Gimnasio Adam Roark vs Denisse Helmont

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por Soncarmela, 29 Oct 2018.

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    Soncarmela

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    Perdone, ¿sabe dónde puedo encontrar el gimnasio?

    Fuiste iluso al preguntarle aquello a un anciano cascarrabias. El señor se giró con una gran sonrisa, te dio unas palmadas a la espalda y señaló a sus quince Wingull.

    Un chico como tú no podrá derrotar a Denisse —declaró, humillándote.

    ¡Mis pokémon y yo somos fuertes!

    El señor se rascó la barbilla durante unos segundos.

    Bueno, si eso que dices es verdad, no te molestará demostrarlo, ¿cierto?

    Sus ojos maliciosos no te dieron buena espina, pero no habías llegado tan lejos como para dar media vuelta.

    ¿Acaso quiere una pelea? —inquiriste, observando a todos los pokémon que trataban de alzar el vuelo.

    ¡Claro que no! —empezó a toser como si le fuera la vida en ello. Le ayudaste a incorporarse cuando recuperó la respiración— Es algo mejor.

    Hiciste una mueca.





    Ficha: Ficha PNA

    Mr-AlduinMr-Alduin Puedes empezar, disfruta. Tal y como pediste, aquí tienes la primera fase
     
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    Los vendajes blancos se retiraban, una vuelta tras otra, mostrando que la herida en la cabeza de Roark había sanado por completo. La joven maestra de escuela tiraba de la tela buscando alguna queja de dolor pero el entrenador no se inmutaba. Ambos se encontraban sentados, en el área de descanso del centro pokémon.

    Por Aristóteles… —se quejaba la maestra de escuela —. Se suponía que irías al gimnasio, no que te quedarías ayudando a un anciano…


    Muy temprano, el joven nacido del seno de ciudad kalek y sus pokémon habían partido al gimnasio, sin embargo, se topó en su camino con un anciano y más de una docena de Wingull con problemas. Como siempre pasaba con Roark, y para infortunio de su pokémon, Quilava, el joven nunca decía que no a alguien falto de ayuda. El pokémon de fuego se encontraba en un rincón, durmiendo a regañadientes.

    Es un anciano, Pamela…—.El entrenador se llevaba la mano a la cabeza, intentando palpar una herida inexistente, solo sintió una pequeña cicatriz. “Gracias Honchkrow”, recordaba su experiencia previa en el bosque Pensiul, la cual, no se atrevió a contar a su amiga de ojos verdes, aun cuando esta le bombardeo de preguntas apenas le vio regresar con una venda ensangrentada sobre la cabeza y con la ropa llena de tierra y de hojas, además de una bolsa con medallas, corchas y joyas .
    ¿Y qué? —la joven, un año mayor que el entrenador, tomaba la venda entre sus dedos enguantados con hule —. Por favor Hiedra, hazte cargo de esto —. Un Venusaur alargaba sus cepas en dirección a la joven, tomando la pequeña bola de tela —. Todos necesitamos ayuda, no importa la edad, solo mírate —apoyaba sus manos en las caderas. La historia de que resbaló en el camino nunca la creyó, Adam Roark era pésimo mintiendo —. Hasta tú necesitas ayuda, ¿Cómo dijiste…? Ah, sí, “te resbalaste…” o eso me quisiste contar.
    Pamela… —. El entrenador recogía su mochila, sus pokeballs y después miraba a Quilava esperando a que se despertara.
    Adam Roark… estás ocultándome algo… ¡no me mientas! —. Pamela se quitaba los guantes de hule, sus ojos verdes centelleaban; desde la ventana su Venusaur la observaba asustado.
    Ya te dije…, resbalé, me tropecé y un policía que había estado buscando unos Murkrow ladrones me encontró.


    La joven de cabello castaño, ojos verdes, cuerpo esbelto, pero de muy mal temperamento hizo un puchero. No había creído tal historia, quiso buscar otro testimonio en un Quilava malhumorado que la alejó con sus ascuas.

    Aja…”, ok, ok… “te resbalaste…” y un policía te ayudó, como digas —.Pamela cruzó los brazos, derrotada, y miró a su Hiedra. El pokémon desde la ventana no tenía respuesta alguna para darle, en lugar de eso, giró la cabeza y observó con interés a un Sunflora y a su entrenador que ingresaban al edificio —. Y en cuanto al anciano, ¿Qué harás?
    Lo obvio: Le ayudaremos —contestó el entrenador, sonriendo.
    ¡¿Qué?! —la profesora respondió exaltada — ¡Ah, no! ¡no, no, no! ¡No me metas en esto!
    Pamela… si no le ayudamos, no me dirá en dónde está la líder de gimnasio…
    ¿Y yo qué tengo que ver? —la maestra de escuela daba un salto —. Tus pokémon y tú son los que la desafiaran, no yo —. Adam se ajustaba su mochila al cuerpo, sus gestos eran serenos.
    Dijiste que querías ver un combate de gimnasio —espetó.
    Si, tienes razón —Pamela observaba como Quilava, de mala gana se despertaba y des esperezaba —. Nunca dije nada de ayudarte con una parvada de Wingull
    Son solo quince —. El pokémon de tipo fuego se acercaba a la puerta, a la espera.

    Al pokémon de pelaje azul tampoco le agradaba la idea de ir a ayudar a otra persona. Ya había tenido suficiente con lo acaecido en el bosque, pero, por lo visto, parecía que su compañero aun no había asimilado que, no todos requieren de ayuda con urgencia. Además, era eso, o no saber en donde se encontraba la entrenadora más fuerte de ciudad Feather. Para el pokémon era mejor ayudar y avanzar hacia su tan ansiada batalla de gimnasio. Quilava era un pokémon de pocos gestos, pero se expresaba fácilmente por medio de su obediencia y lealtad.

    ¡¿Dijiste quince?!—. Los ojos verdes de Pamela se abrieron, superando en tamaño el marco de sus anteojos.
    Pamela… baja la voz… —. Todos en el edificio, incluyendo la enfermera les observaban.
    Habías dicho que solo un pequeño grupo… —regañaba entre dientes, mientras tomaba a Adam por el cuello —. No dijiste nada sobre Quince criaturas… —. El entrenador sonreía.
    Creí que te gustaban los pokémon —dijo.

    Los pokémon sí, adoro a los pokémon, ¡son mi fuente de vida! —aclaró —. Lo que no me gustan son tus aventuras imprudentemente peligrosas —. La joven notó como un pequeño pokémon verde la observaba — ¿Acaso ya te olvidaste de la cueva, tu compañera de cabello rubio y de… — este último nombre no lo quiso decir, pues alertó que podría afectar a su amigo de piel morena. “Y de Gyarados…”.

    Ante el comentario, la sonrisa de Roark se pausó, el entrenador hizo un suspiro y se dio la vuelta. Con mochila y abrigo sobre su cuerpo se dispuso a partir. Quilava ya lo esperaba, con sus ojos rojos fijo en él.

    Adam espera… —la maestra de escuela le detuvo… —. Espérame, ¡Hiedra, a moverse! —. La joven llamó a su pokémon, este, sorprendido asintió, y con pasos pesados, se dirigió hacia la salida —. No era mi intención… es que…
    ¿De qué hablas? —. La profesora se daba cuenta de que el comentario le afectó solamente a ella. La joven suspiró, como si se armara de valor justo antes de emprender una travesía peligrosa.
    Nada, nada, Adam, ¿sabes qué? —la joven sonrió amablemente —. Lo he decidido: Hiedra y yo te acompañaremos.
    Sabíamos que lo harían —. Adam Roark no cesaba en su sonrisa. Su Quilava ladeaba la cabeza… —. Ya es hora Quilava, el señor Babor debe estar esperándonos… —.Quilava asintió, siempre fiel a su seriedad, ocultando sus ansias por la tan esperada batalla de gimnasio.
    Adam… una pregunta más, y perdona que interfiera… —. Los labios de Pamela temblaban, con sus dedos intentó calmarlos pero le era tan útil como escribir en el agua.
    Adelante —. Adam acariciaba a su inexpresivo pokémon de pelaje azul. La joven tomó aire y señaló:
    Será un combate de tres contra tres… ¿Ya tienes a tus tres pokémon, Adam?
    No te preocupes…
    ¿Qué no me preocupe? —. Adam se dio la vuelta y le miró. Aquel día había despertado más sonriente de lo habitual, caso contrario a su Quilava
    Confió en Quilava y en Vibrava… sé que juntos venceremos a Denisse, te lo garantizo —. Aquel comentario no calmó la curiosidad de la maestra proveniente de pueblo Oldskull.
    Adam… dije tres contra tres… tu solo mencionaste a dos de tus pokémon.

    Roark le sonrió y de nuevo le pidió que no se preocupara, acto seguido, fijó sus ojos en su Quilava y juntos, igual que dos hermanos gemelos se retiraron del edificio, previamente deseándole un feliz día a la enfermera del centro pokémon. Antes de seguirle, Pamela Isley se quedó observando la puerta azul que el entrenador atravesaba, sumiéndose, sin intención, en recuerdos escalofriantes, propios de una pesadilla, los cuales, eran protagonizados por un pokémon, que ahora, yacía reposando dentro de una de las pokeballs del entrenador al cual ella iba a seguir.

    Adam… ¡espera, espera…! —. Hiedra ya se les había unido al paso. Hacía un día despejado en ciudad Feather Y una brisa fría les azotaba delicadamente —. Adam, que hay de...


    Adam sabía a donde quería llegar su amiga de cabello castaño, camisa rosa y vaqueros azules. Su semblante se tornó inexpresivo.

    Gyarados no es una opción… —respondió.

    Adam se dio la vuelta, dando así, fin a las dudas de Pamela, esta por su parte, observó a su Venusaur, y un tanto aliviada, empezó a seguirle el paso a su amigo oriundo de la lejana ciudad Kalek.


    SoncarmelaSoncarmela sigo.
     
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    ¡Oh, pero si son más lindos cuando los ves en persona! —. Maravillada, Pamela se agachaba para sonreírle a un pequeño Wingull que se acicalaba las alas —. Vaya, Hiedra, mira nada más que… ¡Ay! —. El quejido llegó, después de que el pokémon volador extendiera su pico y le atacara la mano — ¡Oye!

    La plaza de ciudad Feather se encontraba ese día con un tiempo templado y una brisa fresca. Los escolares partían con las bufandas protegiéndoles los cuellos, ondeando como estandartes cuando corrían. Los adultos iban y venían con sus pesados abrigos, cubriéndose por el frío de una mañana salpicada por un débil sol. Pequeños pokémon voladores, entre Pidove y Pidgey, se acicalaban y estiraban, subidos en las copas de los árboles, a la espera de un nuevo día.

    “A los dioses, gracias por un nuevo día” —meditaba el entrenador Adam Roark, para luego, posar su mano derecha sobre la cabeza sin fuego de su Quilava, este se encontraba serio y renuente a la brisa de la mañana, la cual, cobijaba cada metro cuadrado de la ciudad entre las montañas.
    Adam, ¡Adam! —. El entrenador salía de sus cavilaciones. Su semblante era sereno, aunque sus ojos, involuntariamente intimidantes, daban la impresión de haberse molestado por el llamado de su amiga — ¡No me dijiste que eran hostiles! —. Un enorme Venusaur la seguía. Sobre él, un grupo de los emplumados pokémon de color blanco se posaban en su gran flor roja. Hacían chillidos y escándalos, como si cantasen una canción horrenda que solamente a ellos les gustara.
    ¿En dónde estará el señor Babor? —. Adam Roark atendía a la atención de su amiga con una sonrisa, después, se dio la vuelta y comenzó a mirar de un lado a otro, sin avistar a quien se suponía, lo iba a acompañar junto a los pokémon que habían hecho de la flor de Hiedra su hogar temporal. Suspiró y miró a su acompañante —. ¿Pamela, qué sabes sobre los Wingull?
    Los wingull…. —. Pamela elevó sus ojos; era su ritual habitual, cada vez que iba a explicar o exponer un tema —. Bueno, lo principal es saber que son criaturas del mar, no de las montañas… fueron de los primeros pokémon que comencé a investigar… en su mayoría son dóciles y les gusta de estar cerca de las personas y sus barcos, ya te imaginaras, adoran que les den de comer…


    Uno de los Wingull se acercaba a Quilava, queriendo socializar con el pokémon de fuego. Este le ahuyentó con sus ascuas.

    Ya veo… —Adam extraía su pokédex en busca de una segunda opinión. La voz femenina del artefacto resonó, con la misma intensidad que los cantos torpes de los Wingulls.

    “Wingull, el Pokémon gaviota. Wingull vuela por los cielos como si fueran olas de surf. Normalmente lleva comida y otras cosas valiosas y las esconde aquí y aquí”.
    Me extraña que se encuentren aquí, solos —-indicó el entrenador — ¿A dónde habrá ido el señor Babor?

    El Venusaur de Pamela observaba preocupado como los pokémon de tipo volador jugueteaban con su flor. Temía que aquellos revoltosos le dañaran. Por su parte, el Quilava de Adam poca importancia le restaba a aquel grupo, limitándose solo a apartarse y recostarse sobre un árbol. No era un pokémon sociable y con su actitud lo demostraba.

    Hiedra… lo siento —La joven, portadora de un abrigo blanco se agachaba junto a su pokémon —. Pero tu flor les atrae, si los ahuyento, es probable que causen estragos en la plaza, además, uno ya me picoteó la mano, mira… —resignado, el pokémon agachó la cabeza, justo antes de que un Wingull torpe cayera de la planta y rebotara en su frente.
    Debe de estar por aquí… —. El entrenador mantenía las manos en los bolsillos de su pantalón —. Quilava, ¿qué tal si vas a buscarlo? —. De mala gana, Quilava apenas y elevó una oreja para atender.

    De pronto, como si algo extraño rondara en el aire, el comportamiento de los pequeños Wingull se alteró. Dando saltos de un lado a otro, canturreando y gritando, alejando incluso a los pokémon de la plaza, muchas personas voltearon para mirar irritadas a una joven de ojos verdes y un joven moreno de rostro desentendido.

    Adam, ¡los Wingull! — La maestra se llevó las manos a los oídos y comenzó a correr. Los pokémon comenzaron a picotearle los pies, dando saltos y aleteos inútiles — ¡Por la ciencia, Adam, haz algo! —. El entrenador apenas y cerraba uno de sus ojos, como respuesta a la acción de los Wingull. Aún conservaba su sonrisa.
    No puedo… —. Roark observaba a su amiga correr de los Wingull —. Ellos no me obedecen…
    ¡¿Cómo que no te obedecen!? —gritó alterada.

    De repente, todos los Wingull, incluidos los que se encontraban sobre la flor de Hiedra, se arrojaron sobre Pamela. En cuestión de segundos, la joven se vio envuelta en plumas blancas y picos amarillos que la derribaron, igual que un Bidoff derriba un tronco en medio del bosque.

    ¡Adam! —gritó la joven.
    Solo hay que buscar al señor Babor… —. Apenado Adam mantenía las distancias. Sabía que los Wingull eran hostiles pero no peligrosos; es por ello que permitía que juguetearan con su amiga de blusa rosa —. ¿Dónde estará? —. Una palmada sobre su hombro respondía a su interrogante. El señor Babor había regresado.

    Era un señor de unos sesenta años, con cabello escaso, cejas pobladas, mirada cansada y entrecerrada. Vestía una sencilla camiseta parda y pantalones azules; portaba sandalias de playa. Su rostro era tenue y cargado de arrugas, parecía estar de mal humor todo el tiempo, razón suficiente para Que Adam decidiera tratarlo con cautela y paciencia, demostrándolo, apenas se alejó de de su persona en cuanto se percató de su aparición.

    “¡Caaaaaallados!” —. Igual que un alto mando militar, Babor gritó a los pokémon y estos atendieron. Dando saltos similares a salpicaduras de Magikarp, poco a poco se fueron apartando de Pamela, quien por su parte, quedaba en el suelo, con puntos rojos en su piel y cubierta de plumas de la cabeza a los pies. Al levantarse, escupió unas cuantas más.
    Señor Babor… —Adam saludó con una reverencia fría pero cortes.
    Muchacho… —. El viejo se llevaba ambas manos tras la espalda —. Pensé que vendrías solo con tus pokémon… —. El entrenador advirtió que Babor observaba fijamente a Pamela.
    Señor… ella es Pamela Isley —. La maestra se acercaba al entrenador. Mirándole con ojos furiosos —. Sabe más de pokémon que cualquiera… —. Adam ignoró que el anciano miraba a la maestra y se sonrojaba en el proceso. La maestra también lo notó mientras un escalofrío le recorría el cuerpo.

    Los Wingull se habían conglomerado en torno al anciano, igual que Pidove esperando por ser alimentados. La única diferencia, era que lo pokémon de agua apenas y podían elevar la cabeza; se tropezaban entre ellos, se daban picotazos y saltaban, pero ninguno volaba. Roark retrocedía, pues ya había visto lo que aquellos pokémon hacían con los extraños. Volteó en busca de Quilava, este se encontraba alejado, indiferente de todo, descansando sobre la rama de uno de los abultados árboles de la plaza.

    Plumiferos torpes… —se aquejaba Babor. Pamela le escuchó.
    ¡Oiga, no les llame así! —reclamó.
    ¡Les llamo como quiera y cuando quiera! —el anciano contestó.
    Adam, ¡¿dejaras que les trate de esa forma?! —. La maestra no advirtió que una pluma blanca se resbalaba por su cabello desalineado.
    Sí… —para sorpresa de la joven, el entrenador afirmó —, así les habla siempre…
    ¡Y asi les seguiré hablando! —tosió. Los wingull a su alrededor intentaban elevarse dando saltos tontos —. Y ahora muévete muchacho… ¡Los Wingull no volaran ellos solos, aunque pagaría por ver eso…! ¡pokémon torpes y necios! ¡Necios! —. A pesar de las ofensas, los Wingull seguían al anciano fielmente.
    — De acuerdo. El rostro de Adam se tensaba.
    ¡Quilava! —. El pokémon reaccionó y velozmente se incorporó junto a su compañero. Su rostro era desinteresado — ¿Vendrás Pamela?


    Adam realizó la interrogante debido a que, normalmente, una mujer normal atacada por una parvada de pokémon voladores, no aceptaría continuar con aquella empresa. Sin embargo, Pamela Isley no era una mujer normal.

    Sabía que no te negarías…
    ¡Cállate! —miró a su Venusaur. El pokémon no quería volver a tener a los Wingull encima suyo nuevamente — Hiedra vámonos… —. Resignado, el enorme pokémon empezó a seguirles.




    Sigo SoncarmelaSoncarmela.
     
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    Dioses… esto es más difícil de lo que creí —.Entre sonrisas calmas, Adam iba de un lado a otro, detrás de belicosos Wingulls que saltaban y se reusaban a obedecerle. Eran quince pokémon acuaticos en total, y ninguno de ellos obedecía al entrenador de ojos carmín, quien se movía de un lado a otro, intentando controlarlos. En lugar de recibir aprobación, estos se negaban, y de vez en cuando, uno le propinaba un leve picotazo.
    ¡Adam, esto no está funcionando! —. Ni siquiera la ayuda de Pamela, ni el prominente tamaño de su pokémon, Hiedra, podían contener a la parvada de pokémon voladores, cuya presencia, estaba originando estragos en una de las pocas calles horizontales de ciudad Feather.


    Muchos de los transeúntes y sus pokémon intentaban avanzar, sin embargo la parvada de Wingull, de una u otra forma alteraban su quehacer diario. Tanto Adam como Pamela recibían quejas de diversos tipos; desde el hombre cuyo pan había sido picoteado, hasta la dama y un Pobre Cottonee agredido. Adam ya no encontraba formas de disculparse, mientras que, un sonriente Babor observaba, con gesto pícaro desde un banco ubicado a un lado de la calle. Observaba entretenido a los entrenadores ajetreados, mientras que a su lado, un Quilava descansaba, enroscado en su propio cuerpo, usando la mochila de su entrenador como una especie de cojín.

    “je je je” —reía el anciano — ¡Esa no es la manera de tratar con esos tarados! —. Adam Roark esquivaba a un Wingull que saltaba sobre él, enojado. No obstante, fue derribado por un segundo pokémon que se afincaba en su espalda.
    ¡Ya basta anciano! —Pamela clamaba enojada, luego de quitar a uno de los Wingull de la cabeza de su Venusaur ¡¿Por qué no se deja de risas y viene a ayudarnos de una vez?! ¡¿Qué no ve que está afectando también a la ciudad?! —. Babor contestó, escupiendo en el suelo, cerca de donde estaba Quilava. Asqueado, el pokémon de fuego se apartó, molesto.


    Quilava no era un pokémon que gustara de vivir situaciones como las que en ese momento atravesaba su entrenador; no era una pokémon que apreciara de los juegos o las complicaciones que no implicaran una batalla, y es por ello que ahora se mantenía al margen, para molestia de Pamela, y extrañeza de Babor. Quilava solo vivía para los combates, y nada más. Eso, Adam Roark lo sabía, y es por ello que no le obligaba a ayudarlo.

    Lindura… —el anciano sonreía de oreja a oreja —. El chico me aseguró que él los controlaría —. Babor levantaba sus cejas, galante. A Pamela le aterraba, dándose la vuelta para no mirarle.
    Tiene razón… —Adam se levantaba del suelo. A su alrededor se conglomeraban los Wingull. El entrenador parecía estar en medio de una laguna blanca.
    Esto es humillante… —expresaba la maestra —. Estos Wingull no son normales… se comportan de manera muy torpe, ¡No, espera! —. Uno de los pokémon dio un salto desde la enorme flor de Hiedra. La criatura apenas y se mantuvo en el aire antes de caer en la espalda de una joven que intentaba salvarle. Esta, por su parte, se levantada adolorida después de que el Wingull se apartara como si nada —. Adam, te juro que me nos cobraremos esta, Hiedra y yo —. El entrenador no la escuchaba. Sus ojos carmín se fijaban en una multitud de personas y pokémon, la gran mayoría de tipo volador, que se acercaban profiriendo quejas e insultos.
    Esto no está funcionando —dijo. Miró a Quilava, y al notar que el pokémon de fuego no estaba interesado en su problema, entendiendo él los motivos, decidió que acudiría a la ayuda de otro de sus pokémon. “Si quieren aprender a volar, qué mejor que las lecciones de un pokémon que ya sabe volar” . El entrenador se apartaba con esfuerzo de la parvada, se acercaba a su mochila, y tomaba una de sus pokeballs — ¡Sal Vibrava!


    El pokémon dragón se elevaba con sus alas romboidales, observando a los Wingull desde lo mas alto, sonriente e igual de calmado que su entrenador. Los Wingull se detenían súbitamente y todos fijaron sus ojos en el pokémon que aparecía sobre ellos, batiendo sus alas verdes y generando un sonido peculiar en el proceso.

    ¡Vibrava! —Los ojos verdes de Pamela brillaban — ¡Buena idea Adam! ¡Un pokémon volador para enseñarles a volar! —. Hiedra respiraba aliviado.

    Adam suspiró, sacudiendo su abrigo colmado de plumas, y calmado se acercó a la parvada de Wingull, los cuales observaban a Vibrava, igual que espectadores en un cine.

    Escúchenme, Wingull —. Los pokémon bajaron los ojos, observándole —. Mi intención no es dañarles, solo quiero ayudar, pero no podré hacerlo si ustedes no me obedecen… —. Hubo un momento de silencio — ¿Me han entendido?
    “Je je” —. El anciano salpicó el silencio con una sonrisa.


    Los Wingull miraron al entrenador por unos cuantos segundos más, para después reanudar sus saltos y griteríos. Lo que vino después fue una multitud de personas que corrían de un lado a otro junto a sus pokémon voladores, saltando y arrojándose sobre las calles empinadas que le seguían a la calle en donde los Wingull y sus entrenadores se encontraban.

    Oh, creador… — El oriundo de ciudad Kalek se encogía de hombros.
    ¡Adam! ¡¿Qué es lo que has hecho?! ¡Ay, ay, ay!


    Pamela intentaba escapar de un Wingull que se arrojaba sobre ella para picotearla levemente. Hiedra quiso intervenir pero tres compañeros del Wingull se lanzaban sobre él, también para picotearle a modo de juego. Tres más lanzaron a Adam al suelo mientras Vibrava y Quilava le observaban, sin intención alguna de intervenir. El resto de los pokémon voladores se arrojaban sobre las demás personas presentes. Todas escapaban, dejando un rastro de chácharas y saltos. Los pokémon se habían adueñado de la calle, ante la vista de un anciano Babor que reía a carcajadas.

    “Je je” —. Las arrugas del hombre con cejas pobladas rebotaban —. Si no puedes contra unos Wingull pequeños, dudo mucho que puedas contra el pokémon más débil de Denisse… “Je je” —. Adam se levantaba mientras que tres Wingull más se abalanzaban sobre él, haciéndole caer igual que una torre. — “Je je” creo que ya es suficiente —. Babor se levantó del banco — ¡Atención! —gritó, e inmediatamente, los pokémon voladores se reagruparon, dejando de hacer ruido y mirando fijamente al anciano. Por su parte. Adam se levantaba del suelo cubierto de plumas, al igual que Pamela y su Hiedra. Rápidamente Vibrava se le acercaba preocupado para asegurarse de que estaba bien. Su entrenador le contestó sonriéndole y acariciándole con su mano. Quilava guardaba las distancias, dibujando en su rostro las señales más claras del autentico aburrimiento —. Muchacho —. Adam no podía ver los ojos del Babor con sus cejas pobladas, sin embargo, podía percibir lo que transmitían —. Eres un pésimo entrenador —. Aquella observación perturbó a la maestra de pueblo Oldskull.
    ¡¿Cómo se atreve?! —señaló —. Adam es uno de los mejores entrenadores que he conocido, ¡Usted no sabe de lo que habla!
    Entonces has visto muy pocos entrenadores, lindura, “ je je” —. Cada vez que el Babor se dirigía a Pamela, no podía evitar coquetearle. La maestra de escuela se refugiaba tras Adam —. Mira que ni siquiera puede con unos tontos Wingull.
    ¡ Usted es un…!
    Pamela… —. La voz grave de Roark le interrumpió —. No necesito de una defensa…
    Pero Adam…


    El semblante de Adam era tenso, pero sereno y frio, demostrando, al menos en lo perceptible, que las palabras de Babor no le afectaban.

    Chico…, Adam, como quiera que te llames — proseguía el anciano — ¿No vas a defenderte? “Je je—. El entrenador solo caminó a por su mochila, ante la vista silenciosa de sus pokémon, los Wingulls, Pamela y Hiedra.
    Mi padre me enseñó, que los hechos son una mejor defensa que las palabras —. Sonrió. Su penetrante mirada se posaba en el anciano sonriente —. No soy un pésimo entrenador, y lo demostraré, entrenando a su Wingulls y derrotando a Denisse Helmont.
    Adam… —susurró Pamela. Quizo hablar, pero consideró que no era lo apropiado.
    “Je je je je” —Babor esbozaba una carcajada —. No derrotaras a Denisse solo con optimismo —. La sonrisa de Roark no se borraba —, ¿Qué harás en cuanto te ceda de nuevo las ordenes de estos torpes? Otra vez se te arrojaran, a ti, a tus pokémon y a la lindura. No te obedecerán, dime, adelante, ¿ qué harás? “je je”


    Quilava se reincorporaba junto a Vibrava y su entrenador. Observaba a Babor con ojos intimidantes, como si entendiera a la perfección los comentarios del anciano.

    Aún no lo sé…, solo los dioses sabrán como lo haré —expresó Adam —. Aunque por ahora… una calle transitada no es el mejor lugar para enseñar a quince Wingull a volar —elevó su mirada al cielo —. Usted debe de saber mejor que yo, que un lugar despejado es mejor… —. El anciano se echó a reir, se acercó a Roark y puso una mano en el hombro del entrenador.
    Que sepas que esta será la última orden que le doy a estos tontos —. Pamela frunció el ceño. Detestaba que Babor llamara de esa forma a los pokémon voladores — ¡Atención! ¡Marchando! —ordenó.


    Los Wingull asintieron y, en una especie de marcha militar, haciendo fila, comenzaron a seguir a Babor, en dirección a las zonas boscosas de la ciudad. Adam por su parte suspiraba mientras dirigía sus ojos a Pamela.

    Si quieres, aun pueden quedarse… —le sugirió a su compañera.
    ¡Por Copérnico! ¿Estás loco? —espetó la joven, irritada — ¡No te dejaremos con ese demente senil! — . Hiedra propinaba un sonido de afirmación.
    Gracias Pamela… —. Adam se sentía alegre de tener a la maestra de escuela cerca de él. Agradecía la forma en que le defendió —. De acuerdo, Vibrava, Quilava, Andando. Nos espera un largo día.


    Vibrava asintió y sonriente, se elevó detrás del joven de abrigo marron y la joven de chaqueta blanca, siendo seguidos por un Quilava bostezante y un Venusaur de marchar lento.


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    Última edición: 2 Nov 2018
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    El día avanzaba lentamente en ciudad Feather. El sol calentaba débilmente y el frío no cedía sus espacios. Sobre un cielo mayormente nublado se podían observar a los pokémon voladores pasearse orgullosos, mientras que en el suelo, en medio de una arboleda alejada de la ciudad, quince Wingull les observaban melancólicos, deseosos de estar con ellos, batiendo las alas, deleitándose con el aire, viviendo.

    Escúchenme, Wingull —. Una voz grave, proveniente de una boca joven, intentaba hablarles —. Si quieren aprender a volar tendrán que escucharme, ¡escuchen! Deben prestarme atención.


    Cualquier llamado, cualquier orden, cualquier petición que Adam Roark le hiciera a los pequeños pokémon voladores era inútil. Los Wingull solo obedecían a una persona, y esa persona había asegurado no ordenarles más, despues de que llegaran al bosque. El de ojos carmín exhalaba un suspiro.

    No importa cuánto me tarde, haré que me presten atención —. A su lado se encontraba Vibrava, el pokémon dragón, fungiendo como apoyo —. Wingull, de seguro podemos llegar a un acuerdo.


    En lugar de obedecer, las criaturas solo se dieron la vuelta, y al ver que no había más pokémon en el cielo para observar, reemplazaron su actitud melancólica y comenzaron a parlotear, saltar, tropezarse y picotear. Roark respiraba hondo, afligido. Los pokémon no le obedecían.

    Dioses… — Susurró. Vibrava se apoyaba en él a modo de consuelo, y el entrenador le agradecía sonriéndole.
    ¡Oigan, déjense ayudar! —. Pamela, la maestra de escuela se erguía molesta del árbol en donde descansaba. Su Venusaur hiedra le seguía, intranquilo por repetir la situación que, una hora atrás los había involucrado en la plaza — ¡¿Qué acaso son sordos?! ¡Adam solo quiere ayudarlos! —Gritaba.

    Como respuesta. Los pokémon de agua se dieron la vuelta y juntos, se arrojaron enojados, sin importarles los clamores de una asustada Pamela, cuyo cuerpo era derribado en el suelo, cubierto por alas blancas y azules. Al cabo de unos segundos, la joven maestra se levantaba, con el cabello despeinado y repleto de Plumas. Su pokémon de tipo planta acudía a limpiarle.

    Ya lo decía mi maestro en la universidad… —. Su pokémon le escuchaba —. Gritar eufórica es lo que menos se debe hacer….


    A lo lejos, en un árbol, Babor observaba, entre risas y susurros. El anciano se divertía observando, una y otra vez como Adam y la maestra fracasaban. Sus cejas pobladas ocultaban unos ojos picaros que disfrutaban de los fracasos del nativo de ciudad Kalek, quien por su parte, lentamente se acercaba a Pamela para ayudarla con las plumas, justo antes de que los Wingull se abalanzaran sobre él también para tirarlo al suelo. Su pokémon, Vibrava, quiso ayudarle, pero se elevó en cuanto dos de los pokémon se arrojaron sobre él, “¿Acaso no lo toleraban?”. El pokémon de tierra se aproximó en cuanto los Wingull se apartaron para asegurarse de que su amigo se encontrara bien. Como siempre, Adam posaba una mano sobre su cabeza y le sonreía.

    Descuida Vibrava, estoy bien… —reía —. Nos fue peor con los Murkrow…
    ¿Cuáles Murkrow? —. Pamela se sacudía las últimas plumas de su ropa.
    Bueno… —Balbuceó Roark —. Te lo contaré después —. El oriundo de ciudad Kalek no quería relatarle su historia en el bosque Pensiul, la cual, también explicaba el reciente golpe en su cabeza.
    Como sea… —expresaba la maestra, volteándose y observando a los Quince Wingulls que saltaban y chillaban —. ¿Adam… esto es necesario? —preguntó. Sus cejas finas estaban tensas por encima de sus ojos verdes.
    ¿De qué hablas? —. Adam observaba a sus discípulos de manera serena. Vibrava descendía colocándose junto a Hiedra.
    Quiero decir… —la joven tomó aire—. Podríamos irnos, dejar a ese hombre grosero con sus pokémon e ir y buscar a Denisse Helmont por nuestra cuenta, ¡por favor, es la líder de gimnasio! No es que el anciano sea el único que la conozca —. Sugirió.

    El entrenador se metió las manos en los bolsillos. También respiró hondo antes de hablar.

    Va mucho más allá de eso… —expresó — ¿Cómo espero derrotar a Denisse, si ni siquiera podemos con unos Wingull? —. Preguntó.

    Pamela agachaba la cabeza. “Por Curie, ¡Otra vez tiene razón!”

    En cambio tu… —. Adam le indicaba a su Vibrava, mediante gestos, reanudar su intento de lecciones para con los Wingull. El pokémon se alzaba, siguiéndole mientras el entrenador hablaba —. Puedes irte cuando Quieras. Podrías volver al centro pokémon…
    ¡¿Qué?! —exasperaba Pamela — ¡Ni de chiste te dejaría con él! —. Señalaba al anciano, sentado en el árbol. Adam le sonreía.
    No encuentro más formas de agradecerte —expresaba el entrenador.
    Con que me muestres la medalla cuando la ganes me basta.
    Así será… ahora andando, Vibrava, vamos. —. El pokémon le siguió.
    A todo esto, ¿a dónde fue Quilava? —. La maestra y su pokémon de planta miraron en todas direcciones, sin notar siquiera al pokémon de fuego.
    Debe de andar por ahí…

    Pamela no se acostumbraba aun a la conducta de Quilava de ir y venir cuando quería. El pokémon detestaba ese tipo de actividades, y lo demostraba alejándose y perdiéndose hacia un lugar aislado del ruido y las personas. Solo toleraba a Adam y a nadie más, Adam lo sabía y él era un entrenador que no gustaba de obligar a sus amigos a hacer algo que no quisieran. Además, contaba con Vibrava y el resto de sus pokémon, excepto Gyarados. Sobre este último, Adam no quería imaginar nada. El día transcurrió sin obtener ningún resultado de los Wingull, quienes, igual que niños malcriados, se negaban a acatar orden alguna. Ni Adam ni su amiga sabían qué hacer, durante toda la tarde, los pokémon torpes y necios estuvieron fuera de control hasta que, caída la noche, reposaran al pie de un árbol, cobijando a su anciano entrenador, quien en ese momento, observaba a un Adam maltrecho encender una fogata con un trozo de pedernal. Pamela, su Venusaur y Vibrava observaban, todos agotados.

    El silencio y la oscuridad se apropiaban del bosque frio y cargado de vientos para cuando Adam encendió la fogata y liberaba a sus otros dos pokémon. Sandile y Bagon reposaban junto al fuego, apoyados en un Vibrava que observaba las llamas, cansado por el duro día. Hiedra también estaba agotado, al igual que su entrenadora, quien se encontraba sentada al lado de Adam, con la vista en el fuego, igual que el pokémon de alas romboidales.

    Tienes un pokémon de fuego, pero enciendes una fogata por tu cuenta… —hablaba el anciano Babor —. Que chico tan extraño…
    ¡”Holaaa”! —intervenía Pamela —. Él tiene manos, y si sabe hacerlo, ¿Por qué no…?
    Pamela… —Roark le detenía. Sus ojos carmín estaban introducidos en el fuego, igual que los de Bagon, Sandile y Vibrava.

    Babor concluía mirando a Pamela y elevando sus pobladas cejas. La joven maestra de escuela hizo un gesto de horro y molestia. “¡que ser tan repulsivo!”, pensó en el momento en que un arbusto se sacudía, dejando paso a un Quilava sereno que se acercaba a los pies de Adam. Tampoco era sociable con el resto de sus compañeros pokémon. Solamente Vibrava le vio llegar, antes de volver sus ojos verdes al fuego.

    Estás de vuelta… —Adam dijo sonriente. El pokémon no le hizo caso.
    ¿Dejas que tu pokémon se aleje? —. Babor le preguntó.
    Así es él… —Adam posaba su mano sobre la cabeza sin fuego del pokémon —. ¿Quién soy yo para obligarlo a estar cerca?
    Eres su entrenador… —dijo sonriente —. Si ese estúpido pokémon tuyo es el que manda y no tú, entonces el término “pésimo” te quedó corto, “je je” .
    ¡¿Qué ha dicho?! —. El semblante de Pamela se alteró.
    ¡Pamela!


    Roark estaba tan concentrado en calmar a su amiga de cabello castaño, que descuido a un segundo individuo alterado por los comentarios del anciano imprudente. Las orejas de Quilava se erguían y sus ojos rojos se abrían, molestos por el comentario. A pesar de que Vibrava también se había dado cuenta, él pokémon volador no era tan efusivo como su compañero de fuego, ni tan inocente y despistado como Bagon, o como Sandile.

    Solo digo lo que veo “je je” —. Babor insistió —. Un entrenador que permite a su pokémon hacer lo que le plazca, es un entrenador mediocre y débil. Mira que dejar que su pokémon se aleje. Que tonto…
    ¡Ya basta! —. La maestra se levantó, enfadada — ¡No Adam, no dejaré que alguien hable así de mis amigos, y menos un vejete aprovechado que trata mal a sus pokémon! ¡Sí, he visto como insulta a sus Wingull y no dejaré que haga lo mismo con Adam! ¡¿me oye?!
    Pamela… —. La mirada intimidante de Adam fue suficiente para detener la efusividad de la maestra. El entrenador era capaz de defenderse solo, y por extraño que parezca, él no detectaba ofensa alguna proveniente de Babor. Gran parte de su vida había transcurrido en una posada, y había tratado con suficientes personas, las cuales le ayudaron a forjar su paciencia y tolerancia —. Escuche, señor Babor —. Los ojos carmín de Roark se posaron en el anciano —. Los pokémon tienen tanto derecho a decidir, igual que nosotros. Es por eso que no obligo a que mis amigos estén junto a mí. Si Quilava decide irse, es libre de hacerlo, no soy quien para obligarlo.


    El anciano se echó a reir. Los dientes de Pamela rechinaban.

    “Je je” ¿Dices que no obligas a tu pokémon? “je je” tal vez pienses que tu pokémon está decidiendo, tu lo llamas libertad, yo libertinaje. Apuesto a que ni siquiera están bien entrenados. Dime una cosa: ¿Te obedecen cuando combates? ¿Hay algún pokémon que se niegue a luchar? ¿Qué te rechace? —. La imagen de Gyarados se dibujó en Adam.
    ¡Ya me tiene harta! —. Pamela quiso lanzarse sobre el anciano sonriente pero Adam le detuvo — ¡Suéltame Adam, ese anciano necesita una lección, suéltame!


    Poco a poco, los Wingull se despertaban, uno por uno, observando lo que sucedía; a su amo sonriente, a una chica eufórica, a tres pokémon asustados y a dos que observaban al anciano con gestos de molestia, especialmente uno, portador de dos voraces ojos rojos.

    Eso me temía “Je je” —concluyó el anciano —. Tuve suerte de encontrarme contigo antes de que te toparas con Denisse, si te veía a ti y a esos pokémon tuyos, quien sabe, a lo mejor se habría decepcionado de entrenar y de ser líder de gimnasio, ¡he salvado a ciudad Feather de quedarse sin líder de gimnasio “je je”! — escupió en el suelo —. Pokémon mediocre… —, Una potente llama acabó en los pies de Babor y el silencio se adueñó del lugar.

    Babor caía al suelo, y por primera vez en todo el día, una mirada de preocupación minó su rostro. Enfrente de él, un Quilava furioso, con dientes rechinantes se le acercaba. Sus llamas estaban a todo dar, opacando hasta el fuego de la fogata hecha por Roark. Adam dejaba a una Pamela asustada y acudía con su pokémon. De lejos, Vibrava observaba con gestos serios, mientras que Bagon se escondía detrás de él, sosteniéndose de un Sandile ignorante de lo que pasaba. Demasiado pequeño como para entenderlo.
    Los Wingull también se despertaban, aterrados al ver la imagen de un Quilava enojado, con llamas emergiendo de su cabeza y cola. El pokémon de fuego, por muy distante y alejado que fuera, no toleraría que alguien insultara a su entrenador. Tal vez fuese rebelde pero era leal y eso nadie iba a discutirlo, mucho menos un anciano arrogante. El fuego del lanzallamas dejó una enorme mancha negra en el suelo.

    ¡Quilava! —la voz de Adam modificó el semblante de Quilava. El pokémon apagaba sus llamas, pero seguía manteniéndose enojado, observando al anciano Babor que se levantaba.
    Eso fue sofocante “je je” —. Los wingull acudieron a rodearlo, querían sentirse seguros. El anciano era su única defensa frente a ese furioso pokémon.

    Hubo silencio después, Pamela no dijo nada más, Hiedra retrocedía y los pokémon de Adam guardaban silencio. Decidido, el entrenador se alejaba, tomando su mochila y las pokeballs. Su semblante era frio como hielo, Pamela lo advirtió y es por ello que no quiso preguntar hacia donde iba.

    Andando amigos… —murmuró el entrenador, sus cuatro pokémon asintieron, Quilava fue el último en hacerlo, no sin antes escupir un ascua a modo de advertencia. Juntos se alejaban, cuando Adam se dio la vuelta e hizo una reverencia —. Me disculpo por eso —dijo, y con sus pokémon, se perdió en la arboleda.


    SoncarmelaSoncarmela sigo.
     
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    Soncarmela

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  10. Mr-Alduin

    Mr-Alduin

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    ¡Adam, espera!

    Pamela apretaba los puños, mientras miraba a Babor con ojos furiosos. Por su parte, el anciano de vestimenta sencilla se levantaba del suelo, en donde lo había arrojado Quilava, todo con la ayuda de sus Wingull. Su rostro arrugado ya no mostraba señales de burla ni de subestimación. En su lugar, dichas expresiones eran reemplazadas por un semblante serio, oculto bajo unas cejas gruesas como dos bloques acomodados sobre sus ojos. Aquel señor no dijo nada más luego de lo acontecido, solamente se quedó quieto, con la mirada fija en el sendero que Adam tomó. Se apoyaba sus manos tras la espalda, sin importarle los reclamos proferidos por la maestra de escuela, quien, arrastrada por su Venusaur, se dio la vuelta y se propuso a ir tras su amigo. “No vale la pena”, pensaba ella con cada paso que daba.

    La luna llena ofrecía su luz a una noche fría y silenciosa, la cual bañaba la distante ciudad Feather. Hasta los Hoothoot y los Noctowl nocturnos se guarecían de del frio en los huecos de los troncos. Algunos Rattata emergían de entre los arbustos, y uno que otro Gligar se asomaba tímidamente para mirar como una esbelta joven y su enorme pokémon avanzaba por la hierba baja. Pamela caminaba rápida, agitada, mientras el aire frio del bosque la golpeaba, palideciéndole la piel. La maestra de escuela solo se detuvo cuando avistó a Adam, quien, junto a sus cuatro pokémon, se apoyaba en una colina decorada por un joven árbol, observando la luz de la luna llena. El joven con ojos carmín observaba melancólico al astro, mientras tenía su mano en un Quilava que dormía en su regazo. A su lado descansaba el resto de su equipo, Vibrava en un lado y Sandile y Bagon en el otro, estos últimos dormían profundamente.

    ¿Adam…? — Pamela se acercaba delicadamente, Hiedra, su Venusaur la seguía — ¿Adam, estás bien?
    El entrenador oriundo de ciudad Kalek la miró con sus ojos brillantes, sonrió, y volteó su vista de vuelta a la luna brillante. A lo lejos, las luces de ciudad Feather se comenzaban a apagar a medida que avanzaba la noche.

    En mi pueblo se cuenta una leyenda referente a la luna y a la noche que cobija —mencionó —: Se dice que, cuando el creador dio forma al mundo, dos seres únicos en su clase emergieron de la noche; el primero, portador de pesadillas y males; el segundo, emisario de luces y sueños—. Vibrava acercaba su cabeza, adueñándose de un sitio libre en el regazo de Adam —. Cuenta la leyenda que el guardián de los sueños duerme en el plano de la luna, mientras que el guardian de las pesadillas vaga por la tierra —suspiró —. Se dice que la luna llena ahuyenta las pesadillas porque el poder del guardin de los sueños reside dentro de ella… —. Pamela arqueó una ceja.
    ¿Por qué me cuentas eso? — preguntó.
    No lo sé —dijo el entrenador —. Supongo que quiero romper el hielo… —rió — ¿Te gustó la historia?


    Pamela ejecutaba un gesto de disgusto. Acomodaba sus gafas negras y se cruzaba de brazos, todo mientras se apoyaba en Su Venusaur, el mismo Venusaur que se recostaba agotado en la hierba. La joven maestra no creía en leyendas.

    Las leyendas son solo relatos que se transmiten de una generación a otra, con la intencionalidad de conservar en estas las tradiciones de una cultura —expresó —. Y nada más…

    Adam ignoró aquel comentario y enfocó la vista en Quilava. Su pokémon reposaba en su regazo, al igual que Vibrava, durmiendo ambos profundamente, perdiéndose en sus sueños, sueños de pokémon.

    Adam… —.Pamela miró a Adam con sus preocupados ojos verdes, “que curioso” pensó, en cuanto le vio los ojos, le parecía que alumbraban, igual que dos linternas rojas —. Sobre Babor…
    Solo dijo lo que pensaba.
    ¿Insinúas que tiene razón? —. Adam se echó a reir.
    No —negó con la cabeza —. Pero es su opinión, ¿Quién soy yo para cambiarla?


    Mientras hablaban, la cabeza de Bagon se deslizaba por sobre la espalda de Sandile, hasta dar con el suelo bañado de verde.

    Fue muy grosero —opinó la maestra. Adam le observó con sus ojos brillantes y guardando su sonrisa, la cual, contrastaba notablemente con sus ojos redondeados y serpentinos.
    La ofensa se convierte en verdad, si el que la recibe la considera verdad —comentó el entrenador —. Las palabras pierden valor cuando la persona las ignora.
    ¿Te lo dijeron tus padres?
    No… —Roark devolvía sus ojos de vuelta a la luna —. Fue un amigo de la familia, estaba tomado cuando lo dijo.
    ¿Te lo dijo un ebrio? —. La ceja delgada de Pamela se arqueaba.
    Te sorprenderías de los consejos o frases que podría darte un ebrio —Adam aseguraba entre risas —. Suelen ser más útiles que un erudito y sus libros.


    Hubo un instante de silencio, justo antes de que Pamela liberara una carcajada que provocó que su Venusaur se sobresaltara. El sonido de la risa en cierto modo agradó a Roark, quien solo se limitó en mantener su vista firme en la luna, olvidándose de lo que había ocurrido. La joven con gafas le observaba sonriente.

    Adam, no eres un mal entrenador pokémon —aseguraba —. De hecho —agachaba la cabeza —. De no ser por ti, no estaría aquí, viajando, aprendiendo mucho más, mejorando para algún día ser una gran investigadora. Adam, me diste el valor para salir y ver el mundo junto con Hiedra —acariciaba a su pokémon — ¿Recuerdas cuando me encontraste? ¿Metida en un lago? Me hubiese ahogado de no ser por ti…
    Ese día dijiste que lo tenías bajo control —contestó Adam —. De hecho, dijiste que arruiné tu observación de los Goldeen.
    ¡Pues no es cierto! —Exclamó la joven, mientras se levantaba de su pokémon —. Me habría ahogado en ese lago de no ser por ti, hiedra no habría podido hacer nada, pues es muy fiel y jamás me desobedecería, salvo claro, el día siguiente a ese en el que lograste que me durmiera, en fin… —se apenaba —. Soy muy orgullosa para admitirlo, pero… conocerte fue lo mejor que me pasó, ¡solo mírame! Hasta mi manera de vestir y hablar cambió, ¡Hiedra y yo tuvimos nuestra primera batalla pokémon y la ganamos! ¡Y todo gracias a ti! Mira, escucha… —Cerró los ojos, tomó aire y prosiguió, sin saber por qué y como lo hacía —: Un mal entrenador no podría lograr eso en una persona…, y es por eso que jamás dejaré que otro diga lo contrario.


    Adam Roark nunca había esperado un comentario de esa clase, y menos proveniente de una chica tan testaruda como lo era Pamela Isley. El entrenador la observo, tan firme en sus palabras, que consideró que una sonrisa no era suficiente para agradecerle. Sin embargo, Roark no quizó expresar nada más allá de dicho gesto.

    Gracias Pamela, es lo mejor que me has dicho, y en cuanto a Babor —miró a sus pokémon nuevamente —. Han sido muchas las oportunidades en que Quilava pudo haberse marchado, pero no lo hizo. Vibrava aceptó seguirme, igual que Bagon, Sandile y… —. Le costaba llamarlo — Gyarados… cuando solo era un Magikarp —suspiró —. Supongo que ellos ven algo bueno en mí, y por eso no quieren dejarme. Esa es su decisión y tienen derecho a tomarla.

    La profesora sonrió conforme con la actitud de su amigo entrenador, y animada señaló.

    Ese Babor, tiene de edad lo que le falta en madurez —señaló —. Esos pobres Wingull, no sé como lo toleran —se acomodó su chaqueta blanca y después acarició a Hiedra —. Tiene que cambiar su enfoque si desea que sus pokémon puedan volar.

    Los ojos de Adam Roark se abrieron como respuesta al comentario de su amiga.

    Enfoque… —dijo.
    Sí, eso dije, enfoque —señaló la maestra de escuela.
    Hay que cambiar el enfoque —repitió —. Dioses, ¡Eso es!
    ¿De qué hablas? —Pamela se notaba interrogante.
    ¡Ya sé cómo hacer para que los Wingull puedan volar! ¡Solo hay que cambiar el enfoque! —. Mientras hablaba, su cuerpo se levantó involuntariamente. Sus pokémon se despertaron sobresaltados mientras Adam observaba fijamente a uno de ellos — ¿Por qué no lo noté antes? —se preguntó.


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    Última edición: 5 Nov 2018
  11. Autor
    Soncarmela

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  12. Mr-Alduin

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    No estarás hablando en serio… —. Pamela y su Venusaur, Hiedra, se encontraban detrás de Adam.

    El entrenador de los ojos serpentinos se mantenía enfrente de uno de los árboles más grandes que pudo encontrar. Había amanecido y el sol otorgaba al rocío del bosque su brillo característico.

    Tan enserio como la vida misma —. El de ojos carmín sonreía.
    Pobre —. La maestra pensaba, preocupada —, el frio de la noche le afectó… —.Inquieta, observó a su pokémon en busca de apoyo —. Adam, esto no tiene sentido — concluyó diciendo.
    Tiene mucho sentido, ya lo verás.

    Adam se cruzaba de brazos mientras observaba como los Wingull se acercaban junto al anciano Babor, objeto de rechazo para una Pamela, la cual no dudó en acercarse a su amigo de camiseta blanca, el cual, en lugar de fastidiarse, se sentía satisfecho. Entre sus opciones estaba que el anciano se hubiera sentido insultado por el gesto de Quilava y se hubiese marchado junto con la ubicación de Denisse Helmont. El entrenador no pudo evitar respirar aliviado.

    Je je—. El anciano, paradójicamente se encontraba sonriente, con las manos tras su espalda, al tiempo que los pokémon de plumas blancas saltaban y revoloteaban a su alrededor — ¡Ya cálmense, zoquetes! —. Los pokémon le obedecieron; Pamela dio la vuelta a su cara en una clara señal de disgusto —. Veo que no te has marchado, entrenador —. Adam realizó una reverencia.
    Veo que usted no ha escapado asustado —contestó. El anciano se echó a reir.
    Je je” ¿Y por qué iba a huir? Nada en este bosque me ha causado miedo, mucho menos un pokémon incontrolable que ni a su entrenador obedece.
    No confunda obediencia con lealtad, señor Babor —aconsejó Roark —. Son términos estrechos, pero tienen sus diferencias.
    No quieras enseñarme muchacho —sonrió Babor —. En eso te llevo una vida de ventaja.
    Anciano petulante—dijo Pamela para si misma.
    ¿Sus Wingull están listos? —El entrenador cambió el tema.
    ¿Listos para qué? ¡Si son unos inútiles! —. Los quince pokémon saltaron como si los hubiesen elogiado.
    Muy bien, pues en ese caso comenzaré —. Adam llevó sus ojos carmín hacía una rama del árbol.
    ¿Adam, qué vas a hacer? —Preguntó Pamela, mientras los Wingull se arrojaban sobre su Venusaur.

    Un mar de preguntas se adueñaban de la profesora, originaria de pueblo Oldskull; Vibrava había vuelto a su pokéball, y Quilava…, Quilava había despertado temprano para perderse en la arboleda, con su rostro malhumorado, según Pamela ¿Qué tramaba aquel entrenador a quien ella estimaba tanto? Le costó creer el nombre que su amigo dio con su voz grave.

    ¡Todo listo, Bagon!


    De lo profundo de las hojas, al pie de la rama gruesa emergía el pequeño pokémon dragón, con sus colmillos, su piel azulada y el pañuelo de diseño militar atado al cuello. Su rostro era firme como roca y sus ojos negros divisaban el este por donde salía el sol de la mañana. Su porte era el de un soldado bien entrenado que se limpiaba las pequeñas piernas y se ajustaba su pañuelo antes de iniciar con algo que solo su entrenador comprendía.

    ¿Esto es una broma? —Babor fue el primero que habló, pues Pamela se encontraba muda del asombro — ¿El frio dañó tu cerebro muchacho? Ese Bagon no tiene alas.


    Bagon no se inmutó ante lo obvio; su actitud era firme, todo lo contrario a los Wingull indisciplinados que saltaban y picoteaban sobre Hiedra.

    No tendrá alas — contestó Adam —, pero sabe más sobre volar que cualquiera de sus Wingull.
    ¡Adam ¿Qué haces?! —Pamela recobraba la razón. Lo de su amigo le parecía un chiste.
    Solo ten paciencia… —. El entrenador hablaba con notable confianza — ¡Escuchen Wingulls! —. El entrenador le habló a los pokémon voladores. Estos no le prestaban atención; consideraban que era más útil para ellos seguir jugando con un Hiedra cansado — ¡Tienen las alas, más no la voluntad, mientras ustedes se regocijan jugando y destruyendo, Bagon se esfuerza a diario porque quiere lograr su sueño! —. Los pokémon no le escuchaban —. Al menos lo intenté— pensó — ¡Él también quiere volar! ¡Bagon, enséñales como se hace!


    Enérgico, Adam se dio la vuelta hacia el árbol, y le ordenó a su pokémon, quien decidido, se arrojó al aire, igual que un clavadista. Por un segundo agitó con fuerza sus pequeñas manos, igual que alas para finalmente caerse de cabeza al suelo, este pareció temblar ante el impacto, el cual, dejó consigo una pequeña nube de polvo, un cráter, y un pokémon azul que se clavó de cabeza al suelo, igual que una flecha. Pamela se quedó absorta y asustada por aquella acción, y de inmediato quiso acudir en ayuda de aquel pobre pokémon de cabeza dura, sin embargo, el propio entrenador le ganó la partida, solo que con una marcha lenta, antes de extraer a su amigo del pequeño cráter que había creado con su caída.
    — ¿Estás bien? —le preguntó, mientras Babor reía de forma cansada.

    Je je” un pokémon sin alas que quiere volar, ”je je” , te recibiste de mediocre muchacho, “Je je
    ¡Tienes suerte de que los Bagon tengan la cabeza tan dura como una roca! —reaccionaba Pamela — ¡¿En qué diablos estás pensando?! —gritó.

    Todos los presentes observaban a un Bagon caer de cabeza al suelo, pero no notaron, ni por asomo, a quince Wingulls que paraban con su cháchara, apenas vieron al pokémon caer. Sus pequeños ojos se quedaron fijos viendo como un pokémon se levantaba con ayuda de su entrenador, se limpiaba el polvo educadamente, se despojaba de su pañuelo militar, dándoselo a su amigo para finalmente volver al enorme árbol, escalar esforzadamente, negándose a cualquier tipo de ayuda, y posarse de nuevo sobre la enorme rama alta de la cual había saltado. Satisfecho, su entrenador observaba.

    Muy bien Bagon —dijo —. No habías practicado tu vuelo desde que arribamos a ciudad Feather, tienes que estar ansioso —. El pokémon afirmaba asintiendo, elevando sus manos, igual que un clavadista, saltando, cayendo sin remedio al suelo, para levantarse y asestarle finalmente un contundente cabezazo al enorme tronco.
    ¡Esto no tiene sentido, Adam! —reclamaba Pamela — ¡Tienes que parar esto!
    Parará cuando Bagon decida parar —aseguró Roark.
    Esto tiene que ser un mal chiste… —opinó Babor, aun con las manos en su espalda.

    Bagon volvía a subirse al árbol por su cuenta, tardando más de lo debido. Ni siquiera aceptaba la ayuda de los látigos cepa de Hiedra. Adam miraba a los Wingull, quienes callados, observaban al pokémon, caer nuevamente en el suelo.

    Bagon nunca se rendirá —les dijo. “Al fin tengo su atención” —. El sabe que volar es su sueño y nunca lo dejará, ¿Por qué ustedes sí?


    Bagon volvió a arrojarse, y a caer, a golpear el tronco con la cabeza, sacudirse y nuevamente trepar por el árbol para volverse a lanzar.

    “¿Qué pretendes, Adam?” —. Pamela se preguntaba.
    Un pokémon sin alas volará antes que ustedes que si las tienen — concluyó. Los wingulls eran torpes en movimientos, pero no lo suficiente como para no entender cuando les hablaban a ellos.

    La cabeza de Bagon volvió a asestar contra el suelo.

    ¿Estás bien Bagon? —. Adam sí estaba preocupado por su pokémon, quiso ayudarlo pero el dragón se lo impidió —. Los Wingull observaban.
    Muchacho… he… Adam, no sé qué estás tramando —vociferó Babor —. Pero castigar a tu pokémon no tiene sentido —suspiró —. Me equivoqué contigo muchacho… creo que es hora de…
    Hora de volar —concluyó Roark, cuando su espera dio resultado.

    Pamela y Babor observaron absortos como uno de los Wingull se salía del grupo, para unirse a Bagon en sus altos y posteriores caídas. El silencio se apoderaba de todos.


    Termino con la primera fase en el siguiente post SoncarmelaSoncarmela
     
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    Soncarmela

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    Ahora eran siete Wingull los que acompañaban a Bagon en sus saltos y posteriores caídas. Bagon se sentía ofuscado al notar como los pokémon se apresuraban a ganarle su turno, no obstante guardaba silencio, más por la frustración de no poder volar, que por los pokémon que se le atravesaban cuando intentaba saltar.

    Ocho Wingulls se quedaban inmóviles, observando como uno de los suyos agitaba sus alas con fuerza antes de caer.

    Pamela y usted piensan que estos Wingulls son torpes —. Adam Roark se cruzaba de brazos. Sus ojos intimidantes estaban fijos en el ejercicio iniciado por su Bagon —. Pero a lo largo de mi viaje, he aprendido que no existen los pokémon, ni torpes y mucho menos malvados. Sus Wingull solo necesitan de alguien que los motive, y ese alguien —sonrió —, es Bagon.


    Babor, el anciano de notable calvicie, escupía en el suelo, luego sonrió.

    Los Wingull son pokémon torpes, ni siquiera saben volar, hijo. Sí, puede que ahora estén imitando a tu pokémon, pero lo hacen por eso, por imitar. Ya verás como se aburren “Je je —suspiró —. Los ofendo a diario, y se lo merecen, sin embargo, no se percatan de mis malos tratos, ¿qué otra cosa no sería eso sino torpeza? “Je je”, estás siendo iluso muchacho.
    O puede ser que esos pokémon le respeten tanto que ignoran sus insultos en pro de su lealtad —. El iris carmín en los ojos de Roark se movía en dirección a Babor. No obstante, su cuerpo permanecía inmóvil, cruzado de brazos —. Le acompañan buenos pokémon, yo lo sé, Pamela lo sabe, y usted lo sabe.

    Babor guardó silencio, apenas notó que un octavo Wingull se unía a la campaña de saltos, aleteos y caídas; Bagon ya dejaba fisuras en el árbol debido a sus cabezazos.

    Adam… —Pamela, quien había estado observando a Bagon y los Wingull intervenía. Su Venusaur le seguía.
    Bagon es un motivador, Pamela — Roark sonreía —. Él, más que ningún otro pokémon en el mundo sueña con volar algún día, y es por ello que a diario no hace más que saltar y saltar, intentando alcanzar su sueño —. Rió —. Mi amigo envidia a las nubes.


    El pequeño Bagon miraba a Roark con un rostro molesto e intimidante. Cuando estaba frustrado por no volar, el pokémon dragón mostraba una faceta, que cualquiera que no fuese Adam Roark, desearía que mostrara en una batalla pokémon.

    Puedes descansar cuando Quieras —Roark, amablemente le sonreía. Sin embargo, el pokémon se negó, sacudió sus piernas y volvió a lanzarse a trepar torpemente el árbol, antes de que un noveno Wingull, en medio de chillidos se lanzara al salto, usando la cabeza del dragón como trampolín. Bagon solo sacudió su cabeza antes de volver a trepar, restándole importancia al acto de su contraparte de plumas blancas.
    Cuando uno de los Wingull se mantuvo a flote, agitando sus alas por más de diez segundos, el resto de la parvada se arrojó al árbol, evitando que Bagon diera un nuevo salto. En ese momento, Roark observó a Babor con una mirada seria, pero que reflejaba en triunfo de su plan.

    Dos días —indicó —. En dos días, los Wingull volarán, se lo aseguró.


    El anciano ocultaba su asombro bajo un par de enormes y gruesas cejas, las cuales observaban fijamente saltar uno detrás de otro, cayéndose pero sin rendirse, imitando a aquel necio pokémon de tipo dragón que no dejaba de arrojarse al suelo, estrellándose de cabeza, negándose al dolor a favor de su tan anhelado sueño, “el chico y sus pokémon tal vez tengan lo suyo”. Reflexionaba cuando otro Wingull se mantuvo brevemente suspendido en el cielo. No pudo evitar sonreír.

    ¡Vamos chicos, ustedes pueden hacerlo, vamos! —Pamela hacia su papel de animadora, ayudada con un Venusaur que danzaba, todo mientras Adam observaba, concentrado.
    Eso es Bagon…”.


    Tal y como lo prometió Roark, Día y noche Bagon y los wingull se arrojaron del árbol, hasta que finalmente dos se mantenían temblorosos en el aire, luego siete, después diez, hasta que finalmente, transcurridos los dos días, los pequeños pokémon de plumas blancas se elevaban sonrientes en el cielo, alegres como nunca habían estado en sus cortas vidas, olvidándose para siempre de dar saltos y picotear. Ya no eran pokémon torpes, ahora eran hábiles voladores que seguían al Vibrava de Adam por los aires, felices y contentos, como nunca lo habían estado.

    En el suelo, sobre una colina despejada, Adam y su Bagon observaban el acto, este último con lagrimas en los ojos; los Wingull habían volado pero él aun no, ¿Qué había hecho mal?, se preguntaba, pateando una pequeña roca. Su entrenador, sonriente le acariciaba su cabeza dura, sonriéndole y prometiéndole que muy pronto llegaría su día.

    Las cosas buenas se hacen esperar, querido amigo —le dijo —. Solo ten paciencia.


    Un Wingull se arrojó al suelo y tomó a Bagon de sus hombros para que volara junto a ellos, queriendo agradecerle así por sus lecciones. El pokémon dragón miró al suelo y luego a los Wingull, después sonrió, elevándose junto a su compañero de equipo, sonriente, todos bajo un día apenas despejado, aunque de vientos tranquilos.

    Adam, ¡lo hiciste! —Pamela la maestra se incorporaba, sonriente, tomando a su amigo de las manos — ¡Esto es magnífico! Hiciste que los Wingull volaran en tres días!
    De hecho, fue Bagon el que les ayudó…
    ¡Cierra la boca! ¡Déjate de modestias! ¡Tú obraste este plan! ¡Sabías que los Wingull volarían en cuanto Bagon los motivara, eres genial!
    — Solo tuve que cambiar mi enfoque.

    Babor el anciano había estado observando el acto de sus quince pokémon. Estuvo callado toda la mañana, mirando a sus Wingull y a un Quilava desinteresado que dormía a la sombra de un árbol, como era habitual, escupió en cuanto notó que el pokémon bajaba del suelo al pequeño Bagon, entre jadeos y cansancio, el dragón era muy pesado para tenerlo tanto tiempo en el aire.

    En cuanto Adam y Pamela advirtieron que el anciano se acercaba se tornaron tan serios y fríos como el hielo. El entrenador de ojos carmín se le acercó y con una apenas visible sonrisa vio una vez más a los Wingull y a su Vibrava jugar en el aire. Por el contrario Bagon los miraba, frustrado.

    Y bien… —Adam respiraba satisfecho —, he cumplido mi parte —. Quilava se despertaba de su letargo, bostezante y aburrido para acercarse y estar junto a su entrenador y su compañero pokémon, del cual, no quiso indagar sobre su molestia. Nunca le había visto tan ofuscado.
    Si… eso veo… —. El anciano elevó sus enormes cejas y miró a sus queridos Wingull hacer piruetas —. Sin embargo, te recuerdo que no fuiste tú quien los entrenó, fue ese Bagon de ahí —. Con la mano huesuda señalo al pokémon dragón, para irritación de Pamela.
    ¡Es usted un… ! —.Quizo decir más pero la cepa de su Venusaur le tapó la boca, sabía que era lo mejor para el amigo de su entrenadora — “¡Mmmmm, mmmmm, mmmmm!” —. Era lo único que podía expresar. Su pokémon también le enredaba sus brazos y piernas. En su cara se reflejaba lo consiente que era sobre lo que le pasaría en cuanto la liberara.
    Sí… estoy consciente de eso… —Roark acariciaba a un Bagon molesto, que se cruzaba de brazos ante la mirada apenas curiosa de Quilava. Babor suspiraba sonriente.
    Y sin embargo… “je je”, esos necios siguen ahí, volando y presumiendo como florecitas en la mañana “je je —escupió —. Un trato es un trato… —. Pero te digo. No le ganarás a Denisse…
    Aun es temprano para asegurarlo —. El de ojos carmín se conservaba sereno.

    El anciano escupió una última vez, antes de darse la vuelta y alejarse. En cuanto los Wingull se percataron, se unieron a él, manteniéndose en el aire; amaban tanto volar, que no querían despegarse del cielo del que ahora formaban parte. Roark y sus pokémon, Vibrava, Quilava y Bagon le miraron mientras extraía una especie de pequeño pokenav de uno de sus bolsillos. El entrenador se mantenía en silencio.

    Adam —Pamela finalmente se desprendía de su hiedra, sin embargo, su semblante se había calmado en cuanto vio como Babor se alejaba — ¿Es todo? Se va… ¿Así sin más? —Roark no pudo evitar suspirar mientras se acomodaba la mochila.
    Aun nos queda el gimnasio —dijo.

    Pamela Isley no era una persona que gustara de tocar verdades pesadas y molestas al decirse, más sin embargo, debía decirlo, no podía quedarse con la intriga y menos cuando vio como Roark agachaba la cabeza.

    Adam —la boca le temblaba —. No derrotaras a un líder de gimnasio solo con dos pokémon.


    Quilava la miraba molesto al darse cuenta de que la acompañante lo desestimaba, pues para él, solo con su habilidad era más que suficiente para vencer a cualquiera.

    Pamela… —Adam sonrió, con esas sonrisas que se hacen para calmar el silencio antes de una guerra —. Confió en mis pokémon…


    El entrenador suspiró, con Quilava y bagon aferrados a sus piernas, y Un Vibrava que se conservaba en el aire, todos bajo un solo débil que se colaba entre densas nubes frías.

    ***
    A lo lejos, en una plaza rebosante de lo que parecían ser piscinas vacías, colmada además con largas barandas de acero. Un grupo de jóvenes se arrojaban, sin pudor ni miedo sobre el pavimento, con coloridas patinetas y patines propios de la modernidad misma. Vestían chaquetas que reflejaban equipos de baseball, baloncesto y uno que otro salpicaba su presencia con imágenes de bandas de rock negras y lúgubres. Sobre un banco reposaba un morral, y en este un artefacto similar a una pokedex , que solo se usaba para reproducir música. Una canción titulada “Guerrilla Radio” comenzaba a sonar, al momento en que un pokenav vibraba, surgiendo de entre el morral, cayendo sobre el morral al pavimento. El nombre de “Babor” se reflejaba en la pantalla, y junto a él, dos fotografías; la de un joven moreno con ojos rojos intimidantes, y la de un Quilava de ojos furiosos y amenazadores. Un patinador de cabello largo, vistiendo muñequeras, una camiseta de un equipo de Hockey y pantalones cortos rematados por rodilleras se acercó.

    ¡hey, Águila! —.Elevó el aparato, sonriente — ¡Creo que ya tienes tarea!


    De una de las piscinas vacías, un cuerpo esbelto saltó en una patineta, cayendo al suelo como si su peso no importara. Con un píe elevó el artefacto con ruedas, al mismo tiempo que se retiraba un casco negro con dibujos de pokémon. Una sonrisa competitiva se dibujaba en su rostro, en el momento que la plaza se llenaba de pokémon voladores, fieros y notablemente fuertes.


    Esperando el pase SoncarmelaSoncarmela
     
  15. Autor
    Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    Mr-AlduinMr-Alduin No estoy segura si te refieres al pase de ya directo al combate o un post más xD Avísame por perfil y edito este post en caso de que deba ponerte el pokémon
     
  16. Autor
    Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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    Cisnes de papel en el aire…

    De las lámparas colgaban miles de cisnes que parecían danzar en el techo, el cual tenía dibujado un enorme cielo de nubes blancas. Varios aires acondicionados silbaban para menear a los animales de papel. No te dejó ninguna duda de que ese lugar estaba dedicado a los pokémon de tipo volador.
    Aquello era muy hermoso.

    Subiste por unas escaleras blancas que parecían soplar viento de izquierda a derecha, mismos que agitaron tu cabellera. Echaste una rápida mirada a las paredes y divisaste dibujos: Una Swanna abría las alas.

    Finalmente llegaste a la zona de batalla. En el medio, aunque no en tierra, se hallaba la líder de gimnasio. Estaba subida a un globo que la hacía levitar algunos metros del suelo, y si tenía miedo por ello, no lo demostraba. En las manos portaba un patinete que no tardó en lanzar al suelo; ella dio un salto con voltereta y cayó justo en el juguete de ruedas.

    Un retador —dijo con una sonrisa. De entre sus labios asomó la pompa de un chicle que explotó.

    Aquí estoy.

    Eso fue lo que dijist al contemplar a tu rival. La líder alzó las cejas, curiosa, pero enseguida soltó una carcajada.

    ¿Sabes? No pareces tener mucha experiencia, me apostaría un melón de chicle a que este es tu primer o segundo gimnasio —Empleó su pie para chocar con el inicio del patín y este subió hacia arriba, a los brazos de la chica—. Y eso no es lo mejor. Soy la líder más talentosa que verás —la pompa de fresa resonó de nuevo, manchando un poco sus labios.

    La líder chasqueó los dedos y la zona de combate empezó a subir hacia arriba, llevándote contigo. No te sujetaste a nada, simplemente observaste con atención los ojos de tu contrincante, que a su vez, examinaban los cisnes de papel con una mirada de anhelo.

    Mi nombre es Denisse Helmont y me especializo en los pokémon voladores.

    El aire acondicionado salió más potente y el viento reinó en el lugar, la temperatura bajó como nunca y las paredes revelaron agujeros que expulsaban algún tipo de cosa que beneficiaría a los pokémon de la líder. La arena era sencilla, sin ningún obstáculo, pero había columpios a unos metros de tierra donde uno podía subirse.

    ¿Preparado? Espero que lo estés.

    Una pokeball brilló en la mano de Denisse.​

    #1 Pokémon
    Pokémon: Swellow [​IMG]
    Nivel: -
    Género: Hembra
    Personalidad:
    Habilidad: Agallas
    Stats: -

    PS: 134
    Ataque: 113
    Defensa: 91
    At.Esp: 142
    Def.Esp: 97
    Velocidad: 137

    Movimientos:
    - Viento Afin
    - Pájaro Osado
    - Despejar
    - Furia
    - Ataque Aéreo
    - Supersónico
    - Gruñido
    - Agilidad
    - Doble Equipo
    - Ataque rápido


    Reglas de la segunda etapa:
    -Mínimo de post: 4. No es necesario que éstos tengan una gran extensión. La trama del combate debe incluir los cuatro pokémon del líder para ser aceptado como finalizado.
    -El usuario solo puede emplear 3 pokémon para su combate contra el líder.
    -Se pueden usar items curativos (pociones, antídotos, etc) más queda terminantemente prohibido utilizar el ítem revivir.
    -El líder de gimnasio no cambia de pokémon en medio de las batallas, para poder lograrlo necesitará ver derrotado al actual. Solo tendrá la oportunidad de cambiar si realiza movimientos que lo efectúen (Volt Switch por ejemplo).
    -Es posible debilitar al pokémon oponente en un rol propio, sin embargo, no se permite al usuario seleccionar el pokémon del líder en caso de hacerlo.
    -Está prohibido debilitar al último pokémon del líder en el último post del usuario.
    -Luego de cada post se debe nombrar al GM para recibir pase de continuación. Éste tiene plena libertad para colocar dificultades in rol de ser necesarias.​


    Ficha de la líder: Denisse Helmont
    Ficha del retador: http://fdzeta.com/temas/compendio-de-fichas.85752/page-2#post-2506509

    Mr-AlduinMr-Alduin Dime qué pokémon usarás
     
    Última edición: 7 Nov 2018
  17. Mr-Alduin

    Mr-Alduin

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    Voy primero con Quilava:

    [​IMG]
    Pokémon: Quilava
    Nivel: 34
    Genero: Macho
    Habilidad: Mar llamas
    Apodo: -
    Stats: 614
    Stats por nivel: 23
    PS: 114
    Ataque: 103
    Defensa: 81
    At. Especial: 122
    Def. Especial: 87
    Velocidad: 107
    Puntos de Amistad: 6/10
    Objeto: Carbón
    Movimientos:
    -Placaje
    -Malicioso
    -Pantallahumo
    -Ascuas
    -Ataque rápido
    -Lanzallamas (MT)
    -Rueda de Fuego
    -Rizo defensa
    -Nitrocarga
    -Rapidez



    Tus amigos o el miedo, elige.

    Soy Adam Roark, de ciudad Kalek… —Roark elevaba la cabeza, desafiante —. Y he venido a desafiarte.


    La actitud de de Denisse Helmont le recordaba a Dana, a excepto por la conducta sádica e inescrupulosa de la ladrona de pokémon que Adam enfrentara en aventuras anteriores.

    El viejo Babor ya me había dicho tu nombre —mencionaba la líder de gimnasio —. Es genial ver a esos Wingull volar —. Enfrente de la esbelta joven, un Swellow de mirada intimidante se apoyaba, aleteando con seguridad, con la mirada afilada puesta en un Quilava ansioso que se encontraba al lado del retador.
    Ya veo… —Roark respiraba ansioso —. Es un anciano difícil… —confesó.
    Tal vez lo sea…, pero después de mí, no hay mejor experto en pokémon voladores.

    El entrenador de piel morena, a diferencia de su primera batalla de gimnasio, se notaba claramente nervioso. Sus ojos rojo carmín ocultaban una poco apreciable inseguridad, propia de aquellos que viven en un mundo de negatividad y derrota. Su respiración carcomía aquella decisión que albergara enfrente de Markuz Rothendale, y de la que ahora carecía enfrente de una, no tan intimidante Denisse Helmont, la cual, le miraba, con gesto adormilado, mascando una goma, estirando sus brazos, apoyando sus manos en las caderas, actuando como si aquel reto fuese parte de su rutina diaria. Sobre ambos entrenadores los cisnes colgantes se tambaleaban, producto del aire frío y constante.

    Solo dos pokémon, solo tengo a mi merced a dos pokémon.

    En las afueras del enorme edificio del gimnasio, el cual, se ubicaba sobre lo más alto de la ciudad, decorado por arboles, rampas de Skate, barandas y pistas de patinaje, una multitud de personas con sus pokémon, se conglomeraba frente a una enorme pantalla LCD que transmitía el combate entre su querida líder y el entrenador desconocido, observaban emocionados y alegres como si aquel evento fuese una fiesta y no lo que era, una batalla pokémon. Bajo la pantalla había una mesa, usada por dos simpáticas jóvenes de cabellos coloridos, ropa moderna y peinados exóticos que hacían las veces de narradoras de un evento deportivo, el cual, era digno de transmitirse en vivo y en directo, igual que una olimpiada de deportes extremos. Todos, personas y pokémon gritaban con euforia el nombre de Águila al unísono.

    “¡Águila, Águila, Águila Helmont!”

    Buena suerte, Adam —. En medio de la multitud, una bonita joven de cabello castaño, ojos verdes cubiertos por unas gafas negras, una blusa con cuello de tortuga color aceituna y vaqueros azules, parecía ser la única que apoyaba al retador. Un enorme Venusaur se encontraba junto a ella, ofuscado por el presionar de la gente y sus pokémon —. Buena suerte… —. Las manos de la joven de piel blanca y pulcra se unían, como si elevaran una oración, temblaban involuntariamente, indicando que su portadora estaba siendo dominada por los nervios.

    Una canción de rock pesado y dos detonaciones dieron inicio a la transmisión.

    “— ¡Bienvenidos sean todos a una nueva batalla de gimnasio, soy Melody y junto a Lorelei, transmitiremos lo que será una nueva batalla protagonizada por eeeeel Águilaaaaa!

    Melody era una joven pelirroja de cabello corto, piel morena y ojos grandes y brillantes, en su cabeza colgaban unas enormes antiparras amarillas con cristales azules. Lorelei tenía el cabello largo, rubio con dos flequillos pintados en blanco, cargaba maquillaje intenso, aunque su sonrisa era timida, adormilada e inocente.

    Gracias por la presentación, Melody, como siempre tan alocada y extrema —mantenía su mirada al frente —. Efectivamente, un nuevo día y un nuevo combate para Denisse, ¡El Águila! Y como es habitual, transmitiendo para Feather TV, en vivo y en directo para la población.
    ¡Yeaaaaah! ¡ Bien dicho Lorelei, por eso te ama la ciudad, y ahora observemos, los perfiles… Adam Roark…. Eh, veamos, veamos, un chico asolado, vaya”¡Wow!”
    Así es… Adam Roark, lleva consigo la medalla tinieblas, a ver ¿a qué suena? ¡Markuz Rothendale, gente! Un entrenador de no subestimar.

    Espero que el Águila lo tome en cuenta querida Lorelei ¡Y ahora con el combate! “

    Dentro del gimnasio, sobre una plataforma, en lo más alto, el retador, Adam Roark, respiraba hondo, deseoso, más por acabar rápido con la pelea, que por disfrutar del combate. En su cuerpo se notaba la tensión propia del inseguro. Sus ojos, aunque intimidantes, guardaban cierto nerviosismo, y la líder empezaba a notarlo.

    Muy bien —cerró sus ojos — Creador, dioses… —. Cambió su petición —. Cumpliré mi promesa, Camila ¡Vamos Quilava!


    Finalmente, lo que tanto había esperado el pokémon de fuego se cumplió, y decidido, como nunca, se lanzó sobre la plataforma flotante. Nada le importaba, ni la altura, ni el frío, ni los cisnes. Solo quería enfrentarse a Swellow, derrotarlo y hacerse fuerte, solo esa era su prioridad en el momento que encendía sus llamas, decidido a todo.

    Ya era hora —Denisse enseñó sus dientes blancos, mientras soltaba su cuerpo, relajándose. El viento hacia que su ropa holgada y deportiva ondulara, igual que el abrigo marrón de su retador — ¡Muy bien, Swellow ! ¡A por toda! —. El pokémon lanzó un chillido de guerra, mostrando sus alas de manera monumental.

    ” — ¡Comieeeeeeenzaaaaaa el combate! —Gritaba Melody en las afueras — ¡Una transmisión para Feather Tv, derechos reservados!”


    Sigo SoncarmelaSoncarmela
     
  18. Autor
    Soncarmela

    Soncarmela Moderador

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  19. Mr-Alduin

    Mr-Alduin

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    ¡Continuamos amigas y amigos, con esta nueva edición del despliegue de combate pokémon de nuestra queridaaaaa Águilaaaaaa Helmont!, le saluda su servidora Melody en compañía de las más bella de ciudad Feather, Lorelei! ¡En vivo y en directo para Feather TV! ¡Transmitiendo con pura acción y emoción!
    Gracias por título de bella, Melody, en efecto, transmitimos un nuevo combate de nuestra queridísima líder de gimnasio. Un combate que acaba justo de comenzar. Vemos como el retador, un joven, guapo por cierto, de nombre “Adam Roark” da inició a la batalla de gimnasio con un pokémon muy singular. Estamos hablando Quilava, gente, sí, un Quilava que con un potente lanzallamas inicia la contienda.
    ¡¿Wow, pero que es lo que estoy viendo?! ¡Swellow le ha esquivado!

    — (Risitas), no necesariamente hablamos de “esquivar”, estamos ante uno de los pokémon más hábiles de nuestra Aguila, Melody. Lo que ha usado es “Agilidad” y le ha servido para contrarrestar el portentoso, aunque imprudente ataque de Quilava, aumentando su velocidad, además.
    — Un ataque sin apuros, ¡Cielos, Lorelei, creo que este combate durará menos de lo esperado! No se vence a un líder de gimnasio solo con fuerza bruta.”

    En el interior del gimnasio, la batalla había comenzado, con un Quilava apoyando todos sus esfuerzos en violentos lanzallamas, los cuales arrojaba a diestra y siniestra, uno tras otro, sin resultado alguno. Sonriente, El Swellow de Denisse Helmont parecía desintegrarse en el espacio, esfumándose de un lado y apareciendo en el otro, burlándose de los esfuerzos de su contrincante. Los dientes del pokémon de fuego rechinaban.

    ¿Qué te parece la velocidad de Swellow, Adam Roark? —. Denisse posaba con las manos en las caderas y una actitud frívola. La coleta en su cabello se agitaba con el viento, igual que un arbusto seco en una tormenta.
    Es rápido… —. El entrenador no había tenido tiempo de usar la pokedex, hasta ahora:


    “Swellow el Pokémon devorador. Swellow usa su impresionante velocidad en picada y sus impresionantes garras para capturar a su presa.”
    El nativo de ciudad Kalek guardaba el artefacto, observando a un Quilava, a la espera de órdenes; enfrente de un pokémon volador que se elevaba majestuoso por los aires. Parecía sonreír, confiado de su habilidad, deseoso por mostrar todo su poder a su rival; deseoso por mostrarle a su entrenadora de lo que era capaz. No era arrogante, ni orgulloso como los pokémon de Markuz Rothendale, contrario a esto, mostraba una faceta de pokémon competitivo y ansioso por ganar.

    “No puedes vencer a un líder de gimnasio solo con dos pokémon “, La afirmación de Pamela Isley, quien observara en las afueras con las manos enlazadas, daba en la cabeza de Roark, igual que una pedrada de Geodude, “No puedes, Adam, no puedes.”

    “Pero debo hacerlo”, era su respuesta, “debo hacerlo, no tengo alternativa.”

    ¡Es para hoy, Adam! —. Denisse Helmont conservaba una sonrisa risueña — ¡No tengo todo el día, ataca tu Quilava o mi Swellow lo hará!
    Si se trata de velocidad, Quilava no tiene nada que envidiarle a Swellow, muy bien amigo ¡Usa nitrocarga!

    “¡Nitrocarga, sí nitrocarga, señores, así responde Adam Roark a la propuesta dada por el Águila! ¿Qué comentario tienes sobre eso, Lorelei?

    Sin duda, un combate de velocidad es lo que veremos a continuación, Melody. Nitrocarga no solo hace daño, sino que además aumenta la velocidad de quien lo usa; veamos cómo responde el Águila ante esto.
    ¡Esta transmisión llega a ustedes gracias a entregas Pidgeotto, entregas Pidgeotto, sus paquetes pokémon, al instante! “

    Quilava se arrojó sobre Swellow, igual que un proyectil de guerra, rodeado por un aura roja-anaranjada, el pokémon de fuego daba saltos entre los adornos del gimnasio, buscando impactar en su rival. No obstante, Swellow se movía con gracia a una velocidad similar, incluso superior.

    Swellow ¡Usa viento afin! —. El aire del gimnasio comenzó a correr en una sola trayectoria. Quilava regresaba a la plataforma mirando a su alrededor como la corriente de aire se sacudía y se dirigía en una sola dirección. Una pompa de chicle resonaba en la boca del Águila Helmont —. Muy bien Swellow, ahora usa doble equipo.

    De pronto, en torno a Quilava comenzaron a ubicarse, no uno, sino cientos de Swellow, que aleteaban lentamente, acercándose amenazadores, a la espera del siguiente movimiento de Quilava. Tanto Adam como su pokémon no podían distinguir al verdadero objetivo, mirando de un lado a otro, confundidos, y frustrados.

    “No puedes, Adam, no puedes.”

    ¡Basta! ¡Quilava usa nitro carga! —. El pokémon asintió y se arrojó con su ataque de fuego, pero falló. Tres Swellow petulantes se esfumaron en el aire como si fueran de vapor.
    Es impresionante como Swellow incrementa su evasión, y apenas está empezando. Lo siento Adam Roark, pero tu Quilava no es rival para mi pokémon —. El Swellow daba un chillido, afirmando lo dicho por su entrenadora.
    Eso no es verdad —negaba Roark, un Roark muy distinto al de batallas pasadas. Su cuerpo estaba tan nervioso como el de un Joltik. Sus dientes se unían frustrados y sus ojos temblaban, más por apuro que por concentración. Su afán por acabar el combate estaba lejos de la emoción por disfrutarlo. Denisse lo notaba, pero consideraba que aquel extraño no era digno de una observación de su parte — Vamos Quilava ¡Lanzallamas!


    “No puedes, Adam, no puedes.”

    “¡Wow, vemos que el retador continúa insistiendo con el lanzallamas! ¿Qué dices de eso, Lorelei?
    Claramente recurre a un ataque potente, Melody, pero El Águila y Swellow hacen ostentosas combinaciones de evasión y velocidad. Si el lindo de Adam continúa así, dudo mucho que venza a la líder de gimnasio.
    ¡Gracias por el acierto, bella Lorelei! Este análisis llega a ustedes, gracias a los caramelos furia ¡Caramelos furia, una furia en tu paladar!”

    Dioses… —murmuró Adam. Denisse suspiró por el aburrimiento en cuanto miró a su rival fallar su lanzallamas, disolviendo una copia de su pokémon.
    De acuerdo, Swellow, continuemos, ahora gruñe.


    Las copias de Swellow que aun quedaban se acercaron con vuelo rápido, en busca de Quilava. De sus picos emergían sonidos molestos que afectaron casi de inmediato la movilidad de un Quilava irritado que no hacía otra cosa más que saltar de una baranda a otra, contrarrestando las copias de su contrincante con lanzallamas. El fuego se dispersaba, producto del aire que circulaba en el gimnasio.

    ¿Qué harás ahora sin ataque, Adam? —preguntó la líder de gimnasio —. Sin ataque físico ya no hay nitrocarga que valga, “tic tac, tic tac “, se te agota el tiempo.
    Vamos Quilava, regresa a la plataforma —Adam ignoraba los comentarios de la líder, “Sin duda se parece a Dana”. Las dos copias restantes de Swellow no quitaban sus ojos del pokémon de fuego, quien saltaba de una anilla a otra, hasta acercarse y caer en la plataforma de combate — ¡Usa pantalla de humo!


    El Quilava apagó sus llamas, dando paso a un denso humo negro que nubló la arena de combate, limitando la visión de Swellow quien solo notó el par de ojos rojos de Quilava perderse en la nube de humo, tan serios, tan irónicamente fríos.

    “Por fin hace algo casi… interesante” —.Otra pompa de chicle se reventaba en la boca de Denisse.
    Ahora Quilava, ¡Rapidéz!


    Varias estrellas brillantes salieron de la cortina de humo hecha por Quilava, asestando sin remedio, unas en la copia de Swellow, la cual se esfumó; la otra en el mismo pokémon quien retrocedía, solamente con un gesto de molestia en su cara, y sin ningún tipo de herida que le afectara.

    “¡Impresionante, finalmente Quilava logra golpear a Swellow! ¿Pero qué pasa?! ¡El pokémon del Águila no parece verse afectado por Rapidez!
    En efecto, Melody, al fin el guapeton usa la cabeza con una interesante combinación de pantalla humo para evadir y después contraatacar con rapidez, un ataque que no falla nunca. Pero por suerte para nuestra Aguila, el gruñido de Swellow disminuye de por si un ataque que no destaca por su potencia.
    Interesante análisis, Lorelei. Este llega a ustedes gracias a cura total ¡Salud total con cura total!”

    Las opciones de un nervioso Adam se agotaban.

    Gruñido Swellow, ¡bombardea a nuestro amigo con gruñido! —.El tono de la líder de gimnasio era optimista.
    ¡Quilava, nitrocarga, ahora! —.Del humo emergió Quilava, dando un potente saltó que le permitió asestar su cabeza en el pecho de un Swellow que gruñó, más por fastidio que por dolor. El pokémon volador por debajo del techo con nubes pintadas se elevó, mientras un pokémon de fuego descendía, cayendo en la plataforma, encendiendo sus llamas —. Muy bien amigo, de nuevo ¡Pantalla de humo! —. El pokémon obedeció y de nuevo una nube de humo denso, apenas desplazado por los aires acondicionados del gimnasio, llenó el lugar. Denisse Helmont arqueaba una ceja.
    ¿Qué? —preguntó — ¿Otra vez? ¿En serio? —. En su mirada se denotaba el cansancio por una actividad poco placentera. Roark guardaba silencio —. El humo aumenta la evasión, si, pero no harás nada decente, escondiéndote en una bola de humo, bah, ¿qué hago aconsejándote? —llevaba la mano a la cabeza —. Esto es una pérdida de tiempo que acabaré ya —sonrió —. Bien Swellow —. Su pokémon descendía —. Esto ya se tornó tedioso, ¡Acaba con el circo, usa despejar! —. El pokémon batió las alas.


    Una potente corriente de aire sacudió la cortina de humo y esta se despejó, igual que las copias del doble equipo de Swellow. Quilava quedaba al descubierto, intentando comprender qué pasó. El retador se encogía de hombros, entendiendo su mal proceder durante todo el combate.

    Ahora, Swellow, de nuevo, ¡agilidad! —. Dicho esto, el pokémon volador desapareció de los ojos de Quilava y de Adam.
    Ha desaparecido… —los ojos carmín de Adam miraban de un lado a otro. “Nunca derrotarás a Denisse”, la voz de Babor retumbaba en su cabeza.
    Ahora Swellow, ¡Supersónico! —. Tarde Quilava se dio cuenta de que el pokémon se encontraba a su espalda. En cuanto giró, una onda azulada golpeó en su cabeza; los ojos se le desencajaron y empezaron a girar, su cuerpo se desequilibró.
    No, Quilava… —. Denisse se echó a reir.
    Vaya, menuda decepción… —dijo —. Se nota a leguas que tu Quilava es el más fuerte de tu equipo y helo ahí, esforzándose para mantenerse de pie —. El pokémon de fuego se movía, igual que un ebrio, ante la vista de un Swellow a la espera de órdenes —. Ya te lo había dicho, no es rival para Swellow; si lo elegí en primer lugar, es porque estoy segura de que no tienes a ningún pokémon capaz de enfrentarle.
    ¿A qué te refieres? —los ojos carmín de Roark se enfrascaron en la líder de gimnasio.
    Digamos que Babor, me indicó cuales eran tus fortalezas y debilidades para así hacer que se te complicara más la cosa —elevó sus manos a modo de excusa —. Sé que suena deshonesto pero… ¿Cómo hacerte fuerte si no fuerzas tus límites? He ahí el detalle con ser entrenador pokémon. Apuesto a que Markuz no te lo dijo… y qué te lo va a decir, si él no habla ni consigo mismo —sonrió.


    Quilava observaba furioso a un Swellow indiferente, el cual esperaba la orden para dar el tiro de gracia. No era ni por asomo similar al Absol o al Sableye que enfrentara cuando solo era un Cyndaquil. Ese Swellow era mucho más rápido, escurridizo y sobre todo más firme a la hora de atacar. Las patas del pokémon de fuego temblaban y la cabeza le daba vuelta. No se creía la idea de perder sin siquiera poder defenderse.

    Babor… —le nombró Adam —. Babor hizo eso… —agachaba la cabeza. Si aquello era cierto, el anciano de los Wingull conocía a todos sus pokémon, salvo a uno.

    No puedes, Adam, no puedes.

    Esto no está pasando —sacudió la cabeza —. Quilava debemos atacar, reacciona, ¡usa lanzallamas!

    Pero era inútil. Quilava estaba tan confuso que se golpeaba a sí mismo, asestando cabezazos sobre la plataforma, igual que un Bagon frustrado por no poder volar.


    “¡Vaya, parece que a Quilava se le agotan las opciones!

    En efecto, Melody, aunque, más que agotárseles, Quilava nunca tubo opciones!
    ¡Como siempre tan franca! ¿Eh, melody?”

    Los ojos de Denisse Helmont, se abrían cargados de impetú y locura.

    ¡Te dije que Quilava no era rival para Swellow! ¡Es hora de atacar! —Su pokémon correspondió con un graznido — ¡Ataque rápido!
    ¡Quilava reacciona! —pero era demasiado tarde.


    Quilava saltó de un lado a otro, golpeado por el veloz ataque de Swellow, quien parecía desaparecer en el viento. Los ojos de Roark no veían al pokémon, quien no dejó de atacar a un Quilava confuso que no encontraba como defenderse. Cuando el ataque del pokémon rival terminó. Quilava se encontraba tendido en el suelo, levantándose furioso; no quería perder, no de esa manera, Swellow era muy fuerte y tenía que vencerlo, no estaba dispuesto a caer tan fácilmente, tenía que ganar.

    ¿Quilava, puedes levantarte?—. El cuerpo de Adam se encogía, observando como un Quilava con mirada enojada se levantaba esforzadamente, estaba gravemente herido — Vamos Quilava…
    ¿Vamos? —espetó Denisse — ¡Vamos! ¿dijiste? —se echó a reir — ¡Se acabó para Quilava! ¡Swellow! —levantó su mano, como si con ella diera fin a una guerra — ¡Pajaro osado, ahora! —. El pokémon volador se elevó a lo más alto.


    Un aura brillante rodeó al Swellow, quien, en mitad de un graznido, se arrojó sobre un Quilava que reaccionaba de su confusión, dispuesto a continuar. El pokémon volador impactó en su contrincante, igual que una bola de demolición, con toda la fuerza de su cuerpo enviando a su víctima, aullando de dolor, justo enfrente de su entrenador. Adam no lo podía creer; su pokémon más fuerte había caído.

    Y así acaba la primera etapa —Denisse chasqueaba un dedo, al tiempo que su Swellow descendía junto a ella. En su cuerpo azulado se notaban las señales de un daño ocasionado por el pájaro osado.

    “¡Oh sí, y así concluye la primera batalla! ¡Victoria para Águilaaaaa ¡ ¡Una demostración perfecta sublime, magistral de estrategia y velocidad que hicieron que Quilava se quemara del susto.
    En efecto, Melody, claramente vemos a una Denisse en su mejor nivel y dispuesta a todo con tal de mantener su postura de líder de gimnasio. Sacudir a tu oponente con ataques evasivos y después terminar con un poderoso ataque como pájaro osado da a entender que nuestra Denisse no deja nada al azar. Claramente no va a dar su medalla sin pelear por ella. Un motivo más para enorgullecernos.
    ¡La primera etapa de este combate vino a ustedes gracias a galletas Lava Kazay, ¡Quémate del gusto con una galleta Lava Kazay!”

    ¡ Holaaaa! — Denisse Helmont se quedaba en su area de la arena de combate — ¡Estoy esperando!

    Con el ceño fruncido, Roark tomó una pokeball; la de Vibrava. Su rostro estaba tan tenso como la piedra, con los ojos puestos en la líder de gimnasio. No esperaba que su primer pokémon, mejor dicho, no esperaba que Quilava cayera tan pronto. Su plan se resquebrajaba, se sentía atrapado en una jaula de pájaros sin esperanzas por salir de la misma. En su cabeza, las palabras de Pamela, una Pamela que observaba el combate en las afueras del gimnasio, no dejaban de azotarle.

    No derrotaras a un líder de gimnasio solo con dos pokémon.

    Adam colocaba todas sus esperanzas sobre su segundo pokémon.

    ¡Adelante Vibrava! —gritó.


    Quilava debilitado, este es mi segundo pokémon:

    [​IMG]
    Pokémon: Vibrava
    Nivel: 37
    Genero: Macho
    Habilidad: Levitación
    Apodo: -
    Stats: 706
    Stats por nivel: 20
    PS: 138
    Ataque: 162
    Defensa: 128
    At. Especial: 11
    Def. Especial: 124
    Velocidad: 143
    Puntos de Amistad: 5/10
    Objeto: -
    -Mordisco
    -Ataque de arena
    -Finta
    -Venganza
    -Bofetón lodo
    -Terra temblor
    -Bucle Arena
    -Avalancha
    -Excavar
    -Triturar
    -Amago
    -Terremoto
    -Dragoaliento

    Sigo SoncarmelaSoncarmela.
     
    Última edición: 9 Nov 2018
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    Soncarmela

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    Mr-AlduinMr-Alduin Adelante, avísame cuando Swellow haya sido derrotado
     

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