Quest C Asalto en el Herbolario || Halsey & Gaia & Dylan

Tema en 'Digital World' iniciado por Maka Evans, 16 Jul 2017.

  1. Autor
    Maka Evans

    Maka Evans ¡Wubba lubba dub dub!|| Lord of Shipping

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    "Asalto en el Herbolario"

    Sollozó con pesar mientras se limpiaba de modo inútil el rostro. Floramon no pudo evitar ver con aire ausente aquella sección del herbolario, los estantes que miraba yacían vacíos y a su alrededor había un ligero desastre esparcido, tierra y objetos tirados por el suelo. No había querido recoger nada hasta que los Tamers que le ayudarían llegara, podría haber alguna pista oculta en el tiradero que los ladrones habían dejado. Sin más, se dedicó a regar el resto de sus plantas sin mucho ánimo, tanto trabajo le había costado conseguir aquellas hierbas medicinales y plantas aromáticas como para que alguien llegase una noche y se las llevara todas.

    De pronto, la campanilla de la puerta de malla sonó, indicando la llegada de dos presencias al herbolario.

    a) NPC que la solicita: Floramon
    b) Descripción de la misión: Nos acaban de informar que alguien ha robado en el herbolario de Floramon. Según la información que nos han otorgado, los ladrones se llevaron varios paquetes de hierbas medicinales y plantas aromáticas que ella misma había recogido del Bosque Inquebrantable. Necesitamos que alguien encuentre a los culpables y, de ser posible, recupere la mercancía
    c) Descripción del campo de juego: File City - Bosque Inquebrantable
    d) Objetivos a cumplir:
    • Ir a hablar con Floramon para que te relate lo ocurrido.
    • Ir al Bosque Inquebrantable y buscar pistas sobre los culpables.
    • Encontrar a los ladrones. Lo más probable es que sean agresivos, y haya que combatir contra ellos.
    • Recuperar la mercancía robada en caso de que aún la conserven
    e) Notas:
    • Según la información, los ladrones son dos Kunemon y un Dokunemon


    Plazo: 14 días.
    Número de Post: 3 c/u
    Tamer:
    Halsey Volk & Gaomon
    Gaia Zaytseva & Coronamon
    Dylan Tanneberger & Gomamon
    Digivice: Adventure [Todos]

    VerwestVerwest BishamonBishamon XayahXayah
    Todo listo, pueden iniciar~
    Nota:
    Les recomendaría que etiqueten a las personas que participaran en la quest~
     
  2. Verwest

    Verwest It's obvious, be honest

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    Las mejillas de la foca se inflaron por debajo de sus gafas oscuras mientras salía de la cafetería junto a su Tamer hacia las avenidas de File City. De vez en cuando se permitía mirar a la humana de reojo: Dylan bebía con suma tranquilidad su té de hierbas, pero lo que más resaltaba ante los ojos del pelinaranja era que la rubia no llevaba su cabellera suelta –como lo hacía usualmente- sino atada en una coleta que no le permitía despeinarse con el viento. Su ropa también era distinta y además cargaba con una mochila en la cual guardaba objetos nuevos, adquiridos gracias a la paga de sus anteriores misiones. Por tales motivos, Gomamon no podía dejar de percibir un espíritu algo fresco en ella.

    Te ves diferente hoy —acotó en voz alta.
    Es por mi cabello —replicó la teutona antes de sacarse sus gafas, idénticas a las del Digimon, para tomar los rayos de sol directamente en su cara. No había ni una sola nube en el cielo, y después de las idas y venidas hasta las Tierras Congeladas, disfrutar del calor se sentía muy bien. El dúo se detuvo en una esquina esperando que el semáforo peatonal cambiase de color para seguir avanzando.
    Falacia. No es eso... —la cola del acuático se movía de lado a lado— ¡Creo que te ves más animada! —Dijo luego con una enorme sonrisa. Pero contrario a sus afirmaciones, la cara de Tanneberger continuaba arrojando un gesto indolente, tan vivaracho como una interesantísima piedra. La mujer arqueó un poco sus cejas y se mantuvo en silencio, reflexionando: si bien ya no sentía apatía por realizar Quest y otros encargos, eso tampoco significaba que los disfrutase, ¿o sí? ¿Se estaba acostumbrando a la vida en el Mundo Digital? Enseguida tomó otro sorbo de té, uno muy largo y muy rápido casi atragantándose con ello.
    Entonces, ¿me veo mal?
    Claro que no. Te ves muy bien, así como yo —presumió.
    ¿Me veo como tú? —La germana revolvió el pelo de escoba de su compañero.

    Cuando el rojo cambió a verde, la Tamer se volvió a colocar los lentes oscuros para seguir avanzando. Se encontraban en una zona no muy poblada al sur de la ciudad, muy cerca de la salida hacia el Bosque Inquebrantable. A sus espaldas se podían divisar los edificios más altos de File distantes, muy distantes. La foca trepó sobre los hombros de Dylan, quien apresuró el paso para encontrar al fin, metros más adelante, el lugar en donde llevarían a cabo su nueva tarea: el edificio herbolaría. Dicho inmueble consistía en un gran domo de acero y cristal, de unos diez metros de alto y veinte de ancho en medio de una pradera despejada.

    Las puertas de acceso al sitio se encontraban abiertas de par en par y destrozadas: los pedazos de vidrio yacían remanentes en el piso. Lo único que delimitaba la entrada a personajes sin invitación era un pedazo de malla tan maleable como una cortina de tela. Los Héroes podrían traspasarla sin oposición alguna, pero en lugar de ello decidieron tocar la campanilla.

    ¿Hola? —Pronunció la humana alzando su voz, la cual recorrió el espacio casi vacío dentro de la cúpula hasta emitir un pequeño eco. Segundos después, Floramon apareció asomando apenas la cabeza desde detrás de un mueble. El Digimon sollozaba de manera audible, lo que hizo que los nervios de Tanneberger se dispararan un poco.
    ¿Ustedes son los Tamers que envía la central? —La de flores titubeaba entre dirigirse a la puerta o esconderse en la habitación detrás; su inseguridad era más o menos palpable.
    Así es —la de ojos verdes asintió con la cabeza.
    ¡Somos Héroes! —Intervino el acuático.
    ¿H-héroes?
    —el child saltó de los hombros de la rubia y miró a la herbolaria directo a los ojos— . Déjanos pasar y te prometo que vamos a ayudarte.

    El tono tranquilo y respetuoso en el cual la foca parlanchina recitara sus palabras sorprendió un poco a la teutona. Esa misma tranquilidad al parecer había contagiado a Floramon, porque ahora se dirigía hasta sus ubicaciones para remover la malla en el vano de la puerta y permitirles entrar. Dylan y Gomamon pusieron sus pies dentro del domo mientras recorrían con sus miradas las características del herbolario: al centro había un par de estanterías las cuales se encontraban vacías y a su alrededor tierra, macetas de barro rotas y objetos varios tirados al azar. DTB se acercó a ese foco de atención y se puso en cuclillas para poder examinarlo más de cerca.

    ¿Cómo fue que sucedió esto? —Preguntó con entonación distendida. El Digimon de las flores quiso contestar, pero a cada intento de abrir su boca, las lágrimas se amontonaban de nuevo en las lagunas de sus ojos. Sus gimoteos consternaron también, otra vez, a la alemana— . No llores, por favor —suplicó mirando a Floramon de reojo. Tal vez lo que el digital necesitaba en aquellos momentos para reconfortarse era un gesto de calidez; un abrazo, un apretón de manos y no un montón de palabras secas— . Todo estará bien —pero la de rango Medium no era bueno en ello y lo sabía. Esa era la razón por la cual se sentía incómoda. Aún en cuclillas, sus manos comenzaron a golpetear una y otra vez el piso de madera pulida, evidenciando su ansiedad.
    Tranquilo, ser inferior —el acuático, como si pudiese comprender lo que ella estaba sintiendo, intervino en el momento justo— . Esos ordinarios pagarán por haber causado estos daños.

    La joven soltó un largo suspiro y estiró su silueta para recomponerse. Entre tanto, la foca aprovechó la ocasión para vanagloriarse con sus historias semi ficticias. La coleccionista de flores le escuchaba con mucho detenimiento mientras sacaba otro pañuelo para limpiarse el rostro. Al cabo de minutos y de manera increíble, el hablador había conseguido apaciguar un poco su angustia.

    No debes temer, ¡soy el Rey del Digimundo! —El pelinaranja infló su pecho y su interlocutora esbozó una tímida sonrisa— . Cuéntanos, ser inferior, ¿qué fue lo que sucedió?
    Unos ladrones se colaron a media noche —musitó Floramon por fin— , se llevaron mis plantas más valiosas... —aunque su voz se rompió con las últimas sílabas al recordar por centésima vez el incidente. Gomamon le propinó unas palmadas animosas en su espalda.
    ¿Qué especie de plantas eran? —Inquirió la Tamer.
    Aromáticas...

    De pronto, la campanilla de la entrada sonó anunciando la llegado de otra persona o Digimon. Y debido a que la floreada (¿) estaba por hundirse en otro mar de lamentos, la humana se ofreció a atender el llamado. Su mueca se torció de estupefacción al encontrar a dos figuras conocidas del otro lado de la puerta: Halsey Volk y Gaia Zaytseva. La primera saludaba enérgicamente agitando sus manos de lado a lado mientras la otra lo hacía de una manera más modesta, con una diminuta sonrisa afable. Las jóvenes venían acompañadas por un Gaomon y un Coronamon.

    ¿Qué hacen aquí?
    ¿Hola? —Recriminó Halsey— Esta también es nuestra Quest.
    ¿Qué? —Debido a que la rubia seguía ensimismada, la de cabello rosa procedió a retirar por sí misma la malla que cubría la entrada para poder pasar al herbolario— ¿Cómo es posible?
    Pasé por tu apartamento esta mañana y ya te habías ido —Volk se cruzó de brazos— ¿acaso no lees el papeleo de la Central de Tamers? —Tanneberger despegó sus labios, pero no consiguió balbucear nada.
    Halsey nos anotó en la misma Quest. Le he dicho que hubiese sido amable que nos avisara antes —explicó Sasha.



     
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  3. Masaru

    Masaru "さあ、往こうか" Supermoderador

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  4. Mimikyu

    Mimikyu I'll send a SOS to the world Moderador

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    Desde que entraran a la tiendecita de Floramon y entablaran una conversación no tan casual, Gomamon echó sendas miradas que variaban entre su tamer y las otras dos humanas que, ¡casualmente! Nunca había visto antes. La foca empezaba a inquietarse en su interior. Con un propósito evidente hizo un sonido con su garganta dirigido a Tanneberger pero fueron otros los que captaron su llamado: Coronamon y Gaomon lo tomaron desprevenido al saludarle, lo que le llevó a moverse dos pasos hacia atrás.

    —¡¿Quiénes son ustedes, seres inferiores?! —El de fuego no tuvo ninguna reacción ante la denominación usada por el acuático a diferencia del oso, quien se cruzara de brazos con una mirada que anunciaba desagrado hacia lo que escuchó. —¡Y tú no te me acerques! —Se lo había dicho al rojizo.
    —¿Y a este qué le pasa?
    —Seremos tus compañeros —Coronamon le dedicó una sonrisa, lo que Gomamon correspondió con una mueca apática.
    —¿Así que él es tu compañero? —Halsey miró a la foca aunque le hablara a la rubia; Volk trató de acercarse para presentarse de una mejor manera pero el Digimon simplemente se movilizó hasta colocarse al lado de la alemana, no porque tuviera miedo más bien porque no quería estar cerca de esas personas a las que ni conocía.

    Dylan tenía mucho por contarle y esta se dio cuenta de su gesto al observar hacia abajo, por lo que tragó en seco. Ni siquiera usando las gafas ocultaba esa expresión de estar esperando una explicación, ¡inmediata! Sin embargo, un sollozo naciente desde atrás del mostrador interrumpió el poco ameno reencuentro entre las féminas. DTB llevó una mano hasta su cara luego de dar un suspiro largo, gesto que cambió al ver a sus iguales dirigirse hacia el lugar del sonido lastimero.

    Los primeros en avanzar hasta la afectada fueron los otros dos Digimon recién llegados.

    —¿Qué voy a hacer sin mis hierbas?
    —Disculpa, podrías decirnos qué sabes sobre lo que…
    —Cómo se nota que eres un ser inferior —escupió Gomamon casi mascullando—. Se robaron sus florecitas aromáticas en la noche.
    —¿No tienes idea de quién pudo haber sido? —El de pelo naranja bufó ante la pregunta de Coronamon.
    —N-no —gimoteó la víctima.
    —¿Nadie que haya venido a hacerte algún escándalo? —Prosiguió Gaomon. Las tamer se mantenían expectantes.
    —N-no recuerdo nada, ¡ahh! —Otra vez sus lágrimas salieron a flote con fuerza.
    —Mira lo que provocaste; ¡a un lado, antorcha andante! —Para llegar hasta Floramon debía hacerse camino entre sus compañeros provisionales.

    Mientras los del mundo digital trataban de obtener datos relevantes por parte de la encargada del herbolario, las humanas sacaban sus propias conclusiones mientras buscaban rastros por cada parte destruida. Habían muchas macetas en el suelo, rotas; plantas arrancadas de raíz con una que otra hoja caída; flores sin todos sus pétalos y un enorme desorden de tierra. Zaytseva se puso de cuclillas frente a un cúmulo de dicho elemento, con delicadeza tocó el suelo tan solo removiendo un poco del polvo natural.

    —¿Encontraste alguna cosa? —La voz de la pelirrosa hizo que la ucraniana se compusiera ipso facto tan solo a medias, pudiendo verla a la cara. Se había concentrado en lo que hacía que salir de su centro la trastocó un tanto.
    —Creo que sí, admito que no tengo tanta experiencia en esto, no en el Digimundo, pero si miran fijo —señaló toda la tierra; llegaba hasta el umbral—, hay huellas.
    —Como si el ladrón se arrastrara —Gaia asintió.
    —¿Algún reptil o insecto? —Miraron a la alemana al decir aquello, misma que adoptó una postura reflexiva mientras miraba hacia el exterior, precisamente hacia el bosque.
    —De hecho, hay insectos que se sienten atraídos por las plantas aromáticas —la peliblanca se puso de pie.
    —¡¡Gaia, Gaia!! —Los cuatro Digimon salían desde atrás del mostrador con una Floramon más tranquila aunque su expresión se mantuviera todavía triste—. Ella recordó algo importante.
    —Yo hice que lo recordara —aclaró Gomamon para no perder los honores.

    […]

    Todos estuvieron de acuerdo con adentrarse un poco más en el bosque para investigar basados en la teoría de que allí vivían Digimon del tipo sospechoso tras las huellas dejadas y los datos proporcionados por la dueña del herbolario, quien mencionara que la noche del suceso recordó que debía regar unas plantas nocturnas (especiales); mientras preparaba sus utensilios, los ladrones hicieron de las suyas y no fue hasta escuchar el ruido de varias cosas rompiéndose que saliera del cuarto donde guardaba las cosas a ver qué pasaba. Pensó que le daría un infarto; tan grande fue su impresión que no pudo ver bien a los ladrones, mas dijo que “eran pequeños”… no como bebés.

    —Floramon usó uno de sus ataques de polen —Vanya prosiguió el relato para todos pese a que solo miraba a su tamer a la cara.
    —¿Y eso qué significa? —preguntó Sasha, haciendo que Halsey riera con cierta timidez (no la sentía) porque ella también se preguntaba lo mismo. Cuando Dylan iba a explicar, su mejor amigo digital alzó su aleta derecha en pos de interrumpir su intento. Engrandecido avanzó varios pasos por delante del grupo para ponerse frente a todos y con un sonido de su garganta, para aclararla, tomó la palabra.
    —Compartiré un poco de mi sabiduría suprema con ustedes —Gaia miró a la rubia y ésta abrió sus brazos al mover sus hombros hacia arriba—: ese polen hace que los Digimon pierdan las ganas de luchar, así que…
    —Solo debemos guiarnos de eso —concluyó el de fuego con algo de emoción para fastidio de su contraparte elemental.
    —Hora de armar un plan —anunció Halsey.


    VerwestVerwest XayahXayah algo corto antes de entrar a lo profundo (?)
     
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  5. Verwest

    Verwest It's obvious, be honest

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    Hora de armar un plan —anunció Halsey.

    Debido a que Floramon todavía se encontraba insegura y vulnerable, la montenegrina decidió que sería conveniente que Gaomon y ella se quedasen en el herbolario para brindarle protección. Además, había muchas cosas en dicho lugar que se tenían que reparar y luego ordenar, y de alguna manera la fémina sentía que eso también era parte de su Quest: algunos cristales del domo estaban rotos. Presumiblemente, era por esa abertura que los criminales se habían colado para cometer sus fechorías.

    Mientras tanto, Dylan y Gaia se encargarían de atrapar a los bandidos y de recuperar las plantas robadas. Si bien separarse no sonaba como la mejor de las ideas –ninguna sabía a qué clase de peligros tendrían que enfrentarse en el Bosque Inquebrantable o contra qué enemigos-, lo cierto es que de esa manera podrían acortar tiempos para terminar sus labores cuanto antes.

    A la salida del reino de las hierbas, el trío de Tamer repasó el plan una vez más.


    ¿Estás segura? —Preguntó Zaytseva, solo para cerciorarse.
    —asintió Dean, luego miró por encima de su hombro para captar al Digimon de las flores aún entre lágrimas— . No podemos dejar sola a Floramon, Gaomon y yo nos encargaremos de animarle. Tengan cuidado —con una enorme sonrisa y ondeando su mano de lado a lado, la de cabellos rosa se despidió de sus compañeras antes de que estas terminasen por marcharse.

    Las Tamer y sus Digimon partieron hacia el bosque caminando con cierta tranquilidad, siguiendo las huellas que habían dejado los descuidados ladrones. Iban en silencio, ya que ninguna de ellas sabía a ciencia cierta qué decir; hablar era la especialidad de la ausente Volk. Aunado al hecho de que tampoco estaban acostumbradas a realizar tareas en modo cooperativo, tal vez existía cierta incomodidad. En una intentona, la rubia despegó sus labios, pero en un último instante, un presentimiento le impidió pronunciar
    palabras. En su cabeza seguía pensando que conocía a la soviética de algún lugar, en algún tiempo antes, pero no conseguía recordar con claridad. Quizás tampoco quería recordar porque se sentía cómoda con aquella barrera invisible entre ambas, tal cual dos desconocidas.

    «Qué pereza.» Dijo en su mente. Se sacó las gafas y las guardó en su bolsillo.

    De cualquier manera, la situación actual de su Quest ameritaba no distraerse con conversaciones banales, pues debían mantenerse atentas. Si perdían el rastro de los malhechores, se quedarían sin rumbo dentro del inmenso bosque y seria imposible recorrerlo por completo; al menos no en un solo día.

    Gomamon andaba en el extremo izquierdo del equipo, Dylan y Gaia al centro y Coronamon al extremo derecho. Claramente, la foca tenía alguna clase de aversión con el de tipo fuego. Sasha fue la primera en notarlo, su reacción fue mirar a la otra humana quien no supo cómo responder, tan solo se encogió de hombros. Por otra parte, el Digimon de la ucraniana consideraba graciosa la situación. A fines de romper el hielo con su igual, el de llamas se desplazó hasta el otro lado para acercarse al héroe, pero este se movió igual de rápido para escapar del primero. De un segundo a otro, era como si los seres digitales hubiesen decidido correr en círculos alrededor de las señoritas: el de fuego persiguiendo al acuático.

    ¡Aléjate, mugroso ordinario!
    ¿Por qué huyes de mí?
    ¡Ser inferior!
    ¿Qué estás diciendo?

    De repente, la foca saltó sobre los hombros de su Tamer, ocasionando que esta se balanceara hacia el frente para recuperar el equilibrio. Mientras los oriundos de aquel mundo continuaban discutiendo verbalmente, Dylan aprovechó para excusarse con Zaytseva y luego se alejó unos metros para hablar a solas con su compañero. Junto a unos frondosos arbustos que brotaban de manera silvestre, la humana colocó al vacuna en el suelo y se puso en cuclillas para hablarle de cerca.

    Dylan, ¿quiénes son esos esbirros? —El autoproclamado Rey señaló con su garra a la ucraniana y su compinche.
    Hoy nos toca trabajar con ellos.
    Ya veo. Son mis súbditos.
    No exactamente —pronunció la joven entre dientes, desviando su mirada.
    Entonces, ¿qué son?
    Gomamon —Dylan peinó la cabellera de su compañero y luego tomó valor para mirarle de nuevo a los ojos— , los Tamer a veces tienen que trabajar en equipo con otros Tamer. Es muy común en Digital World. Si queremos pertenecer a él, debemos hacerlo —explicó ella sin variar en su expresión serena, casi imperturbable— . Gaia y Coronamon son amables, así que por favor trátalos bien —solicitó al final, ladeando ligeramente su cabeza. El child gruñó al principio, reacio a aceptar la realidad, pero enseguida se tranquilizó y asintió con su cabeza ya que no podía refutar una orden directa de su compañera.

    El par volvió hasta donde se encontraba la otra fémina y su Digimon, y después de un intercambio de miradas y gestos que indicaban que todo se encontraba bien, reanudaron su marcha siguiendo el rastro. La foca se mantuvo tan lejos como pudo del ser digital en flamas, mientras este último solo lanzaba sonrisas amenas de vez en cuando que 'el Rey' interpretaba como mofas, aunque optó por no hacer nada al respecto. Al adentrarse más en la zona, el panorama iba cambiando: los grandes pinos, abetos y abedules se erguían por todas partes como si pudiesen tocar el cielo, también había un poco de neblina. Metros más allá, cuando los diversos sonidos de Digimon salvajes se percibían desde todas partes, Sasha se detuvo. Enseguida los demás pararon junto a ella.

    ¿Qué sucede? —Preguntó inmediatamente la teutona.
    Las huellas se vuelven borrosas —ambas jóvenes pusieron una rodilla sobre la tierra y examinaron lo dicho.
    ¿Se les perdió algo? —Musitó otra voz que provenía de las ramas de un árbol contiguo. La primera en volver de pie fue Tanneberger y junto a su Digimon observó a quien les espiaba: era un Mushroomon.
    En realidad sí —la médium volteó hacia atrás, como si buscase la aprobación de su grupo para continuar hablando, entonces prosiguió— . Buscamos unas plantas robadas.
    ¿Plantas robadas?
    Sí.
    Ah, ¿segura?
    Así es —intervino la amateur— . ¿Las has visto?

    Mushroomon sonrió casi de manera bribona, después se sentó en la rama columpiando sus piernas hacia adelante y hacia atrás. Algunos segundos se fueron mientras las humanas seguían a la expectativa de respuestas por parte de aquél. Tiempo en vano. Cuando nadie lo esperaba, ni siquiera los acompañantes Digimon, un Elecmon salvaje apareció desde la espalda y arremetió contra la germana para arrebatarle de un solo tajo su mochila.

    ¡Mi mochila! —La rubia alzó su voz. Acto seguido se lanzó en una carrera para alcanzar al ladronzuelo y recuperar sus preciadas pertenencias.





    BishamonBishamon al fin, lol xD
    Maka EvansMaka Evans aviso que Xayah se retira de la Quest, vamos a dejar de lado a su personaje. Aún se mantiene la cuota de 3 post cada una?​
     
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    Última edición: 5 Ago 2017
  6. Mimikyu

    Mimikyu I'll send a SOS to the world Moderador

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    Bajo las risas burlescas del Digimon sobre la rama del árbol, Dylan respondió de la manera más obvia: persiguiendo a Elecmon o lo que podía distinguir de él entre el obstáculo visual. Enseguida Gomamon reaccionó igual, tal vez con más agitación, sin embargo Mushroomon saltó desde su ubicación para atajar su paso. Gaia intercaló mirada entre el Digimon que se usara como obstáculo y el sendero que tomara la alemana.

    —¿A dónde, a dónde tan apurados? —Sonrió de lado.
    —¡Apártate, ser ordinario! —La foca afiló su mirada.
    —¡Mejor cómete esto, bocón! —En su mano apareció un hongo diminuto.

    El compañero de DTB no estaba dispuesto a ceder ante las amenazas del contrario, por lo que no movió ni un ápice para defenderse sino para irse encima del tóxico; siendo así, Sasha se abalanzó hasta tomarlo entre sus brazos y apartarle del camino donde cayera la bomba. Coronamon llamó a su tamer con conmoción.

    —¡Uy, qué mal! —Continuaba ese gesto burlón en su casi oculto rostro. —Esta vez no pienso fallar.
    —¿Estás bien? —La peliblanca se apartó del acuático, mismo que sacudiera su cabeza antes de tomar de nuevo su postura altiva.
    —No necesito tu ayuda, esbirra —con cierta agilidad retomó su camino hacia Mushroomon mostrándole sus garras, empleando una finta que le hiciera esquivarla antes de intentar otra ofensiva contra el héroe.
    —Shura —la ucraniana miró a su compañero—, busca a la otra chica; yo le ayudaré.

    Su mejor amigo tenía razón. Aprovechando la distracción que significaba el de cabellera naranja y prontamente Vanya, la albina se movió con cautela hasta avanzar unos cuantos metros. Al principio le resultó sencillo tomar el mismo sendero que recorriera la de mechones dorados pero por más que mirara alrededor no conseguía alguna pista sobre su paradero. Además se tornaba complicado buscar cuando había tantas hojas en medio, enormes; un montón de raíces visibles y ciertos desniveles que ralentizaban la marcha. A buena hora se le ocurrió a ese Digimon hacer alguna travesura.

    Como no tenía más opción, Zaytseva separó sus labios en pos de llamar a su compañera provisional pero el movimiento entre unos matorrales atrajo su total atención; entrecerró sus ojos así como sus puños aunque supiese que por sí misma no podría hacer demasiado. Hubo una breve brecha en la que consideró que podría tratarse de que las plantas también fuesen como los Digimon y se moviesen de esa forma por alguna razón que desconocía. En cuanto pudiese se pondría a estudiar más sobre el mundo que representaba su nuevo hogar, pues era estresante andar suponiendo.

    Motivada por el poco miedo que le ocasionaba lo desconocido, la fémina avanzó con mucho cuidado de no hacer mucho ruido y una vez despejado unos cuantos arbustos se dio cuenta de que un grupo de seres digitales avanzaban en fila hacia quién sabe dónde. Algunos llevaban un rostro alegre y otros con mucha angustia; lo que sí fue bastante notorio era que por el aspecto parecían ser de tipo planta. Por ahí escuchó lo que un Palmon le contaba a otras de su especie, algo así como que esperaba poder conseguir lo que Kunemon y Dokunemon estaban subastando. Entonces, la albina se dio cuenta que todos los que avanzaban por el mismo sendero llevaban consigo objetos o bolsas a saber con qué dentro.

    Gaia dio varios pasos hacia atrás; definitivamente esos Digimon no serían un problema, bueno, mientras no se metieran con ellos —pensó—. Después de unos segundos de divagar, recordó a la alemana considerando preguntar a los que peregrinaban si la habían visto.

    […]

    Coronamon tomó una rama del suelo con la que apuntó hacia el champiñón como si fuese una espada. Su intención era que Gomamon agarrara distancia antes de que el oponente volviera a lanzar una de sus bombas pero el acuático no captó el plan de actuar como compañeros; por más que fuese una ayuda, lo veía como un estorbo a sus hazañas.

    Mushroomon, en cambio, saltó hacia atrás al ver que la foca quería atacarle al doble con sus garras. No podía darse el lujo de enfocarse solo en uno de los protagonistas si tenía a dos en contra.

    —¡Te exijo que me dejes pasar, vasallo!
    —Qué palabras tan chistosas usas —se mofó, siendo el único que riera de esa forma; el de cabellera naranja se mostró bastante enfadado. Lo único que deseaba era encontrar a DTB y si no hubiese sido por ese hongo andante no estarían separados; no, peor, de reojo observó al de elemento fuego… todo había sido su culpa y, ahora que lo pensaba, su humana no estaba con ellos. Un pensamiento fugaz surcó su mente. —¡¡Dylan te encontraré!! —Gritó.
    —Ya bájale a tu histeria —esta vez los pequeños hongos tenían una pinta distinta—. ¡Toma esto!
    —Cuidado —Gomamon solo atinó a cubrirse la cara, quedando envuelto en la humareda que rápidamente se diluyó y entre ella yacía el amigo de la rubia casi retorciéndose de risa por nada.
    —Vas a morir de risa —él también lanzó una risotada.

    […]

    —Detente, por favor —Tanneberger se detuvo a la par que el ladronzuelo que tenía su mochila; estaba falta de aire, ni siquiera sabía cuánto había corrido porque al componer su cuerpo miró alrededor y no encontró a ningún conocido. —Ah… qué pereza —suspiró con desgano; de repente encontró al infantil hurgando en sus cosas y antes de que se atreviera a sacarlas y tirarlas por ahí, avanzó hasta él en pos de tirar de su mochila —. Suéltala, ahora —pronunció esas palabras entre sus dientes.
    —Tú suéltala —el Digimon habló de igual manera.
    —Es mía —temía romperla.

    Al no ver ningún cambio y que no parecía ser que ninguno se rendiría, a la fémina se le ocurrió aprovecharse de la fuerza empleada por el digital. Dylan soltó su mochila, lo que hizo que Elecmon se fuera hacia atrás de bruces contra el tronco de un árbol. Él la miró con mucho desconcierto. Ese fue el momento indicado para recoger lo que era suyo antes que el eléctrico se recompusiera.

    Aunque la mirada verdosa de la humana era apacible y su rostro no reflejara ningún sentimiento de enojo, manifestó su descontento al decir unas últimas palabras para luego marcharse en busca de sus compañeros provisionales y Gomamon. Al darse la vuelta y dar menos de cinco pasos, escuchó un sonido peculiar; pudo jurar que se presentía lo peor, temiendo voltearse y descubrirlo.

    El pequeño ladronzuelo estaba a punto de usar uno de sus ataques eléctricos.

    […]

    Zaytseva se había acercado a un grupo de Tanemon, asustándolas al principio por el inesperado encuentro, con la esperanza de averiguar sobre el paradero de DTB al mismo tiempo que su encargo principal, pues no perdía nada. Las pequeñas no tenían idea sobre la otra humana, tampoco sobre el asalto realizado a Floramon. De por sí se consternaron al saberlo.

    —Es una pena que le sucediera eso, Tane. Floramon es muy amable con todos, Tane.
    —¿Por qué se metieron a robar en su herbolario? —preguntó otro de la misma especie.
    —Para llevarse unas plantas aromáticas especiales —los bebés II pronunciaron un “oh” a coro.
    —Nosotros vamos a una subasta porque nos interesan unas plantas especiales que encontraron unos comerciantes, Tane.
    —¿Ah sí?
    —Ojalá pueda conseguirlo —y así las demás se expresaron igual.


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  7. Verwest

    Verwest It's obvious, be honest

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    ¡Trueno eléctrico!

    La mujer de espaldas cerró los ojos y se mantuvo estática. ¿Qué más daba? No era lo suficiente fuerte o rápida para esquivar el ataque desde una distancia tan corta. En una fracción de segundo pensó en cómo se sentiría un choque de electricidad recorriendo su piel, cuando de pronto escuchó un estallido a su derecha: el árbol más cercano se encontraba chamuscado. Lo supo porque a causa de un respingo había abierto sus orbes de nueva cuenta.

    Con lentitud, la humana giró para encarar al agresor.

    Esa fue una advertencia —recitó Elecmon— . Si no me das tus cosas, te atacaré.
    ¿Por qué quieres mis cosas?
    ¡Dámelas! —Bramó el digital. La fémina tragó en seco, pues le disgustaba el tinte violento que la situación estaba adquiriendo. Dylan quería dar media vuelta y huir, marcharse lejos, pero estaba claro que el eléctrico no le dejaría escapar fácilmente. Tenía que confrontarlo.
    No quiero pelear —declaró, y al mismo tiempo, se atrevió a dar un diminuto paso hacia el frente. El digital no retrocedió ni un poco y ambos se miraron directo a los ojos— . Por favor dime, ¿por qué quieres mis cosas? repitió.
    ¡Necesito dinero!
    ¿Para qué? —La teutona se acercó más a aquel cuya piel continuaba centellando, podía sentir sus cabellos erizarse debido a ello— . Sea lo que sea, podemos ayudarte...

    La tranquilidad con la que la Tamer hablaba desencajaba un poco al ser del Digimundo. Y es que Tanneberger sabía bien que, si Elecmon hubiese querido hacerle daño, desde un principio lo hubiese hecho. Había escuchado que los Digimon de ese bosque eran pacíficos. Debía haber un motivo entonces por el cual el eléctrico se comportaba de manera agresiva, y ella quería saber. Una fresca corriente de aire que recorrió aquella zona arbolada sirvió para enfriar tensiones en el ambiente: el Child bajó su cola y apagó la electricidad.

    Necesito dinero para una subasta de hierbas medicinales y aromáticas —Elecmon se hallaba cabizbajo, balbuceando. Dylan arrugó su frente y agudizó su oído para comprender lo que decía. Cuando escuchó las palabras ‘hierbas medicinales’, abrió un poco su boca.
    ¿Para qué necesitas las hierbas? Además, puedes conseguir esas mismas en este bosque —acotó la joven.
    Las hierbas medicinales son escasas y difíciles de conseguir. Mi amigo está enfermo.
    ¿En dónde es la subasta?
    Eso no importa. Dijiste que me ayudarías —las plumas del ser digital se elevaron de nueva cuenta mientras acusaba con su dura mirada a la germana. Esta última se cruzó de brazos y debatió mentalmente sobre lo que debía hacer. Al cabo de segundos, maniató en su mente un plan en el cual ambas partes podrían salir ganando: si el eléctrico les llevaba hasta la subasta y les ayudaba a recuperar lo robado, ellos podrían hablar con Floramon para que accediera a compartir un poco de sus preciadas hierbas con el bribón.
    Escucha... —comenzó la fémina, pero una agitación en la esquina de su ojo le hizo perder concentración.
    ¿Dylan? —Le llamó una voz.

    Los arbustos se removieron un poco hasta que de entre ellos, emergió la silueta de la otra Tamer, su compañera de Quest. La joven lucía algo ajetreada y cargaba consigo una larga rama seca. Elecmon también reconoció a Zaytseva e inmediatamente después, receloso, interpretó todo aquello como una treta con el fin de someterle. Su aura eléctrica se encendió con más potencia que la vez anterior para preparar otro ataque; la albina fue la primera en advertirlo levantando su índice derecho. La rubia dio un paso hacia atrás.

    ¡Detente! —Pronunció DTB, pero ya era tarde: el Trueno Eléctrico del Digimon se estrelló cerca de Gaia. La conmoción fue aprovechada por el Child para arrebatarle de nuevo a la Medium sus pertenencias y luego salir huyendo a toda velocidad hacia las entrañas del bosque. La rubia suspiró con pesadez y tardó un poco en reaccionar, pero al hacerlo idealizó que su compañera pudiese encontrarse herida, así que se apresuró para ir hacia ella y ayudarle a ponerse en pie— ¿Estas bien?
    —dijo Sasha mientras sacudía su propia ropa— . Tiene muy mala puntería.
    Él no quiere hacernos daño —la Amateur le escudriñó con su profunda mirada, pero también con una mueca totalmente incrédula. La alemana pensó que era gracioso -aunque no lo arrojara en su gesto-.
    No imagino como debe ser si en realidad quisiera dañarnos. Además, se llevó tus cosas —agregó la científica.
    Lo sé —la otra chasqueó su lengua.

    Después de emprender el camino de vuelta hasta donde su sentido de la orientación les decía que debían encontrarse sus compañeros Digimon, la otrora heroína procedió a contarle a la ucraniana la leve conversación que había tenido con el eléctrico. Aparentemente, la subasta de objetos era un evento popular entre la sociedad digital del Bosque Inquebrantable, pues Zaytseva expuso que ella también había escuchado a otros seres hablar sobre lo mismo mientras vagaba por el lugar. Caminaron tal vez una milla entera, y en ese trayecto avizoraron otra vez a los Tanemon con los cuales la modelo había charlado antes, así como también a otros grupillos de organismos digitales marchando a quién sabe dónde. En eso, Gaia pensó que podrían seguirles para encontrar el sitio en el cual se llevaría a cabo el famoso evento, aunque era imperioso reunirse primero con la foca y el león en llamas.

    Encontrar el lugar de la subasta no será problema porque Elecmon estará ahí y mi Digivice se encuentra dentro de mi mochila —dijo Tanneberger, pero Shura, en lugar de interpretar sus palabras, encogió sus ojos sintiendo curiosidad— . Puedes rastrearlo con tu propio Digivice —agregó la nadadora para más claridad.

    Enseguida la de mayor estatura buscó en sus bolsillos y sacó de ellos un resplandeciente objeto electrónico que cabía perfectamente en la palma de su mano. Era de tonalidades negras con una pantalla pequeña en el centro y tres botones alrededor: un Digivice Adventure. La teutona arqueó una de sus cejas y entonces reparó en que sabía poco, casi nada sobre su compañera. Aunque una voz en su cabeza le decía que así era mejor, que no debía inmiscuirse en cosas personales; no obstante, al final no pudo evitar preguntar:

    ¿Acabas de llegar a este mundo? —Directo al punto. La albina asintió con confianza. No había vergüenza en ello.
    Sí. Aún no sé muchas cosas sobre este lugar.
    Nunca terminas de aprender cosas sorprendentes —balbuceó la rubia para sí.

    Sobre la marcha, entablaron una leve y amena conversación acerca de sus experiencias en Digital World. Más adelante, empero, el momento social terminó al reconocer con claridad las voces de sus respectivos camaradas. Las jóvenes se dirigieron a ellos.

    Ellas volverán. Es mejor si nos quedamos en este lugar.
    Dylan podría estar en problemas, ordinario. Debemos ir a buscarlas.
    No sabemos por dónde se fueron. Podríamos perdernos.
    ¡Apártate de mi camino!

    Aún a metros de distancia, las Tamer podían escuchar el debate entre aquellos, en especial los quejidos de la foca. Sasha aceleró inconscientemente sus pasos hasta casi correr entre los altísimos abedules, presa de las ansias por volver a reunirse con Vanya. La otra mujer hizo lo mismo y tan pronto se encontraron cara a cara unos con otros, los digitales se exaltaron de alegría.

    ¡Dylan! —Gomamon saltó sobre la rubia y esta apenas pudo atraparlo con sus reducidas fuerzas a causa del cansancio ¿Estás bien?
    ¡Sasha! —Por su parte, Coronamon y la ucraniana se infundieron en un pequeño abrazo.
    Mushroomon salió huyendo al presenciar mis increíbles poderes, pero la fogata andante no me permitió ir tras de ti —habló rápido el acuático. Tanneberger apenas le prestaba atención, a diferencia del compañero de Zaytseva que hacía todo lo contrario.
    Derrotamos a Mushroomon en equipo —apeló el anterior citado. El de cabellos naranja brincó de vuelta al suelo y se plantó frente a aquél.
    ¡Falacia! Cuando el mugroso supo que soy un guerrero de Odín, se acobardó terriblemente.
    ¿Qué estás diciendo?

    Era su oportunidad: Gomamon presumía y Coronamon rebatía cada historia fantástica con preguntas que hacían crispar al primero. Entre tanto, La germana y la otra europea se dedicaron a revisar el Digivice de esta última para rastrear la señal de los objetos perdidos de la Medium; el camino estaba trazado hacia la zona oeste del bosque. Sin embargo, antes de emprender otra travesía, las féminas acordaron que sería prudente tomar unos minutos de descanso.



    [ . . . ]


    Quizá habían perdido tiempo reposando bajo las ramas de un viejo árbol; era tarde y no querrían andar por ahí en los confines del bosque cuando no hubiese luz diurna. Sin embargo, tampoco podían arriesgarse a lanzarse a la acción con sus energías por el piso, pues tanto el Digimon de la rubia como el de la científica se habían desgastado en combate con el misterioso Mushroomon. Aunado al hecho de que la Medium no contaba con su aparato digital para digievolucionar y la Amateur era nueva en el asunto. Después de un par de minutos, partieron con Shura al frente fungiendo de guía. Por fortuna, el radar indicaba que Elecmon había dejado de moverse en cierto punto, lo cual significaba que, tal vez, la subasta ya había dado comienzo o estaba a punto de comenzar. Y por tal, el grupo procuró desplazarse con mayor rapidez.

    ¿Cómo recuperarían las plantas robadas? Las Tamer sabían que el evento social del Bosque Inquebrantable era para única y exclusivamente Digimons, así que pensaron que Gomamon y Coronamon podrían colarse como compradores para distraer al público mientras ellas se encargaban del trabajo fuerte.

    Estamos muy cerca —reveló la ucraniana al tiempo que se agachaba para esconderse junto a unos arbustos. Los demás imitaron su acción -Coronamon con mucho cuidado de no ocasionar un incendio (¿- y observaron de lejos a una cuadrilla de Tailmon y Wormmon dirigirse hacia un pequeño claro en medio de la arboleda— . Debe ser ahí —señaló.
    Bah. Vamos por ellos —dijo la foca saliendo de su escondite junto con el de llamas.

    Las Tamer se mantuvieron en la retaguardia y tan solo siguieron a los digitales con la mirada mientras estos se aproximaban a la multitud de Digimon que esperaba que la subasta iniciase pronto. Mientras buscaba ubicar en su campo visual al ladrón de su mochila, DTB apreció en medio de aquel sitio una diminuta tarima construida con tablones de madera, y encima de la misma había una mesa sobre la cual yacían objetos varios; aparatos tecnológicos, prendas de ropa, objetos medicinales y ¿plantas? No podía discernir correctamente con su vista debido a la distancia, pero cuando sintió un suave codazo en su costilla izquierda propinado por la otra joven -Sasha señalaba también aquellos objetos con sus ojos-, comprendió que sus sospechas eran ciertas.

    Los compañeros de las humanas se inmiscuyeron entre los Digimon para intentar pasar desapercibidos, aunque de inmediato descubrieron que eso no sería posible: todos los digitales presentes en el evento eran oriundos del susodicho bosque; Tailmon, Tanemon, Wormmon, Tentomon, y un largo etc. Por lo tanto, resultaba curioso en medio de todos aquellos de tipo vegetal e insecto la presencia de un Gomamon y un Coronamon, quienes parecían fuera de órbita. El león dobló un poco su figura, intentando esconderse detrás de la silueta de otros seres para no atraer atención. La foca, por el contrario, fiel a su personalidad, se coló entre la gente hasta conseguir plantarse junto al templete en primera fila.

    Tras el grave sonido de una campanada, dos Kunemon y un Dokunemon subieron al escenario y la función dio comienzo.


     
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    Última edición: 10 Ago 2017
  8. Maiku

    Maiku Mr. Nobody

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  9. Mimikyu

    Mimikyu I'll send a SOS to the world Moderador

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    A Dylan pareció preocuparle con notoriedad el que su amigo digital se mostrara tan confiado ante la evidente diversidad a su alrededor, misma que se parecía entre sí y difería entre él y Coronamon. Sin esperarlo, sintió el peso de algo sobre su hombro; en segundos detectó que era una mano por como apretaba aquella zona sin ejercer presión. Sus ojos verdes se encontraron con los azules de la ucraniana, quien estaba detrás de ella con una expresión confiada y serena. Sin pronunciar palabras, DTB captó el meta mensaje en el gesto, también con el movimiento de ojos que realizara la albina hacia el lado izquierdo.

    Elecmon había arribado junto a Mushroomon y no querían decir que se trataba del mismo que les hubo atacado antes de que sucediera lo del robo pero sería una coincidencia enorme si no fuese así; tanto Zaytseva y Tanneberger no veían los hechos como aislados. El champiñón mostraba muestras de haber recibido uno que otro ataque, además agasajaba al eléctrico por siempre sí haberse salido con la suya.

    —Si pudiera recuperar mi Digivice las cosas serían más sencillas.
    —Se nos ocurrirá algo —en ese instante, los anfitriones de la subasta empezaron su introducción con un inusual tono apagado que conmocionó a la gran mayoría de los presentes; las humanas y sus compañeros digitales se dieron cuenta de los murmullos, captando lo que los más cercanos se decían entre sí: «¿qué les pasará? Parecen muy desanimados y ellos no son así», «¿estarán ocultándonos algo?; ¿y si la mercancía no valdrá la pena?».
    —¡¡Siiiiiilencio!! —Dokunemon agachó la cabeza un poco tras ese “gran” esfuerzo por callar a la multitud—. Si procedemos cuanto antes, podremos terminar con esto y retirarnos.
    —¿No nos van a estafar, cierto? —preguntó un Tentomon para que todos le pudieran escuchar, logrando que los que buscaban beneficiarse de la subasta también se manifestaran y que los insectos ladrones medio respingaran por la acusación.
    —¿C-cómo se te ocurre? —Uno de los Kunemon respondió por todo su equipo. —¡S-somos de palabra!
    —Sí, cómo no —Mushroomon habló por lo bajo solo para que su compañero de travesura le escuchara; Elecmon movió sus orejas—. Esas humanas me contaron que habían robado unas plantas o hierbas del herbolario de Floramon —el rojizo lo miró—, seguro fueron ellos.
    —¿Por qué lo dices?
    —Porque recuerdo que cuando Floramon recolectó unas hierbas especiales, estaba presumiéndolas y no quiso compartirla con ellos —había adoptado una postura pensante, como si buscara en su cabeza el recuerdo completo del suceso—; juraron vengarse.

    Lo que no se hubieran esperado ambos Digimon era que las humanas estuvieran tan cerca como para haber escuchado lo que revelara el tóxico. Sasha miró a su compañera y con un movimiento de su mano dominante díjole que aguardara un poco antes de salir; la soviética tenía un plan y se arriesgaría con tal de ayudar a la rubia. Como trasfondo pero en simultáneo, sucedía el inicio de la subasta con un público menos intenso.

    —¿Qué hay en la mochila?
    —Un montón de cosas que no sé para qué sirven pero descubrirlo será trabajo de esos gusanos —él y Mushroomon rieron con complicidad.
    —Si conseguimos algo para mi amada Floramon —Shura detuvo su gateo ante eso último; el detalle le sorprendió bastante, hasta le sacó una sonrisa cargada de seguridad—, podría ganarme su amor para siempre.
    —Si lo logramos me deberás algo.
    —¿Y por qué no se convierten en héroes? —La voz de la peliblanca les hizo sobresaltar; nadie prestó la suficiente atención a lo que ocurría con ellos, pues se encontraban en la parte de atrás.
    —¡¡Tú!!
    —¡¡La otra humana!! —Elecmon se aferró a la mochila, incluso consideró electrificarse.
    —Yo no atacaría si fuera tú —rodó su índice, haciéndole entender que si cometía alguna imprudencia podría afectar hasta a Mushroomon. El cuasi conejo hizo una rabieta—. Escuché lo que le contaste y de hecho, esas plantas son de Floramon —no le constaba pero necesitaba convencerles de que así era. El champiñón respingó, enseguida miró hacia la mesa con los objetos a intercambiar.
    —¡¡Dime que tenemos algo valioso en esa mochila!! —Con impaciencia trató de quitarle el objeto a Elecmon frente a la mirada de la modelo.
    —También escuché tus intenciones por cortejar a Floramon, si es que hablamos de la misma que tiene el herbolario, ¿no? —Los amigos miraron a la humana. —Tengo algo mucho mejor que esa mochila.

    Los miró manteniendo seriedad para calar más en ellos y que el poder de la santísima persuasión hiciera su efecto. Mushroomon era el más convencido, pues Elecmon mantenía el recuerdo de DTB luchando contra él para arrebatarle el equipaje de mala manera; su esfuerzo para conseguirlo no había sido en vano y no quería sentir que así fuera, por lo que pronunció un “no” audible ante la propuesta de Zaytseva. Su amigo se desencajó; ¡estaba loco?

    Por otro lado, los Kunemon apenas subastaban su segundo objeto; Gomamon procuraba no quejarse a viva voz cuando la muchedumbre se le tiraba casi encima por la emoción o se arrimaban invadiendo su espacio personal por culpa de constantes empujones. Desde atrás Coronamon lo veía todo, pensaba cómo hacer algo que pudiera ayudar a Gaia a cumplir su misión al mismo tiempo que procuraba no quemar nada con su cola… entonces la bombilla de las ideas se prendió; sus orbes enfocaban al de pelaje naranja.

    —¡¡Concedido a Palmon!! —Toda emocionada fue a realizar el trueque con los ladronzuelos; conste que pese a usar los signos exclamativos, no había pizca de emoción en las palabras de los antagonistas.
    —¡Hey! ¿A dónde se fue Gaia? —Coronamon tomó de sorpresa a la alemana; Dylan estaba concentrada echando un vistazo a lo que hacía la otra fémina sin escuchar nada de lo que hablase con los que poseían su mochila.
    —Está ayudándome a recuperar mi mochila —el felino parpadeó antes de sonreír—. ¿Sucedió algo? ¿Gomamon está bien? —El ígneo asintió.
    —De eso venía a hablarles —DTB escuchó con atención.

    […]

    —Lo mejor que pueden hacer es volverse héroes del bosque; eso les daría reconocimiento delante de todos los demás Digimon, sobre todo de Floramon —miró al hongo, haciendo más énfasis en él.
    —¿Y de qué nos sirve ser reconocidos? —Elecmon continuaba objetando.
    —Podrías preguntárselo a otro héroe. —La de mirada zafiro había recordado lo dicho por el acuático amigo de Dylan, declaración que podría venirles bien para lo que se le había ocurrido a la científica; la misma ignoraba que las palabras de Gomamon tuviesen un origen real.
    —Hora de subastar… —todos enfocaron sus miradas en las patas de Dokunemon, expectantes en demasía.


    De repente, algunos ataques de fuego fueron disparados desde distintas ubicaciones; ninguno buscaba pegar a algún Digimon mas si crear el pánico en los presentes y ocasionar una obvia interrupción al evento. Mushroomon, Elecmon y Gaia tuvieron impresiones parecidas, con la excepción de que Shura captó el propósito del ataque que su ausente Coronamon estaba provocando; en su interior congratuló el proceder de su amigo.

    —¡Es ahora o nunca! —Insistió la albina.

    Sus palabras motivaron a Mushroomon a tomar la mochila por un extremo y entre estirón y estirón varias pertenencias de Dylan salieron expelidas. Gaia fue veloz al tomarlas; por su parte, los Kunemon y Dokunemon trataban de recoger lo que pretendían subastar pero iban tan lento que hasta ellos mismos se frustraban. Gomamon trataba de aplacar a la masa histérica, empero sus palabras quedaban opacadas por los gritos y el temor de los Digimon insecto y planta; su ego se infló cuando se dijo a sí mismo que solo él podría salvar a esos pobres seres inferiores, por lo que se colocó sus gafas para más inri a su altivez de espíritu.

    Dylan había salido al encuentro de Zaytseva, quien le había sugerido a Mushroomon que evitara que los ladrones se llevaran las hierbas si quería que Floramon lo tomara en cuenta. Ni ella ni la germana se hubiesen esperado “tanto caos” repentino. Antes de poder pronunciar algo, el mejor amigo de la de orbes esmeraldas la llamó con una clara intención pero ella aun no tenía su Digivice.

    —¡Ellos son los héroes de los que les hablé! —Sasha señaló a su compañera y al Digimon de esta para que Elecmon lo tomara más en serio.
    —¡¿Qué, qué!?
    —¡¿Qué esperas, Dylan!? Ese cabeza de cerillo se volvió loco y solo un héroe como yo puede ponerle un alto —El eléctrico abrió su boca por la sorpresa.
    —Está bien, humana —el rojizo lanzó la mochila a Shura—. ¡Protejan el bosque y yo ayudaré a Mushroomon! —Esta alzó su pulgar; sin más se giró hacia la más bajita por pulgadas.
    —Hazlo.
    —¿H-héroes? —Tanneberger tragó seco.
    —Eso es lo que serán cuando culminen con la actuación; buscaré a Coronamon —la ucraniana le sonrió en pos de darle ánimos; a veces las coincidencias podrían ser muy terribles.

    Dylan extrajo su Digivice.


    VerwestVerwest

    MaikuMaiku Maka EvansMaka Evans de parte de mi compañera y mía, pero más mía que nada, les debo una disculpa por la tardanza de los post. Principalmente yo me he visto con varias cosas encima y no quería dejar a Verwest sola con la quest. Ya solo queda un post, así que les pido de favor que le den varios días más para culminar.
     
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  10. Maiku

    Maiku Mr. Nobody

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    BishamonBishamon VerwestVerwest 7 días más. Para el futuro, recuerden pedir las prórrogas en el tema de dudas. Saludos
     
  11. Verwest

    Verwest It's obvious, be honest

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    ¿H-héroes?

    Héroes. Héroes, héroes.

    Yggdrasill. Odiaba esa palabra, y sacarla de sus propios labios le hacía sentir su estómago revuelto, como si de pronto hubiese devorado una orden entera de papas fritas recubiertas de chocolate y jarabe de jengibre –que no había comido aquello nunca, aunque suponía que así debía sentirse-. Porque su mente le llevaba a recordar hechos enterrados en el pasado que más valía no mencionar para no hacer el post más largo. Pero quienquiera que estuviese enterado de la verdad, sabría que su actitud nunca había sido digna de ninguna clase de héroe.

    El aparato tecnológico en sus manos emitía un brillo, o más bien un reflejo: la luz solar que se colaba entre las nubes y luego entre los árboles. Junto a ese reflejo, la viva imagen de la germana observándose a sí misma. Su semblante: tranquilo. No obstante, no era una interpretación fiel a lo que en verdad estaba experimentando.

    ¡Dylan! —El de cabellera naranja le tenía ceñida del pantalón con sus garras.
    No puedes. No podemos hacerlo.
    Confía en mí —Gomamon haló su ropa con insistencia— . No somos nadie... —pronunció por lo bajo y muy lento con la firme intención de que Tenneberger comprendiera correctamente el mensaje que estaba enviando. La humana abrió un poco más sus ojos para mirar al Digimon— . No somos nadie hasta que alguien cree que somos alguien.

    La quijada de la rubia cayó con pesadez, más por el hecho de encontrarse perpleja que por motivo de responder alguna cosa. Después de tantas situaciones y problemas entre ellos, la foca seguía aludiendo aquellas palabras, íntegras a pesar del paso del tiempo puesto que el significado no podría cambiar nunca.

    [​IMG]

    El digivice amarillo comenzó a brillar, y esta vez no era debido a los reflejos de cualquier luz natural o artificial en el ambiente. Dylan extendió su brazo en el aire y permitió que Gomamon fuese bañado con el mismo brillo hasta transformarse en un ser mucho más grande, más fuerte y más ruidoso. Ikkakumon rugió, atrayendo la atención y desatando el temor de todos los presentes en la subasta. Tanneberger, en cambio, aprovechó el momento para adornar su cara con una pequeña sonrisa. Años habían pasado desde la última ocasión en la cual hubiese podido palpar el pelaje blanquecino de su amigo en nivel Adulto. Enseguida trepó por su espalda para acomodarse de pie junto a su gran cuerno.

    ¿Cómo lo hiciste?
    Soy el Rey del digimundo.
    Ya —incredulidad— , pero dime. ¿Cómo lo hiciste?
    Bah. Quizás he estado entrenando —balbuceó el tipo Vacuna.
    ¡Dylan! —gritoneó un tercero, se trataba de Zaytseva— ¡se escapan! —Advirtió.

    Los Kunemon y Dokunemon saltaban de la tarima junto con las plantas robadas para perderse entre la multitud. En ese entonces, Coronamon había cesado de atacar a diestra y siniestra, aunque los oriundos del bosque aún le recriminaban con palabras y miradas casi asesinas su violento accionar. Tal vez una trifulca se hubiese armado de no ser por la oportuna intervención de Elecmon y Mushroomon, quienes ahora apoyaban la causa de las féminas, y también por la del león marino.

    A un lado, ordinarios —dijo este último al ponerse entre la masa de subastadores y Coronamon ft. Sasha. La Medium hizo un gesto, ladeando su cabeza y luego extendiendo su diestra, tras lo cual la Amateur estrechó su mano para subir al lomo del ser acuático. El Digimon en llamas, enseguida, imitó a su Tamer— . Cuida por donde pisas, lanzallamas andante —gruñó Ikkakumon, pues podía sentir el calor del de piel rojiza muy cerca de su piel.
    Descuida, lo tengo bajo control —el león bípedo alzó su pulgar— . Andando.
    No me des órdenes, ser inferior.
    Pero los ladrones están escapando.
    Dime algo que no sepa.
    Vale. ¿Sabías que puedo envolver mi cuerpo en llamas?
    Mejor cállate —el colmilludo rodó sus ojos.
    Si lo hago ahora mismo, te disgustaría mucho —el Child rio casi a carcajadas al imaginar tal travesura.
    ¡Blasfemia!

    Y mientras continuaba discutiendo, el acuático marchó a grandes pasos para internarse en otra zona del bosque tras la estela de los bandidos. Dylan y Gaia se encontraban con los ojos bien abiertos, mirando hacia todas partes en busca de aquellos, los cuales no tardaron mucho en aparecer; con una actitud agresiva y feroz, los Kunemon y Dokunemon se lanzaron al ataque sorprendiendo a Ikakkumon. Si bien las pequeñas larvas no eran muy fuertes, al conjuntar sus ataques consiguieron electrocutar e inmovilizar con su seda al león marino por unos segundos, hasta que el otro felino saltase para liberarle usando sus puños encendidos en fuego. El de mayor rango no tardó ni un segundo en recriminarle por su ‘imprudencia’.

    Mientras tanto, los de tipo vacuna no eran los únicos que debatían con algarabía. Los ladrones combativos no discernían correctamente entre seguir atacando o aprovechar la confusión para salir, otra vez, huyendo. Después de todo se enfrentaban a un Digimon de mayor rango -defendía Dokunemon, quien no parecía tener muchas ganar de seguir desplegando una confrontación directa-, aunque eran tres seres en contra de dos -apelaban los Kunemon, quienes se sentían confiados al ser superiores en número-.

    Ataquemos de nuevo todos juntos. Conseguiremos noquearlos para huir lejos —dijo Kunemon 1.
    Mejor huyamos de una vez por todas —rebatió Dokunemon casi lloriqueando.
    Si corremos ahora, no tardarán en darnos alcance. Es momento de entrar en acción —intervino Kunemon 2.

    La científica del equipo podía presumir de tener un buen sentido auditivo, ya que, a pesar de encontrarse a metros de distancia, podía escuchar muy bien aquellas palabras que pronunciaban los maleantes. De un momento a otro, un recuerdo, una remembranza llegó como un súbito rayo de luz para iluminar su mente: Floramon les había contado que, durante el asalto en el herbolario, sus esporas habían lanzado casi de manera involuntaria un ataque de Baño de Polen.

    Dylan, ellos siguen bajo el efecto del ataque de Floramon —reveló Zaytseva. La rubia encogió un poco sus ojos.
    ¡Suficiente! —bramó Ikkakumon— Entréguenos las hierbas robadas o morirán.
    Jamás se las daremos —respondió un Kunemon. Los disputados objetos se encontraban a la espalda del de tipo Virus que no quería seguir combatiendo— ¡Son nuestras!
    Entonces aténganse a las consecuencias —tanto el acuático como el llameante se pusieron en posición de ataque, el segundo encendiendo el fuego en lo más alto de su cabeza. El león marino mostró sus afilados colmillos; estaba preparado para lanzar su Arpón Volcán en cuestión de segundos, pero la teutona férreamente asida de su cuerno retrasó un tanto su ataque.
    ¡No los lastimes! —Tanneberger alzó su voz. Sasha a su lado miraba atenta e intentaba explicarle al Adulto la condición de los villanos, ya que tampoco era partidaria de asesinar a unos pequeños seres digitales que lucían mal aconsejados, si bien tampoco inocentes.
    No tienes por qué matarlos —concluyó Gaia.
    Foca, escucha a Sasha —Vanya compartía la opinión de las Tamer— . Podemos arreglarlo.
    Nada puede justificar lo que han hecho. Estos mugrosos esbirros merecen pagar por ello.
    No, no les hagas daño —alegó la germana, pero el león marino no estaba escuchando; era una carrera contra el tiempo: si el digital no demostraba ahora su poderío, no podría hacerlo nunca. No quería admitirlo, pero su evolución era débil, muy débil. Terminaría en cualquier momento y volvería a su etapa Child, y entonces quedaría en ridículo. El rey del Digimundo no podía exponerse a ello— . Podemos hablar con ellos, así como con Elecmon y Mushroomon —DTB se puso de rodillas y tomó con mucha fuerza su pelaje. Sin embargo, el de ojos azules ya cargaba su cuerno una vez más— ¡Detente!
    ¡Northem Lights! —En una última instancia, Ikkakumon evitó la consecuente explosión y abrió enormemente su boca para expedir un aliento sumamente fresco.

    La heroína tragó en seco. Al ampliar su campo de visión de vuelta, descubrió los ladrones inmovilizados, casi congelados, asimismo Coronamon quien, al encontrarse dentro del radio de impacto, había conseguido que su cabeza se enfriase hasta casi apagarse. El Adulto sonrió con seguridad. Después de procesar lo que había sucedido, la rubia bajó de la cabeza de su compañero junto a la ucraniana para recoger las plantas que pertenecían a Floramon y también para cerciorarse de que los malhechores siguiesen con vida. En eso, el león marino destelló, pero no con la misma intensidad que lo hubiese hecho la vez anterior; su figura se reducía hasta convertirse de vuelta en lo que era con regularidad: la foca de cabellera naranja.

    Su misión se hallaba casi completa. Camino de vuelta al herbolario, el escuadrón atravesó el lugar en donde realizaran la subasta anteriormente y observaron que los Digimon del bosque seguían ahí, con Elecmon y Mushroomon al frente de todos ellos. Al llegar hasta los mencionados, todos los digitales les recibieron con una ovación, entre aplausos y gritos alegres: las heroínas del herbolario. Título ganado gracias a la charlatanería del de tipo hongo. Acto seguido, este mismo se acercó a Zaytseva para dirigirle unas palabras:

    ¿Podrías contarle a Floramon que les he ayudado a rescatar sus hierbas? Quiero que me vea con buenos ojos —dijo el Digimon tras un leve suspiro. La científica sonrió con cierta incomodidad y después asintió con un movimiento de cabeza. Al mismo tiempo, Elecmon se dirigió a la otra humana.
    Dijiste que me ayudarías —soltó el eléctrico. La alemana pestañeó un par de veces. Sí, recordaba lo que había dicho y no quería romper ese compromiso.
    Lo haré. Hablaré con Floramon para que comparta un poco de sus hierbas para curar a tu amigo —pronunció con seriedad. El conejo le miró a los ojos unos segundos antes de decidir creer en sus palabras. Al final terminó marchándose junto al hongo.

    El escuadrón de héroes continuó andando. La foca era el más beneficiado con las alabanzas y vitoreos de la gente; la popularidad y atención era simplemente lo suyo. Aunque podía decirse que Coronamon también se encontraba cómodo con ello, pues saludaba con sus manos a todos los residentes del bosque con un estilo jovial y bonachón -las Palmon suspiraban por él a cada tanto (?)-. Al tiempo en que los digitales disfrutaban su minuto de fama, las humanas avanzaron con rapidez al frente. La teutona aceleraba porque no quería afrontar cuestiones complicadas con su compañero digital -se encontraba molesta por la actitud que había mostrado aquel durante su forma evolucionada-, y la otra europea porque deseaba llegar al herbolario cuanto antes. Ambas cargaban con los múltiples maceteros que contenían la mercancía perteneciente a Floramon y Sasha no dejaba de imaginar cuán feliz se pondría la susodicha al devolverle sus cosas, al igual que Halsey -su otra compañera de Quest-. Iban caminando en silencio hasta que la de menor estatura musitó con tranquilidad.

    Ahora también eres una... —dudó un poco— ‘Heroína’ —jamás se acostumbraría a pronunciar aquello, aunque hizo un esfuerzo para intentar sonar en un tono divertido. Esperaba que la ucraniana lo adivinase a pesar de su rostro inexpresivo.
    No es tan malo —la albina sonrió ligeramente— . Estoy acostumbrada a ser el foco de interés —carraspeó al final. No era su intención sonar presuntuosa, solamente decía la verdad de forma directa. La rubia alzó una de sus cejas en un intento de comprender las afirmaciones de su compañera.
    ¿Eh?
    Estoy acostumbrada debido a que —la ucraniana tomó aire y sonrió con más amplitud— , debido a que en el mundo real solía participar en pasarelas de moda.

    De pronto, Tanneberger trastabilló con alguna piedra aparecida de quien sabe dónde y se ahogó casi con su propia saliva. ¡Es que ya había visto a Zaytseva antes y ahora recordaba en dónde! Su compañera de Quest era una famosa modelo de marcas prestigiosas de ropa, reconocida en toda europa...



    MimikyuMimikyu wtf con tu nuevo nick :04: Maka EvansMaka Evans por fin, listo! :109:
     
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    Última edición: 26 Ago 2017

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