Oneshot [Candy Candy] Gritos Silenciosos

Tema en 'Zona creativa' iniciado por Alexie, 30 Ago 2017.

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    Alexie

    Alexie #Åηⅾ⑂

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    Después de pensarlo terminé en animarme a realizar este oneshot escueto por pura idea de pensar en una situación un poco extraña…Me gusta jugar con los personajes, esto es parte de una historia que estuve trabajando pero no le di avance.

    Es una historia completa que pensé hace mucho. Esto solo es un fragmento como un OS

    Aclaro que renuncio a los derechos del anime/manga de Candy Candy. Este OS es hecho para fans de la serie.

    Personajes: Terry y Candy
    Tipo: Oneshot


    Gritos Silenciosos

    ***

    Estuvo sentado, mirando con desasosiego el cielo de primavera a través de la ventana de su hogar. Se mantuvo callado, ni siquiera supo en que momento las cosas dieron un giro abrupto en su vida. Sencillamente comprendía que los deseos o ideas siempre salían como uno lo planificaba.

    Saboreó el licor frio que estaba depositado en su copa. Necesitaba ahogar también el pasado, las esperanzas de que volvería pese al cariño enfermizo que sentía por ella. Tal vez esa era la razón del porque se dio al abandono, del porque dejó de lado gran parte de su vida, la razón de su comportamiento frívolo y taciturno.

    Porque aún le hacía difícil quitarse de la mente el recuerdo. Alejarse de los padres, aventurarse a vivir una vida, juntos. Caminar el mismo rumbo, planear un futuro. Esposos. Hijos. Un todo.

    Un gran todo, porque ella era su todo.

    —Si pudiera cambiar todo esto, solo sería un fragmento de un día en particular—pronunció, elocuente. Terry Grandchester dio un sorbo con precipitación la bebida—; creo que puedo aceptar la razón verdadera del porque no vuelves. Y eso que lo prometiste.

    A sus veinticinco años, Terry mantenía una vida estable, en apariencia. Relaciones de trabajo lo mantuvo a raya, pero situaciones personales era un caos completo, una gran revolución de preguntas y razones del porque ella no volvía. ¿Acaso era tan orgullosa después de todo? ¿Lo abandonó solo porque aún no se sentía listo para casarse?

    Y muchos le habían dicho que no era una mujer correcta para alguien como él. Si bien el proceder de una prestigiosa familia era lo que a su madre más le importaba, el problema del que dirán apuntaba directamente en él por ser hijo único.

    —Ya no es tan difícil de entender a Albert—musitó al ver el cristal de su ventana, las gotas de lluvia empezaban a invadir el ambiente, desplazando el buen clima—. A estas alturas tal vez deba enfocarme únicamente en mi trabajo.

    Mentiroso.

    Llevaba más de un año en el mismo asunto y la misma excusa y las mismas promesas. Cambiar. Le era imposible hacer tal cosa, la llevaba clavada y atravesada muy dentro de sí. Era una pena que Susanna fuera tan bella pero fría como un precioso cristal.

    —Nadie entienden al corazón, ni la razón lo domina—masculló al darse cuenta de su debilidad y mediocridad—No creo que podamos resolver nuestra vida después de todo.

    En la sala, Terry se mantuvo quieto sin esperar una noticia más. Sintió el vibrar de su celular, sabía que ella volvería con la misma frase de "lo siento, tengo mucho trabajo", hasta le parecía un simple copia y pega que esa mujer hacía para ocupar todo su tiempo en qué sabrá Dios.

    Un trago más.

    Un descenso más al infierno.

    Un viaje sin retorno.

    Susanna. Esa mujer era todo lo que un hombre podía desear, pero era muy superficial. Fina. Exquisita. Educada. Venenosa. Mortal. Astuta y muy osada. Sin embargo, poseía el corazón frio, un alma vacía de emociones que poco le importaba lo ajeno, salvo lo que vivían a su conveniencia.

    Tal vez en esos seis años de relación le hizo entender que el mundo solo regía en ella. Grave error. Terry era el tipo de hombre que todo lo daba, sin esperar nada cambio salvo humildad, cariño y fidelidad. Nada más. No dinero. No posición social. No belleza física llena de cirugías.

    Solo compañía, comprensión y amor.

    Lo que Terry necesitaba era una pareja que aliviara su corazón con caricias, lo oyera y lo amara sin interés de por medio.

    Y nuevamente el vibrador del Smartphone volvió a interrumpirlo. Susanna estaba acostumbrada a que él respondiera a la brevedad. Era una buena estratega.

    Lo ignoró.

    Insistieron por segunda vez. No tenía caso. La molestia de una tercera, luego cuarta y por una quinta vez lo llevó a gruñir con fuerza. Tan pronto se dio cuenta que no eran mensajes, sino el aviso de llamadas.

    —Albert, juro que te sacaré un dedo si vuelves a meterte en…—masculló al coger el móvil y recibir la llamada. Llevó el aparato hacia su oído sin ver la pantalla—. Ahora no estoy disponible, llama mañana.

    —Lo siento—el interlocutor titubeó. Terry entonces se dio cuenta de que no se trataba de su problemático y rebelde mejor amigo—. No quise ser una molestia.

    —Candy—pronunció con el inútil intento de sonar un poco más relajado y educado—. Disculpa la grosera manera de responder. Tengo un dolor de cabeza, espantoso—oyó un gemido de la fémina—. No es grave, es el estrés del trabajo, ¿puedo saber la razón de tu llamada?

    Silencio.

    El sonido de la lluvia se podía oír desde el otro lado. El claxon. Pisadas. Terry supo que la joven rubia estaba en la calle bajo la tormenta.

    Sus ojos se enfocaron en su persona a través del cristal, por un momento su problema íntimo se vio opacado al imaginar a la muchacha. Seguramente estaba de pie, con la estupefacción de que ese hombre que le desagrada estaba haciendo de la suyas.

    Era el motivo del porque Neal le irritaba demasiado, mucho más que antes. Ser lo bastante cruel con alguien que lo apreciaba con todos y sus defectos, y que precisamente ese alguien era la persona más sensata y cuerda que jamás conoció.

    — ¿Susanna sigue de viaje?

    La pregunta dejó anonado a Terry. Muy poco era de comentar sus problemas, pero si alguien sabía de la verdad a todo esa noticia de "viaje de profesión" era Candy. Porque ella sí comprendió que todo ese año, Susanna nunca se fue para seguir educándose sino por razones que él no quería aceptar.

    Una vida aventurera.

    Un hombre con las mejores cualidades.

    Un tipo que le gustaba una vida fácil y sin reglas, tal como a ella le fascinaba.

    —De no estarlo, te lo hubiera comentado.

    Nuevamente el bullicio perturbó a Terry. Un silencio profundo de su interlocutora. Algo no estaba bien.

    —Debe de estar helando—dejó la copa de licor sobre la mesita, buscó su saco y se colocó su reloj—; si veo a Neal haciendo de las suyas a cuesta tuya, esta vez no me contendré. Busca un lugar cálido y me informas. Iré a recogerte.

    —Deil Coffee.

    —En cinco minutos.

    Era el tiempo que él midió con la fe de llegar más antes y nuevamente tratar de hacerle entender a esa tierna muchacha que Neal no era un buen tipo, que no lo merecía y cuestionarle la razón del porque seguía a su lado. ¿Acaso era una masoquista sin remedio? A esas alturas ya no entendía a las mujeres.

    La mayoría de féminas prefería al hombre rudo que rompía reglas y solo sabía tratar mal a los demás. Algo así como cuando fue un adolescente.

    Sin embargo, Terry no llegó atinar de la razón de Candy. Ni en su más analítica mentalidad lo sabría.

    Y ella, bajo la protección de una cabina de teléfono, solo fue testigo mudo de lo que sus ojos verde esmeralda apreciaban. Vaya ironía. No debía ni siquiera de sentirse mal, ni llorar, ni lamentarse. Desde un principio, desde todo ese enredo maldito de palabras y evidencias, se lo habían advertido, Neal jamás sería un buen hombre, ni siquiera en un buen juego de palabras.

    Ella había conocido a muchas señoritas que fueron pruebas vivientes de la maldad del señor Leagan. El ejemplo perfecto de que mientras más amor peculiar le otorgaras, solo se encargaba de destruirlo, sin más, sin miedo, sin piedad. Lo que Neal tocaba siempre destruía.

    Sin embargo era consiente de todo eso, y por mantener sus penurias y secretos debía "jugar" en el mismo sentido que lo hacía Neal. ¿Por qué razón hacia eso? ¿De verdad era masoquista? ¿A qué punto debió rebajarse?

    "—Cuando se llegue a enterar que tú estás atada a mí, se alejará de ti. Para siempre."

    Todavía recordaba esas palabras, era un martillero duro de sostener; difícilmente debía de contenerse y aunque muchos arrojaran una mirada de lastima, a ella le convenció de que no estaba bien lo que hacía, de hecho, sí tenía la conciencia. Su castigo solo era guardarse para sí esa injusticia.

    Su silencio era su voto.

    Su pena era sobrevivir. Siempre había una razón para cometer acciones ajenas a una persona. Siempre. En cualquier dimensión, siempre la había.

    "—Ella está por encima de ti, en otro plano—amenazó, su rostro se modificó a un punto que desarmó por completo a la chica—; pero soy generoso así que no se te vería mal como una soñadora intentando alcanzar un premio. Y si lo haces bien—selló los sobres de carta—, será un buen juego. Ni tú ni yo nos lastimaremos, aunque alguien perderá más"

    Engulló con fuerza la saliva. Hastiada de ese juego al gato y ratón, no supo si podía aguantar hacer humillaciones predilectas para Neal. No era estúpida, por amor y revelar una verdad la llevó enteramente a ese juego.

    La condición en que vivió. En la manera en que fue vendida a un hombre como el castaño. Por amor a esas personas humildes que la amaban. Por su mejor amiga. Por ellos, por ese valioso sentimiento, por esa razón aguantaba todo. El tener poder monetario como Neal hacia que las de clase menor bajaran la cabeza. Y tristemente, Candy conoció que ese hombre perteneciente a una la prestigiosa familia poseía dominio en todo lo que se le antojara, no importaba las condiciones, para Neal no existían las barreras. Déspota y cruel. Él era muy distinto al señor Terry.

    Lo que a ella respectaba, el castaño era todo lo opuesto a muchos tipos que conoció con una simple mirada, por eso tenía sentido que muchas mujeres codiciaran demasiado al hombre. Así el tener respuesta del porque Susanna Marlow apuntó los ojos en él. Conquistar a un hombre como Terry era un logro y una meta difícil de llegar.

    —Y una vergonzosa situación si se lo hubiera dicho desde un inicio—musitó al ver a una pareja en una situación poco moral bajo la lluvia—. Mi error, el no poder ser más valiente.

    Solo le quedó observar a Terry desde lejos, y a decir verdad no comprendió como es que ambos pudieron cruzar caminos en una cafetería donde ella trabajaba como mesera. No lo reconoció al principio pues este utilizó un disfraz para ocultar su apariencia. Nadie de buena familia arribaba a una cafetería de clase media.

    De un intercambio de palabras. Surgió una presentación.

    Luego una frecuente conversación. Horas de risas. Días de pláticas. Y poco a poco se conocieron hace ya más de un año. Terry fue generoso en ayudarla en muchas cosas, entre ellas darle la oportunidad de estudiar en un buen lugar, darle la mano cuando su humilde familia atravesaba presiones económicas y moral. Tal vez sin ese apoyo, su mejor amiga a la que consideraba su hermana no hubiera conseguido un trabajo donde sustentar una vida sin presiones y preocupaciones desmedidas.

    —Mi primer error—suspiró, no sabía si era molesto ver a la pareja o seguir cautiva en la cabina telefónica. Tenía que irse de allí—. Segundo: fijarme en un hombre comprometido. Tercero: confundir los tratos de él hacia mí.

    Una lágrima traicionera escapó de los ojos de Candy. No sabía cuál dolía, el hecho de ser tratada como un objeto o admitir lo que guardó por ese tiempo como un secreto. Ya no tenía idea de nada. Solo deseaba ser libre, tal vez lo que su mejor amiga le aconsejó sobre ser sincera consigo misma se aplicaba allí mismo.

    Apoyó el cuerpo sobre el cristal, metió las manos dentro de su abrigo. Volvió a llorar. A él lo quería pero no le era posible de admitirlo abiertamente, y Neal supo aprovecharse de esa situación a su mejor manera.

    —Sí, jamás seré como ella.

    Engulló la saliva, ahogó el grito esperando que no tocaran la puerta para que saliera de allí aunque con la tormenta nadie tendría las ganas de hacerlo. A no ser un desafortunado del corazón como lo era ella.

    —No se lo merece. Ella no merece a alguien como él.

    Llevó las manos hacia su rostro, se acuclilló. Era duro admitir que dejaste pasar situaciones hermosas de tu vida por miedo, por guardar secretos, por timidez, por mirar a alguien que solo seguía enganchado en todos sus sentidos en una mujer.

    Alguien muy distinta a ti. Superior en todo.

    —Si volvió después de todo.

    Candy abrió los ojos por la voz masculina. Alguien más entró a la cabina. La persona que no deseaba ver en esos momentos.

    —Rastreador de llamadas—contestó como si leyera la mente de la rubia —. No quise admitir que ella salió a buscar una aventura. Ahora entiendo porque eres tan masoquista—se quitó su saco, cerró la puerta y se sentó en la misma posición de Candy—; me preguntaba porque te empinas en estar con Neal sabiendo que te trata muy mal, y no me di cuenta que estaba como tú. Y vaya coincidencia, ellos tenían lo suyo.

    La sonrisa de Terry estaba cargada de molestia, pena y dolor. El ver a esa pareja, quienes eran su peor enemigo y la mujer que se suponía iba a convertirse en su esposa, llevaban una aventura tal vez de años. Lo comprendía, ambos poseían el mismo pensamiento y con el mismo carácter. Que idiota fue creer que ella si sería fiel aun a pesar de sus personalidad pesada y quisquillosa.

    —No me sorprende que Neal haga de las suyas—dijo Candy abrazando sus piernas, mirando de soslayo al hombre—, siempre ha sido así. No me afecta en lo absoluto.

    —Es un poco contraproducente, no tendría sentido entonces que estés llorando.

    —Bueno…—oh no, no estaba segura si era momento de romper esa farsa y decirle toda la verdad. ¿Y sí él lo malinterpretaba? ¿Si llegaba a creer que todo eso era montado y que ella también tenía parte en todo ese asunto? —, es que es frustrante estar en esta situación y darme cuenta que tiré tiempo de mi vida en él.

    —Y yo los seis años. Mira quién es el que pierde más.

    Ella era la que más iría a perder, lo sabía y él lo ignoraba. No sabía qué hacer, decirle la verdad de todo, de declararle que siempre estuvo enamorada de él y jamás de Neal, y el hecho de estar a su lado solo fue por motivo de chantaje y procurar no destruir a otros y menos una amistad con él.

    —Esto debe dolerte, y mucho.

    —Lo bueno es que fue antes de cometer el atrevimiento de casarme—sonrió y metió la mano en un bolsillo—. Se lo iba a decir, para que crea que estoy yendo enserio pero entiendo del porque siempre pasan las cosas cuando menos te lo esperas.

    —Por lo menos ni la dejaste esperando un hijo, sería peor.

    —Dividir herencia. Juicios. Es todo un dolor de cabeza—suspiró el hombre apoyando la cabeza sobre el hombro de su confidente, la cual no pudo evitar sonrojarse—. Me alegra que las cosas resultaran así, creo que es momento de empezar desde cero ¿no?

    —Susanna pegará el grito al cielo cuando lo sepa.

    —Tal vez hasta me anime en darle una cucharada de su propia medicina—Terry sacó su móvil, el vibrador le dio alerta de un mensaje—"He tenido un día muy cansado cariño. Voy a dormir. Seguro que allá todavía no es de noche pero aquí lo es. Hablamos en otro momento"

    Candy se mordió el labio inferior para contener la risa. El tono de voz que él usó fue tan femenino como imitando a Susanna.

    —Es muy relajada y atrevida.

    —Sería divertido devolverle esta mala pasada. Alguien debe darle un castigo—tocó la pantalla de su móvil, escribía la respuesta al mensaje—. Ya se me ocurrirá algo. Por ahora quiero comer, ducharme e irme a dormir. Mañana me tomaré el día libre—se puso de pie, estiró la mano hacia la rubia—; vamos a mi departamento para cenar. No creo estar cuerdo hasta no caer dormido así que necesito a alguien sensato que este conmigo.

    Candy se puso colorada. Estaba feliz que él diera por final su relación con Susanna pero temía lo que pudiera hacer en modo de venganza. Es que seis años no se iban así de simple. Era una gran herida que se abrió en Terry.

    Y ella era masoquista. Soportaría por él, porque él valía la pena.

    —Avisaré a mi hermana para que vaya a casa.

    —Más bien pídele que evite encontrarse con Albert, no creo que tampoco esté de ánimos para esos dramas que las mujeres saben mejor hacer —bromeó aunque su pensamiento era el correcto. El heredero Ardley poseía una fuerte convicción de que la joven hermana de Candy iba a volverlo loco—. Ese hombre terminará tras las rejas por mostrarse tan molestoso con señoritas que podrían ser su hija.

    —No me hace gracia que el señor Albert que la frecuente. Es incómodo—suspiró al tocar la mano de Terry—; es imposible creer que sea tío de Anthony.

    —Me pregunto si Albert solo molesta a tu amiga por herir a su sobrino o de verdad hay algo más en todo ese asunto—cubrió los hombros de su amiga con el saco—. Sin embargo a ese tipo solo le hace falta tacto y amabilidad para llamar la atención de tu hermana, después de todo es como tú en un sentido mucho más tierno.

    Candy se sonrojó a tal punto que Terry soltó una risilla. La tomó de la mano y ambos siguieron el camino hacia el auto del hombre dejando atrás el glamuroso hotel de construcción barroca, donde esas dos personas seguramente se encontraban jugando en alguna de esas habitaciones.

    Candy suspiró en el intento de ocultar su nuevo problema. Si de verdad deseaba alejarse de las emociones y sentimientos amorosos, con Terry a su lado sería imposible y muy seguro de que el puente de amistad entre ellos terminaría por destruirse.

    Tal vez ya era momento para ella ser libre, alejarse de los problemas y empezar desde cero. Quizás confesarle a Terry no iba a ser malo pero por ese tiempo que restaba del día no era posible ser sincera.

    Mañana sería un mejor día.
     
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  2. Mario Uzumaki Fanfics

    Mario Uzumaki Fanfics Escritor de Fics como Caballero

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    Si me buscas tu a mi... me podras encontrar
    Candy candy jaja
     

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