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    I-AM-WOLFIE

    I-AM-WOLFIE O-O¬¬ ¿Quién es la que anda ahí? Jajaja

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    La noche y las nubes de ceniza ocultaban la masacre que se esparcía en el suelo, cadáveres, viseras, miembros amputados, aves de rapiña devorando a quienes antes eran personas, siendo la última escena de un pueblo que se extinguía tras las brasas que consumieron todo. Solamente dos figuras se mantenían de pie, el bien y el mal reflejado en dos jóvenes bellezas, cuyas miradas frías decían todo, la destrucción era la marca de quien estaba ganando esa batalla.

    Una guerrera rubia, con vestimentas que indicaban su nobleza, así su arrogancia por la fuerza que poseía al portar poca protección, de piel pálida y ojos azulados, miraba con crudeza y odio a una joven de tez lúgubre, ropas negras y un aire de maldad, misma que portaba una extraña arma nacida de la oscuridad.

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    - ¡Maldita bruja! Por mis camaradas, por la nación de Grunelde, por la gente del pueblo de Stadt, te juro que aquí será tu tumba. -
    Clamaba la guerrera de la luz, concentrando su energía mágica para lanzarse contra su rival. - ¡Esto es por mi amiga, Iragyl! -

    - No puedo morir, no puedes matarme, llegará el momento en que verás la verdad, en ese momento, dejaré de existir. -

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    - ¡Cállate! -


    La paladín lanzó un sablazo potente a esa enemiga, que, con gran facilidad, esquivó el golpe que partió la tierra, para luego, agitar su mazo de la muerte con tal fuerza, que golpeó el vientre de la guerrera, lanzándola contra un edificio en ruinas. Nunca había recibido tal impacto, sentía su cuerpo quebrado, apenas podía respirar, tal vez, si hubiera usado una armadura ese día, el daño recibido se redujera, pero su orgullo como la guerrera más fuerte de Grunelde, la hizo ciega ante esa posibilidad, la idea de ser derrotada. Lentamente, logró recostar su espalda sobre un montículo de tejas, respirando lentamente, aguantando el dolor, mientras veía como su agresora se acercaba, empezando a pisar su vientre con la punta de esa zapatilla, causándole un tremendo grito.


    - Llora todo lo que quieras, se acabó, Heilig. -


    - No… Mientras respire, mientras tenga un soplo de vida, no me rendiré. -


    - No tiene sentido, ya no tienes por qué pelear, te vencí, acabé con todos tus soldados. -


    - Como paladín de Grunelde, por mi dignidad de guerrera, juro que… -
    Hablaba Heilig, deteniendo su voz por un quejido al sentir el tacón presionando sus heridas.

    - Odio eso de ti, el amor que tienes por tu gente, es estúpido… ¿Hablas de dignidad? Olvídate de ella. -



    Heilig sintió como su rostro era golpeado con el costado del arma de esa bruja, dejándola aturdida, sin capaz de responder, tan sólo sus ojos veían como esa asesina sacaba una navaja que escondía entre sus ropas, seguro sería su fin, moriría, pero, moriría en paz al pelear hasta el último segundo, ella nunca pensó que el plan de la villana era otro. De un tajo, la malvada despojó a Heilig de sus ropas, causándole un miedo como nunca pensó tener, los ojos de esa bruja eran los de alguien que estaba a punto de violarla, por más que intentó moverse, su cuerpo no respondía. Esa mujer, empezó a morder sus pechos, sus hombros, con brutalidad, mientras ella gritaba de dolor y apretaba sus dientes tratando de soportarlo.


    - Podrás ser el guerrero más fuerte, pero, por más que te esfuerces, nunca dejarás de ser mujer, te lo dejaré claro, sobre tu cuerpo. -
    Habló la hechicera, quien agarró la funda el sable de Heilig, introduciéndolo de golpe en la vagina virgen de ella, provocándole un grito desgarrador.

    - ¡!!!!Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!! -


    - Los cadáveres de tus amigos escucharán tus gemidos de mujer vulgar, de zorra. -


    La guerrera se sentía impotente tras estar siendo violada con la funda de su propia arma, mientras todo su cuerpo era mordido, lamido y besado por esa pérfida mujer, quien bebía de su sangre emanada de sus heridas y su sangre virginal que emergía de su zona profanada. Para cuando estuvo satisfecha, Heilig temblaba en el suelo, en un charco de su propia sangre, llena de furia y tristeza, esa maldita, en vez de honrarla con una muerte en batalla, la humilló y destrozó su integridad de mujer y soldado, sobre el cementerio improvisado de su legión.


    - Mírate, no eres más que un despojo… Me pregunto, que cara pondrá ella al verte. -


    - ¡Tú! ¿Qué le hiciste a Iragyl? ¡DILO!-


    La bruja la ignoró, tomando sus ropas para vestirse, antes de empezar a caminar hacía las calles de ese pueblo desierto, siendo escuchado únicamente el sonido de sus tacones por el eco del yermo. Heilig logró arrastrarse lentamente por el suelo, buscando con desesperación alguna pista de Iragyl, su mejor amiga y compañera de armas, no creía que ella también fuese vencida, ellas eran las últimas skjaldmær, vírgenes elegidas para ser educadas como guerreras por sus características al nacer, la cúspide del pueblo del norte de su nación. El cuerpo violado y marcado por las uñas y dientes de esa mujer no pudo más, cayó tendida en el yermo, llorando, llorando como nunca pensó llorar, había sido desvirgada, derrotada, sin vengar a sus compañeros y sin saber que le había pasado a quien siempre vio cómo su hermana menor, convertida en algo menos que mujer, así como le dijo ella, solamente era un despojo.


    - ¡IRAGYL! -



    Un grito era la señal de que Heilig despertaba, su respiración era intensa, el sudor bañaba su cuerpo, la aceleración de su corazón le hacía creer que quería salirse de su pecho, nuevamente, recordaba esa noche, aquella noche de hacía dos meses, cuando perdió su honor. La rubia tallaba sus ojos llenos de lágrimas, presionando su frente con sus manos temblorosas, al ser atormentada frecuentemente por el recuerdo de su profanación y su derrota, peor aún, la humedad entre sus piernas la sacaba de quicio, provocando que agarrara una silla de madera cercana a su cama, para lanzarla a la pared y romperla como única forma de desquitarse.


    - Maldita seaaaaaaa… ¡Juro que te mataré! -


    - ¡Capitana! ¿Se encuentra bien?
    - Preguntó alguien detrás de la puerta, al escuchar el escándalo en el cuarto de Heilig.

    - Estoy bien, no se preocupe señora… Creí haber visto una rata. -



    Heilig se sentó al borde de la cama, tapando su rostro al enfrentarse a esa crisis existencial, eso que la hacía sufrir cada día, ser la última de su legión, ser despojada de su castidad y tener que vivir en otro continente, por la vergüenza de ver a su gente, señalándola como la sobreviviente de la masacre del pueblo de Stadt. Para la guerrera, ducharse dentro de la tina no era suficiente para quitarse el asco que sentía por sí misma, le habían enseñado que sí un “hombre” quería recobrar su honor, tenía que acabar con el origen de sus males, pero, no sabía nada de esa bruja, una pareja de ancianos la encontró tirada en el lago de sangre y cuerpo, cuidándola hasta recuperarse, cuando volvió a ese desierto que antes fue un pueblo, no había ningún rastro, ni un motivo del ataque que ella realizó a campesinos tan pacíficos, no tuvo pista para seguir y poder cobrar su venganza.


    - Capitana, alguien dejó una carta para usted por la mañana. -


    - Pásala por debajo de la puerta, por favor. -



    El sobre pasó por debajo de la puerta, siendo mirado por el hombro de la rubia, quien volvió su mirada al espejo, causándole nuevamente esa repulsión hacía su ser. Mientras se vestía, no podía evitar tocar sus cicatrices, su vientre, muslos, senos, brazos, pecho, glúteos, estaban tapizados por mordidas y rasguños profundos, que dejaban cicatrices con una pigmentación ligeramente más clara que su piel, sólo mirarlas le recordaban que era una perdedora. Tras terminar de vestirse, Heilig recogió el sobre en el suelo, sorprendiéndose por la letra que veía, aunque era un simple “Hola” pero conocía esa escritura nativa de su pueblo.


    - “Hola, no puedo decirte donde me encuentro en este momento, pero, estoy en pie de lucha. Te tengo información sobre quien masacró a nuestros camaradas, te juro que los vengaremos.
    Su nombre parece ser Erebus, hija de una familia de aristócratas de Petrafoein, una estudiante de la academia de magia, no pude saber más de ella, es cómo si nunca hubiera existido. Ella está buscando algo en Grunerde, tienes que volver, Heilig, nuestro reino peligra mientras ella esté con vida, más ahora que nuestro rey murió y su hijo tomó su lugar. Tenemos que vencerla, porqué si hemos llegado hasta aquí...” -


    - Llegaremos hasta el final.
    - Complementó Heilig sonriendo al terminar de leer ese mensaje. - Iragyl… Estás viva… Juntas, venceremos a esta maldita, sabrá lo que es haberse metido con la Legión de Grunerde. -


    Heilig tomó su capa y su bolso de viaje, caminando con la frente en alto hacía afuera de esa posada, sus ánimos se habían levantado por ese mensaje, no sabía porque su amiga le ocultaba donde estaba, tal vez, era necesario el anonimato para sorprender a la tal Erebus, cualquiera que fuese el plan, lograrían su meta, cobrar venganza por ese día.


    - Capitana, buenos días. -


    - Buenos días Gertrudis, disculpa que haya roto otra silla, acepta esto como compensación.
    - Dijo Heilig dejando tres monedas de oro sobre la recepción.

    - Pero capitana, es demasiado por una silla. -

    - Es por la silla y los días que estuve aquí, has sido muy atenta conmigo, Gertrudis, muchas gracias por la atención. - Contestó la caballero colocándose su diadema de legionaria. - Guárdame el mejor vino para cuando regrese. -

    - ¿A dónde irá, capitana? -

    - Volveré a mi nación… A cobrarle a alguien todo lo que he sufrido este tiempo. -


    El caballo de Heilig ya estaba listo en el establo, como ordenaba cada mañana para pasear por ese poblado, pero esta vez, tenía plan en mente, un plan que no sabía que cambiaría el destino de tres naciones.

    Lejos de ese poblado, en la capital de un reino llamado Petrafoein, una castaña de ropajes finos fumaba de una pipa de oro con mucha calma, disfrutando de los lujos de ser la asistente de la reina, que se encontraba en ese momento descansando detrás de las largas cortinas rojas del salón.

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    Alguien con ropas de mendigo, entró en silencio a la sala real, arrodillándose frente a la presente y dándole una nota, para luego, salir lentamente de aquella gran habitación.


    - Es una carta de nuestras águilas mensajeras. -


    - Léela por mí, si no es interesante, rómpela. -


    - Tenemos novedades de nuestro informante del poblado de Pecratr, en una posada, una caballero rubia, con unas guirnaldas de plata, acaba de salir en dirección a Grunerde. -


    - ¿Alguna otra descripción? -
    Preguntó la reina oculta en las cortinas rojas.

    - Traía un estoque con un extraño brillo violeta, parecía un arma muy valiosa. -


    - Un estoque ¿Eh? Solamente una legión era conocida por usar esas armas, legión de la cual solamente quedó una persona en pie… Heilig de las Skjaldmær, me pregunto ¿Qué hará una paladin del reino de Grunerde en mis tierras? -



    Lentamente, las cortinas cedieron de un lado, para dejar a la vista a una hermosa mujer joven, de vestimentas provocativas adornadas en plata que encajaban bien en el cuerpo exuberante y fatal de la reina.

    [​IMG]

    - ¿Qué opinas, Totnia? -

    - Creo que es una espía del nuevo rey de Grunerde, para averiguar cómo están las cosas en nuestro reino. -

    - Puede ser, pero, no lo sé, sería algo arriesgado para un rey tan joven mandar a un espía al reino con el cual busca hacer una tregua. -

    - ¿Aún quiere una tregua con ese reino? -


    - ¿Acaso no lo sabes? El nuevo rey de Grunerde es un jovencillo, para que la gente lo tome en serio, tendría que desposar a una diplomática de alta jerarquía o a una reina, tengo las de ganar. -
    Hablaba la reina tomando una manzana de un frutero cercano para empezar a comerlo.

    - Pero la única reina soltera en el continente es usted. -


    - Exacto, estoy segura que la burguesía de nuestro reino insistirá en que me case con él, para fortalecer nuestro reino, habrán pensando lo mismo con ellos y por eso la insistencia de venir personalmente a conocerme. -


    - ¿Entonces? -


    - Seguiré con el plan, dejaré que venga y ofrezca lo que quiera, si yo salgo ganando, tendré un rey a mi lado, si no me convence, me pondré a la ofensiva y tendrán que ceder más de lo que ofrecen si quieren tregua, incluso, si es necesario, cerrar las entradas para los mercaderes de Grunerde, o poner un impuesto alto si quieren pasar a vender hasta un mísero grano de arroz. -


    - Es una idea esplendida, reina. -


    - Claro que lo es, Totnia, porque yo lo planeé. -


    - ¿Y qué haremos con esa paladin? -


    - Mmm… Lo tengo, ordena que escriban una carta, para la guardia de Koldjord, diles que descubrimos que cierta persona estuvo en nuestras tierras sin permiso y sin saber un motivo cierto de su visita, que es probable que cruce el bosque nevado de Norwin para intentar regresar a Grunerde. -


    - ¿No es mejor que nuestros soldados vayan tras ella? -


    - ¿Acaso eres estúpida?
    - Respondió la reina quién dejó de comer la manzana para lanzársela con fuerza a su asistente. - ¿Acaso no eres capaz de ver más allá de las cosas? Qué las otras naciones descubran que andamos tras esa mujer nos hará ver como un reino débil, se reirían de nosotros al enterarse que alguien entró y salió de nuestras tierras burlándose de nuestras guardias y casetas de caminos. -

    - ¿Entonces por qué le avisaremos a la guardia de Koldjord? -


    - Ellos me deben varios favores, a cambio de brindar la entrada del norte, yo les pagué el peso de sus soldados en hierro y acero, pero al pedirme también caballeriza, les hice firmar un pacto de confidencialidad, hazme caso, ellos resolverán este problema. -


    - ¿Cómo puede confiar en unos extranjeros, mi reina? Sólo deme la orden, en menos de lo que pasa el Sol sobre nosotras, ya tendré una caballería lista para perseguirla. -


    - Confió en ellos por qué les conviene, su nación quedaría en ridículo si se entera todo el continente que literalmente, los subsidia mi reino ya que el suyo no tiene bastante riqueza para mantenerlos. -


    - Perdóneme, oh sublime reina Setis, por dudar de… -


    - Cierra la boca y sal de aquí, me asfixia lo lambiscona que eres.
    - Señaló la reina mientras Totnia chitaba sus dientes, retirándose molesta de la sala.


    Setis volvió a su cama detrás de las cortinas rojas, pensando en las posibilidades de un matrimonio por conveniencia con ese joven rey, pero, al disfrutar de practicar con la adivinación por medio de las cartas, algo le decía que ese rey era más de lo que decían las fuentes.


    - Dime, Rey Eins ¿Qué tipo de persona serás?
    - Hablaba Setis dándose la vuelta para recostarse boca arriba, sosteniendo una tarjeta en sus manos. - La tarjeta del “La luna escondida tras el Sol”… Creo que el destino me dice que me divertiré mucho contigo. -







    Por fin tras meses de planearlo x3 empiezo esta historia, owo Aether es una precuela a Eternal, u3u espero lo disfruten. Al ser una precuela, no es necesario leer todo para que lo entiendan, más bien, esto ayuda a entender lo que después ocurra en las siguientes partes.
     
  2. Kissu

    Kissu مكسورة و تالفة Moderador

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    Me sorprende un poco que no te hayas extendido más con este capítulo. Creo que quedó conciso y eso es bueno porque son muchas cosas las que se deben asimilar. Seguiré leyendo :3
     
  3. Autor
    I-AM-WOLFIE

    I-AM-WOLFIE O-O¬¬ ¿Quién es la que anda ahí? Jajaja

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    No quería saturar el primer capítulo, el segundo capítulo subiré la otra parte del elenco.
    PD: ¿Qué tal la crisis de orgullo y sentimientos de Heilig? :d le ensartaron una daga y no necesariamente de muerte XD

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  4. Kissu

    Kissu مكسورة و تالفة Moderador

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    Pues hasta aquí se nota su... humillación y eso me gustó igual. La manera de exponerlo es breve, pero se transmite bien.
    Claro, la parte de la violación podría haber sido más larga jaja
     
  5. Autor
    I-AM-WOLFIE

    I-AM-WOLFIE O-O¬¬ ¿Quién es la que anda ahí? Jajaja

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    u3u Se irá revelando más, te dije que es sólo la entrada a esto, recuerda que ella recuerda en sueños lo que le pasó así que no será la única vez que lo tenga presente.
     
  6. Autor
    I-AM-WOLFIE

    I-AM-WOLFIE O-O¬¬ ¿Quién es la que anda ahí? Jajaja

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    2. - El último viaje.






    Un carruaje elegante que estaba en medio de una caravana, se detenía frente al palacio de Petrafoein, provocando que los guardias hicieran fila para darle la bienvenida a quien bajaba de ese vehículo. Un joven rubio de armadura brillante, bajó primero, para luego, tomar de la mano a una hermosa doncella cuyo rostro era similar al del muchacho, a diferencia de la heterocromía que había en él, lo que daba a entender que eran gemelos, y por los adornos del equipo que portaba el chico, provocó que los soldados se pusieran arrodillados.

    [​IMG]

    - ¡Bienvenido, señor Eins, Rey de Grunerde! -


    - De pie… Agradezco la bienvenida, guardia imperial de Petrafoein, les pido de la manera más amable, que me guíen hasta su reina.
    - Dijo el joven de voz dulce, mientras los guardias se ponían de pie.

    - Le pedimos una disculpa de parte de nuestra reina, ella nos pidió que espere un poco más mientras terminan de arreglar los preparativos. -


    - Está bien, esperaremos un poco ¿Quién de ustedes puede traerme una silla? Mi hermana no puede estar de pie por mucho tiempo. -


    - ¡Enseguida la traigo! -


    - Eins, no te preocupes, estoy bien.
    - Habló la joven quien, por sus ojos nublados, bastón delgado y mirada distante, revelaba su ceguera.

    - Tranquila, estoy midiendo la amabilidad de su gente. -


    - ¿Cómo crees que sea la reina? -


    - No lo sé, me han dicho que es muy hermosa, que su padre la cedió el trono antes de morir, sin importar que fuese una mujer, es el único reino liderado por una mujer. -


    - No es el único… ¿Y si insiste en lo del matrimonio contigo? Lo que han insistido nuestros consejeros. -


    - Esperemos que podamos llegar a otro arreglo, sé que podrá entender que nuestras tierras tienen mucho que ofrecer. -


    - No es por el arreglo, es por el otro asunto. -
    Susurró la hermana al joven quien se agachó para escucharla en su oído. - Sí ella descubre ya sabes que secreto. -

    - Eso nunca pasará, Zwei, no pienso casarme con una chica, no me gustan las chicas, sabes que eso es algo que se considera una ofensa a nuestros dioses. -


    - Pero y si insiste y no tienes otra opción, no quiero ni pensar que te pasaría a ti y a nuestro pueblo. -


    - No pasará nada, tranquila. -
    Habló el chico tomando de las manos a su hermana, para luego, besar su frente para tranquilizarla. - Todo estará bien, tu hermano se encargará de todo. -

    - Eso deseo, que todo salga bien y podamos irnos de aquí. -


    - ¿Acaso no querías acompañarme y conocer los aromas y sabores de Petrafoein? -


    - Lo ansiaba, pero, desde que llegamos, tengo un mal presentimiento sobre este lugar. -



    A los minutos, Eins y Zwei fueron guiadas hasta la sala imperial, donde estaba la reina Setis esperándoles. Eins se sorprendió por la belleza de esa mujer, las historias sobre su hermosura se quedaban cortas, no sólo tenía un cuerpo perfecto que parecía gustar presumir con sus vestimentas, su rostro era divino, ella pensaba que su hermana gemela era la chica más bella de la tierra, pero, esa mujer la podría superar.


    - Encantada de conocerlo, rey Eins, y princesa Zwei.
    - Dijo la reina acercándose a ambos, tomando la mano de la princesa amigablemente y besando la mejilla, notando rápido su condición por el bastón - No se preocupe princesa, me aseguraré de que se sienta como en casa los días que esté aquí, cualquier cosa que necesite puede pedirla. -

    - Muchas gracias, reina, basta con que me den un mapa con un poco de relieve, así memorizaré como es el castillo y sabré moverme. -


    - Mi hermana es muy lista, reina Setis, aunque no puede ver, ella tiene una inteligencia tan valiosa que no dudé en convertirla en mi consejera. -


    - Eins, me apena que me adules frente a la reina. -

    - Sí el rey lo dice, ha de ser verdad. - Habló Setis mirando fijamente a Eins, notando algo raro en él. - Rey, le pido me perdone el atrevimiento, pero, por reglas de mi país, a la reina o al rey no se le puede saludar con las manos cubiertas. -

    - Disculpe. -


    Eins se retiró su guante y le dio la mano a Setis, quien le sonrió de manera extraña, casi, juguetona, fijamente a sus brillantes ojos bicolor, para luego, besarle la mejilla y separarse, sin quitar esa sonrisa de su rostro.


    - Bienvenidos a Petrafoein, por favor, sigan a mi sirvienta, las llevará hasta el comedor, de ahí, entraremos en detalles de nuestro negocio. -
    Señaló Setis el camino mientras Eins le tomaba la mano a su hermana y le miraba por el hombro en señal de confusión.

    - ¿Qué pasa, Eins? Me apretas muy fuerte la mano. -


    - Nada… No es nada, perdón. -


    - Eins… En verdad, me divertirás mucho ¿Quién diría que en realidad eres una chica? -
    Pensaba Setis sonriendo con una de sus manos en la cintura. - podrás vestirte de hombre y fingir la voz, pero, el aroma y la piel de mujer es algo que no puedes esconder, menos, a mí, que disfruto de chicas como tú. -


    Lejos del reino de Petrafoein, en las heladas tierras de Koldjord, la mañana iluminaba un cuerpo escondido dentro de un viejo tronco de árbol, siendo una chica cubierta en una gruesa manta, la que dormía, temblando y sacudiendo su cabeza al estar teniendo pesadillas, pesadillas que no dejaban de acosarla, recuerdos de lo que tanto odiaba y despreciaba en su corazón.


    - No olvidarás nunca lo que eres, solamente eres una mujer jugando a ser un soldado.
    - Hablaba su agresora, insertando sus dedos salvajemente dentro de su vagina violada, mientras mordía sus hombros y cuello perforando su piel con los colmillos. - no eres más que una zorra disfrazada de plata y acero. -

    Heilig gritaba y lloraba al sentir su zona más privada siendo forzada con esos dedos largos, sin poder responder al tener sus manos atadas detrás de su espalda, teniendo que soportar el martirio de ser violada con brutalidad. Cada vez que gritaba, esa mujer le soltaba una bofetada fuerte a su rostro o a sus pechos, causando algo que ella nunca había hecho, llorar, estaba llorando, su castidad y su honor eran manchados con su propia sangre. La boca de esa bruja le mordía los pezones con coraje, apretaba sus muslos y brazos marcándolos con sus manos, lamía y jalaba sus labios íntimos como si fuese la cascara de una fruta sangrienta, deleitándose con el sabor de las corridas y flujo rojo de la intimidad de su presa, paseando su lengua en sus profundidades, buscando saborear cada gota que emanara.


    - ¿Te gusta, golfa? No has parado de correrte una y otra vez, podrás entrenar tu cuerpo para ser el guerrero ideal, pero.
    - Exclamó Erebus ensartando de golpe dos de sus dedos nuevamente en Heilig, provocando que se arqueara de dolor. - Tu punto más débil será el mismo. -

    - Ma… Ma… Mátame… Mátame de una vez… -


    - ¿Y ahorrarte la humillación? Apenas vamos empezando. -



    En el cuerpo de esa chica, empezó a verse una forma fálica entre sus piernas, completamente oscura, borrada de sus recuerdos, no sabía si era nuevamente la funda de su espada o algo más, pero ese algo, perforaba su capullo, causándole un dolor desgarrador, que la despertó de su trance, respirando agitada, con el corazón hecho un tambor y sus ojos llenos de lágrimas, tan húmedos como su entrepierna.


    - ¡Maldita seaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
    - Gritó Heilig haciendo que el eco sonara por todo el bosque nevado, llegando el sonido hasta un pequeño templo.

    - Parece que se levantó de malas nuestra invitada. -


    - Venlin, ni te atrevas a ir por ella, tenemos que averiguar que está haciendo en nuestras tierras. -


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    La guerrera de vestimentas muy decoradas, que respondía al nombre de Venlin, volteaba hacía el interior del templo, donde una bella hechicera se ponía de pie tras dar plegarías a sus dioses, caminando en dirección a su compañera, con la quien cruzó una mirada, dándole a entender que había terminado con sus oraciones.

    [​IMG]

    - ¿Era necesario venir al templo? -


    - Era absolutamente necesario, templo por donde pasemos, como sacerdotisa, es mi obligación el venerarlo y lo sabes bien.
    - Dijo la chica estirando su mano dócilmente, mientras su amiga se la tomaba para ayudarle a bajar por las escaleras.

    - No entiendo por qué elegiste ser una sacerdotisa, Viden, tu poder mágico te haría una guardiana exploradora superior a mí. -


    - Porqué las guardianas exploradoras necesitan de compañía una sacerdotisa.
    - Sonrió Viden mirando a su amiga.

    - Pero, eso no tiene sentido. -


    - Olvídalo, idiota. -


    - ¿Por qué soy una idiota? -


    - Ya, no hables. -
    Suspiró la sacerdotisa al pensar en qué para los años que llevaban de amistad, ya debía haberse dado cuenta Venlin de sus sentimientos. - Si tan sólo no tuviera miedo de decírtelo, sé que el amor entre mujeres es un tabú, pero no me importa, sin tan sólo… -

    - El estribo. -


    - ¿Disculpa? -


    - El estribo, pisa el estribo para que puedas subir, estás muy rara está mañana. -
    Dijo Venlin mientras ayudaba a su amiga a subir al interior del carruaje, para ella, subir a la parte del cochero, abriendo la ventanilla trasera para ver a Viden. - ¿Qué haremos con esa chica? -

    - Vamos a seguirla por un tiempo, asegurarnos que no sea una amenaza… Por favor, no te lances a pelear con ella en cuanto veas la posibilidad. -


    - ¿Por qué no? Quiero saber que tan fuerte es Heilig, si su leyenda es cierta. -


    - Es tan cierta como que ninguna otra guardiana quiso está misión, no seas estúpida y hazme caso, esto no es un juego, en verdad, corremos peligro al estar detrás de esa mujer. -


    - ¿Y por qué aceptaste venir conmigo? -


    - Por qué… Yo nunca te dejaría sola.
    - Respondió la hechicera sonrojándose un poco, cerrando la ventanilla y sentándose dándole la espalda a su amiga. - Ya, avancemos, si se pone en marcha, no la podremos rastrear con facilidad. -

    - A la orden. -



    El carruaje avanzó tirado por tres alces blancos, en dirección hacia donde sentían la esencia mágica de Heilig moverse. Mientras esas exploradoras se acercaban a la guardiana, ella estaba desvistiéndose, viendo un río de agua fría alimentado por una cascada, en la cual, decidió meterse debajo de ella, soportando el frío cortante de la corriente, abrazando su cuerpo, llorando nuevamente al sentirse sucia, sus recuerdos pesadillescos no paraban de ir y venir, pero lo peor de todo, era volver a sentir su vagina palpitando por la excitación, que su cuerpo sintiera placer al revivir su ultraje, era de lo peor, era el momento cuando sentía que las palabras de esa villana eran ciertas, ya no era una caballero, sino, una zorra.










    OAO ¿Eins será una chica como sospecha la reina? CHANCHANCHAN
     
  7. Kissu

    Kissu مكسورة و تالفة Moderador

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    Eins y Zwei me gustan :3 A ver qué hacen después. Y siento que este capítulo estuvo menos recargado, lo cual está bien.
     
  8. Autor
    I-AM-WOLFIE

    I-AM-WOLFIE O-O¬¬ ¿Quién es la que anda ahí? Jajaja

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    3. - LA CICATRIZ




    Era tarde en el castillo de Petrafoein, las horas se fueron en caminatas, charlas y muestras gastronómicas y artísticas locales, todo para sorprender al joven rey de Grunerde. Mientras el atardecer caía, la mente de Setis hilaba un plan para hacer que Eins revelara su identidad por voluntad propia, y por su mirada sobre su gemela, Zwei, parecía que tenía algo listo.


    - Rey Eins, ya se hace tarde, por las montañas altas de Koldjord, pareciera que anochece más temprano de lo normal, si me permite, quiero mostrarle personalmente su habitación.
    - Dijo la reina sorprendiendo al joven rey y a su hermana.

    - No es necesario, puedo pedirle a uno de sus sirvientes. -


    - Por favor, avanzamos mucho en las pláticas de comercio, por lo que, me siento agradecida contigo, tal vez, con tu ayuda, logremos que nuestras naciones por fin eviten tantas disputas.
    - Sonreía Setis tomando la mano de Eins, quien no podía ver más allá de esa sonrisa amigable.

    - Hermano, acepta la invitación de la reina, es lo menos que debes de hacer como agradecimiento. -


    - Está bien, acepto ser guiado por usted, reina. -


    - Por favor, llámame Setis. -
    Dijo la reina mientras guiaba a ambos hermanos al interior del castillo. - Ustedes, apresúrense a prepararles la ducha caliente a nuestros invitados. -


    Tanto Eins y Zwei, hermanos nobles y preocupados por su nación, no entendían que esa mujer parecía algo más que diplomacia, desconocían, que la reina también guardaba un secreto, un tabú del continente, ella disfrutaba de la piel y aroma de las mujeres, solía tener aventuras en secretos con las chicas más bellas de su reino, y si alguna intentaba delatarla, acababa muerta en extrañas circunstancias. Si había un tipo de chica que le gustaba a la reina, era aquellas que tenían algo único, como si fuese una joya para presumir su propiedad, Zwei, por su belleza, podría encajar en sus gustos, pero, Eins la tenía con su atención en alto, podía sentirlo, saborearlo, pero, quería asegurarse de que sus sentidos no le fallaban, antes de hacer una jugada, ya que, una chica de ojos bicolor era algo que jamás creyó poder ver.
    Al llegar al tercer piso de su castillo, Setis se paró delante de una gran puerta, dándole la llave a Eins, quien le miró intrigado.


    - Este es su cuarto, el mío está hacía el fondo, por si necesita algo, puede pedírselo a mis sirvientes o decírmelo personalmente. -


    - Está bien… Zwei ¿Quieres bañarte primero?
    - Preguntó el hermano a Zwei, quien le tomaba de la mano.

    - Oh, disculpen, pero no está bien que un hombre y una mujer pasen en la misma habitación, sean o no hermanos. -


    - Pero… -


    - Ella tiene razón, Eins, no te preocupes, estaré bien.
    - Sonrió la hermana buscando tocar la mejilla de su gemelo.

    - No te preocupes, tengo una habitación especial para la princesa, les pedí que acomodaran los muebles alrededor para que no se tropezara y que fuesen romos, así no sufra un accidente. -


    - Tiene muchas consideraciones para mí. -


    - Claro que las tengo, pronto serás mi cuñada ¿O no? -



    Eins pasó saliva al escuchar eso, metiéndose a la habitación lentamente, asomando su rostro al ver como la reina guiaba a su hermana. Su piel se erizó al ver como Setis le miraba por su hombro, lanzándole una mirada que le hacía sentir como si le atravesaba el pecho.

    La habitación de Zwei fue abierta, por los pasos que ella contó, confirmó que estaba al lado de la de su hermano, por lo que, cualquier cosa que ocupara, podría ir hacía él. La reina tomó de la mano a la rubia para llevarla hasta la cama, sentándose ambas en el borde, para la visitante, le fue extraño esa acción, pero, no quería ser descortés con la reina, que parecía ser tan amable.


    - Zwei, ya que estamos a solas, quería preguntarte algo. -


    - ¿A mí? -


    - ¿Qué clase de mujer le gusta a tu hermano? -
    Preguntó Setis quien miraba de arriba abajo a la ciega, lamiendo sus labios al pensar en que era una belleza en bruto.

    - No lo sé, nunca lo he pensado. -


    - ¿En serio? Pensé que siendo su hermana y pasando tanto tiempo juntos, sabrías que chica quisiera él como esposa. -

    - Él no suele hablar mucho de eso. - Rio apenada la princesa, haciendo que Setis sospechara más de lo que ella presentía.

    - ¿Crees que sería una buena esposa para tu hermano? -


    - No sé, no me parece buena idea que se casen ustedes. -


    - ¿No? ¿Por qué no? ¿Acaso no te agrado? -


    - No es eso, reina, no me agradan los matrimonios arreglados.
    - Hablaba Zwei volteando hacía donde sentía que estaba sentada Setis. - Pienso que uno debe de casarse por amor ¿O no? -

    - Es algo lindo que pienses así, pero, sabes los beneficios que traería para nuestros reinos, sí tu hermano y yo nos casamos. -

    - Lo sé. -

    - Espero que pronto, Eins piense que no tiene mejor opción que estar conmigo
    . - Dijo la reina poniéndose de pie, acariciando la mejilla de la ciega tiernamente. - Te dejo para que descanses, sobre el buró, hay una campana pequeña, cualquier cosa, vendrán a asistirte. -

    - Gracias, reina. -


    - Puedes llamarme Setis, seamos buenas amigas, Zwei. -


    - Está bien, Setis. -
    Sonrió la ciega, mientras la reina se retiraba y cerraba la puerta, notando que en el pasillo le esperaba su asistente.

    - ¿Qué haces aquí? Te ordené revisar los acuerdos que ofreció Eins. -


    - Ya lo hice, me parece que está dándole muchos beneficios ¿Por qué no ordena que sus desembarcos sean en nuestra costa en vez de la de Koldjord? -


    - Por qué la había de Koldjord es mayor, además, que esa nación sirva de conexión entre nosotros, nos ayuda a tener motivos para que haya presencia militar en sus tierras, pondremos de excusa que es para proteger a los mercaderes de Grunerde y los nuestros.
    - Explicó Setis sacudiendo su cabello, caminando hacía su cuarto. - Te falta bastante visión, Totnia, a ese paso, no lograrás convencerme de nombrarte canciller en Grunerde. -

    - ¡Pero sí usted me lo prometió! -


    - Yo te dije que lo pensaría, deja de ser una inútil y platica con el coronel Kurz, quiero que haga un informe sobre el grupo bárbaro del cual se encargaría en el Sur. -


    - Maldita perra… Si no fuera por qué te necesito para mantener mi título. -
    Pensaba Totnia molesta, apretando sus puños con fuerza. - Mal nacida, en cuanto logre ser canciller, me aseguraré de derrocarte. -


    La reina entró a su habitación, empezando a desvestirse, quedando solamente en bragas, caminó moviendo sus sensuales caderas hacía la pared que daba al cuarto de Eins, colocó sus dedos sobre un cuadro de mármol, levantándolo para abrir una mirilla que tenía. El poco vapor dentro del cuarto daba a entender que Eins salía de la ducha de agua caliente que le habían tenido lista, secando su cuerpo con una toalla, fue cuando los ojos de Setis se dilataron por lo que veía, el cuerpo delgado de Eins, de piel rosada, un cuerpo femenino con unas tetas pequeñas, apenas asomándose sobre su pecho, pero muy hermosas, con piernas, vientre y brazos marcados por el adestramiento militar, unos glúteos firmes y parados y por delante, un triángulo pequeño con pocos rastros de vello rubio, dando entender que ella se rebajaba su vello púbico, su cabello de media melena al hombro le hacía verse más linda que al esconderlo con su pequeña corona, sin dudas, Eins no era un rey, era toda una linda reina que ocultaba su femineidad.


    - Lo sabía… Mis sentidos no me mentían, Eins… Sin dudas, eres hermosa. -
    Pensaba Setis acariciando su vagina por encima de su ropa interior. - Y serás toda mía… Veremos por cuanto tiempo, mantienes tu juego de ser un hombre. -


    Lejos del castillo, una rubia estaba frente a una fogata improvisada, cubriéndose con su capa por el frío de esas tierras, tratando de no volver a dormir, por qué cada vez que dormía, sus pesadillas recurrentes volvían a tomar control de sí, no sólo era el sufrimiento, era sentir nuevamente en su cuerpo ser mancillada, lo que le traía repulsión al sueño. Mientras esa joven trataba de mantenerse fuerte contra el frío, una hechicera y una caballero, la espiaban, sin sentir molestias del clima, por su sangre de la tribu de la montaña.


    - ¿Crees que esa chica esté bien? -


    - Se supone que estamos vigilándola, no venimos a cuidarla.
    - Susurró Viden a Venlin, mientras se escondían detrás de los árboles.

    - Pero sí sigue así, morirá de frío y no sabremos que estaba planeando. -


    - Por eso es que a veces arruinas las misiones, ella es una invasora, no debes de sentir empatía por ella. -


    - ¿Van a dejar de hablar? ¿O mostrarán su cara? -


    Las dos ojiazules voltearon hacía adelante, viendo como Heilig se ponía de pie, apuntando con su espada a las dos. Venlin sujetó el mango de su espada mientras Viden le decía con la cabeza que no, pero, su amigan o hizo caso y dio un paso al frente.


    - Heilig, caballero de Grunelde, mi nombre es Venlin, guardiana exploradora de Koldjord, exijo que digas que haces presente en nuestros bosques. -


    - Eso no es su asunto. -


    - Si te niegas a explicar el motivo de tu presencia, lo tomaré como un acto de espionaje. -


    - Tómalo como quieras, no tengo tiempo que perder con ustedes, si no te apartas, no será mi culpa lo que te ocurra.
    - Dijo Heilig, que se mostraba molesta por la amenaza.

    - Piénsalo bien, guardiana imperial, por más leyenda que seas, aunque sea una skjaldmær, una virgen guerrera, no creo que puedas contra nosotras dos. -


    - Están colmando mi paciencia. -


    - Viden, plan mariposa, ahora… ¡Viden!
    - Gritó Venlin al ver que la rubia se lanzaba primero hacía la hechicera, que lanzó un conjuro de defensa, siendo quebrado por el golpe.

    - ¿Qué? -


    - ¡Aléjense de mí! O no responderé por lo que pasé. -


    - ¡Aléjate de Viden!
    - Exclamó la paladín, quien trató de golpear a Heilig con su espada, pero ella lograba cubrir cada golpe.

    - ¡Toma! ¡Atrás, Venlin! -



    La hechicera lanzó una ráfaga de hielo contra la guardiana, la cual logró esquivar casi por completo, siendo su muslo él que fue golpeado por el frío, desgarrándose parte de su ropa. Heilig sintió el ardor del frío en su piel, pero eso no la detendría, por lo que se puso en posición de ataque para devolver el favor, no esperaba, que esas dos chicas le miraran de forma extraña, casi, con tristeza, fue cuando se percató, sus ropas se habían rasgado más, logrando mostrar el interior de sus muslos y parte de sus pantaletas, no obstante, lo que más llamaba la atención, eran las cicatrices de mordidas en su cuerpo.


    - No… No miren… No … -
    Susurraba Heilig dejando caer la espada para correr por su capa y cubrir su cuerpo, temblando de vergüenza y empezando a llorar. - ¡No miren! -

    - Viden… Esas marcas. -


    - Sí… Ella… Fue… -
    Trataba de hablar la hechicera, pero, al ver a esa joven quien lucía tan poderosa segundos atrás, ahora, llorando de impotencia, le trababa la voz. - Ya no es virgen… Ella… Perdió su título de skjaldmær. -

    - ¿Eso qué significa? -


    - Que ya no tiene a donde volver, ha perdido su dignidad y su honor. -










    Q3Q Le vieron sus mordiditas en su cuerpecito a Heilig.
     
  9. Kissu

    Kissu مكسورة و تالفة Moderador

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    Aw, pobre Heilig ;w; (digo, que se derrumbe así).
    Y esa reina que no trama nada bueno jaja
     
  10. Autor
    I-AM-WOLFIE

    I-AM-WOLFIE O-O¬¬ ¿Quién es la que anda ahí? Jajaja

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    X3 Seguimos wiiii (No tengo internet en casa, x3x pero en la oficina si)


    4. MARCHAR AL AMANECER



    Mientras se acercaba la madrugada, tres chicas estaban alrededor de una fogata, en el interior de un viejo templo frente al mar que separaba Koldjord y Grunelde. Viden servía algo de té a la guerrera de rostro deprimido, así como a su amiga, quien estaba confundida por las marcas en quien creía que era la mujer más fuerte de su mundo conocido. Venlin no sabía que decirle a la rubia, que parecía muy afectada por que sus cicatrices fuesen vistas, fue la mano de su amiga quien le indicó que le permitiera hablar a ella.


    - Espero que te agrade el té de Koldjord, es algo amargo comparado con él de tu tierra. -


    - Está bien.
    - Contestó Heilig bebiendo un poco, mientras trataba de acomodar sus ropas para esconder las mordidas.

    - Dime, esas heridas… Son.. Dien… Dien… -


    - Si…
    - Suspiró la guerrera sujetando con ambas manos el vaso de barro, con los ojos brillosos por las ganas de llorar.

    - Sé que te pedimos que estuviéramos en paz, pero, nos gustaría saber qué haces en nuestra tierra, así, podemos dejarte en paz. -


    - No hago nada, tuve que atravesar por la montaña por ser el camino más corto a Grunerde, tengo que volver. -


    - Disculpa, sólo quiero saber… Si tu cuerpo fue mancillado, tú ya no tienes la virtud de… -


    - Venlin, no digas más.
    - Reclamó la hechicera a su amiga, mientras Heilig apretaba el vaso quebrándolo, presionando sus manos en la frente al soportar el comentario. - Perdón, ella no quería decirlo. -

    - No importa si ya no puedo ser llamada una skjaldmær, que ya no pueda jurar ante mi nación, tengo que volver para detener a quien me hizo esto, por mi gente. -


    - ¿Quién te hizo esto? ¿Acaso los responsables de la masacre del pueblo de Stadt siguen vivos? -


    - La responsable… Quién masacró a todo ese pueblo, a mis compañeros de armas, fue una maldita bruja, tan poderosa como despreciable. -


    - Un momento ¿Otra chica… Abusó de ti? -


    - Esa no era una mujer, era un monstruo. -

    - Heilig, quisiéramos poder ayudarte de alguna manera, lo mejor que podemos hacer es ofrecerte un navío del muelle, pero, antes de eso ¿Crees que esa bruja sea de peligro para nuestro pueblo? -

    - No sé lo que piensa, ni lo que quiera hacer, pero, mientras esté con vida, es peligrosa para todo el mundo. -


    - Viden, tenemos que ayudarla.
    - Sugirió la guerrera a su compañera, mientras Heilig se ponía de pie.

    - No necesito su ayuda, no creo que ustedes me puedan asistir contra ella, además, ya tengo alguien que me ayudará. -


    - Por favor, déjanos ayudarte. -


    - Detente, esto no es un juego. -
    Habló la hechicera sujetando el hombro de su amiga. - esto es serio, si Heilig, la guardiana de Grunelde está diciendo que no le servimos de ayuda, no debemos meternos. -

    - Pero. -


    - Aun así, guardiana, con la autoridad de pertenecer a la guardia de exploración de Koldjord, le pido permiso para acompañarla, no nos meteremos en su conflicto, pero, por el bienestar de mi reino, debemos asegurarnos que esa bruja a la que usted enfrentó no sea un riesgo para mi pueblo. -


    - Está bien… Tiene sentido su petición, pero, por favor, ya no me llames guardiana, solamente, Heilig, dejé de serlo ese día. -


    - ¿Dejaste de serlo? Pero todos han dicho que sigues siendo la guardiana de Grunelde, la leyenda de Stadt. -


    - ¿Leyenda? ¿Ver a todos mis compañeros ser masacrados me hace leyenda? ¿Observar las casas y personas arder entre las llamas me hace una heroína? ¿Ser violada frente al cadáver de mi legion me hace un mito? -
    Reía Heilig con sarcasmo al mirar a Viden - Esa bruja mordió mis senos, mi vientre, mis muslos, mi vagina, tomó mi castidad y robó de mis labios ¿Leyenda? Esa noche no fui más que una muchacha mancillada delante de lo que ella veía como su única familia. -


    Heilig caminó al interior del templo, Viden quería seguirla, pero Veilin la sujetó del hombro para detenerla, sabiendo que lo mejor para esa guerrera era pasar el tiempo a solas, era obvio que no estaba de humor para tratar con las demás personas, el honor de una skjaldmær era lo más importante para ellas, perderlo, era peor que la muerte.


    - ¿Por qué se comporta así? Eso pasó hace dos meses, no tendría que haberlo superado una skjaldmær ¿O no? -


    - A veces eres muy testadura, no importa que tan fuerte y orgullosa seas, lo que le hicieron, no tiene nombre, lo mejor para ella, es que evitemos ese tema. -


    - ¿Crees que quiera vengarse para recobrar su honor? -


    - Tal vez, pero, por su mirada, parece que lo que busca, es vengar a sus camaradas, antes que verlo como algo personal. -



    Mientras Heilig miraba al lado de un pilar el amanecer, notó la presencia de alguien cerca de ella, sujetó el mango de su espada y caminó con cuidado, la magia que emanaba de esa persona era poderosa, tan poderosa como la propia, pero, se calmó, al ver emerger de entre la luz del crepúsculo un cuerpo femenino, de brillante vestido color rojo y blanco, de curvas más que prominentes y un rostro precioso, adornado por una larga cabellera negra, pero, había algo muy peculiar en esa joven, unos ojos con un inexplicable tono carmesí, que radiaban como si tuviesen luz propia.



    - Buenos días, Heilig, me alegra volver a verte. -


    - Iragyl… ¡Iragyl!!Estás viva! -
    Exclamó la rubia llena de alegría, corriendo a abrazar a su amiga, que le sonreía de forma amigable, como siempre lo había hecho. - ¿Dónde habías estado? -

    - Tuve que ocultarme por un tiempo, lo que ocurrió ahí, fue toda una hecatombe, tuve que buscar aclarar mis pensamientos y saber que haría ahora. -


    - Me alegra tanto verte, y que decidieras aliarte a mí, juntas esa maldita no podrá vencernos, nuestra legión tendrá el orgullo de descansar al saber que le dimos muerte a su asesina. -


    - Tranquila, todo a su paso, primero, debes de descansar un poco. -
    Sonreía Iragyl acariciando los hombros de su amiga, quien agachaba el rostro al sentir como tocaba sus cicatrices. - Aunque tengas esto sobre tu cuerpo, no has abandonado tu estirpe y tu corazón de guerrera ¿Verdad? -

    - Nunca, aunque ya no tenga derecho a ser nombrada una skjaldmær como tú, aunque ya no tenga la virtud de ser nombrada una guardiana, sigo siendo una guerrera, y como tal, recobraré el orgullo de la legión de Grunelde. -


    - Nunca cambias, por más que te pida que seas prudente, confías mucho en tu fuerza.
    - Hablaba Iragyl separándose un poco de su amiga. - Eso me encanta de ti, pero, el poder no te ayudará contra quien quieres enfrentar, debes de ser más lista que ella. -

    - Lo sé… Iragyl ¿Qué le pasó a tus ojos? -


    - Así como tus cicatrices, esto fue lo que quedó en mí, a raíz de lo que pasó en esa campaña, no es nada grave, lo único a lo que no me acostumbro es a la falta de sueño. -


    - Entonces, descansarás mientras viajamos, unas guardianas de Koldjord me darán un navío. -
    Dijo Heilig tomando las manos de su amiga, las cuales, ella retiró, sin dejar de sonreírle.

    - Lo siento, no puedo viajar contigo. -


    - ¿Por qué no? -


    - No es parte del plan, te dije que te ayudaría a llegar a tu cometido, pero, para ello, tenemos que tomar caminos separados. -

    - Ya entendí, si estamos juntas, es fácil que lea nuestros movimientos, por eso es que siempre fuiste nuestra estratega. - Hablaba la rubia mientras Iragyl sonreía, neutralizando su rostro al observar a las dos chicas que se acercaban.

    - Veo que estás con buena compañía. -


    - Buenos días. -


    - Viden, Venlin, ella es Iragyl, también sobrevivió a la masacre, es la única skjaldmær que queda. -


    - ¿Qué le pasa a tus ojos? -


    - Venlin, no hables más. -


    - Ve a las puertas de Weiss, ahí nos veremos. -
    Susurró la ojiroja, besando la mejilla de Heilig, mirando con cierto desdén a las otras dos. - Cuídate, y trata de dormir en el trayecto, lo necesitarás. -


    Iragyl se fue caminando, con un movimiento sensual de caderas, dejando a la guerrera y hechicera de Koldjord algo confundidas, por un segundo, podrían decir que esa chica se le insinuaba a Heilig, pero, no tenía sentido, el amor entre mujeres así como entre hombres era algo considerado un sacrilegio, una abominación de la naturaleza, peor sería que dos guerreras de su tribu tuviesen tal atrevimiento, quizá, era demasiado amistosa, no obstante, la mirada que les dio era como si les dijera que estaba vigilándolas.


    - ¿Es de confianza?
    - Le susurró la guerrera a Viden, quien la separó de Heilig para que no escuchara.

    - No lo sé, pero, pude sentir su poder mágico, no puedo creer que tan sólo su presencia me causara tanto nervio, ni siquiera todas las hechiceras que asistimos a las exploradoras juntas tendríamos la cantidad de magia que emana de ella. -


    - Si Heilig dice que fue su compañera, es obvio la fuerza que debe de tener, si ella confía, también debemos confiar ¿No crees? -


    - Tal vez… Pero… Esos ojos rojos, no son normales tampoco. -


    - Lo estás pensando mucho, vayamos por un barco y dirijámonos a Weiss, sabremos más de esa bruja que tanto odia Heilig. -



    Mientras las tres jóvenes guiaban a su carroza y caballos hacía el muelle para encontrar un barco disponible y zarpar hacía Grunelde, en el castillo de Petrafoein, la reina Setis estaba en la mesa de su jardín, esperando a que le sirvieran el desayuno, su sonrisa llegó al rostro cuando vio al rey Eins y su hermana Zwei, llegando tomados de la mano, para hacerle compañía. Con un aplauso, la reina ordenó que les sirvieran también a sus invitados de honor, sonriéndole con cierta coquetería al joven rey de ojos heterocromos, causándole cierto rubor.


    - Buenos días, rey, princesa ¿Les gusta desayunar al aire libre? -


    - Mucho, reina, mi hermano y yo solemos tener días de campo en los jardines de nuestro castillo.
    - Sonreía la princesa ciega, ayudada por su hermano para sentarse.

    - Entonces, disfrutarás mucho las mañanas que pases aquí. -


    - ¿Qué pase aquí? No entiendo eso. -


    - Estuve pensando anoche, con el breve tiempo compartido y estoy interesada, en contraer matrimonio con usted, rey Eins. -


    - ¿Qué? -
    Reaccionó el rey poniéndose de pie. - Pero, nunca tomé ese asunto en alguna platica con usted. -

    - Lo sé, es algo que han sugerido mucho nuestros consejeros y los sabios de cada reino, pero, en verdad, tengo interés por ti, Eins. -


    - Estoy de acuerdo con mi hermano, reina, apenas se conocieron ¿No es muy abrupto? -


    - Para nada, no sé sí al rey le parezca casarse conmigo, tal vez piense que, por mi edad, soy una solterona. -


    - Nunca pensaría eso de usted, reina, es una mujer muy bella, aunque le falten tres años para los treinta, eso no quita su belleza, inteligencia y amor por su reino. -


    - Gracias por las adulaciones, pero, a una mujer nunca se le recuerda su edad.
    - Sonrió Setis llevando su dedo índice al labio de Eins. - ¿Qué dices, Eins? ¿Quieres desposarme? Aunque apenas tengas veintiuna primaveras, debes de asegurar tu progenie ¿O me dirás que no has pensado en tener un heredo? ¿O esperas dejarle ese trabajo a tu hermana? -

    - No he pensado en eso, pero nunca se lo dejaría a Zwei. -


    - He recibido muchas propuestas de matrimonio, las he rechazado, por qué no tengo interés en nadie, hasta ahora, me interesas mucho. -


    - No sé qué decir, reina, me siento halagado por esto, pero… -


    - ¿Acaso no te parezco atractiva? -
    Dijo la mujer cruzando sus piernas, dejando verlas a Eins, quien empezaba a incomodarse por la situación.

    - Claro que es atractiva, pero… -


    - Dime sólo una razón para rechazar mi propuesta que no sea algo cómo el amor, ya que, estamos hablando del beneficio de nuestros reinos. -


    Eins se quedó sin palabras, y por la forma en que le apretaba la mano a la princesa, era claro que sus nervios estaban hasta al máximo. Zwei notaba que su hermana estaba en problemas, si todo seguía a ese ritmo, Setis descubriría su secreto. Cuando las gemelas nacieron, su padre, el rey previo de Grunelde, entró en un gran dilema, su esposa había tenido un parto complicado y difícilmente podría tener nuevamente hijos, y sin un niño como heredero, estaba en riesgo la preservación de su sangre. Una idea descabellada surgió de la madre, criar a una de ellas como un hijo, para que así, la gente creyera que un varón nació y la calma dentro del reino se preservara, calma que estaba por perderse por el interés de la reina Setis en Eins.


    - Reina, deje que mi hermano lo piense un poco más ¿Le parece? -


    - Rey, creo que usted no tiene mucho que pensarlo, tenemos motivos para sentirnos ofendidas por la intromisión de uno de los suyos en nuestro reino, sin permiso ¿No cree que aceptar la propuesta de la reina es una forma de evitar un conflicto? -


    - ¿De qué estás hablando? -
    Preguntó Eins, volteando atrás al escuchar a Totnia, quien se acercaba a la mesa y se sentaba al lado de la reina.

    - Heilig, su guardiana real, fue vista por nuestras tierras, sin avisar su entrada al reino ni explicar el motivo de su presencia. -


    - ¿Heilig? ¿Es cierto eso, reina? -


    - Temo que sí, no quise tratar el tema por qué no le vi interés.
    - Habló Setis con una sonrisa, volteando a ver a Totnia con molestia para susurrarle. - ¿Por qué te metes en mi conversación, estúpida? -

    - Tenía que hacerlo, deje de jugar con él, iene todas las ventajas para que el matrimonio sea a conveniencia de nuestro reino. -


    - Eso lo voy a decidir yo, es la última vez que te metes así, la próxima, te enviaré a la caballeriza a limpiar todo el estiércol solamente tus manos. -
    Murmuró con coraje la reina, suspirando para cambiar su rostro a uno amigable.

    - ¿Está todo bien, reina? Noté su voz alterada. -


    - No es nada, princesa… Tomaré tu palabra, le daré una semana, antes de que se vayan de mis tierras, quiero una respuesta. -


    - Está bien, tendrá una respuesta pronto, reina.
    - Habló Eins mientras su hermana buscaba su brazo para atraparlo, entendiendo que estaban acorraladas.







    Requetechanchanchan OAO
     

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