+18 Oneshot Acepta mi amor Saint seiya

Tema en 'Fanfics y Roles Yaoi' iniciado por Ozzy!O!, 31 Jul 2018.

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    Ozzy!O!

    Ozzy!O!

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    Otra vez lo mismo con él, salimos un tiempo tranquilamente, parece que todo va bien, al fin estamos a solas, vuelvo a buscar el sabor de sus besos, me responde dulcemente, acepta la cercanía de mi cuerpo, responde a mi fuerte abrazo, pega su intimidad a la mía, nuestros cuerpos aún vestidos se estremecen, se frotan, nuestras lenguas se enredan en franca batalla, sus gemidos me enloquecen, prolongo y profundizo mis besos, doy descanso a su boca para besar su rostro, lo llevo contra la pared, colocó mi rodilla entre sus piernas, sostengo su rostro con mis manos, ladeo el mío y voy a su cuello, también su orejas, él responde siempre a mi lengua en sus oídos.

    Sus gemidos me hacen dejarme llevar, su rostro esta rojo y caliente, mi cuerpo pide a gritos entrar en el suyo, meto mi mano bajo su camisa, bajo desde su cintura hacia sus caderas, para entrar en su pantalón, mi dedo índice viaja entre sus firmes glúteos, hacía el lugar al que deseo entrar, toco ese lugar recóndito, ¿será que al fin será mío?

    Me empuja con fuerza, totalmente enrojecido, con esa voz ronca y molesta, esa frialdad que lo caracteriza al final siempre me da la cara.

    -- Será mejor que me vaya – me dice azotando la puerta, se larga y me deja otra vez empalmado.

    No es la primera vez, después de esto me deja de hablar por días, para volver buscarme por cualquier tontería y el ciclo empieza otra vez.

    Siempre que quiero hablarlo con él cambia el tema, y me hace algún cariñito, que hace que yo piense que todo vale la pena por él.

    Esta vez estoy fastidiado de la situación, pido una licencia, no pienso regresar en al menos dos semanas, no quisiera regresar nunca, me voy a Moschato, a mi cabaña en una aislada y solitaria playa, a dónde escapo cuando me cansa tanta estupidez, esa vida aburrida de Guerrero que ya no tiene objetivo alguno, y que se hace más tediosa cada vez que él se comporta de esa manera, lo odio y lo amo al mismo tiempo, y me pregunto otra vez, ¿realmente lo amo?, o es la costumbre de estar siempre cerca de él, de ser con quien al final siempre comparto todo, la cotidianeidad de tener su aroma cerca, y la perfección de ese lánguido rostro, esa sonrisa perfecta pero raramente emitida y esos ojos esmeralda.

    Aquel día, a una semana de mi exilio, desperté temprano, nade por horas, cansado me acosté sobre una duna en la arena, justo enfrente de la cabaña bajo una palma, cerré los ojos disfrutando el viento y el sol, ¿por qué es tan difícil quitarlo de mi mente?.

    Con los ojos cerrados sentí una presencia, una sombra se detuvo frente a mí, una voz que últimamente parecía acosarme en el Santuario, y que aún no comprendía por qué esa insistencia y amabilidad; esa voz que a pesar de todo me parece atractiva.

    -- Otra vez te rechazó – esa seguridad e insolencia que ya había detectado desde meses atrás.

    -- Mocoso, ¿Qué haces aquí?

    -- Imagine que estarías en tu lugar descanso, él me ha hablado de cuanto te gusta.

    -- Me da calor de sólo verte, entra a la casa, hay ropa adecuada para la playa en la recamara más pequeña, creo que te quedará, él sólo es un poco más alto que tú.

    El joven entra a la cabaña, yo no pienso moverme, estoy cansado, no entiendo su presencia, y no sé por qué no lo corrí en cuanto llego.

    Pasa de largo frente a mí para seguir directo a la playa, lo observo, no es muy alto, su espalda es amplia y bien trabajada, tiene un caminado elegante, y el trasero bien formado, no hay duda de ello, resoplo ante la vista que no me desagrada nada, vuelvo a cerrar los ojos, disfruto el sol que se cuela entre las hojas de la palmera que me cubre.

    Lo espío varias veces, nada un rato y luego camina en el agua, vaya que tiene un hermoso cuerpo, al fin viene caminando hacia mí, sus pectorales bien marcados, su abdomen plano llevó mi vista a su abultada entrepierna, no uso la ropa de él, se le ocurrió ponerse uno de mis bikinis más entallados que prácticamente no uso, el azul rey que realmente me resulta incómodo, se le ve perfecto, me muerdo el labio inferior, nunca había notado su figura, mi cuerpo empieza a calentarse ante esa visión, ya no es un chiquillo.

    Se sienta a un lado mío

    -- El agua esta tibia la prefiero fría pero está bien – busca mi mirada y yo me inundo de lo celeste que es la suya, me entretengo viendo como las gotas de agua bajan por su piel blanca y sus rubios y mojados cabellos se pegan en su rostro.

    Para mi sorpresa se recuesta en mi pecho, y empieza a hacer circulos con su dedo índice en mi abdomen, bajando poco a poco hasta el límite de mi pelvis, yo estoy sorprendido, ¿qué quiere este niño?, luego me mira sin quitar su cabeza de mi pecho.

    -- Acepta mi amor

    -- ¿Qué? – le respondo en un grito azorado.

    -- Acepta mi amor, ¿estás seguro que él es para ti?, te he buscado mucho, acaso no te has dado cuenta.

    Abro lo ojos muy grandes, ¿acaso este muchacho?.....

    Me incorporó y levanto su rostro con mi dedo índice, pego mis labios a los suyos en un beso salado que él responde de inmediato, con pasión contenida, parece estar seguro de lo que quiere. Pero yo no estoy convencido.
    ===============================================================

    Hacía tiempo que no dejaba de pensar en él, en esa intensa mirada azul del griego, ese rostro pícaro que de tan sólo mirarlo se disfruta, recordaba las atenciones que tenía continuamente para con mi maestro y con nadie más, y observaba como mi maestro lo rechazaba continuamente, nunca entendí su posición.

    Me decidí y regrese al Santuario. Me instale en la recamara de huéspedes en la Casa de Acuario, mi maestro y yo entrenábamos todas las mañanas y por las tardes él tenía reuniones con el Patriarca sobre una biblioteca, construcción de la historia de los caballeros ó algo así, nunca lo entendí muy bien.

    Aprovechaba las tardes para observarlo, el griego era solitario, muchas veces sólo paseaba, por el Santuario, salía a las calles de Rodorio ó por Atenas. Por las noches, él siempre buscaba cualquier pretexto para ir con mi maestro, a veces salían por un tiempo y luego se volvían a alejar nuevamente. Mi maestro es muy reservado, así que nunca me atreví a preguntarle qué pasaba entre ellos, pero era claro que algo había. No tarde en darme cuenta que el griego siempre acababa rechazado, y con unos días de depresión.

    Me di el valor de buscarlo, le pedí que me entrenará por las tardes pues mi maestro me dejaba solo y no sabía qué hacer, al final sus tardes eran aburridas y acabo por ceder, empecé a acercarme a él, lo acompañaba de compras, lo ayudaba con algunas encomiendas del Santuario, incluso lo auxiliaba con el orden y limpieza de su vivienda, y hasta llegue a cocinarle, él empezaba a abrirse conmigo, al parecer yo lograba hacerlo reír.

    Por alguna razón que no recuerdo en algún momento mi maestro mencionó Moschato, y supe que se quedó varias veces con él en esa cabaña, realmente no sabía bien en qué términos, yo veía esa relación fría por parte de mi maestro, no creo que hubiera nada entre ellos.

    Esta vez la separación había sido peor, mi maestro no mostraba emoción alguna como era su costumbre, pero él ya llevaba una semana fuera del Santuario, así que busque esa cabaña, de la que me había hablado mí maestro, llegue a Moschato, el lugar era más bullicioso de que lo me imaginaba, pero preguntando llegue a la playa más aislada y no fue fácil que las mujeres de los restaurantes y tabernas cercanas a la playa dejarán de notar su presencia.

    Al fin ubico el lugar, lo diviso recostado en la arena, me acerco y voy notando la belleza de su cuerpo, de tan sólo verlo me sonrojo, tiene una rodilla flexionada hacía arriba y se nota su musculatura, ese diminuto bañador hace que se note todo su esplendor, me muerdo el labio inferior, por mí me lanzaría en ese momento y le diría “tómame ya, soy tuyo” veo su abdomen marcado, su potente pecho desnudo con esa piel bronceada bajo la sombra y la piel todavía mojada.

    -- Otra vez te rechazó – le digo sin empacho

    ===============================================================
    Después de ese salado y apasionado beso que me invitaba a tomarlo, lo jale arrastrándolo hasta la cabaña, todavía discerniendo entre darle una lección y enseñarle lo que era un hombre ó simplemente darle una ducha de agua fría y hacer que olvidará todo.

    Sin embargo al llegar a mi habitación note esa mirada, extrañamente suplicante, y llena de, ¿amor?, además de la cara roja y avergonzada, ¿pues no que muy decidido?

    Lo senté en la cama y le pedí que no se moviera ni hiciera nada raro, fui por una toalla y me senté tras él secándole el cabello, él se quedó sentado sobre la cama, pero entre mis piernas.

    -- te secaré el cabello para que no te enfermes en el camino, por qué te iras ahora mismo, no sabes lo que estás pidiendo.

    -- Si, lo sé, quiero que me aceptes como amante, pues yo sé que podre darte todo lo que él no te ha dado.

    -- Ya cállate mocoso – le grite.

    Seguí secando su cabello, él empezaba a sudar por el nerviosismo, y entonces detecte su aroma, dulce y desconocido, eso me atrajo así que deje su cabello y baje la toalla hacía sus hombros, y sin darme cuenta empecé a besar su cuello, despacio, saboreándolo, disfrutando como él se estremecía a mi tacto, tire la toalla y acaricie su blanco torso desnudo, atraje su cuerpo al mío pegando mi miembro a su espalda, mis besos subieron por su cuello hasta llegar a sus orejas, entonces el volvió su rostro ya enrojecido hacía mí y bese sus labios, explorando profundamente su boca, mis manos bajaron hasta su miembro erecto, de buen tamaño justo a mi gusto, lo acaricie despacio, subiendo la intensidad cuando él dejo de besarme para hacer su cabeza hacía atrás y lanzar un ronco gemido era claro el placer que sentía, seguí hasta tener su líquido en mi mano.
    El chico se soltó de mi agarre y sin dejar de besarme busco acostarse sobre mí, y fui yo él que reacciono.

    -- Basta mocoso, hasta aquí llegamos, te vistes y te vas – di un portazo en el cuarto de baño y me di un regaderazo de agua fría.

    Escuche la puerta abrirse, <<esto no va a parar, no me voy a poder detener, ese chico se lo ha buscado>>

    Lo mire desnudo y lo jale hacía a mí, lo recargue contra la pared y lo abrace por atrás, lo enjabone y empecé a frotar mi miembro entre sus nalgas, con su pene otra vez duro entre mis manos, él empezó a gemir y los jadeos aumentaban de intensidad, le tape la boca y le dije al oído – no te vengas, todavía falta mucho.

    Lo arrastre hasta la cama, y me recosté junto a él, besándolo con apasionada y agresiva fuerza, comiéndome su boca y su lengua, mis manos apretaban alternadamente, sus muslos y sus nalgas, y sus gemidos me inundaban.

    -- Tómame, quiero que lleguemos hasta el final – dijo gritando con la voz ronca.

    Lo gire y me coloque sobre él, observe su entrada, no necesitaba preparación, y yo estaba muy lubricado, entre en él de una estocada, me acosté sobre su espalda, los cabellos rubios de ambos se enredaban, lo embestí lentamente, y luego con fuerza alternadamente, besaba y soplaba en su nuca, su cuello y me seguí inundando en su aroma, sus jadeos roncos aumentaban cuando yo tocaba nuevamente su miembro para masturbarlo y dejarlo justo cuando sus gemidos roncos me decían que estaba por venirse.

    Definitivamente ese cuerpo se disfrutaba, era de una belleza que no había notado por la sombra de su maestro sobre mí, disfrute como loco cada embestida, a punto de venirme y sin siquiera tocar su miembro él llego a su climax diciendo mi nombre en un grito ronco.

    -- Milo, Milo, acepta mi amor, acepta mi amor – agitado y agotado.

    De tan sólo escucharlo también termine y caí sobre él, le dije al oído.

    -- Hyoga, lo estoy aceptando ….. – me acosté a un lado y él se volvió a acomodar sobre mi pecho, cerrando los ojos, aún agitado, aún sonrojado.

    No sé si esto durará, ni si está bien o mal, pero esa semana juntos la disfrutamos como locos, ya enfrentaríamos la verdad al regresar al Santuario, tal vez cada quien retomaría su camino, pero al primero que teníamos que mirar a los ojos era a Camus.

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    Él me tomo de una manera tierna al principio y después violenta, sin embargo todo acabo de la forma más placentera, entro en mí una y otra vez haciéndome sentir todo su enorme cuerpo, era más de lo que imaginaba, si bien la primera vez no pude levantarme en varias horas no fue difícil acostumbrarme, mi maestro no tiene idea de lo que se ha perdido.

    Hoy es domingo, tendremos que regresar por la tarde.

    Lo observo mientras duerme, amo su rostro, esas mejillas abultados, las pestañas largas, su cabello rubio y alborotado, imagino su mirada siempre picara y curiosa, siempre buscando algo más.

    Me levanto para preparar el desayuno, quisiera seguir cocinando para él todos los días, preparo jugo y yogur con fruta, café y pan tostado, estoy en ello cuando se acerca a mí, quitando el cabello de mi nuca, besando mi cuello, hago mi cabeza hacia atrás en un respingo, mi cuerpo se estremece y mi piel se eriza, este hombre me enloquece más de lo que imagina.

    Me dejo llevar por su caricias, baja hacia mi intimidad acaricia mi miembro, me arrincona contra la pared, me gira y quedamos de frente, me besa largo y profundo, mi boca ya está inflamada de tantos besos, pero no me canso de ello, me dice -- tócame, quiero que me toques tú también – aprieto sus nalgas y lo atraigo hacía a mí, meto mi mano en su pantalón, busco su entrada, la acarició y busco meter mis dedos, él se ríe y me dice -- así no, ruso– y lleva mi mano a su miembro, lo masturbo al tiempo que él hace lo mismo conmigo, los dos gemimos, los besos no paran, termino en su mano y él sigue empalmado, más duro que nunca y me lleva al sillón cercano.

    Me recuesta y abre mis piernas, esta vez me toma de frente, viéndome a los ojos, sin dejar de mirarme, de besarme, de chupar mis orejas y mis pezones, embistiéndome una y otra vez poderosamente. Yo aprieto sus nalgas, y acaricio su espalda firmemente enterrando la yema de mis dedos, es delicioso, más que nunca, lo quiero completo dentro de mí, hasta que no pueda más, hasta desfallecer. Me avergüenza un poco no poder contener mis ruidos, estoy bufando, y de repente grito, lo suelto y cubro mi boca.

    -- No te contengas, no dejes de tocarme – me dice con la voz ronca y también bufando.

    Él sigue sobre mi cuerpo, me arremolino, me contorsiono, estoy por venirme, no puedo evitarlo, entierro mis uñas en su espalda, él hecha la cabeza hacía atrás y yo me descargo sobre su abdomen, él sigue dentro de mí un poco más, hasta que siento su calor dentro de mí y suelta ese grito ronco que ya le conozco cuando llega al climax.

    Me besa dulcemente y me mira con una mezcla de lascivia y picardía, aun agitado y con la voz ronca -- Ruso, ¿por qué no me buscaste antes? – hace que me incorporé y me abraza fuertemente, acaricia mi espalda y baja a mis nalgas apretándolas – me encanta esta parte de tu cuerpo.

    Me sonrojo y me pongo caliente nuevamente, se levanta y se dirige nuevamente a su habitación. Gira el rostro y guiña el ojo….

    -- ¿nos bañamos? – observo su cuerpo desnudo y lo sigo sin reparos.

    ¿Qué va a pasar después de esto?, no lo sé, lo que es cierto, es que no me arrepentiré de nada de lo que paso está semana.
     
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