Verborrea #2 ¿Dante + Berserk?

Publicado por Varg en el blog Blog de Varg. Vistas: 148

Dado a la penumbra de aquel día, a mis pies nebulosa podía ver correr como el torrente de alguna bestia fantasmal. Perdido en camino de la vida, había sido absuelto por el camino a casa abrumado por una selva oscura. Mi corcel, galopaba en silencio, pero incluso para él podía sentir como el frio lo estaba adormeciendo y lo hacía temblar en vorágine, como si de mi hubiese estado contagiado de algún mal en el ambiente. Levante mi semblante y arroje mi gabán de mi rostro, para así poder ver las remanencias de lo que alguna vez pareció ser el castillo de algún gran noble. Parecía ser mi día de suerte, puesto una gran tormenta de tifones helados se avecinaba a hacerme frente, no podría atreverme a hacer sufrir mucho más a mi leal compañero.
Me aproxime a las ruinas de aquel bastión, grandes murallas de piedra que en su dia defendieron a su señor de sus más fieros enemigos, o tal vez lo mantenían enjaulado con las víboras de su corte, ahora yacían desmoronándose tras el paso del tiempo, gloriosas y extravagantes torres ahora cayéndose a pedazos, el patio donde se habían visto muchos excitantes combates de entrenamiento ahora emanaban un olor a oxido y las armaduras de sus viejos dueños, así como sus armas yacían arrumbadas en cada esquina. Las gloriosas puertas de ébano recubiertas con láminas doradas que sirvieron la entrada al salón del castillo, ahora rotas tumbadas en el piso de par en par, por muy majestuosas que fueran, cabalgue por encima de ellas, pues aclaro no iba dejar que mi frisón pescara algún mal que turbara su salud y por consecuente mi travesía. Me aproxime a la gran sala, cuyas paredes recubiertas por alto relieves florísticos y suelos con alfombras rasgadas e inmundas, conforme seguí mi exploración me percate que algunas risas y jolgorios se estaban derrochando cerca de mí, la estela de alguna fogata y el aroma a leña y algunos buenos guisos me abrieron el apetito y a su vez a mi frisón y relincho entusiasmado. Me dirigí a unas enormes puertas de una madera barnizada que parecían en muy buenas condiciones, ahí enfrente mío se encontraba un heroico comedor, que aun guardaba memorias de los héroes que alguna vez pisaron esa sala, - ¡¿Cuantos grandes señores y señoras!?- Me preguntaba yo. Las risas y los estruendos se hacían cada vez más grandes, justo en el otro extremo de la sala se encontraban las figuras de sombras bailando y brindando.
¡Se trataba de un grupo de cazadores refugiándose del averno helado que yacía fuera del complejo, bebían y comían con alegría, uno regordete volteo a mirarme y sonrojado por la bebida me invito a hacer compañía a tan felices hombres!
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