Fanfic Corazón Agujerado (Capitulo 6, Parte 1) [escrito junto a Cairon_g700]

Tema en 'Fanfics y Roles My Little Pony' iniciado por OverLord_Gabriel, 18 Mar 2015.

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  1. Autor
    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    Algo así como un adelanto escrito con pedazos de lo que mi amigo y yo llevamos escrito, espero que les guste:
    ____________________________________________________________________________

    -¡Escúchenme Todos los Changelings, les habla su líder, la reina Chrysalis! Y debo decirles… que ya no podemos seguir así-


    Entre los gritos e insultos que los ponis lanzaban a los Changelings, la pareja no podía entender que era lo que sucedía, hasta que todos se quedaron callados y permitieron que el anciano hablara.

    —¡No dejare que lastimen a mi hija!— grito el anciano, con una mirada llena de odio —¡bichos asquerosos, haciéndose pasar por ponis para absorber los sentimientos de mi hija para luego lastimarla!—



    —No podemos seguir con esto. No quiero hacer algo que pueda lastimarlos… mis hijos…—

    —y sobre todo… algo que pueda lastimar… a los ponis—


    Lamentablemente no escucho otra cosa que no fueran insultos, y varios ponis les lanzaron tomates o frutas. Los Changelings no respondían y se limitaban a tratar de protegerse, pero eso no detenía a los ponis de seguir insultándolos. "Monstruos", "escoria", "bichos repugnantes", eso y más era lo que les decían, y sin importarles mucho que los Changelings se veían genuinamente tristes por todas esas palabras.



    —¿acaso nosotros somos monstruos? ¿Acaso nosotros nos dedicamos a hacer daño? ¡No, por supuesto que no!—


    —A... ¡aléjate!... ¡monstruo!... n-no tengo porque darte nada y si lo hubiera sabido antes...—



    Sin embargo a Roze le seguía disgustando que le dijeran monstruo a ella o a cualquiera de su raza, sin siquiera haberse dado el tiempo de conocerlos.



    —Necesitamos alimentarnos de sentimientos… porque necesitamos vivir. Porque queremos vivir—


    —Por favor señor— dijo uno de los Changelings, aparentemente un macho, dando un paso al frente —si queríamos alimentarnos de sentimientos, pero no íbamos a lastimarla. Nosotros nunca lastimamos a nadie, solo necesitamos alimentarnos, no íbamos a hacer daño. Por favor, entiéndanos—



    —pero todos nos odian… nos ven como monstruos que no tenemos sentimientos, aunque la realidad es que los tenemos. Y se… que es mi culpa—


    —¡Los Changelings son únicamente monstruos que nos lastiman con tal de saciar su hambre de poder!— siguió gritando el anciano —¡Ya una vez invadieron Canterloth para esclavizarnos y matarnos para saciar su enfermiza hambre! ¡Son solo basura sin alma que no deberían vivir! ¡Lárguense a la cloaca de donde salieron, y si vuelven a venir los encerraremos donde su inmunda presencia no nos haga daño!—



    —nunca quise ver a nadie sufrir… nunca… quise hacerle daño a nadie. Pero sé que lo he llegado a hacer aunque no quiera—

    —Sé que los ponis nos odian. Pero nosotros… nosotros no los odiamos—


    La Changeling no sentía ninguna simpatía por Celestia y mucho menos por los ponis



    —Es mi culpa que nos odien… y por ese odio, algunos de ustedes no quieran estar con los ponis. Sé que tienen razones pero… no quiero que ustedes odien, y sé que ustedes tampoco quieren odiar. Nosotros… nosotros no somos así—


    Al parecer desde aquel ataque no habían hecho ningún esfuerzo por encontrarlos, a pesar de que difundieron esos rumores y proclamaron acabar con ellos. Al parecer no habían iniciado ningún tipo de búsqueda, suponían que el terror que infundían a través de su "propaganda" a las masas sería suficiente para alejarlos de las tierras de Equestria.



    —Solo queremos vivir, pero nadie nos acepta… y sé que soy la responsable—

    —He tomado malas decisiones y he cometido errores—

    —Yo no quería invadir Canterloth… no lo quería—

    —Les pido perdón... mis hijos, les pido perdón princesas, y le pido perdón a Equestria… perdón… por todo—

    —No espero que me perdonen pero sí que entiendan… que jamás hice esto por egoísmo y por crueldad. Solo lo hice… por amor—

    —Debo hacer lo correcto—

    —dejen ir a mis hijos… porque—

    —ellos lo son todo para mí…—

    — son todo en mi vida…—

    —Y los amo—

    [​IMG]
    Una madre amorosa, asi creo que tambien puede ser Chrysalis




    Corazón Agujerado…

    Pronto

    ___________________________________________________________________________________
    Hola a todos.

    Lo que tienen aquí es un pequeño adelanto del que será mi próximo fic de My Little Pony, donde la principal protagonista es la Reina Chrysalis, y… ya se darán una idea con esto de que no será como todos la conocen. Sin embargo, este no es un trabajo solo hecho por mí. Este es un trabajo entre su servidor (OverLord_Gabriel) y Cairon-g700, un muy buen amigo a quien le pedí su ayuda para realizar este fic, y con mucho gusto me ha ayudado, con sus geniales ideas y buenos consejos. Así que este trabajo es de ambos, ambos hemos puesto nuestro esfuerzo en esto, y ambos esperamos que les guste.
     
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    Última edición: 6 Jul 2015
  2. sanslash332

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    Felicidades, que bueno que estén iniciando un nuevo proyecto n.n
    ojalá les salga bien :3
    ¿no tenías ya publicado este mismo trozo en fanfiction? creo haberlo leído por ahí :3
     
  3. Autor
    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    Si, ya lo habiamos publicado ahi, pero pense en ponerlo aqui tambien
     
  4. sanslash332

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    jajajaja hombre! no estoy recriminando nada, en lo absoluto! xD
    Era nomás una consulta, para saber si era una ilusión que había visto este escrito también en ff, o me lo imaginaba nomás jaja
    Dale, suerte gabo!
     
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  5. caru36

    caru36 caru36 furro de corazón

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    amo a Chrysalis espero con ancias tu fic
     
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  6. Autor
    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    aun tardara en estar
     
  7. caru36

    caru36 caru36 furro de corazón

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    la paciencia es una virtud :5252::5252::5252:esperare... mientras sigo escribiendo las mias....
     
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  8. Autor
    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    Capítulo 1, Roze y Holz


    El sol comenzaba a asomarse en el horizonte, y con su luz bañaba cada rincón de la tierra de Equestria, dando comienzo a un nuevo día. Pero mientras que para muchos su mañana comenzaba con un sol radiante y cálido acompañado de una agradable brisa, para otros su mañana era fría.

    Al noreste de Equestria, cerca de las Cataratas del Neighgara, se formaba una pequeña cadena de colinas de hermosos bosques de pinos, siempre cubiertos de nieve. Ese lugar era conocido como Los Bosques de Plata, ya que en su tiempo fue la ubicación de grandes depósitos de plata, pero ahora era solo un hermoso paisaje para admirar, y un lugar tranquilo para vivir.

    Esa mañana los rayos del sol no habían llegado y el cielo se encontraba cubierto de nubes grises acompañadas por un viento frio que anunciaba que pronto empezaría a nevar. Solo pasaron unos cuantos minutos hasta que el primer copo de nieve cayó del cielo y pronto muchos más se le unieron. Esos días con un comienzo frio eran bastante comunes en esos bosques, y también eran momentos en los que no era bueno estar afuera. Aun los animales que vivían ahí buscaban refugiarse de la nieve y el viento, dejando los bosques relativamente solitarios y tranquilos.
    A los pocos minutos el viento empezó a soplar con más fuerza y la nevada también se hizo un poco más fuerte. Definitivamente no era el mejor momento para estar fuera, pero… había alguien para quien el clima no era ningún impedimento.

    Una figura se paseaba lentamente en medio del bosque, sin importarle mucho el frio que hacía en ese momento o el fuerte viento que soplaba. Se trataba de un poni que tenía puesta una pequeña túnica con capucha que lo cubría de pies a cabeza. Tenía atado a su cuerpo varias sogas con las que cargaba una carretilla de madera vacía, salvo por una manta y un baúl de madera.
    A pesar del frio que hacía el equino siguió avanzando por algunos minutos más hasta que se detuvo cerca de un acantilado desde el que podía verse los bosques y los valles, y algunos de los poblados que estaban cerca, bastante pequeños y alejados unos de otros. Para ese momento el viento ya había dejado de soplar y la nevada había terminado.

    Ahora que no hacía tanto frio el poni ya no necesitaba estar totalmente cubierto por su túnica, así que se la acomodo de modo que pareciera que llevara un chaleco y se quitó la capucha para poder ver mejor el hermoso paisaje que se formaba bajo. Con su túnica acomodada y sin su capucha era más fácil ver cómo era. Era un unicornio adulto, algo delgado pero físicamente fuerte, con un pelaje de color azul grisáceo y una crin y cola de color plateado, bastante abundantes para un poni macho. Tenía ojos amarillos y una agradable sonrisa, y en su parte posterior una Cutie Mark con la forma de un pájaro hecho de madera.
    El poni estuvo al lado del acantilado por varios minutos, aun admirando el paisaje, y no paso mucho para que las nubes empezaran a abrirse y le dieran paso a la luz del sol, trayendo algo de calor a ese día tan frio. Era un día hermoso, pero aunque quisiera no podía seguir admirando el paisaje. Después de todo tenía mucho que hacer.

    —Es hora de trabajar— dijo, alejándose del acantilado y regresando al bosque.

    Para ese momento los animales que habían estado ocultos salían otra vez, llenando de ruido el bosque. El poni no dejaba de observar con mucho agrado a los animales, así como al bosque cada vez más vivo y brillante por la luz del sol, pero aunque observaba todo con atención no dejaba de caminar.

    El poni siguió avanzando por algunos minutos más hasta llegar a un conjunto de enormes árboles. A diferencia del resto, estos árboles eran muchísimo más grandes de lo normal, parecían no tener animales viviendo dentro de ellos y se veían muy resistentes. Una sonrisa se formó en el rostro del semental por encontrar arboles tan perfectos como esos y no perdió el tiempo para ponerse a trabajar.
    Dejo su carreta a un lado y abrió el baúl, sacando un serrucho y varios cuchillos, tomo el serrucho y se dirigió a uno de los árboles.
    A pesar de ser un árbol extremadamente grueso, el unicornio ya llevaba casi la mitad del tronco cortado a solo un par de minutos de haber empezado, y no parecía estar cansado de ninguna forma. Era bastante fuerte, y por eso su nombre le quedaba más que perfecto. Holz Stark era cómo se llamaba, y esas palabras significaban literalmente “madera fuerte” representando muy bien su fuerza para cortar árboles.

    Terminado de cortar el primer árbol, Holz siguió con otros dos, cortándolos sin mayor problema, siempre usando sus patas y su boca para manejar el serrucho, y nunca su magia, tal y como le había enseñado su padre.
    Desde hacía años la familia Stark había vivido en los Bosques de Plata, dedicados a la tala de árboles. A pesar de ser una familia en la que había habido tanto ponis terrestres como unicornios y pegasos, siempre se habían cortado arboles de la manera tradicional, sin recurrir a herramientas grandes, la magia, o la capacidad de volar. Tradiciones que se habían transmitido de generación en generación, y que Holz respetaba, más que por ser tradición, porque le gustaba sentir el trabajo duro que hacía y ver el resultado de este, sin algún tipo de ayuda como lo sería la magia.

    Después de veinte minutos, cuatro arboles ya habían caído y Holz ya empezaba a sentir el cansancio sobre sus hombros, pero debía continuar. Usando el resto de sus herramientas, empezó a cortar los enormes troncos en pedazos y a quitarles las ramas, una vez más, sin utilizar su magia. Casi una hora después el poni había terminado de arreglar todos los árboles y subirlos a su carreta junto con sus herramientas. Se ató la carreta una vez más y empezó su camino a casa.
    Aunque el peso adicional le impedía moverse más rápido, no le molestaba para nada ya que estaba acostumbrado, no por nada hacía lo mismo todos los días desde hacía muchos años. Además, era una buena razón para caminar lento y admirar el bosque en el que estaba, que mientras más brillaba la luz del sol más vivo se veía, de ver a los animales corriendo o jugando entre los árboles, y escuchar el canto de los pájaros.

    Después de media hora, Holz finalmente había vuelto a su hogar, en medio de ese bosque en un pequeño claro.
    En medio de ese claro había una casa hecha de troncos de madera oscura de apenas una planta, con una sencilla chimenea hecha de latón, y sin nada que pudiera llamar la atención, salvo por un pequeño espacio arreglado para ser un jardín donde había hermosas rosas cultivadas, y que a pesar del difícil clima de ese lugar crecían fuertes y bellas. También había una pequeña bodega hecha de la misma madera que la casa, con apenas una ventana y bastante pequeña. Realmente era una casa muy sencilla y muy humilde, incluso algunos podrían decir que era pobre, pero también era un hogar lleno de recuerdos valiosos para el poni, ya que hay había vivido la mayor parte de su vida y esperaba seguir hay por varios años más. Y sobre todo… era un hogar lleno de amor, y eso era más que suficiente.

    Holz se dirigió a la bodega y en la entrada acomodo la mitad de los troncos que había recolectado junto con las ramas a un pequeño montón de troncos que ya se encontraban ahí cubiertos por una manta. El resto de los troncos así como el baúl con sus herramientas los hizo levitar y entro con ellos a la bodega. Esa era de las pocas cosas para las que usaba su magia.
    Una vez dentro, acomodo su recolecta del día a un lado y miro todo lo que tenía esa bodega y… la razón por la cual trabajaba tanto reuniendo madera. En el suelo y en un sencillo estante en una de las paredes, había muchísimas figuras talladas en madera, totalmente magnificas y bien trabajadas. Algunas estaban pintadas y otras aun necesitaban color. Había de todo, ponis, conejos, pájaros, perros, osos, incluso había dragones y fénix. Eran esculturas maravillosas y era a lo que Holz se dedicaba, su talento especial representado muy bien en su Cutie mark, y además… su más grande pasión. La había descubierto cuando era muy joven y su padre le enseñaba como cortar las ramas de los árboles. Con el apoyo de sus padres y su propio esfuerzo se había convertido en un escultor de figuras de madera, y con el paso de los años su habilidad crecía y hacia figuras cada vez más hermosas, incluso vivas.

    Holz se sentó en un banquillo que había en el centro de la bodega y tomo las herramientas que siempre mantenía cerca para trabajar. Ahora trabajaba en una figura que representaba al que una vez fue una amenaza pero ahora era un aliado, Discord. La había empezado hacia tres días usando un tronco casi tan alto como él y aun le faltaba mucho, aun así le gustaba como estaba quedando y no podía esperar a que estuviera listo para pasar a pintarlo. Con cuidado, paciencia y siempre atento a los detalles, uso sus cuchillos para tallar la figura.
    Llevaba una hora en ello y se veía el avance en su trabajo, aunque también se sentía bastante cansado. Estaba tan concentrado en su trabajo que no se había dado cuenta de que alguien había llegado hasta que golpearon la puerta, la que por cierto había dejado abierta. Siempre se le olvidaba cerrarla aunque hiciera bastante frio.

    —Como siempre, trabajando con la puerta abierta— dijo la voz de un macho ya algo mayor, que sorprendió a Holz, pero también le saco una sonrisa. Sabía quién era –Si sigues así solo vas a enfermarte—
    —jmjmjm, ya estoy acostumbrado a esta clase de clima— dijo Holz, dejando su trabajo para voltear a ver al recién llegado.

    En la puerta estaba parado su buen amigo Icewing, un pegaso de pelaje blanco y crin y cola de color azul celeste, y ojos rojos. Llevaba un abrigo bastante grueso y dos barriles no muy grandes atados a cada lado de su cuerpo, donde llevaba sus productos para vender que eran bolas de arroz, las cuales se representaban en su Cutie mark, y también era la razón por la que no podía volar. Era alguien bastante amable y algo sermoneador, pero un buen amigo que como ya era costumbre, siempre lo visitaba.

    —Y podría decir lo mismo de ti amigo— comento el unicornio acercándose al pegaso –las mañanas siempre son frías aquí, y aun así…— ya frente a él y regalándole una sonrisa –siempre bienes temprano a mi casa—
    —jmjmjm, citando a un buen amigo… ya estoy acostumbrado a esta clase de clima—

    Ambos comenzaron a reírse y chocaron sus cascos a modo de saludo para luego entrar y cerrar la puerta.

    —¿Y cómo has estado Ice?— pregunto Holz.
    —He estado bien— respondió el otro –mi negocio va bien y al paso que voy tal vez pueda poner un puesto en el pueblo para vender mis bolas de arroz, en vez de venderlas de puerta en puerta—
    —Pues te deseo suerte amigo, aunque a muchos nos gusta tu forma de vender actual. Ya sabes, directo en casa—
    —Jmjm, no mentiré, también me agrada, pero siento que un negocio fijo me favorecerá aún más. Y bueno, supongo que no debo preguntar cómo has estado— mirando todas las figuras de madera que había –se nota que has estado trabajando bastante—
    —bueno, cuando algo te gusta es fácil trabajar en ello y dedicarle todo tu tiempo. Solo espero a que a los demás les guste—
    —¿estas bromeando? A todos les gustara. Tu forma de hacer figuras de madera y darles tanto detalle es única—

    Holz no pudo evitar sonrojarse un poco por esas palabras, mientras que Icewing observaba a detalle cada figura hecha por su amigo, y asombrado por el enorme trabajo y esfuerzo que colocaba en cada una de ellas. Y cuando vio la figura de Discord en la que su amigo trabajaba, se quedó con la boca abierta.

    —Sorprendente— comento el pegaso que aún no salía de su asombro –realmente se parece al verdadero Discord. ¿Cuándo estará lista?—
    —Tal vez en unos dos días. Bueno, si sigo trabajando un rato más—
    —Deberías descansar un poco amigo, se nota que te hace falta. Apuesto que aún no has desayunado—
    —jmjmjm, no, aun no. Quería adelantar un poco de trabajo antes—
    —Y ahora que hablo del desayuno ¿Dónde está tu linda esposa? Seguro está esperándote en casa, hasta que te decidas a ir a comer—
    —No precisamente— dijo una dulce voz femenina.

    Ambos voltearon a ver a quien les hablaba, aunque ya sabían quién era y no pudieron evitar sonreír. Había llegado a la bodega una hermosa poni terrestre, que aunque era adulta se veía como una jovencita. Tenía una crin y cola de color rojo intenso al igual que sus hermosos ojos, pelaje rosa y una Cutie mark de una rosa. La poni era Roze, la esposa de Holz y que llevaba en su espalda y cabeza tres platos con arroz mezclado con huevo, tomate y cebolla y una pieza de pan, además de tres tazas llenas de café caliente. Era sorprendente verla mantener los platos y las tazas sin que estas se le cayeran, aunque esta no era su única cualidad, ya que también era muy inteligente, buena cocinera y muy atlética. Pero su mejor cualidad era la capacidad de cultivar las rosas que se encontraban en el sencillo jardín de la casa en un clima tan inhóspito como el de esas montañas, y que su Cutie Mark representaba muy bien.

    La poni entro y coloco todo en una pequeña mesa de su marido que también usaba para trabajar, y le hizo señas a ambos machos para que se acercaran a comer.

    —Buenos días Roze— Dijo Icewing con una sonrisa, y oliendo el plato de comida que ya empezaba a abrirle el apetito –muchas gracias, y que pena contigo que también me tengas que hacer desayuno—
    —Descuida Ice— dijo Roze con una dulce sonrisa –siempre es un gusto servir a un buen amigo como tú— sentándose cerca a su marido —además debes estar cansado de tener que cargar esos barriles toda la mañana—
    —En verdad muchas gracias Roze— oliendo una vez más la comida —esto en verdad luce delicioso—
    —Tienes razón amigo— comento Holz mirando a la linda yegua que tenía a su lado —realmente no sé qué haría sin ti querida—
    —Quizás trabajar hasta el cansancio— comento ella con una sonrisa sarcástica, para luego darle un beso en la mejilla —espero que lo disfrutes—

    Dicho esto, todos empezaron a comer.
    La comida era simplemente exquisita y los dos sementales no dejaban de mencionarlo una y otra vez, haciendo sonrojar a la chica pero también alegrándola al ver que su comida les agradaba tanto. Mientras comían también hablaban un poco de lo que cada uno de ellos había hecho en esos días, siempre agregando alguna broma o algún comentario fuera de lugar que hacía que todos se rieran, haciendo un ambiente de lo más ameno y agradable.
    Entre tanto hablar y comer se les había pasado casi una hora volando, pero los tres seguían igual de animados que cuando empezaron.

    Terminada la comida, Holz y Icewing se ofrecieron a llevar los platos y a lavarlos, y aunque Roze les había dicho varias veces que ella se encargaría, ellos insistieron en hacerlo.
    Con todo arreglado, era el momento de que el pegaso los dejara.

    —Muchas gracias por el desayuno Roze— dijo Icewing, dándole un amistoso beso a la yegua en la mejilla —y gracias una vez más por recibirme en tu casa Holz. Jmjmjm, ya debe cansarte que siempre venga—
    —jmjmjm, para nada amigo, es un gusto verte— comento el unicornio —y supongo que nos veremos más tarde en el pueblo—
    —Si Celestia quiere así será— cargándose otra vez sus barriles —tengo que visitar Crossing Mountain, pero estoy seguro de que llegare casi anocheciendo, y por supuesto, les tendré su pedido de siempre—

    Ambos comenzaron a reírse por eso, ya que sabían de qué hablaba. Icewing siempre guardaba un pequeño paquete de bolas de arroz solo para la pareja.
    Chocando los cascos con el unicornio, Icewing comenzó a alejarse mientras Roze y Holz lo despedían hasta ya no verlo. Siempre les había agradado tener la visita de ese ya mayor pero muy alegre, trabajador y bromista pegaso, y esperaban verlo en la tarde una vez más.

    —Debemos alistarnos cariño— comento Roze, y ambos se dirigieron a la casa para prepararse.

    Ahora que el día estaba muchísimo más abierto y el sol brillaba con más intensidad, Holz dejo la túnica que había usado esa mañana y se colocó un chaleco blanco, algo viejo pero que cuidaba con mucho esmero. Por su parte, Roze no tenía muchas prendas que ponerse, por no decir ninguna, por lo que se limitó a atarse una pañoleta verde en el cuello y recogerse un poco la melena con una moña, regalo de una amiga hacía tiempo.
    Listos para salir, Holz uso su magia para cargar en su carreta un buen número de sus figuras de madera, tanto pintadas como sin pintar. Mientras, Roze preparaba su propia carreta, aún más pequeña y que tenía cerca de la bodega, cargando en ella muchas rosas en masetas que siempre preparaban uno o dos días antes. Además de simpáticos arreglos florales que iban desde simples ramos hasta rosas organizadas y cortadas en forma de estrella o corazón, que ella misma hacia solo con sus cascos y que le gustaban tanto a ella como a otros ponis, igual que muchos ponis amaban las espectaculares figuras de madera que hacia su esposo.
    Así como su amigo Icewing vendía bolas de arroz, para ganarse la vida la pareja también vendían lo que más les gustaba hacer, no solo para ganar el dinero necesario, sino para compartir lo que tanto les apasionaba y los representaba con los demás.

    Luego de dejar todo cerrado, ambos se ataron sus respectivas carretas. Ya estaban listos para irse.

    —Un nuevo día ha llegado— Comento la poni rosa —y sé que nos ira muy bien—
    —Que Celestia nos acompañe— dijo Holz con una sonrisa, lo que hizo también sonreír a su esposa.
    —Bien dicho amor—

    Sin más que decir, la pareja comenzó su camino hacia el pueblo, siguiendo la ruta habitual cruzando el bosque.
    Era un camino algo complicado, con bajadas y partes bastante irregulares, sin mencionar los árboles y las piedras en el camino. Aun así, ambos ya estaban acostumbrados y podían recorrerlo con sus carretas llenas sin el menor problema, siempre disfrutando el hermoso paisaje que ofrecía ese bosque, y hablando e incluso bromeando entre ellos, haciendo el camino aún más ameno para ambos.

    Casi media hora después, ambos habían salido del bosque, y un par de kilómetros más adelante finalmente habían llegado al lugar en el cual venderían su mercancía, y donde esperaban encontrarse con su amigo Icewing mas tarde. El pacifico pueblo de Silver Hilll, en su momento el principal distribuidor de la plata extraída de las montañas siendo un pueblo rico pero también conflictivo, ahora era uno de los pueblos más grandes y más tranquilos de esa zona. Roze y Holz cruzaron los enormes muros grises plata que rodeaban el pueblo y comenzaron a avanzar lenta y animadamente por las calles adoquinadas con piedras, mientras veían a todos los ponis iniciar su día con muchos ánimos, algunos abriendo sus negocios, otros simplemente aprovechando la bonita mañana para salir y pasear, pero lo más importante para la pareja era ver a todos tratarse como amigos y ayudarse los unos a los otros de ser necesario. Algunos saludaban a Roze y a Holz y estos regresaban los saludos con la misma amabilidad, ya que de todos modos no eran extraños para varios de los habitantes.
    La amabilidad de los ponis y el propio pueblo que se caracterizaba por tener decorados y estructuras no modernas pero más trabajadas que otros lugares, todos adornados por un lindo color plata más algún otro color, hacía de Silver Hill un lugar agradable y donde la pareja se sentía a gusto, pero por cuestión de dinero y comodidad preferían no vivir ahí.

    Después de unos cuantos minutos de caminar, ambos llegaron por fin al centro del pueblo. Una zona bastante amplia, con algunas zonas sin piedras donde crecían árboles y pasto, contrastando un poco con la apariencia general del pueblo, donde además habían juegos para niños como un columpio y un sube y baja, un pequeño escenario aparentemente hecho de mármol para eventos especiales, y en el centro una fuente con la forma de las dos gobernantes de Equestria, la princesa Celestia y la princesa Luna esculpidas con una postura como si formaran una hélice, con sus cuernos sosteniendo una orbe de la cual salía el agua. Una escultura que Holz tenía pensado hacer en madera en cuanto pudiera.
    Era una zona sencilla y agradable, y en la cual muchos otros ponis, tanto locales como de pueblos vecinos colocaban sus puestos para vender sus productos. La pareja se paseaba y saludaba a los vendedores de forma amigable, y los vendedores los saludaban del mismo modo ya que tampoco eran desconocidos para ellos, y al mismo tiempo que veían su mercancía, como era comida, prendas, accesorios, utensilios de cocina y de más.

    Después de un rato de saludar y observar, ambos colocaron su puesto en el lugar acostumbrado, al lado de un poste de luz desde el que podían ver claramente los otros puestos y la fuente. Colocaron las flores y las figuras en el suelo a cierta distancia y esperaron a que los clientes empezaran a llegar.

    El día avanzaba lentamente y la cantidad de clientes no era mucha. Pasada una hora nadie se había acercado a comprarle a la pareja, pero no parecían estar preocupados por eso.
    Una hora más paso y algunos clientes más aparecían, pero estos solo se concentraban en comprar comida.

    —Parece no ser un buen día— comento Holz con una sonrisa algo desanimada, típica de él cuando habían pocos clientes.
    —No digas eso— dijo Roze, abrazando a su esposo con una sonrisa –Solo es un mal comienzo, pero ya hemos tenido días así y nunca nos hemos dejado afectar. Tranquilízate, ya llegaran los clientes—

    Holz comenzó a sonreír por las palabras de su esposa y se quedó mirándola de una forma muy dulce, casi… como si con esa mirada le transmitiera todo su amor, haciéndola sonreír a ella también. Definitivamente desde poco después que se conocieran Roze siempre sabía cómo animarlo.

    —Tienes razón querida— comento el —y yo lo sé. Jmjmjm, pero siempre necesito que alguien me lo recuerde—
    —Para eso estoy aquí—

    Ambos sonreían y estaban perdidos en los ojos del otro. Inevitablemente ambos empezaron a acercarse para besarse, totalmente ajenos a lo que sucedía a su alrededor.
    Pero…

    —Disculpen ¿Cuánto cuesta un ramo de rosas?— dijo una pegaso de pelaje verde y melena roja que había aterrizado cerca a su puesto, tal vez interesada y atraída por la flores de Roze—

    La voz de la clienta había sacado a la pareja de su momento de inspiración, pero lejos de enojarse la atendieron muy bien. La pegaso se llevó un ramo de flores y además se llevó dos figuras de madera, bastante cautivada por lo detalladas y lindas que eran, cosa que pasaba mucho con aquellos que veían las figuras de Holz.
    Una vez la clienta se marchó, la pareja observo bastante contenta el dinero de su primera venta.

    —Te lo dije— comento Roze con una sonrisa —no tenías de que preocuparte, los clientes están llegando—
    —Lo se Roze— comento Holz, también con una sonrisa —y… estoy seguro que seguirán llegando… y nos ira muy bien—

    Y efectivamente había sido así. El resto de la mañana fue bastante productivo para ambos. Después de un mal inicio, con la llegada de un cliente de a poco llegaban cada vez más, maravillados por las rosas o por las figuras de madera y las compraban y poco a poco la cantidad de productos disminuía y sus ganancias empezaban a notarse, así como la alegría de aquellos que compraban esos objetos a los que se les había dedicado tanto esfuerzo y pasión. En un par de ocasiones, Holz había vendido una figura y Roze añadía como regalo una pequeña maseta con rosas, principalmente porque sentía que a los que les vendía les hacía falta… algo, porque se veían tristes.

    La mañana avanzo con normalidad, con buenas ventas, sonrisas de aquellos que solo observaban y de los clientes, y satisfacción de la pareja por poder traer algo de alegría con algo que amaban hacer.
    Cerca del mediodía, ambos guardaron los productos que aún tenían y se dirigieron a un restaurante cercano y conocido por ellos para relajarse y almorzar.

    Fue un almuerzo muy tranquilo, y una vez terminaron se sintieron listos para volver y continuar.
    Pero… varios gritos llamaron su atención.

    —¿Qué fue eso?— Pregunto Roze, un poco preocupada.

    Se escuchaba un verdadero escándalo, por lo que algo importante debería estar sucediendo y no pudieron ignorarlo. Ambos corrieron hacia donde se originaba todo el ruido, que solo era a un par de calles de donde estaban.

    Al llegar se encontraron con una enorme multitud de ponis que formaban un círculo. Ninguno de los dos entendía lo que sucedía y comenzaron a meterse entre la multitud con tal de saberlo.
    En medio de todos los ponis, había un poni de pelaje naranja, ya mayor debido a su barba y bigote, de color blanco igual que su crin, así como las arrugas típicas de la vejez. Detrás de él una poni de pelaje naranja más claro y crin marrón. Pero lo que más sorprendió a Roze y a Holz fue ver frente a esos ponis dos criaturas muy similares a ponis, de color negro con colmillos que sobresalían de sus bocas, agujeros en sus patas, un cuerno torcido y pequeñas alas de insecto, así como dos grandes ojos de color verde azulado y membranas en sus cabezas. Las criaturas en cuestión eran Changelings, seres con la capacidad de cambiar de forma y alimentarse de los sentimientos de los ponis.
    Entre los gritos e insultos que los ponis lanzaban a los Changelings, la pareja no podía entender que era lo que sucedía, hasta que todos se quedaron callados y permitieron que el anciano hablara.

    —¡No dejare que lastimen a mi hija!— grito el anciano, con una mirada llena de odio —¡bichos asquerosos, haciéndose pasar por ponis para absorber los sentimientos de mi hija para luego lastimarla!—
    —¡Por favor papá cálmate, no es lo que piensas!— dijo la poni, pero el mayor le hizo un gesto para que volviera a colocarse detrás de él.
    —Por favor señor— dijo uno de los Changelings, aparentemente un macho, dando un paso al frente —si queríamos alimentarnos de sentimientos, pero no íbamos a lastimarla. Nosotros nunca lastimamos a nadie cuando buscamos sentimientos y tampoco tenemos malas intenciones, solo necesitamos alimentarnos para sobrevivir, no íbamos a hacer daño. Por favor, entiéndanos—

    La voz de la criatura realmente sonaba sincera, y parecía una mezcla entre tristeza por la acusación, y asustado, tal vez por el problema que había causado. Lamentablemente no escucho otra cosa que no fueran insultos, y varios ponis les lanzaron tomates o frutas. Los Changelings no respondían y se limitaban a tratar de protegerse, pero eso no detenía a los ponis de seguir insultándolos. “Monstruos”, “escoria”, “bichos repugnantes”, eso y más era lo que les decían, y sin importarles mucho que los Changelings se veían genuinamente tristes por todas esas palabras.

    —¡Los Changelings son únicamente monstruos que nos lastiman con tal de saciar su hambre de poder!— siguió gritando el anciano —¡Ya una vez invadieron Canterloth para esclavizarnos y matarnos para saciar su enfermiza hambre! ¡Son solo basura sin alma que no deberían vivir! ¡Lárguense a la cloaca de donde salieron, y si vuelven a venir los encerraremos donde su inmunda presencia no nos haga daño!—

    Después de gritar tanto el poni anciano comenzó a toser. La poni hembra se encargaba de cuidar a su padre, mientras que el resto de la multitud solo insultaba y les decía a los Changelings que se fueran y que no los querían volver a ver, sin darse cuenta de que incluso, uno de ellos estaba llorando. Todos los miraban con odio y los Changelings no tuvieron más opción que irse de ese lugar, no sin antes encontrarse con una mirada compasiva, dulce y también triste que Roze y Holz también percibieron. La de la poni hembra, hija del anciano que tanto les había gritado, que tenía una expresión que adivinando tal vez significaba “Lo siento mucho, no quería que les pasara esto”.

    Sin decir nada, sin amenazar como muchos pensaban que actuaran, las criaturas negras se fueron del pueblo, dejando a una multitud aun insultándolos, gritándoles y lanzándoles cosas. Afortunadamente solo eso les habían hecho. Existían rumores que muchísimos años antes de que las princesas Celestia y Luna ascendieran al trono, cuando un Changeling era visto ni siquiera era juzgado o se analizaban sus acciones para saber si realmente merecía un castigo. En vez de eso era inmediatamente asesinado, aunque eran solo rumores.

    Solo unos diez minutos después de que se fueran, el ambiente del pueblo volvió a la normalidad como si nada hubiese pasado, aunque Roze y Holz no dejaban de pensar en lo que acababa de suceder y… en parte se sentían mal de como todos habían actuado contra dos criaturas que no habían hecho nada, pero así eran las cosas. Los Changelings jamás habían sido bien vistos por los ponis por sus características, y desde que hubiera sucedido una invasión en Canterloth durante la boda de una princesa y un capitán, el rechazo a esta raza aumento, y siempre que se viera uno debía ser echado o encerrado. Era algo normal, pero en cierta manera… muy triste, y según comentaba el propio Holz…
    “Era la prueba de que a los ponis aun nos faltaba mucho por crecer y aceptar aquello que es diferente, o al menos darle la oportunidad.”

    El tema hacía sentir a la pareja bastante decaída, pero trataron de no pensar en ello y poner todo su ánimo y energía en seguir vendiendo. Pronto se sintieron mejor y reabrieron el negocio para seguir con su jornada.

    El resto del día avanzo con calma, y al mismo tiempo con mucho entusiasmo, tanto Roze como Holz ofrecían sus productos con amabilidad y sin hostigar al comprador. Varios arreglos florales y figuras se vendieron, y con cada uno aparte de la paga obtenían una dulce sonrisa de su cliente, y eso hacía del trabajo de ambos simplemente gratificante y que… realmente daba frutos.

    Finalmente empezó a anochecer en Silver Hill. Varios de los comerciantes comenzaron a cerrar sus negocios, y Roze y Holz hacían lo mismo. Después de comprar algo de comida con la ganancia del día, pusieron las compras con el resto del dinero y lo poco que no se había vendido en una sola carreta.

    —¿Lista para regresar?— pregunto Holz con una sonrisa.
    —Por supuesto que si— dijo ella.

    Antes de irse, se despidieron de algunos de sus amigos, entre ellos IceWing, que no hacía mucho había regresado al pueblo y como había dicho, les había dado una bolsa llena de sus bolas de arroz especialmente preparadas para ellos.

    Sin más que hacer, ambos ponis comenzaron a caminar por el pueblo, con un cielo ahora oscuro, siendo acompañados por las luces de las casas y los postes de luz del pueblo. No tardaron demasiado en llegar a la entrada y estaban listos para marcharse, pero se encontraron con dos amigos, un pony y una yegua que al parecer los estaban esperando, y a los que ellos reconocieron de inmediato.

    —¡Goldenmane, hola!— dijo Roze dirigiéndose a abrazar a su amiga, que correspondió al abrazo —¿Cómo has estado?— creí que habías dicho que se irían a visitar a tu suegra—
    —Ella nos envió un mensaje— dijo ella —dijo que ella traerá a nuestra hija mañana para celebrar su cumpleaños en casa—
    —¿enserio?—
    —Así es— dijo el pony—aunque a nuestra hija le gusta acompañar a su abuela, es de las que prefiere su propio hogar, así que pensamos celebrar su cumpleaños aquí—
    —Es bastante normal Bluewill— comento Holz —cualquier chico prefiere estar en su casa, y más cuando se trata de su cumpleaños— acercándose al pony y chocando sus cascos para saludarlo.

    Los dos amigos con los que se habían encontrado eran Goldenmane y Bluewill. Goldenmane era una yegua terrestre de pelaje amarillo, una melena risada y abundante de un brillante color dorado y ojos de color verde como una esmeralda, con una Cutie Mark con la forma de un libro abierto con una pluma al lado. La poni además llevaba puesto un chaleco de cuero café claro con varios bordados y una pañoleta roja en su cuello completaban el conjunto.
    El otro era su esposo Bluewill, un pony macho también terrestre, de pelaje azul y una melena corta y lisa de un color azul bastante oscuro, de ojos amarillos, y un chaleco negro con un pelaje artificial agregado en la zona del cuello, bastante grueso para protegerlo del frio, y tenía una cutie mark de una máquina de escribir.
    Goldenmane era una profesora principalmente enfocada en enseñar historia y literatura, mientras que Bluewill era un gran apasionado de la poesía y la escritura y se ganaba la vida escribiendo libros que se vendían muy bien. Ambos vivían en Silver Hill desde hacía dos y medio y en sus primeros días habían Holz y a Roze, convirtiéndose en grandes amigos, ayudándose siempre que podían. De hecho, muchas veces en que la pareja había ayudado a la pareja en varias cosas, siendo una de ella a cuidar de vez en cuando a su pequeña hija, la cual se había hecho muy cercana a la pareja, en especial a Roze, siendo muy buenas amigas.

    —Espero que tenga un feliz cumpleaños entonces— comento Holz, acercándose al poni y chocando sus cascos con él.
    —y de hecho es por eso que los estábamos esperando amigos— la pareja no entendió mucho esto, pero pronto la esposa se encargaría de explicar.
    —Queríamos hablar con ustedes, aprovechando que ya no nos vamos a ir, y era por eso que los esperábamos. Además…—

    Antes de decir otra cosa, Goldenmane saco de su bolso dos largas cuerdas. Una se la quedo ella y la otra se la paso a su marido para atársela al cuerpo y a cada una de las carretas. Así, Goldenmane ayudaba a Roze a llevar su carreta, y Bluewill ayudaba a Holz a llevar la suya.

    —Después de lo mucho que nos han ayudado consideramos que era justo ayudarlos a ustedes. Sabemos que deben hacer un viaje largo a casa y queríamos acompañarlos esta vez—
    —Además…— comento Bluewill —después de todo lo que han trabajado deben necesita un casco—

    Tanto Holz como Roze les querían decir a sus amigos que no era necesario, pero no podían tampoco rechazar la buena voluntad de ellos. La pareja al final acepto la ayuda de ambos y los cuatro salieron de la ciudad.

    Ya la noche había caído, pero el cielo era iluminado por la hermosa luna llena que traía la princesa de la noche.
    Era un camino largo, pero también fue muy ameno, con los cuatro amigos conversando y riendo por cualquier cosa. Durante buena parte del camino, Bluewill y Goldenmane les dijeron acerca de lo que querían hablar con ellos y porque los esperaban.

    —No es un secreto— comento Goldenmane con una sonrisa —pero nuestra hija ama tus rosas Roze. De hecho el otro día intento sembrar una semilla en una maceta, y decía que ella cuidaría tanto de esa flor para que creciera fuerte y hermosa, igual a las tuyas—
    —¿enserio dijo eso?— pregunto Roze, algo sonrojada.
    —Así es— acercándose más a su amiga —así que… bueno, pensaba que tal vez podrías hacer una decoración con tus lindas flores— sonriendo todavía más —eso sería un maravilloso regalo. ¿Puedes hacerlo?—
    —¿Los gatos caen de pie?— ambas comenzaron a reírse por ese comentario —por supuesto que lo hare, nada me agradaría más que ayudarte, y más si es para la pequeña Berrygold—
    —A ella le encantaría, pero no solo que tus flores decoren su fiesta. Realmente sé que a ella le gustaría verte ahí, igual que a mí—

    Roze no pudo decir nada, pero su sonrisa lo decía todo. Hacía tiempo que tenía una linda amistad con Goldenmane, así como con su esposo Bluewill y su hija Berrygold, y le hacía feliz poder compartir con ellos, en especial con la pequeña. Le agradaba bastante y la pequeña también le agradaba mucho Roze, así como sus rosas.
    Mientras las yeguas hablaban, más adelante sus esposos las observaban, bastante contentos.

    —Se les ve muy animadas— dijo Bluewill, mirando a su compañero —¿de qué crees que hablen?—
    —supongo que de lo mismo que nosotros— comento Holz.
    —entonces te puedo preguntar ¿podrás ir?—
    —Por supuesto que sí, y me encargare de preparar algo especial—
    —¿y qué es exactamente?—
    —Eso será una sorpresa, bueno, a menos que Icewing haya dicho algo—
    —jajaja, no, él no me ha dicho nada. De hecho no he podido hablar con él—
    —En ese caso… será una sorpresa—

    Pronto las dos amigas alcanzaron a sus esposos y los cuatro siguieron su camino, aun hablando de lo que la pareja esperaba hacer para la fiesta de su hija, esperando también que Roze y Holz pudieran, no simplemente ayudar en la fiesta… sino también… tener presentes a sus dos amigos.
    Hablando sobre todo, el tiempo se les había pasado volando, así como el camino. Ya habían llegado al claro del bosque y estaban a punto de llegar a casa.

    —Bueno, ya estamos aquí— comento Holz —Realmente, muchísimas gracias por ayudarnos y acompañarnos.
    —No tienes que agradecer socio— dijo Bluewill.
    —Tienes razón querido— comento Goldenmane, ayudando a quitarse las sogas y a colocar la carreta en su lugar —ustedes son nuestros amigos y ayudarlos es algo que nos gusta. Además también fue un gusto hablar con ustedes y ver que puedan asistir a la fiesta de Berrygold. Si asistirán ¿verdad?—
    —Dalo por hecho amiga. Me asegurare de que ambos asistamos— mirando a su esposo —¿no es así?—
    —jmjmjm, no nos lo perderíamos por nada—
    —Trabajare mañana temprano en los arreglos y…— Roze no pudo terminar su frase porque de pronto empezó a sentir mareo y la visión se le hacía borrosa.
    —¿Estás bien?— pregunto Goldenmane.
    —Si… estoy bien— respondió la poni rosa, pero con dificultad para articular sus palabras –solo necesito…—

    Fue cuando su visión se hizo todavía más borrosa hasta ver todo negro, y sus patas se sentían muy débiles, incapaz de mantenerse pie. De no ser los reflejos de su esposo que pudo sujetarla a tiempo, muy seguramente ella se hubiera golpeado y lastimado contra el suelo.

    —¿Estás bien querida?— le pregunto Holz bastante preocupado, sujetándola con fuerza para que no se callera.
    —Estoy bien mi amor— respondió ella con una sonrisa cansada y los ojos entre abiertos —solo estoy algo cansada—
    —deberíamos llevarla con un médico para asegurarnos de que este bien— propuso Bluewill y Goldenmane de inmediato estuvo de acuerdo.
    —No se preocupen amigos— dijo Holz ya un poco más calmado, usando su magia para colocar a su esposa sobre su espalda —ella solo debe descansar—

    Ambos ponis no estaban seguro e insistieron que debían llevar a Roze con algún médico para que la revisara, pero Holz los tranquilizaba diciéndoles que ella estaba bien, y la propia Roze aunque algo cansada, también les decía que no se preocuparan.

    —Creo que hoy hice demasiado— dijo —pero con que me recueste y duerma un poco estar bien—
    —eso espero— respondió Goldenmane ya más tranquila, pero sin dejar de ver a su amiga con cierta preocupación.
    —Descansa bien— dijo Bluewill, regalándole una sonrisa.
    —Lo hare— dijo Roze, sin dejar de sonreír un solo instante —y mañana trabajare en los arreglos para la fiesta de Berrygold. Y no se preocupen… iré— mirando a su esposo, quien también le sonreía —ambos iremos—
    —Los veremos entonces—

    Dicho esto, Holz empezó a caminar su casa con Roze aun en su espalda, mientras que sus amigos se despedían de ellos para luego ir de regreso al pueblo y a su hogar.

    Holz y Roze solo tardaron un par de minutos en llegar a su hogar y entrar. Roze aún estaba cansada y débil, y Holz tuvo que usar su magia para llevarla y acomodarle en la cama para que así pudiera descansar. Así como el exterior, el interior de la casa de ambos también era muy humilde. No había habitaciones y todo estaba en un mismo sitio. Cerca de la puerta estaba la cocina y algunos anaqueles, y al otro extremo estaba la cama donde ambos dormían, dos mesas de noche y un armario que ambos compartían, todo cerca a la chimenea, para estar calientes ya que aun con solo ese bosque era muy frio en las noches.

    Ya con su esposa en cama, el unicornio uso su magia para encender unas cuantas velas iluminando levemente su hogar y para cerrar las ventanas. Ahora ambos estaban totalmente solos y nadie podía verlos.

    —Ya puedes quitarte el disfraz— dijo Holz, y Roze no tuvo que preguntar a qué se refería con eso.

    Con algo de dificultad Roze se bajó de la cama, sujetándose de esta para no caerse ya que aún se sentía algo débil. Al principio no pasó nada, pero después, una llama de color verde se encendió y comenzó a extenderse hasta formar un anillo de fuego que la tenía totalmente rodeada. A pesar de ver a su esposa dentro de un círculo de fuego, Holz no parecía estar nervioso o preocupado, y Roze tampoco se veía asustada.
    Las llamas comenzaron a hacerse cada vez más grandes e intensas, aunque estas no hacían ningún daño a los objetos a su alrededor como la cama o el suelo. Poco a poco las llamas descendieron y a apaciguarse, hasta apagarse por completo, sin haber dejado alguna marca de que hubieran aparecido. Una vez el fuego desapareció, Roze parecía estar bien pero… ahora se veía como era ella realmente, y la razón por la que Holz le había dicho eso. La poni rosa de melena roja había desaparecido y en su lugar… había una Changeling. Tal y como los dos que habían visto ese día.

    Ambos, Holz y la Changeling se miraron fijamente mientras empezaban a caminar el uno hacia el otro, pero la Changeling apenas pudo dar un paso cuando se sintió muy débil. Sus patas se sentían cansadas y aunque intento mantenerse de pie, al final no pudo resistir más y se cayó. Pero tal y como había sucedido antes, no se alcanzó a golpear contra el suelo por que Holz se movió rápido hacia ella y la sujeto justo a tiempo.
    La Changeling miro fijamente al unicornio, que ahora le regalaba una dulce sonrisa.

    —Una vez más estuvo cerca— dijo él —que bueno que me pude mover rápido antes de que algo sucediera—

    La Changeling le regalo una sonrisa también, y usando su magia, Holz la puso con cuidado una vez más en la cama.

    —Descansa querida— acariciando el rostro de la Changeling —te traeré un poco de té—

    Holz se dirigió a la cocina, no sin antes mirar a su esposa de la misma forma dulce y tierna como lo hacía en su forma de poni, dándole un beso en los labios.

    El unicornio dejo preparando el té y salió para guardar las figuras que no se habían vendido en su bodega y traer a la casa los arreglos de rosas que aún quedaban, así como el dinero ganado y las compras. Para cuando regreso, termino de preparar el té y lo sirvió en dos sencillos vasos acompañados por un plato, con dos rebanadas de pan con mantequilla y unas galletas. Era una comida sencilla, pero para ambos era suficiente, y el esfuerzo y cariño puesto en ella por Holz era también suficiente.

    Mientras su esposo hacia todo esto, Roze no dejaba de mirarlo con una sonrisa.

    —Oh Holz— pensó ella, soltando un suspiro —has trabajado tanto en la mañana, has hecho tu mejor esfuerzo el día de hoy para vender, aun tienes fuerzas para traerme a casa y seguir trabajando. Eres… eres maravilloso—

    La Changelings seguía observando al semental y sentía una gran cantidad de sentimientos que brotaban de él. Alegría, amabilidad, ternura y más importante… amor. Ella sentía todos esos sentimientos y los absorbía a través de su cuerpo, tal y como una planta absorbía los rayos del sol, y se llenaba cada vez mas de energía que la hacían sentir mucho mejor. Ahora podía levantarse de la cama y mantenerse de pie sin temor a caerse otra vez. Eso era lo que los Changelings hacían, sentir el amor y los buenos sentimientos y absorberlos, para así alimentarse y mantearse sanos y fuertes.

    Holz revisaba el té, aún estaba demasiado caliente y lo dejo reposar un poco mientras organizaba un poco otras cosas, sin advertir que su esposa se acercaba a él con una sonrisa.

    Tal vez el que Roze fuera una poni no era cierto pero… todo lo demás en ella sí lo era. Su nombre era Roze, realmente tenía una gran habilidad para cultivar rosas y era lo que más le gustaba. Sentía un gran cariño hacia el pueblo, su humilde hogar, hacia los amigos que había hecho y sobre todo… era verdad que sentía un gran y sincero amor hacia su esposo Holz.
    El amor era el alimento de los Changelings, pero era más que eso. Era también el sentimiento que más apreciaban y más valoraban y era… algo que ellos sentían. Muchas cosas se decían de aquellas criaturas con forma de insecto, pero había una que todos parecían ignorar y era que los Changelings también tenían sentimientos y podían sentir amor como cualquier poni, y era por eso los Changelings vivían en comunidad y se sentían felices. Pero muchas veces se podían sentir… algo de vacío, de hambre y falta de energía que sus propios sentimientos no podían llenar y era por eso que debían absorber sentimientos de otros pero… cuando se sentían llenos… no solo se sentían alimentados, sino que podían sentirse tan felices que podían expresar mucho más abiertamente sus propios sentimientos, y si… aquellos sentimientos que absorbían eran para ellos… se sentían más llenos, más felices y expresaban aún más su propio amor, y eso… era lo que sentía Roze.

    Todo ya estaba organizado y el té ya estaba a la temperatura perfecta. Holz entonces se preparó para llevarle la comida a su esposa, pero se detuvo al sentir algo detrás de él. No era necesario que volteara a ver lo que era y simplemente sonreía.

    —¿Ya te sientes mejor querida?— pregunto, aun sin voltear a ver.
    —Me siento mucho mejor— dijo ella, acercándose un poco más para abrazarlo —todo gracias a ti querido—
    —me alegra escuchar eso, me había preocupado—
    —Supongo que he trabajado duro y mantener mi disfraz también me agota. Lamento… causarte tantos problemas—
    —Roze…— volteándose para poder verla, sin que ella dejara de abrazarlo —tú jamás me has causado problemas. Me siento feliz de ver que estas mejor, y eso es lo único que me importa—
    —Como dije todo es gracias a ti. Sentir tu amor… me devolvió las fuerzas—
    —es solo para ti Roze— dijo él, acordando la distancia entre ambos y abrazándola también —mi amor… es para ti, así como tu amor es para mí—
    —Tienes razón Holz, tienes…—

    No pudo seguir hablando, el semental le dio un beso en los labios, suave y a la vez apasionado y más dulce que cualquiera que hubiera recibido de él en ese día. Sentía los sentimientos de su marido aflorar, así como los suyos propios y solo pudo dejarse llevar y poner de su parte en aquel beso tan maravilloso. Solo pasaron algunos minutos pero habían sentido que había sido muchísimo más tiempo cuando separaron sus labios. Hubieran querido que durara más, pero lo que había durado era suficiente
    Ambos no dejaban de mirarse y sonreír de una forma muy tierna que mostraban lo enamorados que estaban. De un momento a otro, alrededor de los labios de la Changeling empezó a dibujarse un tono azul fluorescente, esa era la señal de los sentimientos que ella absorbía a través de ese beso y que quedaban ahí. Era similar a los murciélagos de la fruta que succionaban el jugo de las manzanas a través de sus colmillos, pero claro, ella nunca lastimaba a su esposo en el proceso. Pronto el tono azul desapareció de los labios de Roze.

    El unicornio uso su magia para llevar a su esposa una vez más hasta la cama, así como la comida. Lugo agrego algunos leños a la chimenea para avivar un poco el fuego y calentar un poco su hogar, que comenzaba a sentirse helado por el frio que hacía a fuera, y luego finalmente pudo acomodarse en su descansar. Ambos empezaron a comer y una vez terminaron, aunque no fuera demasiado se sentían más que satisfechos y listos para dormir.

    —Te amo Holz—
    —Y yo a ti Roze… en verdad te amo—


    Continuara…
    __________________________________________________________________________

    Buenas tardes a todos.

    Este es el primer cap de este proyecto de fic, el cual que empezado a hacer con la ayuda de mi amigo cairon—g700 y espero que les guste.
    Debo aclarar que este es un proyecto que apenas he empezado y debido a mis otros proyectos no es un fic que tendrá actualizaciones constantes, por lo que debo pedir mucha paciencia y que no se extrañen si pasa un largo tiempo sin que suba un nuevo cap. Aclarado esto, debo decir que el motivo para subir este primer cap es simplemente para conocer su opinión.

    Un proximo cap podria tardar mucho en estar, asi que ante todo... mucha paciencia y gracias por su tiempo


    Espero que este cap les guste y nos veremos en la próxima.
     
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  9. caru36

    caru36 caru36 furro de corazón

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    wuau!!! Es grande el cap lo descargare y lo leeré en casa con una tasita de café galletitas y abrazando un peluche.....
     
  10. Autor
    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    ok, espero tu opinion, y si se que es largo, ultimamente escribo caps largos en mis fics. no lo puedo evitar
     
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  11. caru36

    caru36 caru36 furro de corazón

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    tratandose de la sensual Chrysalis soy muuuuuuuuy exijente
     
  12. Autor
    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    Capítulo 2: el largo viaje a casa

    (Escrito por Cairon_g700)


    Por el camino de la fría aldea de Silver Hill, cerca de donde vivían Roze y su esposo, se veía a una poni de pelo azulado, pelaje gris oscuro, con un ojo color azul claro y el otro de un verde fluorescente. Ella por petición de su esposo se había dejado el color original de uno de sus ojos, pues según él, tanto su lado Changeling como su lado equino eran igualmente hermosos, después de todo él no creía las cosas que los demás ponis decían de aquellas criaturas supuestamente temibles llamadas Changelings.

    A paso firme, Roze se dirigió hacia el pueblo donde le esperaba un viejo amigo, tanto entre los ponis como entre su raza su nombre era Slashcross, un semental de pelaje castaño con pelo rubio y ojos color violeta, cuya cutie mark era la de un poni con una carreta llena de cosas, si como su marca lo indicaba él era un vendedor ambulante, lo curioso es que nunca había tenido necesidad de abandonar la pequeña zona dónde había comerciado durante años la cual abarcaba solo los tres pueblos cercanos: Silver Hill, Crossing Mountainy Minersville, los cuales siempre le compraban la mayoría de sus artículos.

    Roze le solía vender flores a Slashcross, especialmente porque ambos eran Changelings. Habían recorrido kilómetros en busca de nuevas tierras dónde conseguir la poderosa energía del amor y de otras emociones para su pueblo, pero ambos se quedaron tan maravillados de la vida de aquellos ponis que era como estar en casa, todos tratándose como buenos y viejos amigos, ayudándose entre sí. Quizá era por el hecho de que habían adquirido apariencia de ponis y nadie podría ver la diferencia pero al final… Roze y Slashcross encontraron un compañero en ese inhóspito lugar, y aunque no olvidaban su misión, decidieron quedarse a vivir en ese lugar y permanecieron ajenos a su reino por un largo tiempo.

    Hacia solo unos días ella le había mandado una carta para informarle a su amigo que necesitaba encontrarse con él, y ahora esperaba verlo. Había un asunto importante que debía hablar y realmente necesitaba su ayuda.

    Roze había caminado una considerable distancia hasta llegar al mercado del otro pueblo, que aunque no quedaba muy lejos si era una cansada caminata.
    Pronto la Changeling con disfraz de yegua levantó la pata saludando a lo lejos a su gran amigo de toda la vida. Ambos se saludaron afectuosamente pues hacía tiempo que no se veían, y ambos empezaron a caminar por el mercado lenta y tranquilamente, platicando acerca de lo que habían hecho en todo ese tiempo que no se habían visto.

    —Hola Roze, ¿Cómo has estado? hace mucho que no te veía— dijo alegremente el semental mientras le dedicaba una amistosa sonrisa a su amiga florista.

    —Muy bien Slash— respondió ella —he tenido momentos agradables con mi esposo, ah y por cierto… ya hace tiempo le dije mi verdadera identidad y me aceptó tal y como era. Eso me hizo tan feliz…— soltando un largo suspiro —y tú ¿Ya le dijiste a tu novia sobre quién eres?— le preguntó devolviéndole la misma sonrisa y dándole un golpecito en el hombro a su amigo.

    -Yo… no lo sé… ella es adorable y la amo pero… no creo que lo entienda…— comento un poco decaído, pero rápidamente trato de desviar el tema —y… cambiando de tema ¿Qué te trae ahora aquí? Pensé que en tu pueblo tenían su propio mercado, o es que ¿Vienes a saludar a tu viejo amigo?— dijo en tono de broma mientras guiñaba un ojo pensando que seguramente le respondería que sí.

    —Pues... si y no— contesto ella, con una marcada expresión de preocupación —verás extraño nuestro hogar y... he decidido volver a ver como están y bueno... quedando tan lejos pensé que podrías ayudarme a llegar allí, quizá conozcas a alguien que pudiera llevarme o dejarme cerca— le respondió Roze a su amigo quien sin esperar esa respuesta se sorprendió un poco, pero luego cambió su expresión de sorpresa a una sonrisa de gran confianza.

    —Claro, te pondré en contacto con algunos amigos míos que viajan hacía las tierras lejanas al noroeste. Espero que no hayas olvidado como llegar ahí. Pero dime ¿Porque quieres volver ahora después de haber estado lejos por tanto tiempo, eh?— le preguntó con curiosidad su amigo, que la miraba como si hubiera alguna otra razón para volver.

    —Tengo… un mal presentimiento— le respondió, aun con una expresión de preocupación —la conexión que tenemos con el enjambre… me advierte de algún peligro. Siento que algo terrible podría pasarle a la reina, no lo sé… solo es un presentimiento, pero quiero estar segura… ya que… si llega a morir ella sin transferir su poder a un sucesor, todos estaríamos condenados a muerte… seguro lo recuerdas— le explicaba Roze a su amigo con una expresión terriblemente preocupante que su amigo tomó con la debida seriedad.

    —Además…— continuo —también quiero ver a la reina… a nuestra madre. Aunque haya un sucesor… igual quiero verla. Yo la amo mucho, así como los otros. Y quiero verla para asegurarme que está bien—

    Slashcross podía entender bien a su amiga. No sabía de donde le salía esa preocupación, pero la entendía, así como que también compartía el amor de Roze por su reina, tal como todos los Changelings lo hacían. Algo más que lo hacía querer ayudarla.

    —Te entiendo... no te preocupes— le dijo él con una cálida sonrisa —hoy mismo te conseguiré a alguien que te lleve. Pero sea como sea, aunque yo he sentido eso… podría ser solo nuestra nostalgia, nuestro deseo de saber que todos nuestros hermanos y hermanas se encuentran bien y son felices, así como el deseo de ver a nuestra madre otra vez. Pero creo que podrías tener razón…— respondió con seriedad pero sus ojos mostraban una gran duda. Hasta ese momento no había pensado que aquella sensación sutil podría ser algún terrible peligro que atentara contra su reina, pero ¿porque decía Roze que era a la reina a la que podría sucederle algo? se preguntaba su amigo.

    —Gracias Slash… tu siempre ayudándome mucho— dijo Roze más calmada y dándole un fuerte abrazo.

    —Cualquier cosa por una de mis muchas y queridas hermanas— comento Slash en broma, suavizando su expresión —Asegúrate de mandarle muchos saludos a la reina de mi parte—

    —Te prometo que lo hare, y cuando vuelva te contaré como han estado todos, ¿está bien? Ahora ¿Qué te parece si vamos a comer algo?— propuso Roze más tranquila y Slash con un movimiento de cabeza aceptó.

    Ambos amigos se dirigieron al primer restaurante que vieron, uno pequeño pero con una atmosfera acogedora, se sentaron en dos taburetes de madera con hermosos acabados y oliendo la deliciosa fragancia del suave heno que formaba un montículo entre ellos, rápidamente llegó un mesero el cual solo vestía un delantal con bolsillos ofreciéndoles el menú.

    —Yo quiero… un sándwich de margaritas y un jugo de naranja por favor— dijo Roze sin despegar los ojos del menú.

    —A mí me traes… un sándwich de heno con tomate con mucha sal por favor— dijo Slash levantando la vista y mostrándole una amistosa sonrisa.

    El mesero se retiró y al tiempo volvió con las órdenes de ambos, comenzaron a charlar un poco sobre sus vidas que cada uno había tenido con sus parejas y las cosas que habían hecho, incluyendo el cumpleaños de la hija de su amiga Goldenmane, los arreglos florales que había hecho para ella y le menciono la estatua de Discord que su esposo había hecho y terminado para dársela como regalo.

    —Se nota que realmente la pasaste muy bien ese día— comento Slash.

    —Así es— dijo Roze —realmente pude sentir y absorber muchos sentimientos y… eso me permitió disfrutar más de ese día. Además realmente me agradan mis amigos… y mi esposo—

    —puedo ver lo enamorada que estas de él. Realmente es bueno cuando no solo absorbemos los sentimiento de los ponis a nuestro alrededor sino que también sentimos algo por ellos y somos felices, es lo que nuestra madre siempre nos ha dicho cuando debemos cumplir una misión—

    Siguieron hablando, y entre otras cosas hablaron un poco del incidente de los dos Changelings en Silver Hill y que Roze le había mencionado a Slash en su mensaje, provocando en ambos un poco de enojo y tristeza de como su raza era tratada, aun cuando no querían hacer nada malo, y de hecho no lo hacían. Lo bueno es que Roze también había mencionado que poco después había logrado hablar a solas con la poni hija del anciano que los había sacado del pueblo, y ella le había dicho que había conocido a esos Changelings y los entendía. Los había llevado a Silver Hill para ayudarlos y realmente quería ser amiga de ellos y ellos de la poni, pero las cosas no habían salido bien y cuando se lo dijo a Roze y supo que ella era una Changeling se sintió muy apenada. Aun así, ahora Roze y ella eran amigas, y Roze ahora tenía a alguien más que sabía quién era y la apoyaba.

    Hablaron de muchas cosas muy amenamente, pero sin darse cuenta el tiempo se les pasó volando, cuando terminaron de comer ya era el ocaso, pronto Celestia bajaría el sol y Luna levantaría su astro trayendo con eso la noche.

    Pronto se dirigieron al lugar dónde los mercaderes guardaban sus carretas y en si en dónde dormían y vivían mientras estuvieran en un pueblo, se le llamaba "el refugio" y desde luego Slash también permanecía ahí mientras estuviera en el pueblo. Rápidamente dieron con el semental que estaban buscando, un mercader ambulante de pelaje blanco con crin negra y ojos dorados, su cutie mark eran dos patas de ponis, una con una mazorca de maíz y el otro con una torre de bits perfectamente apilada, en su crin se podían ver algunas canas por la edad pero aun así continuaba trabajando cuando bien podría jubilarse.

    —Hola Truesing— Saludo Slash de forma bastante amable —oye… necesito que me ayudes con algo… verás… mi amiga necesita viajar muy al noroeste, hasta el desierto de la desolación, conoces el lugar. Desde luego, te pagaré por ello, es algo muy importante—

    la forma en la que le pidió el favor Slash a su amigo le hizo entender a Roze que probablemente no tenían una buena relación de amistad y que probablemente él podría negarse a ayudarlos, por lo tanto observó con respetuosa atención, mirando al semental como si le rogara que la ayudara en una silenciosa suplica.

    —Hola… Slashlento, dime… ¿porque tendría que hacerte un favor solo por unos cuantos bits, eh?— Truesing miró a su compañero mercante con cara de pocos amigos, como dándole a entender que no disfrutaba nada de su compañía y que no le agradaba en lo más mínimo.

    —Pe… pero si yo te he ayudado muchas veces… ¡¿cómo es posible que me hagas esto?!— dijo bastante enfurecido Slash, pero en realidad solo estaba actuando pues sabía cómo era realmente su amigo. Aun así la expresión de estupefacción de Roze la delataba pues daba a entender que no comprendía la situación. Nunca había visto a su amigo protestarle a nadie por alguna cosa.

    —Bueno… ya que lo pones así, claro que te ayudaré y no te preocupes, no aceptaré tu dinero, eres mi amigo, además como dijiste, me has salvado el cuello muchas veces. Gusto en conocerla señorita, ¿cuál es su nombre?— mirando a Roze.

    La expresión del semental había cambiado, ahora era amable y comprensivo, por su lado Roze seguía sin comprender nada.

    —Descuida Roze, así nos llevamos, nos gusta bromear así pero creo que nunca te había contado nada, discúlpame— le explicó Slash a su amiga, quien comprendiendo lo ocurrido relajó su expresión y se presentó con aquel semental. Le alegraba que su hermano Changeling tuviera tan buenos amigos.

    —Vaya que alivio, por un momento pensé que terminarían peleándose. Por cierto también es un gusto conocerte Truesing y gracias por ayudarme, enserio es importante que llegue a ese lugar— respondió al principio Roze, suspirando de alivio pues había sido una situación un poco tensa, pero luego su típica sonrisa se hizo notar ampliamente, ahora le parecía mucho más agradable que al primer momento.

    —Igualmente Roze, por cierto… espero que no te importe pero me harías un gran favor si me ayudaras con la carreta es que... pesa mucho— respondió el semental sobándose un poco el cuello pues la presión que ejercía el arnés sobre sus hombros y su cuello le lastimaba terriblemente, incluso tenía que usar toallas sumergidas en agua caliente para bajar la inflamación.

    —Claro que te ayudaré, los amigos de mi hermano son mis amigo— respondió muy alegremente Roze al ver en apuros a un buen amigo de aquel que consideraba sin dudas su hermano aunque no tuvieran más conexión que el haber nacido de su reina.

    —¿Porque le dijiste "hermano"?, pensé que eran solo amigos…— pensó Truesing mientras miraba a ambos ponis.

    Estos pensaron rápidamente en una excusa para darle pues sería terrible si se enterara del secreto que guardaban.

    —Es que… somos amigos desde niños y... me decía así desde entonces y… y… bueno me sigue llamando así sin querer pero me gusta que me diga así— respondió lentamente Slash pues las palabras no le salían. Sabía que su amigo podría seguir preguntando y al final terminaría por desvelar su secreto y todo por un simple descuido.

    —Entiendo, bueno esa si es amistad de verdad, así que… ¿ya estas lista para irnos Roze?— preguntó True mientras apuntaba a una carreta vieja cubierta con una enorme tapa de madera atada con dos gruesas cadenas sujetas a un enorme candado, se veía que nadie podría robarse nada de su contenido y en general así estaban todas las carretas pues a pesar de tratarse todos como iguales, había algunos que les gustaba aprovecharse de su competencia.

    —Mientras más pronto nos pongamos en marcha mejor— respondió Roze en tono entusiasta dejando ver su ánimo, el cual hacía que sus ojos resplandecieran con un brillo alegre.

    Luego de sacar la pesada carreta entre ambos empezaron su largo viaje, despidiéndose de su amigo Slash quien desde las lejanías les gritó un par de veces "buen viaje" y "cuídense mucho" tomaron camino hacía las tierras más allá al noroeste.

    Los días y semanas pasaban lentamente, las caminatas eran largas y difíciles. Tenían que procurarse alojamiento en cada aldea ya que si no tendrían que dormir en la carreta, dónde a pesar de haber suaves y cálidas mantas para protegerlos de noches frías, no tenía la más mínima comodidad. La dura y rígida madera lastimaba sus cuerpos, y ni se diga de pedir alojamiento temporal en alguna casa. Todo eso era impensable ya que los ponis de los alrededores a pesar de ser amables con los viajeros no les agradaba la idea de tener a extraños durmiendo en sus casas.

    Llegaban a diferentes lugares donde en ocasiones el mercader solía ponerse a vender sus productos directamente en el mercado del pueblo o simplemente les vendía a los mercaderes de los otros pueblos. El surtir locales era un buen negocio y era mucho mejor que solo intentar vender sus productos como cualquier vendedor del mercado. Aquellos momentos eran largos y aburridos para Roze pues tenía que ayudarlo a descargar, y no podía negarse si la estaba guiando a casa. Si hubiera podido se hubiera ido volando pero habían pasado varios años desde que salió a cumplir su misión y estuvo vagando por tantos lugares que ya ni recordaba a detalle cómo es que había llegado a Silver Hill dónde había conocido a su esposo, y de hecho ni siquiera recordaba cómo era el valle y el reino dónde vivían todos los Changelings. Seguro había cambiado, pero de cualquier manera quería verlos de nuevo, a su reina y madre, a sus hermanos, a sus amigos… en verdad los extrañaba pero fue más a causa de un extraño sueño que tuvo que tomó la decisión de volver, la razón por la cual aunque le fuera difícil había dejado a su esposo y había mandado esa carta a Slashcross para que la ayudara.
    En el sueño Roze hablaba tranquilamente con su reina de temas triviales, en realidad ni siquiera recordaba de qué estaban hablando, cuando de pronto de la sombra de su madre empezaba a crecer una horripilante figura maligna. Cuando trataba de recordar cómo era la figura, a veces recordaba una silueta negra con dientes puntiagudos y afilados como si fuera una trampa para osos, o una sombra con dos cuernos largos que se elevaban más allá del techo de la habitación y dos ojos rojos como la misma sangre las miraba a ambas, o a veces la recordaba con ambas características.
    De pronto esa sombra se materializaba en un horrible espectro con largos brazos rematados en cinco afiladas garras que de un zarpazo descuartizaron a su reina dejando el piso lleno de charcos de sangre y tripas desparramadas por todos lados. Nunca había tenido un sueño asi. Podría ser una verdadera representación de una amenaza o una metáfora de que algo pasaría, o incluso una simple pesadilla y que en realidad nada pasaría, pero como fuera el sueño había dejado a Roze casi segura de que su reina se encontraba en peligro, y sin importar cual fuera la amenaza, de algún modo u otro intentaría salvarla.
    Como fuera, aun si hubiera cambiado probablemente al llegar recordaría como entrar al reino.

    Llegaron muy cerca del Desierto de la Desolación. Estaban a solo un día de camino para llegar a ese lugar, y ambos estaban ya bastante hartos de la dura madera de la carreta, de las interminables noches de poco descanso, de tener que viajar en mañanas y tardes calurosas y soportar las frías noches que a veces ni el cobertor podía remediar. Truesing deseaba volver a casa a su suave cama y quedarse ahí durmiendo toda una semana sin parar. Roze por otro lado no podía quejarse, después de todo tenía comida, dónde dormir y además un guía, todo eso sin que le costara un solo bit.
    Sin embargo el viaje terminaría pronto y se le había olvidado algo muy importante, la enviaron a conseguir amor y otras emociones para su pueblo, pero volvía a casa sin nada excepto los sentimientos que ella había recolectado para sí misma, y sus propios sentimientos. Pero no tenía más energía para dar a su reino, y fue ahí cuando se le ocurrió una gran idea, le pediría a su compañero de viaje si podría tomar sus emociones, aunque al final tendría que decirle quien era, pero no lo dejaría ir sin antes borrarle sus recuerdos, pues no creía que fuera a aceptarla con su forma verdadera. Saldría huyendo como todos lo hacían. Era triste, pero ese fue el regalo que les había dejado su invasión a Canterloth, una decisión que habían lamentado desde el mismo día que se decidió hacerse, principalmente porque… porque no eran algo que ellos hubieran querido hacer… en especial su reina.
    La invasión al ser realizada a la capital de Equestria, las noticias se difundían como si fuera un virus y ahora la mayoría de los pueblos, incluso los más lejanos estaban alertas por si veían algún Changeling.

    La noche ya había caído, y ambos se encontraban alrededor de una fogata improvisada, hecha con los pocos trozos de madera que habían encontrado por el lugar. La carreta se encontraba justo detrás de su dueño, y Roze se preguntaba si sería posible lograr que aquel semental con quien viajaba le diera algo de sus sentimientos si se lo pedía, mientras miraba fijamente como danzaban las llamas en un rítmico vaivén, al compás de las ráfagas del frio viento de la noche.

    —Mañana llegaremos al Desierto de la Desolación— comento Truesing —pero… estoy preocupado. Es un lugar muy peligroso, nada crece ahí, ni vegetal, ni mineral y ninguna forma de vida puede sobrevivir a su sofocante calor, la falta de magia y… y además dicen que existen criaturas terribles ahí, son criaturas que destrozan el cuerpo de un poni en segundos, devoran su carne y su sangre y simplemente no se vuelve a saber de ese poni. ¿En verdad quieres ir allí?— preguntó Truesing con una expresión seria pero a la vez preocupada, se preguntaba ¿que querría la chica estando en un lugar como ese?

    —Bueno… digamos que voy a visitar a alguien… que no he visto en mucho tiempo…— respondió Roze con una expresión de nostalgia que no podía evitar, pues el estar lejos de sus hermanos era difícil para ella aunque el amor de su esposo fuera algo que la mantenía allí a su lado, pero más que no olvidar su importante misión… no podía olvidar el cariño y el amor fraternal que compartió con ellos desde que nació… sus queridos hermanos.

    —Pero… ¿quién? nadie vive por esas regiones… dime… ¿qué piensas hacer en ese lugar en verdad?— preguntó Truesing con algo de desconfianza en su mirada, después de todo, ¿cómo podías confiar en alguien que no conocías? lo cual hizo que Roze diera un gran suspiro.

    —Bien, de todos modos te lo pensaba contar ya que… necesito pedirte un favor… déjame absorber un poco de tus sentimientos por favor—

    Esta petición tomó por sorpresa al semental, dejándolo con los ojos bien abiertos al igual que su boca. Después de todo lo que acababa de decir Roze podía interpretarse de muchas formas, pero lo que hizo a continuación lo dejó totalmente pálido como si hubiera visto a un horrible espectro.

    —Verás… yo… soy un Changeling- Dijo Roze —Mi misión era recorrer los territorios del suroeste y buscar poblados para poder obtener amor y otros sentimientos de los ponis para alimentar a mis hermanos... pero encontré a alguien que me amó por quien yo era no por quien fingía ser y por eso no había decidido volver hasta hoy. Necesito un poco de tus sentimientos para poder alimentarme y a mis hermanos- le pidió Roze mientras retiraba su hechizo de camuflaje dejando ver su verdadera forma, más sus gestos y su forma de ser que la caracterizaban aun los conservaba, miró con una sonrisa amable al semental mostrando esos colmillos que sobresalían de su boca, sin embargo el semental no parecía reaccionar.

    —A… ¡aléjate… monstruo! n-no tengo porque darte nada y si lo hubiera sabido antes…— no pudo ni decir una palabra más el semental ya que un potente hechizo de parálisis lo había dejado inmovilizado, solo sus ojos se movían tratando de no perder de vista a Roze, pues en ese instante podría hacer con él lo que quisiera, y siendo Truesing un simple poni terrestre no podía luchar contra la magia.

    —Lo siento… pero no puedo permitir eso. Necesito tus emociones y si no quieres dármelas por las buenas… tendré que insistir, después de todo, la vida de mis hermanos es mucho más importante que la tuya. Pero descuida, cuando termine no recordarás nada de lo ocurrido— dijo Roze con una expresión casi malévola, pero solo era su orgullo de Changeling hablando, pero aun así no pudo evitar que aquel poni empezara a temblar por su reacción. Al final se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y relajó su expresión, no sin antes mirarlo frente a frente, luego de su advertencia empezó a succionar sus sentimientos sin hacerle el menor daño o cansancio como muchos creían que hacían. Aunque de todos modos solo absorbía los sentimientos necesarios para llevar a su reina como una muestra de su esfuerzo, al final solo pudo obtener un poco de miedo, mucho odio y un poco de tristeza. No era un banquete suculento para los Changelings pero era mejor que morirse de hambre.

    —Gracias por tus sentimientos, los… "monstruos" atesoramos tu obsequio de vida, ahora olvidarás que esto pasó…— dijo sarcásticamente y con indiferencia pues cuando les dijo a algunos habitantes de Silver Hill quien era en verdad todos se alejaron y no volvieron a dirigirle la palabra, al menos hasta que borro sus recuerdos. El único que vio algo especial en ella era Holz, quien si bien al principio le había temido un poco, jamás le había odiado y poco a poco empezó a conocerla y a enamorarse de ella al punto de darle un hogar donde ella pudiera hacer lo que le gustaba y vivir tranquila, haciendo que ella también se enamorara y finalmente ambos se casaran. Sin embargo a Roze le seguía disgustando que le dijeran “monstruo” a ella o a cualquiera de su raza, sin siquiera haberse dado el tiempo de conocerlos.

    De un solo y brillante resplandor le robó el recuerdo al semental de su encuentro con la verdadera Roze, así volvería de vuelta al pueblo sin saber nada de lo ocurrido hacía apenas unos momentos.
    Truesing cayó en un profundo sueño al instante lo cual le permitió a Roze tomar su forma de yegua, no sin antes acomodar a su inconsciente compañero de viaje dentro de su bolsa de dormir en la carreta. Ella también se dispuso a dormir acomodándose en aquella bolsa que le resultaba casi más cómoda que su propia cama pues de eso a dormir sobre la dura madera de la carreta, prefería mil veces esa delgada y no muy abrigadora bolsa.

    La mañana llegó pronto y con ella ambos despertaron listos para reanudar su viaje, como si no hubiera sucedido nada ayer. Truesing se mostró amable y amistoso con Roze, ella se sentía orgullosa pues después de tantos años sin usar sus habilidades de Changeling, pues con su esposo a su lado no necesitaba usar ese tipo de trucos para conseguir un poco de amor, pudo usar su hechizo para borrar memorias. Se sentía algo culpable por haber asustado de esa manera al amigo de su hermano, ella no era así, pero también no soportaba a los que no se daban el tiempo para ver que había en su corazón pues ella era uno de los Changelings que más amistad lograba con los ponis por su amabilidad y comprensión, de hecho ella misma creía que había nacido de la cruza entre un poni y su reina y que siempre se lo habían ocultado pero al pasar del tiempo esa idea se fue desvaneciendo de su mente más no su personalidad amable y su forma de ser tan compasiva.

    Ambos continuaron el resto del camino charlando sobre temas sin importancia, matando el tiempo esperando solo alcanzar su destino, así Truesing podría volver a su pueblo nuevamente y continuar comerciando para obtener una buena cantidad de bits pues estaba esperando ahorrar lo suficiente para construir su propia tienda, establecerse en aquel pueblo que tanto amaba y finalmente vivir tranquilamente, tener esposa, hijos, enseñarles el negocio familiar con orgullo y finalmente terminar su existencia dejando un importante legado a sus descendientes. Sus metas eran simples pero era lo mejor que un mercader podía hacer para ganarse la vida honradamente y así darle un significado a todo ese esfuerzo que estaba realizando diariamente.

    Llegado el atardecer y la puesta de sol ambos se encontraban ya a la vista de un extraño paisaje, el lugar estaba coloreado de arena rojiza como si todo aquel lugar fuera una enorme pieza de metal completamente oxidada, con árboles de color gris oscuro, los cuales ni siquiera estaban vivos. Era lo que quedaba de un antiguo bosque que terminó siendo petrificado por el paso de la lava ocurrida en una erupción volcánica que devastó el lugar matando toda forma de vida, y a lo lejos se veían montañas y algunos cerros más pequeños, desde luego la vista de estos era bloqueada por ese mar de árboles petrificados que continuaban de pie aunque ya no tuvieran ni un atisbo de vida, pero lo más inquietante era el viento, un viento gélido que podía atravesar a cualquiera como la fría hoja de una espada, aullando en la distancia como miles de lobos de madera. El lugar en si daba miedo solo con mirarlo, ya ni se diga entrar en su interior. Truesing miró por última vez a Roze antes de preguntarle:

    —¿Segura que quieres continuar adelante? por mi parte yo saldría corriendo de…— Truesing guardó silencio al ver a su compañera de viaje mirándolo con gran seriedad, dándole a entender que lo que decía estaba fuera de lugar. Después de todo, ¿Para qué más habrían hecho este largo viaje?

    El semental miró a Roze y aunque sus ojos aun mostraban signos de temor, su sonrisa le demostró que entendía a la perfección lo que ella le decía con su gesto y su mirada, estaban hablando sin mover ni un centímetro los labios, aunque la conversación fue algo corta.

    —Debo seguir adelante, ya te dije. la misión que me encomendó la real academia de ciencia de Canterloth es importante, debo superar mis miedos y seguir adelante. Además he estado en lugares peores que éste— le respondió con confianza Roze al semental, intentando de que no se preocupara más por ella, sin embargo el poni la seguía mirando de la misma forma.

    —Si… comprendo, bueno espero tengas suerte y por cierto de regreso volveré a pasar por aquí, por suerte tardaré cinco días en visitar los demás pueblos de esta región ya que es peligroso que viajes tú sola, podrías perderte y…— esta vez fue un repentino e inesperado abrazo de Roze la que hizo callar a Truesing de inmediato. Este no comprendía por qué lo abrazaba, pero pensó que quizá ella también tendría miedo y que al abrazarlo se estaba dando valor, así que correspondió amablemente a ese gesto.

    —Descuida… ya me las arreglaré para volver y... gracias por haberme traído hasta aquí. Nunca hubiera llegado aquí sino hubiera sido por ti— dijo Roze sin darle mucha importancia mientras se aseguraba de que sintiera la calidez de su cuerpo, pues quería utilizar un par de trucos para extraer de él todas las emociones que pudiera y así no solo llevar aquellas emociones que había obtenido al contarle quien era en verdad. Poco a poco empezó a percibir que lograba una reacción en aquel semental que empezaba a hacer aflorar sus emociones.

    —En verdad yo podría venir y así podríamos... volver al pueblo... ¿segura que prefieres irte por tu cuenta?— preguntó el semental con la esperanza de que Roze dijera que no y que aceptara volver con él pues se le hacía más divertido viajar con un acompañante, el viaje se volvía menos... aburrido.

    —Si... buen viaje amigo mío, y espero que no se te haga muy aburrido el regreso sin mí— le dijo Roze al oído dejando que su aliento chocara con la oreja del semental, provocándole así todavía más emociones que pronto le robaría, acercó su rostro lentamente al de Truesing, en la mente del semental la idea de que iba a besarlo una yegua tan bella como ella apareció en su mente haciendo que sus sentimientos, especialmente el amor que había brotado un poco durante todo el viaje, ahora fuera lo que más abundaba en su mente y su corazón.

    Sin pensarlo dos veces Truesing, cerró los ojos esperando impaciente su beso pero en vez de recibirlo justo en su boca sintió como a un lado de su boca los labios de Roze presionaban suavemente contra su piel, casi inmediatamente los labios de la yegua empezaron a tornarse de un azul fluorescente. Eran los sentimientos que le estaba absorbiendo del semental, que los extraía como si estuviera succionándolos cual vampiro chupando la sangre que brota del cuello perforado de una pobre víctima, pero una vez más, sin hacerle algún daño.

    Roze absorbió todos los sentimientos que pudo de aquel semental antes de romper forzadamente aquel delicioso beso, pero se vería muy sospechoso si duraba tanto en hacerlo, aunque seguro pensaría algo equivocado aquel semental con lo cual no tendría que justificar aquel beso tan largo. Al separar sus labios de la mejilla de Truesing restos de sentimientos de color azulado quedaron esparcidos en los labios de Roze pero como pudo los terminó de absorber antes de que su compañero de viaje se diera cuenta. Una última mirada y los dos emprendieron sus respectivos caminos hacía sus destinos.
    Roze lo despidió con el casco mientras caminaba y Truesing hacia lo mismo. Al mismo tiempo, la chica se sentía algo mal no solo por haber utilizado ese tipo de trucos sino porque… bueno, era casada y amaba a Holz más que a nadie.

    La Changeling se encontraba recorriendo los inmensos paramos inertes, los senderos formados por esos cientos de árboles petrificados de formas extrañas y a veces atemorizantes, recordaba cómo era la entrada a su hogar, un enorme montículo que parecía un gigantesco árbol con ramas que salían de la tierra, y de hecho podrían haber sido los restos de un viejo árbol que quedó petrificado como los otros, pero algo no encajaba. Parecía haber sido cortado limpiamente con algo como un serrucho o una segueta, pero ningún poni, ni siquiera los Changeling tenían el poder para derribar algo tan enorme como eso. Se suponía, según lo que ella recordaba que se encontraba en la base de una colina y si bien no eran muchas y quedaban relativamente muy lejos una de otra, debería caminar mucho para lograr encontrar la entrada a su hogar natal.

    Se dedicó a caminar minuto a minuto. El ambiente era tétrico pues poco a poco la luz del sol iba desvaneciéndose dando paso a la pálida luz de la luna. Le preocupaba no poder ver claramente el lugar que buscaba pero aunque no fuera muy intensa, aquella luz blanca le proporcionaba algo de claridad en las lejanías, aunque comparado con el sol era una luz insignificante. Le aterraba dormirse en aquel desolado lugar, además de que se congelaría seguro si llegara a hacerlo.
    Poco a poco el cansancio la iba venciendo, sus parpados empezaban a caer lentamente, cerrando sus ojos, pero ella luchaba por mantenerlos abiertos a pesar del imponente sueño que la tentaba cada vez más a dejarse caer sobre la ahora negra arena pasar la noche ahí mismo.

    A punto de darse por vencida y admitir la derrota dejándose caer en el lugar dónde se encontraba y continuar la búsqueda al día siguiente, suponiendo que sobreviviera para entonces, vio a lo lejos una silueta grisácea inmensa. Era el lugar que estaba buscando, y sin mirar siquiera hacía otro lado empezó a correr rápidamente hacía aquella misteriosa formación sin percatarse de que había entrado directo en una trampa, pues estando tan desesperada por reencontrarse con sus hermanos y de dormir en su viejo cuarto que esperaba que siguiera intacto, no se dio cuenta de que había cruzado el escudo de la ilusión, que era un poderoso hechizo de protección que lo que hacía era confundir fácilmente a cualquiera que lo atravesara escondiendo perfectamente el reino de los Changelings, pues quien entrara en aquel campo sagrado de magia sin saber cómo abrirse paso en la ilusión terminaría caminando muchos kilómetros hacía tierras desconocidas y peligrosas.

    En dos troncos petrificados apostados a propósito a ambos lados del camino, se hallaba la inscripción en el lenguaje de los Changelings advirtiendo a todo Changeling sobre el peligro de atravesar el portal y en el segundo tronco explicaba cómo se debía retirar adecuadamente la protección del campo mágico, rematados los dos al final por el dibujo de un escudo con una letra "C" en el centro del mismo pero en la misma lengua que la advertencia.

    Roze seguía en línea recta, divisando únicamente aquella formación. Tenía muchos deseos de llegar ahí y volver a ver a su madre, jugar un poco con sus hermanos como en el pasado pero algo no andaba bien y esto ella lo comprendió al ver que por más rápido que corriera, por más metros que recorriera en aquella dirección, el montículo estaba a la misma distancia, se detuvo un momento para descansar y reflexionar sobre la situación, ¿que estaba sucediendo?.... acaso... ¿es solo un espejismo?, pero se dio cuenta de que los espejismos son pequeños, no había forma de que algo tan grande lo fuera, además era de noche, los espejismos aparecían a la luz del sol y en sitios verdaderamente calurosos, la temperatura en aquel lugar no alcanzaba a producir siquiera un poco de deshidratación.

    Roze estuvo pensando por un momento y decidió continuar caminando pero al levantar la vista, el montículo había desaparecido, a lo lejos enormes dunas de arena de color rojo oxido se levantaban bloqueándole completamente toda su visión. Si quería llegar a su destino tendría que atravesarlas, asi que decidida pero aun confundida y aún más cansada, sacó fuerzas de la nada para continuar con su viaje hasta llegar a su destino, caminando con dificultad, siguiendo el sendero que creaban aquellos árboles sin vida. No se había percatado que aquella extraña formación no se había movido a ningún lado, fue Roze quien había sido trasladada a un lugar cercano, su entorno había cambiado a su alrededor haciéndola creer que aquello que buscaba se había desvanecido, lentamente empezaba a sopesar el cansancio, su visión borrosa y sus ojos totalmente cerrados mientras ella aún seguía caminando hacían ver que estaba en sus límites, pronto su cuerpo se desplomaría en el suelo sin más hasta que despertara al día siguiente.

    Sin embargo su cuerpo aún seguía por inercia continuando el viaje, la idea de volver a ver su hogar era demasiado fuerte como para darse por vencida en ese instante, pero al no tener los ojos abiertos no se percató que se dirigía hacía unos de los arboles petrificados, acabando por chocar contra éste. Su impresión fue mayúscula, tanto que cayó de sentón al suelo mientras sobaba su frente adolorida por aquel golpe. "maldito tronco" pensó Roze maldiciendo su suerte. Quiso darle una fuerte patada al árbol pero al mirarlo de cerca se detuvo en seco.

    En la corteza petrificada del árbol había un extraño símbolo como el de una estrella de muchas puntas con un medio circulo en el centro. Esos símbolos eran de su pueblo pero… ¿porque los dejarían tallados aquí?... no es como si algún Changeling o incluso poni los fuera a leer, pero en ese preciso momento un recuerdo la golpeó fuertemente.
    Cuando era pequeña le enseñaron en la "Escuela de Crías" que aquel sitio estaba protegido por un enorme campo de ilusión, las propiedades del campo hacían que cualquiera que entrara se confundiera, perdiera su rumbo y se alejara varios kilómetros lejos del lugar dónde se encontraba el Gran reino Changeling así mismo, solo éstos podían abrir el portal que los conduciría hacía su hogar.
    Nunca debían olvidarlo, buscarían un tronco petrificado que aun conservara una de sus ramas largas y en la punta de esta una hoja negra, muerta y marchita pero sostenida aún por la magia, en el tronco de éste habría dos símbolos, la representación del cuerno de un Changeling y una llave justo debajo de ésta. La llave servía para bloquear momentáneamente el seguro del escudo y no se pudiera abrir el sendero hacía el reino, muy útil si te estuvieran persiguiendo pues el poder del escudo aumento enviando aún más lejos al perseguidor y todo estaría bien mientras uno permaneciera junto al árbol, el cuerno de Changeling abriría el portal para dejar pasar a los Changelings a través de éste y permitirles volver a su hogar, especialmente cuando vuelven de alguna misión para recolectar sentimientos.

    Roze no pudo contenerse de lanzar un gran suspiro de alivio. Si no hubiera recordado eso en el momento preciso seguramente se hubiera perdido sin remedio, acabando en las lejanías y terminando en algún pueblo lejano. No quería pensar en lo que hubiera ocurrido, simplemente se dispuso a buscar el árbol con aquellas marcas, solo rogaba que mientras las buscaba no la volvieran a arrojar a algún lugar remoto y terminara amaneciéndose al estar en busca de aquella "llave" que le permitiría entrar, dando media vuelta empezó a retroceder intentando recordar por dónde había entrado, miraba a todos lados buscando el árbol de una hoja, todos parecían tan idénticos e incluso la luna no ayudaba mucho, aquel lugar parecía sombrío, pero si lo pensaba bien era lógico pues debajo de aquellas arenas estaban los huesos de animales que habían muerto en aquella erupción volcánica, quizá aún algunos de sus espíritus, sino es que todos estuvieran rondando los alrededores.

    Al final parecía que ese dichoso árbol no aparecería, Roze estaba a punto de abandonar la búsqueda pero de un momento a otro uno de los árboles que se encontraba a unos metros delante de ella empezó a cubrirse de una tenue aura verde-azulada, y cuando miró fijamente hacía allí pudo ver algo que se movía a la par del viento, era... la hoja.
    Finalmente después de tanto caminar lo había encontrado. Se acercó rápidamente hacía éste y buscó los dibujos, los cuales estaban como le habían enseñado, justo en su tronco. Sintiéndose aliviada, Roze tomó su forma Changeling, después de todo no había nadie que la viera en aquel lugar.

    Preparó su cuerno y disparó un hechizo directo al dibujo del cuerno y como si hubiera perturbado un lago de aguas en calma el escudo empezó a formar olas frente a ella, era un círculo bien delimitado en el cual se apreciaban perfectamente como aquellas "olas" cruzaban de un extremo a otro. Esa era la entrada, sin perder tiempo, la cruzó cautelosamente pues no sabía si habría más pruebas esperándola, aunque pensándolo bien esa prueba había sido más que suficiente.

    Del otro lado del portal la extraña formación estaba justo frente a Roze quien apresuradamente entró esperando encontrar a todos los changelings dormidos, pero a pesar de ser tan tarde algunos seguían despiertos. Roze, pensó por un momento en aquel escudo de ilusión, estaba desde tiempos inmemoriales. Se creía que los ancestros, los cuatro caballeros de la leyenda más famosa de los Changelings que era transmitida de generación en generación lo habían creado o al menos modificado para usar su asombroso poder para proteger su hogar ancestral, por esta misma razón ni siquiera las princesas Luna y Celestia habían podido encontrar la guarida dónde se ocultaban pues incluso desde el aire el escudo era igualmente efectivo desviando a todo pegaso y alicornio lejos del reino.

    Olvidándose rápidamente de lo ocurrido se adentró en aquel lugar que aunque pareciera algo irreal estaba rebosante de vida animal, vegetal y hasta mineral. El pasto que cubría el suelo le hacía cosquillas al caminar sobre éste, por todos lados pequeños arbustos y árboles no muy altos crecían fuertes y hermosos.
    En los árboles más grandes habían construido sus hogares, capullos colgaban de las ramas dentro de los cuales dormían de noche para despertar al día siguiente. Ellos no requerían cosas como los ponis, como una estufa para cocinar, un baño o alguna otra cosa lujosa. Ellos al alimentarse de amor solo requerían absorberlo, sin embargo habían recolectado diversos objetos de los ponis a lo largo de siglos y siglos como libros, juguetes, algunas herramientas, pero simplemente al no comprender su lengua les resultaba casi inservibles, les resultaba más divertido practicar su magia por diversión y así pasar un rato agradable entre hermanos, pero de inmediato se percató de algo en especial, la gran estructura que se alzaba en el centro del lugar. Tenía la forma de un gran tronco de árbol cuyos picos tenían una forma irregular, casi imitando las torres del castillo de Canterloth pero de un estilo muy a lo Changeling. Estaba adornado por enredaderas que cubrían la parte baja del techo de aquel "castillo", al igual que se veían pegadas en las paredes varias enredaderas separadas unas de otras, formando una muy extraña pero hermosa fachada de aquel edificio. Ahí era dónde habitaba la reina Chrysalis y también dónde había vivido cuando era pequeña.

    Se sentía muy bien volver a casa, dejó de prestarle atención al lugar y se dirigió hacia sus hermanos con una gran sonrisa en su rostro. Era bueno volver a verlos pero de pronto vio algo que la hizo detenerse en seco.
    Un poni, era un poni el que estaba cerca de sus hermanos. Al estar casada ella con uno y al convivir con ellos todos los días se había acostumbrado sin problemas, ya no le incomodaba que pudieran llegar a descubrirla pues los ponis se habían hecho una idea de cómo era ella y a pesar de todo seguían creyendo que era una amiga del pueblo vecino que se enamoró de Holz y formaron una sólida y duradera relación.

    Aun así Roze no podía dar señales de haber pasado tiempo con aquellas "criaturas inferiores" o al menos esa era la vieja forma de pensar que tenían antes de que ella fuera enviada a su misión, incluso desde antes. Como fuera y por lo tanto tensó sus alas y miró con fiereza a aquel poni dispuesta a atacarlo, pero en ese momento uno de sus hermanos se puso frente a ella y trato de calmarla.

    —Tranquila hermana... tranquila, este poni es nuestro invitado, acepto el pacto de Horlus. Has estado ausente tanto tiempo que... bueno, aquí las cosas han cambiado mucho— le explicó su hermano a Roze, logrando que ella se relajara y lo escuchara con atención. Pero no comprendía que era ese pacto ni porque permitían que alguien "inferior" viviera entre ellos como si fuera uno más. La antigua ideología dictaba que cualquier poni que estuviera en sus cercanías sería llevado a las mazmorras subterráneas de por vida, de ese modo se alimentarían de aquel poni mientras lo tratan como a un criminal. Al menos se haría con los ponis que realmente los atacaran pero… el tiempo y el rechazo hacían que muchos consideraran encerrar a cualquier poni sin excepción.

    —Saben que ese poni debería estar en las mazmorras… y ¿Qué es ese pacto del que hablan? jamás lo había escuchado, además... para ellos solo somos monstruos… nos temen, nos odian. Nos matarían o lastimarían si pudieran…— dijo Roze con una fría hostilidad que a cualquiera podría poner nervioso, incluso el poni frente a ella empezó a retroceder lentamente pues no comprendía el ¿porque le decía todas esas cosas y sobre todo la forma en la que actuaba, como si le hubiera hecho algo imperdonable? hasta empezó a pensar que en algún momento terminaría lastimándolo, por ello cruzó sus patas frente a su cara y cerró los ojos.

    —Y… yo, no creo que sean monstruos… yo solo…— intentó explicarle el poni atemorizado a Roze entre tartamudeos provocados por su propio miedo. Creía que si decía algo le podría ir peor, se preparó para un golpe de alguna clase, pero lo único que recibió fue un fuerte grito que se escuchó casi en todo el lugar, ahora todos los Changelings veían lo que estaba sucediendo.

    —¡Mentiroso!, todos ustedes harían lo que fuera solo para no ser lastimados por unos viles... "monstruos"— Le gritó Roze al poni con toda su furia y en esos momentos no podía quitarse de la cabeza a aquel tipo… el mercader Truesing… y su expresión, eso la sacaba de sus casillas con ganas de romperle la mandíbula a esos idiotas que suponían erróneamente que todos los Changelings eran malos y debían echarlos de sus pueblos, herirlos, e incluso matarlos, sino les harían eso o algo peor, también la mala publicidad de la, para algunos, maldita de Celestia había contribuido al odio generalizado de la mayoría de los ponis.

    —Hermana… enserio… no comprendes lo que está sucediendo, no debemos dañarlo… déjame explicarte. El pacto que él aceptó es que se quedará con nosotros por un tiempo, nos permitirá alimentarnos de sus emociones y luego que pase el tiempo será devuelto a su hogar, en este momento uno de nuestros hermanos se hace pasar por él y así todos ganamos, tanto nosotros que nos alimentamos de las emociones de nuestro amigo, como nuestro hermano que se alimenta de las emociones de los amigos y familiares de aquel poni. Además… al menos como yo lo veo… creo que es bueno que haya un poni en nuestro reino, y conozca realmente como somos— le explico aquel Changeling a Roze, sin poder ella creerlo ¿Cuándo les pedimos a esos asquerosos ponis permiso para hacer lo que necesitamos para sobrevivir?
    Simplemente no podía asimilar las palabras de su hermano.

    —¡Tonterías! iré a hablar con la reina en este mismo instante… no puedo imaginar el convivir con estas.... estas.... criaturas.... ¡háganse a un lado!— dijo Roze ya no tan molesta pero seguía en su mente cada palabra y gesto de aquel desconsiderado mercader que le hacía hervir la sangre, sin embargo ella sabía que no era su manera de ser, simplemente su orgullo de Changeling que no aceptaba la situación, abriéndose paso a empujones poco amables se dirigió hacía el castillo de la reina para reclamar sobre esta situación.

    Roze avanzaba con una expresión de furia tan marcada que sus otros hermanos solo se apartaban de su camino formando un sendero directo al castillo, a pesar de que deseaban darle la bienvenida no querían siquiera dirigirle la palabra pues temían que fuera a dañarlos de alguna manera, aunque eso fuera solo un miedo infundado la verdad era que su rostro no se veía nada amigable y el solo mirarla a los ojos podría intimidar a cualquiera, pero siempre está el valiente que lo intenta.

    —¡Roze, te extrañé hermana!, ¿te acuerdas de mí?, soy Suroc, jugábamos juntos cuando éramos niños— saludó el Changeling a Roze acercándose a ella pero sin previo aviso Roze utilizó un hechizo el cual la rodeo con un aro de llamar verdes y así empezó a desaparecer debajo de la tierra —¿Roze? ¿Qué sucede?— pregunto algo confundido.

    Era un hechizo bastante complicado sin embargo ella lo hizo parecer sencillo, así, pasó por debajo de todos sus hermanos como si no quisiera verlos pero la verdad era que estaba avergonzada. Su manera de actuar con aquel poni, sabiendo bien que ella se había enamorado y casado con uno. Solo le faltaba tener hijos de él para enfatizar su traición a su (según su opinión y lo que había creído por un largo tiempo) código Changeling, pero no quería que nadie lo supiera.

    Así continuo caminando debajo de la tierra, atravesándola como fuese un espectro cruzando una pared solida de ladrillos. Al final volvió a resurgir de la tierra justo frente a una enorme hendidura en forma de arco que era la entrada al no muy grande castillo de la reina, la madre de todos. Al entrar vio de inmediato un amplio lugar cubierto con cuadros robados directamente a los artistas, ya que estos eran más susceptibles a las emociones cayendo rápidamente en las garras de cualquier Changeling que intentara enamorarlos, les obsequiaban sus obras sin ningún miramiento y poco a poco fue como se llenó el primer piso. Al fondo, recordaba Roze estaba la cámara de los huevos, ahí es donde se incubaban a los nuevos hijos y súbditos del reino y siempre estaba custodiada por dos enormes y fornidos guardias con armaduras que relucían como diamantes.

    Roze recordó también que justo debajo de este piso se encontraba la cámara de las estatuas de los antiguos y valientes guerreros que protegieron alguna vez a los Changelings. Tiempos diferentes dónde los ponis y los Changelings convivían por igual, y debido al legendario poder de aquellos caballeros, sus cuerpos habían sido convertidos en piedra pues estos poseían el don de la inmortalidad pero con la ayuda de… Roze no tenía tiempo de pensar en tales leyendas, más no podía olvidar cuando las vio por primera vez, las cuatro formidables estatuas mirando al centro, una imponente rosa de cristal, que según la leyenda se abriría para protegerlos del peligro y finalmente aquel extraño cristal al fondo, con la forma de una estrella de seis puntas. Casi sintió como si la estuviera llamando, pero Roze sacudió violentamente la cabeza para salir de aquellos atrayentes recuerdos, debía hablar con la reina.

    En la entrada principal al fondo del recibidor había una gran escalera de caracol hecha con la misma substancia de los capullos de los Changelings, verde y cristalina, pero era mejor que cualquier material de construcción creado por los ponis. Roze subió presurosa pues deseaba saber lo que estaba ocurriendo. No es como si tuviera algo contra los ponis pero que se quedaran a vivir en el reino le parecía… exagerado, sin contar que podría escapar alguno y revelar la existencia de su reino si se descuidaban.
    En la parte más alta de las escaleras habían dos estatuas flanqueándolas, y en esas estatuas se veía a la reina Chrysalis en dos diferentes poses, su pose como una buena y responsable reina, y su pose como madre amorosa. Ambas eran la representación del significado que le daban sus hijos a su progenitora. Hace tiempo un Changeling logró convertirse en el protegido de una famosa escultora y le había enseñado todo lo que sabía, de ese modo pudo esculpir su "visión", su "punto de vista" que tenía hacía su madre.

    Roze las miro por un momento encantada de lo que veía, pues esas estatuas eran sus favoritas, pero continuó apresuradamente por un pasillo lleno de cristales que resplandecían de un color verde fluorescente. De alguna manera habían logrado hacer que esos cristales emergieran y proporcionaran luz al lúgubre pasillo que daba al salón del trono, e incluso se encontraban por gran parte del castillo excepto en la sala del trono ya que ahí había un candelabro y antorchas iluminando todo el lugar. De hecho al pensarlo bien, recordó que en la punta de la torre más alta de aquel castillo existía algo extraño. Era un extraño cristal que encerraba la última planta viva que había existido en aquel lugar, y lograban mantenerla con vida proporcionándole un poco de su fuente de alimento primordial: sentimientos. No comprendían por qué al mantener viva a aquella planta podían mantener vivo todo aquel lugar, pero se había vuelto una tradición necesaria si deseaban seguir viviendo en aquel paraíso en vez del infierno que se veía desde afuera. La influencia de la magia de ese "cristal" cubrió todo y a todos mejorando su salud, haciendo crecer las plantas e incluso proporcionándole al castillo algo de iluminación artificial, claro que en realidad no la necesitaba, ya que los ojos de los Changelings funcionaban mejor en la obscuridad.

    Roze volvió de nuevo a la realidad al escuchar que alguien gritaba "¡alto, no des un paso más!”
    Se acercó a una enorme puerta de acero con hermosos grabados recubiertos de oro, obsequio de otro de sus hijos. Una puerta fuerte y resistente que protegiera la sala del trono de cualquier emboscada, cosa que sería difícil que sucediera pues el campo mágico no permitiría que cualquiera se acercara al reino, sin embargo además de la sólida puerta dos guardias tan fuertes como los del primer piso, vestidos con las mismas brillantes armaduras vigilaban la puerta cruzando sus lanzas al ver a cualquiera acercarse, solo la reina podía permitir el paso a sus súbditos, pues presentía cuando se acercaban.

    Roze se plantó justo frente a los guardias. Ninguno le dirigió ni la mirada, hasta que casi por un minuto y medio de espera, las gigantes y pesadas puertas se abrieron de par en par, mostrando una copia casi idéntica de la sala del trono de Canterloth, pero en los vitrales se veían escenas de Chrysalis y anteriormente de los caballeros protectores del reino, todas sus hazañas estaban en esas frágiles piezas de vidrio, un enorme candelabro hecho de cobre colgaba del techo con gruesas velas ardiendo incesantemente y a pesar de todo no parecían gastarse ni un poco, antorchas con incandescentes llamas se sujetaban de todas las paredes, dándole así una gran calidez y una mayor cantidad de luz al lugar. En la parte central se elevaba un pequeño montículo con dos sillas, una para la reina y otra para la princesa, lo que tenía gracia pues la princesa no era ni siquiera su hija pero tenían un gran parecido, y ni siquiera sus propios guardias sabían su origen. Ella era un completo misterio para el reino pero sin embargo había demostrado tener un corazón tan cálido y amoroso como la reina, por lo tanto Chrysalis había decidido convertirla en su sucesora, claro que Roze no sabría esto hasta más adelante, y justo al pie de aquel montículo se encontraba el escribano de la reina, un Changeling de mirada seria pero aparentemente amable, Roze no le prestó gran atención aparte de una mirada fija como saludo.

    —Pasa, hija mía, un largo tiempo sin volver a verte. Dime… ¿cómo te ha ido con tu misión?— le preguntó atenta y cariñosamente Chrysalis, mientras fijaba sus ojos en los de su hija y súbdita.

    Era hora de las respuestas y Chrysalis era la única que podría responderle pero… ¿Roze aceptará el cambio tan radical en el reino?


    Continuara…

    —————————————————————————————————————————

    Hola chicos.

    Algo que había olvidado mencionar en el capítulo anterior es que al ser este fic un trabajo en conjunto, cada uno escribió un capitulo y en este caso es el turno de mi amigo Cairon_g700, razón por la cual el capítulo salió tan rápido. Yo solo le ayude con la ortografía y a publicarlo a petición de él, por lo que el crédito es únicamente de él.
    El siguiente capítulo tardara demasiado en estar y aviso que ese capítulo será de mi autoría. Ante todo pido paciencia y ojala les guste el trabajo de mi amigo.


    Nos veremos para la próxima.
     
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    OverLord_Gabriel

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    Capítulo 3, nuestra madre Chrysalis

    (Escrito por OverLord_Gabriel)


    Desde que su reina le hubiera hablado, Roze no había podido decirle nada, no sabía cómo empezar y tampoco podía mantener por más tiempo su mirada fija y la planto en el suelo. Tenía tantas dudas por el cambio que se había encontrado al llegar a su reino y se sentía tan confundida que simplemente no sabía que decir, a parte de sentir mucha vergüenza por su actitud agresiva y molesta con sus hermanos solo por ver a ese poni, y aunque en ese momento no lo supiera, aquel poni y los Changelings aún estaban algo asustados por eso, y también algo nerviosos y preocupados.


    La reina miraba a su hija, la notaba pensativa y sentía que estaba molesta por algo. De hecho lo presentía con forme ella se acercaba hasta sus aposentos, pero pensó que no era nada importante, ahora que la tenía en frente sabía que se trataba de algo serio.

    Después de varios minutos de incomodo silencio, la reina decidió hablar otra vez.


    —¿Te encuentras bien? ¿Qué te sucede querida?— pregunto la reina, en un tono de voz compasivo y muy dulce, que aquellos que la habían visto el día que hizo la invasión en Canterlot no creerían que tuviera.


    Roze aún no era capaz de decir nada y menos de verla. Su actitud con sus hermanos hacia unos momentos y todo lo demás… simplemente se sentía avergonzada.

    Chrysalis la había mirado de una forma seria y al mismo tiempo amable, pero ahora se sentía un poco preocupada.


    —Si te pasa algo linda, acércate a mí y dime que te pasa—


    Roze por primera vez levanto la mirada y se encontró con una dulce sonrisa y ojos que denotaban una genuina preocupación de su reina, pero aun no era capaz de hablar.


    —De acuerdo— dijo la reina, sin dejar de sonreír —si no quieres acercarte a mí, supongo que deberé acercarme yo—


    Chrysalis se levantó de su trono y empezó a bajar hasta quedar justo frente a su querida hija y súbdita. Con cuidado empezó a acariciar su rostro con una de sus pezuñas y le regalo una tierna sonrisa con tal de calmarla.

    Roze sintió un pequeño escalofrió recorriéndole el cuerpo, pero pronto eso fue remplazado por una gran calma y alegría. No había duda, su reina era alguien simplemente maravillosa que les demostraba siempre todo su amor aun en cosas tan sencillas como una simple sonrisa o una caricia, y ellos lo sentían con mucha fuerza y ese amor siempre quedaba con ellos y los hacía sentir especiales.


    —Hija mía… dime lo que te sucede y tratare de ayudarte— dijo la reina —soy tu reina, pero también soy tu madre. Y lo más importante para mi… es que mis hijos estén bien—


    Ahora Roze sonreía mucho, incluso estaba un poco sonrojada. Su madre siempre sabía que decir para hacerlos sentir especiales, queridos y felices y así se sentía la Changeling. Quería lanzarse sobre su reina y darle un fuerte abrazo para mostrarle lo mucho que también la amaba y la había extrañado. Después de todo, haberla vuelto a ver, a escuchar y a sentir luego de tres largos años y ver que estaba bien después de las pesadillas que había tenido… realmente la aliviaban.

    Pero entonces recordó la razón por la que quería hablar con ella. No le gustaba hacerlo, pero se puso muy seria y alejo la pezuña de Chrysalis de su rostro, luego empezó a elevarse para verla directamente a los ojos. La reina estaba un poco confundida por esa reacción, pero Roze ya le explicaría el porqué.


    —¿Me pregunta que me pasa su majestad?— dijo alzando la voz y con un tono muy serio, incluso molesto —he vuelto a nuestro hogar y me he encontrado con algo que es inaceptable… ¡un poni, un poni viviendo en nuestro reino!—


    Chrysalis ahora entendía lo que sucedía, pero prefirió no decir nada y dejo que Roze continuara.


    —¡Y no solo esta ese poni, ahora dicen algo de un pacto y eso me parece inaceptable! ¡¿Desde cuándo les tenemos que pedir algo a esas criaturas inferiores?!— Seguía hablando, y mientras lo hacía más elevaba el tono de su voz —¡esas criaturas nos han hecho mucho daño, y usted lo sabe! ¡Nos han maltratado y rechazado y sé que si pudieran nos matarían! ¡No puedo creer que un poni viva aquí, debe estar encerrado en las mazmorras! ¡Es lo que se merecen es… esos malditos… igual que esa maldita de Celestia y su estúpida publicidad en nuestra contra. No mi reina, no puedo aceptar ese cambio… no puedo—


    Roze nunca le había gritado a su reina de ese modo, pero había dicho todo lo que pensaba y al menos se sentía liberada. Ahora solo debía esperar la respuesta de su reina, que ante esa clase de actitud cualquiera creería que reaccionaria molesta, incluso que golpearía Roze o la mandaría a encerrar, pero… Chrysalis en toda su vida jamás había reaccionado así, y esta no era la excepción.

    Lejos de enojarse, una risa suave pero divertida salió de su boca, y no dejaba de mirar a Roze con la misma dulzura con la que la había mirado todo ese tiempo. La Changeling no entendía nada, pero su madre ya se lo aclararía, pero no sin antes darle un abrazo.


    —Vaya Roze, debo decir que me sorprendes— dijo la reina, y su forma de hablar era bastante relajada, igual a como lo había hecho desde que la hubiera visto —¿criaturas inferiores? ¿Malditos? ¿Desde cuándo volvieron a usar ustedes esos términos con los ponis? Además… me sorprende que hayas olvidado que esas mazmorras han estado en desuso desde hace como 2000 o 5000 años y ahora son más nuestras bodegas. Jmjmjm, no te fuiste tanto tiempo para olvidarlo ¿o sí?—


    Roze se calmó y entendió todo lo que decía su reina. De hecho… tenía razón en muchas cosas.

    Efectivamente las mazmorras tenían demasiado tiempo de ya no ser usadas y ella bien lo sabía. Hacía tiempo que no habían encerrado a alguien porque realmente eran pocos los ponis que se acercaban a ese lugar y algunos que lo hacían… no eran amenazas y no tenían un motivo que justificara encerrarlos. De hecho, la última vez que lo habían hecho era con un pegaso que casi mata a uno de los suyos sin razón aparente, hacía más de 3000 años. También tenía razón sobre los términos. Los Changelings hacía tiempo llamaban a los ponis “criaturas inferiores” porque así los consideraban por su miedo e ignorancia hacia ellos sin al menos intentar conocerlos, aunque algunos que tenían malas experiencias aun los llamaban así, como lo fue en el caso de Roze ese día.


    —Además…— continuo la reina —ya saben que no me gusta que le digan “maldita” a Celestia. Sí, yo también me siento triste y ofendida por la publicidad que ella ha hecho contra nosotros, pero también entiendo porque lo hizo y sé que tuvimos la culpa. Pero sé que las cosas mejoraran, y un día ella nos vera como lo que realmente somos—


    Todo el enojo que la Changeling había sentido hasta ese momento había desaparecido y empezó a sonreírle a su madre y también la abrazo, como había esperado hacer desde hacía tanto tiempo. Ambas se quedaron atrapadas en ese cálido y maravilloso abrazo hasta que poco a poco empezaron a alejarse, pero no dejaban de sonreír.


    —Mi querida y linda Roze— dijo Chrysalis —en verdad ha habido algunos cambios aquí, y con gusto te los aclarare, pero antes… debes estar hambrienta después de un viaje tan largo así que ¿te gustaría acompañarme a comer algo?—

    —Me encantaría— dijo Roze muy emocionada —pero… creo que… debo ir a contribuir primero con los resultados de mi misión ¿verdad?—

    —Tienes mucha razón hija—


    Dicho esto, ambas salieron de la sala del trono y empezaron a caminar por algunos pasillos hasta que llegaron a una de las torres del castillo, y luego subieron por unas escaleras de caracol apenas iluminadas por los mismos cristales de luz fluorescente verde que se encontraban en todo el castillo, hasta que llegaron a la punta de la torre en la que había una puerta de madera que solo los Changelings podían abrir. Ambas abrieron la puerta y tras de esta se encontraba una habitación y en ella estaba lo que ambas venían a ver, la última planta viva.

    Se trataba de un árbol, similar a un roble pero mucho más pequeño, con un vivo color verde en su frondosa copa, grandes ramas que parecían garras y un agujero que tenía la forma de una especie de visor o algo así, además de marcas en el tronco que parecían que fueran piernas juntas haciendo que la parte donde estaba el agujero pareciera una cabeza, por lo que todos siempre bromeaban conque parecía un ser convertido en árbol. El roble parecía siempre estar brillando con un cálido color verde claro, y debajo de el en sus raíces había un pequeño charco de agua que lo rodeaba y que extrañamente jamás se secaba, además de que el árbol generaba unas pequeñas frutas que parecían duraznos pero por orden de Chrysalis nadie podía tocar. El árbol y el charco estaban dentro de un enorme cristal verde semitransparente que su reina había creado para mantenerlo a salvo hacía ya miles de años, cuando lo encontró, siendo ese el inicio del que era ahora su hogar.


    Chrysalis se acercó al cristal a la vez que la punta de su cuerno comenzaba a brillar. Tocando levemente el cristal con su cuerno, este comenzó a abrirse un poco formando una pequeña entrada. La reina era la única capaz de abrir el cristal y siempre lo hacía cuando sus hijos volvían y traían sentimientos que habían absorbido en sus viajes.

    La reina le hizo una seña a Roze para que entrara en el cristal y se acercara al árbol. No podía dejar de mirarlo y tocarlo por lo bonito que era, algo que les pasaba mucho a sus hermanos al estar cerca de esa planta. Roze toco el árbol con su cuerno y empezó a dar parte de los sentimientos que había absorbido de Truesing, incluyendo los sentimientos de sus amigos y de su esposo, incluyendo sus propios sentimientos hacia él, y mientras lo hacía, el árbol parecía brillar aún más.


    —¿Te gustaría verlo?— le pregunto la reina a Roze y ella solo afirmó con la cabeza, sin necesidad de preguntarle a que se refería.


    Madre e hija salieron de la torre no sin que antes Chrysalis volviera a colocar el cristal sobre el árbol, y una vez fuera, ambas volaron un poco sobre el reino y veían como el brillo de esos sentimientos se extendía por todo el reino, dando su energía a todas las plantas para que estas pudieran seguir creciendo fuertes y bellas, y esa energía también se sentía en el aire que cada Changeling respiraba, alimentándolos y llenándolos de energía, y más importante, permitiéndoles expresar aún más los sentimientos de felicidad que ellos ya tenían.

    Chrysalis y Roze no dejaban de sonreír mientras veían esto, y aunque aquel brillo solo duro algunos minutos, el efecto se podía sentir en todo el reino y se seguiría sintiendo.


    —Has cumplido muy bien con tu misión… mi dulce niña— comento la reina con una tierna sonrisa que hizo que Roze sonriera y también se sonrojara mucho.


    Ambas descendieron y regresaron al castillo, regresando a la sala del trono.

    Algo que Roze no vio cuando llego a la sala del trono, pero ella sabía que estaba ahí eran cinco puertas. Dos de ellas eran de hierro con unos adornos que parecían ser raíces de acero de color verde, esas eran las habitaciones de dos figuras importantes junto a la reina en el hogar de los Changelings. La otra era similar a las anteriores, pero esta contaba con el detalle de estar pintada de un color dorado, diferenciándose bastante de las demás. La otra era una simple puerta de hierro que siempre permanecía cerrada. Roze no sabía, o al menos no recordaba lo que había detrás de esa puerta. Finalmente estaba la puerta más grande, siendo esta una puerta doble de cristal verde, y que su diseño parecía muy similar a las alas de un insecto, y parecían estar siempre brillando. Sin duda era una obra de arte, obra no de un Changeling, sino de un talentoso poni que la había hecho especialmente para la reina como una muestra de amistad, hace tantos años que ese poni ya había sido olvidado, y muchos no sabían que hubiera conocido a la reina.


    —Bien… creo que ahora si podremos ir a comer— comento la reina con una sonrisa—


    Usando su cuerno la reina hizo que aquellas puertas se abrieran, y al mismo tiempo un Changeling cruzaba las puertas del trono y se acercaba a Chrysalis y a Roze.


    —¿En qué puedo servirle mi reina?— dijo la recién llegada, haciendo una reverencia sin dejar de flotar.

    —Quisiera que nos trajeras dos platos de comida, por favor querida— dijo la reina amablemente y sin dejar de sonreír —como vez, una de tus hermanas ha vuelto de su viaje y hay mucho que contarle—

    —Tiene razón—


    La Changeling rápidamente salió de la sala a cumplir sus deberes, dejando solas a la reina y a Roze


    —Ahora… entremos— dijo Chrysalis.


    La reina abrió las puertas y entro a su habitación seguida por Roze. Cuando entraron, la chica se sorprendió mucho al ver nuevamente los aposentos donde su madre descansaba.

    Al igual que el resto del castillo, la habitación tenía varios cristales que la iluminaban, y sumado al color verde oscuro de las paredes le daba un toque muy acogedor. Las paredes estaban adornadas con varias pinturas y fotografías de ella y Changelings a lo largo de su vida, pero las que más llamaron la atención de Roze eran unas pinturas en las que su madre y Changelings convivían con los ponis en paz y armonía por parte de todos; esas… eran muy viejas. Roze también noto que había un enorme espejo en una de las paredes, así como un anaquel con algunas cosas personales, incluyendo unas fotografías enmarcadas de la boda de Shinning Armor y Cadance, así como de las princesas Celestia y Luna, todas sacadas de periódicos y que se le hicieron algo extrañas a la Changeling. En la habitación había también dos puertas, una la del baño personal de su madre, y la otra una de acero pintada con flores, que Roze no sabía lo que contenía, igual que la mayoría de los Changelings. Finalmente, y tal vez lo que más destacaba era una gran cama hecha de madera negra, bastante cómoda y con sabanas verdes brillantes y dos grandes almohadas de plumas; un regalo hecho por sus Changelings hacía más de mil años, y seguía siendo tan cómoda como siempre, y con la cama venia una mesa de noche también hecha de madera negra.


    —Puedes ponerte cómoda Roze— dijo Chrysalis, acomodándose en su cama y Rose hizo lo mismo.

    —Guau, no recordaba lo cómoda que era— dijo Roze.

    —¿Verdad que si?—


    Ambas empezaron a reírse, y en cuestión de minutos la Changeling encargada de la comida había llegado a la habitación, trayendo una bandeja de plata con dos platos de comida que consistía en un poco de arroz, papas con una salsa agridulce y natural, una manzana y un jugo de naranja.


    —Que lo disfruten— dijo la chica —¿Hay algo más en que pueda servirles?—

    —Estamos bien así, muchas gracias linda— dijo la reina con una sonrisa —ahora deberías descansar. Después de todo es muy tarde—

    —Tiene razón mi reina— dijo ella, y empezó a bostezar —entonces… buenas noches Roze, y buenas noches… madre—

    —Buenas noches cariño, que tengas dulces sueños—

    —Buenas noches— dijo Roze.


    La Changeling les regalo a las dos una amable sonrisa, e hizo una reverencia, antes de elevarse en el aire para salir de la habitación, dejando así a Roze y Chrysalis solas.


    —Creo… que ya es momento de hablar— comento Roze, un poco más seria y Chrysalis solo asintió —pero antes, creo que lo primero que debo hacer…— mirando a otro lado algo apenada –es disculparme. Ya sabe, por mi conducta de hace rato—

    —No Roze, lo entiendo— dijo Chrysalis, acariciando la cabeza de su hija —sé que es una gran sorpresa para ti y hay mucho que no entiendes— regalándole una sonrisa —pero descuida. Como te dije, me encargare de explicarte todo—

    —Es que… no es solo es—

    —¿ahm? ¿Qué quieres decir?—


    Roze respiro profundamente antes de hablar, pero igual no pudo mirar a su madre a los ojos.


    —Yo… dije cosas malas de un poni cuando he estado conviviendo con ellos pero…—

    —pero…—


    Roze se quedó callada un momento y saco algo que mantenía guardado entre la membrana de su cabeza, y se había mantenido ahí desde que hubiera salido de su casa.


    —¿Qué es esa cosa querida?— pregunto Chrysalis confundida.


    El objeto era un cubo de madera muy pequeño, y Roze lo puso en medio de la cama.


    —Observe esto— dijo ella, concentrando su magia en la punta de su cuerno para luego lanzar un hechizo sobre el cubo de madera.


    En unos segundos, el cubo se hizo más grande y se convirtió en una hermosa estatua de madera de una coneja con varios conejitos a su alrededor, todo sobre una base.

    Roze le entrego la estatua a la reina, y ella solo la tomo entre sus cascos y la observo detenidamente. Estaba bastante sorprendida por el detalle y el trabajo que tenía, así como los colores y los vivos que se veían esos conejos, siendo algo de mucha calidad.


    —Roze ¿tú lo hiciste?— pregunto la reina con una gran sonrisa —en verdad es hermosa, muchas gracias. Parece que adquiriste un nuevo talento en tu viaje. ¿O acaso la compraste en algún lado? Bueno, eso no es importante. Solo importa, que realmente lo aprecio. Gracias—


    Chrysalis estaba muy contenta y agradecida por ese regalo de parte de su hija, pero Roze solo tenía la mirada baja, y eso llamo la atención de su madre.


    —¿Ocurre algo querida?— pregunto preocupada.


    Roze tomo mucho aire para tranquilizarse antes de responder.


    —Yo no lo hice madre, pero… tampoco lo compre— hizo una pausa antes de continuar, y se veía bastante nerviosa —la verdad madre, es que lo hizo… mi esposo— dijo finalmente.

    —¿Esposo?—

    —Así es—


    La Changeling estaba muchísimo más nerviosa que antes, pero sentía que debía hablar.

    Entonces Roze comenzó a relatar su historia. Como recordaba que había llegado hasta ese lugar, cerca de Silver Hills, aunque confeso que no recordaba a detalle como termino ahí en primer lugar. Conto como algunos de los ponis del lugar la habían descubierto y ella se había revelado como una Changeling, la odiaron y la trataron como un monstruo, y ella tuvo que borrar sus recuerdos con tal de poder vivir en ese lugar. El hambre y pensar que debía ayudar a su familia hacían que tuviera que quedarse en ese lugar forzosamente. Pero por fortuna, hubo alguien que aunque le tuvo algo de miedo al principio, nunca la odio, y al ver que necesitaba ayuda le tendió un casco amigo, le dio un hogar y le ayudo a ocultarse, y le ofreció sentimientos de amistad y compasión que la alimentaban y hacían que ella pudiera expresar sus buenos sentimientos por ese poni, que no era otro sino Holz.

    Al poco tiempo ella pudo realizar en el hogar de Holz lo que más le apasionaba, que era cultivar rosas y pudo ayudarle un poco a su nuevo amigo, vendiendo sus rosas así como ayudando en todo lo que podía.

    Pero… tal vez lo más importante que la chica le había contado a su madre es que mientras vivían juntos, Roze le contaba a Holz muchas cosas acerca de su raza, su hogar, ella misma y sobre todo, de su querida reina y madre. Fue así como Holz empezó a conocerla aún más, y al poco tiempo termino por enamorarse de ella, algo que Roze supo no solo al absorber los sentimientos que surgían de él, sino porque él mismo una noche se lo había dicho, y que no le importaba que fuera una Changeling, él sabía cómo era en verdad y la amaba. Roze se había sentido muy feliz y también le había confesado que se había enamorado de él y por eso se sentía tan fuerte a su lado. Al final, la pareja se había casado dos veces, la primera junto a un grupo de amigos y Roze usando su disfraz de poni, y la segunda en su hogar, los dos solos y ella con su apariencia real.


    —Ese… fue uno de los días más felices de mi vida— dijo Roze con una gran sonrisa en su rostro —ser amada por un poni sin fingir ser alguien sino siendo yo misma… y que yo pueda expresar ese mismo amor… en verdad es maravilloso—


    Roze siguió con su relato. Conto como ambos habían seguido con su vida juntos desde ese momento, y aunque su hogar era muy humilde y no tuvieran grandes lujos, eso poco le importaba a la Changeling, que era feliz con lo que tenía, y lo era más por el amor sincero que su esposo le daba, no solo alimentándola sino llenándola de felicidad y permitiendo que ella pudiera expresarle lo mismo.

    Mientras hablaba, Roze no dejaba de sonreír y realmente se sentía el amor de ella por su esposo y lo feliz que era con la vida que llevaba. Pero en ese momento ella miro a su madre un momento, solo para bajar la mirada y dejar de sonreír.


    —Lo… Lo siento mi reina— dijo ella —actué de un modo muy malo con ese poni, cuando yo he tenido una buena vida al lado de uno y no solo eso, ambos nos amamos. Pero… por eso he quebrantado mi código de Changeling, y he traicionado a mi reino, a mis hermanos y a usted por… sentir algo y depender tanto de esas criaturas inferiores y… ahora solo… solo me falta tener hijos con Holz para enfatizar mi traición—

    —Roze…—

    —No quería que nadie lo supiera pero… sentía que si tenía algún derecho a saber porque había un poni en nuestro hogar, yo debía decirle mi situación. En verdad… lo lamento madre—


    Esta vez Roze no intento desviar su mirada y observo a su madre con lágrimas en los ojos. Ahora que le había contado todo eso, en verdad sentía que si la había traicionado a ella y a su reino, aunque en el fondo no se sentía arrepentida porque sus sentimientos eran sinceros.

    Roze quiso alejarse de su madre, pero ella solo la abrazo fuertemente, sorprendiendo bastante a la Changeling


    —¿Madre?— pregunto Roze muy confundida, pero la reina solo la abrazaba.


    Al final se alejó de ella, pero sus patas aun la envolvían y no dejaba de sonreírle.


    —Oh Hija… ¿Eso era lo que te tenía tan nerviosa?— pregunto la reina.

    —Pe… pero yo—

    —No tienes por qué preocuparte y mucho menos disculparte conmigo porque… tú no es has hecho nada malo lindo— dijo sonriéndole.

    —Pero yo…—

    —Roze, yo… entiendo muy bien eso del código de Changeling que tú y tus hermanos han tenido desde hace tiempo, y sé que en él tienen reglas de tratar de mantenerse ajenos a los ponis a tener sentimientos por ellos. Pero… siempre les he dicho que eso no es necesario, y que lejos de mantener nuestros sentimientos ajenos a los ponis debemos abrirnos a ellos y mostrar cómo somos en verdad—

    —Lo sé—

    —Sé que no siempre es fácil, pero realmente vale la pena intentarlo. Además…— acariciando el rostro de Roze para secar sus lágrimas —lo que más me importa a mi es que ustedes sean felices y no solo vivan y se alimenten de amor, sino que siempre tengan la oportunidad de compartirlo, sea entre ustedes… o los ponis—

    —Entonces…—

    —Que tú te hayas enamorado y casado con un poni nunca significaría una traición para mí o para el reino, y menos si no solo los sentimientos de él hacia ti son sinceros, sino también lo que tu sientas. Eso deberían saberlo—

    —Lo sé—


    Roze ahora se veía muchísimo más tranquila y ahora sonreía una vez más, lo que también hizo sonreír a su madre.


    —Y claro, si tú y Holz llegaran a tener hijos, eso lejos de molestarme me alegraría— dijo la reina —aunque… bueno, no sé si podría tener hijos con él. Quiero decir, sabes que hace muchos años hubo muchas parejas de poni con Changelings, y que tuvieran hijos es algo que jamás ha pasado, así que dudo que pueda pasar. Pero…—

    —Pero…—

    —Jmjmjm, si pasara sería interesante verlo, y por supuesto, esos hijos serian bienvenidos en nuestro hogar ya que… serian también una parte de nosotros—

    —Me alegra escuchar eso—

    —Y a mí me alegra verte sonreír de nuevo— dijo acariciando la cabeza de su hija —ahora… tengo algunas cosas que contarte, y sería bueno que comamos antes de que se enfrié—

    —Tiene razón—


    Así, madre e hija comenzaron a comer mientras hablar de varios temas, siendo Chrysalis quien tomaría primero la palabra para contarle a su hija los varios cambios que había habido en su reino, todos debido al llamado Pacto de Horlus, mediante el cual según ella, un poni aceptaba quedarse en el reino de los Changelings, no solo permitiendo que los Changelings se alimentaran de los buenos sentimientos que este poni tenia, sino que además le permitían aprender acerca de cómo eran, sus costumbres y su verdadera naturaleza, permitiendo así que entenderlos y que vieran que no eran los monstruos que todos pensaban que eran. Y en ese tiempo, un Changeling tomaría la apariencia y recuerdos del poni para así tomar su lugar y alimentarse, y de ese modo saldrían todos ganando. El poni con quien había empezado este pacto había sido de hecho a quien había visto en cuanto llego, y actualmente según la reina se encontraban viviendo en el reino unos diez ponis en total.


    —¿Y cómo es que esos ponis terminaron en este lugar?— pregunto Roze.

    —Te lo diría con mucho gusto querida, pero sería mejor que tú lo averigües— dijo la reina con una sonrisa —ya mañana podrás encontrarlos y ellos te contaran a detalle todo—

    —Está bien, además… será una buena oportunidad de disculparme con ese poni—

    —Es lo más importante querida. Ahora él es en cierta forma parte de nosotros, de nuestra familia, y… lo que más quiero es que todos se puedan llevar bien—

    —Tiene razón—

    —Espero que mañana puedas hablar con esos ponis. Además, tendrás la oportunidad de observar los cambios que ha habido en nuestro reino con la llegada de esos ponis-

    —Ahora que lo menciona, cuando llegue uno de mis hermanos había mencionado ha habido muchos cambios—

    —no son tantos pero si son notorios—

    —¿Cómo cuáles?—

    —bueno… lo veras en la mañana—


    La reina no dejaba de sonreírle, y Roze solo podía pensar que realmente quería que ella interactuara con los ponis y se diera cuenta de lo positivo que había resultado haberles dado la bienvenida a esos ponis.

    Luego de eso, ambas seguían conversando sobre temas triviales, entre ellos, Roze le contaba más cosas de su vida en Silver Hills con su esposo y los amigos que había hecho en ese lugar, así como lo agradable del pueblo, los bosques y los ponis que vivían ahí. Mientras más la escuchaba, más convencida estaba Chrysalis que ella se alimentaba bien de los sentimientos que percibía, haciéndose fuerte y pudiendo expresarlos, y que ella era feliz. Lamentablemente la Changeling también tuvo que contarle a su madre lo que había pasado con los dos Changelings que habían aparecido en su pueblo y como habían sido abucheados y maltratados sin que estos hubieran hecho nada malo, incluso tratando de explicarse.


    —Sé lo que paso— comento la reina —hace unos días ellos llegaron y me explicaron lo sucedido. Estaban muy tristes y también enojados, y al igual que tú, se molestaron al ver que había ponis viviendo aquí—

    —Es comprensible— comento Roze.

    -pero cuando explique lo del pacto, y los ponis se acercaron a ellos amablemente para demostrarles que no los veían como monstruos y querían conocerlos, ellos los aceptaron y ahora todos se llevan bien—

    —me da mucho gusto escuchar eso—

    —y bien… ¿algo más que quieras compartir con tu madre?—

    —Claro que si—


    Roze siguió contando más cosas de ella y su vida, así como todas las hermosas figuras que su esposo hacía, y Chrysalis parecía cada vez más interesada en observar más de esas figuras y conocer al propio Holz, por lo que Roze prometió que la próxima vez que viniera, vendría con él.


    Claro, la reina tampoco se quedó sin hablar y le conto a su hija algunas cosas más que habían pasado en su reino desde que ella se hubiera ido, y a pesar de lo mal que había salido aquella invasión a Canterlot y las cosas tomaran el giro que Chrysalis había deseado que no pasara, al final la energía que los había expulsado los había llenado de energía y habían podido alimentar a todos los Changeling que en ese momento esperaban a su madre y le deseaban lo mejor. Aunque la reina estaba segura que ayudarlos no era la intención de la Cadance y Shining Armor, lo habían hecho y Chrysalis en el fondo siempre les estaría agradecida (razón para tener una foto de ellos en su cuarto), aunque no paso lo mismo con el resto de los Changelings, sobre todo aquellos que fueron golpeados por Twilight y sus amigas sin razón. Tal vez no les habían hecho ningún daño, pero se sentían tristes y ofendidos por ser tratados así, más por haber sido despreciado luego por todos, principalmente por esa publicidad distribuida por la princesa Celestia, y al igual que la reina, todos lamentaban haber causado miedo y disturbios cuando lo único que querían era alimentarse y ayudar a su reino.

    Chrysalis se veía algo desanimada al hablar por eso, pero su hija la animo diciéndole que ella y todos sus hijos sabían que sus intenciones nunca fueron egoístas ni con intención de conquistar y destruir Canterlot, y que realmente los ponis también habían tenido la responsabilidad, diciéndole la frase que su esposo decía a veces: “Era la prueba de que a los ponis aun nos faltaba mucho por crecer y aceptar aquello que es diferente, o al menos darle la oportunidad.”

    Eso hizo sentir un poco mejor a su madre.


    Las dos siguieron hablando durante un largo sobre cualquier tema con mucho ánimo, aunque en algún punto, verse en esa situación hizo recordar a Roze la pesadilla que había tenido y la había motivado a venir, lo que la puso nerviosa.

    Su madre le pregunto si estaba bien, y ella no tuvo más opción que contarle la pesadilla que había tenido de un horrible monstruo atacándola y matándola mientras conversaban del mismo modo en que lo hacían en ese momento, explicándole también porque había decidido volver a su hogar, y que tenía el presentimiento de que su reina estaría en peligro.

    Chrysalis se sorprendió bastante con esto, pero tranquilizo a Roze diciéndole que ella estaba bien y que no debía preocuparse, y aunque Roze no podía quitarse esa sensación de preocupación, gracias a su madre se sentía muchísimo más relajada


    Después varios minutos, ambas habían terminado su comida y se sentían un poco cansadas.


    —Bueno querida— dijo la reina sonriendo —espero haber aclarado tus dudas. Ahora es momento de dormir, después de todo debes estar muy agotada—

    —Un poco— dijo Roze, y no pudo evitar bostezar un poco —gracias por todo madre, y lamento mucho las molestias—

    —No digas eso, para mi realmente es un gusto verte de nuevo y haber hablado contigo—

    —Gracias— dijo Roze con una sonrisa —ahora solo… debo pensar en donde dormiré—

    —Jmjmj, eso no es necesario—

    —¿Qué quieres decir?—

    —Solo sígueme— dijo la reina levantándose de su cama.


    Roze no estaba segura de a donde la llevaría, pero su reina le regalo una sonrisa, y eso fue suficiente para la Changeling.


    Madre e hija salieron de la habitación y regresaron a la sala del trono, y hay Chrysalis se dirigió a la puerta de color dorado, y que Roze no recordaba muy bien lo que era, pero ya su madre se lo explicaría.


    —Bien… entremos— dijo la reina, abriendo la puerta y entrando, con Roze tras de ella.



    Continuara…

    __________________________________________________________________


    Hola a todos.


    Mucho tiempo de no escribir, pero finalmente traigo un nuevo cap de mi autoría. Este capítulo tenía pensado que tuviera más cosas, pero ya sentía que se estaba hacia demasiado largo y por eso lo deje hasta aquí.


    Espero que les guste y haya quedado bien. Nos vemos
     
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    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    Capítulo 4, comienza un nuevo DÍA


    (Escrito por OverLord_Gabriel)


    —Bien… entremos— dijo la reina, abriendo la puerta y entrando, con Roze tras ella.


    Cuando Roze entro a la habitación, no podía creer lo que veía y una gran sonrisa se formó en su rostro. Ahora recordaba que era esa habitación.


    En ella, había en fila adherido a las paredes a lado y lado varios capullos verdes de forma ovalada, hechos con la misma sustancia que producían los Changelings y que normalmente eran usados para dormir en lugar de una cama o algo así. Pero estos tenían un toque especial, parecían estar cubiertos de escarcha y brillaban con la luz de los cristales que se encontraban en la habitación, y sumado al color verde claro de las paredes hacia que la habitación se veía bastante iluminada.


    Roze se acercó a uno de los capullos y vio en su interior una almohada y una sábana verde, y que parecía estar recubierta por más de esa sustancia verde que hacia el interior suave. Los Changelings normalmente no se tomaban tantas molestias para hacer un capullo así de cómodo a menos que realmente quisieran hacerlo, pero Roze se sorprendió al ver que todos los capullos de esa habitación estaban así, contando un total de veinte capullos, todos hechos por su madre, y con cada capullo al lado venia una sencilla mesa de noche hecha de madera.

    Ese lugar hacia muchísimos años había sido una habitación de huéspedes en la que ponis importantes que venían desde otros lugares a hablar con la reina podían quedarse y descansar. Pero desde que los ponis se… hubieran alejado de los Changelings y los vieran como monstruos… la habitación ahora estaba destinada para ser usada por Changelings que venían de muy lejos y venían hablar con su reina, que necesitaban donde dormir, y ese era el caso de Roze.


    —Ponte cómoda querida— le dijo la reina con una sonrisa, y ella también sonrió.


    Después de mirar un poco más, Roze escogió un capullo y se acomodó dentro de él, sintiéndolo muy suave y cómodo, y con la sabana y la almohada se sentía bastante cálido y agradable, al punto que ya sentía que el sueño le estaba ganando.

    Chrysalis se acercó a su hija y le dio un beso en la frente.


    —Que descanses bien Roze, y tengas dulces sueños— dijo la reina con una dulce sonrisa —te amo—

    —Tú también madre, y también te amo— dijo Roze, también dándole un beso a su reina en la mejilla, y a los pocos minutos Roze se quedó profundamente dormida dentro de ese capullo.


    Chrysalis empezó a acariciar suavemente la cabeza de su hija mientras la miraba con ternura, y así estuvo durante varios minutos hasta que decidió salir de la habitación y cerrar suavemente la puerta para que su hija descansara bien.

    Una vez la reina salió de la habitación, estaba de vuelta en la sala del trono y no pudo evitar bostezar un poco. Ella también estaba muy cansada y necesitaba dormir pero… había algunas cosas que necesitaba hacer antes.


    Fue hasta su trono y se sentó, luego junto sus cascos y cerró sus ojos, a la vez que su cuerno se encendía con llamas verdes.

    Por fuera ella estaba normal y parecía estar pensando o durmiendo, pero dentro de su mente las cosas eran diferentes. Ella estaba viendo todo su reino y a todos sus hijos durmiendo, incluso los que aún se encontraban despiertos cuando Roze llego, ahora dormían plácidamente, al igual que los ponis que ahora vivían ahí.

    Chrysalis los veía a todos y cada uno, y no solo a los que tenían su hogar en todo el reino sino también a los que vivían y dormían dentro del castillo, como lo eran los varios Changelings que ayudaban en todo, los guardias, las dos figuras que gobernaban junto a la reina, y ahora Roze.


    Mientras veía a todos en su mente, la reina sonreía y hacia que en la realidad, todos los Changelings y los ponis fueran rodeados por un anillo de fuego verde, pero estos no quemaban su alrededor ni mucho menos lastimaba a quienes rodeaban. Por el contrario, aunque todos estuvieran dormidos y no lo vieran, sentían ese fuego como un cálido abrazo lleno de amor, y eso era precisamente lo que era. Era su forma de darles a todos sus hijos un abrazo de buenas noches y demostrarles su amor mientras dormían. Esa era una de las muchas cosas que Chrysalis hacía para demostrarles a sus hijos lo mucho que significaban para ella, porque realmente los amaba más que cualquier otra cosa en el mundo y parecía que ese amor era infinito, así como lo era su deseo de que ellos crecieran y vivieran felices junto a los ponis.

    Tristemente esto no había sido fácil, y menos cuando hacía unos años, en un momento de crisis tomo la decisión más grave de todas por el bien de sus hijos, haciendo cosas que ella jamás había hecho y hasta ese día aun lamentaba, como haber tomado el lugar de alguien y encerrarlo, hablar como si amenazara, incluso herir a una princesa.

    Chrysalis tenía un plan distinto y esperaba que todo en esa invasión hubiera terminado de un modo diferente, y no solo sus hijos se alimentaran, sino que además su raza se uniera a los ponis para poder vivir en armonía como había sido hacia miles de años. Lamentablemente las cosas habían salido muy mal, su presencia y la de sus hijos se habían mal interpretado como un ataque, y luego de ser sacados de Canterlot se había comenzado a distribuir publicidad en su contra, para mantenerlos al margen y si llegaba a ser necesario encerrarlos.

    Fue un golpe muy duro para Chrysalis lo mal que habían salido las cosas y la imagen de villanos que ella y su raza se habían ganado. Aunque todos sus hijos entendían lo que había pasado y no la culpaban, ella sentía que les había fallado y lo que había pasado y había hecho a los ponis era algo que ella no se perdonaría.


    Pasaron algunos minutos más hasta que Chrysalis sintió que había transmitido todo su amor a sus Changelings y volvió a abrir los ojos, a la vez que el fuego de su cuerno se apagaba. Se sentía contenta de poder transmitirles ese amor a sus hijos todos los días de esa forma, aunque hacerlo siempre la cansaba un poco, razón por la que siempre lo hacía de noche, para recuperarse mientras dormía.


    Con ese asunto terminado se levantó de su trono y regreso a su habitación, cerró la puerta y coloco los platos de comida ya vacíos y la bandeja de plata en su mesa de noche para llevarlos a lavar el día siguiente. Ya estaba lista para dormir, pero aún tenía que hacer algo más, y eso se relacionaba con el regalo de su hija.


    —Te pondré en un buen lugar— dijo la reina para sí misma, tomando la figura de madera y llevándola hasta la puerta de acero pintada con flores, la que Roze no recordaba lo que era; para luego usar su cuerno para abrir la puerta.


    La habitación era mucho más grande de lo que se podría pensar, siendo básicamente un largo pasillo de unos tres metros de largo y tres metros de altura, un poco más que su habitación. Las paredes eran básicamente una serie de anaqueles tan grandes como los de un armario normal.


    Chrysalis entro a la habitación y con una sonrisa miraba todo los anaqueles en donde guardaba una gran cantidad de objetos, y todos eran muy importantes para ella. Desde que ella tuviera memoria, sus hijos siempre le habían demostrado el amor que le tenían, y como una muestra de eso muchos de ellos siempre le daban algún regalo que ella siempre apreciaba. Cada regalo que recibía era guardado en esa habitación especial para poder conservarlo por siempre, como los tesoros más valiosos que Chrysalis podría tener, algo que representaba el amor de sus hijos por su madre.


    Había todo tipo de regalos y algunos los había recibido hacia cientos o miles de años, hasta otros que no eran tan antiguos. Los regalos iban desde cosas muy sencillas como lo eran dibujos o cartas hechas por Changelings jóvenes, plumas o piedras muy bonitas, hasta cosas un poco más elaboradas como pinturas, figuras de arcilla y porcelana, ropa o prendas hechas a casco, hasta cosas más costosas, compradas o encontradas, como lo eran elegantes vestidos que Chrysalis alguna vez uso, joyas, adornos de metales preciosos, incluso una corona de oro con rubís, encontrada por uno de sus hijos en un castillo abandonado donde curioseaba, hacía ya cien años. Todos esos regalos, sin importar lo que fueran para la reina eran simplemente hermosos y todos los atesoraba por igual, y ahora la figura de madera dada por Roze se unía al grupo.


    Chrysalis la coloco en un anaquel no muy alto y luego miro por un momento más todos los regalos que había guardado y lo mucho que significaban para ella.

    Ya estaba lista para salir, pero hizo una última cosa primero.

    La gran Changeling miro al suelo de la habitación y se quedó algunos minutos pensando, poniendo una expresión algo más seria. Luego de pensarlo, lanzo un hechizo sobre el suelo, haciendo que un bloque no muy grande se levantara y revelara un agujero no muy profundo en el que había un cofre aparentemente hecho de mármol largo.

    Saco el cofre de su lugar y luego lo abrió, dentro había algo que parecía ser una espada con una hoja que parecía estar hecha de cristal de color verte, y un mango de color negro. La reina tomo la espada en sus cascos y la miro con cuidado, viendo que en ella parecía haber una especie de inscripción apenas visible, escrita en el idioma propio de los Changelings. Aquella espada era… tal vez de los regalos más significativos para la reina, dado por el líder de los caballeros que protegieron al Reino de los Changelings antes de que…

    Trato de ya no pensar más en eso y volvió a poner la espada en el cofre y luego puso el cofre en su lugar, para luego lanzar una vez más el hechizo sobre el suelo, haciendo que el bloque tapara el hueco y fuera como si nunca se hubiera abierto y nadie supiera que había algo ahí.


    Una vez termino con eso, la reina salió de la habitación y volvió a cerrarla con su magia y ya se sentía bastante agotada y bostezaba bastante.


    —Realmente fue un día largo— dijo para sí misma —pero como siempre, fue un buen día— recordando todo lo que había hecho ese día, incluyendo toda la conversación que había tenido con su hija Roze.


    La reina se metió debajo de las sabanas y se acomodó en su cama, sintiendo que en cualquier momento se quedaría dormida.


    —Buenas noches mis queridos hijos… los amo con toda mi alma… realmente los amo— dijo con una gran sonrisa mientras cerraba sus ojos, y se quedaba profundamente dormida. Recuperando su fuerza y soñando con sus muchos hijos, lo que hacía que ella en ningún momento dejara de sonreír.


    Mientras la reina dormía, los cristales de su habitación se apagaban, dejándola a oscuras y permitiéndole dormir con tranquilidad.


    La mañana había llegado, y aunque en la habitación de Chrysalis no había una ventana, los cristales empezaban a brillar, ahora con un color verde blanquecino, indicando que era de día.


    La Reina poco a poco comenzó a abrir los ojos y se sintió muy bien, algo bastante normal en ella.

    Ya estaba preparada para iniciar su día, y recordando toda su conversación con Roze la noche anterior, estaba segura que a ella le encantaría acompañarla, y así ver nuevamente su hogar y los pocos cambios que había tenido, así como reencontrarse con sus hermanos y conocer a los ponis que ahora vivían ahí.


    —¡Roze, buenos días!— dijo la reina con mucho ánimo, dirigiéndose a la habitación donde estaba su hija.


    Chrysalis abrió la puerta, pero al entrar se dio cuenta de que Roze no estaba ahí, lo que la confundió y preocupo.

    La reina pensó mucho donde podría haberse metido su hija, y lo primero que pensó fue salir a buscarla.


    Las puertas de la sala se abrieron y ella salió, encontrándose con los dos guardias que vigilaban la entrada, los cuales habían reemplazado a los guardias que estaban ahí cuando llego Roze, que ahora estaban descansando.


    —Mis amores— dijo dirigiéndose a los dos guardias.

    —¿Si su majestad?— dijeron al unísono, y aunque intentaran verse firmes y serios, cuando su reina se dirigía a ellos y les decía eso los hacía sentir nerviosos y alegres, incluso los hacia sonrojar.

    —Díganme ¿han visto a Roze? No se encuentra en la habitación de visitas y pensé que habría salido. ¿La vieron?—

    —Pues…— dijo uno de los guardias, haciendo memoria —la vimos salir. No dijo a donde iba pero si menciono que no saldría del castillo, pero no tenemos ni idea de a donde fue—


    La reina se quedó pensando un momento en que lugar del castillo podría estar su hija. Ella conocía bien a todos y a cada uno de sus hijos aunque fueran muchos, y eso siempre le permitía entenderlos y saber a veces que era lo que hacían o pensaban. Teniendo eso en cuenta, una idea cruzo por su mente.


    —Ya sé dónde está— dijo con una sonrisa y empezó a caminar hacia la escalera —nos veremos pronto amores— les dijo a sus guardias mientras bajaba por la escalera de caracol.


    Ambos Changelings solo asintieron con la cabeza, pero cuando la reina se fue una gran sonrisa se formó en sus rostros. En verdad sin importar que función tuvieran o la situación, Chrysalis siempre trataba con amabilidad y dulzura a cada uno de sus hijos, y era por eso que siempre le gustaba decirles hijos, amores, angelitos, y demás, siendo una de las muchas formas en que les demostraba su amor, algo que ellos siempre apreciaban aunque ella lo hiciera todo el tiempo durante toda su vida. Incluso los guardias que eran siempre serios no podían evitar derretirse cuando su madre les decía esas cosas, haciéndolos sonrojar mucho.


    Chrysalis bajo por la escalera de caracol apresuradamente hasta llegar al primer piso, y una vez ahí se dirigió hasta una entrada que se encontraba a un extremo del salón, donde se encontraba una pared llena de pinturas dadas por sus hijos. Aquella entrada daba a unas escaleras hechas de piedra que descendían y que eran iluminadas por los mismos cristales verdes que se encontraban en todo su castillo. Empezó a bajar hasta llegar al piso inferior donde se encontraba una sencilla puerta de madera sin mayor protección, y que usualmente siempre permanecía cerrada. Sin embargo, cuando Chrysalis llego esta estaba entre abierta y se asomó a ver.


    —Ahí estas— pensó con una sonrisa, estaba segura de donde se podía encontrar su hija y no se había equivocado.


    Efectivamente, la reina tenía razón y su hija estaba ahí. Y como Roze lo había recordado, aquella habitación inferior era la cámara en honor a los antiguos y valientes guerreros que protegieron alguna vez a los Changelings, y no solo a ellos sino… a los ponis de Equestria, siendo nobles y admirados.


    La sala igual que el resto del castillo tenía un suelo hecho de piedra, pero para esa cámara en particular se había hecho un arreglo haciéndolo brillar como si fuera un cristal y había sido pintado para que tuviera un lindo color verde, además se había pintado una estrella de cuatro puntas en forma de una x en el centro, y cada una pintada de un color diferente, rojo, naranja, verde limón y purpura. Una hermosa obra de arte hecha en honor a aquellos valientes por grandes artistas Changelings hacía ya unos miles de años.

    Tal y como la chica lo recordaba, las cuatro estatuas se encontraban cada una en una punta de la estrella pintada en el suelo y las cuatro miraban al centro de la estrella, que también era el centro de la habitación.


    Roze no dejaba de mirar fascinada aquellas estatuas de piedra, que a pesar de los años estas no parecían cambiar ni gastarse en lo más mínimo, pero lo que más la impresionaba eran sus formas. No era como nada que los Changelings, incluso ponis hubieran visto alguna vez.


    Las estatuas representaban a unas criaturas que se paraban en dos patas y tenían una estructura física que si la princesa Twilight hubiera estado en ese lugar los hubiera definido como “humanos” además de ser bastante grandes ya que median al menos 3 metros y medio de alto. Los cuatro llevaban pesadas armaduras viéndose verdaderamente como caballeros, pero lo que más llamaba la atención era que esas armaduras tenían agujeros en algunas partes, viéndose realmente como Changelings, pero además sus armaduras parecían estar inspiradas en insectos. Roze miraba a cada una de las estatuas las cuales además se encontraban sobre un muy pequeño pedestal que tenía una placa de metal incrustada con una inscripción.


    La primera estatua se encontraba en la punta naranja de la estrella. Era bastante musculosa y su armadura era bastante gruesa, dando la apariencia de ser muy fuerte. Sus hombreras tenían cada una un largo cuerno, que juntos recordaban bastante a las mandíbulas de un escarabajo hércules. Su casco era bastante grande con un cuerno grande que salía de la parte de atrás y uno más pequeño que salía de la frente, dando la apariencia de ser la cabeza de un escarabajo hércules.

    La placa que se encontraba en el pedestal de la estatua decía:


    “El fuerte e inteligente caballero quien siempre lucho con su cuerpo, pero también con su mente – Breaker.”


    La siguiente estatua estaba sobre la punta de color verde limón.

    Esta era un poco más pequeña que las demás, teniendo unos dos metros y medio de altura. A diferencia de la anterior esta tenía una armadura algo más delgada, pero igualmente se veía muy resistente. De la parte de atrás de la cintura había una sección compuesta de una lámina que se asemejaba al abdomen te un insecto. Sus brazos y piernas se veían algo más delgados y en las armaduras de los brazos y piernas tenía una pequeña hilera de espinas.

    Lo que más llamaba la atención eran sus hombreras ovaladas que recordaban los ojos de una mantis y de su espalda salían laminas que recordaban a alas. También su casco era muy similar a la cabeza de una mantis.

    En su placa decía:


    “El caballero impetuoso y veloz, que siempre actuaba antes de pensar, pero siempre lucho con valentía – Slash.”


    Las otras dos estatuas se diferenciaban de las anteriores. Estas tenían figuras muchísimo más femeninas e incluso su armadura marcaba sus pechos, y es que de hecho esas estatuas representaban a dos caballeros mujeres.


    La primera era un poco más baja que la estatua de Breaker por unos centímetros, y se encontraba en la punta purpura. Su armadura parecía mucho más ligera, teniendo una especie de larga falda metálica, y sus brazos eran bastante largos. Llamaban la atención sus hombreras que eran bastante grandes y tenían tres puntas divididas en secciones, recordando a las patas de una araña, y una vez más su casco tenía la apariencia de una araña, con tres puntas a lado y lado que parecían patas, y en la frente había algo similar a ocho joyas, viéndose como ojos de araña.

    En su placa decía:


    “Una guerrera valiente que siempre actuó con justicia y amabilidad, y jamás se rindió. Casi una madre para los caballeros – Vanil.”


    La última era unos centímetros más alta que la estatua de Slash y era muy parecida a la de Vanil, solo que sus hombreras parecían tenazas abiertas y su casco parecía tener dos cuernos y un adorno que salía de la cabeza, viéndose como la cola de un escorpión.

    En su placa decía:


    “Una caballero valiente, noble, y también joven y alegre. Su amabilidad siempre fue una luz en el camino – Lily.”


    Las cuatro estatuas miraban al centro, y tal y como lo recordaba, en el centro se encontraba una imponente rosa de cristal, muy detallada y bien realizada, que además estaba cerrada.

    Roze empezó a caminar alrededor de esa rosa para poder observarla mejor, notando que aquel cristal tenía un color verdoso y parecía brillar un poco, dándole una iluminación especial a esa habitación.

    Roze no dejaba de observar la estructura de cristal, y recordaba que según la leyenda, esa rosa de cristal se abriría en un momento en especial para protegerlos del peligro. Muchos no creían en esa leyenda así como no creían que los caballeros hubieran existido realmente y creían que solo eran simples estatuas hechas por alguien muy inspirado, pero Roze estaba segura de que las leyendas sobre ellos eran reales, así como las leyendas sobre esa rosa de cristal, aunque no dejaba de preguntarse cuando seria el dia en que se abriría.


    Finalmente, alejado de las estatuas de los caballeros y la flor de cristal había algo más, incrustado en una pared. Roze se acercó a ese objeto, que era un extraño cristal con la forma de una estrella de seis puntas de un color rojizo.

    Las leyendas de los caballeros no hablaban mucho acerca de ese cristal pero parecía ser importante. Pero tal vez lo más importante para Roze es que aquel cristal llamaba mucho su atención. Cuando había llegado la noche anterior casi sintió como si la estuviera llamando, pero ahora que estaba frente al cristal (y otras veces que lo había visto) sentía esa sensación más fuerte, al punto de que se acercaba paso a paso a ese cristal.


    Después de unos minutos Roze se preparó para salir de ahí, pero cuando volteo se encontró con su madre, que sin darse cuenta había entrado y la había observado admirar con tanta atención todas las estatuas de esa habitación.

    Roze no sabía que decir, pero su madre sí.


    —Debí suponer que estarías aquí linda— dijo Chrysalis, acercándose a su hija y mirando todas las estatuas y la flor de cristal, así como el cristal que estaba en la pared —esta es tu lugar favorito ¿verdad?—

    —Así es…— contesto Roze con una gran sonrisa —esta habitación…— mirando de nuevo las estatuas y la flor de cristal —me traen… mucha nostalgia—

    —A mí también— dijo la reina sonriendo, y Roze noto que una lagrima se le salía una lagrima —sabes… realmente los extraño… eran chicos valientes y muy nobles… ojala un día despertaran—

    —Pero… ¿Realmente sería bueno que ellos existieran en este tiempo donde… bueno… somos tan odiados?— cuando dijo eso, Roze puso una expresión triste.

    —Roze linda…— acariciando su cabeza —yo sé que las cosas un día mejoraran. Debemos corregir nuestros errores y sobre todo… nunca abandonar esa idea. Si solo pensamos que siempre nos odiaran nunca creeremos que las cosas pueden mejorar entonces… nunca avanzaremos. ¿No lo crees?—

    —Tiene razón mi reina— dijo la Changeling, volviendo a sonreír —siempre sabe que decir para hacernos sentir mejor y… realmente es maravillosa y buena—

    —Bueno… solo intento ser una buena madre para que mis hijos estén bien—


    Ambas sonreían y Roze empezó a volar un poco para acercarse al rostro de la reina y limpiarle la lagrima que se le había escapado.

    La reina y su hija se quedaron observando el cristal con forma de estrella, cada una perdida en sus propios pensamientos, pero disfrutando de la compañía de la otra y sin dejar de sonreír.


    Pasaron varios minutos en ese lugar, pensando y admirando todas las cosas que había en esa sala. Sin embargo… ya era momento de irse. Después de todo… el día ya había iniciado.


    —Roze…— dijo la reina poniendo uno de sus cascos sobre el hombro de su hija, llamando su atención —ya es momento de que comience con mis obligaciones así que… ¿Te gustaría acompañarme? Podrás ver a tus hermanos y todo lo que discutimos ayer—

    —Por supuesto que si— dijo Roze emocionada, incluso elevándose en el aire por unos segundos.


    Las dos salieron de esa sala y regresaron al primer piso, para finalmente salir del castillo y así, finalmente comenzar con ese nuevo, y posiblemente un gran y buen día.



    Continuara…

    __________________________________________________________________


    Ok, admito que no tenía pensado dejar este cap hasta aquí, tan corto, pero sentía que me estaba alargando demasiado y sé que un cap tan largo puede aburrir. También algunas cosas quería pensarlas un poco mejor, así que preferí dejarlo hasta aquí y lo que falta ponerlo en el siguiente.

    Habrá a quienes les moleste esto pero… en fin.
     
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    Última edición: 8 Abr 2016
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    OverLord_Gabriel

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    Capítulo 5, un DÍA en el reino de los changelings


    (Escrito por OverLord_Gabriel)


    En su hogar en los bosques de plata, Holz se preparaba para su labor diaria. Ya había ido a traer la madera necesaria y tenía su carro listo con sus figuras de madera para vender, pero además había acomodado algunas de las masetas con rosas que su amada esposa tenia siempre listas para vender. Aunque ella no estuviera de momento en ese lugar, sentía que debía seguir vendiendo sus flores como una forma de sentirla cerca.


    Antes de marcharse, el unicornio entro a su bodega de trabajo y busco algo, hasta que lo encontró debajo de varios leños que pronto servirían para hacer más figuras de madera. Se trataba de una lona, y en su interior había una pequeña caja de madera dada por su padre cuando era joven, y que le había dicho que debería usarla para guardar algo que realmente fuera especial para él, y así lo había hecho.

    Holz abrió la caja y dentro había una fotografía muy especial para él, y era la foto del día de su boda con Roze… la boda que ambos habían tenido en su hogar, ellos solos y con Roze en su verdadera apariencia.

    Aunque a Holz le gustaba el disfraz que Roze usaba mientras vivía con él, había algo en su apariencia de Changeling que era adorable y bello. Ya se lo había dicho alguna vez. “Tanto su lado Changeling como su lado equino eran igualmente hermosos”.

    Esa foto era sin duda un tesoro muy especial que representaba uno de los días más felices de toda su vida, y solo lamentaba no poder tenerla colgada en un cuadro dentro de su casa para que todos la vieran, como debía ser.


    Holz guardo la foto en su lugar y se ató su carro, ya listo para empezar su trabajo, pero solo camino unos pasos cuando se detuvo y miro hacia el cielo, pensando todo el tiempo en su amada, preguntándose como estaría ella, y cuando regresaría.


    —Amor… espero que estés bien, y espero verte pronto— dijo con una sonrisa y con una pequeña lagrima que le bajaba por la mejilla.


    Holz se secó la lagrima y empezó su camino a Silver Hills, listo para vender todo y esperando que pronto su esposa regresara a casa sana y salva, y le contara las muchas cosas que había hecho en su reino, y sobretodo, que le había parecido a la reina Chrysalis el regalo que él le había mandado con Roze.

    Mientras caminaba el sol brillaba con intensidad, y se preguntaba si su esposa estaría viendo ese mismo sol.


    Lejos de esos bosques, en medio de un misterioso y hasta mortal desierto, se encontraba el Reino de los Changelings, donde igual que en el hogar de Holz, el sol brilla y un nuevo día había empezado.


    Aunque aquel reino estuviera en una zona tan alejada y olvidada, la luz del sol podía llegar y entrar por un enorme agujero que se formaba sobre la gran estructura de piedra donde vivían, igual la luna y lluvias. Las princesas y los pegasos encargados del clima no lo sabían, pero lo que ellos llevaban a todo Equestria también llegaba al hogar de los Changelings, aunque de no ser por el árbol que se encontraba en la torre, quizás aun con lluvia y sol el terreno no podría mantener la vida vegetal, y sería tan muerto y lúgubre como el Desierto de la Desolación. Todos los Changelings en verdad agradecían tener esa gran fortuna, al igual que lo hacia su reina.

    Y hablando de ella…


    La reina Chrysalis había salido de su castillo junto a Roze, quien la acompañaría para ver nuevamente su hogar después de un largo tiempo de haberse ido.

    La Changeling también miraba hacia el cielo y veía el sol traído por la princesa Celestia, que brillaba en lo alto y traía luz y calor a su hogar. Se preguntaba si el que el cielo, y el sol, la luna y el clima fueran iguales en su reino que en el resto de Equestria, y que nadie se diera cuenta de eso, se debía al campo mágico que había alrededor de su hogar, Aunque la realidad es en lo que más pensaba Roze era… en su esposo Holz.

    Se preguntaba si estaría bien, si estaría iniciando su jornada de trabajo sin ella, y tal y como Holz también lo hacía… se preguntaba si él la extrañaba tanto como ella.


    —¿Piensas en tu esposo?— pregunto la reina, colocando uno de sus cascos sobre el hombro de su hija, sacándola de sus pensamientos —seguramente él debe estar pensando mucho en ti en estos momentos—

    —En estos momentos debe estar yendo a trabajar— comento Roze, imaginando la rutina diaria de Holz y suponiendo que ya debía estar dirigiéndose al pueblo a vender sus figuras de madera.

    —¿Lo extrañas?—

    —Desde que comencé mi viaje—

    —Seguramente él también te extraña— dijo la reina acariciando la cabeza de su hija —y también estoy segura de que espera mucho volver a verte. Pero hasta que vuelvas debe estar pensando en que debe sonreír y estar animado porque no quisieras que estuviera triste. Y… —usando sus pezuñas en la cara de Roze para hacer como si esta sonriera —seguro que a Holz le gustaría que también sonrieras—


    Se alejó un poco de su reina y se empezó a reír como una potrilla por ese gesto. En verdad agradecía que su madre siempre fuera así de amable con ella y los demás Changelings, y los animara siempre.


    —Gracias madre— dijo la chica con una sonrisa, y la reina le regreso la sonrisa.


    Roze ya se veía algo más animada y siguió con su reina, y ahora que era de día, el sol llenaba de vida todo el reino y permitiendo verlo mucho mejor.


    Todos los Changelings ya habían despertado y la mayoría estaban dedicados a sus obligaciones diarias, mientras otros solo paseaban o se divertían. Roze miraba a lado y lado, en verdad el reino seguía siendo tan lindo como lo recordaba.

    La mayoría de los ponis no tenían la menor idea de donde vivían los Changelings, pero por sus cuerpos negros y su aspecto, muchos pensaban que venían de lugares contaminados o sucios, incluso muertos y llenos de maldad, y por su apariencia de insectos creían que vivían en una colmena, y aunque a Roze eso ultimo le parecía más que comprensible, estaban muy equivocados y ella quería ver la cara de algunos de los que decían eso al ver como era su reino en verdad.

    Dentro de esa enorme formación rocosa con forma de tronco, se formaba un frondoso bosque con varios claros y zonas en las que se habían cultivado todo tipo de flores, y varios caminos naturales para moverse entre los arboles con mayor facilidad.


    —Bien… ¿Comenzamos?— dijo la reina, sonriéndole y ofreciéndole un casco a su hija—

    —¡Por supuesto!— dijo Roze muy sonriente y tomando el casco de su madre.


    Ambas empezaron a caminar por un corto sendero que llegaba a una zona donde se había construido una fuente que siempre permanecía limpia y en medio una estatua en honor a su reina, acompañada por tres Changelings, algo más grande que las que se encontraban en el castillo, y Roze recordaba haber pasado por ahí la noche anterior, pero ni se había fijado por la prisa que tenía por llegar al castillo.


    En ese lugar llamado por muchos “La gran plaza”, se encontraban muchos Changelings caminando y conversando, siendo estos los que en ese momento no tenían alguna función, ya que en ese reino, muchos Changeling trabajaban mientras que otros no, aunque los que no lo hacían luego tomarían su lugar, de modo que todos tuvieran la oportunidad de trabajar y descansar, sistema implementado por la reina hacía mucho tiempo y que siempre había funcionado.

    Varios Changelings al observar a la reina la saludaron con mucho respeto y haciendo ante ella una reverencia, mientras que otros Changeling (los más jóvenes o relajados) la saludaban de forma más amigable, y en vez de decirle reina le decían “madre” o “mamá”, y a los saludos Chrysalis siempre respondía con una cálida y dulce sonrisa, así como palabras amables.


    —¿Qué es lo que harás primero?— pregunto Roze.

    —Bueno, debo vigilar todo mi reino, enterarme de todo lo que sucede y ayudar. Esa siempre ha sido mi labor— comento la reina.

    —¿Y por dónde empezamos?—

    —Por aquí precisamente—


    En ese lugar, además de Changelings que descansaban, había unos puestos muy similares a los que había en el mercado donde Roze y Holz trabajaban. En total eran cuatro, tres de ellos juntos y atendidos por varios Changelings, y frente a ellos había una larga fila de Changelings esperando ser atendidos. Aquellos negocios se encargaban de repartir a todos un paquete de comida, el cual sería el desayuno de todos.

    A Roze se le formo una sonrisa al ver eso, ya que era una de las cosas que más le agradaba de su hogar y su raza.

    A diferencia de los ponis, en su reino al ser todos hermanos y básicamente ser una gran familia, y no tener relación con mas pueblos o reinos, hacía que no existiera una economía como tal, y por eso la comida no se vendía, sino que se repartía para que todos los Changelings comieran, y al final todos recibían lo que les correspondía, así como lo recibían al almuerzo y cena.


    Roze y Chrysalis se acercaron a uno de los negocios, y seguían viendo como los Changelings recibían y agradecían, firmando una hoja para asegurarse que nadie se pasara de listo y reclamara comida dos veces, aunque eso jamás había pasado. Además, cada Changeling daba las gracias y les regalaba a los repartidores una sonrisa, que era pago suficiente para ellos.


    —Buenos días hijos— dijo la reina, llamando la atención de los que atendían los puestos y de los que hacían fila —espero que todos disfruten su desayuno— les dijo con una sonrisa.


    Chrysalis toda su vida había sido amable y dulce con sus hijos y siempre los saludaba con mucho ánimo, pero aun así algunos Changelings se ponían nerviosos y sonreían, mientras que otros simplemente le devolvían el saludo con la misma amabilidad.


    —Buenos días mi reina— dijo el encargado de uno de los puestos, mientras aún seguía repartiendo la comida —¿Ha venido a revisar cómo va todo?-

    —Así es querido, pero supongo que todo está bastante bien ¿verdad?—

    —Claro que sí, pero es necesario asegurarse de que todo esté bien y… ¡oh, disculpa!— dijo, al notar la presencia de Roze —no te había visto— dijo con una sonrisa y pasándole un paquete de comida —ninguno de nuestros hermanos debe quedarse sin desayuno. Y por supuesto madre… si no has desayunado aun…—sacando otro paquete y acercándoselo a Chrysalis —Aquí tienes—

    —Muchas gracias— dijeron ambas con una sonrisa


    Ambas tomaron los paquetes y en eso Chrysalis quiso decirle algo a Roze.


    —¿Por qué no vas a saludar a algunos de tus hermanos y hermanas Roze? Yo tardare un poco aquí revisando todo—

    —Si señora—


    Roze se alejo un poco de los puestos, buscando un lugar donde comer su desayuno y esperando a que la reina terminara ahí, pero antes de ponerse a comer, noto el puesto que estaba más alejado de los otros, y que a diferencia de los otros tres, este no repartía paquetes de comida, sino que repartía cupcakes, como una especie de postre para acompañar el desayuno o para comer más tarde.

    La Changeling se acercó al puesto para tomar uno de los cupcakes, pero al llegar ahí se llevó una sorpresa al ver a quien atendía.


    —Aquí tienen, muchísimas gracias— dijo el tendero, entregando una bolsa de papel con dos cupcakes a dos Changelings que venían juntos y que firmaron un papel antes de tomar la bolsa.

    —Muchísimas gracias— dijeron ambos con una gran sonrisa, y quien los había atendido les sonrió del mismo modo.


    Los dos Changelings se marcharon y alguien más vino, y él ya estaba listo para atenderlo.


    —Muy buenos días ¿Te ofrezco un…— pero no pudo terminar de hablar al ver de quien se trataba.


    Aunque todos los Changelings se vieran iguales, para todos los ponis y entre los mismos Changelings era fácil distinguir entre uno y otro, y él reconoció de inmediato a Roze, y por supuesto, ella reconoció al tendero, que no era alguien de su raza. Era un poni, más exactamente, el poni al que ella había visto la noche anterior cuando había vuelto a su hogar, un poni terrestre ya adulto, de pelaje blanco y una crin corta mezcla de color café y vainilla, de ojos verdes esmeralda, y una cuite mark de tres cupcakes, uno de chocolate, el otro de vainilla, y el ultimo mezcla de ambos sabores.

    Era el mismo al que ella le había gritado y tratado bastante mal, diciendo que debía ser encerrado, llamándolo mentiroso y dejándolo bastante asustado.


    Ambos estaban frente a frente, y Roze solo se sentía apenada por la forma en que lo había tratado aquella noche, y también confundida por verlo ahí, mientras que el poni solo se veía algo asustado e incómodo, y por un momento pensó en irse de ese lugar y alejarse de esa Changeling para que no le volviera a gritar, pero…


    —¡Espera!— dijo Roze, acercándose a él y tocándole el hombro, impidiendo que se marchara.


    La poni volteo a verla y ella le lanzo una mirada que reflejaba lo apenada que estaba por su comportamiento, y eso lo relajo un poco, así como entendió que todo lo que quería ella era hablar. Se cerró por un rato el puesto de los cupcakes, y ambos se sentaron cerca de la gran estatua de la reina y Roze abrió su paquete de desayuno para por fin comer, igual que el poni, que también había recibido uno, pero aún no había podido disfrutarlo.

    El paquete consistía en un frasco de vidrio con un jugo natural de moras, aunque podía variar entre naranja, manzana, entre otros. También tenía un pan hecho con hierbas que le daban un sabor algo salado y agradable. Además incluía dos huevos revueltos y una manzana fresca, todo metido dentro de una caja de madera pequeña y sencilla, envuelta en una tela, las cuales los Changelings debían entregar en los puestos una vez terminaran, de modo que las telas y cajas se pudieran limpiar y arreglar para usarse al día siguiente. El desayuno era lo suficientemente variado y equilibrado para alimentar bien a los Changelings, y algunos días podía variar un poco.


    Mientras comían, ambos permanecían callados hasta que Roze decidió hablar.


    —Lamento la forma en que te trate a noche— dijo, con la mirada baja y algo triste— te grite y te hable mal cuando tú solo intentabas explicarte—

    —Está bien, lo entiendo. Supongo que, para los Changelings que vienen de afuera debe ser difícil aceptar a un poni aquí—

    —Algunos de nosotros no han sido precisamente tratados bien por los ponis— en eso, ella tomo el casco del poni, sorprendiéndolo un poco —pero eso no justifica mi comportamiento. Sé que no lo merezco pero… ¿Podríamos empezar de nuevo… y ser amigos?—


    El poni seguía sorprendido y no dejaba de ver a Roze, que se veía muy sincera con todo lo que decía, pero pronto cambio su expresión a una amable sonrisa, y tomo los cascos de Roze juntos.


    —Por supuesto que si— dijo él —Lo que más quiero es llevarme bien con todos. Lo dije ayer y lo sostengo, yo no veo a los Changelings como monstruos a pesar de lo de Canterlot y la publicidad que se distribuye—

    —¿En verdad? Pero… ¿Por qué? Y también… ¿Cómo llegaste a nuestro reino?—

    —Lindo reino deberías decir. Es realmente un bello lugar, para estar en un lugar prácticamente muerto como el Desierto de la Desolación—


    Cuando dijo eso, el poni se veía algo decaído, hasta incomodo, y eso no pasó desapercibido para Roze.


    —¿Te ocurre algo?— pregunto la chica preocupada.


    El poni respiro profundamente antes de hablar, y decidió contarle todo.

    Comenzó por presentarse, diciendo que su nombre era Cakestar, que venía de un pueblo lejano y pequeño, y su trabajo igual que en el reino, era cocinar cupcakes, siendo algo que realmente le apasionaba.

    También le conto como un día, mientras paseaba por un bosque vio a dos Changelings frente a una pareja de ponis, y en ese momento solo pensó que querían drenarles la vida, algo que se decía mucho de esas criaturas. Pero quedo sorprendido porque los Changelings no hicieron nada de eso. De hecho, esos ponis estaban heridos y ellos los ayudaban y también conversaban animadamente, pareciendo verdaderos amigos. Incluso hablaban de como los Changelings se alimentaban en verdad de amor, y más importante, que ellos no eran los monstruos que todos pensaban, no eran ajenos a los sentimientos y nunca habían tenido la intención de lastimar a nadie.

    Esa escena le hizo ver que todas las cosas que se decía de esos seres no eran ciertas, y que no eran malos en realidad y por eso estaba seguro de que no tuvieron malas intenciones cuando paso lo de Canterlot, y no creía en lo que decía la publicidad que se distribuía en su contra.


    Mientras más lo escuchaba, Roze se daba cuenta que no mentía y creía en lo que decía, pero él aún no había terminado.


    —Bueno… si realmente quieres que te diga como llegue aquí… llámalo un error fortuito—

    —¿Error fortuito?— pregunto Roze confundida.

    —Digamos, un error que cometí, pero me trajo algo bastante bueno—

    —¿Podrías contarme un poco más?-


    Cakestar respiro profundamente e hizo memoria antes de contarle todo lo que le había sucedido.


    —Veras, yo suelo viajar mucho entre diferentes pueblos debido a que hace algún tiempo me decidí a dejar de vender únicamente cupcakes en mi pueblo, y hacerlo de lugar en lugar con un puesto ambulante que tenía. No siempre me era fácil, pero en general me iba bastante bien—

    —¿Y qué sucedió?—

    —Un día decidí visitar un pueblo bastante grande e internado en las montañas, famoso por tener bastantes cultivos y ser un pueblo mayormente agrícola. Pensé que si iba a ese lugar no solo vendería bien sino que podría encontrar comida para mi hogar, e ingredientes para usar en mis cupcakes. Quizás hasta hacer nuevas recetas—

    —Suena muy bien. ¿Y pudiste vender tu mercancía?—

    —La verdad es que en aquel momento ni siquiera llegue—

    —¿Qué quieres decir?—

    —Debido a su ubicación, ese pueblo no tiene demasiados caminos como otros, y la única opción era cruzar un camino poco conocido, muy cerca de los límites del Desierto de la Desolación. Supongo que el destino jugo bastante conmigo en esa ocasión. Cuando fui era en una época de clima muy frio así que llovía mucho y cuando no, había mucha niebla, y sumado a eso emprendí mi viaje al medio día y ese lugar no es precisamente cerca. Ya estaba oscureciendo cuando pasaba por ese camino. Creo que no me faltaba mucho para llegar, pero inevitablemente me acabe perdiendo y me interne mucho en el desierto. Se supone que si alguien entra no puede salir, y por más que intentaba no encontraba salida, y siendo de noche y con ese clima sentía que me congelaría… y que tal vez moriría en ese lugar—

    —En verdad lo lamento— dijo Roze notando lo decaído y hasta nervioso que estaba su compañero —y te entiendo. Cuando yo llegue al desierto, al principio estaba muy perdida y no tenía idea de dónde ir. En verdad creí… que jamás saldría y estaba perdida—

    —Pero eso no es lo peor…—

    —¿Aún hay más?—

    —Así es. Mientras trataba de salir de ese lugar me encontré con algo, y no era precisamente amigable—

    —¿Qué era?—

    —Aunque estaba en un desierto, había montañas boscosas cerca. Parece que igual que yo un Timberwolf había terminado ahí, y al verme me ataco, quizás por hambre o por enojo al estar perdido. Mordió mi pata delantera y mi torso, abriéndome graves heridas empecé a desangrarme. En verdad pensé que moriría… hasta que ellos aparecieron—

    —¿Ellos?—

    —Dos Changelings que al parecer iban a su hogar y escucharon mis gritos y el ataque. Uno de ellos le disparo un rayo de magia al Timberwolf para desarmarlo y luego tomo los trozos para dejarlos fuera del desierto para que se volviera armar y regresara a casa, sin perderse de nuevo. El otro me reviso y el segundo se acercó también. Al principio dijeron que sería bueno alimentarse del amor que sentía, y es que en ese momento no dejaba de pensar en mi familia, mi esposa y mis dos hijas. Lo admito, al principio creí que moriría porque pensé que me absorberían la vida pero… ellos decían que se habían alimentado, y yo no me sentía más débil de lo que ya estaba por mis heridas—

    —¿Y qué sucedió?—

    —Uno de ellos produjo una… sustancia verde y pegajosa a través de sus patas y con ellas cubrió mis heridas evitando que sangrara más, y lo acepto, aliviando mi dolor. Luego ellos empezaron a hablar sobre qué hacer conmigo. Querían dejarme en el pueblo más cercano, pero estaban seguros de que estarían en peligro si eran vistos. Tampoco quisieron dejarme fuera del desierto por mi cuenta, temiendo que mis heridas se abrieran y muriera sin remedio. Parecía que en verdad no estaban dispuestos a abandonarme aunque yo fuera un poni—

    —entonces… ¿Ellos te trajeron aquí?—

    —Exacto. Discutieron mucho sobre eso, pero al final pensaron que era el único modo de salvarme. Les tomo algo de tiempo encontrar la entrada a su reino, pero al final entramos y a mí me dejaron en la gran plaza para revisarme mejor, y claro, muchos Changelings se formaron a mi alrededor, muy confundidos y sin entender que hacia un poni en ese lugar, y los dos Changelings les explicaron todo. Recuerdo que vi a muchos Changelings disgustados de tenerme ahí, preocupados de que yo fuera a revelar su ubicación, y diciendo muchas cosas similares a las que dijiste Roze. Pero muchos otros en cambio decían que no debían pensar así y que no era lo que su reina les había enseñado, y parecían preocupados por mi estado y me revisaban para saber cómo debían curarme. Fue entonces… cuando apareció ella— Dijo, señalando a alguien.


    Roze volteo a ver a quien se refería, y se dio cuenta que señalaba a la reina Chrysalis, que aún estaba con los encargados de repartir la comida, revisando los registros, y a su vez ayudando a repartir.


    —¿Nuestra madre?— pregunto Roze.

    —Así es— respondió el poni y continúo con su historia —Al parecer ella había escuchado todo el ruido y quería saber lo que sucedía. Esos dos Changelings le explicaron todo y yo… bueno, la verdad estaba muy asustado—

    —¿Asustado? ¿Por qué?—

    —Ya te dije, con lo que vi una vez me di cuenta de que los Changelings no eran monstruos, y toda esa publicidad en su contra no era verdad. Pero si había alguien del que no me sentía tan seguro era de la reina Chrysalis. Se decía que había encerrado a una princesa en una caverna y tomado su lugar, había actuado como una perversa invasora, incluso había amenazado a varios ponis y atacado a la princesa Celestia. Ya te imaginaras que tenía razón para estar aterrado—

    —Sí, puedo imaginármelo— Dijo Roze, algo decaída por eso.

    —Pero… me sorprendí bastante cuando vi en ella una actitud totalmente diferente a la que espere. Felicito a los dos Changelings que me habían traído, les dijo a todos los demás que se calmaran y hablo de lo importante que era respetar la vida y ayudar. Me llevo al castillo, a una habitación algo aterradora, pero que parecía ser un consultorio médico atendido por tres Changelings que trataron mis heridas con mucho cuidado, y la reina siempre estuvo pendiente de mí, al menos hasta que me desmaye. Recuerdo que al despertar estaba dentro de un capullo. Me asuste, pero desde a fuera la reina me tranquilizaba y luego me libero—

    —Veras— dijo Roze —los capullos son como… un refrigerador. Si, tonta comparación, pero es que ayudan a conservar así como… otras cosas. Al encerrar a alguien ahí, los líquidos del capullo aceleran levemente su curación, y además nutren su cuerpo, así que no necesita alimento ni agua mientras esta ahí el tiempo necesario. Siempre lo hemos usado para ayudar a Changelings mal heridos a que se recuperen, y algunos ponis— explico Roze.

    —Eso mismo me dijo la reina, y dijo que luego de tratar mis heridas y cocerme, fue necesario que estuviera dos días en ese capullo para que mi cuerpo se curara, aunque me dijo que necesitaría una semana de descanso al menos para estar en óptimas condiciones. Durante esa semana estuve explorando y conociendo aún más el reino de los Changeling. Su cultura, su forma de actuar, todo su reino, y me di cuenta lo especiales, amables y cooperativos que eran entre ellos, y esa misma amabilidad me la mostraron a mí. Mientras más veía, sentía que no eran monstruos, y que eran en realidad seres buenos y amables. Y la reina cada día me explicaba más cosas y me decía más sobre su raza y ella misma, incluso me ayudo a entender más sobre porque invadió Canterlot ese día. Realmente Chrysalis es una gran reina, y sobre todo una gran madre—

    —En verdad lo es, y toda su vida ha hecho todo lo que ha podido para cuidarnos y enseñarnos a ser mejores. Y claro… jamás deja de mostrar lo mucho que nos ama y lo mucho que significamos para ella. Pero dime… ¿Qué hiciste cuando termino la semana?—

    —Me prepare para irme y les agradecí a todos por su ayuda y haberme enseñado tanto sobre su raza. La verdad… es que sentía que debía aprender más de ellos y ayudar de alguna forma a las criaturas que habían salvado mi vida. Sabía que los Changelings podían cambiar de forma y copiar varios conocimientos de otros y… se me ocurrió un buen modo—

    —Espera… ¿entonces tu propusiste el Pacto de Horlus?—

    —Así es, y Horlus fue el nombre que le puse a un murciélago de la fruta que tuve cuando era pequeño, por si te lo preguntabas—

    —Entiendo, y si, de hecho me lo preguntaba. Jmjm, no es un nombre tan original—

    —Al principio la reina estaba dudosa, y yo también dudaba. Pero luego de discutirlo mucho y hablar con los dos que gobiernan junto a Chrysalis, se firmó el pacto. Ahora un Changeling ocupa mi lugar, alimentándose y cuidando a mi familia, y yo sigo ayudando aquí en todo lo que puedo, como vez, dando mis cupcakes—

    —¿Cuánto tiempo te quedaras? Es decir… ¿no extrañas a tu familia?—

    —En verdad la extraño, y no pasa ni un solo día en que no piense en ella. Pero gracias a que Roland, el Changeling que me suplanta, viene cada dos meses aquí para entregar los sentimientos que ha recolectado y me muestra todo lo que mi familia hace en mi ausencia, me siento más tranquilo porque sé que los cuida bien. Quizás en dos meses regrese a casa… pero no significa que me olvidare de este lugar y lo que he aprendido, así como los amigos que he hecho—

    —Y estoy segura que todos mis hermanos no se olvidaran de ti tampoco—

    —También espero ver que el Pacto siga creciendo, y más ponis tengan la oportunidad de vivir aquí y ver como son en verdad los Changelings. Tal vez… unir más a ambas razas y vivan con nosotros, sin ocultarse ni nada de eso—

    —Es un bonito pensamiento, y ahora que conozco el pacto y todo lo que ha pasado espero lo mismo también. Por cierto, mi madre me dijo que contigo hay diez ponis viviendo en nuestro reino, pero no me conto quienes eran y como llegaron, que era mejor que yo hablara con ellos. ¿Tú podrías decirme algo sobre eso?—

    —Podría… pero estoy de acuerdo con que hables tú con ellos—

    —Oh, que malo eres—


    Ambos empezaron a reírse de eso y siguieron con su desayuno a la vez que hablaban de cosas triviales, pero que los mantenía entretenidos y permitía que se conocieran un poco más.

    No tardaron demasiado en acabarse todo su desayuno y aun así seguían hablando, aunque era el momento de que cada uno siguiera con sus obligaciones.


    —En verdad fue un gusto hablar contigo Cakestar— dijo Roze con una gran sonrisa —y espero que nos llevemos muy bien el tiempo que esté aquí—

    —Espero lo mismo Roze— dijo el poni.

    —Y también me alegra que me perdonaras a pesar de… como te trate a noche—

    —Olvida eso amiga. Además… ya somos amigos ¿no?—


    El poni la abrazo, sorprendiéndola un poco, pero sabía que era una muestra de su recién formada amistad, y la Changeling correspondió el gesto con una sonrisa.


    —Así es… ahora somos amigos—


    Ambos se separaron, pero no dejaban de sonreír, sin fijarse de alguien que se acercaba a ellos.


    —Me alegra escuchar que ambos ahora se llevan tan bien— dijo alguien.


    Los dos voltearon a ver quién les hablaba, pero no fue para nada difícil reconocer aquella voz.

    Justo frente a ellos estaba su reina, con su caja de desayuno ya vacía y observándolos con una sonrisa. Parecía que llevaba viéndolos un buen rato y había escuchado toda su conversación.


    —Bu… buenos días su majestad— dijo Cakestar intentando hacer una reverencia, pero estaba tan nervioso de que la reina apareciera así tan de pronto que resultaba gracioso verlo.

    —Buenos días Cakestar, que gusto me da ver que tus cupcake gusten tanto. Seguro que has trabajado mucho en ellos. Solo lamento que aquí no puedes ganar algo como un salario por tus ventas—

    —No diga eso mi reina— dijo el poni, ahora más calmado y acercándose a la reina —Entiendo cómo funcionan las cosas aquí, y además para mí es un gusto poder cocinar para ustedes y su pueblo. Además, les debo agradecer mucho a ustedes por lo que hicieron por mí. Incluso compartirme sus secretos de cocina—

    —¿Secretos de cocina?— pregunto Roze sin comprenderlo del todo.

    —Se refiere a nuestras costumbres en la cocina. ¿No es así?— mirando a Cakestar.

    —Así es. Después de todo, ustedes tienen un estilo de cocina muy diferente a los ponis. Nosotros usamos electrodomésticos y diferentes herramientas. En cambio ustedes… parece que tienen una forma más natural de preparar sus alimentos. Sin muchas herramientas, sin muchos ingredientes o condimentos, y debo admitirlo, su comida igual es muy deliciosa—

    —En verdad nos halagas con esos comentarios— dijo Chrysalis muy encantada —y tienes razón, nosotros siempre hemos preferido más cocinar a la forma natural. Es más nutritivo y no por eso menos delicioso. Además… nunca me han caído bien las comidas con demasiados ingredientes artificiales, en especial los dulces, por eso siempre he preferido cocinar de una forma más natural, y les he enseñado a mis hijos a hacerlo de ese modo—

    —Aun así me ha gustado, y definitivamente me han quedado mejor los cupcakes desde que los hago a su modo, incluso he hecho algunas nuevas recetas. Hablando de eso…—


    Cakestar se fue rápido a su puesto de comida, confundiendo un poco a las dos Changelings.

    A los pocos minutos regreso con dos bolsas de papel, cada una con dos cupcakes dentro y le dio una a cada una.


    —Esta es una nueva receta que estuve diseñando ayer con varias hierbas y frutas, y esta mañana muy temprano los prepare. No hice muchos porque no estaba seguro de su sabor así que… me gustaría que los probaran por favor—


    El poni en verdad parecía nervioso, seguro pensando que podrían haberle quedado mal, y para calmarlo y no despreciar su regalo, Roze y Chrysalis sacaron uno de los cupcake, que parecía hecho de una masa verdosa, una crema verde oscura y una cereza. No se veía muy apetitoso, pero ambas le dieron una mordida, notando que tenía una jalea roja dentro.

    Al principio no dijeron nada y eso solo preocupo más a cakestar, pero rápidamente ambas sonrieron y terminaron de comerse el pastelito con mucho gusto.


    —¡Guau Cake… están deliciosos!— Dijo Roze encantada, sacando el segundo cupcake para empezar a comerlo.

    —Tienes mucha razón hija, están increíbles. Definitivamente eres un genio para esto— Dijo la reina muy complacida y sacando el segundo cupcake también.

    —Gracias, me alegra que les hayan gustado tanto— dijo el poni, algo avergonzado pero también muy contento.


    Las dos acabaron de comer y le entregaron a Cake las bolsas, y este le entrego a la reina su caja de desayuno.


    —Fue un gusto verte Cakestar, pero ahora debemos irnos, el día apenas comienza y yo tengo mucho que hacer hoy—

    —Lo entiendo, pero igual siempre es un gusto poder verla reina Chrysalis, y les agradezco mucho que probaran mi nueva receta—

    —Todo lo contrario, gracias a ti por todo tu esfuerzo—

    —¿Y que harás ahora Roze?— mirando a la Changeling, por simple curiosidad.

    —Yo acompañare a la reina en su día. Después de todo estuve un tiempo ausente y quisiera ver los cambios que hubo, aunque me dijeron que no son muchos—

    —Espero que te guste lo que encuentres, y también puedas ver al resto de nuestros amigos ponis—

    —Espero lo mismo, y una vez más, gracias por todo Cakestar—


    El poni se despidió de forma muy amable de las dos Changelings, y regreso a su puesto, mientras que ellas entregaron las tres cajas vacías a los encargados de la comida, y luego se alejaron de la Gran Plaza, caminando por uno de los varios senderos que había para dirigirse al siguiente lugar que debían ver.


    Mientras caminaban, Roze no dejaba de observar los árboles, el pasto, algunas flores y a varias aves que pasaban volando sobre su cabeza, que también vivían en ese reino y cantaban muy alegremente.

    Además de observar el paisaje, Roze no dejaba de hablar con su madre, contándole todo lo que Cakestar le había dicho, y lo bien que se estaban llevando ahora.


    —Que bien que lo hayas conocido más y ahora sean amigos— comento la reina.

    —A mí también me da mucho gusto mamá. No quisiera llevarme mal con nadie y me da gusto que me perdonara por el modo en que actué anoche. Además, ahora entiendo más de ese pacto pero… ¿Crees que se expandirá más y… que más ponis vengan a vivir aquí?—

    —Eso es lo que me gustaría. Es una buena oportunidad de unirnos más a los ponis y de que ellos nos entiendan más… aunque…—


    La reina dejo de caminar y Roze quedo un poco más delante de ella. Ahora parecía algo distraída y pensativa.


    —Aunque… hubiera querido que el antiguo plan hubiera salido bien. Haber hablado con Celestia en la boda, traer a Cadance de regreso para que celebrara su gran día, y que ese terrible malentendido jamás hubiera ocurrido— dijo la reina algo decaída y en voz baja, pero Roze pudo escucharla.


    La Changeling se acercó a ella y se elevó para acariciar su cabeza.


    —Madre… ¿estás bien?— pregunto preocupada.


    Chrysalis se dio cuenta y trato de olvidarse de eso para volver a estar animada.


    —Descuida hija, estoy bien— dijo con una sonrisa y eso fue suficiente para calmar a Roze —Sigamos avanzando—


    Ambas continuaron caminando, pero en todo el camino igual no dejaron de hablar.


    —Mamá… si no me puedes decir quiénes son los ponis y como llegaron ¿Podrías decirme donde los encontraremos?— pregunto Roze.

    —Eso tendrás que verlo tú misma también. Pero descuida, sé que pronto veras a otro, y estoy segura que al final podrás llevarte bien con él—

    —Eso espero—


    Siguieron caminando por varios minutos más, hasta salir del bosque y llegar al siguiente lugar que la reina debía visitar, y ese era una de las varias granjas del reino, y quizás de las más importantes.


    Cuando ambas llegaron, se encontraron con bellos y grandes cultivos de toda clase de frutas y verduras muy bien cuidados, algunos ya cosechados, y otros listos para cosechar.


    En el campo había varios Changelings, por lo menos diez trabajando, que se detuvieron un momento para saludar su madre y hermana en cuanto las vieron. Ambas avanzaron por los cultivos hasta llegar a un enorme árbol hueco, que era la parte central de la granja, y había sido adaptado como una bodega para guardar todo lo cosechado, y posteriormente llevarlos a un lugar donde seria usado para preparar las comidas de todo el reino.


    —¡Buenos días Lucky!— llamo Chrysalis, acercándose a un grupo de Changelings que estaban frente al árbol, dirigiéndose a uno en especial.


    Ese Changeling, a diferencia de los demás llevaba un sombrero vaquero y una pañoleta azul atada al cuello.


    —Buenos días madre— dijo Lucky con una gran sonrisa, acercándose a Chrysalis y a Roze —que bueno verte el día de hoy. Y veo que el día de hoy te acompaña una de nuestras hermanas— dijo mirando a Roze, y sonriéndole también.

    —Hola Lucky— dijo la Changeling acercándose a Lucky y chocando sus cascos a modo de saludo —Ha sido un largo tiempo sin verte. Parece que sigues trabajando tan duro como siempre—

    —Bueno, no se logra buena comida sin mucho es fuerzo, y claro, no se trata solo de trabajo físico. Siempre debes entregar todo tu amor y determinación para que este también influya en los cultivos—

    —Siempre dicen eso todos los granjeros Changelings ¿Es acaso una frase de ustedes?—

    —Puede ser… pero sin duda es una frase que siempre nos acompaña al trabajar—

    —Es muy cierto, y además se ve como esos sentimientos y ese esfuerzo se recompensan en todo lo que cosechan— comento la reina volviendo a mirar el campo y a los Changelings trabajando —Sin duda ha sido una buena época y este campo está más vivo y hermoso que nunca. Incluso hay algunas plantas que no habíamos tenido antes—

    —Todo se lo debemos a nuestro más reciente compañero y a toda su colaboración— El Changeling se alejó un poco de todos y llamo a alguien en el campo —¡Oye… Applereil, ven por favor!—


    Chrysalis y Roze no lo habían notado cuando caminaron entre el campo, pero además de los Changelings había alguien más trabajando.


    Entre varias plantas, salió un poni terrestre de crin verde y un pelaje café, con una mancha en su lomo, patas y hocico. Cuando llego con los Changelings pudieron verlo mejor, y el poni cargaba consigo una gran mochila llena de cosas, una cutiemark de una manzana y sobre ella un alicate y un martillo, y unas enormes gafas que le daban una apariencia algo extraña, aunque eso cambio cuando se las quito y todos vieron sus lindos ojos verde limón.


    —¿Qué sucede Lucky?— pregunto el poni, y casi de inmediato se dio cuenta de la presencia de Roze y de la reina —oh, buenos días majestad—

    —No tienes que ser tan formal Apple— Comento la reina sonriéndole —¿Cómo estas querido? Lucky me ha contado que gracias a ti nuestros cultivos han crecido fuertes y hermosos—

    —No es para tanto— dijo Applereil, un poco sonrojado y mirando a otro lado.

    —Vamos, no seas tan humilde amigo— dijo Lucky dándole un golpecito en el hombro —Tu arduo trabajo es el que nos ha ayudado a que nuestros campos crezcan también, además de que nos has dado varias semillas que no habíamos cultivado antes en nuestros campos—

    —Y no solo eso— comento otro Changeling llamado “Razz”, que había estado con Lucky todo el tiempo y también se acercó al poni —tus inventos también han sido muy útiles—

    —Tienes razón Razz. ¿Por qué no les mostramos Apple?— propuso Lucky.


    Chrysalis y Roze parecían de acuerdo y estuvieron a punto de entrar al Árbol, donde el invento de Lucky se encontraba. Pero antes de que pudieran entrar, escucharon varios quejidos que venían de los campos y todos fueron a ver lo que era.

    Se encontraron a un Changeling llamado Nain, que había tirado varias verduras que había recogido y respiraba de forma acelerada.


    —¡¿Estas bien amor?!— dijo la reina muy preocupada y rápidamente se acercó a su hijo y trato de levantarlo.

    —Estoy… estoy bien mamá— dijo el con una sonrisa cansada —solo creo… que he trabajado mucho—

    —Querido, realmente te ves muy agotado— la reina acaricio su rostro y vio que estaba más agotado de lo que decía, cosa que la preocupo más —debes descansar—

    —Pero no puedo, aun ahí mucho por hacer—


    El Changeling intento levantarse y alejarse un poco de su madre, pero pronto se volvió a caer y sintió que le faltaba el aire, y no era el único.

    Escucharon otro quejido y vieron en el campo a otro Changeling igual de cansado, esta vez era una hembra llamada Uva, y fue Lucky el que la ayudo.


    —Discúlpame— dijo ella —pero en verdad me siento demasiado agotada— intento caminar, pero ella se sintió tan agotada que casi se cayó, aunque esto no paso gracias a Lucky.

    —No te esfuerces hermanita, también debes descansar—


    Lucky cargo a Uva y la acerco hasta el árbol donde la acomodo para que pudiera descansar, y Chrysalis hizo lo mismo con Nain.


    —Descansen mis niños— les dijo la reina a los dos —sé que han trabajado muy duro y agradezco el esfuerzo que ustedes ponen día a día en este campo. Después de todo… los he visto todos estos días desde que empezaron a trabajar con Lucky y los demás, hace unas semanas—

    —Madre…—

    —Pero ustedes están muy agotados, y se merecen descansar un poco—

    —Pero hay mucho por hacer, no podemos quedarnos…— Dijo Uva intentando levantarse, pero Chrysalis suavemente se lo impidió.

    —Lo entiendo mis niños, pero tampoco pueden exigirse más de la cuenta. Pueden ponerse peor y no estoy dispuesta a permitirlo—

    —¿Pero qué hay del trabajo?— pregunto Nain.

    —Descuiden— les sonrió la reina —Después de todo… ¿No es deber de una madre ayudar a sus hijos?—


    Los dos Changelings no supieron que decir, pero si entendían de lo que hablaba su madre.


    —Ahora descansen mis niños… yo me encargare—


    Chrysalis le pidió a otro de sus hijos que les llevara a Uva y Nain agua y comida para que se recuperaran y se sintieran mucho mejor.

    En cuanto a la reina, ella y Roze fueron al campo con los demás, y con las instrucciones de Lucky y la ayuda de todos, ambas empezaron a trabajar en el campo, ayudando en la cosecha y también ayudando a regar las plantas, cultivar semillas y trabajar la tierra.


    Desde que hubieran empezado había pasado casi dos horas y la reina y Roze ya sentían el cansancio sobre sus hombros, pero estaban tan entretenidas que no sentían que el tiempo se les pasara, y aun con el cansancio no dejaban de trabajar, y realmente lo estaban disfrutando, y claro, los demás Changelings no dejaban de trabajar y ayudar a las dos, además se alegraban de que su reina no solo viniera a verlos sino que además los ayudara de vez en cuando, algo normal en ella en realidad.

    Su día día no se limitaba solo a recorrer el reino y ver que todos hicieran lo que debían hacer, sino que los acompañaba y asesoraba, y muchas veces, casi todo el tiempo, también ayudaba y trabajaba a su lado. Sentía que como madre y reina, ella debía trabajar también con sus hijos y ayudarles, para sentir y apreciar más el esfuerzo que ellos hacían por ella y el reino, y no sentir que estaba por encima de ellos. No lo sabía en ese momento, pero en eso se parecía a varias princesas y gobernantes que había habido en Equestria a lo largo del tiempo, incluyendo a las princesas Celestia y Luna.


    Pasaron dos horas más.

    Todos, incluso Roze y la reina estaban agotados, pero sentían que todo ese esfuerzo había valido la pena. Se había cosechado todo lo que los campos podían producir, quedando la bodega totalmente llena y a los Changelings más que contentos, además de que las plantas se habían regado y nuevas semillas se habían sembrado, y que pronto darían más frutos.


    Ahora todos los Changelings descansaban, comiendo un pan hecho con hierbas y un refrescante jugo de manzana, todo preparado por Applereil, y ya de paso el poni les había mostrado a Chrysalis y Roze su invento, de apariencia algo extraña y aparentemente muy complicada, pero muy útil, ya que esta servía para limpiar tanto frutas como verduras y procesarlas, sin necesidad de cortarlas y desechando aquellas que estaban en mal estado para luego usarlas como abono.

    La reina y su hija aplaudieron tal invento y lo útil que era, y deseosa de conocer más, Roze tuvo la oportunidad de hablar con el poni terrestre, y este con gusto le conto sobre él, su familia, granjeros de la familia Apple, y sobre todo de su gran fascinación por la mecánica y los inventos que pudieran ayudar, talento que había desarrollado con el tiempo y que si bien lo se lo prohibían, siempre le decían que lo mejor siempre era hacer todo de la manera tradicional y se sentía algo limitado.

    Pero también le contaba a Roze lo libre que sentía en el reino de los Changelings al hacer lo que le gustaba y mejorarlo mucho, hasta lograr algo como esa máquina.


    Después de una hora, todos habían descansado muy bien y se sentían listos para continuar. Uva y Nain también se veían mucho mejor y totalmente recuperados.


    —Gracias por trabajar por nosotros y permitirnos descansar su alteza— dijeron ambos.

    —Oh queridos, no deben ser tan formales. En verdad es un gusto para mi poder ayudarles— comento la reina con una sonrisa, haciendo sonreír también a los dos Changelings.

    —Ahora solo debemos hacer el conteo y registrar todo lo que hemos recolectado hoy— comento Lucky con una gran sonrisa —Y claro, llevarlo necesario para preparar las comidas y guardar el resto. Sin embargo… creo que la producción de esta temporada ha sido muy buena, y nuestro pueblo estará muy bien por varios meses—


    El Changeling dio un par de pasos para dirigirse a la bodega y sacar sus cuadernos para tomar notas, pero por un momento sintió que sus patas iban a doblarse. Rápidamente se acomodó como si nada le hubiera pasado, pero eso no había pasado desapercibido para la reina.


    —Cariño… ¿te encuentras bien?— le pregunto la reina preocupada.


    Lucky pensó por un momento simplemente decirle que se encontraba bien y no tenía nada. Pero Chrysalis era su madre y estaba seguro que no le creería esa excusa, menos después de ver como Uva y Nain se habían agotado hacia poco.


    —La verdad… en estos últimos días no solo Uva y Nain se han agotado bastante… sino que yo también me he sentido bastante agotado, y a pesar de haber descansado hace poco… no me siento recuperado. No como Nain y Uva—

    —¿Por qué no dijiste nada antes amor? Así como les pedí a ellos que descansaran tu también debes descansar—

    —Lo sé, pero la verdad no me había sentido tan mal hasta hace poco, y ocasionalmente me sentía mejor. Aun así… hay veces en que sigo sintiéndome agotado, y creo que es más de lo que me deja el trabajo diario—

    —¿Qué quieres decir?—

    —No sé cómo explicarlo pero… es como si de pronto empezara a perder toda mi fuerza por todo el esfuerzo que pongo en mi trabajo. Aunque como le digo… luego de un rato me siento mejor, y algunos días no me sentido agotado—

    —Entiendo. Pero si te sientes agotado, descansa. Recuerda que no estás solo y si necesitas ayuda, con mucho gusto dedicare más tiempo para ayudarte Lucky—

    —Pero mi reina…—


    Lucky iba a decir algo, pero la reina con solo mirarlo y sonreírle no se lo permitió, y solo le devolvió la sonrisa.


    —Me quedare más tiempo aquí y te ayudare más tiempo si es necesario— agrego la reina —Ya sabes… si mis hijos me necesitan… yo los ayudare—

    —¡Eso no es necesario reina!— dijo una voz muy seria y profunda.


    Aquella voz no solo había llamado la atención de la reina y de Lucky, también la de Roze y todos lo que estaban en la granja.

    Todos voltearon a ver a quien les hablaba y vieron en el cielo una gran sombra que poco a poco empezó a descender hasta quedar justo frente a todos, y rápidamente todos lo reconocieron, y a la vez se pusieron muy nerviosos.


    El recién llegado se llamaba Arquímedes, y era un Changeling, muy similar a Chrysalis, siendo muy diferente a uno regular. Era alto, su cuerno parecía un cuchillo largo y parecía ser bastante robusto. La protección de su lomo era un poco mayor que la de los demás Changelings, incluso más que la de la reina, y sus alas se veían mucho más grandes y aterradoras. Los agujeros de sus patas se veían muy grandes y con puntas. Pero lo que más llamaba la atención era su rostro y sus orejas que tenían cortadas, y sus ojos amarillos y pupilas rojas le daban un aspecto aún más intimidante. Su melena era tan larga como la de su reina pero lo acompañaban un color rojo como la sangre. Sus colmillos eran bastante grandes y para terminar, en lugar de una corona como la que tenía su reina tenía dos cuernos que se dividían en dos puntas, y en las puntas tenían esferas de color azul verdoso, como las que adornaban la corona de Chrysalis.

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    —Bu… buenos días señor— dijo Roze haciendo una reverencia ante el recién llegado, y todos saludaron del mismo modo.

    —Hola a todos— dijo Arquímedes, saludando de forma educada pero siendo demasiado serio.


    El Changeling empezó a caminar y miro a todos los Changelings, el campo y todas las frutas y verduras almacenadas en la bodega, y también miro a Applereil, pero no a parte de decir “Buen trabajo” no dijo nada más y ni siquiera se molestó en verlos cuando le dijeron “gracias”.

    Varios estaban algo nerviosos por la presencia y actitud del Changeling, y otros estaban algo molestos por eso mismo, aunque no dijeron nada. Después de todo, ya estaban acostumbrados.


    Arquímedes era alguien muy diferente a Chrysalis en cuanto a su forma de actuar. Era extremadamente serio e inteligente y se encargaba de todo lo que se refería a la organización, recolección de alimentos, leyes y otras cosas, siendo alguien de extrema confianza y que sus grandes conocimientos y habilidades habían hecho que la reina le hubiera dado el puesto que le había dado como el segundo gobernante que dirigía el reino a su lado, y por su apariencia y misterioso origen, sumado a sus cualidades también recibió el título de “príncipe”, aunque él mismo había rechazado ese título y prefirió simplemente ser un gobernante.


    Arquímedes siguió caminando y se acercó a la reina, y mientras ella le regalaba una sonrisa el solo mantenía su expresión seria.


    —Buenos días hijo— dijo Chrysalis con una sonrisa.

    —Buenos días madre— dijo él —ahora yo me encargare de todo aquí y me encargare de tomar registro de todo—

    —Te lo encargo hijo, sé que lo harás bien. Por cierto, permite que Lucky descanse un poco— dijo mirando a su hijo, que ya se había levantado pero la reina aun notaba su cansancio —Y ayúdalos en todo lo que necesiten—

    —Lo hare— dijo Arquímedes —Aunque ellos deberían trabajar lo que les corresponde. Después de todo, esa es su labor—

    —No seas tan duro con ellos querido— la reina se acercó a él y coloco uno de sus cascos sobre sus hombros —ellos trabajan muy duro todos los días, y ayudarlos un poco y permitir que descansen no tiene nada de malo. Además… ¿no es esa mi labor como madre? ¿Nuestra labor como gobernantes?—

    —Te lo sigo diciendo madre… eres demasiado blanda para ser una reina— comento, y por primera vez miro a la reina con una sonrisa —Aunque eso es lo que a todos les gusta, incluyéndome. De acuerdo, hare lo que tengo que hacer y ayudare en todo lo que pueda—

    —Sé que lo harás hijo. Confió plenamente en ti—


    Dejando todo aclarado, Chrysalis y Roze se despidieron de todos en la granja y les recomendó a Uva, Nain y Lucky que descansaran si aún se sentían cansados, y que no se preocuparan porque Arquímedes se encargaría de organizar todo y de ayudarlos.

    Madre e hija empezaron a caminar y a alejarse de la granja, y en el camino no dejaban de hablar todo lo que habían hecho esa mañana.


    —¿Cómo te sientes Roze?— pregunto la reina —Así como les dije a ellos que descansaran, tú también puedes hacerlo si así lo deseas—

    —Descuida, estoy bien— respondió Roze, volando un poco y acomodándose sobre el lomo de su madre, cosa que la sorprendió pero no le molesto para nada —Descanse lo suficiente, así que puedo seguir, aunque admito que sí que fue un duro trabajo—

    —Tienes razón hija, pero aun así es bueno trabajar duro de vez en cuando—

    —Y veo que aun sigues ayudando a todos cuando lo necesitan—

    —Ya lo dije, es labor de una madre ayudar a sus hijos siempre que pueda, y siempre lo hare y eso… jamás cambiara—


    La reina y su hija caminaron un poco más tomando un camino diferente y se acercaban una vez más a los bosques para ir al siguiente y continuar con su día.



    Continuara…

    __________________________________________________________________


    Finalmente un nuevo capítulo, que sé que está demasiado largo, pero hubiera quedado mucho más largo si decidía poner todo lo que tenía pensado poner, y por eso decidí dividirlo. Espero que esta pequeña exploración del reino de los Changelings les guste. Nos cómo será en fics o comics el reino de los Changelings, y por eso hice mi propia versión, llena de vida, plantas y otras cosas que ya mencionare en el siguiente capítulo.

    Por cierto, el nombre Applereil es una combinación de las palabras Apple (ósea manzanas) y Appareil, que significa “aparato” en francés (todo gracias al traductor google XD)

    Espero que les guste, y espero no tardar en tener un siguiente capítulo.
     
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  16. Edzer

    Edzer

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    Vas ha seguir con esta historia???
     
  17. Autor
    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    Si continuara pero... me gustaria saber que te ha parecido, quisiera una opinion
     
  18. Autor
    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    CAPÍTULO 6, UN DÍA QUE TERMINA, UNA DECISIÓN DIFÍCIL (Parte 1)


    (Escrito por OverLord_Gabriel)



    Las dos Changelings ya tenían algunos minutos caminando, acercándose cada vez más a los bosques, con Roze aun descansando sobre el lomo de su madre, y sin dejar de hablar ni un solo momento de lo que habían trabajado esa mañana en la granja, antes de la llegada de Arquímedes.

    Y hablando de él…


    —Parece que el señor Arquímedes sigue siendo tan serio como siempre— comento Roze —Tan frío y distante, parece que no nos viera como sus hermanos o su familia, y somos solo sus servidores—

    —Sabes que él siempre ha sido así querida— comento la reina —desde siempre él ha sido el más ordenado, más metódico, y debo decirlo, el más cerrado—

    —Básicamente, es muy opuesto a ti en varias cosas, sobre todo en lo cerrado—

    —Tienes razón, y no es fácil hacer que se abra o que él muestre más abiertamente sus emociones. A pesar de eso, sus cualidades y que sea tan responsable me hace tenerle la confianza suficiente para que me ayude a organizar y vigilar muchos de los asuntos de nuestro reino, ya que él jamás descuidaría nada—

    —Lo sé, pero a veces es demasiado serio y cerrado, y no creo que llegue el día en que nos trate más como sus hermanos. Ahora que lo pienso...-


    Antes de seguir hablando, Roze se bajó del lomo de su madre y se quedó a su lado, algo pensativa, y eso no pasó desapercibido para ella.


    —¿Qué ocurre querida?—

    —Bueno… yo, y seguramente todos, alcanzamos a escuchar lo que Arquímedes dijo cuándo piso suelo y le pediste que dejara descansar a Lucky, Nain y Uva. Sé que dijo que lo haría pero…—

    —Pero…—

    —También dijo que ellos debían hacer su trabajo porque era su labor. Era como si no le importara el hecho de que ellos necesitaran descansar y todo lo que tienen que hacer es lo que les toca hacer, sin quejarse ni nada—

    —Estoy segura que no dijo eso con esa intención, pero admito que sonó de ese modo. También…—

    —¿Qué cosa?—

    —él dijo… que yo era muy amable para ser una reina. No es la primera vez que me lo dice. Siempre me ha dicho que debería ser más dura y más exigente con mi pueblo, tal como son otros gobernantes. Que se supone que son mis súbditos y por eso no debería ser tan blanda— Chrysalis respiro profundamente y solto un largo suspiro antes de seguir hablando —probablemente tenga algo de razón. Creo que hasta las princesas Celestia y Luna son algo más serias y menos blandas cuando deben serlo—

    —Y… ¿porque tú no lo eres?—


    La reina miro a Roze y vio que tenía una gran sonrisa en su rostro, y no era para menos. No lo aparentaba igual que el resto de sus hermanos, pero ella había vivido muchos años y había conocido muy bien a su madre, y era por eso que sonreía. Sabía perfectamente lo que pensaba y cuál sería su respuesta, y la reina empezó a sonreír también antes de contestar.


    —Este es mi reino y ustedes son mis súbditos, debo servirles así como ustedes también deben servirme y tal vez por eso debería ser menos blanda y más exigente. jmjm, pero también… ustedes son mis hijos, son una parte de mí y son el regalo más bello que me ha dado este mundo. Aunque ustedes me sirvan yo nunca podría verlos simplemente como servidores, ustedes son mis hijos y siempre lo serán. Y yo… más que una reina, siempre seré una madre que hará todo lo que pueda para ayudarlos, cuidarlos y demostrarles lo mucho que los amo. Y más que funciones que ustedes deben cumplir… lo que hacen lo veo como una ayuda para mí y nuestra gran familia, y son cosas que yo siempre agradeceré y apoyare. Yo siempre los guiare y ayudare, y también les enseñare para que ustedes puedan hacer las cosas por su cuenta, pero eso no significa que dejen de contar conmigo. Jmjmjm, sé que voy a sonar un poco cursi diciendo esto pero…—

    —Pero…—

    —Nunca podría cambiar mi forma de ser con ustedes, y no importa cuántos sean o cuantos años tengan… siempre los querré de la misma forma… siempre serán mis bebés—


    Roze empezó a sonreír aún más, y no pudo evitar acercarse a su madre para darle un fuerte abrazo que ella correspondió. La Changeling no se había equivocado, y una vez más supo perfectamente que su madre diría esas cosas. Era una forma de pensar y de ver las cosas que siempre había tenido y que jamás cambiaria. Quería tanto a sus hijos que aun cuando los corrigiera, y una que otra vez los regañara y les asignara funciones en el reino, jamás dejaría de actuar más como una madre que como una reina.

    Las dos Changelings retomaron su caminata, y en cierto momento Roze no pudo evitar preguntar algo más.


    —¿Sabes mamá? a nosotros podrás tratarnos como tus hijos pero… podrías ser más exigente y menos blanda con los ponis que viven aquí. Después de todo, ellos no son Changelings— comento la Changeling con una sonrisa, porque sabía que respondería su reina.

    —Podría ser… pero siempre he pensado que todas las razas merecen respeto, y aun cuando alguna vez no lo demostré, y hay cosas con las que no estoy tan de acuerdo… yo le tengo mucho respeto a los ponis y si los tratara mal, aun cuando ellos nos han tratado mal en el pasado, no sería mejor que ellos. En vez de estar llena de odio prefiero tratarlos como mis iguales y respetarlos, esperando a que ellos hagan lo mismo. Además, no podría ser exigente con los ponis cuando ellos amablemente decidieron quedarse para conocernos y nos han ayudado mucho. Podría decirse que ellos ya son parte de nuestra familia y los tratare con el mismo cariño que a mis hijos—

    —Sabía que dirías eso. Madre… Arquímedes tuvo razón en algo—

    —¿En qué?—

    —En que eres demasiado amable— se acercó a una de sus patas de su reina —pero que eso es lo que a todos nos gusta y… ninguno quisiéramos que eso cambiara—

    —Gracias, querida—


    Ambas siguieron caminando, pero en un momento la reina se detuvo unos cuantos pasos delante de su hija, y ella también se detuvo sin entender porque su madre paraba.


    —¿Ocurre algo madre?— pregunto Roze.


    Chrysalis tardo un poco en responder, pero eso confundió un poco más a su hija.


    —Hija…— dijo finalmente —sé que preguntaste eso porque me conoces. Sabes lo que siento y como soy, y sabias que respondería así. Pero…— la reina volteo a ver a su hija y tenía una expresión bastante seria, casi rozando lo molesta, algo que no era tan común en ella como muchos creerían —esa pregunta que hiciste también sonaba como si quisieras que también los tratara mal por el simple hecho de que ellos no son Changelings, solo por ser ponis. Eso me llamo la atención, y… bueno si te soy honesta es algo que me sorprende viniendo de ti. Pero bueno, supongo que… luego de lo que paso ayer no es de extrañar que digas esas cosas—


    Roze quedo choqueada ante esas palabras, pero no era solo por lo que había dicho sino como lo había dicho, de una forma muy seria y hasta parecía estar enojada con ella. Luego de decir eso Chrysalis cambio su expresión a una de decepción, y Roze solo pudo bajar la cabeza, muy triste por eso.

    Chrysalis en verdad actuaba como una madre y eso también significaba que a veces se molestaba o se decepcionaba cuando alguno de sus hijos hacia algo muy mal, y aunque ella jamás los castigara o maltratara por eso, la decepción y tristeza en su rostro no era algo que a los Changelings les gustara provocar, sobre todo a Roze. No los hacía sentir bien.


    —Al final… si te decepcione— dijo la Changeling sin mirar a su madre —Y no solo es por lo de Cakestar ¿verdad?—

    —Así es— dijo la reina sin cambiar para nada su expresión, y Roze no la podía culpar.


    La noche anterior cuando ella se había encontrado con su madre, le había contado todo respecto a su relación con Holz y su vida en Silver Hill, y como había sido su viaje de regreso a su hogar, incluyendo lo que sucedio antes de llegar al Desierto de la Desolación. Como había intentado obtener aún más sentimientos para llevar a su reino, y tal vez tener a un nuevo amigo poni que supiera quien era en verdad, recordando lo que había pasado con esa poni en su pueblo poco antes de marcharse. Pero al final todo había salido mal.

    Truesing lejos de aceptarla o si quiera darle una oportunidad, la insulto diciéndole monstruo, y Roze no encontró otra manera de actuar más que hacer uso de su magia, aún más fuerte que la de otros Changelings, para así someterlo con un hechizo de parálisis, dejándolo tan aterrado que aunque lo intentara no podía hacer nada, aunque Roze recordó que en su enojo solo pensó que él era un inútil poni terrestre que no podía luchar contra su magia, cosas que normalmente no pensaba de ellos, igual que cosas negativas que se decian de los unicornios y los pegasos. En verdad no creía en eso.


    Al final Roze en su enojo, y por un instante odio, producto de esas cosas que le había dicho y su reacción, sumado a que aún seguía fresco el enojo de ver como dos de sus hermanos eran sacados de su pueblo sin que hicieran nada malo, la hicieron actuar de un modo muy amenazante y hasta malvado, irónicamente mostrándose como todos pensaban que eran los Changelings, y el resultado de sus actos fue absorber sentimientos negativos y ver que aquel poni la odiaba solo por ser una Changeling, haciendo que aun actuara de manera malvada con él hasta que hubiera borrado sus recuerdos, y claro, en todo ese momento había llegado a su mente todo lo malo que había vivido antes de conocer a Holz.


    Roze le había contado todo esto a su madre, cosa que ella inicialmente no se concentró en hablar pensando que debería primero decirle a cerca de porque había ponis en su reino, y hacerla entender que a ella no le molestaba que tuviera una relación con un poni, el cual además sabía que era una Changeling y la aceptaba por lo que era. Pero en ese momento, con la manera en que había hecho esa pregunta ese tema llego a la cabeza de Chrysalis, y supuso que era un buen momento para discutirlo.


    —No estuvo bien lo que hice— comento Roze, levantando otra vez la mirada —¡Pero ese poni me dijo monstruo, se asustó y me demostró su odio cuando todo lo que quería era obtener alimento para mis hermanos y que él me conociera, tenía que actuar así!—

    —¡No, no tenías que hacerlo!— dijo Chrysalis, levantando un poco la voz y volteando a verla, con una expresión seria y a la vez triste —Hija… te conozco. Tienes un carácter fuerte, y además eres muy noble, trabajadora, dulce y amable. Pero también hay momentos en que tienes un mal temperamento y es fácil hacerte enojar. Te paso mucho cuando eras más pequeña, y aunque admito que con el tiempo lo has dejado de lado, aun tienes ese problema—

    —Pero él no tenía ningún derecho a tratarme así…—

    —Y tú tampoco tenías derecho a tratarlo de esa manera. Si, él no debió decirte monstruo ni asustarse de ti cuando no le habías hecho nada, y lo sabes, no estoy a favor de que mis hijos sean tratados mal por los ponis y menos cuando no han hecho nada malo—

    —Pero…—

    —Sin embargo, nunca estaría de acuerdo con que mis hijos traten de esa misma manera a los ponis solo por devolverles los malos tratos. Si queremos que nos traten bien y nos entiendan debemos tratar a todos del mismo modo. Aunque seamos todos seres distintos, en esencia todos somos iguales, y por eso quiero que tratemos a todos así, para que nos traten igual—

    —Madre…—

    —Aunque…— la reina bajo un poco la mirada —sé perfectamente… que hace tiempo yo también me equivoque. Cometí errores y al final… trate mal a otros, y tal vez por eso no tengo derecho a criticar a los demás. Sin embargo, yo por esos mismos errores que cometí, y por la forma en que los demás actuaron yo no dejo de pensar que tratar mal a los demás no es la forma en que debemos actuar, y quiero darles esa enseñanza a ustedes. No quiero que cometan los mismos errores que yo—


    La reina se acercó a su hija, y dejo de lado su expresión seria y decepcionada, para remplazarla por una sonrisa amable y dulce, mientras acariciaba un poco la cabeza de Roze.


    —Mi querida hija. Aunque entiendo tu razón para actuar de esa forma, hiciste mal en tratar a Truesing así. Nunca dejes que la rabia o el enojo por lo que te hacen otros te controle y te haga actuar de un modo que no es propio de ti, dándoles a los demás una imagen de ti que no es la correcta. Tú, igual que todos tus hermanitos deben recordar siempre que debemos tratar a todos como queremos ser tratados, y para que ellos dejen de vernos como monstruos, debemos mostrar que no lo somos. Que solo somos seres que queremos sobrevivir, y sobre todo… que todos podemos ser amigos—


    Roze al principio no dijo nada y solo abrazo con fuerza a su madre mientras una que otra lagrima se le escapaba.


    —Tienes razón madre, aún tengo ese horrible defecto de enojarme fácilmente, y aunque hubo razones no fue justo que lo tratara así, menos cuando él se ofreció a llevarme, e hizo lo posible para que no me faltara nada, además de tratarme muy bien en nuestro tiempo viajando. No es la manera de tratar a los demás y no debí hacerlo a pesar de todo, y no vale ninguna excusa—

    —Exactamente Roze, no la vale—

    —Entiendo si estas molesta conmigo por eso y… bueno, si ya no deseas que te acompañe el resto del día. Perdóname mamá—

    —Oh hija— Dijo Chrysalis, devolviéndole el abrazo —descuida mi princesa, lo importante es que no olvides lo que te he dicho y más aún… lo que tú misma has dicho—

    —Tienes razón—

    —En verdad no me gusta regañarlos, pero cuando ustedes hacen cosas mal, mi deber como madre es corregirlos, de modo que no vuelvan a cometer los mismos errores, sobre todo cuando yo me he equivocado tanto. Por eso te dije todo esto—

    —Tal vez te has equivocado pero… al menos nunca ha sido por maldad o por querer hacer daño. Siempre fue porque querías lo mejor para nosotros—

    —Tal vez, pero eso no cambia el hecho de que me equivocado, pero gracias por tus palabras—

    —Madre…—

    —Dime—

    —Después de lo que paso y lo que he hecho… ¿Debería recibir algún castigo?—

    —Nunca los he castigado y no empezare ahora amor. Pero si pienso que hay algo que podrías a hacer para corregir el error que cometiste—

    —¿Y que podría hacer?—

    —Lo mismo que hiciste con Cakestar. Debes reencontrarte con ese poni, hablar con él y disculparte. Y aunque él este asustado de volver a verte, debes hacerle ver cómo eres en verdad, como realmente somos y no mostrarte como todos piensan que somos, y más aún, no debes dejar que el enojo te domine—

    —Tienes razón madre, y… lamento haberte decepcionado—

    —Descuida, todos cometemos errores. Nadie este exento de cometerlos, pero hay que aceptarlos y aceptar cuando nos lo hacen notar, y sobre todo intentar corregirlos. Un día yo espero corregir mis errores y sé que tú harás lo mismo.

    —Gracias—

    —Y bueno… creo que con eso podemos dejar cerrado ese tema. Y claro, quiero que me sigas acompañando y sigamos juntas todo el día. Así que… ¿Te parece si continuamos?—

    —¡Claro!—


    Ambas continuaron con su camino, y permanecieron calladas todo el tiempo, pero no era un silencio incómodo, y en cambio disfrutaban el paisaje que las rodeaba. Mientras caminaban, Roze no dejaba de mirar a su madre, con una gran sonrisa en su rostro.


    —Cuando pienso que no me puedes sorprender más, recuerdo lo maravillosa que eres en verdad mamá— pensaba —En verdad eres la mejor reina y la mejor madre que hay, y no creo que haya alguien tan buena, tierna y llena de amor como lo eres tú. Aunque sostengo que al menos tú no cometiste errores por malas intenciones, sé que un día corregirás esas faltas y les mostraras a todos que no eres la reina malvada que piensan, y que eres simplemente maravillosa. Yo también espero corregir mis errores— Mientras caminaba, Roze miro hacia el cielo y recordó todo el viaje que había hecho al lado de Truesing, y lo amable que él había sido, preguntándose como estaría en esos momentos —Truesing… te prometo que la próxima vez que nos veamos te recordare lo que sucedió y me disculpare. Me presentare como lo que soy, y si tú te asustas te calmare y te tratare de la manera correcta. Así como quiero ser amiga de los ponis que viven aquí, quiero ser tu amiga y que me aceptes como lo que soy, y tal vez mis amigos Bluewill, Goldenmane, Icewing, y Berrygold… tal vez ellos también puedan aceptarme como una Changeling—

    —hija ¿Qué tanto piensas?— comento la reina, mirando a su hija con una sonrisa, notando que esta estaba tan pensativa que se había quedado atrás.

    —En nada mami— respondió sonriendo.


    Roze se acercó a su madre y ambas siguieron su caminata por el reino, ya que aún tenían mucho por hacer.


    La Changeling no tenía la menor idea de lo que aquel poni con el que pensaba en disculparse estaba haciendo en ese momento.


    Sin tener una fecha exacta, Truesing estaba pendiente a que pasaran las semanas para volver a recorrer el camino cerca a los límites del Desierto de la Desolación, para recoger a la yegua que tan buena compañía le había hecho en su viaje mientras la llevaba cerca a ese lugar, a petición de ella y su buen amigo Slashcross. Pero algo había pasado desde que la hubiera dejado y era que no dejaba de pensar en ella. Tal vez era por la agradable compañía que había resultado, por lo amable que había sido, o tal vez simplemente porque había pasado mucho desde que hubiera conocido a una yegua que hubiera estado a su lado tanto tiempo, y su corazón latía mucho por ella, y tal vez eso desencadeno lo que sucedió luego. Aquel hechizo que Roze había usado para borrar sus recuerdos del momento en que le revelo su identidad parecía desvanecerse, y empezaban a volver a su mente como si fueran pesadillas.


    Estaba muy confundido y no sabía qué hacer. Sentía miedo y odio hacia los Changelings, pero parecía haber sentido algo especial por aquella poni. No sabía si contarle a alguien o simplemente olvidarlo, y toda esa confusión se notaba en su rostro y en su forma de caminar y hablar, incluso en la forma de tratar a los que se encontraba en el pueblo de Silver Hills, donde había ido para trabajar.

    En verdad esa confusión era demasiado para él, pero fuera el destino o una simple coincidencia, en ese lugar se encontró a su amigo Slashcross, y junto a él se encontró a Holz, el esposo de Roze y del que ella le había contado. Parecía que los dos se habían encontrado y al reconocerlo por todo lo que su hermana le había dicho, Slashcross lo saludo y ambos hablaban amenamente, aunque todo se vio interrumpido cuando vieron a Truesing y lo confundido que estaba. Y cuando este les conto porque estaba así, lo único que pudieron hacer fue llevarlo a la casa de Holz para que se relajara, pero más importante… revelarle varias cosas.


    —Lamento no haberte dicho lo que era realmente amigo— dijo Slashcross mientras el fuego verde lo cubría y dejaba de lado la apariencia de poni que había inventado para vivir entre ellos, mostrando su verdadera apariencia de Changeling —Pero es importante alimentarme de amor, y no solo yo, también el resto de mis hermanos y hermanas. Sin embargo, no te he mentido en todo lo demás que te he dicho—

    —Sé que debe ser una gran sorpresa para ti Truesing— dijo Holz —También fue para mí una sorpresa cuando conocí a Roze, y admito que tuve algo de miedo por todo lo que decían sobre los Changelings. Pero ella necesitaba mi ayuda, y yo decidí conocerla. Me di cuenta que ella no era como todos pensaban—


    Los dos seguían hablando y ahora el Changeling explicaba algunas cosas de su reino, su raza, como realmente se alimentaban del amor y que eso no significaba que fueran ajenos a eso y que sentían como cualquier otro ser, entre muchas cosas más. Truesing los escuchaba y prestaba atención a todo lo que decían, mientras bebía una taza de té que le había servido Holz, que sin decirle nada lo había hecho con unas hierbas especiales, haciendo un té muy relajante que él tomaba aveces.

    Después de unos minutos todos estuvieron en un incómodo silencio y el poni terrestre no sabía que decir, aunque si pensaba muchas cosas.


    —Aunque ella sea mi esposa, no puedo justificar la forma en que Roze te trato Truesing. Pero… ¿Por qué le dijiste monstruo cuando ella se mostró como era ante ti? Por lo que dices, ella seguía siendo tan amable como siempre— pregunto Holz, tratando de romper el silencio.


    Después de unos minutos más y haber bebido un poco más de té, parecía que Truesing ya se sentía un poco más confiado.


    —Yo… sé que ella no quería hacerme nada malo, y quería ser sincera. Mientras recuerdo más me doy cuenta, a pesar del miedo que sentí y… el odio—

    —¿Por qué nos odias?— pregunto Slashcross, acercándose a él, aunque algo triste —¿Qué te hemos hecho?—

    —Slash…— se acercó su amigo y lo miro, ahora sintiéndose un poco mal —ustedes en realidad no me han hecho nada. Pero… yo estuve ese día, en Canterlot. Vi como los Changelings perseguían a los ponis y… entiendo que no le iban a hacer daño a los ponis y que solo querían alimentarse. Todo eso lo entiendo pero… cuando vez como criaturas extrañas persiguen a otros… asustándolos, y parece que todos tienen miedo y que esas criaturas solo quieren hacer daño, y también cuando enfrentas algo que no conoces… es normal sentir odio y miedo… pero no es la forma de actuar— en eso, Truesing puso sus pezuñas sobre los hombros de su amigo y lo miro, y en verdad se veía muy mal —pero no es correcto, solo porque no conozcas algo no significa que debas tratarlo con desprecio. Un verdadero monstruo no es el que es diferente… es el que trata mal a los demás solo por no entenderlos. Esa publicidad nos hace parcer nosotros monstruos y… yo también fui un monstruo… Lo siento Slashcross—

    —No te disculpes amigo… todo eso es normal, y además… la forma en que hicimos todo eso realmente nos hizo ver como malos. Es por eso que nuestra madre está muy arrepentida de lo que paso, y se siente muy culpable—

    —Aun así no debimos actuar de esa manera cuando los ponis nos llevamos también con otras razas. Ojala un día… todos nos unamos más—

    —Espero lo mismo—

    —Seguro un día sucederá— dijo Holz, acercándose a los dos amigos —un día podremos vivir todos juntos, sin ocultarse ni nada—

    —Gracias Holz y Slashcross, en verdad les agradezco que me contaran todo esto y… también espero encontrarme con Roze y disculparme con ella. Slashcross… sigues siendo al mismo que siempre he conocido ¿verdad?—

    —Claro que si hermano, claro que si— extendiendo su pezuña para Truesing la chocara, un saludo que solían hacer.


    Pasaron varios minutos, casi unas horas hablando acerca de cualquier tema, y pasando muy bien el tiempo.

    Después de casi dos horas, ya era el momento de despedirse. Los tres salieron de la casa y Truesing tomo sus cosas y se preparó para marcharse, aunque antes volteo a ver a sus amigos.


    —Gracias por todo y gracias por haberme explicado todo— dijo con una sonrisa —Me agrada haber recordado todo lo que paso, para darme cuenta de tantas cosas. Pero ese hechizo debió haber borrado mis recuerdos. ¿Por qué se habrá desecho?—

    —Bueno, todos somos diferentes— comento Slashcross —Algunos les hace daño comer ciertas cosas y a otros no. Quizás tú no te veas tan afectado por hechizos como seguro afectaría a otros ponis—

    —Podría ser—

    —O también podría ser cosa del destino— comento Holz —y quería que tu recuperaras esos recuerdos para conocer muchas más cosas—

    —Bueno…— dijo Truesing —Espero que nos veamos en otra ocasión—


    Dicho eso, Truesing se despidió de sus amigos, que se quedarían en casa un poco más para descansar más antes de regresar a sus obligaciones.


    Mientras se internaba al el bosque y lo recorría para llegar a Silver Hill, y de ahí ir a otros pueblos para continuar con su trabajo, Truesing pensaba bastante en todo lo que había aprendido ese día, y sobre todo, pensando en Roze.


    —En un momento deberé ir a buscarte Roze. Y espero que podamos hablar y me perdones por la manera en que actué. No importa la razón, no fue correcta mi manera de actuar, y quiero pensar que tú tampoco quisiste actuar como lo hiciste, aunque sé que yo tuve la culpa. Espero que podamos hablar y dejemos todo lo que paso atrás, y sobre todo… podamos ser amigos. Definitivamente me equivoque… y sé que los Changelings no son los monstruos que pensamos, incluso parecen ser más buenos y nobles de lo que nosotros los ponis podríamos ser. Roze… realmente espero verte—


    Mientras pensaba eso, Truesing empezó a sonreír, y se detuvo un momento mientras miraba al cielo, preguntándose como estaría Roze, y preguntándose si ella querría disculparse al igual que él.


    —Ya habrá tiempo para pensar en eso— se dijo a sí mismo, seguro de que él y Roze se volverían a ver, y agradeciendo recordar cuando ella se mostró como era en verdad, y haber tenido la oportunidad de hablar con Slashcross y Holz.



    Regresando al reino de los Changelings, madre e hija seguían su camino mientras hablaban de cualquier cosa para distraerse, y a la vez admiraban el paisaje.

    Finalmente las Changelings llegaron y se internaron en el bosque, parando bastante seguido para saludar a cada Changeling con el que se encontraban, los cuales al notarlas se acercaban para saludar a la reina y a Roze, contándole a la primera las cosas que hubieran sucedido para mantenerla informada, y ella agradeciendo la información, preguntando en que podría ayudar y deseando un feliz día. Mientras caminaban también pasaron cerca de varios de los arboles más grandes de los bosques, que eran donde los Changelings vivían. Algunos de ellos con hasta quince capullos colgando en sus ramas, y en las bases, en agujeros hechos en los arboles colecciones de objetos que los Changelings que habitaban en el árbol habían recolectado durante años.

    Se detuvieron frente a uno que tenía al menos unos diez capullos, y había al menos dos Changelings aun durmiendo dentro de ellos. A Roze le molesto un poco que ellos aun durmieran ya que muchos más ya se habían levantado y trabajaban, mientras que a Chrysalis se le hizo adorable, incluso voló un poco y aleteo sus alas levemente para generar algo de viento y mecerlos un poco.


    —A algunos les gusta dormir más de la cuenta— comento la reina riéndose un poco y ambas siguieron con su camino.


    En el trayecto se encontraron a más Changelings que realizaban alguna función como regar plantas, arreglar capullos, practicar su magia e intentar aprender algo nuevo, o incluso cuidar algunos de los animales que vivían en su reino como aves, ardillas, conejos, serpientes y demás, aunque también había Changelings que simplemente descansaban o se divertían, como fue el caso de unos que jugaban con una pelota en un claro. La reina y su acompañante se detuvieron un momento para ver al grupo jugar, y por un momento la reina sintió deseos de jugar también, y eso Roze lo noto, aunque las dos decidieron solo observar.


    El grupo se divido en equipos de tres y jugaban algo similar al voleibol, y parecían ir empatados.

    Uno de los Changelings lanzo el balón al equipo contrario con bastante fuerza, y uno de estos intento devolver el tiro pero fallo y en vez de regresarlo termino lanzando el balón contra un árbol, haciendo caer un nido y también asustando a unas ardillas que bajaron muy molestas, y de ahí se formó una discusión, pasando de un amistoso juego a que los dos equipos se empujaran, trataran de golpearse y dijeran cosas como “¿Por qué no golpeaste bien el balón, eres un inútil” o “no importan esos pájaros, no deberían estorbar”, entre otras cosas, e incluso uno de los Changelings le gritaba a la pajarita que había hecho el nido, como si fuera culpa suya, y esta intentaba picotearlo.

    Cuando toda esta discusión empezó, Chrysalis quiso observar un momento antes de acercarse y de intervenir.


    —¡Todos cálmense!— dijo levantando bastante la voz, llamando la atención de todos y mirándolos con bastante firmeza para que le hicieran caso y dejaran de discutir —Bien. Ahora… ¿qué es lo que ocurre aquí?—


    Los Changelings no sabían ni cómo empezar, pero la mirada seria de su reina y madre era más que suficiente para que hablaran. El Changeling que no había podido detener el balón empezó a explicar y aquel que había pateado el balón también dijo lo que pasaba, muy molesto y a partir de ahí casi empezaron a discutir otra vez, pero la reina se puso en medio para detenerlos, mirándolos de una forma muy seria y suave a la vez para que no se sintieran incomodos, pero vieran que tampoco aprobaba la discusión que estaban teniendo.


    —Hijos, es normal que haya discusiones cuando algo sale mal y que nos enojemos— Dijo la reina, acercándose al nido para recogerlo con cuidado.


    Lo observo y empezó a sonreír al notar que los tres huevecillos que se encontraban dentro estaban bien.


    —Debemos respetar…— tomando en sus pesuñas con cuidado el nido mientras la madre volaba a su alrededor, y parecía estar tan tranquila como la reina al ver que sus pequeños estaban bien —la vida de todos los seres a nuestro alrededor. Todos compartimos el mismo hogar y debemos por lo mismo tratarnos con respeto, y no tratar a los que nos rodean como si fueran estorbos—

    —Pero…— intento replicar uno de los Changelings, pero la reina tomo primero la palabra—

    —También entiendo que estaban muy metidos en su juego y no se dieron cuenta, pero eso no significa que no deban tener cuidado— La reina se elevó un poco y puso con cuidado el nido en la rama de donde se había caído y la madre en inmediato voló hacia su nido y se puso junto a sus huevos para protegerlos, no sin antes acercarse a la reina y moverse a su alrededor, agradeciéndole —como dije… debemos respetar a los demás. También…— volteando a verlos, esta vez sonriéndoles mucho —no dejen que algo que salió mal y el enojo los haga dejarse llevar y pelearse. Recuerden que todos son hermanos y todos son familia… y lo más importante es que cualquier discusión siempre podamos solucionarla hablando—


    Los Changelings solo se quedaron callados y se miraron entre ellos, ahora sintiendose muy avergonzados por su comportamiento, mientras que Roze los miraba con una sonrisa, y es que le gustaba ver como su madre a su forma siempre era capaz de solucionar cualquier discusión que surgiera, aunque bueno, por algo era su madre.


    Uno de los Changelings, exactamente el que había pateado el balón y había hecho que el nido se cayera en primer lugar se acercó al árbol y se disculpó con el ave, y por la forma de volar del ave y de acercarse al Changeling, parecía que lo había perdonado, y luego de eso los Changelings se disculparon entre ellos y parecía que el problema se había solucionado.

    El grupo se preparó para retomar el juego, esta vez alejándose del árbol para evitar tirar el nido otra vez y esta vez prometiendo que tendrían cuidado.

    Luego de solucionar ese problema, las dos Changelings continuaron con su camino.


    Después de haber recorrido una buena parte de los bosques de la parte izquierda del reino, la reina y su acompañante salieron de ahí y se veían bastante contentas de haber podido compartir en el camino con todos los Changelings con los que se habían encontrado, así como haberlos ayudado en todo lo que necesitaran, así como solucionar uno que otro problema que veían, aunque por todo eso, ambas estaban notoriamente cansadas y se sentaron por un momento en el pasto, al lado del camino que habían estado recorriendo todo ese tiempo.


    —¿Cómo te sientes mamá?— pregunto Roze, agotada y respirando rápidamente, tal y como hacia su madre —realmente es bastante agotador recorrer tantos lugares y estar pendiente de todo. Sé que no debería, pero es tanto trabajo que sorprende que lo hagas todos los días—

    —Bueno, no sé porque te sorprendes querida, ya me has acompañado en mí día a día muchas veces en el pasado—

    —Lo sé, y por eso me sorprende—

    —Es agotador, no puedo negarlo, pero también es mi deber y es lo que debo y quiero hacer por mi familia, para asegurarme que estén bien y poder ayudarlos en todo lo que pueda—


    Ambas se quedaron ahí sentadas durante varios minutos, hasta que sintieron que habían recuperado un poco las fuerzas, y luego se levantaron para caminar.


    —¿Hacia dónde debemos ir ahora?— Pregunto Roze.

    —Bueno, ahora debemos seguir por este camino, cerca del Lago del Dragón— respondió la reina mirando el cielo —y creo que no sería un mal momento, considerando que ya debe ser medio día—

    —Tienes razón, significa que ayudaremos y además podremos almorzar—

    —Así es querida, ahora pongámonos en marcha—


    Las dos Changelings empezaron a caminar y en el trayecto se encontraron a más de un Changeling que pasaban caminando o volando, y de forma amable y respetuosa se acercaban a saludarlas y a contarle cosas para que la reina estuviera informada de todo.

    Luego de unos minutos, las dos llegaron a un enorme lago que se había formado hacia cientos de años en el reino debido a las lluvias, conocido como el Lago del Dragón. Nadie recordaba o sabía exactamente del porqué de ese nombre. Algunos Changelings creían que se debía a que de lejos, la forma del lago parecía un dragón con sus alas extendidas, mientras que otros comentaban que, supuestamente hace miles de años, un dragón herido de alguna forma había logrado penetrar el campo mágico que protegía el reino y había caído en el lago que en ese entonces era muy pequeño. Chrysalis y sus hijos se habían dado cuenta y al ver que estaba herido decidieron darle un hogar hasta que se recuperara, y se dedicaron a ayudarlo a curarse y a sentirse mejor. En el tiempo que el dragón estuvo viviendo ahí, ayudo bastante a Chrysalis y a los Changelings, y el lago se convirtió en su hogar, haciéndolo cada vez más grande con el movimiento de su cuerpo, dándole su forma actual, y cuando el dragón se recuperó totalmente, se fue del reino agradeciéndole a la reina Chrysalis y a sus hijos por sus buenos tratos y por su amabilidad, y fue tanto su agradecimiento que tiempo después regreso solo para regalarle al reino de los Changelings una pequeña parte del tesoro que el tenia, un regalo que todos los habitantes del reino agradecieron.

    Como fuera que hubiera obtenido su nombre, el Lago del Dragón era el siguiente lugar al que irían, y en cuanto llegaron, Roze no pudo contener su emoción y se acercó al borde del lago para ver su reflejo e incluso vio a un par de peces nadar. Aquel lago era en verdad muy bello y a la chica se le formo una sonrisa en el rostro como lo había hecho al ver los lugares donde había pasado junto a su madre hasta ese momento.


    —Es un bello lago ¿verdad?— Comento la reina, acercándose al lago y Roze solo la noto al ver su reflejo en el agua.

    —Así es, en verdad sigue siendo tan bello como siempre—

    —Realmente has extrañado mucho tu hogar ¿no querida?—

    —Creo que si— dijo Roze, dejando de ver el lago para ver a su madre —es curioso pero… a veces no te das cuenta de lo mucho que extrañas ciertas cosas hasta que vez lo alejado que has estado de ellas y te sientes muy feliz cuando las tienes cerca una vez más. No sé cómo describirlo—

    —jmjm, no hace falta mi cielo, yo conozco perfectamente esa sensación, así como muchos de tus hermanos cuando se van por un largo tiempo. Y es también por eso que quería que me acompañaras. Sabía que después de un buen tiempo extrañarías todo esto, a tus hermanos, tu hogar, y a mí, y que te sentirías así—

    —Tienes razón mamá—


    Ambas hubieran seguido hablando, pero las dos escucharon varias voces que llamaban a la reina, y ambas voltearon a ver quiénes les hablaban. Eran varios Changelings, aunque llamaba la atención que algunos llevaban delantales.

    Una vez fueron vistos, estos saludaron de lejos a Roze y a la reina quienes devolvieron el saludo, y también el grupo hizo señas y dieron a entender que necesitaban a su madre, y ella les dijo que ya iría.


    —Bueno, parece que varios de mis hijos me necesitan. Debo seguir con mi día y ayudarlos en todo lo que pueda— Dijo la reina.

    —¿Quieres que te acompañe madre? También puedo ayudarte a ti y a mis hermanos. Además… para eso estoy aquí—

    —Gracias querida, pero no es necesario. Solo porque me acompañes no significa que debas ayudarme todo el tiempo, también puedes darte tiempo para ti y disfrutar de tu hogar luego de tanto tiempo de haber estado ausente. Además ¿no te gustaría saludar a tus hermanos? Después de todo llevas un buen tiempo sin verlos—

    —Bueno… tienes razón— Dijo Roze.


    Mirando a su alrededor, viendo que además del grupo que llamaba a la reina, habían otros Changelings cerca al lago un poco más lejos de ella. Algunos recostados en el pasto mirando al cielo, otros hablando y algunos nadando.


    —Sí, varios de mis hermanos están aquí y realmente quisiera hablar con todos ellos. Saludarlos, saber cómo han estado, todo eso—

    —Exactamente hija— la reina miro hacia otro lado y vio algo que llamo bastante su atención —De hecho Roze… creo saber con quién podrías empezar a platicar en este momento—

    —¿Eh? ¿Con quién?—

    —Mira hacia allá hija— señalando a alguien —y dime… ¿A quién puedes ver?—


    Roze volteo para ver de quien hablaba su madre y fue cuando vio a lo lejos venían dos personajes caminando juntos a paso muy lento, y parecían hablar amenamente.

    Al fijarse bien, Roze se dio cuenta que uno de ellos era una de sus muchas hermanas Changeling, y de hecho, era una que ella conocía muy bien. Se llamaba Sonya y ambas habían nacido el mismo día, hacía ya muchos años, y desde entonces habían sido muy unidas, y siempre habían hecho muchas cosas juntas, y lo que más les gustaba hacer era cultivar flores, aunque Sonya también era una muy buena cocinera y alguien muy amable y tranquila, pero también divertida y hasta sarcástica.

    Roze estaba muy contenta de verla luego de tantos años, y no podía esperar a ir con ella, saludarla y contarle todo lo que había hecho, así como preguntarle muchas cosas. Sin embargo, como había visto, ella no venía sola y estaba acompañada de alguien más, que parecía ser uno de los ponis que vivía en ese lugar.


    —¿Por qué no vas con él y le preguntas como llego aquí? Así podrás conocerlo más. Yo iré a ver para que me necesitan—

    —Está bien— contesto Roze.


    La reina se dirigió a los Changelings que la habían estado llamando mientras que Roze se dirigía al poni y la Changeling, pero los noto muy cercanos, y aunque no supo porque le dio la impresión de que ambos parecían más una pareja que otra cosa, y prefirió verlos desde lejos.

    La Changeling y su acompañante era un pegaso blanco y de crin roja, muy similar a los guardias de Canterlot, y de hecho parecía serlo porque el poni vestía una armadura igual a las que se usaban en Canterlot. Ambos caminaban hacia el lago, y no habían advertido la presencia de la reina o de Roze.


    Roze se acercó un poco más y pensó en acercarse y hablar con ellos, pero ambos empezaron a hablar, y ella prefirió quedarse alejada, observando detrás de un árbol antes de que siquiera la notaran, y desde ahí la Changeling aun podía escucharlos hablar.


    La Changeling adelanto un poco al poni mientras se reía en voz baja, llamando la atención de su compañero que intento alcanzarla.


    —¿De qué te ríes Sonya?— Pregunto el poni, alcanzándola.

    —Discúlpame Pyro…— dijo ella, ahora tratando de no reírse —es solo que me da algo de gracia ver que siempre vistes tu armadura. Aquí puedes hacer otras cosas, y no tienes que seguir actuando como guardia real—

    —jmjm, tienes mucha razón. Pero es lo que he hecho desde siempre y es algo que viene de familia, así que realmente es importante para mí llevar puesta esta armadura. Además, pienso que no es para nada malo que siga con mi deber, ahora en este reino—

    —Descuida, lo entiendo. Además admito que me gusta verte con esa armadura—

    —¿Por qué a las hembras les gustan los tipos en uniforme?— luego de que dijo eso empezó a reírse y Sonya no puedo evitar reírse también.

    —Bueno, esa puede ser una razón— dijo ella —pero me gusta porque te hace ver protector— ella se abrazó a una de las patas del poni mientras acercaba su rostro al de él y frotaba su mejilla contra la de Pyro —y eso me hace sentir segura porque… sé que si algo malo sucede, mi novio me protegerá—


    Al principio Pyro se sonrojo mucho y se puso nervioso, pero rápidamente se sintió confiado y empezó a sonreír, y sin decir nada, él le dio un beso en la mejilla, sorprendiendo mucho a la chica, y también haciéndola sonrojar.


    —Jmjm, no necesito tener una armadura para poder proteger a mi querida novia—


    Al escuchar eso, Sonya empezó a sonreír y abrazo con mucha más fuerza al pegaso, y este le regreso el abrazo.


    —Eres tan lindo Pyro, en verdad no pude conocer a alguien mejor que tú—

    —Digo lo mismo cariño, y quien diría que nos conoceríamos en una ocasión… tan complicada—

    —Tienes razón, y en verdad fue un día en que… bueno, nada de lo que deseamos salió como hubiéramos querido, y todos quedamos muy mal— bajando la mirada, algo decaída.

    —Pero…— Pyro tomo el rostro de la chica con uno de sus cascos para levantarlo y que ella lo viera directo a los ojos —Tú, y varios de tus hermanos, aunque perseguían a los ponis porque estaban desesperados por alimentarse, dejaron claro que era lo que buscaban y mostraban que ustedes no eran monstruos o buscaban hacerle daño a los demás, y solo quería alimentarse. Tal vez nada salió como ustedes hubieran querido, y bueno, se ganaron la imagen que tienen pero… yo, así como otros habitantes de Canterlot vivieron quienes son en verdad y por eso ellos confían en ustedes. Tal vez no seamos muchos… pero si creemos en ustedes—

    —¿Por eso fuiste a buscarme cuando salí volando?—

    —Así es, y admito que me preocupe por eso. Incluso se me hizo un poco frio de parte de todos que no mostraran preocupación por ustedes solo porque nos habían atacado—

    —Descuida, esas cosas pasan, y al menos nos alimentamos y pude estar bien. Pero más importante… te pude volver a ver—

    —Y en ese momento… y justo ahora… podemos estar juntos—


    Ambos siguieron caminando, ahora en silencio y sin dejar de verse y regalarse una sonrisa ocasional, mientras que Roze los observaba de lejos.

    No solo le daba gusto ver a su hermana llevarse tan bien con ese poni, al punto que eran más que amigos, sino que le daba gusto que toda esa relación era algo bueno que había nacido de ese día que fueron en Canterlot.


    Roze quería acercarse a ellos, pero tampoco quería interrumpirlos y solo siguió observándolos mientras ellos empezaban a hablar un poco, recordando cómo se habían conocido el día de la invasión y como se habían reencontrado luego de eso. También como empezaron a conocerse y entenderse cada vez más, al punto de que se habían enamorado, y finalmente como habían llegado al reino.


    Después de caminar un rato, la pareja llego al lago y se sentaron en la orilla mientras lo admiraban.


    —Sé que ya lo he dicho mucho— dijo Sonya con una linda sonrisa —pero en verdad estoy muy feliz de ser tu novia Pyro—

    —Bueno…— comento Pyro, y parecía algo pensativo, y eso llamo la atención de la Changeling.

    —¿Estas bien cariño?—

    —Bueno… es que… yo pensaba en ti como algo diferente—

    —¿Qué quieres decir?—


    En eso, Pyro saco de su armadura una pequeña caja de madera, y mientras la tenía en sus cascos se quedó mirándola, al igual que Sonya que no entendía lo que era.



    (Continua en la parte 2)

    __________________________________________________________________


    El que sigue no es un nuevo capítulo, es el mismo, solo que por extensión preferí cortar aquí para no traer caps demasiado largos que puedan cansarlos. Aviso que si todo sale bien el cap luego de este, es decir, el 7, será escrito por Cairon, así que esperen la segunda parte de este y el capítulo que escribirá Cairon.


    Gracias a todos los que leen este fic por sus comentarios, y les deseo un buen día.
     
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  19. Autor
    OverLord_Gabriel

    OverLord_Gabriel Cerca de terminar mi carrera.

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    pido a los moderadores que cierren este tema. no dio para mas. nadie lo lee

    cierren porfavor
     
  20. Trinox

    Trinox Yo uso el (?) Como pregunta, no como sarcasmo

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    Noooooo ;-; no lo cierren ;_; yo si lo leo :3 solamente que aun no doy mi opinion ni nada :V mi culpa, perdon XD porfavor no lo cierren ;_;
     
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