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Misión A Boda de pesadilla | Hikyoko

Tema en 'Naruto World' iniciado por Hevans~, 28 Dic 2016.

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    Hevans~

    Hevans~

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    Las bodas entre personas famosas siempre eran un gran evento. La unión de la hija del daimyo y uno de los mayores comerciantes de Modan había sido anunciada con anticipación y las invitaciones enviadas a quienes realmente eran necesarios. Solo la crema y la nata del continente podría asistir a tal evento a presenciar la unión de dos de las cosas más poderosas del mundo, era algo que no podían perderse. Los invitados tendrían que separar varios días de sus importantes y llenas agendas, la fiesta duraría cinco días, de miércoles a domingo, terminando con una ceremonia normal bajo el solsticio de invierno como simbolismo al inicio de una nueva y fuerte relación.

    Hikari Hatsume y Kyoko Hori, como Hokage y Primera Dama, además como herederos de sus clanes, habían sido convocados para tal importante fiesta. Sus mejores trapos habían sido colocados en sus maletas, algunos de ellos y otros comprados por la oficina de relaciones externas de Konoha (?), para que se lucieran y dejaran en alto el nombre de su aldea de proveniencia.

    En cuanto arribaron a la mansión del Daimyo, no demasiado lejana de la localización de la Hoja por cuestiones de protección y comunicación, les fue inevitable observar la gran cantidad de gente; no solamente se referían a los invitados, sino a toda la seguridad que se podía ver en el lugar. Guardias en las puertas, encima de los muros, recorriendo los enormes jardines y de vez en cuando mostrándose por los ventanales de la mansión realmente se estaba tomando en serio la seguridad del evento. Inclusive ellos y su equipaje habían sido revisados, solamente permitiéndoles entrar con ciertas armas no tan vistosas luego de una queja por parte de Aoi y una discusión entre el Nidaime y el Feudal.

    Una habitación de tamaño considerable y con una hermosa vista hacia el patio principal, donde la mayoría de las celebraciones serían llevadas a cabo, fue el lugar que le fue otorgado a la pareja de novios para su hospedaje. Solo bastó que las maletas tocaran el piso de su vivienda temporal, luego de ser apoyados por empleados domésticos del lugar, para que el dorado tuviese a la peliazul con la espada contra la pared y sus piernas redondeando su cadera. Sus labios se unieron con fuerza mientras sus lenguas tenían una lucha por el dominio sobre la otra, una de las palmas del galeno apretó la nalga de la kunochi causando que esta emitiera un gemido, momento que el joven aprovechó para ganar aquella lucha de dominación y sumisión.

    —No debiste estarme provocando en el camino— susurró el del chakra arcano, recorriendo con sus labios aquel cuello níveo que se presentaba ante él. — Mira ahora lo que te has ganado.

    —Justo lo que quería—
    sonrió Aoi, para luego dar una fuerte mordida en la unión del cuello y el hombro de su novio, provocando en él un gemido de tanto dolor como de placer.

    —¡El evento inicia en una hora! — se escuchó informar por todo el pasillo.

    Los jóvenes solo bufaron con decepción, una hora no sería suficiente para nada de lo que tenían en mente.

    Luego de una ducha compartida wink wink y de vestirse en los quince minutos que les quedaban antes de iniciar la fiesta, los dos ANBU descendieron por las largas escaleras hacia el salón principal. Kyoko se encontraba portando un kimono de un color azul…variable, como si varios tonos del mismo se juntasen y le diesen una nueva forma; un patrón floreado multicolor adornaba diferentes partes de la vestimenta, un cinturón rojo marcaba aún más su cintura y un tessen se encontraba manteniendo su peinado. Su futuro marido vestía una yukata de un color azul marino que casi podía confundirse con negro, con un ligero patrón de nubes en un azul menos notable.

    Ambos fueron presentados a los invitados, con títulos y hazañas, para luego ser permitidos a avanzar plenamente al salón. Tuvieron que esperar a que los demás invitados y sus presentaciones terminaran para poder iniciar la celebración. Parecía que todos tenían que ser presentados de la manera adecuada a sus títulos ante la sociedad.

    —Hoy es el primer día en el que celebraremos la unión de mi adorada hija Lichita con su futuro esposo Gabriel Francisco José.

    —Tiene cara de ass—
    susurró la jinchuriki de Konoha a su novio ignorando completamente las palabras del viejo Feudal.

    Su novio solo se rio por lo bajo, pasando su brazo por la cintura de su novia y acercándola más a su cuerpo. Ambos hicieron pretender que estaban escuchando la sarta de cosas que el Daimyo decía, mas simplemente se la pasaron conversando y mostrando imágenes en su cabeza por medio de la vieja confiable de Rinku.

    En cuanto el discurso terminó y la comida fue servida, algo realmente exótico que no parecía ser comestible, pero que resultó delicioso para el paladar de los presentes poco acostumbrados a tales platillos, se inició el baile. A pesar de las protestas de la Koton de no saber bailar, Porcelana tomó su mano y la obligó a que se levantara y fuese a bailar con él. Con algo de dificultad iniciaron aquella danza, mas solo fue cuestión de unas cuentas equivocaciones más para que la kunoichi aprendiese los pasos y desarrollase memoria corporal. Ambos se encontraban sonriendo el uno al otro, disfrutando aquellos momentos como si solo ellos estuviesen en aquel lugar.

    La concentración del rubio se rompió en cuanto una alerta, como si de sentido arácnido de spiderman se tratase, apareció en su sensor. Inmediatamente las luces fueron cortadas inundando el gran salón en profunda penumbra. Los gritos y expresiones de preocupación no tardaron en escucharse, impidiendo que la pareja de ANBU pudiese escuchar, luego de tener visión nula, lo que pudiese estar pasando.

    La iluminación regresó en menos de un minuto, empero los gritos no desaparecieron, de hecho aumentaron cuando observaron hacia el frente. Un cuerpo se encontraba atado de su cuello y colgando desde el enorme candelabro, múltiples armas se encontraban clavadas en su cuerpo y desde allí corrían hilos de sangre que manchaban de carmesí el pulcro piso bajo él. Lo peor de todo fueron las palabras escritas en la pared cercana a la mesa principal “Este es solo el inicio”, hechas probablemente con el mismo líquido vital.

    —¡Cierren hermético de toda la zona! ¡Ahora! — se escuchó decir al guardia que acompañaba al Feudal del Fuego, al mismo tiempo que lo retiraba del lugar.

    Seiya, gracias a sus habilidades por las que era reconocido, pudo sentir como algo se alzaba por todo el lugar y se unía formando una especie de domo. Los habían encerrado con algún Kekkai jutsu.

    Kari WalkerKari Walker

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    Kyoko Hori
    Hikari Hatsume
     
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    El caos entre los civiles fue inminente, pues la exposición del cadáver les impresionó demasiado; los gritos se apoderaron de la gran mansión y la gente corría de aquí para allá en su afán de huir del peligro, mas era imposible debido a las barreras exteriores que los mantenían acorralados junto con el o los asesinos, probablemente. Aquellos no civiles, quienes solamente eran Hikari y Kyoko (salvo por los guardias del Damyo) se mantenían en guardia, sabiendo que era su responsabilidad encontrar la calma para el resto y, por supuesto, encontrar al culpable de tan nefasto acto. Ambos se miraron con seriedad, asintieron y al final saltaron, cada quien yendo a inspeccionar por su lado. Recurrieron a sus siempre fieles invocaciones, plus la sensibilidad que tenía Horu para encontrar actividades sospechosas en las proximidades. Por su parte, el Feudal del Fuego yacía en el centro de la pista de baile, sintiendo la presión de su histérica hija Lichita que le demandaba soluciones.

    —¡Papi! ¡Tienes que hacer algo! —Exclamaba la mimada una y otra vez, dando patadas en el suelo en medio de su rabieta. Su prometido la sujetó de los hombros para tranquilizarla, mas no lo logró ya que ella le dio un cabezazo y lo apartó —. ¡No puedo calmarme!
    —E-está bien, cariño mío… —
    Pronunció Gabriel Francisco José, tirado en el suelo con un chorrito de sangre escurriendo por su frente y una sonrisa nerviosa/sumisa.
    —Lichita, hija, te prometo que esto no se quedará así —el padre acercó su mano al rostro de la llorona, para limpiar una lágrima con su dedo —. Papi se encargará de atrapar a ese malhechor para que tu boda se realice sin problemas —y con eso se refería a que nuestros ninjas protagonistas lo harían —. Ya no llores.
    —Confío en ti, papi.

    Justo donde se hallaba el muerto estaba Hikari, precisamente encargándose de examinar el cuerpo. Le quitó la soga que lo hacía balancearse y lo apoyó en el suelo, colocando sus manos en su pecho. Tras una revisión rápida, el médico percibió que el hombre, tío segundo de la próxima a casarse, no sufrió durante su asesinato, uno muy veloz y ciertamente muy certero, ya que las armas estaban clavadas en puntos que acelerarían el fallecimiento. Algo así de fino tenía que ser hecho por un asesino de gran nivel, claramente un ninja; un común y corriente no lograría perpetrar un asesinato hábil como ese mismo. El rubio suspiró, pues no había huellas ni alguna otra pista que le ayudara… Todo estaba limpio, salvo por la sangre.

    A su lado llegó Hori tras un salto, para informarle que todo el mundo estaba en la pista de baile. Nadie más se encontraba en las habitaciones ni en los pasillos, así que él o los asesinos tenían que estar ahí mismo si no habían logrado escapar antes de la realización del domo protector.

    —Ya veo —susurró el Hokage, acto seguido, ordenó a los asustados sirvientes que recogieran el cuerpo y lo llevaran a alguna habitación para que lo limpiaran.

    Más tarde se encargaría de hacer lo necesario para mantener el cuerpo en óptimas condiciones hasta que lograran sacarlo de la mansión, cosa que intuía no ocurriría pronto. Lo supo al hablar con el Feudal, media hora más tarde. Absolutamente nadie podía entrar ni salir hasta dar con los culpables de intentar arruinar la importante celebración… Claro, también por haber asesinado a su primo, que ya estaba bajo el cuidado de Kami-sama. El acaudalado hombre pidió la palabra, llamando la atención de los histéricos asistentes, para darles a conocer su decisión (algo que por supuesto no les agradó en lo más mínimo) y decirles que no se preocuparan, porque el mismísimo Hokage, Hikari Hatsume, se encargaría de los asesinos y de proteger la integridad de todos los presentes.

    —Y por supuesto, también la ninja esta —se refirió a Aoi con desgano, causando que una vena se marcara en la sien de la ignorada (algo así como su dueña con el staff del rol) —. ¡Así que disfruten de la fiesta, pues todavía quedan cuatro días más de diversión!

    Expandió sus manos y se enalteció como si de un Tony Stark se tratara, no obstante, no recibió el sinfín de aplausos que esperaba. En su lugar, los cuchicheos abarrotaron la sala. Fastidiado, el Damyo dio un fuerte pisotón en el suelo para dar a entender que quien mandaba ahí era él.

    —¡Que disfruten, les digo! —Demandó, obteniendo un incómodo “¡Sí!” al unísono. Los dos ANBU de la Hoja se miraron entre sí, expresando con la mirada que tenían el mismo sentimiento al respecto: Que situación tan molesta.

    Horas más tarde, el bullicio histérico se hubo calmado y los invitados a la boda larga danzaban por toda la pista como si nada hubiese ocurrido. Qué fácil era para los comunes y corrientes el olvidar las situaciones malas que ocurrían y hacer como si nada hubiera pasado, ¿no? Algo así como en la vida real. No obstante, mientras ellos festejaban como si nada, los ninjas de Konoha se encontraban investigando a lo largo y ancho de la enorme mansión pero con más paciencia, sin nada que los apresurara. Claro, tenían que evitar que mataran a alguien más, pero eso no ocurriría en las próximas horas, dado que los asesinos no eran idiotas (aunque habían dejado un par de clones de sombra en la pista, por si las moscas). Los antiguos integrantes de WTF (y pásenme mí pañuelo, porque una agua extraña me está saliendo por los ojos, bien raro) se dirigieron a los sótanos de la residencia para inspeccionar el sistema eléctrico. El lugar era oscurísimo, sin ningún tipo de vigilancia, siendo fácil inmiscuirse sin ser descubiertos... Sea lo que fuera que se hiciera en ese sitio tan íntimo.

    —Espera, alguien nos va a descubrir… —mencionó la fémina con dificultad, ya que su novio la tenía arrinconada contra la pared y lamía su cuello con desesperación. Ella gimió, causándole placer al muchacho.
    —Nadie vendrá. Mucho menos después de lo que ocurrió hace unas horas.
    —Claro, pero aun así…


    Ella no pudo seguir hablando, pues no pudo evitar emitir un gritito en cuanto sintió la mano de su pareja introducirse por una abertura de su kimono, con la total intención de posar su extremidad sobre los senos de la chica. Con suavidad los masajeó al tiempo en el que con su lengua exploraba la boca de su acompañante, siendo gustosamente correspondido por ella. La situación se iba poniendo cada vez más caliente conforme pasaban los segundos; tener relaciones en un lugar como ese, bajo toda la tensión a la que estaban sometidos… Debían aprovechar porque después de casarse se iba a perder la magia de lo “prohibido”. Sí… esa resolución llegó a la mente de la chica que sintió el miembro de su prometido frotarse contra su zona íntima mientras ella yacía con sus piernas alrededor de la cintura del joven.

    Sin embargo, una repentina luz intensa los hizo reaccionar.

    —¿Pero qué demonios? —Masculló Kyoko, recién llegando al sótano junto con Hikari. Este último había percibido la débil presencia de Lichita y Gabriel Francisco José en ese sitio, mas no se esperaba tal espectáculo. Inmediatamente su novia le puso una plasta metálica delgada sobre los ojos a modo de antifaz después de darse cuenta de que la hija del Feudal tenía una teta al aire.
    —¡¿Qué hacen aquí?! —Chilló la muchacha, siendo soltada por el abochornado muchacho que dio unos pasos hacia atrás, no sin antes ser cegado por unos instantes gracias al Raiton: Kaminari Ko.
    —Eso deberíamos preguntarles a ustedes —respondió Seiya, serio y a ciegas —. Quítame esto —le pidió a Hori, refiriéndose al antifaz hecho a las prisas. Era ligero pero estaba pegado sobre su piel.
    —No —dijo la peliazul tajante, observando a Lichita acomodarse el kimono con vergüenza. Luego posó sus orbes en el tipo, Gabriel Francisco José, quien se cubría la parte del pantalón donde se notaba un bulto —. Ustedes dos váyanse de aquí y quédense con las demás personas, la calentura puede esperar hasta que atrapemos al asesino.
    —¡¿Qué?! —
    Exclamaron al unísono, avergonzados.
    —¡Largo! —Exigió la kunoichi por última vez, alzando el puño.

    Los próximos a casarse se sobresaltaron y corrieron hacia las escaleras, aunque el muchacho lo hizo con dificultad porque tenía los pantalones desabrochados y, ante el nerviosismo, se le empezaron a caer. Antes de que abandonaran el lúgubre sitio iluminado con jutsus, Hatsume logró quitarse el antifaz de acero (o mejor dicho, la Jinchuuriki lo deshizo) y echó un último vistazo a la pareja de saludables muchachos; sus ojos azules (hasta ese momento) chocaron con los oscuros de Gabriel, mismo que hubo mirado a sus espaldas por inercia. El Hokage sintió algo ante eso, no sabía qué, pero le molestó.

    —Ese par de idiotas… ¿Cómo se les ocurre hacer eso en un momento como este? —La ninja lo sacó de sus pensamientos, por lo que puso su atención en ella y a lo que habían ido.
    —¿Y tú por qué me cubriste los ojos? ¿Te encela que llegue a ver a otras mujeres, aunque sea por accidente?

    El rubio quiso reírse de ella en lo que abría una puertita que ocultaba los circuitos de electricidad de la mansión Feudal. Sin embargo, su tarea se vio interrumpida en el momento en el que ella le dio un manotazo a dicha estructura.

    —Por supuesto que me pone celosa —espetó, con el ceño fruncido y el rostro muy serio —. Tú no puedes ver a nadie más que no sea yo —y a continuación, sus mejillas se tornaron de un color carmín que trató de ocultar con su brazo. Sus intentos se quedaron a medias porque el rubio se apresuró a colocar su mano, suavemente, sobre uno de los mofletes.
    —Nunca me ha interesado mirar a otras chicas —susurró con una sonrisa tan brillante que el corazón de Hori empezó a latir muy fuerte. El chirrido de la puerta de metal causó que ambos posaran sus orbes en ella… la cual estaba medio caída tras el golpazo no premeditado —. No me esperaba esto, pero excelente.

    El mandatario de la Hoja terminó de retirar la puertecilla para observar el montón de cables y circuitos que se alzaban ante ellos. Muchos cables rojos, azules y negros… Que fastidio. Por supuesto que nuestros protagonistas no conocían nada sobre electricidad y esas cosas, así que hubieran creído que no había nada sospechoso y que simplemente alguien hubo bajado la palanca de encendido/apagado mientras el asesinato se efectuaba; no obstante, el aparato que estaba conectado ahí, mismo que parecía ser una caja negra del tamaño de una piedra, les llamó mucho la atención. Tenía una luz roja que parpadeaba y una especie de antenita.

    —Sospecho que está conectado a algo más en la mansión, ¿pero a qué? —Inquirió el ANBU, mientras hacía unos sellos de mano para emanar ondas de chakra que detectaran cualquier aparato electrónico a unos 20 metros de distancia. No hubo nada, pues estaban en un sitio muy recóndito.
    —Esto me hace pensar que el asesino tiene un especie de control conectado a esto para poder manipular la electricidad a su antojo —Hori estaba adivinando pero sus palabras tenían sentido si es que el ninja que buscaban trabajaba solo, algo de lo que no estaban seguros.

    De la nada, la cajita negra comenzó a hacer un ruido molesto y la luz roja parpadeaba mucho más rápido. ¿A qué se debía?

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    Hevans~

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    Los dos ANBU se miraron unos segundos, sus ojos abiertos por la sorpresa y sus manos moviéndose de un lado a otro en busca de que podían realizar. Sus instintos shinobi, y todas las películas que habían visto en sus tiempos libres, les indicaban que aquella caja con la luz roja que parpadeaba seguramente era algún tipo de dispositivo electrónico con la capacidad de explotar; seguro una forma de deshacerse de quien encontrase la evidencia para evitar difundirse la información. El primer pensamiento que les venía era escapar de allí cuanto antes, una transportación facilitada por algún jutsu para evitar verse envueltos por la explosión; empero, si aquella cosa causaba daño en el lugar el sistema eléctrico también caería, el caos aumentaría y los asesinatos serían facilitados por aquel factor. Otras formas debían encontrar.

    Hikari tomó la mano de Kyoko entre las suyas y simplemente asintió, ambos sabían cómo debían proceder, Rinku nuevamente haciendo de las suyas. La de cabellos azules arrancó de un rápido movimiento aquel dispositivo electrónico, cuidando que ninguno de los claves de electricidad viniese adjunto y crearan más problemas. Mientras tanto, el Nidaime moldeaba y expulsaba el chakra necesario para la técnica. Ambos desaparecieron detrás de una luz brillante, para inmediatamente hacerse presentes en la habitación que ambos compartían: la cajita negra seguía parpadeando. Como si de misión imposible se tratase, con las escenas de cámara lenta y todo, la kunoichi se movilizó con velocidad hacia la ventana, la quebró con su codo y con la mayor de sus fuerzas lanzó aquel dispositivo hacia el cielo. Unos segundos después una gran explosión surgió desde el interior de aparato, efectivamente era una bomba.

    —Te parecerá raro, pero esta situación se me hizo extrañamente excitante— susurró el de dorados cabellos.

    Los brazos del joven rodearon por detrás la cintura de la controladora del metal, descansando sus labios contra la parte lateral del cuello de ella y comenzando a dar suaves besos y lamidas contra la pálida piel que se presentaba frente a sus ojos. Su novia, dejándose llevar por el afecto, solamente extendió su cabeza hacia un lado para darle mejor acceso a los labios de su amado.

    —Deberíamos hacerlo— mencionó entre sonidos de placer la heredera de los Hori—, ya.

    —Tus deseos son mis órdenes—
    respondió el galeno mordiendo el lóbulo de la oreja de su futura esposa.

    Una gota al mero estilo anime resbaló por la frente de Aoi, justo al lado de donde se encontraba aquella enorme vena marcada por el enojo que intentaba contener en esos momentos. Simplemente no podía ser verdad… ¿Cómo todo había terminado en esto? No se refería a esto con sus últimas palabras, pero Hikari se veía demasiado emocionado y contento con la acción como para detenerlo.

    —¿Tu personaje tiene bigote?

    ¿Cómo una proposición de tener relaciones sexuales había pasado a una emocionante -palabras de Hatsume- noche de juegos de mesa? Si ella fuese hombre, seguramente en esos momentos le estarían doliendo los testículos.

    La mañana llegó demasiado rápido luego de haberse quedado buena parte de la noche jugando diferentes juegos de mesa, la sangre competitiva de ambos no les permitía rendirse y darle el “trofeo” de ganador al otro. El rubio estiró su brazo izquierdo y bostezó con fuerza, su otra extremidad siendo utilizado como almohada y lugar para babear por la futura dueña de sus quincenas ninja. El movimiento no pareció despertar en lo más minimo a la de ojos grises, por lo que Porcelana comenzó a pasar sus dedos libres por el desnudo, por el top que estaba usando, abdomen de quien hubo robado su corazón. Los sonidos de pequeñas risas no tardaron en salir de la boca de la Primera Dama, mas el Nidaime no se detuvo, sino que aumentó la intensidad de sus movimientos hasta que de un momento a otro terminó en el suelo al ser empujado por la fuerza superior de ella.

    —He escuchado de mejores formas de despertar que esta— masculló el líder de la Hoja, levantándose y dándole un beso en la mejilla a la koton. Además, aprovechó para observar el pequeño parche rojo que había dejado en el cuello de la kunoichi.

    Se ducharon y se vistieron acorde al itinerario que les fue dado apenas llegaron. La segunda boda sería llevada a cabo antes del mediodía y, a petición de la novia chiflada y extravagante, sería algo diferente a las celebraciones usuales. Todos, realmente todos sin importar rango social, tendrían que vestir en pijamas ¿Por qué? Lichita mencionaba que toda boda formal también ocupaba un lado informal, aparte volvía más casual todos los arreglos matrimoniales y cosas que la alta alcurnia solía exigir. El Feudal del Fuego, como hombre mangoneable por los encantos de las mujeres, no pudo oponerse a su hija.

    Kyoko caminaba con un sonrojo sobre sus mejillas al lado de su futuro esposo, su pijama era realmente un mameluco de un gato que en un universo diferente era nombrado como Hello Kitty (?), las extremidades eran de un color rosa y motas blancas estaban por todos lados. La zona del vientre era totalmente blanca, solamente el tono de blanco diferente de los botones resaltando. El conjunto también contaba con un gorro añadido, mismo que contaba diseño de ojos, orejas y bigotes de gato. El galeno no pudo evitar besar ambas mejillas de su novia, luego sus labios, al ver tan tierna imagen en ella.

    Hikari, al no poder ir desnudo al evento debido a leyes morales y a los celos enfermizos de su novia (?) -no juzguen, dormir desnudo es más cómodo-, se había visto obligado a portar una vestimenta diferente a lo usual. Una playera de manga larga de color gris claro con delgadas bandas de un gris oscuro era lo que portaba en la parte superior, mientras que inferiormente usaba unos pants color azul marino que combinaban con el cuello y bolsa del mismo color de la playera.

    A pesar de estar asistiendo como simples invitados, los dos de la Hoja sabían que el otro trabajo no estaba ni siquiera cerca de ser terminado. Debían estar atentos a cualquier movimiento, imagen, sonido o lo que captaran que pareciese sospechoso en aquel evento. Sin embargo, eso no significaba que no podían disfrutar de los show y comidas deliciosas que serían servidas en cualquier momento.

    Por segunda ocasión ignoraron la ceremonia llevada a cabo al frente, igual a las nunca terminables palabras que ambos novios se dedicaban el uno al otro ¿qué no era una boda política? Se suponía que ambos debían estar amargados y enojados por no poder decidir de quien enamorarse, casarse y coshar, el orden de los factores no altera el producto (?). Después de que por fín se terminaron los discursos, los meseros no tardaron en entrar con todos los platillos que seguramente se estaban preparando desde muy temprano en las cocinas de aquella mansión. Las comidas eran de lo más deliciosas y únicas de todo Modan, pero lo que la mayoría esperaba, debido a la hora que era, eran los dulces postres que no tardarían en llegar apenas la comida terminase.

    —¿No te parece que huelen extraño? — cuestionó el dorado, olfateando con cuidado el pastel que portaba en su mano.

    —Ehm… ¿no? — Aoi ya tenía un pedazo de ese pastel en la boca.

    —Lo juro, huele como a…. valeriana.

    Sí, valeriana la planta con propiedades somníferas.

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    #BlueBallsParaKyoko Kari WalkerKari Walker
     
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    Hori miró a su prometido sin procesar lo que sus palabras significaban, ocasionando con su letargo mental que el shinobi le diera un zape (con cariño) para que escupiera el trozo de pastel en su boca. Al hacerlo lo miró con fuego en los ojos que pronto se extinguió por el sueño que le empezó a dar, y eso que solo alcanzó a comer un pequeño trozo de postre. ¿Qué tan cargados estarían los pasteles? El resto de personas en pijama no tuvieron el olfato que tuvo el Hokage para percatarse del sabotaje que hubo ocurrido. Los ninjas intentaron que ya no consumieran más postres mas no tuvo caso; absolutamente todos cayeron al suelo dormidos, quedando ellos como los únicos en pie.

    —Pasa esto justo cuando tenemos puestos los pijamas, que coincidencia —comentó la somnolienta Aoi, misma que bostezó un segundo después.
    —No te duermas —le aconsejó Hatsume, mirando una y otra vez a los alrededores —. Y sí, qué coincidencia…

    Pero tenía la sospecha que no era así. La bombilla se le prendió, a lo que le pidió a la Jinchuuriki que permaneciera en el salón, vigilando, en lo que él emprendía marcha hacía la cocina. Kyoko le gritó que si qué iba a hacer, obteniendo cero respuesta pues el rubio ya se había esfumado. Cuando llegó a su objetivo visualizó a los cocineros y meseros también dormidos, esperando encontrar lo contrario. Su idea era que quien o quienes cometieron el sabotaje en los alimentos debió hacerse pasar como algún trabajador para hacer uso de la valeriana a su antojo (y debía ser alguien importante dentro de los cocineros/meseros como para tener el itinerario de los eventos diarios y lo que se ofrecería en el menú). Si nadie estaba despierto, ¿sería que el responsable tampoco se hallaba en ese lugar? No obstante, decidió hacer una inspección en la cocina para obtener más pistas, visualizando migajas en la comisura de los labios de un inconsciente. El ANBU tomó una muestra y lo olió con suavidad; en efecto, valeriana. Aparentemente ellos también probaron los postres, quizás los que sobraron.

    En eso sintió la presencia de un minino de pelaje negro que entró al lugar, colocándose detrás del muchacho para empujarlo suavemente de las piernas.

    —¿Kyoko quiere que vuelva al salón? —Preguntó, agachándose para acariciar la cabeza del gatito que maulló una vez para ronronear ante la caricia.

    Entonces Hikari se levantó y salió de la cocina junto con la invocación, la cual corrió hacia las demás que estaban inspeccionando el sitio cuando su dueña y su pareja se encontraron de nuevo. Ella se notaba preocupada, claramente por la nota que le pasó al recién llegado.

    —Estuvimos revisando el lugar y la encontramos —aclaró, señalando a otros gatitos (uno que otro dormido por lamer los postres). Hizo un sello corto para que todos desaparecieran dejando varias nubes de humo.
    —Debe ser una broma —Seiya espetó tras leer la misiva.

    Y es que ahí decía que quien escribió la nota sabía que los ninjas estaban detrás de él, pero que no conseguirían atraparlo ni entorpecer su objetivo (no descrito). Además, que no todos los pasteles fueron saboteados con valeriana, pues uno lo estaba con veneno.

    Por supuesto que el atacante iba a tratar de jugar con ellos para distraerlos de su deber, situación que les fastidió. Pero más importante, ¿cómo saber quién se comió el postre envenenado? Todos los dormidos estaban en silencio, nadie se quejaba entre sueños; las familias del Damyo y el prometido también parecían tranquilas… Todo estaba en orden. Los ninjas de Konoha no tuvieron de otra que quedarse a vigilar a los asistentes de la boda, a la espera de que algo malo se suscitara.

    […]

    Pasaron las horas y todos fueron despertando al atardecer, habiendo perdido varias horas de celebración. Pero lo que importaba era que al final absolutamente nadie resultó envenenado; el Hokage se encargó de revisar a cada uno de los invitados (el original y unos cuantos clones de sombra) para cerciorarse de lo anterior, mas parecía que al final sí que había sido una broma.

    El Feudal, viendo lo que pasó, decidió que era mejor ir a descansar, puesto que algunas personas todavía se sentían cansadas por los efectos de la poderosa valeriana, y decretó que al día siguiente continuarían con la ceremonia de manera normal. El tercer día de la boda consistía en un baile de salón cuya temática era sobre príncipes y princesas, donde todos tenían que vestir como tal (además de una máscara). Kyoko estaba visiblemente fastidiada al respecto, ya que le parecía una tontería tener que usar un vestido como ese; dejó de mirar el closet de la habitación para encarar a su futuro marido, mismo que veía televisión ninja sin ponerle mucha atención.

    —¿Sigues preocupado por lo de hoy?
    —Por supuesto —
    volteó a mirarla también, con el ceño fruncido —. Trato de descifrar el propósito de todo esto.

    Hori observó a su prometido suspirar, a lo que ella dejó lo que estaba haciendo para ir a acostarse en la cama junto a él. Mientras ellos yacían descansando en sus aposentos, varios Kage Bunshin de los dos y unas cuantas invocaciones hacían rondines a lo largo y ancho de la gran mansión, vigilando que nada sospechoso ocurriera durante las noches de sueño de los invitados a la boda (aunque ellos también se turnaban para echar un vistazo de vez en cuando). Tampoco es que hubiese mucho movimiento al meterse el sol y, además, cada habitación estaba protegida por guardias del Feudal en cada puerta. Por esas y más razones podían tomarse un descanso durante las horas nocturnas, aunque la preocupación lo complicase. Por lo anterior Aoi se colocó detrás de Hatsume para comenzar a darle un masaje de hombros que este no se esperaba. Él la miró de reojo y ella le sonrió con amabilidad.

    —Descansa un rato —le propuso, estirándose para darle un besito en la mejilla.
    —Es muy difícil relajarme teniéndote casi encima de mí —el muchacho admitió con un ligero rubor en las mejillas que le transmitió a ella. La ninja se avergonzó y quiso saltar fuera de la cama, mas él la sujetó de la muñeca para jalarla hacia sí mismo y, acto seguido, posicionarse sobre ella, terminando recostados sobre la cama.

    Una cosa llevó a la otra, siendo casi imposible que sus labios no chocaran entre sí y que sus cuerpos no se unieran ante el deseo que les era difícil esconder. Por fin estaban solos, lejos del ajetreo y el peligro, pudiendo ser ellos mismos; donde el tiempo no avanzaba y su amor era lo único que importaba.

    —Te amo —le susurró a la fémina en el oído, dejando un camino de besos desde detrás de su oreja hasta el final de su cuello, logrando que ella gimiera por lo bajo, volviéndolo loco.
    —Demuéstramelo otra vez —le suplicó, colocando sus manos sobre el pecho de él para sentir su corazón latir con fuerza. Segundos después, deslizó sus extremidades hasta la cintura para tomar el borde de la camiseta y levantarla, recibiendo la cooperación del shinobi alzando sus brazos. Su pecho quedó al descubierto, momento en el que ambos se miraron a los ojos otra vez.
    —Lo haré cuantas veces sea necesario —declaró con la voz algo ronca, uniendo otra vez sus labios con los de ella.

    Y de pronto un anuncio televisivo interrumpió la escena de la telenovela ninja. Kyoko aún yacía detrás de Hikari haciéndole el masaje, sin darse cuenta en qué segundo se quedó absorta viendo la televisión. Por su parte, el mandatario de la Hoja tenía la atención dividida en las caricias hechas por su mujer (esperando que ocurriese algo como en esa novela) y en lo mismo que le seguía preocupando desde hacía buen rato.

    […]

    El sonido del goteo de agua hacia eco en el maloliente, oscuro y húmedo lugar que se situaba debajo de la gran mansión Feudal, y que este mismo ni siquiera estaba enterado de su existencia. Ahí, con el agua hasta la mitad de sus piernas, un hombre de capucha se hallaba frente a otros tantos que dejaban ver mejor sus rostros de apariencia normal, aunque fastidiados por tener que encontrarse en ese punto de reunión tan nauseabundo.

    —Bambi-sama, pudimos haber escogido un mejor lugar…
    —¿Con esos dos vigilando a diestra y siniestra? No seas estúpido —
    espetó el aludido, insultando a su joven seguidor —. Como sea, descansen por hoy; mañana temprano proseguiremos con el plan.
    —¿Esta vez sí mataremos a alguien, jefe? Hoy fue muy aburrido —
    comentó otro que bostezó.

    —Era necesario para confundir al Hokage —el encapuchado comenzó a dar varios pasos a través del drenaje de la mansión, pasando a un lado de sus lacayos y dándoles la espalda —. Y también para poder sembrar la trampa. ¿Pusieron lo que les dije en el postre que se comió la Jinchuuriki?
    —Sí, sí, sí… Aunque por poco y no se lo come.
    —Pero lo hizo y eso es lo que importa.


    El individuo no explicó de qué se trataba y para qué, solo que serían testigos de su plan en los días finales.

    —¿Están seguros de que el Hokage no los vio?
    —No Bambi-sama; sabíamos que iría a revisar la cocina y por ello comimos de los postres para caer dormidos como los demás.
    —Ya veo —el sujeto misterioso se quedó callado por unos segundos, llamando la atención de los más jóvenes. Después de un rato pareció espabilar —. Mañana será un día muy importante.

    Acto seguido, se esfumó sin decir adiós. Los que ahí quedaron se miraron entre sí, confundidos y curiosos.

    —No tengo mucho de conocer a Bambi-sama, pero creo que es un hombre que carga con una cruz enorme.
    —Pienso lo mismo. Quisiera saber qué pasa por su mente.
    —No lo sé, muchachos... Tengo la sensación de que estamos muy bien así como estamos, sin tratar de entrar en su mente; temo que hay mucha oscuridad ahí.


    […]

    Y el tercer día de la celebración llegó, siendo tal vez el más fantasioso de todos. El salón estaba decorado para una fiesta de gala donde Lichita y Gabriel Francisco José serían los protagonistas. La primera estaba muy emocionada, ya que siempre fue su sueño vestirse como una verdadera princesa; su prometido, por su parte, se veía desganado a causa de los efectos del pastelillo que hubo comido el día anterior. La hija del Feudal notó su letargo y le dio un codazo tan fuerte que le hizo perder el glamour por unos minutos, no obstante, estaba tan bella que a nadie le importó sus malos modales.

    Por otro lado, la pareja protagonista entró al salón ante la mirada de muchos, quienes asombrados admiraron su apariencia. Kyoko yacía sonrojada y fastidiada mientras tomaba del brazo al apuesto príncipe de antifaz negro que la transportaba al centro de la pista con dulzura, a pesar de que ella estaba renuente a bailar.

    —¿Quieres que te pisoteé de nuevo? —Susurró avergonzada en cuanto Hatsume le hizo dar una vuelta, provocando que su largo vestido danzara también.
    —No me importa, princesa —le respondió este, dándole un beso en la mejilla —. Además, nadie podrá ver que lo haces… Y tal vez ni siquiera nos reconocen con estos antifaces.
    —Por lo menos —
    gruñó la peliazul entre dientes, abrazando a su príncipe mientras bailaban.

    A lo lejos una figura los vigilaba, sabiendo que el del antifaz negro y la del de cisne eran el Hokage y la Primera Dama.

    —La fiesta se pondrá buena al fin.

    Vestido de Kyoko
    Antifaz de Kyoko
    Traje de Hikari
    Antifaz de Hikari (el negro).

    Hevans~Hevans~
     
  5. Autor
    Hevans~

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    En el rostro del Hokage apareció una brillante sonrisa marca Colgate © (?) al observar el brillo en los ojos de la kunoichi cada vez que él la levantaba en sus brazos y la hacía girar en el aire, las pequeñas risas que esta soltaba no ayudaban en lo más mínimo a contener ese poderoso sentimiento que quería salir del corazón del joven. El ANBU bajó al suelo a su novia, apretándola suavemente contra su pecho y colocando sus labios justo en el centro de la cabeza de ella, inhalando con fuerza sintiéndose intoxicado por el dulce sabor de los largos cabellos azulados. Estaba jodidamente enamorado ¿Okay?

    El parpadeo de las luces del salón principal obligó a los protagonistas de esta misión a salir de su ensoñación. Ambos se miraron durante unos segundos, para luego simplemente asentir: el juego del gato y el ratón volvía a comenzar. La luz desapareció dándole paso libre a la oscuridad que no tardó en inundar el lugar y bloquear la vista de todos los presentes, el ajetreo de miedo y sorpresa por parte de los presentes tampoco se quedó atrás; estaba sucediendo justo igual como en la ocasión anterior.

    —¿Dónde está mi esposo?

    —¡Juanito! ¡No encontró a mi Juanito!


    El pánico comenzó cuando los gritos de aquellas dos señoras, muy importantes si estaban asistiendo a aquella celebración, se escucharon apenas segundos después de que la iluminación regresara como si arte de magia se tratase. El Señor Feudal del Fuego inmediatamente pidió calma, mientras que con su mirada intentaba encontrar a los dos ninja de alto renombre que se encontraban entre los invitados ¿A dónde habían ido Kyoko Hori y Hikari Hatsume? Simplemente no lograba divisarlos, tampoco sus guardias de seguridad repartidos por toda la zona del salón.

    [~]
    Aprovechando la distracción y movimiento que la gente comenzó a efectuar cuando se pusieron nerviosos por la iluminación, ambos ANBU desaparecieron tras un parpadeo gracias a las múltiples habilidades que poseían. Su técnica los había llevado al cuarto de comunicación de seguridad, donde el encargado de este mismo se encontraba esperándolos ansiosamente tras ver la señal. Los múltiples televisores en aquella sala mostraban cada cuadrante del salón principal dando suficiente vista de los presentes y lo que sucedía, tres guardias vigilaban atentamente los monitores siendo añadidos los dos shinobi de Konohagakure.

    En cuanto las luces se apagaron las televisiones se tornaron totalmente negras, para que inmediatamente después las cámaras que captaban todo automáticamente se volviesen a modo nocturno mostrando un poco más claro lo que sucedía.

    —Han tomado a #45— mencionó uno de los guardias presentes

    —Igual a #87.

    Hikyoko solamente asintió ante lo informado, volviendo a desaparecer tras una luz. El plan al que habían llegado en la noche, luego de perder el tiempo un rato entre caricias y besos inocentes (?), consistía en marcar a cada uno de los invitados con algo poco visible para tenerlos identificados y conocer su posición a cada momento. Obviamente, al haber tantos asistentes al evento, marcarlos con el jutsu shiki sería un gasto tremendo de chakra y serían identificados por alguien que pudiese sentir el chakra. Al comentarle esto al encargado de seguridad, el hombre sugirió el uso de pulseras marcadas con rastreadores ¿pero cómo le harían para que no el o los enemigos no se diesen cuenta? Bueno, tal artefacto había sido entregado como joyería en la entrada del gran salón antes de que iniciara el evento, tras la excusa de regalos del Feudal y los novios por tal evento.

    Hikari apareció en el ala este de la gran mansión, lugar donde había dejado un sello de jutsu shiki con anterioridad, acomodó el radio que portaba en su oído y escuchó con atención las instrucciones de la localización de donde debía encontrarse el tal Juanito. Asintió para si mismo, dejando que su sensor se extendiese por el lugar y le indicase de presencias en la zona, mientras corría siguiendo las indicaciones de pasillos y vueltas que debía dar para llegar al punto. Su ceño se frunció cuando escuchó forcejeos provenientes de un corredor, para inmediatamente acercarse y esconderse contra una pared cercana para evitar ser visto.

    —Jodido niño— murmulló lo suficientemente alto un hombre de complexión delgada y cabello castaño, que cargaba entre sus brazos un infante que se removía con fuerza. —¡Qué no me muerdas!

    El dorado se asomó ligeramente, observando como aquel hombre acomodaba al pequeño de mejor manera para evitar ser lastimado nuevamente y luego se echaba a correr. Porcelana dirigió con velocidad su diestra hacia su bolsa de armamento al mismo tiempo que salía de su escondite, extendiendo con fuerza y velocidad su diestra como si soltase algo mas nada era visible. El sonido de un cuerpo cayendo contra el suelo, seguido de la queja de una voz chillona le indicó que había dado en el blanco.

    —Shh, tranquilo. Todo está bien ahora— susurró con calma el líder de la Hoja hacia el pequeño, acercándose al hombre inconsciente y retirando las delgadas y casi imperceptibles senbon que había lanzado hacia puntos anatómicos precisos para hacerle perder la consciencia.

    Luego de haber entregado a los secuestrados sanos y salvos gracias a la velocidad de ambos shinobi al actuar y de haberle asegurado al Feudal que todo había salido bien, el dúo dinámico de amantes se dirigió hacia las mazmorras de aquella mansión. En el centro de una habitación circular, oscura y húmeda se encontraban los dos capturados aquella tarde bien aseguradas sus extremidades contra la silla donde se encontraban y estas mismas al suelo, evitando así cualquier movimiento.

    —¿Para quién trabajan? ¿Y por qué razón hacen todo esto? — cuestionó el Hokage, directo al grano.

    —Bambi-sama se encargará de destruirte, a ti y a la asquerosa jinchuriki— escupió el de cabellos castaños a los pies de la aludida ganándose de esta forma una fuerte bofetada por parte del novio de la afectada.

    —¡Idiota!

    —Ya metete a la mente de esos dos estúpidos—
    sentenció la peliazul, ignorando lo dicho por ambos hombres.

    Seiya solamente suspiró acercándose a donde los dos se encontraban, solamente para notar como estos comenzaban a temblar con fuerza, sus ojos a irse hacia atrás de sus cuencas y de su boca a salir una espesa esfuma. El médico inmediatamente se acercó, intentando parar aquello que estaba sucediendo con sus habilidades, pero muy poco se podía hacer; quien sabe desde hace cuánto tiempo se habían tomado aquel veneno.

    —Suicidio— comentó más tarde el ANBU al regresar a su habitación de la autopsia que había asistido de ambos cuerpos. — El examen indicó lesión en la mucosa bucal, allí tenían el veneno. Cianuro.

    —Lo tenían todo planeado—
    mencionó la kunoichi, extendiendo sus brazos desde su posición en la cama para que su amado se uniese.

    —Seguramente— respondió el rubio, acostándose a un lado de su novia y colocando su rostro entre el abdomen y los pechos de la misma. — Están jugando con nosotros.

    Aoi solo suspiró. Sí, eso estaban haciendo.

    [~]
    El cuarto día, penúltimo de aquella larga celebración, llegó sin más contratiempos mas que revisiones horarias y nueva planeación. Ningún avistamiento o cosa fuera de lo común había sucedido luego de aquellos intentos de secuestro, empero eso solo ponía más alerta a la pareja shinobi.

    La penúltima boda se había decidido por un concepto más simple pero más espiritual. Sería llevada a cabo al mediodía en medio del bosque que se encontraba en la zona trasera de la mansión Feudal de Hi no Kuni, algún tipo de unión druida ante los dioses y la madre naturaleza de la que el Hikyoko nunca había escuchado hablar pero que tenía que atender de todos modos. Se pidió que todos asistiesen con vestimentas simples, donde lo más importante era la capa larga que todos debían portar, sin embargo eso no negaba que los asistentes buscasen impresionar con la fineza y belleza de sus ropajes.

    La controladora del Koton se encontraba vistiendo un vestido ceñido a su cuerpo de un color verde menta con un cinturón dorado, mientras que su larga capa era de un color similar, pero con patrones donde este tono se deslavaba. El del chakra arcano portaba unos simples pantalones negros acompañados con una camisa blanca con los primeros dos botones abiertos, su túnica de un poderoso terciopelo rojo con un fondo gris como contraste. Igual que los demás presentes, los shinobi portaban la capucha de sus tunicas sobre sus cabezas ocultando de esa manera su rostro.

    —Estamos demasiado expuestos en este lugar.

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    Kari WalkerKari Walker
     
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  6. Kari Kitty

    Kari Kitty Into you

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    Este post contiene una escena de índole sexual, así que si usted es delicado en esos temas, puede saltárselo. No especificaré dónde inicia porque soy bitch, usted descúbralo. Ahora ya puede continuar con su lectura:


    —Bambi-sama, lo siento… —Uno de los pocos sirvientes del aludido hizo una reverencia de disculpa frente al hombre encapuchado —. No teníamos idea de que esos dos nos iban a tender una trampa
    —Ni yo —
    admitió el líder, haciendo una señal con la mano para que el muchacho se pusiera derecho —. Afortunadamente ustedes son muy leales a mí; Yoshiro y Kensei merecen que honremos su sacrificio obteniendo el éxito de este plan.

    Los tres acompañantes que le quedaban observaron con sorpresa cómo se retiraba la capucha y dejaba ver su rostro, cuya mitad estaba quemada. Los secuaces no dijeron nada, simplemente se quedaron callados admirando la determinación de ese hombre que, en lugar de causar lástima alguna por su apariencia, hacía desear a esos jóvenes el ser como él y poseer su misma fuerza. Bambi, de alguna manera, se ganó el respeto de esos chicos en pocos días, incluso sabiendo (tras la muerte de los otros dos) los motivos reales por los que hacía todo eso.

    —Mañana ejecutaremos el plan principal; no esperaremos hasta el quinto día como había previsto —avisó, a lo que el resto asintió —. No correré el riesgo de que Lichita se case, no con esos dos rondando por aquí. De haber sabido…

    Bambi se pasó la mano por sus mechones castaños de una manera tan sensual que a sus lacayos les brillaron los ojos por un instante. La mitad del rostro endurecido le daba un plus extraño… En fin, el caso es que el hombre estaba frustrado por tener que recurrir a algo más elaborado con tal de evitar ese estúpido matrimonio, pero esos ANBU no le dejaban de otra con su intromisión. Y pensar que asesinando a esa persona en el primer día iba a causar el temor suficiente para cancelar la celebración, maldita sea. Ese Feudal lo complicó todo con sus barreras y su terquedad.

    El tipo suspiró por una última vez antes de colocar su capucha en su lugar y abandonar las cloacas para prepararse, pues el día cuatro sería crucial. Una vez llegado este, los invitados a la ceremonia se dirigieron a los patios traseros de la enorme mansión, los cuales parecían un bosque propio. Árboles, césped, jardines, fuentes, mariposas… El lugar era mágico, salvo por el pequeño detalle de que la gente ya lucía cansada y desesperada por perdurar en el encierro por tantos días; el único consuelo era que la pesadilla acababa en un día y ya no tendrían que verle la cara al Feudal del Fuego y a su tonta familia.

    Mientras todos se concentraban en la ceremonia de índole espiritual, los ninjas más fuertes del País del Fuego (y que usaban túnicas DIVINAS) yacían más alertas al entorno, dado que estaban en una zona fácil de emboscar. El sensor del Hokage detectaba las energías débiles, pero nada fuera de lo común; no sabía si eso lo relajaba o si era lo contrario. De alguna manera ansiaba que el enemigo diera la cara de una vez por todas para acabar con ese asunto y disfrutar de la fiesta, pero no iba a ser tan fácil que ocurriera…

    —¡Lichita! —Una voz desconocida gritó el nombre de la novia, misma que se sobresaltó. Todos los presentes se dieron la media vuelta para encarar al hombre encapuchado (y fuera de tema con el día), mismo que señalaba a la aludida —. He venido a impedir tu matrimonio.
    —Vaya, justo estaba pensando que sería fantástico que el asesino apareciera de una vez, pero que no sería tan fácil —
    Kyoko se puso una mano en la barbilla y Hikari resopló; malditas casualidades.
    —Me pasó lo mismo —le respondió con tono serio. Sus ojos se posaron en la figura recién llegada, al igual que los de todos.
    —Lichita —Gabriel Francisco José se notaba confundido, al igual que el resto de presentes. La aludida se hallaba extrañamente nerviosa mientras que su padre ensombreció su rostro. Con un movimiento de cabeza hizo que sus guardianes aparecieran de repente, rodeando al presunto enemigo.
    —Yo no sé quién eres, así que vete —espetó la muchacha, alzando la voz. Bambi apretó los puños.

    En un haz de luz, el sujeto desapareció y se escapó de los inútiles guardias. Los murmullos de los testigos no se hicieron esperar, los cuales fueron silenciados en el siguiente segundo en el que el filo de un kunai se posó en el cuello de una joven invitada. Los gritos fueron lo siguiente en escucharse.

    —Parece ser que no has entendido que sí o sí evitaré que te cases con ese imbécil —la chica rehén pegó un alarido al sentir el agarre en su cuerpo, puesto que Bambi era un bruto falto de delicadeza… Cosa obvia si el tipo presiona un arma punzo cortante en tu cuello —. Ahora ven acá si no quieres que le arranque la cabeza de un tajo.
    —¡Auxilio!
    —Mátala, no es nadie de relevancia para el país —El Damyo hizo la declaración mostrando unos ojos más fríos que un glaciar ninja. Todos guardaron silencio ante la indiferencia del hombre sobre la vida de la pobre muchacha, la única que no se quedó muda y que permanecía retorciéndose con la intención de escapar, algo sin sentido.
    —¿Seguirás lo que dice tu padre, como siempre? —Inquirió el hombre, a lo que Lichita no dijo nada. Solo se dignó a agachar la mirada —. No puedo creer que deseo a una mujer tan estúpida.

    Y, acto seguido, se dispuso a hacer un movimiento con la mano que sujetaba el arma blanca. No obstante, la Senbon del rubio se clavó en el torso, frenando su avance. Bambi tuvo que soltar a la muchacha para apurarse a quitar la aguja con efectos necrófagos, pues esta comenzó a actuar al instante. En eso, una patada voladora rozó su mejilla (dado que él logró esquivarla en el último segundo) y le causó un corte que le hizo sangrar; Hori aterrizó cerca de él y emprendió otra carrera en su contra, dando una voltereta y volviendo su cuerpo en una cuchilla enorme que amenazaba con cortarlo en dos. Mientras eso sucedía, el mandatario de la Hoja le hizo señas a los guardias del Feudal para que llevaran a la histérica población de la fiesta dentro de la mansión, aunque fue casi innecesario porque todos comenzaron a correr despavoridos, incluida la chica casi asesinada. Por su parte, el Damyo sujetó del brazo a su congelada hija y la casi arrastró hacia la edificación. Ella no podía quitar sus ojos del combatiente recién llegado y este percibió eso; sus orbes se encontraron por un corto lapso, en el cual la capucha cayó detrás de su cabeza. Su rostro quedó al descubierto, asustándola… Tenía meses que no lo veía, así que no sabía lo que le hubo ocurrido. El padre de Lichita también miró tal cosa y por dentro maldijo a sus incompetentes hombres por solo haber hecho eso y no haberlo matado como era debido. Ahora estaba ahí, arruinando sus planes financieros.

    —No dejaré que te vayas —Bambi comenzaba a desesperarse al ver a la mujer de sus sueños alejarse otra vez, por ello no estaba concentrado del todo. Por esa situación no logró esquivar del todo el tajo que la kunoichi le hizo en una pierna, que quizá le hubiera cortado entera de haber sido Kyoko más precisa.

    El enemigo de la boda se agachó, no pudiendo evitar gemir de dolor al hacerlo tan rápido, con la intención de que al posar sus manos en el suelo un muro de roca gruesa emergiera frente a él. Kyoko Cuchilla Loca se impactó ahí en su camino de vuelta para terminar de cortar al individuo, por lo que su velocidad se mermó y perdió segundos cortando la pared de Doton que se interpuso en su camino y que luego le cayó encima como lodo.

    —¿Dónde rayos está? —Murmuró la chica, habiendo regresado a su estado humano y gruñendo al verse llena de barro.

    Bambi se le escapó durante la pequeña distracción y ahora este se dirigía hacia donde Lichita, prometido y el Feudal eran escoltados. El tipo realizó unos sellos de mano durante su andar y preparó chakra en su estómago, el cual no tardó en salir de su boca en forma de una gran llamarada que cayó como ola sobre los hombres del Feudal. Un par no pudo evitar ser engullido por el fuego, mas el resto fue lo suficientemente veloz para eludir el ataque y poner a salvo a los prometidos y su jefe (aunque Bambi jamás le haría daño al amor de su vida). La chica en disputa le lanzó una fugaz mirada al atacante y él podría jurar que los ojos de ella estaban cristalinos… Tuvo que dejar de prestarle atención para cruzar su mirada con la del Hokage cuando este último realizó una cortina de viento sobre Bambi, impidiéndole moverse. Presionado, otra vez quiso realizar contacto visual con la chica pero solo alcanzó a vislumbrar su túnica al haber entrado a la mansión finalmente. Se estaba escapando de su vida de nuevo, como agua entre los dedos.

    Con la frustración notoria en su media cara buena, el que aparentemente era un ninja hizo el sello de la cobra para endurecer su cuerpo y sentir con menor fuerza la presión ejercida sobre su persona, no obstante, un dolor punzante le impidió lograr esto. Agachó la mirada con dificultad y visualizó su pierna, anteriormente cortada por la cuchilla humana, completamente empapada de sangre… Estaba fracturada y no se hubo dado cuenta hasta entonces. La adrenalina hizo que este hecho pasara desapercibido pero el haber perdido tanta sangre lo debilitó, y claro, el dolor no es que fuera poca cosa. El joven se sintió mareado y fue cediendo poco a poco ante la cortina de viento, aunque terminó desmayado hasta que el Rasengan del Nidaime impactó contra su anatomía.

    […]

    —El asesino ha sido capturado, así que no tiene caso mantener las barreras —Hikari se hallaba unos metros detrás del Damyo, quien le daba la espalda en lo que miraba su jardín por el balcón de su oficina —. La gente ya está cansada de este encierro; que vuelvan mañana los que tengan que estar en la ceremonia final.
    —¿Por qué, si ya todos están aquí? —
    El hombre estaba tan relajado que parecía mentira el estrés de los últimos cuatro días. El Hokage ya tenía un buen rato discutiendo con él sobre lo que debería de hacer, mas él solo escuchaba un constante blablabla —. Ya no hay nada por lo que temer, así que deberían estar felices.
    —Todos han estado bajo un constante estrés, es normal que se sientan enfermos —
    el rubio frunció el entrecejo a causa de la falta de interés del que supuestamente le escuchaba. Quiso atraer su atención de forma drástica, así que arrojó contra el escritorio el libro que llevaba en la mano desde que entró al despacho. Ignorando el hecho de que los papeles que tenía salieron volando por el aire levantado, el Damyo arqueó una ceja con interés —. Me tomé la molestia de examinar a todos los presentes y esta es la lista de quienes presentan malestares. Creo que es lógico que se debe al encerramiento y a los intentos de asesinato.
    —O tal vez puede ser la comida; debería hablar con los chef para que cuiden la sal en los banquetes.
    —Creo que no me está entendiendo…

    —Aquí el que no entiende es usted —la apariencia despreocupada del Feudal del Fuego se volvió oscura súbitamente, agarrando de sorpresa a Hatsume. El más adulto dejó el balcón y caminó hacia su escritorio, acto seguido apoyó ambas manos sobre la mesa y se inclinó hacia adelante con la intención de verse superior a la Sombra del Fuego; sin embargo, este solamente agudizó la mirada, sin temer a nada —. He dicho que las barreras se quedan hasta que todo finalice, no me importa si los invitados están enfermos. ¿Lo comprende?
    —Parece que me está amenazando —
    una gota de sudor resbaló por la nuca del shinobi, a pesar de que él se enfocó en sonreírle retadoramente. El viejo volvió a su semblante de antes al escuchar la pregunta, riéndose en el acto.
    —Solo es un aviso —paró las sonrisitas para darle la espalda a Hikari —. Ahora, si me disculpa, tengo muchas cosas que planear.

    El joven asintió para después salir de la oficina sin decir más, porque no iba a llegar a ningún acuerdo con el orgulloso hombre… En ese caso, solo debían aguantar un día más y al fin serían libres de esa prisión.

    […]

    —Ya veo, así que tendremos que seguir encerrados solo porque al vejete se le hincha.

    Kyoko estaba en la cama, recién bañada para quitarse el lodo de encima y con los brazos cruzados viendo una película ninja en la televisión ninja. Tomó el control remoto ninja y la apagó tras oír por el propio Hikari sobre la conversación que este hubo tenido. ¡Qué molesto era tener que seguir ahí! Frunció el entrecejo con frustración.

    —Solo será hasta mañana —el rubio llegó y se acostó inmediatamente a su lado, recargando la cabeza sobre la palma de su mano en lo que apoyaba su codo en el colchón. Sus ojos azules (en ese momento) admiraban el cabello húmedo de la fémina y su olfato no pudo ignorar el olor de su shampo.
    —Pero ya me harté de estar aquí —Hori hizo un berrinche, provocando que su prometido soltara una risita.
    —Por lo menos no tenemos que preocuparnos más por el tal Bambi.
    —¿Dos caras ya despertó? —El Nidaime negó con la cabeza.

    Al noquearlo, Seiya se encargó de curar las heridas del asesino, pero no del todo. No iba a tenerlo al 100 % de salud cuando ni siquiera podía refundirlo en una celda de la prisión, siendo las mazmorras de la mansión Feudal su cárcel temporal. Ni para eso el Damyo fue accesible para permitir la eliminación de las barreras. El ANBU no había podido hablar con el hombre por la misma razón que su compañera hubo mencionado, pero ya lo haría a la mañana siguiente. Total, no se iba a escapar con toda la protección que los ninjas habían dejado.

    —De una vez te advierto que yo no quiero este tipo de tonterías en nuestra boda —las palabras de Aoi lo hicieron salir de sus pensamientos, devolviéndole toda su atención a ella. ‘Nuestra boda’; nunca habían hablado propiamente de ese tema, solo aquella noche en Kazetoshi cuando se comprometieron.
    —¿Tonterías?
    —Ya sabes, todo este espectáculo de una ceremonia diferente por día o una gran cantidad de invitados que ni siquiera conocemos… No tenemos que hacer ese tipo de cosas solo por ser famosos.


    La peliazul clavó sus orbes en el techo y adoptó un semblante pensativo. Horu analizó las palabras de ella por unos momentos antes de imitarla y mirar hacia arriba también.

    —¿Entonces cómo te gustaría que fuera?
    —Algo muy sencillo… Tal vez en un bonito jardín, donde solo estén nuestros seres queridos y quizá uno que otro colado como Tocho, si es que decide acompañar a Nacha —
    y Hikari pensó: ¿Los vamos a invitar cuando ellos no tuvieron esa delicadeza con nosotros? No obstante, la kunoichi siguió hablando y no le dio la oportunidad de hacer la intervención —. Nos pondremos unos kimonos, tú uno negro y yo uno blanco; haremos la ceremonia corta y no haremos una fiesta, solo nos iremos por ahí a festejar solos, sin ninguna interrupción ni preocupación…

    La Jinchuuriki se quedó callada unos segundos, manteniendo ese semblante pensativo. Hikari, recostado a su lado, volvió a posar sus ojos en ella y la contemplaba con sus labios entre abiertos por la sorpresa de escuchar esos deseos tan simples pero que al imaginárselos le enternecían el corazón. Sí… él también quería algo igual, y lo supo solo tras oírlo de ella.

    —No tenía idea de que ya habías pensado en todo eso —el muchacho soltó una leve carcajada, sacando a la ANBU de su ensimismamiento. Volteó a mirar a su novio y se puso colorada de una al darse cuenta de todo lo que hubo dicho.
    —N-no es como que lo tenga todo planeado… —Se excusó nerviosa y el Hokage la miró pícaramente.
    —No mientas —acto seguido, llevó sus manos hasta el estómago de ella para hacerle cosquillas (sobre la blusa del pijama) volviendo todo un jugueteo entre ambos.

    La Koton no pudo aguantarse las ganas de reír ante el contacto, continuando negando que había planeado esas cursilerías. Poco a poco, el ninja aumentó el vaivén de caricias y eso ocasionó que la chica se retorciera más y más sobre la cama hasta el punto de no percibir que ya estaba en la orilla, así que no tardó en caerse de la misma. Cuando cayó, Hikari se quedó con las manos en lo alto y su expresión facial exteriorizaba su sentimiento de ‘ups, me pasé un poco’. Se asomó levemente, encontrando el cuerpo tirado boca abajo.

    —¿Estás bien? —Le cuestionó, obteniendo cero respuesta. Creyó que seguro ella estaba super enojada y que en cualquier momento iba a quejarse, sin embargo, le sorprendió que en lugar de eso ella diera un brinco desde el suelo y aterrizara sentándose en su abdomen.
    —Tú… —Murmuró con la nariz roja y una sonrisa vengativa. Tenía la intención de hacerle lo mismo pero el repentino cambio en el semblante de él causó que se le olvidaran las intenciones.
    —Me pones nervioso cuando te sientas sobre mí —admitió, estirando su mano para palpar el rostro de la chica con las yemas de sus dedos. Kyoko cerró los ojos ante el suave tacto, sujetando la mano que descansaba en su mejilla con la suya propia.

    Hikari no resistió más y posó la mano libre detrás de la cabeza de ella para atraerla hacia su rostro con cierta delicadeza, misma con la que los labios de ambos se movían al haber hecho contacto. Liberaron sus manos de lo que antes hacían para entrelazarlas entre sí, pero Hori pronto las soltó para que sus manos se deslizaran por cada brazo hasta llegar a su pecho y pronto a la cadera, esto con la intención de encontrar el final de la camiseta y sujetarla. Entre beso y beso el Hokage percibió las intenciones de ella y decidió ayudarle quitándose él mismo la prenda; tuvieron que interrumpir por un segundo el encuentro de sus bocas, mismo que fue reiniciado apenas el torso desnudo de Hatsume hizo que la kunoichi se mordiera el labio inferior. El segundo beso fue breve, pues el mandatario aprovechó para sujetarla de la cintura y darle la vuelta en la cama, siendo él el que ahora estuviese arriba.

    —Te dije que me ponías nervioso —se excusó con una sonrisa ante la interrogante en los ojos grises.
    —¿Y qué harás al respecto?

    La peliazul deslizó su índice a través de la musculatura del pecho de su prometido, advirtiendo como se le ponía la carne de gallina ante tal acto. Pasados unos segundos, él fue acercando su rostro al de ella, se detuvo y retrocedió hacia su cuello. Ahí fue rozando su boca de manera peligrosa, a lo que Aoi percibía el choque de su aliento en esa zona tan sensible para ella.

    —Voy a hacerte el amor —el médico respondió al fin, finalizando su declaración al hacer que su lengua hiciese contacto con la piel de ella y, por ende, logrando erizarle la piel.

    No tardó mucho para que un diminuto gemido se escapara de los labios de la muchacha, lo cual era música para los oídos del rubio. Sin embargo él quería oír más, hacerla gritar su nombre y por ello intensificó sus caricias en la piel de su cuello. Siguió avanzando, dejando un camino de besos en su garganta y marcando su camino hacia el pecho; ahí se encontró con una enemiga que se apresuró a quitar, siendo lo único pues al haberse dado un baño y puesto el pijama para dormir, Kyoko no estaba usando un sostén. Solo bastó un segundo para retirar la blusa, siendo ayudado por la fémina al alzar sus brazos y agilizar eso.

    Hatsume tragó saliva al observar a esa mujer, a pesar de ya haberla visto desnuda tantísimas veces. No podía evitar sentirse nervioso, ya que creía que la fragilidad de ella (y que solo le demostraba a él) estaba en sus manos; los ojos grises, tan profundos, lo miraban permitiéndole seguir adelante, indicándole que ella ya le pertenecía (y viceversa) y que necesitaba que sus manos y sus labios exploraran su piel una vez más. Ante esto, el shinobi no titubeó más y deslizó su lengua con urgencia entre su busto, por lo que la fémina se retorció debajo de él. A continuación el rubio prosiguió con uno de sus pechos, lamiéndolo y saboreándolo incesantemente; con una mano masajeaba el otro seno mientras que la restante la arrastraba por el costado de su cuerpo, pasando por las costillas hasta llegar a la cadera. Ahí reposaba lo que quedaba del pijama, mismo que deslizó hacia abajo hasta que quedó por sus tobillos, pero aún quedaba otro obstáculo más…

    —Hikari… —Suspiró la peliazul al sentir un suave mordisco en su pezón.

    La chica deslizó sus dedos por la espalda del médico y en los momentos de mayor placer llegaba a clavarle sus uñas sin quererlo. En eso pensó que ella también quería tener más participación en el acto y que no era justo que él hiciese todo el trabajo, y para ello se aventuró a hacer lo mismo que él hubo hecho momentos antes; quitarle el resto del pijama. Él se paralizó al quedarse solo en boxers y levantó la cabeza para mirar a su futura esposa, quien sonreía nerviosamente. Él mismo le ayudó a desprenderse de su ropa interior y de paso retiró la de ella, causando que se sonrojara.

    —Me encanta cuando te pones rojita —tuvo la urgencia de probar sus labios otra vez, aunque el beso fue tomando cada vez más intensidad en cuanto sus lenguas se vieron involucradas.

    Entre beso y beso las manos de la kunoichi repasaron el pecho de él y poco a poco fueron bajando peligrosamente. A Hatsume se le escapó un gemido y por ello rompió el contacto labial por un momento, pues las manos traviesas de Kyoko comenzaron a frotar su miembro con lentitud.

    —¿Te gusta? —Inquirió con la cara pícara, a lo que el asintió con bochorno. Entonces sus manos fueron tomando velocidad, agitando al muchacho.

    Este tenía ambas manos apoyadas a cada lado de la cabeza de la peliazul, mientras que apoyaba sus rodillas en medio de las piernas ligeramente separadas de ella. Ante el vaivén de emociones apretó la sabana entre sus puños, soportando el placer que esa mujer le estaba provocando.

    No podía rendirse tan rápido.

    […]

    En una celda escondida en lo más oscuro de la mansión, Bambi yacía recostado sobre el piso, malherido a medias y con los ojos abiertos de par en par. Sabía que iba a llegar a ese punto porque él mismo lo hubo planeado: La aparición pública y su aprehensión. Lo que no se esperaba fue la reacción de Lichita, quien prefirió refugiarse en los brazos de otro hombre en lugar de encontrarse con él y escapar, porque tenía la esperanza de no tener que llegar a ese extremo planeado y huir antes con la mujer que amaba; después se rió, porque su padre, el Damyo, no lo iba a permitir. Si incluso él fue el que le dejó la cara en tan deplorable estado…

    Se sentó con lentitud y colocó sus palmas en la pierna curada a medias. Un aura verdosa hizo aparición, denotando el hecho de que era un ninja conocedor de técnicas médicas y podía recuperar su cuerpo hasta un punto decente, ya que lo iba a necesitar. Mientras hacía las curaciones pertinentes, Bambi sonrió; sus chicos ya debían estar listos (fingiendo ser cocineros) y Lichita seguro estaba en su habitación, vulnerable. El último eslabón estaba a un solo sello de distancia.

    […]

    La luz de la luna llena entraba por el ventanal de la habitación del Hikyoko, siendo más de la media noche. Los dos protagonistas yacían dormidos para esa hora… Bueno, solo Hikari, debido a que los ojos grises de Kyoko estaban abiertos, mirando hacia la nada, estando ella sentada en la cama. La sabana blanca cubría su desnudez, misma que fue expuesta una vez y se levantó de la cama, donde recogió su vestimenta para ponérsela y salir de la habitación a hurtadillas. Sus movimientos no eran del todo coordinados, pero lo que importaba era que podía hacer eso: moverse… y luchar.

    Antes de salir de la habitación le echó un último vistazo al Hokage, el cual apenas y se movió.

    —Sí, Bambi-sama —susurró, como si respondiera el llamado mental de alguien.

    La Jinchuuriki de ojos desorbitados salió de la habitación en dirección a las mazmorras.

    Hevans~Hevans~ Ya se puso buena la cosa 8) (muy buena :emma:)
     
    Última edición: 16 Ene 2017
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    Hevans~

    Hevans~

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    Este post aun no esta terminado....

    Hikari rodó sobre su lado para acomodarse mejor y continuar con su sueño, pero la ausencia de soporte en su brazo izquierdo le hizo que hiciera muecas aun teniendo sus ojos cerrados. Con su zurda palpó hasta donde le fue posible, solamente encontrándose con las frías sabanas que se encontraban de lado. Abrió sus iris azules buscando con su vista a su compañera, encontrando la habitación y el baño contiguo completamente desiertos; su ceño se frunció mientras su corazón metafóricamente era exprimido en su pecho, suponía que así se sentían las personas luego de despertar solas después de una noche de hacer el amor. Negó con la cabeza, Kyoko seguramente andaba por algún lado de la mansión, no se dejaría engañar por sus hormonas.

    Volvió a tirarse sobre la cama y ocultar su cuerpo desnudo bajo las blancas sabanas que vivieron el deseo carnal de los dos ANBU, solamente para después ser alertado por una serie de fuertes y alarmantes golpes contra la puerta. Se levantó y rápidamente se colocó su ropa interior y sus pantalones, agarrando un kunai en su diestra y abriendo la puerta con precaución. Inmediatamente bajó el arma cuando notó que se trataban de los guardias, mas el rostro que portaban solamente le indicaba que todo se estaba saliendo de control.

    —El prisionero escapó.

    El rubio suspiró, las cosas habían estado demasiado bien las últimas horas para ser verdad, pero ¿cómo había escapado? Estaba lo suficientemente herido para no moverse, mucho menos escapar, por lo que solo quedaba que contaba con ayuda desde dentro.

    —Lichita-sama no está en su habitación.

    —¿Ya revisaron los alrededores? ¿Las cámaras?


    La respuesta positiva, de que ya se había realizado, y la negativa, de que no había rastro alguno de la hija del Daimyo no le trajo buenos pensamientos. Llevó su diestra hacia sus rubios cabellos y los haló en un intento de aclarar su mente para que las ideas fluyeran por su mente. Recordó las miradas que el supuesto Bambi le lanzaba a la novia, igual las palabras que mencionó cuanto interrumpió la celebración druida ¿exactamente qué relación tenían ambos? El enemigo parecía tener cierta obsesión sobre ella y ella… la mirada de sorpresa, luego de anhelo y finalmente de tristeza le indicó a Hatsume que tras ellos había una historia que llevaba a todos estos problemas.

    —¡Hokage! — la imperiosa voz del dueño de las tierras del fuego comenzó a romper la poca paciencia que quedaba en el líder de la Hoja, no tenía la fuerza ni las ganas de lidiar con el anciano testarudo. — Exijo una explicación de lo que está pasando.

    —Si lo supiera no estaríamos los dos aquí—
    respondió el galeno cruzando sus brazos frente a su pecho. — No hubiese dañado saber que su hija había estado relacionada con aquel ninja, nos hubiéramos ahorrado todos estos problemas hacia la gente. Pero parece que a usted no le importa nada más que su reputación.

    —¡Insolente! —
    gritó el Feudal de Hi no Kuni alzando su mano para abofetear a la única otra persona que tenía un poder similar y fama a la de él mismo. Empero, un potente sonido y el movimiento de la tierra tras la fuente les hizo a todos salir de su centro de gravedad y tener que buscar soporte.

    Seiya, alertado por su sensor de la increíble cantidad de energía utilizada, se dirigió al enorme ventanal de su habitación que mostraba una vista del patio principal de la mansión feudal. Inmediatamente observó los jardines encendidos en llamas tras el posible jutsu lanzado, solamente para notar nuevamente como otro gran proyectil de fuego era lanzado hacia donde estaba alzada la barrera y ser regresado sin problema hacia su posible origen. Seguramente eso había pasado hace solo unos segundos, lo que dejaba los daños que se encontraban a su vista.

    Sin pensarlo mucho, y a sabiendas que si tales ataques continuaban la mayoría de los jardines serían destruidos y la cantidad de aire en aquel domo impermeable agotada por acción del fuego todos los presentes terminarían sofocados, se lanzó por los ventanales abiertos. Formando rápidamente la serie de sellos, llevó sus manos hacia su abdomen y apretó con fuerza, expulsando desde su interior una enorme cantidad de agua que cayó tal cual imponente lluvia apagando los lugares incendiados y hundiéndolos bajo el efecto del Suiton: Bakusui Shouha.

    Aterrizó sobre su propia creación evitando hundirse al suavizar su caída gracias a sus habilidades fuuton y sosteniéndose sobre el líquido con la ayuda de su chakra. Buscó con su mirada algún avistamiento de los que pudiesen haber estado causando tales problemas, mas no logró encontrar nada. Su respiración paró abruptamente cuando observó una pálida y muy familiar mano emerger del agua a unos metros de donde él se encontraba, no tardó en dirigirse allí a toda velocidad e inmediatamente halar la extremidad hacia arriba apenas estuvo a su alcance. De allí sacó a una muy empapada Kyoko, cuya tos indicaba que el agua intentó colarse a sus pulmones y provocarle un ahogamiento.

    — ¿Te encuentras bien? ¿Qué estabas haciendo acá afuera?— preguntó sin siquiera detenerse a respirar el dorado, inspeccionado con su vista en busca de daños en el cuerpo de la persona que amaba.

    Dirigió su mirada hacia aquellos iris grises que le quitaban el aliento y le hacían perderse en ellos, encontrándose con una mirada perdida sin aquel brillo que tenían cuando azul y gris se encontraban. La diestra del joven líder se dirigió a la mejilla de la muchacha en un intento de hacerla reaccionar, mas aquel típico sonrojo y sonrisa que aparecían en las facciones de ella no se hizo presente.

    —¿Kyoko?

    El médico esperó la respuesta de su futura esposa, pero simplemente recibió un fuerte golpe en el abdomen que le sacó el aire y le mandó volando con fuerza contra la pared de la entrada de la mansión. Horu levantó la mirada, mientras su cuerpo le indicaba que no se moviese ya que la fuerza del impacto le había dejado fuertes daños, observando con heridos ojos como su novia no mostraba remordimiento alguno por lo que había hecho.

    —¿Por qué? — cuestionó en baja y herida voz el ANBU, sus ojos cristalizados por las lágrimas ante aquella tracción.

    El aludido cerró los ojos cuando observó a su homóloga en rango acercarse velozmente hacia donde él se encontraba para asestarle otro de aquellos contactos físicos. Segundos antes de que el pie de la kunoichi hiciese contacto contra la cabeza del ninja, con la fuerza suficiente de dislocarle el cuello si no es que decapitarle en el peor de los casos, Porcelana se desmaterializó en un centenar de pequeñas y brillantes partículas azules.

    Resguarden a todos los presentes. Preparen el equipo de barrera para cuando de la señal indicó el telepático hacia el líder de seguridad.

    Hokage-sama, todos están dormidos. Todos cayeron profundamente dormidos sobre sus mesas mientras comían su desayuno.

    —Aprisiona a todos los que están o pudieron participar en la cocina, no importa si también están dormidos o no.

    Debió haberlo sabido, debió haberlo previsto. Era demasiada coincidencia que todos volviesen a caer ante los somníferos, alguien en la cocina estaba involucrado y los había engañado la ocasión anterior.

    Apretó su puño con fuerza cuando apareció en su vista la kunoichi de azules cabellos, a quien solamente le bastó otro vistazo hacia el rubio para comenzar a correr en línea recta y tomar aquella forma esférica de metal. Hikari posó con fuerza sus pies en aquella superficie de agua que lo sostenía, tomó una bocanada de aire y, cuando la esfera estuvo a centímetros de su cuerpo, alzó su pierna y con un golpe con el empeine de su pie la mandó volando violentamente directamente contra la barrera que limitaba el oriente de la mansión. El fuerte impacto se escuchó y, cuando Hatsume llegó al lugar, observó cómo su pareja sentimental había perdido aquella transformación y se encontraba recargada con los ojos cerrados y la espalda contra la barrera. El doble impacto debió haberle causado algunos daños.

    —¿Estas bien? — preguntó acercándose cuidadosamente el galeno hacia donde se encontraba su futura esposa, deseando que el impacto le hubiese hecho salir de aquel estado.

    —Si yo fuera tú no me movería, Hokage-samaescupió las últimas palabras con veneno el llamado Bambi, apareciendo repentinamente tras el rubio y colocando una cuchilla ninja a escasos milímetros de su cuello— Excelente plan ¿no crees? No solo me llevo a la novia como premio, si no también a la jinchuriki.

    —Eres un bastardo—
    gruñó con furia Porcelana—, pero además de bastardo eres un idiota.

    El de las cicatrices de quemaduras faciales quedó descolocado al escuchar el doble insulto por parte del impasible y poco vulgar Nidaime, entendía lo de bastardo ¿pero llamarle idiota? ¿a qué y por qué venía eso? Su respuesta divina cayó casi del cielo, cuando sintió su garganta cerrarse con fuerza y un dolor agudo y casi insoportable aparecer en el centro de su abdomen. La cuchilla ninja de su diestra cayó, mientras su cuerpo se dirigía hacia atrás y se encargaba de arrancar el ropaje que ocultaba aquella parte de su anatomía que ardía como si estuviese en llamas. Sus ojos se abrieron de par en par cuando notó como una mancha morada apareció y comenzó a extenderse lentamente, además de emitir un olor pútrido.

    —¡Alcen la barrera! — gritó Seiya.

    Inmediatamente se hicieron ver dos dúos de guardias imperiales que rodearon a los tres shinobi presentes; bastó con que estos juntasen sus palmas para que, desde la barrera principal, se extendiese otra capa y les rodease tal cual rectángulo de considerable extensión. Nadie saldría ni entraría, además evitarían que los posibles daños de aquella batalla se extendiesen a los invitados.

    —Fuiste un idiota al creer que te dejaría en esa simple mazmorra sin estar seguro que podría detenerte en caso de que quisieses escapar.

    Horu ya lo veía venir, era algo típico que el enemigo intentase escapar al verse capturado, por lo que había tomado manos en el asunto. Lo había curado para que no muriera, sí, pero no simplemente lo había dejado allí a su voluntad. Mientras Bambi se encontraba inconsciente, aprovechó para realizar una pequeña incisión e internar una de sus senbon dentro del abdomen del hombre, solamente esperando el momento adecuado para activar su efecto necrófago.

    Ignoró el enemigo que se encontraba en el suelo, sabiendo que si este intentaba cualquier cosa en su contra su enfermedad solo aumentaría la velocidad y terminaría matándole, además que por la localización le sería sumamente difícil moverse; los iris azules del Nidaime Hokage se posaron sobre el cuerpo que ayer había adorado tal cual deidad, encontrándose que, ella aun teniendo los ojos cerrados, sus pálidas manos se encontraban apuntando hacia él tal cual arma.

    El ANBU inmediatamente se alejó con largos saltos hacia atrás reconociendo la técnica que su compañera estaba a punto de realizar. La primera bala pasó rosando contra su costado dejando una marca rojiza donde quiso romper su piel, pero él sabía que aquel solo era el comienzo. Sin perder tiempo en tonterías, el rubio comenzó a girar sobre su propio eje mientras cada poro de su cuerpo dejaba salir pequeñas porciones de chakra que, gracias al movimiento y velocidad que hacía el invocador, no tardó en formar en domo azul que giraba con violenta velocidad. Las balas no tardaron en caer tal cual lluvia sobre el de dorada cabellera, siendo este protegido a duras penas por su barrera de energía que se encargaba de desintegrar las ofensivas antes de que pudiesen causarle daño.

    Las palmas del Hokage apenas alcanzaron a tocar el suelo para levantar un muro de roca antes de que otro poderoso golpe de Aoi le terminase impactando, aunque la pared doton no tardó en quebrajarse y romperse totalmente ante la fuerza superior de la fémina. Hikari se preparó para cuando esta ya se encontraba complemente frente a él, lanzando sin la necesidad de sellos un chorro de agua desde su boca que empujó unos metros detrás a la joven de cabellos azules. Aprovechando su velocidad superior a la de su novia, Seiya huyó de los ataques que esta intentaba propinarle mientras continuaba con aquella serie de largos sellos.

    —¿Qué te hicieron? — cuestionó casi desesperado el galeno, había esperado que sacando a Bambi de la jugada Kyoko regresaría a su malhumorado ser normal. —¿Por qué me sigues atacando? ¿Acaso no me recuerdas?

    Ni siquiera esperó respuesta de la koton, no le respondería de todos modos, para juntar sus palmas y emitir un pulso de chakra que rodeó a la joven.

    Inmediatamente el escenario cambió para la poseedora del Sanbi, ya no se encontraba en aquellos jardines si no en la habitación en la que se hospedaba desde hace varios días; el sol ya no se encontraba alumbrando el cielo, siendo la luna la que se alzaba entre las nubes. Sus ojos grises se toparon con unos profundos iris azules con la pupila dilatada del placer, para luego ver la cara del hombre que más amaba.

    Fuera Hikari solamente suspiró, esperaba que Maku y los recuerdos de anoche le hiciesen regresar a sus cabales. No era común que agradeciese la carencia de habilidades ilusorias de su novia, mucho menos que Sanbi no parecía tener interés de ayudarla desde que habían regresado de aquella guerra.

    +18 Continua bajo tu propio riesgo (?)

    Hikari respiró hondo intentando tranquilizar a su apresurado corazón, cerró sus ojos con fuerza intentando borrar la imagen de su sensual futura mujer de su mente que problemas en su parte inferior ya le estaba causando. Exhaló con fuerza dejando caer su rostro sobre la piel nívea del cuello de la peliazul, mordiendo ligeramente la superficie para luego acariciar y humedecer con su lengua en un gesto reconfortante. Tomó los brazos de la kunoichi con una de sus manos llevándolos a la cabecera de la cama, exponiéndola totalmente a su vista.

    —Eres la mujer más hermosa— susurró contra los rosados novios de la controladora del koton.

    Las lenguas de ambos jóvenes se entrelazaron en una sensual danza de dominación, ninguno dispuesto a dejar que el otro le venciese en las artes físicas del amor que ya tiempo llevaban practicando y aprendiendo del cuerpo del otro. El rubio aprovechó la distracción de su amada, y que esta estaba “sometida” ante su agarre, para utilizar su zurda e ir bajando lentamente la única prenda que separaba sus cuerpos de estar en aquel contacto íntimo de la desnudez.

    Con ayuda de Aoi logró su objetivo, colocándose en medio de las piernas separadas de la chica y apoyando ligeramente su peso sobre ella. Su boca volvió a dirigirse a aquel punto blanco que había descubierto en el cuello de su novia, acariciándolo con su lengua y sus dientes como sabía que a ella le encantaba que lo hiciese. Sus caderas se movían a un ritmo lento pero firme, frotando su virilidad contra los pliegues húmedos de la fémina sin intentar en ningún momento buscar aquel calor interior que ella le brindaba

    Hatsume soltó un bufido cuando perdió el agarre sobre las extremidades de la ANBU, sonriendo de medio lado después cuando esta le indicó que quería que bajara. Sus labios conectaron con aquel botón rosa en el pecho de la heredera de los Hori, acariciándolo en el interior de su boca mientras su otra mano se encargaba del gemelo del lado derecho. Estuvo así unos minutos escuchando como su futura esposa era presa del placer de sus caricias, pasó al siguiente y, luego de encargarse de dar el mismo trato, siguió bajando sobre el centro del abdomen de ella con sus labios. Sonrió una última vez hacia la peliazul, para luego sumergir su boca en aquella parte tan íntima que ella tenía entre sus piernas, perdiéndose en el trabajo de darle placer a la mujer que quería tener hasta el último de sus días.

    Con una amplia sonrisa Seiya regresó su rostro a nivel del de Aoi, limpiando su diestra los restos de aquel líquido que no había podido ingerir cuando ella estalló ante el placer de ser tratada de esa manera. Ambos se miraron unos segundos, gris versus glasz, diciéndose todo aquello que ya no tenían necesidad de emitir con sus bocas al conocerse y entenderse tan bien.

    —Te amo— ambos mencionaron al mismo tiempo, sonriéndose el uno al otro ante la sincronía para luego envolverse una vez más en aquella batalla de labios.

    El rubio tomó su miembro con la diestra y lentamente lo dirigió hacia la entrada oculta entre los labios inferiores de la fémina. Con un pequeño empujón entró el glande, obligando que Aoi se separara del beso y emitiera un gemido ante la intromisión, para luego seguir empujando poco a poco hasta que toda la masculinidad del Hokage se encontraba dentro del cuerpo de la Primera Dama.

    —No hay momento más hermoso que cuando somos uno— susurró el del clan misterioso, respirando profundo al sentir como las húmedas y calientes paredes de Kyoko envolvían su pene.

    La peliazul atrapó entre sus dientes el lóbulo de la oreja de su novio, mientras que sus manos viajaban y acariciaban la espalda del que se encontraba encima de ella, indicándole que estaba lista para continuar. Si el hecho de envolver sus piernas sobre la cintura del dorado no era indicación suficiente, no sabía que más podía hacer.

    Hikari solo sonrió ante la impaciencia de su novia, robándole un rápido beso y moviendo sus caderas de atrás hacia adelante, creando esa fricción y mete y saca que ambos desesperadamente ansiaban. En ningún momento que no fuese obligado cerró sus ojos, siendo los uno de los momentos que más añoraba los gestos que Aoi hacía cada vez que ambos estaban haciendo el amor; eran esos instantes que uno guardaba en el profundo de la mente, donde ambos podían ser dos simples jóvenes disfrutando el amor que se tenían el uno al otro, donde las apariencias no tenían que ser guardadas en pos de la sociedad y reputación que tenían. Solo Kyoko y Hikari.

    Retiró sus manos de donde estaban apoyadas en el colchón a ambos lados de la cabeza de la peliazul, para colocarlas sobre la cintura de la misma, apretar con fuerza y hundirse más profundo en el cuerpo de su futura esposa. Soltó un pequeño quejido cuando los dientes de la kunochi se clavaron en su hombro para luego succionar con fuerza, lugar donde seguramente mañana adornaría un importante chupetón. Aumentó la velocidad al comprender lo que la de ojos grisáceos le quería hacer ver con tales manifestaciones físicas, añadidas las uñas que se clavaban en su espalda.

    —Hi…Hikari

    —Sí.


    Su zurda dejó su agarre sobre la cintura de la koton, dirigiéndose hacia el sur acariciando con su pulgar aquella estructura anatómica por encimas de los labios de cada mujer que enloquecía completamente a Kyoko. Siguió embistiendo con fuerza y velocidad sin dejar de acariciar el clítoris con la punta de su pulgar, sintiendo como las paredes de Aoi comenzaban a apretar con fuerza y como su miembro estaba listo.

    Ambos soltaron un gemido junto al aire que sus pulmones mantenían, cada uno sintiendo los fluidos del otro envolviendo su órgano sexual.

    Una sonrisa cansada adornaba el rostro de ambos mientras intentaban recuperar el oxígeno perdido. Seiya tomó a su novia entre sus brazos, volteando ambos en un rápido movimiento que provocó que ella quedase por encima de él aun conectados por la virilidad que comenzaba a pasar a reposo de él.



    Kari WalkerKari Walker ya sabes lo que falta -wink wink-
     
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  8. Kari Kitty

    Kari Kitty Into you

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    [Las cursivas son flashback]

    —¿Bebés?

    —Sí, mi madre me preguntó si pensábamos tener bebés pronto.

    Los dos jóvenes yacían abrazados con las sábanas cubriéndoles medio cuerpo, aún desnudos luego del acto de amor que tuvieron hacía poco tiempo. Hikari recargó su codo en la almohada donde antes estuvo su cabeza, descansando esta en la palma de su mano; mientras tanto, su prometida seguía sobre el cojín, mirando hacia arriba al hombre cuyo pecho acariciaba con su siniestra. Con su índice hacia círculos invisibles sobre la piel del médico en lo que él repasaba cada detalle en el rostro de la fémina; sus ojos eran lo que más lo hipnotizaba.

    —Yo no quiero tenerlos aún, soy muy joven —se quejó Hori, haciendo una mueca. Su acompañante puso una cara de reflexión.
    —Jamás había pensado en tener bebés —admitió —. Así que no lo sé.

    El hombre se quedó en silencio tras visualizar la luz de la luna reflejarse en el cuerpo de la peliazul. Por instinto estiró su brazo derecho y trazó una línea desde el hombro de ella hasta la muñeca; de ahí llevó su mano hasta su espalda y la acercó hacía él, ocasionándole un leve sonrojo en las mejillas.

    —No nos preocupemos por eso en un largo tiempo —Hikari le propuso al momento de juntar su frente con la de ella. El tono con el que decía las cosas hizo que Kyoko tragara saliva despacio, aguantando el deseo de arrojarse sobre él y comérselo a besos, pues estaba intrigada en lo que tenía que decir. Pero demonios, esa repentina voz ronca la encendía —. Vivamos el ahora; disfrutemos nuestra juventud, viajemos mucho y gocemos nuestro tiempo juntos, solo tú y yo —en eso acercó sus labios a la oreja de la kunoichi, erizándole toda la piel —; y sobre todo, hagamos el amor hasta cansarnos.
    —Eso ya lo hacemos —
    Aoi se rió avergonzada.
    —Nunca es suficiente —el dorado replicó, ganándose un suspiro de ella.

    Kyoko dejó su semblante divertido sin más, siendo imitada por el amor de su vida. Entonces, con delicadeza, pasó la yema de su pulgar por la mejilla del shinobi y dejó que su mano (la que tenía el anillo de compromiso) descansara ahí.

    —¿Tú y yo siempre juntos?
    —Para toda la eternidad.


    Y sus labios se unieron otra vez para sellar su promesa.


    Hatsume vio un atisbo de luz en los opacos grises de la Jinchuuriki. En ese momento ella se puso de cuclillas de manera tan repentina que el mandatario se sobresaltó; primero por el susto, después por verla retorcerse de sufrimiento, agarrándose la cabeza con ambas manos. Bambi, observando todo desde el suelo, chasqueó la lengua… Ese maldito Hokage encontró una apertura en su técnica controladora, pero no permitiría que la ANBU se escapara de su dominio. Para ello alzó su diestra, con cierta dificultad, y realizó un solo sello que provocó un grito desgarrador por parte de la ninja.

    —¡Algo se mueve en mi cabeza! —Chilló con los ojos cerrados y apretó la boca con fuerza, siendo audible el rechinar de sus dientes.

    Los ojos de Seiya se abrieron de par en par al escuchar esa frase porque, si prestaba más atención, podía percibir una pequeña entidad de chakra ajena a ella. No la detectó antes porque estaba, de alguna manera, fusionada con Hori; mas ahora que al parecer esa unión se deshizo gracias a la fuerza de sus recuerdos, el ente se movía de aquí para allá en su cabeza, intentando regresar a su cerebro. Aquella entidad era pequeñísima y obviamente un cualquiera no sería capaz de eliminarla, no obstante, Hikari sí que podía… Solo necesitaba que Kyoko dejara de retorcerse y permaneciera quieta. No obstante, la confusión de la ninja la volvió más inestable y ya no distinguía qué era lo que hacía; solo lanzaba golpe tras golpe sobre aquel que estuviera más cerca, en este caso Seiya. Para fortuna de este último, la psicosis y el dolor daban por resultado golpes nada coordinados y faltos de fuerza que podía detener con cierta facilidad.

    Antes de que Bambi lograra su cometido de tener a la ANBU de nuevo a su merced por completo, el Hokage se apresuró a liberar pequeñas partículas de su propio chakra que se arremolinaron sobre la kunoichi confusa y desesperada cuando esta cayó de rodillas al suelo. Esta gritó otra vez; primero por la angustia y después por el dolor extremo que precedió la eliminación de ese elemento que en sí era parte del propio chakra del enemigo. El sensor se dio cuenta al analizarlo a profundidad pero lo dejó atrás al estar más preocupado por atrapar a la mujer que cayó desmayada entre sus brazos.

    —Maldición… —Una línea de sangre resbaló por la comisura de los labios de Bambi, quien observó su plan fracasar de forma tan miserable.
    —La pelea ha terminado.

    Los ojos furiosos del causante de todo el caos se encontraron con los azules serios del Nidaime, mismo que cargaba a la Jinchuuriki consigo. El de la media cara quemada chasqueó la lengua con frustración y, acto seguido, intentó hacer un sello sin efecto alguno. El hacer algo así era más que inútil debido a la habilidad anteriormente utilizada por el del chakra arcano y esto frustró todavía más al hombre acorralado.

    Pero para su desgracia, las humillaciones no terminaron ahí.

    —Hemos capturado a estos tres que intentaron raptar a Lichita-sama —un recién llegado guardia señaló a los secuaces de Bambi (vestidos de cocineros), siendo sostenidos por otros más. Estaban noqueados y la susodicha llegó junto al grupo.
    —Bambi-kun —murmuró la hija del Feudal, acercándose al aludido lo más cerca que la barrera le permitía —. ¿Por qué tuviste que hacer todo esto?
    —¿Por qué, preguntas? —
    Repitió, sonriendo sarcásticamente. Pronto se puso serio —. Tú eres la razón de todo.
    —¡Pensé que entenderías que yo no te quiero! —
    Exclamó con lágrimas, dándole al tipo donde más le dolía, cosa que no se empeñó en ocultar —. Siempre has sabido que estoy enamorada de Gabriel Francisco José…
    —No menciones a ese marica.
    —¡No lo insultes! —Exclamó furiosa. El regañado frunció el entrecejo, mirando a Lichita con una mezcla de sorpresa y decepción —. GFJ (siglas de Gabriel Francisco José) jamás ha intentado tenerme a la fuerza, como tú.
    —Cállate…
    —¡No! —Lichita le dio un manotazo a la barrera con mucha furia y el ceño fruncido —. ¡No voy a callar más! Tú… tú trataste de abusar de mí porque te rechacé. Lo que mi padre te hizo fue merecido.

    Hikari miró con reproche al herido enemigo, mismo que se tocó la cara quemada por inercia.

    —Así que lo sabes…
    —Mi padre me lo acaba de decir.
    —Pues él lo hubiera hecho de todos modos solo por ser un simple guardián sin categoría —comentó con ira, dando un trasfondo de su pasado a aquellos que no lo conocían.

    Un corto silencio se suscitó entre ambos en medio de una guerra de miradas. Nadie del resto decía nada, porque casi ni existían para aquellos que ahora discutían sus problemas del pasado. Hatsume estaba atento a cualquier movimiento, sin embargo, el percibir que la kunoichi se removía durante su inconsciencia distrajo su atención de manera breve hasta que la hija del Damyo volvió a emitir palabra alguna.

    —Bambi-kun… No importa qué tanto luches; yo jamás seré tuya.
    —Lo sé… —
    Y el hombre recostó su cabeza sobre el pasto, resignado. Un extraño brillo se asomó en sus orbes y eso era parte de la tristeza que emergió de la aceptación del tipo.

    Bambi lo supo desde el primer día de la boda, cuando se disfrazó de camarero para estar en la fiesta. Miró a Lichita y a GFJ bailando, admirando desde lejos a la muchachita que no despegaba sus ojos de su prometido. El aferrado analizó su mirada; era la misma que él mismo ponía cuando la observaba. Al entender las cosas podría darse la media vuelta y marcharse… pero al mirarse al espejo sabía que no debía rendirse, sino que por lo menos debía hacerla pagar porque todo fue su culpa; ella se interpuso en su camino e hizo que se enamorara de ella sin imaginárselo.

    Con mucho disimulo, el hombre reintentó hacer el sello de control, pero no sobre Kyoko, sino uno de sus secuaces noqueados. Al parecer, el hecho de que su ayudante estuviera lejos del shinobi hacía que no fuera víctima de lo que este era capaz de hacer para eliminar sus parásitos de chakra puro, así que no pudo evitar que el joven controlado abriera los ojos, se zafara del agarre del que era presa (pues como estaba inconsciente no lo vigilaban mucho) y corriera en dirección a la mujer con kunai en mano, dispuesto a matarla. Lichita cerró los ojos al percatarse en el último segundo y, al abrirlos, descubrió que seguía a salvo. Una delgada pared de acero se interpuso entre ellos justo a tiempo, frenando al atacante que fue rápidamente sometido por los guardias. Quien hubo hecho eso fue Hori, la cual yacía despierta desde hacía poco tiempo y logró actuar a pesar de estar dentro de la barrera (y pudo usar chakra porque los tres minutos de la habilidad de Horu ya habían pasado).

    Bambi ya no tenía ningún otro as bajo la manga.

    […]

    —Oh, sí… Apriétame más fuerte.
    —¿Así? —
    Inquirió Kyoko.
    —Más abajo… —Murmuró Hikari con un suspiro —. Tócala.

    Los dos ANBU ya estaban de vuelta en la aldea, siendo casi de noche. Luego de los hechos suscitados esa mañana, Bambi (o lo que quedaba de él bajo sus circunstancias) fue detenido para llevarlo directo a prisión después de curarlo tras el daño recibido por la Senbon del Hokage. Este mismo y su novia fueron los que se encargaron de escoltarlo junto a sus secuaces después de que el Feudal accedió a eliminar la barrera principal gracias a la presión ejercida por el mandatario de la Hoja. ¿Qué sucedió posteriormente? Los invitados ya estaban despiertos para entonces y aprovecharon para huir despavoridos de la mansión bajo el grito de “a la mierda esta estúpida boda”. Por supuesto que el Damyo hizo un berrinche monumental, pero por lo menos se casó su hija… O de eso se enteraron nuestros protagonistas porque también se largaron (bajo la excusa de ocuparse de los delincuentes).

    El momento semi traumático los unió de nuevo, aunque Hatsume le pidió a Aoi una recompensa por hacerlo sufrir de esa manera al hacerle creer que perdería a la Kyoko que él conocía y amaba. ¿Qué le solicitó? Ya se lo han de imaginar.

    —Está muy grande…
    —Lo sé —
    respondió el rubio. Ambos estaban en el departamento del líder de la Hoja, específicamente en su habitación. La cama era su santuario una vez más —. Esta bola es producto del estrés.
    —Pues ya no te estreses tanto —
    le aconsejó la kunoichi, masajeando la bola que apareció en el hombro de su novio. Sí, eso fue lo que le pidió: Una tarde completa de masajes relajantes.
    —Tú hiciste que me estresara esta vez —le reprochó y ella rodó los ojos fastidiada. Prácticamente le recordó la pelea involuntaria de ese mismo día.
    —Blablablá —le dio un manotazo en la bola, por lo cual Horu se quejó —. ¿Ya estás feliz?
    —No.

    El Hokage se dio la media vuelta y la sorprendió tanto que no alcanzó a evitar que la recostara en la cama, con él sobre ella (aunque tampoco era como que quisiera huir) para, acto seguido, atacarla a besos. Ahora sí estaba feliz.

    Pero a ver cuánto les duraba esa felicidad con las vueltas que da la vida.

    ¡¡FIN!! (Por ahora :15:).

    Hevans~Hevans~
     
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  9. Milo 9000

    Milo 9000 Moderador

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    Misión reasignada a JolieJolie a quien pedí que se encargase a la brevedad.
     
  10. Madara

    Madara Porn is good.

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    Kari WalkerKari Walker Hevans~Hevans~ Ante nada lamento la tardanza.

    Holi, aquí estoy para darles su corrección; que haré de manera general puesto que no tengo muchas cosas para decir. Básicamente fue una misión bastante buena, los giros de la trama me mantuvieron muy al pendiente y, a pesar de que hicieron mucho de lo que se podría catalogar como “relleno” fue recompensado claramente por una historia sustentable, concreta y muy fácil de llevar.


    Trama:

    Muy buena, como dije arriba; tomaron cada uno de los aspectos del enunciado y lo explotaron como es debido, no sólo ateniéndose a cumplir únicamente estos sino ir más allá. He ahí la esencia de una trama. La participación de ambos personajes fue simplemente genial, más cómo se desenvolvieron tanto en conjunto como individualmente. Sé que fue más allá de sólo una misión A, ya que involucra mucho acerca de la pareja (sí, el sex y todo eso(¿)). En definitiva, no tengo mucho qué decir sino que felicitarlos por una trama llevadera, limpia e interesante.
    10/10


    Verosimilitud
    Odio corregir este tipo de misiones a veteranos porque, definitivamente, es muy difícil conseguir errores en este apartado(??). No tengo nada que agregar. 10/10


    Interpretación
    Creo que éste fue su mejor apartado, de lejos. Ambos se complementan en demasía, y sé que no sólo porque sus personajes son pareja; sino más bien por el hecho de que se conocen mucho (al menos en el ámbito de la escritura), no fue brusco el cambio de un post a otro: todo estaba en sintonía. Ambos tienen la particularidad de crear una breve comedia que puede sacar una sonrisa al lector sin desviarlo del tema en concreto, cosa que no es tan fácil de hacer. Menos en una situación tan seria como la cacería de un asesino. Personalmente me gusta cómo se tratan sus personajes y lo fácil que les resulta plasmar los pensamientos uno del otro sin problema y siguiendo por supuesto al pie de la letra los aspectos psicológicos de éstos. Entorno, NPC’s, todo estuvo en orden y muy limpio, felicidades.
    10/10

    Pagas:

    Ambos se llevan 550 ryos + 5 PR (por progresividad de Reputación).

    550 ryos + 2 PP para Konoha

    UnderwoodUnderwood yo asigno, puedes cerrar~

     
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  11. Milo 9000

    Milo 9000 Moderador

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    Vaya, misión perfecta (?).

    Cierro tema :01:
     
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