Historia Trabajo B Conmoción en el estudio [Darío Mendoza]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por Shulman, 13 Nov 2018.

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    Shulman

    Shulman No sé, me sabe a mierda

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    Conmoción en el estudio
    Trabajo Historia - Pokémon New Adventure

    Descripción del trabajo: Darío está de visita en los estudios de grabación de Súper Incineroar a peticios de su amigo, Mario, quien quería entrenar a la estrella del show en una auténtica batalla pokémon. Pero todo sale mal cuando un grupo criminal sita el edificio, exigiendo que se cumplan sus demandas monetarias y de pokémon. Y eso no es todo. El pequeño Litten, hijo del famoso pokémon de tipo fuego, desaparece de repente sin dejar rastro.

    Objetivos:
    —Entrenar con el Incineroar de Mario.
    —Encontrar al Litten extraviado.
    —Hallar la forma de contactar con la policía de la Ciudad, que estará cerca del edificio y no se acercá por las amenazas del grupo delictivo.
    —Desarmar los planes del grupo criminal.

    Datos extras:
    —Al parecer el Litten tuvo una fuerte pelea con Mario.
    —El grupo criminal busca mucho dinero y que le entreguen al famoso Incineroar.
    —El lugar dónde se realizan las grabaciones es un lugar muy grande, el encontrar al cachorro de tipo fuego no va a ser una tarea fácil.
    —La señal de los pokenav está bloqueada.
    —De alguna forma los criminales sabían que Darío está en edificio e intentarán capturarlo a toda costa.

    Recompensas:
    —Paga Máxima: 1500 Pks
    —Shard Esmeralda x2: puntaje igual o superior a 80.
    —Shard Rubí x3: puntaje igual o superior a 75.
    —Niveles:
    Nivel 1-35: De 1 a 4 niveles.
    Nivel 35-55: De 1 a 3 niveles.
    Nivel 56 a más: De 1 a 2 niveles.​
    —Plazo para Completarla: 18 días.

    Yuki TigerYuki Tiger ¡Puedes comenzar!
     
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  2. Yuki Tiger

    Yuki Tiger There'll be pennies from heaven for you and me ♫

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    El estudio de grabaciones infantiles de Ciudad Central era sin lugar a dudas el más grande la región de Aleria. Pero no se extendía hacia los lados, como cualquiera podría imaginarse, sino todo lo contrario: crecía gigante en dirección a las estrellas, siendo uno de los rascacielos con más altura de la Ciudad, adaptándose al poco espacio de construcción disponible. Era un edificio de color azul grisáceo con ventanas de diversos colores, que dibujaban en grande el símbolo que representaba al estudio: un arcoíris que emerge de una nube blanca. Y además, en la entrada a la edificación estaban colocados unos enormes posters de todos los shows que tenían en emisión. Por obvias razones, el póster que más destacaba del sitio era el de Súper Incineroar, el programa que dirigían Mario Tovar, uno de mis mejores amigos, y Roar, su Incineroar shiny. En la pancarta de plástico estaba el héroe felino, haciendo gala de su capa, acompañado de Kimiko, la Swablu de mi amigo, quienes peleaban contra el villano principal de la serie, Garu, un Granbull que al igual que los otros dos, era un fiel amigo de Mario.

    —Wow— fue el sonido que pudo emerger de mi garganta ante la impresión que me generaba el lugar. Podía intentar mirar hasta la punta de la arquitectura frente a mí y por consecuencia solamente obtendría un dolor de cuello acompañado de una sensación de mareo. Estaba caminando en el pequeño patio delantero de los estudios, donde estaban colocados los posters. Si bien no era de gran extensión debido al ahorro de espacio, no dejaba de ser un lugar bello y bien cuidado. Se notaba que la nieve de invierno había sido retirada recientemente, pues el camino hasta las enormes puertas de entrada estaba despejado, dejando ver el hermoso ladrillo amarillo con el que estaba construido.

    —Bienvenido— expresó el enorme guardia de seguridad que custodiaba la entrada. Su elegante traje negro sugería que este tenía protección contra las bajas temperaturas, pues el hombretón no mostraba señal alguna de tener frío —¿Qué es lo que desea?
    —Oh, claro— presurosamente saqué de mi enorme abrigo la identificación que llevaba colgada al cuello. En ella estaba mi foto acompañada de otros datos, pero lo más importante eran las firmas que tenía hasta el pie: las firmas de Mario, el secretario de visitas y la del mismísimo dueño de los estudios —Vengo a hacerle una visita a Mario Tovar— mis palabras se convertían en vaho. El invierno ya estaba prácticamente en Aleria.
    —Entonces usted es el señor Darío— graznó el guardia sin cambiar la expresión sería de su rostro —Muy bien. Pero antes de dejarle vía libre necesito que cumpla una serie de requisitos, por favor.
    —Claro. No hay ningún problema— y así el trajeado hombre me dejó entrar al edificio.

    El interior era incluso más hermoso de lo que podría aparentar desde afuera. El suelo era de un muy tenue amarillo, limpio y recién encerado. El cielorraso, colocado a seis metros de distancia, presumía de un tapizado exquisito en el que se veían formas geométricas de muchos colores. El inmueble del piso era prácticamente lo que tenía una sala de espera, acompañada de una pequeña área en que estaba colocado un mostrador para consultas.
    Los procesos que me hizo cumplir el guardia me resultaron ortodoxos teniendo en cuenta la fama del lugar. Primero me hizo quitarme el enorme abrigo, despojarme de todos los objetos metálicos que llevará, dejar mi mochila a un lado y pasar por un detector de metales. Luego reviso mi mochila, mi sacó, los objetos que tenía escaneados con el pokenav y además, realizó una búsqueda en todo mi cuerpo por si llevaba alguna especie de arma no metálica. Y finalmente, me hizo llenar una serie de formas por escrito de no divulgación y protección intelectual, además de definir los pokémon que tenía conmigo.
    —Eso sería todo, muchas gracias por cumplir con todo— agradeció el trajeado ahora con una sonrisa calmada en su rostro. Su dura mirada también se había suavizado —Ahora por favor vaya al ascensor del fondo. Allí estará una empleada que le indicará el camino hasta la zona de combate. Ahí es donde el señor Mario lo está esperando.
    —Muchas gracias, iré enseguida— exclamé de forma amable mientras tomaba de nuevo todas mis pertenencias.

    Caminé hasta el ascensor y efectivamente, ahí estaba sentada detrás de un pequeño escritorio una empleada vestida con un uniforme que recordaba a los botones de los hoteles. Me preguntó a dónde me dirigía y, con una amabilidad digna de la realeza, me acompañó al mecanismo de transporte vertical y me dejó en el piso destinado al área de combate. Quedé todavía más impresionado al notar que el estudio no solamente se extendía hacia arriba, sino también por debajo de la tierra. Y la zona de combates era el último piso, el más profundo de todos.
    —En este mismo piso hay una pequeña cafetería por si usted o alguno de sus pokémon gusta tomar algo— dijo la amable señorita antes de accionar el ascensor para regresar a su lugar de trabajo. Ni siquiera tuve la oportunidad de darle las gracias.

    El piso de entrenamiento era quizás un poco más grande que el piso donde recibían a la gente, salvo que este tenía un estilo un poco más tosco en consecuencia a las paredes visiblemente reforzadas. Gruesas vigas de acero, que sostenían el edificio y le daban una alta resistencia al piso en concreto, recorrían las paredes sin pintar y el plafón en bruto. Todo daba la sensación de permanecer en obras negras, salvo por la parte de la cafetería y lo que a simple vista denotaba ser un campo de batallas pokémon; esas dos partes del lugar estaban completamente terminadas y resaltaban a la vista.

    Y de pronto, sin previo aviso, pude sentir como mi cuerpo se levantaba del suelo de golpe —Huff— el impacto, aunque no fue tan brusco, me tomó con la guardia baja y por ello terminó sacándome el aire.
    —¡Roar roar!— gritó el enorme pokémon blanco y rojo mientras me sostenía en un abrazo. Restregaba su mejilla contra la mía con bastante fuerza y su cola se movía de un lado a otro, agitándose de emoción. Podía entender a Roar. Ya tenía mucho tiempo que no lo veía.
    —Roar… no aprietes tan fuerte— le supliqué mientras escuchaba como mis huesos rechinaban bajo la fuerza de los enormes brazos del felino. Pero este hizo caso omiso a mis súplicas y simplemente continuó demostrando su cariño con fuerza bruta.
    —Vamos Roar, no quiero que lastimes a Darío. Déjalo ir— comentó un Mario radiante de felicidad luego de darle un par de palmadas en la espalda a su compañero pokémon. Y así, con una cara de disgusto, el fortachón de tipo fuego por fin me dejo libre. La sensación de poder respirar con libertad nunca fue tan agradable —Ahora es mí turno— Mario era más bajito que yo, pero aun así aprovechó su fuerza para imitar el comportamiento de su pokémon y abrazarme con todas sus fuerzas —¡Ya tenía mucho que no te veía, es muy duro solamente poder platicar por mensajes de texto y llamadas.
    —Aff...— quizás la ruda recepción del par habría hecho enojar a cualquiera. Pero en mi caso, sabía que sus emociones eran sinceras, por lo que me obligue a mí mismo a aguantar el abrazo… hasta que Roar, gracias a Arceus, me ayudó a liberarme de las garras de su entrenador.


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    Shulman

    Shulman No sé, me sabe a mierda

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  4. Yuki Tiger

    Yuki Tiger There'll be pennies from heaven for you and me ♫

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    Luego de la amistosa recepción por parte de los productores de televisión, ambos nos colocamos en cada lado respectivo del campo de batalla. El suelo del mismo no era de arena, como cabía esperar de un sitio en el que estaban por enfrentarse seres de bolsillo, sino de un material aparentemente plástico color gris azulado. Al ser este un estudio tan famoso, pude imaginarme que se trataba de algún aglomerado de alta resistencia, especial para soportar cualquier movimiento.

    —¿Estás listo, Darío?— gritó Mario energéticamente a la vez que se cruzaba de brazos, confiado. Su tez morena parecía resplandecer bajo las luces que venían del plafón.
    Roar entró al campo de batalla imitando un movimiento de lucha libre —¡Incineroar!— gritó el felino, aterrizando limpiamente en sus patas traseras para inmediatamente posar como todo un luchador humano. La sonrisa de su rostro era señal de que estaba ansioso por que iniciara la pelea. Y él no era el único. Yo mismo me sentía con muchas ganas de medirme en un duelo contra mi mejor amigo; también la pokéball que tenía en el bolsillo parecía estar temblando de emoción.

    —Pues obviamente, Mario ¡Ve, Garet!— y lancé la ball, de la cual emergió el Electivire que tenía como compañero. Aterrizó pesadamente en el duro suelo, pero eso no pareció molestarle. Sus antenas chisporroteaban con cargas eléctricas y su pelaje estaba recién peinado.
    —¡Tivire!— gritó, colocando sus brazos por encima de su cabeza en gesto intimidante. Las pequeñas descargas de energía ahora recorrieron todo su cuerpo desde su cabeza hasta la punta de sus dos colas. No por nada él había consumido mucha electricidad antes de salir del departamento… Por ello, ahora le tenía miedo a la factura de la luz del siguiente mes.
    —Empiecen ustedes— sugirió el de piel morena con un rostro lleno de confianza —Son nuestros invitados después de todo.

    —Ve Garet, ¡utiliza ataque rápido para acercarte!— le indiqué al gigantón amarillo, que comenzó a avanzar en dirección a su oponente con la velocidad de maratón.
    —¡Usa lanzallamas!— del cinturón del felino comenzaron a emerger ráfagas de llamas súper calientes que amenazaron con impactar directamente en Garet si este completaba su veloz ataque. Pero lo que Mario no sabía es que realmente siempre usaba un movimiento veloz para hacer que mis amigos se acerquen a sus rivales para luego darles con todo cuando están despistados. Y gracias a la velocidad de Garet eso no supondría ningún problema.
    —¡Dobla a la derecha, Garet y ataca con patada baja!— casi como si estuviera recorriendo un carril, el ser devora electricidad cambió súbitamente de dirección, esquivando las llamas del enemigo, y se acercó lo suficiente como para completar el movimiento, resultando en que el enorme felino se estrellara sonoramente contra el campo de batalla. Además, el daño fue a gran escala gracias a la ventaja de tipos del ataque.

    —Je— se rió el productor de televisión, rompiendo mi visión de haber completado mi jugada —¡Doble patada!
    Veloz, Roar utilizó uno de sus brazos como ancla para levantar su cuerpo, el cual extendió en toda su longitud, y así pudo golpear con ambas patas traseras a un desprevenido Garet, que recibió el ataque directamente justo en el pecho y retrocedió un par de pasos. Aquel movimiento, como su entrada al campo, me recordó a la lucha libre de los humanos. No por nada los Incineroar se asemejan a uno.

    No pude evitar chasquear la lengua ante el súbito cambio de papeles. Tenía que dejar de pensar demasiado los movimientos, pues de lo contrario acabaríamos siendo derrotados. Así que se me ocurrió aprovechar el comportamiento de luchador de nuestro enemigo y usarlo en su contra. Y aunque ello fuera riesgoso, valía la pena intentarlo.
    —¡Garet, ve con puño trueno!— el de dos colas dejó salir un fuerte rugido y avanzó a toda velocidad en dirección a Roar. Su puño estaba cargado con un poco de la energía que absorbió en casa, añadida a la que ya podía generar de por sí su cuerpo.
    —¡Pasa a su lado, Roar, y sostén a Garet por los brazos!— en un ágil movimiento, Roar pasó a unos escasos centímetros del puño de Garet, esquivándolo sin alejarse del todo. Y luego, muy a pesar de su tamaño, se las arregló para saltar, pasar sus brazos por debajo de los de Garet, y obligarlo a ponerse a su altura utilizando su fuerza y su peso. Era una típica llave de lucha que inmoviliza al rival.

    —¡Tiv... — el casanovas tipo eléctrico no podía moverse y apenas podía hablar. Pero estaba en una situación ventajosa. Ya era hora de descargar toda la energía que tenía almacenada en su cuerpo. Y no podía estar en una mejor posición.
    —¡Garet, libera toda tu energía con un rayo utilizando tus dos colas!— grité. Las puntas de las colas de los Electivire podían ser usadas como transmisores eléctricos de alta potencia cuando era necesario, por ejemplo, para darle energía a algún otro pokémon que la necesitara desesperadamente.
    —¿Qué...— Mario no tuvo tiempo de reaccionar. Las colas de Garet tocaron a Roar por su espalda y liberaron toda la energía que tenía disponible, desatando un terrible Rayo que incluso llenó la habitación de electricidad estática. El agarré de Roar en mi compañero perdió fuerza y, de un golpe seco, Garet se libró de la llave, mandando a volar a su rival varios metros lejos de él.

    El pobre Incineroar quedó tiritando por la enorme cantidad de corriente eléctrica que atravesó su cuerpo. Pero todavía podía seguir luchando. Trabajosamente se puso de pie y dejó salir un grito de guerra.
    —¡Roarrrrr!— su pelaje estaba completamente erizado. De diversas partes de su cuerpo podía percibirse un poco de humillo.

    —¡Vamos con todo, Roar!— Mario accionó el cristal de su pulsera z, para desatar su as bajo la manga y movimiento especial. Ya tenía una contramedida para el movimiento, pero… lo que no tenía en mente era que Garet gastaría toda su energía almacenada antes. El ver la energía que pasaba desde el cuerpo de mi amigo al de su compañero siempre era un espectáculo digno de verse. Y justo cuando Roar estaba cargado por completo, y preparado para saltar, un pequeño felino salió corriendo de detrás de una pequeña caja y se colocó al lado del pokémon famoso. Se trataba del hijo de Roar, un Litten shiny. En su rostro se podían apreciar unas enormes ganas de ejecutar un movimiento Z para unirse a la batalla —¡Alto, alto!— gritó el de piel morena con disgusto.

    El amarillo y el blanco se detuvieron de inmediato y voltearon a mirarnos, confusos.
    —¡Roar! Te dije que no trajeras a Litten. Podría lastimarse— refunfuñó un molesto Mario, reprendiendo a su pokémon. Pero Roar no se inmutó ni un poco. Solamente alzó los hombros y agito una de sus garras, restándole importancia al asunto —Recuerda que Litten tiene que ser la nueva estrella del programa...— la palabras de mi amigo fueron interrumpidas por el pequeño felino, que erizó el pelaje de su espalda y bufó contra el entrenador de su padre —¡Lo dije y así se hará! Aunque los dos no quieran.

    —Sabes, Mario— comenté abandonando mi puesto para caminar hasta al lado de Garet. Coloqué mi mano en su espalda para indicarle que aquella había sido una batalla increíble —Creo que deberías de respetar las ganas de pelear de Litten. Podría practicar contra Hama, mi Klefki…— los ojos del pequeño pokémon se iluminarón con mis palabras.
    —¡No! El pequeño ya tiene una vida como actor planeada— estaba por recordárle a Mario su propio pasado, de cómo sus padres querían forzarlo a hacer algo que no quería, cuando el sonido de una enorme explosión llegó desde los pisos superiores, acompañado de una leve sacudida —¿Qu-qué demonios?


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    Shulman

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  7. Yuki Tiger

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    El pequeño temblor encendió la alarma en los ojos de todos los presentes. Era obvio, ya que no se trataba de algo natural. Pero lo peor era el terror en la mirada de Mario, quién se aproximó instintivamente a Roar.
    —¡Escúchennos todos los presentes!— se escuchó una gruesa y amenazadora voz en la habitación. Busqué rápidamente por las paredes del piso hasta que noté el pequeño aparato de emisión de sonido instalado en lo más alto de la cafetería —¡Exigimos que nos entreguen todo el dinero que tienen en este lugar y que, además, nos den al Incineroar shiny del estudio!— y la comunicación se cortó.

    —No puede ser— balbuceó el moreno director de televisión —Creía que había sido una broma…
    —Tranquilo Mario— le comenté, acercándome para colocar suavemente mi mano en su hombro con la intención de calmarlo. Por sus anteriores palabras parecía que sabía lo que estaba ocurriendo arriba, o que al menos se hacía a la idea. Pero aquel no era el momento para preguntarle, puesto que seguramente se pondría más nervioso —Aquí estamos bien. Sea lo que sea que esté sucediendo arriba...— intentaba mostrar mi sonrisa más sincera, pero me era difícil. Más aún con Garet a mí lado que, con intenciones protectoras, estaba al lado de Roar. Ambos vigilaban incansables la puerta del elevador, como si ésta fuera a abrirse en cualquier segundo, dejando entrar a los causantes de la explosión. Ambos se veían exhaustos del combate de hace apenas unos momentos.

    El de cabello negro y verde pareció calmarse un poco. Dejó salir una gran bocanada de aire y me devolvió la sonrisa —Gracias, Darío. Tienes razón. Ahora mismo estamos en un lugar seguro, ya que no se me ocurren razones de que… — por unos breves instantes los ojos de mi bajito amigo recorrieron la estancia entera, y cuando no encontraron lo que estaban buscando, el nerviosismo de antes amenazó con hacer presencia de nuevo —¿Dónde está Tyrell?— preguntó casi como un susurro.
    —¿Quién?— ¿Tyrell? No sabía a quién se refería. Una ligera sospecha sobre la identidad de este nuevo nombre surgió en mi mente cuando vi que Roar rompió su guardia para comenzar a buscar como loco. Solamente no alzó el suelo del campo de combate porque éste estaba incrustado.

    Tyrell debía ser el nombre que Mario y Roar escogieron para el pequeño cachorro blanco y rojo, que ahora estaba desaparecido. Entonces llamé a todos mis compañeros para que nos ayudarán a buscar. El de cabello verde me explicó que él solamente tenía a Roar con él, que sus demás compañeros se quedaron en su casa, para descansar luego de grabar varios episodios de su programa. Y fue así que Hama, la Klefki bromista que me acompañaba, dio con un pequeño conducto de ventilación abierto, oculto detrás del espacio que ocupaba la cafetería. Era obvio que el pequeño salió por ahí. Las juntas de plástico, que estaban colocadas para evitar que la ventila se abriera, estaban derretidas. Y ahora Tyrell podía estar en cualquier parte del edificio, a merced del desconocido peligro que ahora estaba acechando en el estudio.

    —Ustedes dos, tranquilos— les dije a la pareja estérica de pokémon y entrenador, preocupada por el cachorro —Yo puedo ir a buscarlo— me ofrecí, mirando a mis compañeros uno a uno. En sus rostros solamente pude ver aprobación.
    —¡Entonces debemos de ir contigo!— gritó Mario.
    —¡Incineroar!— exclamó el de pelaje blanco. Su cinturón de llamas ardía brillaba como la luz del Sol.
    —Eso sería una locura. Quienes estén detrás de esto mencionaron a Roar, así que seguramente no se contendrán si lo ven a él o a ti, su entrenador— expliqué, luego ajuste el pequeño lente de mi ojo izquierdo —Además, yo tengo a casi todos mis compañeros conmigo. Y si voy yo sólo habrá menos riesgo de que me encuentren, si es que siquieralos que hicieron esto están buscando por el estudio... — muy en mi interior sabía que eso era cien por ciento seguro. Que en este preciso instante ellos ya estaban recorriendo el lugar. Pero no quería alterar más a Mario. Sobre todo pensando en que no sabíamos cuantos eran o de si tenían un plan.

    Y el fortachón no protestó, pues sabía que tenía razón. Era más seguro para él, Roar, y todos que se mantuviera ocultó en la zona de combates. Pero claro, para aumentar todavía más esa seguridad, le dejé a Garet para que, junto a Roar, ambos lo protegieran. Y pese a las objeciones del gigante amarillo de querer acompañarme acabó aceptando quedarse con mi amigo. Y el director de televisión me indicó emplear las escaleras antes que el ascensor, puesto que ese era un movimiento bastante obvio. Gracias a Arceus esto era un edificio lujoso y la puerta del ascensor tenía la opción de bloquearse con un pequeño panel de seguridad, pensado así para situaciones como en la que nos encontrábamos. Antes de desaparecer por la puerta que daba a la escaleras, que también podía bloquearse con el mismo método, regresé a todos mis amigos a sus balls, excepto a Garet. También pude ver como Mario aplicaba medicina en su compañero y en el mío, pues ambos estaban lastimados de su anterior enfrentamiento.

    Y así, teniendo mucho cuidado en no hacer ningún ruido, comencé a subir las escaleras hasta el primer piso de grabaciones, que sería el lugar donde comenzaría mi búsqueda de Litten.


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    Shulman

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  9. Yuki Tiger

    Yuki Tiger There'll be pennies from heaven for you and me ♫

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    De su ball llamé a Alex, quién se aferró a mi espalda rodeando mi cuello con uno de sus tentáculos. Me introduje con mucho cuidado dentro del primer estudio de grabación. Todas las luces estaban apagadas y no parecía haber nada extraño. Se trataba de un enorme lugar, con altos muros, repleto de pantallas verdes y otros objetos que se usaban para la creación de programas televisivos. Con la poca visión de la que disponíamos recorrimos el lugar. Fue la medusa la que se percató de un extraño movimiento al fondo de la espaciosa habitación. Con su tentáculo señaló lo que parecía ser un vestidor, pues montones de ropa estaban acomodados en pilas ordenadas, o eso es lo que podía entrever de la oscuridad. En mi mochila tenía una linterna, que sería más que útil en esta situación, pero tenía la preocupación de que, con su luz, haría que los que estaban chantajeando al estudio nos descubrieran ,eso sí estaban ahí.

    Poco a poco nos acercamos al origen del movimiento. Luego de dar unos cuantos pasos pude darme cuenta de que, efectivamente, pequeños bultos se movían entre las sombras. Tragué saliva. Era completamente seguro que ninguna de esas figuras era Tyrell, pues eran más pequeñas. Por la forma en que parecían corretear llegué a la conclusión de que eran pokémon pequeños, seguramente liberados por los criminales que todavía no había visto. Y por esa razón, comencé a retroceder lentamente.

    Fue entonces que, para mi mala suerte, pisé algo que inmediatamente se movió y alejo chillando a toda prisa. Ya era demasiado tarde para la advertencia que hizo Alex con su tentáculo. Y, como si hubiera pateado un panal de Combee, numerosas formas en la oscuridad comenzaron a rodearnos. Aunque lo más extraño fue una pequeña luz roja que comenzó a salir de todos y cada uno de los seres ocultos en las sombras. Alex hizo lo más sensato, de mi mochila me pasó la linterna, para revelar a qué nos enfrentábamos.

    Con la luz de la linterna muchas formas salieron corriendo para ocultarse. Muchas otras se quedaron en el sitio. Se trataban de pequeños Rattata que nos observaban con ojos llenos de furia. En sus cabezas llevaban un pequeño aparato con una lente y lo que parecía ser un apuntador laser, fuente de las luces rojas de antes.
    —Oh...— uno de los pequeños roedores me miraba con furia asesina. Tenía su pequeña cola pegada a su espalda. Seguramente fue lo que pise sin darme cuenta. No se trataban de pokémon amenazantes, aunque por su gran número… aproximadamente veinticinco, aún sin contar a los que aún seguían ocultos, podían suponer un problema.

    De pronto, la luz que emanaba de los Rattata se tornó verde y todos se abalanzaron en nuestra dirección. Sus afilados colmillos estaban listos para atacar. Entonces agradecí el tener a uno de mis compañeros que tenía un movimiento de efecto en área.
    —¡Agua lodosa!— le indiqué a mi compañero tipo agua, que de inmediato hizo surgir una corriente de agua llena de lodo desde su tentáculo libre. La corriente arrastró a la mayoría de nuestros enemigos junto con los objetos de grabación a su paso. Luego le pediría disculpas a Mario por lo del equipo.

    Me disponía a correr a la salida cuando otros poké-roedores salieron de entre las sombras. Apenas los podía ver con la linterna. Muchos de ellos de hecho nos esperaban cerca de la puerta para saltar sobre nosotros. Uno de ellos de hecho aterrizó al lado de Alex que, desprevenido, fue presa de un frenesí de golpes furia que también me golpeaban a mí. Ignorando el dolor de las garras del pequeño ser, no paré de correr hasta llegar a la puerta, momento en el cual el elevador principal se abrió, dejando entrar a un grupo de seis personas vestidas de negro de pies a cabeza. También portaban linternas y las enfocarón todas en nosotros.
    —¡Ahí está, te dije que las cámaras de mis Rattata nunca fallan! ¡Eso nos ahorró el trabajo a todos!— exclamó alguno del grupo con voz femenina. Tenía cierto toque juvenil y travieso, como el de una adolescente.

    Alex ya tenía al pequeño roedor que nos molestaba bien aferrado con uno de sus tentáculos. Estaba utilizando restricción.
    —¡Vamos pequeñines, vayan por él!— gritó la voz femenina y entonces todas las luces verdes comenzaron a avanzar de nuevo en nuestra dirección.
    —¡Tch!— chasqueé la lengua, irritado por haber sido descubiertos —¡Alex, no vayas a soltar a ese Rattata!
    —¡Cool!— gritó la medusa, asintiendo con la cabeza. Entonces abrí la puerta de golpe y la cerré con la misma fuerza.
    —Usa ácido contra la cerradura— de la boca de Alex emergió una sustancia viscosa que derritió parte de la puerta, haciendo imposible que esta pudiera forzarse —Eso nos dará algo de tiempo. Pero por si acaso… usa ácido y púas tóxicas en las escaleras de abajo— no quería que los criminales bajarán y encontrarán a Mario. Y, aunque el duro metal de las escaleras no se derretiría, mínimo les haría imposible bajarlas. Tendrían que subir, en mi persecución.

    Mientras subía a la segunda planta de grabaciones, despoje al Rattata de su equipo tecnológico para echarle una ojeada. Era una máquina diminuta que tenía un escáner y una cámara. El escáner seguramente estaba pensado para buscar y relacionar el rostro de Mario o de Roar y mandarlo a alguien en los pisos superiores o que estuvieran fuera de la institución. No lo podía saber con certeza. Pero un dato importante se le escapó a la señorita que habló antes. Analizaba sus palabras mientras subía presuroso hasta la siguiente zona de grabación; ella dijo “nos ahorró el trabajo a todos”, dejando en claro que ellos no eran los únicos en el edificio. Tendría que tener más cuidado al buscar a Tyrell, sobre todo ahora que sabían que estaba por ahí. también intenté utilizar mi pokenav, apara alertar a las autoridades en caso de que aún no estuvierán al tanto de lo que sucedía, pero la pantalla del aparato solamente mostraba un gris de estática.


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  11. Yuki Tiger

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    Cuando alcanzamos la puerta que daba acceso al segundo cuarto de grabación, le indiqué a Alex que dejará ir al pobre Rattata. El pequeñín temblaba de miedo. No esperó ni que los tentáculos de la medusa lo soltaran por completo, se libró de ellos en cuanto sintió que la presión sobre su cuerpo disminuía y bajó las escaleras corriendo como alma que lleva Giratina. No le di mucha importancia. Lo más seguro es que regresaría con la chica extraña que parecía darle las órdenes a los roedores y, de hecho, esperaba que me siguieran en vez seguir escaleras abajo.

    No perdí más el tiempo. Guardé la máquina que le quitamos al roedor en el bolsillo de mi abrigo. Decidí que lo inspeccionaría luego de encontrar a Tyrell. Con cuidado abrí la puerta y pasé el umbral. Muy tarde me percaté de mi error fatal. En la habitación solamente había una luz encendida, y está iluminaba a alguien vestido completamente de negro. Para cuando me dí la vuelta, en un intento de escapar, la puerta se cerró de golpe. De atrás de la figura salió un Kadabra. Su cuchara estaba cargada de energía psíquica, misma que utilizó para impedir mi huída.
    —Ahora no te podrás escapar, señor— comentó la misma voz femenina que del piso anterior. ¿Pero cómo demonios logró subir aquí antes que yo, cuando en ningún momento se escuchó el sonido del elevador al accionarse? La sorpresa debió reflejarse por completo en mi rostro, pues la señorita soltó unas divertidas carcajadas mientras cubría su boca, o al menos el sitio donde debía estar su boca, con una de sus manos, en gesto de delicadeza —Me sorprende que te consideren alguien inteligente. Obviamente te estarás preguntando cómo llegue aquí. Mi Kadabra...— y acarició al pokémon entre sus orejas. El amarillo cerró sus ojos, encantado por el gesto de cariño —...usó teletransportación para llevarnos aquí. Me alegra ver que deduje bien que vendrías aquí. Y ahora la pregunta es, por qué.

    —¿Quiénes son ustedes, para quién trabajas, señorita?— pregunté, ignorando la anterior coartada de la mujer frente a mí. Metí mi mano en el bolsillo donde tenía las balls de mis compañeros, tan casualmente como pude. Sostuve el transporte esférico de Hama, mi amiga llavero.
    —No tendría nada de gracia si te lo digo de inmediato, ¿no crees?— el tono travieso en su voz me ponía de los nervios. Estaba agradecido con la baja temperatura que había en el lugar, ya que así mis nervios no podían traducirse en gotas de sudor recorriendo mi frente. Eso sí, rogué por que el cachorro no estuviera en este sitio, pues sería complicado ponerse a buscar cuando una criminal está vigilándote —Y bueno, tengo órdenes de capturar al felino de este lugar y… no importa— el extraño silencio entre sus palabras, como si hubiera estado a punto de decir algo pero al final se arrepintió —En fin, vas a decirme lo que quiero saber, o sí no...— chasqueo su enguantada mano y las luces se encendieron, cegándonos a Alex y a mí por unos breves segundos. Y cuando recuperamos la visión nos vimos nuevamente rodeados por un ejército de roedores. Eran muchísimos más que antes.

    —Lo siento, pero paso— arrojé la ball de Hama justo cuando los soldados de bolsillo se acercaron con intenciones de atacar —¡Hama, usa cerrojo feérico!— al emerger de la esfera, el duende travieso utilizó el movimiento que le indiqué, inmovilizando momentáneamente a nuestros contrincantes. Al ser tan pequeños, el efecto pudo alcanzarlos a todos.
    —¡Ki!— gritó la de acero, agitando sus llaves en señal de burla.
    —Kadabra, ¡usa tu psicorrayo!— grito nuestra rival apuntándonos con su dedo.
    El rayo mental golpeó a Hama de forma irremediable. Pero eso no pareció causar muchos estragos. Luego de recibir el movimiento, la duende de acero agito su pequeña cabeza y se acercó velozmente al de tipo psíquico. Ya intuía lo que estaba por indicarle, yeso me ponía feliz.
    —¡Usa fijar blanco!— con ese movimiento sabía que los ratones se librarían del cerrojo, así que rápidamente hice que Alex esparciera púas tóxicas en nuestro alrededor, para así evitar que pudieran acercarse de forma sencilla.
    —¡Eso no te servirá de nada! ¡Usa ahora psicoonda!— gritó la mujer. La confianza en su tono sugería que creía firmemente en su victoria, y eso sería su perdición.
    —¡Onda trueno!— Hama flotó a un lado, esquivando el ataque del Kadabra y luego lo atacó con sus descargas eléctricas, que comenzaron a recorrer su cuerpo. Ni siquiera cuando el psíquico saltó hacía atrás, para evitar el ataque, pudo hacerlo. Y todo gracias a que ahora no podía fallar.

    Y puesto que huír por la puerta ya no era más una opción, llamé a Sole. La piña de deportes extremos nos ayudó a desplazarnos hasta el elevador con sus poderes psíquicos, mientras Hama detenía a todos de nuevo con sus poderes de hada y Sole con su poder de hacer más fuerte la gravedad. Mientras se cerraba la puerta del aparato de transporte vertical Hama se burló de todos los presentes, agitando sus llaves y poniendo una mueca graciosa. La rabia de la mujer podía entreverse incluso detrás de su máscara, pues apretaba con fuerza sus puños.

    Pero gracias a ella me puse a pensar en lo peligroso que era este grupo criminal. Sí podían tener a tanto pokémon a su disposición, además de tecnología, no se trataba de alguien a quién podía menospreciar. Por lo que programe el ascensor para saltarse la planta baja y así subir directamente a las oficinas. Además, junto a mis amigos pokémon comenzamos a trazar un improvisado plan para cuando saliéramos del elevador.


    ShulmanShulman Se me acaba el tiempo para terminar ewe Desgraciada universidad jaja
     
  12. Autor
    Shulman

    Shulman No sé, me sabe a mierda

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  13. Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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