decir, algo rodeó su pierna y la guió hacia abajo, Rómulo quiso sostenerla, pero fue inevitable cuando una enorme criatura ser irguió ante los chicos dando un rugido, era un jefe, y por lo visto de enorme apariencia, casi un monstruo marino que rememoraba esa leyenda japonesa del koi que quería volar y obtuvo sus alas, Reiji pensó eso, pero no había tiempo para indagar cuando la enorme criatura voló. Sí, eso hizo, Rengnar frunció su ceño y lanzó una llamarada de enojo en busca de la criatura.

    [​IMG]

    —¡Remy! —gritó Rómulo, mientras Rengnar rugía.

    —¡No te dejaremos ir, cobarde!

    Hasta que algo inevitable pasó, la criatura se lanzó al agua, y Rengnar quiso seguirla pero inmediatamente Jihyun dio una orden.

    —Ni te atrevas, nos hundirás a todos y siendo un reptil de fuego volador sólo te ahogarás.

    —¡P-pero Remy!
    —gritó Rómulo.

    —Lo más probable es que muera ahogada.

    —¡No si yo no lo permito!
    —vociferó el joven de la armadura, preparado para saltar al gran océano.

    —¡No estúpido, con la armadura solo te hundi...!


    El varón gruñó, cuando vio a su subordinado otaku quitarse aquella gran capa de metal que cubría toda su anatomía, dejando ver su cuerpo juvenil e infantil que había abajo de él, no hubo tiempo para sostenerse cuando se lanzó al infinito azul sin pensar en las olas que lo arremetían abajo, él era un otaku y como tal poco o nada le iba a importar hundirse, debía al menos intentar salvar a su mejor amiga.


    [​IMG]

    —¡Idiota! —vociferó Jihyun.

    El otaku nadó viendo infinidad de criaturas muertas en el fondo marino, pero poco o nada le importaba, es más, eso lo hacía impulsar más su infantil cuerpo por las aguas para recuperar a Remy que yacía inconsciente en el cuerpo de aquella criatura marina, hasta que el deseo natural de respirar le fue más fuerte a Rómulo que ningún otro, pero vio como la criatura iniciaba a emerger, cosa que él también hizo, hasta notar como esa criatura mitológica extendió sus aletas dorsales que le permitían volar y se dirigió a una isla, quiso seguirla, oh, en serio que quiso, pero una enorme ola lo arremetió hasta el agua nuevamente, quiso extender su mano, pero nada, se estaba hundiendo poco a poco mientras su respiración creaba burbujas, todo se estaba desmoronando frente a sus ojos: Su vida misma.

    —Remy... — dijo, antes de sentir unos brazos rodeándolo y sacándolo de aquel entorno acuático.

    —Eres un imbécil, todos los otakus son imbéciles —comentó su héroe, el asiático mayor —, justo como él —dijo, refiriéndose al rubio —. Eres su digno aprendiz.

    —D-demonio de los hilos...

    —Supongo que perdimos a Remy...
    —suspiró Gild, pero el otaku inmediatamente negó.

    —No, vi a esa criatura dirigirse a una isla —señaló hasta el fondo, mientras su respiración agitada declaraba que el chico infantil no había perdido la esperanza —. Tenemos que ir allá. No podemos dejar a Remy.

    —Supongo que seguir una estela fija nos llevará a algo —
    Jihyun asintió, logrando que el muchachito lo viera con ojos brillosos —. De todos modos es inevitable nuestro movimiento hacia allá, pero no tengas muchas esperanzas, quizá esa criatura ya se la merendó.

    —¡Yo nunca pierdo la esperanza! ¡Remy iré por ti! ¡Lo juro!


    Gritó al cielo con todas sus fuerzas, mientras el rumbo que el grupo seguía con Rengnar decidió enfocarse en esa isla que componía el gran cúmulo de archipiélagos que formaban el conocido reino de agua, un lugar que denotó su presencia con innumerables estructuras tecnológicas dignas de algún paraje perdido de Atlantis, y que emergía como una ciudad en medio del infinito océano, todo a su alrededor era mar y se notaba el caos, pues los derrumbes y los edificios que habían colapsado eran prueba fehaciente de que las cosas no estaban en el mejor de los escenarios. Una chica despertó algo aturdida para encontrarse a varias criaturas acuáticas y ella en medio de todos.


    ¿Dónde estoy...? —se preguntó a sí misma, mientras dos criaturas blanquecinas se lanzaron a abrazarla —. ¿Wind...? ¿Mist?

    —¡Sigues viva, humana bonita! ¡Sigues viva!

    —¿Qué... pasó?

    —Una criatura te atacó y yo... no... Mist y yo la distrajimos y te trajimos aquí
    —lloró Mist, mientras su hermano alado asentía, la muchacha notó que se hallaba en una especie de templo acuático que ahora era meros escombros —. ¿Q-qué está pasando?

    —Todos actúan raro y... nuestro capitán también... uh... uh...
    —contaron el dúo de criaturitas.

    —Ya veo... tranquilos, estarán bien conmigo —comentó la alemana, mientras ambas criaturitas se subieron a su hombro y ella sonrió —, no permitiré que ninguna criaturita tierna la pase mal.

    —¡Eres increíble!

    —¡Yay!


    La chica rió, le preocupaba cómo estarían sus compañeros, pero ahora mismo quería entender lo que ese par de familiares le habían dicho. Sin notar que en su camino un gato rosa movía su cola bipartida y la miraba con curiosidad, con esos ojos gatunas profundos y adorables.

    —Nya, al parecer logró escapar —se lamió su pata.

    —¿Quieres que me encargue? —dijo otra voz femenina.

    —No, ella al parecer tiene un don con los familiares, probablemente nos lleve a más de ellos y así salvaremos a más amiguitos.

    —Pero seguramente vendrán otros a por ella...

    —Yep, pero estaremos bien.


    Oh, sin duda, estaban muy lejos de acabar su misión. Y el equipo de la muchacha no tardaba en buscarla desesperadamente, especialmente cierto muchachito con los ojos llenos de esperanza.


    _________________________________

    LeoLeo los enemigos interceptaron a Remy que irá en busca de más familiares para ayudar, en lo que la hallamos seguro ella ya encontró varios, pero seguro también nos interceptaremos con Alexa y la Bea, y ya sabemos con quien más Dx
    AmakiAmaki
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  12. Velvet.

    Velvet. I challenge my fate!

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    Los pasos apresurados del grupo de reconocimiento los dirigían hacia el bosque luego de cumplir con su labor de investigación en el imperio Ichi dándole información clave al grupo para que el siguiente equipo pudiese movilizarse a través del imperio, si bien, la situación estaba relativamente tranquila en cualquier momento podría empeorar, se encontraban en el ojo del huracán y solo era cuestión de tiempo para que el imperio se perdiera bajo el yugo de la caníbal, por esos motivos Zero decidió movilizarse para poner en orden la situación. Alexandr no ponía en cuestión las habilidades de su señora para la ejecución de planes y misiones en solitario, pues ella ya estaba acostumbrada a esas labores y no dudaba de la información conseguida por su compañera Akane que era una experta en ello, pero había diferentes factores que podrían poner en riesgo a su luz, especialmente cuando se trataba de una fiesta caníbal, un evento de proporciones caóticas que nunca antes se había dado en la escuela. Klaus se aceró al número cuatro colocando suavemente su mano sobre el hombro del chico, el rostro del ruso se dirigió hacia su compañero quien tenía una mirada compresiva.

    — Sé que te preocupas por ella, estará bien.

    — Klaus, estamos hablando de una fiesta caníbal, la situación en el imperio Ichi es demasiado delicada y en cualquier instante mi señora podrá enfrentarse a una situación que no podrá controlar.

    — Ambos sabemos que ha pasado por cosas similares en el pasado y ha salido con vida. — Klaus le dedicó una cálida sonrisa a su compañero.

    — Lo sé, ella siempre encuentra la manera de terminar la quest independiente de la situación. Esa perseverancia, esas ganas de completar la misión, son cualidades dignas de admiración.

    — Comprendo, y creo que deberías dejarle esta misión y enfocarte tú en la tuya soldado, ella nunca va sola, recuerdalo.


    El numero asintió suavemente no sin antes agradecerle el gesto a su camarada, en eso tenía razón su luz a pesar de lo difícil que podía ser la quest la completaría con una sonrisa radiante en su rostro. El grupo continuaba avanzando no sin antes darle una mirada rápida a la ambientación en donde se encontraban. El bosque frondoso que era Nibikure escondía terrores bajo el ojo humano, horrores que debían indagar el grupo de reconocimiento al adentrarse a las profundidades del bosque. Los cuerpos de los familiares flotando sobre el oscuro cielo mostraban lo tétrica y peligrosa que era la situación, muchos de ellos eran ninjas y kunoichis que cumplían su labor de defender su pueblo frente la amenaza caníbal pero que cayeron bajo alguna especie de trance que les impedía bajar del cielo siendo adornos del evento que azotaba el Nexo entero. Rose apretó sus puños, esos cuerpos flotando en el cielo solo significaban una cosa, su mejor amiga era la autora de los hechos. La morena suspiró pues no le agradaba la idea de tener que encontrase a su BFF de esa manera, deseaba recordarla como una heroína, un ejemplo para los pesos pesados, no como una marioneta de una nigromante, aquello solo la motivaba más para detener a Diamond.

    — Parce una cosita, vos antes dijiste que conocías a quien le hizo esto a los familiares que están en el cielo, ¿Podrías decirme algo al respecto? — Sofía preguntó a Rose con las mejores palabras que pudieron ocurrírsele, la morena suspiró sacudiendo ligeramente su cabeza, no obstante, Pavel fue quien tomó la palabra.

    — Fue una mis subordinadas, se llamaba Sinmara y tenía la habilidad de crecer al absorber el alma de sus víctimas. Mientras más almas comía, más grande se hacía. Al parecer se dio un banquete con todos los habitantes de NIbikure.

    — Si es así, creo que ella deberá estar dormida en estos momentos, tiende a hacerlo cuando come demasiado — Rose sonrió con cierta melancolía, su mente se llenaban de dulces recuerdos de su amiga, en la cual en más de una ocasión tuvo que llevar la a espaldas luego de ganaran varios concursos de comer alitas de pollo.

    — ¿No hay una forma de que ella los baje del cielo? — La pregunta de Alexandr logró hacer que Pavel gruñera con cierta pesadez.

    — No, ella no sabía cómo hacerlo, eso nos ocasionó varios problemas en las incursiones, de no ser por la intervención de alguien quien nos acompañaba e iba en nuestra ayuda cuando eso pasaba no estaríamos aquí en estos momentos.

    — Adi — susurró Rose con seriedad, pronto el ambiente se puso tenso pues el nombre de aquel monje aun hacía eco sobre los participantes de la guerra civil.

    — ¿Quién era? — la pregunta de Emil hizo que todos voltearan a mirarlo a el y a la fantasmita, era cierto, ellos decían que no eran de su tiempo y era normal que algunas cosas fueran desconocidas.

    — Fue el vicepresidente de los deprimidos durante la época de Enone, Adi fue alguien reservado, mostrando cierto aire de misterio pero de misticismo sobre él.

    — El pelonchas era bastante paciente, sabio, incluso gustaba conversar con Sinmara cuando tenía tiempo, aunque ella no entendía la mayoría de cosas que decía. Era el único que podía regresarla a su tamaño natural al devolverle a sus víctimas el alma. — comentó Rose.

    — Sera un enemigo complicado de tratar, mi señora se ha enfrentado a él en una ocasión y aunque salió victoriosa sus habilidades no son algo que podemos tomar a la ligera.

    — Hablas como si estuviste en ese combate — Lina encaró al número, este la observó con esa típica indiferencia suya.

    — Lo estuve, aunque no pude estar consiente por mucho tiempo pues antes había luchado contra un grupo de ausentes, mi cuerpo terminó en un pésimo estado y solo pude ver como mi señora se enfrentaba a él de una manera un tanto diferente.

    — ¿Recordaste algo más? — preguntó Klaus, Alexandr negó.


    — Lo siento. Fui trasladado a la base y el resto ya lo sabes. Lo único que recuerdo fue que ellos dos hicieron una promesa y que él no la cumplió — Hubo un silencio, aquellas palabras en el informe de la hija del mal al final terminaron siendo ciertas, pues al parecer, para el monje una promesa era algo muy importante, tanto que sacrificó su vida por no cumplirla. Four continuó. — Si algo hemos aprendido de todo esto es que no hay que subestimar a nadie independientemente de su clase.

    Las palabras del número cuatro no podrían ser más ciertas, subestimar al enemigo podría llevarlos a la perdición, además, alguien como Diamond fue capaz de causar el desastre en el que estaban, por lo cual, se daba a entender que no importa que tan poderoso o débil fueras, siempre podrías causar un problema.

    — Aunque si lo que dicen del man ese es verdad, entonces él puede volver a la normalidad a las personas de arriba, además de que la perrita gigante volvería a la normalidad, ¿No? — Sofía pensaba que si lograban convencer al monje de curar a los globos no solo ganarían aliados contra la invasión, sino que facilitarían el ingreso a las demás tropas a Nibikure.

    — No sabemos que puede pedirnos a cambio, lo mejor será limitarnos a informar lo que ocurre — comentó Lina — Hay que saber bien cuando hacer o no hacer tratos con la gente, niña. Puede ser más peligroso que útil a la larga.


    A medida de que el grupo avanzaba por el frondoso bosque notaron como unos monjes caminaban entre los arboles entonando aquella tétrica melodía dando la impresión de ser alguna criatura de un mito o leyenda urbana algo que mostraba un aire perturbador, la legión se ocultó entre la maleza y los arboles esperando a que ninguno de ellos notara su presencia, un par de monjes voltearon unos segundos observando algún detalle sospechoso en el lugar, luego continuaron con su peregrinación hacia la paz e iluminación cantando en sinfonía con los demás miembros de la secta. Luego de que no hubiera enemigos en la zona la legión de reconocimiento pudo salir de su escondite.

    — ¿A dónde creen que se dirigen esos monjes? — preguntó Emil.

    — Sugiero que le hagamos un seguimiento, tal vez nos lleven al fondo de este problema, aunque tengan cuidado en que no los vean o estaremos en serios problemas.


    Ante la sugerencia del número cuatro, el grupo de información inició a seguir a los monjes, desde lejos y manteniendo una distancia segura frente a la secta cuya melodía resonaba en toda la tierra ninja. Poco a poco el grupo de reconocimiento se adentraba más en lo que seguramente sería la boca del lobo.

    — Emil, perrito — Sofía llamó a su compañero dándole una ligera palmada a su hombro, este le dedicó una mirada rápida a la fantasmita para luego observar aquello que señalaba su compañera. — Mira a esa pelada.

    La gigante Sinmara imponía su presencia ya que tenía el tamaño de un edificio, sus ronquidos hacían vibrar un poco la tierra, de no ser porque estaba en un profundo sueño, la titán no tardaría en atacarlos con aquella demoledora fuerza. Al esconderse entre los arboles del lugar, el grupo de reconocimiento notó como cada uno de los monjes atravesaban a la coloso con relativa facilidad. Al ver que no había monjes en la cercanía el grupo se reunió para crear un plan de acción.

    — Al parecer estos monjes pueden pasar a Sinmara sin ningún problema, esto dificulta las cosas.

    — Klaus, ¿Crees que podemos buscar una forma de entrar? — preguntó Cuatro a su compañero.

    — Deberíamos ver si no hay peligro primero. — Dos observó a Akane, la asiática suspiró — ¿Podrías darle un vistazo a la zona?

    — Puedo hacerle un escaneo rápido al lugar para buscar las zonas en donde podemos entrar a donde sea que se dirijan esos monjes.


    La chica de lentes llamó a sus compañeros los Mr Bubbles, estos se acercaron a ella para escuchar las órdenes y el plan que tenía la chica de lentes, la muchacha indicó a dos de sus robots, el roedor y el ave, que salieran analizaran las posibles zonas en donde podrían escalar a la chica gigante para así cruzar a la reunión que estaban llevando aquellos monjes, los robots se pusieron en marcha mientras que el grupo de reconocimiento preparaban su estrategia al esconderse en un sitio seguro.

    — Una vez Akane encuentre un lugar en donde podemos pasar a la gigante, nos adentraremos más al bosque y buscaremos más información acerca de donde se dirigen esos monjes. — El número cuatro observó a la pareja de pesos pesados — ¿Creen que podamos pasar sin despertarla?

    — Yeah, ma sis tiene un sueño pesado, pero no abusemos, no quieren enfrentarse a ella, enserio. — Explicó la neoyorkina.

    — Si no logramos encontrar un espacio por donde entrar podríamos escalarla — ahora la mirada del número cuatro fue dirigida al tanque de oro. — ¿Puedes construir algunos materiales con oro?

    — Puedo formar pilares para hacer un puente, no tendré la misma creatividad en que la armería sagrada pero puedo defenderme.

    — Bien, ahora esperemos a que Akane termine de registrar el lugar


    La nerd estaba concentrada en la misión de exploración que le fue concebida. Mirando la pantalla del esférico robot, Akane memorizaba y dibujaba sobre su libreta cada detalle del lugar, pero hasta ahora no encontraba nada, una pista o alguna ruta que pudiera servirle a ella o a sus compañeros en la labor de infiltración, Sinmara hacía gala de su título como muro pues parecía imposible pasar a no ser que fuera derrotada. Akane tenía un ojo atento a lo que pudiera suceder, ya sea encontrar una forma en la cual ellos pudieran entrar o un camino en donde ni siquiera la coloso pudiera llegar, después de todo, aunque fuera grande no podría cubrir toda una nación entera, al menos por ahora. Akane se mostró preocupada ante una situación inesperada, la visión de su compañero alado se llenó de un manto blanco, pronto su robot alado se detuvo estrepitosamente para luego caer al suelo estrellándose en miles de pedazos. Akane no tardó en reconocer el peligro y llamó a su otro centinela para estar más segura ante la situación.

    — Vaya, hasta que por fin alguien diferente a esos monjes aburridos llegó a la fiesta. — tanto Klaus como Alexandr apuntaron sus armas hacia la voz que se encontraba detrás del grupo. Un demonio con una sonrisa de oreja a oreja mostraba sus dientes. — Hey, no tienen por qué ponerse agresivos, yo también vengo a la fiesta — comentó mientras bajaba del árbol en donde se mecía — ¿Saben? Hasta ahora no han pasado más que monjes y la nena que hay aquí está completamente dormida para bailar conmigo.

    — ¿Fiesta dices? — preguntó Klaus, el demonio pasó de él hasta acercarse a la chica de lentes, ella trató de rechazarlo pero desapareció dejando una nube de hielo que se disipó por el aire. Klaus de inmediato se puso al frente de su compañera preparándose para un eminente combate. — Dinos que quieres.

    — Hombres, que aburrido. — comentó — Y si, fiesta, la fiesta que se están montando detrás de esta nena, es muy aburrida pero seguro que la alegro si voy donde esas chicas tan increíbles. Aunque, también puedo divertirme con las tres preciosuras que están aquí — El demonio acosador trató de acercarse hasta Akane pero fue alejado de inmediato por el número Dos, el incubo simplemente rió y fue hasta la asocial, acercándose sugerentemente el demonio susurró algo a los oídos de la chica — ¿Y tú que dices? ¿Quieres pasar un buen rato conmigo?

    — Huy mijo, ni siquiera me decís el nombre y ya quieres que nos parchemos, tá muy brava la cosa hermano — Sofía se sentía incomoda por la actitud del demonio, pero también, debía mostrarse relajada frente a las nuevas experiencias en las que se encontraba, aunque en cierta medida, la actitud del sujeto le recordaba a alguien. — Al menos decime tu nombre.

    — Puedes llamarme como quieras cariño.


    Un fuerte látigo alejó al demonio de la chica, la mirada ladina del incubo cambió a una de molestia al ver a la dueña de aquella arma de color carmín, Lumi se mostraba molesta, pues aquella era una reunión familiar un tanto extraña.

    — Te dejo dos segundos y ya estas como perro en celo, hermanito. — Sofía se mostró sorprendida ¿Acaso su superiora había dicho hermanito? — No esperaba encontrarte aquí.

    — ¿Así es como recibes a tu hermanito después de tanto tiempo? — el demonio acosador hablaba de manera burlona a su hermana — De saber que vendrías me habría puesto más elegante u organizado mejor esta fiesta para recibirte. — Sofía observaba atentamente a su líder pues la familiaridad con la que hablaba a ese demonio se le hacía demasiado extraño que no pudo evitar preguntar.

    — Doña Lina ¿A qué se refiere con hermanito? ¿Acaso lo conoce?

    — Que el idiota de aquí es el jefe del mundo mental de mi hermana, Ostia.

    — Ostia…me suena, perate, espera ¡¿Ostara?!

    — Tsk, prefiero quedarme jefe, como si fuera a volverme esclavo de unos humanos. No soy como tú o el tarado de Mirai, prefiero ser un espíritu libre.

    — Un espíritu libre que esta encadenado no por un arma, sino por un amor no correspondido ¿No? — aquello fue un golpe bajo para el Incubo pues no le agradaba que tuvieran que recordarle sus penas de amor, especialmente con el primero que tuvo.

    — ¡Sabes muy bien lo que sentía por Ouroboros y aun así me la quitaste!

    — Oh vamos, estabas en una relación toxica, yo simplemente le ofrecí algo mejor y accedió.

    — Esa aun me duele, pero jamás te perdonare lo de Ouroboros!

    — Te veía como amigo. Ella, en cambio, sentía cierta atracción a ser atada por Sustiri.

    — ¡No esa masoca! ¡Ouroboros, me refiero a Ouroboros!

    — Ella nunca te amo.

    — ¡Esa no! ¡La otra Ouroboros!

    — …Pero es una menor.

    — No estoy pensando en esas cosas si es a lo que te refieres — comentó molesto el demonio acosador — Me quiere como su hermano, y ahora es ¿Dónde está mi hermana Sustiri? ¿Dónde está Sustiri? Sustiri aquello, Sustiri lo otro ¡Quería proteger esa sonrisa!

    — Lo siento, pero está en mis manos ahora y se siente segura conmigo.


    La tensión en el ambiente se podía ver en el aire, ninguno de los presentes decía nada ante la discusión familiar que se estaba desarrollando, a pesar de no haber visto en mucho tiempo a su hermanito Lina no perdía la costumbre de fastidiarlo y regodearse de que ahora su serpiente infinita era solo para ella. Lumi sonrió, mostrando aquel anillo de compromiso que tenía sobre su dedo, los ojos del demonio acosador se abrieron al ver aquella muestra de compromiso en el dedo de su hermana.

    — Si te portas bien, hermanito te dejaríamos leer los votos matrimoniales. — el corazón del futuro Adonis se partía en miles de pedazos, ahora el objeto de sus amores estaba lejos de su alcance, no obstante eso significaba algo, era hora de desquitarse con su hermana y arreglar cuentas pendientes.

    — Tengo una mejor idea — Dijo — ¿Qué tal si hacemos una despedida de soltera? Después de todo, ¿Qué es una boda sin algo de diversión primero? — El incubo sacó un kiseru de sus ropajes colocándolo sobre sus labios, al soltar el humo de su pipa varios clones de hielo hicieron acto de presencia alertando a los miembros del grupo de reconocimiento. Lina mostró una sonrisa desafiante pues sabía que estaba pensando su hermano y no iba a dejarle el gusto de que hiciese lo que quisiera.

    — ¿Por qué no? Después de todo un poco de diversión no le hace mal a nadie antes de su boda, aunque espero que esta despedida sea mucho mejor que esta fiesta ¿No lo crees, hermanito?


    Los clones de hielo iniciaron su ataque frente al grupo de investigación. Rápidamente los pesos pesados se pusieron al frente, disipando cada esquirla de hielo que el demonio de la lujuria lanzaba al grupo, Rose al ser una experta en derretir cosas tenía facilidad para disolver el hielo del demonio acosador, pero este no se iba a rendir tan fácil pues la agilidad del incubo era tal que era le era difícil a la chica fijarlo como objetivo. El futuro Adonis era escurridizo y veloz ya que se mecía ágilmente sobre los arboles eludiendo cada ataque que lanzaban sus perseguidores. Cada Clon lanzaba estacas de hielo que buscaban atacar a los incursionistas, no obstante la defensa del rey dorado hacía difícil la labor para las gélidas copias, por lo que cada copia se elevaron hacia los arboles disparando cuchillas heladas, Rose no tardó en intervenir, usando sus nudillos disparó varias flechas de fuego que derritieron cada ataque helado que se dirigía en su dirección. Alexander saltó en hacia el demonio preparando una katana, un clon de hielo intervino recibiendo el ataque de por sí, una nube de hielo explotó sobre su cuerpo dejando sus manos pesados al estar cubiertas de un pesado hielo. El incubo de hielo lanzó varias cuchillas en dirección a Four pero estas fueron detenidas por las propias chuchillas de oro de Pavel y la mirada rápida del número dos. Rose intervino y derritió las manos del gamer devolviéndole la temperatura normal a sus extremidades.

    — Realmente me gusta una nena que pueda encender mis pasiones. — Rose rió ante tal piropo.

    — Voy a encender más que tus pasiones, Manwhore.


    El incubo rió, pronto se vio rodeado de varias manos doradas que buscaban atraparlo, con agilidad él y cada uno de sus clones eludieron los ataques del enano de oro quien se limitaba a observar a su enemigo con un rostro de seriedad, Pavel poco a poco eliminaba los clones de hielo. Antes de que pudiera ser atrapado el demonio acosador evitó el agarre volviéndose una nube helada lanzándose rápidamente hacia su hermana, una cadena rodeo el cuello del demonio lanzándolo hacia un árbol cercano, pronto una kunoichi lanzó preparando sus cuchillas para cortarlo, no obstante este tomó las cadenas y lanzó con su propia fuerza a la colombiana hacia un árbol cercano. El demonio acarició con suavidad el tierno rostro de la muchacha quien lo miraba desafiante.

    — Me encanta una mujer que pueda patearme el trasero. — Sofía suspiró, luego mostró una sonrisa coqueta.

    — Puedo hacer otras cosas con mis piernas si estas interesado.

    — Oh, ahora tienes toda mi atención.

    — ¿Interrumpo su cita?


    El deprimido bicolor lanzó varias jeringas al cuerpo del demonio, un clon raídamente las deshizo golpeándolas con una cuchilla helada, Sofía aprovechó para soltar una bomba de humo desde su bolsillo lo cual le permitió escapar del agarre del demonio helado. Al ver a donde se había ido la fantasmita una guadaña logró cortar su cuerpo en dos, no obstante aquello fue un clon de hielo, Adonis suspiró aliviado pues aquella técnica podría haber sido un problema. A pesar de estar luchando por su vida y el amor de Ouroboros, la fiesta que tanto deseaba Adonis se estaba haciendo realidad, una lucha intensa, lindas nenas, ahora solo faltaba un elemento.

    — ¡Esta fiesta se está poniendo intensa! ¡A rockear! — varios clones fueron creados y con ellos el demonio acosador lanzó varias cuchillas de hielo en dirección a la titán, las navajas de hielo fueron destruidas por el número cuatro quien sostenía una pistola con silenciador. — Parece ser que tenemos a unos aguafiestas aquí.

    — ¡No dejen que despierte a la gigante! — clamó Shura.

    — Entonces es mejor que lo detengamos — Sofía sintió un golpe del látigo sobre su espalda, la muchacha volteó con cierto deje de dolor hasta donde se encontraba su superiora, Sofía la miró con cierta confusión — ¿Ocurre algo, Doña Lina?

    — No te atrevas a matar a mi hermanito, será estúpido, pero prefiero verlo por ahí fastidiando que convertido en un wololo.

    — No pensaba en hacerlo — Negó. — Solo retenerlo hasta que usted se encargue.

    — No me voy a quedar todo el tiempo con él, no soy su niñera — La gran Babidi bufó molesta.

    — ¿Y si lo dormimos? Si ustedes lo retienen yo puedo ponerlo a dormir sin peligrar su vida, ¿Les parece? — ambas asociales asintieron ante la propuesta de Emil.

    — Si lo dormimos no habrá ningún problema. — Afirmó Lumi.


    El demonio acosador se movía ágilmente por el bosque lanzando cuchillas no solo a sus adversarios también a la gigante en espera a que se despertara, los clones y la niebla que creaba gracias al humo de su kiseru mantenían a raya a los investigadores, uno de los clones se dirigió hacia Akane, la muchacha no tardó en esquivar cada ataque de los demonios de hielo, la agilidad de la numero doce no debía ser subestimada pues a pesar de que era un número mayor y alguien de segundo grado todavía seguía siendo la elite de la escuela y una súper heroína en potencia, Rose interceptó a varios clones con sus llamas derritiéndolos en el acto, Pavel cortaba con fiereza con su espada y cuchillas doradas a cada clon que se acercaba a la gigante mientras que Klaus y Alexandr derribaban las copias que trataban de acercarse desde arriba de los árboles. Poco a poco el demonio se estaba viendo superado en fuerza y poder, pero necesitaba cumplir los objetivos de aquella pelea, o fastidiaba a su hermanita o fastidiaba a esos humanos, cualquiera de las dos le vendría de perlas y como había colocado al grupo de humanos en posiciones alejadas para proteger a la titán habían dejado a su hermanita sola, era el momento de atacar.

    Formando una nube de hielo con su kiseru lanzándose de lleno frente a los pesos pesados, Rose interceptó al demonio golpeando con fuerza su cuerpo con sus llamas, no obstante aquello fue una pantalla de humo que se disipo por las llamas de la morena, dicha maniobra sirvió al demonio para llegar hasta su hermana quien la esperaba maniobrando a Sustiri, una patada de la colombiana que no esperaba ver, llegó a su rostro lanzándolo hacia uno de los árboles, Sofía rodeó su cuerpo con la cadena aprisionándolo, tocando el arma de la muchacha esta poco a poco se iba congelando, pero antes de que pudiera hacer algo Pavel inmovilizó el cuerpo del demonio con varias raíces de oro que fueron tomadas de los arboles cercanos, Adonis trató de escapar pero el lazo de su hermana logró retenerlo anulando su energía mental.

    — Gracias por la fiesta, hermanito. Pero ahora soy una mujer comprometida y debo asumir mis responsabilidades como madre. — El demonio acosador soltó una risita.

    — Al menos invítame al bautizo.

    — No podría olvidarlo. — comentó la gitana, Emil colocaba un sedante sobre el cuello del demonio, este a pesa de encontrarse inmóvil no podía evitar soltar una que otra broma.

    — Al menos dime que es de la buena.

    — Te hará dormir un buen rato, te lo aseguro — respondió el medico del grupo, la conciencia del demonio acosador poco a poco se iba de él, al final, el jefe pudo escuchar la molesta voz de su hermana dentro de sí.

    “Herma...nito…estúpido”
    Con el demonio acosador inmovilizado era hora de continuar con la labor de exploración en la fiesta caníbal, no obstante debían colocar al demonio en un lugar seguro para evitar que este fuera convertido en un wololo, la mejor opción para evitar aquello era colocar al demonio sobre la copa de un árbol, y asegurar a que este no se cayera, Lina supervisó la tarea mientras que Pavel facilitaba el traslado usando bloques de oro para trasportarlo con facilidad. Una vez dejado al demonio durmiente el grupo continuó el plan de infiltración.

    Nuevamente Akane fue la encargada de la labor, esta vez mandando a uno de los pequeños robots que no había sido destruido por Adonis, el roedor era mucho más ágil y veloz, pudiendo recorrer sin ningún problema el perímetro de la muralla, a pesar de que el grupo tuvo que esconderse varias veces para evitar a los nuevos invitados a la fiesta, ninguno de estos logró detectarlos a ellos o al hermano de Lina.

    — Chicos, termine de recorrer todo el perímetro de la gigante y temo que es imposible llegar a la fiesta caníbal a no ser que la tratemos de escalar.

    — ¿Qué hay detrás de ella? — Ante la pregunta del número cuatro la doce negó.

    — Se encuentra la aldea, sería muy difícil pasar debido a que la aldea se encuentra construida en una montaña. Si colocas a ahora Sinmara como muralla hace imposible acceder a donde se encuentran los monjes.

    — ¿Qué hay de su cuerpo? ¿Descubriste un punto en donde podamos escalarlo con facilidad? — Akane suspiró ante la pregunta de su antiguo crush.

    — Solo los pies, específicamente sobre la parte del tobillo, solo en esa parte su cuerpo no es tan grueso, podemos usar los árboles para cruzar sobre sus pies, tienen la misma medida y donde se encuentra dormida no los ha derribado de momento.

    — Pongámonos en marcha, conociendo a Sinmara ella estará dormida durante un largo rato pero eso no puede relajarnos.


    Ante las palabras del enano dorado el grupo inició a movilizarse a la ruta indicada por Akane, una vez llegado al punto se pusieron en marcha. Creando un pilar dorado del suelo el ruso llevó al grupo hasta estar de frente a las ramas del árbol. El primero en subirse allí fue cuatro, el número usó su inventario sacando de este un gancho de cuerda. Shura agitó con fuerza el objeto hasta colocarlo al otro lado del árbol pasando la primera pierna de Sinmara, una vez hecha la labor Alexandr inició el recorrido hasta llegar al extremo. Uno a uno los miembros cruzaban la cuerda mientras que el número cuatro usaba de los materiales para continuar moviéndose a través de los árboles, un total de tres garfios fueron suficientes para tener el recorrido listo para el grupo mientras que el ultimo en cruzar se encargaba de recoger el material para usarlo una vez más en caso de tener que pasar a la gigante de nuevo..

    Poco a poco la legión lograba cruzar aquella muralla hasta llegar a su destino, no obstante cerca del último tramo, la gigante inició a moverse de su lugar tumbando el árbol donde se encontraba bajando la última parte del grupo, Emil y Sofía. El par trató de moverse y evitar la caída pero el árbol logró atraparlos con ellos. Pavel y Rose se pusieron en marcha reteniendo a la planta caída lo mejor que podían mientras que Alexandr y Klaus atrapaban a la pareja de novatos entre sus brazos, no obstante, la titán sintió que algo le estorbaba y con una patada mandó a volar aquel árbol que le estorbaba y con ella por poco al grupo entero. La legión se puso en alerta pues los movimientos de la chica se estaban volviendo constantes obligándolos a moverse lejos de ella, esperaban lo peor, enfrentarla iba a ser un problema ahora con ese tamaño y aquello era lo último que necesitaban, no obstante, el peligro se fue una vez que la muralla encontró una posición cómoda escuchar los ronquidos de la muralla.

    — Ya pasó todo — comentó Alexandr, el resto del grupo suspiró con alivio. — Ahora solo nos queda explorar el lugar.

    — A ver, muevan sus culos de una vez, no tardaran en llegar esos monjes y si nos ven estaremos en problemas.


    Nuevamente el grupo investigativo inició marcha hacia donde se estaba llevando la fiesta caníbal, desconocían los peligros que allí encontrarían pero ese era el trabajo de la legión de reconocimiento, investigar e informar sin importar el riesgo que aquello llevaba.


    [***]


    Desde la lejanía sobre unos matorrales un pequeño niño corría a toda velocidad por el bosque al ver las figuras adentrarse dentro de este. Sus pequeñas piernitas corrieron lo más rápido hasta que por fin llego donde se encontraban sus compañeros: una pequeña niña de cabellera nívea que se encontraba bailando una ronda infantil con dos de sus mejores amigos, una pequeña lobita adornada con una caperuza roja y una pequeña hada. El trio de féminas se encontraban tan inmersas baile que ignoraron por completo los gritos del pequeño pastor.

    — ¡El lobo! Digo, ¡Enemigos, enemigos al acecho! ¡Aliciaaaa! ¡¿Por qué no me escuchas?!

    [​IMG]
    — Oh pequeño Pedrito, Caperucita y Alicia escucharon tus gritos de auxilio, pero por ser mentiroso el lobo feroz te comerá — Desde las sombras un fiero animal apareció frente al pequeño pastor mostrando sus filosos y enormes dientes, el pobre pastorcito cayó al suelo mientras que el lobo soltaba una curiosa carcajada al ver la desgracia de su compañero.

    — ¡N-No es cierto! ¡Esta vez digo la verdad!

    — Oso oso, mentiroso.

    — ¡Alicia por favor! ¡Hay infiltrados en la fiesta! ¡Vi como pasaron a Sinmara!

    — Nadie puede pasar a Sinmara tontito, Alicia cree que debes dejar de decir mentiras.

    — Dime una vez que he mentido — la amante de los cuentos contaba con sus deditos las veces que su compañero le mintió — ¡Ese no es el punto! El punto es que hay humanos que se dirigen a la aldea. Debemos detenerlos.

    — Alicia prefiere jugar con Caperucita y Tinkerbell, ¿Por que no vas por ahi a jugar tu tambien? recuerda que estamos en una fiesta. — Y así, la muchacha continuó bailando una ronda con sus amigas.


    El pastorcito suspiró, estaba frustrado de que no le creyeran sus amigos aun cuando decía la verdad, pero esta vez no mentía y lo iba a probar antes de que sea demasiado tarde.

    [***]
    CorventCorvent Pasamos a Sinmara, estamos dentro de Nibikure. Ahora lo que hay que hacer es tratar de evitar al pastorcillo mentiroso que este haga escándalo, sino, pues nos cae la tomba.

    AmakiAmaki
    TaKaTaKa
    IceIce
    LeoLeo
    zXArtemisXzzXArtemisXz
    AhkilendraAhkilendra
     
    Última edición: 19 Jul 2018
  13. Leo

    Leo ¿No ves que te voy a matar (con feels)?

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    El grupo volaba en silencio, siguiendo la dirección donde la criatura había ido. Rodeaban las islas más lejanas a la central, tratando de dar con algún rastro de su compañera, mas no lograban encontrar una señal clara. Además, el viento y los rayos hacían que el vuelo fuese algo difícil para el dracónico.

    -¿Vai’ a estar bien, cabro?

    -¡Tú solo preocúpate de mantener a Dolly a salvo!-
    replicó Rengnar de vuelta al grito del chileno. Habían dado con la irregular dormida casi por milagro, antes de que el laboratorio les cayese encima. O al menos fue lo que le dijeron cuando despertó ya en el aire, y forzado a calentar a su compañero. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un relámpago que cayó peligrosamente cerca del dragón.

    -Rayos…-Rengnar comenzó a perder altura de pronto, al punto que por poco toca el agua, y el grupo debió sostenerse con fuerza para no caer al agua.

    -¡Rengnar!-ésta vez fue Andrés que dio un grito.

    -¡Estoy bien!-insistió el muchacho-¡Diablos, C.C., coopera un poco!

    -Ah… l-lo siento… e-es que…estaba pensando y... l-la señorita Light… ella…

    -C.C….


    Otro relámpago casi roza un ala del dragón. El ruido fue tal que dejó un zumbido en los oídos del grupo por unos segundos. Para colmo, el aire a su alrededor comenzaba a volverse nebuloso, lo cual no hacía sino dificultar la maniobra de búsqueda.

    -¡Hay que bajar a tierra pronto!-gritó Jihyun al dragón.

    -¡Aún no damos con Remy!-replicó el preocupado, pequeño y adorable otaku de mejillas anchas… digo, actitud caballeresca., recibiendo otra réplica de “piensa con la cabeza” del coreano.

    “¿Y ahora te va el shota?”

    N-No es eso… E-Es solo que me recuerda a ti cuando eras pequeñito.

    “…La wea asquerosa.”

    ¡NO ME VA EL SHOTA!

    -Al narrador le va el shota~ al narrador le va el shota~

    ¡A ti te va el shota, mosquete mal educado!

    -Corrección, a mí me va todo, cariño.

    -¡Calla a tu arma, peruanito!

    -¡Si supiera cómo lo haría!


    El dragón subió un poco más ante el reclamo del líder de los discapacitados, quien cayó al par con un latigazo de su bufanda. No tenían tiempo que perder, y mantenerse cerca del agua con este clima embravecido era peligroso. Sin embargo, la insistencia de Rómulo y la falta de zonas de aterrizaje que no estuviesen inundadas o con potenciales civiles hacía difícil no mantenerse buscando. Solo esperaban dar con el paradero de la chica o al menos un refugio antes de que el clima mismo fuese quien los derribase a ellos.



    [*****]



    -…Las gaviotas no quieren volar con este clima, pero fueron las primeras en avisarnos cuando vieron que algo malo pasaba-Mist presentó a los animales que se acercaron dando saltitos para no ser empujados por el viento.

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    -¡Y éstas son las tortugas! Son muy buenas escondiéndose-mencionó Wind, presentando a un grupo de pequeños que estaba con ellos.

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    -Awww... pero... ¿No se fueron nadando o volando?-preguntó Remy, luego de recuperarse del ataque de ternura.

    -El océano está muy raro como para irse sin más-aclaró uno de los reptiles, con una voz inusualmente grave para su aspecto.

    -Hay un montón de cosas feas como la que te atrapó-comentó Mist-. El capitán estaba ayudándolos, pero…

    -Ya, ya, estarán bien. Estoy segura de que podremos hacer algo, ya lo verán.

    -¿En serio? ¿Podrán ayudar al capitán? ¡Él normalmente es muy amable, en serio!

    -¡Claro! Cuenten con ello, estoy segura de que la ayuda viene en camino.



    Tal vez la situación no era la mejor para Remy en aquel momento. Pero como buen otaku, tenía esperanza en los suyos, y no iba a dejar que los pequeños familiares la perdiesen tampoco. Permanecía atenta a los alrededores, que hasta ahora se habían mostrado tranquilos, pero acorde a Wind y Mist era mejor mantener la guardia.

    El sitio, a pesar de los edificios que ocupaban la mayoría de la vista, tenía bastante vegetación, mayormente compuesta por palmeras y pasto, aunque varios arbustos se abrían paso en la base de éstos, que se movían erráticamente debido al viento, y varios, como las ruinas en que se encontraba, tenían partes dobladas o rotas, seguramente víctimas de la tempestad. La otaku fijó la vista en el cielo, oscuro y tormentoso, y a la niebla que se acercaba desde la lejanía en su dirección. El ruido de los rayos en la distancia se confundía con el de las olas chocando con la playa, cada vez más cerca, y la falta e vida hacía que todo se sintiese tétrico y peligroso.

    -Alejémonos de la costa, ¿sí?-sugirió Remy a los familiares, quienes asintieron, para luego adentrarse en la ciudadela.


    El interior al menos logró refugiarlos del viento, cuyo sonido se agregó al temeroso ambiente. Los familiares pronto comenzaron a sentirse algo intimidados, mas Remy los tranquilizó manteniéndolos cerca. Continuaron el camino comentando cosas sobre sus vidas, sus amigos y la gente que habían conocido. Wind y Mist les comentaron algo sobre unas “células” de un mundo que al parecer era un cuerpo. Ella, aún sin entender mucho, les comentó sobre la gente que vendría por ellos.

    -Suenan raros… ¿son como el caballero con el que estabas?-preguntó uno de los pequeños.

    -Hay algunos con peor humor que otros… Jihyun y ese gamer parece que viven con el ceño fruncido…-se dijo la chica, recordando a un par-Pero no se preocupen, todos están aquí para ayudar.

    Los pequeños celebraron mientras la muchacha continuaba la búsqueda, sin saber que un par de ojos felinos la observaba de cerca. La gata frenó entonces, alejándose para ver a la otra persona que le seguía.

    -… Así que el coreano va a venir por ella-dijo la chica, acariciando al animal en su cabeza para luego ver un brazalete-. Hey. Tenemos visitas. Vente pronto. Nos hará falta una mano.




    La otaku continuó su camino en busca de más familiares, cuando de pronto sintieron algo moverse en las cercanías. Remy rápidamente pidió a sus guías que se ocultaran tras ella, mientras las tortugas se ocultaron en los caparazones y las gaviotas en las alturas de los edificios. Fue entonces que la muchacha notó algo entre unos callejones, y con rapidez levantó la tierra a su alrededor, formando una lanza que lanzó a un basurero cercano.

    -¡Salgan de ahí!

    Hubo silencio por un buen tiempo, hasta que de pronto algo se asomó. Un grupo de… ¿gorras?


    -A-Ano…-una voz infantil habló-¿Q-Quiénes son?

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    ¿Una niña? ¿Qué estaba haciendo allí? Tan solo verla hizo que el nivel de azúcar de la chica se disparase.

    -S-Somos parte de un equipo de rescate-dijo por fin luego de unos segundos-. Venimos a ayudarlos.

    Ante aquella declaración, los ojos de la pequeña se iluminaron. Pronto, otros varios pequeños como ella se le acercaron con una sonrisa.

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    -Anone, anone, Somos familiares-explicó la que parecía ser la mayor-. E-estábamos de vacaciones con nuestros amigos glóbulos y entonces… pasó esto. Tratábamos de buscar un refugio hasta que el mal clima pasara, pero…

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    -¡Son las plaquetas de las que te hablé!-comentó Wind. Remy con suerte asintió.

    -¡P-Pues no se preocupen! Sígannos y pronto estarán a salvo-dijo. Los pequeños se miraron entre ellos e iniciaron a celebrar dando saltitos. Remy estaba en la gloria.

    -Qué monos…-musitó tanto ella como sus acompañantes.




    El grupo, ahora crecido, continuó con la alegre canción del grupo de plaquetas, que intentaba marchar al unísono detrás de la otaku. Poco a poco se le fueron uniendo más criaturas: algunos gatos, ardillas, estrellas de mar con pantalones (?), e incluso una que otra criatura con aspecto que emulaba a un naga, que ante la promesa de ayuda y el encanto de los monos familiares decidieron seguir a la muchacha, que de cuando en cuando observaba el cielo en búsqueda de alguna señal de su grupo, a pesar de la neblina que los cubría.

    -Si tan solo pudiera comunicarme con ellos…-se dijo, bajando la vista a su brazalete. Hasta ese momento el usarlo solo le había dado estática, como se demostró cuando aún estaban en Movov. Sin embargo, decidió intentar otra vez, notando luego que la señal –aunque débil- permanecía estable. No tardó entonces en tratar de contactar a su compañero, esperando alguna respuesta a su mensaje con el corazón en la mano. Hasta que de pronto escuchó un bip.

    “¿¡REMY!? ¿¡ESTÁS BIEN!? ¿¡QUÉ TE PASÓ!?”

    Era Rómulo, gritando como loco. La chica sonrió.

    -¡E-Estoy bien! ¡Estoy en una isla, y hay varios familiares conmigo! Parece que nada está funcionando aquí, pero la gente luce bien.

    -¡Holaaaa!-
    las pequeñas plaquetas saludaron al brazalete de la chica, quien pronto envió el mensaje. Poco después llegó la respuesta.


    “¡Remy! ¿No te preocupes, iré por ti! ¡Todo estará bi-!”
    Algo de estática. Luego, otra voz.

    “No sé cómo sobreviviste, pero gracias por no darle otro soldado a Diamond. Estamos sobrevolando el área, pero el clima hace difícil ubicar algo. Busca una forma de darnos a conocer tu ubicación y dónde poder aterrizar.”

    Era Jihyun. La otaku apretó los puños con fuerza, dedicando una mirada al grupo de familiares que iba con ella.

    -¿Pueden ayudarme con esto? Si lo logramos, podrán salir de aquí a salvo-el grupo asintió con decisión.

    -Podemos ir al faro. Aún está en pie, y quizá hasta podamos hacerlo funcionar-mencionó un familiar con cabeza de hipocampo.

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    -¿Faro? ¿No está muy cerca de la costa?

    -Está sobre un acantilado. No habrá problema con el mar, creo.

    -Bien-
    la chica asintió-¿Sabes dónde está?

    -No muy lejos de aquí, en la playa del noreste-
    respondió.

    -¡Muchas gracias! ¡Todos! ¡Al faro!-indicó la otaku, recibiendo una ovación del resto. La muchacha no tardó en enviar a su grupo la información de su proceder antes de iniciar el avance-¡Vayan con cuidado y no se alejen del grupo! ¡Estaremos bien!

    Las sonrisas esperanzadas de aquellas criaturillas renovaron los ánimos de la muchacha. El grupo se puso en marcha, juntos como les habían dicho, y cubriéndose entre ellos de la adversidad del clima.

    Mientras caminaban, sin embargo, no pudo evitar notar el nerviosismo de Wind y Mist.

    -¿Qué sucede?-les preguntó.

    -Uh…-el par de familiares regresó a sus hombros, hablando más bajo-Es… que todo está raro.

    -¿Cómo así?

    -Todos están… como siempre.


    La chica bajó la mirada, recordando lo que el par le había dicho cuando recuperó la conciencia. Pensó las cosas por un momento, y entonces decidió volver a su brazalete y mandar un mensaje más, esperando que sus sospechas fuesen infundadas.




    El grupo, luego de un tiempo de caminata y búsqueda de supervivientes, llegó por fin al faro que el familiar hipocampo había mencionado: Era una estructura relativamente alta, del tamaño de un edificio de cinco pisos, pero mucho menos ancho, que se encontraba en relativamente buenas condiciones considerando la situación, aunque no funcionaba. El grupo se refugió dentro luego de que la otaku revisara el área con algunos mini gólems que hizo para ayudar a las plaquetas a caminar. Remy no tardó en acercarse a la salida para ver el cielo. La neblina hacía difícil ver a lo lejos, pero confiaba en que la ayuda no tardaría en llegar.

    [​IMG]

    -¡Humana! ¡El faro!-un familiar con forma de pez, que dijo ser electricista, fue hacia ella luego de revisar el aparato que se supone debía estar haciendo funcionar aquel edificio.

    [​IMG]

    -¿Qué sucede?

    -Aparte de unos problemas menores, el sistema parece funcionar bien. El problema es que no tenemos energía para ponerlo en marcha.

    -Uhm… ¿podemos hacer algo?

    -Hay un generador, pero al parecer agotó su fuente de poder. Si pudiésemos recargarlo…

    -Creo que puedo hacer algo-
    comentó otro familiar con escamas-. M-Mi padre era una anguila, así que…

    [​IMG]

    -Ya veo. Gracias, pequeña anguila-el susodicho pareció sonrojarse un poco mientras las pequeñas plaquetas se le acercaban a celebrar.



    Poniéndose en marcha, los familiares se encargaron de revisar que todo estuviese en orden. Don Pesebre –como dijo el mecánico que se llamaba- se encargó de arreglar los cables mientras las tortugas cargaban escombros que molestasen y las plaquetas los cargaban a ellos. Para cuando todo estuvo preparado, el joven anguila fue conectado al generador.

    -T-Tomen algo de distancia-pidió éste. El resto hizo caso y, luego de inspirar profundo, cerró los ojos y comenzó a generar electricidad, la que fue llevada al generador. Luego de un minuto así, soltó los cables y cayó al suelo algo agotado.

    -¡Señor anguila!-las plaquetas se le acercaron rápidamente. El aludido se levantó en cuanto pudo e insistió que solo estaba un poco agotado.

    -¡Ya tenemos energía para hacerlo funcionar!-don Pesebre indicó, luego de revisar el generador. Rápidamente puso todo en marcha, y pronto la luz del faro se encendió. Todos los familiares celebraron y Remy respiró con cierta tranquilidad, informando a los suyos para que pudiesen bajar a tierra.

    Y entonces escuchó algo así como unos cascabeles sonando.



    Al alzar la vista, Remy notó a una gatita rosada, que ronroneaba mientras que don Pesebre le rascaba la espada. Al principio le pareció una monada, mas no tardó en darse cuenta que algo estaba mal. No solo porque de pronto casi todos los familiares se encontraban en silencio, sino también porque Wind y Mist se acurrucaron tras ella poco después.

    -Ese sonido…

    -L-Lo hemos escuchado antes…


    Los familiares con forma de animales dieron la vuelta hacia la otaku, con ojos apagados fijos en su persona. La gata rosada avanzó hacia ella, deteniéndose un momento para lamer su pata.

    -Nya, tenía razón. Tienes un don con los familiares-dijo la felina.

    -¿Quién eres? ¿Qué está pasando?

    -No te preocupes, nya, no pasará nada, nya. Ahora que trajiste a tus amigos aquí.

    -¿Qué?...



    Remy por instinto dio un paso hacia atrás, reformando su lanza entre sus manos. De pronto, las gaviotas se lanzaron en su dirección, y la muchacha se vio forzada a comandar a sus golems para que la cubrieran. La gata se movió rápidamente hacia ella, al igual que el resto de los familiares que la perseguían como si fuesen zombies. Viéndose superada en número, la otaku decidió correr, tomando entre sus brazos a Wind y Mist y diciéndoles que se agarrasen con fuerza.

    Tras ella los familiares no tardaron en moverse, luego de un sonido sordo, seguramente sus golems cayendo. Varias gaviotas fueron en picada contra ella, ralentizándola mientras los pequeños a su lado hacían lo posible para quitarle a las aves de encima. Eso, sin embargo, les dio tiempo al resto para darle caza. El joven anguila se le lanzó cubierto en electricidad, y de no ser por su arma seguramente habría terminado electrocutada. La chica forcejeó un segundo, notando que el resto de criaturas se acercaba. Maldiciendo, le dio una patada al familiar escamoso para alejarlo, antes de dar la vuelta y correr tan rápido como pudo, repeliendo gatos y aves que la rasguñaban.

    Con algo de esfuerzo logró llegar al primer piso, mas entonces fue interceptada por las tortugas que se habían quedado a cubrir la salida, y ahora la amenazaban abriendo sus bocas. La chica buscó alguna ventana a su alrededor, mas no logró divisar una salida. Molesta por lo que esa gata había hecho, aprovechó los escombros que habían bajado para crear pequeñas cárceles donde mantuvo a las tortugas para luego dirigirse a la salida, mas un golpe de don Pesebre con su caja de herramientas la hizo caer.

    -Nya, no te preocupes. No pasará nada. Todos seremos amigos pronto-la gata bajó del hombro del hombre pez, ojos fijos en la otaku que maldijo.

    -¿Qué le estás haciendo a los familiares?

    -Son mis amigos. Eso es todo, nya.


    El resto del grupo la alcanzó, rodeándola poco después. Incluso las pequeñas plaquetas parecían amenazarle. De pronto, un par de figuras cayeron sobre la gata, tomando a todos por sorpresa.

    -¡Corre, humana bonita!

    -¡Rápido!


    Eran Wind y Mist. La muchacha quiso hacer algo, no quería dejarlos atrás. No de nuevo, como lo hizo con Light.

    -¡Y-Yo no voy a-!

    La distracción le valió un golpe de la estrella de mar con pantalones, que la empujó hasta la puerta, la cual se abrió de golpe por su mal estado. Remy rápidamente se levantó para ayudar a sus pequeños, mas un extraño y melodioso ruido, similar al de un cetáceo, la hizo dar la vuelta. Y en medio de la niebla vio a Rengnar caer de golpe a la isla, como si hubiese sido lanzado por alguien.

    -Rómulo…

    Una campanilla la hizo ponerse en alerta otra vez. Dio la vuelta para defenderse, mas esta vez quienes se lanzaron a su cara fueron aquellos que creyó sus amigos.

    -Wind… Mist… ¡No!

    Los pequeños trataban de alcanzarla para arañarla, y ella no podía sino retroceder para evitar los ataques. Al punto que pronto se vio entre la espada y la pared… o mejor dicho, entre los familiares y el acantilado.

    -Nya, que bueno que todos estamos juntos ahora-tras ellos, la gata cambiaba de apariencia, ahora tomando la forma de una humana con orejas de gato, increíblemente adorable como su séquito de familiares. Solo que, en esa situación, la sensación que a Remy le provocaba era algo completamente distinto.

    [​IMG]

    -Tú… vas a pagar por esto-replicó Remy. Esa tipa estaba controlando a los pequeños familiares… y lo peor es que parecía que no le había sino dado esa oportunidad en bandeja.

    -No te preocupes-la chica gato sonrió con… ¿amabilidad?-¡Pronto todos seremos amigos!




    [******]


    No esperaba que esto terminase así de tétrico...

    IceIce Alexa se coló entre los familiares que Remy ayudó para aprovecharlos, y ahora están bajo su control. Mientras Rengnar, que iba por ella, fue alcanzado por cierto cetáceo que trae a cierto impopular... y claro, tenemos a alguien también esperándonos en tierra.

    AmakiAmaki TaKaTaKa ojalá les guste.

    zXArtemisXzzXArtemisXz AhkilendraAhkilendra Velvet.Velvet. CorventCorvent vamos que se puede o3o/
     
  14. zXArtemisXz

    zXArtemisXz I watch from the shadows

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    Papá coco se encontraba feliz de poder ver a sus retoños, de alguna retorcida forma los veía como sus vástagos procreados con su querida Diamond. ¿Aquello se trataba de una prueba de amor más allá que el canibalismo cometido por la deprimida? Esa era una pregunta que ninguno de los presentes quería hacerse, más bien se sentían relativamente enfermos de siquiera pensarlo, por lo que continuaban negando el parentesco imaginario que decía Coco tener con ellos.

    En medio de aquel patio de luces enrojecidas y lleno de cadáveres, la imagen de un lunático Adam sonriente y saludando adornaban las pantallas. La invitación que les ofrecía al grupo de la vanguardia estaba de más, obviamente entrarían y si podían sacarían a patadas su frio cadáver, el hecho de que este quisiera hacerse cargo de la prisión Saint Monique siendo el jefe de los reos para que estos estuvieran, en cierta forma, a favor de Diamond, era motivo más que suficiente para ir con todo. Mientras Lancelot continuaba su lucha digital para mantener abierto el canal de comunicación con la central, Barbara, Ryrio y los demás se encargaban de la pelea cuerpo a cuerpo contra los reos que salían de las puertas hacia el patio para adornar con más sangre y cadáveres aquel lugar.

    Debemos abrirnos paso. – Indicó Kristina con cuchillos en manos. – Sugeriría que nos dividiéramos, pero a juzgar por el número indeterminado de enemigos, no creo que sea una buena idea.

    Pues naah, rompámosle la xuxa a estos culiaos y estrellemos el coco contra el suelo. – Decía el shinobi shileno poniéndose en posición de ataque para luego salir corriendo hacia el enemigo más próximo.

    Su energía subió… casi parece como si fuera un otaku. – Asentía Sapphire acariciando la cabeza de su tétrico muñeco. – Le calculo 30 minutos para que ande boqueando por agotamiento. ¿Qué dices, Mr. Gutted? ¿Una hora? Oh, mi pobre compañero, le tienes tanta fe a ese peso pesado.

    Una gran explosión causada por Barbara, hizo que un par de las puertas que daban al patio fueran cerradas, impidiendo así la entrada de más reos en su contra. Por su parte, las mascotas hacían todo lo posible para seguirles el paso a los estudiantes siendo animados por Maeve. Al frente se encontraban Jesús, el shinobi, Maeve, Clover y One, mientras que un poco más atrás iban Ryrio, Kristina, Tungskan e Isis, y por últimos estaban Sapphire y Lancelot, quien se hallaba con la atención dividida entre su laptop y los escasos enemigos que solo por suerte lograban llegar hasta ellos.

    Frescos cadáveres terminaron por adornar el patio, amontonados como la basura que eran, llenando el espacio que una vez fue su zona de recreación mientras estaban encerrados.

    Los pasillos no eran muy diferentes de cómo había quedado el patio, cuerpos mutilados y todavía sangrantes estorbaban el paso de los miembros de la vanguardia, nuevos enemigos hacían actos de aparición pero no solo ellos, un reducido grupo de reos y los guardias que quedaban intentaban hacerles frente ayudando a los estudiantes y las mascotas para que prosiguieran con su camino por la prisión en busca del autonombrado Papá Coco. Aquello era en cierta medida un pequeño descanso para el grupo del frente. Debido al reducido espacio entre los enemigos, los aliados y los cadáveres, Barbara y Clover no tuvieron más opción que derribar una pared mientras sus compañeros eran protegidos por una barrera de agua hecha por Mirai. Pasaron los escombros y llegaron a la zona de celdas donde pudieron ver que algunos guardias se habían ocultado de los sanguinarios reos que clamaban por sus cabezas o se divertían asustándolos y amenazándolos.

    Coloquialmente el mesías hubiera mencionado que aquello parecía una “gallera” debido a lo ruidoso y lo desordenado que estaba aquel sitio. Entre golpes, patadas, cortes, aplastamiento y asfixia, los impopulares prosiguieron su camino viendo caer a varios de los que les estaban ayudando. Por los altavoces se ponía escuchar a Coquito echarles porras a sus “hijos” para que llegaran con papi. Mientras más tiempo pasaba, más frustrante se volvía no poder hallar al nerd caníbal… o canibalizado… La energía de los combatientes iba mermando. Con los brazos y piernas entumecidos, sudor corriendo por su frente y su respiración entrecortada, el pequeño grupo de la vanguardia se sentía desesperanzado, ¿aquel sitio de mala muerte iba a ser su lugar de reposo final? ¿Papá Coco había ganado en aquel retorcido juego de las escondidas? ¿Kristina volvería a probar algún pico dulce con Maeve y Consuelo como acompañantes? ¿Jesús regresaría a su época para continuar poniéndose al día con One Piece?

    De repente, como si de un programa de televisión se tratara, las luces del recinto se encendieron y apuntaron hacia una puerta de una celda que estaba cubierta por una sucia sabana de color rojo, claramente esta había sido teñida con la sangre de los pobre guardias que no pudieron resistir el motín, sin embargo aquel trozo de tela no era para que los losers y mascotas se aterraran por ello, más bien servía como telón que fue cayendo dejando ver a Adam con las manos hacia arriba en forma de V y que entraba al lugar mientras se oían aplausos de una cinta en un radio que cargaba cierta chica con pintas de bailarina exótica. Cual Miss Universo presentándose en trajes de gala, el nerd se contorneó saludando con la mano mientras la otra se colgaba de su cadera, besos y guiños fueron lanzados a los reos y a sus vástagos, hasta que se detuvo por completo cuando Eight se arrojó hacia él alzando su arma encendida en llamas para golpearlo en la cabeza. Como una escena de tiras cómicas, coquito llevó sus manos a la cara mientras hacía una O con su boca, luego en cámara lenta fue esquivando el golpe de la castaña haciendo que esta terminara por incinerar el suelo el cual terminó agrediendo.

    Que muñequita tan encantadora eres, numerito… o numerita… disculpa, no quiero ser gramáticamente excluyente. – Reía cual reina de belleza el cabeza de coco. – En fin, solo quería venir a darles besitos de “hola” a mis retoños. Si quieres puedes jugar con la señorita de los melones, se llevarían muy bien entre ustedes… ya sabes, porque ambas están que arde, ¿entienden? – Ante esto, se reprodujo en la cinta risas por parte del público.

    El grupo de la vanguardia ni se inmutó por el chiste de Adam, por su parte, la bailarina exótica le hizo la señal del pájaro al nerd para luego sacar su pandereta y comenzar un lento baile del cual comenzaron a emerger seres de fuego que rápidamente fueron tras el grupo de losers pero siendo evaporados cuando los proyectiles acuáticos de Ryrio dieron contra ellos.

    Suficiente fuego tenemos con la lunática y la bruja. – Gruñó el escualo cuyas alas de agua había formado durante el ataque de Surie.

    Ryrio, ve con Barbara, el chileno y Clover. – Dijo Kristina sin dejar de ver a su “padre”.

    ¿Con ellas? – Se quejó el gitano recibiendo un asentimiento por parte de la argentina. – Bien, pero no me estorben… ni intenten matarme.

    Ahhhh pero yo quería pelear codo a codo contigo, narulisiada. – Decía la lunática castaña haciendo un puchero con la boca.

    Es una orden, Eight. – Comentó One en tono de voz neutro.

    Ay, qué lindo, mis niños y sus amiguitos quieren jugar. – Aplaudía el caníbal con alegría. – ¿Oyeron todos? Esto es un juego en Party pero ustedes no están invitados, así que salgan de nuestro camino.

    Pero señor… – Hablaba un minotauro pero siendo detenido a mitad de su oración por la mano que alzó el nerd.

    Ustedes no están invitados. – Sentenció con seriedad el antepenúltimo.

    Todos los reos alrededor asintieron para luego comenzar a alejarse, dejando el grupo de la vanguardia a solas con la bailarina y el caníbal. Al ver aquella maniobra tan visiblemente desventajosa para el apodado “Papá Coco” y su amiga, Kristina consideró que se debía a que Adam pensaba que podía solucionar todo con su propia mano, aun a pesar de los notables números en contra. La argentina sacó otro par de cuchillos mientras Jesús y Maeve exhibían sus ensangrentadas armas apuntando al coquito, por su parte, Kirilia con arco en manos alternaba su vista entre Surie y Adam, sin saber a cuál de los dos atacar para apoyar a sus compañeros.

    Debes estar lo suficientemente loco como para dejarnos a solas. – Comentaba la rubia haciendo girar los cuchillos en sus dedos. – Eso o eres un lunático boludamente fuerte.

    Awwww, la niña de papi me está haciendo cumplidos. – Respondía Adam abrazándose a sí mismo. – Dime, mi pequeña, ¿quién lastimó tu bella carita? Dile a papi coco y papi coco se encargará de darle escarmiento en nombre de su princesita. – Luego simplemente bajó los brazos. – Saben, mis pequeños, mami los extraña mucho. Me pregunta todo el tiempo por ustedes. Menudos mocosos malagradecidos, y ella que se fajó tanto cuando les dio a luz… un momento, ¿qué no eran 3? ¿Aquí me falta un borreguito?

    Como si fuéramos a dejar que te acercaras otra vez a senpai. – Decía White apretando el agarre del mango de su katana.

    La última vez que vi a mi querido angelito concordamos muy bien en nuestros ideales. – Asentía coquito mientras en su mano se iba materializando su arma. – ¿Por qué ustedes son los hijos rebeldes? ¿Creen que A-chan es mi hijo favorito?

    ¿Hijos? ¿Papi? ¿Retoños? ¿borreguitos? – Reía la lisiada con amargura. – No seas boludo.

    Kristina lanzó un cuchillo hacia el antepenúltimo, pero fue repelido por ouchoros, luego de ello comenzó la pelea entre Jesús, Maeve y la lisiada contra Papá coco, mientras Sapphire permanecía junto a Kirilia como espectadoras y Lancelot

    [***]

    Explosiones se oía resonar en las paredes de la prisión, Surie corría por los ensangrentados pasillos dando saltos y tocando su pandereta, más que huir, la bailarina exótica danzaba por los alrededores mientras Barbara, Clover, Ryrio, el shinobi, Tungskan e Isis intentaban alcanzarla pero siendo difícil a causa de los reos y pequeñas criaturas de fuego que invocaba Surie y que se interponían en el camino del pequeño grupo.

    Amo como está decorado este lugar. – Decía de manera entusiasta la castaña. – Oh, ahí falta algo. – Señalaba una pared relativamente limpia para después golpear con su vara metálica a un reo con cuerpo de serpiente. Mientras Eight era dejada atrás por su grupo, la chica repintaba la pared con la sangre oscura que brotaba de su enemigo. – Así está mejor. – Asintió cuando vio su nueva obra de arte.

    Por su lado, entre Tungskan y Barbara derribaban la mayor cantidad de reos posibles entre explosiones y aplastamientos, sin embargo estos últimos estaban comenzado a repercutir en el viejo armadillo, por lo que avanzaba cada vez con más lentitud. Ryrio por su parte cubría al grupo con su escudo de agua para evitar se quemados por las invocaciones de la bailarina.

    Si mi señor estuviera con vida, acabaría con todos ellos con un solo fuego. – Suspiraba Surie girando un par de veces y utilizando su propia habilidad especial otorgándoles energía a los reos a su alrededor. – Ustedes tendrán que encargarse de ello en su lugar, no me decepcionen. – Comentaba guiñándoles el ojo a sus aliados.

    Esta weona se merece su buena dosis de pataditas. – Murmuraba el shileno mientras se encargaba de un par de reos con cabeza de conejo y de perro. – Malditos, nunca se acaban.

    Estamos en una prisión en medio de enemigos, ¿qué esperabas? ¿Qué se hiciera más fácil que No Life City? – Hablaba el gitano empujando a un grupo de reos con agua y estrellándolos fuertemente contra una pared en tanto One la hacía explotar para crear más espacio.

    Acabemos con ella y regresemos. – Decía Barbara corriendo al frente, saliendo del escudo de agua y alejándose lo más que pudo para luego causar una explosión hacia el frente.

    Las paredes y el techo se derrumbaron impidiéndole el paso a Surie, por fortuna para la bailarina, no se hallaba completamente sola ya que era respaldada por algunos reos sobrevivientes. Entre la chica del oriente medio y parte de los miembros de la vanguardia, se hallaban los reos, quienes fueron potenciados por la pandereta Daf Saghir de la deprimida. Con el apoyo de Surie, los reos creyeron ser completamente inmunes e inmortales frente al par de números, mascotas y los peso pesado, después de todo, estos últimos mencionados se hallaban exhaustos a más no poder, tan solo era cuestión de tiempo para que cayeran.

    [***]

    Coquito reía, reía a más no poder. Con solo ver su rostro iluminado se podía notar que se divertía. En su retorcida mente, pensaba que se hallaba jugando con sus hijos en un campo de flores, para él, tan solo faltaba la presencia de su querida Diamond.

    Con un grácil salto cual miembro experto de un circo, el antepenúltimo saltó sobre la rana para cortarla con el filo de su guadaña justo en la espalda, ante esto, Jesús corrió y pateó al caníbal lejos de Maeve. Lejos de dolerle, coquito continuó riendo y moviéndose por todo el lugar mientras esquivaba los cuchillos de Kristina. Kirilia también intentaba lanzar flechas de sonido hacia el enemigo, pero debido al constante movimiento de este y sus repentinas cercanías a sus aliados le era casi imposible apuntar algunas veces.

    Únanse a su madre y a mí, mis pequeños. – Dijo Adam subiéndose a un pilar como si de un mono se tratase. – ¿No ven que queremos hacer un mundo mejor? Cero guerras, cero muertes, todo relax.

    ¿Cero muertes? ¿Y qué crees que está pasando aquí? ¿Una chingada fiesta de puta madre? No me jodas. – Respondió frustrado el mesías cerrando los ojos y lanzando una cruz brillante hacia el nerd, quien saltó nuevamente cayendo en el suelo haciendo una pose extendiendo las manos hacia arriba.

    Para todo siempre debe hacerse un pequeño sacrificio. – Comentó coquito haciendo una reverencia para luego ir hacia Kristina, quien lo esperaba con un nuevo par de cuchillos en manos.

    ¡Hasta aquí! – Alzó la voz Maeve deteniendo a ouchoros con sus tonfas.

    Diamond es una Caníbal Party, tu eres un caníbal, son seres que no deberían existir. – Decía la narulisiada lanzando un cuchillo que se clavó en el hombro del antepenúltimo. – No hacen más que causar daño. Egoístas. Boludos. Sus manos están manchadas de tanta sangre y quieren continuar empapándolas.

    Nada diferente de lo que el león negro y la coneja blanca no han estado haciendo. – Se encogió en hombros el nerd sin inmutarse ante el dolor.

    Adam giró todo su cuerpo y alzó la pierna para patear a Maeve a un lado, cuando plantó nuevamente su pie en el suelo fue hacia la rubia para pasarle de largo y sujetarla por la espalda con un brazo sobre el cuello de esta y el otro sosteniendo la mano donde se hallaba el cuchillo restante. Con Kristina inmovilizada, Jesús y la rana permanecieron estáticos, ambos tenían miedo de que el antepenúltimo caníbal terminara por romperle el cuello a la argentina si hacían un movimiento en falso. La lisiada en vez de tener miedo, más bien se molestó. Ya no era la misma inútil que había sido nombrada discapacitada por Raziel, era la líder de la vanguardia y era la vicepresidenta de los discapacitados comandados por Jihyun. Puesto así, la chica hizo lo único que podía hacer en esa situación. Mordió el brazo del nerd, que rodeaba su cuello. Mientras más fuerte clavaba sus dientes en la piel de Papá coquito, este abría la boca para gritar y luego deslizar su brazo lejos de la rubia piraña.

    ¡Kirilia! – Gritó Kris luego de soltar el brazo de Adam y cayendo en el suelo para no estorbarle a la oveja.

    La mascota asintió y aprovechó ese momento para lanzar una flecha hacia el nerd, la cual se clavó en su pecho. Aturdido, coquito sonrió y saltó al suelo para volver a sostener a la discapacitada, esta vez la mantuvo con la cara contra el piso mientras sostenía sus manos contra su espalda.

    Aléjate de ella. – Dijo Maeve, quien se había acercado lo suficiente al caníbal usando sus tonfas para golpear la cabeza de este. – ¿Cuál es tu maldito aplique?

    Uff, te voltearon el mascadero. – Comentaba Jesús tomando a la güera por el cuello de la camisa y alejándola de Adam, mientras que con su otra mano, clavó a Hikari en el estómago de su enemigo.

    Coquito escupió sangre, pero no dejó de sonreír. Aquello le dio mala espina al trio, por lo que rápidamente se alejaron de este.

    Sabía que mi pequeña podía ser una caníbal, pero ¿esto? Esto fue muy literal y educativo. – Reía Papá coco exhibiendo la mordida de la discapacitada. – Estoy orgulloso de ti.

    Acciones desesperadas, medidas desesperadas. – Hablaba la argentina escupiendo en el suelo y limpiándose la boca con la manga de su camisa. – Si fuera una caníbal, no me atrevería a comer basura como tu

    Al menos puedes decir que has probado un poquito de carne. – Coco exhibió sus dientes cubiertos de sangre. – Solo es cuestión de práctica. Mamá puede enseñarles muchas cosas si se unen a nosotros.

    Y vuelve la burra al trigo. – Decía Sapphire con una voz ronca como si su muñeco siniestro fuera el que dijo aquellas palabras. – Oh, basta, Mr.Gutted, es de mala educación meterse en peleas familiares.

    ¡Lo tengo, lo tengo! – Exclamó Lancelot desde su rincón. – He podido recibir información de… ah… lo siento. – Comenzaba a guardar silencio cuando se dio cuenta del entorno.

    ¿Información? Me gusta la información. – Comentaba Adam alzando a Ouchoros y lanzándolo hacia la pared justo detrás del gordo, tan solo bastaron centímetros para lograr rebanar la cabeza de este. En cuestión de segundos y gozando de una increíble velocidad, Coquito llegó donde estaba su arma y colocando a Lancelot contra la pared. – ¿Por qué no compartes información conmigo? Se guardar secretos.

    Para protegerse, el rubio de cara redonda usó sus tentáculos para intentar empalar al caníbal, pero sin éxito debido a lo veloz que era este esquivándolo. Helux clamaba sangre con cara nuevo ataque hacia el antepenúltimo, mientras que Maeve y Jesús se acercaban a este para atacarlo por la espalda.

    Coco estaba solo en esa situación, pero a pesar de ello continuaba confiado ya que sabía que si demostraba continuar así, los ataques de sus oponentes y sus queridos hijos dudarían… Bueno, todos menos los de Kristina, quien lucía completamente firme para terminar con él.


    ***
    AhkilendraAhkilendra Coco es vida, coco es amor... Coco nos quiere dar a todos sin usar vaselina D:
    AmakiAmaki TaKaTaKa Qué hijos tan insensibles, ¿no les parece? Y papá coco que los quiere tanto y__y
    Velvet.Velvet. LeoLeo CorventCorvent IceIce Si se puede, mis chavos... Orale, ¿qué onda con este grupo lleno de testosterona?
     
  15. Ahkilendra

    Ahkilendra Beep, beep im a sheep!

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    Surie estaba acorralada, pero no era la primera vez que confrontaba una situación así. Su muerte tuvo que ver con huir, hacer cosas a escondidas, ser acorralada, encarcelada y… bueno, no quería recordar lo último. Si esta sería su última danza, se aseguraría de que fuese una que recordar. Sus pies golpearon el suelo y llevaba el tempo con su pandero el cual correspondía vigorizando a los pocos prisioneros que la acompañaban dándoles una furia digna de los Berserks de los vikingos, animados por la promesa de guerra, adicionalmente de las flamas que emanaban desde sus pies emergían diablillos en busca de las carnes de sus perseguidores.

    Ahora había otra cosa que le destacaba: conocimiento de anatomía, ritmos y tiempos, ella entendía que ellos eran más pero estaban cansados, así que debían luchar con todo si querían salir adelante en medio de esto y en un espacio cerrado la bruja explosiva no podría desatar a gusto el poder de Apollyon porque podría colapsar la estructura matándolos a todos.

    Ello hacía que esta batalla se convirtiese algo especial.

    —¡To´o los loonyes se arriman aquí y ahora!— ordenó el Shinobi shileno.

    —¡Habla español! —clamó Ryrio.

    —Aguantar —replicó Tungskan.

    —¡Wiiiii! —Clover fue al frente, lista para repartir golpes con Heller, pues su estilo de combate capitalizaba en que ella se arriesgase e hiriese en especial por su armadura ígnea a base de su propia sangre. Podía decirse ciertamente que era una maniobra nacida de la locura y el frenesí de combatir, pero curiosamente había algo de sabiduría en ello.

    El Shinobi cargó al frente dispuesto a encontrarse con los reos empoderados e intentar trabajar en equipo, pues aunque detestaba admitirlo estaba cansando y usar a Caí Caí Vilu implicaba un sacrificio de su parte por lo que buscaba usarlo lo menos posible, pero las cartas habían sido puestas sobre la mesa y no podía guardarse ningún golpe.

    Tungskan no podía moverse con libertad, nunca había sido rápido ni flexible como para poder ir al frente en esta situación específica por lo cual sólo podría ofrecer lo mejor de si: resistir contra los diablillos esforzándose por alejarlos o atraerlos a él para que detonasen y absorbiese el impacto con su armadura natural.

    Isis era beneficiada por la situación. Su naturaleza de vendas le hacía ser eficiente para contener elementos conflictivos y causar un muy mal tiempo como poder evadir los intentos de agarre de su enemigo, pero no por ello quedaba incólume en su configuración notándose rasgaduras o deshilados en su fisionomía, pero mantenía la ventaja en la situación.

    Barbará parecía siempre depender de su arma para lograr acabar con sus enemigos. Era verdad, pero no lo único de ella pues como asocial comprendía las artes del sigilo y el oportunismo buscando usar tubos sueltos e incluso piedras afiladas entre los escombros para dañar puntos importantes de los delincuentes a fin de darles aperturas a los pesos pesados y a su Eigth para poder dar los golpes que aniquilarían a sus rivales.

    Un ritmo de conflicto, que era interpretado por la danza de Surie quien se mantenía en pie a pesar de haber recibido incluso algunas heridas por ataques a distancia. Un golpe y otro llevaban la tonada de la esperanza contra esperanza de alguien que había decidido creer en el amor sobre la guerra, angustia que manifestaba en la intensidad de sus movimientos y el esfuerzo por guardar la precisión de la danza. Ella era una mujer guerrera, que nunca se le permitió pelear, pero ahora molesta agitaba sus caderas y creaba florituras en el aire que contestaban la resistencia de sus perseguidores de los cuales se retraían heridos a tal que se replegaban en las espaldas del otro y se esforzaban por lograr una resistencia desesperada.

    Algunas partes de las placas de Tungskan estaban agrietadas o habían cedido a las explosiones, las el “Armadurillo” sentía el dolor de las quemaduras y rasguños. El Shinobi Shileno estaba tomado por una gran fiebre y se podía decir que sudaba sangre, pero se reprendía a estar en pie, Ryrio tenía un ojo hinchado, varios moretones en su cuerpo y corte mientras usaba a Mirai para dar cortes a los delincuentes y la ocasional defensa, Barbará e Isis tenían menos heridas pero no por ello estaban incólumes y Clover…

    ¿Dónde estaba Clover?

    Eso lo descubrió Surie al ver lo que podía describir como un ataque digno de un kamikaze, pues la zorra afortunada había logrado abrirse paso con una mezcla de velocidad, tozudez y suerte hacia ella y ahora se notaba que en sus ojos estaba el deseo de casa. Se apoyó en el baile y en sus pasos para evadirla, pero los movimientos de la cazadora eran erráticos como una melodía de tempos diferentes y estridentes que no le permitía concentrarse. Uno de sus diablillos salió en busca de la afortunada, pero no espero que su cuello fuese presa de la mordida de Clover, quien escupió su ser sin vida mientras consideraba que sabía a cenizas. Surie intentó atacar por sí misma a la número, pero entonces ella fue tomada de su muñeca por ella y pudo ver como se encendía en llamas, unas llamas tan potentes que consumieron su carne y su cuerpo siendo los sonidos de la risa de una zorra lo último que pudo escuchar.

    Los reos vieron esto y notaron que su potencia y moral había disminuido, el grupo en un esfuerzo conjunto se abalanzó sobre ellos. Fuerza chocó contra fuerza, pero los destinos de los reos que estaban con Surie habían sido sellado al estar encerrados con ella. Su sentencia había llegado.

    [***]

    Lancelot tecleaba desesperadamente. Había logrado obtener un pie en el sistema central que había sufrido los estragos de la intromisión de Adam, quien ahora se hallaba ocupado con sus “dulces retoños” y hablando de su “fiesta de cumpleaños” El prefería a los cánibales, le gustaban como sujetos de prueba estudiados desde la comodidad de un muro de contención mientras se experimentaba con diversos métodos pero no lidiando directamente con uno y menos con alguien que fue capaz de hacerle el pulso a su señora Aracely. Si, tal era el Cabeza de Coco ¿un dragon con una agenda? ¿un artista del caos? ¿Un sujeto con ideal for the lulz? Simplemente era una radical impredecible como sus procesos matemáticos usados para entrar a la central. Tan concentrado estaba que ignoraba los intentos de delincuentes que habían venido a él y como Elux extendía sus tentáculos fuese como un engañó para llevarlos a él y darles una ruptura de miembro o muerte eficiente como el cumplimiento de sus deseos masoquistas. Lancelot no lo admitiría, pero cuando se encontraba bajo presión y la promesa de castigo era en donde mejor rendía en especial si el precio de su fracaso consistía en decepcionar a su señora Aracely, pensamientos que retorcían de felicidad a Elux.

    Saphirre se mantenía contenta, no tenía mucho problema pues Kirilia podía dormir a quienes se acercase o sus matrioshkas de Mr.Gutted de encargaban de enseñar a los delincuentes desobedientes algo de modales y cortesía y de lo contrario el mismo antepenúltimo usaba sólo una mirada para mantener a los reos lejos.

    Adam la estaba pasando como nunca. Si, él era feliz en medio de todo esto. Sus hijos estaban nuevamente con él, estaba teniendo una discusión entre papá responsable y trabajador con una pipa con sus descarriados hijos adolescentes con su mascota ¡El era Michelle del mundo de gumball! Sólo que bloqueaba con su maleta las tonfas de una rana en vez de los sneakers de un pez, bah quizás le ponía aletas y lograba la ecuación.

    —¡Niños, hacen tan feliz a su padre! —Clamó tomando la muñeca de Maeve y haciendo una llave de karate digna del señor Miyagi que la lanzó hacia el azteca. Sonrió y giró sobre si mismo tomando a tiempo un cuchillo de Kristina— Mi querida piba, sé que siempre sos tan cortante en el asunto, pero no es para tanto —replicó sonriendo y lanzando el cuchillo de vuelta dándole poco tiempo a la lisiada de reaccionar —Whoops i did again.

    —¡Eres un demente, cabeza de coco! —replicó Kristina.

    —No sería tu hijo ni aunque me pagasen —añadió Jesús siendo levantando por Maeve—Se te zafa un tornillo. Ahora sólo te falta lanzarme una rosa de Guadalupe.

    —¡Tengo todas las temporadas! —A una velocidad sorprendete, Coco apareció entre ellos. El trío intentó atacarlo, pero el momento a su alrededor fue dividido como si la cinta de un foto filme se tratase, dándole la oportunidad de retroceder y de reanudar el curso normal del tiempo viendo como sus hijos se chocaba en forma comíca como si estuviesen abrazados. Lo cual aplaudió a gusto— ¡Qué lindos se ven! —acto seguido les tomó una foto con el celular de Jesús antes de lanzárselo a él, quien lo tomó seriamente —¡AHORA NO SEAN CHAMACOS MALEDUCADOS Y VENGAN CON SU MAMÁ QUE SI NO LES DARE SUS BUENAS NALGADITAS! ¡Nah, quizás los lleve al cine primero para ver Wololo, Wololo el regreso y Wololeo de verano! Les aseguro que estará chaval.

    —No queremos ser hijos de Diamond ¿Qué parte no comprendes?

    —Vamos, mi pibita, nadie pide ser o no hijo de alguien…Diamond te parió con amor, así que eres su mama ¡AHORA COME TUS CEREALES! —Sin aviso Adam lanzó un reo hacia Kristina quien alcanzó a rodar en el suelo, evadiéndolo y siendo levantada por la lengua de Maeve.

    White era quien podía estar de pie con menos dificultades pues la argentina y Maeve estaban cansados, por lo que evocó a cada gramo de heroísmo de sus animes y se puso entre ellas y el cánibal quien miró su postura heroica con gracia mientras tecleaba sobre su brazalete a tal velocidad que parecía tener ocho dedos, complicando el trabajo de Lancelot con el uso de diversas líneas de código que creaban falsas rutas en el sistema central que dirigían a sitios en la internet que era mejor para el ser humano desconocer de su existencia por lo bizarros y nefastos que eran, lo que se pudo notar cuando Lancelot gritó de angustia y sintió un deseo de vomitar pero que tuvo que forzarse a aguantarlo y seguir con su lucha informática. Ya había soportado la aniquilación de su reputación con el nuevo viral del “gordito bailarin con Despacito” “Gordito Bailarin Shooting Star” y “Gordito Bailarin Attack On Titan”

    Adam hizo una postura similar a la de Dio cuando encontró a Jotaro en Star Dust Crusaders.

    —¡JOTARO! —El nerd se pegó en la cabeza— ¡Ah, verdad, eres tú: Yisus! ¡Its a Me…! —Jesús alzó a Hikari , pero la lengua de Maeve le retrajo a tiempo evitando una dentellada de Coco —…El monstruo de las galletas nam, nam, nam! —clamó antes de soltar la risa del pájaro loco.

    —No intentes algo así, ché —dijo Kristina manteniendo en su mano un cuchillo— Cabeza de coco simplemente nos supera.

    —¡Pinches, caníbales, wey! No podemos quedarnos así —masculló Jesús viendo como los criminales vitoreaban a Cabeza de Coco, quien cual estrella de lucha libre iba a distintos lados a pedir la opinión de la audiencia.

    —Yo tampoco, chocolatón, pero odio admitir que mi renacuaja tiene razón.

    Entonces el trío vio algo extraño.

    Coquito lloraba.

    Se había sacado sus lentes y mostraba sus ojos rojos por tantas horas en sitios xxx de internet, pero había algo más ¿raro?: su rostro era serio, como si por un momento brevísimo y desagradable hubiese rememorado ser: Adam Walt.

    —Saben. Nunca tuve una familia que me criase como un niño. Todo era ser eficiente, obediente y un moralista religioso y pensé que sólo viviría una vida tras las monótonas tonadas de un monitor —Coco se hizo a un lado evadiendo un corte de Hikari devolviendo a Jesús de un puntapié —¡Ahora, no, Junior, tu padre esta habando! —tosió —como decía: nunca vivi lo que fue tener una familia de verdad que te amara y te dejará ser sino todo era: Walt haz esto, compórtate así, habla así, vive así —El nerd se frotó y tomó con violencia sus cabellos —¡Que fastidio! —sincero extendiendo sus manos— Todo lo que debía ser era una máquina —recordó su primera vez con Max y sus conversaciones, mostrando una ligera sonrisa — Pero ahora ¡Soy un artista! — Río destartalado y libre de toda acusación de conciencia— Soy libre, amado y amando sin restricciones de ninguna índole y ahora tengo una familia a quien le puedo dar lo que yo nunca tuve: amor.

    —¿Por qué nos decis eso? —preguntó la lisiada algo sorprendida aunque desconfiada.

    —Supongo que es cierto que los padres nunca dejan de amar a sus hijos, no importa lo rebeldes y mal agradecidos que sean —sentenció colocándose sus lentes y sonriendo al sexteto— Bueno, bueno, creo que tuvimos un tiempo de calidad, pero niños es tiempo de que papa coquito les de un escarmiento por ser rebeldes.

    Lo otro que no esperaron fue una palabra de la lisiada:

    —Lo siento.

    Coco se vio forzado a alzar su oído como si fuese un conejo.

    —Renacuaja…

    —Ok, dije que lo siento pedazo de tarado y menso. No sé qué te llevó a esto y quizás me hubieses…—Kristina tragó palabras no creyendo lo que iba a decir—caído bien.

    —¿Qué haces? —susurró Jesús.

    —Intentando salvarnos un poco—susurró la argentina.

    —Oh, mi querida piba conchuda, sé que ese argumento de cuarta es para hacer que no los comas pero piensa en esto ¡DENTRO DE MI TAMBIÉN HAY FIESTA! ¡ADEMÁS UNA CONFESIÓN ASÍ DE QUERIDA VA DE ACUERDO A TU FICHA DE QUE TENGO UN LUGAR ESPECIAL EN SU CORAZÓN —Coquito hizo un símbolo de corazón con sus manos mientras su rostro denotaba las ganas de comer por su lengua larga que emanaba baba.

    —¡Lo logré! —clamó Lancelot. Había logrado hacer una base firme en la central comenzando un ataque procedimental contra los troyajos de Coco.

    —¡ASI QUE ESO FUE UNA DISTRACCIÓN!

    Ok, eso había sido una mezcla de bien y mala suerte, lo más probable de la última. Lo que impulsó a Coco a saltar al ataque, Kirilia baló y usó uno de sus vestigios dividiendo su flecha de sonido en tres direcciones que buscaron a cabeza de coco, quien tuvo que preocuparse de moverse como podía pues estar cosas no dejaban de seguirle lo cual le obligó a mezclar movimientos de Breakdance y uso de una de sus armas canibalizadas para ralentizar los disparos y moverse hacia ellos hasta que vio que una burbuja rodeó al trió y tuvo que saltar cual conejo evitando una explosión de parte de la one de los números y el resto que les acompañaba.

    Cabeza de coco chasqueó y mostró una sonrisa, al parecer la danzarina sensual había encontrado su propio final. Los reos querían intentar acercarse, pero Bárbara lograba ser una gran disuasión debido a su arma y con la aparición del resto del grupo que le acompañaba.

    Ahora ¿Qué haría nuestro héroe corte de honguito?

    AmakiAmaki TaKaTaKa He ahi lo mió, ¿cual sera el veredicto?
    zXArtemisXzzXArtemisXz Animos, chica.
    LeoLeo y IceIce Animos.
    Velvet.Velvet. y CorventCorvent denle o3o/
     
  16. Ice

    Ice ﴾͡๏̯͡๏﴿ O'RLY?

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    Todo se volvió borroso, parecía que ya nada tenía forma. Figuras que exclamaban su nombre una y otra vez, moviendo su cuerpo, pero todo se veía tan lejano, tan ajeno a él, como si estuviesen en otro plano. Quería gritar, quería moverse, pero era como si su voz no formara ningún sonido... sonido... Sí, recordaba esa palabra una y otra vez, rememorando cosas en su cabeza, sonido, melodías, voces, todo comenzaba a formar una hilera de recuerdos tangibles, hasta que otro cántico logró arrebatarle el último aliento de duda. Hasta sentir de nuevo su nombre.

    ¡¡Rengnar!!​

    El muchacho estaba tirado, logró abrir sus ojos, debido al impacto contra una colosal ballena, fue arremetido cruelmente hacia una isla y poco o nada recordaba luego de eso, pero no le sorprendía haber recuperado su forma juvenil y humana, pues semejante colisión le arrebató la consciencia por varios segundos ¿o quizá minutos? No lo tenía muy claro, sólo veía a sus amigos retroceder hasta él, usando sus armas, para contrarrestar el ataque de una ballena que desde la costa les lanzaba chorros de agua o mostraba que no era un ser normal y se alzaba a altitudes irreales para un cetáceo normal.

    —¿Q-qué p-pasó? ¡¿Están todos bien?! —Vociferó el ex amish con fuerza, siendo contestado por un rubio de apariencia hermosa y perfecta que sostenía a una afortunada jovencita en sus varoniles, níveas y grandes manos.

    —Fuiste atacado por aquel cetáceo, caíste, perdiste tu ala y te desmayaste. Nosotros tenemos heridas, pero nada grave —contestó el hermoso y apacible germano de hebras doradas —, dado que recibiste todo nuestro peso creí que estabas muerto, pero tu pulso y tus alas... —parecía sorprendido —, eres muy resistente.

    —Seeh, sehh, rubiales. ¡Uaaa! —Inmediatamente lanzó al rubio hacia abajo, más para proteger a Dolly que a él —, ¿por qué se tardan tanto con una jodida ballena?

    —El problema no es la ballena, es él

    —¿Él...?

    Una enorme flecha oscura llegó hasta el dúo que fue interceptado por una enorme pared metálica que salió desde el suelo: Era Rómulo que había logrado protegerlos. Rengnar inmediatamente abrió grandemente los ojos, caminando lentamente y bastante aterrado. Negó para sí mismo, intentando no caer en la desesperación.

    —Ché Rengnar, despertaste... ¡No creí verte, boludo! Pensé que la bashena te había baqueteado —Esa voz, ese acento y esa arma. Inmediatamente Rengnar lo ignoró para guiar su mirada hacía Andrés, que no lo miró a los ojos, antes de ver como Jihyun se arremetió contra el dueño de esa voz, yendo a su cuello, pero la ballena en la cual el varón estaba montado se inmiscuyó y lo único que pudo hacer el asiático mayor fue arrebatarle una aleta dorsal.

    —Tsk, bastardo, todavía que pagué para sacarte de aquí, al parecer si quiero las cosas hechas bien, las debo hacer yo mismo —Sin embargo, el caballero se inmiscuyó en medio de la batalla, había recuperado su armadura y tomó el brazo del oriental mayor que inmediatamente se zafó y le dedicó una mirada mortal —. ¿Qué quieres?

    —¡D-debemos ir por Remy!

    —Al diablo, tenemos algo más importante, nuestra misión es aniquilar, no andar rescatando gente incauta.

    —¡P-pero!

    —Ni siquiera tenemos claro donde puede estar.

    —Realmente sí sabemos, es cuestión de seguir la señal del brazalete —confesó Reiji, logrando que el coreano bufara, señalando el verdadero peligro. Cris quien luchaba cuerpo a cuerpo con Andrés, al parecer incluso en medio de la reciente desesperación, el número tres podía luchar, no ignorando su misión aún si estaba silente con los pensamientos vacíos, y eso se dio cuenta Rengnar cuando decidió usar a C.C obteniendo su forma draconiana, una de sus alas había perecido pero estaba creciendo gracias al uso de un vestigio que potenciaba sus habilidades reptilianas de mejor forma.


    —Váyanse a rescatar a su otaku, Andrés y yo...—gritó el dragón, yendo hasta donde estaba su compañero número —, esta es una cuestión nuestra. Somos números, y como tal, no permitiremos que se involucren en esto. Este tipo no es Max, un doble agente, es un miembro de nuestro club... y era nuestro amigo...

    —¡No te pienso dejar solo, weón! No después de todo lo pasado en Niflheim —gritó Franco hacia las órdenes de Rengnar, nunca lo había visto tan serio, pero al parecer no se iba a quedar quieto viendo a Andrés pelear como lo estaba haciendo. Comprendía luego del réquiem, lo valioso que era Cris pero eso no le iba a permitir dejar eso en manos de Rengnar y Andrés.

    —Franco —Que lo llamara por su nombre era extraño —, eres el único gamer que acompañará a ese grupo si nosotros no estamos, por lo que asegúrate que el coreano no haga cosas contra nosotros, será tu misión. Además... Rómulo te ayudará a calentarte —dios, eso quitó todo lo épico pensaron todos —, déjanos esto a nosotros.

    —Weón, no podi... tú y el Andrés...

    —Hey... soy Ten, ¿sabes? —tanto tiempo con el dragón le hacía olvidar que era un número, un guerrero de élite —. Cris era Nine en vida, en cierto sentido...

    —¿Uh?

    —Esta es mi oportunidad de ascender, de estar más cerca de la maldita Barbara. ¡Solo mira como brillo! —Y fue hasta Andrés, este dio un salto y se posó encima de él —. ¡Lárgate! ¡Ya perdí a Magnus! ¡No te quiero perder a ti, peruanito! —vociferó hasta lanzar una gran onda ígnea, no podía volar con precisión debido a que su ala estaba creciendo apenas, pero lograba impulsarse, no obstante, maldijo cuando su llamarada colisionó contra una ondeada acuática que envió la ballena quien era montada por Cris; creando así una enorme barrera humeante en la cual se impedía ver algo, hasta que algo emergió de entre la pared de humo, y era Cris que se lanzó dispuesto a dar un puñetazo, pero fue detenido por unos potentes hilos de Andrés que era el jinete de Ten.

    Franco estaba abajo, observando todo, si bien la orden era fácilmente ejecutable, recordó su charla en la reunión de estrategia de la Blitzkrieg y si habían informado bien a todos, además de recuerdos de algunos de sus réquiems, el chileno era consciente que la habilidad de Cris era increíblemente peligrosa y haría la batalla demasiado longeva. Hasta que sintió una mano en su hombro: Era Gild que había obtenido una nueva resolución luego de su réquiem.

    —Me quedaré —dijo —, dijeron que sólo podían estar números, yo soy Six, ¿no? —sonrió —, además soy deprimido, si Cris les hace demasiado daño podré curarlos. Seré el revival de estos chicos.

    —Pero tu habilidad...

    —Confía en mí, ya perdí a muchos compañeros —comentó, viendo la gran figura de Madre Gaia —. No me permitiré perder más.

    El chileno sólo asintió apretando sus dientes, viendo las llamaradas colisionando contra las flechas oscuras formando enormes figuras luminosas en el cielo similares a fuegos artficiales, sabían donde ir el faro y las señales del brazalete los llevarían hacia Remy, pero eso no quitaba el pesar del coreano que hubiese preferido quedarse ahí, pero por motivos totalmente diferentes a los de Franco.

    [ * * * ] ​

    No obstante todo y su malhumor, Jihyun era bastante sabio y táctico, no salvaba a Remy porque fuera su aliada o la consideraba valiosa como el buen Rómulo, sino porque si ésta moría bajaría los ánimos y la moral del otro integrante de la armería divina, armería que por cierto quedaría incompleta sin la ballesta germana y que, por lo tanto, disminuiría su número de armas en la batalla, cosa que en una guerra era inaceptable. Sí, Ryu consideraba a Remy valiosa, pero por motivos muy diferentes a los de Rómulo. El grupo por eso no paró, sintiendo las colisiones atrás de sus espaldas, las humaredas calientes que los dejaban por detrás, y como ellos corrían como ganado frente a un león.

    Hasta que algo los detuvo, o mejor dicho, detuvo únicamente al nerd que se hallaba informando por su brazalete del estado de Water Kingdom mientras corría. Algo viscoso y extraño rodeó su pierna, tan cerca que se hallaban de la ubicación de la otaku, y ahora debían soportar ser detenido por eso.

    —¡Váyanse y déjenme! ¡Onegai!—gritó Reiji totalmente serio; pero un disparo ígneo de un mosquete hacia unas palmeras con cocos, logró que los tentáculos se moviesen, por lo que era obvio que había un ser que retenía al nipón, velozmente, Jihyun extendió los hilos de Fibrous que se fueron increíblemente en fondo, logrando sostener algo, que soltó al nipón —. Arigatou...

    —De nada sirven los agradecimient- —El coreano fue interrumpido cuando sus fibras fueron sostenidas por los tentáculos, en lo que pareció un juego de cuerda de un campo estivo, pronto ambos individuos comenzaron a halar de su lado con afán de guiar al enemigo a su lado —. ¡Ven aquí! ¡Arrgh! —La fuerza del coreano parecía mayor, pero el desgaste pronto se sentiría, por lo que Rómulo lo sostuvo del torso, agregando fuerza —. Maldito otaku... suéltam- —Reiji sostuvo a Rómulo halando y finalmente Franco sostuvo la cintura de Reiji logrando que la fuerza fuera tanta que aquel ser salió: era una chica, que logró que Jihyun abriera mucho los ojos, pero a diferencia de cualquier otro sonrió —, vaya, Bea, no pensé verte aquí.

    —¿La conoce, demonio de los hilos? —preguntó el otaku.

    —Es mi aprendiz... Por lo que será un enemigo duro. ¡Tú! ¡Largo!

    —¿Eh? —Rómulo se señaló a sí mismo.

    —Tu contraparte está cerca, ve y salva su trasero!

    —P-pero...

    —Yo me quedaré con estos perdedores, tú ve... ¡Y MUÉVETE!

    —¡S-sí, d-demonio de los hilos!

    —¡No tan deprisa, weón enlatao! —gritó la fémina, extendiendo las extremidades de su mascota, Jihyun sostuvo una de sus manos con los hilos, distrayéndola lo suficiente, para que Rómulo se despojara de su armadura, creando un camino de metal liso en el cual se tiró como si fuese alguna especie de tobogán para ir más veloz.

    —¡Vooooy por tiiii, Remy!

    —Tsk... —gruñó la Bea, pero Jihyun la miró.

    —Hace mucho tiempo que no te veía... ¿Esto obtuviste por tu decisión? Espero estés feliz —le dijo el coreano, el dúo del futuro sintió tensión en ellos. Mayor a la que él tuvo con Kan, algo tenían esos dos que hacía una relación mentor-aprendiz diferente a la de otros.

    [ * * * ]​

    Rodeada. Sí, así se sentía Remy, todos sus amados familiares dispuestos a arremeterse ante ella luego de las órdenes de la felina, se esperó de todo, un ataque brutal hacia ella que la mataría inmediatamente, vaya, morir entre cosas lindas si que sería irónico, pero se levantó dispuesta a luchar contra todos, pero sobre todo, para eliminar a esa maldita gata rosa que la miraba con ternura y eso le resultaba repugnante. Sí, pensamientos que no llegaron a nada, cuando algo voló hacia ella, ¿un enemigo? ¡No! Alguien vino velozmente deslizándose y colisionó contra ella, y un grupo de familiares como si fueran un grupo de bolos de boliche siendo esparcidos por la bola.


    —¡Strikeeee! —gritó una vocecita infantil mientras todos incluida la gata rosa habían quedado aturdidos luego de aquel inesperado evento, pero así era Rómulo.

    —Rómulo... los demás...?? Tú... esto...

    —¡¡¡¡Estás bien!!!!! —la abrazó con fuerza y Remy no tenía más preguntas —. Estamosbienperonosseparamosyyoestabamuyasustadoy...

    —Más despacio...

    —¡¡¡Ahhh, Remy! —y regresó a abrazarla, mientras Wind se lanzó a atacarlo, pero el varón se cubrió en su armadura y lo mandó de un manotazo al suelo y luego se levantó —. ¡Todos ustedes serán asediados por la furia de un caballero que vio atacado a su fiel escudero! ¡Oh! ¡Los haré vivir una odisea tan grande que el fuego eterno del hades los consumirá! ¡Seré su Caronte y los guiaré a la pena máxima donde no hay retorno ni perdón porque Thanos no permite fugas en su territorio santo!

    —Oh querido, tú puedes estar de acuerdo, nya... pero ella no parece convencida —dijo la gatita.

    —¿Eh? ¿Lady Remy...?

    —Se supone que debemos evacuarlos... no... matarlos.

    Non voglio.
    Non farlo.
    Non ti permettere.


    —Luperca... —susurró Rómulo.

    Per piacere, sono delle vite, delle piccole vite

    —Comprendo...

    —Lo... siento... lo siento... —lloró Remy algo aturdida por todo esto, viendo de nuevo sus brazos vacíos, luego de la pérdida de Light —. No puedo...

    —¿Esa gata los controla, no? —era raro que Rómulo hablara de forma tan poco caballeresca.

    —S-sí...

    —Entonces me encargaré de ella...

    —Pero los familiares...

    —No puedo hacer esto solo obviamente —estiró su mano cubierta de metal producto de su armadura —. No sin mi escudera, porque eres eso, ¿no? No eres una frágil doncella esperando salvación santa de un caballero.

    —Lo sé y... lo lamento.

    —Pfff... ¡Si eso...! —Corrió el caballero con su hacha, yendo hasta varios familiares evitaba cortarlos, pero a veces era inevitable, su dirección era la gata. Uno de los familiares se le atravesó, rodeando su armadura de electricidad, Remy gritó, pero Rómulo adoraba que el metal lograra que él fuera parcialmente inmune a la electricidad y, en cierto sentido, unos leves chamusqueos no eran nada para él, movió su hacha hacia la felina pero ésta esquivó, mientras Remy iba caminando, viendo a su compañero luchar —. Si eso... ¡Es lo mejor de ti!

    Las batallas comenzaron a arder en intensidad, desde la costa hasta el sector del faro. Todo el lugar parecía ser sector de muerte para el equipo de la Blitzkrieg, no perderían, había muchas cosas valiosas cosas que proteger y ahora entendían que esas cosas, eran ellos mismos, entre ellos debían cuidarse o perecerían. Desde un sentido militar, afectivo o táctico, ellos eran irremplazables.

    _______________________​

    LeoLeo Me quedó Andrés, Rengnar y Gild vs Cris (Sólo números (?) ), Jihyun, Franco, Reiji vs La Bea, y Rómulo y Remy vs Alexa&Familiares. Los primeros pelean en la costa, y los segundos y terceros muy cerca entre ellos, por si quieres juntar al equipo de Jihyun y a los chicos de la armería.
    TaKaTaKa
    AmakiAmaki
    AhkilendraAhkilendra
    CorventCorvent
    Velvet.Velvet.
    zXArtemisXzzXArtemisXz
     
  17. Corvent

    Corvent |><(((((ಠ> ... Deal with it!

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    Ahora estaban en terreno donde no se podía ser descuidados. Siendo realistas, desde que habían salido como grupo de reconocimiento lo habían estado, pero si algún lugar podía ser considerado realmente peligroso, ese era donde estaban ahora.

    Sinmara no había Sido un gran problema a la hora de entrar, pero, si metían la pata, bien podía serlo al intentar salir, algo que no era muy alentador, considerando que los seres flotantes que habían observado en su camino hacia el centro de Nibiruke no parecían haber tenido mucha oportunidad contra ella. Hasta ahora no habían sido atacados, pero es eso se podía deber a que toda la actividad de la zona se hallaba concentrada en el lugar donde estaban ahora. Si bien el grupo caminaba con cautela con aquello en mente, las que más incómodas se encontraban eran Lina, Four y Sofía. Para los asociales el pasar desapercibidos era una segunda naturaleza, y su habilidad le daba cierta ventaja sobre el resto del grupo al número, por lo que ellos tres habían notado algo que el resto no. Su grupo era bastante numeroso. Aquello no había Sido una preocupación en la infiltración del Imperio Ichi, pero sí sé había vuelto algo bastante notorio ahora. Era bastante improbable que pudieran lograr esconderse o huir fácilmente si eran descubiertos ahora, al menos no sin salir lastimados, o en el peor de los casos, con una baja.

    A medida que se acercaban al pueblo, cánticos de comenzaron a escuchar a lo lejos. Se acercaban anuncios territorio más peligroso del que habían estado hasta el momento, pero no habían averiguando nada que pudiera ser reportado de e vuelta como para intentar salir en ese momento. Si querían averiguar algo de importancia, tendrían que acercarse más al origen del los cánticos. Quizás al llegar al pueblo los edificios les permitirían acercarse con más confianza, pero en ese instante, estaban casi completamente a la vista de otros.

    Pocos árboles podían cubrirlos y era por eso que todos iban atentos a cualquier ruido que pudiera estuviera fuera de lugar, que en una zona donde todos los cercanos habían Sido convertidos en imitaciones de globos de helio, era cualquiera, como los rítmicos pasos de alguien que parecía ir trotando en sus cercanías.

    – ¡Shura!

    – ¡Estoy en ello! – Sin más que esas palabras, el número cuatro hizo aparecer cual mago una gran tela blanca ¡Todos bajo la sábana!

    Por un momento, todos miraron con duda al par de números, pero el rostros serio de ambos les hizo entender que el par tenía un plan. Akane fue la primera en obedecer, seguida de cerca del resto. Una vez que todos se hallaron bajo la tela y antes de que Lina siquiera pudiera preguntar cuál era el plan, todos pudieron sentir como la sábana sobre ellos se endurecía y su textura cambiaba a una más áspera. Los pasos se oían cada vez más cerca hasta que fueron lo suficientemente claros como para asumir que la persona a la que pertenecían estaba justo frente a ellos.

    – ¿¡Qué!? Pero si yo los viernes entrar, deberían estar por aquí. – la voz era la de un pequeño, pero cualquiera que se hallará pasado de Sinmara en aquella zona desprovista de vida debía ser un enemigo– ¡No me puedo haber confundido con una piedra!

    El extraño le dio una pequeña patada a la piedra, más que de molestia que con la intención de causar daño realmente. Él también era un enemigo.

    Todos bajo la sábana petrificada guardaron silencio, tratando de controlar su respiración para no emitir sonido alguno.

    — Así ella no me va a creer. ¡Tengo que encontrarlos! — La voz se mostró más resuelta en su misión y por unos momentos el silencio solo interrumpido por los cantos un poco lejanos se hizo presente — ¡Eso es, tienen que haber ido más rápido y ya deben estar cerca del pueblo!

    Sin decir nada más, las pisadas se volvieron a escuchar, esta vez alejándose cada vez más de ellos. Pasaron unos cuantos minutos antes de que el equipo decidiera que era seguro salir de su escondite, levantando su cubierta, pero dejándola a un lado y bien puesta. Si les había servido una vez, nada impedía que lo pudiera volver a hacer por azares del destino.

    — ¿Quién era? — Preguntó Akane al aire, esperando que alguno de sus compañeros de equipo tuviera alguna idea, pero nadie respondió, solo Klaus negó con la cabeza, indicando que no tenía idea.

    — Quien quiera que fuera, nos va a dar problemas. Fue en dirección al pueblo a buscarnos y si vamos ahora directo nos va a ver, quiero decir de nuevo, porque si nos buscaba significa que ya lo hizo una vez. — Finalmente habló la gran Babidi.

    — Pero creo haber entendido que alguien no le creyó, y viendo que no hemos visto a nadie más en un patrón de búsqueda, creo que es posible asumir que solo aquella persona sabe de nosotros. — Indicó el cuarto Número.

    — No nos podemos confiar de eso tampoco, si seguimos avanzando, tendremos que desviarnos de la ruta directa, pero continuar bajo la suposición de que más de una persona nos está buscando. — Añadió Klaus a la discusión.

    Lo cierto es que no estaban seguros de los enemigos que podían encontrar, pero algo respecto a lo que sucedía, especialmente en Nibiruke era inquietante. Debían acercarse tanto como pudieran al centro del pueblo como pudieran y reportar lo que encontraran, pero esta vez, a diferencia de su anterior destino, podrían transmitir la información en cualquier momento. Aquí no había una barrera que bloqueara las comunicaciones, por lo que podían hablar con la Central inclusive desde el mismo centro del pueblo. Era sabio planear la ruta de escape y tratar de pasar desapercibidos, pero dado el caso, el cómo saldrían era una preocupación secundaria. Si informaban al resto de algo importante estarían aumentando las posibilidades de todos de sobrevivir a aquella crisis.

    [***]

    Tal y como lo habían pensado, el camino hasta el pueblo había sido uno bastante tenso, pero no realmente peligroso, al menos no cuando se consideraba que cualquier parte del nexo era peligrosa en aquel momento. En el camino al lugar habían escuchado varias veces gritos que parecían ser de alguien siendo torturada mezclados con los cánticos. Quizás sí había alguien que no pertenecía a los sirvientes de Diamond en aquel lugar. Y aún de ser así, ¿se podían dar el lujo de salvar a alguien si llegaban a verlo? La respuesta era no, pero tampoco era algo escrito en piedra. Los humanos son egoístas y sus decisiones en muchas ocasiones son todo menos racionales, pero era por eso que habían ido en un grupo tan diverso. Lo cierto era que hubiera sido difícil que en un instante el egoísmo de todos apuntara en una misma dirección y que esta no fuera reunir información para que otros pudieran resolver el problema que hubiera en esa zona. Debían controlarse unos a otros si se daba el caso en que alguno intentara algo estúpido.

    — Los cantos se oyen más fuerte, lo que debe significar que estamos más cerca de lo que sea que esté sucediendo ahí. — Indicó Pavel.

    — No los he visto en persona, ¿pero no que los monjes que usa Diamond cantaban de una forma similar? — Inquirió Emil.

    — Según la información de aquellos que los enfrentaron, sí, así es. — Replicó Alexandr.

    — ¿Ustedes creen que nos vayamos a encontrar directamente con Diamond? Yo no me quiero echar a morir así nada más.

    Las palabras de Rose resonaron en todos. Era obvio que nadie quería eso, ¿pero realmente se podían encontrar con “Diamond”? La caníbal se había vuelto algo totalmente diferente, ya hasta era difícil poder decir que seguía siendo humana en alguna parte.

    Nuevamente un grito se escuchó desde el centro del pueblo, y el equipo decidió comenzar a moverse hacia el origen del ruido.

    Las casas se hallaban vacías y los cánticos parecían venir de un espacio abierto en medio de todo, una plaza quizás. La falta de enemigos había hecho que la mayoría se relajara, pero eso y el volumen en aumento de las voces no les permitió oír los pasos de aquél al que habían evitado antes.

    — ¡Lo sabía, intrusos!

    El pequeño pastor comenzó a gritar con la intención de atraer la atención al grupo que había descubierto, los cuales no tardaron en tomar acción.

    — ¡Hay que silenciarlo! — Indicó Lina, siendo Rose y Sofía quienes saltaron a la acción tratando de alcanzarlo.

    — De aquí no sales, niñito. — Habló Rose, habiendo alcanzado fácilmente al muchacho y bloqueando su escape mientras Sofi lo alcanzaba desde atrás.

    — U-ustedes, intrusos, ¡ni crean que podrán acercarse!

    — Tú no te preocupes, no va a ser tu tema. — La asocial lanzó a Hanzo al ataque, aquel era un enemigo y debía ser eliminado, no había nada más que discutir. Pero antes de que el arma pudiera hacer contacto, esta fue repelida — ¿¡Qué!?

    Lo que había detenido la hoja del arma de la castaña no había nada más ni nada menos que un taladro, el arma de un monstruo mitad máquina. Aquella era sin duda parte de la habilidad de uno de los sujetos de los que se les había informado. Alicia McMirror. Pero lo peor no era el ser, sino la persona que iba sobre él.

    — ¡Frida!

    El grito de Pavel fue uno lleno de emoción, pero no de felicidad.

    — ¡Klaus!, sigue con el resto. Me quedaré con ellos y los alcanzaremos.

    Pavel estaba en otro mundo, pero el Two sabía que sería difícil que los siguiera sin más.

    — ¡Lina, Emil, Akane, vamos!

    — ¡Deja a la Nerd y ven tú, Sofía!, ellos ya tienen suficiente músculo. — Ordenó Lina, algo que efectivamente era cierto.

    Las palabras del número y la asocial motivaron al resto a moverse, mientras que Alexandr, Pavel, Rose y Akane se quedaron para enfrentar al enemigo.

    Dividirse nuevamente no parecía tan buena idea, pero debían evitar que las cosas se complicaran y su peor problema podía ser Simsara despierta. O al menos eso era lo que creían. El número y la segunda al mando de los asociales lideraron el avance, llegando a el centro del pueblo, donde los peones de Diamond cantaban un himno celestial, uno que no podía ser apreciado más que con temor. Fue en ese momento que el grupo se dio cuenta que su infiltración había fallado desde antes, al recibir la mirada directa de Adi, cuyas cadenas se expandían a su alrededor.

    La experiencia de Klaus le hizo notar que había más de lo que se veía a simple vista, bloqueando el ataque sorpresa que llegó desde un costado.

    — ¡Seven! — Exclamó el Número, sorprendiendo al resto que de pronto también se veían enfrentados a un número extra. Klaus usó su lanzacohetes para disparar a quemarropa contra la antigua Número, pero no con la intención de lastimarla realmente, sino de petrificar la explosión y crear una defensa —¡Emil!

    — Niño, avisa que encontramos algo que podría ser una gran debilidad en la caníbal. —Indicó Lina con calma, pero con un rostro de molestia.

    Se habían dividido y lo que enfrentaban ahora era demasiado para aquellos que habían avanzado. Los monjes, Seven… Adi. Aquello era demasiado para ellos, pero bien podían avisar lo que habían observado. Nada que estuviera tan protegido podía no ser importante.

    — Central, encontramos un área altamente protegida en Nibirike, en el centro del pueblo, donde concluimos hay un punto débil de Diamond. Los enemigos que encontramos son…

    Mientras la transmisión era emitida, las cadenas de Adi se abalanzaron sobre el grupo. El mensaje fue enviado, pero el escudo improvisado de Klaus no los pudo defender de un pacto que no buscaban.

    “Busquen la iluminación, desdichadas almas. Esperen en tranquilidad el momento en que la paz sea traída a todos.”

    [***]

    AmakiAmaki TaKaTaKa Velvet.Velvet. Sorry por lo corto y lo cliffhanger que lo dejé, pero como saben anduve con poco tiempo y era la única manera que hallé para cumplir la misión a tiempo XDu
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    Última edición: 26 Jul 2018
  18. Leo

    Leo ¿No ves que te voy a matar (con feels)?

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    Los relámpagos iluminaban por momentos el lomo del gigante cetáceo, que dejó salir un chorro de agua desde éste. Rengnar en su forma dracónica aún trataba de mantener el equilibrio en lo que su ala se regeneraba, Gild permanecía en la costa, atento a cualquier movimiento, y Andrés, sobre el décimo, observaba a quien cargaba la ballena gigante. Cris le devolvió la mirada, manteniéndose de pie cruzado de brazos y con una seriedad absoluta…

    …Al menos hasta que el agua que expulsó el mamífero le cayó encima.



    -La concha de la lora…-replicó el antiguo noveno, agitándose, para luego mover los brazos hacia sus compañero-¡Andrés! ¡Hola!

    -Cris…

    -¡Oh, cierto! ¡Miren, por fin atrapé algo que no es un Zubat!-el argentino señaló a la ballena-¡Ahora tengo un Wailord!-el aludido emitió un armónico sonido-¡Y hola Rengnar! Ché, sorry por lo del ala, es que mi Moby Dick se pasa un poco… y ya sabés, como es tipo agua es súperefectivo contra vos…

    -Pera, ¿No es Rengnar mitad dragón? Recibiría daño normal-cuestionó Andrés.

    -Ah, pos así es cierto…

    -¡No soy un dragón!-replicó el décimo, molesto-¡Soy una salamandra alada!

    -¡Ah, cierto! ¡Es un Charizard!-volvió a decir Cris-¡Fuego volador!

    -¡Pero está el Mega Charizard X ahora!

    -¡Y el wero que tiene la megapiedra de Rengnar no está aquí, así que no jodas, que aquí soy yo el experto en pokémon!



    Mientras el par de gamers discutía como si nada, Rengnar debía morderse la lengua y maniobrar lo mejor que podía ante los chorros de agua de la ballena, que varias veces casi logran hacerle perder el equilibrio. Se movía peligrosamente cerca de las olas, y el cetáceo aprovechó la oportunidad para ir por él nadando a toda velocidad. El dracónico subió un poco antes de bajar de golpe, golpeado a su rival con fuerza suficiente como para hacerlo trastabillar, y de paso lanzar a Cris hacia un árbol cercano.

    -Pinche Doragon Cro roto…-bufó, viéndose pronto rodeado por varias cadenas. Su arma no tardó en materializarse para cortarlas con una lluvia de flechas, que pronto se dirigieron al dueño de éstas, que se vio forzado a usar su dama de hierro para protegerse.

    -Ché, ¿y este conchudo quién es?-replicó el noveno al tercero, que casi cae al agua cuando la ballena se hundió un momento para luego embestir a Rengnar, mas logró agarrarse a una roca gracias a su arma. Andrés pestañeó un par de veces.

    -E-Es Gild… nuestro nuevo Seis.

    -Oh. ¡Hola Gild!-saludó el argentino, teniendo que moverse para evitar otro ataque de Gilgamesh- Soy Cris, ¡Y soy el Nueve!... O… lo era… Ché, Andrés, ¿Sigo siendo el Nueve?

    -No-bufó el aludido, cruzándose de brazos.

    -¿¡Pero por qué!?

    -¡Porque te moriste!

    -¡Pero estoy aquí ahora!

    -¡Vuelto un wololó! ¡Así no cuenta!

    -¡Ah pos perdón, no sabía que esto funcionaba con contrato!


    A pesar del esfuerzo del tercero y el sexto combinados, Cris demostraba ser un objetivo difícil de atrapar. No solo gracias a su arma y su habilidad de ralentizar las ofensivas rivales, sino también porque su mala suerte parecía jugarle –irónicamente- a favor, al punto que cada vez que los hilos o las cadenas estaban por alcanzarlo, éste resbalaba o daba un salto por los truenos, esquivando por milagro cualquier ataque.

    -Ché, está bien que hagan su pega, pero tampoco es pa’ tanto, si yo no quiero matarlos ni nada-replicó el noveno, que hasta ahora solo había actuado defensivamente-. ¡De hecho estoy seguro que aquí estarías súper bien, Andrés!

    -¿Qué te hace pensar eso?-clamó el colombiano con una seriedad abrumadora mientras hacía que varios hilos se elevasen desde el suelo, los cuales fueron ralentizados por el lag de Cris.

    -Pos ya sabés, a ti no te gusta pelear ni hablar con la gente porque te avergonzás fácil. De hecho no sé cómo lo hacés para estar con el rucio ese, normalmente te pondría rojo y mudito y avergonzadito-mencionó el argentino, frenando las cadenas de Gilgamesh y haciéndolas pedazos con los disparos de Kat.

    -¡Y-Y-Y-Ya no me avergüenzo así!

    -¡Lo estás haciendo ahora!

    -¡Porque dices pendejadas, pendejo!

    -¡Sho no soy pendejo, solo quiero que vengas con nosotros!

    -¡No voy a ir a ningún lado con un tipo que lloró dos horas cuando la Fran le dijo que terminaría con él si volvía a decirle que hiciera cosplay de Nihilego!

    -¡E-E-E-E-Eso es mentira! ¡Solo fue una hora y media!

    -¡Es lo mismo!

    -¡No es cierto!



    Un ruido sordo forzó a ambos gamers a tomar distancia: Rengnar cayó volando con una ballena encima… o más bien, él sobre la ballena. De alguna forma había logrado sacarla del agua y dejarle una abertura en el abdomen, aunque él de paso se había ganado varias heridas que por suerte no fueron tan graves gracias a sus escamas.

    -¡La concha de la lora, Rengnar! ¡Me debilitaste al Wailord!

    -¡Tu ballena casi me mata, animal! ¡Se lo merece-!

    -Bah, lo bueno es que tenemos Max revivir-una ola de oscuridad rodeó la zona, haciendo que los números tomasen distancia. Segundos más tarde, el cetáceo se reincorporó como si nada, con Cris sobre éste.

    -... Por la reputa madre…-replicó Andrés, siendo lanzado poco después –como el resto- por un fuerte chorro de agua de la ballena.

    -Aish, Fran tenía razón, no me van a hacer caso-replicó Cris, desanimado-. No me queda otra que obligarlos.



    Por sobre la playa, el cetáceo se movió hacia los números, que pronto tuvieron que cubrirse tanto de los ataques de ésta como de las ráfagas oscuras del noveno sobre éste. Rengnar, cuya ala logró por fin reconstruirse, volvió a tomar vuelo, agarrando a sus compañeros con sus garras antes de avanzar a toda velocidad hacia la ballena y devolverlo al mar de una embestida. El tercero, entonces, subió al lomo del otro usando su arma, y ayudando al sexto de paso a trepar también.

    -¿Y ahora qué?-preguntó Gild. El haber visto la habilidad de Cris en acción definitivamente lo hacía preocuparse.

    -No podemos hacer esto lento. Si nos centramos en la ballena Cris lo va a revivir, y herirlo a él de gravedad no va a servir mucho, se terminará curando-mencionó Andrés, repasando los vestigios de su amigo-. Fragment of Hope…

    -¿Entonces?

    -Entonces hay que matarlo antes de que pueda curarse-gritó Rengnar, moviéndose justo antes de que la ballena surgiera de un salto, casi embistiéndolo.

    -O eliminar ese factor. Ren, Gild, frenen a la ballena todo lo que puedan sin matarla. Necesito que me den tiempo-dijo el número menor, lanzando algunos hilos hacia sus compañeros, los que desaparecieron poco después.

    -¿Cuánto?-inquirió el bello sexto.

    -Todo el que puedan darme.

    -¡Hecho! ¡Sujétense!-Rengnar se elevó de golpe para evitar los continuos chorros de agua del cetáceo, para luego lanzarle varias bolas de fuego que la criatura esquivó o logró repeler, elevándose hacia el dragón que vio la oportunidad. Bajó entonces en picada y lo agarró entre sus garras, dispuesto a hacerlo caer de golpe al suelo cual movimiento sísmico. Los números en su lomo por poco caen al agua en cuanto golpearon la costa, mas lograron agarrarse lo suficiente como para no resbalar. Rengnar entonces se lanzó contra el cetáceo para retenerlo. Mientras pudiese mantenerlo fuera del agua sería más fácil de inmovilizar. Gild entonces decidió ayudarlo, usando las cadenas de Gilgamesh para limitar aún mas sus movimientos.


    Sin embargo, el “entrenador” no iba a quedarse así nada más. Los números sintieron una extraña energía antes que, sin aviso, numerosas flechas oscuras los golpeasen en sus extremidades. Sin embargo, antes de que pudiese dar golpes más mortales, el argentino fue atrapado y lanzado a la playa por los hilos de San Valentín. Al golpearlo, Cris se deshizo en una nube de códigos.

    -Cuenta alterna…-Andrés no perdió el tiempo y rodeó a los suyos con una barrera hecha de hilos para bloquear la nueva tanda de proyectiles de otros dos argentinos. Rengnar respondió con algunas bolas de fuego, forzándolos a tomar distancia, y entonces el tercero aprovechó para desviarlo a la costa, alejándolo del cetáceo. Antes de que pudiera darle alcance, sin embargo, ya tenía otra cuenta alterna disparándole por detrás, del cual tuvo que preocuparse antes que el Cris original se acercara con algunos proyectiles en su dirección. Varios fueron desviados por los hilos del número menor, mas de ponto algunos de ellos disminuyeron la velocidad súbitamente. Eso descolocó al tercero lo suficiente como para darle al otro una abertura que le permitió disparar desde otra dirección por su cuenta alterna y retenerlo con heridas en sus extremidades inferiores.

    -Siempre igual de loquillo, ¿no gatito?

    -Hmp. Te he dicho mil veces que no me llames así. Ni a los muertos respetas.

    -¿Los he respetado alguna vez?

    -Es un buen punto.

    Algunos hilos surgieron súbitamente de la arena y agarraron la pierna del número nueve, tratando de hundirlo. Andrés entonces se acercó, preparando un nuevo ataque cuando notó que la calavera que flotaba al lado de Cris cambió de dirección, lo cual le extrañó. Y súbitamente atacó a su propio usuario, quien cayó de rodillas al verse herido del abdomen. ¿Había sido por San Valentín? No, no era posible… no era…

    -¡Cris!-distraído por el comportamiento suicida de su viejo amigo, el número menor no notó que la cuenta alterna del otro se acercó por detrás y lo agarró, y entonces el arma del original dio la vuelta y disparó contra el número, quien cayó al suelo por las heridas y entre los códigos del Cris copia, que cayó en el fuego aliado.



    -Eso… fue jugar sucio…

    -Me lo enseñó alguien hace poco-comentó el argentino.

    -Y aun así… no me mataste…-escupió el colombiano-¿Cuál es tu gran idea?

    -Andrés, por favor. De verdad no quiero hacer esto. Solo… solo hazme caso. De verdad es lo mejor-varios hilos casi caen sobre el noveno, los cuales fueron frenados por los proyectiles de su arma.-Ché, de verdad sos porfiado, Andrés-replicó el argentino, suspirando con cierta molestia al ver que su Wailord era inmovilizado por los otros dos números (o al menos lo intentaban, la criatura era bastante grande y se libraría en cualquier momento).

    -Mira quien lo dice, parcero-respondió el colombiano, tratando de reincorporarse. Le dolían varias cosas en aquel momento, no solo por sus heridas físicas.

    -Ya sabés, rendirse fácil no es lo mío-el tercero notó que una nueva cuenta alterna lo amenazaba desde la retaguardia ahora. Eso lo hizo suspirar.



    -… Dime algo. ¿Por qué?

    -¿Por qué qué?

    -¿Por qué volviste?-preguntó Andrés, quitándose la máscara. La segunda vez ese día que tendría que pelear como él mismo y no como número.

    -Puta… son varias cosas, pibe… Fran, mi chiquilla… por cierto, dime que ella está bien…

    -Lo está. Y lo va a estar.

    -Menos mal. Aunque me gustaría más que esté con nosotros.

    -¿Quieres decir con la malparida de Diamond y sus wololós del mal?

    -¡Oye, no son mala gente! ¡Solo que ustedes no comprenden cómo es de este lado! ¡La cosa no está tan mal! Al menos aquí no nos estamos matando y… pos ya sabés, quiero eso pa’ mi nenita.

    -…

    -Y también pa’ ti, mi viejo.

    -… ¿En serio?

    -Si, pos. Si siempre hemos sido nosotros tres. Yo, la Fran. Y tú. Sin vos no es lo mismo, ¿sabés?

    -No digas eso-el número menor sonrió amargamente-. Tú ya tienes a tu novia.

    -Pero me falta mi mejor amigo.



    Andrés no dijo nada. Ni hizo algo. Simplemente se quedó viendo al argentino. Incluso de vuelta de la muerte, y tratando de matarlo también, seguía igual de idiota e idealista que siempre. No por nada lo quería tanto, incluso ahora.

    -… Maldita sea, Cris-replicó el tercero, dejando salir algunas lágrimas-. Así que somos nosotros los que te siguen dando esperanza incluso ahora.

    -Bueno, algo así. Más vos y mi nena, pero se entiende el punto-el argentino se rascó la nuca, algo avergonzado. Andrés le sonrió.

    -Tú no cambias, parcero. Eso es bueno.



    De un tirón, el tercero cortó un hilo que estaba pegado al noveno, hasta entonces escondido.

    -… Ché, ¿qué hiciste?

    -Mira a ese dragón-dijo Andrés, apuntando a Rengnar, que fue lanzado a la arena por la ballena. Éste se reincorporó tan rápido como pudo y arremetió contra el cetáceo-¿Sabes quién es?

    -¡No seas boludo! Él es…-Cris frenó de golpe-Es…

    -…

    -Conchudo… ¿Qué estás haciendo?

    El número menor le dedicó una sonrisa.

    -Quitándote esperanza.


    Otro hilo se rompió. El argentino hizo lo posible para detener a su viejo amigo, más de pronto varias cadenas entorpecieron su labor.


    -La concha de… ¡Andrés! ¿¡Qué mierda estás haciendo!?-replicó Cris, desviando la ofensiva de Gild.

    -¿Sabes? La razón de que puedas abusar tanto del lag y tus cuentas alternas es por el Fragment of Hope. Incluso puede mantenerte vivo tras heridas graves, lo que te da tiempo de usar tu revival-aclaró Andrés-. Pero sé como funciona ese vestigio. Solo hace su trabajo mientras tengas esperanza. Y somos nosotros la que te los damos.

    -¡Andrés!

    -Mientras tus vínculos con nosotros te den esperanza, no podremos contigo. Entonces solo queda una cosa que hacer…


    -Viejo amigo, nos comienzas a olvidar.

    -… Así… ¿Así terminarás todo?


    -¡N-No podés hacer eso!-replicó el noveno, tratando de alcanzar a Andrés, mas Gild se encargaba de fastidiar cualquier ofensiva, protegiendo al tercero de los ataques del otro-¡T-Tú me dijiste! ¡Necesitás tiempo y energía para cortar vínculos! ¡No podés quitarme los míos!

    -… ¿Sabes?-comentó el colombiano-Eso es porque, para cortar los vínculos de una persona, necesito primero conocerla a fondo. Establecer un vínculo propio con ella, para que así San Valentín pueda interferir. Pero contigo…

    -… Ya tenés un vínculo.


    Cris frenó de pronto. Al parecer se había dado cuenta de algo.


    -Eres mi mejor amigo. Y por eso mismo, cortar tus vínculos se me hace tan sencillo.

    -Andrés, por favor-

    -… Lo siento, Cris.


    Otro hilo se rompió. El argentino tembló por un momento, y luego cayó de rodillas. Gild iba a arremeter otra vez, mas Andrés lo detuvo con una orden mental. Su mirada, entonces, se cruzó con la de su mejor amigo luego de que por fin reaccionó. Éste lo observaba con extrañeza.

    -Vos…

    -…

    -… ¿Vos quién sos?




    El tercero hizo un gesto. Gild rápidamente agarró al desprevenido noveno entre sus cadenas, y lo atrajo a Gilgamesh, lanzándolo dentro de sí de golpe. Tras ellos, Rengnar caía con fuerza, recuperando su forma humana. Estaba sumamente lastimado y cansado, pero había logrado acabar por fin con la ballena, que esta vez no tendría entrenador que le diera un revivir máximo.

    El bello rubio notó la sangre salir de su arma. Y luego desvió la vista hacia Andrés, que permaneció con la mirada perdida en algún punto de aquel paisaje.

    -Atiende a Rengnar, por favor-dijo.


    El deprimido asintió, dando la vuelta, mientras poco a poco la sangre que salía de la doncella de hierro se volvía polvo. El tercero se permitió entonces un quejido, bajo y contenido con todas sus energías, antes de ponerse su máscara.


    Mas no pudo moverse en un largo tiempo.


    Andrés pensó que tal vez hubiese sido buena idea romper sus vínculos también. Pero no. Prefería vivir con el dolor que el agridulce consuelo del olvido.



    [***]



    La mirada de la chica con la medusa sobre su cabeza estaba fija en el coreano. Ninguno hacía algún movimiento, parecía como si esperaran alguna reacción del otro. Franco tenía el dedo en el gatillo de su mosquete, tratando de repasar entre las memorias de Lucifina alguna información de la chica que si recordaba como el número once. Sin embargo, no mucho venía a su mente, lo que lo hizo chasquear la lengua.

    -Ah, chucha, se me había olvidao’ que esto me lo hice yo misma y no un culiao’ que manda gente a cagarse a otros-escupió la chilena, como respuesta al ácido comentario del asiático.

    -Sabías que tarde o temprano pasaría. No te hagas la tonta.

    -A veces me olvido que eris una mierda e’ ser humano-la chica desvió la vista al par de segundo año a poca distancia de su persona, ellos se habían quedado en vez de seguir al de la armadura-. ¿Y estos qué son? ¿Más sicarios tuyos?

    -No valen ni para escudos humanos.

    -¿Y por qué no los matas y ya? Erís bueno pa’ eso.

    -¿Y darle soldados a Diamond? No me hagas reír.

    -Tonces deja que te ayude con eso.



    La discapacitada tomó impulso y avanzó a una velocidad inesperada hacia los chicos del futuro. Franco disparó, mas la chica evitó el ataque con anormales reflejos, y lanzó al chileno lejos de un golpe. De pronto, un láser casi la alcanza, pero alcanzó a agacharse antes de que uno de los tentáculos de su medusa agarrase al dueño del cañón del pie, haciéndolo caer y forzándolo a detener el ataque al levantarlo del suelo y golpeándolo contra éste poco después. Mas antes de continuar la ofensiva, se vio retenida por los hilos de Fibrous, los que rompió a punta de fuerza antes de contraatacar con una lluvia de púas que el coreano bloqueó con un escudo hecho de fibras.

    -Por la cresta…-Franco se levantó y disparó hacia la chica otra vez, la cual debió agacharse para evitar las balas y una patada de Jihyun, que maldijo al sentir las balas del gamer rozándolo. Eso le dio una abertura a Francisca para acercarse y darle un golpe en el mentón que lo hizo trastabillar. Sin embargo, Fibrous bloqueó un segundo ataque, que le permitió al coreano reincorporarse y devolverle el favor, haciéndola retroceder.

    -¡Controla tu maldita puntería, estúpido gamer!-Jihyun ni siquiera se detuvo a mirarlo y volvió a lanzarse contra la chilena, con quien intercambió golpes. La medusa en la cabeza de Francisca, mientras, no daba tregua a los chicos de segundo, disparando varias agujas que los forzaron a esconderse tras la vegetación o ruinas. Franco trataba de responder, pero era difícil conseguir un tiro limpio con el coreano en medio y las agujas amenazándolo.


    Y hablando de eso, el chileno no pudo sino tragar saliva al notar el enfrentamiento entre la discapacitada y el coreano. El maldito atacaba como una fiera, y su bufanda se encargaba de cubrir los rápidos ataques de la discapacitada, que desaparecía por segundos y volvía a reaparecer desde otra dirección, tratando de cazarlo. El tipo no parecía tener puntos ciegos que explotar, lo cual le permitía mantenerse a la par con la rapidez de Francisca. Rápidamente trató de quitarse de encima esos pensamientos fatalistas para centrarse en su objetivo, quien demostraba ser igual de eficiente contra múltiples enemigos. El chileno aprovechó un momento en que una patada del coreano la golpeó contra una pared a medio caer para salir de su escondite y disparar, mas la chica le apuntó con un dedo y disparó una descarga que le dio en una pierna, paralizándolo. De no ser porque logró activar su vestigio, habría terminado recibiendo una oleada de agujas de la medusa. No fue hasta que alguien lo jaló del brazo y volvió a cubierto que se desplomó en el suelo. No sentía la parte inferior de su cuerpo.


    -Ki o tsukete, gamer-san-Reiji se asomó para ver la situación, escondiéndose poco después en cuanto algunas agujas volaron en su dirección-. Así que su mascota puede generar electricidad…-musitó, en cuanto una fuerte luz comenzó a iluminar el área. Franco hizo lo posible para asomarse, notando que de la medusa de Francisca se estaba generando una potente luz, y sus tentáculos estaban electrizados y chocando contra la barrera de hilo de Jihyun.

    -Cresta…-aunque había vuelto a sentir sus extremidades, el hormigueo provocado por la corriente eléctrica le hacía difícil ponerse de pie. El nipón se le acercó al notar que el sudamericano no lograba ponerse de pie.

    -¿Daijobu?

    -Me cuesta moverme…

    -Recibiste una descarga eléctrica, asumo que tus músculos se entumecieron. Dale un momento.

    -Puta…-quedarse quieto no le gustaba, pero tampoco podía hacer demasiado en ese estado. De hecho, sentía que era más una carga en aquella situación que una ayuda, tanto Francisca como jihyun estaban a un nivel que los sobrepasaba con creces. ¿Qué les quedaba por hacer entonces?

    Entonces se fijó en la mirada del nerd a su lado, que parecía buscar algo entre los alrededores. Esa expresión se le hizo familiar. Estaba pensando en un curso de acción, había visto esos ojos antes en varias ocasiones.

    Maldiciendo, hizo esfuerzos para levantarse. Sus piernas temblaban, pero al menos podía mantenerse de pie.

    -¿Se te ocurrió algo?

    -Eso creo. Pero necesito ayuda. ¿Puedes cubrirme?

    El chileno asintió, forzando a sus extremidades a reaccionar.

    -Tu di cuando.


    Reiji esperó, con la vista fija en la batalla. El par de discapacitados no dejaba de arremeter con fuerza contra el otro. El nerd esperó hasta que el intercambio pareciese suficientemente intenso como para que Francisca estuviese distraída, y entonces apuntó hacia una zona donde había un poste caído, y comenzó a moverse. Franco lo siguió de cerca, rápidamente activando su vestigio en cuanto sintió llegar las agujas de la medusa. No tardó en disparar algunos proyectiles ígneos en su dirección cada vez que podía, dificultándole la batalla a la muchacha.

    -Molestan esos weones-replicó Francisca, cubriéndose con ambos brazos de un golpe de Jihyun mientras algunos de los tentáculos de la medusa repelían los hilos de Fibrous. Varias balas habían pasado peligrosamente cerca de ella y su mascota, al punto de dejar algunas marcas. La chilena dio un paso adelante, tratando de agarrar al coreano, mas este detuvo el intento con un manotazo, para luego devolverle el favor agarrándola de la ropa. La muchacha entonces aprovechó para dejarse caer sobre él y generar suficiente electricidad como para darle una descarga al discapacitado. Eso le dio tiempo para tomar distancia y correr hacia los de segundo, que de pronto detuvieron su avance.

    -¡Mierda!-Franco disparó varias veces, intentando frenar a la muchacha, mas ésta lograba esquivar las balas rápidamente, al punto que no tardó mucho en caerle encima. El chileno trató de usar su vestigio como defensa, mientras usaba su mosquete como garrote, tratando de darle caza-¡Vete a la mierda, conchatumare!

    -¡Vo’ vete a la mierda, cabro culiao’!-ignorando el fuego, Francisca le lanzó un golpe al chileno que por poco lo hace caer. Y luego otro, que chocó contra el mosquete del muchacho. Haciendo caso omiso a las quemaduras, Francisca alcanzó al muchacho con un tercer golpe que esta vez logró hacerlo caer, forzándolo poco después a rodar para evitar una patada y los tentáculos electrificados de la medusa, que el muchacho alcanzó a desviar al golpearlos con su propia arma.

    -¡Cresta!-una corriente eléctrica producto del contacto lo hizo temblar. La discapacitada entonces logró atraparlo con un tentáculo, antes de cargar energía eléctrica del centro de la medusa. El sudamericano apretó los dientes, esperando lo peor, cuando algo se enredó en la extremidad de la criatura: un cable. De algún modo, la energía de la medusa acabó siendo conducida por éste, salvando al muchacho de la descarga.


    -Como molestan estos maracos…-la discapacitada desvió su atención al japonés, al cual disparó algunos dardos. Reiji evitó el ataque con algo de suerte, mas no pudo escapar a la velocidad de la muchacha, quien se le acercó rápidamente, agarrándolo del cuello y golpeándolo contra el suelo.

    -¡Rei-!-algo de pronto cortó el tentáculo que lo apresaba. Eso llamó la atención de Francisca lo suficiente como para que el nipón pudiese agarrar el cable a tierra que había conseguido del poste y clavarlo en la medusa, que emitió un extraño chillido, mas tuvo la fortuna también de neutralizar la carga eléctrica de la misma.

    -¡Hijo de puta!-la muchacha lanzó al japonés de un golpe a unos escombros, para luego dispararle varios dardos. Pronto, sin embargo, debió detener el ataque en cuanto varias balas volaron en su dirección, seguida de una ráfaga de hilos, lo que la forzó a su medusa a cubrirse mientras ella le quitaba ese cable de un tiro.


    Mientras Jihyun volvía al intercambio de golpes con Francisca, Franco corrió hacia donde Reiji había caído. Éste se quitaba los dardos que habían alcanzado sus extremidades inferiores, mordiéndose el labio al hacerlo.

    -Weón… qué mierda…

    -No sé cuánto dure… pero con la conexión a tierra… la medusa debió perder parte de… su energía eléctrica…-el nipón hablaba entre jadeos. Parecía sentirse aturdido.

    -… ¿Cómo mierda hací eso siempre?-preguntó Franco con cierta incredulidad, cubriéndose con su vestigio de nuevos disparos de la discapacitada.

    -¿Hacer qué?

    -Eso, darle vuelta la situación a la gente de forma tan rara-mencionó el chileno, disparando contra Francisca.

    -¿Quieres decir… que lo he hecho antes?

    -… ¿Te sentí bien?-preguntó Franco, cambiando el tema. El japonés guardó silencio por un momento.

    -Mis piernas… se durmieron. Efecto del veneno, supongo.

    -¿¡Veneno!?

    -El veneno de la mayoría de las medusas es paralizante, no mortal. Debería estar bien luego de un tiempo-


    Reiji se vio movido de pronto por el chileno en cuanto algunos escombros volaron en su dirección. Uno particularmente grande casi les cae encima, mas fue destruido a tiempo por un golpe de la bufanda del coreano.

    -Maldita sea, no hacen mas que molestar-replicó Jihyun, que se había acercado al par de segundo-. Lárguense. Me estorban aquí.

    -¿Qué? Pero-Franco intentó decir algo, mas fue lanzado a un lado por el asiático en cuanto los dardos de Francisca volaron contra él y el nerd.

    -¡Dije que se vayan! Ayuden a la armería o algo donde de hecho puedan hacer algo. Francisca es mía.

    -¡Weon-!

    -¡Si fueron tan buenos haciendo caso a Light y dejándola para que muriera dejen de llorar y muevan el culo de una vez!-bastó que Fibrous actuara para que el par cayese fuera de un nuevo ataque de la discapacitada, que ahora intercambiaba golpes con Jihyun. Franco maldijo entre dientes, para luego ayudar a Reiji a levantarse y tomar distancia de la pelea, yendo en dirección hacia donde el otaku se había ido.



    [***]




    Rómulo movía el hacha una y otra vez, golpeando a familiares para abrirse paso hacia Alexa, quien mantenía los brazos hacia atrás mientras le veía venir sin mostrar preocupación alguna. Para cuando la chica gato estuvo por fin a su alcance, el caballero alzó su arma y la dejó caer con fuerza en el suelo, abriendo una grieta en éste en cuanto la chica dio un salto hacia atrás para esquivar el ataque. Al hacerlo, su campanilla resonó con suavidad, y súbitamente varios familiares felinos corrieron hacia él. Notando esto, Remy aceleró, levantando algunos muros de tierra alrededor de su compañero para que los gatos no lo alcanzasen. Notó también que las plaquetas también se le acercaban al muchacho, llevando redes de color rosa pálido en sus manos.


    -¡Rómulo!-la muchacha alcanzó a intervenir a tiempo, mas pronto se vio atrapada por la red de las pequeñas plaquetas. Intentó librarse, mas notó que ésta era bastante pegajosa, y restringía sus movimientos entre más esfuerzo hacía para librarse.

    -¡Remy!-el caballero notó la trampa, pero no pudo actuar por su compañera ya que una caja de herramientas casi le cae encima. Don Pesebre lo atacaba una y otra vez sin piedad, y el muchacho solo atinó a cubrirse de los ataques con su hacha.

    -De verdad no los entiendo-Alexa se acercó al par, escoltada por algunas gaviotas-. ¿Por qué pelean tanto? ¿Cuál es la idea de luchar y matarse entre ustedes? ¿No se supone que todos somos parte de la misma academia? ¿Que tendríamos que ayudarnos entre nosotros?

    El caballero poco a poco perdía terreno, y algunos otros familiares se unieron al hombre pez para atacarlo. Mientras que de entre las plaquetas el joven Anguila surgió, dirigiendo su mano electrificada hacia la alemana.

    -¿Cuál es tu gran idea, entonces? ¿Matarnos a todos para que seamos amigos en la muerte?-replicó la otaku, lo que provocó que Alexa hiciese sonar su campanilla, deteniendo al mitad pez.


    -Solo quisiera que entendieran-sinceró la chica-. Vean a su alrededor. Todo esto. ¿Quiénes creen causaron esto?

    -¿Qué no es obvio?-replicó Remy, desviando la vista hacia su compañero. Éste se esforzaba por retener a los familiares con su clásico discurso épico de por medio, mas el tener que evitar matarlos hacía la tarea más exhaustiva-Ustedes y su locura.

    -Error-Alexa negó con la cabeza-. Fueron ustedes y su conflicto. Llevaron al límite y a la muerte a tantas personas. Y de paso, a miles de familiares y jefes inocentes. Criaturas que se vieron envueltas en esta guerra que no era de ellos. Ellos no tenían la culpa.

    -…

    -Dime, querida. Tú que parece amas a los familiares, ¿por qué no has hecho nada para salvarlos?

    Remy tragó saliva. Ese comentario no le gustó.

    -¿Cuántos murieron por tu mano?

    -¡Yo no he-!

    -¿Y cuántos más murieron porque no hiciste algo por ellos?

    -…!


    El comentario caló hondo en la alemana. Su mente recordó a Light, repasó varias veces el momento en que decidió hacer caso y retroceder en lugar de quedarse a ayudarla. ¿Habrían sido diferentes las cosas si hubiese decidido pelear a su lado? ¿Habría podido salvarla?


    -Ellos no se merecen esto. Nadie se lo merece…-comentó Alexa, con una expresión triste-. Se han convertido en monstruos que solo conocen la guerra. Tú, Lionel, Lucifina… todos.

    -…

    -Pero Diamond quiere poner fin a esto. Darles una oportunidad de paz a todos-la deprimida de pronto recuperó su ánimo-. Y si puedo ayudar a que eso se cumpla, ¡Lo haré! ¡No importa lo difícil que sea!


    Las campanillas sonaron, y de pronto el joven anguila regresó a su labor de ejecutor. Remy trató de hacer algo para defenderse, mas Luperca seguía rehusándose a usar su poder contra los familiares. La chica maldijo por lo bajo, el suelo bajo sus pies iniciaba a ceder. Y de pronto, algo lanzo al familiar de golpe hacia un arbusto.



    -¡ATRÁS, POBRES ALMAS BAJO EL YUGO DE LA BRUJA ROSADA!-clamó Rómulo. De alguna forma había logrado librarse-¡Tú, malvada de lengua viperina!-clamó, apuntando a Alexa-Osas insultar el nombre de mi escudera, ignorando la grandeza de su corazón y la voluntad tras su sacrificio-un segundo… ¿hizo un cumplido bien hecho?-. Ella jamás ha dejado a un familiar tras de sí que necesite auxilio. Aunque esa actitud la haga algo idiota y vulnerable a engaños-…okay, olvídenlo-. ¡Pero jamás la llames asesina! ¡Pues sus manos ha protegido inocentes muchas veces en esta guerra! ¡Y lo sé! ¡Lo he visto!

    -Rómulo…-musitó la otaku, conmovida.

    -Y si alguna vez cometió falta, ¡Que el que nunca ha fallado lance la primera piedra! Pues humanos somos, y la condena del error está sobre nosotros. ¡Pero es eso lo que nos hace hombres! ¡La oportunidad de errar y aprender de nuestras equivocaciones! ¡De crear algo mejor desde ellos! Por eso… ¡Rechazo la utopía que defiendes! ¡Rechazo un mundo donde no podamos errar! ¡Pues sería un mundo fatal, donde nuestros corazones se estancarían en una falsa felicidad que no es más que silencio de nuestras almas! ¡Aborrezco tu ideal, y todo lo que representa, falsa humana! ¡Ahora sucumbe ante la ira de Rómulo, caballero y fiel sirviente de Holy King Lionel! ¡En su nombre, seré tu juez y verdugo! ¡Haaaaaaaa!


    El otaku arremetió contra Alexa, quien recobró su forma gatuna para esquivar ágilmente los ataques del caballero. Remy no pudo sino sonreír. Ese tipo era un idiota. Pero uno maravilloso.

    -Luperca…

    -La sua vita… e la nostra… e la vita dei ragazzi…

    -… ¡Las salvaremos!



    Del suelo surgieron varios barrotes alrededor de los familiares que se dirigían hacia ella y Rómulo. Las plaquetas cayeron en una estructura similar a una cuna, a la que no podían trepar incluso si daban saltitos. Las gaviotas fueron atrapadas en jaulas de su tamaño, y don Pesebre y el chico anguila en una literal cárcel de tierra. Remy entonces logró abrir un agujero bajo ella, cayendo en éste y de paso librándose de la red que la atrapaba, surgiendo poco después al lado de su compañero para retener a otro grupo de familiares. Eso le dio suficiente espacio al caballero otaku para atacar con más libertad a la deprimida, que seguía esquivando ataques ahora en su forma gatuna. De pronto, dio un largo salto para esquivar el hacha del muchacho, y entonces cayó sobre su cabeza, haciendo sonar sus campanillas muy cerca del yelmo.


    A Remy le pareció extraño que su compañero frenase de golpe, mas el sonido que hacía retumbar la armadura del otaku le dijo que no era nada bueno. Los ojos de la felina permanecían fijos en la abertura del casco del guerrero. El mismo que poco después se deshizo, dejando descubierto el rostro del chico.

    -… ¿Rómulo?



    De pronto, la chica se vio forzada a retroceder en cuanto el hacha del caballero cayó peligrosamente cerca de ella. Los ojos del muchacho lucían oscuros, y la gata maldita ronroneaba, acomodada en sus hombros.

    -¿¡Qué le hiciste a Rómulo!?-gritó la alemana, indignada. Alexa rió.

    -Ahora es mi amigo, nya.


    La muchacha se vio forzada a levantar muros de tierra para evitar los brutales ataques del caballero, que rompía rápidamente las defensas de su compañera. Escombros volaban por todas direcciones, al punto de causarles heridas a ambos. Remy lo llamaba una y otra vez, esperando que el chico pudiese escucharla. Debido a los ataques, las jaulas que mantenían prisioneros a los familiares estaban cayendo también, lo que los agregó al grupo que perseguía a la alemana.

    -¡Rómulo! ¡Por favor, ya basta!-centrada en el caballero, la muchacha no notó a las tortugas que se acercaron a ella por fin desde el faro. Éstas se ocultaron en sus caparazones justo a su paso, haciéndola caer. Eso le dio tiempo al caballero hipnotizado para alzar su hacha y dejarla caer sobre la otaku, quien hizo lo posible para esquivar el golpe, mas su brazo terminó atravesado por el filo. Remy debió levantar la tierra bajo el chico de golpe para lanzarlo lejos, maldiciendo ante el sangrado y la inmovilidad de su extremidad.

    -Nya, eso dolió-replicó Alexa, regresando a su forma humana. Remy estaba tirada en el suelo, haciendo lo posible para levantarse mientras era rodeada por los familiares. Rómulo también se levantó, dando un paso adelante y amenazándola con su hacha.

    -Rómulo… no…

    -Lamento que sea así. Pero ya no me dejas opción-la deprimida avanzó, tomando el brazo del caballero mientras sonreía. Eso le revolvió el estómago a la alemana-. Está bien. Solo dolerá un momento. Y luego podrás estar con tu amigo. Con todos nosotros.


    Remy dejó salir una maldición en alemán. Alexa dio la vuelta para observar al hipnotizado shota, que tenía una herida en su mejilla. Sonriendo, se acercó a su rostro y, cerrando los ojos, lo lamió, curando su herida.

    Los ojos de la otaku se abrieron como platos, esa escena se repitió en su mente en cámara lenta. Esa tipa… se había atrevido a profanar a Rómulo… y lo peor… ¡COMO TODA UNA MALDITA FURRA!


    -CON IL MIO SHOTA NO, MALEDETTA STREGA!


    La tierra tembló, trozos de esquirlas se levantaron alrededor de Remy, y parecía que la isla misma estaba rugiendo, furiosa. Los familiares se vieron derribados por súbitos golems que surgieron alrededor de la alemana, que con un grito corrió hacia donde estaba Alexa. Rómulo se interpuso entre ella y su compañera, mas bastó que Remy alzara su brazo sano, y una enorme mano de roca surgió del suelo, atrapando al caballero.


    Alexa regresó a su forma gatuna, trepando y corriendo entre las esquirlas y extremidades de tierra que se levantaban una y otra vez, tratando de darle caza. Remy se movió, ayudada de sus esquirlas, que cada vez subían más, al punto de que ambas se hallaron varios metros por sobre el suelo, fuera del alcance de cualquiera. La lanza de la otaku se materializó en su mano, y haciendo uso de ésta, intento clavarla en el lomo de la deprimida, que no hacía más que evitar los golpes con gracia felina y reír.

    Sin embargo, lo que no se esperaba era que, entre las esquirlas, se formase lo que parecía una pequeña correa de tierra, que de pronto le agarró la cola. Una vez ahí, Remy aprovechó el momento para golpearla con su arma, clavándola de golpe en el montículo que de pronto cayó a toda velocidad, hasta que de golpe ambas terminaron tiradas en el suelo.


    Remy se levantó con dificultad, ayudada por un gólem. La caída había sido alta, pero quien resultó más dañada fue Alexa, de vuelta a su forma humana y con la lanza incrustada en su hombro. Varios montículos de tierra se levantaron a su alrededor a medida que la otaku se acercaba.

    -Podría haberte dado una muerte rápida, ¿sabes?-dijo Remy, con los ojos brillantes de rabia-. Pero por haber sido una maldita te haré sufrir-la tierra alrededor de Alexa comenzó a cubrirla, hundiéndola en el suelo-. Sabes que bajo tierra no llega oxígeno, ¿no?-continuó la alemana-Me pregunto qué pasará primero. ¿Morirás desangrada o ahogada?

    Alexa no pudo responder. Rápidamente la tierra la cubrió, enterrándola viva. Remy permaneció mirando la tumba en silencio por un tiempo, mientras la rabia disminuía. Hasta que por fin se dejó caer al suelo, agotada por el esfuerzo y las heridas.

    Un ruido de pronto alertó a la otaku. Eran pasos. La muchacha se levantó lo mejor que pudo, esperando a algún otro enemigo, mas bajó la guardia al darse cuenta de que se trataban del gamer y el nerd de su equipo.


    -¡Weona! ¿Tai bien?-preguntó Franco, notando la gran herida en el brazo de la otaku.

    -E-Estaré bien… creo…-respondió Remy, siendo de pronto agarrada por alguien. Era el joven anguila.

    -¡H-Humana bonita!

    -¿¡Estás bien!? ¡Lo sentimos mucho!

    Wind y Mist se lanzaron contra la alemana, quien los recibió con una sonrisa, acariciándolos con su brazo sano.

    -Estaré bien-dijo-. No se preocupen.


    De pronto, gritos llamando a la otaku llamaron la atención de los presentes. Al parecer Romulo había vuelto en sí, y de algún modo logró liberarse. Sin previo aviso, acabó cayendo sobre su compañera, sin armadura y con los ojos llorosos.

    -¡REMYYYY! ¡Te juro que no quise! ¡Lo siento, lo siento muchísimo!-dijo, lloriqueando. La alemana no pudo sino acariciar su cabeza.

    -Está bien, está bien-dijo-. No fue tu culpa. Ahora movámonos, ¿si? Tenemos trabajo que hacer.

    El caballero de ojos húmedos asintió, viéndola y temblando un poco, hasta que la alemana le dio un golpecito, diciéndole que se quitara de encima. Entobnces Remy, ayudada por los familiares y Rómulo, rápidamente se dirigió, en compañía de los otros miembros de la Blitzkrieg, a auxiliar los otros familiares atrapados. Ya solo les quedaba reunirse con el resto y esperar buenas noticias. Con las amenazas fuera, ya podrían comenzar con la evacuación de los civiles.



    [***]



    Mientras tanto, en medio de calles vacías, ruinas y árboles caídos, Francisca y Jihyun se tomaban un momento para recuperar el aliento. Ambos habían intercambiado numerosos golpes y ninguno había cedido en su ofensiva, al punto que las energías estaban al mismo nivel, y no se podría decir cuál sería el resultado de la batalla. A pesar de los moretones y heridas, ambos permanecían con una sonrisa en sus rostros. Era como si de hecho estuviesen disfrutando de aquel combate.

    -Tu aguante ha mejorado…-comentó el asiático, limpiándose la sangre que salía de su labio roto.

    -Entrenamiento e’ número. Ayuda a la wea-comentó la chilena.

    -Me alegra que de tu traición al menos hayas sacado algo positivo. Estaba seguro que entre esos bastardos te oxidarías.

    -Los bastardos son buena gente, weon.


    Ambos avanzaron al mismo tiempo, en una lluvia de patadas y golpes, mientras sus mascotas intentaban alcanzarse la una a la otra, repeliendo y haciendo ataques.


    -Joven discípula… has mejorado muchísimo. Me haces sentir orgullosa.

    -…

    -Demuéstrame que tanto has avanzado, Rini. Quiero verte a tu máximo potencial.

    -…Ma… es… tra…


    Aunque su inner battery aún no lograba funcionar por la intervención del maldito nerd, Francisca no parecía sentirse en desventaja. No permitía que el otro le diese demasiados golpes sin abrirse paso para devolverle el favor. Era una batalla salvaje entre dos fieras, donde ninguna daría su brazo a torcer sin haber dado todo de sí.


    La mente del coreano, si bien intentaba mantenerse enfocada en la batalla, no podía evitar divagar por momentos a un pasado donde ambos eran aliados en lugar de enemigos. Francisca en sus inicios tenía mucha disposición, pero nada de técnica, y ni siquiera podía acercarse lo suficiente como para darle un golpe. Y ahora era capaz de romper su guardia y ponerlo en aprietos en una lucha sangrienta.

    Sin embargo, había algo que continuaba igual en la chilena. Su mirada decidida. Lo notó desde el comienzo, ojos que brillaban con determinación y que nunca se rendían. Incluso ahora, luego de haberlos traicionado y pagado con su vida, esa mirada no se había apagado. Ni siquiera luego de haberse vuelto una marioneta de Diamond.


    Como discapacitado y maestro, Jihyun debía admitir que se sentía orgulloso de haber contribuido a hacerla la guerrera que era ahora.


    La distracción le valió un golpe en la cara, seguido de un dardo en el hombro. Pronto, el asiático sintió los efectos del veneno de la medusa, mas no se permitió parar. Usando lo que le quedaba de movilidad, repelió la ofensiva de Francisca, siendo ayudado por Fibrous que retenía cuanto podía de los tentáculos de la medusa.



    Ambos pararon de pronto, luego de chocar los puños en un intento de darse un golpe a la quijada del otro. La garganta del asiático se sentía seca por lo irregular de su respiración. Estaba forzando su cuerpo al límite de sus capacidades en aquel enfrentamiento

    Y por dios, que estaba disfrutando aquello. El medio hombre dentro de él peleando como un salvaje, como en los viejos tiempos.


    -Te lo concedo… Francisca… estás peleando… como toda una discapacitada-comentó el coreano-. Como tu maestro… estoy orgulloso…

    La chica sonrió de lado ante aquel comentario.

    -¿Voh dando cumplidos? Con razón está cagao’ el nexo.

    -No abuses de tu suerte, imbécil.

    -Hah… pero gracias, coreano. Esto está bueno.

    -Hmp…



    Jihyun podía sentirlo. No le quedaba mucha energía, y el intercambio de golpe había mermado su aguante. Sus piernas temblaban ligeramente, cosa que notó también en la otra discapacitada, que iniciaba a ser rodeada de electricidad. La batería de la medusa había vuelto a funcionar.

    El segundo al trono se acomodó la bufanda, sin perder su sonrisa característica.

    -A darlo todo en esto último ataque, Fibrosa-musitó éste.

    -Estoy contigo hasta el final Jihyun.

    La chilena fue rodeada de energía eléctrica proveniente de su mascota, tanto que generaba una ola de energía a su alrededor que parecía repelerlo todo. Francisca apretó los puños y sonrió también. Al parecer pondría todo en el siguiente movimiento.

    Ambos dieron un paso hacia adelante, impulsándose a toda velocidad y listos para dar el golpe de gracia, con la vista fija en sus objetivos. “Esto lo decide todo”, pensaron, preparados para arremeter con toda la fuerza que le quedaba.

    -¡FIBROUS! ¡ORDEN 66!

    -¡CON TODO, RINI!






    Un salto, y de pronto silencio. Ambos cayeron de rodillas, dándole al otro la espalda. Se pusieron de pie lentamente. Y de pronto, una corriente eléctrica hizo a Juhyun volver al suelo.

    Francisca entonces dio la vuelta, observando a su mentor tirado. Y entonces notó las muchas perforaciones en su abdomen y pecho, sangrantes. Cayó segundos después, en lo que el coreano hacía un esfuerzo monumental por superar el choque eléctrico para reincorporarse.

    -Ahah… por… la cresta…-musitó. Se le dificultaba respirar-Cris… lo siento…


    La mirada de la chilena se fijó en el otro discapacitado, quien se esforzaba para mantenerse en pie.


    -Oye… coreano…-volvió a hablar Francisca-Mi chiquilla… ¿qué hicieron con… ella?...

    -… Está en buenas manos ahora-respondió Jihyun-. Lo prometo.

    -Buena…-la discapacitada entrecerró los ojos.

    Ambos guardaron silencio. La muchacha aún parecía aguantar, a pesar de que su cuerpo estuviese literalmente destrozado. Pronto, volvió a alzar la vista, sonriendo de lado.

    -¿Sabí…? Prefiero… mi veces esta muerte… que tu wea patética… con los sicarios…

    -…

    -Esta…-Francisca cerró los ojos-Esta si es una forma digna… de irse…


    La muchacha se desplomó en el suelo. El coreano se quedó viendo su cuerpo, que poco a poco fue volviéndose polvo, y perdiéndose entre el viento y el cemento. Y quedó ahí hasta que escuchó voces familiares acercándose, seguramente los chicos de segundo. Por un momento, sintió la caricia de su bufanda en su mejilla. Y con una sonrisa sincera, le devolvió el gesto, tomándola con una mano.

    Y entonces se desplomó en el suelo.



    [*****]


    AmakiAmaki TaKaTaKa IceIce AhkilendraAhkilendra zXArtemisXzzXArtemisXz CorventCorvent Velvet.Velvet.
     
  19. Velvet.

    Velvet. I challenge my fate!

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    Mis ojos se abrieron encontrándome en lo que era un extraño templo. Trague saliva, pues me encontré con una estatua que parecía estar mirándome fijamente a los ojos, esa figura se me hacía familiar.

    — ¿D..Diamond?

    — Alma en pena que busca la salvación, has llegado hasta a mí en busca de la iluminación — mis ojos se dirigieron al extraño monje que me atrapó con sus cadenas. — Liberate de tu yugo, deshaz tus cadenas que te tienen atada, busca tu libertad, busca superarte, encuentra a tu yo.

    [​IMG]

    — Espera ¿Cómo así?

    — Encuentra a tu enemigo, derrótalo, y te hallaras a ti misma.

    — Habla despacio que no entiendo nada.

    — Destrúyete y libera a tu verdadero ser.

    — Asi que sos vos el de la promesa, listo, hagale mijo, pero eso si pelado, yo cumplo con lo mio y espero que vos hagas lo mismo.



    Varias cadenas me atraparon jalándome al suelo. Sentí como si hubiera caído al agua siendo arrastrada por aquellas cadenas que me alejaban más y más de la superficie, pronto, no sentí nada, solo oscuridad.

    [****]

    Las calles de Medellín siempre han sido mi hogar desde que tengo memoria, la comuna 13 un lugar en donde la alegría y el trabajo duro son parte de nuestra sociedad, no importa si no somos s ricos o tenemos lujos como en otras partes, eso no nos quita lo verracos y echados pa´elante que somos. Sí, tengo una mirada positiva frente la vida, algunos dirán que ingenua y tendrán razón, pero al menos era como trataba de ver las cosas.

    ¿Yo? soy una pelada común y corriente, una muchacha que iba a la escuela buscando aprender cosas para ser alguien en la vida como decía mi cucha, que por cierto, manejaba una tiendita en el barrio que se llamaba “Donde Luz”, mucha gente del barrio venía a comprarle, era un parche donde conseguías cosas baraticas, a buen precio, pero nada fiado porque con lo barato que era todo para que servía eso. Mi hermano Pablo, le decían el Mechas porque tenía un pelo metido en rastas, a él le gustaba ese estilo, pero no era un gamín como le pintaban, para nada, era un muchacho juicioso, le gustaba hacer amigos en todo el barrio y le iba bien en el colegio, menos en mateburro como le decía, ah mi cucho, mi cucho era severa elegancia, Emanuel se llamaba, era un albañil que se mandaba esas vueltas en todas las casas del barrio y de medallo, se mantenía de aquí para allá untado de polvo, siempre llevando un sombrero aguadeño y un paquete de cigarrillos para aguantar el día. Sí, no éramos ricos o de familia gomela pero al menos éramos felices, pero entonces ¿Qué fue lo que cambio? ¿Qué fue lo que hicimos para terminar así? ¿A quién le debíamos algo? ¿Cuándo fue que nuestro mundo se vino abajo? Creo que esa última pregunta la puedo responder, porque fue aquella vez que le metieron un tiro a mi papá.

    — ¡Papá! ¡Papá, por favor no te mueras! — gritaba sacudiendo el cuerpo de una de las personas que más amaba en mi vida, una bala perforó su cuerpo, haciendo que su vida se extinguiera con cada segundo, gritaba, trataba de pedir ayuda, pero los transeúntes se quedaban ahí, mirando sin hacer nada. Mi hermano fue el único que buscó ayuda pero fue tarde cuando lo recogió la ambulancia.

    Un par de gamines que iban en una moto mataron a un man que les debía una cuenta pendiente a su combo, mi viejo y yo fuimos víctimas del fuego cruzado, no nos metimos porque nos diera la gana, simplemente él fue a recogernos a mi hermano y a mí de la escuela. Desde entonces mi vida inició a caer en una espiral de mal en peor, no solo mi padre era el hombre de la casa, también parte del sustento de mi familia, nuestra situación económica inició a decaer obligándonos a mi madre, mi hermano y a mí a comer poco, a penas manteníamos la tienda y mi hermano se vio forzado a dejar sus estudios para trabajar recogiendo bultos en la minorista, si, desde esa parte podrías entender que fue difícil, pero que saldríamos adelante, aunque la falta que nos hacía papá a mi familia nunca se fue.

    Ojala pudiera decir que superamos las cosas, pero los combos tenían en la mierda a todo el barrio, gente que conocíamos amanecía muerta en las calles, no podíamos pasar por una calle porque nos daban piso, incluso salir a determinada hora era peligroso pero ahí no acababa, los manes de los combos, especialmente unos llamados, “Los marranos” forzaban a los pelados a unirse a sus grupos o sino les daban piso por no “Colaborar con el barrio”, pura mierda de esos manes, también vacunaban buses, taxistas para “Cobrar el servicio social” que hacían, lastimosamente esos gamines iniciaron a vacunar a mi mamá, cien mil pesos al día, menudas garbimbas. Pero lo peor, fue que a mi hermano lo iniciaron a chimbear con que se debía meter al combo o sino nos volaban a la cucha y a mí, se negó, no quiso y les dijo que cogieran oficio, como respuesta golpeaban a Pablo e iban a dañarle la tienda a mi mamá….hasta que mi hermano se hartó. Un día agarró una navaja y le dio piso a un pirobo que le robó a mi mamá en pleno día, mi cucha le reclamó, pero él dijo que la gente no iba a extrañar a esa percanta que se merecía lo que le pasó, pero yo no me sentía tranquila, porque pronto descubriría que a esos combos si te tiras a uno de sus perros, te mueres como uno.

    Un día mientras acompañaba a mi hermano a un mandado, los marranos le cayeron a punta de bala, le dieron piso y vi como de la misma manera que mataban a mi papá, ahora le quitaban la vida a mi hermano.

    — ¡Hermano! ¡Hermano! ¡Por favor, hermano! — gritaba, gritaba con fuerza esperando a que despertara, que no se muriera.

    — ¡Callen a esa china! — y de una patada uno de esos manes me mandó a callar, pero no podía, el dolor de perder a alguien nuevamente no detenía mis lágrimas.

    — ¡A ver qué hacemos con esa pelada!

    — Pues que más vamos a hacer, esta re buena.

    — Sisas, pero es una china hermano.

    — Y que hijueputas, la hacemos una mujer y ya, ¿Le damos o no?

    — Hacele, que desde donde sea se encuentra esa pichurria tirada en el suelo, va a ver como nos tiramos a su hermanita.


    Traté de escapar, trate de alejarme de esas fieras, pero nada sirvió, por más que pataleaba, por más que tratase de forcejear no logre zafarme de esos manes. Luego, me hicieron mierda, me dejaron vuelta nada, sentía mi cuerpo un ardía y mi vientre se partía en dos, mientras que esos hombres hacían lo que querían conmigo, mis pechos, mi vagina, todo lo volvieron mierda como si no les importara que yo fuera una niña pequeña, no fui nada más que un objeto, una burla, un premio, deje de ser yo y me volví eso en esa noche y en todas las demás que ellos quisieron. La tortura no acababa, y cada vez que llegábamos a ese acto era peor, mi cuerpo sentía varias agujas penetraban mis brazos mientras que un líquido cálido bajaba a través de ellas pronto, deje de sentir dolor, ni siquiera cuando mi cuerpo era partido de nuevo a la mitad , ahora, quedaba una sensación de gozo y éxtasis mientras que esos sujetos disfrutaban de mi cuerpo como los buitres que eran.

    — ¡Miren, perritos! ¡Esta china ya lo está disfrutando!

    — Severa grilla se volvió ya la piroba esta.


    ¿Eso era? ¿Estaba disfrutando ya de que me hicieran esto? Ni yo lo sabía, mi mente estaba en otro lado, ya nada me importaba. No sé cuándo acabó la pesadilla, pero luego desperté en algo diferente a lo que me acostumbraba, en vez de esa habitación sucia y una cama, estaba en el duro pavimento, sola, tirada en el suelo como si fuera basura, trate de levantarme pero caí al suelo luego de ello, pronto, sentí las voces de varias personas acercarse a mí y luego la oscuridad.

    Desperté en una habitación blanca, no sabía cuánto tiempo había pasado pero ahora se encontraba mi mamá a mi lado y luego varios tombos acompañándola, me preguntaron varias cosas, que había pasado conmigo, conté todo, lo de mi hermano, lo que pasó después, ellos anotaron todo y se fueron. Mi cucha se quedó ahí conmigo, llorando, diciéndome que agradecía que no hubiera pasado nada, que estaba viva, pero no me sentía así. Me sentía rota, sucia, ya no era yo, fui un objeto para esa gente, no podía olvidar la sensación en mi cuerpo, las cosas que hicieron, nunca lo haría, y a pesar de que agarraron a los manes que me hicieron eso, nada cambiaria, esperaba a que la pesadilla acabara, pero al parecer, no podría olvidar aquella noche.

    Mi cuerpo iniciaba a sentir un dolor en el abdomen, luego vomitaba a cada rato, me sentía mareada y con un fuerte dolor de cabeza y al pasar el tiempo sentía que mi barriga iniciaba a ensancharse., al mandarme al doctor, descubrí algo que no me imaginaba, estaba embarazada. Sentí como el mundo se derrumbaba sobre mí, yo con apenas doce años iba a tener no un chino, sino dos, me salieron gemelos. Mi mamá de inmediato fue a la policía y puso la situación a descubierto, ellos actuaron y trataron de darme acompañamiento psicológico, pero ¿Qué podía decir? Ni siquiera sabía quién era el papá de los chinos.

    — No es tu culpa — escuche a mi cucha. — No lo es, no odies a esos pelaitos, por favor. Ellos, no tienen la culpa de que esos gamines te hicieran eso.

    Mire a mi vieja y pensé, ¿Cómo podía odiar a esos pelados que estaban en mí? no podía, ellos no tenían la culpa de que sus padres fueron una gonorreas conmigo y mi familia, y que ahora se estaban pudriendo en la cárcel, pero yo….¿Yo podía darles algo a esos niños? Solo era una niña, no, una mujer que no terminaba sus estudios, tenía miedo, no quería que mis hijos les pasara algo malo, que este mundo, con gente tan podrida como esos manes me los dañaran…yo no, no quería eso.

    — Ma, yo…

    — Entenderé si no quieres tenerlos…no me gustaría que tuvieras esa carga de conciencia — vi a mi vieja llorar, me acerque a ella y le seque sus lágrimas — Pero, usted sabe mijita que yo la acompaño, que no la voy a dejar sola.


    Pero aun así, tenía una opción, una muy difícil, pero ¿Qué era lo correcto? ¿Qué podía hacer yo? suspire.

    — Pues salir adelante.

    No sabía si esas palabras iban a ser mi condena o no, me valía mierda ya, iba a tener a esos pelaos, los iba a querer, criar, educar para que el mundo no los jodiera, no iba a permitir que les pasara lo mismo que a mi familia. su nacimiento desgarró cada parte de mi cuerpo, pero ese dolor lo valdría, valdría cada grito, cada suspiro y cada aliento que daba y lo supe cuando vi esos chinos conmigo, supe que tenía algo por lo que luchar en este mundo. Mi sonrisa se ensanchó al ver a esas personitas que se encontraban a mi lado, tan puras como una hoja en blanco, haría todo lo que estuviera en mi mano para protegerlos. Aunque su nacimiento trajo consigo una serie de problemas, para empezar, necesitaban estar un tiempo en incubadora ya que al estar en un cuerpo tan poco desarrollado como el mío era muy importante monitorear mi condición durante los próximos días, fue una semana bastante complicada, pero al final no encontraron nada malo en mí ni en mis hijos. Las primeras semanas fueron duras, lo sé, las desveladas, la sacada de madre que los chinos me daban, pero no me importaba, iba a seguir, al frente con cabeza al alto, ni me importaba lo que me pasara a mí, debía sacar a eso chicos adelante, era mi mision, no estaba sola gracias a dios ya que tenía a mi cucha ayudándome. Pero pronto descubrí que este mundo la justicia no existe, que por más que las ratas las metan a la cárcel van a salir por alguna mierda de la justicia de este país corrupto, ahí entendí algo, la justicia, no existe para gente como nosotros, que por más que tratáramos de mostrar pruebas, siempre las lacras terminaban a fuera, eso, lo entendí cuando vi a los pirobos que metí a la cárcel por violarme de nuevo caminando en la calle así de tranquilos ¿Cuánto tiempo pasó para que tres de esas percantas estuvieran afuera? No sé, pero si se, que no faltaría mucho para que volvieran a lo mismo.

    Suspire, tenía miedo de lo que iba a pasar, pero no podía preocuparme pues tenía a dos pelaitos acá conmigo, era mamá y aunque era difícil mantenerlos dormidos cuando se despertaban, enseñarles a caminar, a hablar y a cambiar pañales, pude sobrellevarlo gracias a mi cucha que me apoyó en esta prueba, pero a decir verdad, ser madre te llenaba de cierta alegría y ánimos, cada vez que veía a esos chinos abrazarme, decirme amá, aquello me enseñó que de una tragedia puede salir algo gozoso. Pero todo no era felicidad, mi mamá y yo apenas podíamos mantenernos y aunque nos tocó vender la tienda y arrendar una habitación en el barrio Castilla, apenas teníamos para sobrevivir, el gobierno no nos respondió, ni siquiera la familia de esa gente que me violó, por lo que nos tocaba a nosotras rebuscarnos la plata.

    Empanadas en la iglesia, arreglando casas, haciendo manicura a domicilio, haciamos lo que fuera con tal de sacar a esos pelaos adelante, mamá y yo nos turnábamos, ella camellaba en la mañana y yo cuidaba a los chinos, arreglar la casa y preparar el almuerzo, cuando ella venia, cambiábamos, yo me quedaba a volear parejo mientras que ella se encargaba de los pelaos, pero no era suficiente, y por más que le intentáramos nuestra situación no cambiaba, al igual el pasado que me seguía, porque cuando menos esperaba, me encontré con una de las garnupias que me violó en el barrio. No sabía que estaba haciendo ahí y fue un alivio que no me reconociera cuando cruzamos miradas, sentí miedo, odio, rencor, dolor, quería matarlo en esos momentos, pero no tenía la forma. Allí estaba de nuevo, impotente, sin forma de cambiar nada, esa garbimba afuera, y yo sufriéndola, pero pronto todo tendría una solución y la suerte iniciaba a sonreírme.

    — Pelada, ¿Vos sos la mamita que se mudó con su cucha no? — me preguntó un man acompañado de su parche, luego de quedarme mirándolo por unos momentos me acorde quien era ese man le decían el Mocho.

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    — Pues sí, hace poquito.

    — ¿Y vos por qué tan pelada y con hijos?

    — Cosas de la vida — respondí sin darle más información de la necesaria.

    — ¿Y no te falta platica o algo mija? Criar dos chinos es una tarea bien brava y la cucha tuya tampoco es que dé para tanto.

    — Pues sí, esta dura la cosa. Acá no hay oportunidades hermano, es como si nosotros tuviéramos que estar metidos en la mierda.

    — Vea mija, le llegó la oportunidad — lo observé de reojo — ¿Vos te querés ganar una platica? Mira que es pa´ que vos te pongas las pilas con tus pelaos.

    — Pues de cuanto hablamos.

    — De doscientos a quinientos a la semana. Dependiendo de qué tan bueno lo hagas claro. — me interesaba, era mucho billete y me servía para ayudarle a mi mamá con todo, pero el problema era que esa vaina tan buena yo no comía y de esos manes yo no me podía fiar.

    — ¿Cuál es la vuelta hermano?

    — Nada, solo pasar a esta dirección y llevar unos paquetes, nada más.

    — ¿Nada más?

    — Sisas.


    Mire al man de reojo junto a sus acompañantes, se notaba a leguas que era un combo, algo común que se encontraba en estos barrios, esa gente me había hecho daño a mí y a mi familia, no podía podría permitirme confiar en ellos porque si metía a ese mundo no podía salir.

    — Vos porque me decís esas cosas hermano. Si sabes que tengo unos chinos entonces pá que me haces esos negocios.

    — Mira, parcera. Yo aquí le estoy ofreciendo con mis ñeros, un trato. Usted es una pelada bonita, trabajadora, una mamá. Pero vos estas sola, con gente que no conoces, pero le voy a decir un consejo socia — dijo el man — No ande por ahí sola porque la van a venir quebrando —suspire, era cierto, todo eso era cierto, normalmente esta gente anda en grupos y esos grupos mantenían un control en las zonas, a la larga, era un negocio.

    — Entonces, ¿Vos me vas a dejar juntar con ustedes? — pregunte.

    — Mija, usted nos responde y nosotros no la dejamos sola, así de simple, le cuidamos a la cucha y a sus chinos.


    Era una propuesta tentadora y a decir verdad, estaba llevada del hijueputa, además, solo eran unos paquetes, hacer la vuelta y ya esta, nada mas era eso. No sé de donde sacaban esos manes la platica, pero eso me servía mucho, para los pañales, la leche, el arriendo, de todo, además, si esta gente no me dejaba sola como decían entonces valdría la pena.

    — Hágale pues.

    Paquetes, si, paquetes, eso fue lo que me tocaba llevar tres veces a la semana en el barrio, siempre iba acompañada de uno de los manes del parche del Mocho, la pandilla que estaba metid. Eran unos manes bien bacanos y todo bien conmigo, uno se llamaba el Prendo, le decían así porque se emputaba con facilidad y una vez le metió un pepazo un man que se le volteó. El otro, era el que le decían el Negro, sí, porque era negro, pero era un negro lo más de chévere, me hacía reír a cada rato, al otro mancito del combo del mocho le decían el Torcido, siempre andaba en muletas pero tenía una puntería de miedo, ¿Cómo lo sé? Porque una vez cuando iba a recoger lo del mocho, sacó la pistola y le pegó desde el quinto morro a una botella de gaseosa. Al otro le decían el Piloso, era muy inteligente para armarse las vueltas, casi como los chinos, había otro que le decían el Orejón, porque sus orejas eran raras pero manejaba una navaja como si fuera un lápiz

    El parche del Mocho un cumulo de personajes que me ayudaban a armar esas vueltas y no solo eso, aprendí con ellos a manejar moto gracias a la tutoria del prendo, aprendí a disparar un arma con ayuda del Torcido y probe por primera vez lo que era una vareta, si, no me sentía sola me sentía fuerte, sentía que poco a poco esa niña débil iniciaba a desaparecer, pero lo mejor, era la plata, uff, la plata alcanzaba pá todo, el arriendo, los pañales, sí, todo salía bien, pero como siempre, la realidad era una mierda.

    Cuando llegamos a la casa de uno de los manes el pirobo sacó una pistola, nos quería robar la merca, me quede congelada, no sabía qué hacer, el Prendo fue el primero en disparar y una bala le pegó a él y al man ese. Me quede sorprendida, trate de ayudarlo pero él dijo que me llevara la merca, que era lo importante, que se iba a aliviar, negué, negué y negué, no quería dejarlo solo, no iba a dejar que otra persona muriera así, pero me apuntó con su fierro y me dijo que me largara. No de nuevo, más gente muriéndoseme en las manos, el parche con el que me estaba volviendo cercana ¿Qué le iba a decir al Mocho? ¿Qué quebraron al Prendo? No obstante mis ojos se abrieron al descubrir la merca que llevaba, coca, de la grande y la dura, ¿Estaba siendo una mula? ¿Qué pasaría si me agarraban? No, no iba a permitirlo. Me escape y vi como entre el prendo y ese man se daban hasta matarse. Corrí hasta donde la casa del Mocho llena de sangre, toque su puerta y el Mocho me abrió. El man se emputó al verme asi y sin pensarlo me metió para la casa.

    — ¡¿Qué pasó pues?!

    — Que el man de la vuelta se patraseó y nos tiró bala al Prendo y a mí.

    — ¡¿Y el Prendo que?!

    — Muerto.


    Vi como el Mocho tiraba varais sillas al suelo, estaba frustrado, lleno de rabia, uno de sus perritos había muerto por completar la vuelta. Me quede ahí, viendo como golpeaba la pared hasta que sus puños sangraban, como sus lágrimas brotaban de sus ojos, solo me quede ahí, en silencio, viendo como el man descargaba su frustración en la sala. Pasaron varios minutos hasta que se sentó en el suelo, calmado y con la mente más fría para pensar. Yo no quería preguntar, pero debía hacerlo, necesitaba saber que era la vuelta que estaba haciendo.

    — ¿De dónde sacó esa vaina?

    — ¿Cuál vaina?

    — ¡Pues esa vaina, hombe!

    — No pregunte, perrita — dijo — Solo limítese a la vuelta.

    — ¿El prendo sabía?

    — Sí.

    — Sabía que estaba siendo mula

    — Sí.

    — ¿Y los demás socitos?

    — Tambien— guardé silencio.

    — Mocho, vuelvo y pregunto ¿Vos de donde sacaste esa vaina, hermano? Vos solo no podes conseguirte eso solo

    — Del patrón, mija — comentó — Le dicen Culebra, ese man se consigue de todo y maneja ese negocio, pero le voy a decir algo aquí de consejo, mi pana: No pregunte nada, es la regla de esta vuelta.

    — Pero.

    — ¿Es que la platica no le sirvió?

    — Si mijo, pero mire que por esa vaina lo meten a uno a la cárcel y se murió el Prendo.

    — ¿Quién dijo miedo mija? — dijo — Mire, es plata fácil, se gana rápido y sencillo, ganamos para mantener a nuestras cuchas, vos a tus chinos. — vi como sacaba una pipa e iniciaba a prender la merca que metió sobre la vaina esa — Ahh, así es la vida. No tenemos oportunidades y nos toca sacar de donde sea.

    — Pero.

    — Mija, esta dura la vaina, sí, pero ¿Qué es mejor? ¿Trabajar como weba haciendo empanadas? O meterse de lleno al negocio.

    — A vos te gustan las empanadas que hace mi cucha, no te hagas el bobo.

    — A lo bien, es que tienen un saborcito muy bueno. — Comentó con una sonrisa — Pero eso no es vida estar haciendo empanadas todo el rato.

    — Pero toca lucharla

    — Sí, hay que lucharla, como vos decís, la vida no es fácil, es injusta, una mierda, a muchos incluso trabajando no cambia nada, mucha gente se muere de hambre y trabaja, y lo que da rabia es que hay gente que no hace nada y lo tiene todo, y nosotros nos toca chupar y sobrevivir. No hay nada, hay pocas oportunidades y parece ser que todo es para el de buenas o el que tiene palanca. Y luego se quejan de todo lo que pasa en los barrios las gonorreas esas.

    — Pero entonces que hacemos, ¿Acabamos en el piso muertos o qué?

    — Acabamos así de todas formas aun si hacemos las cosas de la manera que la haces — El mocho me sonrió — Y si, admiro a gente como vos, mijita. Mi cucha que en paz descanse fue así como vos, pero a mí me dio rabia no poder darle nada, un vestido, una vida y un marido mejor — el man se pegó una bocanada de la pipa — A ese pirobito me lo baje, no me iba a ir sin sacármela.

    — Entonces ¿Qué? ¿Seguís así hasta que te agarre la tomba?

    — Toca mija, ¿O es que hay otro camino? — guardé silencio, todo lo que me decía el Mocho tenía su verdad, no había nada para nosotros y nos tocaba hacer esta vaina, trabajarla duro para si quiera comer una libra de arroz en el almuerzo, pero hacer esas vuelas nos daba una alternativa para nosotros y nuestras familia, pero era ilegal, aunque ¿Acaso importaba? Salíamos adelante y era lo importante — ¿Vos vas a andar de sapa? — negué.

    — No mijito, para nada. Ya saben lo que dice, a los sapos los pisan en la carretera.

    — Entonces probálo — El mocho me acercó su pipa — Probala, hacéme el favorcito y probá.

    — No sé cómo.

    — Es fácil, lo chupas, tragas y listo.

    — Pero.

    — Hágale sin miedo.


    Dude, luego tome la pipa con mis manos y chupé el humo. Aquella sustancia casi me ahoga, era pesada y apenas mi boca podía resistirla, no obstante hice caso del Mocho y la trague sin miedo, tosí, aun mi cuerpo trataba de aceptar la droga que me metí, pero el Mocho me dio unas palmadas.

    — Ya en poco le hace efecto. — y volvió a fumar de la pipa que tomó de mis manos — Por el Prendo.

    Reí, pronto aquella sustancia hacia estragos en mí, un hormigueo constante pasaba por mi cabeza, mi cuerpo se sentía ligero mientras que mi sonrisa se ensanchaba como la de un payaso. Inicie a soltar carcajadas involuntariamente y pronto sin decirle nada al Mocho tome otra bocanada de aquella sustancia. Gracias a ello, inicie a olvidarme de mis preocupaciones, mi familia, mis chinos, todo me valía ahora mismo, quería sentir esa sensación todo el tiempo, porque lograba evitar que pensara en el día de mañana. Mire al Mocho, este se me acercaba con una sonrisa en sus labios, ¿Acaso era producto de la droga? No lo sabía, pero sentí miedo recorrer mi cuerpo y dí unos cuantos pasos hacia atrás, no obstante el me abrazo, algo que no esperaba de él.

    — Mija, le digo una cosa — se acercó y susurró a mi oreja — A mí no me gustan las viejas.

    — ¡¿Cómo?! —pregunté sorprendida — Enserio vos sos marica.

    — ¡Cual marica, boba hijueputa! ¡A mí no me andas diciendo marica! — soltó un tanto molesto, pero luego volvió a reír — Nah, enserio, a mí no me gustan las viejas. Por eso a mí me tocó quebrar a mi cucho, porque la garbimba supo que era gay y mató a mi mamá diciendo que no me crió bien.

    — Ah mijo — Suspire, luego, me acerque y le susurre algo — A mí los hombres tampoco me gustan tanto.

    — ¡Marica!

    — ¡Que no soy marica! — comente muerta de pena — Bueno, a mí me pasó una vaina con ellos que me ha dejado., no se mijo, algo azarada con ellos.

    — Y te tocó quedarte con las viejas.

    — Bueno, hasta ahora no me he tragado de ninguna, pero si me parecen algunas lindas, pero hay hombres que si son guapos o sea ¿Vos viste al negro?

    — A ese man ya me lo coroné.

    — ¿Y cómo es?

    — Ufff — El mocho me mostró su mano entera, ahí entendí lo grande y dotado que era nuestro parcero.

    — ¡Aaaah, la buena hermano!

    — A lo bien. Bueno, ¿Pero te gustan o no los hombres?

    — Más o menos.

    — ¿Y las viejas?

    — También.

    — Entonces sos más marica que un hijueputa
    .

    Asi nos quedamos toda la noche, fumando y riendo hablando de quien la tenía más grande entre el parche o cual vieja era la más tetuda del barrio, el mocho y yo nos divertimos y pronto la noche pasó volando, como el humo de la coca que nos fumábamos.

    El tiempo pasaba y ya no le tenía miedo a hacer las vueltas del Mocho y con el resto de la pandilla iniciamos a distribuir la merca, admito que me dolía mentirle a mi mamá, pues le dije que había conseguido trabajo en una casa limpiando y haciendo el almuerzo, vil mentira, pues las vueltas que hacía me daban lo suficiente para seguir adelante, pronto, ya no nos faltaba nada y la recompensa que tenía a parte del dinero era probar algo de ese cielo, incluso llegue a comprarlo con parte de mi paga, pero valía la pena. Aunque había dificultades con los tombos porque andaban de metidos y nos tocaba muchas veces hacerles la inteligencia para que no nos pillaran infraganti. Pero a veces, las cosas se dificultaban y el que trataba de dañarnos el caminado, había que darle piso.

    — ¡Morite pirobo! — fueron las primeras palabras que dije cuando maté a alguien, a un man que nos quería dar piso ya que su grupito decidió que era una buena idea quitarnos la merca, fue mi primera víctima y las veces que practicaba con el Torcido a darle bala a las botellas dieron sus frutos, ¿Qué había matado a alguien? pues sí, ¿Y qué hijueputa? ¿Creen que la vida de un fulano me importaba? No, para nada, mucho menos ahora que tengo unos chinos que cuidar.

    No fue mi primera ni última muerte, cada pirobo que se me atravesaba le daba piso, poco a poco ese estilo de vida se fue volviendo costumbre para mí, ahora tumbar gente se volvió tan fácil como patear un balón, ¿Y saben que era lo mejor? Que ahora me estaban pagando por quebrar a esos manes que se nos venían, no sabía porque, pero el Mocho me dijo que Culebra nos daba ese billete por las molestias, ¿Molestias? Para nada. Pasaron los años y mis chinos se volvían más grandes, ahora tenían tres años pero eran más vivos, Samantha, mi pequeñita gustaba en manejar el papel y doblarlo, adoraba ver como jugaba con papelitos de colores, como los recortaba con sus manitas mientras los lanzaba al cielo, decía que era una lluvia de colores, era una verdadera lindura esa pelada. El otro, Emanuel, ah, ese perrito si era bien raro, le gustaba agarrar los libros y preguntarme que cosa decían cada uno, obviamente no entendía nada, pero al parecer su curiosidad no tenía límites, sobre todo cuando agarró un libro de mitos y leyendas. A veces se asustaba por los relatos de la madre monte, especialmente la de la llorona ya que pensaba que iba a ser como ella, admito que me parecía en algo a ella por chillona, pero no así, si, la vida era una mierda, pero esos pelados me recordaban que debía seguir adelante.

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    Aunque algo me faltaba, una cuenta que debía cobrármela desde hace tiempo.

    — Mocho, ¿Vos andas con ese man o qué? —Mi mirada se dirigía hacia un fulano que caminaba por el barrio como si fuera suyo, el Mocho me miró.

    — Le dicen el Zarco, pues nada, me encargó de hacerle una vuelta y todo eso.

    — Ah ya.

    — ¿Por qué preguntas?

    — Nada.


    Si, nada, el mancito no tenía que enterarse de nada pues esto era entre esa percanta y yo. Poco a poco inicie a hacerle inteligencia, donde venía y a donde iba. Descubrí que no había cambiado de casa, vivía en el mismo barrio y en la misma cuadra, se reunía con los mismos manes en el mismo lugar, y no importaban cuanto tiempo pasara las ratas seguían siendo ratas. Estaba decidida, a ese man le iba a dar piso.

    — Que más hombre — salude al mancito que lo agarre comiéndose un pastel con gaseosa.

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    — ¿Y vos que o qué?

    — Pues nada mijito, solo venía a preguntarle algo.

    — ¿Qué?

    — ¿Cómo la quiere? ¿Fuerte o suave?


    Aquella era la clave que el Mohco nos mandaba a decir a alguien que buscaba venderle droga, no cualquiera podía ir a venderle o comprarle la merca, habían unos procedimientos que se debían seguir y la clave era el visto bueno que nos daba la gente que hacia negocios con el Mocho, si el man respondía, se la dábamos, si no entendía nada nos abríamos, así de sencillo.

    — Fuerte.

    Pero la vaina no terminaba ahí, teníamos que irnos a un lugar donde no diéramos un visaje, y ahí buscamos una cuadra sola, alejada de la gente en donde hicimos la transaccion, un billete de diez por una pequeña bolsita de coca. El man agarró la merca llevándola al bolsillo.

    — Yo pensaba que le Mocho no me iba a vender nada.

    — Esto es un secreto entre nos — sonreí coquetamente, el Zarco me devolvió el gesto, que asco.

    — ¿Y vos por qué sabes esas cosas mami?

    — Ah, trabajo con él.

    — ¿Sí? Que desperdicio. Vos como estas de bonita pa trabajar con ese man.

    — ¿Es que te cae mal?

    — Me debe plata y no me quiere pagar — le sonreí ladinamente.

    — Ah, papi, que gonorrea.

    — A lo bien.

    — Pero, vos me pareces alguien que se ve todo bacan — me acerque acariciándole suavemente su pecho — Tengo un poco más, ¿Qué te parece si nos vamos y la fumamos? Yo invito. ¿Se anima?

    — Pa las que sea.


    Era tan sencillo, algunos hombres pensaban con el pene y conocía muy bien a esa percanta para saber que cualquier vieja que hable bonito se la quiere comer, lo tenía, era mío ahora. El man me llevó en moto a su casa, al entrar iniciamos a charlar y a fumarnos la droga que compró, no tardó mucho en que pasáramos a besarnos, a toquetear nuestros cuerpos, pero no iba a dejar que me jodiera el plan, porque si descubría lo que tenía detrás me jodía. Me lo lleve a su cama y el man me quería dejar tirada en la cama, pero lo detuve, me miró raro, pero sencillamente sonreí.

    — Perate ¿Por qué no me dejas hacerte algo rico? — pregunte, el Zarco me miró con una sonrisa lujuriosa actuando de manera obediente a mis peticiones

    Mi blusa cayó al suelo dejándome con un top deportivo que llevaba puesto, mientras me acercaba tome mi propia prenda y la use como tapaojos para que no me viera, estaba drogado lo cual aumentaba el morbo para él. Lo dejé tendido en la cama mientras pasaba mis manos sobre su cuerpo, usando mis dedos para juguetear con sus pezones.

    — Recostáte. — el tipo sonrió, recostándose en la cama, me senté sobre su pecho mientras acariciaba cada parte de su cuerpo con mis manos, estaba disfrutando mis caricias y la excitación de la droga le hacía sumirse más en el placer, pero todo eso acabaría. — ¿Crees que soy linda?

    — Si….estas muy buena, esas caricias están muy ricas, pero veni déjame a.

    — Shhh— lo silencie mientras acariciaba aquellos labios. Pase mis manos por aquel cuerpo haciendo que se olvidara de mí y prestara atención en mis caricias. — Pues sí, soy bonita, ¿Quieres que yo sea tuya?

    — Uff, si me tratas así de bueno te doy el cielo mamita.

    — Ah, qué bien.


    De un rápido movimiento saque algo que llevaba detrás de mí cadera, mis caricias cambiaron a agresiones mientras golpeaba con fuerza aquel pecho descubierto, el mancito se retorcía de dolor mientras que sus gritos fueron ahogados por su propia sangre y saliva pues tambien le di en su garganta, levante mis manos y mire con frialdad aquello que me había permitido realizar aquel acto, unas tijeras para cocer. Me levante y deje el cadáver allá tirado mientras recocía mi ropa del suelo esperando a no dar tanto visaje. Sonreí, luego le lance un escupitajo al cuerpo mientras terminaba el trabajo dándole una estocada al corazón.

    — Lástima que yo no sea de nadie, percanta asquerosa.

    Me sentía libre, como si un gran peso se quitara de encima, logre mi cometido, me había vengado de una de las pichurrias que me hizo mierda aquella vez, llevaba uno, faltaban dos. Esperé a que la vaina se calmara pues la muerte de esa garbimba llamó mucho la atención, pero como siempre, en estos casos nadie ve nada y por ello me salí con la mía cuando me levante a esa chucha. Seguía haciendo trabajitos para el Mocho, mientras que le iba haciendo seguimiento a los que me faltaban, pero no tuve suerte, a esos manes apenas salieron de la cárcel les dieron piso antes que yo. Supongo que eso se podía llamar justicia divina, aunque a mí me hubiera gustado bajarme a esas ratas, me tocó quedarme con las ganas.

    Mi vida siguió su curso, entre encargo y encargo debía seguir trabajando de mula, asesina, lo que hiciera falta para llevar la merca a donde tocaba, sangre, delirios, todo eso me daba una recompensa para mantener a mi familia viva en este mundo cruel, y aunque evitaba pensar mierda metiéndome de la dura cada vez que podía, tarde o temprano este mundo en el que estaba metida me iba a llevar, todo tenía un límite y yo ya estaba llegando al mío.

    — ¡Marica hijueputas! — grite mientras daba bala a unos manes, nos querían matar por entrar en su territorio, pues era una entrega a una pandilla enemiga, les hicimos el favor, pero a mí me dieron un balazo en el cuerpo.

    Logre salir con vida de allí, pero quebraron al Torcido y al Negro en el proceso, me sentía mal cuando pasó eso, eran mis compañeros, aquella gente que me enseñó tanto, y ahí los veía, tirados ene l piso como ratas. Al llegar a emergencias no tardaron en hacerme una operación para salvar mi vida, pooc a poco me estaba muriendo, pero seguía luchando por mantenerme con vida, rezaba a Dios para que me diera otra oportunidad, no supe cuánto tiempo había pasado en la sala de emergencias, pero al final todo terminó bien para mí.

    La tomba inició a hacerme preguntas, al igual que mi mamá. Tuve que mentirles a cada uno diciendo que estaba haciendo un trabajo por esos lados, pues me dirigía hablar con una señora de un posible contrato para hacer de niñera de unos pelados, y que al igual que mi padre, termine en el fuego cruzado. Mamá y mis chinos se veían preocupados, como si en un instante me les fuera a ir al otro mundo. Me sentí mal, muy mal, pues si continuaba por ese camino iba a terminar como la gente del parche, muerta y tirada en el suelo como si fuera una rata. Al estar en el hospital tirada me iniciaba a preguntar por cuanto tiempo aguantaría esto, no lo sabía, pero ver a mi gente preocupada me hacía recapacitar en que este camino no fue el más inteligente.

    Luego de ese incidente tenía que ponerme las pilas con las vueltas, no dejarme matar y agarrar de la tomba, lastimosamente cada vez iniciaba a volverse difícil ya que los policías ahora estaban haciendo más patrulla en el barrio, el Mocho y el resto de la pandilla ahora estaban cuidándose las espalda y a mí me dejaron en espera, durante un tiempo, adore la tranquilidad que tenía, hacer empanadas o arreglar las casas no me daba lo suficiente, pero al menos no me iba a morir y mis pelaos tenían a su mamá para ellos, pero la vaina no acababa ahí pues el Mocho tenía otros planes. Una vez, me llamó a mi casa, lo deje entrar ya que mamá no estaba y los pelaos dormían en el cuarto. Me espere lo peor pero el man me propuso una vuelta diferente.

    — Mija, le tengo un negocio.

    — ¿Y cuál va a hacer ser la vuelta? ¿Qué tengo que llevar ya?

    — No es nada de eso parcera, es darle piso a un man y ya está. — Me quede mirando al man, no era diferente a lo que tocaba hacer si un man se atravesaba, pero matar a un fulano directamente me sonaba raro.

    — Hombre, pero eso como porque ahora nos toca darle piso a un man, ¿Hizo algo? ¿Es uno de los barrios?

    — Nada.

    — ¿Cómo?

    — Nada de eso mija, no es un man de acá o de nuestra calaña.

    — Entonces que es hermano.

    — Pues un man del Poblado, de esos ricachones que lo tienen todo.

    — Pero que hizo ese ñero aparte de nacer con billete.

    — Le jodió una vuelta al patrón.

    — ¿Al Culebra?

    — Sisas.

    — Parce, pero entonces ese man es peligroso para que vayamos a darle piso si le hizo una movida a su patrón — el Mocho sencillamente movió sus manos en negación.

    — Mire, no pregunte, esa es la regla. Nosotros vamos, lo levantamos y listo, ¿Todo bello?

    — …Al menos decime ¿Que hizo para que le jodiera la vuelta al patrón?

    — Tampoco se.

    — Ah no mijo — comenté — ¿Entonces vos que sabes?

    — Sé que yo no pregunto esas vainas hombre. — me respondió molesto el man. — Conténtate con que hagamos la vuelta, eso es todo.

    — Bueno… ya, relájate hermano. — Dije — ¿El man sabe que lo vamos a quebrar?

    — No.

    — ¿Es un torcido como su patrón?

    — Ni idea — comentó — Yo tampoco se nada, solo me dijo que fuéramos a darle piso y ya está. Que nos pagaba un billete bien bueno por la cabeza de ese gomelo y que luego nos mandaba la merca pa seguir negociando.

    — Pues bueno, hagamos esa vuelta socito — comenté — Pero déjame yo te pregunto, ¿Cómo le vamos a hacer la inteligencia a ese man?

    — Ya nos la dieron. Ese man sale a trabajar a medio día desde su carro, luego va para las palmas. Ahí es donde lo agarramos y le damos bala.

    — ¿No va a estar con gente cuidándolo? — pregunte.

    — Sí, pero nada más va con un guarda espalda, imagino que pa´ no dar mucho visaje.

    — Caigámosle entonces.


    Me quede mirando al mocho por unos momentos, había aceptado la vuelta pero tenía un miedo de que algo saliera mal, el mancito se acercó y me colocó su mano sobre mi hombro.

    — Te noto rara ¿Ocurre algo?

    — Que…creo que es mi última vuelta, hermano.

    — ¿Cómo asi?

    — Yo agradezco lo que la pandilla y vos hicieron por mí, pero…cuando me metieron ese pepazo, tenía miedo de morir, de dejar a mis chinos tirados y a mi mamá. No dormí en ese hospital pensando en esa vaina, y si, que andando con ustedes me arriesgaba a eso y no tenía problema, pero ya…ya he llegado a mi limite, hermano.

    — …Ya.

    — Perdóname, pero yo le juro que no voy a andar de sapa con los perritos o nada, igual ustedes saben de mí y no tengo opción. Pero yo no les faltoneo con eso.

    — No, yo sé que vos no podes faltonarnos con eso porque te damos piso, pero…bueno, a mí me gustó tenerte aquí con nosotros. — Sonreí.

    — ¿Entonces después de esta vuelta?

    — Si, la dejamos sana. — comentó — Vos tenes familia todavía, nosotros tenemos al parche, pero vos todavía tenes a tus pelados, a tus cucha, mejor aprovechar lo que sacaste de aquí e irte a lo sano — El mocho me miró fijamente a los ojos — Vos podes irte perrita, dejar el parche y no habría problema, pero vos sabes que con nosotros no estabas sola mientras no te patraceabas o dejabas tirado un trabajo, si cumplías nosotros también, así de simple. Pero si te vas, quedas sola y no te vamos a defender si te caen a tus chinos o a vos, porque vos estas manchada, y con eso, ya te pusiste un blanco en la cabeza, recordálo.


    Suspire, solo era un trabajo, uno más de los tantos que había hecho, el asunto no era distinto de lo que hacía, fui hacia la habitación de mis chinos y allí estaban, dormidos tranquilamente en su cama, todo acabaría, solo un trabajo más y me iba del parche, sería difícil seguir el ritmo de vida que llevaba sin la ayuda de ese dinero, pero luego de ese encuentro cercano con la muerte, no me volvería a arriesgar y dejar a estos chicos a su suerte, no de nuevo, no iba a permitir que lo mismo que me pasó le ocurra a ellos, tampoco dejare que mi madre sufra de nuevo. Baje a la sala y allí mire la virgen que se encontraba en la mesa, saque un revolver que tenía escondido debajo de los muebles de la sala, saque las balas y las coloque sobre los labios de la imagen de la virgen, suspire mientras realice una oración.

    Si ojos tienen, que no me vean.
    Si manos tienen, que no me agarren.
    Si pies tienen, que no me alcancen.
    No permitas que me sorprendan por la espalda.
    No permitas que mi muerte sea violenta.
    No permitas que mi sangre se derrame. Tú que todo lo conoces, sabes mis pecados pero también sabes de mi fe.

    No me desampares. Amén.

    Y con esta oración me preparaba para lo que saldría de aquella vuelta, iba a ser la última que haría y con ello trataría de llevar una vida sin someterme a tantos peligros, lo haría por ellos, por mis muchachos, pero sobretodo, por mí misma, sino estoy aquí, entonces ellos sufrirían lo mismo que yo.

    Me levante temprano y como de costumbre salí a fuera hacia la iglesia del barrio, allí prepare las empanadas para la gente que saliera de misa, se vendían bien, y ganaba lo suficiente para comprar el mercado del día de hoy, aunque esperaba que pudiera volver el día de mañana luego de hacer la vuelta que tenía pendiente con el Mocho. Me encontraba nerviosa, incluso la gente del barrio se me acervaba y preguntaba que me ocurría, no respondía nada, sencillamente que estaba cansada por los bebés. Luego de arreglarlo todo llegó el medio día, momento de hacer la vuelta. El Mocho estaba en la tienda del barrio esperándome, me invitó a un pastel de queso para relajarme y sentirme preparada para la mision.

    A la salida de la tienda, nos dirigimos hacia la ruta en donde esperaríamos a la salida del carro del man, según la información que nos dieron, era un Renault Twingo de color azul. Al ver a nuestro objetivo, salimos de inmediato y le hicimos seguimiento sin parecer sospechosos esperando a llegar a la ruta en donde podríamos agarrarlo. Al llegar a la autopista nos detuvimos en un semáforo, estábamos solo nosotros y el carro donde iba el mancito, solo era cuestión de reventarlos y salir corriendo, el Mocho dirigió la moto cerca del asiento del conductor, allí saque la pistola e inicie a disparar al conductor que cayó muerto, rápidamente me baje de la moto y busque si había alguien más que nos pudiera dañar la vuelta, mis ojos se abrieron con fuerza pues reconocía a la figura que estaba abrazando a una pequeña de cabellos níveos.


    — N-No. — temblé, dudaba por primera vez en tanto tiempo y mi dedo no apretaba el gatillo como deseaba, pues esa persona que me miraba con odio era nada más y nada menos que — H-Hanzo.

    — ¡Dale piso a ese man! ¡Esa es la gonorrea que tenemos que bajar!


    Mocho me quitó apuntando su arma al hombre del afro, rápidamente Hanzo tomó la pistola de su guarda espaldas pegándole un pepazo a la cabeza de mi perro. Reaccione pues sentí que mi vida estaba en peligro y apreté con fuerza mi revolver disparándole a la cabeza, me quede fría al ver el cuerpo de mi arma en el suelo sin vida, mis ojos se dirigieron a la niña que acompañaba a Hanzo, sus ojos estaban empapados de lágrimas y sus gritos de desesperación movían el inerte cadáver de Hanzo esperando a que este reaccionara.

    — ¡Papi! ¡Papi, por favor despierta! — gritó la pequeña. Me quede congelada ¿Papi? ¿Acaso dijo papi? — deje caer mi arma y lleve mis manos a mi rostro, grite, grite con fuerza, pues ahora ya no tenía salvacion. — ¡Aaaah!

    Había cometido la misma barbarie que hicieron esos sujetos con mi padre y con mi hermano, le quite frente a esa niña a la persona que más amó su vida, no sabía que vida tenia Hanzo, pero se la arrebaté sin pensarlo dos veces repitiendo aquel ciclo de muerte y dolor. Me aleje de la pequeña que me miraba con ojos llorosos pero mi cuerpo no respondió. Pronto, todo inició a volverse negro como si aquella horrible película hubiera terminado, mi mundo, mi familia, mis hijos, todo lo que viví se desapareció en tan solo unos instantes.

    [****]
    Abrí mis ojos encontrándome nuevamente con el monje que sostenía aquellas cadenas como si fuera un rosario.

    — ¿Cómo te pareció el viaje? ¿Lograste encontrar la iluminación?

    — Me ves aquí con vos de nuevo.

    — Tu alma ha sido curada, solo superándonos a nosotros mismos podremos alcanzar la paz. — no quise responder nada, lo que decía ese man me hacía doler la cabeza.

    — Si, matar a tu arma es alcanzar paz. — dije sarcásticamente, enserio ¿Este man que le pasaba? — Pues no le veo lo bonito a eso.


    — Aun no lo comprendes — dijo — Has hecho algo que muy pocas personas harían, desprenderte de ti misma para alcanzar la paz hara que entiendas el mundo con otros ojos. — El monje continuaba hablando de manera, como si me viera con cara de niña pequeña — Aferrarte a algo que te hace daño no es sano, ya que te limitas a ti misma, tu arma tomó la forma de una cadena, objeto que te retiene y no te deja avanzar en este plano existencial. Al liberarte de tu propio enemigo, lograste superarte a ti misma alcanzando tu verdadero yo.

    — Mi…verdadero yo.

    Susurre, nunca me había preguntado quien era yo realmente, nunca la necesite realmente pues sabía lo que era, una niña linda, tranquila, que busca ayudar a las demás personas, eso, era el concepto que tenia de mi misma hasta el momento, luego, las incursiones, la batalla en el bosque y la rebelión del nexo, me hicieron darme cuenta que era una muchacha aguerrida, preparada para enfrentar cualquier peligro, la caída, me hizo entender que no era ninguna de esas cosas, ser una niña buena no servía para nada y por más que tratara de serlo servía de nada. Mi propia identidad se rompió, volviéndome en aquello que me había hecho tanto mal, una asesina. Pero en ese mundo, en ese mundo en el que estaba era más que una asesina, era una madre, una hija, un pilar de apoyo, alguien fuerte, que no se rinde ante nada y las dificultades, pero sobretodo, que busca un futuro mejor para aquellos que ama, un camino lleno de oportunidades para que sus hijos no caigan en ese círculo de muerte y desgracia eso…fue ella. Todas esas vivencias hacían lo que era ella en realidad.

    Tienes razón. En ese mundo descubrí lo que llegar a ser realmente, mis vivencias fueron crueles, y muchas veces pensé en tirar la toalla, en dejarme llevar y no pensar en nada, pero, no estaba sola, tenia gente, gente a quien amaba con locura — acaricie mi abdomen, aquella cicatriz de mi parto ya no estaba, pero la sensación que llevaba aun seguía en mi — Viví en un mundo de mierda, donde no había oportunidades y donde todos tarde o temprano acabábamos como ratas muertas en el suelo, y pensándolo bien, no era diferente a lo que estábamos aquí. ¿Por qué es eso?

    — Muchos de nosotros, no queríamos lastimar a los demás, pero las circunstancias nos llevaron a cometer esos actos, separándonos de nuestra verdadera naturaleza como hermanos, como seres con un mismo objetivo en común, alcanzar la paz. — ese man sabía lo que decía — El hombre es bueno, pero la sociedad lo corrompe.

    — Pues si — comente — Muchos de los parceros con los que vivía no tenían nada ni a nadie, la sociedad les dio la espalda, llevándolos a hacer lo que tenían que hacer. No habían oportunidades y les tocó elegir ese camino. Si hubiera otro, tal vez no tendríamos ese problema.

    — Por eso estamos aquí, para brindarles una oportunidad, un mundo donde no hay guerras, no hay dolor o sufrimiento, un mundo lleno de paz y harmonía, en donde podremos entonar juntos un coro que nos una como lo que somos realmente, hermanos, una humanidad.

    — Oportunidad. — sonreí, luego me puse a reír, enserio ¿Oportunidad era lo que me estaban dando esos manes? Si claro. — Dices oportunidad, yo le digo un camino sin salida.

    — Le temes a lo desconocido ¿Cómo puedes argumentar que la oportunidad que mi amada y nosotros les ofrecemos no es la solución correcta? No lo sabes y por eso, tienes miedo. — me sonrió — No hay nada de malo tener miedo, solo tienes confiar y dejarte llevar, no habrá dolor, solo paz.

    — Uno no necesita ser gallina para hablar de huevos. — comenté — Si, esta es la opción segura, la tranquila y sin peligro, pero ¿Sabes que me recuerda esto que vos decis? Me recuerda a los manes perdidos en la droga — Comente, el monje, se quedó observándome atentamente — Ustedes, son como los traquetos o narcos, ofrecen una solución, pero antes lo hunden más a uno.

    — Difiero, buscas culparnos, pero lo que realmente estás haciendo es darle una razón a tu miedo a lo desconocido. No buscamos darles una solución pasajera como lo fue la droga, deseamos darles una paz definitiva, sin que lleguen a caer en la desesperación.


    — ¿Sabes? Esa es tu opinión y la respeto, pero la chimba que me vas a convencer con eso. — Dije molesta — Ustedes, están metidos en una droga llamada paz, la han aceptado tomar, si, les gusta, también, pero es vaina que con la coca, hermano. Mira, tu perrita Diamond nos comentó que los vestigios son como una droga, suave, pero que se puede adaptar a tu sistema, cuando comes a otras personas, te estas metiendo de la fuerte — dije — Si, te causa éxtasis, un gozo, que todo no te importa y que al fin podes olvidarte de todo, pero luego queres mas, más y más y haces lo que sea para obtenerla. — dije — Vos probaste, y ahora queres hacer que otros la prueben y se metan en lo mismo, no estas ofreciendo paz, ofreces un escape, porque la vaina va a seguir igual. — Sabía de qué hablaba, me había metido tanta droga en mi cuerpo que entendía muy bien que escaparte a ella no era la solución, pues solo llevaría tu cuerpo a la ruina — Si, la paz es muy bonita, pero lo que ofrecen no es paz, es una droga peligrosa, ustedes dicen que hacen esto por voluntad, que Diamond no los obliga y si, les creo, no los obliga a esto porque fue su elección, pero una elección muy mala. — coloque mi mano en mi vientre, recordando a mis pelados — Pero lo más verraco fue porque la propia sociedad en donde vivían los obligó a tomar esa decisión. Las oportunidades que no tuvieron, la situación en la que estaban, todo eso llevó a la perrita de Diamond a hacer lo que hizo, y si, era una ñerita de lo más bacana, no se lo quito, aunque admito que me hizo sacar la piedra cuando hizo toda esta mierda, pero eso no quita que me fue todo bien conmigo — Me sonroje — Y también que estaba muy buena la pelada y que tal vez, si no estuviera la vaina tan jodida, me habría tragado de ella. — El moje soltó una risita, lo mire extrañado pero el negó restándole importancia.

    — Siempre encantando corazones.

    — A lo bien — comenté — Pero lo que me choca es que cayó a eso, se dejó llevar de la droga de la paz, del canibalismo, de toda esa mierda y miren como terminó. — Apunte al monje — Ustedes están llevados del hijueputa. Son adictos, desechables y lo único que les espera, por más cosa que tengan es una vida miserable.

    — Veo que piensas que estamos en lo correcto, que aún seguimos nuestros deseos primitivos. Pero no es así, crees que estamos en la ruina, yo digo, que estamos en la dicha. Por eso mismo, deseamos que ustedes vengan con nosotros, no tienen que seguir luchando en esta vida llena de sufrimiento.

    — Para nada, esta vida es una mierda, ya la viví como tal y seguro, no tiene sentido, porque yo sé que con tantos multiversos que hay por ahí, no les importamos nada de lo que hagamos, pero esa es la idea, que no nos importe nada, que sigamos viviendo a pesar de lo duro y si fallamos pues listo, pero viví con los pantalones bien puestos.


    El monje suspiró, pues aquello no era la respuesta que esperaba, me sonrió, esa sonrisa tan cálida me recordaba a mi viejo, una lástima que alguien tan bacano estuviera haciendo esto.

    — Es una pena en verdad, me hubiera gustado seguir hablando contigo.

    — A mi también, pero, tengo una vuelta que hacer, volver con la gente que quiero. Y para hacerlo debo darle piso a Diamond — suspire — Aunque es lo mejor que puedo hacer por la perrita, darle un descanso antes de que haga daño y reparta su merca a todo el colegio. — sonreí — Gracias por todo igualmente.

    [****]


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    Última edición: 26 Jul 2018
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    Amaki

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    Dicen que el mejor lugar para resguardarse de una tormenta siempre será su centro, después de todo, se goza de una calma tal que pareciera que cualquier problema ocasionada por la misma jamás llegará, pero el problema es que la tormenta siempre está en movimiento...

    Los límites del ojo cambian de un minuto a otro y la tormenta misma es capaz de arrastrar a los incautos a la peor de las consecuencias.

    ...​

    Los cielos de Ex-Land podrían parecer el mejor sitio para resguardarse ya que, a diferencia de todo el resto del nexo, parecía como si la ciudad no sufriese por la presencia de madre gaia, pero en realidad todo a su alrededor no demostraba nada más que la supremacía que aquel... ¿monstruo? instauraba en la ciudad, con cientos de sus característicos monjes maniobrando entre sus avenidas, obligando a las creaturas que vivían en aquella metrópoli a resguardarse en sus casas, estaban atemorizados, después de todo Madre Gaia había llegado como si nada y, de la misma forma, tomó la ciudad como si fuera de su propiedad, nadie se levantaba contra ella, su sombra era lo suficientemente atemorizante como para que muchos desistieran...

    Pero cierta dama y su poderosa arma no se intimidaron por ella.


    Desde hace un par de horas se escuchaban en los cielos el choque de fuerzas de aquel robot diseñado para batallar en aire contra la poderosa diosa auto-impuesta a gobernar todo el nexo con el fin de "llevar a todos a la paz"; Sparagmos y Madre Gaia, el primero no desaprovechada cada segundo para lanzarle todo tipo de ataques láser de sus extremidades superiores que Madre Gaia repelía usando un poderoso escudo muy similar a aquellos usados por "ángeles" según una serie de animación japonesa de culto acerca de mechas y ángeles; siempre después de cada ataque la mano de Madre Gaia iba en dirección a Sparagmos quien rápidamente evadía, después de todo, la chica que piloteaba el poderoso Sparagmos sabía que si era capturada, su fin eran los "tiburones" que "nadaban" debajo de ellos: los monjes quienes no dudarían de finalizar el trabajo y asimilar a la pobre víctima y volverla una de ellos.

    — Ni loca me vuelvo una criatura de luz carente de individualidad -

    Los ojos de Sparagmos brillaron, una luz recorrió varias calles de Ex-Land y a los dos segundos todo lo que esa luz tocó comenzó a incendiarse, varios monjes cayeron presa de dicho ataque, pero Madre Gaia invocaba más para sustituirles y quienes en conjunto con los que ya estaban en la ciudad buscaron centrarse en los alrededores donde sobrevolaba Sparagmos; Madre Gaia se propulsó hacia el robot de la nerd y extendió sus dos brazos, rápidamente Sparagmos los interceptó con los suyos y ambos se enfrascaron en una poderosa lucha de fuerza, dada la imagen que ambos proyectaban a los demás, era como si el ser humano, con todos sus inventos intentaba proyectarse más allá de los seres divinos...

    Era la Torre de Babilonia otra vez...

    ¿Su final sería diferente? ¿La humanidad podría llegar a tocar los cielos y sentirse dioses? Aracely apretó sus dientes con fuerza y usó mucha de su energía, pero el poderoso ser "divino" no mostraba signos de ceder, Diamond no demostraba voluntad de ceder, poco a poco Madre Gaia comenzaba a llevar la ventaja en aquella lucha.

    —¡Ni te creas que vas a vencerme, maldita! - El pecho de Sparagmos se abrió, en su centro parecía haber un reactor de partículas dispuesto a disparar a tan corta distancia, Madre Gaia no le importó, Diamond observó el aparato con una expresión de tristeza y resignación.

    — ¿Es qué acaso el ser humano siempre buscará dañar a otros? - susurró la chica con nombre de gema antes de cerrar sus ojos y bajar su cabeza; Aracely no sabe lo que pasó, de pronto la batalla de fuerza, que parecía estar nivelada, se volvió una lucha desigual, la fuerza de Madre Gaia se desbordó, empujando a Sparagmos hacia los confines de la ciudad, haciendo que el disparo de aquel reactor de energía fuese enviado en un ángulo de 90°, fallando en dar a su objetivo y solamente propulsando a Sparagmos a caer en manos de los monjes quienes no desaprovecharon en hacerle presa de su voluntad.

    Nuevamente el ser humano había fracasado... ¿Acaso no tendrían oportunidad ante los poderes divinos?

    Aracely gritaba, los medidores de energía de Sparagmos bajaban rápidamente, la cámara de control no tuvo más remedio de sonar la alerta de que si esto seguía así, muy pronto ella formaría parte de esos fastidiosos monjes que están bajo el mando de Diamond, rápídamente el cuerpo de Aracely se llenaba de cicatrices que sangraban a una velocidad endiablada, podía sentir como por cada segundo que pasaba en aquel infierno las heridas se abrían más y más, cada vez llegaban más profundo, tocando cada uno de sus puntos vitales, desgarrando, desbaratando...

    —¡AHHHHHHHHHHHHHH! ¡ATRÁS! ¡ATRÁS HE DICHO! - Aracely inyectó más de su energía vital a su arma, eso le podía costar mucho más de lo que uno esperaría dado que su arma estaba siendo completamente destruida por todos esos monjes, pero le importaba muy poco, si esa loca de Diamond creía que se iba a vencer así de fácil, je, entonces no conocía nada de ella.

    — ¡HE PASADO PEORES INFIERNOS QUE ESTE, DIAMOND! - Sparagmos brilló de un considerable blanco azulado antes de "estallar" en numerosas estelas que destruyeron todo a su paso, los monjes cayeron como si hubiesen sido hechos de papel, las edificaciones cercanas cedieron y se llenaron de huecos como si de un queso francés fuesen, por un momento Ex-Land fue testigo de un intento de emular una supernova que hizo que Diamond abriera levemente sus ojos ante la situación, el sector donde yacía Sparagmos fue totalmente erradicado y donde antes había gente y monjes, había solo ruina y destrucción.

    — ¿Por qué? - la voz de la pequeña humana llegó a oídos de Aracely, no porque su voz haya sido una de desgarro o una voz muy alta, si iba a luchar contra "dios", tenía que tener siempre monitoreada a su más allegada "sirviente", Sparagmos había entrado a una fase de recuperación de energía, tomaría un tiempo volver a por las funciones de batalla, solamente dejando en curso las más básicas, así que Sparagmos se levantó lenta y torpemente.

    — ¿Por qué luchas, Aracely? Acaso... ¿Acaso todo esto vale la pena? - la muchacha levantó su mano y apuntó a su dirección —. Acaso... ¿Acaso valió la pena acabar con la vida de tantos seres... solo para sobrevivir? —Aracely no respondió a la voz neutra de Diamond quien simplemente relajó sus ojos, se tornaron melancólicos.

    — Aracely... ¿Desear la paz es un error? —Nuevamente sin respuesta, Diamond llevó una de sus manos a sus hombros.

    — ¿Acaso no quieres paz? -

    —... -

    —¿Aracely? -

    — ... -

    —... -

    — Pffft... ¿Paz? Si esta es la paz que profesas, es obvio que te diré: No, no quiero paz -

    —Esto... Esto ocurre porque no quieres aceptarlo... ¡Aracely! —
    Hubo un pequeño momento de silencio entre ambas — Yo... Yo quiero llevarte a experimentar la paz, no solo a ti, a Lionel, Lucifina, Mario, Gild... Todos... ¡Todos merecen saber lo que es la paz! Vivir en un mundo donde... donde no tengamos que pensar más en caos, destrucción, en corregir los errores del pasado, tan solo... tan solo ser nosotros mismos otra vez -

    — ... -

    — Quiero... Quiero un mundo donde podamos estar todos felices por quienes somos... sin miedo -
    Sparagmos logró recuperar algo más de energía, aún tenía oportunidad de batalla, pero antes, algo entre las palabras de la pequeña muchacha no le sentó bien.

    "...Esto ocurre porque no quieres aceptarlo..."

    — "Aceptarlo" ¿No? - Diamond y Aracely se "miraron" fijamente a los ojos —. He vivido más que solo un martirio solo por ser quien soy, Diamond, siempre he querido agradar a otros, al punto de que me he visto en la necesidad de suprimir gustos, hacer amistades, contraer enemigos... No solo como Aracely, también como... — decir la siguiente palabra la hacía cabrear, pero le cabreaba más el pensar de Diamond — ...como Armando, hasta como líder de los Nerds; déjame decirte que jamás lograrás la unidad ¿Sabes por qué? Tratas de instaurar un pensamiento, no, un modo de vida ¿Qué te hace diferente a cualquier otro tirano? No importa como lo adornes...

    "La mona, aunque se vista de seda, mona se queda"

    Sparagmos levantó su mano y la extendió para apuntar a Diamond como si fuese algún abogado famoso refutando los puntos de un caso.

    —Es en la individualidad, en nuestro pensar tan diferente uno del otro, que el ser humano se distingue de una máquina... Jamás podrás pedirle a una tostadora que haga un jugo, o a una refrigeradora planchar la ropa, porque ellos están regidos bajo un sistema, bajo órdenes y directrices que jamás podrán romper, porque así fueron creados; pero el ser humano no, es nuestra falta de "estandarización" lo que nos hace seres vivos, completos, nos hacen únicos... Yo, Aracely, adoro ser quien soy, aún cuando el mundo me deteste por muchas razones, sean religiosas, estudiantiles o hasta por estupideces sin sentido; y si para poder defender quien soy tengo que pelearme hasta con el idiota de Adrien o hasta con el engendro de Toxic ¡Que así sea! —Los puños de Sparagmos chocaron entre si —. Una vida donde lo que debo hacer es asentir ante los anhelos de otros, a costa de mi felicidad no es un mundo que esté deseosa por experimentar; Un mundo donde no pueda investigar, donde tenga que obedecer y acatar como si fuese un esclavo no es mi mundo ideal, mi mundo ideal es este mismo, donde cosas como el caos, lo inesperado, lo feo y lo bruto se mezclan para darnos diferentes colores y matices, aun cuando la paz sea un sueño lejano, ese es mi mundo -

    Diamond aún no mostraba algún tipo de emoción más allá de su mirada melancólica ante la situación, aun así las palabras de Aracely llenaron su mente con información que chocaba con sus ideales, lo que obligó a llevar una de sus manos a la cabeza.

    — Eres... un monstruo -

    — Y créeme, querida... -
    El haber chocado los puños había sido una manera de ocultar un poder que estaba dispuesto a dárselo de obsequio, una potente esfera de energía que, al separar sus puños, estalló junto en frente de Diamond y Madre Gaia, dándoles de lleno y dejándolas aturdidas, tanto por las palabras anteriormente dichas como por el ataque, como los rayos también levantaron muchos escombros y hasta a algunos monjes, Aracely emprendió rápidamente la huída, sí, quizás Sparagmos era un gigante de quien-sabe-cuantos metros, pero habían lugares donde Aracely sabía ocultarlo sin ningún problema.

    Sin embargo, mientras escapaba podía observar algo en su radar, era una señal bastante débil, pero al mismo tiempo parecía no poder perder ese objetivo de su pantalla, observaba mediante diversos paneles, pero no había exactamente algo que le siguiese, inclusive estuvo pensando en que quizás el radar se había averiado, pero algo había llegado a su mente, rápidamente detuvo a Sparagmos y notó como ese punto parecía revolotear en una posición tal que casi era imperceptible que se movía a sus anchas...

    ¡Ese punto claramente no era una avería en el radar!


    Aracely activó un pequeño dron que salió expedido de la cabeza de su robot y pudo ver que era ese objeto: una especie de quimera de muy mal gusto color naranja con rojo, sus cabezas de león, dragón y carnero se movían asíncronamente.

    [​IMG]

    Sobre ella estaba lo que parecía ser un jinete, pero no era un jinete cualquiera, mucho menos uno de músculos definidos ni nada, mucho menos portaba un arma tan honrosa: una resonrtera, dados esos datos no le fue muy difícil a Aracely descubrir su identidad, es más, ni siquiera necesitó buscarlo en su base de datos.

    [​IMG]

    — ¡Maldito seas, Magnus! ¿Acaso estás del lado de la loca con Madre Gaia? No, espera, no contestas, la pregunta es tan idiota que ni siquiera vale la pena... ¡Eres un estúpido, Magnus! — el muchacho se llevó una mano a su cabeza y la rascó.

    — Lo siento mucho, señor, son solo cosas de trab... ¡AHHHH! — Un potente rayo láser enviado desde los ojos de Sparagmos fallaron por unos cuantos centímetros gracias al vuelo errático de su quimera, Aracely gritó a los cuatro vientos con su voz original, no con la misma voz suave que acostumbraba usar.

    — ¡SOY UNA DAMA, MAGNUS! ¡UNA DAMA! ¡ERES IGUAL QUE LA MALDITA BASTARDA ALBINA! — Y Sparagmos se abalanzó sobre él, era como una mosca a punto de ser aplastada por un elefante, la palma de una de sus manos estaba completamente abierta, dispuesta a cerrarla con Magnus en su interior, aunque el radar rápidamente detectó otro objeto que voló directamente al brazo extendido de Sparagmos, logrando impactarle y cambiar su trayectoria, era otra quimera, pero esta se notaba mucho más agresiva y sobre ella estaba un jinete cubierto en una gabardina negra y una guadaña en mano, simulaba a la muerte, al ver Magnus a su salvador, éste último le dio señas y ambos emprendieron la huída, Aracely no les iba a dejar escapar tan fácil y rápidamente liberó unos misiles dirigidos, los cuales no lograron llegar a su objetivo dado que el sujeto de la gabardina los destruyó con el poder de su arma.

    Una vez lejos, Magnus respiró aliviado.

    — Muchas gracias, científica loca —el sujeto (quien al parecer era en realidad una chica bajo su túnica) se acariciaba la barbilla ante lo sucedido.

    —Ya veo... — susurró —esto ciertamente va a ir a mis apuntes — se quitó la gabardina y dejó al descubierto su identidad: Alice.

    [​IMG]

    Aracely había quedado alejada, estaba en un punto donde Madre Gaia no le encontraría con facilidad, aún cuando estaba en Ex-Land, las estructuras como edificios eran pocas en ese lugar, pero aún denotaba cierto estado de civilización, los ojos de la nerd analizaban cuidadosamente el ambiente, no había nadie más cerca, y no parecía ser como si Magnus le hubiese dado la ubicación a Diamond, en su interior se encontraba furiosa, esos caníbales salían de un lado a otro sin parar.

    —¡Gah! Como sea - se rascó la cabeza y dejó salir un aire de frustración de su boca — Será mejor preparar algún contraataque, según la información que han logrado enviar mis allegados, al menos puedo decir que están vivos y que no se volvieron corderos ante lo que... —tuvo que dejar de pensar cuando escuchó la alarma de peligro inminente sonar, de manera vivaz se puso a buscar a Madre Gaia, quien sería la única que podría activar dicha alerta, pero los radares y su visión no parecían verle.

    —¿Qué rayos? Ahora qué... — De pronto sintió como una especie de puñetazo le era dado en toda su mejilla derecha, después de todo, tanto Sparagmos como Aracely estaban conectados a nivel neuronal y ambos sentían lo mismo, en este caso, un poderoso impacto que mandó al poderoso e imponente robot a estrellarse contra 3 edificios bastante altos, no fue hasta que chocó con el cuarto que éste se detuvo por quedar incrustado.

    ¿Quién podía ser capaz de lanzar a Sparagmos, una bestia de inmensas proporciones, y volverlo una especie de juguete de trapo?

    Sparagmos se deshizo, Aracely no podía seguir manteniendo la energía suficiente para seguir usando su arma de manera efectiva, su rostro mostraba una coloración morada, a la vez que sus heridas previas eran más que evidentes, le costaba respirar y tenía un ojo cerrado, pasos se escuchaban muy cerca de ella, usó su único ojo bueno y una pequeña sonrisa afloró a pesar de que la primera palabra que dijo fue un "maldición".

    — Je... Sabía que tu eras la única persona que podría haber hecho eso... -

    —... -

    — ¿Cómo se sintió, eh? Solo... tu puño fue suficiente... para derribar a un gigante de metal -

    — ... -

    — Tú, un humano, solo necesitó un puñetazo para cargarse un arma, un ser mucho más poderoso... me pregunto ¿Sigues siendo humano? ¿O te has vuelto un monstruo? -

    —... ¿Por qué no me lo respondes tu, perra? -

    — Oh... te has vuelto más asertivo... Rod —
    Sí, enfrente de ella, con una mirada más fría que el acero y una ira similar a la de un toro estaba Rod, si, él había sido el causante de que Aracely estuviese en ese estado, sin arma, sin energías, sin nada...

    — ¿Me aplicarás el karma? -

    — ¿Karma? ¿Una cientifica creyendo en esas cosas? Ja... —
    el varón puso su pie en el suelo con más fuerza, prácticamente había creado una grieta pequeña bajo sus pies.

    — Me has convertido en un monstruo -

    — No no no... ahora eres... una creación exquisita -
    Ese fue el punto donde Rod dejó de controlarse, apretó sus puños al punto de tronar los dedos.

    — Espero estés satisfecha... Porque vas a morir en manos de tu "exquisita creación" - Levantó su puño, pero antes de que pudiera siquiera bajar su puño, éste fue retenido por un par de tentáculos que lo tomaron por sorpresa, los tentáculos lo despegaron del suelo y lo arrojaron hacia unos escombros en la dirección contraria, Aracely levantó su mirada con dificultad e hizo una mueca de asco.

    — ¡SEÑORITA ARACELY! -

    — ¡ARACELY! -



    — ¡L-LA VANGUARDIA AL RESCATE! -

    — Puff... ¿Acaso no pudieron llegar más temprano? -
    a pesar de esa manera de recibirlos, en su interior estaba alegre, después de todo ¿A quién le alegra morir? Mientras miraba como todos se separaban y comenzaban a hacer una especie de anillo de seguridad, los humanos se reunieron junto a Aracely quien, con lo testaruda que es, se levantó sola.

    — ¡ALERTA! — Gritaron varios miembros de la vanguardia, y con justa razón, puesto que Madre Gaia al parecer tomó nota de todo el ajetreo y voló en dirección al área de batalla junto con sus monjes, muchos se preocuparon porque, bueno, era Madre Gaia, pero Bárbara dio un paso al frente y simplemente dijo que no había tiempo para estupideces, que para eso habían llegado a Ex-Land, a encargarse de la caníbal; Aracely, aún maltrecha soltó una carcajada burlesca y, con ayuda (no deseada) de Lancelot, puso sus pies con fuerza en el suelo y soltó un grito de guerra que hizo aparecer nuevamente a Sparagmos en el campo de batalla.

    — ¡P-Pero señorita Aracely, su cuerpo...! -

    — Lancelot, este no es el momento de llorar por unos moretones... -
    Lancelot entendió y rápidamente salió del robot para juntarse con sus compañeros de lucha; en tanto Rod se levantaba del piso después de ser azotado, las quimeras que habían sido una molestia para Aracely aterrizaron cerca de él y Magnus ofreció apoyo a Rod quien le importó muy poco, aceptó la ayuda con una condición.

    "Déjame el maldito robot a mi"

    Y así ambos se unieron a las filas de Madre gaia quien iba con sus tropas al siguiente combate con la vanguardia con sus monjes; Diamond, desde arriba, miraba todo con una mirada triste, hasta acomplejada, no sabía que pensar, su mente era un tumulto de ideas.

    Sus ojos simplemente observaban aquel espectáculo funesto donde hombres y monstruos luchaban entre sí, pero no era una lucha entre hombres y monstruos, no, los humanos levantaban sus armas contra sus similares, de la misma forma que los monstruos, se atacaban sin contemplación alguna; ya sean los rayos impactantes de Aracely que barrían con todos y cada uno de los monjes que lograba golpear; la multitud de bestias que parecían estar ayudando a los humanos y quienes se enfrentaban sin temor al magno poder de los monjes, a la vez que ellos... la gente que alguna vez consideró como amigos estaban en su contra, luchaban para detenerle, para evitar que ella lograse darles paz, que evitaran el dolor, el sufrimiento, las lágrimas...

    —No... - susurró con la voz quebradiza, usaban la violencia para detener aquello que haría que la misma violencia acabase ¿Acaso esto era lo que significaba la dificultad del cambio? El ser humano jamás ha amado los cambios y hará lo que sea para evitar que el cambio suceda, aún a costa de sí mismo.

    —¡No! - Soltó un grito un poco más desesperado y audible para los demás, en este caso, para Kristina quien comandaba la lucha con el ejercito de los caídos que quedaban, la lisiada evitó el agarre de los monjes antes de que Maeve hiciese con las suyas de darles en el rostro con sus potentes extremidades.

    — ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué me niegan?! -

    — Ché, estás loca -
    le gritó sin perder la cabeza Kristina, después de todo, tuvo que agacharse al ver que un par de quimeras estuvieron a punto de decapitarla con sus fauces las cuales tuvieron que emprender la huída al sentir como Baru les tenía en la mira con sus potentes explosiones y lograron escabullírsele, no así una treintena de monjes que fungieron como escudo.

    — T-T-Todo esto... Todo esto lo hago por ustedes... yo... yo no - lágrimas amenazaban con derramársele de sus cuencas, Kristina se dio el lujo de cuestionarle.

    —¿Por nosotros? Oíme, piba, pero como que montarse una guerra para explicar un punto ¿No es un poco exagerado? -

    — P-Pero... pero solo así comprenden -

    — Claro que no, siempre podemos charlar y eso -

    — Lo hice... y me negaron igualmente... ¿Acaso aman tanto la destrucción? -
    fue ahí donde Diamond comenzó a soltar una que otra lagrimita de tristeza, cosa que captó la atención de Sparagmos y la siempre muy de mal humor Aracely (ahora justificado dado su estado) e hizo una mueca de asco.

    —Deja de ser así, das asco... pequeña niña con delirio de grandeza, esas lágrimas de cocodrilo acaban aquí — Sparagmos cargó el poder de sus rayos ópticos los cuales fueron disparados con certeza al pecho de Madre Gaia quien extendió sus manos para evitar el impacto, los láseres dieron en las palmas que hicieron que la divinidad perdiese el equilibrio y Diamond tuviera que aferrarse a su arma para no caer, ese momento de desestabilización no fue desaprovechado por Aracely quien envió una serie de disparos hacia su enemigo.

    - ¡ADIOS Y HASTA NUNCA! - Pero los láseres no dieron en ella, sino en una especie de capa semi-transparente que se levantó frente a la diosa, sorprendiendo a todos.

    — ¿Q-Qué diablos pasó? -

    — S-Sho conozco eso... espera —
    alguien pasó volando por encima de la lisiada, una bestia que parecía haber sido creada de nubes, no, gases con forma de lobo, y ahí, sobre ella un par de personas, uno con un interesante accesorio en su cabeza y el otro con unos objetos bastante comunes en sus manos, todos ellos llegaron rápidamente y se pusieron debajo de Madre Gaia y en frente de sus adversarios.

    — ¡CHE, QUE SON EL CONCHUDO DE LOS DADOS Y EL BAMBI! Espera... ¡EL BAMBI SE TRAJO A UN FANTASMA A LA LUCHA! - Efectivamente, Max, Dice y la que parecía ser la nueva Light habían llegado como refuerzos inesperados, Dice observaba el campo con un poco de aburrimiento y su mente comenzaba a generar cálculos mientras miraba también a su dama de la suerte.

    — Hoy... muchas lágrimas brotarán, eso... es casi seguro -

    — ¿Quérras decir definitivamente, Dice? -

    —... El suelo se bañará con algo más que lágrimas -


    [ * * * ] ​


    Alguna vez aquel territorio árido fue una tierra perennemente lustrosa y teñida de un rojo aparentemente sanguinario. Aunque era muy irónico, ¿por qué el rojo siempre era catalogado como un peligro inminente mientras el blanco era considerado amable, gentil y noble? Miles de creencias que no tenían ningún sentido, pero tú creías en eso, y era tanto tu amor por los colores que no poseías que alejaste el rojo y el negro para poder acceder al mundo del profundo blanco. Y mientras las risas infantiles llenaban nuestros oídos en los días pasados, más me cuestionaba si el futuro podía valer cualquier sacrificio que se verificaría en el presente, pero con la mirada desvíada casi opacada, cegado por el blanco infinito, te despojabas de tu férrea alma para poder observar a los infantes, seducido por esa inocencia que te fue negada. Creo que alguna vez te escuché susurrar “Somos una generación destinada a perecer” no parecías triste, tampoco sosegado, tan sólo resignado. Quizá porque entendías que algunas flores debían morir para ser abono que hiciera crecer a otras, más radiantes, más felices, más hermosas. Entre esas risas, esos cantos juveniles que los días pasados nos obsequiaban. Me preguntaba si incluso los borregos destinados al matadero se permitían soñar, y como si pudieses escuchar mis pensamientos, volteaste y me sonreíste.

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    Y ambos volvimos a observar los niños correr, incluso a ese pequeño pelirrojo al que le obsequiabas tu don más preciado: Tu vida, tu felicidad, tu humanidad. Pero si incluso nuestra generación estaba destinada al olvido, me preguntaba si nuestros pesares, sonrisas y lágrimas se quedarían en algún lado. O el futuro que concebimos ambos, sería él mismo el ejecutor de nuestra humanidad. Me preguntaba si tu sonrisa sería recordada y tu vida atesorada o tan sólo te volverías un legado abstracto de honor y justicia, un concepto, un sinónimo, más que un ser humano. Un mero concepto escrito en un libro que no relataría tus miedos, tus pensamientos, tus manos cálidas, tu sonrisa chueca, incoherencias dichas o amor fraternal. Porque hasta tú tuviste escalofríos, manos frías, promesas incumplidas y sueños resquebrajados, pero los fríos libros solo relatarían hazañas, mentiras y meros conceptos. Entonces tu existencia verdadera partiría y te volverías eso: solo un concepto.

    —¿Le temes a la muerte, Lionel? —pregunté, en un pasado tan lejano que ahora recordaba lejanamente los árboles de aquel día que eran asediado por una brisa que movían sus ambarinas hojas de un otoño frío pero gentil.

    —Los suicidas no le tememos a la muerte —confesó —, de alguna forma la vemos como un descanso para todas nuestras penas.

    —Me refiero... a la verdadera muerte, ya sabes, que nadie te recuerde o que te vuelvas una memoria vacía.

    —¿Memoria vacía?

    —Diablos a mí molestaría que me recuerden como Lucifina y los libros relaten mis hazañas y me pongan un apodo épico como: La reguladora de mundos, la diosa del contrataque... ¡Ugh! Algo así como te llaman tus otakus.

    —Uno pensaría que eso te gustaría —
    rió un poco.

    —Pero... ¿si sólo me vuelvo eso? ¡Agh! Sería espantoso, ¿sabes? Porque nadie relataría que odio bañarme, que me puse a llorar como bebé cuando nos atacó Bliss o que me caía en cada incursión y Surt me gritaba, o incluso que te amo mucho, o que le temo a las gallinas, vamos cosas mías, mi verdadero yo. No quiero ser sólo un concepto de guerrero de élite, guh... quiero que me recuerden como alguien súper mona y una buena amiga. No volverme solo algo vacío o un héroe más nombrado en un libro.

    —Ya veo —
    En esos momentos no noté que algo estaba en ti, en tu mente estrellada aún oscura para mí como el espacio mismo y te quedaste ahí mirando a los niños jugar.

    —¿Te gustan los niños, Lionel?

    —No —
    dijo —, me gustan los niños felices. Son cosas diferentes.

    —Lo sé... —
    sonreí, bajo esa capa de hombre inflexible, él era alguien sumamente humano. Nadie que amara tanto el futuro podía despreciar a los niños.

    —Aunque también los odio —se mordió el labio, pero movió su cabeza para ambos lados en una negación hacia él mismo —. Porque estoy profundamente envidioso de sus pequeñas vidas frívolas. Una a la que yo no puedo acceder.

    —¡Tonterías! —
    Sostuve una de sus manos y lo obligué a levantarse de aquel asiento del parque donde estábamos ambos y lo halé. Pude escuchar tus gritos que eran inundados por mis risas y las miradas de los adultos en nosotros.

    —¡Idiota! ¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Esa es el área de juego de los niños, maldición! Ya no soy un niño para...

    —¡Tonterías! ¡No somos ancianos! ¡Go, go, go!

    —¡Para con tus estupideces!


    No sé cómo, pero ambos terminamos en los columpios y si bien no ascendimos mucho, al menos él. Yo lo hice, me divertí como nunca; pero él seguía circunspecto, balanceándose débilmente en el columpio, perdido en su mente hasta que vio a una mariposa volar y por fin sonrió con algo de tristeza.

    —¿Sabes? Hoy me reuní con agentes del Proyecto Monarca.

    —¿Uh?

    —Obtuve una beca.

    —¡Eso es estupendo!

    —Por fin podré contribuir realmente al futuro. Así ellos —
    vio a los niños —, serán felices. Como yo no lo fui.

    En esos días reímos y pude ver una sonrisa grande en tu rostro. Y si bien todo pareció perfecto, más adelante me pregunté si el futuro realmente merecía cualquier sacrificio. Incluso si eso significaba que los del viejo mundo, nosotros, fuésemos tan sólo un medio para acceder a tal fin tan brillante. Todo se consigue con un sacrificio, absolutamente todo, en la sociedad es el dinero, el petroleo, aquí éramos nosotros. Tan valiosos como desechables, y el premio sería un futuro que quizá ni podríamos ver. Me preguntaba si eso soñaban las ovejas en el matadero. Sí, seguramente lo harían.

    Y cuando la última hoja ámbar de aquel árbol cayó todo se difuminó. Tan extraviado en el futuro que no notaste el obsequio de la vida, una que nos enseñaron a no cuidar. Tallé esa frase en mi mente y en mi corazón cuando nos alejamos pintando este mundo de rojo: El ayer es historia, el mañana es un misterio y el hoy es un regalo, por eso se llama presente.

    —Lionel...

    —¿Um?

    —¿Podemos tomarnos una foto juntos?


    Y cuando el otoño decidió marcharse, la gelidez congeló nuestras almas y de nuevo me sentí cubierta por ese infinito blanco de la nieve. Y mientras tú esperabas el verano, yo decidí fundirme en el invierno. Y de nuevo todo formó el infierno helado.


    —Vaya, vaya señorita, ese maromo sin duda no supo valorarla —el barman rió mientras limpiaba una copa. Si bien todo el caos que se formaba en el Imperio, él no podía rehusar a tener abierto su negocio y obtener más contributos económicos.

    —¡Señorita, señorita, mire mi dibujo de Kaguyahime! —un infante con apariencia animalesca saltaba, cosa que hizo enojar a su padre, el dueño del negocio, quien bajó su copa y le dio una mirada mortal a su hijo.

    —¡Bribón, deja de espantar a los clientes!

    —Pero papáaaaaa...

    —¡Nada de peros! —
    La chica sólo río por ese intercambio padre-hijo de ese par, a veces era curioso como las relaciones entre jefes y familiares podían ser tan similares a las huamanas. Viendo entonces tal interacción, negó como si eso no le molestara en lo más mínimo —. Perdón, tengo mucho trabajo. Con los eventos de Kaguyahime realmente hay un caos horrible por aquí, ay... es bueno tener a mi familia devuelta, pero acostumbrarse a los cambios es siempre un reto para todos.

    —Sí, los cambios tienden a ser difíciles de aceptar —
    subió sus hombros —. Todo cambia incluso los motivos de esta guerra.

    —Tú... —
    el barman retrocedió y sostuvo a su hijo con miedo, el infante parecía confundido, pero al ver el terror de su padre, decidió mirar a la “señorita” que se levantó —. ¡Eres humana...! Tú seguramente... —La fémina sonrió —. Quieres evitar que Kaguyahime nos llene de su gloria, tú... Orochi.


    Entonces las puertas del bar se abrieron con una ferocidad jamás vista, la fémina volteó al sentir una onda cálida que se arremetió a su sistema y una potente luz que se reveló como una muchacha con alas ígneas y mirada feroz. Diferente a lo esperado, Lucifina no tenía miedo, y tampoco la fénix viviente que caminó, haciendo sonar sus zapatos. Royal no iba a dejar que nadie se infiltrara en aquel lugar.

    —Te encontré —dijo la chica fénix.

    Varias ondeas ígneas volaron hacia la albina que tuvo que saltar, el barman y su hijo huyeron mientras dejaron a las dos féminas en el local. Lucifina tan sólo estiró sus dos brazos hacia arriba, dando un bostezo y viendo a la deprimida que tenía un rostro neutral. Gracias a los informes del equipo de reconocimiento; Zero sabía a qué se enfrentaba y las capacidades de inmortalidad que debería enfrentar y por eso mismo no iba a perder el tiempo en ataques que luego el estado de inmortalidad de la dama ígnea haría infructífero cualquier acción de asesinato; pero si no podías matar a un enemigo, la otra opción era recluirlo. La chica dio un silbido y la dama ígnea no pudo hacer más que mirar hacia arriba, viendo a una especie de esqueleto que cayó hacia abajo, ella quiso esquivar, pero alguien la estuvo con sus manos huesudas: Hersilia.

    —¿Conoces a mi amiga? —Y Huesitos cayó extendiendo sus costillas, formando una celda y encerrando a la fémina de fuego que ahora simulaba una avecilla en una jaula —. Bueno como sea...

    —¿Qué me harás? ¿Me torturarás? Da igual, de todos modos no será algo diferente a lo que me hizo Aracely.

    —¡Oye no me compares con Armando!

    —¡¿Entonces?!

    —Daremos un paseo.


    Royal Feh no supo ni cómo ni cuando pero vio a esa fémina caminar junto a una chica huesuda y otro tipo que cargaba esa jaula de huesos, ambos seres parecían silenciosos como si estuviesen muertos, no comprendía qué pasaba pero mientras el camino se teñía de personas huyendo y otras intentando enfrentar a sus captores sin oportunidad alguna. No fue hasta que los guardias del castillo se abalanzaron hacia ellos que la chica volvió a silbar y la huesuda y el varón que detuvieron a ese grupo de guerreros. Lucifina sostuvo la jaula y buscó esquivar ese cúmulo de guardias, dejando a sus avatares luchando contra ellos hasta que por fin se pudo infiltrar aunque una de las espadas de uno de los guardias logró cortarle un poco la mejilla, pero ella no pareció darle importancia, hasta que decidió arrojar la jaula hasta el frente, bajo la mirada preocupada de Ichiko y el resto, incluso de Orwell que se hallaba a la diestra de la emperatriz; a quien velozmente Veronica cubrió con una de sus barreras, la chica tartamudeó nerviosa pero no se iba a dejar intimidar por la presencia de la Zero en el castillo imperial.

    —¡Guardias, detengan a esa rokurokubi! —ordenó el cerdo —. ¡Protejan a la emperatriz!

    —Tsk... solo quería hablar —
    comentó la albina, esquivando a varios guardias con saltos y movimientos confusos para los guardias, hasta que de nuevo un guardia cortó su mejilla, solo para observar que efectivamente había sido el mismo: Jaspe —. Oh, ahora entiendo porque no pude esquivarlo.

    —Es mejor que te largues, Lucifina. Este no es lugar para ti.

    —¿Y para él? —
    preguntó la fémina, viendo como el avatar de Bliss se arremetió contra el espadachín —. ¡Cuidado! ¡Recuerda que las espadas son débiles contra las lanzas!

    —¡Cállate! —
    gritó el otaku ante la falsa preocupación de la fémina.

    Los demás guardias no se quedaron quietos y se arremetieron contra la albina, rodeándola, no tendría escapatoria ahora. Y sin dudar todos prepararon sus armas para erradicarla de una buena vez, pero entonces todos se sorprendieron viendo un cúmulo de ropajes bajo de ellos, los guardias y la nobleza imperial no supieron a dónde se había ido la fémina pero algo tenían claro, abajo de esa indumentaria había algo blanquecino y duro: Huesos. Y una voz a sus espaldas logró que la emperatriz sudara frío y sintiera un escalofrío recorrer toda su columna vertebral.

    —Oiga emperatriz... ¿le gustó mi táctica? —esa voz. Incluso Veronica palideció ante esa afirmación.

    —E-Ella... —la asocial tartamudeó —. ¡Siempre estuvo aquí!

    —C-cómo es posible, esos huesos... ella... —
    Orwell tampoco sabía qué hacer y vio a los huesos moverse, alertando a los confusos guardias.

    —Ay... justo que me había soltado el cabello, me vestí de reina, me puse tacones. Hasta me sentía la Miss Mundo, me atacan —Oh sí, Huesitos había logrado infiltrarse —, ay ya sé que soy demasiado gorda para el mundo de la moda, pero era uno de mis 658 sueños, snif —lloró falsamente —, ay mis huesos anchos siempre me impiden entrarle al mundo duro del estrellato.

    —¿Por qué...? ¿Por qué hacen esto? —
    Habló la emperatriz —. ¿Nos quieren matar?

    —Oh vamos, reina... —
    suspiró Lucifina.

    —¡Emperatriz! —gritaron los guardias.

    —Bueno, bueno, lo que sea —suspiró la albina —. No quiero matar a nadie, solo hablar.

    —¿Quieres hacernos creer que Kaguyahime no es nuestra diosa? ¿Acaso obtienes placer en pisotear nuestras creencias y nuestra fe? ¡Eso jamás pasará! El Imperio Ichi jamás perderá su fe —
    confesó la emperatriz, enorgulleciendo a sus tropas que obtuvieron una renovada sed de batalla.

    —Me pregunto qué harían si Kaguyahime muere —susurró la albina.

    —Ella no lo hará, de hacerlo... ¡Significa que no es nuestra diosa!

    —Oh, ya comprendo —
    sonrió la coneja blanca —. Entonces, su majestad, déjeme ofrecerle un deicidio como tributo.

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    Y la batalla continuó; Lucifina era consciente que la mera diplomacia no bastaría para convencer a un pueblo tan guerrero, religioso y tallado en honor como el Imperio Ichi, por lo que se había preparado ante tal negativa, que era lo más probable según los informes del grupo de reconocimiento. Sin embargo, en medio del jolgorio de la batalla la albina se preguntaba cómo estarían sus números, sus tropas, sus amigos, pero también sus impredecibles aliados que podían cambiar de cara y actuar según su naturaleza destructiva que la guerra había forjado en ellos. Se quitó esos pensamientos y se concentró en su batalla imperial, no obstante, eso no eliminó la preocupación por el resto de luchadores de aquella fiesta caníbal.

    [ * * * ] ​


    Con la llegada de la Vanguardia al escenario, lejos de que todo se tranquilizase, el ambiente obtuvo una coloración más turbia y melodías más caóticas que la dama de las explosiones, One, causaba hacia todo enemigo que se posaba en su campo visual, edificios, palacios, todo, absolutamente todo se desmoronaba bajo el peso de esas detonaciones, los escombros comenzaron a ser parte del panorama y la bella ciudad poco a poco se volvía un territorio gris y con olor a carne quemada. Mas, eso sólo era un caos sin razón, pues el objetivo de la fémina de cabellos negros estaba impasible mientras familiares muertos yacían a sus pies, Dice, el amo de los dados no se movía ni un centimetro. ¿Para qué? El cuatro le había sonreído y ahora era el objetivo de la dama explosiva que ni con su brutal fuerza podía superar la fuerza de la fortuna. La furia se estaba posando en la impasible fémina, más tuvo que detenerse velozmente cuando un grito de la argentina llamó su atención.

    —¡Kirilia! —gritó la argentina, viendo a la oveja durmiendo. Lo cual era muy irónico dada sus habilidades, pero no era la única, pues cierto lupino había caído inconsciente —. ¿Q-qué está pasando, ché? —Sapphire decidió inclinarse, pero negó velozmente con su cabeza.

    —No están durmiendo, están inconscientes.

    —¿C-cómo...? Espera... no será qué...


    Una energía fantasmal hizo que la lisiada tuviera un escalofrío que recorrió su columna vertebral y cierta rana ya se preparaba con sus tonfas, pues ahora parecía venir un nuevo individuo, cubierto de un canino fantasmal que parecía ser una especie de espectro protector. Una máscara de ciervo daba la bienvenida a alguien nuevo, Kristina vio a Lancelot que estaba tecleando, individuando que aquel tipo debió haber sido asesinado por la Blitzkrieg pero ahora estaba ahí, lo cual era incluso más aterrador. Si el demonio de los hilos no pudo con él, ¿qué oportunidad tendrían con el amo de las melodías, el fantasma de la Ópera, el caballero de la música, el ciervo del caos, el demonio Mefistófeles, el...

    —¡BAMBI CONCHUDO!

    —Light... —
    Maeve miró a ese ser fantasmal que ladró de una forma tan aguda que todos debieron taparse los oídos, incluso la rana que quiso atacar al compositor que sólo se elevó, la energía fantasmal logró que se elevara, la rana independientemente de eso no se iba a dejar derrotar y se impulsó hacia arriba con uno de sus potentes saltos, pero una ondeada de energía la mandó hacia abajo y en el peor de los casos la haría colisionar contra una de las edificaciones, pero la rana fue lista y rodeó su larga lengua en un poste, girando y logrando mantener el equilibrio —. Renacuaja estoy bien —dijo al ver a la rubia que corrió a verla —. No creí que perderíamos a Light.

    —Mendigo Bambi... ¡Párala y saca a las mascotas de tus mundos boludos!

    —Renacuaja parece que no te escucha —
    Efectivamente, el compositor demoníaco ahora yacía a la diestra de Madre Gaia, flotando gracias al can espectral y no pudo evitar dar una risita —. Te juro que cuando baje le daré una patada en las bolas tan fuerte que si no grita lo haré masoca.

    No obstante, el ciego tan sólo observaba todo con una felicidad increíble, escuchando los gritos, explosiones, voces de batalla y caos general, al punto que incluso los rayos de Sparagmos eran parte de un concierto que Max parecía disfrutar de inicio a fin. Él, lejano a todo, gozaba de la dicha de haber sido parte del aquel scherzo y en cierto sentido agradecía haber sido bendecido nuevamente con el don de la vida pues así obtuvo el privilegio de estar presente en semejante oda a la supervivencia y entonces miró a su dadora del aliento vital y le susurró con voz suave y elegante.

    —¿No es hermoso? —dijo el varón.

    —Pero todos pelean... yo... yo... no quiero más guerra —la voz de Diamond sonaba lejana pero seguía ahí —, basta ya... basta... basta... accedan a la paz... por favor...

    —Pero míralos, todos están unidos —
    confesó —. Es tu obra maestra, esta no es una melodía, es un concierto. Me pregunto si nuestro heredero se regodea de la unión.


    Hasta que una explosión muy cerca de Madre Gaia alertó al artista que sonrió grandemente viendo a su alumna que había logrado erradicar a varios revividos y sorprender a los monjes que se hallaban en el sector, creando una especie de ondeada explosiva que hacía que todo aquel que se le acercase volara en miles de pedazos. Así de melodioso era el ruidoso Apollyon en su esplendor. Descendió como una pluma cayendo, sí, eso hizo el ciego cayendo suavemente frente a la dama de las detonaciones que lo observó.

    —Tus melodías siguen siendo potentes —susurró el discapacitado carente de vista —. Te ves hermosa —él rió por ese chiste, pero Barbara tenía un rostro muy lejano a la de una voz en medio de la algarabía. Ella retrocedió, sus pasos la guiaban hacía atrás, muy diferente a Max que se acercó a ella y posó su mano en sus cabellos, tomándolos suavemente —. Mi pequeña Twelve.

    “Oh... Apollyon... cantante puro”
    “Gr... gr... no... no... l-lo... lo si si...”
    “¿Apollyon?”
    “L-lo... lo... lo... l-lo.... si---en... si... ent... entorrr... grrr...”


    Parálisis. Así podía describirse el estado de Barbara que tenía los ojos muy abiertos, la atroz asesina temiendo por esos toques suaves que la tenían tan inmóvil como un borreguito perdido. Miedo, terror, angustia, emociones que ella prefirió apagar y esperar que ni las cenizas quedasen. Pero ahí estaban ellas, y pronto crearían otro incendio en su corazón como él que dejó él cuando partió. De nuevo. De nuevo. Más asesinatos de gente que amó. De nuevo. De nuevo. Por eso las emociones no servían, por eso ella no quería ser humana y por eso mantuvo sellada al monstruo de su corazón. Monstruo que ella era y que confirmó al ver al difunto que ahora la miraba con mirada gentil, ojos que no vieron, pero que ella sí. Una muerte que todos miraron, una muerte que consumía su alma. Y de nuevo... de nuevo... los fantasmas de su yo la atormentaban.

    —¿Bruja...? ¡Bruja, despierta! —corrió Ryrio, dejando la batalla en la que estaba incrustado contra un discapacitado que controlaba múltiples canes con un silbato —. ¡Despierta, maldición...! —Pero era inútil y ante esos toques, la fémina cayó de rodillas, mirando hacia arriba y susurrando muchas veces una palabra con su voz monótona pero llena de un sufrimiento indescriptible.

    —Lo siento.. lo siento... lo siento... —exclamaba la dama explosiva frente al varón de los réquiem que continuaba viéndola con un cariño tan bello como tortuoso.

    —Barbara tu melodía aún resuena —y se preparó para tomar su mentón —. Mi lindo e inestable legado.

    Pero una gran bola de fuego cayó desde los cielos, y una sombra los cubrió pero que Max no pudo ver, pero la esfera ígnea le aclaraba todas sus ideas. Barbara sí miró hacia las alturas viendo a una colosal salamandra alada que venía junto a otro grupo. El reptil lanzó un rugido y aterrizó dejando bajar a sus jinetes que al ver la batalla decidieron apoyar inmediatamente dándole una mano a la Vanguardia y Aracely. Ahora era momento de que la fuerza de Durkheim recuperara todo su destructividad habitual. Los guerreros tallados con sangre brillarían como nunca.

    —Rengnar... —pero alguien se puso en medio y logró que One lo observara. Era su Diez quien miraba a Max que le dedicaba una sonrisa. El ex amish no respondió al llamado de la fémina solo le dio la espalda, pero Barbara entonces vio una acción en su diez que jamás esperó. Aún de espaldas levantó su pulgar —. No debes —respondió con frialdad.

    —Pronto dejaré de ser tu 10 y me volveré un 9. Ya no voy a ser tu jodido mayordomo —rió burlón.

    —... —la dama sólo desvió su mirada hacia otro lado.

    —Pero antes de ser un 9 —Habló y luego gritó con fuerza hacia Max, convirtiendo su mano en una garra de reptil con fuertes uñas —. ¡Déjame cumplir mi última misión como 10! —Pero una explosión en medio lo mandó hacia atrás y lo hizo caer echado en el piso frío de concreto.

    —No tienes que hacer esto, yo asesiné a Max—dijo la fémina denominada bruja explosiva con una actitud que Rengnar identificó como soberbia y que le hizo gruñir, miró a la fémina y luego a Max que se sostenía el mentón con una radiante sonrisa.

    —Ustedes son mucho mejores que yo, no entiendo mucho, pero estoy seguro... que Max es feliz con eso, ¿cierto? —dijo el dracónico mirando a su mejor amigo.

    —Una afirmación tan cierta como exquisita —correspondió el de máscara de ciervo. Mientras Rengnar se levantaba algo cansado y terriblemente agotado, escupió a un lado y dio una sonrisa de lado, antes de golpear su puño con su mano.

    —Entonces, amigo... ¡Déjame proteger tu legado incluso de ti mismo! —y corrió hacia el ciego mientras Barbara parecía impactada.

    —Eso me encantaría —Max dio una reverencia y el can fantasmal lo rodeó con una energía verdosa mientras el muchacho volvía a obtener su forma completa de reptil volador.

    —¡Me encargaré de esto quieras o no, maldita One!

    —¿Por qué...? ¿Por qué hace esto...? —
    se preguntó Barbara —. Él... me odió por lo que le hice a Max y ahora.

    —Oye bruja —
    el tiburoncín se acercó —. Creo que le gustas.

    —...

    —¡Q-qué malos gustos! —
    señaló el chico de dientes afilados.

    —¡Pero yo te amo a ti! —Tanto Barbara como Ryrio se sorprendieron de la llegada de una chica ígnea que voló la cabeza de un familiar y que se colgó del cuello del chico tiburón.

    —¡S-Suéltame loca! ¡Suéltame! —se quejó el otro, pero Clover parecía con ganas de hacer todo menos eso.

    Sin embargo, algo que sabían los santos de Ned es que la situación siempre se pondría peor y los ojos de Yisus inmediatamente señalaron algo que sorprendió en gran manera a todos. En medio de los rascacielos bajando con una sombrilla tal Mary Poppin y sosteniendo un micrófono estaba... ¡Coquito! El moreno bufó, ¿en serio nunca se librarían de 'su padre'? Por mucho que eso sonara adolescente y berrinchudo, en el caso del moreno y la lisiada tenía una connotación demasiado diferente. Pues cuando Coquito se alejó de ellos, nunca pensaron que volvería a regresar.

    —Pinche wey, nunca se rinde parece el peje —gruñó el chico de piel oscura.


    —¡HOLA DAMAS Y CABALLEROS! ¡AQUÍ LLEGÓ EL PROTAGONISTA DE ESTA HISTORIA! ¡COQUITUS MAXIMUS! —el megáfono era irritante, pero bueno, Adam lo era totalmente.

    Oh sí, sin duda con la llegada del cabeza de Coco la cosa se volvería más peliaguda por si no fuese lo suficiente ya. En medio del caos, nadie tuvo tiempo para descansar, la batalla final estaba próxima y nadie debía morir, pues entre más avanzaba la situación y los heridos, menos probable iba a ser la posibilidad de salir victoriosos de esa lucha por conservar la individualidad y, de por si, la frágil humanidad que ahora los tenía luchando con todas sus fuerzas. Y fue así, con su gracia típica que el cabeza de coco aclaró rápidamente su garganta mientras aún descendía como si fuera una nana mágica, quería hacer una aparición magistral, que dejara a todos impactados ¡Y vaya que lo había logrado! Le encantaba la atención después de todo, en cuanto sus pies tocaron el suelo, comenzó a hablar a los cuatro vientos.

    —¡Damas, caballeros y trasvestis montados en robots gigantes! Permítanme brindarles un poco de mi conocimiento, había una vez... dos poderosos reyes quienes hicieron una apuesta, a una distancia similar había una montaña la cual ninguno de los dos había colonizado, hicieron una apuesta, la mano de su hija en sagrado matrimonio con el hombre que lograra poner la bandera de su reino, pero había un pequeñísimo problema ¡A ningún soldado le interesaba la idea! Abogaban que esto solo causaría dolor y guerra sin sentido, después de todo, la montaña era un símbolo de bondad entre ambas naciones... Así que ¿Qué hicieron los reyes? Fácil, castigar a quienes se opusieron, la guerra y el dolor que intentaron proteger al negarse, les fue impuesto por esa misma negativa... ¡Ah! Pero no todo acaba ahí, los soldados de los dos reinos se aliaron y juntos lograron hacerse con el poder que los dos reyes antes poseían — La siempre mortal Fibrous había extendido sus hilos hasta su dirección y estuvo a punto de apresar a coquito quien, de no ser por sus rápidos reflejos, hubiese terminado aplastado por la presión que ejercía la bufanda con sus presas.

    — Deja de parlotear, maldito caníbal -

    — ¡Ah! ¿Pero no te da curiosidad saber porque menciono esta historia? Sencillo, porque al igual que la gente que se cansó de querer que se les impusiera una idea, se unieron sin distinción de rasgos o clases sociales, se volvieron un solo frente para aplastar a quienes les amenazaban, ahora, desde una perspectiva uno puede decir que los reyes eran malvados, pero ¿Y si acaso la idea de los reyes era que sus pobladores se unieran mucho más? Recuerda que antes de ser un rey, estos son simples personas igual -

    — Pffff, tú y tus sinsentidos, Adam —
    Jihyun fue el único que avanzó hacia coquito, éste miraba al asiático con mucho interés, con una sonrisa bastante complaciente y este también se dirigió hasta él.

    —Vamos Jihyun, tú sabes que es cierto, nosotros los caníbales tenemos ese mismo pensar tan atrofiado como el de esos reyes -

    —Yo ya no soy un caníbal, Adam -

    —Una vez caníbal, siempre un caníbal —
    coquito se llevó las manos a la cintura — No importa si te hayan "curado", esto no es como las drogas —Adam puso sus manos en el hombro del coreano —. No puedes dejarlo a un lado JAMAS —Si hubiera sido cualquier otra situación, muy seguramente el coreano se hubiera separado de Adam y le hubiera aplicado quien-sabe-que tipo de tortura por haberse siquiera acercado a su espacio personal, pero parecía controlarse, su mirada denotaba determinación ante la mirada de locura controlada de Adam.

    — Je... si, no voy a negar esa parte de mi vida, sí, fui un caníbal, pero es por haber sido caníbal que se que tus ideas están más que retorcidas -

    —¿No me crees, ah? -

    —Según tu historia, nosotros los caníbales somos los reyes quienes esperamos que la gente común se una y que con nuestro sacrificio ellos puedan valorar la verdadera unidad ¿No? —
    El coreano no le tembló la mano para escupirle en la cara a coquito quien no pareció molestarle ese gesto —. Son por "reyes" como ustedes que la unidad no existe, creyendo estar por encima de todos, de la cadena alimenticia y que simplemente por caprichos uno puede alcanzarles -

    — Oh, escúchate a ti mismo -
    Adam le soltó los hombros mientras sacaba un pañuelo blanco de uno de los bolsillos de su camisa para limpiarse la cara y posteriormente abofetearle con el mismo en el rostro, todos los que observaban quedaron en shock, estaba prácticamente mofándose del señor coreano, justo en sus narices.

    — Dime algo, Jihyun ¿Acaso no te consideras ya un caníbal? - El coreano seguía con su perenne sonrisa, la cual no parecía querer romper con alguna palabra, coquito tomó eso como una negativa y procedió a guardar el pañuelo —. Entonces... ¿Qué eres ahora, Jihy...? —Sus ojos no lograron leer sus movimientos a tiempo, el derechazo que el coreano había soltado justo en la nariz del cabeza de coco fue, en una palabra, brutal; fue tal el impacto que Adam dio dos vueltas en el suelo antes de quedar boca abajo, muchos hasta podrían haber jurado que los huesos del discapacitado se habían roto, pero no fue así, especialmente cuando el muchacho soltó una carcajada como si hubiese hecho una travesura a gusto.

    — ¿Yo, canibal? No, yo soy ahora un demonio... el demonio que juzga a los susodichos "reyes" y los condena a una eternidad de sufrimiento - justo en el momento cuando dejó de hablar, Adam se reincorporó, tenía algo de sangre saliendo de su nariz y de algunos raspones que se hizo con el impacto con el pavimento, más no le importó mucho y solo le regreso la misma sonrisa que éste le daba.

    —Así que... ¿Un demonio, no? - coquito chasqueó con ambas manos y añadió —Es una pena que los demonios sean seres muy solitarios ¿no? —. De los escombros que les rodeaban comenzaron a aparecer decenas, no, cientos de familiares, gente afín a coquito, al chico que se había tomado el tiempo para conocerlos, para alinear sus pensamientos con el suyo, sus seguidores que irían con coquito inclusive a los pisos más bajos del inframundo, todos ellos comenzaron a rodear a Jihyun quien se limitaba a ver como su espacio era completamente reducido.

    — Claro, porque los débiles nunca pueden arreglar sus problemas solos ¿no? -

    — No te preocupes, te haremos toda la compañía que necesites -
    los familiares se acercaban más y más y Jihyun comenzaba a aferrarse más a Fibrous, el momento de la verdad había llegado...

    ...​

    — ¡ESPERA! - Una voz proveniente detrás de coquito hizo que mirase arriba, un dragoncito pequeño y otro animal más que los ágiles ojos de coquito no pudieron captar rápidamente fueron hacia el coreano, no con intenciones de atacarle, sino de... ¿unírsele? -

    —¿Eh? ¿Qué diablos...? -


    — ¡Mist, Wind! Espérennos — De la misma dirección aparecían aquellos dos guardias de Castlelot en compañía de un pequeño pero numeroso escuadrón de creaturas adorables y que incluso a una bestia como coquito le hicieron sonrojar, puesto que eran las plaquetitas quienes con sus botitas y marcha algo desincronizada lograron llegar hasta la posición del asiático quien cada vez comenzaba a ver la situación con un poco de asombro, se escuchó un saludo marino muy lejano, no se podía observar la playa ni nada similar, pero aquel llamado animal marino y que no era el único se escuchaba con fuerza, era como... como si desde lo más lejos de aquella zona le estuviesen brindando apoyo.

    — ¡SEÑOR COREANO! -

    — ¡CHE, BOLUDO! -

    — ¡JIHYUN! -

    —¡JIHYUN! -

    — ¡JIHYUN!
    - Las voces de Jesús, Kristina y todos los remanentes del jardín de los caídos, todos ellos comenzaban a ondearse bajo una sola insignia, el nombre del líder de los discapacitados quien no hizo más que cubrir su rostro con su bufanda y proliferar una maldición mientras ocultaba una sonrisa...

    "Sun Hee...Al final, no estoy tan solo"

    Fue una pena que ese hermoso momento Coquito lo arruinase con unos aplausos lentos pero bastante sonoros.

    —Vaya vaya, al parecer este demonio tiene a sus pequeños seguidores, está bien, no hay problema, me encanta que todo el público tenga un poco de acción, así que ¿Iniciamos, demonio? Toma número 1, el encuentro entre el cocotástico héroe y la pandilla de idiotas del demonio más idiota en acción, LET'S ROCK!!!! —Y con esa frase los familiares se lanzaron hacia el bando de Jihyun y todo su equipo quienes no se quedaron de brazos cruzados y comenzaron a impartir guamazos justo como en los pleitos de la Frank Academy después de la hora del almuerzo.

    Se desató una batalla campal de ambos bandos, era una batalla encarnizada que simplemente se podía catalogar como la lucha de todas las luchas, por desgracia no era un evento deportivo ni mucho menos controlado, aparte de los gritos de lucha y esfuerzo también había pánico y lágrimas, al igual que mucho dolor, los que eran heridos en batalla solían quedar en el suelo, completamente tendidos y a merced de ser pisoteados o alcanzados por armas o ataques que no iban dirigidos hacia ellos en primera instancia, los que tenían suerte eran arrastrados fuera del área de batalla y, quienes estaban a favor de Jihyun y sus similares eran rápidamente atendidos por los deprimidos del bando: la hermosa pero tenebrosa enfermera Sapphire al igual que el guapo especímen tallado por los mismísimos dioses Gild.

    El problema es que solamente dos "doctores" no son suficientes para atender a un batallón que fácilmente los podía superar en un 100 a 1.

    —Quédate quieto, esto te dolerá al inicio, pero el dolor menguará - Sapphire sacó una de sus agujas y la aplicó certeramente en el cuerpo de aquel familiar con forma de tiburón, este jadeó del dolor para luego tranquilizarse, esto generalmente para cualquier médico le hubiese dado una paz interior inconmensurable, pero los ojos de la enfermera no estaban enfocados en la recuperación de ese paciente.

    — ¡Sapphire, tenemos un par más aquí, mucha hemorragia por pérdida de extremidades! -

    — Prepararé las gasas, Mr. Gutted, por favor, búscalas ¿sí? -
    El animal afelpado de la dama rápidamente se movió entre varios otros cuerpos de familiares heridos y que habían sido atendidos por el par de deprimidos, pero que no tenían un refugio donde recuperarse; Gild tenía la camisa manchada de sangre, su sanación no era del todo formidable dada su relación con su arma, pero tenía la vocación de un doctor, no dejaría a los que necesitaban ayuda, y si para ello debía jugarse el cuello... ¡Pues que así fuese!

    Terminaba de aplicar torniquetes para detener el flujo de sangre mientras esperaba que Sapphire lograra atenderles, pero por cada segundo que pasaba parecía que las victimas aumentaban más y más, el bello Gild miró a su alrededor, era espantoso.

    — No puede ser, a este ritmo por cada herido que sanamos, tenemos 3 nuevos ingresos -

    — Esto... es demasiado para solo nosotros -
    Se resignaba a dejarlos morir también la muchacha de frenillos, pero era un problema ser simplemente una humana, tenía límites, Gild pareció notar algo y rápidamente empujó a la muchacha al suelo, una onda sonora completamente desgarradora afectó a muchos familiares, inclusive a aquellos a quienes atendían y comenzaban a convulsionar, los deprimidos sintieron su sangre helarse.

    — Esto... -

    — De continuar así, Sapphire... -

    —...Max ¿no? —
    Gild asintió - Mientras él esté en el campo, no podremos evitar más bajas -

    —¡Pero para eso nos encargamos nosotros! —
    Un enorme reptil alado interceptó la voz de Sapphire, era Rengnar quien le daba persecución al escurridizo Max y su nueva mascota; el reptil no necesitaba abrir sus fauces y poderosas lenguas de fuego que desencadenaban en explosiones se abrían paso, la causante de ello era Barbara quien era la jinete del chico salamandra, pero no podían dar en el blanco, aunque poco a poco, las explosiones parecían acercarse más a su objetivo.

    El varón músico volteó a ver, los ojos de Rengnar estaban llenos de determinación... o al menos eso parecía, después de todo, era cegatón, pero reconocía el sonido del viento, de como sus alas se abrían paso con mucha fuerza, no era la determinación del chico que siempre llegaba a llorar frente suyo cuando algo le afectaba mentalmente, en cambio Barbara, la "bruja explosiva", si, la chica... no parecía estar del todo centrada, era como...

    "Como si sus flamas se negaran a darle"​


    — Los engranajes del destino han comenzado a girar - Las explosiones se detuvieron por breves instantes, parecía que la voz melodiosa del ciego Max la terminaban de hipnotizar - ¿Serás capaz, oh mi pequeña, de detener el capriccio que los lleva a la destrucción? Después de al parecer poder digerir lo que dijo el varón, las explosiones sucedieron otra vez, pero había una salvedad que inclusive a Rengnar tomó por sorpresa...

    — ¡Oye bruja! ¿Es idea mia o Max... ya sabe donde disparas? -

    —... -

    — Guerreros que cargan con la cruz de la paz... —
    no miró como ni cuando, pero el cuerpo espectral de Light dio de lleno en el estómago de la muchacha, haciendo que esta cayese del lomo de Rengnar quien, increíblemente, dio la vuelta y la recogió antes de que tocase el pavimento.

    — Oye, concéntrate ¿quieres? -

    —... -

    —No te voy a culpar de no ver a Light, pero ten en cuenta que solo tengo ojos para Max..... oh, eso sonó realmente mal —
    el reptil agitó su cabeza en negativa, pero había algo que notó en la muchacha.

    — ¿Qué pasa, bruja? -

    — ... -

    — Generalmente lanzas alguna palabra mordaz al verme hablar así ¿Y ahora? -

    —..... Lo maté -

    — ¿Eh? -

    — Yo... yo lo maté... yo... yo lo maté... lo hice... lo hice... maté a mi maestro por poder... —
    la muchacha se llevó las manos a la cabeza y se arrodilló en la palma del dragón, estaba viendo a One entrar en un cuadro de shock, rápidamente dirigió uno de sus ojos hacia Max, no pareciera que intentase atacarles en ese estado, más bien estaba atendiendo a su querida mascota mientras parecía presenciar el espectáculo, pero luego su mirada volvió a Barbara a escuchar su voz tortuosa... ¿O era su voz tan profunda?

    "Yo... monstruo... matar... matar... yo... no... matar... -

    —Oi King — la voz de C.C. no era tan infantil ni reprochable como antes, parecía estar en un estado de shock también —. ¿Le escuchas, no? -

    — Es... su arma ¿no? -

    — Siempre pensé que el arma de la Burst Witch era... imponente -

    — Pero ahora... parece tan necesitada de atención, tan... vulnerable -

    — King... puedo oírlo... -

    — ¿Eh? -

    —Sus llantos -
    Era algo que perturbaba a Rengnar en sobremanera, así no miraba a Barbara, a esa maldita bruja, era un cuadro que jamás lo imaginó, en eso sintió un cambio en el ambiente, sus fosas nasales le advirtieron y rápidamente se volteó, frente suyo tenía a Max y Light mirándoles con normalidad.

    —Mi melodía... aún necesita afinarse — Light ladró con una potencia tal que incluso impulsó un par de metros, pero eso no fue lo importante, de pronto la palma de Rengnar estaba vacía, rápidamente miró hacia atrás, volaba sin poder recuperar posición Bárbara, la fuerza y su estado mental era tal que no podía recuperarse por sí misma, iba directamente a un rascacielos y seguramente no la iba a contar, Rengnar usó toda su fuerza para buscar como alcanzarla, pero era imposible a esa velocidad, pero sus ojos pudieron ver como alguien con alas azules tomaron el cuerpo de One y la pusieron fuera del peligro del rascacielos.

    — ¡¿LO VEEEEEEEEENNNN?! ¡¡¡¡LES DIJE QUE PODÍA VOLAAAR!!! — Iba a decir más, pero el choque de fuerzas fue tal que derribó sin problemas a un novato Ryrio en el tema volador que lo único que se iba a ganar era un impacto muy violento contra el suelo, de no ser porque Rengnar los tomó a ambos antes de chocar sin remedio.

    — L-Lo hice... -

    — Idiota —
    regañó Rengnar a su compañero de manada —. Se nota que eres hermano de Mario.

    — ¿Te gusta? Aún está incompleta, pero su voz, su camino... es un lienzo exquisito —
    por un momento Rengnar sentía que su respiración le fallaba, Max, a pesar de no poder dar una mirada intimidatoria, su sola presencia en aquella situación fue tal que el poderoso lagarto alado temió, pero tenía que hacer de chico fuerte, no iba a permitir que otros murieran por algún descuido suyo, aun cuando Max era su enemigo... aunque quizás antes jamás le hubiese sido capaz de levantar la mano, Rengnar rugió con cólera, ira y deseo de protección para con los demás; incluida C.C. quien no miraba a Light ya como su señora la cual alguna vez estuvo cautivada, no, ella ya no era esa Light.

    Aquel gesto bien pudo parecer de reproche y Max podría sentirse irrespetado, pero fue todo lo contrario, el chico estaba extasiado de escucharlo al fin hacer algo por su cuenta y no solo asentir a lo que siempre hacía; durante aquel rugido algo se desprendió del ser dracónico y que volaron hasta dar con Max quien los tomó antes de que se perdieran en el suelo donde jamás los volvería a tomar: sus lentes.

    "Mi legado... Mi melodía..."​

    —¡Vamos bruja, házlo estallar! — comentaba Ryrio, Max parecía absorto en sus pensamientos como para hacer algún tipo de movimiento, pero la dama explosiva no se movía, sentía aún el dolor de su arma carcomerla, y esa emoción era algo que Max podía notar aún si su mente no estaba del todo en la batalla, podía escuchar como su melodía comenzaba a perder tono, a no afinarse de manera que deseaba.

    "Después de todo, mi trabajo aquí es... preparar las melodías del concierto de la vida"​

    Max se movió a una gran velocidad hasta estar al lado de Bárbara, Ryrio fue sorprendido a tal punto de caer sentado tras la súbita aparición del muchacho quien susurró algo a la muchacha, Ryrio no logró escuchar nada, pero si pudo observar como los ojos de Barbara se abrían sin poder creer lo que sea que le fue dicho, aún en estado de shock de ambos chicos y con Rengnar a punto de ver hacia aquella dirección, Max usó a Light de montura y se propulsó por los aires hasta quedar al frente del dragón.

    — Pequeños guerreros, ustedes instauradores de sueños que alguna vez fueron rotos, no dudo que podrán crear un escenario mucho más que digno para que ustedes logren presentarse, hacer tan fortissimo ruido que serán escuchados hasta el más oscuro confín del universo - Max extendió sus manos hacia abajo, Barbara logró visualizarlo y centrar un ataque sobre el, cadenas de fuego rápidamente se posesionaron del cuerpo del ciego, dándole solo el espacio necesario para respirar con dificultad.

    — Cadenza... -

    "Mis melodías... no viviré para verlas completa..."

    El calor aumentaba a un paso acelerado, sus ropas y su cuerpo comenzaba a ser marcado por las vivas llamas

    "...pero estoy seguro... que he obrado bien. Es hora de que por fin nos veamos, Minette."

    Barbara levantó su mano y rápidamente hizo un ademán hacia el ciego quien parecía ya haberse resignado, antes de que la explosión que acabaría con su vida se hiciera presente, Max sonrió.


    —Memento Mori -

    La explosión fue demasiado escandalosa, como si toda la dinamita de una bodega se hubiese encendido, de aquella nube oscura incendiaria salía expedido el cuerpo de Max completamente maltratado, de cierta forma todos los presentes no podían creerlo, aquella persona que había calado tan hondo en sus vidas (bueno, no tanto la de Ryrio) volvía a donde pertenecía, al suelo, mismo que hizo que salieran de ese encantamiento; Rengnar llevó a Barbara y Ryrio a la superficie mientras él volvía a su forma humana, los tres confirmaron con la mirada el deceso de Max, quien aún portaba una sonrisa en su rostro... o bueno, lo que quedaba del mismo, estaba casi irreconocible; los rostros de los vivos se ensombrecieron y prefirieron no decirse nada... aún, fue ahí donde Rengnar notó algo que estaba muy cerca de él, aquellos lentes que habían sido propiedad del difunto, habían sido atrapados en aquella violenta explosión, pero su marco se negaba a ceder, el chico salamandra se acercó y los tomó, dejó salir un poco de aire de su boca mientras lo miraba.

    —He aquí tus ojos, Max... aunque nunca te gustó usarlos —en ese momento se escuchó como alguien había caído sobre sus rodillas, era Barbara, otra vez aquellos pensamientos tortuosos volvían, repetían, la hacían ver ya no como la atemorizante número, sino como una frágil muchachita impopular, lágrimas y sollozos se escapaban de ella, Rengnar sentía su dolor, C.C. lo sentía igualmente y decidieron darle un poco de apoyo moral, sí, se llevaba mal con ella y todo, pero... quizás solo por hoy...

    —Deja de ponerte así, bruja... no te queda, por más que odie admitirlo — más refrenó al ver quien prestó palabras de aliento fue Ryrio, se miraba molesto e intentaba voltear a ver a otra dirección, como ocultando la buena voluntad que ofrecía, al ver que no era necesario, Rengnar simplemente se puso los lentes algo maltrechos que había recogido, C.C. iba a preguntarle a King Salamander que iba a hacer, pero al verlo de rodillas y comenzar a recitar palabras divinas lo comprendió... y le imitó, aún cuando ella misma era una arma y no estaba manifestada físicamente.

    "El respeto a los muertos es lo que nos hace diferente a los animales, porque del polvo somos y al polvo volvemos"

    La tradición amish después de todo era parte de Rengnar aunque él no quisiera admitirlo..

    — Consummatum est, Max -

    ...​

    Pareciera que con haberse cargado al jefazo mayor las cosas mejorarían, pero jamás habían estado tan equivocados puesto que para los deprimidos, el número de heridos de guerra aumentaban con cada minuto que pasaban, cada vez más era más difícil manejar todas las atenciones que demandaban más que un esfuerzo físico, sino que también uno psicológico para ambos.

    — ¡Guh! - Esa voz no provino de algún herido, el bello Gild logró identificarla como la voz de Sapphire quien parecía estar en un predicamento, y vaya que lo estaba, los hermosos orbes azules del rubio enfocaron al muchacho que tenía sus manos cubriendo el cuello de Sapphire y fácilmente se podía ver sus intentos de asfixiarla.

    — Tú... no lo tomes a mal, pero el destino quiso que fuera así -

    — ¡Aléjate de Sapphire!
    - gritó Gild mientras desataba el infierno de cadenas de Gilgamesh hacia Rod quien ni se inmutó por ese vago intento, más bien esperó a que aquellos objetos metálicos estuviesen lo suficientemente cerca para poner a Sapphire como escudo humano, a Gild se le vinieron a la mente los recuerdos tortusos de lo que le había sucedido a Diamond y pudo hacer que Gilgamesh desviara su ataque, no sin antes cortar el lateral de las prendas de la enfermera, dejando al descubierto parte de su piel que no comprometía las partes íntimas de la muchachita, pero que podía observar como esas cadenas le habían lacerado ese lado del cuerpo.

    — Este no es tu problema, rubio, aléjate -

    — J-Jamás -
    Corrió en un intento de llamar su atención, pero gracias a los nuevos poderes que Aracely le había otorgado (sin su consentimiento) dio una patada al suelo que generó un pequeño tremor que hizo que Gild cayese, en ese instante Rod dirigió su ira hacia Sapphire.

    — Lo has visto ¿no? Tu estúpida ama me ha convertido en esto - Sapphire quiso decir algo, pero Rod simplemente apretó más su cuello —. A ti te encantan los fenómenos ¿no? Pues espero que te guste que un fenómeno te vaya a matar -

    — ¡Suéltala! -

    — ¡Te dije que no estorbaras, rubiales! -
    Rod no estaba de mucho humor, pero cumplió con la petición de Gild, inclusive el mismo se la entregó en sus manos... después de usar a la chica como pelota de beisból que terminó en ambos chocando, lastimándose en el proceso, en tanto Rod avanzaba lentamente hacia ellos.

    — Como siempre, ustedes los Nerds y los deprimidos, solo mírense... dan asco - Rod giraba su brazo, como queriendo preparar un impacto —son unos monstruos, no, todos ustedes, malditos, son todos unos monstruos, no importa quienes sean, todos merecen morir, solo por querer poner siempre de primero sus pretenciones avariciosas - Sapphire estaba todavía dolida del golpe, pero no dudó en responderle aunque fuese entre cortado.

    — El curar... no es avaricioso -

    — ¿Ah no? -

    — Es salvar... la vida de otros -

    — Esa es solo una pretención humana, se debe entender que una vez algo esta roto, merece perecer... o sobrevivir por su cuenta -

    — Darwin... -
    Sapphire se incorporó al mismo momento que Gild

    —El ser humano, para preservar su integridad, debe permanecer solo... o sino, sufre... ¡SUFRE! - les gritó en la cara a ambos.

    — El ser humano sufre incluso en la soledad ¿O acaso... ya no te consideras humano, Rod? — la pregunta de Gild terminó reaccionando en Rod de muy mala forma, se impulsó con fuerza desde su posición hasta ellos a una velocidad endiablada.

    —¡YO SOY UN MONSTRUO GRACIAS A USTEDES, HUMANOS! -


    — GET THE FUCK OUTTA HERE, SON OF A BITCH!!! —Una estela chocolatosa interceptó el movimiento de Rod (el cual era casi similar a la velocidad de desplazamiento de Adam), más no lo tomó completamente por sorpresa, tanto Gild como Sapphire pudieron observar a la persona que hizo que Rod tuviese que cambiar tan súbitamente de ofensiva a defensiva y que, por consiguiente, les había salvado la vida.

    — ¡ROSE! -

    — Wow, no pensé que alguna vez podrías reaccionar a mi velocidad, Rod, tu Big Sis está completamente orgullosa -

    — ¿Tú también vienes a detenerme? -

    — ¡DUUUUH! ¿Acaso me ves con ganas de pedirte un dueto de rap? —
    Rose se abalanzó sobre Rod con una andada de golpes bastante similar al de una animación japonesa de peleas chidas con sujetos que se tiraban puñetazos 100 veces por segundo mientras el varón parecía esquivar/bloquear todos sus embates y retroceder en el proceso.

    Rápidamente el grupo que había venido acompañando a Rose se hizo presente para ayudar a los heridos (léase Sapphire y Gild) quienes lo componían Emil, Four, Klaus, Pavel y Akane, fue esta quien no reparó tanto en los chicos que pasaron curando a los familiares, sino dirigirse rápidamente hacia el lado de batalla.

    — ¡Rose! Por favor ¡para! Rod no merece ese tipo de castigo -

    — ¿Castigo? Si esto fuese uno, ya le hubiera podido pegar uno de mis golpes —
    intentar responderle a Akane fue casi suficiente para que Rod pudiese darle con un impacto de derecha que pasó "silbando" por su mejilla, ahora era el turno de Rod de atacarle con una ráfaga de golpes bastante similar al de Rose, pero esta chica se había criado entre pandillas, unos puños no la iban a refrenar.

    — ¡Debes entender, Rose! ¡Rod tiene todo el derecho de odiar a seres como Sapphire y Gild! -

    — ¿Qué? -
    se escuchó detrás dse ella, oh si, el grupo solo la quedaban mirando raro.

    —¿Qué dijo? - Sapphire estaba en shock, no tanto por el hecho del odio "justificado", sino que en serio, no había oído del todo bien, tenía un zumbido en su cabeza que la estaba torturando

    — Ya la oíste - Y claro, Emil tampoco es que repare en ese tipo de detalles; Klaus avanzó hasta estar detrás de Akane y le tomó del hombro, cosa que hizo que la fémina le mirase con desapruebo tras su espalda.

    — ¡Claro que tengo razón! -

    — Tener la razón no siempre significa estar en lo cierto, Akane —
    la sabiduría legendaria de Klaus era inconmensurable —. Tú... no sabes lo que pasó -

    — ¡Claro que si! —
    Tenía intenciones de unírsele a la lucha, pero Klaus no se lo iba a permitir, le retuvo con una de sus manos, más Akane fue lista, dio un golpe con su cabeza muy cerca del rostro del número 2, lo que le obligó a liberar su agarre para evitar el impacto, Akane se soltó y emprendió la carrera... para caer estrepitosamente contra el suelo, Klaus le había tomado de una pierna, no la iba a dejar escaparse.

    — ¡SUELTAME DE UNA VEZ, KLAUS! - Pedía mientras le pateaba al muchacho que no desistía.

    — ¡¿Por qué tanto me detienes?! — Al no recibir palabra del varón la chica no tuvo más remedio que dejar salir su frustración con gritos — ¡¿ES QUE ACASO PRETENDES HACER LO MISMO QUE HICISTE CON ROD, KLAUS?! ¡ES GRACIAS A TI QUE EL ESTA ASI! ¡TÚ LO VENDISTE! ¡TRAIDOR TRAIDOR TRAIDOR TRAIDOR! — Los gritos llamaron la atención de todos y susurros comenzaron a volar muy cerca de ellos, más que nada para saber que rayos estaba ocurriendo.

    — Akane... yo... - Klaus se mordió la lengua, no, no lo diría, se prometió a sí mismo que cargaría con esa cruz y no le pesaría; porque ese era él, Klaus, el chico que buscaría cargar con el pecado de muchos con tal que otros no vieran en otros el mal ¿Por qué? Solo Dios lo sabría...

    — ¡JAJAJAJAJAJA! -

    — ¿Eh? -
    Un sonido generalizado se dirigió a la mirada de Rod quien parecía como si le hubiesen contado el mejor chiste del mundo.

    — Que te pasa, dumbass? - Preguntó Rose después de poder trabar sus manos con las del muchacho.

    — ¿En serio crees que ese idiota de Klaus me causó esto? ¡Ja! Podrá ser un número, pero él no es tan perverso, todo esto es culpa de la maldita de tu jefa, Aracely, ella me inculcó este odio, me hizo la bestia que soy ¡TU MALDITA JEFA! Y ese bastardo de Klaus lo único que hizo fue darme descanso —La fuerza que imprimía a Rose hacía que quisiese ceder, pero no podía permitirlo, no le iba a dejar ganar... pero si había un terreno donde Rod había ganado, era en la mente de Akane...

    —¿Qué...? A-Ara...¿Aracely? - El rostro de desesperación de la muchachita fue tal que con solo ver a Klaus bajar su mirada y temblar levemente le hicieron creer lo que dijo, ahí fue donde rompió en llanto mientras Klaus susurraba amargamente, como un soldado quien acababa de decirle a la madre de un compañero que este había perecido.

    "Lo siento... lo siento tanto... Akane... yo... yo solo..."​

    El cargar una cruz ajena siempre será algo difícil, es la única carga que jamás estará por completo en la espalda del cargador, justo en ese instante llegaban a esa reunión Ryrio, Rengnar y Barbara ya un poco más calmados por su situación

    — Me parece que no es tanto momento de sentimentalismo, después de todo, todavía estamos en... ¿Hmm? - Emil no pudo terminar de decir lo que quería cuando sintió algo raro correr por su cuerpo, específicamente su mano, el científico la miró con cuidado.

    —¿Baba? - Four rápidamente tomó atención a esas palabras y observó a Emil, específicamente esa baba que rápidamente hizo que el muchacho reaccionase.

    —¡QUITATE ESO, AHORA! - Emil obedeció tras unos segundos de aturdimiento, Four rápidamente miró al cielo y esquivó una lluvia de babas que caían directo hacia él.

    — ¡Rápido, ocúltense entre los escombros! — los chicos rápidamente hicieron caso (menos Rose que tenía a un berserker entre manos y Akane quien tuvo que ser llevaba a fuerza por Klaus) Four rápidamente sacó un juego de diez cuchillos y las arrojó a Magnus quien tuvo que maniobrar con su quimera para evitar los afilados objetos.

    —¿Qué diablos te pasa, es acaso un duelo a muerte con cuchillos? -

    — Cállate, Magnus ¿Qué tratabas de hacer? -

    — Oh, simplemente marcarlos y.... ¡¿Qué te dije con esos cuchillos?! Matarás a alguien si sigues haciendo eso, Alex -

    —Justamente es mi idea —
    Four había saltado hacia los cielos, Magnus tuvo un ligero toque de desesperación, sí había previsto que le atacaría, pero jamás esperó un ataque tan directo, la quimera lanzó chorros de fuego que el varón tuvo que evitar, Magnus seguía con su resortera tirándole para frenarlo, pero no lograba darle, entonces Magnus tuvo que saltar de su animal volador, esto no lo previó Four y ambos cayeron contra el piso, con el caníbal "de cuarta" apuntando con su resortera el rostro asombrado de su adversario.

    — ¿Ahora quién es el sujeto de cuarta categoría? -

    — Magnus no has cambiado nada... sigues siendo idiota —
    suspiró —, mira atrás — no necesitó hacerlo, de pronto salió una granada a su espalda que detonó, quemándole levemente su espalda dado que este usó toda su energía para evitarla.

    — ¡Maldición Alex! ¡Al menos dame un chance...! -

    —Y eso no es todo -

    — ¿Eh? -
    Escuchó silbidos y antes de saberlo, tenía una gran cantidad de explosiones que petrificaban toda la zona, allá muy a lo lejos, en posición de disparo se encontraba Two, dispuesto a la acción, y por si fuera poco de detrás suyo apareció cierto lagarto con sus fauces abiertas, Magnus fue lo suficientemente hábil para tirarse al suelo y hacer que el dragón fallase por breves centímetros.

    — ¡Joder!¡Eso es desventaja! -

    —Contra caníbales, no nos importa jugar sucio. Eso nos enseñó nuestra jefa. ¿Es que acaso lo olvidaste? —
    Magnus silbó, no era la primera vez que oía ese tipo de cosas, pero también, era una locura, eran prácticamente tres números para él. Además... ¿No eran sus amigos y superiores que lo debían proteger? Eran unos mentirosos. Al final del día permitieron que el león negro lo consumiera. Jamás les comprendería, pero no quiso pensarlo más, apuntó con su tiradora al aire y la accionó como diez veces seguidas, rápidamente las babas crecieron de tamaño y cayeron cual pequeños meteoros que al chocar con el suelo se dispersaban, haciendo que los números no tuvieran más remedio que evitarlas y perder el tiempo mientras Magnus se iba en su bestia alada.

    — ¡Hasta pronto, jefecitos! — Two y Four le miraban con enojo que inmediatamente se fundió en algo de tristeza o pena ajena, Four silbó una tonada muy diferente a como el solía silbar, era una señal que Rengnar rápidamente tomó y se acercó a sus compañeros, éstos saltaron en su lomo y rápidamente le dieron persecución, no iban a dejarlo ir, jamás lo permitirían.


    Una vez ahí se enfrascaron en una batalla de disparos, donde Four usaba todo tipo de armamento de batalla que salía de su poder mientras que Two usaba las poderosas descargas de su lanzamisiles, Rengnar volaba rápidamente, más la quimera le superaba en maniobrabilidad, Magnus tiraba todo tipo de babas a todas direcciones, sabía que esta podría infiltrarse en el draco y, una vez eso, el resto sería pan comido, aunque le resultaba molesto que los otros dos números le otorgaban bastante protección... e inclusive Rengnar, su amigo inseparable, como buen traidor no dudaba y parecía proteger algo en su garra, más jamás lo notó...

    Solamente Klaus, sus lentes pudieron observar aquel cuerpo en tan mal estado, para muchos sería irreconocible, pero Klaus era un hombre cuya inteligencia sobrepasaba los límites humanos, y solo había alguien por quien Rengnar haría algo así.

    "Max..."

    Una batalla que contenía innumerables emociones.

    [ * * * ]​


    Evidentemente la pelea estaba muy lejos de acabar y Sparagmos lo sabía mejor que nadie, el piloto del enorme robot tan sólo lanzó sus rayos, justo como su plan o había vislumbrado. Nada podía salir mal, había trabajado en aquella estrategia y todo su esfuerzo por fin se vería materializado. No obstante, los rayos eran interceptados por los monjes que eran erradicados, pero más y más venían en todas las direcciones que los rayos del robot apuntaban. No importaba el esfuerzo de Aracely, todo parecía haber sido un fracaso, la preparación, el plan y con eso se desvanecía la esperanza de derrotar a aquel monstruo.

    —Déjate... ¡DÉJATE GOLPEAR, MALDITA ABOMINACIÓN! —gritó el líder de los nerds con fuerza, antes de morderse el labio; sacándose una gran cantidad de sangre de éste —De nuevo los rayos eran interceptados por los monjes divinos de la madre tierra o desviados cayendo en los rascacielos de Ex Land que se desmoronaban en escombros que caían como lava de un volcán. Reiji guió su mirada hacia arriba donde una enorme parte de la edificación pronto lo aplastaría, para su fortuna, unos hilos lo sostuvieron: Era Jihyun.

    —Arigatou...

    —No te acostumbres a que te salve.


    ¡¡¡AAAAAAAAARGHHHHHT!!!​

    Esa voz vino desde el cielo del gran Sparagmos, o mejor dicho de Aracely que lanzó un rayo mucho más potente que prácticamente iluminó todo el cielo, pero los monjes lo rodearon, desapareciendo en fragmentos de luz: Hasta aquello estaba demostrando fallar. ¿En serio todo su trabajo había culminado en fracaso? ¿En serio la ciencia había sido superada? ¡Jamás lo aceptaría! ¡Jamás!

    —Tan científico, pero olvidas que somos humano, tenemos almas y corazones. ¡Y podrás con todo pero jamás contra un ideal! —Coquito que volaba con aquel paraguas se lo dijo, Aracely quiso quitárselo con la mano robótica de Sparagmos como si fuese un mosquito irritante, pero tal como un mosquito no pudo matarlo tan fácil —. ¡Vivan los seres humanos! ¡El pensar! ¡El no ser máquinaaas!

    —¡CÁLLATE, ADAM, CÁLLATE! —gritó, volviendo a lanzar un rayo hacia Madre Gaia, pero no dio contra ella sino contra otro rascacielos —. Tsk...

    Pero ahora un llanto llenó todo, aquel vino de Madre Gaia o mejor dicho de la jovencita que estaba sobre ella. Lágrima caían y lágrimas también caían de Madre Gaia, mientras una vocecita tortuosa salía de ella.

    —Basta de pelear... por favor... por favor... —gemía y lloraba Diamond, ella no quería eso, deseaba la paz. ¿Por qué la gente peleaba contra ella? Detestaba eso, odiaba las disputas y, sin embargo, parecía que la raza humana era lo único que lo deseaba —. Basta... basta... ¡¡¡BASTAAAAA!!

    —Diamond... —
    susurró Gild con tristeza, se sostuvo el pecho y se apretó aquel lugar. Había sentido el dolor de su corazón figurativamente como formalmente, por lo que sentía el pesar de aquella que él llamó su maestra.

    —¡¡¡¡¡BASTAAAAAAAAAAAAA YAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!

    Ese grito formó enormes terremotos y todos enemigos como aliados debían sostenerse de postes o cualquier sector para tener algún tipo de estabilidad. Y los agujeros de tierra que estos formaban parecían absorber a algunos desafortunados o al menos intentar hacerlo. El grito de Aracely logró alertar a todos de la situación.

    —¡El Nexo está cediendo! —dijo la militar.

    —Lánzame hacia Diamond —el hermoso joven de cabellera rubia le dijo aquello a la líder de los nerds.

    —¡¿Estás loco?! —Aracely no se podía creer semejante estupidez —. La idea no es que le des otro sirviente a esa loca.

    —En estos momentos... —
    Engel dirigió su mirada al cielo, viendo a Madre Gaia —. No hay realmente nada que perder —Aracely sonrió.

    — No sólo eres hermoso también tienes agallas —La científica inclinó el enorme robot y puso su mano en el piso, haciendo que el rubio subiera y luego voló, y tal como si fuese una pelota de baseball lo lanzó hacia la enorme abominación de paz. La energía y el aire que se arremetían contra el rubio no eran rival para su terquedad y deseo de hallar de nuevo a su maestra, a la verdadera Diamond, tal como le dijo Emil. No obstante, su plan causó desconcierto en varios.

    —¡Boludoooooooooooooooooo! ¡¿Qué haces?! —gritó la rubia.

    —¡Monoooo! —fue el turno de Sofía.

    —Cállense, weonas histéricas —Franco miró el cielo y dio una sonrisa —. Él sabe lo que hace.

    —Efectivamente —
    concluyó Reiji.

    El aterrizaje no fue elegante y más bien hizo que el rubio fuera el ganador de una herida en la boca que hizo circular una hilera de sangre que bajaba de su labio; pero no había tiempo para eso, realmente no. Engel entonces dirigió su mirada hacia cierto lugar donde ojos verdosos, el color de la vida lo recibieron. Esa mirada tan opacada por los pesares de una guerra aún lo miraban con preocupación. Y por fin el rubio hizo algo que nunca pudo permitirse totalmente ni siquiera frente a PROTO-TYPE, Genie, Seth o siquiera con él mismo: Se quebró. Ahí mismo, como un niño pequeño frente a Diamond, sollozó de tal forma que no podía controlarse, sorprendiendo a la usuaria de Madre Gaia que no comprendía porque su ángel estaba así, tan vulnerable, frágil y devastado.


    —T-Te... encontré... gracias al cielo... te encontré —susurró el rubio.

    —Pequeño ángel...

    —¡Oigan no voy a permitir que...! —
    Adam estaba conmocionado ante la idea de que ese guapetón pudiese aprovechar ese momento para asesinar a la dadora de paz, pero el nerd sintió la mano del amo del tablero en su hombro.

    —No... no nos metamos en esto —negó Dice de forma tranquila —. No debemos —Y Adam gruñó, pero asintió, comprendiendo.

    Diamond aún estaba confundida, ese muchachito llorando a sus pies, como un bebé que acababa de nacer. La confusión hizo que la inglesa se preguntara si le dolía algo y moviera su rostro para un lado, cual cachorro confundido. Nunca había visto llorar a Engel así, tan a moco tendido, como alguien que había perdido todo, tan devastado que no había palabra humana para describir su estado.

    —Diamond... Diamond... G-gracias... gracias... por todo —gimió entre sollozos el alemán, hacia la aún confusa chica.

    —Pequeño ángel... —susurró de nuevo —. ¿Por qué lloras? ¿Es qué acaso todo este escenario te resulta triste? No quiero... no quiero verte llorar.

    —N-no... no... —
    El varón se limpió las lágrimas con el antebrazo —. A veces las personas... lloramos... de felicidad...

    —No... es imposible que estés feliz en medio de una guerra... —
    suspiró la otra.

    —Estoy feliz... feliz... de haberte encontrado —confesó el rubio.

    —Odio que este mundo sea un lugar de locos —dijo Diamond —, lo único que quería era unir a todos, y no puedo lograrlo.

    —Lo hiciste...

    —...

    —Sólo observa... todos... estamos unidos...

    —Pero... para pelear... para...

    —Es porque somos seres humanos... las guerras nos unen, no sólo nos separan, porque cuando los números se quitan sus máscaras y los héroes bajan sus espadas... todos somos iguales —
    interrumpió el rubio, Diamond guió su mirada hacia abajo, viendo a todos esos individuos cansados que eran enemigos, trabajando juntos.

    —N-no... no puedo comprenderlo...

    —Gracias... Diamond... gracias... —
    Y volvió a llorar, abrazando a la chica, la fémina se sorprendió.

    —I-Incluso si... si... soy un monstruo ahora?

    —Para mí tú siempre... siempre... serás genial... —
    sonrió.

    Esa sonrisa, esa encantadora sonrisa, ahí estaba Herzel. Él nunca había partido, su ideal, su amor por los débiles seguían aún rondando este mundo de locos lleno de injusticia e inclemencia. Los seres humanos seguían ahí, ocultos entre los escombros de una sociedad teñida de guerra y dolor. La chica en los brazos del otro lloró. Sollozó tan fuertemente justo como había hecho Engel. Los monjes iniciaron a liberar lágrimas de sus ojos espectrales, al igual que todos los revividos aliados de Diamond que no pudieron evitar llorar como si la tristeza de su diosa ahora fuese la suya.

    —Yo solo quería que todos estuviésemos juntos... que nadie sintiera dolor... que ni la muerte pudiera separarnos

    —La muerte... no nos separa —
    la fémina se sorprendió ante las palabras de su aprendiz —. Nos une, no importa quién seas, tu poder, tu bando o tus ideales, todos vamos a morir...

    —E-Eso es horrible...



    —No... porque así... nos volveremos a hallar todos, en el más allá...

    Recuerdos innumerables del hospital, de Herzel, de sus amigos, de la academia. Todo se vislumbró en su cabeza de un momento al otro y pudo ver su reflejo en los ojos azules del rubio que le dedicaba una sonrisa triste esos ojos cristalinos que la veían con un amor y gentileza tan únicos que Diamond sentía como propios como si ese ángel hubiese visto en sus ojos lo que ella vio en los propios. Una comunión de pensamientos donde Diamond entendió lo que era la verdadera empatía.

    —Engel... tú... —Lágrimas volvieron a llenarla, pero Engel no rompió su abrazo en ningún momento.

    Madre Gaia se desvaneció en fragmentos de luz junto a sus monjes, los revividos también estaban desapareciendo pero seguían ahí. Todos fueron donde Diamond y la abrazaron, a medida que sus cuerpos se desvanecían, se alejaban en polvo, incluso si la muerte había teñido sus existencia, el amor que poseían por ella seguía y la gema sintió aquella calidez humana que creyó hubiese desaparecido para siempre.

    Hasta que ellos se fueron, todos ellos, y ella seguía ahí. Sola.

    No. Con él. Entre todos los muertos alguien la abrazaba. Alguien vivo: Engel.

    El rubio vio a su alrededor, muchos estudiantes de todo tipo, nacionalidad e ideales, una cantidad digna de un ejercito rodeando a Diamond, un ser que lloraba en sus brazos. Diminuta, pequeña y ahora vulnerable. Ella fue hasta el oído del varón de hermosa apariencia y le susurró algo. Engel abrió grandemente sus ojos, pero asintió con una sonrisa cálida.

    —De acuerdo... —y ella sonrió. Una sonrisa que ignoró el ejercito sobre ellos.

    Y todo volvió a seguir su rumbo, cuando alguien caminó de entre la multitud.

    —Es momento de la ejecución —Esa voz fría y casi inhumana solo podía pertenecer a alguien: El demonio de los hilos. Engel se negó ante tal orden.

    —¡Jamá- —Pero fue sostenido del brazo por la muchacha que le dedicó una suave mirada y le sonrió.

    —Quizá nos veamos allí... —Pero no, alguien jamás iba a aceptar eso, el chico de hermosa apariencia se puso delante ignorando al demonio de los hilos, no, a todos los estudiantes de Durkheim que querían una ejecución o que no lucharían en contra de ésta. Jihyun se sorprendió por la valentía o quizá estupidez del hermoso varón, incluso si sabía los verdaderos motivos de éste—. ¿...Engel?

    Una pelea con un resultado obvio se pudo materializar, pero algo detuvo la acción bárbara. Eran pasos que abrieron paso entre la multitud, de ahí venían rostros conocidos: Lionel, Mario y un cobarde Phantom Skater escondido tras las espaldas del gran gitano que al venir causaba un rostro de disgusto en su hermano menor. Aquel escenario pero no bajó la atención que los números tenían de su entorno, la cantidad de aliados era menor y un posible aprovechamiento del actual líder del consejo podía determinar que no habría una sola ejecución sino varias, por lo que se prepararon ante cualquier fin de tregua. Sin embargo, alguien vino desde otro lado, más cansada pero cuya presencia aclamaba no solamente a una individuo sino a varios que la seguían como escoltas. Lucifina había regresado del Imperio Ichi, luego de que la gran figura celestial había desaparecido y así la emperatriz Ichiko desistió. La albina estaba agotada pero seguía presente y su sonrisa seguían tan perenne como sus números la vieron por última vez. Eso provocó ovaciones de los números, que vieron a su líder salir siempre brillando de cualquier desgracia.

    —¿Tú qué haces aquí, maldita Orochi? —Claro, no todos estaban alegres y sin duda Jihyun hubiese preferido que esa zorra morise.

    —¿Oh? ¿Alegre de verme?

    —No diría alegre, maldi-


    El asiático mayor no pudo terminar su frase, cuando todos pudieron ver algo caer del cielo. Era una estela luminosa que pareció haber abierto el cielo en dos partes y delante de ellos estaba cierto ángel de alas doradas. Jihyun puso sus manos en su cadera y bufó algo molesto.

    —¿Adrien? ¿No deberías estar en Castlelot? ¿No me digas que te aburriste? Pfff... pudiste haber ayudado, pero preferiste resguardar familiares, mocoso indeciso. Por eso siempre digo que eres un idio-


    Adrien volteó, y en vez de ser recibidos por esa mirada color fresa alegre e infantil. Algo en su lugar pareció haber tomado todo de él. Algo sumamente aterrador.

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    —El vestigio lo... —gruñó Jihyun y fue interrumpido por los gritos de los familiares.

    —¡EL GENOCIDA! ¡EL GENOCIDA! —Incluso Wind y Mist se abrazaron entre ellos.

    —Pero qué... —El coreano volvió a ser interrumpido cuando una voz potente que le hizo obedecer en el acto hizo acto de presencia.

    —Aléjense inmediatamente de Adrien —Era Lionel.

    Nadie supo por qué el líder del consejo dio tal orden, pero pudieron vislumbrar claramente sus motivos cuando el francés penetró el suelo con Metatrón y una oleada de tierra pareció haber sido totalmente aspirada, todos corrieron pero la fuerza de atracción del olvido los guiaba para atrás, para fortuna de muchos, Mario sostuvo a varios, sobre todo a los más gráciles como Reiji o Emil. Y los más cobardes como Phantom Skater se abrazaban a las columnas de algunos edificios sobrevivientes de Ex Land.

    Y ahí, como una rosquilla invertida una gran parte del Nexo de muchos kilómetros había desaparecido dejando en el centro un pedazo de tierra donde Adrien, Diamond y Gild estaban. El alemán intentó mantener atrás a la gema que no comprendía qué estaba pasando. Adrien sostuvo nuevamente a Metatrón y con ella señaló a la albina mientas sus ojos brillaban de un profundo carmesí.

    —Debo... debo... ¡¡ERRADICAR EL MAL!!

    La doncella se hierro del varón que protegía a la gema se materializó y Gild ignorando los gritos de la piedra preciosa se arremetió contra el otaku, Diamond inmediatamente rememoró lo sucedido con Jaspe, sobre todo cuando el otaku de luz sostuvo con una aura luminosa que tal como una cuerda rodeó al varón y su doncella de hierro que fueron mandado lejos, en la zona eliminada del Nexo que ahora era un abismo aún más profundo de lo que Aracely hubiese podido acceder con Sparagmos.

    —¡Pequeño ángel! —gritó la gema.

    Muchos monjes de Madre Gaia salieron del grito de la fémina que fueron hasta el rubio de nombre angelical y lo guiaron fuera del abismo, expulsándolo fuera de aquella porción de tierra donde los otros rodeaban el sector. Engel cayó al suelo, siendo sostenido por Klaus y Rengnar que le preguntaban sí estaba bien.

    —¡Suéltenme! ¡Debo ir! ¡Diamond está sola...! ¡Debo... debo...!

    —Eso es muy peligroso —
    negó Lionel.

    —¡No me voy a quedar mirando! ¡Esta no es una ejecución! ¡Es vil asesinato! —gritó el rubio de hermosa apariencia.

    —Si caen a ese abismo no podrán regresar, tan solo descenderán en el olvido —explicó con tranquilidad, una calma que a cierto dracónico le daba asco. Ese tipo incluso en situaciones así, según Rengnar, denotaba una soberbia tremenda y eso le repugnaba en cualquier sentido.

    —¡Esas son puras patrañas de viejo! —vociferó el dracónico, volviéndose aquella colosal criatura alada.


    Y decidió desobedecer, sobrevolando aquel misterioso e infinito abismo, la energía que desprendía era bastante extraña como si lo expulsara hacia atrás, pero el continuó con todas sus fuerzas, dando un gran rugido. Iba a demostrarla a ese viejo que estaba confundido, que ningún abismo de quinta era rival para sus alas y su poderío. Pero vio algo desde abajo, muchos ojos, demasiados que pestañeaban y de él salió un enorme tentáculo rojo que lo rodeó. Todos intentaron correr y ayudar a Rengnar, pero la barrera de aquel lugar los expulsaba o los atormentaba con pensamientos aterradores. Rengnar no pudo ver mucho, sólo escuchaba muchas voces inconexas que no decían nada coherente. Antes de dar un gran gruñido de dolor, muchas magulladuras iniciaron a formarse en su cuerpo. ¿De dónde venían? Hasta que pudo ver que la oscuridad rodeó esos ojos. Sí, era oscuro como el espacio y tal como éste habían objetos brillantes similares a estrellas. Bajo ese abismo había algo, algo increíblemente poderoso, y fue gracias a esa oscuridad espacial que fue arrojado fuera donde cayó causando un pequeño sismo debido a su gran tamaño.

    —¡Rengnar! —gritó Andrés, yendo donde su amigo que se hallaba llorando y lleno de heridas.

    —Lo vi... vi algo abajo... era una pelea... una pelea... —era lo único que podía decir, viendo sus manos, estaba asustado. Demasiado aterrado, incluso ignoró sus heridas.

    —¿Pero qué demonios...? —El colombiano decidió acercarse al abismo, tocando parte de éste, pero inmediatamente se alejó cuando enormes heridas llenaron todo su brazo. Y luego gritos, muchos gritos, que hicieron que la mente del número tres se sintiera asediada por voces. Había visto muchas mentes ruidosas, pero aquello no era una mente, eran muchas, demasiadas, como fusionadas de forma inconexa y que le causaban una tortura mental que le obligó a alejarse lo más rápido posible —. ¿Q-qué es esto...?

    Un caos desconocido donde todos estaban aterrados. Nunca pensaron que el aliado causase más terror que el enemigo, y en aquellos momentos no sabían qué sucedería. El misterio, la angustia y la incertidumbre volvió a tocar el cielo de Durkheim.

    Rengnar dio un par de pasos hacia atrás, aún su sangre estaba helada por lo que acababa de ver, su voz estaba bastante temblorosa.

    — A-A-Abajo de nosotros... H-Hay... Hay... Hay una guerra... ¡Una guerra! -

    — ¿Qué más viste, Rengnar? -
    Lucifina dio un paso al frente, no preguntó con el tono de una chica sedienta de conocer lo que hay más allá de los límites de la frontera, sino como queriendo que el chico confirmase algo que ella ya sabía.

    — ¿V-Ver más? - el chico dracónico tragó saliva — U-Un... un ojo... y juro... juro que dirigió su vista hacia mi, era un ojo negro, tan negro como el universo mismo... -

    — Je, ese, mi querido Reng, es Toxic -
    un silencio sepulcral se posesionó de cada uno de ellos por unos tres segundos antes de estallar en un grito de incredulidad.

    —¡T-T-Toxic! - Rengnar se tomó el pecho con la mano y volvió a ver aquella grieta (si se le podía llamar así a lo que había causado el ángel del olvido) —. ¿Q...Quieres decirme que...? -

    — Exactamente -
    Ahora fue el turno de Lionel de acercarse a lo que parecía ser el "centro del escenario" —. Toxic se encuentra en el núcleo del Nexo, cuya entrada es el trono real — Era información demasiado densa como para poder procesarse en esos pocos segundos, es más, era algo muy chocante, pero fue nuevamente Rengnar el único que logró articular palabra ante dicha instancia.

    — O sea... viejo... ¡ERES UN FRAUDE! —Ni siquiera la frase de confrontación del número logró sacarle alguna reacción al tosco rostro de Lionel —. ¡Tú ni siquiera sellaste a Toxic! ¡Dejaste sola a tu arma para enfrentarse a ese monstruo! ¡No eres más que un cobarde que dejó su trabajo a otros mientras tu vienes acá a refugiarte como perro faldero! -

    — ¡Suficiente, Reng...! ¿Eh? —
    Lionel cruzó su brazo para decirle a Lucifina que callase, el varón entonces avanzó hasta estar frente a frente con Rengnar y se retiró la camisa, el chico y los demás pudieron observar un físico esculpido a base de moretones, cortadas y heridas tanto recientes como desde hace mucho tiempo. Algunas eran tan recientes que vieron como en tiempo real más cicatrices se formaban en automático frente a sus ojos como si la pelea de su arma fuese la suya propia y él continuase en ella.


    —Yo jamás me he liberado de él, si, ambos ya no compartimos el lazo de usuario y arma tal y como ustedes tienen presente, le di su propia autonomía, pero mi consciencia se quedó eternamente luchando con Toxic, a su lado, eso que escuchan en el núcleo: Es mi mente, es Psyche -

    —P-Pero... —
    Akane sudaba frío también, pero ella no lo ocultaba con rabia como Rengnar lo hacía —Si Toxic en realidad no está sellado y si está luchando con Psyche... ¿Psyche puede perder? — el varón negó con su cabeza, pero aun así la muchacha no logró calmar su ansiedad.

    — Psyche controla el tiempo, encierra constantemente a Toxic en un bucle donde pelearán hasta la eternidad —Lucifina agregó también un par de palabras, aunque un poco más desalentadoras.

    — O hasta que Psyche sea consumido cuando los bucles terminen -

    — Lo inevitable será inevitable —
    De pronto el ambiente comenzó a sentirse pesado, casi hasta lúgubre uno podría decir, y es que, saber que Toxic, aquella bestia que casi acabó con la academia estuviese ahí bajo sus pies los ponía en un estado de ansiedad.

    — ¿Toxic aquí abajo? -

    — No, tiene que ser una broma? -

    —Si caemos ahí... será nuestro fin -

    —¿C-Cómo no nos dimos cuenta antes? -

    —Todo este tiempo... hemos estado bajo Toxic, bajo su merced... -

    —Pero Psyche nos protegerá ¿No? -


    De pronto sus pensamientos fueron cambiados cuando notaron como cosas similares a brazos parecían salir de aqueel agujero sin control alguno, brillaban y gemían tan tétricamente que no sabían los demás como reaccionar


    — ¡AHHHHHH! ¡SON VESTIGIOS! - Sí, por si alguien ya lo olvidaba, no, Phantom Skater se mantenía entre todo ese grupo, tan temeroso como siempre, aunque ahora si había razones para hacerlo.

    — Rápido, atrás - pidió Klaus al ver como esas extremidades sin control podían hacer peligrar la vida de sus muchachos, pero como era de esperarse, quien le llevó la contraria fue Lionel al hacerles notar que los brazos cambiaron rápidamente su dirección y comenzaron a concentrarse en cierto ser de mirada feroz y alas angelicales.

    — Lo quieren halar al Alkaid, a su mundo, donde le consumirán, la voluntad del Nexo es poderosa... -

    —¡SEMPAI! -
    Jesús corrió rápidamente con las intenciones de salvar a su nuevo amigo, pero algo lo evitó, no, mejor dicho, alguien, fue su propia katana, quien se rehusaba, no solamente ella se sentía rara en presencia de dos seres que prácticamente podían ser considerados dios y demonio dadas sus capacidades, el otaku lo sabía, el mismo temía, pero Hikari le recordaba lo que sucedía con solo acercarse a ese otro plano; más entre su indecisión, una persona y arma estaban completamente dispuestos a hacerlo.

    —¡GILD! - Se escuchó el grito de todos que intentó aplacar el que el mismo chico creaba con su voz, le importaba muy poco su vida, no, no es eso, pero si no hacía algo, Diamond.... ella...

    —¡YA VOY, DIAMOND! ¡NO TE DEJARÉ A SU MERCED! ¡JAMÁS! - Las cadenas de Gilgamesh se enredaron en sus manos, volviéndose látigos dispuestos a alcanzar hasta la torre más alta del mundo, la voz del médico llegó a oídos del ángel del olvido quien n oestaba en sus cabales, miró al chico lleno de determinación y a pocos metros de llegar a la fisura que había creado, levantó una de sus manos la cual brilló como el lucero matutino y la extendió en la dirección de Gild, reteniéndole en su sitio, de pronto los gemidos y gritos de dolor fueron acompañados por el mismo de Gilgamesh, quien comenzaba a desvanecerse para sorprender a todos.

    —Sin arma, el ser humano es inofensivo, jamás levantará la mano en su contra... en mi contra. El bien jamás será derrotado-

    — S-S-Su arma, ¿Acaso? -

    —No -
    Jihyun le contestó a Kristina quien seguía estupefacta —. No está matando su arma, está... sellándola -

    —¿Sellándola? ¿Pero dónde? -

    —En su barrera —
    le contestó Lionel a Sofía ahora —. allá en Castlelot, el único sitio donde tiene un contacto afectivo positivo —Gild estaba pasmado, pero no, ni siquiera con eso iba a dejarle cumplir su propósito, si algo no se le podía desacreditar a Gild eran sus agallas y fuerza de voluntad, tras haber sido sellada su arma, Gild no paró en su intento de saltar aquel abismo, aun cuando su éxito era de un 0%, no iba a desfallecer, estuvo a punto de llegar al borde donde incluso ya comenzaba a sentir los cortes cuando Fibrous logró alcanzarle y apresarlo con sus propias ropas, Andrés lo terminó atrayendo usando su propio conjunto de hilos, más el hermoso Gild se resistía.

    Esto hizo que Adrien siguiera viéndolo con desdén, volvió a levantar su mano, esta vez cinco pequeñas estelas de luz brillaban en cada punta de sus dedos.

    —Los que entorpecen mi labor, deben desaparecer -

    —¡¡¡NOOOOOOO!!! -
    Sin perder aquella mirada sombría, el ángel miró a Diamond, sus ojos ya no eran las de aquella dama que buscaría la paz a costa de lo que fuera, ahora se le notaba como una muchacha ordinaria quien parecía estar segura que había cometido un error, pero que quería que nadie más que ella recibiese el castigo que se merecía.

    —Por favor... perdona a mi pequeño ángel, él... El no ha cometido mal alguno -


    Todos los demás estudiantes miraban desde lejos lo que estaba sucediendo, podían observar como la chica parecía intentar detener ese intento de ataque de Adrien quien simplemente bajó su mano cual autómata.

    —Mi labor... es erradicar... la maldad

    “Porque la maldad debe ser eliminada. ¿No, suprema serafín Metratón?”
    “...”
    “El silencio divino aclama la ejecución de los demonios”

    Un parpadeo de Diamond fue suficiente para ver como Adrien desaparecía de su rango de visión y sentir como una luz penetraba su estómago, y el ángel del olvido a un costado suyo.

    —El olvido no es meritorio para un ser como tú — Diamond escupió una gran cantidad de sangre a pesar de haber perdido ya también producto del empalamiento lumínico, la consciencia se le escapaba rápidamente a la dama quien con sus últimos segundos de vida logró articular un...

    "Y...Ya v... veo... tú..."

    No se inmutó tras la breve sonrisa que le otorgó antes de perder el aliento de vida y caer en su propio charco de sangre, no tenía contemplación para nadie más

    "Los crímenes graves merecen castigo
    Los crímenes menores merecen castigo
    y soy solo yo quien puede otorgar perdón"

    Sus oídos poco a poco comenzaron a escuchar algo que gradualmente llegaba a su cerebro, era.. era... ¡Era su nombre! - Volteó a ver atrás, todos los estudiantes gritaban su nombre, pero... pero no eran coros de victoria, no, para nada, lo sabía, lo llamaban, pero... pero no, no era lo que esperaba...

    — ¿Por qué? - Se llevó una mano a la cara — ¿Por qué? He erradicado al mal —Miraba por el rabillo del ojo, no eran rostros de consuelo —¿Por qué? ¿Por qué...? - Volteó completamente y les miró a todos con esos ojos que lo consumían inclusive a él mismo.

    — ¡¿POR QUÉ ME VEN ASÍ?! — Fue hasta que miró como todos ellos se tensaban que algo dentro de él reaccionó, uno de sus ojos rojos sedientos de sangre se alteró y volvió a ese color dulce y azul, dio un paso hacia atrás por mero reflejo y escuchó un charco, miró abajo... sangre que manchaba la suela de su zapato, abajo, una Diamond con un agujero prácticamente en su estómago y sus ropas, salpicadas en su propio líquido vital, miró sombras sobre él, eran las extremidades que no dudaban en moverse muy cerca de él, buscando como llevárselo al Alkaid, los gritos y murmullos y zozobras de los vestigios lo rodeaban, y abajo, los dos titanes más grandes que el Nexo haya dado...


    Todo esto era demasiado para él, su respiración se aceleró y su rostró mostró la desesperación creciente en él, dio un grito gutural que hizo su cuerpo iluminarse como una chispa, pero eso no fue suficiente, fue un resplandor tal que todo alrededor suyo quedaron cegados por unos breves momentos, como si una lámpara fuese encendida directamente en sus córneas, el área que rodeaba al joven ángel mostraba pequeñas estelas de luz que flotaban en erráticas direcciones, les dio la espalda a todos y extendió sus manos, el espacio se fragmentó para mostrar una grieta y luego, un portal en el cual se arrojo a su interior, acompañado con una buena cantidad de fragmentos de luz que le acompañaron al otro lado, antes de que cualquier otra persona pudiese decir algo más, el portal se cerró y, donde alguna vez éste se abrió, comenzaron a caer estrellas fugaces, dando un escenario bastante bello, como si nunca antes hubiera pasado algo....

    Pero si ocurrió algo...

    El fin de una lucha contra una paz corrupta... con un desenlace más amargo de lo que uno podía pensar, después de todo, se podría considerar como una "táctica sucia" el matar al líder de la facción contraria de dicha forma tan... fría y austera...

    El coreano tomo su bufanda para cubrir su boca un momento y volver a ponerla en su posición habitual y dar pasos hacia delante, llamando la atención de todos.

    — Bueno ¿Qué diablos van a esperar? Tenemos que recuperarlo, no? Adrien no puede estar ahí rondando y... -

    — No -

    —¿Disculpa? -

    — Lo repetiré, abstengámonos de buscar a Adrien o no me responsabilizaré de lo que ocurra... —
    las palabras de Lionel cayeron como balde de agua fría a todos ,especialmente a los otakus que estaban en el lugar, pero Lionel corrigió sin pudor - No podemos hacer nada, el vestigio lo controla, es un peligro para todos nosotros en estos momentos. Además fue a Alkaid, nadie puede acceder -

    — ¿Alkaid? - preguntó el japonés

    —¿No era acaso el lugar de donde dijiste provenían esas manos que parecían ser vigías suyos? - constató Emil con una de sus manos en la barbilla.

    —¡Imposible! - Rómulo se interpuso en aquel pensar — ¿Acaso no es Alkaid la tierra de los vestigios, la tierra maldita donde solo muy pocos son los que pueden pisarla, específicamente ustedes, los líderes del consejo? - Lionel asintió.

    — Instintivamente cuando un líder del consejo sufre un profundo daño mental, abre las puertas del trono que lo absorben, Alkaid no es per se un trono o una silla, es una puerta — Todos quedaron nuevamente con otro flujo de información que no esperaban, en otras palabras... ¿Qué diablos era exactamente todo lo que se regía en el nexo? Se sentían como personas quienes jamás conocerían la verdad, pequeños peones ante las ideas de los "peces grandes".

    —Él estará bien, el portal se reabrirá en algún punto aleatorio del Nexo cuando Adrien haya perdido demasiada energía mental que impida al vestigio seguir usando su cuerpo -

    —¿Y eso nos impide mandar a un equipo a buscarlo y vigilar las zonas en donde Adrien pudiese aparecer, Lionel? -

    — ¿Te atreverías a buscar a una persona que no sepa lo que hace y que tenga el poder de borrar tu existencia sin dejar nada de ti? -

    — Si me hubieras preguntado eso antes, me preocuparía, ahora eso no es nada más que algo trivial -

    —Igual, niego todo tipo de búsquedas a Adrien hasta nuevo aviso, y si alguien quiere intentarlo, sepa que no tendrá mi respaldo, no arriesgaré gente que sé que no podrá regresar, hay que rogar que Adrien gaste toda su energía lo más pronto posible —
    en eso todo se volvió un silencio bastante feo, hasta que Mario avanzó hasta donde los líderes y comenzó a "hablarles" en su idioma natural de señas.

    — ¿Boda? - Señalaron tanto Lucifina y Lionel a la vez.

    — "Sí, creo que es el momento perfecto, después de todo, tendremos que esperar hasta que tengamos una oportunidad ¿No les parece que es la mejor manera de despejar nuestras mentes?" -

    — ¿Es en serio? —
    Phantom Skater se había metido, si, increíblemente él tenía cosas que decir al respecto —. Tenemos a un chico con poderes del olvido en estado salvaje ¿Y tú quieres una boda? —en eso Mario se acercó sonriente y peligrosamente a PS quien comenzó a temblar por ese acercamiento.

    —"¿Quiero? Oh no, claro que no, todos quieren, incluso tu quieres que se haga la boda ¿No es así, Allen?" -

    — ¡A-A-A-Ahhhh ahhh jajaja si, si... b-b-boda, es hora de bodas, bodas! Tantatarán —
    canturreó la marcha nupcial.

    —"Excelente, le informaré a Yoshi y Castiel que comiencen con los preparativos entonces, chicos, vámonos de aquí, tenemos una boda que arreglar" — pero antes de que todos tomaran el camino para regresar a Castlelot, donde sería el lugar donde la boda tomaría lugar, aplausos se escucharon, todos voltearon a ver, era Jesús, y sus ojos estaban enfocados en Phantom Skater.

    — ¿Enloqueciste negro? -

    — No wey, te estoy felicitando -

    —¿Felicitarme? No es por nada, pero esto que pasó ni lo considero una victoria, nunca lo fue, además, creo haber dicho que lo hacía no por reconocimiento, sino para salvar mi culo salvando sus culos -

    —Bueno, fueron tus indicaciones y planteamientos los que hicieron que salváramos nuestros culos y, por consiguiente, salvaras el tuyo, así que... tienes reconocimiento, wey, así que... quizás te invite a un buen taco al pastor, verás que son deliciosos -
    los aplausos que habían iniciado con el mexicano pronto se fueron sumando, era algo que debían admitir, quizás el final no fue lo que esperaban, pero el resultado fue lo prometido: sobrevivir (aunque nadie reparaba en el peligro latente de ser desaparecido, pero aunque la guerra aún no acababa, había que celebrar la batalla) esta muestra de cariño hizo que Allen se encogiera de hombros, halagado.

    ...​


    Ya todos se habían retirado de aquel área gracias a la iniciativa de Mario (en co-patrocinio con Allen -no porque quisiera-) miraba el cielo nocturno, aún la lluvia de estrellas caían en el plano celeste.

    —¿Sabes lo que significa una lluvia de estrellas, Lionel? — Lucifina se apareció detrás suyo, Lionel ni se inmutó de la súbita presencia de la muchacha quien también se había retirado brevemente con el resto de la pandilla.

    —Fui yo quien te enseñe de las constelaciones y eventos astronómicos -

    —La lluvia de estrellas significa que el cielo, no, perdón, el universo está llorando -

    —No metas sentimentalismos en esto, el universo es una entidad carente de emociones, simplemente es el ser humano quien trata de tergiversar eventos comunes en situaciones que cree conveniente —
    un pequeño silencio que se acompañó de la sonrisa de la muchacha fue el resultado de dicha respuesta.

    — Una lluvia de estrellas es simplemente una serendipia, algo que en una situación normal solo causaría gran cantidad de polvo estelar, pero por cuestiones fortuitas salen despedidas al espacio y pasan a orbitar el sol. Un descubrimiento poco común pero más majestuoso que mero polvo estelar-

    —¿Fue una serendipia acaso descubrir que su salvador no fungía como un calabozo? ¿Cómo un objeto inanimado que no era lastimado y solo tenía el propósito de vivir el resto de su vida mantener al demonio en sus cuatro paredes? ¿Darse cuenta que en realidad su salvador arriesga su vida en cada momento, como un mártir, en una lucha interminable donde el ganador está predeterminado, pero que al mismo tiempo jamás será reconocido como uno? —
    El muchacho alzó la vista a las estrellas.

    —Vivirán sabiendo esto, sin poder hacer nada -

    —¿Pero qué hay de ti? -

    —¿De mi? -

    —Tu consciencia... tú estás luchando junto a Psyche aún contra esa bestia -

    —El hecho que seamos dos individuos contra una creatura como Toxic no genera nada más que incertidumbre —
    el muchacho sacó un cigarrillo del bolsillo de su pantalón y procedió a encenderlo y dejarse caer en aquella sensación, para él, relajante —, la incertidumbre es parte de la vida, por ello mismo, no te puedo dar una respuesta salvo... que ellos estarán a salvo -

    — Lionel... -

    —Me retiro —
    el chico dio media vuelta, avanzó un par de metros y arrojó el cigarrillo hacia atrás, quedando cerca de los pies de la albina, ésta lo levantó para poder ver como el objeto se consumía lentamente, sus ojos luego se posaron en las estrellas fugaces por unos segundos antes de cerrar sus ojos.

    — Tú luchas por ellos, por el futuro, pero... ¿Quién te protegerá a ti? ¿Acaso quieres que tu destino sea este? ¿Ser consumido por tu propia convicción?... ¿Hay alguna manera de protegerte a ti?

    Y así la noche le confirmó a aquella dama que las respuestas estaban lejanas.

    [ * * * ] ​


    La caminata hacia Castlelot fue irremediablemente silenciosa. Rengnar miró a Klaus, como preguntándole si era sabio ir a la guarida del lobo ahora que todo había acabado y la tregua no tardaría en desvanecerse, el número dos miró a su señora que se veía tranquila, canturreando algo mientras conversaba con el líder del consejo que no le daba respuesta alguna y suspiró con pesar, antes de asentir. Los silencios significaban una sola cosa: Cuando el sol saliera, todos volverían a ser enemigos, pero mientras tanto y teñidos por la oscuridad de una naciente noche donde las estrellas fugaces caían en una lluvia de luz, seguirían con esa mala broma llamada tregua. Rengnar gruñó pero en cierta forma se sentía... ¿Aliviado? Era demasiado triste y quizá Diamond tenía razón: La guerra había durado tanto que muchas cosas se habían normalizado a un ritmo aterrador. Porque ahora él mismo sentía más calma de regresar a su cotidianidad que bien o mal se había vuelto esa guerra.

    Era curioso lo familiar que se había vuelto odiar al otro bando, que estar con ellos en aquellos momentos le daba una sensación de irremediable intranquilidad. En cierto sentido, la calma regresaría cuando todos persiguieran el cuello ajeno siguiendo la típica rutina que si bien sanguinaria, en aquellos momentos era lo único que conocían y le daba calma, una tranquilidad que desesperadamente necesitaba luego de haber sentido esa presencia y haber descubierto esa aterradora verdad, su mente volvió a rememorar esos eventos y tuvo que desviar su mirada, aturdir su mente e inmediatamente, como forma de evadir esos pensamientos aterradores, guió su mirada alrededor, fijándose que ninguno de los suyos hubiese caído, no obstante, algo llamó su atención: Alguien faltaba. Miró hacia atrás, pero él no se hallaba.

    —¿Alguien vio al rubiales? —dios, vio que había muchos rubios —. El nuestro... uh... —Algunos seguían confundidos —. El niño bonito, cuya belleza nos aturde.

    —Ahhh Giiild—
    dijeron varias voces.

    —Pensé que estaba más atrás —confesó realmente preocupado Klaus, que como papá oso decidió retroceder, yendo hacia el tumulto de agotadas personas, empujando a algunas mascotas y a la lisiada que se cayó, recibiendo una queja de la ranita. La cual le dio una mirada enojada.

    —Guapo, más cuidado con esos pies —se quejó la anfibia.

    —¡Lo siento! Hombre perdido! —levantó una mano con una sonrisa torpe, yendo incluso más atrás y perdiéndose entre más tumultos de personas, pero no había nadie —. Andres, ¿tienes idea? —El número tres vio sus hilos, pero estos lo guiaban a Castlelot —. Es imposible que se haya adelantado.

    —Es su arma la que está en Castlelot, él no. Esas tácticas no funcionarán —
    dijo Lionel, su voz sonaba tan seca y frívola que Klaus gruñó —. Creí haberlo dicho.

    —Siempre tan prepotente... Lionel.

    —No sonaría prepotente si ustedes se dieran el lujo de escuchar mis indicaciones, aunque tengo claro que ustedes son incapaces de seguir protocolos militares claros —
    La palabra militar resonó en la cabeza del segundo que sintió como aquello fue una forma indirecta de ofender a su familia —. Por eso estamos aquí en estos momentos.

    —... —
    Contener su furia a veces le resultaba imposible. Agradecía que sus gafas ocultaran gran parte de sus expresiones faciales.

    —Aunque todos tienden a entender mis indicaciones luego de segundas aclaraciones.

    —Hablas mucho para alguien que no sabe el paradero de su principal guardespaldas. Cuida tus pasos o podrías morir.

    —No hablas con un hombre que le tema a la muerte.

    —Dada tu situación, ni siquiera se te podría considerar un humano en estos momentos.

    —No veo lo malo en eso.

    —No es malo. Es triste.

    —Veo que tu actitud pasivo-agresiva no ha cambiado en lo absoluto —
    dijo —. Felizmente eres el único de tu familia con esa característica defectuosa.

    —Tú...

    —¡Ohhh... miren! ¡V-veo el castillo de Castlelot! —
    dijo Remy, señalando hacia delante. Su acompañante enlatado puso una mano en su yelmo, intentando enfocar lo que le dijo su homóloga.

    —Pero Lady Remy en el horizonte sólo se observa el vacío, la lejanía y el infinito. ¡Mis orbes no ven la magnificencia del ávalon de los héroes, donde los guerreros blanden sus espadas y cantan odas épicas pero llenas de templanza! —Inmediatamente recibió una mirada mortal de la chica y un codazo.

    Klaus suspiró y continuó mirando hacia atrás. El paradero del primer heredero era algo que afectaba a sus enemigos en gran manera, y que les confería a ellos una ventaja táctica, pero ahora estaban en una situación similar con la desaparición de su sexto. A fin de cuentas, lejanos de la cortina de la guerra, ambos bandos no eran muy diferentes. Pensamientos absurdos, susurró en su mente, viendo a sus aliados conversar, esas sonrisas era las únicas que quería proteger, para luego mirar a su jefa que también reía, su radiante sonrisa era un motivo válido para luchar en cualquier circunstancia, hasta subir su mirada y hallar ese sujeto de mirada soberbia. Lo sabía, su jefa siempre sonreiría viéndolo, y él sabía que donde quiera que estuviese esa sonrisa, no era él quien la causaba. Sin duda los segundos eran los primeros en perder.

    [ * * * ] ​


    Heridas que debían ser curadas, noticias tristes de caídos, y llantos se escuchó al llegar. Pero entre todo aquel malestar, habían logrado demostrar que Durkheim tenía guerreros aptos para cualquier situación. Un mix de orgullo, intriga y tristeza por los caídos llegó en cada uno de los presentes. Habían vivido tanto en tan poco tiempo, pero el sabor de la victoria para muchos era aún escuálido e insípido.

    Tal fue el caso de Aracely que vio aquello como una mera derrota para sus avances científicos, no conversó con ninguno de sus subordinados, tampoco pareció tener ganas de tener una charla, tan sólo recluyó en su Sparagmos que yacía en uno de los jardines del castillo, tenía trabajo que hacer, al menos algo que haría de forma magnífica, no como esa batalla que mancharía para siempre su historial de perfección militar. Vigilar el Nexo, no, no porque le interesasen esos estúpidos familiares que decidieron ir a sus hogares entre llantos y alegría infantil hacia el dúo de la armería, que al militar le dieron asco. Sino para individuar cualquier presencia de Adrien en el área, aunque ella lo considerase un ente predecible, era innegable su potencial de guerra y anomalías que lo hacían un objeto de estudio indudablemente valioso; sin contar su aptitud para la lucha. Vamos, ella no lo veía como buscar un joven extraviado, sino un arma de destrucción masiva irreemplazable e útil para que su bando cumpla sus objetivos. Hasta que un suspiro llenó sus labios y recibió una taza de té, esperaba que fuera el idiota de Lancelot pero había demasiados pasos para ser únicamente él. Volteó y halló a Paracelsa que se hallaba junto a sus niños, una mirada de desagrado se posó en Aracely al ver a Nidhug, pero no dijo más.

    —Buen trabajo —dijo Paracelsa.

    —Como si hubiese hecho algo —rió para sí misma —, mi plan falló.

    —Tú fuiste quien ayudó a ese niño a llegar donde Diamond.

    —¿Uh? Oh vamos, de saber que sería únicamente útil para lanzar a un hermoso rubio y permitirle darle su discurso sentimentaloide no hubiese trabajado tanto —
    tomó un sorbo de té —. Realmente no entiendo a los seres humanos.

    —Yo tampoco, pero eso es lo asombroso de ellos.

    —¡Ugh! ¡Un arma de guerra preparada exclusivamente para matarla...! ¡Y la derrotó un discurso humano y lleno de amor! ¿En serio las armas quedan nulificadas ante el poder de ese concepto sobrevalorado y anti-científico llamado 'amor'?

    —Bueno el Nexo... no... —
    Elsa negó —, todo este trabajo de impopular radica en proteger y cuidar la mente de las personas. Supongo que eso incluye sus sentimientos, emociones y consciencia como tal. Por eso la simple ciencia no nos da todas las respuestas.

    —Absurdo —
    bufó Aracely —. Sencillamente absurdo —Paracelsa quiso ponerle una mano en el hombro al que alguna vez se llamó Armando —. No me toques y tráeme más té —Cualquiera se hubiese enojado ante aquel pedido, pero Elsa suspiró y decidió ir junto a sus niños a obtener la petición de la líder de los nerds —. Y oye...

    —¿Um? —
    Antes de irse, fue detenido por la voz de la científica que no desviaba su mirada de sus pantalla.

    —Gracias.

    —Vaya la gran Aracely mostrando su lado humano.

    —No digas tonterías, soy demasiado realista para decir semejantes estupideces —
    bufó —. Eso viene del sentimental Armando. Ahora lárgate.


    Aun así invisible para muchos las heridas estaban ahí. Incluso las victorias traían tristezas que la palabra ganar jamás resanaría. Pero era cuando los guerreros reposaban en su tierra santa cuando bajaban las armas y podían arrodillarse frente a sus caídos, pidiendo el descanso eterno para esas almas que accedieron a un plano desconocido para muchos, pero al que todo iríamos a parar algún día. Tal fue el caso del hombre que se autodefinió un demonio, estaba tan acostumbrado a ver a los suyos caer que quizá en cierto momento perdió su sensibilidad, pero jamás su respeto hacia aquellos que lucharon hasta el final y en ningún momento se rindieron ante lo caótico que podía resultar la vida de un guerrero.

    —... —De forma silente, él rezaba en ese jardín que declaraba su naturaleza real: El jardín de los caídos. La pérdida de las mascotas y de su aprendiz en cierta forma lograron calar en él. Y como forma de respeto, mantuvo un silencio sacro, susurrando palabras que solo él entendería. Antes de poner en su mano en seña militar y no decir nada por un largo rato.

    —Lo lamento... —Una voz a sus espaldas hizo que voltease, ahí se hallaba su vicepresidenta: Kristina, aturdida y llena de heridas, pero viva, lo cual era poco común. Su fiel rana se inclinó en la tumba y dio un oración a los caídos que ella conoció y apreció hasta el final. Nunca olvidaría los innumerables sacrificios tal como el de Lowen que resistió por el futuro. La rubia, sin embargo, no podía siquiera darle la mirada a su líder. Rápidamente sus ojos se llenaron de lágrimas —. E-en serio... lo intenté, pero... pero... apesto como líder... m-muchas mascotas... e incluso personas... murieron, por mi culpa. Solo soy una lisiada estúpida... lo lamento... en serio... en serio... —entre gemidos y sollozos, la argentina recibió la mirada seca del coreano y luego sintió una bofetada que vino de su bufanda, la sudamericana no dijo nada. Quizá dentro de ella sentía que merecía tal trato. Pero luego, recibió algo en sus hombros, dos manos firmes que la sostuvieron en ese lugar y la miraron con fiereza.

    —Hiciste un buen trabajo —dijo con seriedad su líder —. A veces las muertes serán inevitables, pero es parte de ser líder. Aceptar que no somos perfectos y muchas veces no podremos proteger a todos. ¿Sabes? —La lisiada no supo si la sonrisa del coreano era sincera o era la de siempre dada su condición —. Estoy orgulloso de ti.

    —P-pero yo... yo...

    —¡LISIADA! ¡¿Es qué acaso estás negando lo que pienso?!

    —¡No, no, no! —
    negó nerviosa, luego se sintió fatal por responder con una negación una acusación de negación misma —. ¡O sea sí! ¡Pero no...! ¡Aghh...! —Y la torpeza de la rubia logró suavizar aquel tenso ambiente, e incluso su rana río mientras sintió una suave caricia y como la bufanda se puso en su hombro.

    “Maeve, yo brillo. Pero no negaré que tú resplandeces”

    —Oh querida, aprendí de la mejor —acordó la rana.

    Varios de las mascotas supervivientes gritaron con alegría alzando sus manos demostrando su algarabía. El jolgorio de una victoria debía sobreponerse ante las pérdidas, pues los difuntos hubiesen querido ver a sus queridos disfrutar de aquella gloria por la cual lucharon hasta el final. Y por eso mismo, Jihyun gritó junto a las mascotas y todos aplaudieron dedicándole aquello a la lisiada, aunque no sería la única que recibiría tal jolgorio pues Jihyun planeaba encontrarse con cierto moreno muy pronto para zanjar uno que otro asunto. Sin embargo, los animales felices hasta hace poco corrieron velozmente ante una nueva presencia que alertó al demonio de los hilos que volteó, pero no halló a nadie, pero al regresar su mirada a su posición inicial se encontró una radiante sonrisa llena de afilados dientes que lo alertó y que hizo saltar a la lisiada que casi tropezó. Era Mario, dando una de sus curiosas bienvenidas.

    —“Hola mi mejor amigo y mi mina de oro” —Ambos entendían ese lenguaje de señas, y negaron en automático, teniendo ambos discapacitados el mismo rostro de mosqueados ante el asocial mayor.

    —Es mejor que te largues lisiada —recomendó Jihyun.

    —P-pero...!

    —¿O es que acaso quieres tener más deudas con este tramposo?

    —Ché, tienes un punto muy válido... ¡Me piro! —
    corrió lo más que pudo la chica de las muletas junto a su rana que le dio un guiño en el ojo a Jihyun y éste le subió el pulgar mientras le daba la espalda.

    —“Qué rudo eres Jin-Jin” —suspiró el alto gitano —. “Yo que vine para ofrecerte ser el padrino de mi boda”

    —Estoy cansado, no tengo ganas, además... —el coreano miró al otro varón —. Tengo un asunto del cual encargarme ahora.

    —“¿Asuntos que tienen que ver con cierta luz francesa?” —
    el gitano dio una risa silenciosa pero indudablemente burlona —. “Es loable ese nivel de preocupación” —En cualquier circunstancia el asiático hubiese mandado al diablo a su viejo compañero de la Frank Academy, pero solo suspiró.

    —¿No es ridículo? Fui torturado por un otaku largo tiempo que creí que todos eran prepotentes con sed de dominio —contó, el gitano mejor que nadie sabía a quién se refería —, pero los otakus de Durkheim son seres llenos de vida que regalan sonrisas, y bajo esa estupidez, esa esperanza brilla tanto que... hacen que incluso ojos cegados puedan ver.

    —“Oh olvidaba que odias las sonrisas”

    —Más que preocuparme por Adrien, no quiero estar quieto viendo como alguien que me sonríe muera... de nuevo. Las sonrisas son un legado que me tortura —
    confesó, algo mosqueado, pero su bufanda cubrió más su cuello. Se preparó para irse luego de decir eso, pero el gran gitano sostuvo su mano —. ¿Qué quieres?

    —“Era en serio que te quería como mi padrino. Y no aceptaré un no como respuesta, incluso Lionel tuvo que desistir a la idea de no ser mi sacerdote”

    —No hay motivos para ser yo tu padrino.

    —“Realmente sí” —
    dijo entre señas —. “Es porque estás podrido”.

    —Sí.

    —“Justo como yo”

    —Tsk... no es como si me pudiera negar, ¿no?

    —“Ya nos vamos entendiendo”

    —Imbécil.

    —“Por cierto...”

    —¿Um?


    Mario estiró ambas manos y extendió sus anulares, para luego moverlos varias veces, el coreano dio una suave sonrisa sonrisa e imitó el mismo movimiento, y un coro suave de “Ahhh” llenó los labios de ambos, silentes en Mario pero detectables, el saludo secreto de la Frank Academy. Porque como una vez se dijeron alguna vez: Incluso las aves carroñeras sueñan con volar. Y diciendo eso, el asiático se separó con la promesa de ser el padrino de esa boda que pronto se verificaría, aunque ahora mismo esto fuese una muy extraña recepción. Una que él mismo usaría de una forma diferente a lo habitual. Y fue así que sus pasos lo llevaron a la armería donde recibió miradas confusas de cierto par en armadura y una figura nueva, cierto moreno que se esperó una reprimenda, pero tan sólo vio una mano extendida.

    —¿Eh? ¿Tienes algo eléctrico ahí y me vas a dar una descarga? No wey, en serio, me esforcé, pero los enemigos estaban chingando, sobre todo ese coquito que insistía más que el peje relanzándose en las elecciones. Hasta juraba que el morro iba a votar por el AMLO.

    —No, estúpido. Te estoy agradeciendo.

    —¿Por qué? Ni siquiera pude evitar que mi sempai se fuera... y tardé tanto que el vestigio... —
    Sí, un aire de culpa se sentía en el moreno y el otro par de otakus se sentía igual.

    —Protegiste a la lisiada y las mascotas. Hay motivos muy válidos para agradecerte. Tu luz fue esencial para las tropas y estoy seguro que supiste mantener la moral de ellos en alto.

    —N-no... realmente no pude proteger totalmente a Kristina, mi arma se oscureció y mira... todo el desmadre para que al final mi sempai se fuera, soy un pésimo otaku, realmente siento que defraudé a mis carnales. Además tuvimos pérdidas, ese vato con los dados nos chingó feo.

    —¿Y vas a continuar? Sigues vivo, protegiste a los que pudiste y aún eres capaz de subir tu mirada y hablarme, mirándome a los ojos. Eso es suficiente motivo para sentirte orgulloso contigo mismo.

    —W-wey... uh... me sonrojo y to' —
    dijo el moreno, pero inmediatamente bajó su mirada —, pero no me perdonaré haber tardado tanto que hice que mi sempai fuese consumido por el vestigio y ahora no sabemos a dónde chingados se fue.

    —Sí, esa es una pena que tú y ese par deberán pagar de alguna forma.

    —... Somos unos fracasados... —
    suspiró Remy, recordando su debilidad en Water Kingdom. Rómulo le puso una mano en su hombro —. Somos los otakus de Durkheim. Su orgullo principal pero no pudimos estar a la altura de la situación y por eso nuestro líder tuvo que venir a nuestro rescate.

    —Oh... el serafín perdido en medio de un infierno desconocido al cual no podremos acceder sin ser devorados por la llama de la incertidumbre.



    El coreano caminó y se dirigió hacia la pizarra de la armería que servía para dibujar en situaciones en que las tácticas de guerra debían llegar a un grupo numeroso que necesitasen una guía visual. Sin esperar más, el asiático miró hacia el suelo, y luego hacia la enorme pizarra, en la cual puso sus uñas, formando un sonido irritante para los oídos de los otakus y luego volteó.


    —¡¿Y SE VAN A QUEDAR AQUÍ COMO IDIOTAS LAMENTÁNDOSE?!

    —Sempai... —
    susurró el mesías.

    —Son los otakus de Durkheim, sus proezas llenan la historia de esta academia. ¡Son temidos en la Mary Academy e incluso los de la Frank Academy susurran sus roles con miedo! Son aquellos que no perecen incluso cuando todo parece perdido, los otakus de Durkheim no se quedan con los brazos cruzados. Ellos desafían todo lo impartido, ellos crean los sistemas, rompen las reglas y crean nuevas. Ustedes son el futuro de este lugar, son la luz que nos ilumina a la meta. Ustedes, ¿realmente se van a quedar aquí sin hacer nada? Pfff... —el varón señaló a los presentes —. Mañana partiremos y buscaremos a su líder. Si los enemigos aprovecharán la situación para hacerse con él, les demostraremos que nosotros los elegidos del león negro siempre estamos acechando y nos adelantamos a todo lo que se nos avecina.

    —Pero Lionel-sempai... ugh... él dijo... —
    Oh sí, ahora Remy estaba nerviosa.

    —Ustedes otakus... ¡Rompen lo establecido! ¡El sistema! Por eso mismo seremos el equipo de búsqueda sin importar el protocolo. No perderemos a ese bastardo de Adrien, a fin de cuentas ustedes... ¿Permiten que los suyos perezcan?

    —¡Jamás! —
    Se levantó el mesías —. Recuperaremos a Adrien-sempai.

    —¡Sí! ¡Oh! ¡Somos los elegidos del ángel de la guerra, dispuestos a desafiar todos los mandamientos para recuperar la luz de nuestro cielo disperso! ¡Seguiremos incluso al demonio caído para explorar el inframundo profundo y así hallar a nuestro maestro de nuestros días juveniles! ¡Porque cargamos el espirítu de Durkheim! ¡Uno que nunca se rinde! ¡Uno que nunca perece! ¡Somos los otakus de Durkheim! ¡Y jamás nos rendimos! ¡Incluso si para eso seguiremos el culto maldito de los hilos! ¡Recuperaremos nuestra luz, a nuestro mentor, a nuestro progenitor de armas! ¡Lo juro por mi hacha de metal que resplandece y refleja los deseos de conquistar la gloria, hallar la luz y proteger a los justos!

    —Pues... ¿No puedo decir que no, cierto? ¡Ja! Pues sí, mañana limpiaremos nuestras armas y regresaremos a la acción —
    completó Remy.

    —Ahora si suenan como sus aprendices —dijo el coreano —. Mañana será su día cero —y diciendo eso, se retiró, habiendo recuperado la luz de aquel Durkheim que en el pasado odió, pero que fue ella misma la que le concedió esa libertad y lo acogió incluso si era, como lo llamaban los otakus, un demonio.

    Quizá fue ese mismo espíritu que no tardó en poseerlo a él mismo. Oh dios, ahora se sentía repugnante y al cerrar esa puerta se sorprendió al hallarse a alguien. Ahí estaba, aquel que lo acogió como uno de los suyos y le dio la oportunidad de estar en esa escuela llena de gente estúpida, pero tolerable en cierto sentido. Claro, no todos. El coreano miró al varón, era ingenuo creer que éste no hubiese escuchado nada más considerando que los otakus eran sus principales cachorros, y el león alfa no permitiría rebeliones en la manada y más por una hiena, como él mismo se definía.

    —No me quedaré de brazos cruzados. No es mi estilo.

    —Ya veo —
    contestó Lionel.

    —Incluso si prometí seguir tus órdenes, no le daré ninguna ventaja a los del otro bando. Me da igual si me castigas.

    —No haré eso —
    negó —. Es tu decisión y la respeto.

    —...Independientemente de todo siempre admiraré tus dotes de líder, y ahora más que nunca confirmo que lo eres. Lamento si yo jamás seré como tú —
    y se retiró, dándole la espalda a su jefe, Lionel solo se quedó viendo la estela que dejó su segundo al mando.

    —Ya lo eres —confesó —. Y tu halo ahora brilla más que nunca —Susurros que no llegaron al asiático y que el varón de hebras teñidas de negro murmulló antes de retirarse él mismo hacia un lugar desconocido.

    . . . . ​

    Lejos de las multitudes, una dama se hallaba en un jardín viendo algunas hortensias, sosteniéndolas. Su largo cabello negro caía delicadamente por su rostro y ella estaba inclinada viendo esas bellas flores sin dedicar palabra alguna a sus aliados. Ignorante del hecho de que estaba siendo observada por alguien que estaba tras a un árbol y que parecía no sentirse con el suficiente valor para acercarse a la dama vestida de blanco que reveló ser una fuerza esencial en esta guerra, incluso bajo esas vestes de monstruo destructor, Barbara había demostrado ser una heroína, destructiva y carente de piedad, pero lo era; incluso si sus miedos y angustias habían quedado tan oculto en su interior que a primera vista daba la sensación que no fuese humana pero lo era. Y ahora como su aliado, un aliado real, Rengnar la miraba con otros ojos. Realmente quería acercarse y hablar de lo sucedido. Habían muchas cosas qué decirse, pero decidió ir a un lado opuesto y dejarse llevar por su inseguridad. Sin embargo, fue interceptado por alguien lleno de vendas, tal y como él, o los demás guerreros independientemente de su bando. Aunque el individuo que observaba ahora no le causaba temor sino una sensación de familiaridad y tranquilidad: Era Klaus que lo recibió con una sonrisa y puso una mano en su hombro. Rengnar no negó tal demostración de compañerismo.

    —No puedes hablar con ella, ¿no?

    —Ya habrá un momento... este no es el adecuado.

    —Imagino que el tema es... Max, ¿no?

    —...Sí.

    —¿Piensas en él? —
    El número dos logró que el chico dragón subiera su mirada algo entristecido —, lamento todo esto, ver morir de nuevo a Max seguro fue increíblemente doloroso.

    —Estoy bien —
    comentó Rengnar, subiendo sus hombros y acomodándose sus gafas negras —, en serio, realmente todo está bien.

    —Baja tus gafas —
    ordenó Klaus, recibiendo el rostro confuso de la salamandra alada que completó el gesto, recibiendo un suspiro de su superior —. Tratas de contener tus lágrimas, ¿no?

    —¿C-cómo lo sabes...?

    —Te conozco, lamento mucho lo de Max, en serio.

    —Oye, me puedes conocer y seré muy cabezota, pero creo que desde que inició este putiferio... no, mucho antes, desde que murió Magnus y luego Max, he ido cambiando poco a poco —
    ahora el rostro de duda correspondió al alemán —. Quiero a Max, siempre lo recordaré como una persona increíble. Independientemente de todo, sí, era un caníbal, también lo fue Magnus, pero el Max que yace en mi memoria aún es alguien bueno y a quien admiré tantísimo. Eso nada ni nadie lo cambiará, mis experiencias, recuerdos y sueños son únicamente míos y como tal los atesoraré. Max jamás se irá de mi corazón.

    —Rengnar...



    —No obstante, quiero mirar al futuro, por él, por Magnus, por Cris y por Francisca —se dio un golpe en la cabeza —,... dios... me he quedado tan atascado en el pasado, que ignoré que en este momento, ahora mismo, tengo gente que amo y por la cual quiero vivir. ¡Maldición! ¡Sí! ¡Sueno jodidamente sentimental... pero...! Agh...

    —Tranquilo, compañero —
    le sostuvo el hombro y el muchacho bajó su cabeza —, quedará entre nosotros.

    —Todos fuera de este Nexo todos tienen familia o brazos cálidos que los esperan y por mucho que me convenciera que yo no... uh, eso no es cierto... ¡Extraño a mis hermanos los motociclistas! ¡Extraño mi motocicleta! Incluso extraño ese camper asqueroso donde vivíamos y mi cama que eran un cúmulo de almohadas malpuestas, agh... por eso me voy a esforzar para que ganemos y esta guerra acabe. Quiero poder vivir... quiero volver a ser feliz como cuando estaba con Max, pero quiero que mi felicidad ya no dependa de otra persona... ¡Quiero ahora ser feliz por mi cuenta!

    —Suena como un buen plan.

    —Pero que por mi cuenta no significa que me aislaré, quiero ser yo... con ustedes.

    —Nosotros...

    —¡Sí! ¡Son mis amigos maldición! Hay tantas cosas que quiero hacer aquí saliendo. ¡Con decirte que hasta planeo mostrarle mi motocicleta al peruanito! Seguro lanzará una de sus expresiones peruanas raras y será divertido ver su cara.

    —Rengnar...

    —También le haré probar uno de mis platos mejores, pfff... lo que haya probado de mí quedará nulificado, en mi camper tengo más ingredientes.

    —Rengnar...

    —Obvio contigo y los demás también, incluso invitaría a Andrés.

    —Rengnar... todo eso se podrá hacer, bueno, casi todo.

    —¿Casi todo?

    —No sé si lo sabes...

    —¿Saber qué?

    —Son rumores y los escuché en la reunión, pero al parecer Franco y los demás vienen de una línea de tiempo diferente a la nuestra. Por lo que en el peor de los casos, tendrá que partir. Esta no es su línea, y tarde o temprano deberá irse con los suyos, con su gente, con su familia y amigos. Y debemos respetar su decisión.

    —¡Yo también soy su amigo...!

    —Lo sé, yo también, pero hay cosas que no podemos evitar y cualquiera en su situación sé que tomaría la opción de partir, allá, en su tiempo está la gente que ama, su mundo, las cosas que conoce.

    —...Ya veo...

    —¡Pero no te deprimas! Si él viene del futuro podrías volver a conocerlo y...

    —Klaus... el futuro es como un árbol lleno de ramificaciones, ni siquiera me puedes asegurar que mi yo del futuro lo recuerde y aún si fuese así... yo no soy mi yo del futuro. Yo soy yo... no seré yo el feliz, será otra persona. En otro momento. Serán sus sentimientos. No los míos.

    —Rengnar...

    —Pero está bien —
    se volvió acomodar las gafas negras y asintió —, estoy acostumbrado a aceptar que la gente parta —subió sus hombros —. Aceptaré su decisión y le daré una patada en el trasero cuando se largue. Viviré. ¡Soy muy resistente! —dijo, recordando las palabras del nuevo seis —el varón quiso retirarse, pero una risita de Klaus logró detenerlo, miró de reojo hacia sus espaldas viendo a Klaus sonriente.

    —Cuando fuimos a Niflheim fue para darle la máscara a un número de una cifra. Me alegro que de ahí salieran dos. Has madurado mucho.

    —Pues madurar duele.

    —Sí.

    —Pero se vive.

    —Siempre.


    Ambos juntaron sus puños. El futuro era un lago misterioso para ellos, cosa que para muchos no lo era pero que descubrían que el pasado ocultaba cosas que relataban como se formó esa tranquilidad actual.

    [ * * * ] ​


    Un frío tremendo que no tenía igual en un lugar destruido donde sólo habían insectos moribundos y algunos familiares en la nieve la cual estaba teñida de rojo. Todas esas pistas sanguinarias guiaban hacia una edificación que alguna vez fue majestuosa pero ahora solo eran escombros: Niflheim. Un hermoso varón miró para ambos lados, sosteniendo su chaqueta y continuó caminando, se cubrió más el rosto y continuó caminando, borrando las huellas de sus pisadas de la nieve que caía como una granizada desde el suelo.

    Sin embargo, eso no lo detuvo de adentrarse entre los escombros; quitó una enorme parte de la pared con dificultad y comenzó a buscar entre innumerables habitaciones hasta hallar una pala; y si bien los escombros hacían la labor difícil pasaron unos cuantos momentos hasta que los ojos azules del varón hallaran algo que el sostuvo con ambas manos y limpió un poco: era un libro con tapa negra, volvió a mirar para ambos lados y lo puso abajo de sus prendas, antes de partir de la zona nívea, saltando entre los escombros y sintiendo el vapor que de su boca viajaba hasta el exterior, difuminándose en el ambiente gélido. Una pequeña tormenta arremetió contra el cuerpo del varón que tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para caminar entre esas brisas brutales de nieve. Hasta que lo logró, no cediendo su agarre de ese libro que ahora era un bien preciado; pero no era todo. Aún había un lugar al cual ir y agradeció la ubicación geográfica pues no se hallaba demasiado lejos: Ex Land.

    Y así regresó a su marcha solitaria apenas el lugar níveo desaparecía poco a poco del rango de sus ojos azules para así adentrarse al sector más metropolitano que, sin embargo, ahora era un mero lugar de rascacielos caídos, edificios que habían cedido y cráteres de inevitables terremotos. Eso no desanimó al rubio que movió sus pasos, sabía dónde ir. Sí, él que conocía muchas cosas podía darse el lujo de decir que por primera vez la familiaridad lo guiaba a un sector. Fue eso mismo que en su camino ver letreros con kanjis o restaurantes que cedieron se le hicieron increíblemente conocidos.

    Hasta que llegó a su lugar de reposo: La Base de la Cruz Azul. Un sector que él por mucho tiempo consideró su jaula de oro, pero ahora, al entrar y notar su estructura destruida; además de aquellos detalles que lo hacía su hogar y el de sus amigos, y que ahora habían perecido en la batalla, le hizo tragar aire; caminando entre fragmentos de aquellos objetos; copas rotas en las que Pavel gustaba en tomar vodka, revistas juveniles empolvadas por los residuos de una pared de Frida, shinais que Jaspe usaba para practicar ahora en el suelo totalmente desordenados e incluso cristales de Allen que usó para defenderse de Franco, pestañeó varias veces antes de dar una sonrisa suave, y seguir con su exploración, notando la infinidad de recuerdos.

    Hasta que logró ver los restos de su aparato soñado, sacó los planos y los metió dentro del libro y prosiguió su camino. Tenía un lugar al cual ir hasta que por fin, quitando una pared caída con dificultad y prendiendo una lámpara de kérosene, el varón agradeció que al ser un lugar subterráneo el lugar no hubiese perecido por la batalla anterior. Y por eso mismo, sin dudar se adentró a la sagrada biblioteca de la cruz azul, siendo recibido por inertes objetos de tierna apariencia: muñecos. Muchos muñecos, y restos de telas, algunos hilos y agujas. Puso la lámpara en la mesa y se sentó en el suelo, dejando reposar su cabeza en uno de los libreros.

    —No te dejaré morir... —susurró.

    Engel se levantó y sostuvo las telas, los hilos y las agujas, comenzando a formar muñecos, muchos tantos que había visto caer hasta que por fin culminó el principal: Diamond, antes de sonreír.

    —Juro proteger tu legado.

    Un alma solitaria en una biblioteca llena de misterios. Engel cerró sus ojos apretando contra él el libro y el monigote de su maestra. Antes de que la luz de la lámpara se apagara y él se quedara dormido en la profunda oscuridad.

    [ * * * ] ​


    —Dios, qué fotografía más mala.

    —Noop, es muy buena.

    —Parezco un viejo.

    —Eres viejo, duh.

    —Claro que no.

    —Insisto, es genial.

    —Claro, porque tú sales bien.

    —Entonces dámela si no te gusta.

    —No, yo pagué por ella. Es mía.

    —¡Pero dijiste que no te gustó!

    —¿Recuerdas cuando te llevé a comer en un restaurante filipino y pediste balut porque sonaba genial?

    —¡Sonaba genial! ¡No lo niegues!

    —Sí, pero cuando descubriste que era feto de pato te alarmaste y yo ya había pagado. ¿Recuerdas que hice?

    —Ugh... te lo comiste igual...

    —Sí, porque había pagado y sabes que odio perder dinero. Es lo mismo con esta fotografía.

    —¡Oye! ¡No digas que parecemos fetos de patos...!

    —Dios... no puedo hacer comparaciones contigo.




    Las estrellas aún caían en el cielo nocturno y cierta albina lo veía desde el balcón del castillo. Conocía tan bien ese lugar aunque no fuera bienvenida nunca más. Suspiró, a veces amaba poder tener recuerdos tan hermosos, pero dolía reconocer que esos recuerdos quedarían solitarios pues no se forjarían nuevos. Al menos no con él. Nunca más. La tristeza, sin embargo, era un sentimiento y ella había aprendido a amarlos independientemente de todo. Por eso valoraba esa lluvia de estrellas, sabiendo que cuando esta acabase y la luz del sol iluminara a todos, la sangre volvería a caer. Sí, así de cruel era la luz a veces y en algunos momentos ella no comprendía porque Lionel la amaba tanto. La oscuridad, la calma, las suaves luces de las estrellas, eran hasta cierto punto más reconfortantes. Y ahora más que nunca confirmaba eso.

    —Así que estabas aquí —tajó el varón, amo de ese castillo.

    —¿Me vigilabas, Lio? —dio una risita traviesa como la de una niña siendo descubierta en una travesura.

    —No. Yo también quería estar aquí. Hallarte fue una coincidencia.

    —No niegues que a veces tenemos gustos parecidos.

    —Para nada —
    negó —, tú has de preferir el jolgorio del hall.

    —Quizá luego. Hoy quise pensar y ver estas estrellas. Son hermosas.

    —Están muertas.

    —¿Eh?

    —Las estrellas son polvo espacial de una nova que murió. Son solo cadáveres.

    —Entonces debes ser un profanador de tumbas, ¿no? Recuerdo que sabías mucho de ellas y un día fuimos al bosque, y me contaste de ellas. Incluso sabías sus nombres.

    —Recuerdo eso.

    —¿En serio?

    —Los traumas no se olvidan, solo no siento nada al recordarlos.

    —¿Traumas? Oh cierto... —
    la chica suspiró —. No quise rememorarte a tu maestro de las estrellas.

    —Independientemente de todo, siempre seré una extensión de sus creencias y amores. Los niños crecemos aprendiendo de nuestros padres. Tristemente es un legado maldito. Por eso protegeré el futuro y ningún niño, ningún bebé... —
    recordó a la hija de Mario, y Lucifina lo comprendió, por eso misma ella alejó a Cris y Francisca de la labor de número en pos de proteger a la bebé —...vivirá tristezas así.

    —Ódiame —
    rió la chica —. Odio al bastardo de Rex, pero... a veces pienso que debo agradecerle.

    —...



    —Porque crió a un ser humano sumamente hermoso como tú.

    —¿Sientes placer en ver a un ser humano roto e infeliz? Eso es psicopatía, Lucifina.

    —Tus traumas, tus dolores, e incluso tu imperfección nos hizo conocernos. Diablos, soy tan egoísta que pienso que si nada de eso hubiese pasado, jamás hubieses llegado al consultorio de mi padre y no nos hubiésemos conocido. Es más, ni siquiera serías tú.

    —Sería una versión más feliz de mí mismo.

    —Lionel eres tú precisamente por tus vivencias. Pienso que el sufrimiento crea seres humanos hermosos y privarnos de él no nos hace diferente a Diamond.

    —El dolor es inevitable, pero el sufrimiento no. Si hay una forma de que el futuro carezca de él, como individuos debemos cumplirlo. Los niños merecen conocer el amor, crecer llenos de cariño y ver un mundo radiante, y bello. No perfecto, pero que los haga sentirse deseados y amados.

    —¿Es tan cruel pensar que los niños merecen sentir algo de dolor?

    —Lo sentirán, pero el dolor es muy diferente al sufrimiento. Y sabes de lo que hablo.

    —Sé lo que has vivido. Y precisamente aquello te hizo y privar al mundo de individuos como tú es algo sumamente doloroso.

    —Como seres humanos debemos evolucionar, romper el legado maldito y crecer. Y eso se logra mediante el cambio, mediante el amor y el cariño que recibirán las siguientes generaciones.

    —Lo sé... —
    susurró ella.

    Ambos se quedaron viendo las estrellas en silencio, para luego observarse. Lucifina puso su mano encima de la mano de Lionel y lo observó con una sonrisa: él no reaccionó antes de soltarla, dar un giro y mirar hacia atrás viendo al confuso líder del consejo.

    —Oye Lio, ¿Cómo antes las personas se enfrentaban a Toxic?

    —Archivos secretos —
    negó con una seriedad tan mecánica como una computadora; logrando que la fémina inflara sus mejillas.

    —¡Seguro que no lo hacían y ya! —comentó ella, cruzándose de brazos —. Me pregunto si...

    —Lucifina.

    —¿Uh? —
    Ella fue interrumpida cuando el varón señaló una estrella increíblemente brillante: Saiph —. ¡Woaaa! ¡El Nexo copia las constelaciones de afuera! Me trae tantos recuerdos esa estrellas, recuerdas cuando... —Lucifna calló cuando el varón se quedó viendo esa gigante brillosa que estaba muerta justo como él lo dijo —. Amo esa estrella.

    —Yo también.

    —Lástima que está muerta.

    —Eso no evita q