Fanfic Bleach E: Volumen 1 (LN)

Tema en 'Zona creativa' iniciado por Zaratustra, 12 Nov 2017.

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    Zaratustra

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    Hola a todos, quiero compartir con ustedes un fanfic estilo LN que estoy escribiendo sobre el universo de Bleach.
    La historia es una reinvención sobre poco mas de la mitad de la serie, es decir final de la batalla con Karakura, previo a los Fullbrings.

    Sin mas preámbulos, les dejo la historia, espero que la disfruten.

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    -Sinopsis:
    Un recuerdo distante de una batalla casi olvidada.
    Un mundo que desconoce el peligro, pero puede sentirlo cada vez mas cerca.
    Desapariciones extrañas asolan la ciudad de Karakura y pronto se extienden a todo japón.
    Un mal antiguo está renaciendo y esta vez parece que los Shinigamis no serán suficientes para enfrentar la amenaza que se cierne sobre ellos.

    La historia hasta ahora:
    Ichigo Kurosaki era un joven estudiante de lo más normal, bueno, sin contar su cabello de color naranja y el hecho de que podía ver y comunicarse con espíritus.
    Su vida sufrió un brusco cambio cuando se encuentra con Rukia Kuchiki, una Shinigami, dioses de la muerte cuya tarea es guiar el alma de los fallecidos hasta la sociedad de almas. Rukia, atacada por un alma oscura, llamados Hollows, no tiene otra opción más que darle una parte de su poder a Ichigo para transformarlo en un sustituto de Shinigami.
    Desde ese día, junto a ella y sus amigos, Chad, Orihime y Uryū, vivieron aventuras que los llevaron a recorrer dimensiones increíbles y enfrentar poderosos enemigos.
    El último y más terrible de todos fue Aizen, un Shinigami traidor que deseaba obtener el poder del rey de los Shinigamis para convertirse en regente del mundo espiritual.
    La batalla final fue brutal y si bien Ichigo y la sociedad de almas lograron salir victoriosos, el joven Shinigami perdió todos sus poderes en un sacrificio último para derrotar a su enemigo.
    Allí, en un mundo en paz aparente, rodeado de espíritus y voluntades ardientes, comienza esta historia.

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    Índice:
    -Prólogo I: Voces, truenos y un gran terremoto.
    -Prólogo II: Locura.
    -Capítulo 1: El hombre Triste.
    -Capítulo 2: -Próximamente-


    Esta obra es una adaptación creada por y para fans, inspirada en el manga "Bleach" de Tite Kubo, que cuenta además con un Anime, cuatro películas animadas y una seis novelas ligeras, no son de mi autoría la mayoría de personajes, lugares y técnicas que en la historia aparecen.
    Todos los derechos pertenecen al autor, Noriaki Kubo (Tite Kubo).

    El manga de Bleach actualmente se encuentra finalizado y mi historia toma lugar justo después de finalizar la batalla en Karakura, sin profundizar en todas las sagas que vinieron a continuación e inventando la historia desde ese punto por lo que si no estás familiarizado con el universo de Bleach no sería buena idea comenzar por aquí.
    Si la historia te agrado, por favor no dudes en leer el manga, seguro que te va a encantar.

    Esta historia está narrada en formato novela ligera, por lo tanto no se utilizan los guiones o raya de diálogos (—), sino que estos son abiertos con comillas ("") y cerrados por ellas. Así mismo se encuentran en cursiva. Por otro lado los espacios entre los párrafos son mucho mayores que en una novela común si bien esto es algo que no siempre se cumple, para volver el estilo mas de lectura mas sencillo, se suprimió en la escritura de esta historia.
    Ciertas expresiones y datos pueden sonar confusos al principio, la terminación "Kun" al referirse a alguien (Ej Kurosaki-Kun), el hecho de nombrar a los personajes por su apellido ocasionalmente, entre otros. Todo ello sera aclarado en la historia a medida que suceda.

    Pido perdón por las confusiones que esto pueda causar en los lectores occidentales, decidí utilizar este modelo por la certeza de que es este el método más fiel y útil para narrar este tipo de historia, respetando en todo lo posible el estilo y la cultura en que fue creada, es decir, Japón.

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    Como veloces sombras moviéndose en la noche corrían por aquel bosque, saltando entre los árboles provocando que sus ramas se partieran y sus hojas cayeran por la velocidad a la que se desplazaban.
    Si un ser humano hubiera estado presente en aquel solitario lugar, no habría podido sentir más que una fuerte brisa fría cuando los guerreros pasaran a su lado, a toda velocidad.
    Aquellos Shinigamis, conocidos por las leyendas y los mitos como dioses de la muerte, tenían como tarea servir como guía de las almas de los fallecidos, sin embargo en este día su misión era otra y su papel era no otro que el de guerreros espirituales.
    Hoy habría lucha, habría muerte.

    ¡Deprisa!

    Oyeron que gritaba su teniente, quien iba delante esforzándose por alcanzar al comandante.

    ¡Los otros escuadrones ya deben estar cerca!

    Terminó.

    Un Shinigami joven se ajustó la espada a su cintura con algo de esfuerzo. Sus manos temblaban y por dentro estaba sintiendo mucho miedo pues era esa su primera misión de campo. El hecho de que lo hubieran reclutado sin importar su experiencia solo aumentaba su nerviosismo, pues reflejaba lo importante que debía de ser.

    Asegúrate de que esté bien sujeta.

    Le comentó uno de sus compañeros al pasar.

    La Zampakuto no es solo el arma del Shinigami

    ...También es su alma

    Dijo otro que había escuchado la conversación y el joven guerrero bajó la mirada, avergonzado. Las cicatrices en los rostros de aquellos dos compañeros y la familiaridad con la que hablaban le mostraron que no era esta su primer mision y se preguntó cómo podía ser tan cobarde.

    Tranquilo muchacho. Todos hemos tenido miedo. En mi primer misión perdí mi espada y la estuve buscando por casi tres horas. Cuando la recupere ya no quedaban Hollows que enfrentar.

    Hollows, <<Seres originados del alma de los fallecidos que no encuentran descanso y vagan durante demasiado tiempo en el mundo humano. Corrompidos y enloquecidos acaban atacando a las personas indefensas, cuyas almas utilizan como alimento>>.
    La siempre constante tarea de enfrentarlos recaía en los hombros de los Shinigamis, se recordó el joven guerrero, sintiendo todo el peso de dicha responsabilidad sobre sus hombros delgados.

    No olvides el lema del quinto escuadrón: con la vista al frente

    Dijo el que corría a su lado.

    ...Y el alma serena.

    Completó el joven un poco más calmado.

    Lo harás bien. Sobretodo con estos dos cuidándote la espalda

    Agregó de inmediato el extraño, señalando a los otros dos que le habían hablado anteriormente.
    Luego de pronunciar estas palabras aceleró su paso y se alejó muy rápido.

    Parece que le caíste bien… al segundo teniente

    Comentó uno de los ahora designados protectores.

    Te… ¿Teniente?

    Respondió el joven y sintió como sus nervios regresaban. ¡Había estado en frente a otro de sus tenientes y ni siquiera lo reconoció! "¡Recibiendo palabras de aliento de un guerrero de tan alto rango!" Apretó la mano en la empuñadura de su Zampakuto y tragó saliva, luego aceleró el paso, no quería que los demás vieran que se había puesto rojo como un tomate.

    A unos veinte metros de allí, el segundo teniente del quinto escuadrón, Sekichi Megura, daba por fin alcance al primer teniente.

    ¿Por qué no está en su puesto segundo teniente?

    Fue la pregunta con la que lo recibió, sin voltearse, su compañero y superior. El primer teniente del quinto escuadrón, Yamil LIveron.

    ¡A esta altura veo imposible un ataque por la retaguardia Primer teniente, señor!

    Respondió el aludido gritando para hacerse oír por sobre la fuerza del viento.

    Corrían a velocidades superiores a la del sonido saltando y esquivando ramas, pozos y demás obstáculos naturales de aquel bosque que sólo unos pocos habían transitado. Sus vestimentas completamente negras se ajustaban al cuerpo pero aun así ondeaban con la fuerza del viento, al igual que las fajas, bufandas y vestimentas demasiado ("innecesariamente" pensaba Yamil) largas.
    Sekichi volvió a quitarse el pelo de la cara y se dijo que al regresar lo cortaría. No llegaría a quitárselo todo como el primer teniente, calvo desde hacía casi doscientos años, pero al menos un poco más corto, no le vendría mal y en verdad sería útil para misiones sorpresa como aquellas, pues ni siquiera había tenido tiempo de llevar algo para sujetarlo.
    Por fortuna el novato con el que había hablado segundos antes traía una gomilla y ni siquiera notó cuando se la quitó.

    A pesar de ir a máxima velocidad su capitán aún se encontraba lejos de ellos, y no parecía que pudieran alcanzarlo con facilidad. Sekichi se ató el pelo sin dejar de correr y aumentó su velocidad.

    Además, parece que fueras a necesitar algo de ayuda aquí.

    Apenas pronunciada esta frase los dos tenientes sintieron como si hubieran chocado contra una pared de hielo sólida e invisible que se manifestase de la nada. Solo con esfuerzo lograron seguir avanzando sin detenerse.
    De no haber sido porque segundos antes tuvieron la sensación de que algo se aproximaba, podrían haber salido incluso heridos.
    Un sudor frío corría por la nuca de Yamil y llegó a temblar cuando dijo un apenas audible:

    Monstruos…

    La sensación había sido producida por una liberación de poder espiritual de forma tan masiva que por un segundo pareció estar rodeándolo todo. Ese poder de alguna forma hablaba de muerte, guerra y destrucción, sintieron los tenientes.

    "Solo con una liberación de Reiatsu. ¡Y a esta distancia!"

    El tono de Sekichi era una combinación entre miedo y admiración. Ambas dirigidas hacia el poder.

    Sekichi lo sabía por la academia, ellos, Shinigamis, seres espirituales encargados de vigilar y dirigir el mundo de los espíritus, eran particularmente sensibles a la fuerza espiritual, la cual podían controlar y usar como forma de combate.
    Si bien era cierto que la necesitaban hasta para los más simples movimientos. Saber hacer uso de su “Reiatsu” era una cuestión vital y sólo alcanzaban el rango de teniente, y podían seguir avanzando, aquellos que lo dominaban como ningún otro.
    Su escuadrón, el quinto, se especializaba en manipular dicha energía.
    Había sin embargo otro nivel de dominio, el “Reitakai”, la energía del alma utilizada pura y exclusivamente para la batalla.
    Este nivel era exigido a todos aquellos que deseaban ser capitanes de escuadrón. Se enseñaban que la potencia del Reitakai dependía de la cantidad de Reiatsu que el guerrero tuviera acumulado y que en función de cuanto fuese podía causar daños en el flujo de otros Reitatsus cercanos o incluso, en el cuerpo espiritual mismo de los propios Shinigamis.
    Era por esto que solo los mayores expertos lograban dominarlo y tomaba en ocasiones treinta o más años.

    Si el capitán no hubiera intervenido más adelante...

    Comentó Seguchii preguntándose cuánto de ese poder había desviado su Capitán y en qué condiciones se encontraría.

    La liberación de poder que habían sentido venía del lugar al que ellos se dirigían, y si bien aún se encontraban lejos cada paso los acercaba más y más a la fuente de semejante terrorífico poder.
    Lo que más lo aterraba sin embargo era no saber si la batalla entre aquellos que eran considerados los mayores guerreros estaba por llegar a su punto culmine, o apenas comenzaba.

    "¡Vamos! ¿Quieren el honor de ser el último escuadrón en llegar?"

    Rugió Yamil, mezclando la ironía y la potencia de una orden imperativa, dando una mirada hacia atrás, con seriedad en la mirada y el ceño fruncido.

    "Estamos cerca y nuestro Capitán Comandante nos necesita"

    Agregó, dirigiéndose a los soldados que los rodeaban, pero con la potencia suficiente como para que incluso los más rezagados de aquellos treinta y cuatro hombres y mujeres pudieran escucharlo.
    Los tenientes apuraron el paso y detrás de ellos también lo hicieron los otros guerreros espirituales, quienes solo había sentido un pequeño porcentaje del poder liberado más adelante y aun así estaban completamente atemorizados. El choque frontal contra aquella energía les quito los pocos deseos que tenían que de estar allí. Los había que temblaban y respiraban con dificultad. Si hubieran tenido sangre corriendo en sus venas estarían sin dudas blancos como el papel. Benéficos de ser almas andantes.

    Sobre ellos, en el oscuro cielo las nubes se arremolinaban y a toda velocidad se movían hacia el horizonte, como si acompañaran a su manera el andar de aquellos que corrían hacia la batalla.

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    El aire quemaba y explotaba en sonidos eléctricos, cargado de poderosa energía espiritual. En un claro del bosque, los árboles ardían y caían, mientras la tierra se partía en pedazos de sólida roca. En ese lugar el sonido del combate, de las espadas chocando, era lo único que podía escucharse.
    Un Shinigami gritó como no lo hacía desde hace mucho tiempo y su enemigo respondió con un rugido leonino que opacó incluso aquel grito guerrero.
    Los suelos temblaron.
    Las espadas volvieron a chocar.

    Un Búho nocturno acechaba a su presa, a casi tres kilómetros de ese lugar. Con sus fríos ojos de depredador vigilaba cada movimiento de los dos pequeños ratones de tierra que olisqueaban preocupados hacia el lugar en el que se estaba desarrollando una batalla como ningún otra. Ellos no lo sabían, no podían saberlo, pero su instinto les indicaba solo una cosa de ese sitio.
    Peligro.
    El Búho se lanzó, agitando sus alas, veloz, contra sus presas y logró capturar con sus poderosas garras al más pequeño de los ratoncitos. Su compañero emitió un fuerte chillido y por un segundo dejó de concentrar su atención en el sitio que hasta entonces los preocupaban.
    El ave solo logró elevarse cinco metros cuando una sensación la rodeo. Como si de repente hubiese impactado con una pared invisible. Sus sentidos, desarrollados por años de evolución para la caza nocturna enloquecieron, como si todo a su alrededor se hubiera convertido en algo capaz de darle muerte. Soltó al ratoncito sin notarlo si quiera, sintiendo un miedo tal que no le permitía volar hacia ninguna dirección y se quedó allí, moviendo sus alas en la oscuridad.
    Un destello de luz como el sol en plena mañana captó su atención. Por un segundo, sus ojos de depredador nocturno, no vieron más que aquella luz.
    Luz y destrucción.
    Aleteando como nunca antes, se alejó del lugar a toda velocidad. De alguna forma primitiva, entendió que si permanecía allí, el cazador se convertiría en la presa.
    Debajo del ave, los dos pequeños ratoncitos sintieron la felicidad del reencuentro juntando sus manitos y chocando sus hocicos. Sin embargo no hubo mucho tiempo para ellos pues de inmediato experimentaron sensaciones parecidas a las del cazador, por lo que huyeron corriendo todo lo que sus pequeñas patitas les permitían.
    Tan veloces que no pudieron notar como decenas de animales, algunos más pequeños, otros tan grandes como ese búho, los seguían en la misma dirección, urgidos por el mismo miedo.

    Dos espadas chocaron.
    Dos guerreros gritaron, rugieron.
    La tierra se partió en pedazos debajo de sus pies, producto de la fuerza inhumana que ejercían con cada choque. En este último, el guerrero de fuego había puesto gran parte de su fuerza.
    Las espadas salieron despedidas hacia direcciones opuestas, fruto del tremendo impacto, sin que pudieran evitarlo. Sin darse tiempo ambos volvieron veloces a chocar espadas.
    El mandoble descendente del Shinigami fue frenado por el ascendente del León y la tierra volvió a sufrir como si una bomba hubiera estallado en ese lugar.
    La onda expansiva que abarcó varios kilómetros, ahuyentando a todo ser vivo que pudiera sentir un poco de miedo y aprecio por la vida, tuvo como epicentro aquel choque de espadas.

    Kendo

    Genryusai Yamamoto, Capitán Comandante de la sociedad de almas, líder indiscutido de los Shinigamis, pronunció solo esa palabra antes de volver a chocar espadas con su rival.
    Aquel ser, cuya cabeza era similar a la de un león pero al menos unas dos veces más grande respondió al ataque con un rugido y una estocada desde arriba. Su cuerpo era similar al de un humano y la falta de musculatura hacía que aquella gran cabeza en ese delgado cuerpo pareciera algo ilógico, imposible a la vista.
    Esta vez los dos contendientes chocaron sus espadas pero no retrocedieron. Se hallaron enfrascados en una lucha de fuerzas, empujando las hojas de las armas una contra otra.
    Los músculos tensos de Yamamoto indicaban el esfuerzo que realizaba. Su enemigo por el contrario parecia no hacer ninguna clase de fuerza adicional si se miraba su cuerpo, sin embargo en su rostro de bestia podía notarse la mirada de un guerrero que enfrenta algo como nunca antes lo hizo.
    De cintura para abajo, aquel cuerpo de ser humano con cabeza de león no tenía piernas, sino más bien una especie de ancha cola alargada que flotaba a pocos metros del suelo como si estuviese hecha de humo celeste y tangible. Todo su cuerpo era de una forma y apariencia similar puesto que estaba hecho de energía espiritual y tenía el brillo azulado de dicha energía.
    A medida que aumentaba la fuerza sobre su enorme espada, la hoja de esta absorbía más y más poder volviéndose cada vez más brillante.
    La criatura rugió y Yamamoto comenzó a retroceder, poco a poco, arrastrando sus pies sin levantarlos del suelo, destrozando la tierra bajo ellos.
    Otro rugido más leve, pareció ser la confirmación de que la criatura, invocada mediante antigua magia prohibida por el verdadero enemigo del Capitán Comandante, se sentía victoriosa.
    Fue entonces cuando el Shinigami sostuvo la espada con su mano derecha, pasando a utilizar ambas manos, en vez de solo una. Kendo, así era llamada aquella práctica de combate.
    El efecto fue veloz, pero certero.
    La espada, de una hoja anchisima, aquel León-Hombre se partió en dos frente a la Katana de Yamamoto, al no poder soportar la tremenda fuerza con que el guerrero había atacado . La sorpresa fue tal que un rugido victorioso no llegó a transformarse en miedo pues para cuando el León se dio cuenta de esto también a él lo habían cortado en dos de la cintura para arriba y su cuerpo hecho de energía espiritual ya había comenzado a desaparecer. Antes de ser desintegrado del todo, el León tragó aire y prorrumpió en un rugido brutal de sus pulmones imposibles, provocando una explosión de sonido que destrozó varios metros de tierra. El Shinigami esquivo el ataque supersónico de un salto que lo elevó cientos de metros hacia el cielo, usando su excelente control de la energía espiritual. Su enemigo, aquel que había invocado a la bestia, se le había adelantado y fue solo la sensación de peligro templada en años de batallas lo que permitió a Yamamoto esquivar el rayo eléctrico que surgió de las páginas del libro que aquel otro guerrero utilizaba como armamento.
    El capitán comandante respondió con una estocada que impactó en el lomo del libro y fue rechazada. De inmediato Yamamoto respondió con otra pero esta vez de la hoja de su espada surgió una llamarada abrasadora que iluminó con destellos el cielo nocturno.
    Cuando el fuego se disipó el guerrero del libro desactivó el escudo de energía que lo había protegido del ataque antes de que le consumiera más de su poder y pensó en lanzar otro rayo hacia el Shinigami. Abrió los ojos de par en par cuando no pudo verle en el mismo lugar de antes y en seguida sintió una sensación de peligro sobre el. Fue un segundo, pero para combatientes tan rápidos, era demasiado tiempo. Yamamoto se hallaba sobre él y de una patada en la espalda lo envió volando como una roca lanzada desde un edificio hacia el suelo que se destrozó con el impacto.
    El guerrero del libro estaba lejos de ser humano, por lo que se levantó velozmente, justo a tiempo para saltar hacia un lado y esquivar a Yamamoto descendiendo con la Katana entre sus manos. Esta se clavó en el castigado suelo sin lograr darle a su objetivo y el guerrero del libro, a diez metros de allí, no tuvo tiempo de preparar otro ataque pues sintió el terremoto bajo sus pies justo antes de tener que saltar de nuevo, esquivando la enorme llamarada que surgía desde la tierra misma. Otro temblor indicó que debía esquivar nuevamente y así lo hizo. A velocidades superiores a las del sonido logró evadir con esfuerzo cinco enormes columnas de fuego que surgían desde cada lugar sobre el que se paraba, creadas y guiadas por Yamamoto, quien se hallaba en el mismo lugar de antes con la espada aun clavada en el suelo. La sexta torre de fuego no fue tan fácil de esquivar y el cansado guerrero recibió parte del impacto debiendo quitarse parte del atuendo que hasta entonces lo cubría pues estaba siendo incinerado.
    El guerrero esperó otro temblor, pero ya no hubo más.
    Varias gotas de sangre mezcladas con sudor cayeron desde sus múltiples heridas y regaron el suelo con el líquido vital. Pequeños cortes en toda la cara, dos costillas rotas y un gran corte en el hombro derecho que sangraba profusamente eran las marcas que aquel combate le había dejado. Ahora, producto del último ataque, parte de su pierna derecha se había quemado y poco a poco estaba dejando de sentirla. Un destello captó su atención y al levantar la vista apenas tuvo tiempo para abrir los ojos y la boca en un gesto de sorpresa cuando la enorme esfera de fuego, formada por todas las columnas que anteriormente habían surgido desde la tierra elevándose hasta el mismo cielo, cayó sobre él.

    "Ryūjin Jakka"

    Dijo Yamamoto, nombrando al espíritu de su espada, con la hoja de su Zampakuto elevándose hacia la brillante esfera gigante que caía.

    La explosión se elevó casi un kilómetro, desaparecieron las nubes del cielo nocturno, dejando un extrañamente bello agujero enorme entre la multitud de ellas que se concentraba en el escenario del combate. La tierra sufrió menos del poder liberado, pero aún así rugió y tembló cuando aquella explosión se desató. Visto desde afuera podría parecer como si dos ejércitos enormes estuvieran enfrentándose en ese lugar.
    Los miles de grados que la esfera de fuego había liberado sobre el terreno crearon un cráter de casi veinte metros de profundidad y el doble de ancho. Se hallaba cubierto de humo que poco a poco se disipaba, subiendo hasta la atmósfera y uniéndose al generado por pequeños incendios que la batalla había dejado como resultado en distintas partes cercanas del bosque.
    El cielo rugió, indicando la tormenta.
    Yamamoto, inmóvil, esperaba con la mirada seria puesta en el cráter humeante.

    ¡Debes escucharme Genryusai!

    Gritó la voz de su rival.

    Si el libro no mentía, te estas condenando. ¡Nos están condenando a todos!

    Agregó, desde alguna parte.

    Si te dejo avanzar nos estoy condenando

    Fue la respuesta de Yamamoto quien aun en el fragor de la batalla no gritaba.

    ¿¡Como puedes pretender eso!? ¡Tu sabes mejor que nadie el peligro que representan!

    ¡Detén esta locura!

    Esta vez fue Yamamoto quien gritó negando con la cabeza, interrumpiendo a su enemigo. Sus largos bigotes negros se sacudieron en el aire.

    Ya hemos sufrido demasiado, Gryphon. ¡Esto tiene que acabar!

    El guerrero del libro salió de entre los escombros y el humo casi disipado justo cuando los cielos volvieron a rugir. Dejó el cráter tras de sí y miró a la cara de su rival.

    Eres mi amigo Yama-ji, no quiero lastimarte

    Dijo Gryphon, con tristeza en su mirada. Se había quitado la camisa destrozada y ya no le quedaba ninguna prenda que le cubriera de cintura para arriba. Nuevas heridas se le había abierto en todas partes del cuerpo y allí donde no sangraba había rastros visibles de quemaduras.

    Detente entonces. Entregame el libro, volvamos junto a la Sociedad de Almas

    Fue la respuesta de Yamamoto, quien se hallaba en terreno unos dos o tres metros más altos que los de Gryphon. Una gota de sangre bajo por su sien, recorriendo su mejilla, cuello y brazo derecho hasta llegar a la punta de sus dedos, desde donde cayó al destrozado suelo.

    Gryphon apretó los puños antes de responder, moviendo luego enérgicamente las manos.

    ¡Estas ciego! ¡Provocaras la destrucción de todo lo que hemos construido!

    Yamamoto no respondió.
    El cielo rugió y un estallido de relámpagos los iluminaron por un segundo. El rostro alargado, cansado y herido de Yamamoto, con su gesto serio y cierta tristeza en la mirada observó fijamente, y fue observado, por el rostro más viejo y desesperado de Gryphon.
    Sus gestos transformados por los acontecimientos ya no mostraban a un sabio o a un apacible amigo. El cabello oscurecido y sucio, separado en dos por una franja calva, ya no le hacía lucir más joven.
    Cuando los relámpagos desaparecieron, ambos entendieron que ninguno iba a rendirse.

    ¿Recuerdas lo que siempre solía decir?

    Preguntó Grypohon, con una sonrisa triste en sus labios heridos, abriendo el libro de tapa marrón oscura que sostenía en sus manos. La contratapa y gran parte de las últimas hojas se hallaban totalmente ennegrecidas por efecto de las llamas.

    Yamamoto lo recordaba, pero no dijo nada. Podía incluso escuchar en su mente las palabras que varias veces Grypohon había pronunciado en charlas, paseos nocturnos, o toda vez que alguien inquiriera sobre la excelente relación que llevaba con Yamamoto.
    <<Algún día tu y yo pelearemos y sera un gran espectáculo>>.
    No era así como el Capitán Comandante de los Shinigamis hubiera esperado que se desarrollara ese espectáculo pero esto tampoco lo dijo.
    Sus miradas habían hablado.
    Ahora solo cabía pronunciar una única palabra.

    Ban-kai

    ¿Así será eh?

    Dijo Gryphon mientras veía como la hoja de la Zampakto de Yamamoto se ennegrecía y una fina línea de humo surgía desde su punta, elevándose hacia el cielo.
    La primer gota cayó cuando la tormenta comenzó, justo sobre aquella hoja. El sonido que produjo fue efímero antes de que se evaporara, al igual que todas las demás gotas que le siguieron.

    Y mientras los distintos escuadrones de la sociedad de almas se acercaban hacia el lugar, Yamamoto observó cómo desde las hojas del libro surgía una figura monstruosa, como si un tótem de tribus ya olvidadas se formará de repente utilizando figuras que poco tenían en común, pero generaban el efecto de ser algo aún más inhumano.
    La cabeza de un búho, con los cuernos de un toro. Las alas gigantes de un ser desconocido y la cola de una serpiente. La cabeza de una cabra, sobre el costado izquierdo, la cabeza de un pájaro deforme sobre el costado derecho. Las pequeñas pezuñas de algún animal rupestre como manos de aquella invocación final.

    Zettai-tekina kyōki

    Gritó Grypohon, terminando la invocación. Frente al rostro húmedo del búho comenzó a formarse una esfera de energía.

    Kyokujitsujin, Zanka no tachi

    Dijo Yamamoto, nombrando a su espada, y se lanzó contra su rival al tiempo que el Tótem lanzaba también su ataque.
    En el cielo un fenómeno muy extraño sucedió cuando de forma imprevista dos rayos chocaron.

    Genryusai Yamamoto bajo la mirada a los papeles de su escritorio.
    El sonido de espadas chocando entraba por las ventanas abiertas, a pesar de que se encontraba en el último piso.
    La academia de entrenamiento estaba llevando a cabo ejercicios de combate y los gritos así como también los golpes con las Katanas de practica eran llevados por el aire hasta los oídos del viejo guerrero, quien inconscientemente se había dejado llevar por recuerdos.
    "Gryphon..." pensó. Aquella noche, en el bosque, había tenido que enfrentar una de sus mayores pruebas, no solo por el gran poder que su enemigo poseía, sino precisamente porque no se trataba de su enemigo. No era un hollow al que exterminar, ni era un villano que buscará su ruina. Era su compañero, su amigo.
    Yamamoto también era mucho más joven en esa época y hoy, casi tres siglos después, entendía que había tomado la mejor decisión. Pero de cierta forma eso no le hacía estar más tranquilo.
    Con esto en mente se levanto de su asiento y se acercó a la ventana. Una brisa fresca entraba por ella y pudo ver a los Shinigamis novatos siendo entrenados. Los capitanes Ukitake y el peludo eran los encargados de supervisar las maniobras de combate.
    Dos jóvenes entrenados por el propio Yamamoto, sin duda de lo mejor que la academia poseía.
    Recordar esas cosas le ayudó a alejar su mente de los momentos que prefería olvidar y logró reunir la calma suficiente para regresar a sus labores más "diplomáticas" como Capitán Comandante.

    <<El sonido de espadas chocando atrae batallas>>

    Pensó, antes de continuar con sus tareas.

    Las noches de la sociedad de almas eran una ilusión, o mejor dicho, una imitación.
    Desde su formación, aquella dimensión se había caracterizado por ser similar en muchos aspectos al mundo de los humanos. Al punto tal de que sus construcciones arquitectónicas, tanto los grandes edificios y casas de familias de la realeza, como los pequeños hogares pobres de las periferias, como también la apariencia de aquellos que allí vivían y hasta las cosas de la naturaleza simulaban al mundo humano.
    Con el paso de los siglos hasta las propias relaciones entre los Shinigamis que allí habitaban se habían transformado y visto afectadas por la manera en que se daban en el mundo humano, habiendo familias de la realeza, Capitanes, tenientes, científicos y gobernantes.
    Árboles, animales, todo allí era en apariencia familiar a los ojos de los pocos mortales que pudieran observarlo.
    La familiaridad era necesaria para que las almas no se sintieran desorientadas en su estancia ahí.

    Allí, entre las calles cubiertas de perfectas baldosas corría un Shinigami. Su respiración era agitada y sus ropas negras como la noche estaban rasgadas en varios lugares, dejando ver las prendas blancas que llevaba debajo, principalmente en sus rodillas y piernas.
    Volvió a tropezar y caer, causándole una nueva rotura a la túnica. Se levanto velozmente y reanudo la marcha tras mirar hacia atrás por unos segundos.

    "No..."

    Susurro adentrándose en uno de los callejones oscuros de la zona central.

    "¿Viste eso?"

    Preguntó Iba Tetsuzaemon, dando un sorbo a su botella.

    "Parecía bastante alterado..."

    Respondió Kira Iduru, mientras tomaba la bebida que le ofrecía su compañero. Su mirada sin embargo estaba fija en los movimientos errantes de aquel Shinigami.

    "Tal vez vio a un fantasma"

    Bromeo Iba, palmeandole la espalda.

    "¿Lo reconoces?"

    Le pregunto a Iba, devolviendo la botella casi vacía.

    "No llego a verlo bien desde aquí, pero creo que no. ¿Te preocupa? Si fuera algo importante ya habría dado la alarma"

    Respondió, agitando la botella y poniendo cara de tristeza cuando vio el poco contenido que le quedaba.

    Antes de que Kira pudiera hablar, un sonido lo hizo por el. Fue muy breve, pero un claro grito, similar a un "¡No!" rasgo la noche, viniendo desde el lugar por el que había desaparecido segundos antes el Shinigami de extraño comportamiento.
    Similar, pensó Kira, puesto que antes de pronunciarse la "o" se había transformado en algo inentendible, como un aullido bestial.

    "Ni siquiera los Hollows gritan así"

    Comentó Iba, con seriedad.

    "Parece que tal vez si vio un fantasma"

    Dijo Kira con una media sonrisa.

    "Vamos"

    Agregó antes de desaparecer, lanzándose hacia la calle con rapidez, dejando un destello borroso de si.
    Iba lo siguió, sin percatarse siquiera que había dejado la botella tumbada sobre aquel techo y su contenido, rojo escarlata, brillante, estaba comenzando a derramarse bajo la luz de las estrellas.

    Las ventanas altas de los edificios pasaban como borrones a su lado. La respiración agitada, el sudor frió cubriendo su rostro.

    "¡No! ¡No! Yo lo vi. Yo lo vi"

    Decía aquel Shinigami, con la mirada desencajada, mientras avanzaba a toda velocidad por las calles laberínticas de la sociedad de almas.
    Se hallaba cerca de la zona central y sus comentarios y gritos eran escuchados por los guardias que cuando miraban extrañados hacia el lugar del que venia el sonido se encontraban con ya no había nadie.

    "Z...Zha..."

    El esfuerzo que hacia para pronunciar esas palabras se notaba en la seriedad de su gesto y lo tenso de sus músculos. Parecía como si toda la voluntad de aquel Shinigami estuviera puesta en empujar la lengua fuera de los labios y pronunciar algo que no podía.

    "Zhak..."

    Dijo, y calló de rodillas, presionándose el cuello con fuerza.

    "Yo lo vi, yo lo vi, yoloviyoloviyolovi"

    El parloteo se había transformado en algo inentendible y mientras se esforzaba en pronunciar, tartamudeando y tropezando no solo con el piso, sino también con las palabras, seguía sujetándose el cuello y el rostro.

    De repente vio como dos Shinigamis se le acercaban, saltando por entre los techos de los edificios mas bajos, parecían ser dos tenientes y un destello en su mente le susurro una palabra, "Kira".
    ¿Lo conocería? Se pregunto.

    "Con...oshe...cono...seria"

    Dijo, escupiendo en el suelo, arrancándose cabellos al pasar sus manos por su cabeza. De repente sus palabras se aclararon. Abrió los ojos de par en par y exclamo a voz de grito

    "¡Lo se! ¡Se el nombre! Zhakariha"

    "Zhakariha, Zhakariha, Zhakariha"

    Repitió sin detenerse, cuando los Shinigamis ya habían llegado al cruce de caminos en que se encontraba.

    "Yo vi el libro. Zhakariha. Yo lo vi"

    Dijo con una mueca torcida que simulaba una sonrisa.
    Luego desenvaino la Zanpakutō y se la hundió con fuerza en el pecho, atravesando el corazón.
    Una mancha oscura salpico el suelo antes de que su cuerpo, ya sin vida, lo tocara.
     
    Última edición: 18 Nov 2017 a las 19:07

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