Criador ¡Consigué el wolf, digo el wolframio! [Labor Profesor]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por Jull, 29 Oct 2018.

  1. Autor
    Jull

    Jull Whom lives by Hope, will die by Despair. Moderador

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    ¡Consigué el wolf, digo el wolframio!

    Darío, con una nueva idea en mente, se embarca en un pequeño viaje de negocios en busca del metal, Tungsteno, o también conocido como Wolframio. Su objetivo es conseguir tanto como le sea posible, aunque al ser un metal muy costoso, su objetivo mínimo son dos kilográmos.


    Yuki TigerYuki Tiger Que comiencen los juego del hambre (\( o 0 ó )/)
     
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  2. Yuki Tiger

    Yuki Tiger There'll be pennies from heaven for you and me ♫

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    Era ya muy tarde en la noche. El acre aroma del metal fundido se escapaba por la ventana abierta que tenía frente a la mesa de trabajo. No era que dicho aroma me molestara. De hecho me encantaba, pero a Hama, la Klefki bromista que me estaba ayudando, le desagradaba a tal nivel que apenas se me acercaba cuando el cautín cumplía su función al volver líquidos materiales metálicos para poder unirlos utilizando soldadura. Si alguien hubiera podido preguntarme qué estaba haciendo, simplemente no habría contestado debido a que toda mi concentración estaba en los circuitos con los que trabajaba. Dichos circuitos estaban siendo fabricados para hacer una nueva versión del traductor pokémon, la cual sería la primera versión final del proyecto. Tenía puestas las gafas protectoras, pero mis ojos brillaban con entusiasmo y fascinación.

    —Hama, ¿podrías pasarme otro trozo de metal?— le pedí, sin despegar la mirada de la lupa de trabajo, a la duende tipo acero que flotó hasta unos contenedores que dispuse a un lado de mi cama para buscar un poco de Tungsteno. Tuve mucha suerte de haberme topado con un vendedor ambulante de productos electrónicos mientras hacía mis compras en Ciudad Central, pues casi todo lo que vendía tenía partes hechas de ese precioso metal. Y ello fue más barato que comprar el material en bruto, pues su alta demanda en la Ciudad lo convertía en algo extremadamente caro.
    —¡Klefki ki ki!— gritó Hama en alto, colocando sus… ¿manos? en su boca en una sobreactuada, pero graciosa, expresión de asombro.
    —¿Qué pasa?— espeté girando mi cuerpo en la silla para poder mirar a mi compañera sin tener que voltear el cuello, pues lo tenía un poco entumecido en consecuencia a las múltiples horas de trabajo en la misma posición. Incluso pude sentir un leve y placentero crujido cuando giré mi cabeza en dirección a la de tipo hada.
    —¡Klef klef!— volvió a gritar, ahora agitando su cabeza y sus llaves en gesto de negación. De verdad que ella era la compañera perfecta para los trabajos con muchas horas, pues su sentido del humor me daba energía extra y me ayudaba a aliviar el estrés y la frustración.

    —Oh por favor, no— comenté frustrado. Me levanté de la silla, me retiré las gafas y las deje en la mesa y caminé hasta los contenedores. Durante el trayecto aproveché para estirar mis adormecidas piernas y al llegar, ver el contenedor vació me hizo soltar un muy largo y exagerado suspiro —¡Todavía no acabo de cubrir ni la mitad de los componentes que necesito!— grité para dejar salir un poco de mi enojo. Sí, estaba utilizando el Tungsteno para colocar una capa protectora a los componentes del traductor, pues estos eran muy inestables y se quemaban al no poder canalizar bien su energía. La idea de cubrirlos con el metal había surgido de las clases que tomé en el edificio de Tornillos y compañía en el que un estudiante hizo lo que yo estaba haciendo para proteger sus invenciones. Claro, antes de hacerlo le pedí permiso al propietario de la idea y me dio luz verde para hacer uso de esa aplicación de metal en mis proyectos.

    —Ki Klef— mi amiga se acercó a mi rostro y comenzó a agitar sus llaves en una extraña danza sin dirección. Pero su rostro de alegría fue lo que me hizo hacer todos los pensamientos negativos a un lado.
    —Sí, Hama. Tendremos que salir a buscar más metal— le dije mientras con mi mano le daba unas palmadas en su cabecita. Y acto seguido, la llavero se vio presa de un tremendo ataque de carcajadas en el que se alejó de mí. Claro, lo olvidé, ella era súper sensible y un leve toquecito le daba muchas cosquillas —Pero antes...— me miré en el espejo de cuerpo completo que estaba recargado en una pared y… me dí miedo. Sin las gafas las enormes ojeras debajo de mis ojos eran descomunales, mi pelirrojo cabello despeinado en todas direcciones, mi piel sucia con el polvo de soldadura y finalmente, mi ropa de trabajo manchada de sudor y grasa. Era un completo desastre. Eso pasaba cuando trabajabas más de ocho horas sentado y sin dormir. Si Jenna estuviera en la habitación ya me habría obligado a recostarme hace mucho tiempo —Mejor me arreglo.

    Gracias a Arceus Ciudad Central seguía en movimiento durante la noche. Y de hecho, me parecía que tenía mucha más acción a estas horas. Acción que me vendría de fábula si lograba encontrar algún punto de venta de tecnología… clandestina. Era una opción que no me gustaba en lo absoluto, pero el Centro de investigación para el que trabajaba aún no me había enviado respuesta de si me darían un aumento en la financiación gracias a mis avances o no. Y no podía seguir posponiendo el trabajo en el nuevo modelo de traductor. Entre más rápido y perfecto mejor. Así que tomé una ducha rápida, me coloqué ropa abrigada para salir a la calle, cargué con mi mochila y Hama y yo salimos del edificio departamental en busca del metal de los lobos, el Wolframio.
     

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