Historia Trabajo A De la vez en que fue el secuestro de las ranas [Ryoko]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por everyday, 2 Dic 2017.

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    everyday

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    Plazo para Completarla: 21 días.

    [Ficha]

    Lady BeelzeLady Beelze adelante puedes iniciar, que te diviertas o-o/
    El efecto del Lucky Ticket solo aplica hasta trabajos de rango B, por lo que no puede ser utilizado.
     
  2. Lady Beelze

    Lady Beelze I'm not real enough for you?

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    El próximo destino de Ryoko Itsuga y sus amigos estaba a la vuelta de la esquina, o eso les hacía creer el pokenav desde hacía casi tres días.

    —Aahhh…yo creo que se descompuso—suspiró la chica, levantando en lo alto su brazo con el aparato en su mano, a ver si así mejoraba un poco la señal.

    La pantalla que mostraba el sitio donde se encontraban no cambió, así como tampoco lo hizo el punto rojo que la marcaba a ella en medio de ese bosque. Lo movió de un lado a otro, se giró en 360 grados, pero nada ocurrió, mientras a su alrededor sus acompañantes bostezaban, se acicalaban o simplemente miraban las nubes deslizándose lentas y esponjosas por el cielo; Kuro podía pasar todo el día mirando al cielo cambiar de colores, las nubes tomar graciosas formas o ver a los pokemon voladores recorrer ese espacio infinito. Dio un respingo en cuanto un fuerte gruñido se escuchó a su lado y se volvió a ver, lo mismo que hicieron Randall y Sparkles. En medio de esponjarse una de las orejas caídas, la Buneary de dulce color rosado se avergonzó completamente, tanto de su estómago haciéndola ver mal como de que todos se percataran de que se estaba muriendo de hambre. Al menos Ryoko no se había enterado…

    — ¿Tienes hambre, Choco Mousse? —preguntó la peli rosa desde arriba, consiguiendo que su coneja se fuera de cara al suelo, muriéndose ahora también de pena.

    Como no tenían idea de a dónde ir, Itsuga estaba cansada de dar vueltas y sus pokemon empezaban a sentir apetito, la criadora decidió montar allí una pequeña parada para almorzar. Extendió su manta amplia en el suelo y fue sacando sus cosas de la bolsa, mientras sus pokemon se dedicaban a lo suyo. El despistado Sparkles se puso a soplar dientes de león que estaban creciendo cerca, divirtiéndose con ver volar las pequeñas semillas arrastradas por el viento. Randall tironeaba traviesamente de la ropa de Ryoko, tratando de obtener un poco de atención para que fueran a jugar, con la chica teniendo que apartarlo levemente para que no le dejara agujeros en las prendas. El Rockruff no encontró nada mejor que enfurruñarse y empezar a mordisquear los bordes de la manta: en ese aspecto Rufo y él eran muy parecidos, nunca se conformaban con un “no”.

    —Pórtate bien—demandó Itsuga, montando la pequeña cocina—o no te daré postre.

    Rockruff Rock…—
    gruñó él por lo bajo, como imitándola y burlándose.

    — ¡Buneary, Buneary Bun! —le reprochó la coneja con los brazos en jarra; esa no era forma de tratar a la entrenadora.

    Ryoko le acarició la cabeza suave en agradecimiento y la pequeña le sonrió de vuelta.

    —Eres una buena pokemon, Mousse.

    La aludida se sonrojó levemente y se volvió a ver al tipo veneno, buscando también su aprobación. Se llevó un chasco al percatarse de que el luchador ni siquiera había prestado atención; se encontraba sacando las cosas de la bolsa para ayudar a Ryoko a cocinar.

    —…Bun…—suspiró, entristecida.

    —Bueno; prepararé estos fideos y le pondré las verduras que compré esta mañana—decidió la chica, optando por cocinar algo fácil ese día—. Hay un riachuelo corriendo cerca por aquí—añadió, volviendo a sacar el pokenav para corroborarlo—. Sí, está por ese lado, no muy lejos. Kuro—la ranita alzó la cabeza, prestando atención—, ¿podrías ir a traer agua, por favor? —le pidió, entregándole la pequeña cubeta.

    — ¡Croagunk Croag! —asintió él, recibiéndola e inflando sus mofletes naranjos.

    Salió de inmediato a hacer su mandado, siguiendo la dirección del dedo de Ryoko. Choco Mousse lo vio partir y rascó el suelo con su pata, habiendo deseado ir también.

    —Choco Mousse—la aludida levantó las orejas y se giró a ver—, ¿quieres ayudarme con estas verduras? —le ofreció Ryoko sonriendo.

    — ¡Buneary!



    Poco tardó el Croagunk en regresar, cargando a dos manos la cubeta llena de agua y haciendo un gran esfuerzo para no voltearla. Era casi de la mitad de su tamaño, y se había esmerado en traer tana agua como fuera posible, aunque adivinaba que tendría que darse un segundo viaje cuando tuvieran que lavar los platos, aunque eso no le molestaba. Al llegar encontró a Ryoko y a Nanab —como le decía él a la coneja— afanadas picando vegetales: la Buneary sostenía a dos manos un pequeño cuchillo mientras la criadora intentaba aleccionarla en cortar verduras, algo por lo que él también había pasado en su momento. Ryoko lo tenía de asistente de cocina, o algo por el estilo, considerando que siempre lo tenía cerca y ayudándole cuando debían preparar algo. Esto, por supuesto, era algo que tampoco molestaba al pokemon.

    —Croag…—avisó él, deteniéndose junto al dúo y dejando el cubo con cuidado en el suelo.

    —Muchas gracias—dijo la joven, presionándole una mejilla blandita.

    Regresó su atención con Choco Mousse, quien nerviosa y algo temblorosa, aferrando el cuchillo tal vez con demasiada fuerza, intentaba cortar en pequeños trozos (bastante irregulares) un pedazo de zanahoria. Subía y bajaba lentamente el utensilio hasta que escuchaba el “toc” de éste contra la madera de la tabla para picar. Luego lo levantaba y volvía a repetir. Ryoko sonreía con cierta pena de verla esforzarse tanto en algo tan sencillo, en teoría, pero viéndose a sí misma como en sus primeros días en la cocina: un manojo de nervios.

    —Creo que con eso tenemos bastante—dijo deteniendo a la pequeña, poniéndole una mano sobre las suyas. Mousse soltó un suspiro de alivio y sus tensas orejas se relajaron por fin—. ¡Hiciste un estupendo trabajo para ser tu primera vez, Choco Mousse! ¡Muy bien!

    La conejita sonrió emocionada y se volvió a ver al Croagunk, quien aplaudió varias veces sin cambiar su gesto, aunque sus mejillas se inflaron y desinflaron expresando su contento.

    — ¡Buneaaaary! —celebró ella también, dejando el cuchillo y dando un salto en su sitio. ¡Qué hazaña había conseguido!

    Ryoko se dedicó luego a lavar las verduras y ponerlas a hervir, trabajo que no le dejaba a sus pokemon porque temía que pudieran quemarse o voltear el agua caliente. Vio que su coneja se había sentado junto a los condimentos, así que le dijo:

    — ¿Quieres pasarme la sal, por favor Choco Mousse?

    —… ¿Neary? —
    preguntó ésta, mirando los frascos que había a ambos lados: uno negro y uno blanco.

    —Es el que está a tu derecha.

    La aludida se llevó las manos a la cara sin poder entender la indicación. Lo normal era que Itsuga enseñara a sus pokemon cuál era la derecha y cual la izquierda para así poder guiarlos en batalla, pero como su Buneary era una bebé, todavía no la ponía a trabajar en ello. Kuro era parte del equipo de pokemon luchadores, por lo que Ryoko se encargaba de enseñarles muy temprano esa clase de cosas para que supieran cómo dar ciertos golpes. La rana dio un saltito hacia la novata y le indicó qué era lo que le estaban pidiendo, entregándoselo a su entrenadora.

    —Gracias, Kuro~

    —Gunk—
    replicó él, inflando las mejillas y mirando a Nanab.

    La pokemon imaginó que iban a reprenderla por ignorante, pero se sorprendió cuando el tipo veneno le levantó la pata y la movió arriba y abajo, una y otra vez.

    —Cro, Cro, Cro—dijo, repitiendo “derecha” tres veces, para que se lo aprendiera.

    — ¡Bu! —asintió ella, moviendo el brazo como le decían—Ary, Ary, Ary.

    —Croag…—
    felicitó él, siempre con su gesto impertérrito.

    Luego la dejó sin más y se dedicó a mirar lo que su entrenadora hacía, mientras la novata se preguntaba por qué un brazo tendría nombre propio. Más allá, echado entre el pasto alto, el Lanturn miraba una graciosa y pequeña sombra negra que se movía sobre la hierba, dando vueltas en círculos. Parecía una pequeña polilla gris.

    — ¡Lanturn! —se rió, aplaudiendo con sus aletas.

    Siguió con la mirada a la sombra diminuta dejar de hacer círculos e irse por un costado hasta perderse de vista. Él suspiró y se dedicó a jugar con la antena sobre su cabeza. Por su parte, el Pidgeot que había estado dibujando círculos en la altura, identificando a su objetivo y marcándolo para su dueño, regresó volando hacia el campamento donde lo esperaban. Nadie más que un despistado e ingenuo Lanturn se percató de su presencia, pero fue equivalente a que nadie lo viera.

    En lo que el pokemon volador regresó con su dueño a varios kilómetros del lugar, lo recogió y llevó en su espalda de vuelta al punto de encuentro, Ryoko y sus compañeros ya habían acabado de comer, tal era la facilidad con que el Pidgeot recorría largas distancias. Para cuando el misterioso invasor llegó, la peli rosa se encontraba limpiando los platos de sus pokemon, quienes estaban felices y con sus panzas llenas, excepto por Randall, quien detestaba los vegetales y solo se había comido los fideos. Tampoco recibió postre como castigo. Fue él quien sintió al Pidgeot acercarse demasiado al lugar y llenar el sitio con su olor.

    — ¡Rrrruff! —gruñó el cachorro, poniéndose de pie de un salto y volteando en la dirección.

    — ¿Eh? ¿Qué te sucede…? —le estaba preguntando Itsuga, cuando un fuerte soplido que sacudió su pelo y ropas, la manta, los huevos y las cosas sobre ésta, le interrumpió sacándole una exclamación de sorpresa— ¿Pero qué ha sido eso?

    —Así que aquí estabas—
    se escuchó una voz masculina.

    Los pokemon de la chica, también tomados por sorpresa por el repentino vendaval, se descubrieron el rostro y miraron a un enorme pájaro aterrizar y extender sus alas, mostrándose peligrosamente grande y agresivo. Choco Mousse soltó un gritito de espanto y partió a esconderse junto con Kuro, pero la rana le retuvo con un brazo y le indicó que fuera con Ryoko. Ella obedeció y se aferró de la pierna de la chica, quien se había levantado a encarar al aparecido. Su Croagunk y Rockruff salieron a hacerle frente también, mientras Sparkles avanzaba a lentos y pesados saltos sobre la tierra para unírseles.

    — ¿Quién eres tú? —preguntó la criadora, entre asustada y enfadada por esa aparición y misterioso aspecto del sujeto.

    Era poco lo que podía decirse de él, una vez descendió de lomos de su transporte. Su altura era promedio, lo mismo so contextura. Iba forrado de arriba abajo en un misterioso traje oscuro, apegado a su cuerpo. Parecía elástico. Llevaba la cabeza cubierta por este mismo traje escondiendo sus ojos tras un par de lentes de seguridad. Lo único que saltaba a la vista era la parte inferior de su rostro. En su cinturón llevaba lo que parecía ser alguna clase de pistola demasiado ancha para disparar balas.

    —Quién soy yo, no tiene mucha importancia—respondió el aludido, sonriendo levemente—, lo que importa es a lo que he venido. Tienes algo que necesito, pequeña.

    Antes de que Itsuga pudiera siquiera preguntar, el misterioso sujeto chasqueó los dedos y su acompañante respondió con un graznido, batiendo las alas y levantando una segunda polvareda en el momento en que se alzaba del suelo. La peli rosa se cubrió levemente los ojos mientras su instinto le avisaba que debía actuar rápido: aquel sujeto venía obviamente con malas intenciones, probablemente buscando quitarle sus pertenencias o sus pokemon. Tal vez incluso quería los dos huevos que reposaban dentro de sus incubadoras. Tragó saliva y llamó:

    — ¡Kuro, ve atrás a cuidar los huevos! —le indicó.

    El pokemon azul frunció el ceño pero obedeció al instante y regresó hasta estar a espaldas de la chica. Los ojos del Pidgeot estaban fijos en él pero nadie se percató.

    —Randall, retrocede—ordenó al cachorro—, es muy fuerte para ti.

    — ¡Rock! —
    exclamó el perro, sorprendido y enfadado: ¡él quería pelear!

    — ¡Sparkles, necesitaré toda tu ayuda! —llamó ella, mirando al eléctrico a su lado.

    — ¡Lanturn! —asintió, saliendo adelante a dar la cara.

    —Un pokemon eléctrico, no está mal—sonrió el sujeto con malicia—. Espero que lo tengas bien entrenado, porque a mi Pidgeot le encanta comer pescado en el almuerzo.

    La peli rosa dio un respingo y apretó los dientes, mirando al ave que se sostenía en el aire junto al tipo.

    —Y hoy todavía no hemos tomado nada. ¡Pidgeot, ataque rápido!

    La criatura alada se movió tan veloz que Ryoko ni siquiera alcanzó a dar una instrucción: golpeó a Sparkles y lo lanzó por el suelo, elevándose y regresando a su sitio, listo para un siguiente golpe. Abajo, Choco Mousse temblaba aferrada de la pierna de Itsuga.

    — ¡Sparkles, arriba! ¡Hemos enfrentado rivales más fuertes que él! —le animó.

    El tipo agua se recompuso lo mejor que pudo y regresó a su sitio, soltando chispas desde sus antenas.

    — ¡Bola voltio!

    — ¡Tuuuurn!


    El pequeño cargó y lanzó una bola eléctrica contra el rival, quien la eludió con facilidad, aunque sintió el roce de la técnica cerca de sus plumas y se estremeció.

    — ¡Doble equipo, Pidgeot!

    — ¡Geot!


    El pokemon se movió alrededor de Sparkles creando varias imágenes de sí mismo, confundiendo con facilidad al de mente más simple. Hecho esto, solo necesitó moverse por su espalda y golpearlo con su ala de acero, arrojando al oponente al suelo por segunda vez. Ahora, sin embargo, se encontraban lo suficientemente cerca como para no fallar un tiro que Ryoko no desaprovechó.

    — ¡Chispa!

    Su compañero apretó con fuerza los ojos y liberó una fuerte descarga desde todo su cuerpo, alcanzando al oponente y sacudiéndolo hasta hacerlo temblar y gritar. Pidgeot cayó adolorido al suelo, hizo un esfuerzo y regresó al vuelo, mientras su dueño más allá apretaba los dientes.

    —Impresionante. ¡Pidgeot, usa respiro!

    — ¡Pidgeo!


    El volador aterrizó un momento, inspiró hondo y extendió las alas, recuperando así una buena parte de sus energías perdidas. Ryoko soltó un chasquido, pero se decidió a aprovechar que lo tenían cerca para otro ataque.

    — ¡Sparkles, rayo burbuja!

    — ¡Pidgeot, remolino!


    El ave fue más rápida que el pez, por lo que batió las alas levantando una tercera cortina de tierra y hojas secas, esta vez con suficiente fuerza como para arrancarle las hojas a las flores que crecían por allí. La bonita escena de cientos de pétalos de colores yéndose con el viento fue suficiente atractivo para que Sparkles se distrajera admirándola e interrumpiera su ataque.

    — ¡No pierdas la concentración! —llamó Ryoko, alarmada.

    — ¡Rockruff, Ruuuff!

    — ¡Ve por él! —
    ordenó el tipo, extendiendo su brazo hacia Ryoko.

    El Pidgeot se lanzó a toda velocidad, pasando de largo junto al distraído Lanturn y derribándolo con sus alas, su aleteo fue incluso suficiente para derribar a Ryoko y a su asustada coneja. La peli rosa solo alcanzó a ver cómo el pájaro se daba una vuelta en el aire antes de pasar junto a su entrenador para recogerlo. El hombre se subió de un movimiento diestro a su espalda y el pokemon alzó el vuelo, con sus alas levantando más tierra y hojas que entorpecieron la vista.

    — ¡Espera! —exclamó la chica, con los ojos cerrados y poniéndose de pie.

    Apenas el fuerte viento se hubo desvanecido, ella alzó la cabeza y vio que se dirigía hacia el este. Su instinto le hizo rápidamente pasar la cuenta y miró a su alrededor: Choco Mousse estaba sentada junto a ella, sacudiendo la cabeza. Randall ladraba hacia esos que escapaban. Sparkles, de espaldas en la tierra, intentaba cual tortuga regresar su panza al suelo…

    — ¡¡Buneary!! —exclamó la coneja de pronto, asustándola.

    Se volvió a verla: la pokemon estaba horrorizada mirando hacia la manta donde estaban las cosas, los huevos y Kuro. Al girarse a ver, todo estaba allí, excepto por su pokemon luchador. El corazón le dio un vuelco.

    — ¡¡N-no!!

    Regresó la vista hacia arriba, al sujeto que se alejaba en el cielo claro de ese día. Salió corriendo por inercia en su dirección, pero era completamente imposible que pudiera alcanzarlo.

    — ¡¡Kuro!! ¡¡Kuro!! —lo llamó, sin obtener nada— ¡Regresa! ¡Devuélveme a mi pokemon!

    Nadie le respondió, aunque los pasajeros del Pidgeot alcanzaron a escuchar sus gritos desde la altura. En tierra, Choco Mousse miraba con ojos mojados al ave alejándose con lo segundo más preciado que tenía, después de su entrenadora.

    — ¡Te encontraré, Kuro! —gritó Ryoko a todo lo que dieron sus pulmones, antes de caer sollozando al suelo— ¡¡Te prometo que te encontraré!!







    no pasa nada everydayeveryday no recordaba eso de los tickets ovo/
     
  3. Autor
    everyday

    everyday Moderador

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    Lady BeelzeLady Beelze no problem, adelante puedes continuar o-o/
     
  4. Lady Beelze

    Lady Beelze I'm not real enough for you?

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    Kuro no tenía un concepto de lo que sería una promesa, pero estaba más que seguro que su entrenadora Ryoko intentaría ir por él de alguna manera. Cabeza abajo, metido en una red que colgaba de la mano del ladrón, el pokemon azul observó a la chica abajo convertirse en un puntito que intentó inútilmente seguirlos, perdiéndose en el bosque, mientras el Pidgeot tomaba altura y se alejaba. Sintió algo muy raro en el pecho, una sensación que nunca había tenido antes, similar a enterrarse una espina en la pata, y no fue nada de agradable. Desvió los ojos amarillos hacia el sujeto que se lo llevaba, observándolo con un desprecio que no salió a expresarse en su rostro. Estiró su mano fuera de la red, reunió una gran dosis de veneno en sus dedos y los hundió con toda la fuerza de la que fue capaz en la pierna del tipo, en aquella incómoda postura en la que se encontraba. El hombre soltó un quejido de dolor y se volvió a verlo furioso, sacudiéndolo en la red y dejándolo todavía más incómodo. El Croagunk se sorprendió de que el otro no empezara a temblar de dolor por el veneno.

    — ¡No hagas eso, estúpido pokemon! —le espetó el sujeto, regresando su atención al frente—Otros antes de ti ya lo intentaron, y tampoco les ha servido. ¿Para qué crees que es este traje ridículo que traigo puesto? —le preguntó con una sonrisa maliciosa, estirándose la prenda de goma oscura que lo envolvía.

    El luchador abrió expresivamente los ojos y luego puso un gesto de confusión. ¿Esa cosa que vestía el humano lo protegía del veneno? ¿Cómo era eso posible? Cualquiera fuera el caso, tendría muchas dificultades para intentar librarse de él si no podía hacer uso de sus habilidades venenosas. Afortunadamente había aprendido muchas cosas al lado de sus demás compañeros pokemon, y también Ryoko le había enseñado más de alguna. Tendría que ver el modo de usarlas lo mejor posible para deshacerse de ese tipo e intentar volver con Itsuga. Regresó sus ojos amarillos hacia abajo, al vasto bosque que se extendía bajo las alas del Pidgeot. Todos los árboles parecían iguales, tal vez algunos más altos que otros, o más oscuros. Las montañas rodeaban la lejanía por todos lados. No había nada que él pudiera usar como referencia para intentar volver con Ryoko, si es que lo conseguía. Aun así y contrario a lo que se esperaría, no se sentía nervioso ni asustado, solo algo preocupado de que regresar le costaría bastante trabajo.

    —Croag…—dejó salir por lo bajo, con un suspiro. ¿Cómo rayos se había metido en ese problema?


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    Por su lado y tirada de rodillas sobre el pasto, la peli rosa se quedó con la cabeza caída y las manos aferrando fuertemente la hierba entre sus dedos, dejando salir la tristeza y la rabia ante lo sucedido. ¡Rayos! ¿Por qué no estuvo más atenta? ¿Por qué no puso a sus pokemon a salvo en sus pokebolas? ¡Kuro estaría con ellos en ese momento! Nadie estaría en peligro entonces. Volvió la cabeza hacia la izquierda al escuchar un segundo llanto acompañando el suyo: la pequeña Choco Mousse se cubría el rostro con ambas manos, llorando amargamente el robo de su compañero. Itsuga no tenía idea de los sentimientos de la coneja hacia la curiosa rana azulada, ni siquiera la misma Buneary era consciente de ellos: solo sabía que quería al Croagunk de vuelta sano y salvo. Con él cerca, ella se sentía tranquila y feliz. La peli rosa se secó las lágrimas con el dorso de la mano y se arrastró hacia ella, levantándola con cuidado entre sus manos y poniéndola sobre su regazo para acariciar su cabeza.

    —Ya, ya; no llores, Choco Mousse—le dijo, obligándose a sí misma a estar fuerte—. Vamos a encontrar a Kuro y a traerlo de regreso, verás que sí.

    —Bu, Bu…Buneary…—
    lloró la pequeña, negando con la cabeza. ¿Cómo iban a encontrarlo, si ese pokemon volador se había ido tan rápido por el cielo?

    Ryoko desvió la mirada y se sorprendió del escenario que encontró: Randall estaba anonadado mirando hacia lo alto, incapaz de comprender que un humano le había arrebatado sin más a su dueña a uno de sus amigos. Nunca había visto algo así, y tampoco sabía de la maldad de las personas. Él solo entendía que a los humanos les gustaba luchar por diversión, para hacerse ellos y a sus pokemon más grandes y fuertes. En su mente de pokemon infantil no cabía la idea de hacerle mal a otros solo porque sí, así que estaba francamente estupefacto. Hacer enfadar a Ryoko por placer era un cuento aparte.

    Por otra parte, Sparkles lucía apagado y deprimido. Cuando Ryoko lo miró y sus ojos rojos se encontraron con los de ella, el pokemon de agua los desvió rápidamente al suelo, como con vergüenza y mucha tristeza. Itsuga se sorprendió un poco pues nunca había visto a su Lanturn así.

    —Sparkles…—lo llamó, estirándole la mano para que se acercara y así darle algo de cobijo. Supuso que con su personalidad infantil, estaría bastante asustado por lo ocurrido.

    Se llevó otra sorpresa en cuanto el pokemon azul negó con la cabeza, se cubrió la cara como pudo con las aletas y se encogió sobre sí mismo.

    —Lanturn…lan…

    — ¿Qué tienes? Anda, ven aquí—
    volvió a insistir.

    —Lan, lan—se negó, tiritando un poco y empezando a sollozar.

    La peli rosa se alarmó un poco por esto. No era normal que Sparkles se pusiera así. Se levantó con Choco Mousse en brazos y fue hasta él, arrodillándose a su lado y poniendo su mano en su lomo liso y algo húmedo. El tipo agua se encogió todavía más.

    —No estés así, Sparkles. Ese pokemon era fuerte y más rápido que tú—el aludido sollozó más y negó—. No estoy enfadada contigo.

    Pero su pokemon no podía tranquilizarse. Sentía una culpa tremenda por lo sucedido, pues entendía que por su distracción había permitido que el Pidgeot se robara a Kuro y escaparan. Lo sabía, era consciente de ello. Recordaba con amargor el haberse quedado mirando el espectáculo de flores y hojas salir volando con el ventarrón que levantó el pájaro y luego ser embestido por éste, mientras iba a robarse al Croagunk. Si no se hubiera distraído, lo habría golpeado y evitado todo lo demás. Era su culpa.

    — ¡¡Lanturn Laaaaaaan!! —chilló, llorando abiertamente y soltando sin querer chispas desde su cuerpo que obligaron a Ryoko a retroceder con una exclamación.

    El Lanturn levantó la cabeza en sorpresa con los ojos llenos de lágrimas. Miró a su entrenadora asustada y se sintió todavía peor. Volvió a cubrirse la cara y se quedó allí, hecho una bolita de tristeza y arrepentimiento. La criadora inspiró hondo y suspiró, haciéndose a la idea de la pena de su pokemon. No comprendía hasta qué grado Sparkles se sentía mal por lo sucedido, pero le fue fácil adivinar que había asociado el grito de ella (“¡no pierdas la concentración!”) con la fuga del Pidgeot.

    —No estoy enfadada contigo, Sparkles—le reiteró—. Hiciste un buen esfuerzo. Cuando encontremos a ese sujeto, él y su pokemon van a pagar por esto, pero ahora tenemos que movernos si queremos encontrar pronto a Kuro.

    No pudo esperar respuestas de nadie. Tenía prisa. Si quería recuperar a su pokemon, debía empezar a moverse cuanto antes. Recogió rápidamente sus cosas, puso los huevos en la bolsa y regresó a su apenado pokemon eléctrico a su pokebola. Luego hizo lo mismo con Randall y otro tanto con Choco Mousse: la coneja estaba deprimida y sus orejas estaban caídas. Nunca la había visto así.

    Revisó de nuevo el pokenav y frunció el ceño: el aparato seguía indicando la misma dirección de antes para salir del bosque, esa que ella había intentado tomar varias veces sin conseguir resultados. No podía más que lanzarse y esperar suerte; tal vez ahora sí podría encontrar el camino que la llevara cuanto antes hasta la ciudad.


    ------------------------------------------------------------------------------------------------------------​


    Casi una hora de vuelo después, y a muchísima distancia de donde se encontraba Itsuga, el infame Pidgeot con su entrenador descendieron en un claro del bosque, a pocos kilómetros de Natham. Mientras se acercaban hacia el lugar y sin haberlo esperado, Kuro vio de reojo un curioso árbol rojo que llamó su atención, como un gran lunar entre toda la capa de verde. Se lo quedó viendo un momento y divisó que, más allá, el cemento gris de la carretera —aunque él no supiera su nombre— se dibujaba entre la arboleda. Sus ojos amarillos se abrieron en sorpresa y hasta en emoción. ¡Un camino! Los caminos llevaban hacia las ciudades…

    Pidgeot dio una vuelta logrando que a Kuro se le extraviara el árbol de vista y luego aterrizó. El hombre descendió de un salto de su lomo y le acarició la cabeza.

    —Has volado bastante por hoy, será mejor que tomes un descanso—le dijo, sonriéndole levemente.

    — ¡Geot! —agradeció el aludido, moviendo su gran cresta de colores.

    Fue puesto de regreso en su contenedor y el sujeto caminó con la red colgando de su mano hasta un extraño edificio al que Kuro echó un vistazo antes de ser tragados por él. Era gris oscuro, sin ventanas, pero con varias puertas metálicas muy grandes. Había algunos camiones en la parte trasera y hombres que trabajaban subiendo a ellos unas cajas. Todos se vestían iguales, con buzos de trabajo azul, guantes y gorras. El ladrón se acercó a una de las entradas donde había un aparato con tablero. Presionó algunos botones de los que el Croagunk ni se enteró e ingresó. Adentro estaba oscuro, pero pronto unas luces artificiales se encendieron iluminando un camino.

    — ¡Hmph! Vamos allá—dijo el tipo, hablando más consigo mismo—. Te llevaré a la sala de contabilidad para que te sumen en los libros de ingresos; luego te irás a las celdas con tus amigos venenosos.

    El aludido no le entendió ni la mitad de lo que dijo, pero le quedó claro que pronto se encontraría con más pokemon. El ladrón caminó hasta una gran sala donde había tal vez diez personas frente a computadoras. Kuro abrió expresivamente los ojos y sus mejillas se inflaron de sorpresa ante lo que vio entonces: otros dos sujetos, vestidos igual a éste, tenían cada uno un Croagunk en una red, ¡exactamente como a él! Sin embargo, a diferencia de Kuro, estos Croagunk se veían aterrados y nerviosos, y trataban por todos los medios de soltarse para salir de las redes. Entre estas personas que tecleaban en sus computadoras, una mujer esbelta, de largo y llamativo cabello como la hierba, traje oscuro ajustado y gafas de sol que reposaban sobre el pecho, se paseaba mirando el trabajo. Sonrió al ver al aparecido y se acercó con un andar elegante de sus grandes caderas, con los ojos verdes fijos en la criaturita azul que le observó impertérrito cabeza abajo.

    —Muy bien, señor James: me alegra ver que sigue haciendo tan bien su trabajo trayéndome más Croagunk—dijo ella, con una voz suave y ligeramente grave.

    —Por supuesto, señorita Esmeralda—replicó el sujeto, sonriendo nerviosamente y sintiéndose halagado—. Este proyecto suyo y del señor Espinela hará muy rica a la compañía. Los cazadores nos esforzaremos al máximo para que el negocio prospere.

    La mujer, que se apodaba “Esmeralda”, sonrió complacida y estiró su mano hasta la mejilla del sujeto, pellizcándosela levemente y haciendo que él se sonrojara por completo.

    —Deberíamos tener más trabajadores tan comprometidos y esforzados como usted~ ¿Por qué no va a dejar a este pequeñín para que sea contabilizado, y luego va a tomarse un descanso? Sé que ha estado muy activo desde temprano esta mañana.

    —Éste es mi cuarto Croagunk del día, señorita—
    dijo él rápidamente.

    — ¡Ah~! ¡Qué maravilla! Significa que la producción del día de hoy será estupenda—sonrió la jefa, entrelazando los dedos y mostrándose muy satisfecha—. Veré que se haga un pequeño aumento de sueldo a nuestros cazadores con mejores récords de captura de Croagunk. Eso será un buen premio e incentivo para usted y los suyos, ¿verdad? —añadió con dulzura, moviéndose a un lado para salir de la sala.

    — ¡S-sí, señorita! ¡Gracias por ser tan considerada!

    Esmeralda solo respondió moviendo su mano en el aire y se alejó por un pasillo, con la mirada del tal James y de Kuro puestas sobre ella. La rana le miró con mucho recelo y las mejillas infladas: por alguna extraña razón esa humana le pareció demasiado falsa, como si solo le hubiera dicho mentiras al baboso que ahora se había quedado pegado mirándole partir.

    — ¡Eh, James! —llamó alguien de adentro, consiguiendo que el sujeto despabilara— ¿Vas a traerme ese Croagunk, o qué?

    — ¡Ya voy!


    Lo siguiente que ocurrió, Kuro no lo entendió del todo, pero siguió atentamente cada cosa que esas personas hicieron. Como a los otros Croagunk que ahora se llevaban, al pokemon le tomaron algunas medidas de peso y estatura para calcular su edad. “Joven y fuerte”, determinó el tipo de la computadora. “Será bueno para producir”. La rana no pudo imaginar de qué se trataría. Luego y con una máquina pequeña unida a un cable del PC, le tatuaron a la rana un código en el brazo: un montón de rayitas blancas y negras sin sentido para él. Una vez que hubieron terminado, James lo levantó del pescuezo y lo miró con cierta sorpresa, lo mismo el encargado de etiquetarlo: el pokemon dejaba colgar sus manos y patas como si nada.

    —Es muy manso—comentó el otro—. No debiste tener problemas para capturarlo.

    —Su dueña me dio algunos problemas—
    replicó James—, y además intentó picarme con sus dedos mientras veníamos hacia acá. Supongo que al ver que le falló dejó de intentarlo—sonrió el ladrón de manera victoriosa, pasando por alto que si el pokemon había aprendido eso, podía tacharse de listo—. Lo dejaré en la bodega junto con los demás.

    —Te abriré la puerta—
    dijo su compañero, presionando un botón rojo en la pared. Una puerta metálica se abriría más allá por este comando.

    El tipo caminó por el pasillo principal, habiendo puertas metálicas a cada lado con números en ellas. Abrió una a la izquierda y lo que había allí dejó a la rana estupefacta, una emoción rara de ver en él: adentró había decenas de Croagunk en jaulas.

    —Croag…Gunk…—dejó salir, apenas sin aire. ¿Dónde rayos lo habían metido?









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