El cazador.

Publicado por Kaze Fasuto en el blog Blog de Kaze Fasuto. Vistas: 88

A la mitad de un bosque, en medio de un camino, con el día totalmente nublado, estaba un hombre mayor vestido con una cara tunica de color azul frente a un oscuro e intimidante jinete uniformado completamente de negro. El sombrío jinete cabalgaba un brioso caballo mestizo, un sombrero redondo de punta y una bufanda de algodón que tapaba su rostro, lo único que se llegaba a distinguir de su cara eran unos ojos negros como el carbón. Blandía en su mano izquierda un extraño y misterioso arco de marfil, además de que traía colgado de su cinturón un singular sable poco común en la nación en la que estaba. Posiblemente se tratase de una katana.

El casi decrepito anciano contemplaba horrorizado a la figura imponente del temible jinete, temblaba hasta los huesos, respiraba agitado a través de la boca, sudaba como un perro y emanaba sangre por todas sus heridas. El terror invadió todo su ser. Aquel viejo sabía que el cabalgador podía darle la muerte en cualquier momento, tenía que buscar una forma para salir con vida a toda costa.

Un trueno resonó por todo el cielo. Gotas comenzaron a caer lentamente.

El oscuro jinete levanto el arco, apunto al anciano y tenso la cuerda listo para disparar, pero no había flecha alguna. El anciano sabía que aquel intimidante sujeto lo iba a matar, pero el viejo no estaba dispuesto a morir.

Frunció el seño y estiro ambos brazos hacia delante, inmediatamente un destello de luz emano de sus manos arrugadas y segó al jinete, asustando a su caballo, quien se encabrito alterado parándose en dos patas. El siniestro sujeto cayó al suelo violentamente, a lo que el anciano aprovecho para darse a la fuga escapando directo a lo más profundo del bosque. El hombre vestido de negro se levanto de la tierra maldiciendo al senil viejo que se le escapo de entre las manos, tomo su arco y monto su caballo listo para perseguir a su objetivo, todo esto mientras murmuraba en voz baja unos cuantos insultos. El animal emprendió la marcha mientras la lluvia se volvía cada vez más fuerte y las nubes relampagueaban violentamente, el animal al escuchar aquellos fuertes sonidos provocados por los truenos se ponía cada vez más nervioso, sin embargo su dueño acariciaba su cuello a la par que siseaba tranquilizando a la briosa criatura. Pues este extraño cazador no quería que nuevamente su montura lo tirase contra el suelo, tal cosa le daría mucha ventaja a su presa.

El olor a tierra mojada era un deleite para el jinete, le encantaba, de las pocas cosas que realmente disfrutaba en su vida, pero... no era el momento para gozar de este embriagador aroma. El cazador sabía que el olor a tierra mojada ocultaría al de su presa, tenia que encontrarlo rápidamente antes de que le perdiera el rastro por completo. No podía dejar escapar al anciano bajo ningún concepto.

Mientras el caballo corría a toda velocidad esquivando los árboles, el cazador volteaba su cabeza a todas direcciones cual felino, buscando aun que sea algún rastro del escurridizo anciano. Finalmente pudo encontrarlo. Corriendo con todas sus fuerzas directamente a una veja y deshabitada cabaña en mitad del bosque. El jinete detuvo bruscamente a su caballo y cambio de dirección de inmediato y se propuso a alcanzar al viejo antes de que se refugiase, pero no lo logro. El fugitivo se encontraba bastante lejos de su alcance, ni aunque el animal corriera a la velocidad de la luz seria capaz de llegar hasta a el.

Para evitar que se escapase de entre las manos el jinete alzo su arco, apunto con dificultad al viejo debido al galope de su montura y tenso la cuerda de su arma sin que ninguna flecha estuviera ahí. Lo soltó. Un veloz rayo de luz salio disparado en dirección al anciano, no obstante el tiro fallo por completo, dio contra uno de los árboles destrozando la parte inferior del tronco apenas tuvo contacto con el mágico proyectil. El jinete freno de inmediato a su caballo para evitar ser aplastado por el árbol, dándole oportunidad a su presa para refugiarse dentro de la cabaña. El cazador gruñó frustrado y muy molesto, maldijo en voz baja con insultos que harían avergonzar hasta el peor de los mal hablados. Sin perder un solo segundo se puso en marcha rodeando el obstáculo que el mismo se había puesto y en instantes llego al frente de la pequeña choza, pero no entro de lleno en ella, simplemente se quedo quieto observando minuciosamente cada ínfimo detalle de esta casa en mitad del bosque de forma cautelosa. No estaba dispuesto a entrar.

El jinete sabía muy bien que una presa acorralada puede ser muy peligrosa, incluso el mejor de los depredadores no puede salir impune de un enfrentamiento como este. Aquel cazador debía de tener mucho cuidado si quería la cabeza de aquel anciano, pues el no podía lanzarse así como así al enfrentarse a un peligroso brujo como este, debía de ser cauteloso. Las quemaduras que ocultaba bajo aquella bufanda eran una contundente prueba. Pero para su suerte, esta extraña cabaña contaba con una ventana la cual permitía echar un vistazo a su interior. El jinete se paro frente a la ventana a observar si podría toparse con un rastro de su presa, pero no encontró pista alguna. Hallo algo mucho mejor.

El anciano estaba en mitad de una sala totalmente vacía, se lo veía atemorizado, su cara arrugada por el miedo era prueba de ello. Tenia los brazos lo mas apartados de su torso, con las manos bien abiertas, como si intentase mostrarle al cazador que no le estaba ocultando nada, pero esto poco le importo a el. El jinete apunto con su arco directo a la frente del viejo, listo para disparar, pretendía darle justo entre los ojos. El viejo exhalo lo que seria su último aliento, pero segundos antes de que el cazador disparara su proyectil, la expresión de horror en la cara de la presa cambio rápidamente a la de una de arrogancia con una sonrisa confiada de oreja a oreja. El jinete noto inmediatamente esto quedándose totalmente sorprendido, sabia que su presa se traía algo entre manos, no obstante ya era bastante tarde para averiguarlo, ya había soltado la cuerda del arco. Un rayo de luz salio disparado, cuando toco la piel del brujo esta bala de energía reboto violentamente contra el, pero no lo lastimo, solo lo tiro contra el suelo, el anciano había endurecido su piel. Sin embargo, el cazador no contó con bastante suerte. Su disparo al rebotar se volvió contra el, le rozo por centímetros la cabeza, pero fue suficiente como para arrancarle la oreja.

Los gritos de dolor del cazador se escuchaban por todo el bosque, el anciano se deleito con ellos, era música para sus oídos. No pudo evitar carcajear levemente. El jinete se revolcaba en el suelo adolorido mientras apretaba fuertemente los dientes y tapaba su herida con ambas manos. La sangre se escurría entre sus dedos, su odio hacia su presa no hizo más que incrementar cada vez más, el mismo se juro en darle una muerte dolorosa.

El jinete con mucho dolor y esfuerzo volteo su cabeza y miro a su caballo directo a los ojos, de forma extraña el animal asentó la cabeza. Sus pezuñas se comenzaron a convertir en unas filosas zarpas, su dura piel paso a ablandarse, sus dientes se trasformaron en unos siniestros colmillos listos para despellejar, su figura comenzó a encogerse y de su espalda surgieron dos mortíferas serpientes de escamas verdes como las esmeraldas. El caballo pasó a tomar la forma de un lobo de pelaje gris.

-Como usted ordene, amo-Dijo la extraña criatura.

El lobo con las dos serpientes unidas a su cuerpo entro a la cabaña, mientras el cazador aun permanecía en el suelo intentando levantarse. Tomo su arco con una mano mientras que con la otra continuaba apretando la herida de su cabeza, se paro lentamente y permaneció en frente de la ventana para ver si el brujo se levantaba, pero no había señal de el. El cazador estaba inmensamente preocupado ¿Me habrá tendido otra trampa? Se pregunto a si mismo con mucha intranquilidad entre cerrando los ojos, pues, sabia perfectamente gracias a su extensa experiencia que a un brujo le basta tan solo ínfimos segundos para fortificar su guarida completamente con magia, diversas trampas podían prepararse en instantes. Su montura estaba corriendo un inmenso peligro al entrar en la casucha de esa manera, pero el mismo sabia que no había otra forma de comprobar si su presa le estaba preparando algo en contra. Podía fácilmente comenzar a disparar rayos de luz con su arco, sin embargo estaría tan solo dejando todo a la suerte como si fuese un juego de azar, y sabia muy bien que en esta profesión no se podía dejar absolutamente nada a la suerte.

El lobo con su nariz y las serpientes con sus lenguas intentaban rastrear el olor del anciano, pero no encontraron nada. Lo estaba ocultando. Tampoco se lo podía encontrar con la vista, siendo esto muy raro. Pues en la pequeña cabaña no había mueble alguno, estaba todo vacío, esto le comprobó al cazador que su presa se volvió invisible. Tenia que encontrarlo de alguna otra forma.

Las orejas de la criatura comenzaron a cambiar, ya no eran oídos ni de lobo ni de caballo, ahora eran de murciélago. El monstruo tomo fuerza y dio un fuerte ladrido que retumbo en toda la cabaña, el sonido choco con algo sólido, algo que no estaba presente a simple vista. Algo que era invisible.

La criatura localizo al anciano.

Tomo posición de ataque listo para saltarle a la yugular, retrocedió unos pasos y se lanzo violentamente contra la presa mostrando sus húmedas y afiladas fauces, aquellas con las que lo despedazaría en instantes. Pero justo en el aire algo lo tomo cruelmente del cuello estrangulándolo con mucha fuerza y vigor. La criatura no podía respirar, se retorcía a unos metros arriba del suelo, mientras una fuerza invisible lo tomaba del cogote. El cazador por su parte a las afueras de la cabaña cayo de rodillas a la tierra, soltando el arco de sus manos, pues, al igual que su montura el también sentía como era estrangulado. Cualquier daño que recibiera aquel monstruo también lo recibía el jinete, todo esto debió a los fuertes lazos energéticos que los unían a ambos, por lo que si uno moría el otro también lo hacia.

Aquella fuerza invisible que sostenía al lobo por el cuello se hizo visible. Un ser antropomórfico de más de dos metros, compuesto únicamente por piedra se hizo presente delante de las narices de la criatura. Atrás de el se encontraba el anciano sonriendo placenteramente de oreja a oreja, lanzando una particular carcajada de placer, deleitándose con el sufrimiento del extraño animal y del cazador. No obstante, el jinete no estaba dispuesto a dejar salir a su presa impune de esto. Una de las serpientes a la espaldas del lobo se alargo de forma inverosímil directo al anciano y calvo sus dientes en su yugular. El viejo brujo quedo atónito, ahora cualquiera de los dos podía ser quien diera el movimiento que aseguraría la muerte de su oponente, pero ¿Quién de los dos estaría dispuesto a ser el primero, y que seguridad tendrían de que el otro no seria lo suficientemente rápido para arremeter? Era una situación en la que cualquier cosa podía pasar, una de esas que el cazador odiaba meterse, pues nada estaba asegurado.

Aquel ser de piedra podía fácilmente destrozarle el pescuezo a la criatura y dejar que el cazador se muriera asfixiado, pero también la serpiente podía arrancarle la yugular al anciano dejándolo morir desangrado. Sea cual sea el movimiento que se diera, cualquiera de los dos aseguraba una muerte lenta para su rival dándole así el tiempo suficiente como para arremeter contra el que dio el primer movimiento. Incluso las aves ubicadas en las ramas de los árboles eran capaces de sentir aquella tensión que cargaba al ambiente.

No obstante, el cazador no estaba dispuesto a correr estos riegos, por lo que se le ocurrió una forma de salir de esta. La criatura se transformo en un elefante, el animal era tan grande que no solo escapo de las manos del ser de piedra, también lo destrozo a el y a la cabaña con su inmenso tamaño. El anciano no murió de suerte, se escabullo entre los restos de la casa y los pies del monstruo, entonces una vez que salio hecho a correr lo mas rápido que podía, no obstante no fue capaz. Un rayo de luz disparado hacia el le reventó una de las piernas partiéndola y destrozándola por completo, el brujo cayo al suelo de cara y muy adolorido mientras de su boca escapaba un alarido de dolor. Escucho pasos atrás de el y se dio la vuelta, solo para contemplar la figura de la muerte.

-¡Por favor! ¡No me mates! Te... te... te lo suplico-Imploró el brujo por su vida.

El cazador no dio respuesta alguna, solo se limito a verlo atemorizado através de sus intensos ojos llenos de ira y rabia mientras la sangre chorreaba en donde se encontró alguna vez su oreja, pero, no parecía inmutarse por aquella. Desenvaino su sable y se quito la bufanda mostrando las horribles quemaduras de su boca, el anciano quedo atónito. El miedo paso por cada fibra de su cuerpo de manera abrupta, su corazón palpitaba a la velocidad de un picaflor, el terrible escalofrío invadió su espalda y la sensación de la muerte se apodero de su estomago. De entre las fauces del cazador comenzó a salir un extraño humo negro que rápidamente inundo el ambiente. No había nada más que aquella siniestra nube.

-Esta es mi habilidad definitiva-Confesó el cazador a su presa mientras su figura se desvanecía entre medio de la oscuridad -, nadie mas que yo sabe de ella. La razón por la que la utilizo únicamente en mis presas, es porque los muertos son buenos guardando secretos.

El anciano intento arrastrarse desesperado para intentar conservar su vida. Pero no lo consiguió. De aquel humo solo se escucho un sonido metálico cortando el viento… y la carne.
  • Nabucodonosor
  • Kaze Fasuto
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