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  1. Lo había logrado, finalmente llego a conseguirlo. Lo que todo mortal ansia, lo que ha causado innumerables guerras y disputas, lo que llevo a la muerte de miles de individuos, lo que hizo colapsar civilizaciones y sociedades, lo que hizo entrar a muchos en la locura.

    La inmortalidad.

    Estaba en sus manos, finalmente lo poseía. Las risas y festejos de alegría fueron totalmente maravillosas. Se encontraba eufórica y en un gran estado de felicidad absoluta ¿Y como no estarlo? Había conseguido la inmortalidad, la cúspide de la evolución, no había ser o individuo por encima de ella, la idea de la muerte ya no la atormentaría nunca mas. Se encontraba por encima de todos.

    Lo primero que hizo fue probar los límites de su inmortalidad. Ahorcamientos, decapitaciones, desmembramientos. Nada podía matarla, podía entonces hacer cualquier cosa, nada le causaría algún daño relevante, ningún arma significaba el más mínimo peligro para su integridad.

    Los primeros días se dedicó a deleitar todos sus sentidos y satisfacer sus deseos. Innumerables orgías y banquetes, probó cada fetiche y plato conocido, gozaba gratamente de aquellos excesos. Deleitaba hombres y mujeres por igual, mientras le producirán placer poco importaba realmente. Pero tampoco paso todo ese tiempo disfrutando del sexo y la gula, también se ocupo de aprender y entrenar todos los talentos que pudiera, no importaba el tiempo que le tomase perfeccionar sus capacidades en todos los campos, pues, no moriría.

    Cultivo su intelecto, entreno sus músculos, agudizo sus sentidos y reflejos, hasta incluso llego a aprender secretos de la magia tan avanzados que ni siquiera los mejores magos podían llegar a conocer.

    Con estos conocimientos en mano y su inmortalidad el mundo estaba de rodillas ante ella. Pues, podía modificar la materia sin esfuerzo alguno. Era capaz de convertir el hierro oxidado en oro, el carbón en diamante, el agua en vino. La materia también se encontraba subyugada ante sus pies

    Modifico su cuerpo entero, se hizo mucho más atractiva y bella, lo que permitió disfrutar mucho más sus mórbidos deseos. Le encantaba experimentar.

    Primero comenzó con hombres y mujeres con rasgos particulares poco comunes, luego con animales, después con niños y finalmente con objetos inanimados a los cuales les otorgaba la vida con un único propósito. Satisfacerla.

    Comenzó a desear cada vez mas, se hizo más ambiciosa con el pasar del tiempo. Creaba nuevas sustancias con sus poderes, hacia modificaciones en su cuerpo cada vez mas extrañas. Pronto comenzó a desear ostentar el poder absoluto ¿Cómo un ser que esta en la cúspide no los gobierna a todos? Pensaba. Fue cuestión de tiempo que se lanzara a por la conquista mundial, lográndolo finalmente en unas cuantas décadas. Ahora verdaderamente se encontraba en la sima. Sin embargo, algo le pasaba.

    No era suficiente. Los caprichos que antes la complacían ahora no eran suficientes. Fue por cosas mucho mas extremas. Prenderse fuego mientras se masturbaba, devorar gente viva, crear aberraciones y tener relaciones con ellos. Sin embargo, no era suficiente. Esto la molestaba mucho, le hacia hervir la sangre, su cuerpo perfecto ya no era capaz de complacer sus deseos. Comenzaba a percibir hasta los más minúsculos detalles, pequeños detalles que eran simples errores minúsculos, simples errores minúsculos que la irritaban demasiado.

    Comenzó a volverse cada vez más perfeccionista y exigente con las cosas, y por supuesto, más temperamental.

    Bastaba con que un pequeño detalle desencajara para arruinar hasta una simple roca, tales imperfecciones no la dejaban tranquila, la volvían infeliz. Se agarraba de los pelos con tan solo contemplar hasta el más simple de los objetos y ver que estaba lleno de errores.

    Todo se volvía más insatisfactorio. Poco a poco los excesos y grandes lujos dejaron de complacerla para simplemente irritarla, comenzaba a percibir su inmortalidad como un gran error. Todo en este mundo la hacia enojar, nada la llenaba en lo mas mínimo, no disfrutaba ni siquiera respirar, pero si había algo que valía la pena.

    Sus poderes.

    Era igual de satisfactorio usarlos siempre, una sensación que no cambio desde la primera vez. Le encantaba sentir aquella energía fluyendo por su cuerpo. La hacia sentir maravillosa, pura, que todo estaba a su alcance con ella, incluso si no disponía de su inmortalidad. Entonces, se dio cuenta de que la inmortalidad física no era la cúspide de los seres vivos, no. Se encontraba mucho más allá, lejos de la realidad física, el objetivo final de cualquier ente en la existencia.

    La materia era voluble ante la energía, pero la energía no lo era ante la materia. No era su cuerpo el que controlaba sus poderes, lo era su mente y espíritu. La inmortalidad era algo infantil, algo errónea, un camino que llevaba al destino equivocado. Poco importaba si un ser no podía morir si este no era capaz de modificar su ambiente, era no más que simple carne que no podía ni controlar su energía.

    Había finalmente encontrado la respuesta ante su incredulidad. Comenzó a prestarle poca importancia a los asuntos físicos, el sexo y la gula no eran más que simples actos banales. Poco a poco fue perdiendo interés en el mundo, no le importaba gobernar sobre los demás, ni mucho menos deleitar sus sentidos y deseos corporales, pues aquello no la conduciría ante la verdad que buscaba.

    Aprendió que lo físico era imperfecto al contrario que las ideas, que eran perfectas al igual que la energía.

    Dejo todos los asuntos terrenales de lado. Se aíslo de todo. Sus deseos y exigencias desaparecieron progresivamente, también su personalidad e identidad. Poco le importaba ser una mujer bella e inmortal a ser una simple roca fea. No le producía nada ser hombre o mujer, esto ya no significaba nada para ello. Era carne, materia, no importaba en lo absoluto, ya que al fin y al cabo no eran el verdadero camino.
    Se convirtió en un ente sin envidia, sin codicia, sin gula, sin pereza, sin lujuria, sin ira y sin orgullo. Se había transformado en lo mas puro que existía.

    Sumida en una eterna meditación comenzó a buscar la verdad y con el pasar de los eones la encontró. Abandono su cuerpo físico, su mente se fusiono con todo lo que había existido, existe y existirá. Estaba conciente de todo, lo veía todo, lo escuchaba todo, lo percibía todo.

    Era todo.
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  2. Los obreros trabajaban arduamente en mitad de la noche en la mortífera cantera ubicada muy lejos de cualquier albor de la civilización. Aquellos trabajadores se veían completamente extraños, en pésimas condiciones, como cadáveres ambulantes que lo único que pueden hacer es picar las piedras y llevar las cargas a los almacenes. Toda la cantera estaba iluminada con bolas de luz de color verde que flotaban en medio del aire, para que sea mucho más fácil la extracción de piedra y minerales que se encuentran a pocos metros enterrados en el suelo.

    Un capataz observaba a sus obreros y peones esforzarse arduamente en medio de la noche a los ojos de las innumerables e infinitas estrellas en el cielo. Algo que distinguía al jefe de la producción de los trabajadores era su vestimenta, incluso aquello con lo que vestía lo diferenciaba mucho de otros capataces, pues sus ropas no eran habituales para el oficio que ejercía. Mientras los mineros traían puesto ropa raída y en malas condiciones, el capataz llevaba una tunica negra que lo cubría entero y sostenía un largo báculo de oro con una gran gema en la punta que emitía un brillo de color verde. Parecía ser un mago.

    Mientras el capataz observaba a sus trabajadores atentamente desde la altura inesperadamente sucedió un catastrófico derrumbe. Unas gigantescas piedras se cayeron abajo y mataron a unos siete hombres aplastándolos hasta no dejar más que carne y huesos molidos. El resto de los obreros siguió trabajando como si nada, no prestaron atención en lo absoluto, como si tal tragedia no hubiera ocurrido, estaban tan ocupados en sus tareas que poco les importo. El jefe a presenciar tal cosa no hizo más que suspirar con molestia y enfado.

    -¡Huascar!-Dijo el capataz llamando al segundo al mando.

    -¿Si? ¿Qué pasa Arturo?-Preguntó Huascar al escuchar ser nombrado.

    Un hombre de características reptilianas, con hocico de cocodrilo, piel escamoso y cola de lagarto se acerco hasta el capataz.

    -Huascar. El personal se nos esta agotando, ocurrió otro derrumbe, el segundo en el día. Ya vamos perdiendo veinte obreros. Ten este pergamino, ve al cementerio de al lado y consigue mano de obra suficiente.

    -Enseguida, te los traigo en quince minutos.

    Mientras el hombre reptil se dirigía directo al cementerio una joven mujer con una capa apareció en el lugar de manera misteriosa, captando inmediatamente la atención del capataz con su apariencia juvenil. Le impresiono por completo aquellos ojos verdes claros que parecían ser esmeraldas, sumado también ese rostro limpio que parecía ser perteneciente a una adolescente de quince años. Inmediatamente el jefe quedo impresionado ante la figura de aquella mujer, no había presenciado nada como eso en su vida, ni siquiera toparse con un yacimiento de gemas preciosas se comparaba con esto. Sintió como la flecha del amor se clavaba inmediatamente en su corazón.

    -Disculpe ¿Es usted Arturo?-Preguntó la mujer.

    El jefe se retiro la capucha que tapaba su rostro y con una sonrisa llena de confianza contesto.

    -Por supuesto que soy Arturo señorita ¿Qué hace una mujer tan bella como usted por este lugar? ¿Se le ofrece algo? Dígamelo no será ninguna molestia.

    La mujer supo inmediatamente que aquel hombre quería ligar con ella. Cerró los ojos momentáneamente y con fastidio suspiró. Iba a hacer esto lo más rápido que podía para largarse cuanto antes.

    -No gracias-Rechazó ella la amabilidad del hombre-, estoy aquí por asuntos de hacienda, soy inspectora.

    -Con que hacienda ¿Usted sabe que yo tengo muchas, pero muchas tierras señoritas? Todas muy bastas y fértiles-Presumió el capataz de sus pertenencias en un intento de persuadir a la muchacha.

    Ella hizo caso omiso de aquel intento de conquistarla y pasó directo al grano.

    -Muy bien señor ¿Podría usted mostrarme las escrituras de aquellas tierras y de esta cantera?

    Inmediatamente se le detuvo el corazón al capataz al oír estas palabras, la sangre se le heló completamente y sus capacidades cerebrales cesaron por unos momentos. Tal reacción de sorpresa significaba una sola cosa: no tenía papeles de propiedad.

    El hombre desconcertado no supo que decir, no tenia el tiempo suficiente de pensar en una excusa medianamente creíble para intentar zafarse de esta. No sabia que respuesta dar, balbuceaba y sudaba como si se tratase de una criatura esforzándose por no morir, tales cosas lo ponían al descubierto, lo dejaban en evidencia. Sabía perfectamente que no iba salirse con las suyas.

    -Señor, los papeles-Le apuraba la joven señorita-. Los necesito para comprobar si esta cantera es de su propiedad ¿Los tiene o no? Porque si esta ocupando ilegalmente este terreno le pueden caer una buena condena.

    La presencia inquisidora de aquella joven mujer lo inquietaban y ponían nervioso. Rezaba para que en aquellos momentos la tierra lo tragase.

    La joven al no recibir respuestas hecho un vistazo a la cantera y vio como los obreros trabajaban arduamente sin descanso alguno, incluso aunque se les cayese la piel o las extremidades. La joven sospechó de qué podían tratarse de muertos vivientes revividos con magia, cadáveres ambulantes sin voluntad que únicamente sirven a las órdenes de un oscuro hechicero.

    -Dígame ¿Esos trabajadores son zombis?-Preguntó la joven inquisitivamente-¿O son mano de obra esclava? De cualquier forma emplear tanto la nigromancia como el esclavismo esta penado por la ley ¿Usted lo sabe?

    -Pues… pues…-Intentaba el capataz dar una respuesta.

    -¡Arturo! ¡Aquí te traigo a los muertos vivientes que pediste! ¡Recién sacados del cementerio!-Anunció Huascar, el hombre reptil.

    El capataz se dio la vuelta al escuchar el llamado de su compañero, el cual se encontraba al lado de una treintena de muertos vivientes parados esperando alguna clase de orden. La inspectora al ver esto arqueo la ceja y clavo una mirada inquisitiva al jefe de la obra, quien río nerviosamente atrapado con las manos en la masa.

    -Bueno… esto tiene una explicación-Dijo el hombre intentando excusarse.

    -Y dígame ¿Cuál es?-Preguntó la muchacha para ver que cosa inventaba el capataz.

    -Lo que pasa es que… ¡Muere!

    El capataz agarro su bastón con ambas manos y lo uso intentando golpear la cabeza de la inspectora con la punta para dejarla inconciente, pero no resulto. La chica se corrió para un lado velozmente con un simple paso esquivando el ataque, el jefe no fue capaz de percibir tal acción, por lo que solo vio a su báculo golpear la tierra. Se pregunto confundido que diantres fue lo que ocurrió y busco con la vista rápidamente a la mujer, encontrándola a un lado y varios metros lejos. El mago gruñó y enseguida apunto su bastón a la chica, listo para disparar un mortífero hechizo, no obstante, cuando conjuro una bola de fuego la mujer lo eludió con suma facilidad usando su agilidad.

    La inspectora tomo la capa que cubría su cuerpo entera y se deshizo de ella lanzándola al aire, mostrando su armamento. Una armadura de escamas de hierro que protegía toda la parte superior del cuerpo, junto con unos cómodos pantalones holgados que permitían el movimiento. En sus manos blandía una larga y afilada guadaña que llevaba bien oculta y escondida.

    Al ver la intimidante figura de la inspectora el capataz se aterró hasta los huesos, quedándose paralizado por unos cuantos segundos mientras toda la sangre de sus venas se enfriaba y un intenso escalofrío recorría su espalda. Sabía perfectamente que se había metido en problemas, en serios y graves problemas. Su rostro de estupefacción ponía en evidencia su inmenso terror.

    -Ma… mátenla…-Ordenó nervioso el capataz a su hueste de muertos vivientes.

    Inmediatamente aquellos zombis a las espaldas del jefe se abalanzaron iracundos contra la muchacha, la cual tomó posición de combate lista para recibir a sus adversarios. Ante eso el mago y su acompañante aprovecharon para salir huyendo lo mas lejos que podían de la peligrosa inspectora.

    -¡Vamos Huascar! ¡Vayamos a la cabaña, llevémonos todo lo que podamos y huyamos de aquí! ¡Rápido!-Ordenó el capataz a su mano derecha.

    -¡Enseguida Arturo!

    Mientras los jefes de la obra se echaban a la fuga la inspectora se quedaba a combatir contra los muertos vivientes, quienes emprendían amontonados una carga para matar a la muchacha. La mujer agarro fuerte su arma con ambas manos, separo sus piernas e hizo un tajo que partió a la mitad a cinco de los treinta zombis, dejándolos fuera de combate. No obstante, no tendría tiempo para realizar un segundo ataque, los muertos vivientes ya estaban muy cerca de ella, listos para destrozarla, sin embargo, la mujer desapreció en un instante de sus vistas dejando en el lugar que estaba unas cuantas partículas flotando en el aire. Los cadáveres vivientes se detuvieron en seco frenando todos al mismo tiempo, buscando con la vista a su presa.

    Unos pasos se escucharon detrás de la turba de muertos vivientes, era la inspectora que había aparecido fugazmente como por arte de magia. Ignoró por completo a los numerosos zombis que tenia justo detrás y sin impórtale en lo absoluto comenzó a perseguir con suma velocidad al capataz y su compinche mientras blandía su arma. El mago al ver que era perseguido por la intimidante mujer se asusto mucho y acelero el paso hacia la cabaña en donde tenia pensado refugiarse.

    Pasaron al lado de dos obreros muertos picando las rocas, estos al ver que se aproximaba la inspectora dejaron su labor de lado y se dispusieron a frenar el avance de la muchacha, pero fue inútil. La chica se deshizo de ellos con gran facilidad con un corte limpio de su guadaña partiéndolos en dos pedazos a cada uno. Todos los zombis en la cantera soltaron sus herramientas y abandonaron sus trabajos para defender a sus amos y matar a la mujer que les venia pisando los talones.

    El capataz giro su cabeza para ver atrás, al hacerlo se dio con la sorpresa de que la mujer ya no estaba detrás de ellos persiguiéndolos, esto confundió mucho al hombre, se pregunto incrédulo como la inspectora pudo desparecer de un momento a otro. No sabía que estaba ocurriendo. Cuando puso la vista en frente la mujer se encontraba delante de ellos, ambos sujetos al ver esto frenaron su carrera inmediatamente y con mucho temor se disponían correr para el lado contrario, pero antes de que eso ocurriese la muchacha se lanzó contra el capataz y le propino un fuerte puñetazo en el estomago tirándolo al suelo. Mientras el jefe de la obra se retorcía de dolor en el suelo el hombre reptil se paralizo del miedo, incapaz de moverse, condenado a mirar aterrado a la mujer que les suponía un gran peligro tanto como para su negocio como para sus vidas.

    -¡Oligarcas de mierda! ¡Su asqueroso monopolio siempre hundiendo a pequeños negocios y emprendedores!-Declaró Huascar con mucha rabia y enojo.

    La inspectora lo miro fugazmente e ignoro las palabras del hombre reptil, cuando volteo la vista hacia el capataz este extendió su brazo hacia los ojos de la mujer y de su mano salió una brillante luz que cegó a la chica. El mago rápidamente se tiro hacia lo mas profundo de la cantera sin miedo alguno, rodando violentamente por el desnivel hasta caer en lo mas hondo, aun mal herido comenzó a correr directo hacia la cabaña importándole poco el dolor. Huascar emprendió la fuga mientras la muchacha se sobaba los ojos cegada por las artimañas del mago, cuando recupero la vista se encontró con decenas de muertos vivientes rodeándola y con deseos de despedazarla por completo, cortarla en pequeños pedacitos y desperdigarlos por todo el lugar.

    La inspectora tomo posición de combate blandiendo su afilada y larga guadaña, lista para lanzarse al combate contra sus oponentes. La horda de zombis cargó contra ella en varios números abalanzándose en una avalancha de carne en descomposición. La mujer se preparo y en cuanto uno de los muertos vivientes llego a unos pocos metros de distancia dio un cortante tajo que partió por la mitad a varios a la vez, inmediatamente después de eso desapareció nuevamente como la anterior vez dejando unas cuantas partículas flotando en el aire. Sus enemigos la perdieron de vista hasta que unas cuantos terminaron cortados en dos, todos voltearon la vista hacia donde destrozaron a los trabajadores, pero no se encontraron con nada, sin rastros de la chica, tan solo quedaron en el aire partículas flotando. Volvió a pasar de nuevo, una y otra vez, los obreros muertos eran hechos pedazos aparentemente por el viento, pues no podían localizar a la inspectora.

    De pronto, en tan solo menos de un minuto había quedado un solo obrero en pie. El suelo estaba lleno de cadáveres sin vida que habían sido devueltos al mas allá.

    El último que quedaba miro para todos lados buscando a la inspectora, pero no fue capaz de encontrarla. Antes de que lo pudiera hacerlo su cuerpo yacía en el suelo partido a la mitad por un filoso tajo de una guadaña.

    La mujer en cuanto termino con el último de sus adversarios diviso al hombre reptil entrando en la misma cabaña en la cual se ocultaba el capataz. La inspectora se teletransporto unos cuantos metros adelante y comenzó a correr en busca de los dueños de la cantera, topándose con varios obreros que surgían en mitad del camino con el objetivo de frenarla.

    Dentro de la cabaña se encontraba el capataz frente a una estantería llena de pergaminos mágicos, colocándolos todos apresuradamente de manera desesperada dentro de una mochila, algunos no entraban y caían directamente al suelo, pero esto poco le importaba al mago. El simplemente quería largarse lo más rápido de la cantera antes de que la inspectora los encontrase.

    -¿Qué mierda haces ahí Huascar?-Le preguntó el mago con los nervios hasta las nubes al hombre reptil-¡Ven aquí y ayúdame recogiendo todos los pergaminos que puedas! ¡Rápido y deprisa! ¡Vamos!

    -¡S… si… si Arturo! Enseguida.

    El segundo al mando se puso manos a la obra y comenzó a ayudar a su compañero recogiendo todos los pergaminos que podía y poniéndolo en una bolsa de papas, amontonándolos y arrugándolos completamente, pero para ellos poco importaba tal cosa ahora. Estaban realmente desesperados por irse lo mas pronto posible y de manera intacta.

    Cuando creyeron que ya habían tomado suficientes pergaminos estaban dispuestos a largarse de inmediato, pero antes de que siquiera pudieran pensar en una manera de escapar la puerta de la cabaña se había abierto abruptamente por una patada. Era la inspectora con una mirada inquisitiva y una pila de cadáveres de zombis detrás suyo. Los dueños quedaron mortificados al ver la intimidante imagen de la chica blandiendo la guadaña con el filo ensangrentado. Quedaron inmóviles y petrificados, sin ser capaces de mover un solo músculo, ni siquiera para poder parpadear. Miraban con horror a aquella mujer que se encargo de deshacerse de todos los trabajadores de la obra, la sangre de aquellos dos hombres quedo congelada, quedándose sin aliento al mismo tiempo que un intenso escalofrío recorría sus espaldas.

    No dijeron absolutamente nada. Habían asumido que iban a morir y no podían hacer nada para evitarlo.

    El capataz podía usar su magia, pero no iba a causar ningún efecto que tornase la balanza a su favor ya que el capataz, para su desgracia, era un pésimo mago. El único hechizo que sabia era generar luz con sus manos, aquel báculo que traía y esos numerosos pergaminos que cargaban eran todos comprados en el mercado negro, adquiridos a través de dinero que fue amasando con el tiempo en actos ilegales. Aunque crease el hechizo más resplandeciente de su vida, no iba a poder escapar, la inspectora estaba en medio de la puerta, cegarla nuevamente iba a ser completamente inútil.

    La inspectora avanzo lentamente hacia donde se encontraban los dueños de la cantera, paso por paso, sin apuro alguno, tranquila. Sabía que aquellos dos no irían a ninguna parte.

    Siguió avanzando lentamente hasta que se detuvo. El mago en su rostro tenía dibujada una sonrisa maliciosa llena de confianza, como si hubiera ganado. La muchacha se mostró confusa ante esto, no sabia del porque el capataz sonreía de esa forma, pero de pronto se dio cuenta de porque.

    Delante suyo se encontraba una sombra mucho más grande que ella, una sombra corpulenta que media cerca de dos metros. De pronto una gigantesca mano se posó sobre uno de sus hombros y apretó con fuerza y firmeza, con la intención de romperle el hueso. De manera inmediata la inspectora se teletransporto fuera de la cabaña apenas sintió que podía salir lastimada, ahí fue cuando lo vio. A aquel muerto viviente de gran altura y músculos con la piel pálida y sosteniendo un pico en una de sus manos.

    La inspectora agarró su guadaña con ambas manos y tomó posición de combate, lista para enfrentarse al gigantesco muerto viviente.

    Los dueños de la cantera salieron corriendo inmediatamente por la subida que llevaba hasta la salida, aunque la mujer los vio plenamente decidió no perseguirlos, primero quería encargarse del ultimo de los zombis que quedaba en pie.

    Ambos adversarios se miraban a los ojos, el último obrero defendería férreamente a sus amos, sin importar que fuese lo que pasara ni contra quien se enfrentara, su trabajo era solo uno. Servir a quien lo trajo devuelta a la vida.

    El corpulento zombi cargó contra la inspectora intentando embestirla con su cuerpo, corrió velozmente hacia su posición, la mujer sin hacer ni un solo movimiento desapareció del lugar en donde estaba. Se teletransporto detrás de su oponente. Antes de que el muerto viviente pudiera darse la vuelta la muchacha clavo el filo de su guadaña en la parte superior de su espalda, cerca de los hombres, acto seguido jalo su arma hacia atrás sacando el filo del arma de la carne, desgarrando una porción considerable. El trabajador no sintió dolor alguno, estaba como si nada le hubiera pasado, simplemente volvió a cargar contra la mujer intentando atraparla con sus manos y aplastarla con ellas, no obstante, nuevamente había desparecido de su vista, dejando en el aire unas cuantas partículas flotando.

    El muerto viviente busco desesperado a la inspectora, pero antes de que pudiera encontrarla sus dos brazos fueron rebanados rápidamente sin darle oportunidad para nada. Apenas notó esto vio que la mujer estaba enfrente suyo, al verla intento cargar contra ella por tercera vez, pero para su desgracia la tercera no fue la vencida. Antes de que pudiera mover sus pies del sitio en donde estaba, la mujer con un potente y ágil tajo rebanó la cabeza del muerto viviente de su cuerpo.

    Fue vencido sin poder dar lucha alguna, como el resto de obreros.

    Mientras, el capataz yacía fuera de la cantera, en medio de la nada corriendo en plena oscuridad intentando escapar lo más rápido que podía de la inspectora junto con su compinche.

    El mago creo una bola de luz para ver en la oscuridad, pues no quería correr a ciegas, tropezarse con algo y perder tiempo en su escape, pero apenas la bola de luz ilumino algo se encontraron con la mujer de la que huían enfrente de ellos. Antes de que pudieran petrificarse del miedo el hombre reptil recibió un potente puñetazo en el hocico propinado por la chica, fue tan fuerte que lo tumbó al suelo sin mucha dificultad. Huascar se quedó retorciéndose de dolor en una dolorosa agonía, por su parte el mago se tiro de rodillas, cerró los ojos y espero la muerte sin mas.

    -Adiós mundo cruel, que aplasta a los pequeños emprendedores en este monopolio. Adiós…-Pronunció el capataz sus ultimas palabras antes de sucumbir ante el poder de la oligarquía.

    El mago esperaba recibir un tajo que lo decapitarlo en un solo segundo, pero solo recibió un papel para presentarse ante un tribunal.

    -Arturo el mago. Haz cometido los crímenes de usurpación de tierra, uso de trabajadores esclavos, el empleo de artes oscuras como la necromancia y la agresión a un oficial de la ley. Por estos crímenes deberá de presentarse en el tribunal de hacienda en la ciudad de Micovea. Si no tiene un abogado el estado le proporcionara uno-Dijo la inspectora sorprendiendo al capataz con sus palabras-. Un saludo, lo veo en la corte.

    Después de pronunciar estas palabras la mujer se retiro del lugar, dejando a los dueños de la cantera en mitad de la nada a la espera de un juicio.

    Durante los siguientes días Arturo y Huascar se presentaron en el tribunal y fueron declarados culpables por sus crímenes. Ahora mismo enfrentan una condena de diez años y una multa de más de mil monedas de oro.

    La moraleja de esto es. No jodas al estado.
  3. Buenas a todos. Acabo de escribir otra de mis historias, en esta trate de practicar un poco la construcción del mundo. Es un poco larga, pero espero que les guste.

    El desierto de Dumidia, el lugar más inhóspito de todo Urkum. Muy pocos son los valientes que atreven aventurarse en su interior, ni siquiera los hombres del imperio son capaces de lanzar a sus hombres para descubrir los secretos que oculta este gigantesco y vasto desierto lleno de arena.

    Casi nadie que se adentro en aquel hostil territorio ha sido capaz de sobrevivir y los que lo han hecho nunca mas han querido volver.

    Se habla de enorme civilizaciones en medio de la arena, pero la mayoría creen que son mentira, puros cuentos que solo sirven para esperanzar a los incrédulos que podrán encontrar algo ahí.

    Se habla de humanos con un color de piel café que visten prendas de lana blanca armados con espadas curvas.

    Todo esto se creía que no eran más que simples mitos, hasta que un intrépido explorador entro en el titánico desierto y años después volvió diciendo que aquellas historias eran ciertas. Había hombres que crearon reinos y civilizaciones en el desierto, hombres que lograron sobrevivir y alzarse como los gobernantes de aquellas adversas y desfavorables tierras.

    El imperio inmediatamente al escuchar las palabras de este hombre se lanzaron con mucho ánimo al desierto para contactar con aquellas civilizaciones, y lo lograron.

    Decenas de reinos independientes llamados satrapias en contacto con el imperio.

    Los siglos pasaron, algunos de estas satrapias se aliaron con el imperio, pero por otra parte algunos reniegan de su presencia tomando acciones hostiles contra ellos. El sátrapa Hudum es el mas poderoso de todo el desierto y quiere mantenerse ahí, por lo que el imperio supone una amenaza contra el, pues no puede permitir que unos sucios extranjeros se atrevan a pisar su territorio, mucho menos querer controlarlo.

    No obstante el imperio no se quedara de brazos cruzados, se asegurara de quitar a Hudum del medio. Para siempre. Por ello mando al mejor asesino de todos.

    Izmi Kisuru.



    Arena, era de lo que renegaba Izmi. La odiaba por completo, es por ello que evitaba las playas y ahora el imperio lo mandaba al desierto. Vaya suerte la suya. Incluso hasta el mejor de los asesinos tiene sus manías.

    El desierto de Dumidia consistía en un gran arenal rodeando una cadena montañosa en el centro de toda la región, de esta cadena conocida como Hurambururashi brotaba un largo y caudaloso río al sureste. El río era conocido como el Tifratés, de gran importancia para la civilización dumidiana, pues era su principal fuente de recurso, era el único lugar fértil del desierto. Alrededor del río se encontraban asentadas todas las satrapias, ciudades estados independientes con una casta y jefes diferentes. Cada ciudad era un mundo diferente.

    Izmi se dirigía para allá bordeando la costa del continente, esto lo hacia enojar aun mas. Estar en la playa de un desierto. Tenia ganas de romperlo todo y comenzar a patalear como si de un niño se tratase, algo poco profesional tratándose de un asesino de gran importancia y fama.

    Aquel asesino se trataba de un dorua, un elfo oscuro que tenia un solo cliente. El imperio. Solo aceptaba tratos de ellos por dos razones; pagaban bien e ir contra ellos significaba una gran perdida de fuentes de ingreso así como también ser perseguido de por vida en cada rincón del continente. Incluso el mejor de los asesinos era poca cosa comparado con el poderío de todo el imperio.

    Años y años de entrenamiento dieron como resultado la increíble habilidad de Izmi para asesinar, además de que también se le suma el hecho de haber nacido en un clan de asesinos. A lo largo de los años a Izmi se le corono como el mejor asesino que nunca antes haya existido, no solo por el hecho de matar victimas que en un principio parecían imposibles de tocar, si no también por ser capaz de matar a otros sicarios de igual nivel. Su extrema agilidad le da la capacidad de enfrentarse al guerrero más capaz de todos y terminar por quitarle la vida sin recibir rasguño alguno. Tan solo basta con darle un fragmento de vidrio roto para que termine por acabar a todo un fuerte bien protegido. No hay quien se le compare, ni magos ni guerreros son desafío alguno para el.

    Luego de largos días y noches finalmente había llegado al creciente fértil, el Teufratés. Ahora tan solo bastaba dirigirse a la satrapia de Hudum, la ciudad de Gidish.

    El creciente fértil contaba con largas y amplias tierras para la siembra, el lugar más importante de toda la civilización dumidiana, la que permite su supervivencia y su mera existencia. Todas las ciudades y Satrapias están viven aquí, pues es su principal fuente de recursos agrícolas y ganaderos, y en donde la vida es mas tranquila en comparación con el hostil y peligroso desierto. La tierra alrededor del caudaloso Teufrates era apta para las cosechas de todo tipo, trigo principalmente y el mas común de todos, pues con el se hacia el pan, por no olvidar la cebada para las bebidas alcohólicas. Eso si, la madera escaseaba mucho, apenas si había una que otra palmera suelta por ahí, era por eso que las casas usualmente estaban hechas de barro cocido y adobe.

    Izmi tardo cerca de un día en llegar hasta la satrapia de Gidish siguiendo el Teufrates.

    La ciudad por fuera era completamente inmensa, las murallas median mas de treinta metros, igual que en la ciudad imperial. Pero lo más destacable a simple vista no era su tamaña, si no sus puertas. Aquellas enormes puertas que recibían a todos los que querían adentrarse en la ciudad, toda pintada de color verde esmeralda adornada con plantas que colgaban por todas partes. Incluso el asesino que renegaba de todo no pudo evitar quedarse de piedra ante tal esplendorosa belleza arquitectónica, le costo aceptar su grandiosidad debido a su orgullo pero este termino cediendo ante las majestuosas puertas de Gidish. Era imposible no reconocer tal merito, solo un imbécil sesgado no seria capaz de reconocer la verdad. No obstante no todo era color de rosas.

    A los lados del camino que conducía al interior de la ciudad se encontraban cadáveres desnudos y empalados de unos cuantos anunakis, los hombres reptil de Urkum, la principal raza representante del imperio.

    Tal cosa era una advertencia para todos los imperiales que se atrevieran a entrar en la ciudad, era lo que pasaría si cometieran tal estupidez. Hudum no permitía que ninguno deambulase por sus tierras, los quería fuera de ella.

    Una imagen horrible y desagradable sin duda.

    Izmi supo que tenia que andarse con cuidado, si alguien sabia del porque había venido a Gidish seria hombre muerto. Pero rápidamente su ego y orgullo lo calmaron, era el mejor asesino de todo el continente ¿Cómo alguien podía siquiera ponerle un dedo encima? Antes de tal cosa perdería una extremidad. El elfo no hizo más que sonreír con arrogancia jactándose de ser invencible. Unos cadáveres empalados no lo asustarían.

    Se adentro en Gidish pasando por la esplendorosa puerta de color esmeralda. La ciudad estaba abarrotada de gente, personas por doquier. Puestos comerciantes cada cinco metros con distintos y exóticos artículos; lapislázuli, diversas gemas, collares, orfebrería, jarrones de vidrio, armas de diversas clases, artículos artísticos variados. Eran las cosas básicas con las que contaba cada comerciante.

    Mientras Izmi caminaba por las calles no puedo evitar llamar la atención de casi todos los ciudadanos que lo veían, pues un elfo oscuro de color azul con orejas puntiagudas no era lo más común en la región. El asesino supo rápidamente que si seguía llamando la atención con su apariencia lo iban a descubrí rápidamente y no podría llevar a cabo el plan de matar a su victima. Inmediatamente por su mente se le cruzo la respuesta a tal problema. Al comerciante que vio le compro un atuendo negro que lo cubriera de pies a cabezas, tal cosa hizo, se vistió con su nueva adquisición y paso inadvertido entre los habitantes.

    Izmi se dedico primero a pasear completamente por toda la ciudad, pues debía de familiarizarse con el terreno, buscar escondites o rutas por donde huir además de los atajos. No se le olvido para nada visitar los lugares más maravillosos de Gidish. La asombrosa torre gigantesca con forma de campana en medio de toda la ciudad que llegaba hasta el cielo, lugar en donde se consagraba culto al dios solar Mutrohz, al dios vacuno Cirit y la diosa de la fertilidad y la guerra Namoth. Dioses a los cuales los dumidios rendían culto diariamente para obtener sus bendiciones y así vivir una vida mas prospera.

    Aquella torre también funcionaba como escuela de magos y una fuente inmensa de conocimiento de toda clase.

    La torre que pertenecía a los dioses.

    Al lado de tal majestuosa torre se encontraba el solemne palacio del sátrapa Hudum. Un hermoso castillo pintado de verde y adornado con columnas de oro y dos estatuas de leones con cabezas humanas custodiando la entrada.

    El palacio estaba rodeado de murallas igualmente pintadas con el color verde de las puertas de la ciudad. En el interior, en el patio yacía una fuente de agua en el centro ornamentada con oro, al lado de unas bellas plantas que difícilmente crecerían solas en el desierto sin el cuidado de nadie.

    Sin duda una vivienda que reflejaba el enorme poder de un señor.

    Izmi supo inmediatamente donde se encontraba su victima, pero no podía entrar así de la nada, matar a todos los que se cruzaran en su camino y asesinar al sátrapa. Primero debía de reunirse con su contacto para que le facilite su trabajo, así que rápidamente se largo de ahí, antes de que algún guardia viera su presencia como sospechosa.

    Siguió paseando por la ciudad, estudiando cada esquina por la que pasara. Se topo con varios puestos de guardias bien distribuidos por toda la urbe, estaban tan bien colocados que hacia muy difícil una huida sin toparse con al menos uno de ellos en la fuga. Pareciera como si el sátrapa supiera muy bien que algún maldito como Izmi atentaría contra su vida. El dorua asesino no hizo más que suspirar con fastidio y enojo, le molestó mucho la astucia de su victima.

    En el centro de la urbe se encontraba una gigantesca plaza con un obelisco en medio de ella, arriba en la punta flotaba un disco de obsidiana incrustado con gemas. La gente se acercaba a el y le rendían alabanzas, pues para ellos aquel disco era un regalo de los mismos dioses.

    Continúo con su marcha; se topo con talleres de trabajo, locales de comercio, diversas viviendas, almacenes en donde se acumulaban los excedentes de las cosechas, suntuosos edificios que servían como tribunales para la justicia, herrerías, oradores frente a muchos espectadores y oyentes de las noticias, templos, estatuas y monumentos de diversas figuras históricas o mitológicas como reyes o héroes. Ante todo esto Izmi no tuvo más que simplemente aceptar que estaba parado ahora mismo en una esplendida ciudad, comparable incluso con las polis de los altos elfos y la mismísima ciudad imperial. Se encontraba en la capital de Numidia.

    Luego de su largo paseo ya había caído el atardecer, el cielo se tornaba de un color naranja, el sol se ocultaba para darle paso a la luna, la gente decente iba a sus hogares para descansar mientras que los ociosos aprovechaban la noche para divertirse. Era hora de encontrarse con su contacto.

    En medio de un punte encima de un pequeño canal para el regadío se encontraba un hombre que no le quitaba el ojo al elfo oscuro. Aquel extraño hombre que vigilaba al asesino vestía con ropa de color púrpura y llevaba varios collares de oro. El dorua se acerco hasta el y le dijo.

    -El cocodrilo es inmortal.

    -El cocodrilo es inmortal-Respondió el extraño sujeto con las mismas palabras del dorua. Se trataba de una clave para identificarse, al mismo tiempo el sujeto le mostró un medallón de plata con la figura de un cocodrilo en el centro. Se trataba de su contacto.

    -Bien, de los imperiales. Supongo que ya sabes quien soy ¿No?-Preguntó Izmi.

    -Por su puesto, eres Izmi, el asesino que enviaron los imperiales. Yo soy Amund, el consejero del sátrapa-Se presento el hombre con un humilde gesto de inclinación.

    El asesino se sorprendió ante esto y hecho una risa. La misma mano derecha de su señor colaborando con los imperiales para quitarlo del camino. Esto le gusto a Izmi.

    -Ven, vamos Izmi. Tenemos una reunión en poco tiempo, apuremos el paso si no queremos llegar tarde.




    La noche ya había caído en toda la ciudad de Gidish, los guardias comenzaban a patrullar por las calles en busca de algún crimen o algo sospechoso en lo que las fuerzas del orden pudieran intervenir. No obstante no se percataron del peligro que asechaba al rey en una de las numerosas casas de toda la urbe. Ahí se encontraban Izmi en medio de una habitación vacía iluminada únicamente por velas en medio del suelo junto con su contacto y otros dos sujetos extraños que desconocía por completo.

    Estos dos individuos vestían con ropa que parecía pertenecer a la clase sacerdotal. Eran un hombre mayor y una joven mujer de ojos verdes. El viejo traía consigo varios ornamentos de símbolos religiosos en la ropa y en mano nada más que un báculo de oro con una joya redonda en la punta, la chica por su parte estaba equipada con una cota de mallas en todo el torso y dos cimitarras envainadas en la espalda. Un sacerdote y su guardiana.

    -¿Este es el asesino de los imperiales?-Pregunto dudoso el viejo monje.

    -Así es-Contesto Amund por Izmi-, es el asesino de los imperiales.

    -Yo soy el asesino del que tanto hablan, señor. El mismo asesino que matara al sátrapa de esta ciudad-Anuncio el dorua seguro de su mismo con un tono arrogante.

    El hombre no dijo nada, tan solo se quedo mirando con un poco de desprecio al elfo oscuro, no se fiaba para nada de el. La chica en cambio lo percibía como una amenaza, no le agradaba para nada.

    -Izmi, ellos dos son el sacerdote supremo Oman y su guardiana-Presento el consejero a aquellos dos individuos.

    -Y bien ¿Qué hacemos ahora? ¿Vamos a tomarnos una cerveza o planearemos como matar a un monarca?-Preguntó sarcásticamente Izmi.

    -Si, si. Los estaba presentando. Ahora comenzábamos.

    -Muy bien, odio perder el tiempo.

    -No me parece fiable-Le susurro al odio del monje la guardiana.

    -¿Qué no soy que?-Preguntó enojado Izmi al sentirlos hablar de el, no escucho muy bien que fue lo que dijeron, pero supo que no fue nada bueno

    -Por favor cálmense, estamos todos del mismo bando. No hay que pelearnos entre nosotros, mantengamos la calma-Intentaba Amund tranquilizarlos a todos.

    -Tengo una duda-Dijo Izmi-¿Por qué el sumo sacerdote quiere ver muerto al sátrapa? Se perfectamente que Amund lo hace por dinero y poder ¿Pero que ganas tu?

    -Elfo, más bien deberías de preguntar que es lo que ganamos nosotros-Corrigió el anciano-. Lo que hago es por mi pueblo, intento protegerlos de la ira de los dioses, pues Hudum piensa cometer herejía, es un necio.

    <<Puede que tu no lo sepas extranjero, pero en nuestras tierras las hijas vírgenes de los sátrapas acostumbran a ser nombradas sacerdotisas de suma importancia por sus propios padres. Hudum dentro de unos días nombrara a su hija como es costumbre, sacerdotisa en el templo frente a los ojos de los dioses. Y es aquí donde el negligente monarca piensa hacer de las suyas sin importarle una mierda nada, no le importa faltarle el respeto a los dioses y a nuestra gente. Pues veras. ¡La hija de Hudum no es virgen y aun así piensa nombrarla! Se encamo con un vasallo cediendo ante su lujuria y bajos instintos, normalmente con ello no tendríamos mucho problema ¡Pero es que esta mujer va a ser sacerdotisa! ¿Qué ejemplo puede dar? ¿Qué moralidad puede predicar? Esto es una grave ofensa a los dioses, una herejía inconcebible. Debemos matar al sátrapa antes de que se cometa tal crimen, de lo contrario la ira de los dioses caerá sobre nosotros, sufriremos las peores calumnias.

    <<Aunque no me guste para nada recurrir a los imperiales que veneran a sus falsos dioses es necesario, necesario para salvar a toda Gidish de la corrupción y la necedad de Hudum.

    -Bueno, pero a mí me importa una mierda esta ciudad y tu gente. Por mi los dioses podrían borrarla del mapa después de que me vaya de aquí. Me importa muy poco si Hudum quiere nombrar sucesor a su caballo-Expresó su opinión el asesino.

    Inmediatamente el anciano se escandalizo al oír al asesino.

    -¿Cómo osas pronunciar tales palabras? ¡Hereje!-Grito el sacerdote al mismo tiempo que su protectora miraba con mucho asco al elfo oscuro- Que los dioses te castiguen en esta vida y en la próxima.

    -Espere sacerdote supremo, el que habla en nombre de los dioses. No nos precipitemos, tenemos que colaborar con Izmi si queremos deshacernos del sátrapa-Intento Amund calmar al hombre mayor.

    El sacerdote suspiro con fastidio un poco mas calmado, pero todavía estando enojado por las insultantes palabras del asesino.

    -Colaborare para acabar con este necio hereje que tenemos como señor, pero no por ello me callare ante la poca cortesía y sensatez de este idiota. Puedo soportar torturas y calumnias, sin embargo no puedo soportar esta falta de respeto. Por mi parte no le dirigiré de ahora en mas una sola de mis palabras a este elfo-Manifestó el sacerdote.

    -Bah, no me importa-Dijo el dorua con poca consideración de su parte-. Ustedes tan solo díganme como puedo matar al sátrapa, lo mato, me pagan y me voy de aquí.

    -Perfecto, estamos todos en paz jajaja-Rió nerviosamente Amund sin que nadie mas en la habitación lo hiciera. Hizo una breve pausa, con un pesado e incomodo silencio, acto seguido le dirigió la palabra al elfo oscuro- Bien Izmi, veras. Hudum vive enclaustrado en su majestuoso palacio, casi nunca sale de el, solo cuando se requiere su presencia para ritos religiosos o por asuntos diplomáticos con otras satrapias. Casi todo el tiempo se divierte con su harem de mujeres, no pasa ni un solo segundo que este lejos de sus esposas que le proporcionan toda clase de diversión, no sale mucho de su habitación. Odia mucho, pero mucho ser molestado. Casi nunca nadie del palacio lo ve, tan solo yo algunas veces y sus sirvientes que le llevan la comida.

    <<Su habitación esta fortificada. Una puerta de hierro, una sola ventana vasta y grande es la única salida al exterior, pero esta a gran altura, muy difícil de alcanzar. Fuera del cuarto hay dos guardias custodiando la entrada principal y uno que patrulla constantemente el pasillo yendo de acá para allá. Todos y cada uno de ellos están muy bien armados y equipados, ni se diga del entrenamiento que posee. El resto del palacio esta repleto de guardianes y soldados de igual calibre, tanto en el exterior como en el interior. Cada esquina cuenta con al menos una persona muy bien armada. Se necesitaría un ejército y varios días de asedio para atravesar como mínimo una simple puerta de madera.

    -Vaya… ni siquiera el mismísimo emperador esta así de bien protegido-Comento Izmi.

    -El palacio entero posee tres plantas, esta cubierto por una muralla de gran altura-Continuo Amund explicando-, cuenta con un gran patio en el cual es muy difícil no ser visto, incluso de noche, luego esta la entrada principal con una puerta de hierro reforzada, le sigue la sala principal que es toda la planta baja. Arriba, subiendo las escaleras esta lleno de pequeñas salas y habitaciones que poseen diferentes funciones como almacenes, dormitorios, cámaras de reuniones, etcétera. Por ultimo, el segundo piso que tiene forma de campana con una estatua de oro de la diosa Namoth en la punta, es solo la habitación personal del sátrapa.

    <<Todo el palacio esta bien protegido como comente con anterioridad; pocas ventanas, tan angostas que apenas si pasa un simple ave, y hay solo una escalera que conecta el primer piso con la sala principal, igual de angosto. Es imposible que alguien se cuele.

    -¿Y como voy a pasar?-Pregunto Izmi con incertidumbre.

    -Con esto-Mostró Amund al dorua un amuleto que saco de entre sus vestimentas.

    Tal amuleto era feo, horrible, pareciera que fue hecho por un idiota que no tenía idea alguna de lo que estaba haciendo. Era una simple bola pequeña de metal con un pedazo de piedra de color brillante la cual difícilmente podría ser una gema. El elfo oscuro no supo que decir al respecto ante tal mamarracho.

    -No es lo que aparenta Izmi-Dijo Amund con toda seguridad-. Este horrible collar esta encantado, quien lo porta en el cuello se vuelve invisible y sus pasos son inaudibles.

    -Déjame probar si es cierto lo que dices, por la apariencia que tiene más bien diría que me convierte en algo amorfo.

    Amund le pasó el collar al asesino, se lo puso en el cuello e inmediatamente desapareció de la vista de todos. Se lo quito enseguida comprobando que el amuleto si lo hacia invisible. Izmi sonrió con malicia.

    -Bueno, bueno. Esto lo hará mucho más fácil. Hay un sátrapa al cual matar.



    Gidish en mitad de la noche apenas si estaba iluminada. La oscuridad dominaba las calles de la metrópoli, apenas a estas horas si se encontraban individuos deambulando por ahí, únicamente los guardias y soldados recorrían la ciudad iluminando sus pasos con antorchas. El cielo de la noche era precioso, podían verse todas y cada una de las estrellas de la galaxia, aquel cielo estrellado era el mapa de los viajeros, los astros servían como guía para los viajeros y se construían gloriosos monumentos que trataban de estar alineadas con ellas.

    La gente descansaba en sus casas, la mayoría lo hacia en las azoteas, pues el clima era bastante caluroso y dormir al aire libre refrescaba.

    El palacio del sátrapa estaba iluminado por las innumerables antorchas que había por todo el lugar, tanto adentro como afuera del perímetro que marcaban las murallas. Había como al menos siete guardias patrullando por todo el patio y los que vigilaban arriba del muro iban acompañado por una pareja. Uno armado con un arco y otro que iluminaba y que prendía fuego las flechas. Al frente de las puertas se encontraba Izmi con el amuleto que lo volvía invisible puesto en su cuello.

    El asesino era prácticamente como si no existiera, nadie podía verlo y su cuerpo no generaba sombra alguna, sumado también a que sus pasos no producían sonido. Mancharlo con algo no serviría de nada, pues cualquier cosa que tuviera contacto con el desaparecería de la vista. No corría riesgo alguno si su ropa se manchaba con sangre.

    El sátrapa no sabría que fue lo que lo mato.

    Tal hecho le provocaba una sonrisa siniestra en los labios del elfo oscuro, el solo imaginarse eso le producía mucha gracia.

    Estuvo parado al menos veinte minutos frente a las puertas del palacio, esperando que se abrieran las puertas, pues, Amund le informó que a altas horas de la noche llegara un cargamento con provisiones para todo el castillo. La oportunidad perfecta para que Izmi se colara.

    Luego de media hora llegó el cargamento esperado en varias carretillas custodiadas por una decena de soldados. Izmi arqueo la ceja ante esto, pues comprobó que estos tipos se tomaban la seguridad muy enserio, pensó que el sátrapa que debía asesinar era un lunático que se sentía perseguido por cualquier cosa. El elfo oscuro pensó entonces que el regente debía de ejecutar a cualquiera por la mas minima sospecha, pero no se preocupó mucho por ese hecho, pues, le importaba lo mismo que un grano de arroz la vida de su victima

    Se abrieron los inmensos portones, las carretas entraron. Izmi aprovechó y ágilmente se coló dentro sin que nadie se percatase de su existencia. Atravesó rápidamente el patio entero hasta llegar a la entrada custodiada por dos guardias a los lados, golpeó con una patada la puerta, ambos guardias se sorprendieron al presenciar tal cosa, se miraron entre ellos confundidos ¿Qué fue lo que paso? Inmediatamente un soldado del interior abrió la puerta y salió preguntándole a los custodias del exterior.

    -¿Qué sucede?

    -No, no sucede nada-Respondió uno de los guardias-. La puerta se golpe sola.

    -¿La puerta se golpeo sola? ¿Acaso eres imbécil? Tomate esto enserio, protegemos al rey. Que no se te olvide.

    Inmediatamente cerro la puerta sin darse cuenta que un invitado no deseado se había colado dentro.

    La planta inferior del palacio dejo atónito al asesino, pues toda esta inmensa sala era digna de un museo lleno de piezas de arte que fascinaría a cualquier erudito.

    Las paredes decoradas con escenas de grandes acontecimientos mitológicos e historias, detalladas hasta el más mínimo detalle como los rostros de los dibujos. Pilares y columnas con diseños semejantes a los de palmeras perfectamente ornamentadas, estatuas de grandes figuras históricas y de dioses omnipotentes, tablillas y escritos antiguos de tiempos remotos y una barca en mitad de la sala en perfecta condiciones. Era de las mismas barcas que se usaban para recorrer por todo el Teufratés como el principal medio de transporte en la región. Lo que diferenciaba a esta barca de otras es que esta estaba hecha totalmente de oro.

    Izmi había quedado maravillado con todo esto, no podía creer que estuviera delante de tales bellezas. De cierta manera envidiaba al sátrapa por ser dueño de esta magnifica colección de antigüedades y tesoros, pero por otro lado le gustaba mucho no ser el, pues, no le fascinaba ser asesinado por un canalla como el.

    Después de tomarse la libertad de admirar por completo todas y cada una de las maravillas que se encontraban en la planta inferior prosiguió a subir al primer piso del palacio. Ascendió por la única escalera que llevaba hasta arriba, aquella pequeña y angosta escalera por la cual solo cabe un hombre. No le fue muy difícil subir, pues para su suerte el elfo oscuro era bastante delgado y nadie le bloqueaba el paso, por lo que pasó sin mucha dificultad mas allá de la molestia que le suponía el poco espacio entre las paredes.

    El elfo oscuro una vez pasó por las escaleras, no pasó por ningún inconveniente el explorar el primer piso. Registró todas y cada una de las habitaciones por seguridad y entro en todas y cada una de ellas a darles un vistazo para después de salir. La mayoría eran cuartos en donde dormían los guardias y sirvientes del palacio, aparte de uno que otro almacén, la cocina y algunas salas de reuniones. No encontró nada interesante en ellas, salvo en la última que reviso, en donde se encontraban dos mujeres que formaban parte del harem de Hudum. Ambas se encontraban bañándose y aseando sus cuerpos, preparándose para su encuentro con el sátrapa. Izmi se quedo un rato mirando con mucho gusto y deleite, nunca antes en su vida había sido tan dichoso de colarse en un palacio.

    Una vez que Izmi acabó y las dos mujeres se terminaran de arreglarse y que salieran del cuarto con sus ropas de danzarinas, las siguió hasta el segundo piso. El cuarto personal del sátrapa.

    Dos guardias custodiaban la entrada y uno patrullaba por el pasillo donde se encontraba y la puerta era de hierro que describía Amund. Ambos soldados les abrieron el paso a las esclavas e Izmi aprovechó para entrar rápidamente antes de que cerraran las puertas.

    Finalmente, finalmente estaba en la lujosa habitación de su victima.

    Una sola y gigantesca ventana que dejaba ver una asombrosa vista de toda la basta ciudad y el enorme y hermoso cielo estrellado. El cuarto entero estaba lleno de lujos y comodidades dignas de cualquier regente. Sillones de cuero y madera, muebles hechos únicamente con marfil, una alfombra con el diseño del sol, adornos y ornamentos hechos de oro colgados en las paredes, sabanas de seda y una armadura hecha de placas entera hecha de acero. Izmi ahora mismo estaba en la habitación más lujosa de todo Urkum.

    Delante de el se encontraba el sátrapa en persona, el regente supremo de Gidish, el enemigo y opositor del imperio, el hereje necio que describía el sacerdote. La victima de Izmi.

    Era un hombre de piel morena, estaba hinchado de músculos y era calvo. No vestía con nada, estaba desnudo, dejando lucir su esplendoro cuerpo digno de cualquier dios, no obstante, traía consigo varios collares de oro y plata colgados por todo el cuello. Lo más destacable de su figura era ese extraño y pequeño triangulo dado vuelta que tenia en medio de la frente, justo arriba de la nariz. Hudum se encontraba acostado con varias concubinas al lado suyo y otras esclavas bailando frente a el. Todas esas mujeres se mostraban ya cansadas, mientras que el sátrapa por su parte rebosaba de energía como para no dormir por varios días.

    Izmi se acomodo en una esquina de la habitación a observar las bailarinas danzar esperando el momento justo para asesinar al rey. De repente Hudum fijo la vista en el lugar exacto donde se encontraba el elfo oscuro, no dejaba de mirar ese lugar poniendo muy incomodo al dorua hasta el punto de llegarse a preguntar si lo habían descubierto. De un momento a otro el sátrapa se levanto de su cama y salió de su habitación hacia fuera. Izmi lo siguió.

    Los guardias de afuera le preguntaron si podían acompañar a su rey, este respondió que querría andar solo por su palacio, así que comenzó a caminar tranquilamente por los pasillos sin compañía alguna. La oportunidad perfecta para el elfo oscuro, no podía creerse lo que estaba pasando, su victima se estaba regalando por completo al cometer tal estupidez. Al dorua se le dibujaba una sonrisa de alegría en el rostro, no podía ser más fácil porque directamente no podía serlo.
    El sátrapa comenzó a dar vueltas por todos los cuartos y pasillos sin dirección alguna, solo paseaba sin rumbo alguno ¿A dónde quería llegar? Se preguntaba el asesino ya ansioso por quitarle la vida. Caminó hasta una ventana y se apoyo en ella para ver sus inmensos dominios, poniéndose de espaldas para el asesino que lo seguía. Izmi ante esto desenvaino su arma y se preparar para asestar un mortal golpe, pero antes de que pudiera dar un solo paso el sátrapa habló.

    -Ya me preguntaba cuanto tardaría el imperio para intentar deshacerse de mí.

    Inmediatamente al escuchar estas palabras el corazón de Izmi se paralizo quedando completamente atónito.

    <<¿Acaso se dio cuenta todo este tiempo que lo estaba siguiendo? ¿Estaba jugando conmigo?>> Se preguntó el dorua.

    -Pero para desgracia de esas sucias lagartijas hoy no moriré-Dijo Hudum mientras se daba la vuelta poniéndose enfrente del asesino invisible-, en cambio, tu si.

    De repente los pies de Hudum se alzaron del suelo, comenzó a levitar ligeramente y extendió sus brazos en ambas direcciones. Su cuerpo entero se prendió en llamas, aquel fuego que desprendía de su piel no le hacia daño alguno, ilumino todo el pasillo con su fulgor. Extendió la mano apuntando al asesino y de su palma salió disparada una bola de fuego como si supiera la posición exacta de su enemigo. Izmi velozmente la esquivo corriéndose para un lado, logrando apenas que no le diera. El ataque impacto contra la pared opuesta del pasillo reventándola en una fuerte explosión, alertando a todos en el palacio gracias al potente sonido que resonó en toda la ciudad y dejando un agujero gigantesco en toda la pared directo al enorme patio de castillo.

    El dorua rápidamente desenvaino su cuchillo y lo lanzó contra Hudum apuntando directo a la frente. A los pocos centímetros que el arma se separo de Izmi esta se hizo visible, mostrando con ello la ubicación de donde la lanzó. La daga salio disparada velozmente, no obstante, pese a su velocidad no pudo llegar a impactar contra la carne del sátrapa, pues este con el ardiente calor sus llamas la fundió por completo el arma del elfo oscuro.

    -Ahora te toca a ti ser carbonizado-Amenazó el rey al asesino.

    Sin mover un solo dedo un manto gigantesco de llamas comenzó por cubrir todo el pasillo en donde se encontraban, Izmi rápidamente movió sus piernas y emprendió la fuga directo al hoyo causado por el rey. Corrió lo más rápido que pudo, con el fuego pisándole los talones y amenazando con convertir todo su cuerpo en cenizas, aquellas brasas estaban a pocos centímetros de tocarlo. La invisibilidad que le otorgaba el collar no servia de nada en esta situación, poco importaba que ni una mosca pudiera verlo, si el fuego lo alcanzaba seria su fin. Atravesó velozmente todo el pasillo en segundos con la velocidad digna de un felino y cuando estuvo delante del inmenso agujero en la pared salto por el. La caída al suelo no fue nada bonita, lo dejo completamente adolorido, pero nada que le impidiera moverse.

    No había guardias en el pasillo, todos habían entrado al palacio al ser testigos de la explosión, querían asegurar el bienestar de su rey. Izmi atravesó el patio con una veloz carrera hasta una de las torres de la muralla, subió a ella por las escaleras y se volvió a lanzar al suelo fuera del palacio, entonces huyo lo más rápido que pudo.

    Unos cuantos guardias encontraron al sátrapa desnudo en mitad del pasillo parado como si nada hubiera sucedido.

    -¡Señor! ¿Se encuentra bien?-Pregunto uno de los soldados con mucha preocupación.

    -Por supuesto, nada que temer-Contesto Hudum-. Solo acabo de ahuyentar a un asesino, nada más.

    Inmediatamente el rey se retiro a sus aposentos para seguir disfrutando de sus mujeres.



    Un mes había pasado de aquel intento fallido por asesinar al sátrapa. Izmi durante ese tiempo tuvo que desaparecer, aunque ni el mismísimo rey lo vio no podía correr riesgos de ser atrapada y echar a perder su misión. El elfo oscuro se refugio en la ciudad de Nuppar, aliada de los imperiales y la principal urbe enemistada con Gidish. Allá se encontró con varios oficiales del imperio e informo su fracaso.

    Un mes después Izmi, Amund y el sacerdote supremo volvieron a encontrarse en la ciudad de Gidish en mitad de la noche en una casa de las periferias de la ciudad. Ahí discutirían como llevar a cabo el plan para quitar del camino a Hudum, pues el nombramiento de su hija para ser sacerdotisa ya se aproximaba.

    -¿Cómo te descubrió Hudum si eras invisible?-Preguntó Amund muy confundido.

    -No tengo ni la mas minima idea, el hijo de puta se dio cuenta que estaba ahí desde que entre en el palacio-Respondió Izmi molesto y enojado por no poder cumplir su objetivo-. Al parecer el desgraciado es un mago.

    -Por su puesto que Hudum es un mago, puede detectar la magia que emite el collar-Dijo el sacerdote-. Yo mismo lo entrene en las artes mágicas. Le enseñe todo lo que sabe.

    Izmi se quedo completamente indignado ante esto, estaba molesto, muy molesto. Supo que el sacerdote había omitido aquella valiosa información a propósito. Sabia perfectamente que el viejo canalla no lo quería, de hecho, lo odiaba. No solo por ser un elfo oscuro, también por trabajar para los imperiales. Junto con eso y por la omisión de información o la ausencia de al menos una advertencia lo que hizo que Izmi le lanzara una mirada de odio al sacerdote.

    -Viejo de mierda-Insulto Izmi al sacerdote con bastante rabio lanzando un gruñido de irritación- ¿Acaso tienes idea de que saber ese gran dato me habría sido de utilidad para matar al sátrapa, el mismo que quiere “cometer herejía”? ¿Sabias que si ahora estuviera muerto no seria capaz de nombrar a su hija como sacerdotisa? ¿Acaso lo sabias viejito?

    -Lo lamento, si no hubieras dicho esa blasfemia los dioses hubieran guiado tu camino para arrebatarle la vida a ese necio-Contesto el monje sin turbarse ni un poco.

    Izmi no hizo más que simplemente suspirar con fastidio. Quería darle un puñetazo en el rostro en esos mismos instantes, justo para después abrirle las entrañas por presentar aquel argumento, pero no podía. Sabía muy bien que tenia que controlarse, de lo contrario no podría acabar con este trabajo. Tendría que ser condescendiente en esta ocasión por más que le molestase mucho.

    <<No importa, cuando acabe esto ese viejo será hombre muerto>>Pensó Izmi impaciente.

    -Sabes, me disculpo, no quise cometer blasfemia. Temo que por mi poco entendimiento por su venerable y respetable cultura hable sin saber. Pido disculpas desde lo más profundo de mi corazón-Se disculpó Izmi falsamente con el anciano esperando que se tragara las patrañas que acababa de decir.

    -Muy bien, eso quería oír-Aceptó el sacerdote.

    -Gracias por aceptar mis disculpas.

    -¿Ahora como hacemos para matar al sátrapa?-Pregunto Amund- Mañana por la mañana Hudum nombrara a su hija sacerdotisa ante los ojos de toda la ciudad y los dioses. Después de eso entrara en la cámara mas profunda del templo para realizar el ritual. Con eso y que Hudum es un mago y detecta toda magia lo tenemos muy difícil para asesinarlo.

    -Que Hudum sea un mago no es ningún problema-Aseguró el sacerdote con mucha confianza-Dudo que con esto sea capaz de hacer siquiera un pequeño hechizo.

    Entonces de sus ropajes el sacerdote sacó una daga mostrándola a los demás, aquella arma dejo completamente anonadado a Izmi con tan solo verla.

    Esta daga tenia un mango de marfil con incrustaciones de gemas en el pomo, junto con un filo con forma de serpiente hecho de jade. Una daga antimagos.

    -¿Co… como conseguiste eso?-Preguntó Izmi estupefacto al ver la daga.

    -No es de tu incumbencia elfo-Contestó el sacerdote sin intenciones de revelar sus secretos.

    -¿Qué es esa daga?-Preguntó Amund desde la ignorancia.

    -Es una daga antimagos-Respondió la mujer protectora del monje-, una daga muy rara de conseguir. Existen pocas en el mundo, es por ello que algunos creen que son solo un mito más. No sabemos muy bien de donde provienen, pero las clanes de los elfos oscuros solían tener muchas de estas.

    <<Esta arma es especial para combatir a un usuario de magia, pues si su filo corta la carne del mago este no podrá liberar sus poderes por unas cuantas horas. Queda maldito sin su bendición de los dioses. Con esto mataremos a Hudum.

    De pronto Izmi sonrió con malicia.
    -Hudum esta acabado jajajajaja-Rió con descaro.

    -Bueno, ya tenemos la solución frente a sus poderes, no obstante seguimos teniendo otro problema ¿Como hacemos para acercarnos a el?-Preguntó Hudum- Estará todo el rato pegado con sus guardias y en la cámara no podremos entrar.

    -Eso déjamelo a mi-Dijo el sacerdote con una solución.



    La urbe de Gidish se encontraba festejando el nombramiento de la nueva sacerdotisa, la hija del sátrapa Hudum.

    Era medio día, el clima estaba soleado y no había ni una sola nube en el cielo, hacia bastante calor. Casi toda la ciudad se encontraba frente al gran templo que llegaba hasta el hogar de los dioses. Se sacrificaron diferentes animales y se ofrecieron miles de regalos.

    Frente a toda aquella multitud se encontraba la hija de Hudum, la recién nombrada sacerdotisa, vestida con una toga que únicamente cubría sus piernas, teniendo los pechos descubiertos. Su cabello era largo y ondulado, poseía un color moreno similar al de su piel, pero mucho más oscuro. En su mano derecha sostenía un cristal de cuarzo, mientras que en la izquierda tenia una copa de vino. Sorbió de ella y alzo el cristal una vez termino, acto seguido debía de tomar el disco de obsidiana que flotaba en el obelisco, una vez lo toco con sus manos una intensa energía fluyo através de todo su cuerpo, dándole con ello una increíble cantidad de poder, poder que usaría para hablar por los dioses y cumplir su voluntad en la tierra. Al lado suyo estaban su padre el rey y el sacerdote supremo haciendo acto de presencia y otorgándole sus bendiciones personales.

    La multitud festejaba y aclamaba a la mujer. A partir de ahora era la representante de los dioses en la tierra, los divinos la habían escogido para que llevase sus voces allá donde la mujer fuere. O eso es lo que pensaba el pueblo.

    Hudum había forzado y amenazado a todo el clero para nombrar a su hija como sacerdotisa para legitimizar su poder. Esto no agrado para nada al sacerdocio. Pronto el necio de Hudum recibiría su castigo.

    Una vez acabo la presentación la nueva sacerdotisa, el sátrapa y el sacerdote supremo entraron en el interior de la torre, dirigiéndose a la cámara mas profunda de esta. Ahí es donde la hija de Hudum verdaderamente seria nombrada sacerdotisa del templo y los dioses.

    Entraron en la cámara. Era un salón entero oscuro iluminado por bolas de luz que flotaban a la deriva sin dirección alguna. En medio de la sala se encontraban las estatuas de los tres dioses principales. Muroth, Cirit y Namot. Aquellas esculturas se encontraban frente a un pequeño estanque de agua cristalina, en donde flotaban muchas flores y de donde surgían aquellas bolas de luz.

    Tal ritual consistía en sumergirse en el estanque y recitar unas oraciones ante los dioses, luego de ello las bolas de luz en toda la cámara se acercarían a la sacerdotisa bendiciéndola con el favor de los dioses.

    Dos sujetos tapados con túnicas blancas los esperaban dentro. No se veían sus rostros, pues también estaban cubiertas con aquellas túnicas, de hecho todo su cuerpo estaban encubiertos, no se le veían ni los dedos.

    Aquellos dos hombres acercaron a la nueva sacerdotisa hasta el estanque y le quitaron aquella toga desnudándola. Ella entro junto con aquel sujeto para empezar el largo y prolongado ritual, pero tal cosa nunca sucedería.

    El hombre la tomó de los pelos y uno de sus, y con su fuerza la sometió rápidamente tratando se sumergir su cabeza en el agua para intentar ahogarla. Hudum reacciono sorprendido e inmensamente preocupado ante esto, corrió para defender a su hija, su cuerpo entero se estaba por prender en llamas para castigar a aquel agresor, pero antes de que tal cosa sucediera el sátrapa recibió un ataque por detrás. El filo de una daga se clavo en su espalda, tan daga estaba hecha de jade y marfil. Hudum expreso dolor lanzando un pequeño grito que resonó en toda la cámara, no obstante, no dejaría que por nada del mundo mataran a su hija. Desataría todos sus poderes para acabar con estos traidores.

    -¡Hijos de puta!-Exclamo el sátrapa.

    Se aparto del atacante dándose la vuelta y empujándolo. Con una inmensa rabia gruño tratando de liberar todo su fuego, pero nada ocurrió. No salió ni una mísera chispa. Hudum con cara de incrédulo se preguntó con mucha confusión que era lo que estaba ocurriendo ¿Por qué sus poderes no salían? Pero antes siquiera de que pudiera expresar su perplejidad mediante palabras el rey recibió numerosos y rápidos ataques del sujeto con la tunica blanca que le causaron diversas heridas de muerte en todo el cuerpo de forma tan ágil que no pudo procesar que fue lo que paso. Una vez tendido en el suelo moribundo y ensangrentado completamente el hombre finalizo la vida del sátrapa con una patada en la cabeza que lo mató.

    La sacerdotisa por su parte trataba de huir retorciéndose y pataleando, pero en vano. El otro hombre con la tunica blanca no la dejaba huir. Momentos después dejo de moverse y el sujeto la soltó, dejando que su cadáver flotara en el estanque.

    -Jajjajaja-Rió Izmi de placer quitándose la tunica blanca de encima-. Al fin termine con esto y maté a ese hijo de puta, ahora solo me queda recibir esa jugosa paga.

    -No lo creo elfo-Dijo el sacerdote.

    -¿Qué estas diciendo?-Pregunto el asesino con tono amenazante.

    -Tu destino será igual que el de Hudum y su hija.

    Izmi no hizo más que carcajear ante estas palabras burlándose del viejo.

    -Escúchame decrepito. Soy yo quien tiene la daga en mano, entonces a menos que quieras morir me sacaras de esta ciudad de mierda y no me volverás a amenazar. De lo contrario serás tu quien termine como el pobre idiota que esta tendido en ese charco de sangre ¿Me entiendes?

    -Si, tu tienes la daga ¿Y que? Yo tengo toda una ciudad entera a mi disposición, toda una guarnición de guardias y soldados, y una turba furiosa que lincharan al asesino de la sacerdotisa y el rey. De aquí no sales elfo, hubieras elegido mejor tus palabras a la hora que cometiste blasfemia delante de mi.

    -Basta de esta mierda.

    Izmi estuvo a punto lanzase contra el viejo sacerdote para matarlo, pero fue incapaz. Su cuerpo entero se encontraba paralizado, no era capaz de mover un músculo. El elfo oscuro se atemorizo, tuvo la misma sensación de impotencia que experimento Hudum cuando le quitaron sus poderes.

    -¿Q… que esta pasando?-Se preguntó Izmi confundido.

    -Estas a punto de morir como un cerdo, como lo que eres asesino ¿Acaso creíste que podías venir a mi ciudad desprendiendo toda esa arrogancia? Sucia escoria imperial.

    <<Amund será ejecutado por conspiración y regicidio. Ahora sin Hudum y su hija en mi camino esta ciudad es mía, yo al mando sacare a todos los imperiales de Dumidia. No dejare que ustedes contaminen esta tierra con su asquerosa corrupción y falsos dioses. Ya no te necesito para nada elfo, ahora puedes morir.

    El otro sujeto se quito la tunica presentándose como la guardiana del sacerdote. Era ella la que impedía que el dorua pudiera moverse, pues sus ojos verdes brillaban con una intensa luz. Se acerco hasta el asesino, desenvaino sus armas y lo decapito de un solo tajo.

    Izmi termino como su victima, muriendo con impotencia.
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  4. Cuatro, cuatro eran aquellos desdichados que fueron contratados por lo imperiales para asesinar a esa bestia inhumana que no conocía la derrota ni la compasión. Cuatro fueron los contratados para asesinar a un vampiro, a un vampiro de agua.

    Objetivo: Amadeo Octavio alias “El vampiro de agua”

    Apariencia: Humano de sexo masculino de 34 años de edad, color de piel caucásico y con una larga cabellera rubia encrespada.

    Habilidad: Manejo avanzado sobre la magia y todas las ventajas que conlleva el vampirismo sobre un individuo. El sujeto esta clasificado como un vampiro del tipo 2: Regeneración acelerada de las células y control sobre partes de su cuerpo.

    Nivel de peligro: Alto. Se requiere de individuos altamente experimentados y con control sobre la magia. El sujeto es capaz de matar a todo un escuadrón de soldados imperiales bien capacitados el solo, además de también puede hacerle frente a varios magos y asesinarlos. Puede poner en grave riesgo a toda una ciudad de mediano tamaño.

    Última vez visto: A las cercanías de la ciudad de Uxmal.

    Recompensa: 5100 tajaderas vivo, 10200 muerto.

    Firma: El capitán imperial Nahuelcoh.
    Era ya el atardecer en mitad de la selva de los reinos del este, el territorio de los hombres reptil, los anunakis. Cuatro jinetes se cruzaban en mitad de un camino empedrado que llevaba directo a la gran ciudad de Uxmal, el centro comercial y religioso del centro del continente.

    Un intimidante cazador cubierto con una vestimenta negra junto con una bufanda y un sombrero que únicamente dejaba a la vista sus insípidos ojos rojos que no mostraban interés por absolutamente nada, salvo quizás por exterminar la escoria de este mundo. Un alegre caballero de mediana edad junto con su joven escudero que llevaban encima armaduras con estandartes de los reinos humanos, buscando propagar los ideales del bien y la justicia allá por donde pasasen. Y finalmente una cruda mercenario orco cubierta por decenas de cicatrices por toda su piel equipada con una chaqueta de cuero, deseosa por la mas minima moneda de oro que cualquier postor le podía ofrecer.

    Ya estaba oscureciendo y el cielo se estaba nublando, a la par que soplaba un viento frío y húmedo. Se avecinaba una calmada llovizna de verano.

    El cazador al ver a los otros tres jinetes cerro los ojos y gruño con fastidio, supo inmediatamente que tendría que compartir la recompensa que ofrecían por su presa, y aun peor. Tendría que socializar con otras personas.

    El caballero lanzo una fuerte carcajada llena de alegría y jovialidad.

    -¡Que buenas verte Mitrin!-Declaro el paladín con mucho gusto-¡Y a ti también Agnezka! ¡Cuánto tiempo sin verlos a los dos! ¡Que gran casualidad verlos a ambos justo en el mismo camino! ¿Cómo les ha ido?

    -¡Pero mira tu, pero mira tu! No esperaba encontrarme por aquí al famoso caballero de los reinos del oeste-Dijo la orco con mucha sorpresa de su parte- ¿Qué haces tú por aquí? Esto no son los brillantes bosques de Nothrim y mucho menos las praderas de Corsadez ¿Me imagino que bienes por el famoso “vampiro de agua”? ¿No es así?-Supuso la mercenario con una sonrisa picarona en su rostro.

    -Así es-Respondió el caballero-, he salido de los reinos del norte únicamente por aquel peligroso “vampiro de agua”. Oí que hizo cosas terribles: Masacro a cuanto soldado imperial se topara en medio, profano santuarios e iglesias, aterrorizo a cada una de las ciudades de los anunakis y mato a mucha gente inocente junto con aquellos que querían detener sus malvadas fechorías. Incluso llegue a escuchar que quería subir a la montaña Kara para entrar en el templo del cielo e iniciar una matanza, pero gracias a todo lo que es bueno y correcto, los monjes lograron darle una paliza y correrlo. Ahora estoy aquí tras el para pararle los pies y asegurarme de acabar de una vez por todas sus criminales actos. Y tu Agnezka ¿Estas por lo mismo?

    -Mas o menos. Voy por la recompensa que los imperiales ofrecen por el. Diez mil tajaderas-Dijo Agnezka emocionada con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro- . Casi me caigo de la silla en el bar que estaba cuando escuche lo que ofrecían por el vampiro. Me encargare de aplastarle la cabeza con mi maza y despedazarlo entero para poder gozar de ese exquisito dinero. Quizá me compre una hermosa residencia en la ciudad imperial, o puede que quizás me lo gaste todo en un festín de primera calidad.

    En mitad de aquel parloteo del cual el cazador no era participe el mismo decidió apartarse y seguir con su camino sin que los demás se dieran cuenta de su ausencia, pues tal cosa seria mucho mejor para el. Pero antes de desaparecer el caballero humano percibió que el oscuro y tétrico cazador se marchaba.

    -¡Hey Mitrin! ¿A dónde vas?

    El cazador resoplo con mucho fastidio.

    -Lejos de aquí, donde no haya ser vivo que pueda molestarme-Dijo Mitrin con hastío sin ningún pelo en la lengua.

    -Jajajaj-Carcajeo alegre el caballero con una sonrisa en su rostro-. Tan encantador como siempre Mitrin. No hay mujer que pueda resistirse esa actitud de “nada me importa”, las enloquece por completo.

    El cazador no dio respuesta alguna, tan solo miro al paladín con fastidio.

    -Dime Mitrin ¿Bienes por el vampiro de agua?-Pregunto el caballero guiñándole el ojo.

    -¿Tu que crees?-Respondió el cazador de manera cortante.

    -Bueno Mitrin… Hay muchas cosas más que hacer en los reinos del sur que cazar malhechores.

    -Si, como dejar que me piquen los mosquitos.

    El caballero rió ante el sarcasmo de Mitrin. Le causaba mucha gracia. Miro directo al cazador y le regalo una radiante sonrisa mientras le guiñaba el ojo y levantaba el pulgar.

    -No solo deberías de cazar villanos Mitrin, también arrasarías a todos con la comedia en los teatros-Le propuso el paladín.

    El cazador gruño con hastío y desagrado.

    -No se ustedes pero yo tengo un vampiro al cual cazar-Dijo-. Rodolf, si quieres seguir siendo el circo de todos los reinos humanos yo no tengo problema con eso, siempre y cuando yo me encuentre a una nación de distancia de ti. No estoy aquí para chistes ni para impresionar a todos los demás con una entupida sonrisa, estoy aquí para asesinar a un vampiro y eso es lo que voy a hacer. Así que no te entrometas en mi camino ¿Me entiendes?

    Mitrin se dio la vuelta sin dar lugar a respuesta por parte de los demás. Se dirigió directo a la ciudad de Uxmal por el camino empedrado en mitad de la densa y frondosa jungla de los reinos del sur. No tenia ganas alguna de sociabilizar con ningún ser pensante, pues las relaciones sociales le parecían una molestia y una gran perdida de tiempo al tétrico cazador. Las únicas dos cosas que necesitaba en la vida eran la silenciosa y relajante soledad y la bestia en la que iba montada, cualquier otra cosa era un agregado innecesario, no vivía mas que para darle muerte a cualquier cosa que el imperio le pusiera precio. Una forma austera de vivir, pero con la que estaba muy contento y cómodo.

    Al largarse el escudero del paladín puso una cara de asco y exclamo con mucha indignación de su parte.

    -¡Que hombre mas desagradable! Debería de tener mucho mas respeto con el héroe de los reinos del oeste ¿Acaso no sabe con quien esta hablando?

    -Bah, déjalo hijo-Repuso el Rodolf con su perpetua sonrisa-. Mitrin es así, lo conozco muy bien, no le gustan mucho las personas, siempre fue de esa manera. La única compañía que tiene y que quiere tener es la bestia en la que va montado.

    -¿Bestia? Si es un caballo-Aseguro el escudero.

    -Si, es un caballo, pero a veces es un lobo, otras un cuervo o quizás un perro.

    -¿Cómo? No entiendo…

    -Es magia-Entro Agnezka en la conversación-, no se mucho del tema pero se lo necesario como para lidiar con ella y usar unos par de trucos y hechizos. La cosa en la que va montado Mitrin es un invocación o eso creo… no se como funcionan esas cosas, pero se que esa bestia le es cien por ciento fiel a Mitrin. Siempre obedece sus ordenes sin cuestionar y si se lastima Mitrin también lo hace, es como parte de el-Explico la orco sin dar mucho detalle.

    -No tan parte de el-Corrigió el caballero-. En un principio esa cosa no era invocación de Mitrin, de hecho era un ser distinto y ajeno a el, un cachorro de lobo moribundo para ser mas precisos. Hizo algunas cosas con magia, para salvarle la vida lo ato con su espíritu y le dio muchos poderes sobrenaturales como la habilidad de cambiar de forma. Pero como dice Agnezka, cada vez que el animalito se lastima Mitrin sufre daño y viceversa.

    El escudero se quedo callado por unos segundos viendo a su padre directamente a los ojos mientras este sonríe como siempre ante cualquier situación, después volteo la vista por el camino que había tomado y el cazador y bufo con mala cara.

    -Pero no es motivo para faltarle el respeto al campeón de los reinos del norte.

    El paladín no dijo absolutamente nada, solo carcajeo levente y se puso en marcha con su fiel escudero y la avariciosa orco siguiendo directo los pasos de Mitrin, al que no tardaron en alcanzar. El cazador al verlos simplemente suspiro con fastidio y se encogió de hombros. Miro directo a su caballo y lo acaricio suavemente.



    Un joven se encontraba en mitad del bosque en un radiante día. La luz se filtraba entre las hojas de los árboles y lo pájaros cantaban alegremente como era usual. Aquel muchacho de piel pálida y ojos rojos estaba a los pies de un árbol, justo en frente del cadáver de un lobo al lado de sus crías muertas.

    Aquel sujeto tenía a uno de sus cachorros sin vida entre sus manos, lo miraba fijamente con mucha tristeza mientras lagrimabas brotaban de sus ojos. Lo abrazaba con mucho cariño echándose a llorar.

    -No… no…-Susurraba el chico desconsolado por la muerte de aquella cría.

    De pronto lo puso en el suelo justo delante suyo.

    -No… no dejare que mueras, te traeré… te traeré a la vida.

    Dibujó un circulo alrededor del cadáver del animal, otro igual en su pecho, justo donde se encontraba su corazón. Estiro uno de sus brazos y con un cuchillo que traía hizo un tajo en su muñeca de donde emanaron unas gotas de sangre, las cuales cayeron en el cuerpo del pequeño lobo.

    De pronto el corazón del chico se detuvo repentinamente.

    Cayo al suelo agonizando mientras sufría de un severo paro cardiaco el cual no podía detener, pasaron los segundos y su corazón seguía sin latir, sus ojos se cerraban lentamente y perdía la conciencia mientras pensaba únicamente en una sola cosa. Aquella cría de lobo

    Despertó, se encontraba vivo. Estaba todo oscuro, era de noche. La marca que tenia en su corazón se había vuelto parte de su piel, como si hubiera nacido con ella. Pero eso no fue lo que lo dejo completamente anonadado, si no, aquello con lo que tenía delante de sus ojos. Un pequeño cachorro de lobo sentado agitando la cola mirándolo de forma cariñosa.

    El muchacho rompió en lágrimas, inmediatamente abrazo al lobo con una gran sonrisa de felicidad en su rostro.

    Ambos se habían unido para toda la vida.



    Aquellos cuatro jinetes entraron en la grandiosa ciudad de Uxmal dejando sus monturas en el establo público a las cercanías de la entrada, con la excepción del cazador que entro con un peludo perro acompañándolo.

    La ciudad de Uxmal era sin duda alguna la mas grande y esplendorosa ciudad de todo los reinos del este, pues esto se debía a que era un gran centro religioso en toda la región, con mas de cincuenta templos dedicado a la madre tierra y al ser también el ultimo remanente en pie de los tiempos pasados antes de la fundación del imperio. Casi la totalidad de los edificios y estructuras estaban hechos con grandes bloques de piedra tallada casi a la perfección, y con una gigantesca calle principal en mitad de la ciudad que servia como la parte en donde abundaban la mayoría de los comercios, la cual finalizaba frente a un templo mayor construido de forma piramidal.

    Los cuatro mercenarios se alojaron en una taberna a las cercanías de la entrada. El guardia no quiso dejar entrar a Mitrin por que lo acompañaba un perro y en tal establecimiento no se les permitía entrada a los caninos, pero el intimidante cazador no emitió queja alguna, simplemente el perro que lo acompañaba sufrió una bizarra transformación frente a los ojos del guardia. Se había transformado en un cuervo, el cual se poso en los hombros del cazador. El guardia quedo boquiabierto y completamente anonadado ante lo que había visto, simplemente dejo entrar a Mitrin sin mucho dilación.

    Una vez a dentro, los cuatro se sentaron en una mesa y Mitrin sin previo aviso les pregunto a sus compañeros.

    -¿Saben lo que es un vampiro?

    Todos se miraron entre si confundidos sin saber el porque de tal pregunta tan repentina. Únicamente se limitaron a contestar lo que sabían.

    -Son criaturas malvadas-Contesto el escudero-, viven para causar terror entre los justos.

    Mitrin antes de contestar a aquella pregunta miro al hijo del paladín como si este hubiera dicho una grañidísima estupidez.<<Su padre de seguro le lavo el cerebro con tanta estupidez caballeresca>> Pensó el cazador.

    -Son chupa sangres que chupan la sangre a la gente-Respondió Agnezka de la manera más redundante.

    -Escuchen-Hablo Mitrin-, por lo visto ninguno de ustedes tiene la mas minima idea de lo que es un vampiro, y si la tienen esta completamente mal. Un vampiro es un individuo infectado que posee capacidades sobre humanas superiores a la media. El vampirismo es una enfermedad de procedencia desconocida que le abre al sujeto infectado la capacidad de alcanzar aptitudes muy superiores que no están al alcance de todos, incluso son capaces de llegar a superar a magos cualificados con suma facilidad. Un vampiro posee muchas cosas que le dan la ventaja frente a otras personas que no están infectadas, agilidad, fuerza, sentidos más agudos, capacidades mágicas y demás.

    >Hay varios tipos de vampiro. Los del tipo uno y los del tipo dos. Los del tipo uno son los mas comunes y conocidos de todos, además de también quizá el mas inofensivo. Posee colmillos superiores afilados, ojos rojos, piel pálida y muy sensible a la luz solar, pueden sobrevivir a esta pero les causa quemaduras dolorosas. Generalmente estos no son agresivos ante otros individuos y no consumen sangre con frecuencia, apenas si tienen apetito a esta. Después, los más peligrosos de todos, los del tipo dos. Inmortales, incluso cortándoles la cabeza son capaces de sobrevivir, la única manera de matar definitivamente a uno es destruyendo todas y cada una de las células de su cerebro, sin estas no tiene como volver. Cualquier daño sobre sus cuerpos es regenerado con total facilidad, tienen la suficiente fuerza como para lidiar contra el más fuerte de los orcos, apenas si sufren dolor y se alimentan de otras formas de vida. Pero, su gran debilidad es la luz del sol. Su piel se achicharra con el contacto ante esta, como si estuvieras asando carne.

    >También se cree la existencia de los vampiros del tipo tres, seres considerados casi dioses en la faz de Urkum, pero… no son más que simples fantasías y cuentos para asustar a los niños y estremecer a los cazadores.

    -¿Cómo sabes tanto de vampiros?-Pregunto el escudero impresionado ante los conocimientos del cazador.

    Mitrin no respondió, miro al escudero con sus brillantes ojos rojos con mucha seriedad y abrió su boca mostrando los afilados colmillos de su dentadura. El hijo del caballero palideció ante esta imagen, se quedo sin palabras totalmente turbado, su sangre se congelo y un intenso escalofrío atravesó toda su columna vertebral. Se encontraba justo delante de una malvada criatura de la noche.

    -¿Eso responde tu pregunta muchacho?-Pregunto el cazador sin recibir respuesta alguna por parte del escudero-Tu quédate tranquilo, que no estoy aquí para causar terror entre los justos.

    El jovenzuelo se levanto aterrado de la mesa y salio inmediatamente de la taberna completamente asustado a las calles oscuras de Uxmal. Su padre fue detrás suyo preocupado, Mitrin no hizo más que suspirar con fastidio.

    -¿Pasa algo hijo?-Pregunto el caballero a su joven escudero.

    -No… no… no pasa nada. Solo salí a tomar un poco de aire-Respondió el muchacho.

    -Por favor hijo, dime que paso-Insistió Rodolf acercándose al joven, posando su mano en uno de sus hombros y regalándole una calida sonrisa.

    -Es un vampiro, un ser de la noche. Un monstruo-Contesto el hijo alarmado y completamente incomodo por tal hecho- ¿Cómo puede si quiera estar dentro de una taberna cómodamente?

    -Hijo… deja que te explique. Mitrin, aunque no lo parezca es un muy buen hombre, puedo jugarme el cuello a que lo es, porque lo conozco muy bien. Ya sabes como es, no le da mucho importancia a casi todas las cosas, eso incluye su vampirismo, no se tortura ni un solo segundo por ese hecho, sale adelante pese a estar “maldito”. Además de que juzgar a una persona por su apariencia o condición esta mal, ya te lo he enseñado. Un futuro caballero como tu, que llevara la justicia y el bien a cualquier lugar en donde este, debe de ser buena persona incluso con aquellos quienes te desprecian. Eso es ser un caballero-Rodolf dijo esto mientras lucia una resplandeciente y esplendorosa sonrisa a su hijo.

    -Si… tienes razón… Es solo que…

    -Jajajaja. No importa hijo, te entiendo completamente. Yo cuando conocí a Mitrin me quede pasmado al saber que era un vampiro. Recuerdo muy bien que me dio un puñetazo en la cara antes de decirme “Deja de molestar basura”-Rodolf imito el tono amenazante del cazador- por estar mas o menos una hora inundándolo de preguntas.

    El escudero carcajeo ante tal anécdota.

    -Bueno hijo, entremos. Que me muero de hambre-Dijo el caballero luciendo su sonrisa.



    Las sombras de la noche ya habían caído sobre Uxmal, la poca luz que había provenían de las escasas antorches que iluminaban tenuemente las callas de la gran ciudad. Todo el cielo estaba tapado por nubes negras que poco a poco comenzaron a descargar el agua de la lluvia sobre la tierra, ante esto la gente comenzó a refugiarse en sus hogares a estas altas horas de la noche para evitar mojarse, con la excepción de un único individuo que vagaba sin rumbo por las calles. Un humano de piel extremadamente pálido con una revoltosa y encrespada melena rubia.

    Este sujeto caminaba vestido con una vestimenta digna de cualquier noble muy bien adinerado. No tenia objetivo claro, tan solo deambulaba de un extremo a otro en la vasta ciudad, miraba a todos y cada uno de los edificios, se detenía en las esquinas para estudiarlas hasta conocer el mas mínimo detalle de ellas. En su larga caminata sin rumbo alguno se paro justo en donde había un pozo de agua lo bastante profundo, se acerco a el y se fijo en su profundo interior, comprobando que estaba lleno de agua. Sonaron los rayos a la distancia en lo más alto del cielo, las primeras gotas de la lluvia veraniega comenzaron a caer. El hombre al saber que el agua comenzaba a caer desde arriba alzo la vista y sonrió de oreja a oreja muy contento y feliz con ciertos toques de malicia. Carcajeo por unos segundos para después continuar con su marcha.

    Luego de cerca de una hora, el hombre rubio ya había pasado por cada parte de la ciudad en su misteriosa inspección. El último lugar en donde se detuvo fue en el gran templo piramidal al final de la calle principal,

    La gran y maravillosa estructura estaba iluminada con pequeñas bolas de luz hechas con magia que orbitaban por todo el exterior del templo. Todas y cada una de las robustas puertas de hierro estaban cerradas impidiéndole el paso a cualquier entrometido que quisiera entrar por la noche en el santuario de la tierra madre, sin embargo aunque parecía que las grandes ventanas que dejaban que la luz del día entrase adentro del edificio eran un buen acceso para colarse, era imposible pasar a través de ellas. La razón de esto eran los campos de fuerza que servían como un muro invisible impedían a cualquier cosa pasara por ahí, aquel hombre se dio cuenta de tal cosa. Tampoco se podría dejar de lado la guardia externa; arqueros, lanceros y piqueros cubrían todo el lugar. Un buen lugar para atrincherarse si un ejercito invadía la ciudad, pensó el sujeto rubio.

    Obviamente tanta seguridad no era simplemente para proteger un sagrado lugar como este, también era para resguardar un valioso objeto que era la razón de la codicia de miles de avaros. Un disco de obsidiana, la razón de tanta protección.

    -Sin embargo no es tarea mía entrar en aquel templo-Susurro para si mismo el hombre tan bajo que apenas si era audible-, yo he venido aquí a causar discordia.

    Se dio la vuelta inmediatamente comenzando a caminar nuevamente por la ciudad, pero no para volver a revisar cada esquina que tenia, si no que esta vez buscaba algo con lo que entretenerse y finalmente lo encontró. Un sujeto borracho caminando ebrio en la calle principal junto con un perro callejero que lo acompañaba sin razón aparente.

    Se acerco a este hombre, un anunaki, un reptiliano vestido con una tunica que llegaba hasta las rodillas, hecho de algodón y unas sencillas sandiazas hechas de cuero. Traía una botella de alcohol en mano y un gorro de lana que le cubría la cabeza.

    -Oe ¿No quieres un poco hermano?-Pregunto afablemente el anunaki ebrio al ver a aquel sujeto de vestiduras elegante frente a el.

    El rubio no dijo ni una sola palabra, tan solo se limito a mirarlo a los ojos. El borracho simplemente se encogió de hombros y tomo un trago de la botella. El perro que lo acompañaba orino en las botas del humano, causando que desatara su cólera, pero antes de siquiera hacer nada se fijo en mirar que unos guardias que transitaban por la calle principal los estuvieran viendo. <<El momento oportuno>>. Pensó el hombre con una sonrisa maliciosa en los labios.

    Agarro al perro del cuello estrangulándolo y con sus afilados colmillos superiores le arranco el hocico de una sola mordida. Toda la sangre chorreo sobre su rostro, salpicándole incluso su elegante vestimenta. Dejo caer el cadáver del perro al suelo ensuciando gran parte de la calle con mucha sangre.

    Antes de que siquiera el borracho pudiera dar vuelta su cabeza para ver que fue lo que sucedió, uno de los dedos del rubio atravesó su cráneo sin mucha dificultad. En esos precisos momentos todo el cuerpo del anunaki ebrio comenzó a calentarse repentinamente entrando en un aparente estado de ebullición, como si lo estuvieran cocinando en agua.

    No quedo más que simple carne derretido desparramada por todo el suelo.

    Los guardias quedaron completamente atónitos al ver tal acto extremadamente sádico y violento, se quedaron completamente boquiabiertos y muertos de asombro y miedo. Un enorme terror se apodero de ellos instantáneamente. El hombre frente a ellos no hizo más que sonreír mostrando sus colmillos mientras sus ojos rojos se iluminaban. La lluvia se encargo de esparcir toda la sangre que manchaba el suelo.

    -El vam… el vam… el vam… el vampiro de agua…-Tartamudeo aterrado de la impresión uno de los guardias.

    El vampiro de agua estiro su mano en donde estaba toda la sangre derramada en el suelo y esta mágicamente comenzó a alzarse hasta la boca del hombre, en donde entro todo ese apetitoso néctar.

    Los dos guardias temblaron hasta lo huesos, retrocedieron unos cuantos pasos hacia atrás y empuñaron sus armas tomando posiciones defensivas ante aquel monstruo que tenían en frente.

    -Corre y dile al capitán imperial que el vampiro esta en la ciudad-Murmuro uno de los hombres armados a su compañero-Corre y dile…

    Su compañero no lo dudo ni un solo instante. Se hecho a la fuga directo al cuartel. El vampiro del agua oyó claramente la conversación como si le hubieran hablado directamente al oído, no hizo más que sonreír aun más. Dejo que aquel hombre se fuera y alertara a todos y cada uno de los guardias de la ciudad, pues ese era su propósito, que todos se enterasen de que el estaba justo ahí, no le importaba si quiera que el emperador en persona supiera tal cosa, para eso se había presentado en la gran y basta ciudad de Uxmal.

    Ya cuando uno de los guardias se fue miro directamente a los ojos al que se quedo. Empuñaba una lanza de hierro con una punta de forma triangular, llevaba puesta una armadura de escamas que cubría todo el torso entero en conjunto con una falda de tela que llegaba hasta las rodillas. No traía puesto ningún yelmo, pero tenia uno brazaletes de bronce y unas cómodas sandalias de cuero en sus escamosos pies de reptil. Todas estas cosas darían la impresión de un soldado valeroso e imponente, pero era justo lo contrario, un simple hombre asustado que temblaba como si se estuviera muriendo del frío. La angustia no dejaba que ni la mas minima palabra pudiera escaparse de su boca, tan solo emitía gemidos de terror, era incapaz de sostener apropiadamente su arma.

    El vampiro carcajeo como si estuviera delante de un payaso.

    Comenzó a avanzar lentamente hacia el guardia sin tomar ninguna postura de combate, simplemente caminaba lentamente con las manos sueltas. No tenia preocupación alguna en su interior, estaba completamente relajo, pues, aquel soldado no le suponía ninguna amenaza y mucho menos siquiera un reto. De hecho, nadie era capaz de darle pelea en este mundo.
    El guardia al ver que el vampiro estaba muy cerca de el, temiendo por su vida lanzo un ataque que termino con la punta de su arma incrustada en el hombro izquierdo del vampiro, no obstante. El monstruo ni se inmuto ante esto. Observo al temeroso hombre como si no fuera más que un niño tratando de darle un puñetazo a un adulto, no pudo evitar reír. Tomo la lanza con su mano y con su inclemente fuerza se la arrebato al soldado, la sacó de su herida y la tiro al suelo. El guardia no supo como reaccionar ante esto, estaba paralizado por el miedo, no fue capaz de hacer ningún movimiento, el terror se había apoderado completamente de su cuerpo. Quería huir lo más rápido posible, pero sus piernas no se lo permitieron. Las garras del vampiro atravesaron con muchísima facilidad la carne del cuello, la sangre que emanaba de aquel brutal corte fluía por el brazo de la malévola bestia hasta su boca. Soltó el cuello y el cadáver cayó sin más al suelo.

    <<Y sin usar mis poderes>> Se dijo así mismo el vampiro que no hizo mas que carcajear con unas sonrisa llena de satisfacción y malicia.



    Corría a toda marcha aquel guardia aterrorizado hasta los huesos por las húmedas calles oscuras de Uxmal, no se detenía por nada en este mundo, no aflojaría la marcha de su fuga. Su objetivo primordial era llegar hasta los cuarteles en el interior de la ciudad y avisar a todos sus colegas que los habitantes de su hogar corrían un gran y espantoso peligro. El anunaki estaba totalmente agitado, aquello que vio se quedaría marcado con fuego en su memoria para siempre, lo único que podía pensar en aquellos momentos era en su vida y como salvarla, su corazón latía tan rápido como un jaguar. A medida que se acercaba más y mas hacia donde se encontraba el capitán imperial, sentía claramente como una oscura sombra lo acosaba. No podía permitirse mirar hacia atrás, pues sabia que si lo hacia seria la ultima acción que cometería en esta vida.

    Mientras recorría a todo pulmón las calles iba gritando lo mas fuerte posible.

    -¡El vampiro de agua! ¡El vampiro de agua! ¡El vampiro de agua esta en la ciudad!

    Alerto a todo ser viviente que lo escuchaba, los guardias en las esquinas se atemorizaron por completo al oír los gritos de uno de sus compañeros, la gente dentro de sus casas se estremecía por completo mientras el terror se apoderaba de ellos y los que estaban en las calles a plena noche buscaban urgentemente algún lugar en donde refugiarse. La bestia que perseguía a aquel soldado no hizo mas que simplemente sonreír, pues los eventos estaban saliendo como el quería.

    Un sujeto vestido de negro acompañado por un perro escucho plenamente los gritos desesperados del anunaki. Se puso en marcha inmediatamente mientras la orco que caminaba al lado de el sonreía pensando en una jugosa recompensa.

    Aquel perro mágicamente se transformo en un caballo y el intimidante sujeto de negro lo monto de inmediato, mientras en sus manos un arco de color plateado aparecía sin más desde la misma nada.

    -En marcha-Dijo el cazador.

    Cuando el temeroso guardia doblo en una de las esquinas se topo con la mismísima muerte que hacia acto de presencia delante de él. Con tan solo contemplar con sus propios ojos a aquella bestia sedienta de sangre y muerte el cuerpo del soldado se petrifico por completo, no era capaz siquiera de mover tan solo un músculo, su cuerpo entero estaba congelado, la sangre se le helo convirtiéndose en escarcha, abrió los ojos sorprendido y estupefacto.

    -¿A donde te me escapas?-Le pregunto el monstruo con una sonrisa sádica en el rostro mientras sus ojos rojos brillaban en la oscuridad.

    El guardia se meo encima del miedo, una sensación horrible atravesaba sus entrañas, las nauseas le provocaban ganas de vomitar. Sabía perfectamente que iba a morir, no había escapatoria alguna de este temible depredador de la noche.

    El vampiro comenzó a caminar lentamente hacia el, pero de repente algo detuvo abruptamente su marcha hacia su presa. Un rayo de luz golpeo contra su nuca atravesando todo su cráneo junto con el cerebro y saliendo por la frente, dejando un hoyo en esta. Inmediatamente después de recibir aquel proyectil borro su sonrisa sádica de satisfacción remplazándola por una de gran molestia y seriedad, aun increíblemente seguía de pie vivo como si aquel rayo de luz no le hubiera provocado absolutamente nada. Giro su cabeza para ver quien era el responsable y tan pronto como lo hizo recibió otra especie de disparado justo en su ojo derecho reventándolo por completo y dejándole otra marca de penetración en su cabeza. Se tapo la parte derecha de la cara con su mano mientras que por la cuenca del ojo chorreaba bastante sangre, entonces vio al causante de los ataques que recibió. Un sujeto completamente vestido de negro montando un caballo al lado de una mujer orco que blandía una maza de hierro con unas filosas puntas.

    Inmediatamente cuando el vampiro se dio la vuelta el guardia aprovecho aquella oportunidad de oro que le habían concedido los dioses. Huyo lo mas rápido que pudo del lugar, su alma volvió directamente al cuerpo lo que permitió que pudiera volver a mover su cuerpo. El vampiro ni se molesto en perseguirlo, no le quito la vista a aquellas dos personas que le desafiaban con sus armas.

    -¿Quiénes son ustedes? ¿Tienen idea de lo que acaban de hacer? ¿Si quiera saben quien soy?-Interrogo el vampiro a sus nuevos oponentes.

    -El bastardo que tiene una recompensa de diez mil tajaderas por su cabeza-Contesto Agnezka apuntando con su maza al vampiro.

    -¿Caza recompensas? No esperaba toparme con algunos hasta poco después de causar una masacre en esta ciudad, si que son rápidos ustedes para encontrarme. Ya he matado a un buen puñado de codiciosos cuando me dirigía para acá. Ustedes pronto se reunirán con todos ellos, pues nadie puede oponerme ningún desafío o resistencia alguna, quien tenga la mala fortuna de encontrarse en mi camino esta condenado a morir ¡Nadie puede contra mi!-Dijo esto ultimo mientras estiraba ambos brazos y miraba al cielo como si estuviera actuando en alguna especie de teatro.

    -Y dinos ¿Acaso piensas chuparnos la sangre?-Pregunto Agnezka con una sonrisa picara.

    -No. Jamás comería mierda.

    -Sigue hablando cabeza hueca, pronto sentirás mi fuerza. Mi maza te borrara esa cara de imbécil que tienes-Amenazo la orco al vampiro con un tono agresivo al sentirse ofendida por la repuesta que recibió.

    El vampiro sonrío confiado. Eso era lo que le encantaba, matar a los mas valientes, pero en especial a aquellos entupidos que tenían siquiera un poco de valentía al enfrentarse contra el. Esos eran los mas divertidos de matar, ese despiadado monstruo gozaba de las caras que los valerosos ponían cuando eran violentamente asesinados sin compasión. Supo que esta noche se divertiría completamente.

    Mitrin observo como las heridas que le había causado al vampiro de agua desaparecían rápidamente como si este nunca las hubiera hecho. El hoyo en mitad de la frente comenzaba a cerrarse y el ojo que le había arrebatado era remplazado por uno nuevo. El cazador no hizo mas que suspirar al contemplar esto, sabia perfectamente que el vampiro al que se enfrentaba era un del tipo dos, no lo tendría para nada fácil, de hecho, incluso dudaba si podría salir con ambos brazos de este encuentro. Un auspicio de miedo descansaba en la conciencia de Mitrin, entendía perfectamente que los vampiros del tipo dos eran completamente peligrosos. Cualquier herida que se les causase era inmediatamente regenerada. Sin que se diera cuenta estaba algo estremecido ante la presencia de aquella bestia a la que le plantarían pelea. Su montura lo sentía perfectamente, su amo estaba completamente incomodo y lleno de dudas, el mismo también sabia que tenían poca chance.

    -¡Tu demonio de la oscuridad!-Exclamo una voz detrás del vampiro, un caballero blandiendo espada y escudo en posición de combate sin miedo y listo para batirse con los mismos dioses- ¡Tus fechorías se acaban aquí y ahora. Porque yo, Rodolf, lucho en nombre de todo lo justo y bueno! ¡Uxmal será tu tumba!

    El vampiro no hizo más que emitir una pequeña y leve carcajada al oír al paladín, ya había oído decenas de veces las mismas palabras pero con diferentes voces. Cualquiera que se atrevía a decirlas en su presencia acababa en el más allá.

    Aquella bestia se deleito completamente. Esta noche se daría un festín con la sangre de sus enemigos, valientes y entupidos enemigos que se atrevieron a oponerle resistencia.

    Estiro la mano en dirección al cazador, una estaca de hielo salio disparada de su palma velozmente impactando en una de las patas delanteras del caballo lastimándolo horriblemente y quedándose incrustada, al mismo tiempo una herida aparecía de la nada en uno de los brazos de Mitrin haciendo que suelte el arco que blandía y emitiendo un gemido de dolor. El intimidante cazador no pudo si quiera reaccionar ante esto, el ataque del vampiro fue demasiado veloz.

    Los dos guerreros se abalanzaron inmediatamente contra su enemigo. Primero el humano que logro llegar antes al vampiro, pero fácilmente fue despachado por un puñetazo de este que lo envió a volar unos cuantos metros lejos de el tirandolo al suelo. Después vino la orco cargando un poderoso ataque con su maza que no llego a realizar, el monstruo había clavado sus garras en el vientre de la mujer antes de que ella pudiera darse cuenta de tal cosa. Su cuerpo comenzó a congelarse velozmente no dando lugar a una reacción de dolor, cada una de las partes de Agnezka se congelo completamente convirtiéndola en un bloque de hielo con forma de una persona.

    El vampiro empujo el cuerpo, el cual al caer al suelo se rompió en cientos de pedazos matando a la orco sin que supiera muy bien que fue lo que paso.

    Ahora le tocaba al caballero.

    Pero escucho unos pasos detrás suyo que venían corriendo directo hacia el, se dio la vuelta rápidamente y apenas lo hizo recibió un brutal y fulminante lanzazo en su rostro. Una lanza penetro en su boca y la punta de esta salio por la parte de atrás de la cabeza. El autor de tal ataque era el joven escudero, que había salido en defensa de su padre al ver la muerte de la orco. Poseía una expresión de una desatadora furia en su cara, apretaba sus dientes con fuerza y arrugaba su rostro mientras sus ojos se encendían en un incesante fuego frenesí. Con su fuerza hundía cada vez más y más la lanza en la cabeza del vampiro, el cual se negaba a morir.

    Agarro la lanza y trato de arrebatársela al muchacho, pero enseguida recibió otro ataque, esta vez de parte del cazador. Otro proyectil de luz que penetraba en su cráneo. Mitrin le había quitado la estaca de hielo que estaba clavada en la pata de su bestia. Se quedo con una fiera herida, pero nada que le impidiese empuñar su arco.

    El caballero se levantaba y volvía a empuñar sus armas, listo para repartir justicia. Se acerco corriendo al vampiro, el cual recibió otro ataque del cazador, justo en la rodilla derecha despedazándola por completo, partiendo toda su pierna en dos, ahora el monstruo se sostenía con un solo pie. El paladín llego hasta el y le clavo su espada en su hombro izquierdo, al mismo tiempo una serpiente gigantesca clavaba sus afilados colmillos en la mano izquierda tironeando la extremidad hasta querer arrancársela. Volvió a recibir otro disparo que le destruyo la otra pierna que le quedaba cayendo al suelo de espaladas.

    La serpiente se convirtió en un inmenso gorila que tomo el brazo del vampiro con ambas manos y con una fuerza titánica digna de cualquier orco le arranco el brazo derecho, para después lanzarlo lo mas lejos posible. Acto seguido comenzó a golpearle la cabeza con bastante vigor y potencia en un acto de dejar su cráneo como una pasta irreconocible, esto debido a que el cazador sabia perfectamente que a la hora de luchar contra un vampiro había que destruir su cabeza y si era posible deshacerse del cerebro. Pues si este quedaba intacto, el vampiro volvería en tan solo cuestión de horas. El caballero con su espada cortó la otra extremidad dejando únicamente el torso y la cabeza.

    Habían incapacitado al vampiro, o eso era lo que creían los tres.

    De un charco que estaba al lado de ellos el agua que yacía en el comenzó a emerger hasta que tomo la forma de un largo y extenso tentáculo, un mortífero tentáculo formado de agua.

    El caballero y el escudero no se habían percatado, estaban mirando fijamente al vampiro, pero el cazador si se dio cuenta del extraño tentáculo que estaba atrás de ellos.

    -¡Detrás de ustedes!-Advirtió Mitrin.

    Inmediatamente los dos humanos se dieron la vuelta, pero fueron incapaces de reaccionar a tiempo, el tentáculo había sido demasiado rápido y veloz para ellos. Le dio un poderoso y estremecedor latigazo a Rodolf que lo envió lejos del vampiro y de su hijo, después cargo contra la bestia del cazador. Como si se tratara de una lanza el tentáculo fue a uno de los ojos del gorila y apuñalándolo lo reventó con suma facilidad, inmediatamente uno de los ojos de Mitrin estallo al instante. El cazador grito de dolor mientras su criatura gimió alejándose del vampiro. Justo después el tentáculo de agua volvió a dar otro latigazo, solo que a esta vez al joven escudero tirandolo al suelo.

    El tentáculo de agua se enrolló en la lanza y la retiro de la boca del vampiro, quien aun continuaba con vida después de aquel brutal desmembramiento. La sangre que brotaba de las heridas se alzo como el tentáculo liquido y comenzó a unir las extremidades cercenadas del cuerpo como si estas estuvieran unidas por unas especies de hilos. Las partes del cuerpo se juntaron en tan solo segundos y se sanaron solas, como si nunca les hubiera sucedido nada.

    El vampiro se alzo del suelo sin usar un solo músculo de su cuerpo, como si hubiera sido tirado por una cuerda. Comenzó a aplaudir con una sonrisa de satisfacción en su boca, pero enseguida bajo sus brazos lentamente desvaneciendo su sonrisa, quedando remplazada por una expresión completamente fría y seria la cual no manifestaba ninguna señal de compasión. El los mataría a todos.

    Padre e hijo se levantaron del suelo adoloridos por aquel poderoso latigazo que recibieron, el paladín quedo con unas costillas rotas pese incluso al llevar una armadura bien protegida contra todo tipo de ataques. Sin importarle para nada el dolor empuño su arma, tomo una posición de combate listo para atacar y advirtió a su hijo.

    -Quédate atrás, lanza algún hechizo para incapacitarle.

    -Entendido padre.

    El caballero corrió hacia el vampiro con su escudo delante para tratar de embestir a aquella malévola bestia, el escudero por su parte alzo ambos brazos apuntando hacia su feroz e implacable enemigo. El vampiro siguió con su apática expresión. Detrás suyo sintió como el gorila del cazador se preparaba también para atacar, pero no desespero, antes de que pudieran siquiera llegar hacia el todo el suelo mojado debajo de el se convirtió en hilo, ambos atacantes resbalaron y cayeron al suelo. Mitrin y el muchacho inmediatamente al ver estos dispararon, el cazador sus proyectiles de luz através de su arco y el joven lanzo su hechizo, una ráfaga de cristales filosos capaces de cotar hasta el metal más robusto de todos. La bestia que podía controlar el agua ni se inmuto al recibir de lleno ambos ataques, emano sangre através de las números heridas que le habían dejado, rápidamente las perforaciones desaparecieron de su pálida piel.

    Levanto su mano, el hielo del suelo comenzaba a derretirse y el agua a evaporarse, creo una nube de vapor, un vapor tan caliente como la lava misma. La criatura del cazador se alejo rápidamente retrocediendo hasta donde estaba su amo, pero el caballero no fue capaz de escapar de aquel truco. Su piel comenzó a quemarse entera quedando toda roja y dañada, antes de que pudiera reaccionar recibió un puñetazo del vampiro en medio del pecho que fue completamente fatal para el. No fue capaz siquiera de emitir un quejido del dolor.

    La nube se disipo inmediatamente dejando ver una imagen que dejo completamente estupefacto al escudero. Su padre muerto en el suelo con un hoyo en mitad del pecho de increíble tamaño, causado por la increíble fuerza del vampiro que incluso fue capaz de penetrar la armadura de metal como si de un simple papel se tratase.

    El muchacho no supo como reaccionar ante esto, una horrible sensación de desesperación atravesó todo su cuerpo. Sus entrañas se revolvían causándole unas horribles nauseas, un intenso escalofrío atravesó su espalda y toda la sangre de sus venas se congelo, todo esto mientras poseía una expresión de incertidumbre en su rostro. Sin pensarlo se lanzo hacia el cuerpo sin vida de su padre, pero antes de que llegara noto que las gotas de agua de la lluvia dejaron de moverse, quedando suspendidas en mitad del aire. Todas ellas comenzaron a apuntar hacia el escudero, de pronto todas se dirigieron hacia el como proyectiles que penetraron todo su cuerpo, similar al hechizo que lanzo contra el vampiro. El joven quedo con tantos orificios en su cuerpo que la sangre comenzó a emanar de ellos, todas esas gotas de agua destruyeron casi todos sus órganos internos, incluso atravesaron su cráneo. Murió al instante, su cadáver cayo junto al caballero que tanto acompañaba.

    Mitrin estallo en una inmensa cólera al ver lo que le paso a su amigo junto con su hijo, apretó fuertemente sus puños mientras arrugaba la cara frunciendo su ceño, miro al vampiro de agua con un desdén comparables a la fuerza de un volcán en erupción. El rubio no hizo más que sonreírle con arrogancia burlándose de el.

    -¡Ese es el precio de enfrentarme!-Exclamo el vampiro- ¿Estas dispuesto a correrlo?

    El cazador no dijo palabra alguna, su bestia hablo por el. Se transformo en un feroz rinoceronte que corrió para embestir al vampiro, pero este esquivo el ataque con facilidad corriéndose para un lado antes de que llegara hasta el. Cuando paso de largo aprovecho y con un tentáculo de agua formado rápidamente ataco al engendro del cazador por uno de los costados, causando una dolorosa cortadura. Mitrin y su acompañante gimieron del dolor.

    El rinoceronte dio la vuelta y se transformo en un tigre que salto contra el vampiro en un intento de clavar sus garras y destrozar su carne, pero fue incapaz. Su enemigo reacciono rápido creando un muro de hielo delante suyo, el felino se detuvo en seco chocando con este obstáculo, segundos después el hielo exploto en cientos de pedazos que salieron volando en dirección de la bestia causándole múltiples heridas con aquellos diminutos fragmentos.

    Retrocedió mientras el vampiro no hacia más que carcajearse. Mitrin estaba a punto de disparar su arco contra el vampiro, pero este con un tentáculo líquido salido del suelo mojado cortó una de las manos del cazador sin que tuviera tiempo a reaccionar. Inmediatamente una de la pata de la bestia salia volando. Tanto el amo como el sirviente gritaron del dolor retorciéndose completamente, tales alaridos de sufrimiento era música para los oídos del vampiro, no podía evitar regodearse y sonreír descaradamente. No tenía rival alguno en este mundo.

    -Estas contemplando de lo que soy capaz cazarrecompensas, ni aunque seas un vampiro como yo te me puedes comparar-Presumió el vampiro de agua-. Desiste y deja que te mate de una vez, no saldrás con vida de esta.

    -Hijo de… puta-Murmuro el cazador adolorido.

    El vampiro carcajeo. Dos tentáculos de agua surgieron al lado de la bestia, inmediatamente con una fuerza inhumana e increíble velocidad cortaron casi toda la superficie de la piel y de varias articulaciones también, dejando varios tajos de los cuales emano sangre. Paso lo mismo con el cazador, sufrió graves daños en la piel, cayo al suelo mientras sufría. Tal dolor lo hizo estremecerse completamente, aquel sufrimiento era completamente horrible.

    -Tranquilo, no morirás enseguida, he sido demasiado cuidadoso como para no matarte de un solo movimiento, pues ¿Cuál seria la diversión si murieras inmediatamente?-Carcajeo el vampiro con una sonrisa arrogante-Quiero verte sufrir.

    Comenzó a acercarse al cazador lentamente tomándose su tiempo, paso a paso, sin apuros. Quería deleitarse con el sufrimiento de aquel vampiro de segunda, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca escucho una voz que lo hizo detenerse por tan solo unos segundos.

    -¡Alto ahí canalla!-Clamó esta voz, la del capitán imperial con una docena de soldados detrás suyo bien armados y entrenados- Por la ley imperial quedas detenido por tus fechorías, ríndete inmediatamente y seremos clemente, de lo contrario, si opones resistencia lo lamentaras.

    El vampiro ni se molesto en darse la vuelta, unos cuantos tentáculos líquidos surgieron del suelo al mismo tiempo que las gotas de la lluvia se detuvieron. No quedo ningún soldado imperial con vida, toda la calle quedo manchada con sangre, viseras, extremidades cortadas y cadáveres desfigurados de anunakis. Una autentica masacre cometida en tan solo segundos, así de peligroso era el vampiro de agua, su control sobre los líquidos no tenía rival. Su inmortalidad combinado con este poder daba como resultado a un ser invencible, alguien que no tenia rival en este mundo. Ningún mago, ningún guerrero, ningún cazarrecompensas podía suponerle un reto. Este era el vampiro de agua.

    Mitrin con su último haz bajo la manga trato de la manga de su boca expulsó una nube negra de humo que cubrió toda la calle en la que se encontraban. La habilidad definitiva del cazador.

    Inmediatamente la vista del vampiro quedo completamente nublada, era incapaz de ver, también de oír. Aquella nube negra se encargaba de desactivar los sentidos de cualquier individuo que tuviera contacto con ella, con la excepción del cazador y su bestia. La criatura de la noche se encontraba perdida y confundida, no sabia lo que estaba pasando, estaba igual que pollo sin cabeza, era totalmente incapaz de orientarse. Sus sentidos súper agudos no le eran de utilidad, incluso hasta perdió la capacidad de saber si se encontraba arriba o abajo. Perdió toda noción. Maldijo en voz alta amenazando a Mitrin, pero no pudo ni escucharse ni a si mismo.

    Todos los sentidos eran inutilizados, con la excepción de uno solo. El dolor.

    El vampiro de agua sintió perfectamente con un tajo de un sable le corto uno de sus brazos como si no fuera mas que papel, gruño del dolor inmediatamente al sentir esto. Otro ataque fue efectuado, esta vez cortándole ambas piernas de un solo espadazo. Cayó al suelo y alzo unos cuantos tentáculos líquidos del suelo húmedo que comenzaron a dar golpes a diestra y siniestra, pero ninguno fue capaz de darle al cazador, de hecho ni siquiera supo si el cazador se encontraba en la nube de humo.

    El cazador salio huyendo herido y adolorido con varios lastimados por todas partes, tomo a su bestia y ambos salieron corriendo. Su sirviente se trasformo en un lobo, igual que aquel cachorro de hace años.

    -Amo…-Suspiro la bestia ya cansada.

    -No te preocupes, saldremos de esta. Te lo juro. Te salve la vida hace años y lo estoy haciendo ahora y también lo haría mas adelante. Nunca te dejare amigo-Tranquilizo el cazador a su sirviente.

    -Amo…

    Corrieron por casi toda la calle en la que se encontraban hasta llegar a un pozo de agua, cuando pasaron al lado de el todo el agua que se encontraba en lo mas profundo salio de ahí y embistió a ambos tirándolos al suelo. De pronto unas estacas de hielo volaron hacia ellos como pequeñas flechas clavándose en las extremidades del cazador. Al frente de ellos se encontraba una figura tenebrosa que deseaba acabar con la vida de ambos, una figura que escapo de la nube negra de Mitrin, aquella que había utilizado como ultimo truco bajo la manga. Su habilidad definitiva y con la que daba los últimos golpes utilizada para huir, algo que era extremadamente humillante para el cazador.

    -¿A dónde ibas?-Pregunto el vampiro de agua acercándose a ellos para asesinarlos.

    El cazador no contesto, tan solo suspiro cansado dándose cuenta que no tenía escapatoria. Su bestia no podía mover ni un solo músculo, estaba totalmente agotada por las heridas de su piel, se había rendido, pues al igual que su amo sabia que no había chance alguna contra aquel despiadado vampiro.

    Mitrin cerro los ojos, se levanto pese a las numerosas heridas de su cuerpo que le causaban mucho dolor. Iba a plantarle cara a su enemigo, lucharía hasta el final por su sirviente, aquel cachorro que salvo en su juventud hace años, por aquel caballero y su escudero que llevaban la justicia haya a donde iban y por esa codiciosa orco. Lucharía por todos ellos a los que alguna vez guardo respeto y empatia, no dejaría que el vampiro de agua saliera impune de este encuentro.

    Desenvaino su katana y la sostuvo con ambas manos poniéndose delante de su bestia para defenderla, mientras bramaba como gato enfurecido. Pero… fue en vano.

    Un movimiento, un solo movimiento fue lo que le basto al vampiro para acabar con la vida del cazador. El agua se amontono alrededor de su mano formando un látigo con esta, la cual uso para de un solo golpe atravesar el pecho del cazador, destrozando su corazón en donde yacía una marca de conexión.

    Cayó muerto al suelo dedicando su ultimo pensamiento a aquel cachorro que salvo hace años en el bosque.

    La bestia que tanto tiempo había servido a su amo también murió debido a la conexión que tenia con este.

    Ambos murieron juntos. Inseparables hasta la muerte.

    El vampiro de agua continuo con su masacre por toda la ciudad de Uxmal matando a cualquier ser que se pusiera en medio. Aquella noche fue la más terrorífica de toda la región, los reinos del este habían sufrido un duro golpe, su gran centro religioso asaltado por una bestia nocturna. Una herida que dolería por mucho tiempo que seria difícil de olvidar.



    -Mira, ahí esta Amadeo, completamente empapado de sangre-Dijo un sujeto encapuchado con un traje rojo al lado de otro igual mientras veían como el vampiro de agua se acercaba a ellos.

    -¿Consiguieron el disco de obsidiana?-Pregunto el rubio a ambos sujetos.

    -Por supuesto, esa masacre que hiciste en la ciudad fue una buena distracción para entrar al templo a por esta preciosura, si que fue muy útil, apenas si hubo guardias.

    -Es porque los mate a todos.

    -No, había unos cuantos en el templo aun, pero no importa. Ya tenemos el disco mágico, lo necesario para llevar acabo los planes de garra roja.

    -Muy bien, excelente. No solo disfrute esta noche, también conseguimos el disco ¿Qué puede salir mejor?

    De pronto un hombre se presento ante ellos causándoles una grave conmoción. Era un muchacho flacucho que no parecía pasar los veinte, de cabello corto y una extraña y misteriosa piel gris oscura.

    -¿Eso es un disco de obsidiana?-Pregunto el flacucho.

    -¿Quién mierda eres tu?-Pregunto agresivamente el vampiro sobresaltado tomando posición de ataque listo para masacrar a aquel misterioso hombre al igual que sus acompañantes encapuchados.

    -Eso no importa, dame el disco-Exigió el hombre de piel gris.

    -¿O si no que?

    -Los matare.

    -Jajajaj. Si eres un flacucho de mierda ¿Cómo vas a matarnos?

    -Así.

    Inmediatamente una luz recubrió todo el cuerpo de aquel hombre misterioso, cuando la luz se disipo este estaba equipado con una armadura negra que lo cubría entero con puntas en los hombres y tres especies de crestas para atrás en la cabeza.
  5. Dos guerreros se encontraban frente a frente en mitad de una larga y extensa pradera en plena noche. Ambos estaban ahí para acabar con la vida del otro, no eran necesario conocer las razones del porque, simplemente se querían ver muertos.

    Ambos iban si protección alguna, solo ropa común y corriente, totalmente desprotegidos. Llevaban unos filosos sables envainados a la cintura, listos para sacarlas lo más rápido posible.

    Uno de los guerreros le dice al otro.

    -Cuando desenvaine mi espada morirás.

    El contrincante no hace más que reír ante lo que considera un simple alarde lleno de fanfarronería.

    -Pruébalo-Dice entre risas.

    Aquel guerrero saca lentamente su espada sin apuro alguno. La hoja del arma esta toda manchada de sangre, el contrincante piensa que es de anteriores combate y que no limpio aquel sable, pero se equivocaba. Era su propia sangre, todo su cuerpo esta lleno de heridas y tajos, comienza a desangrarse por completo y cae muerto al suelo.

    -Te dije que en cuanto desenvainara mi arma morirías.

    Acto seguido el hombre se retira del lugar.
    A Nyanonima le gusta esto.
  6. Buenas gente, como acaban de leer el titulo acabo de escribir un fanfict erótico y la verdad no tengo mucho que decir xd, tan solo es la primera vez que lo hago y espero que me haya salido.
    Obviamente al ser un fanfict habrá muchas cosas que sean de la obra original y quien es ajeno a ella no lo va a entender mucho, por lo que no tengo problema alguno en explicar algunas cosas si me lo piden.

    Este fanfict lo protagoniza mi personaje favorito del juego: Templar Assassin.
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    Sin mas que decir empecemos.


    Lanaya, la asesina templaría se adentraba en aquel castillo abandonado y corroído por la naturaleza dire. El cielo aquel día era de un color rojo intenso, como si la sangre de los dioses hubiera ensuciado todo el firmamento. Los árboles no tenían hojas en sus ramas y estaban totalmente secos, habían muerto ya hace tiempo. El suelo era árido y lleno de malezas, corría un viento helado que levantaba todo el polvo de la tierra. Lanaya sabia que se estaba adentrando en terreno peligroso, pero aun así estaba dispuesta a encontrar un viejo grimorio que guardaba muchos secretos de tiempos antiguos que se han perdido en el pasar de la historia, era una pieza muy importante en su continua e inacabable búsqueda por develar cada uno de los misterios de la realidad. No le importaba en absoluto los métodos para llegar hasta tal valioso tesoro, era capaz de asesinar a cualquiera que se interpusiera en su misión auto impuesta.

    Ella ya había atravesado miles de situaciones que pusieron en peligro su integridad, se atrevía a robarle información a gente verdaderamente peligrosa, a infiltrarse en lugares donde nadie saldría con vida e incluso plantarle cara a oponentes capaz de vencer a héroes con suma facilidad. No le temía a absolutamente nada, pero sin embargo este castillo le transmitía una muy mala sensación, le generaba un tremendo malestar en sus entrañas a la vez que sus piernas temblaban levemente. Este lugar tenia un aura oscura capaz de hacer orinar en los pantalones al mas valiente y fiero de los guerreros, incluso el mismísimo Axe se lo pensaría dos veces antes de siquiera estar enfrente del antiguo castillo.

    Lanaya dudaba si adentrarse en el o no, quería lo que estaba oculto en lo mas profundo de aquella ancestral construcción, pero su instinto le advertía que no se atreviera a poner ni un pie en ese lugar <<¿Valdrá la pena?>> Se preguntaba la asesina insegura. Era su tarea como protectora del templo encontrar los más ocultos de los secretos, recaudar hasta la última pizca de información que hubiera en el mundo y por lo tanto no podía darse el lujo de omitir aquel grimorio solo por el hecho de encontrarse en este lugar. Tenia que encontrarlo y desentrañar sus secretos, era su deber.

    Cerró los ojos y suspiró, aun dubitativa tuvo las agallas suficientes como para aventurarse en los oscuros interiores del castillo. Al cruzar por la puerta un intenso escalofrío invadió por completo su cuerpo, su sangre se congelo y dio un gemido involuntario de miedo. Acababa de sentir como si la mismísima muerte le tocara el hombro y le susurrara al oído al tiempo que exhalara su gélido aliento sobre su cuello. El cuerpo de Lanaya se detuvo al instante quedando completamente paralizada a la vez que atónita, instintivamente sin que ella lo deseara su reflección se activo rodeándola completamente con el escudo redondo e invisible al mismo tiempo que sus hojas psionicas salían de sus manos como las garras de un felino al sentir una amenaza.

    Inmediatamente se dio cuenta de que había conjurado sus poderes sin que ella misma sea conciente de ello. Su cuerpo se volvió a mover controlado únicamente por su voluntad, cayo de rodillas al suelo y se llevo su mano a sus ojos, suspiro cansada, miro directo al suelo y trago saliva. Sus nervios estaban por las nubes, no había pasado ni siquiera mas allá de la entrada y casi siente como le da un paro cardiaco del susto, sabia que sea lo que sea que se encontrase aquí era cosa muy serie, quizás un demonio de las legiones de Doom o un siervo del dios muerto. Sea lo que sea causaba que el ambiente este muy cargado de una oscura y tenebrosa energía, Lanaya podía sentir con toda claridad como la presencia del ente que se encontraba en los interiores del castillo modificaba seriamente el entorno. El aire se sentía mucho mas pesado, ella misma atestiguaba como sus energías mermaban por cada segundo que pasaba, pero no podía irse sin el grimorio. Sus deseos se sobreponían sobre su instinto de supervivencia.

    Se recompuso y se paro, se armo de valor y exhalo gran cantidad de aire para relajarse <<Me he encontrado peores cosas en la guerra de los ancestro-se decía a si misma para ganar fuerza-, podré con lo que hay aquí>>. Aún con miedo en su interior comenzó a avanzar lentamente por el oscuro pasillo de la entrada, sus claros ojos de color celeste brillaban en la oscuridad como si se tratasen de los de un gato en mitad de la noche. Una mirada curiosa que observaba el más mínimo detalle en donde dirigiese la vista.

    Comenzó a buscar el grimorio por todo el castillo con la esperanza de no encontrarse con lo que habitaba adentro de esta fortaleza infernal. Su tesoro podía estar en cualquier parte, en la biblioteca, en el templo, en los aposentos del rey u oculto en algún calabozo bien protegido, no tenia certeza de nada. No le queda de otra más que buscar por ella misma en cada rincón oscuro de este lugar de pesadilla.

    Atravesaba los tenebrosos y sombríos pasillos con mucha cautela, pisaba cada paso con sumo cuidado atenta incluso a las partículas de polvo que flotaban por todo el lugar. Entre mas avanzaba mas sentía unas horribles nauseas en su estomago, ella misma juraba que algo la vigilaba mientras caminaba lentamente. Lanaya trataba de calmar sus nervios diciéndose a si misma que no se trataban mas que de paranoias suyas, aunque en el fondo el miedo la carcomía. Se sentía como si estuviera en mitad de una pesadilla de Bane.

    Entro en una sala amplia con dos mesas largas en medio y varias sillas desperdigadas por todo el lugar. Se trataba del comedor del castillo. Los muebles estaban tan viejos que bastaba con mirarlos de mala manera para que se destruyesen en miles de astillas.

    Ella mira a todos lados, no vio nada sospechoso por lo que avanzo sin mas. De repente vio de reojo como una sombra se movía a gran velocidad justo al lado de ella, inmediatamente sintió como se le paro el corazón por un instante mientras cada gota de su sangre se transformaba en hielo. Despavorida y con los ojos abiertos como platos inmediatamente giro sobre si misma en la dirección en donde vio moverse a aquella misteriosa silueta, tomo posición de combate y activo sus hojas psionicas.

    No vio nada.

    Se mordió los labios, sentía como aquella presencia que corrompía el ambiente esteba en aquella misma habitación que ella. Su corazón palpitaba desenfrenadamente como si de un momento a otro saldría disparado de su pecho, miraba a todas direcciones buscando a aquella sombra mientras mantenía su posición de combate. Era innegable que estaba asustada, pero el miedo no era lo suficientemente intenso como para evitar que su cuerpo se moviera. Ella lucharía.

    Sintió pasos atrás suyo, se dio inmediatamente la vuelta y como la anterior vez no vio absolutamente nada a excepción de unas partículas negras flotando en el aire. De pronto un gran dolor en la espalda la hizo estremecerse por completo dando un gemido de dolor agudo, un brazo la tomo del cuello con mucha fuerza y la levanto del suelo. No había sido lo suficientemente rápida como para preveer tal ataque.

    Mientras el aire escapaba lentamente de sus pulmones noto que sangre emanaba de su espalda. La desesperación rápidamente la invadió por completo, aquella cosa que la estaba tratando de matar noto esto y no pudo evitar soltar una carcajada de satisfacción, era una voz femenina. Lanaya trataba de quitársela de encima, intentaba con todas sus fuerzas quitarse el brazo que ahorcaba su cuello pero no podía, era inútil. Se retorcía tratando desesperadamente de escapar mientras su cara empezaba a ponerse roja por la falta de aire, noto al instante mientras el miedo se apoderaba de ella que todo empezaba a oscurecer a la vez que sus fuerzas eran cada vez menos.

    Comenzó lentamente a cerrar sus parpados al mismo tiempo que dejaba de moverse y retorcerse. Había caído inconciente.


    …​


    Se despertó abruptamente, miro para todos lados, desorientada y confusa con un dolor de cabeza insoportable. Inmediatamente al abrir ojos se dio cuenta que estaba en los aposentos del rey, cubierto entero por el polvo y las telas de arañas, los muebles como el ropero o la mesa de luz ya eran muy viejos, estaban completamente raídos y afectados por el paso del tiempo. Lanaya estaba acostada desnuda en la cama del monarca con las extremidades extendidas a los lados y atadas con nudos muy apretados a las patas de la cama. Escucho unos pasos a la lejanía fuera de la habitación, en mitad del pasillo, se dirigían justo donde estaba ella. Era la presencia aterradora que había sentido con anterioridad.

    Lanaya se desespero, trato de moverse y escapar pero le fue imposible. Trataba con todas sus fuerzas de liberarse de aquellas sogas que la mantenían cautiva. Todo en vano. Comenzó a moverse a todas partes retorciéndose sobre la cama completamente angustiada, aquella cosa se acercaba cada vez mas, ella no hacia mas que exasperarse cada vez mas. Trato de usar sus poderes, pero tampoco pudo <<¡No puede ser!>>. Exclamo dentro de su mente mientras se veía en la incapacidad de hacer algo.

    Sin poderes y atada a la cama no veía que tuviera muchas posibilidades, esa cosa acabaría con su vida o la torturaría terriblemente. Comenzaba a desesperarse aun mas a medida que el sonido de los pasos se iban aproximando al cuarto, Lanaya comenzó a experimentar una angustia terrible, ni siquiera en sus peores momentos en la guerra de los ancestros le habían causado tanta ansiedad como ahora. Sabía que iba a perecer en este castillo, sin poder conseguir el grimorio que vino a buscar en primer lugar, su cuerpo entero comenzó a sudar mientras en sus entrañas sufría unas terribles nauseas.

    Finalmente había llegado al cuarto. Una figura femenina delgada y de buenos atributos con unas alas gigantescas de murciélago sobresaliendo de su espalda. Aquella mujer dio una carcajada de satisfacción mientras pasaba una de sus manos por las partes sensibles de su cuerpo, acto seguido dirigió uno de sus dedos a su boca y lanzo un feroz gemido de excitación.

    Lanaya quedo atónita al ser testigo del ser que se encontraba frente a la puerta, rápidamente la identifico. Akasha, la reina del dolor.

    -Veo que te has despertado quería-Dijo la súcubo mientras caminaba de manera sensual a la cama en donde se encontraba Lanaya- ¿Has disfrutado tu sueño? Espero que haya sido una pesadilla llena de dolor y sufrimiento Jajaja.

    Lanaya se limito a estar callada mientras le lanzaba fiera mirada de desprecio a su captora.

    -¿Qué pasa? ¿El ratón le mordió la lengua a la gatita? Jajaja- Se burló Akasha del silencio de la asesina.

    -¿Qué haces aquí?-Pregunto Lanaya con tono enojado.

    La súcubo se acerco donde estaba su victima y con una sonrisa en la cara piso con mucha fuerza el vientre de la asesina. Ella se retorció del dolor, Akasha disfruto mucho el sufrimiento de la templaria por lo que no pudo evitar esbozar una sonrisa de maldad.

    -A causar dolor niña-Confesó orgullosa-, para eso estoy aquí. Para deleitarme con tu sufrimiento.

    Akasha pasó su lengua por sus labios disfrutando su trabajo. Lanaya no hizo mas que mirarla con odio, la súcubo enseguida la abofeteo dejando una notable marca roja en su mejilla. La asesina trato de lanzarse hacia su captora y matarla con sus hojas psionicas, pero ambas cosas le fueron imposibles. Estaba atada a la cama y no podía usar sus poderes, esto le causo una gran sensación de impotencia y fastidio, bramo furiosa al darse cuenta que no podía hacer absolutamente nada. La reina disfrutó con mucha emoción la furia y desesperanza de su victima, le encantaba que trataran de luchar, pero le apasionaba cuando pedían clemencia a sus pies.

    -Ohhh, pobrecita-Se burló la súcubo fingiendo compasión- No puedes usar tus poderes ¿Cierto? Es una lastima, no podrás escapar ni conseguir el grimorio que buscas sin ellos. Estas condenada.

    -¿Cómo es posible? ¿Dónde esta la orquídea malevolente?-Pregunto Lanaya sin dejar de ver a la reina con mucho desprecio- No la veo en tus manos.

    Akasha río.

    -Debajo de tu cama-Contesto con una sonrisa de oreja a oreja.

    Lanaya apretó fuertemente sus manos, su frustración no tenia nombre. Con aquel objeto cerca de ella no tenia como pelear, mucho menos escapar.

    Akasha de agacho y debajo de la cama recogió el bastón y se lo mostró a la asesina. Un bastón en forma de orquídea que brillaba con una fulgorosa luz roja, temido por muchos magos y hechiceros. Un objeto perfecto para inutilizar a uno.

    La súcubo sonrío.

    -Con esto en mis manos no iras a ninguna parte. Te volverás mi esclava y objeto de satisfacción personal, así que a partir de ahora en adelante te referirás a mi como tu señora y ama de tu vida.

    Lanaya apretó con fuerza los dientes y exclamo.

    -¡A lo único al que sirvo es al templo! ¡Jamás en mi vida le rendiría pleitesías a un súcubo como tu!

    La sonrisa de Akasha desapareció rápidamente remplazándose por una mirada serie y furiosa. Se acerco hasta Lanaya y le propicio varios golpes en el rostro hasta dejarles muchas marcas, no paro hasta que comenzó a sangrar. La asesina se retorcía del dolor, no pudo hacer nada para defenderse, tan solo recibió los golpes sin mas. Una vez que la demonio acabo hasta que sus manos quedaron ensangrentadas, paso a lastimar los pechos de su victima. Pellizcó sus pezones con fuerza y los estrujo de tal manera que hizo a Lanaya soltar un agudo grito de dolor y desesperación, después pasó a hacer lo mismo con su vagina. Metió directamente su puño de forma abrupta haciendo que su esclava quedara sin aliento. No fue una sensación agradable, el dolor hizo que toda su sangre se congelara.

    Akasha río maliciosamente.

    -No eres virgen, veo que te has divertido con anterioridad. Pensaba que la protectora del templo se dedicaba únicamente a descubrir los misterios, pero por lo visto tu devoción no es tan alta como para mantenerte casta. Una lastima… habría disfrutado mucho mas si me suplicaras que no te quitara la virginidad.

    Retiro su puño de la misma forma ruda con la que la que penetro. Lanaya no dijo nada, tan solo emitía quejidos de dolor mientras se osaba a mirar con desprecio a su señora.

    -Escucha niña-Dijo Akasha con tono serio y amenazante impostando su voz lo más que podía-, a partir de ahora me perteneces. Sométete ante tu señora, pequeña niña. No eres nada ante mi, ríndete, no podrás escapar y si te opones te ira mucho peor.

    -Ya recibiste mi respuesta. Nunca me someteré ante ti, únicamente le sirvo al templo-Respondió osadamente.

    Una sonrisa sádica se formo en el rostro de Akasha al recibir esta respuesta. Le excitaban los que no son fáciles de dominar.

    -Entonces tendré que hacerlo por la fuerza.

    …​


    El dolor, el angustioso dolor que sufría Lanaya con cada azote que recibía en la espalda. Era horrible.

    El cuerpo de la asesina temblaba a causa de aquella tortura, la sangre se deslizaba por toda su espalda surgiendo de las heridas. Se encontraba desnuda y suspendida en el aire, sus pies estaban a escasos centímetros del suelo, se encontraba amarrada a unas cadenas en el techo. Sus brazos estaban completamente cansados de sostener todo el peso de su cuerpo, apenas si sentía la circulación. Una terrible sensación de impotencia invadía cada fibra de su cuerpo, apenas si tenia las suficientes fuerzas como para estar conciente en ese momento. El dolor la mantenía despierta.

    No había comido en días y apenas había tenido la oportunidad de cerrar los ojos, Akasha la había mantenido en el calabozo del castillo por alrededor de una semana entera. La lujuria de la súcubo la había llevado a cometer los peores actos contra Lanaya, la había hecho sufrir de muchas formas, numerosas veces mantuvo relaciones con ella humillándola en el proceso. La obligaba a únicamente a complacer sus obscenos deseos, en cambio ella no recibía mas que terribles castigos llenos de dolor y sufrimiento.

    Lo único que mantuvo cuerda a Lanaya todo este tiempo fue su deseo de no solo escapar, si no el de conseguir el grimorio que vino a buscar en el tenebroso castillo. Akasha sabia perfectamente esto, cada vez que veía a la asesina directamente lo contemplaba muy bien, no era capaz de someterla del todo. En aquellos ojos celestes había una mirada intensa de odio y rebeldía equivalente a un escupitajo en la cara, se negaba a someterse ante la voluntad de aquel demonio. Podía torturarla todo lo que quisiera, no seria capaz de dominarla del todo. La asesina no era tan voluble.

    A la súcubo de cierta manera esto le encantaba por una parte, pues le gustaba que sus victimas presentaran resistencia antes de poder lograr imponerse sobre ellas, no obstante. Al mismo tiempo le enfurecía completamente, se sentía insultada por la indocilidad de la asesina. Se había topado con un hueso duro de roer.

    Le dio un último latigazo, Lanaya grito del dolor y emitió un gemido quejumbroso. Akasha la soltó y cayó al suelo. Trato de pararse, pero apenas si podía, no era capaz ni de gatear.

    -Veo que aun le opones resistencia a tu señora-Comento Akasha, acto seguido suspiro con fastidio mientras veía a la asesina como un asqueroso insecto- ¿Cuánto castigo mas debes de recibir para que te vuelvas voluble?

    Lanaya no contesto como de costumbre, de hecho, ni se molesto en mirarla. Además de que no tenía las fuerzas suficientes como para emitir palabras através de su boca. Por tal insurrección se esperaba a recibir un fuerte y doloroso golpe por parte de Akasha, la asesina ya se estaba preparando para sentir dolor nuevamente. Pero no ocurrió nada.

    -Como veo que mis métodos tradicionales no surgen efecto supongo que tengo que intentar con otra cosa-Dijo la súcubo-¿Qué te parece un trato, Lanaya?

    Esto llamo mucho la atención de la asesina, volteo la vista confundida a ver a su “señora”. Por su cara de desorientada no sabia que se traía entre manos aquel demonio que la había hecho sufrir, supuso que intentaría fingir compasión para atizarla cuando bajara la guardia. Lanaya no confío en ella, le lanzo una mirada llena de odio y desconfianza.

    -¡Responde!-Exclamo Akasha impostando la voz- No leo la mente ¿Quieres que te haga un trato o no?
    -¿Qué planeas?-Hablo con mucho cansancio y agotamiento por fin la asesina llena de incertidumbre y desconfianza.

    -Un juego.

    -¿Un juego?

    -O mas bien una apuesta, una en donde puedes ganarte la libertad y el grimorio ese que tanto ansias.

    Lanaya abrió bien los ojos quedándose sin aliento, aquella respuesta la dejo anonadad, no se la esperaba. Akasha sonrío ante tal reacción, pudo notar un gran interés por parte de la asesina, sin embargo esta sospecho aun mas. Frunció el ceño y le lanzo una mirada llena de odio a su captora y pregunto.

    -¿Q-Qué es lo que quieres lograr con esto?

    -Tu ya sabes-Contesto la súcubo entusiasmada-. Tu total sumisión ante mí.

    La duda se apodero de Lanaya, no sabia que hacer en lo absoluto ¿Debía de tomar aquella apuesta que le estaba ofreciendo si captora? No lo sabia, desconfiaba por completo de ella <<¿Por qué me ofrece esto>>, se preguntaba. Sabia que la súcubo se traía algo entre manos, no por nada le podía ofrecer algo así, era completamente imposible que tuviera un ataque de generosidad. Aquel trato que le ofrecía no era desinteresado, los demonios siempre buscan su beneficio por sobre todas las cosas. No obstante, era su única oportunidad de conseguir la libertad y encima al mismo tiempo podía obtener el grimorio que vino a buscar.

    Lanaya se lo pensó muy bien. En caso de que aceptara la apuesta estaba totalmente segura de que Akasha le impondría condiciones desfavorable o haría trampa, incluso también estaba la posibilidad de que simplemente la victoria serie imposible desde el comienzo. Pero si no aceptaba se quedaría en el calabozo sufriendo por toda su vida y el templo se quedaría sin protectora. Pese a que ninguna de las opciones la convencía-en especial la segunda-, eran las únicas elecciones a tomar, debía de jugársela, no le quedaba de otra.

    Cerró los ojos y suspiro.

    -Acepto-Tomó finalmente su decisión-, jugare contigo.

    Akasha carcajeo con mucho gusto, paso la lengua por sus labios, tomó a Lanaya por la barbilla y alzo su vista. La miro directo a los ojos y la beso en los labios. La asesina trato de apartarla, pero le fue imposible, la súcubo la tomo por los brazos llevándola contra la pared. Se resistió como pudo, Akasha estaba metiendo su lengua poco a poco dentro de su boca, al mismo tiempo Lanaya sentía como sus fuerzas iban desapareciendo hasta finalmente caer inconciente.

    …​


    -Escucha atentamente niña porque no volveré a repetirme-Dijo Akasha mientras lentamente se desnudaba en presencia de la asesina que yacía acostada en la cama del rey y con todas sus extremidades atadas-. El juego será así: Tendremos un total de quince minutos y te estimulare para que llegues al orgasmo. Si no pasa nada en ese tiempo y logras resistir, ganaras. Si tu ganas te iras de este castillo con tu librito y si yo gano…

    Akasha no dijo esto ultimo, solo se limito a sonreír macabramente.

    -¿Entendiste?-Pregunto la súcubo, la asesina no respondió. Al igual que todas las veces se limitaba a mirarla con odio en silencio-. Bueno, empecemos.

    Se acerco hasta Lanaya caminando de forma sensual, meneando las caderas. Veía a la asesina con una mirada lasciva, se mordía los labios y se toqueteaba sus partes íntimas.
    Lanaya apartó la vista completamente asqueada por la imagen que percibían sus ojos, Akasha río por este hecho. Pasó una de sus manos por todo el cuerpo el cuerpo de su victima, empezando por el rostro, bajando hasta los pechos y finalmente acabar en la vagina la cual cosquilleo suavemente. Lanaya carraspeo tratando de contener el aliento y evitar gemir, movió su cuerpo para intentar apartar la mano de la súcubo. Se retorció por toda la cama en vano moviéndose a todas partes intentando escapar, pero Akasha no cedía terreno y acariciaba cada vez de manera mas intensa las partes intimas de la asesina.

    Lanaya sentía como una sensación de placer y excitación recorría todo su cuerpo al mismo tiempo que se transformaba en una de terror y desesperación. Akasha paso a introducir sus dedos dentro de la vagina de la asesina, a ella se le escapo el aliento de sus pulmones y sin querer emitió un agudo gemido, causando una sonrisa de oreja a oreja en el rostro de la súcubo. Lentamente comenzaba a introducir más y más sus dedos hasta casi meter su mano por completo, Lanaya trataba de contener el aire en sus pulmones pero le era imposible. Arrugo el rostro, cerró los ojos y apretó sus dientes deseando que esto acabara de una vez por todas.

    Akasha se subió encima de su victima ejerciendo mucha fuerza con el peso de su cuerpo sobre la asesina. Siguió jugando con sus partes íntimas masturbándola contra su propia voluntad. Lanaya seguía oponiendo resistencia moviéndose para todos lados en la cama tratando de quitarse a la súcubo de encima, su piel comenzaba a sudar, los pezones de sus pechos comenzaban a ponerse cada vez más erectos y su vagina se humedecía con cada segundo que pasaba.

    La súcubo comenzó a besar el cuello de la asesina dejando marcas de lápiz labial por todo este. Lanaya no podía contenerse mas, no habían pasado ni cinco minutos y ya iba a llegar al orgasmo, definitivamente perdería. Su cuerpo se estremecía con cada vez mas intensidad, era incapaz de contener el aliento, evitaba con todas sus fuerzas gemir pero cada vez se le hacia mas imposible, si esto seguía así ella terminaría cediendo. Supo perfectamente que no tenia escapatoria, intentase lo que intensase seria completamente en vano, no le quedaba de otra que simplemente resistir todo lo posible, no obstante si seguí así no terminaría por aguantar los quince minutos. Pensó muchas maneras de escapar, pero sabia que todas y cada una de ellas eran completamente inútiles, no le quedaba de otra. Tenia que soportar todo lo posible.
    Akasha empezó a arañar todo el cuerpo de su victima con sus largas y filosas uñas mientras seguía besándole el cuello. Dejaba tanto marcas de lápiz labial como de cortaduras por toda la piel de Lanaya.

    -¡Basta!-Suplico la asesina.

    Akasha ignoro esto y simplemente siguió como si nada, haciendo caso omiso de la suplica de su victima. La súcubo se sentó y comenzó a frotar sus partes con los de la asesina causándole esto mucho placer. Cuando hizo esto empezó a reír de placer muy excitada, toqueteaba sus senos de manera intensa amasándolos por completo, sus carcajadas llegaban hasta lo más profundo del castillo resonando incluso en la esquina mas excluida de todas. Eran tan fuertes que ensordecían a Lanaya. No paraba de reír, estaba tan excitada que no podía controlar sus emociones, incluso llegaba hasta el punto de sacar la lengua y babear. Una imagen muy grotesca sin duda alguna para la asesina.

    Restregaba su vagina con la de Lanaya con mucha, pero mucha intensidad y entusiasmo. Quería terminar esto rápido y divertirse en el proceso.

    Lanaya sudaba tanto que casi toda la cama quedo empapada con su sudor. Cerraba los ojos y trataba de resistir todo lo que podía, pero sabía que pronto llegaría al orgasmo. Pronto perdería. No obstante, se dio cuenta de algo.

    Sus muñecas estaban tan sudorosas que podían deslizarse através de las cuerdas que la ataban a la cama. Al saber esto, Lanaya sintió una gran sensación de certidumbre en lo más profundo de su cuerpo, una gigantesca y enorme posibilidad para escapar de las garras de la lujuriosa súcubo. No pudo evitar esbozar una sonrisa en su rostro, finalmente seria libre, tan solo tenia que liberar sus manos deslizándolas cuidadosamente por la cuerda y aprovechar que su captora estaba distraída tratando de hacerla llegar al orgasmo.

    -Señora mía-Fingió devoción para llamar la atención de Akasha-, déme un beso por favor.

    La súcubo inmediatamente se detuvo y miro al rostro excitado de la asesina muy confundida, se pregunto que había sido lo que sus oídos acababan de escuchar ¿Ella pidiéndole por favor que la besara? Esto le extraño mucho, se pregunto porque pediría algo así siendo que se había mostrado totalmente hostil todo este tiempo. Una parte de ella pensó que algo extraño sucedía, algo le decía que ella estaba tramando algo, pero gran parte pensaba que finalmente Lanaya se sumió por completo ante su voluntad al saber que iba a perder <<Si, eso es>>. Pensó la súcubo mientras sonreía placenteramente con una sensación de victoria por todo su cuerpo creyendo que había ganado la apuesta.

    -Como gustes niña-Dijo Akasha con una sonrisa de oreja a oreja.

    Cerró sus ojos y dirigió sus rojos labios a los de la asesina concediéndole su petición. Un extraño acto de benevolencia para un demonio, o mas bien un acto de arrogancia y subestimación. Antes de que pudieran darse un beso Lanaya rápidamente soltó ambas manos de las cuerdas liberándose finalmente de ellas, y le dio un rápido y fuerte puñetazo en el rostro de la súcubo rompiéndole la nariz y hundiéndole el tabique haciendo que cayera de la cama. No se lo esperaba.

    La asesina sintió un gran gozo al devolverle todo lo que le había hecho, sin embargo sabía que era muy pronto para cantar victoria, la súcubo se levantaría llena de odio y rabia y la degollaría por completo en un largo y agonizante sufrimiento. Pero no ocurrió. Su cuerpo estaba tendido en el suelo sin mostrar rastro de movimiento alguno, o siquiera de vida. Lanaya suspiro aliviada, la había matado instantáneamente con ese mortífero y eficaz puñetazo. Ahora tocaba encontrar sus cosas, llevarse el grimorio, salir de una buena vez de este espantoso castillo y volver cuanto antes al templo para almacenar el tesoro junto con los demás misterios.

    Se desato las cuerdas que tenia en los pies, salio de la cama, tomo la orquídea malevolente que estaba debajo de ella, reviso por todas partes de los aposentos reales en busca de su ropa y equipamiento, los encontró en un placar gigantesco colocado junto a la puerto, se vistió y camino hasta la salida de la habitación. Sin embargo, antes de que siquiera pusiera un pie suyo fuera del cuarto un cuchillo saliendo volando cerca de su cabeza, rozando su rostro por apenas escasos centímetros y termino incrustado en la pared como si alguien lo hubiera clavado con mucha fuerza. Sintió un espantoso miedo atravesar cada fibra de su cuerpo quedando completamente anonadada, sus manos comenzaron a temblar mientras sentía como alguien respiraba y bramaba detrás de ella. Lentamente giro la cabeza hacia atrás y quedo horrorizada con la imagen que vio.

    Akasha para desnuda frente a ella con una mirada de odio infinita y chorreando mucha sangre al suelo através de su rota nariz. Gruñía como una bestia salvaje a punto de devorar y despedazar a su presa. Lanaya quedo completamente asustada ante lo que vio, un horror sin nombre es lo que sintió, la presencia asesina de la súcubo causo un gran pánico a la asesina. Sabía perfectamente que ella no la dejaría escapar con vida de aquí.

    Dio un grito agudo levantando la voz, de pronto Lanaya sintió como una fuerza implacable chocaba contra ella de manera muy violenta mandándola a volar contra la pared del pasillo fuera de la habitación. La orquídea malevolente por su parte se perdió en mitad de los pasillos al salir volando igual que la protectora del templo. Akasha inflo sus pulmones y se preparo para gritar nuevamente, la asesina cubrió su cuerpo cruzando ambos brazos y activando su escudo preparándose para el próximo ataque de la súcubo, el cual sabía muy bien que seria completamente devastador.

    Las fauces de la demonio se abrieron nuevamente mostrando sus filosos dientes y colmillos, emitió un grito agudo mucho más fuerte que el anterior. El castillo entero se sacudió, una onda sonora atravesó cada lugar de la antigua fortaleza de manera muy violenta despedazando cualquier cosa que hallara en su paso. Los ladrillos de la estructura se agrietaron y estuvieron a punto de romperse, pero no lo hicieron de pura suerte. El escudo de Lanaya soporto lo suficiente como para protegerla antes de desaparecer hecho pedazos, pese a que la reflección de la asesina absorbió la mayoría del daño eso no quiere decir que ella no lo sufriera aunque sea lo bastante como para que todo su cuerpo le quedara doliendo. De lo contario, en estos instantes no seria mas que una simple masa de carne y huesos dispersados por todo el lugar.

    -¡Muere!-Akasha lanzo un grito lleno de rabia y se lanzo contra la asesina para quitarle la vida.

    Lanaya la vio correr directa a ella por lo que tomo posición de combate y activo sus hojas psionicas lista y preparada para enfrentarse a aquella súcubo que tanto la había hecho sufrir. <<Me las vas a pagar>> Pensó Lanaya entrecerrando los ojos.

    Akasha se teletransporto y apareció justo enfrente de la asesina con un cuchillo en mano listo para clavárselo en el cuello. Lanaya esquivo la apuñalada saltando a la izquierda, giro su cuerpo a la derecha para estar de frente a su adversaria y le asesto una patada en el vientre alejándola. La súcubo se doblo del dolor, soltó la daga dejando que cayera al suelo y llevo sus manos a su panza, pero la asesina volvió a arremeter contra ella dándole nuevamente otra patada, solo que esta vez justo en la quijada. Akasha cayó al suelo de espalda con todo su rostro sangrando y gimiendo adolorida. Le encantaba el dolor, siempre y cuando se lo causara a alguien más y ella no lo recibiera.

    Antes de que la súcubo pudiera levantarse, la asesina corrió hasta el final del pasillo y doblo la esquina. Parecía que pretendía escapar, obviamente que Akasha no permitiría que ocurriese tal cosa<<¡Esa puta! ¡Voy a hacer sufrir a esa puta!>>.Pensaba Akasha mientras se paraba, tomaba el cuchillo y comenzaba a perseguir a su victima. Sus pulmones tomaron aire para gritar nuevamente y hacer pedazos a la asesina, pero al doblar la esquina no vio absolutamente nada. Miro a todas partes confundida sin saber a donde había escapado su victima, pero no la encontró. De pronto algo bajo sus pies brillaron, inmediatamente bajo la vista sorprendida preguntándose que demonios era lo que pasaba, pero antes de que pudiera ver con claridad algo había estallado en una luz de color rosado. Cayo nuevamente al suelo adolorida como hace segundos.

    Escucho pasos delante suyo y enseguida se levanto para ver si eran de quien ella creía, y efectivamente así lo era. Lanaya corriendo directamente hacia las escaleras que llevaban a los pisos de abajo, para evitar que se le escapara de las manos lanzo su cuchillo a al asesina con mucha fuerza impactando justo en una de sus pierna. Lanaya cayo de cara al suelo emitiendo un gemido de dolor, se dio la vuelta y vio a la súcubo viniendo directamente a ella con una furia titánica preparada para lanzar otro de sus temibles y devastadores gritos. Arrojo una de sus hojas psionicas en forma de proyectil pero Akasha lo esquivo con suma facilidad teletransportandose unos pasos hacia delante. Lanaya carraspeo sorprendida, inmediatamente desapareció de la vista de la súcubo volviéndose invisible logrando que esta se detuviera <<¿Acaso se teletransporto?>> Se pregunto Akasha sorprendida.

    La demonio había bajado la guardia, grave error para ella. Lanaya volvió a ser visible tomando por sorpresa a la súcubo, la asesina blandía en ambas manos unas filosas y mortíferas hojas psionicas las cuales uso para partir por la mitad a la reina del dolor con un solo ataque. Las gotas de sangre salpicaron en el rostro de la asesina templaria, quien volteo a ver como su adversaria se retorcía en el suelo mientras su vida se escapaba rápidamente. La súcubo finalmente había muerto.

    Lanaya se dejo caer de rodillas al suelo mientras suspiraba cansada y con los nervios finalmente en paz. Una gran satisfacción lleno su ser, dudó que Akasha pudiera moverse después de eso, de hecho dudo siquiera que continuara con vida, pues estaría en los infiernos de Doom encontrándose con ese dolor que tanto ansiaba.

    Sin perder el tiempo la asesina se levanto e ignoro el cadáver de su captora para comenzar a buscar el grimorio, el cual finalmente encontró en la sala de tesoros. Una vez completa su misión abandono ese horrible castillo, ese horrible castillo en que el templo estuvo sin quedarse sin protectora.
  7. Como odio con todas mis fuerzas el argumento de "si no te gusta, no lo mires o no lo hagas". Me hierve la sangre cada vez que lo veo.
    Ejemplifiquemos:
    Estas tan chetado en el juego en el juego que incluso en la dificultad mas alta resulta un paseo por el parque, entonces viene uno y me dice "entonces no juegues con las mejores armas" ¿Y porque yo tengo que limitarme? No es mi culpa que los desarrolladores no sepan programar una dificultad decente y equilibrada. Aunque no juegue con las mejores armas el juego va a seguir desbalanceado te guste o no.
    Otro ejemplo es donde los cuchillas te mandan a matar a Pathurnax. Todos sabemos que el juego no te deja la elección de poder tomar la decisión de defenderlo (cosa totalmente estúpida tratándose de un """"rpg"""), y viene el inteligente y me dice: "Entonces no la hagas". Pero lo que aquel imbécil no sabe es que aunque la haga o no el juego no me va a dejar decidir.
    Es como si un perro hubiera cagado en la puerta de mi casa y yo obviamente me quejara, entonces el vecino me dice que si no me gusta que la mierda este ahí que simplemente no la mire por mas que este justo ahí enfrente mio, secretando ese nauseabundo olor a mierda.
    A Acero_12 y Kisaragi Jiren les gusta esto.
  8. Aquel asqueroso ser, ese inmundo avaro. No había individuo más egoísta y desgraciado en todo Urkum. Un hombre flacucho con una barba digna de una cabra y un pelo totalmente alborotado, no solo era un asco como ser vivo, también su apariencia era absolutamente repugnante a la vista. Un fiel reflejo de su carácter.

    Había nacido en un pueblo que de seguro no le importaba a nadie, en donde la mediocridad y la estupidez era lo más común, lo mejor que le podía pasar a esta aldea era ser arrasada por bandidos. Este repulsivo sujeto había nacido de una borracha inmunda y de un fracasado cualquiera, su destino estaba sellado en el pozo de excremento más profundo.

    Durante su infancia no le gustaba compartir sus escasos y horrendos juguetes de segunda, al cabo que nadie los quería. Con esos intentos de entretenimientos se inventaba las historias mas entupidas que solo a un imbécil se le ocurriría, el mismo era el protagonista de esos relatos que se inventaba, se veía así mismo como el héroe, como el bueno que combatía a los malos, aunque era mas bien el feo. Cuando se acercaban los demás mediocres esta criatura extraña con forma de niño los rechazaba, les pegaba a los otros niños para quitarles sus juguetes, pues el mismo se daba cuenta de que los suyos eran para reírse. Todos lo dejaban solo al nauseabundo mocoso, pues hacían bien, nadie era capaz de aguantar tan solo cinco minutos en su irritante presencia.

    De pura suerte aprendió a leer y escribir mientras su madre se revolcaba con todos los hombres de pueblo y su padre se volvía cada vez más el hazmerreír. El primer libro con el que se tropezó era uno de magia, era una guía tan básica que hasta alguien con una gran deficiencia mental podía llegar a entenderlo. Es en ese entonces que aquel imbécil por fin pudo hacer algo bien en su vida dejando de una buena vez atrás esa decadencia cultural que era su pueblo. Aprendió unos cuantos hechizos de fuego e incendio toda la aldea matando con ella a todos su habitantes y robando todos los objetos que podían tener algún valor, en resumidas cuentas fue lo mejor que le pudo pasar a ese inmundo pueblo. Al ver arder todo sintió una gran fascinación en todo su interior, pese a que en primer lugar su vida estaba destinada a la de un aborto logro convertirse en un mago decente, pensó que esto era lo mas bello que podía haberle pasado alguna vez en la vida. Cerró los ojos y disfruto del momento mientras sus vecinos morían quemados.

    Ahí es cuando empezó a agravarse su asquerosa actitud egoísta, creyéndose mucho más que los demás solo por saber magia y haber superado su ineptitud inerte desde su nacimiento. Cuando fue a la ciudad más cercana vendió todas las cosas de valor y lo primero que hizo fue gastarse aquel dinero en unas cuantas prostitutas, perdiendo la virginidad que había conservado hasta los veinticinco años. Lo más sorprendente de todo este hecho era la gran resistencia de aquellas cortesanas para aguantar los vómitos al ver esa cosa horrible que no se puede describir con palabras. De lo que sobro de aquellas jornadas de sexo lo uso para inscribirse en un colegio de magia para mejorar sus habilidades, pues como todo imbécil cabeza hueca le irritaba que los demás fueran mejor que el en algún ámbito.

    No lo echaron a patadas porque pagaba bien, de lo contrario si no fuera por el dinero que usaba para permitirse lo habrían masacrado entre todos. Insultaba a todos con su sola presencia, escupía al que se atreviera pasar al lado suyo, tocaba los pechos de las mujeres y si se le presentaba la oportunidad los mordía fuertemente, robaba a los demás si la oportunidad se le presentaba y se negaba a compartir hasta el mas mínimo grano de arroz, siendo esto ultimo lo que mas le irritaba a ese hijo de puta. Su imbecilidad era tan exasperante que hasta algunos de los maestros mas pacientes y comprensivos se vieron obligados a renunciar, se atrevía a atacar a los demás solo por decir algo que no le gustaba. Y muchas otras cosas de las cuales no seguiré mencionando, pues no acabaría nunca.

    No debías de sorprenderte si contraías cáncer estando al lado suyo, su presencia emanaba mucha toxicidad.

    Los años pasaron, muchas renuncias se presentaron en los comités de magia y se pagaron a algunos cuantos mercenarios para matar a ese intento de ser humano, pero por desgracia para la sociedad en general fallaban. No sabiendo como, aquel imbécil llego a convertirse en un mago con mucho poder a su alcance, tanto mágico como económico. Ese bastardo se daba la gran vida, se compro una torre y contrato a muchas mujeres para que le sirvieran, cosa que solo aceptaban las mas desesperadas por al menos para llevarse un poco de pan a la boca. También pagaba a algunos hombres para humillarlos, pues aquel pijacorta no se sentía a gusto si no era haciéndole la vida imposible a alguien.

    Un día pasó por sus oídos llenos de cera y mugre los rumores de un mítico artefacto mágico que le podía dar un inmenso poder a cualquier mago. Un disco de obsidiana. Se entero de que tal magistral objeto no se encontraba muy lejos de aquella ciudad que había arruinado con su sola presencia, estaba en una cueva misteriosa. Al tener esa información en sus mugrientas manos inicio todos los preparativos. Contrato a unos cuantos mercenarios para que nadie se le adelantara, equipos de excavación y sanadores. Gente honesta trabajando para un imbécil.

    Fue lo mas pronto posible para evitar que alguien se atreviera a adelantársele e inicio los preparativos para la búsqueda, tardando solo un día por las apuradas de aquel asqueroso ser. Los trabajadores tuvieron que descansar en muchas ocasiones por el excesivo trabajo cosa que enfurecía mucho a aquel idiota que no movía ni un solo dedo, no vaya a ser que se cansara ese desgraciado. Una vez preparado todo esperaron hasta el próximo día para adentrarse en las fauces de la oscura cueva que no auguraba nada bueno. Al egoísta hijo de puta no le gusto para nada, pues quería entrar inmediatamente para encontrarse con aquel tesoro que según el le pertenecía por derecho. Pero nadie le hizo caso, sus empleados estaban tan cansados por el arduo esfuerzo que habían hecho, simplemente ignoraron por completo los berrinches de aquel niño con cuerpo de hombre deforme.

    Como toda una mierda de persona hizo caso omiso de todo esto y seleccionó a unas tres personas para que le acompañaran ahí adentro. Dos de ellos se negaron rotundamente, para desgracia de ellos terminaron sin cabezas y con el cuerpo enteramente calcinado. Aquel insulto a todo lo que es bueno no le gustaba recibir un no como respuesta, esto disuadió al tercero de aceptar temeroso por su muerte y se vio obligado a seguir al horrendo y vomitivo mago hasta las entrañas mas profundas de la cueva. Al desgraciado aquel que no merece ni ser llamado animal le encantaba y fascinaba salirse con la suya, en especial si le hacia daño a alguien mas de paso.

    El intento de ser humano iluminó el camino con su fuego y avanzaron sin frenarse por absolutamente nada. El honesto hombre que acompañaba a esa abominación que controlaba la magia estaba asustado hasta en la más pequeña fibra de su cuerpo, sus pantalones terminaron orinados, sumado también a que sentía constantemente un horrendo escalofrío en la espalda y que le costaba mucho caminar. Aquel sujeto que se vio obligado a venir aseguraba ver sombras por todas partes y escuchar escalofriantes susurros provenientes de mas adelante, al expresar esto solo se llevo unos cuantos insultos que salían de la asquerosa boca de aquel despojo con patas.

    El egoísta de mierda se adelantó mucho más para no tener que oír a su empleado que el mismo había ordenado que viniera hasta aquí, dejándolo en mitad de la oscuridad solo por ser incapaz de escuchar a los demás. Eso fue lo que sello su destino para la suerte de todos.

    Algo lo mordió en el cuello y lo sometió violentamente contra el suelo.

    -Me vas a dar tu sangre basura-Dijo una voz extraña-.Tu y el otro que te acompaña me alimentaran.

    El mago enseguida se dio cuenta de que se trataba de un vampiro.

    -¡No!-Chillo con bastante fuerza aquel egoísta que se había cagado en los pantalones del miedo-¡Me vas a dar el disco de obsidiana!

    El vampiro no hizo más que reír.

    -¿Te crees en posición de negociar sucia rata? ¿Te tengo que recordar quien esta en el suelo y desangrándose por el cuello? Además, aquí no hay ningún disco-Confeso la criatura de la noche con una sonrisa en su rostro-. Todos esos rumores son falsos, yo los esparcí por la ciudad por si algún idiota se aventuraba por aquí en busca de tan valioso tesoro ¡Y mira! Aquí tenemos a un idiota.

    El desgraciado que se encontraba en jaque en este preciso momento comenzó a retorcerse y a gritar lo más fuerte que podía, no por el hecho de que iba a morir, si no más bien porque se dio cuenta de que no había tesoro alguno. Tal artimaña lo enfureció demasiado, odiaba con toda su alma ser engañado por lo que el consideraba como “los inferiores”, es decir. Cualquier otra persona que no fuera el.

    -¡Deja de retorcerte desgraciado!-Ordeno el vampiro- Si tanto quieres vivir podemos hacer un trato ¿Te parece?

    El mago observo al vampiro atónito, no dijo ni una palabra. La criatura de la noche paso su lengua por sus labios con mucho deseo por satisfacerse.

    -Si le dices al otro que venga directo para acá te perdonare la vida, no tomare más que un poco de tu sangre. Dejare que te marches en paz y sigas con tu vida ¿Qué te parece?

    El mago se mordió los labios desesperado. Su corazón palpitaba tan rápido que parecía que en algún momento iba a escaparse de su pecho, las gotas de sudor se deslizaban através de su sucia piel, se híper ventilaba por la boca y cada uno de sus músculos temblaba como gelatina. Miro directo a los ojos rojos del vampiro que estaba encima de él, noto como lo veía con mucha apatía esperando su respuesta. Cerró fuertemente los parpados, trago salivo y finalmente dio su respuesta.

    -Me niego-Respondió el mago.

    -¿Cómo?-Pregunto el vampiro sorprendido.

    -¡Idiota sal de aquí, hay un vampiro. Nos va a matar a ambos! ¡Huye lo mas rápido que puedas!-Advirtió el hombre flacucho y con barba de cabra a su empleado.

    Por una vez en su vida aquel mago egoísta había hecho alguno bueno por alguien mas que no fuer el. Esto era algo completamente inconcebible ¿Cómo aquel desgraciado que siempre había velado por sus intereses podía ayudar a alguien más? Incluso los mismos dioses no pudieron preveer tal asombroso y desconcertante hecho, no obstante. El había cometido aquella buena acción por puro egoísmo como era de costumbre. No lo hizo para salvar a su empleado, por su puesto que no, lo hizo solo por su satisfacción. No podía darse el lujo de perder la oportunidad de fastidiar a un vampiro, incluso en las ultimas le gustaba poder pisotear a los demás.

    El mago murió con una gran sonrisa de satisfacción en su rostro, con el cuello rebanado por unos filosos colmillos. El empleado que había sido obligado a bajar a la aterradora cueva logro escapar sano y salvo. Por su parte aquel monstruo tuvo que resignarse a esperar a su siguiente victima. La ciudad entera se sintió increíblemente aliviada al no tener que aguantar a aquel sujeto que los estuvo muchos años, a aquel hombre que murió solo por su satisfacción.
  9. Estaba yo ahí en medio de la oscuridad infinita, sin que nada existiese más que yo, atrapado en medio de esta nada. No era capaz de sentir absolutamente nada más que un simple escalofrío eterno, mi cuerpo estaba enteramente congelado.

    No se que cantidad de tiempo estuve atrapado aquí, no tengo memoria, deje de pensar hace tiempo. Ahora simplemente me encuentro inerte sin que la más minima fibra de mi cuerpo se haya movido en este tiempo.

    Sin embargo hubo algo que lo cambio todo en mi escaso mundo. Comencé a sentir un abrumador dolor en mi vientre, uno el cual era incapaz de soportar. Sentía como algo dentro de mí se movía, intentando escapar. La angustia me ahogaba, no era capaz de gritar, me sentía aterrado hasta los huesos. Lo único que podía sentir era aquel sufrimiento.

    De pronto una mano salió de mi vientre, estaba toda ensangrentada y temblaba como si sus nervios estuviesen siendo electrocutados. En ese momento deje de sentir dolor por alguna razón, lo único que hacia era contemplar horrorizado este hecho. Otra mano emergió y después todo un cuerpo entero junto con mis órganos, los cuales escapaban de mi cuerpo. Aquel sujeto se puso de pie y me vio directo a los ojos, era yo. Me quede completamente anonadado al verme a mi mismo, una horrible sensación me invadió inmediatamente.

    Mi gran herida se cerró como por arte de magia y un destello de luz apareció en la lejanía, no dude y empecé a correr hacia ella sin siquiera pensármelo. En cuanto mas me acercaba a aquel brillo el espacio se encogía cada vez mas, impidiéndome mover con libertad, sentía como si estuviese encerrado en un tubo, pero no me importo. Seguí avanzando poco a poco hasta que finalmente estuve frente a aquella luz, estire mi brazo hacia ella y enseguida lo absorbió. Sin que me diera cuenta todo mi cuerpo fue aspirado.

    Cuando abrí los ojos estaba en medio de la nada, todo empapado con sangre. Sentí que un sujeto estaba detrás de mi, me levante y vi que era yo. No supe como reaccionar ante esto, solo contemple como mi otro yo quedo estupefacto al verme. Su estomago se cerro y empezó a correr irracionalmente hasta que se desvaneció.

    Y ahí estaba yo, nuevamente en medio de la oscuridad infinita.
    A tostada frita y 九時.* ~ les gusta esto.
  10. Entraron en aquella cueva, esos cinco mercenarios armados hasta los dientes contratados por los tres magos que vestían con caras túnicas que iban por detrás de ellos. Todos y cada uno de aquellos fieros guerreros se veían amenazantes, estaba completamente claro que eran capaces de matar a cualquier bestia con solo la mirada. No por nada los hechiceros que iban en la retaguardia les pagaron muy bien para que les acompañaran en esta intrépida travesía en lo más profundo de la caverna inundada de oscuridad.

    Todo el grupo tenia una apariencia imponente, la cual avisaba a todos de que no debían de meterse con ellos… de lo contrario no saldrían con vida.

    Los mercenarios cargaban con pesadas y formidables armas de hierro, sus rostros estaban curtidos por fieras y notables heridas que les atravesaban toda la cara, aquellos músculos con los que fácilmente destrozarían incluso a las bestias más salvajes de Urkum, y esas armaduras con varias abolladuras y perforaciones las cuales mostraban indicios de crueles batallas. Estos guerreros debían de ser tomados completamente enserio cuando mirasen a alguien con mala cara. Incluso los magos tampoco se quedaban atrás, pues aunque no tuviesen rasgos de haber atravesado incontables peleas como los mercenarios que los acompañaban, tan solo había que echarles un pequeño vistazo para ver todo el poder que emanaban de sus figuras. Aquella arrogancia que potaban era símbolo de un poderío extremo, nada en este mundo estaba fuera del alcance de estos hechiceros.

    Pero sin embargo, había alguien que no encajaba en este peligroso grupo, alguien que simplemente desentonaba por completo. Tal persona era un joven de no mas de veinte años, un flacucho que se hacia llamar Erik. Tenía un rasgo que lo diferenciaba de todos los demás, y eso era su piel pintada de un color gris oscuro, pero más allá de esa curiosa y extraña característica el muchacho no destacaba en absolutamente nada más. No parecía ser fuerte ni tampoco ser alguien inteligente y mucho menos valiente, con tan solo ver a los magos y a los mercenarios este chico se orinaba en los pantalones. Los demás simplemente lo dejaron unírseles para utilizarlo como mula de cargas y como carnada si la situación lo ameritaba, además de que no cobraba más allá de unas simples cinco tajaderas. Era alguien que simplemente sobraba.

    Esta cueva poseía dimensiones un poco extrañas, incluso para los magos que estaban acostumbrados a toda clase de cosas de naturaleza singular. La caverna estaba situada en una montaña hueca de no más de doscientos metros, pero en el interior el techo estaba a unos quinientos metros de sus cabezas y para rematar las paredes estaban separadas por al menos un kilómetro, cosa totalmente insólita. Esto desconcertaba totalmente a los hechiceros quienes no podían dar explicación alguna, inclusive los mercenarios quedaron totalmente estupefactos ante esto. Por su parte el enclenque chico de piel gris quedo maravillado abriendo la boca hasta el suelo de lo impresionado que quedo.

    En el interior se extendía una ciudadela laberíntica con un gran edificio alto en el centro, calles perfectamente empedradas y grandes y gigantescas murallas en los interiores de esta ciudad que separaban las calles. Al avanzar pronto notaron que no todo era tan oscuro como se lo imaginaban, la inconmensurable cueva era iluminada por grandes setas luminosas distribuidas por todas partes. Todo esto era fascinante, incluso para los mercenarios.

    El grupo se adentro hasta las puertas de la alucinante ciudad, al llegar hasta allá vieron con claridad que todo estaba destrozado. Las murallas se caían a pedazos y la piedra que las componían estaban un poco erosionadas, todo esto daba señal de que se trataba de una ciudadela de bastante tiempo, quizás desde antes de que la civilización de los hombres existiese. Los magos en su curiosidad analizaron y examinaron cuidadosamente los ladrillos de las murallas y por el desgaste de estas les dieron aproximadamente unos mil quinientos años de antigüedad, cosa que les maravillo demasiado, se mostraron completamente entusiasmados ante esto. No obstante, los mercenarios y el muchacho no entendían la fascinación de los hechiceros, por lo que en su ignorancia el chico preguntó tímidamente.

    -Dis… disculpen ¿Por qué es… es tan bueno que sea una ciudad tan vieja?

    Uno de los magos al escuchar esta pregunta por parte del enclenque muchacho se sintió casi ofendido y le lanzo una mirada inquisidora, al mismo tiempo que le contestaba con bastante hastío y poco modales.

    -Urrrg. Porque es un gran patrimonio de la historia. Idiota. Solo un ignorante como tu no serie capaz de comprender tal importancia, más te vale que la próxima no abras la boca, se te paga para que lleves nuestras cosas, no para que nos molestes.

    El joven no supo que decir, tan solo se disculpo y agacho la cabeza apenado.

    Apenas entraron en la ciudad advirtieron algo muy extraño que los dejó desconcertados. Había estatuas por todas partes, en cada esquina e incluso en mitad de las calles, cosa que dejo intrigados a cada uno de los miembros de esta empresa. Tales esculturas retrataban a hombres fornidos con orejas puntiagudas y adornados con decenas de joyas y perforación por todo el cuerpo, estaban esculpidas con un gran detalle nunca antes visto por ninguna obra de arte. Toda esta prolijidad era totalmente insólita para los magos, no había mano alguna que pudiera representar la forma humana de manera tan exacta, les era imposible creer que eran justamente iguales a la figura de un hombre de manera cien por ciento real, e inclusive estas estatuas no se veían afectadas por el paso del tiempo, cosa que dejaba completamente perplejos a todos. Simplemente parecían personas pintadas del color del mármol, pero lo más sorprendente es que no era solamente con una sola escultura en específico, era básicamente con todas con las que se topaban a lo largo del trayecto por la ancestral ciudad.

    Pero no todo era color de rosas.

    Las estatuas de cierta forma eran atemorizantes, transmitían algo siniestro que incomodaba a los mercenarios. Los guerreros se sentían observados por estas esculturas, los magos simplemente les decían que era simplemente paranoias suyas, pero los mercenarios no estaban seguros de tal cosa. Las estatuas les ponían la piel de gallina, se sentían completamente incómodos con ellas por todas partes.

    Siguieron avanzando por horas, pero las laberínticas callas sumadas a las enormes murallas que separaban las calles solo los hacían dar vueltas en círculos, esto los canso. Ya fatigados y cansados de caminar y no ir a ningún sitio, todos tomaron la decisión de que lo mejor era parar por algunas horas para reponer algunas energías, además de que gracias a uno de los magos que llevaba consigo un reloj de cuerda se dieron cuenta de que ya eran altas horas de la mañana.

    Como lugar de descanso eligieron una casa de dos pisos un poco pequeña y estrecha, pero que de cierta forma les permitiese el alojamiento para cada uno de ellos. Total, solo seria por esta noche y después se pondrían de marcha nuevamente. Al entrar en este no tan lujoso lugar notaron que estaba casi todo en ruinas, la mayoría de los muebles que estuvieron aquí hace muchísimo tiempo ya no eran más que simples escombros, todas las demás cosas de la edificación se caían completamente a pedazos, básicamente si uno de los mercenarios decidiera darle una patada a una de las paredes esta vieja vivienda toda ella se vendría debajo de lo frágil que era. Las dos únicas cosas que parecieron sobrevivir el paso del tiempo en esta ciudad fueron las enormes murallas que la rodeaban y atravesaban junto con todas las estatuas que había en cada lugar.

    El grupo al ver esto decidieron que lo mejor era que nadie se aventurase al piso de arriba por lo peligroso que era, todos tendrían que dormir en la planta de debajo de la casa, y así se hizo. Cada uno de los mercenarios y los magos improvisaron unas modestas colchas con unas cuantas pieles de animales, pero para desgracia no eran muchas, por lo que algunos se tenían que ver obligados a dormir juntos, cosa que no entusiasmo a nadie precisamente. Pero, aun así no podían andar quejándose en estos precisos momentos, tenían que hacerlo les gustase o no.

    Por más que todos estuvieran dentro de aquel ancestral y deslucido hogar, algunos mercenarios no se encontraban totalmente cómodos con las estatuas que había por todas partes. Aun sin verlas, aquellas esculturas ponían a más de uno muy nervioso. Varios de los fieros guerreros por alguna extraña razón se veían atemorizados por estas inmóviles imágenes de piedra, ellos no sentían que esas cosas no transmitían nada bueno, incluso hasta uno de ellos aseguro que las estatuas veían sus almas, Los magos se encontraban confusos con esto ¿Cómo era posible que unos valientes y aguerridos combatientes curtidos en cientos de batallas se encontrasen totalmente temerosos ante simples figuras de piedra? Era totalmente insólito. Pero para calmar las cosas, uno de los magos, una joven alta elfo de buen ver, con un largo y lacio pelo rubio se ofreció a hacer guardia fuera de la casa. Todo para intentar calmar aunque sea un poco a los mercenarios que habían contratado.

    Al ver esto, los otros dos hechiceros se preguntaron a si mismos porque razón buscaron la ayuda de guerreros tan miedosos como estos ¿Qué acaso no eran fieras que habían sobrevivido sangrientas luchas? Si sabían que iba a pasar esto mejor se hubieran venido solos, pues, ni siquiera el joven enclenque se veía asustado por las estatuas. Pero esto no importo en lo absoluto, simplemente la alto elfo salio fuera de la casa a montar una pequeña guardia por si algo sucedía, aunque nunca sucedería absolutamente nada en una ciudad abandonada.

    La joven mujer mientras dejaba pasar el tiempo, con una pluma y una libreta que llevo consigo se sentó al lado de la puerta del casi deshecho hogar y comenzó a describir cada cosa que se habían topado por la laberíntica ciudad en una pequeña bitácora. Describió con exactitud todo lo que había visto, las detalladas estatuas, las enormes murallas, los fosforescentes hongos que iluminaban todo el lugar, los maravillosos edificios junto con su arquitectura milenaria, las antiguas vasijas, los indescifrables jeroglíficos tallados a los pies de los entramados muros. Estos últimos les dedico un apartado para ellos solos, ella se encargo de analizarlos lo mas objetivamente que pudo, hablo de que en tales jeroglíficos se escenificaban la vida diaria de los habitantes de la ciudad y demás cosas. No obstante, lo que más le llamo la atención fue lo que parecía ser el ritual de los muertos, el cual por lo que se podía ver en los pictogramas consistía en un extraño proceso de petrificación con magia.

    Es en ese entonces donde ella alza la cabeza sorprendida y anonadada por este hecho, mirando perpleja a todas las estatuas que había por la ciudad. Ella simplemente no lo podía creer. Se levanto, dejo su libreta en el suelo y dio unos pasos hacia delante para seguir observando a todas las esculturas mientras trataba de digerir aquella información. Al final simplemente hecho una pequeña carcajada, le pareció muy hilarante que estuviera caminando todo este tiempo entre cientos y cientos de cadáveres.

    De pronto dos manos la sujetan fuertemente de la cintura y unos dientes muerden una de sus puntiagudas orejas de elfo. Ella no presento resistencia alguna.

    -¿De que te ríes amor?-Preguntó la persona que la estaba sujetando.

    La mujer cruzo su brazo hacia atrás y tomó la cabeza de su amante con suavidad al mismo tiempo que sonreía placidamente y contestaba la interrogante de su amado.

    -De las estatuas, me estoy riendo de las estatuas.

    -¿Por qué?-Pregunto nuevamente el.

    -Porque son cadáveres petrificados-Respondió ella sin pelos en la lengua.

    -¿Qué cosa?

    Enseguida el soltó a la alto elfo, retrocediendo unos pasos hacia atrás sorprendido por tal hecho. La mujer se volteo y vio el rostro de su querido amor: un orco de piel verde y pequeños colmillos que sobresalían de la parte inferior de su boca. Poco le importaba a ella que los orcos no fuesen considerados como los más atractivos del mundo, le daba completamente igual, pues su amor hacia aquel fiero guerrero superaba tales barreras.

    Se acerco lentamente hacia el mercenario y enseguida lo calmo acariciando sus mejillas con ambas manos, para acto seguido posar sus brazos en sus hombros y acercarse lo suficiente a su rostro para darle un amoroso beso en los labios. Después lo miro directo a los ojos con mucha ternura mientras volvía a acariciar sus mejillas con sus suaves manos.

    -Tranquilízate-Dijo ella-, son solo muertos, no pueden hacerte nada. Están muertos.

    -Eso solo lo hace aun más espeluznante-Confeso el orco intranquilo por este hecho-. Puede que a mis chicos solo les angustie mucho mas eso, puede que sean fieros guerreros, pero son asquerosamente supersticiosos. Si ellos se enteran que estamos interrumpiendo en alguna clase de tumba, que los dioses nos amparen… Saldrán corriendo como gallinas.

    La alto elfo carcajeo levemente.


    -Y yo que te daba a ti y a tus muchachos por valientes-Dijo-, no sabía que esta clase de cosas les asustara. Me imaginaba que no le temían a nada en la faz de Urkum. Entonces me pregunto para que te contrate junto con ellos.

    -Porque me amas-Dio por hecho el orco al mismo tiempo que besaba su amada de forma muy cariñosa y acto seguido continúo hablando- Además, mis hombres creían que si no aceptaba la oferta de tus amigos nos lanzarían maldiciones a mi y a todos ellos. No obstante no me queda claro una cosa.

    -Dime que es.

    -¿Para que trajiste a ese enclenque con la piel gris? Digo, es alguien muy extraño. ¿No viste la forma en la que se nos acerco en la taberna para solicitar el trabajo? Parecía que contenía el aire en todo momento y no movía sus extremidades para nada, es como si fuera de las estatuas que están por todas partes.

    -No cobraba mucho, tan solo no más de veinte tajaderas y también es útil mula de carga. Ahora quiero yo hacerte una pregunta.

    -Adelante

    -¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar durmiendo con los demás?

    -Pues precisamente aprovecho que los demás duermen. Quería jugar al muerto y al vivo contigo.

    -¿El muerto y el vivo? ¿Cómo se juega a eso?

    -Tu te tiras al suelo y te haces la muerte, mientras que yo me hago el vio-Explico el orco mientras le guiñaba un ojo a su amor.

    La alto elfo abrió la boca sorprendida, pero no por ello molesta. No rechazo la idea, al contrario, prosiguió con ella. En aquellos momentos en que ambos se encargaban de jugar nadie del grupo los oyó, todos se encontraban profundamente dormidos.

    Horas después del reconfortable descanso el grupo alisto sus cosas y prosiguió explorando las laberínticas calles de la ciudad repletas de estatuas. Mientras avanzaban la elfo hechicero y el orco mercenario iban bien pegados el uno al otro, hablaban entre ellos y a menudo se les escapaban unas cuantas risas. Aunque a algunos esto les parecía molesto, los demás simplemente los ignoraban. Una hora después de que avanzaran sin encontrarse con nada y estar dando vueltas y vueltas por el mismo lugar llego a enojar a más de uno, algunos de los mercenarios se pusieron a insultar a cuanta cosa se les cruzara por la cabeza, mientras que los magos se detuvieron a reflexionar buscando sus errores en la trayectoria que habían tomado explorando este antiguo lugar. Otros por su parte le echaron la culpa al joven de piel gris, aseguraban que les traía muy mala suerte y que por eso estaban perdidos, incluso hasta uno intento agredirlo.
    El joven muchacho se disculpo por cualquier problema que ocasiono aunque no tuviera culpa alguna, el solo se limito a apartarse de los demás entristecido por el rechazo. Los demás no le dieron importancia alguna.

    Estuvieron parados unos quince minutos ideando como salir de este apuro cuando un ruido capta la atención de todos. Un silbido. Todos volteaban la cabeza como lechuzas buscando de donde provenía tal ruido totalmente alarmados, pues sonó tan de repente que asusto a más de uno. Se vieron entre ellos comprobando que nadie era quien provocaba tal extraño pitido y enseguida prosiguieron a tratar de encontrar su origen. Alguno de ellos entro en pánico dificultando la busca.

    -¡Son fantasmas, son malditos fantasmas!-Aseguraba uno de ellos con todo su cuerpo apoderado por el miedo.

    -Cálmate-Le dijo otro de los mercenarios.

    El supersticioso guerrero quedo totalmente paralizado, se híper ventilaba agitadamente y sudaba como si se estuviera muriendo de calor. Nada podía calmar a este “fiero” combatiente.

    Se volvió a escuchar otro silbido, pero este fue tan fuerte que casi les destroza los tímpanos al grupo entero. Unos cuantos pasos se oían a la lejanía del lugar, se sentían movimientos. Todos y cada uno de los mercenarios se rindió ante el pánico, tenían miedo hasta en la última fibra de sus cuerpos. El orco trato de calmarlos a todos, pero en vano, no atendían a razones, incluso hasta el líder de los mercenarios se sentía completamente nervioso, sin que se diera cuenta también su cuerpo temblaba como el de los demás. Los magos levantaron sus manos listos para neutralizar cualquier amenaza que se les presentara, ellos ni siquiera estaban atemorizados, pues acostumbraban a tratar con esta clase de cosas ocasionalmente. Ellos estaban totalmente confiados y seriamente defraudados por el comportamiento de tan “valientes” combatientes.

    Se acercaba, ellos lo presentían, entre en medio de las estatuas. Cada paso que se escuchaba detenía por unos instantes los corazones de los mercenarios algo se presento enfrente de todos ellos, pero al ver de lo que se trataba no sintieron miedo alguno de estar presentes ante tal cosa, al contrario un increíble enojo y cólera los hizo estallar de rabia de forma increíble. El joven piel gris estaba caminando y silbando tranquilamente como si nada sucediese, al ver al grupo no entendió porque todos ellos estaban mirándolo con miradas fulminantes de enfado. Unos dos mercenarios se lanzaron contra el con la intención de asesinarlo en este preciso instante, pero su líder los separo del muchacho, quien había recibido unos buenos golpes. No obstante, el orco cuando lo miro directo a los ojos le dio un buen golpe que lo tumbo al suelo.

    Cuando el chico se volvió a parar se escucho con mucha claridad como una ráfaga de viento corría en medio de la inmensurable cueva. Todos creyeron que se trataba nuevamente del muchacho, que estaba nuevamente intentando asustar a los demás, pero lo vieron claramente que no hacia absolutamente nada, tan solo estaba parado enfrente de los demás. Entonces el miedo volvió a invadirlos a todos y cada uno de ellos, sus espaldas se helaron en horrendo escalofrío, esta vez no era ninguna travesura del joven. Se trataba de algo más.

    La corriente de viento provenía de una de las innumerables, precisamente de un notable orificio en medio de la frente de tal escultura. Quedaron desconcertados, no tenían ni la más minima idea de lo que estaba sucediendo. Uno de los magos se acerco de forma cautelosa para indagar de qué se trataba, dando cuidadosamente sus pasos estuvo cara a la imagen de piedra, acerco su rostro de forma curiosa al agujero de donde salía el aire, de pronto… la estatua abrió los ojos.

    Un largo cuerno salio velozmente de la abertura atravesando el cráneo del mago de forma abrupta y de paso arrancándole la cabeza del cuerpo salpicando sangre por todos lados. La estatua comenzó a moverse y retiro la cabeza de su victima de su cornamenta. En ese preciso instante al grupo entero quedo perplejo ante tal cosa, a cada uno se les helo la sangre por completo, no podían comprender que era lo que estaba pasando delante de sus ojos. Sus corazones latían a la velocidad de galope de un caballo, de pronto uno no pudo contenerse mas y grito inmensamente horrorizado. La escultura miro a todos y cada uno de los miembros de aquel grupo con una mirada fulminante analizándolos de pies a cabezas, enseguida se dio cuenta de que no eran rival alguno para el.

    El con una expresión apática en su rostro se acercaba lentamente hacia ellos sin apuro alguno, mientras observaba con mucha claridad como el grupo entero palidecía ante la intimidante figura de la estatua. De un momento a otro se lanzo velozmente contra ellos sin previo aviso, esto tomo por sorpresa a todos quienes desenfundaron sus armas y preparaban sus mas mortíferos hechizos. La atemorizante escultura viviente fue directo contra uno de los magos decidido a matarlo, pero uno de los mercenarios que blandía un escudo lo detuvo en plena marcha frenándolo bruscamente, el guerrero intento atacarlo con una apuñalada de su espada en el abdomen, sin embargo esto resulto en vano. Con inmensa rapidez la estatua salto en el aire y miro directo al hechicero que tenia planeado matar, de pronto su cuerno se estiro de forma inverosímil haciendo que se clavase directamente en el pecho de su victima dejándola gravemente herida.

    Ya cuando la estatua toco el suelo, los cinco mercenarios se precipitaron sobre ella, aunque estaban completamente atemorizados, la adrenalina les dio el suficiente valor como para luchar en pos de la supervivencia de todos. Tal cosa fue inútil, a la escultura viviente le basto con solo empujarlos con ambas manos para despachárselos. Cualquiera que osase acercársele era simplemente empujado al suelo con gran fuerza.

    Aquel temible adversario era simplemente implacable, no parecía emplear esfuerzo alguno para superar con creses a sus oponentes, no estaba utilizando aunque sea un mínimo de su incalculable fuerza para realizar tales hazañas. Al final uno de los guerreros se canso de que aquella estatua estuviera burlándose de ellos de tal manera, por lo que empuño una ballesta mientras sus demás compañeros batallaban con la inhumana criatura. Justo cuando dos de sus colegas se dispusieron a atacar el apunto a la cabeza del monstruo preparado para dispararle en dirección a la cabeza, no obstante la estatua se dio cuenta de ello. Enseguida aparto a los dos luchadores que cargaban contra ellas con unos simples empujones y enseguida con una rapidez digna de cualquier felino ya se encontraba enfrente del ballestero. Le basto con simplemente apretar levemente ambas manos para reventarle la cabeza por completo. Los restos de materia gris se resbalaron entre sus dedos.

    Todos quedaron terriblemente perplejos por tal hecho, no podían creer lo que tenían enfrente suyo. Aquella imagen les hizo perder toda la moral que les quedaba. Se acobardaron por completo ante tal criatura que lucia una fuerza incalculable. La alto elfo incluso se quedo perpleja. Ella trataba de sanar las letales heridas de su compañero caído con magia, pero era inútil, le había atravesado el corazón con el cuerno de la estatua, ya había muerto.

    Cuando la estatua volteo la vista a los que quedaban con vida se quedo parada sin moverse exhibiendo su inclemente e imponente figura magistral, esperando a recibir más ataque por parte de los mercenarios, total. No serian capaces de causarles ni el más mínimo rasguño. Es en ese instante en que ellos comprendieron el destino que les aguardaban si seguían luchando contra este invencible enemigo. Decidieron emprender la retirada, pues, no tenían otra opción si querían seguir con vida, no tenían de otra que dejar los cadáveres de sus compañeros ahí tirados.

    Cuando comienzan a escapar la estatua no hace más que mirarlos con esa inamovible expresión de apatía en su rostro, simplemente levanta un poco su cabeza y su cuerno vuelve a estirarse de manera anormal nuevamente y termina por empalar a uno de los guerreros que osó darle la espalda al enfrentamiento que le había ofrecido. Pudo simplemente alcanzar a los demás fugitivos con suma facilidad, pero simplemente decidió tomarlo con mucha calma, comenzó a caminar lentamente dejando que sus adversarios huyeran. El simplemente sabía que no tenían oportunidad alguna de salir con vida de esto.


    Los que quedaban del grupo corrieron lo más rápido que sus piernas podían, temiendo por completo que sorpresivamente terminasen empalados por la espalda. No dejaron de correr hasta que sintieran que estuvieran los suficientemente alejados de la estatua que acababa de humillarlos, estuvieron alrededor de unos diez minutos escapando por las calles mientras un inmenso horror les carcomía el estomago a cada uno de ellos. Les inquietaba enormemente el hecho de que hubiera esculturas por todas partes, pues temían que otra de ellas cobrase vida y los masacrara por completo, por lo que al final decidieron que lo mejor era escabullirse en algún sitio en el que pudieran estar seguros. Mientras todavía mantenían la carrera divisaron un templo en el que perfectamente podrían esconderse, entraron inmediatamente en el y trancaron todas las entradas que tuviese el edificio. Una vez terminada la conmoción pudieron asimilar los sucesos.

    -¿Qué mierda fue eso? ¿Qué mierda fue eso? Dioses…-Expreso su angustia uno de los mercenarios dejando salir toda su histeria.

    -¡Que hijo de la gran puta! Mato a tres de los nuestro con mucha facilidad ¡Hijo de la gran puta! ¡Hijo de puta!-Manifestó otro.

    -¿Dónde esta la mula de carga?-Pregunto uno.

    Enseguida todos se quedaron en completo silencio, al no saber contestar tal pregunta tan solo se limitaron a mirarse entre si sin saber como responder.

    -De seguro esa cosa lo mato… Ya no hay nada que hacer-Hablo uno sin apenarse.

    La hechicera se aparto un poco de los mercenarios y se sentó cerca del altar del templo. Suspiró por la boca y comenzó a mirar al suelo fijamente mientras tragaba saliva constantemente. El orco al ver esto se acerco a ella mientras sus dos compañeros fueron a vigilar cada una de las entradas del templo, mientras caminaba en dirección a su amada el notó que sus manos temblaban y respiraba agitada. Esto lo preocupo inmensamente.

    -¿Estas bien?-Pregunto muy preocupado.

    Ella solo se limito a alzar la vista y afirmar con la cabeza. No salio ni una palabra de su boca. El orco supuso que estaba muy asustada y nerviosa por lo sucedido, el mismo pensó que ella estaba inmensamente horrorizada con esa cosa que se encontraron, el también lo estaba como al igual que sus compañeros. El debía de calmar el descomunal miedo que poseía aquella maga, así que se acerco a ella, la miro fijamente a los ojos y la abrazo con mucho cariño.

    -Te aseguro que no te pasara nade, mientras yo viva nada te sucederá-Afirmó el orco con un susurro intentando calmar a su amada-. No tienes de que preocuparte, saldremos con vida de esto.

    La alto elfo se aferro con fuerza a los brazos del jefe de los mercenarios. Sabia muy bien que el orco cumpliría tal promesa a toda costa, lo conocía muy bien. Se sintió extremadamente cómoda y segura al estar pegada junto a el, no cambiaria por nada aquel momento de felicidad, ningún otro momento seria capaz de remplazar este. Ella lo miro directo a los ojos y sonrío con una felicidad inconmensurable, para después apoyar su cabeza en uno de sus hombros.

    -Se que cumplirás con tu palabra-Susurro ella tan contenta.

    De pronto, un fuerte golpe interrumpió aquel emotivo momento. Todos los presentes reaccionaron alarmados, temieron lo peor. Otro intenso golpe oyó. Inmediatamente e inevitablemente cundió el pánico entre los sobrevivientes, desenvainaron sus armas y tomaron una posición de defensa frente a la puerta blandiendo aquel mortal armamento. El miedo corría por cada una de sus venas, sus corazones latían al ritmo de la velocidad de la luz, sus pieles quedaron empapadas por la transpiración, tragaban saliva cada parpadeo que daban, apretaban los dientes hasta tal punto que parecía que terminarían por quebrarlos y sostenían con mucho vigor aquellas armas que los hacían sentir seguros. Finalmente un tercer golpe se escucho, las puertas cayeron en picada al suelo generando un fuerte sonido que hizo eco por todos lados y ahí es cuando el grupo lo vio, la estatua, parada ahí delante de ellos luciendo su imponente figura que intimidaba con solo su presencia. El miedo que sintieron es imposible de describir con palabras, tan solo los petrifico por un instante provocando un extremo escalofrío. La escultura los observo con su inamovible expresión de apatía, después prosiguió a lanzarse velozmente contra ellos, quienes ni siquiera fueron capaces de percatarse de tan inconmensurable velocidad. Con una fuerza inclemente despecho a dos de los mercenarios reventándoles la cabeza con unos simples manotazos, dejando a la hechicera y al jefe de los mercenarios como los dos únicos con vida.

    -¡Atrás de mi!-Ordeno el guerrero a la elfo al ser testigo de la muerte de sus únicos compañeros restantes.

    Ella obedeció con el corazón a punto de ser despedido de su pecho. El orco sabia que no era rival para aquel monstruo que tenía enfrente, pero aún así no estaba dispuesto a irse presentar pelea. Seria capaz incluso de plantarle cara a las mismísimas criaturas mas fieras de Urkum si su amada se encontraba en peligro, no dejaría ni que los dioses le tocaran un pelo. Se enfrentaría valientemente a la escultura con tal de defender a su ser querido, daría batalla sin importar como. Se preparaba a lanzarse con fiereza, pero noto algo que lo perturbo mucho mas de lo que estaba en esos momentos. La estatua solo se limitaba a observarlo estando completamente estática sin realizar acción alguna. Esto hizo dudar al orco por unos segundos, pero aun así supo que esto era una oportunidad, por más de que se tratase de una trampa, se dispuso a atacar cuando un gran dolor se presento en su espalda. Una daga atravesando su carne.

    El fiero guerrero cayó de rodillas al suelo, sorprendido por aquella apuñalada. Sin saber de que se trataba, miro hacia atrás y vio el rostro de la hechicera con una expresión igual de apática que el de la estatua. El orco no supo que pensar de esto, tan solo se quedo completamente estupefacto de la acción que tomo su amada. Ella acerco sus labios a los suyo y se despidió con un beso, después la estatua prosiguió a quebrarle el cuello matándolo inmediatamente.

    -Ojala descanses en paz amado mío-Dijo ella muy arrepentida.

    Miro directo a los ojos de la estatua y sus labios se deformaron en una sonrisa siniestra, la escultura se arrodillo mostrando súbito respeto ante ella, ante su ama y señora, ante la mujer que lo devolvió a la vida. La hechicera le dio la orden de levantarse y la criatura obedeció sin queja alguna, cumpliendo tal orden con mucho placer. Ella miro alrededor suyo, tan solo vio a los cadáveres sin cabeza de los que solían ser sus acompañantes, al verlos tendidos sobre el suelo sin vida no sintió remordimiento alguno por ellos, al contrario, pensó que les hizo un favor proporcionándoles una muerte rápida e indolora.

    -Muy bien, ahora me llevaras donde esta el disco de obsidiana-Le ordeno a su sirviente.

    La estatua la guió fuera del templo a través de las calles hasta donde estaba la gran torre en medio de la milenaria ciudad. No tardaron mas de veinte minutos en llegar atravesando por las laberínticas calles repletas de esculturas, una vez llegaron hasta su destino entraron por la gigantesca entrada principal del edificio, subieron mas de quince pisos y se encontraron con lo que ella buscaba. La sala en donde se guardaban los tesoros, justo en la punta de la estructura, blindada con grandes portones de metal para evitar que cualquier intruso se colase y robara todo el contenido de la habitación. Aquella criatura se molesto en tirarla con su inconmensurable fuerza física sin que su ama se lo ordenase, esto le agrado muchísimo a ella.

    La hechicera entro en la sala mientras su sirviente se quedo de guardia en la puerta. Aquella habitación estaba repleta de monedas de oro por todas partes, joyas valiosísimas que comprarían a un imperio entero, complejas obras de artesanía de valiosa calidad y cientos de ropajes caros regados por todo el suelo. La alto elfo sintió que se encontraba en el mismísimo paraíso, al ver todo esto no pudo contener tanta emoción en su interior por lo que comenzó a reír descontroladamente rebosando de una infinita felicidad. Esto remplazo por completo aquel momento que paso con su amado, pues eso no fue nada en comparación con lo que tenía alrededor suyo. No obstante, toda esta riqueza era poca cosa con aquello que tenia delante de sus ojos, algo que la hizo excitar aun más de lo que estaba.

    Un disco de obsidiana.

    Un objeto que le ofrecería un riguroso aumento de sus poderes mágicos, lo más codiciado entre los magos de todo el mundo, la razón de innumerables guerras y matanzas, algo por lo que todos estarían dispuestos a dar la vida. El disco de obsidiana estaba delante suyo en una especia de altar en mitad de la sala, ella no podía creerlo. Luego de contemplarlo maravillada con la boca abierta se decidió tomarlo y reclamarlo como suyo, cuando toco el valioso objeto sintió como una poderosa ola de energía atravesaba abruptamente cada fibra de su cuerpo, al sentirlo le quedo completamente la piel de gallina. Ninguna otra sensación en el universo podía compararse con esto, ni siquiera los ordinarios placeres corporales le llegaban a los talones, la gula y la lujuria eran poca cosa a partir de ahora. La risa de felicidad de la hechicera se escucho por todo el interior de la montaña.

    -¡Soy la nueva diosa de los mortales!-Anuncio ella.

    Sin embargo tal espectáculo fue interrumpido por lo que parecía ser aplausos provenientes de fuera da la sala, esto dejo muy confundidos a la estatua y a la maga, se preguntaron que demonios era ese sonido. De la oscuridad entrando en la habitación surgió el joven de piel oscura aplaudiendo con mucha energía.

    -¡Bravo! ¡Bravo!-Decía mientras aplaudía.

    La alto elfo quedo muy confundida al ver esto, no sabia de que se trataba, ni porque aquel sujeto seguía aun con vida. Quedo inmensamente perpleja ante aquella imagen que estaba delante de sus ojos.

    -¡Que gran actuación!-Felicito el joven a la maga-. Debo de darte mucho merito la verdad, incluso hasta por unos instantes me la llegue a creer ¡Simplemente una actuación exquisita! Mucho mejor que la mía ¿Te has planteado estudiar teatro? Porque la verdad un talento como eso no se puede desperdicia. Engañar en todo momento a tu amado y a los demás del grupo para después traicionarlos sin que se den cuenta tiene merito, todo lo que se puede esperar de un nigromante como tú. Ni yo lo hubiera hecho mejor. Definitivamente tengo que salir del papel de chico tímido, siento que me estanca mucho ¿Tu que opinas? Siempre me gusto el teatro, es un sueño frustrado.

    Al escuchar todo esto la alto elfo no sabia de que manera asimilar lo que había escuchado, se le quedo arrugado el rostro por la confusión. Pensó que se trataba de una broma de poca monta, un mal chiste pésimamente contado. No sabia si reír o llorar, quedo completamente desorientada.

    -¿Qué?-Pregunto ella sin saber que decir- ¿Quién eres tu, mi estatua no te había matado?

    -¿Quién soy? Pues digamos que un simple hombre que acepto un trato con un demonio luego de morir, y no. La estatua no me mato, de hecho ni me encontró luego de que huyeras con los demás al templo, simplemente me quede observando dichos eventos y ni tu ni nadie se dio cuenta de que los espiaba. Tengo un talento para eso, en mi juventud me dedicaba a espiar a las mujeres de mi pueblo ¡Y ni se daban cuenta! Que buenos tiempos aquellos… antes de morir, me da mucha nostalgia. Pero bueno supongo que tengo que dejar de divagar, es un muy mal hábito mío. Ni siquiera la inmortalidad que me confirieron junto con los prolongados lapsos de soledad que tuve fueron capaces de solucionar eso. Definitivamente tengo que buscar ayuda, a veces mis enemigos se mueren de aburrimiento antes que los mate.

    Harto de tanta habladuría, la estatua procedió a intentar arrancarle la cabeza al muchacho de un manotazo, pero el resultado de tal acción lo dejo gravemente impactado. Su cabeza seguía pegada a su cuerpo, al parecer su rostro no tenia indicio de daño alguno, como si nada le hubiera pasado ¿Qué tan duro es este sujeto? Se pregunto la escultura a si misma mientras retrocedía estupefacta, no era capaz de entender el porque su fuerza fue suficiente como para causarle el mas mínimo rasguño. Entendió que quizás este sujeto decía la verdad cuando menciono el trato con los demonios confiriéndole la inmortalidad, supo que estaba delante ante un autentico ser indestructible.

    El hombre después de recibir el ataque no hizo mas que sobarse suavemente donde lo habían golpeado, para después escupir un poco de sangre.

    -La estatua si que es fuerte-Lo reconoció-, pocos son capaces de tomarme por sorpresa de esa manera, también es demasiado rápido. No obstante, si hubiera esperado un ataque como ese jamás lo hubiera recibido. La verdad espero que esta información logre intimidarlos a ambos y disuadirlos de rendirse, de lo contrario me veré obligado a tomar represalias.

    Al escuchar esto tanto la hechicera como la estatua se quedaron impactados, no obstante, ella no renunciaría al tesoro que tenia entre manos. Sabia muy bien porque tal sujeto se encontraba delante de ella en estos momentos, no por nada estaría aquí. El también quería apoderarse del disco de obsidiana, las razones del porque no le importaron en lo absoluto, ella estaba decidida a conservarlo a toda costa. Pese a las advertencias dadas decidió ignorarlas y mando a atacar a la estatua nuevamente, la escultura se sometió totalmente a la voluntad de la elfo y la cumplió sin queja alguna, se lanzo sin previo aviso contra el sujeto de piel negra. El hombre no hizo mas que suspirar con fastidio, de verdad el esperaba solucionar este asunto de manera pacifica, pero por lo visto no iba a ser así, tendría que ensuciarse las manos como de costumbre en estas situaciones.

    Antes de que siquiera la estatua le tocase un pelo, el alzo su dedo apuntando directo a su adversario antes de que el pudiera hacer el mas mínimo de los movimientos. Sin previo aviso y sin explicación alguna la escultura comenzó a arder en llamas de forma violenta, el fuego apareció por todas partes de su cuerpo, esto detuvo su marcha contra el misterioso hombre. La hechicera quedo asombrada ante esto, antes de que siquiera pudiera parpadear el sujeto al que se enfrentaba ya estaba junto enfrente de su sirviente, aquella criatura se retorcía en una dolorosa e insoportable agonía, el calor era lo suficientemente alto como para provocarle dolor a un ser envuelto en piedra. Para acabar con este sufrimiento el muchacho de piel negra apretó sus dedos en un puño y golpeó con fuerza la cabeza de la estatua reventándola en miles de escombros que se esparcieron por toda la habitación, finalizando con su vida. Ella no podía creer lo que veía, pensaba que sus ojos la engañaban ¿Cómo un flacucho podía vencer a un ser que mato a varios hombres armados con suma facilidad? Tal cosa parecía irreal.

    -¿Ahora estas dispuesta a rendirte?-Pregunto el sujeto con suma seriedad.

    No, ella no dejaría que nada en el mundo le arrebatase el disco de obsidiana, estaba totalmente dispuesta a luchar. No se dejaría intimidar ni ante los dioses, pues con aquel tesoro entre sus manos podía darle pelea a cualquier cosa en este mundo y en otros. Un mago ya de por si es muy peligroso, pero uno que potencio sus poderes hasta mas allá de lo inimaginable era simplemente una fuerza de la naturaleza desatada, nada se encontraba por fuera de sus limites y aquel hombre lo sabia muy bien. No por nada trago saliva y dio un paso atrás, incluso un inmortal debía de tener cuidado.

    La hechicera comenzó a elevarse unos metros por encima del suelo mientras sus ojos se volvían totalmente blanco, sus manos comenzaban a despedir pequeñas chispas de electricidad en todas direcciones y el disco de obsidiana empezaba a orbitar alrededor de ella. Pese a que esto incluso intimidaría a los más valientes del universo, el hombre decidió mantener la calma sin perder la compostura, a simple vista parecía inconmovible pero en su interior sentía el peligro al enfrentarse a un enemigo de esta talla.

    -Mira todo el poder que tengo a mi alcance-Presumió ella-, quiero comprobar que tan inmortal eres ¿Tu ultima voluntad antes de morir?

    -Si-Contesto el sujeto mientras siguió manteniendo la calma-. Quiero revelarte uno de mis poderes.

    La hechicera alzo la caja al escuchar esto.

    -Soy capaz de teletransportarme a cualquier lugar y dirección, así es como escape de la estatua, no obstante. El rango máximo es de veinte metros, mas allá de eso no soy capaz de llegar.

    -¿Y porque confiesas eso?-Pregunto la maga.

    -Porque estamos a quince metros de distancia.

    Una espada apareció entre las manos de aquel hombre, acto seguido se desvaneció del lugar dejando un pequeño rastro de partículas en el aire. La elfo reacciono aterrada, lo ultimo que pudo sentir en su vida fue un intenso dolor en mitad del pecho.
  11. A la mitad de un bosque, en medio de un camino, con el día totalmente nublado, estaba un hombre mayor vestido con una cara tunica de color azul frente a un oscuro e intimidante jinete uniformado completamente de negro. El sombrío jinete cabalgaba un brioso caballo mestizo, un sombrero redondo de punta y una bufanda de algodón que tapaba su rostro, lo único que se llegaba a distinguir de su cara eran unos ojos negros como el carbón. Blandía en su mano izquierda un extraño y misterioso arco de marfil, además de que traía colgado de su cinturón un singular sable poco común en la nación en la que estaba. Posiblemente se tratase de una katana.

    El casi decrepito anciano contemplaba horrorizado a la figura imponente del temible jinete, temblaba hasta los huesos, respiraba agitado a través de la boca, sudaba como un perro y emanaba sangre por todas sus heridas. El terror invadió todo su ser. Aquel viejo sabía que el cabalgador podía darle la muerte en cualquier momento, tenía que buscar una forma para salir con vida a toda costa.

    Un trueno resonó por todo el cielo. Gotas comenzaron a caer lentamente.

    El oscuro jinete levanto el arco, apunto al anciano y tenso la cuerda listo para disparar, pero no había flecha alguna. El anciano sabía que aquel intimidante sujeto lo iba a matar, pero el viejo no estaba dispuesto a morir.

    Frunció el seño y estiro ambos brazos hacia delante, inmediatamente un destello de luz emano de sus manos arrugadas y segó al jinete, asustando a su caballo, quien se encabrito alterado parándose en dos patas. El siniestro sujeto cayó al suelo violentamente, a lo que el anciano aprovecho para darse a la fuga escapando directo a lo más profundo del bosque. El hombre vestido de negro se levanto de la tierra maldiciendo al senil viejo que se le escapo de entre las manos, tomo su arco y monto su caballo listo para perseguir a su objetivo, todo esto mientras murmuraba en voz baja unos cuantos insultos. El animal emprendió la marcha mientras la lluvia se volvía cada vez más fuerte y las nubes relampagueaban violentamente, el animal al escuchar aquellos fuertes sonidos provocados por los truenos se ponía cada vez más nervioso, sin embargo su dueño acariciaba su cuello a la par que siseaba tranquilizando a la briosa criatura. Pues este extraño cazador no quería que nuevamente su montura lo tirase contra el suelo, tal cosa le daría mucha ventaja a su presa.

    El olor a tierra mojada era un deleite para el jinete, le encantaba, de las pocas cosas que realmente disfrutaba en su vida, pero... no era el momento para gozar de este embriagador aroma. El cazador sabía que el olor a tierra mojada ocultaría al de su presa, tenia que encontrarlo rápidamente antes de que le perdiera el rastro por completo. No podía dejar escapar al anciano bajo ningún concepto.

    Mientras el caballo corría a toda velocidad esquivando los árboles, el cazador volteaba su cabeza a todas direcciones cual felino, buscando aun que sea algún rastro del escurridizo anciano. Finalmente pudo encontrarlo. Corriendo con todas sus fuerzas directamente a una veja y deshabitada cabaña en mitad del bosque. El jinete detuvo bruscamente a su caballo y cambio de dirección de inmediato y se propuso a alcanzar al viejo antes de que se refugiase, pero no lo logro. El fugitivo se encontraba bastante lejos de su alcance, ni aunque el animal corriera a la velocidad de la luz seria capaz de llegar hasta a el.

    Para evitar que se escapase de entre las manos el jinete alzo su arco, apunto con dificultad al viejo debido al galope de su montura y tenso la cuerda de su arma sin que ninguna flecha estuviera ahí. Lo soltó. Un veloz rayo de luz salio disparado en dirección al anciano, no obstante el tiro fallo por completo, dio contra uno de los árboles destrozando la parte inferior del tronco apenas tuvo contacto con el mágico proyectil. El jinete freno de inmediato a su caballo para evitar ser aplastado por el árbol, dándole oportunidad a su presa para refugiarse dentro de la cabaña. El cazador gruñó frustrado y muy molesto, maldijo en voz baja con insultos que harían avergonzar hasta el peor de los mal hablados. Sin perder un solo segundo se puso en marcha rodeando el obstáculo que el mismo se había puesto y en instantes llego al frente de la pequeña choza, pero no entro de lleno en ella, simplemente se quedo quieto observando minuciosamente cada ínfimo detalle de esta casa en mitad del bosque de forma cautelosa. No estaba dispuesto a entrar.

    El jinete sabía muy bien que una presa acorralada puede ser muy peligrosa, incluso el mejor de los depredadores no puede salir impune de un enfrentamiento como este. Aquel cazador debía de tener mucho cuidado si quería la cabeza de aquel anciano, pues el no podía lanzarse así como así al enfrentarse a un peligroso brujo como este, debía de ser cauteloso. Las quemaduras que ocultaba bajo aquella bufanda eran una contundente prueba. Pero para su suerte, esta extraña cabaña contaba con una ventana la cual permitía echar un vistazo a su interior. El jinete se paro frente a la ventana a observar si podría toparse con un rastro de su presa, pero no encontró pista alguna. Hallo algo mucho mejor.

    El anciano estaba en mitad de una sala totalmente vacía, se lo veía atemorizado, su cara arrugada por el miedo era prueba de ello. Tenia los brazos lo mas apartados de su torso, con las manos bien abiertas, como si intentase mostrarle al cazador que no le estaba ocultando nada, pero esto poco le importo a el. El jinete apunto con su arco directo a la frente del viejo, listo para disparar, pretendía darle justo entre los ojos. El viejo exhalo lo que seria su último aliento, pero segundos antes de que el cazador disparara su proyectil, la expresión de horror en la cara de la presa cambio rápidamente a la de una de arrogancia con una sonrisa confiada de oreja a oreja. El jinete noto inmediatamente esto quedándose totalmente sorprendido, sabia que su presa se traía algo entre manos, no obstante ya era bastante tarde para averiguarlo, ya había soltado la cuerda del arco. Un rayo de luz salio disparado, cuando toco la piel del brujo esta bala de energía reboto violentamente contra el, pero no lo lastimo, solo lo tiro contra el suelo, el anciano había endurecido su piel. Sin embargo, el cazador no contó con bastante suerte. Su disparo al rebotar se volvió contra el, le rozo por centímetros la cabeza, pero fue suficiente como para arrancarle la oreja.

    Los gritos de dolor del cazador se escuchaban por todo el bosque, el anciano se deleito con ellos, era música para sus oídos. No pudo evitar carcajear levemente. El jinete se revolcaba en el suelo adolorido mientras apretaba fuertemente los dientes y tapaba su herida con ambas manos. La sangre se escurría entre sus dedos, su odio hacia su presa no hizo más que incrementar cada vez más, el mismo se juro en darle una muerte dolorosa.

    El jinete con mucho dolor y esfuerzo volteo su cabeza y miro a su caballo directo a los ojos, de forma extraña el animal asentó la cabeza. Sus pezuñas se comenzaron a convertir en unas filosas zarpas, su dura piel paso a ablandarse, sus dientes se trasformaron en unos siniestros colmillos listos para despellejar, su figura comenzó a encogerse y de su espalda surgieron dos mortíferas serpientes de escamas verdes como las esmeraldas. El caballo pasó a tomar la forma de un lobo de pelaje gris.

    -Como usted ordene, amo-Dijo la extraña criatura.

    El lobo con las dos serpientes unidas a su cuerpo entro a la cabaña, mientras el cazador aun permanecía en el suelo intentando levantarse. Tomo su arco con una mano mientras que con la otra continuaba apretando la herida de su cabeza, se paro lentamente y permaneció en frente de la ventana para ver si el brujo se levantaba, pero no había señal de el. El cazador estaba inmensamente preocupado ¿Me habrá tendido otra trampa? Se pregunto a si mismo con mucha intranquilidad entre cerrando los ojos, pues, sabia perfectamente gracias a su extensa experiencia que a un brujo le basta tan solo ínfimos segundos para fortificar su guarida completamente con magia, diversas trampas podían prepararse en instantes. Su montura estaba corriendo un inmenso peligro al entrar en la casucha de esa manera, pero el mismo sabia que no había otra forma de comprobar si su presa le estaba preparando algo en contra. Podía fácilmente comenzar a disparar rayos de luz con su arco, sin embargo estaría tan solo dejando todo a la suerte como si fuese un juego de azar, y sabia muy bien que en esta profesión no se podía dejar absolutamente nada a la suerte.

    El lobo con su nariz y las serpientes con sus lenguas intentaban rastrear el olor del anciano, pero no encontraron nada. Lo estaba ocultando. Tampoco se lo podía encontrar con la vista, siendo esto muy raro. Pues en la pequeña cabaña no había mueble alguno, estaba todo vacío, esto le comprobó al cazador que su presa se volvió invisible. Tenia que encontrarlo de alguna otra forma.

    Las orejas de la criatura comenzaron a cambiar, ya no eran oídos ni de lobo ni de caballo, ahora eran de murciélago. El monstruo tomo fuerza y dio un fuerte ladrido que retumbo en toda la cabaña, el sonido choco con algo sólido, algo que no estaba presente a simple vista. Algo que era invisible.

    La criatura localizo al anciano.

    Tomo posición de ataque listo para saltarle a la yugular, retrocedió unos pasos y se lanzo violentamente contra la presa mostrando sus húmedas y afiladas fauces, aquellas con las que lo despedazaría en instantes. Pero justo en el aire algo lo tomo cruelmente del cuello estrangulándolo con mucha fuerza y vigor. La criatura no podía respirar, se retorcía a unos metros arriba del suelo, mientras una fuerza invisible lo tomaba del cogote. El cazador por su parte a las afueras de la cabaña cayo de rodillas a la tierra, soltando el arco de sus manos, pues, al igual que su montura el también sentía como era estrangulado. Cualquier daño que recibiera aquel monstruo también lo recibía el jinete, todo esto debió a los fuertes lazos energéticos que los unían a ambos, por lo que si uno moría el otro también lo hacia.

    Aquella fuerza invisible que sostenía al lobo por el cuello se hizo visible. Un ser antropomórfico de más de dos metros, compuesto únicamente por piedra se hizo presente delante de las narices de la criatura. Atrás de el se encontraba el anciano sonriendo placenteramente de oreja a oreja, lanzando una particular carcajada de placer, deleitándose con el sufrimiento del extraño animal y del cazador. No obstante, el jinete no estaba dispuesto a dejar salir a su presa impune de esto. Una de las serpientes a la espaldas del lobo se alargo de forma inverosímil directo al anciano y calvo sus dientes en su yugular. El viejo brujo quedo atónito, ahora cualquiera de los dos podía ser quien diera el movimiento que aseguraría la muerte de su oponente, pero ¿Quién de los dos estaría dispuesto a ser el primero, y que seguridad tendrían de que el otro no seria lo suficientemente rápido para arremeter? Era una situación en la que cualquier cosa podía pasar, una de esas que el cazador odiaba meterse, pues nada estaba asegurado.

    Aquel ser de piedra podía fácilmente destrozarle el pescuezo a la criatura y dejar que el cazador se muriera asfixiado, pero también la serpiente podía arrancarle la yugular al anciano dejándolo morir desangrado. Sea cual sea el movimiento que se diera, cualquiera de los dos aseguraba una muerte lenta para su rival dándole así el tiempo suficiente como para arremeter contra el que dio el primer movimiento. Incluso las aves ubicadas en las ramas de los árboles eran capaces de sentir aquella tensión que cargaba al ambiente.

    No obstante, el cazador no estaba dispuesto a correr estos riegos, por lo que se le ocurrió una forma de salir de esta. La criatura se transformo en un elefante, el animal era tan grande que no solo escapo de las manos del ser de piedra, también lo destrozo a el y a la cabaña con su inmenso tamaño. El anciano no murió de suerte, se escabullo entre los restos de la casa y los pies del monstruo, entonces una vez que salio hecho a correr lo mas rápido que podía, no obstante no fue capaz. Un rayo de luz disparado hacia el le reventó una de las piernas partiéndola y destrozándola por completo, el brujo cayo al suelo de cara y muy adolorido mientras de su boca escapaba un alarido de dolor. Escucho pasos atrás de el y se dio la vuelta, solo para contemplar la figura de la muerte.

    -¡Por favor! ¡No me mates! Te... te... te lo suplico-Imploró el brujo por su vida.

    El cazador no dio respuesta alguna, solo se limito a verlo atemorizado através de sus intensos ojos llenos de ira y rabia mientras la sangre chorreaba en donde se encontró alguna vez su oreja, pero, no parecía inmutarse por aquella. Desenvaino su sable y se quito la bufanda mostrando las horribles quemaduras de su boca, el anciano quedo atónito. El miedo paso por cada fibra de su cuerpo de manera abrupta, su corazón palpitaba a la velocidad de un picaflor, el terrible escalofrío invadió su espalda y la sensación de la muerte se apodero de su estomago. De entre las fauces del cazador comenzó a salir un extraño humo negro que rápidamente inundo el ambiente. No había nada más que aquella siniestra nube.

    -Esta es mi habilidad definitiva-Confesó el cazador a su presa mientras su figura se desvanecía entre medio de la oscuridad -, nadie mas que yo sabe de ella. La razón por la que la utilizo únicamente en mis presas, es porque los muertos son buenos guardando secretos.

    El anciano intento arrastrarse desesperado para intentar conservar su vida. Pero no lo consiguió. De aquel humo solo se escucho un sonido metálico cortando el viento… y la carne.
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